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La crónica | España se impone a Italia y sueña con reinar en Polonia en el Mundial sub-20

(Fuente: “El Partido de Manu”) Creatividad: reinassinfiltro

🟨 España derriba a Italia y se cita con la gloria en la gran final (0-2).

La previa |

(Fuente: RFEF)

Hay partidos que se juegan durante noventa minutos y hay otros que comienzan mucho antes de que el balón eche a rodar. La semifinal del Mundial Femenino Sub-20 entre España e Italia pertenece a esa segunda categoría, porque cuando este miércoles 23 de septiembre, a partir de las 15:00 horas, las dos selecciones salten al césped del Miejski LKS de Lodz, no habrá solamente un encuentro por delante, sino toda una historia esperando a ser escrita.

España vuelve a encontrarse con las puertas de una final mundialista. La Selección alcanza por tercera vez en su historia las semifinales de una Copa Mundial Femenina Sub-20, después de haberlo conseguido anteriormente en 2018 y 2022, dos precedentes que forman parte de una generación de futbolistas que ha convertido a las categorías inferiores españolas en protagonistas habituales de las grandes citas internacionales.

Pero cada Mundial comienza de nuevo cuando el balón se pone en movimiento. Los antecedentes sirven para entender dónde está España, pero no para decidir hacia dónde quiere caminar. En Lodz, la historia anterior quedará al margen durante noventa minutos y solamente contará aquello que sean capaces de construir las jugadoras sobre el césped.

Al otro lado estará Italia, una selección que también llega a esta semifinal cargada de significado. Las ‘Azzurrine’ han conseguido en Polonia algo que nunca antes habían logrado: alcanzar por primera vez en su historia las semifinales de un Mundial Femenino Sub-20. El premio ya es enorme para un combinado que ha regresado a la escena mundial de la categoría después de una ausencia prolongada, pero el hambre no termina aquí.

Italia llevaba catorce años sin participar en un campeonato mundial Sub-20. Su última presencia se remontaba a 2012, una edición en la que no consiguió superar la fase de grupos. Catorce años después, el escenario es completamente diferente. Las italianas han regresado al Mundial, han superado una fase de grupos de máxima exigencia y han sobrevivido a dos eliminatorias antes de instalarse entre las cuatro mejores selecciones del planeta.

Su camino comenzó dentro del Grupo D, compartido con Estados Unidos, Nueva Zelanda y Japón. Un grupo que obligaba a mantener la concentración desde el primer minuto y que terminó convirtiéndose en el primer gran examen para un equipo que ha ido creciendo partido a partido durante su aventura polaca.

La primera respuesta italiana llegó precisamente ante una de las grandes potencias históricas del fútbol femenino mundial. Italia derrotó a Estados Unidos por 2-1 en su estreno, un resultado que ya dejaba claro que las ‘Azzurrine’ no habían viajado a Polonia simplemente para completar el cartel de participantes.

Después llegó Nueva Zelanda y volvió a aparecer la contundencia italiana. El 3-0 permitió a Italia dar otro paso adelante y colocarse en una posición privilegiada dentro de su grupo, antes de afrontar la última jornada con la clasificación y el liderato todavía en juego.

Japón esperaba entonces en el último encuentro de la fase de grupos. El empate a un gol permitió a las italianas cerrar esta primera parte del campeonato invictas y como primeras de grupo, acumulando siete puntos, seis goles a favor y únicamente dos en contra. Un balance que explicaba la solidez con la que habían afrontado el torneo y que las situaba ante el verdadero momento de la competición: las eliminatorias.

Porque a partir de ese instante ya no había margen para corregir. Ya no existía un partido posterior que pudiera salvar un tropiezo. Cada duelo se convertía en una frontera y cada error podía significar el final del viaje mundialista.

China fue la primera prueba de esa nueva realidad. Italia empató 1-1 en los noventa minutos y tuvo que recurrir a la tanda de penaltis para decidir su futuro. Allí, las ‘Azzurrine’ soportaron la presión y terminaron imponiéndose por 5-4, sobreviviendo a un partido que las colocó definitivamente entre las ocho mejores selecciones del campeonato.

Y entonces apareció la República de Corea. Otro desafío, otra eliminatoria y otra oportunidad para demostrar que el recorrido italiano no era una casualidad. Italia volvió a responder sobre el césped y consiguió imponerse por 1-3, asegurándose el billete para unas semifinales que ya son históricas independientemente de lo que ocurra a partir de ahora.

Karen Appiah se convirtió en una de las grandes protagonistas de aquella victoria al firmar dos de los tres tantos italianos, mientras que Paola Fadda completó el triunfo. Tres goles que abrieron de par en par las puertas de una semifinal que ahora coloca a Italia frente al mayor desafío de su aventura polaca.

Y ese desafío tiene acento español. España aparece en el camino italiano con la intención de prolongar su propia historia en esta categoría y alcanzar nuevamente una final mundialista. La Selección sabe lo que significa disputar estas alturas de una Copa del Mundo Sub-20 y llega a Lodz con la experiencia acumulada de anteriores generaciones que ya llevaron a España hasta esta misma ronda.

El escenario, además, añade una dimensión especial a la cita. El Miejski LKS de Lodz será el punto de encuentro de dos caminos diferentes que han terminado conduciendo al mismo lugar. España llega con la tradición reciente de una selección acostumbrada a competir por todo en las categorías inferiores; Italia lo hace después de un largo periodo de ausencia y tras protagonizar una de las grandes historias del campeonato.

Será, además, un duelo mundialista inédito entre ambas selecciones en esta categoría. Nunca antes España e Italia se habían enfrentado en una semifinal de una Copa Mundial Femenina Sub-20, por lo que todo lo que suceda este miércoles tendrá desde el primer instante el carácter de estreno histórico.

La coincidencia temporal tampoco pasa desapercibida. En mitad de la emoción provocada por el inicio de la fase de Liga de la Women’s Champions League, con los grandes clubes europeos comenzando también su particular camino continental, el fútbol femenino vuelve a poner sus focos sobre una generación que todavía está construyendo su futuro.

Porque mientras la Champions empieza a escribir sus primeras páginas de la temporada, en Polonia hay otro trofeo que espera a una generación de futbolistas que quiere dejar su nombre grabado en él. La Copa del Mundo Sub-20 representa mucho más que una competición de formación: es un escenario donde las futuras protagonistas del fútbol internacional comienzan a reclamar su espacio.

Y en Lodz no habrá espacio para mirar demasiado lejos. La final todavía está detrás de una puerta que solamente una de las dos selecciones podrá abrir. España quiere volver a cruzarla. Italia quiere hacerlo por primera vez. Dos objetivos diferentes, una misma recompensa y noventa minutos para decidir quién seguirá soñando con levantar el trofeo mundial.

La semifinal exigirá paciencia, personalidad y capacidad para sobrevivir a los momentos de máxima tensión. Italia ya ha demostrado que sabe hacerlo. Ha ganado partidos de fase de grupos, ha superado una tanda de penaltis y ha dejado atrás a Corea en unos cuartos de final que confirmaron definitivamente su candidatura. España, por su parte, deberá encontrar la manera de imponer su fútbol frente a un rival que llega a este punto con confianza y con la certeza de que ya ha sido capaz de derribar varias barreras.

A las 15:00 horas, el balón comenzará a rodar y todo lo anterior quedará suspendido durante un instante. Las estadísticas dejarán de ser números, los antecedentes pasarán a ser recuerdos y los recorridos de ambas selecciones se encontrarán sobre el césped. Allí empezará otra historia, una que solamente podrá terminar con una de las dos protagonistas mirando hacia la gran final.

España e Italia ya han hecho suficiente para convertirse en semifinalistas del mundo. Ahora llega el momento de descubrir quién será capaz de dar el último paso. Lodz aguarda, la final espera y la Selección Española tiene delante una nueva oportunidad de convertir una semifinal mundialista en el comienzo de algo todavía más grande.

El duelo a fondo |

(Fuente: “El Partido de Manu”) Creatividad: reinassinfiltro

🔜 NEXT GAME

🏆 Copa Mundial Femenina Sub-20

🇮🇹 Italia 🆚 España 🇪🇸

🙌🏻 Semifinal

⏰ 15:00 h | Horario peninsular

📅 Miércoles, 23 de septiembre de 2026

📺 Teledeporte

🏟️ Miejski LKS, Lodz (Polonia)

Los onces |

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España vuelve a caminar hacia la gloria. La Selección Sub-20 derrotó a Italia por 0-2 en una semifinal dominada de principio a fin, sobrevivió a cada intento de resistencia de las ‘Azzurrine’ y selló su billete para una nueva final mundialista, cuatro años después de conquistar el título en Costa Rica. Un gol en propia puerta de Belli y otro de Pau Comendador pusieron el sello a una tarde de autoridad, talento y fútbol que vuelve a situar a una generación española a un solo partido de proclamarse campeona del mundo.

Hay partidos que se esperan durante meses y que, cuando finalmente llegan, parecen capaces de detener todo lo que sucede alrededor. Una semifinal de una Copa del Mundo pertenece precisamente a esa categoría de encuentros en los que cada balón tiene un peso diferente, cada carrera puede abrir una puerta hacia la historia y cada error puede convertirse en el último recuerdo de una generación en un torneo. España lo sabía cuando saltó al césped del Estadio Miejski LKS de Łódź y también lo sabía Italia, que llegaba por primera vez en su historia a las semifinales de un Mundial Femenino Sub-20.

El escenario polaco recibía a dos selecciones que habían recorrido caminos muy diferentes hasta encontrarse frente a frente. España llegaba con la tradición reciente de una categoría acostumbrada a competir por los grandes títulos, mientras Italia había regresado al campeonato mundial después de catorce años de ausencia y había convertido su participación en una de las grandes historias de esta edición.

Las ‘Azzurrine’ habían dejado atrás una larga espera que comenzó después de su última presencia mundialista en 2012. En aquella ocasión no pudieron superar la fase de grupos, mientras que en Polonia habían conseguido cambiar completamente el relato. Estados Unidos, Nueva Zelanda, Japón, China y República de Corea habían quedado en su camino antes de llegar a esta semifinal, y cada victoria había alimentado la confianza de una selección que ya había hecho historia.

Pero delante estaba España. Una selección que también conocía perfectamente lo que significaba llegar a este punto. Las españolas alcanzaban por tercera vez en su historia las semifinales de una Copa del Mundo Sub-20, después de haberlo conseguido anteriormente en 2018 y 2022, y lo hacían con la memoria todavía presente de aquella generación que cuatro años atrás logró levantar el trofeo en Costa Rica.

Ahora era otra generación, otro Mundial y otra historia, pero la misma camiseta. Y esa camiseta volvió a demostrar desde el primer minuto que no había llegado a Łódź para conformarse con una plaza entre las cuatro mejores.

El pitido inicial dio paso a un partido en el que España tomó inmediatamente la iniciativa. El balón comenzó a viajar de una jugadora española a otra con velocidad y precisión, mientras Italia trataba de cerrar los espacios y evitar que las futbolistas dirigidas por David Aznar pudieran recibir cómodamente cerca del área.

La Selección no necesitó demasiado tiempo para dejar claro cuál iba a ser su plan. Tener la pelota, mover al rival, encontrar las bandas y acelerar cuando apareciera un espacio. Italia intentaba mantenerse compacta, pero España encontraba continuamente diferentes caminos para acercarse a la portería defendida por las italianas.

El dominio español no era una cuestión exclusivamente territorial. También se reflejaba en la sensación de peligro que transmitían las futbolistas de ataque cada vez que recibían en campo contrario. España llegaba con claridad, combinaba alrededor del área y obligaba a las defensoras italianas a permanecer permanentemente concentradas.

Daniela Agote fue una de las futbolistas que más protagonismo adquirió durante ese tramo inicial. La atacante española encontraba espacios para encarar y buscaba constantemente la espalda de la defensa italiana, convirtiéndose en una amenaza cada vez que recibía con metros por delante.

En una de esas acciones llegó una de las primeras grandes ocasiones del encuentro. Agote consiguió encontrar el espacio suficiente para armar la pierna y sacar un disparo raso buscando sorprender a la guardameta italiana en el palo corto. El lanzamiento llevaba peligro y parecía destinado a convertirse en el primer golpe español, pero la portera reaccionó con rapidez y consiguió sacar la pierna para evitar el tanto.

La intervención mantenía con vida a Italia, pero no modificaba la realidad del encuentro. España seguía jugando en campo contrario y acumulando aproximaciones, mientras las italianas tenían cada vez más dificultades para recuperar el balón y convertir sus posesiones en ataques prolongados.

La semifinal avanzaba y España seguía creciendo. Cada nueva llegada parecía confirmar que el gol era solamente una cuestión de tiempo, aunque las españolas sabían que en un encuentro de estas características no podían dejarse llevar por la ansiedad.

Italia intentaba resistir con orden. Las ‘Azzurrine’ habían demostrado durante el campeonato que sabían sufrir y que tenían recursos suficientes para competir en partidos cerrados. El recuerdo de los octavos de final ante China, donde tuvieron que resolver el encuentro en una tanda de penaltis después del empate a uno, era una prueba de que este equipo sabía convivir con la presión.

España, sin embargo, no estaba dispuesta a convertir la semifinal en una lotería. Quería decidirla desde el juego y continuaba acumulando argumentos para hacerlo.

Entonces llegó el momento de Alba Cerrato. La futbolista española consiguió mandar el balón al fondo de la portería italiana y durante unos instantes pareció que el marcador por fin reflejaría la superioridad de las de David Aznar. La celebración, sin embargo, quedó congelada por la intervención del VAR.

La revisión terminó determinando que el tanto no podía subir al marcador. España había vuelto a encontrar la red, pero el gol quedó invalidado y el 0-0 permaneció intacto. La frustración podía haber afectado al equipo español, pero ocurrió exactamente lo contrario: las de David Aznar mantuvieron la calma y continuaron buscando el camino hacia la portería.

El reloj avanzaba hacia el descanso y la sensación era cada vez más clara. Italia resistía, pero España dominaba. Las italianas necesitaban prácticamente convertir cada recuperación en una amenaza para cambiar el guion, mientras España solamente necesitaba mantener su fútbol para seguir acercándose a la recompensa.

La semifinal entraba en sus últimos minutos de la primera parte y entonces apareció de nuevo Agote. La atacante recibió el balón en la banda derecha y volvió a enfrentarse a la defensa italiana. Esta vez decidió utilizar su principal virtud para romper el equilibrio: la velocidad.

Agote aceleró, superó a su defensora y consiguió ganar metros hacia el área. La acción parecía otra más dentro del asedio español, pero terminó siendo la jugada que cambió la historia de la semifinal. Con la defensa italiana intentando cerrar el camino hacia la portería, Agote buscó el centro y el balón encontró en su trayectoria a Belli para abrir la late con el 01 en el minuto 40.

La zaguera italiana trató de intervenir para evitar que el envío alcanzara a las atacantes españolas, pero el contacto terminó teniendo el efecto contrario. El balón cambió su trayectoria, se envenenó y comenzó a dirigirse hacia la portería con una parábola imposible de controlar.

La pelota terminó entrando por la escuadra. El 0-1 apareció en el marcador en el minuto 40 y España encontraba por fin el premio a su insistencia al borde del entretiempo.

El gol llevaba la firma involuntaria de Belli, pero tenía detrás la electricidad de Agote, que había vuelto a superar a su defensora y había generado una acción de peligro desde la banda. Italia recibía un golpe duro justo antes del descanso, mientras España conseguía marcharse al vestuario con la ventaja que había perseguido durante toda la primera mitad.

No era una ventaja cualquiera. Era el premio a cuarenta y cinco minutos de dominio, paciencia y personalidad. España había tenido el balón, había generado ocasiones, había obligado a intervenir a la guardameta italiana, había visto un gol anulado por el VAR y, finalmente, había encontrado la manera de abrir el marcador.

Italia todavía tenía una segunda parte por delante para reaccionar, pero España había conseguido algo fundamental en una semifinal mundialista: ponerse por delante sin renunciar en ningún momento a su identidad.

(Fuente: “El Partido de Manu”) Creatividad: reinassinfiltro

El descanso no cambió la naturaleza del partido. Cuando las futbolistas regresaron al césped del Miejski LKS de Łódź, España volvió a hacerse con el control y comenzó a manejar el encuentro con la misma serenidad con la que había construido su ventaja antes del intermedio.

Italia sabía que necesitaba encontrar un gol para regresar a la semifinal. Las ‘Azzurrine’ no podían permitirse que España siguiera acumulando posesiones largas y acercamientos, pero cada intento italiano de salir hacia campo contrario encontraba una respuesta española.

La Selección Española mantenía la pelota y continuaba jugando lejos de su propia portería. Ese detalle se convirtió en uno de los grandes argumentos de la segunda mitad, porque Italia apenas conseguía generar situaciones capaces de poner en verdadero peligro a Laia López.

La guardameta española vivía una tarde especialmente tranquila. Sus compañeras habían construido delante de ella una estructura defensiva que impedía a las italianas acercarse con claridad y, conforme pasaban los minutos, la portería española parecía cada vez más protegida.

Había algo todavía más significativo en esa circunstancia. Laia López continuaba sin encajar un solo gol en el Mundial. El dato reflejaba el extraordinario rendimiento defensivo de una selección que no solamente estaba mostrando recursos en ataque, sino también una capacidad enorme para controlar los partidos desde atrás.

España no necesitaba correr riesgos innecesarios. Tenía ventaja y sabía que Italia debía asumir cada vez más riesgos para intentar regresar al encuentro. Esa situación abría espacios y las españolas comenzaron a encontrarlos con mayor frecuencia.

Daniela Agote seguía siendo una de las principales protagonistas. Su velocidad continuaba generando problemas a la defensa italiana y cada vez que recibía por el costado obligaba a las ‘Azzurrine’ a retroceder.

Fue precisamente en una de esas conducciones cuando España encontró el segundo golpe de la tarde. Agote avanzó por uno de los costados con el balón controlado y, en lugar de buscar una acción individual hasta el final, levantó la cabeza para localizar a Pau Comendador.

La conexión entre ambas fue perfecta. Agote encontró a Comendador en una posición privilegiada dentro del área y la atacante española apareció prácticamente en el punto de penalti, completamente liberada de oposición inmediata.

El balón llegó limpio y Comendador no necesitó adornar la acción. Su respuesta fue inmediata. Primer toque, precisión y balón al fondo de la portería italiana en el minuto 56 con justicia.

El 02 llegó como la consecuencia lógica de todo lo que España había construido durante el partido. No era solamente un segundo gol que aumentaba la ventaja. Era el golpe que acercaba definitivamente a las españolas a una nueva final mundialista.

Pau Comendador alcanzaba además los seis goles en el campeonato y confirmaba su condición de una de las grandes protagonistas ofensivas de España en Polonia. Cada tanto tiene su propio significado, pero aquel tenía uno especial: aparecía en una semifinal de un Mundial y servía para colocar a la Selección Española a las puertas de otra final con una histórica diana en el 56 de partido

Italia intentó reaccionar después del segundo golpe. Ya no tenía margen para esperar y comenzó a asumir más riesgos, buscando cualquier posibilidad de encontrar un gol que pudiera devolverle la esperanza.

Pero España estaba completamente asentada sobre el césped. Las futbolistas de David Aznar entendían perfectamente el momento del partido y no permitían que la semifinal se convirtiera en un intercambio de golpes.

Cada posesión española servía para consumir segundos y, al mismo tiempo, mantener lejos de la portería a un rival que necesitaba desesperadamente recuperar el balón. La Selección seguía encontrando espacios y continuaba generando peligro incluso cuando el partido entraba en su tramo definitivo.

Agote volvió a tener su momento de gloria. La atacante española recibió un pase de Rosalía y consiguió finalizar la jugada enviando nuevamente el balón al fondo de la red. Por un instante parecía que España podía haber encontrado el tercero y que la semifinal quedaba definitivamente sentenciada.

Sin embargo, la celebración volvió a quedar anulada. La colegiada detectó una mano previa en la acción y el tanto no subió al marcador. Agote se quedaba sin su segundo gol de la tarde, pero su influencia sobre la semifinal ya era indiscutible.

Había generado la jugada que terminó en el 0-1, había participado en el segundo tanto y había vuelto a encontrar la red aunque el gol finalmente no fuera concedido. Su actuación era el reflejo de una España que encontraba continuamente recursos para hacer daño.

Los minutos comenzaron a caer lentamente. Italia seguía peleando, intentando encontrar una grieta, pero la Selección Española había convertido el tramo final en una demostración de control.

La semifinal ya tenía un dueño claro. España había sido superior durante el encuentro y había sabido transformar esa superioridad en dos goles, mientras Italia no encontraba la manera de marcar ni de poner en verdadero peligro la portería española.

La resistencia italiana terminaba chocando una y otra vez con el mismo problema: España tenía el balón, tenía el marcador y tenía la capacidad de decidir dónde se jugaba el partido.

El tiempo se agotaba y las futbolistas españolas empezaban a sentir que la final estaba cada vez más cerca. Habían llegado a Polonia con la intención de competir por el título y ahora solamente quedaba superar los últimos minutos de una semifinal que ya formaba parte de su historia.

Cuando llegó el pitido final, el 0-2 quedó definitivamente grabado en el marcador del Miejski LKS de Łódź. España había derrotado a Italia y, con ello, había conseguido algo mucho más importante que una victoria: había conquistado el billete para la final de la Copa del Mundo Sub-20.

Italia se despedía con el orgullo de haber alcanzado por primera vez en su historia una semifinal mundialista. Su aventura había sido extraordinaria, desde aquella victoria inicial ante Estados Unidos hasta la eliminación de China en los penaltis y el triunfo ante la República de Corea, pero el último paso hacia la final se encontró con una España que volvió a mostrar toda su autoridad.

Para España, en cambio, la historia continúa. La Selección alcanza por tercera vez las semifinales de un Mundial Sub-20 y, por tercera vez, consigue avanzar hasta la gran final. La memoria de 2018 y 2022 ya forma parte del camino, pero esta generación quiere escribir su propio capítulo.

Y lo está haciendo a lo grande.Porque después de lo ocurrido en Łódź, España ya solamente tiene un partido por delante. El último. El que separa una gran actuación mundialista de la posibilidad de volver a levantar el trofeo.

El rival saldrá del enfrentamiento entre Corea del Norte y Colombia, que todavía deben decidir quién ocupará el otro lado del escenario. España ya tiene reservado su lugar. Ahora espera.

El domingo será el día de la verdad. Será entonces cuando esta generación descubra si puede repetir la hazaña de Costa Rica y volver a colocar a España en la cima del fútbol mundial Sub-20.

Pero antes de pensar en la final, queda disfrutar de una semifinal que deja una certeza difícil de discutir desde los hechos del partido: España dominó de principio a fin, encontró dos veces el camino de la red, mantuvo su portería a cero y nunca permitió que Italia pudiera arrebatarle el control del encuentro.

Belli, con aquel desafortunado desvío en el minuto 40, abrió la puerta que España llevaba toda la primera mitad intentando derribar. Pau Comendador, con su sexto gol del campeonato, terminó de abrirla en la segunda. Y detrás de ambos momentos estuvo una selección que volvió a jugar con la personalidad de quien sabe que estos escenarios no son para cualquiera.

Ahora queda el último paso. La última batalla. La última oportunidad para convertir un torneo impecable hasta la fecha en una nueva conquista mundial.

España está en la final y su rival tiene que salir de las vencedoras del envite entre Colombia y Corea del Norte.

📋 Ficha técnica |

Italia (0): Elena Belli; Caterina Venturelli, Azzurra Gallo (C), Martina Tosello, Martina Bressan; Maya Cherubini (Giada Catena 55′), Paola Fadda (Gabriella Langella 79′), Sofía Testa; Giulia Galli (Rosanna Ventriglia 79′), Giada Pellegrino Cimo (Marta Zamboni 66′), Karen Appiah (Marta Cocino 66′).

España (2): Laia López; Noa Jiménez, Silvia Cristóbal, Aïcha Camara, Carla Julià (Julia Torres 90+1′); Irune Dorado, Cristina Librán (C) (Elene Gurtubay 62′), Ainoa Gómez (Celia Segura 73′); Daniela Agote, Pau Comendador (Rosalía Domínguez 62′) y Alba Cerrato (Marisa García 73′).

Árbitra: Alina Peșu (Rumanía). Amonestó a Marta Zamboni (minuto 85) y Venturelli (minuto 90).

Estadio: Miejski LKS (Łódź, Polonia).

Goles |

0-1 Belli (p. p.) 40′ ⚽️

0-2 Pau Comendador 56′ ⚽️

(Fuente: “El Partido de Manu”) Creatividad: reinassinfiltro

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