
⬛️ Las de Irene Ferreras vuelven a repetir la hazaña sobre la hora y doblegaron por 0-1 al Sevilla en Nervión.

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Hay partidos que se juegan por tres puntos… y hay partidos que se juegan por identidad, por orgullo, por historia y por algo mucho más profundo que no siempre aparece en la clasificación. Este Sevilla FC – Granada CF no es simplemente el cierre de una jornada sabatina en la Liga F. Es un latido compartido en el sur, un pulso entre dos proyectos que han sabido reinventarse, crecer y mirar de frente a un futuro que ya no les intimida. Es un derbi andaluz que llega en el momento exacto, cuando ambos equipos han dejado de sobrevivir para empezar a creer.
Porque sí, la tabla dice que el Sevilla es quinto con 39 puntos y que el Granada CF es séptimo con 35. Dice que apenas hay cuatro puntos de diferencia. Dice que la tercera plaza está lejos. Dice muchas cosas… pero no dice lo principal: que este partido enfrenta a dos de los equipos más en forma, más valientes y más reconocibles del campeonato en este tramo de la temporada.
El Ramón Sánchez-Pizjuán —o el escenario que acoja este duelo— no será simplemente un campo de fútbol durante noventa minutos. Será una caldera emocional. Será un lugar donde el fútbol femenino andaluz, tantas veces invisibilizado en el pasado, se mira al espejo y se reconoce fuerte, competitivo, orgulloso. Donde cada duelo individual será también una declaración colectiva.
El Sevilla llega herido… pero cuidado con los equipos heridos. Porque hay derrotas que duelen más allá del marcador, y el 1-5 ante el FC Badalona Women no fue una simple caída: fue un golpe a la confianza, una grieta momentánea en un equipo que venía construyendo algo muy sólido. Sin embargo, si algo ha demostrado este Sevilla durante la temporada es que tiene carácter. Que no es un castillo de naipes. Que sabe levantarse.
Este equipo ha crecido desde la estructura, desde la idea, desde una identidad muy clara: orden sin balón, verticalidad cuando recupera, talento en tres cuartos y una competitividad que le ha permitido instalarse en la zona noble de la clasificación. No es casualidad. No es un espejismo. Es trabajo sostenido.
Y ahí es donde entran las ausencias, que no son menores. No estarán Esther Martín-Pozuelo, Isa Álvarez, Gemma Gili ni Jassina Blom, esta última con una lesión de cruzado que trasciende lo táctico y entra en lo emocional. Porque perder a una jugadora así no solo afecta al dibujo, afecta al alma del equipo. Y aun así, este Sevilla tendrá que reinventarse, recomponerse, encontrar soluciones desde el colectivo.
Porque los equipos grandes no son los que no caen, sino los que saben cómo levantarse. Y este sábado tienen la oportunidad perfecta para hacerlo: en casa, ante su gente, en un derbi.
Pero al otro lado no hay un rival cualquiera. Está el Granada. Y lo del Granada esta temporada merece ser contado con calma, con respeto y con admiración.
El conjunto dirigido por Irene Ferreras ya ha conseguido la permanencia matemática, sí. Pero reducir su temporada a eso sería casi ofensivo. Este Granada no ha sobrevivido: ha competido, ha propuesto, ha ganado y ha convencido. Es un equipo que ha entendido su lugar… y luego ha decidido superarlo.
Siete victorias en nueve partidos en este 2026. Esa cifra no es una racha: es una declaración de intenciones. Es un equipo que ha encontrado su momento, su ritmo, su confianza. Que ha dejado de mirar hacia abajo para empezar a mirar de reojo hacia arriba.
Y eso cambia todo.Porque cuando un equipo juega sin miedo, sin urgencias clasificatorias, con la tranquilidad del trabajo bien hecho… se vuelve peligrosísimo. El Granada llega liberado, pero no relajado. Llega ambicioso. Llega con la sensación de que puede ganar en cualquier campo.
Solo una baja: Linnéa Solvoll. Y eso, en este tramo de la temporada, es casi un lujo.
Tácticamente, el partido promete ser fascinante. El Sevilla, incluso con ausencias, tratará de imponer su jerarquía, su ritmo, su condición de local. Buscará tener más presencia en campo rival, más control territorial, más iniciativa. Pero enfrente tendrá a un Granada que no se siente incómodo sin balón, que sabe esperar, que interpreta muy bien los espacios y que es letal cuando encuentra metros para correr.
Será un duelo de momentos. De fases. De quién domina cuándo.
Y luego está el componente emocional. Porque los derbis no se juegan: se sienten. Cada balón dividido pesa más. Cada error se amplifica. Cada acierto se celebra con más intensidad. No hay partidos “normales” cuando hay tanto en juego a nivel simbólico.
El recuerdo de la primera vuelta está ahí: 0-2 para el Sevilla en campo nazarí. Ese resultado no se olvida. No se borra. Se guarda. Y se utiliza como combustible. El Granada saldrá con esa espina clavada, con ese deseo de demostrar que aquello fue solo un capítulo… no la historia completa.
Y el Sevilla, por su parte, querrá reafirmarse. Confirmar que fue superior entonces y que puede volver a serlo ahora. Que su posición en la tabla no es casualidad. Que sigue siendo uno de los equipos referencia en esta Liga F.
Habrá duelos individuales que definirán el partido. Habrá momentos de tensión máxima. Habrá fases donde el control se rompa y el partido se convierta en un intercambio de golpes. Porque este tipo de encuentros rara vez siguen un guion limpio.
Y ahí es donde aparecen las jugadoras que marcan diferencias. Las que entienden el contexto. Las que no se esconden. Las que convierten la presión en impulso.
Porque este no es un partido para pasar desapercibida. Es un partido para dejar huella.
Y mientras el reloj avance hacia las 20:00, habrá algo creciendo en el ambiente. Una expectativa distinta. Una sensación de que algo importante está a punto de suceder. Porque cuando dos equipos llegan en este estado de forma, cuando la clasificación aprieta, cuando el orgullo regional entra en juego… el fútbol deja de ser solo fútbol.
Se convierte en narrativa, ambición e historia.
El Sevilla juega en casa, sí. Pero el Granada llega sin complejos. El Sevilla tiene más puntos, sí. Pero el Granada tiene una dinámica que asusta. El Sevilla quiere consolidarse. El Granada quiere irrumpir definitivamente.
Y en medio de todo eso… noventa minutos.
Noventa minutos donde cada pase contará. Donde cada decisión pesará. Donde cada detalle puede inclinar la balanza.
Porque los derbis no perdonan errores.
Y tampoco olvidan a los valientes.
Así que cuando el balón eche a rodar, cuando el ruido de la grada se funda con el primer contacto, cuando las miradas se crucen y el partido deje de ser previa para convertirse en realidad… ya no habrá estadísticas, ni rachas, ni cálculos.
Solo quedará el fútbol y Andalucía latiendo en cada jugada.
🔜 NEXT GAME
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✨ Temporada 2025-2026 ✨
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🙌🏻 Matchday 24 | Día de partido
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👀 Derbi andaluz
🔥Sevilla Fútbol Club 🆚 Granada Club de Fútbol 🔥
🗓️ Sábado, 28 de marzo de 2026
⏰ 20:00 horario peninsular
📺 DAZN
🏟️ Estadio Jesús Navas, Sevilla
Los onces |
Hay noches que empiezan con ruido… y terminan en silencio. No en un silencio cualquiera, sino en ese que se queda pegado a la piel, en ese que pesa más que cualquier resultado, en ese que obliga a mirar hacia dentro. Así se marchó el Sevilla FC Femenino del Estadio Jesús Navas, con la sensación de haber competido, de haber tenido momentos, de haber rozado el gol… pero de haber dejado escapar un derbi que el Granada CF Femenino convirtió en suyo cuando el reloj ya marcaba territorio prohibido, cuando el partido parecía condenado al empate, cuando todo apuntaba a que nadie lograría romper el equilibrio. Pero el fútbol, ese deporte que no entiende de justicia sino de precisión, tenía guardado un último giro, un último golpe, una última escena que lo cambiaría todo.
El Sevilla salió con Sullastres bajo palos, una línea defensiva formada por Débora, Alice Marques, Isa Álvarez y Esther Martín-Pozuelo, con Iris Arnaiz, Rosa Márquez y Millaray Cortés en la sala de máquinas, y arriba el tridente compuesto por Kanteh, Raquel y Andrea Álvarez, mientras que el Granada apostó por Laura Sánchez en portería, una zaga de tres centrales con Blanca Muñoz, Jujuba y Alba Pérez, carrileras profundas con Manoly Baquerizo y Laura Pérez, una medular trabajadora con Ari Mingueza, Leles Carrión y Lauri Requena, y en punta la movilidad constante de Andrea Gómez y Sonya Keefe, en un planteamiento que ya anticipaba un partido de detalles, de duelos constantes, de ida y vuelta emocional.
Y no tardó en confirmarse. Porque el encuentro arrancó con electricidad, con tensión, con esa sensación de que cada balón dividido llevaba implícito algo más que la simple posesión. En el minuto 4, el Granada avisó con un balón parado que no terminó bien, pero que dejó la pelota viva, suelta, y ahí apareció Kanteh para lanzarse en un uno contra uno contra Laura Sánchez. Fue un momento clave en lo simbólico: potencia, verticalidad, amenaza directa. La africana disparó, la guardameta respondió, y aunque la jugada quedó invalidada por falta previa sobre Blanca Muñoz, el Sevilla ya había mostrado una de sus principales armas.
A partir de ahí, el partido se convirtió en un intercambio de intenciones. El Sevilla intentaba imponer ritmo, encontrar espacios, generar desde la intensidad, mientras que el Granada se sostenía con orden, con paciencia, con una lectura muy clara de cuándo acelerar y cuándo pausar. Andrea Álvarez tuvo una de las más claras del primer tiempo, un remate que se marchó rozando la escuadra, de esos que durante unos segundos parecen gol antes de convertirse en lamento. Raquel, por su parte, dejó una de las jugadas más brillantes del encuentro, girándose en un duelo directo, filtrando un caño, rompiendo en velocidad, superando líneas… pero sin encontrar un pase final que culminara la obra.
El Granada no se quedó atrás. Lo intentó desde el balón parado, desde la insistencia, desde la ocupación inteligente de espacios. Un córner ejecutado por Laura Pérez acabó en los pies de Lauri, pero el disparo se fue alto. Más tarde, la propia Lauri volvió a aparecer a la espalda de la defensa sevillista para centrar a Sonya Keefe, que no logró ajustar su remate. Eran avisos. Eran señales de que el equipo nazarí estaba dentro del partido, que no solo resistía, sino que también proponía.
Y en medio de todo eso emergió una figura determinante: Laura Sánchez. La guardameta del Granada firmó una actuación de esas que sostienen partidos, que construyen victorias desde la portería. Intervenciones seguras, reflejos, lectura del juego. Cada vez que el Sevilla encontraba un resquicio, ahí estaba ella. Como en ese saque de esquina que estuvo a punto de convertirse en gol, o en ese remate desviado por Jujuba que facilitó su blocaje, o en esa acción donde volvió a imponerse con autoridad. Fue un muro. Fue la base sobre la que el Granada empezó a creer.
El descanso llegó con el 0-0 inicial, con la sensación de igualdad, de partido abierto, de historia aún por escribir. Y la segunda parte no rompió ese guion, pero sí elevó el nivel de tensión. Las amarillas empezaron a aparecer —Laura Pérez, Iris Arnaiz, Raquel—, los duelos se endurecieron, y cada acción empezó a tener un peso mayor. Lauri volvió a ser protagonista, generando desde la mediapunta, conectando con Laura Pérez y Andrea Gómez, aunque en varias ocasiones el último pase o la decisión final impidieron que las jugadas se convirtieran en ocasiones claras.
El Sevilla, mientras tanto, seguía empujando. Sin la claridad necesaria en los metros finales, pero con insistencia. Débora incluso probó desde casi medio campo tras un error en salida del Granada, aunque Laura Sánchez volvió a responder sin complicaciones. Kanteh lo intentó con centros, con desborde, con presencia constante. Pero el gol no llegaba.
Y entonces, poco a poco, el partido empezó a inclinarse hacia un terreno más emocional que táctico. Porque el Granada, liberado tras haber asegurado la permanencia días atrás, empezó a jugar con una confianza creciente. Sin miedo. Sin urgencias. Con la convicción de que podía llevarse algo más que un punto.
Hubo momentos clave. Una posible roja a Laura Pérez que quedó en nada tras revisión. Un despeje salvador de Kanteh tras un remate de Jujuba en un córner. Un disparo de Andrea Gómez al palo ya en el tramo final que pudo sentenciar antes incluso de que llegara el gol. Detalles. Instantes. Pequeñas grietas en un partido que parecía cerrado.
Y entonces llegó el minuto 89, ese que lo teñiría todo de rosa, con el encuentro en su último suspiro.
Lo que separa el empate de la derrota. La jugada nace en el costado derecho, con Cristina Postigo recibiendo el balón con espacio suficiente para pensar, para decidir, para ejecutar. Levanta la cabeza y detecta lo que nadie más ve: un hueco, una oportunidad, una llegada desde atrás. Y pone el balón justo donde tiene que ir, ni más alto, ni más bajo, ni antes, ni después. Un centro perfecto, medido, tenso, dirigido al punto de penalti.
Y ahí aparece Manoly Baquerizo, ex del Deportivo Alavés, que sin marca, llegando desde atrás, como un trueno que nadie ha sabido anticipar. Su movimiento es impecable: temporiza, arranca en el instante exacto, ataca el espacio entre las defensoras sevillistas y se planta sola, completamente sola, frente a la portería. El balón le cae como si el partido entero hubiera sido diseñado para ese instante. Y Baquerizo no duda. No controla. No piensa. Empuja. Con determinación, con precisión, con la convicción de quien sabe que ese toque puede decidir un derbi. El balón cruza la línea. La red se mueve. Y el estadio se queda en silencio amén del 0–1 en favor de las visitantes.
Se rompió también el equilibrio emocional del partido. Un golpe directo al corazón del Sevilla, que había resistido, que había buscado, que había tenido sus momentos… pero que en ese instante ya no pudo reaccionar a tiempo. Porque aunque hubo nueve minutos de añadido, aunque el equipo lo intentó, aunque empujó más con corazón que con claridad, el Granada supo resistir, supo gestionar, supo cerrar el partido.
Incluso tuvo el segundo en las botas de Andrea Gómez, cuyo disparo se estrelló en el palo en otra transición bien ejecutada. Pero ya no hacía falta más. El trabajo estaba hecho.
El pitido final confirmó una victoria de enorme valor para el Granada, que alcanza los 38 puntos y consolida su séptima posición, reafirmando una temporada que ya es mucho más que una simple permanencia. Es una declaración de identidad, de crecimiento, de ambición. Un equipo que compite, que cree y que no se conforma.
Y el Sevilla, que se queda con 39 puntos, encadena otra derrota tras la sufrida ante el FC Badalona Women y empieza a mirar con preocupación una dinámica que amenaza con sacarle de la pelea por Europa, especialmente si el Atlético de Madrid aprovecha su oportunidad. Más allá de la clasificación, queda la sensación de que este equipo necesita reencontrarse, recuperar confianza, volver a ser ese bloque sólido y competitivo que le llevó a estar entre los mejores.
Pero lo que no se borra es la imagen final. Ese balón entrando en la red. Esa llegada de Baquerizo desde la nada.
Ese instante en el que todo cambió. Porque los derbis no se explican solo con estadísticas. Se explican con momentos. Y este, el del minuto 89, será recordado como el momento en el que el Granada conquistó Nervión… y dejó al Sevilla con un silencio que lo dice absolutamente todo.

📋 Ficha técnica :
Sevilla FC Femenino: Sullastres; Débora (Alba, 86’), Marques, Isabel Álvarez, Esther Martín (Chantal, 78’); Rosa, Iris (Torres, 64’), Millaray Cortés; Fatou (Moral, 87’), Raquel y Andrea Álvarez (Cerrato, 64’).
Granada CF Femenino: Laura Sánchez; Alba Pérez, Jujuba, Blanca, Leles (Miku, 78’); Ari Mingueza (Vera, 64’), Lauri, Baquerizo, Laura Pérez (Barquero, 78’); Andrea Gómez y Sonya Keefe (Postigo, 64’).
Árbitra: Lorena Trujillano (tinerfeña) amonestó a Laura P, Raquel, Iris y Vera.
Incidencias: Partido correspondiente a la vigésimo cuarta jornada de la Liga F, disputado en el Estadio Jesús Navas ante unos ciento cincuenta espectadores.
Goles |
0-1 Manoly Baquerizo 89’ ⚽️
Vídeo |

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