Oficial | Así fue el pase de prensa de “Pioneras”

(Fuente: Pioneras) Carla Oset

⬛️ Es una obra que interpela y te hace comprender la belleza del fútbol femenino en todo su significado a lo largo de 106 minutos de pura emoción.

A las 12:30 de la mañana, cuando la rutina aún no ha dado paso del todo a lo extraordinario, hay historias que irrumpen con la fuerza de lo que llevaba demasiado tiempo esperando ser contado. Historias que no piden permiso, que no se acomodan, que incomodan porque obligan a mirar atrás con honestidad. Y eso es exactamente lo que sucede con Pioneras, una película que no solo se proyecta: se siente, se respira y, en muchos momentos, se sufre.

Su pase de prensa en los cines Renoir de Princesa, al que acudimos invitados por Liga F Moeve y Viva, se convirtió en algo más que un pase de prensa; fue un ejercicio colectivo de memoria al que asistimos acompañados por nuestra fotógrafa oficial Yael Vidal, en una sala donde también coincidimos con la periodista Cristina Medina, todos conscientes de que lo que íbamos a ver no era simplemente cine, sino una parte fundamental —y durante mucho tiempo silenciada— de la historia del fútbol español.

(Fuente: Pioneras) Carla Oset

La película, que llegará próximamente a salas para el público general, despliega durante aproximadamente 106 minutos un relato que va mucho más allá de lo deportivo. Su sinopsis nos sitúa en la España de 1975, en plena dictadura, en un contexto donde el fútbol femenino no solo carecía de estructura o reconocimiento, sino que estaba directamente prohibido. Allí, en ese escenario hostil, emergen estas pioneras: mujeres jóvenes, muchas de origen humilde, que ya trabajaban para ganarse la vida y que, al terminar su jornada laboral, corrían literalmente hacia cualquier campo —improvisado, irregular, lleno de agujeros— para jugar. Para sentirse libres durante un instante. Para desafiar, aunque fuera en silencio, todo lo que se esperaba de ellas.

Porque en aquella época, bajo la sombra de la Sección Femenina, el papel de la mujer estaba estrictamente delimitado. Esposa, madre, ama de casa. Nada más. El Servicio Social reforzaba ese modelo, marcando lo que debía ser y hacer una mujer. Y, sin embargo, estas chicas rompían ese esquema desde algo tan aparentemente sencillo como un balón. Pero lo que hacían no era sencillo. Era profundamente revolucionario. Salían de cumplir con un sistema que las encasillaba y se lanzaban al barro, literalmente, a competir, a golpearse, a caer y levantarse, a sentir una libertad que les estaba negada.

La película recoge ese espíritu con una sensibilidad que evita caer en la épica fácil. Aquí no hay heroínas idealizadas, hay mujeres reales. Mujeres que recibían insultos mientras jugaban. Mujeres que eran cuestionadas constantemente. Mujeres que tenían que justificar algo tan básico como querer jugar al fútbol. Como explica la directora Marta, el peso de los prejuicios era enorme, especialmente en entornos menos privilegiados, donde cualquier desviación de la norma se castigaba socialmente con mayor dureza. Y aun así, ellas seguían.

Uno de los grandes aciertos de Pioneras es cómo articula ese relato a través de sus personajes. Bruna Lucadamo da vida a Belén, una jugadora que encarna el liderazgo forjado en la resistencia, alguien que lleva toda la vida defendiendo su espacio en la clandestinidad, competitiva, disciplinada, protectora con las suyas. Frente a ella irrumpe Nati, interpretada por Sofía de Iznájar, un talento desbordante que descoloca al equipo. Nati no pasa el balón, juega para sí misma, genera conflicto. Pero la película no se queda en la superficie: detrás de esa actitud hay una historia de soledad, de haber crecido jugando con chicos que nunca le pasaban el balón, de haber aprendido que, para sobrevivir, tenía que depender únicamente de sí misma. Ese choque entre ambas no es solo futbolístico, es emocional, social, profundamente humano.

El filme también amplía su mirada hacia otro frente igualmente olvidado: el del periodismo. A través del personaje interpretado por Aixa Villagrán, inspirado en Mari Carmen Izquierdo, se visibiliza la lucha de aquellas mujeres que querían contar el deporte y se veían obligadas a hacerlo bajo seudónimos masculinos. No hay grandes discursos, sino pequeños gestos que lo dicen todo: la confusión constante, el ninguneo diario, la resignación de quien sabe que ese es el precio a pagar por seguir adelante. No es conformismo, es resistencia silenciosa.

En paralelo, la figura del entrenador, interpretado por Daniel Ibáñez, aporta otra dimensión al relato. Su viaje refleja el de muchos hombres en aquel contexto: comienza desde una cierta ingenuidad, incluso desde el ego, pero termina entendiendo que forma parte de algo mucho más grande que él mismo. Su enfrentamiento con las estructuras, con la Federación y con la propia Sección Femenina, evidencia hasta qué punto el sistema estaba diseñado para impedir cualquier avance. Incluso se rescatan ideas absurdas que hoy resultan impensables, como la creencia de que jugar al fútbol podía impedir a las mujeres quedarse embarazadas, utilizadas entonces como herramienta de control y miedo.

Pero si hay algo que eleva definitivamente a Pioneras es su capacidad para conectar ese pasado con el presente. Porque la película no se queda en la nostalgia, sino que establece un puente directo con lo que es hoy el fútbol femenino español. Desde aquel 1975 en el que jugar era casi clandestino, hasta una actualidad en la que la Selección Española Femenina de Fútbol se ha convertido en referencia mundial: número uno del ranking FIFA, campeona del mundo tras la final de Sídney ganada por 1-0, doble campeona de la Liga de Naciones y subcampeona de Europa. Ese salto no se entiende sin ellas. Sin las que jugaron sin focos. Sin contratos. Sin reconocimiento.

Durante sus 106 minutos, la película te lleva al límite emocional en varios momentos. Hay escenas que aprietan, que incomodan, que te colocan frente a una realidad que durante demasiado tiempo se quiso ignorar. Y ahí está su mayor virtud: no edulcora, no simplifica, no convierte la historia en algo amable. La respeta. La expone. Y, al hacerlo, la dignifica.

Al salir de la sala, en esa mañana que ya no parecía la misma, la sensación era clara: todo lo que se ha luchado hasta llegar a lo más alto ha merecido la pena. Porque cuando España levantó el Mundial en Sídney, no solo ganó un equipo. Ganó una historia. Ganaron todas aquellas que jugaron en silencio, casi obligadas a esconderse, en una época que no estaba preparada para ellas.

Por eso Pioneras merece mucho más que ser vista. Merece ser sentida. Porque te recuerda que el fútbol, antes de ser espectáculo, fue resistencia.

Y porque te hace entender que cada victoria actual tiene raíces profundas, enterradas en campos de tierra, en tardes sin público, en vidas que desafiaron lo establecido sin saber si algún día alguien contaría su historia. Hoy, por fin, se cuenta. Y era imprescindible hacerlo.

(Fuente: Pioneras) Carla Oset

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