Noticia | Jana Fernández ejerce como “becaria en prácticas” de la RFEF

(Fuente: RFEF)

⬛️ La zaguera del London City ha cogido la cámara y se ha puesto manos a la obra en un momento distendido que la Selección Española no ha dudado en compartir.

La Selección Española de Fútbol, dos veces campeona de la Liga de Naciones (2024 y 2025) ya está preparando uno de los encuentros más importantes de su historia reciente que se desarrollará en el mítico Estadio de Wembley (Londres) el próximo 14 de abril de 2025, a partir de las 20:00 horario peninsular.

Hay cifras que no solo se leen, se sienten. Y cuando una selección como Inglaterra supera las 70.000 entradas vendidas para un partido ante España en Wembley antes de que ruede el balón, lo que está diciendo no cabe en un titular: es una declaración de época.

Porque esto ya no va de un récord puntual, ni de una final, ni de un momento histórico aislado. Esto va de costumbre. De cultura. De un país que ha entendido que su selección femenina no es un fenómeno pasajero, sino una realidad que se sostiene, que crece y que emociona cada vez que salta al campo.

El 14 de abril no será un día cualquiera. Será otra de esas noches en las que Wembley respira fútbol del bueno, del que no necesita etiquetas. Un estadio que durante décadas fue sinónimo de grandes gestas masculinas y que ahora ha abierto de par en par sus puertas a unas Lionesses que han hecho de ese escenario su hogar, su refugio y también su altavoz.

Y ahí está la clave. Inglaterra no solo llena estadios: construye relatos. Cada partido es una historia que se escribe desde la grada, desde esa conexión directa entre equipo y afición que ya no depende de finales ni de títulos. Antes había que esperar a lo extraordinario; ahora lo extraordinario es la normalidad.

Más de 70.000 personas no acuden por inercia. Acuden porque reconocen algo propio en este equipo. Porque sienten que estas jugadoras representan una forma de competir, de entender el juego y, sobre todo, de pertenecer. Y eso, en el deporte, es el mayor triunfo posible.

Enfrente estará España. Y eso eleva todo. Porque no hablamos de un amistoso cualquiera, ni de un partido más en el calendario. Hablamos de dos selecciones que marcan el paso del fútbol femenino europeo, de dos estilos que dialogan, que chocan y que se respetan. Talento, identidad, ambición. No hace falta adornarlo más.

Pero incluso con ese cartel, lo verdaderamente potente no es el rival. Es la respuesta. Es comprobar que Inglaterra ha conseguido que su selección femenina sea un hábito de consumo deportivo, un plan, una cita marcada en rojo sin necesidad de excusas.

Y ahí es donde se mide el verdadero crecimiento. No en los picos, sino en la continuidad. No en los días grandes, sino en la capacidad de hacer grande cualquier día.

Wembley volverá a rugir. Volverá a vestirse de fútbol. Y cuando el balón empiece a rodar, más de 70.000 voces estarán recordando algo muy sencillo y muy poderoso: que el fútbol femenino en Inglaterra ya no está creciendo… ya ha llegado. Y no tiene intención de irse.

La Roja se encuentra a algo menos de 72 horas de disputar a domicilio un encuentro clave para su futuro en la fase de clasificación al Mundial de Brasil 2027 y ha optado por aprovechar el entrenamiento matinal para destensarse ante tanta presión.

Jana Fernández, ex del Fútbol Club Barcelona, le robó la cámara al equipo de comunicación, en el que figura Pablo García Sacristán, para ocupar su puesto como becaria en periodo de prácticas y retratar a sus compañeras en un movimiento magistral para las redes sociales que acercan a las figuras rojigualdas a la afición y las humanizan.

Y es quizá ahí, en ese gesto aparentemente pequeño, está también una de las grandes claves de todo lo que está pasando.

Porque mientras Jana Fernández juega a ser fotógrafa por un día y se cuela en el rol de profesionales como Pablo García Sacristán, la selección española hace algo más profundo: se muestra. Se acerca. Se deja ver sin artificios en la antesala de una de las citas más exigentes de su calendario.

Y eso, en un escenario como Wembley Stadium, también cuenta.

Porque el fútbol de élite ya no solo se mide en resultados o sistemas tácticos. Se mide en conexión. En cómo un equipo es capaz de sostener la presión sin perder su esencia. En cómo convierte la tensión en naturalidad. En cómo, a menos de 72 horas de un partido que puede marcar su camino hacia el Mundial, encuentra espacio para reír, para compartir y para seguir construyendo grupo.

España llegará a Londres con todo eso en la mochila: talento, ambición… y una identidad cada vez más reconocible dentro y fuera del campo.

Y cuando el balón empiece a rodar, cuando Wembley vuelva a latir y el ruido lo envuelva todo, ya no habrá cámaras robadas ni entrenamientos distendidos. Habrá fútbol. Del máximo nivel. Del que exige, del que mide, del que deja huella.

Ahí es donde se escriben las historias que de verdad importan y es evidente que las pupilas de Sonia Bermúdez quieren la suya.

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