(Fuente: Liga F Moeve)

⬛️ El conjunto rojiblanco se impuso por 2-0 al Deportivo Abanca con los tantos de Boe Risa, que fue la MVP del partido, y de Gio Queiroz. Las colchoneras acumulan seis victorias de manera consecutiva entre todas las competiciones, mientras que, el club gallego se queda en la 12ª posición de la tabla con 26 puntos.

(Fuente; DAZN )

Hay partidos que no se juegan únicamente sobre el césped. Hay encuentros que arrastran memoria, contexto, urgencias y silencios. Este domingo 5 de abril, a las 12:00 del mediodía, en Alcalá de Henares, el Atlético de Madrid Femenino vuelve a casa para medirse al Deportivo Abanca en un duelo que, más allá de los tres puntos, representa una encrucijada emocional y competitiva en la recta final de la Liga F.

(Fuente: Getty imágenes)

Las rojiblancas llegan a esta cita con el pulso firme, con la determinación de quien sabe que cada jornada es una final encubierta. El equipo dirigido por José Herrera ha encontrado en las últimas semanas una línea ascendente que invita al optimismo, encadenando tres victorias consecutivas entre todas las competiciones. La última, además, de las que refuerzan discurso y carácter: conquistar San Mamés con un trabajado 1-2 es algo más que sumar tres puntos; es enviar un mensaje al campeonato, es recordar que este escudo no entiende de rendiciones anticipadas. Sin embargo, la clasificación sigue siendo una losa exigente: quintas con 41 puntos, a diez de los puestos que abren la puerta de la próxima UEFA Women’s Champions League, un horizonte que exige perfección casi quirúrgica en lo que resta de calendario.

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Pero si algo define a este Atlético es su capacidad para sobreponerse a la adversidad, y este domingo volverá a hacerlo con bajas sensibles. No estará Rosa Otermín, expulsada por doble amarilla en Bilbao, en un partido donde su energía volvió a ser diferencial hasta ese fatídico desenlace. Tampoco podrá contar el técnico con Silvia Lloris, que continúa su proceso de recuperación tras la grave lesión de ligamento cruzado, ni con Júlia Bartel. Ausencias que obligarán a recomponer piezas, a redefinir automatismos, a exigir un paso adelante colectivo en un momento donde la profundidad de plantilla se convierte en argumento competitivo.

Enfrente estará un Deportivo Abanca que llega sin complejos, con la tranquilidad relativa de quien ha sabido reconstruirse en mitad del curso. Las gallegas, duodécimas con 26 puntos, han tomado aire tras su última victoria ante la SD Eibar Femenino por 2-1, un resultado que les permite mirar con cierta distancia la zona más comprometida de la tabla. Pero sería un error leer esa posición como sinónimo de fragilidad. Este Deportivo ha demostrado saber competir, resistir y golpear en los momentos clave. También tendrá ausencias importantes: Cris Martínez, en un paréntesis vital por maternidad, además de Carlota Suárez y Millene Cabral, que no estarán disponibles. Pero el bloque, como colectivo, ha encontrado respuestas en la adversidad, y eso lo convierte en un rival incómodo, imprevisible, capaz de romper guiones establecidos.

El precedente más reciente entre ambos equipos es una advertencia: el 1-1 de la primera vuelta en Estadio de Riazor dejó claro que este enfrentamiento no entiende de favoritismos. De hecho, el historial es tan equilibrado como revelador: seis enfrentamientos, tres victorias para el Atlético, tres empates y ni un solo triunfo del Deportivo, una estadística que, lejos de tranquilizar, invita a la cautela. Porque si algo ha sabido hacer el conjunto gallego es competir de tú a tú, incomodar, llevar los partidos a terrenos donde el talento necesita del oficio para imponerse.

(Fuente: Liga F Moeve)

Y ahí, en ese territorio donde el fútbol se convierte en algo más que un juego, es donde este partido cobra una dimensión especial. Porque Alcalá no es solo un escenario. Es un punto de reencuentro. Un lugar donde el Atlético quiere reafirmar su identidad, donde cada balón dividido se disputa como si fuera el último, donde la grada empuja con la memoria reciente de noches europeas y sueños aún pendientes. Volver a casa, en este contexto, es mucho más que jugar como local: es reconectar con lo esencial, con lo que define a este equipo cuando todo aprieta.

Será un partido de ritmos, de tensiones, de momentos. De saber gestionar la presión de quien está obligado a ganar frente a la libertad competitiva de quien no tiene nada que perder. De encontrar soluciones en los costados pese a las bajas, de imponer jerarquía en las áreas, de no conceder transiciones a un rival que sabe castigar errores. Será, en definitiva, uno de esos encuentros que no siempre se recuerdan por el resultado, sino por lo que representan dentro de una temporada.

Y en medio de todo eso, también hay historias que regresan. Porque este domingo no será uno más. Será el primer partido al que este medio acuda acreditado después de casi seis meses de ausencia obligatoria, de silencios, de distancia, de una delicada situación personal que nos apartó de donde siempre quisimos estar.

Volver a Alcalá no es solo volver a un estadio. Es volver a sentir el fútbol desde dentro, a escuchar el golpeo del balón, a mirar a los ojos a un equipo que también ha tenido que resistir. La última vez que estuvimos aquí, el marcador reflejaba un 2-2 frente al FC Bayern Múnich Femenino en la fase de grupos de la UEFA Women’s Champions League.

La historia de Maca Portales:

Léeme aquí:

Reportaje de la diecinueve;

Aquella noche fue de épica, de resistencia, de orgullo. Este domingo, sin necesidad de mirar al pasado, todo invita a pensar que Alcalá volverá a latir con esa misma intensidad. Porque hay regresos que no se explican: se sienten. Y este, sin duda, será uno de ellos.

(Fuente: Liga F Moeve)

🔜 NEXT GAME

🏆 Liga F Moeve

✨ Temporada 2025-2026 ✨

🔥 Club Atlético de Madrid Femenino 🆚 Deportivo Abanca 🔥

❤️🤍 – 💙🤍

♥️ #LigaFMoeve

🗓️ Domingo, 4 de abril de 2026

🙌🏻 Matchday 25 | Día de partido

⏰ 12:00 horario peninsular

📺 TEN TV

🏟️ Centro Deportivo Alcalá de Henares, Madrid

Los precedes históricos son favorables al conjunto rojiblanco por culpa de tres victorias y tres empates en seis encuentros disputados en la Primera División Femenina, con un saldo de quince goles a favor y tan solo cinco en contra.

El CTA de la RFEF ha estimado oportuno que la encargada de impartir justicia en el césped sea la colegiada Andrea Firvida Fernández, írvida Fernández (Compostela, 1993), una árbitra que se formó progresivamente en categorías inferiores y dio el salto a la élite en el curso 2023-2024.
Su estilo destaca por su criterio disciplinario equilibrado, su capacidad para gestionar el ritmo de los partidos y una comunicación eficaz con las jugadoras. Adscrita al Comité Aragonés, ha dirigido encuentros tanto de Primera División como de la Copa de la Reina, mostrando una progresión constante dentro del panorama arbitral nacional. Más allá del fútbol, su perfil resulta especialmente singular, ya que ha compaginado su carrera arbitral con su formación como pianista y su trayectoria como sargento del Ejército del Aire, lo que refuerza su imagen como una profesional multidisciplinar y altamente preparada.

En el duelo entre el Atlético de Madrid y el Deportivo Abanca, varias futbolistas emergen como claves por su peso táctico y su capacidad para decidir el partido: en el conjunto rojiblanco, nombres como Fiamma Benítez, en un gran momento de forma, junto a la verticalidad de Luany y la movilidad ofensiva de Amaiur Sarriegi, concentran gran parte del peligro, bien sostenidas por la dirección en el centro del campo de Vilde Bøe Risa; por su parte, el Deportivo Abanca se apoyará en la capacidad goleadora de Esperanza Pizarro, la inteligencia en movimientos de Ainhoa Marín y la creatividad de Millene Cabral, en un planteamiento más reactivo donde también será determinante el rendimiento bajo palos de Inês Pereira.

Hay mañanas en las que el fútbol no pide permiso. Se presenta, golpea primero y te obliga a sentirlo desde el inicio. En el Centro Deportivo Wanda de Alcalá de Henares, el Atlético de Madrid Femenino salió como un vendaval para imponerse con autoridad a un combativo RC Deportivo Femenino (2-0), en un partido que tuvo nombre propio desde el primer suspiro: Vilde Boe Risa.

Apenas habían pasado tres minutos cuando el guion empezó a escribirse en rojo y blanco. Synne Jensen, pura electricidad en el costado, abrió el campo con intención y encontró a Fiamma Benítez. La de Denia no dudó: control, mirada al área y envío raso, tenso, de esos que cruzan el corazón de la defensa. Boe Risa apareció desde segunda línea como quien entiende el tiempo del fútbol mejor que nadie. Su primer remate encontró piernas rivales, un rechazo incómodo que parecía desactivar el peligro. Pero el balón, caprichoso, le volvió a caer a ella. Y ahí ya no hubo perdón: ajuste rápido, golpeo firme, seco, abajo, imposible para Inês Pereira y la portuguesa no pudo evitar el 1-0 en el amanecer del choque, minuto 2 de juego .

El tanto tempranero no solo encendió al Atlético, también condicionó a un Deportivo que, además, tuvo que recomponerse tras la lesión de Samara Ortiz. A partir de ahí, el conjunto de José Herrera dominó con balón y con intención. Pudo ampliar distancias antes del descanso: un libre directo de Fiamma que obligó a volar a Inês Pereira y un rechace que Jensen no logró dirigir entre palos. Incluso Luany llegó a celebrar, pero la colegiada anuló el tanto por falta previa.

Tras el paso por vestuarios, el partido mantuvo el mismo pulso. El Atlético insistía, acumulaba llegadas, generaba superioridades. Amaiur se plantó sola ante la portera portuguesa, pero apareció de nuevo Inês Pereira, felina, salvando a las suyas con reflejos de élite. También lo intentó Gio Queiroz poco después, encontrándose otra vez con una guardameta que sostuvo al Deportivo cuando todo parecía romperse.

Pese a todo, el Deportivo no dejó de creer. Ni el marcador en contra, ni el paso de los minutos, ni la sensación de que el partido se le escapaba por momentos lograron apagar la fe de un equipo que compitió hasta el último aliento. Porque si algo definió su actuación fue precisamente eso: la resistencia emocional, la insistencia constante y la voluntad de aferrarse al partido incluso cuando el contexto invitaba a lo contrario.

En ese escenario emergió la figura de Hildah Magaia, siempre atenta, siempre amenazante en el espacio. La delantera encontró el premio a su persistencia en una acción que pudo cambiar el rumbo del encuentro. Un balón filtrado, medido al milímetro, la dejó sola ante Lola Gallardo en un mano a mano de máxima exigencia. El estadio contuvo la respiración. Era uno de esos momentos que definen partidos, que inclinan dinámicas, que transforman narrativas. Magaia armó el disparo con decisión, buscando precisión y potencia, pero se encontró con una respuesta aún mayor: Lola Gallardo, firme, valiente, leyó la intención, achicó espacios y resolvió la acción con una intervención de puro carácter, sosteniendo a su equipo en el momento más delicado.

No fue la única ocasión en la que el Deportivo acarició el empate. Vera Martínez, incisiva en el juego aéreo, protagonizó otra de las acciones más claras. Un centro lateral, cargado de intención, encontró su cabeza en una posición franca. El remate salió limpio, potente, con dirección, pero se marchó fuera por escasos centímetros. Fue un suspiro colectivo, una oportunidad que se escapaba y que alimentaba la sensación de que el gol podía estar cerca… pero no terminaba de concretarse.

Mientras tanto, el Atlético de Madrid Femenino gestionaba el partido con inteligencia competitiva. Supo sufrir cuando el rival apretó, supo contemporizar cuando el ritmo se descontrolaba y supo interpretar cada fase del encuentro con una madurez que habla de equipo grande. Porque no todo es dominar con balón; también hay mérito en resistir, en ordenarse, en cerrar espacios, en ganar duelos individuales y en competir cada acción como si fuera la última.

El Atlético, en cambio, encontró en ese contexto un escenario favorable para desplegar su juego de transición. Con el rival cada vez más volcado, los espacios a la espalda de la defensa se multiplicaban. Y ahí aparecieron jugadoras como Luany, capaz de interpretar el contragolpe con velocidad y verticalidad.

Sin embargo, el momento decisivo del partido aún estaba por llegar.

Corría el minuto 83 cuando el marcador reflejaba un ajustado 1-0, una ventaja mínima que mantenía vivo al Deportivo y que obligaba al Atlético a sostener un nivel máximo de concentración. El partido estaba abierto, tensionado, en ese punto en el que cualquier detalle podía cambiarlo todo.

Fue entonces cuando apareció Gio Queiroz.La jugada nació desde la recuperación en campo propio. Un balón dividido, ganado con agresividad competitiva, activó inmediatamente la transición ofensiva del Atlético. La circulación fue rápida, directa, sin concesiones. Dos toques bastaron para superar la primera línea de presión. El Deportivo, en su intento por replegar, dejó espacios que el Atlético no dudó en atacar.

El balón llegó a banda, donde una conducción vertical rompió el equilibrio defensivo. La defensa gallega, obligada a bascular, perdió por un instante la referencia central. Y ahí, en ese pequeño desajuste, emergió la figura de Gio Queiroz.

Su desmarque fue una obra de inteligencia táctica.Partió desde una posición intermedia, aparentemente inofensiva, para luego acelerar hacia el espacio libre entre central y lateral. El pase, medido con precisión milimétrica, encontró su carrera en el momento exacto. Control orientado. Cabeza levantada. Decisión inmediata.

Todo ocurrió en cuestión de segundos.Frente a la portera, Gio no dudó. Optó por una definición técnica, elegante, buscando el palo largo con un disparo raso que combinó colocación y temple. El balón salió limpio, trazando una diagonal perfecta, imposible de alcanzar para establecer 20 definitivo en el luminoso.

El estadio reaccionó con una mezcla de alivio y celebración. Era el golpe definitivo. El Deportivo, que había estado tan cerca del empate, veía cómo el partido se le escapaba definitivamente en una acción que reflejaba la crudeza del fútbol: quien perdona, lo paga.

El gol de Gio Queiroz tuvo un impacto inmediato en la dinámica emocional del encuentro. El Atlético ganó en tranquilidad, en control, en seguridad. El Deportivo, por su parte, acusó el golpe. No por falta de actitud —que se mantuvo hasta el final— sino por la sensación de que el esfuerzo no había encontrado recompensa.

En los minutos finales, el partido transitó hacia un cierre más gestionado por parte del conjunto rojiblanco. La posesión se convirtió en una herramienta defensiva. El tiempo, en un aliado. Cada pase, cada despeje, cada duelo ganado contribuía a consolidar una victoria que ya no parecía peligrar.

LIncluso Luany tuvo en sus botas la posibilidad de ampliar la ventaja en una última acción a la contra. Con el Deportivo completamente volcado, encontró espacio para correr, para encarar, para definir. Fue una jugada que sintetizó el partido: velocidad, determinación, verticalidad. Pero el marcador ya no necesitaba más alteraciones.

El paso de los minutos fue inclinando el partido hacia ese terreno en el que la experiencia y el oficio pesan tanto como el talento. El Deportivo insistía, pero comenzaba a notar el desgaste. Las llegadas ya no tenían la misma claridad, los últimos metros se hacían más densos y la precisión empezaba a diluirse. El Atlético, por su parte, encontraba espacios al contragolpe, aprovechando la necesidad rival de estirarse y asumir riesgos.

El Dépor, sin embargo, seguía igual de estancado que en la primera parte. Fran Alonso, en el minuto 75, se atrevió con dos cambios para ver si un replanteamiento podía hacerles volver al encuentro. Esperanza Pizarro, de las visitantes, tuvo una ocasión idónea ante Lola Gallardo gracias a un pase filtrado de Olaya Rodríguez, pero la portera sevillana llegó primera al esférico.

En ese contexto, incluso Luany, que había sido protagonista en varios tramos del encuentro, tuvo en sus botas la posibilidad de sentenciar definitivamente. En el último aliento, con el Deportivo volcado, encontró un espacio para correr, para encarar, para definir. Fue una acción que condensó todo el partido: velocidad, determinación, verticalidad. Sin embargo, el desenlace no alteró el marcador. No hizo falta. El trabajo ya estaba hecho.

Porque más allá del resultado, lo que dejó este partido fue una sensación clara: la de un Atlético de Madrid Femenino que sabe a lo que juega, que entiende los tiempos del partido y que, sobre todo, compite con una personalidad reconocible. No fue una victoria cómoda, ni mucho menos. Fue una victoria construida desde el esfuerzo, desde la concentración y desde la convicción colectiva.

(Fuente: Liga F Moeve)

Victoria sólida, trabajada y con carácter. Un equipo que golpeó pronto, que supo proteger su ventaja y que, cuando el rival apretó, respondió con orden, con sacrificio y con liderazgo desde todas sus líneas. Porque hay partidos que se juegan desde la técnica, desde la inspiración o desde el talento individual… y hay otros que se conquistan desde la mentalidad, desde la disciplina y desde la capacidad de resistir. Este, en Alcalá, perteneció claramente a esa segunda categoría.

El significado del triunfo va más allá de los tres puntos. En una competición tan exigente como la Liga F, cada jornada es una batalla estratégica, un pulso constante por la regularidad y la ambición. Y en ese contexto, sumar de esta manera, ante un rival que nunca bajó los brazos, tiene un valor añadido. Refuerza la confianza del grupo, consolida dinámicas positivas y envía un mensaje claro al resto de competidores.

Con este triunfo, que no es baladí, el Atlético de Madrid se reafirma en su objetivo y se niega a renunciar a su sueño europeo. Suma ya 44 unidades, una cifra que empieza a pesar en la clasificación y que le permite abrir una brecha importante respecto a sus perseguidores directos. El Sevilla Fútbol Club queda ahora a cierta distancia, obligado a reaccionar si quiere mantenerse en la pelea, mientras que en el horizonte aparece la Real Sociedad, tercera clasificada, todavía con una ventaja considerable pero ya bajo la presión de un equipo que no deja de mirar hacia arriba.

La aritmética del campeonato añade un matiz de emoción: seis jornadas por delante, seis oportunidades para alterar el orden establecido, para recortar distancias, para alimentar la ilusión. No es una tarea sencilla, ni mucho menos. La diferencia de diez puntos exige una combinación de excelencia propia y tropiezos ajenos. Pero si algo ha demostrado este Atlético de Madrid Femenino es que no negocia su ambición. Compite cada partido como una final y entiende que el fútbol, en su esencia más pura, premia a quienes perseveran.

En ese camino hacia el objetivo europeo, partidos como este adquieren una dimensión especial. No son los más vistosos, no siempre son los más brillantes desde el punto de vista estético, pero sí son los que construyen temporadas. Son los encuentros en los que se forja el carácter colectivo, en los que se consolidan automatismos y en los que el equipo aprende a gestionar escenarios adversos.

El vestuario lo sabe. El cuerpo técnico lo sabe. Y la afición, que acompañó y empujó en cada fase del partido, también lo percibe. Hay algo en este equipo que trasciende lo puramente futbolístico: una identidad reconocible, una forma de competir que combina talento, trabajo y determinación. No siempre será suficiente, porque el fútbol es imprevisible, pero es la base sobre la que se construyen los grandes logros.

El Deportivo, por su parte, se marcha con la sensación amarga de haber estado cerca. De haber competido, de haber generado ocasiones, de haber creído hasta el final. Hay derrotas que duelen más que otras, y esta es una de ellas. Pero también hay aprendizajes que pueden ser valiosos de cara al futuro. La capacidad de reacción, la insistencia ofensiva y la actitud mostrada son elementos sobre los que construir.

Al final, el fútbol fue fiel a su naturaleza. Un juego de detalles, de momentos, de aciertos y errores que, sumados, terminan decidiendo el resultado. El Atlético de Madrid Femenino supo interpretar mejor esos detalles, supo gestionar mejor esos momentos y, en consecuencia, se llevó un triunfo que refuerza su candidatura y mantiene viva su ambición.

Porque en el tramo decisivo de la temporada no basta con jugar bien. Hace falta algo más. Hace falta carácter, convicción, resiliencia. Hace falta saber sufrir, saber esperar y saber golpear en el momento justo. Y este Atlético ha demostrado que posee todas esas cualidades.

Quedan seis capítulos por escribir en esta historia. Seis partidos que definirán el desenlace de una temporada exigente, intensa y cargada de emociones. El objetivo está claro, el camino es complejo, pero la determinación es innegociable. Y mientras haya puntos en juego, mientras exista una mínima posibilidad, este equipo seguirá creyendo. Porque hay días en los que el fútbol se juega… y hay días, como el vivido en Alcalá, en los que el fútbol se conquista.

(Fuente; Liga F Moeve)

📋 Ficha técnica \

Entrenador: José Herrera

RC Deportivo La Coruña Femenino: Teixeira Pereira; Vera Martínez, Elena Vázquez, Merle Barth (Raquel García, min. 75), Samara Ortíz (Paula Novo, min. 20); Paula Gutierrez (Henar Muiña, min. 75), Lucia Martínez (Hildah Magaia, min. 63), Olaya Rodríguez; Esperanza Pizarro, Marisa García (Lucia Rivas, min. 63), Ainhoa Marín.

Entrenador: Fran Alonso

Tarjetas amarillas: Natalia Peñalvo (Atlético de Madrid, min. 21), Merle Barth (RC Deportivo La Coruña Femenino, min. 64), Paula Novo (RC Deportivo La Coruña Femenino, min. 69), Lauren Leal (Atlético de Madrid, min. 90)

Árbitra: Andrea Firvida Fernández

Lugar: Centro Deportivo Wanda Alcalá de Henares

Goles |

1-0 Vilde Bøe Risa 3’ ⚽️
2-0 Gio Queiroz Costa Garbellini 83’ ⚽️

Vídeo |

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