Toda vez que la vigesimoprimera jornada de la Liga Profesional de Fútbol Femenino ha tocado a su fin, con una importante victoria del Sevilla Fútbol Club por 2-1 ante el Atlético de Madrid, los fans del fútbol femenino deben cambiar el chip y enfundarse la elástica rojigualda.
Las campeonas del Mundial 2023, las de la Selección Española de Fútbol, se despidieron del 2025 proclamándose bicampeonas de la Liga de Naciones Femenina en el Estadio Metropolitano al doblegar por 3-0 a Alemania y ahora vuelven a irrumpir en escena para iniciar la fase de clasificación UEFA rumbo a la Copa del Mundo 2027 que se celebrará en el periodo estival en Brasil.
Con múltiples caras nuevas, entre las que destacan Misa (Real Madrid), Sandra Villafañe (Madrid CFF), Martina Fernández (Everton) o incluso Aira Aguirrezabala (Real Sociedad de Fútbol), las actuales subcampeones de Europa se medirán a Islandia y Ucrania en el Grupo C.
La primera gran cita llegará el próximo martes 3 de marzo de 2026, a partir de las 19:00 horario peninsular en el SkyFi Castalia, feudo del Club Deportivo Castellón, para después cerrar la fecha FIFA visitando a Ucrania en Antalya (Turquía) por culpa de la invasión que está sufriendo esta nación por parte de Rusia, celebrándose el duelo el próximo 7 de marzo de 2026, a las 18:00 horario peninsular.
La otra gran sorpresa en la convocatoria llega en la delantera, donde Ornella Vignola, que también representa al Everton, entra en el ataque de la Roja. En total, a esta lista han acudido 15 jugadoras de seis equipos distintos de Liga F Moeve. El FC Barcelona, con siete futbolistas, el Real Madrid CF, con cuatro, y el Atlético de Madrid, el Madrid CFF, la Real Sociedad y el Athletic Club, todos ellos con una, están representados.
Con la ausencia por lesión de Aitana Bonmatí por una lesión de gravedad que sufrió una fractura transindesmal del peroné izquierdo a nivel del tobillo y no podrá reaparecer con el Fútbol Club Barcelona hasta abril, como pronto, emergerá la figura de Alexia Putellas como líder del combinado.
Sendos encuentros se van a poder seguir a través de Radiotelevisión Española, algo ya habitual, y eso permitirá que el fútbol femenino se emita en abierto y pueda captar a nuevos adeptos.
Por último, la RFEF ha hecho oficial , hace unos pocos minutos, que España va a recibir a Ucrania en Córdoba.
El 26 de septiembre de 2023 marcó un momento relevante para la selección española femenina de fútbol al reunir a 14.194 personas en el Nuevo Arcángel, estableciendo un récord de asistencia a un partido del equipo nacional y consolidando el interés creciente por el fútbol femenino en el país. Aquella ocasión también registró una victoria de España sobre Suiza, cinco a cero, apenas unas semanas después de que la selección conquistara el título mundial. Según reportó la actual campeona del mundo y de la Liga de Naciones, el combinado que dirige Sonia Bermúdez volverá a este estadio, ahora llamado Bahrain Victorius Nuevo Arcángel, ubicado en Córdoba, para recibir a Ucrania en el marco de la fase de clasificación para el Mundial de Brasil 2027.
Tal como confirmó el medio, el partido frente a Ucrania corresponde a la cuarta jornada del Grupo A3 en esta etapa clasificatoria, siendo el primer encuentro de la segunda vuelta. El encuentro tendrá lugar el sábado 18 de abril a las 16:00 en el estadio del Córdoba CF, cuya capacidad supera los 20.000 espectadores, destacando el potencial para superar nuevamente las marcas de público previas y reafirmar la presencia del fútbol femenino español en grandes escenarios deportivos. De acuerdo con la información publicada, España llega a esta cita apenas cuatro días después de enfrentarse a Inglaterra, su principal rival directo por el liderato del grupo, en Wembley, uno de los estadios de mayor renombre internacional.
La elección del Nuevo Arcángel responde a la colaboración entre la Real Federación Española de Fútbol, la Junta de Andalucía, el Ayuntamiento de Córdoba, la Real Federación Andaluza de Fútbol y el club local Córdoba CF, según destacó la RFEF.
El regreso de la selección a este recinto casi tres años después de su última presentación oficial añade simbolismo y refuerza la importancia de Córdoba en el calendario del equipo nacional. En ediciones recientes, España ha disputado encuentros significativos en este estadio, además del encuentro ante Suiza en 2023, como el amistoso frente a Suecia en octubre de 2022, que terminó con un empate a uno.
El medio informó que la programación del partido coincide con la celebración de la final de la Copa del Rey Mapfre, prevista en el Estadio de La Cartuja, Sevilla, ese mismo sábado a las 21.00, estableciendo una agenda relevante para el fútbol español y subrayando la notoriedad de ambos eventos en la comunidad andaluza.
cita ante Ucrania se enmarca en la estrategia competitiva del equipo dirigido por Sonia Bermúdez, quien busca consolidar la posición de España en el Grupo A3 y asegurar el pase directo al Mundial. El encuentro contra Inglaterra, pautado en Londres, representa un desafío clave en la carrera por el primer puesto, mientras que la vuelta al Nuevo Arcángel sitúa al equipo ante el público local, donde ya ha vivido jornadas históricas.
De acuerdo con lo consignado por los organizadores y las autoridades, la coordinación para el retorno de la selección a Córdoba ha involucrado esfuerzos de distintos niveles institucionales, con el objetivo de proporcionar las condiciones necesarias tanto para el espectáculo deportivo como para la afluencia de público aficionado, que ha demostrado un interés creciente desde los recientes éxitos internacionales del conjunto español.
Nuevo Arcángel ha evidenciado su capacidad para albergar eventos de gran envergadura, como quedó reflejado en los partidos anteriores disputados allí, tanto en competición oficial como en compromiso amistoso. Las cifras de asistencia y los antecedentes de la selección femenina refuerzan la previsión de quórum importante para esta cuarta jornada clasificatoria ante Ucrania.
El calendario que enfrentará la selección en menos de una semana, con compromisos ante Inglaterra y Ucrania, sitúa al equipo ante una doble exigencia competitiva relevante. En este contexto, el cuerpo técnico y las jugadoras mantienen la mirada puesta tanto en la fortaleza de sus rivales como en la continuidad de la consolidación deportiva alcanzada tras el título mundial y el reciente éxito en la Liga de Naciones.
Las autoridades y la organización aspiran a que la respuesta del público vuelva a ser significativa, continuando la tendencia al alza en el seguimiento de los partidos del equipo nacional femenino. Las colaboraciones institucionales se han configurado para dotar de recursos y logística necesarios tanto al partido en Córdoba como al desplazamiento previo al enfrentamiento con Inglaterra.
La planificación de la Real Federación Española de Fútbol muestra el interés por favorecer la presencia del equipo femenino en distintas sedes del país, fortaleciendo los lazos con aficiones regionales y promoviendo el fútbol femenino a nivel estatal. El Nuevo Arcángel, con la experiencia acumulada en partidos anteriores, se presenta como un escenario idóneo para uno de los encuentros cruciales en el calendario de la selección en su ruta hacia el Mundial de Brasil 2027.
La fase de clasificación para la próxima Copa del Mundo mantiene a España entre los equipos más destacados del continente, con aspiraciones de repetir el éxito alcanzado en el certamen anterior y reforzar su presencia en la élite internacional. El apoyo institucional y la respuesta de la afición constituyen elementos clave en este proceso, tal como ha quedado reflejado en anteriores comparecencias en Córdoba y en otras ciudades españolas.
El equipo dirigido por Sonia Bermúdez afronta una semana de máxima exigencia competitiva, con compromisos ante Inglaterra y Ucrania en menos de siete días. La meta es clara: consolidar el liderato de grupo y encarrilar el acceso directo al Mundial 2027.
Más allá del rendimiento deportivo, la ventana internacional supone una oportunidad estratégica para continuar ampliando la base social del fútbol femenino. El crecimiento sostenido en asistencia, cobertura mediática y respaldo institucional confirma que el proyecto de la selección española se encuentra en una fase de madurez estructural y expansión sostenida.
En este contexto, iniciativas informativas especializadas —como la newsletter de Gol Femenino— buscan capitalizar el interés creciente y fortalecer la comunidad en torno a un deporte que ya no es emergente, sino plenamente consolidado en la élite competitiva internacional.
◼️ La vigésima primera jornada de Liga F Moeve dio el pistoletazo de salida el sábado 21 de febrero con dos partidos a las 12:00h, el Madrid CFF 5 – Alhama CF ElPozo 0, que se pudo ver en abierto por RTVE Play, y el Levante UD 1 – Deportivo Abanca 2. Por su parte, a las 14:00h fue el turno del DUX Logroño 2 – FC Badalona Women 3, que se emitió por Esport 3 y 3Cat. La jornada sabatina se cerró a las 18:15h en el estadio Nuevo Los Cármenes con el Granada CF 0 – FC Barcelona 2, que se retransmitió por Teledeporte, TV3 y 3Cat. Ya el domingo 22 de febrero se jugaron a las 12:00h el Real Madrid CF 2 – Costa Adeje Tenerife 0 y el derbi vasco entre SD Eibar 0 – Athletic Club 1 por Gol Stadium , TEN y EITB. A las 16:00h se disputó el duelo entre Real Sociedad 2 – RCD Espanyol 1, mientras que el fin de semana concluyó con el Sevilla FC 2 – Atlético de Madrid 1 por RTVE Play. Todos los encuentros también se pudieron ver íntegramente por DAZN.
El fin de semana en Liga F Moeve nos dejó emociones, goles y momentos que quedarán grabados en la memoria de aficionados y jugadores por igual, con un abanico de actuaciones que reflejan la intensidad, la pasión y la calidad que caracterizan a nuestra liga. La jornada arrancó con un Madrid CFF que volvió a encontrarse con la victoria de manera contundente, ofreciendo un recital en casa ante un conjunto murciano que no pudo contener la avalancha blanca. Desde los primeros compases, el partido mostró la determinación de las jugadoras locales. A los ocho minutos, un centro desde la banda de Kamilla Melgard encontró a Emilie Nautnes dentro del área, y la delantera noruega no dudó en mandar el balón al fondo de la red, desatando la primera ovación de la mañana. Apenas tres minutos después, Kamilla Melgard, que terminaría siendo la MVP del encuentro, superó con maestría a la portera rival, Sol, para ampliar la ventaja y confirmar que este Madrid CFF no estaba dispuesto a dejar lugar a sorpresas. La combinación entre Alba Ruiz y Emilie Nautnes en el minuto quince culminó en un tercer tanto que elevó la moral del equipo y dejó claro que la superioridad local sería la nota dominante de la jornada. Las visitantes intentaron reaccionar, pero la defensa del Madrid CFF estaba impecable y no permitió concesiones. La segunda mitad tuvo el estreno de Zaira Gallardo en Primera División, un momento que fue celebrado por todos, y de nuevo la conexión entre Alba Ruiz y Kamilla Melgard permitió a la noruega anotar su doblete antes de que Emilie Nautnes sellara la manita, una muestra de contundencia que reflejaba la clara superioridad de las locales. Aunque Kamilla Melgard vio anulado un sexto gol por fuera de juego, el marcador final de 5-0 fue un reflejo fiel de la exhibición ofrecida.
A la misma hora, en tierras valencianas, Levante UD y Deportivo Abanca protagonizaron un duelo directo por la permanencia que mantuvo a los aficionados al borde del asiento. Desde el primer minuto, Raiderlin Carrasco sorprendió a la defensa local y batió a Inês Pereira con un toque sutil que inauguró el marcador para las visitantes. El Deportivo Abanca buscó mantener la presión y, antes del descanso, Paula Gutiérrez encontró a Esperanza Pizarro, quien empató con un gol que levantó la moral del conjunto gallego. La segunda mitad fue un carrusel de emociones, y un fallo en la defensa granota permitió a Marisa, recogiendo un balón suelto tras un envío de falta de Olaya, darle la vuelta al electrónico. El Levante buscó desesperadamente el empate, y aunque Carol Marín vio anulado un gol en los últimos minutos, la intensidad de este choque fue un recordatorio de que la lucha por la permanencia se juega hasta el último segundo.
En Logroño, DUX Logroño y FC Badalona Women ofrecieron otro espectáculo lleno de alternativas. Desde los diecisiete segundos de juego, Flavine Mawete tuvo la oportunidad de abrir la lata, aunque su disparo se fue fuera, y la primera mitad continuó con opciones para ambos conjuntos hasta que Lice Chamorro, MVP del duelo, aprovechó un balón suelto para abrir el marcador. Banini amplió la ventaja visitante con un zapatazo desde fuera del área, mientras que el DUX Logroño no se dio por vencido y recortó distancias por medio de Salomé Prat. Irina Uribe colocó el 1-3 tras un contragolpe perfecto, y Ximena Velazco cerró el marcador en el tiempo añadido con un gol que dejaba claro que, a pesar del resultado, la combatividad de las riojanas nunca se negocia.
El sábado se cerró en Granada con un duelo que enfrentó al Granada CF y al FC Barcelona ante 5.100 aficionados en Nuevo Los Cármenes. La intensidad del partido fue palpable desde el primer minuto y, tras una falta dentro del área cometida por Lauri Requena sobre Graham Hansen, la propia Hansen se encargó de transformar el penalti. Más tarde, Aïcha Camara remató un envío desde la esquina para doblar la ventaja y convertirse en la MVP del encuentro. La zaga granadina hizo todo lo posible, y la portera Chika Hirao realizó hasta ocho paradas decisivas, pero la calidad del Barça se impuso y confirmó la superioridad blaugrana en un partido que terminó con el marcador de 0-2.
El domingo, Real Madrid CF y Costa Adeje Tenerife se enfrentaron en un choque condicionado por la expulsión temprana de Yerliane Moreno, que dejó al conjunto tinerfeño con diez jugadoras durante más de setenta y cinco minutos. A pesar de la inferioridad numérica, las visitantes se mantuvieron firmes, aunque Sara Holmgaard y Alba Redondo aprovecharon errores defensivos y mostraron por qué el Real Madrid sigue siendo uno de los equipos más sólidos de la competición. El marcador final de 2-0 reflejó la eficacia de las locales y la capacidad de adaptación ante situaciones adversas. En otro derbi vasco, SD Eibar y Athletic Club protagonizaron un enfrentamiento lleno de tensión. Maite Valero, tras un centro de última jugada de Sara Ortega, colocó el único gol del partido y se erigió como la MVP del encuentro, silenciando Ipurua en el último suspiro del choque. La Real Sociedad, por su parte, dio un paso de gigante hacia la Champions League tras imponerse al RCD Espanyol 2-1, con Lucía Pardo brillando con un doblete que confirmó su capacidad de definición en momentos clave. Browne recortó distancias para las visitantes, pero la portera txuri-urdin mantuvo la ventaja hasta el pitido final.
El cierre de la jornada lo protagonizó el Sevilla FC con una victoria por 2-1 ante el Atlético de Madrid, un partido donde Andrea Álvarez brilló con un doblete y fue elegida MVP. Con este triunfo, las hispalenses se consolidan en la quinta posición, igualadas con el cuarto clasificado, mientras que las colchoneras intentaron reaccionar sin éxito. La jornada reflejó de manera clara la intensidad y la competitividad de Liga F Moeve, la importancia de cada acción, cada pase y cada gol, y nos recordó que en esta competición cada detalle cuenta, que cada jugadora tiene su momento de brillo, y que los aficionados pueden esperar emociones hasta el último minuto de cada encuentro.
El fútbol siempre guarda un espacio reservado para las noches que huelen a decisivas aunque el calendario aún no marque el mes de mayo. Este domingo 22 de febrero a las 18:00 horas, el estadio sevillista se convertirá en el escenario de uno de esos encuentros que no solo reparten tres puntos, sino que modelan la narrativa emocional de una temporada. Sevilla Fútbol Club y el Atlético de Madrid Femenino, quinto contra sexto, separados por apenas un punto, frente a frente en un pulso que puede redefinir la pelea por la tercera plaza de la Liga F. Un duelo que se podrá seguir a través de DAZN y RTVE Play, pero que se sentirá en el pecho, como laten los partidos que pesan.
LigaFMoeve | #SevillaFCAtleti
(Fuente: Liga F Moeve
Porque no es solo un partido. Es una frontera competitiva. Es una declaración de intenciones. Es el instante en el que la regularidad deja de ser un concepto estadístico para convertirse en una obligación moral.
El Sevilla llega lanzado. Dos victorias consecutivas, ambas con portería a cero. Dos actuaciones que han devuelto al equipo esa sensación de solidez que durante tramos del curso parecía intermitente. El dato no es menor: ganar y no encajar no solo suma puntos, construye confianza estructural. Cuando un equipo encadena triunfos sin conceder, no solo ordena su sistema defensivo; ordena su mente competitiva. Sin embargo, el cuadro andaluz afrontará el duelo con ausencias sensibles. Eva Llamas no estará disponible. Tampoco Alba Cerrato. Y sigue fuera, en su largo proceso de recuperación, Jassina Blom. Tres nombres que no solo restan piezas en la pizarra, sino también matices tácticos y alternativas en el plan de partido.
Al otro lado aparece un Atlético herido. Eliminado en el playoff de acceso a los cuartos de final de la Champions. Golpe continental. Desgaste físico y emocional. Y ahora, la obligación de reenfocar. José Herrera fue claro tras la eliminación: “Tenemos que centrarnos en Liga F y en la Copa y hay que volver a sumar de tres”. No es una frase hueca. Es una directriz estratégica. La temporada rojiblanca pasa ahora por la regularidad doméstica y por el orgullo competitivo. El técnico visitante tampoco podrá contar con Silvia Lloris, lesionada del ligamento cruzado, una baja estructural en la zaga que condiciona ajustes y obliga a reequilibrar perfiles.
En la primera vuelta empataron 2-2 en Alcalá. Un partido abierto, con alternancias, con fases de dominio repartido. Aquel encuentro dejó claro que ambos conjuntos están en un escalón competitivo similar: estructuras ordenadas, capacidad para transitar, talento diferencial en zonas intermedias y pegada suficiente para castigar cualquier desajuste. El empate fue justo, pero también dejó una sensación: la igualdad es real y la diferencia está en los detalles.
El Sevilla ha crecido desde la organización defensiva. Sus últimas victorias sin encajar no fueron fruto de la casualidad. El bloque ha sabido compactarse en campo propio cuando el rival exige repliegue, pero también adelantar líneas con valentía cuando detecta fragilidad en salida contraria. La coordinación entre centrales y mediocentro defensivo ha sido clave para cerrar pasillos interiores, mientras que los laterales han dosificado mejor sus incorporaciones, priorizando el equilibrio sobre el riesgo excesivo.
Sin Eva Llamas ni Alba Cerrato, el Sevilla pierde capacidad de distribución limpia desde atrás y versatilidad en segunda línea. Eso puede traducirse en un plan más pragmático: circulación más directa hacia extremos, búsqueda de segunda jugada, presión tras pérdida muy agresiva para evitar transiciones rojiblancas. El equipo andaluz sabe que el Atlético, cuando puede correr, es letal.
El Atlético, por su parte, deberá gestionar dos variables: el impacto emocional de la eliminación europea y la necesidad de sostener un ritmo competitivo alto en Liga F. José Herrera ha construido un equipo que alterna fases de posesión estructurada con momentos de verticalidad intensa. La clave estará en la gestión del carril central. Si el Atlético logra superioridad numérica en mediocampo, podrá imponer ritmo. Si el Sevilla consigue cerrar líneas y forzar envíos laterales previsibles, el partido puede entrar en un escenario de fricción, segundas jugadas y duelos individuales.
La baja de Silvia Lloris obliga a reajustar la línea defensiva. Más allá del reemplazo nominal, lo que se pierde es lectura anticipativa y agresividad en la intercepción. Eso puede abrir una ventana para que el Sevilla ataque el espacio entre central y lateral, especialmente si logra atraer marcas hacia dentro.
Quinto contra sexto. Separados por un punto. Ambos mirando de reojo la tercera posición. Esa plaza no es solo un número en la tabla; es acceso, es ambición, es relato de temporada. Estar en el podio significa sostener un proyecto competitivo en la élite. Significa consolidar discurso institucional. Significa enviar un mensaje al mercado y a la afición.
En este punto del campeonato, cada enfrentamiento directo multiplica su valor. No solo por los tres puntos, sino porque impide que el rival sume. Es una ecuación doble. Ganar es sumar y frenar. Perder es ceder terreno y conceder impulso.
El Sevilla quiere demostrar que su crecimiento no es episódico. Que la solidez reciente no es una racha sino una identidad. El Atlético quiere demostrar que la eliminación europea no fractura su ambición doméstica. Que el golpe continental no deriva en caída competitiva.
Hay partidos que se juegan en el césped y otros que empiezan a disputarse en la cabeza. El Sevilla llega reforzado mentalmente por las dos porterías a cero. El Atlético llega con el orgullo tocado y la necesidad de reivindicación inmediata. Esa combinación puede generar un partido de alta intensidad desde el primer minuto.
Si el Sevilla logra adelantarse, el contexto emocional puede volverse un aliado formidable. Si el Atlético golpea primero, la narrativa cambiará: el equipo rojiblanco se crecerá y obligará a las locales a salir de su plan conservador.
Ambos equipos saben que el margen es mínimo. La temporada no permite desconexiones. El empate puede parecer prudente, pero no resuelve la ambición de ninguno.
Porque el fútbol no es solo un marcador. Es un espejo. Este domingo, Sevilla y Atlético no solo se juegan tres puntos. Se juegan la credibilidad de su discurso. Se juegan la continuidad de su ambición. Se juegan el derecho a mirar la tabla y no bajar la vista.
El Sevilla quiere que su estadio sea fortaleza, que su defensa sea muro, que su presente sea confirmación. El Atlético quiere transformar la herida europea en combustible competitivo, convertir la frustración en furia ordenada, cambiar el lamento por carácter.
Los precedentes históricos son favorables para los intereses de las colchoneras amén de cinco victorias, cuatro empates y tan solo una derrota en los últimos diez compromisos en la Liga F Moeve.
En términos globales, que no debemos olvidar, el saldo aumenta hasta la veintena de triunfos, siete empates y solo dos derrotas en los 29 duelos que tienen carácter oficial.
En la primera vuelta se pudo vivir un encuentro “alocado” en Alcalá de Henares que concluyó con un empate (2-2) el pasado 25 de diciembre de 2025.
No es un febrero cualquiera. Es febrero con aroma a definición anticipada. Es febrero con puntos que pesan como si fuera primavera. Es el tipo de partido que, cuando termine la temporada, se recordará como punto de inflexión o como oportunidad perdida.
Y ahí, en ese instante en el que el árbitro mire su reloj y señale el final, sabremos quién dio el paso al frente. Quién entendió que la tercera plaza no se sueña: se pelea. Quién convirtió la presión en impulso.
Porque en el fútbol, como en la vida competitiva, no basta con querer. Hay que sostener. Hay que ejecutar. Hay que resistir. Y este domingo, en Sevilla, solo una verdad sobrevivirá al pitido final.
Hay tardes empiezan cuando el árbitro mira el cronómetro y se lleva el silbato a la boca. Empiezan mucho antes. Empiezan en el rumor del estadio, en el murmullo rojo y blanco que baja por las escaleras, en la respiración contenida de quienes saben que el fútbol femenino español ya no es promesa sino presente afilado. Empiezan en el momento en que los videomarcadores escupen los nombres propios, uno a uno, como si fueran cuentas de un rosario laico que invoca carácter, jerarquía y talento. Empiezan cuando asoma el escudo del Sevilla FC Femenino a la izquierda y el del Atlético de Madrid Femenino a la derecha, y entre ambos no hay solo noventa minutos: hay historia reciente, hay proyecto, hay una forma de entender el juego y la vida.
Y entonces, sí, entonces el fútbol se vuelve nombre y apellido, dorsal y demarcación, mirada y cicatriz invisible. El Sevilla comparece con su XI dibujado como una declaración de intenciones: bajo palos, el 1, Sullastres, guardiana de reflejos felinos y voz de mando; el 17, Débora G., como primera línea de contención en el costado; el 5, Eva Llamas, jerarquía y lectura en la zaga; el 4, Isa Álvarez, rigor táctico; el 15, Esther M. P., equilibrio y salida limpia; el 6, Alicia, pulmón y pausa; el 20, Rosa M., energía en la banda; el 10, M. Cortés, faro creativo; el 9, F. Kanteh, amenaza vertical; el 7, Raquel, profundidad y desborde; el 8, Andrea Á., metrónomo y último pase. Once nombres que no son solo once nombres: son once responsabilidades que laten al mismo ritmo.
Enfrente, el Atlético responde con su propio manifiesto competitivo, con la solemnidad de quien sabe lo que pesa un escudo en el pecho. En la portería, el 1, L. Gallardo, capitana, liderazgo en cada gesto y orden que se oye hasta en la última fila; el 3, Medina, contundencia sin estridencias; el 4, Lauren Leal, oficio y anticipo; el 5, Xènia, salida elegante; el 11, Menayo, inteligencia posicional; el 6, Bøe Risa, brújula escandinava para gobernar el centro; el 17, J. Bartel, recorrido y sacrificio; el 21, Fiamma, chispa entre líneas; el 7, Jensen, amplitud y vértigo; el 20, Amaiaur, olfato de área; el 22, Luany, potencia y descaro. Es un once que no se limita a ocupar espacios: los interpreta, los transforma, los conquista.
Los últimos rayos de sol caían sobre el césped como una sábana tensa y brillante, y cada nombre proyectado en las pantallas es un latido que se suma al corazón colectivo. Porque esto no va solo de sistemas —del 4-3-3 que muta en 4-2-3-1, del repliegue medio, de la presión tras pérdida—, va de carácter. Va de cómo Sullastres ordena la línea con un grito seco cuando el balón viaja desde la izquierda rojiblanca. Va de cómo Gallardo, brazalete en brazo, mide el tiempo con la serenidad de quien ha aprendido que el liderazgo no se declama, se ejerce. Va de cómo Eva Llamas y Lauren Leal leen el juego como quien lee un libro subrayado mil veces. Va de cómo Bøe Risa acaricia la pelota con la delicadeza de una pianista y M. Cortés responde con la osadía de quien no pide permiso para imaginar.
El estadio es un organismo vivo. Cada pase lateral del Sevilla es una inhalación; cada conducción vertical del Atlético, una exhalación profunda que sacude gargantas. Débora G. y Rosa M. doblan por fuera, buscando ese centímetro de ventaja que convierte el centro en ocasión. Jensen y Luany amenazan la espalda, obligan a retroceder, tensan la cuerda hasta que cruje. Alicia y Xènia chocan en el centro del campo como dos ideas que no se resignan a ceder territorio. F. Kanteh y Amaiaur se mueven en el filo, delanteras que viven de una décima de segundo y de un error ajeno.
No hay apartados en esta historia porque el fútbol no entiende de compartimentos estancos. Todo sucede a la vez: el grito del entrenador, la instrucción susurrada, el gesto de complicidad entre centrales, la mirada desafiante antes de un córner. Y en medio, el balón, ese pequeño planeta blanco que orbita entre botas y convicciones. Cada vez que lo toca Andrea Á., el Sevilla gana claridad; cada vez que lo acaricia Fiamma, el Atlético encuentra un pasillo secreto. Es un duelo de pizarras, sí, pero sobre todo es un duelo de almas competitivas.
“Esto es el Partido”, diría Manu con esa cadencia que convierte la crónica en relato y el relato en emoción compartida. Esto es el latido previo al impacto, el instante en que el pasado pesa y el futuro promete. Es la certeza de que, cuando el balón empiece a rodar, los nombres dejarán de ser tinta y se convertirán en acción pura. Sullastres volará si hace falta; Gallardo ordenará como capitana de barco en mar bravo. Eva Llamas y Isa Álvarez cerrarán filas; Lauren Leal y Xènia levantarán murallas. Alicia y Bøe Risa discutirán la soberanía del círculo central; M. Cortés y Fiamma dibujarán el mapa del último tercio. F. Kanteh y Amaiaur buscarán el gol como quien busca una verdad irrefutable.
Y nosotros, desde la grada o desde el sofá, no somos espectadores: somos parte del rito. Porque cada XI inicial es una promesa. Promesa de lucha, de talento, de orgullo. Promesa de que, durante noventa minutos, el mundo puede reducirse a un rectángulo verde donde once contra once deciden quién impone su relato. Esta noche, Sevilla y Atlético no solo alinean futbolistas. Alinean convicciones. Y cuando el árbitro mire el reloj y el silbato rasgue el aire, sabremos que el fútbol —el de verdad, el que se siente en el pecho— ya nos ha atrapado para no soltarnos.
Dicen que nunca se rinde y el arte de su fútbol no tiene rival y esa consiga quiso dejarla clara el conjunto andaluz en la visita al Jesús Navas de un Atlético de Madrid que venía de ser eliminado en el playoff de la Liga de Campeones Femenino ante el Manchester United y no estará en los cuartos de final y, según están las cosas, parece que no viajará por Europa el próximo curso amén de una nueva victoria de la Real Sociedad por 2-1 ante el Espanyol.
Desde el primer segundo se intuyó que no habría tregua. El Atlético saltó al césped con esa electricidad reconocible en los equipos que no especulan, que aprietan arriba, que creen en el robo como arma y en la transición como sentencia. El Sevilla respondió con la serenidad de quien conoce su libreto y lo ejecuta con disciplina táctica, con líneas juntas y mirada desafiante. El balón apenas había recorrido unos metros cuando el conjunto rojiblanco lanzó el primer aviso serio, una jugada que condensó el ADN competitivo de las de rojiblanco y que heló por un instante el corazón del estadio.
Synne Jensen, siempre al acecho, siempre dispuesta a convertir un error en oportunidad, leyó un pase horizontal en campo rival con la intuición de quien huele la sangre competitiva. Se anticipó, robó la pelota con determinación y, de pronto, el escenario se abrió ante ella como un corredor infinito hacia la gloria. Solo Esther Sullastres se interponía entre la delantera noruega y el primer golpe del partido. Jensen condujo con la cabeza alta, el balón cosido al pie, el estadio conteniendo la respiración en cada zancada. Se plantó sola, franca, ante la guardameta hispalense. El disparo salió potente, decidido, pero quizá demasiado cargado de ansiedad. La pelota se elevó unos centímetros más de lo necesario y se marchó por encima del larguero, besando el aire antes de perderse en la nada. Fue un suspiro colectivo, un “uff” que recorrió la grada como una ola invisible. El Atlético había avisado. El Sevilla había sobrevivido.
Pero el duelo entre Jensen y Sullastres no había hecho más que empezar. Minutos después, como si el destino quisiera insistir en ese pulso individual dentro de la batalla colectiva, la noruega volvió a irrumpir en el área. Esta vez la jugada se cocinó con algo más de elaboración, con circulación paciente hasta encontrar el resquicio. Jensen recibió dentro del área, perfilada, con la determinación en los ojos. Armó la pierna y soltó un chut seco, ajustado, de esos que obligan a la portera a decidir en una fracción de segundo. Y ahí emergió la figura de Esther Sullastres, felina, reactiva, con una intervención providencial que mantuvo el empate y sostuvo a las suyas cuando el viento soplaba en contra. Se estiró con todo el cuerpo, sacó una mano salvadora y desvió el esférico con la firmeza de quien entiende que cada parada es un mensaje: aquí no se regala nada.
El partido se convirtió en un intercambio de golpes medidos. Si el Atlético amenazaba con verticalidad, el Sevilla respondía con profundidad y colmillo. En la otra portería, Lola Gallardo, capitana y referencia, también tuvo que vestirse de heroína. Fatou Kanteh, siempre incisiva, encontró un espacio para el desmarque y recibió en condiciones de disparo. Su chut llevaba intención, llevaba rabia competitiva, llevaba el deseo de desequilibrar un choque que estaba vibrando en cada centímetro del césped. Gallardo reaccionó con reflejos de élite, volando hacia su palo para desviar la pelota con una parada de las que sostienen partidos y alimentan la fe de un equipo. Era un duelo de guardametas, un pulso de seguridad bajo palos que mantenía la igualdad intacta.
La sensación era clara: el encuentro pendía de un hilo, de un detalle, de una acción puntual que rompiera la balanza. Y ese detalle llegó en el minuto 19, cuando el fútbol decidió abrazar la polémica y convertirla en punto de inflexión. En una acción dentro del área, con cuerpos en tensión y miradas clavadas en el balón, Lauren Leal fue señalada por la colegiada tras un contacto que desató la protesta rojiblanca y la esperanza sevillista. El silbato sonó firme. Penalti. El estadio estalló en un murmullo eléctrico. La responsabilidad recayó en Andrea Álvarez.
La exjugadora de la Sociedad Deportiva Eibar El partido se convirtió en un intercambio de golpes medidos. Si el Atlético amenazaba con verticalidad, el Sevilla respondía con profundidad y colmillo. En la otra portería, Lola Gallardo, capitana y referencia, también tuvo que vestirse de heroína. Fatou Kanteh, siempre incisiva, encontró un espacio para el desmarque y recibió en condiciones de disparo. Su chut llevaba intención, llevaba rabia competitiva, llevaba el deseo de desequilibrar un choque que estaba vibrando en cada centímetro del césped. Gallardo reaccionó con reflejos de élite, volando hacia su palo para desviar la pelota con una parada de las que sostienen partidos y alimentan la fe de un equipo. Era un duelo de guardametas, un pulso de seguridad bajo palos que mantenía la igualdad intacta.
Andrea caminó hacia el punto de penalti con la serenidad de quien asume el peso de la historia en los hombros. Colocó el balón con mimo, retrocedió unos pasos, respiró hondo. Frente a ella, Lola Gallardo intentaba adivinar, buscar una pista, una señal. El silencio se hizo denso, casi tangible. La carrera fue corta, decidida. El golpeo, seco y preciso. El balón salió disparado, ajustado, imposible para la estirada de la capitana atlética. La red se infló con violencia y el 1–0 abría la lata en favor de las de David Losada al borde del ecuador de la primera mitad.
El Atlético de Madrid no se descompuso. Intentó reaccionar con orgullo, con ese carácter competitivo que forma parte de su identidad. Adelantó líneas, buscó amplitud, insistió por fuera y por dentro, pero se topó con una zaga sevillista firme, concentrada, solidaria en las ayudas. Cada centro era despejado con convicción, cada balón dividido era disputado como si fuera el último. El tiempo corría hacia el descanso con el marcador favorable a las locales, pero la sensación era que el duelo estaba lejos de resolverse.
Antes del descanso, Jensen volvió a tener el empate en sus botas e incluso llegó a marcar, aunque el tanto fue anulado por fuera de juego.
Y entonces, justo al filo del intermedio, cuando el reloj parecía dispuesto a congelar el 1-0 hasta la segunda parte, llegó el golpe que sacudió definitivamente la primera mitad.
Fatou Kanteh recogió el balón en campo propio y decidió que era momento de acelerar el pulso del partido. Condujo con potencia, con esa mezcla de técnica y determinación que la convierte en amenaza constante. Levantó la cabeza y detectó el movimiento de Andrea Álvarez en banda. El pase fue preciso, medido al milímetro.
Andrea recibió, pisó el balón para frenar en seco, encaró a su defensora con un amago que abrió una grieta en la estructura rojiblanca. Se perfiló hacia dentro, buscando su pierna buena, y sin pensarlo dos veces soltó un latigazo que quedará en la memoria colectiva de la tarde. El disparo salió con una rosca perfecta, describiendo una parábola que parecía dibujada con compás. La pelota viajó hacia la escuadra, hacia ese rincón donde las manos no llegan y los sueños se cumplen. Lola Gallardo se estiró con todo, pero el balón fue inalcanzable. Besó la madera interior y se coló en la red, arrancando un rugido ensordecedor. Fue un gol de esos que no solo suman, sino que emocionan. Un gol que quita telarañas, que limpia la escuadra y eleva a quien lo marca a la categoría de protagonista indiscutible por culpa de un 2–0 que fue una obra de arte en el minuto 52 del alargue que se llevó a término en la primera parte.
GOOOOOOOOOOOOOOOOL, GOOOOOOOOOL, GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL. DESDE GUATEMAAAAALA CON AMOOOOOOOOOOOOOOOR. 🥰🇬🇹⚽️
Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con una cómoda renta a favor de las locales que hacía que el Atlético de Madrid no estuviera aprovechando el traspié del Costa Adeje Tenerife en Valdebebas (2-0), pero quedaban cuarenta y cinco minutos por jugar en Nervión.
DESCANSO | Vencen las nuestras con soltura al término de la primera mitad:
Andrea recibió, pisó el balón para frenar en seco, encaró a su defensora con un amago que abrió una grieta en la estructura rojiblanca. Se perfiló hacia dentro, buscando su pierna buena, y sin pensarlo dos veces soltó un latigazo que quedará en la memoria colectiva de la tarde. El disparo salió con una rosca perfecta, describiendo una parábola que parecía dibujada con compás. La pelota viajó hacia la escuadra, hacia ese rincón donde las manos no llegan y los sueños se cumplen. Lola Gallardo se estiró con todo, pero el balón fue inalcanzable. Besó la madera interior y se coló en la red, arrancando un rugido ensordecedor. Fue un gol de esos que no solo suman, sino que emocionan. Un gol que quita telarañas, que limpia la escuadra y eleva a quien lo marca a la categoría de protagonista indiscutible.
El partido, lejos de apagarse tras aquella parada monumental de Esther Sullastres, entró en esa fase en la que el fútbol deja de ser un tablero ordenado y se convierte en una tormenta eléctrica. El 2-1 había devuelto al Atlético de Madrid Femenino a la pelea, y cada minuto que transcurría parecía un pulso directo al mentón del Sevila. La quinta plaza ya no era una abstracción clasificatoria dentro de la Liga F; era un territorio que se defendía con uñas, con táctica, con pulmones ardiendo.
El Atlético adelantó definitivamente sus líneas. Bøe Risa comenzó a gobernar la medular con pases tensos y diagonales que buscaban romper el entramado defensivo local.
Fiamma se ofrecía entre líneas, girando el cuello como una exploradora en territorio hostil, tratando de detectar el mínimo desajuste. Jensen, incansable, alternaba desmarques de apoyo y rupturas al espacio, obligando a la zaga sevillista a vivir en permanente estado de alerta. Cada balón colgado al área era una declaración de intenciones: el empate no era una quimera, era un objetivo tangible.
El Sevilla, consciente de que el partido se inclinaba peligrosamente hacia su portería, activó el modo resistencia inteligente. No era un repliegue temeroso, sino un ejercicio de concentración colectiva. Las líneas se estrecharon, las ayudas se multiplicaron, y cada despeje se celebraba como un pequeño triunfo dentro de la batalla mayor. Gemma Gili aportó criterio para dormir el balón cuando era necesario; Iris Arnaiz sumó piernas y anticipación para cortar las segundas jugadas que el Atlético buscaba con insistencia.
Hubo un instante, alrededor del minuto setenta, que encapsuló la tensión que se respiraba. Jensen recibió de espaldas en la frontal, descargó hacia banda y se lanzó al área como un proyectil humano. El centro llegó medido, tenso, con esa rosca que convierte cualquier contacto en amenaza. Amaiaur se elevó buscando el remate, pero la defensa sevillista, en bloque, logró desviar lo justo para que el balón saliera mordido, perdiendo violencia. Sullastres, atenta, atrapó el esférico y se dejó caer al césped unos segundos más de lo estrictamente necesario. No era teatro; era gestión emocional, era comprensión del tempo competitivo.
El Atlético no cesaba. Carmen Menayo volvió a encontrar autopista por su costado y lanzó un centro que cruzó el área como un misil sin destinataria clara. El balón pasó rozando el segundo palo, con el corazón de la grada sevillista encogido. Cada aproximación rojiblanca era un aviso de que el 2-1 era una ventaja frágil, delicada como cristal fino.
Pero el fútbol, especialmente en la Liga F, no entiende de sentencias prematuras. Tras el paso por vestuarios, el Atlético regresó al césped con el orgullo herido y la convicción renovada. Apenas habían transcurrido dos minutos cuando encontró el premio a su insistencia. Carmen Menayo, con esa lectura inteligente de los tiempos y los espacios, recibió en banda y levantó la cabeza. Detectó el movimiento en el área y envió un balón tenso, medido, al corazón del área. La pelota surcó el aire con intención quirúrgica.
En el segundo palo apareció Xènia Pérez, anticipándose a su marca, atacando el espacio con fe. El remate fue limpio, contundente. Un golpeo que no dejó margen a la duda. El cuero se dirigió al fondo de la red con violencia controlada, y el 2–1 de la exjugadora del Espanyol en el minuto 47 de este cara a cara encendió de nuevo el partido.
El Atlético celebró con rabia, consciente de que el gol no solo recortaba distancias, sino que devolvía la incertidumbre al marcador. El encuentro se reabrió como un libro apasionante que aún guardaba capítulos decisivos.
Y, sin embargo, el Sevilla también sabía que el partido podía sentenciarse a la contra. En una recuperación en campo propio, Andrea Álvarez volvió a arrancar con determinación. Condujo con la cabeza alta, sorteando una primera presión, filtró hacia Kanteh, que descargó de primeras buscando la devolución al espacio. Durante un segundo, el estadio vio el tres a uno dibujado en el aire. Andrea se plantó al borde del área, perfiló el disparo, pero esta vez la zaga atlética reaccionó a tiempo y bloqueó el chut cuando ya se cantaba el gol. Fue un recordatorio de que el partido no pertenecía a nadie en exclusiva.
Los minutos finales fueron una prueba de carácter. El Atlético volcó todo su arsenal ofensivo, cargó el área con insistencia casi obsesiva. Lauren Leal volvió a imponerse en el juego aéreo en un córner lanzado con precisión quirúrgica. Su cabezazo fue potente, dirigido al palo largo, con intención inequívoca de empatar la contienda. Y otra vez apareció Sullastres, volando hacia su derecha, extendiendo el brazo con una mezcla de técnica y fe. La parada fue tan limpia como decisiva. El estadio rugió no solo por el gesto técnico, sino por lo que simbolizaba: la resistencia de un equipo que se negaba a ceder su premio.
En la banda, los cuerpos técnicos vivían el encuentro con la misma intensidad que sobre el césped. Cada indicación era casi un grito existencial, cada gesto una súplica al destino futbolístico. La quinta posición latía en cada decisión táctica, en cada cambio, en cada ajuste defensivo.
Cuando el cronómetro entró en el tiempo añadido, el partido ya no era solo fútbol; era nervio puro. El Atlético empujaba con todo, incluso con su guardameta adelantando metros en acciones a balón parado. El Sevilla resistía con orden, despejando balones como si fueran proyectiles que había que enviar lo más lejos posible del peligro.
El pitido final, cuando llegó, sonó como una liberación para el conjunto hispalense. Las jugadoras se abrazaron, exhaustas, conscientes de que habían sobrevivido a una embestida feroz.
El 2-1 no solo significaba tres puntos; era una reafirmación competitiva, un golpe sobre la mesa en la pelea por la quinta plaza. El Atlético, digno hasta el último segundo, se retiró con la sensación amarga de haber estado cerca, de haber rozado el empate con la yema de los dedos.
Aquella tarde dejó algo más que un resultado. Dejó la imagen de Andrea Álvarez firmando un doblete de talento y personalidad, el liderazgo silencioso de Lola Gallardo incluso en la derrota parcial, la exhibición de reflejos de Esther Sullastres como muralla infranqueable en los momentos críticos. Dejó la certeza de que la Liga F no es un mero campeonato, sino un escenario donde cada jornada es una historia de ambición y carácter.
Y mientras el estadio se vaciaba lentamente, quedaba flotando en el aire una sensación inequívoca: el fútbol femenino español vive de partidos como este, de duelos en los que la tabla clasificatoria es solo el telón de fondo de una batalla emocional y táctica que dignifica la competición.
Porque cuando dos equipos saltan al césped con la convicción de que cada balón es el último y cada acción puede cambiar el destino, el espectáculo trasciende el marcador. Y eso, precisamente eso, es lo que convierte tardes como esta en relatos que merecen ser contados con épica, con pasión y con la reverencia que exige el verdadero fútbol.
(Fuente: Liga F Moeve)
Con esta victoria, que es baladí, el conjunto hispalense suma ya 36 unidades en su casillero particular que le dejan con un margen de cuatro guarismos respecto a un Atlético de Madrid que es sexto y tiene ya muy pocas posibilidades de acabar la temporada en el podium liguero y centrará todos sus esfuerzos en tratar de superar la eliminatoria de semifinales de la Copa de la Reina ante el Costa Adeje Tenerife Egatesa, pues levantar ese trofeo, como ya ocurrió en 2023, salvaría la actuación de un grande de la Liga Profesional de Fútbol Femenino que navega sin rumbo.
(Fuente: Liga F Moeve)
📋 Ficha técnica |
Sevilla Fútbol Club: Marques, 83′), Isa Álvarez, Esther Martín-Pozuelo; Alicia (Iris Arnaiz, 63′), Rosa Márquez, Milla Cortés (Gemma, 63′); Fatou Kanteh (Chantal Hagel, 83′), Raquel y Andrea Álvarez.
Atlético de Madrid: Lola Gallardo; Luany (Chinchilla, 83′), Lauren, Xenia Pérez, Menayo, Andrea Medina; Julia Bartel (Natalia, 65′), Fiamma, Boe Risa (Moller, 83′); Jensen y Amaiur.
Árbitra: Melissa López (comité extremeño). Amonestó a las locales Alicia y Andrea Álvarez y a la visitante Lola Gallardo. Expulsó con doble amarilla a Andrea Álvarez.
Incidencias: Partido correspondiente a la vigesimoprimera jornada de la Liga F Moeve disputado en el Estadio Jesús Navas ante 550 espectadores sobre una superficie de hierba natural.
Goles |
1-0 Andrea Álvarez (P.) 19’ ⚽️ 2-0 Andrea Álvarez 45’ ⚽️ 2-1 Xénia Pérez 47’ ⚽️
Vídeo:
💫 El Sevilla FC se impone al Atlético de Madrid para seguir soñando con Europa
El domingo, 22 de febrero de 2026, a las 12:00 horas, el Estadio Alfredo Di Stéfano se convertirá en el epicentro competitivo de la Liga F con un duelo que trasciende la mera jornada liguera: el segundo clasificado frente al cuarto, dos proyectos consolidados, dos dinámicas en plenitud y un pulso directo por el control del tramo decisivo del campeonato. Real Madrid recibe al Club Deportivo Tenerife Femenino.
El choque que será emitido en directo por DAZN y que condensa aspiraciones europeas, identidades tácticas bien definidas y una narrativa competitiva que ha ido creciendo temporada tras temporada. La clasificación no engaña. El segundo contra el cuarto. Una diferencia de puntos que marca distancias, pero no jerarquías definitivas. El Real Madrid llega impulsado por la inercia de cuatro victorias consecutivas entre todas las competiciones, incluida su reciente clasificación para los cuartos de final de la UEFA Women’s Champions League, un logro que no solo fortalece su confianza sino que robustece su cultura competitiva. El equipo blanco ha encadenado tres porterías a cero en ese tramo, síntoma inequívoco de un bloque que ha afinado su estructura defensiva y que ha elevado sus estándares en la gestión de los momentos del partido. Enfrente, el Costa Adeje Tenerife se presenta como uno de los conjuntos más sólidos y coherentes del curso. Invicto en 2026, con cuatro victorias y tres empates en siete compromisos oficiales, el cuadro dirigido por Yerai Martín ha cimentado su crecimiento en la estabilidad defensiva: tres porterías a cero consecutivas y apenas dos goles encajados en ese mismo período. Los números no son circunstanciales; responden a una estructura táctica trabajada, a una defensa coordinada y a una gestión inteligente de los ritmos de juego. Este partido no es solo un enfrentamiento entre dos aspirantes a puestos europeos. Es, en términos estratégicos, una prueba de madurez. Para el Real Madrid, consolidar el segundo puesto implica reforzar su candidatura a cerrar la temporada en posiciones de Champions y mantener la presión sobre el liderato. Para el conjunto tinerfeño, asaltar el Di Stéfano supondría reducir la brecha y enviar un mensaje rotundo: su proyecto no es coyuntural, sino estructural. El precedente inmediato de la primera vuelta añade una capa adicional de expectación. En el Heliodoro Rodríguez López, el marcador reflejó un 0-0 que sintetizó el equilibrio táctico entre ambos. Aquel partido fue una batalla de estructuras: líneas compactas, vigilancia constante sobre los espacios interiores y una prioridad compartida por minimizar riesgos. La igualdad fue máxima, y ese recuerdo pesa en la preparación psicológica de esta nueva cita. El conjunto madridista ha encontrado en las últimas semanas un punto de equilibrio entre su vocación ofensiva y una disciplina defensiva cada vez más refinada. Las tres porterías a cero en los últimos cuatro encuentros no son solo un dato estadístico; evidencian una mejora en la coordinación entre líneas, en la presión tras pérdida y en la defensa del área propia. Tácticamente, el equipo blanco ha evolucionado hacia un modelo de control territorial. Su estructura base, generalmente articulada en torno a un 4-3-3 o variantes que mutan en fase ofensiva hacia un 3-2-5, le permite ocupar con amplitud los carriles exteriores y generar superioridades en zonas intermedias. La circulación desde primera línea se ha vuelto más paciente y precisa, favoreciendo ataques posicionales largos que desgastan al rival. Sin embargo, este encuentro llega condicionado por ausencias sensibles: Tere Abelleira, Signe Bruun y Lotte Keukelaar no estarán disponibles. La baja de Abelleira, especialmente, altera la gestión del ritmo en la base de la jugada. Su capacidad para ordenar la salida de balón y equilibrar las transiciones es un factor diferencial. Sin ella, el cuerpo técnico deberá redistribuir responsabilidades en la medular, potenciando perfiles capaces de sostener la posesión sin comprometer la estabilidad. La ausencia de Signe Bruun incide en la referencia ofensiva. Su presencia como punta fija, capaz de fijar centrales y generar espacios a su alrededor, no será sustituida de manera directa; se prevé mayor movilidad en la última línea, intercambios constantes y un ataque más dinámico. Keukelaar, por su parte, representa profundidad y desborde; su baja obliga a reforzar los mecanismos colectivos para generar amplitud.
El conjunto tinerfeño se ha consolidado como uno de los bloques más difíciles de desarticular del campeonato. Su invicto en 2026 responde a un patrón claro: orden estructural, repliegue coordinado y transiciones verticales bien ejecutadas. Las cifras defensivas son elocuentes: solo dos goles encajados en siete encuentros y tres porterías a cero consecutivas. La propuesta de Yerai Martín se basa en la compacidad. Las líneas se mueven en sincronía, reduciendo espacios entre centrales y mediocentros, obligando al rival a circular por fuera y defendiendo con intensidad los centros laterales. En fase ofensiva, el equipo no renuncia al balón, pero prioriza la eficiencia sobre la acumulación. Cada avance busca progresar con sentido, evitando pérdidas en zonas comprometidas. Las ausencias de María Estella, Pisco, Aithiara Carballo y Carlota Suárez condicionan el plan. Son bajas que afectan tanto a la rotación como a la profundidad de plantilla. No obstante, la fortaleza del Tenerife radica en su engranaje colectivo más que en individualidades aisladas. La cohesión del bloque ha permitido que el rendimiento no fluctúe en exceso pese a las contingencias. Este enfrentamiento refleja la evolución del fútbol femenino español. El crecimiento competitivo de clubes históricos y la consolidación de proyectos insulares como el del Costa Adeje Tenerife han elevado el nivel medio de la liga. Cada duelo entre aspirantes europeos es, en cierto modo, una declaración de ambición colectiva. El 0-0 de la primera vuelta en el Heliodoro no fue un simple empate; fue una muestra de respeto mutuo. Ahora, en el Di Stéfano, el escenario cambia, pero la exigencia permanece intacta. El estadio blanco, acostumbrado a citas de alta tensión, será el marco de un partido que puede redefinir la tabla en su zona noble. Si el Real Madrid logra adelantarse pronto, obligará al Tenerife a modificar su plan, asumir riesgos y abrir espacios. En ese contexto, la transición ofensiva blanca puede resultar letal. Si, por el contrario, el conjunto insular sostiene el empate durante largos tramos, la presión se trasladará al equipo local, que deberá mantener paciencia y precisión para evitar precipitaciones. Un empate mantendría la distancia clasificatoria, pero reforzaría la narrativa de equilibrio entre ambos. Una victoria visitante reconfiguraría la lucha por la segunda plaza. Una victoria madridista consolidaría su posición y ampliaría la brecha. El domingo a las 12:00 horas no se jugarán solo tres puntos. Se pondrán en juego inercias, discursos competitivos y aspiraciones europeas. El Real Madrid llega con el impulso de su clasificación continental y una defensa blindada. El Costa Adeje Tenerife aterriza en el Di Stéfano con una racha inmaculada en 2026 y una estructura que concede mínimos resquicios. Segundo contra cuarto. Dinámica ascendente frente a solidez invicta. El precedente de un 0-0 que dejó todo abierto. Las ausencias que obligan a reinventar planes. La presión de la tabla. El orgullo competitivo. Todo converge en un partido que promete tensión estratégica, rigor táctico y emoción sostenida hasta el último minuto. Un duelo de alto voltaje en la Liga F que puede marcar el rumbo del campeonato en su fase decisiva. Sobre el rival, el entrenador blanquiazul señaló que: “El Alfredo Di Stéfano es una salida muy exigente; solo han perdido un partido en casa en Liga F. Para lograr un resultado positivo debemos ofrecer nuestra mejor versión: ser sólidas en defensa, no conceder nada y tener personalidad con balón para saber cómo hacerles daño. En la ida ya demostramos que es posible. Habrá momentos difíciles por la calidad de su plantilla, pero necesitamos un partido muy completo”.
El Costa Adeje Tenerife afrontaba este domingo un reto más que difícil; visitar la casa de las segundas clasificadas en liga. Cierto es que el equipo blanquiazul se ha hecho fuerte esta temporada lejos del Heliodoro y eso quizás le daba más esperanzas al equipo de Yerai Martín
Apenas se habían disputado cinco minutos cuando el conjunto local solicitó la revisión en el FVS por una entrada de Moreno sobre Caicedo. Tras consultar la acción, la colegiada mostró tarjeta roja directa a la jugadora tinerfeña por un claro pisotón que acarreó la lesión de Linda Caicedo unos momentos después.
Y el Tenerife, que había salido con hasta 4 centrales en la alineación, se puso el mono de trabajo y comenzó a duplicarse en el Alfredo Di Estéfano. Al partido le costó romper en ritmo. Primero fue la expulsión, luego la posterior lesión de Linda Caicedo y más tarde una atención a la portera Nay Cáceres. Habían pasado 20 minutos y casi no se había jugado. Buena noticia para el equipo visitante.
Poco a poco el encuentro fue tornando hacia un monólogo del Real Madrid, aunque sin que fuera un asedio constante por parte del equipo que jugaba en superioridad. Nay Cáceres salvó un gol con una buena parada a Feller en el minuto 30 de juego que mantuvo el cero a cero.
Entre medias, cuando el partido parecía entrar en esa meseta engañosa en la que el balón circula pero no hiere, cuando el dominio territorial del Real Madrid se sostenía más en la posesión que en la profundidad y el Tenerife aguardaba con esa paciencia que no es resignación sino cálculo, llegó el aviso. Y no fue un aviso cualquiera, no fue un disparo lejano ni una acción aislada, sino una transición ofensiva dibujada con intención, con lectura táctica y con la determinación de quien sabe que en escenarios grandes cada contra es una declaración de intenciones. Lo inició Natalia Ramos, faro silencioso del centro del campo insular, centrocampista de lectura fina y zancada poderosa, que entendió el contexto mejor que nadie: robo, primer control orientado, cabeza levantada y aceleración vertical para atacar el espacio que el Real Madrid había dejado a la espalda de su doble pivote.
Natalia no se precipitó; temporizó lo justo, atrajo una marca y, cuando sintió que la estructura blanca basculaba hacia su zona, filtró el balón con la precisión quirúrgica de quien domina el timing. Lo puso a correr por banda a Violeta Quiles, que arrancó como una flecha, explotando ese carril exterior que en transición se convierte en autopista si la lateral rival no llega a cerrar. La carrera de Violeta no fue sólo velocidad, fue convicción: condujo con la cabeza alta, midiendo el perfil corporal de las centrales, leyendo la caída de sus compañeras, sintiendo cómo el área empezaba a poblarse de camisetas azules.
Se metió en el área con determinación, atacando el intervalo entre central y lateral, generando una superioridad dinámica que obligó a la defensa blanca a retroceder hacia su propia portería. Y ahí, en ese segundo suspendido en el tiempo, el partido se abrió como una bifurcación: tenía el pase franco al punto de penalti, donde Iratxe aparecía libre, perfilada para el remate, con el cuerpo listo para orientar el disparo; era la opción académica, el manual de la transición bien ejecutada. Pero Violeta eligió el riesgo calculado, la lectura alternativa, la jugada que castiga el repliegue profundo: levantó la cabeza y envió el balón al segundo palo, donde Aleksandra Zaremba cargaba desde atrás, atacando la espalda de la defensa con ese movimiento que desarma estructuras cuando el bloque se hunde demasiado.
El envío fue tenso, con intención, buscando el desmarque de ruptura al lado débil, ese sector que tantas veces queda desprotegido cuando la línea defensiva se obsesiona con el primer foco del balón. Aleksandra ya armaba la pierna, ya se intuía el remate, ya el estadio contenía la respiración, pero en el último instante, cuando la acción parecía culminar en golpeo, apareció la defensa blanca con una intervención providencial, un cruce in extremis que evitó el contacto limpio y desactivó la ocasión. Fue un corte de esos que no siempre salen en las estadísticas con la relevancia que merecen, pero que cambian inercias y sostienen partidos.
Sin embargo, más allá del desenlace puntual, la jugada dejó un mensaje claro: el Tenerife no estaba allí para resistir, estaba para competir. Había detectado el espacio, había ejecutado con criterio y había rozado el golpe. El Real Madrid, hasta entonces cómodo en su circulación, entendió que cada pérdida en campo rival podía convertirse en una amenaza directa, que el equilibrio tras pérdida debía ser más agresivo, que las vigilancias preventivas no eran una recomendación sino una necesidad táctica. Aquella contra no subió al marcador, pero sí alteró la temperatura emocional del encuentro. Fue el primer gran aviso, la señal de que el partido no se decidiría sólo por posesión o nombre, sino por precisión en los detalles, por lectura en las transiciones y por la capacidad de cada equipo para interpretar los espacios que el otro dejara al descubierto.
Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con el marcador aún pendiente de ser inaugurado amén a un gran sacrificio del representativo canario, hoy vestido de morado, pero aún restaban cuarenta y cinco minutos por delante en Valdebebas y se le haría cuesta arriba a las visitantes.
Las guerreras cerraron filas y redoblaron esfuerzos para frenar las acometidas madridistas, que no lograron generar excesivo peligro sobre la portería defendida por Nay Cáceres, pero que tras volver al césped lo harían de forma muy rápida.
La segunda mitad arrancó con una acción desafortunada en la que Alba Redondo logró deshacerse de su marca y abrír la lata con el 1–0 en el minuto 46 después de una triangulación de la recién entrada Weir y Angeldahl, poniendo fin a la resistencia insular.
El 1-0 dio alas al Real Madrid para seguir insistiendo en busca de más. Athenea, tras una jugada embarullada en el área, se quedó a centímetros de empujar el balón a la portería. Alba Redondo, después de una gran triangulación entre Weir y Angeldahl, disparó al lateral de la red. La sueca fue protagonista de la sentencia. Eva Navarro chutó desde lejos a la salida de un córner y Angeldahl cazó el rechace de la parada de Nay Cáceres para reventar la pelota y establecer el 2–0 definitivo en el minuto 58 del duelo.
El desgaste era evidente. Las transiciones, que en la primera mitad habían sido eléctricas, empezaban a pesar en las piernas. El repliegue requería un esfuerzo extra. Y ahí apareció la figura de Yerai Martín, leyendo el escenario con mirada de entrenador que comprende que la energía también se gestiona desde el banquillo. No esperó a que el partido se le escapara por agotamiento. Introdujo un triple cambio en el 66’, una declaración táctica y anímica: Koko Ange, Gramaglia y Castelló saltaron al campo para renovar la intensidad, para inyectar oxígeno competitivo, para sostener la estructura cuando el cuerpo pedía tregua.
Salieron Aleksandra, Violeta Quiles y Paola, tres futbolistas que habían vaciado el depósito. Aleksandra había sido referencia en la ruptura, castigando la espalda de la defensa rival con movimientos constantes, obligando a las centrales a vivir en alerta permanente. Violeta había recorrido su carril con una disciplina admirable, alternando profundidad ofensiva con repliegue solidario, multiplicándose en cada transición. Paola, desde su sector, había sostenido duelos, ofrecido apoyos y cerrado líneas interiores con un trabajo táctico que no siempre se ve, pero que equilibra sistemas. Las tres se marcharon con la sensación del deber cumplido, con el sudor como prueba de compromiso.
Los cambios no alteraron la identidad del equipo. El Tenerife siguió compitiendo desde la raza y el corazón, dos conceptos que no son eslóganes sino estructuras invisibles que sostienen a un colectivo cuando el contexto aprieta. La solidez defensiva se convirtió en prioridad estratégica. Las líneas se compactaron. El bloque redujo espacios entre centrales y pivotes. Se extremaron las ayudas en banda. Cada balón colgado al área era defendido como si fuera el último. Y, cuando había posibilidad de transición, el equipo no renunciaba a correr. La contra seguía siendo el argumento ofensivo más viable, aunque cada metro ganado implicaba un esfuerzo titánico.
La inferioridad numérica, sin embargo, condicionaba cada acción. Defender con una jugadora menos obliga a reajustar coberturas, a multiplicar basculaciones, a asumir que el rival encontrará superioridades en algún sector. El desgaste mental se suma al físico. Cada desplazamiento largo del adversario obliga a un sprint extra. Cada circulación lateral exige un cierre coordinado para no abrir grietas. Y aun así, el Tenerife no bajó la cabeza. Se reorganizó con disciplina, aceptó el sufrimiento como parte del guion y mantuvo la competitividad hasta el límite.
En el minuto 76 llegó el último movimiento desde el banquillo tinerfeño. Bicho ingresó en lugar de Natalia Ramos. La capitana del centro del campo había sostenido el equilibrio durante buena parte del encuentro, ofreciendo criterio en salida y agresividad en la recuperación. Su relevo respondió tanto al desgaste como a la necesidad de refrescar piernas en una zona donde cada balón era una batalla. Bicho entró con energía, con esa mentalidad de quien entiende que veinte minutos pueden cambiar un partido si se juegan con intensidad máxima. Se posicionó con orden, ofreció líneas de pase cortas y trató de temporizar cuando el equipo necesitaba respirar.
El tramo final fue un ejercicio de resistencia competitiva. El cuadro blanquiazul derrochó entrega, cerró filas y convirtió cada acción defensiva en una pequeña victoria. No hubo desconexiones. No hubo resignación. Hubo comunicación constante, brazos señalando marcas, voces corrigiendo posiciones, miradas de complicidad que reforzaban el mensaje interno: hasta el último segundo.
El conjunto blanco intentó aprovechar la superioridad, mover el balón con paciencia, encontrar el espacio libre. Pero se encontró con un bloque que defendía con el alma, que achicaba agua sin perder la estructura, que entendía que competir también es resistir.
En ataque, las opciones eran más esporádicas, pero cada recuperación generaba esperanza. Un balón largo, una conducción valiente, una falta lateral forzada con inteligencia. El Tenerife buscó sorprender, buscó ese error del adversario que permitiera igualar fuerzas en el marcador aunque no en número. No llegó el premio. El pitido final selló el resultado sin recompensar el esfuerzo desplegado. Pero en el análisis profundo, más allá del marcador, quedó la imagen de un equipo que supo sufrir, que gestionó el cansancio con cambios valientes, que compitió en inferioridad sin perder la dignidad táctica ni la ambición emocional.
Con este gran resultado en clave merengue, el Real Madrid sigue firme en su empeño por seguir la estela del todopoderoso Fútbol Club Barcelona Femenino y se mantiene firme en la segunda plaza liguera con 50 unidades en su casillero particular, catorce guarismos por encima de las guerreras del Costa Adeje Tenerife Femenino, que es cuarto gracias a sus 36 puntos, pero que puede ver como la Real Sociedad tiene la opción de apagar su sueño de jugar la previa de la Liga de Campeones Femenina el próximo curso y por detrás, que no es menor, el vencedor del duelo entre el Sevilla y el Atlético de Madrid apretaría mucho la porfia por esa posición.
El próximo desafío del conjunto azul y blanco llegará dentro de dos semanas ante el Levante Unión Deportiva en el Heliodoro Rodríguez López.
(Fuente: Costa Adeje Tenerife Egatesa)
📋 Ficha técnica |
Real Madrid CF: Misa, Eva Navarro, M. Méndez, Lakrar, Holmgaard, Toletti (Pau C. 90’), Dabritz, Angeldahl (Irune 63’), Athenea (Sheila 77’), Linda C. (Redondo 9’) y Feller (Weir 46’). Costa Adeje Tenerife Egatesa: Nay Cáceres, Elba, Cinta R., Fatou . D, Patri Gavira, Aleksandra (Koko 66’), Moreno, N. Ramos (Bicho 76’), Paola H.D. (S. Castelló 66’), V. Quiles (Gramaglia 66’) e Iratxe (Clau Blanco 56’).
Árbitra: María Eugenia Gil asistida por Rita Cabañero y Elena Martínez. Amonestaron a las visitante Natalia Ramos (43’) con amarilla; Moreno con roja directa (7’) Incidencias: Vigesimoprimera jornada de Liga F Moeve, disputado en el Alfredo Di Stéfano de Valdebebas (Madrid).
Goles |
1-0 Alba Redonda 46’ ⚽️ 2-0 Angeldahl 58’ ⚽️
Vídeo |
⚪ El Real Madrid CF se impone al Costa Adeje Tenerife gracias a Alba Redondo y Filippa Angeldahl
El fútbol siempre guarda un espacio reservado para las noches que huelen a decisivas aunque el calendario aún no marque el mes de mayo. Este domingo 22 de febrero a las 18:00 horas, el estadio sevillista se convertirá en el escenario de uno de esos encuentros que no solo reparten tres puntos, sino que modelan la narrativa emocional de una temporada. Sevilla Fútbol Club y el Atlético de Madrid Femenino, quinto contra sexto, separados por apenas un punto, frente a frente en un pulso que puede redefinir la pelea por la tercera plaza de la Liga F. Un duelo que se podrá seguir a través de DAZN y RTVE Play, pero que se sentirá en el pecho, como laten los partidos que pesan.
Porque no es solo un partido. Es una frontera competitiva. Es una declaración de intenciones. Es el instante en el que la regularidad deja de ser un concepto estadístico para convertirse en una obligación moral.
El Sevilla llega lanzado. Dos victorias consecutivas, ambas con portería a cero. Dos actuaciones que han devuelto al equipo esa sensación de solidez que durante tramos del curso parecía intermitente. El dato no es menor: ganar y no encajar no solo suma puntos, construye confianza estructural. Cuando un equipo encadena triunfos sin conceder, no solo ordena su sistema defensivo; ordena su mente competitiva. Sin embargo, el cuadro andaluz afrontará el duelo con ausencias sensibles. Eva Llamas no estará disponible. Tampoco Alba Cerrato. Y sigue fuera, en su largo proceso de recuperación, Jassina Blom. Tres nombres que no solo restan piezas en la pizarra, sino también matices tácticos y alternativas en el plan de partido.
Al otro lado aparece un Atlético herido. Eliminado en el playoff de acceso a los cuartos de final de la Champions. Golpe continental. Desgaste físico y emocional. Y ahora, la obligación de reenfocar. José Herrera fue claro tras la eliminación: “Tenemos que centrarnos en Liga F y en la Copa y hay que volver a sumar de tres”. No es una frase hueca. Es una directriz estratégica. La temporada rojiblanca pasa ahora por la regularidad doméstica y por el orgullo competitivo. El técnico visitante tampoco podrá contar con Silvia Lloris, lesionada del ligamento cruzado, una baja estructural en la zaga que condiciona ajustes y obliga a reequilibrar perfiles.
En la primera vuelta empataron 2-2 en Alcalá. Un partido abierto, con alternancias, con fases de dominio repartido. Aquel encuentro dejó claro que ambos conjuntos están en un escalón competitivo similar: estructuras ordenadas, capacidad para transitar, talento diferencial en zonas intermedias y pegada suficiente para castigar cualquier desajuste. El empate fue justo, pero también dejó una sensación: la igualdad es real y la diferencia está en los detalles.
El Sevilla ha crecido desde la organización defensiva. Sus últimas victorias sin encajar no fueron fruto de la casualidad. El bloque ha sabido compactarse en campo propio cuando el rival exige repliegue, pero también adelantar líneas con valentía cuando detecta fragilidad en salida contraria. La coordinación entre centrales y mediocentro defensivo ha sido clave para cerrar pasillos interiores, mientras que los laterales han dosificado mejor sus incorporaciones, priorizando el equilibrio sobre el riesgo excesivo.
Sin Eva Llamas ni Alba Cerrato, el Sevilla pierde capacidad de distribución limpia desde atrás y versatilidad en segunda línea. Eso puede traducirse en un plan más pragmático: circulación más directa hacia extremos, búsqueda de segunda jugada, presión tras pérdida muy agresiva para evitar transiciones rojiblancas. El equipo andaluz sabe que el Atlético, cuando puede correr, es letal.
El Atlético, por su parte, deberá gestionar dos variables: el impacto emocional de la eliminación europea y la necesidad de sostener un ritmo competitivo alto en Liga F. José Herrera ha construido un equipo que alterna fases de posesión estructurada con momentos de verticalidad intensa. La clave estará en la gestión del carril central. Si el Atlético logra superioridad numérica en mediocampo, podrá imponer ritmo. Si el Sevilla consigue cerrar líneas y forzar envíos laterales previsibles, el partido puede entrar en un escenario de fricción, segundas jugadas y duelos individuales.
La baja de Silvia Lloris obliga a reajustar la línea defensiva. Más allá del reemplazo nominal, lo que se pierde es lectura anticipativa y agresividad en la intercepción. Eso puede abrir una ventana para que el Sevilla ataque el espacio entre central y lateral, especialmente si logra atraer marcas hacia dentro.
Quinto contra sexto. Separados por un punto. Ambos mirando de reojo la tercera posición. Esa plaza no es solo un número en la tabla; es acceso, es ambición, es relato de temporada. Estar en el podio significa sostener un proyecto competitivo en la élite. Significa consolidar discurso institucional. Significa enviar un mensaje al mercado y a la afición.
En este punto del campeonato, cada enfrentamiento directo multiplica su valor. No solo por los tres puntos, sino porque impide que el rival sume. Es una ecuación doble. Ganar es sumar y frenar. Perder es ceder terreno y conceder impulso.
El Sevilla quiere demostrar que su crecimiento no es episódico. Que la solidez reciente no es una racha sino una identidad. El Atlético quiere demostrar que la eliminación europea no fractura su ambición doméstica. Que el golpe continental no deriva en caída competitiva.
Hay partidos que se juegan en el césped y otros que empiezan a disputarse en la cabeza. El Sevilla llega reforzado mentalmente por las dos porterías a cero. El Atlético llega con el orgullo tocado y la necesidad de reivindicación inmediata. Esa combinación puede generar un partido de alta intensidad desde el primer minuto.
Si el Sevilla logra adelantarse, el contexto emocional puede volverse un aliado formidable. Si el Atlético golpea primero, la narrativa cambiará: el equipo rojiblanco se crecerá y obligará a las locales a salir de su plan conservador.
Ambos equipos saben que el margen es mínimo. La temporada no permite desconexiones. El empate puede parecer prudente, pero no resuelve la ambición de ninguno.
Porque el fútbol no es solo un marcador. Es un espejo. Este domingo, Sevilla y Atlético no solo se juegan tres puntos. Se juegan la credibilidad de su discurso. Se juegan la continuidad de su ambición. Se juegan el derecho a mirar la tabla y no bajar la vista.
El Sevilla quiere que su estadio sea fortaleza, que su defensa sea muro, que su presente sea confirmación. El Atlético quiere transformar la herida europea en combustible competitivo, convertir la frustración en furia ordenada, cambiar el lamento por carácter.
Los precedentes históricos son favorables para los intereses de las colchoneras amén de cinco victorias, cuatro empates y tan solo una derrota en los últimos diez compromisos en la Liga F Moeve.
En términos globales, que no debemos olvidar, el saldo aumenta hasta la veintena de triunfos, siete empates y solo dos derrotas en los 29 duelos que tienen carácter oficial.
En la primera vuelta se pudo vivir un encuentro “alocado” en Alcalá de Henares que concluyó con un empate (2-2) el pasado 25 de diciembre de 2025.
No es un febrero cualquiera. Es febrero con aroma a definición anticipada. Es febrero con puntos que pesan como si fuera primavera. Es el tipo de partido que, cuando termine la temporada, se recordará como punto de inflexión o como oportunidad perdida.
Y ahí, en ese instante en el que el árbitro mire su reloj y señale el final, sabremos quién dio el paso al frente. Quién entendió que la tercera plaza no se sueña: se pelea. Quién convirtió la presión en impulso.
Porque en el fútbol, como en la vida competitiva, no basta con querer. Hay que sostener. Hay que ejecutar. Hay que resistir. Y este domingo, en Sevilla, solo una verdad sobrevivirá al pitido final.
◼️ El Alfredo Di Stéfano se prepara para una mañana de máxima exigencia competitiva. Segundo contra cuarto. Cuatro victorias consecutivas y billete a cuartos de Champions frente a un 2026 inmaculado, con solo dos goles encajados en siete partidos. Real Madrid Club de Fútbol y el Costa Adeje Tenerife Egatesa cruzan dinámicas, ambiciones y estructuras en un duelo directo por la zona noble de la Liga F. No es solo un partido: es una prueba de jerarquía, de solidez y de aspiración europea.
El domingo, 22 de febrero de 2026, a las 12:00 horas, el Estadio Alfredo Di Stéfano se convertirá en el epicentro competitivo de la Liga F con un duelo que trasciende la mera jornada liguera: el segundo clasificado frente al cuarto, dos proyectos consolidados, dos dinámicas en plenitud y un pulso directo por el control del tramo decisivo del campeonato. Real Madrid recibe al Club Deportivo Tenerife Femenino.
(Fuente: Liga F Moeve)
El choque que será emitido en directo por DAZN y que condensa aspiraciones europeas, identidades tácticas bien definidas y una narrativa competitiva que ha ido creciendo temporada tras temporada.
La clasificación no engaña. El segundo contra el cuarto. Una diferencia de puntos que marca distancias, pero no jerarquías definitivas. El Real Madrid llega impulsado por la inercia de cuatro victorias consecutivas entre todas las competiciones, incluida su reciente clasificación para los cuartos de final de la UEFA Women’s Champions League, un logro que no solo fortalece su confianza sino que robustece su cultura competitiva. El equipo blanco ha encadenado tres porterías a cero en ese tramo, síntoma inequívoco de un bloque que ha afinado su estructura defensiva y que ha elevado sus estándares en la gestión de los momentos del partido.
Enfrente, el Costa Adeje Tenerife se presenta como uno de los conjuntos más sólidos y coherentes del curso. Invicto en 2026, con cuatro victorias y tres empates en siete compromisos oficiales, el cuadro dirigido por Yerai Martín ha cimentado su crecimiento en la estabilidad defensiva: tres porterías a cero consecutivas y apenas dos goles encajados en ese mismo período. Los números no son circunstanciales; responden a una estructura táctica trabajada, a una defensa coordinada y a una gestión inteligente de los ritmos de juego.
Este partido no es solo un enfrentamiento entre dos aspirantes a puestos europeos. Es, en términos estratégicos, una prueba de madurez. Para el Real Madrid, consolidar el segundo puesto implica reforzar su candidatura a cerrar la temporada en posiciones de Champions y mantener la presión sobre el liderato. Para el conjunto tinerfeño, asaltar el Di Stéfano supondría reducir la brecha y enviar un mensaje rotundo: su proyecto no es coyuntural, sino estructural.
El precedente inmediato de la primera vuelta añade una capa adicional de expectación. En el Heliodoro Rodríguez López, el marcador reflejó un 0-0 que sintetizó el equilibrio táctico entre ambos. Aquel partido fue una batalla de estructuras: líneas compactas, vigilancia constante sobre los espacios interiores y una prioridad compartida por minimizar riesgos. La igualdad fue máxima, y ese recuerdo pesa en la preparación psicológica de esta nueva cita.
El conjunto madridista ha encontrado en las últimas semanas un punto de equilibrio entre su vocación ofensiva y una disciplina defensiva cada vez más refinada. Las tres porterías a cero en los últimos cuatro encuentros no son solo un dato estadístico; evidencian una mejora en la coordinación entre líneas, en la presión tras pérdida y en la defensa del área propia.
Tácticamente, el equipo blanco ha evolucionado hacia un modelo de control territorial. Su estructura base, generalmente articulada en torno a un 4-3-3 o variantes que mutan en fase ofensiva hacia un 3-2-5, le permite ocupar con amplitud los carriles exteriores y generar superioridades en zonas intermedias. La circulación desde primera línea se ha vuelto más paciente y precisa, favoreciendo ataques posicionales largos que desgastan al rival.
Sin embargo, este encuentro llega condicionado por ausencias sensibles: Tere Abelleira, Signe Bruun y Lotte Keukelaar no estarán disponibles. La baja de Abelleira, especialmente, altera la gestión del ritmo en la base de la jugada. Su capacidad para ordenar la salida de balón y equilibrar las transiciones es un factor diferencial. Sin ella, el cuerpo técnico deberá redistribuir responsabilidades en la medular, potenciando perfiles capaces de sostener la posesión sin comprometer la estabilidad.
La ausencia de Signe Bruun incide en la referencia ofensiva. Su presencia como punta fija, capaz de fijar centrales y generar espacios a su alrededor, no será sustituida de manera directa; se prevé mayor movilidad en la última línea, intercambios constantes y un ataque más dinámico. Keukelaar, por su parte, representa profundidad y desborde; su baja obliga a reforzar los mecanismos colectivos para generar amplitud.
una identidad reconocible
El conjunto tinerfeño se ha consolidado como uno de los bloques más difíciles de desarticular del campeonato. Su invicto en 2026 responde a un patrón claro: orden estructural, repliegue coordinado y transiciones verticales bien ejecutadas. Las cifras defensivas son elocuentes: solo dos goles encajados en siete encuentros y tres porterías a cero consecutivas.
La propuesta de Yerai Martín se basa en la compacidad. Las líneas se mueven en sincronía, reduciendo espacios entre centrales y mediocentros, obligando al rival a circular por fuera y defendiendo con intensidad los centros laterales. En fase ofensiva, el equipo no renuncia al balón, pero prioriza la eficiencia sobre la acumulación. Cada avance busca progresar con sentido, evitando pérdidas en zonas comprometidas.
Las ausencias de María Estella, Pisco, Aithiara Carballo y Carlota Suárez condicionan el plan. Son bajas que afectan tanto a la rotación como a la profundidad de plantilla. No obstante, la fortaleza del Tenerife radica en su engranaje colectivo más que en individualidades aisladas. La cohesión del bloque ha permitido que el rendimiento no fluctúe en exceso pese a las contingencias.
Este enfrentamiento refleja la evolución del fútbol femenino español. El crecimiento competitivo de clubes históricos y la consolidación de proyectos insulares como el del Costa Adeje Tenerife han elevado el nivel medio de la liga. Cada duelo entre aspirantes europeos es, en cierto modo, una declaración de ambición colectiva.
El 0-0 de la primera vuelta en el Heliodoro no fue un simple empate; fue una muestra de respeto mutuo. Ahora, en el Di Stéfano, el escenario cambia, pero la exigencia permanece intacta. El estadio blanco, acostumbrado a citas de alta tensión, será el marco de un partido que puede redefinir la tabla en su zona noble.
Si el Real Madrid logra adelantarse pronto, obligará al Tenerife a modificar su plan, asumir riesgos y abrir espacios. En ese contexto, la transición ofensiva blanca puede resultar letal. Si, por el contrario, el conjunto insular sostiene el empate durante largos tramos, la presión se trasladará al equipo local, que deberá mantener paciencia y precisión para evitar precipitaciones.
Un empate mantendría la distancia clasificatoria, pero reforzaría la narrativa de equilibrio entre ambos. Una victoria visitante reconfiguraría la lucha por la segunda plaza. Una victoria madridista consolidaría su posición y ampliaría la brecha.
El domingo a las 12:00 horas no se jugarán solo tres puntos. Se pondrán en juego inercias, discursos competitivos y aspiraciones europeas. El Real Madrid llega con el impulso de su clasificación continental y una defensa blindada. El Costa Adeje Tenerife aterriza en el Di Stéfano con una racha inmaculada en 2026 y una estructura que concede mínimos resquicios.
Segundo contra cuarto. Dinámica ascendente frente a solidez invicta. El precedente de un 0-0 que dejó todo abierto. Las ausencias que obligan a reinventar planes. La presión de la tabla. El orgullo competitivo.
Todo converge en un partido que promete tensión estratégica, rigor táctico y emoción sostenida hasta el último minuto. Un duelo de alto voltaje en la Liga F que puede marcar el rumbo del campeonato en su fase decisiva.
Sobre el rival, el entrenador blanquiazul señaló que: “El Alfredo Di Stéfano es una salida muy exigente; solo han perdido un partido en casa en Liga F. Para lograr un resultado positivo debemos ofrecer nuestra mejor versión: ser sólidas en defensa, no conceder nada y tener personalidad con balón para saber cómo hacerles daño. En la ida ya demostramos que es posible. Habrá momentos difíciles por la calidad de su plantilla, pero necesitamos un partido muy completo”.
El fútbol también sabe de escenarios. Y cuando el sol caiga sobre Granada el sábado 21 de febrero a las 18:15, el Nuevo Los Cármenes no será solo un estadio: será un volcán contenido, un templo encendido, una declaración de ambición. Porque no todos los días aterriza el líder. No todos los días el desafío es el FC Barcelona Femení. Y no todos los días el Granada CF Femenino llega invicto en el año, con la convicción latiendo fuerte y la grada preparada para creer.
Granada se vestirá de gala. El estadio Nuevo Los Cármenes respirará fútbol grande desde mucho antes del pitido inicial. Antes de que ruede el balón, habrá memoria y reconocimiento: homenaje a la exjugadora Cristina Moreno. Y en ese gesto habrá un mensaje claro: este club honra su historia mientras escribe su presente. Porque el momento actual del conjunto nazarí no es casualidad. Es trabajo. Es identidad. Es una idea consolidada bajo la dirección de Irene Ferreras, que lo resumió con naturalidad en la previa: “Muy contentas por los resultados de las últimas semanas. Estamos trabajando muy bien”. Y no es retórica. Son hechos.
Seis partidos consecutivos sin perder en este inicio de 2026. Cinco victorias y un empate. Regularidad. Solidez. Crecimiento competitivo. El Granada no solo suma, compite. No solo resiste, propone. Ha encontrado equilibrio entre agresividad defensiva y verticalidad ofensiva. Ha entendido que ante gigantes no basta con esperar, hay que incomodar. Y llega a la cita sin complejos. Sí, habrá ausencias sensibles: Manoly Baquerizo, sancionada. Cristina Postigo y Linnéa Solvoll, que ya no estuvieron en el último encuentro, tampoco estarán disponibles. Piezas que obligan a reajustar estructuras, a redistribuir responsabilidades. Pero si algo ha demostrado este equipo en 2026 es capacidad de adaptación. Cuando falta una, aparece otra. Cuando el plan A no fluye, el plan B compite.
Enfrente, el líder. El gigante. El dominador estructural de la Liga F Moeve. El Barcelona de Pere Romeu no viaja, irrumpe. Llega con 57 puntos en la cima y nueve victorias consecutivas en 2026 entre todas las competiciones. Nueve. Una cifra que no habla solo de talento, habla de mentalidad. De una cultura de exigencia permanente. De una maquinaria que no entiende de relajación. El Barça no administra ventajas, las amplía. No especula, acelera. Y cuando huele debilidad, sentencia.
Pero incluso los colosos tienen grietas. No estarán disponibles Cata Coll bajo palos. Tampoco Mapi León, jerarquía en la salida de balón. Laia Aleixandri, lesionada del cruzado, ausencia de largo recorrido. Y Aitana Bonmatí, cerebro diferencial, tampoco podrá ser de la partida. Son bajas que no desmantelan al campeón, pero sí alteran su ecosistema. Porque el Barcelona no es solo un equipo de nombres, es un engranaje de perfiles específicos. Sin Aitana, el ritmo interior cambia. Sin Mapi, la construcción desde atrás exige otras soluciones. Sin Cata, la seguridad aérea puede variar matices. La cuestión es si el Granada sabrá detectar esos matices y convertirlos en oportunidad.
Tácticamente, el duelo promete contraste. El Barça monopoliza posesión, ocupa carriles interiores, ensancha el campo con extremos profundos y laterales largos. Es un equipo que somete desde el balón, que te obliga a correr detrás de sombras hasta que una grieta se abre. El Granada, en cambio, ha crecido desde el orden. Bloque compacto, líneas juntas, transiciones rápidas cuando roba. Y ahí puede estar la clave: el momento de la recuperación. Si las nazaríes logran robar en zonas intermedias y lanzar rápido a sus atacantes, el partido puede incendiarse. Si, por el contrario, el Barcelona instala su juego en campo rival durante largos tramos, el desgaste será brutal.
Pero esto no es solo táctica. Es emoción. Es contexto. Es orgullo. El Granada sabe que el país mirará este partido. Sabe que DAZN, Teledeporte, TV3 y 3Cat amplificarán cada detalle. Y sabe que enfrentarse al líder en este momento de forma es una oportunidad para validar su crecimiento. Ganar sería histórico. Empatar, un mensaje. Competir hasta el último segundo, una reafirmación.
Para el Barcelona, el desafío es distinto. No es solo sumar tres puntos más. Es mantener la inercia. Es sostener la autoridad. Es demostrar que incluso con rotaciones y ausencias, la identidad permanece intacta. Pere Romeu ha construido un equipo que entiende cuándo acelerar y cuándo madurar el partido. Que alterna verticalidad con pausa. Que sabe que los campeonatos no se ganan solo en los grandes duelos europeos, sino en estadios donde el rival juega el partido del año.
Habrá duelos individuales que marcarán la tarde. Las centrales nazaríes frente a la movilidad ofensiva blaugrana. El mediocampo granadino tratando de interrumpir líneas de pase interiores. Las bandas, territorio estratégico. Cada córner, cada falta lateral, cada segunda jugada será un pulso psicológico. Porque cuando el líder visita a un equipo en racha, la tensión es bidireccional: el aspirante quiere confirmar; el dominante quiere imponer.
Y en medio de todo, la grada. Granada tiene algo especial cuando cree. Un rumor constante que empuja, que aprieta, que transforma cada despeje en ovación. Si el partido se mantiene vivo, si el marcador no se rompe pronto, el factor ambiental puede convertirse en protagonista silencioso. El Barcelona está acostumbrado a escenarios exigentes, pero cada estadio tiene su acústica emocional.
Este no es un partido más de febrero. Es una intersección de dinámicas. Es el invicto del 2026 frente a la perfección estadística. Es la ambición emergente contra la hegemonía consolidada. Es la posibilidad de que la Liga recuerde que el líder también puede sufrir. O la confirmación de que el líder no negocia su destino.
Cuando el árbitro mire el reloj y el balón empiece a rodar en el Nuevo Los Cármenes, todo lo previo será relato. Lo que quedará será césped, sudor y decisiones en décimas de segundo. El Granada quiere escribir una noche que se recuerde. El Barcelona quiere añadir otra página a su dominio. Y nosotros, los que amamos este juego, solo podemos prepararnos para 90 minutos donde el fútbol femenino español vuelve a demostrar que ya no hay escenarios pequeños ni partidos intrascendentes.
Porque en Granada, este sábado, no se juega solo un encuentro. Se juega una declaración de identidad. Y eso, en el fútbol, siempre merece ser contado.
El duelo a fondo |
(Fuente: Liga F Moeve)
🔜 NEXT GAME
🏆 Liga F Moeve | Temporada 2025-2026
🙌🏻 Matchday 21 | Día de partido
🔥 Granada Club de Fútbol 🆚 Fútbol Club Barcelona 🔥
El fútbol, cuando decide ser algo más que un resultado, se convierte en relato. Y la noche en el Nuevo Los Cármenes fue exactamente eso: una historia que comenzó mucho antes del pitido inicial y que terminó confirmando una certeza que ya nadie discute. El FC Barcelona Femení gobierna la Liga F con autoridad estructural, convicción competitiva y una sensación de inevitabilidad que intimida. Pero también fue la noche en la que el Granada CF Femenino defendió su dignidad, sostuvo su identidad y resistió con orgullo ante el líder. Una crónica que no se puede contar solo desde el marcador, sino desde el contexto, el simbolismo y los detalles que definen a los equipos grandes y a los proyectos que quieren crecer.
La jornada venía envuelta en significado. La campaña ‘Amor por los Colores’ volvió a desplegarse en la Liga F con motivo del Día Internacional contra la LGTBIfobia en el Deporte. Cordones arcoíris, cintas multicolor, brazaletes de capitana con la bandera que simboliza diversidad y respeto. No fue una acción aislada ni un gesto superficial: fue una declaración colectiva de principios. Futbolistas, cuerpos técnicos, árbitras, medios y afición alineados en un mensaje común. El fútbol femenino español, una vez más, entendiendo que el deporte es altavoz social. En ese marco de conciencia y compromiso, Granada y Barcelona salieron al campo no solo a competir, sino a representar.
Y lo hicieron siendo los dos únicos equipos invictos en 2026 en la máxima categoría. El dato no era menor. El Granada llegaba reforzado por semanas de solidez y resultados consistentes. El Barcelona, líder consolidado, acumulando victorias con una naturalidad que empieza a parecer rutina. Dos dinámicas potentes, pero con jerarquías distintas.
Desde el inicio quedó claro el reparto de papeles. El Barcelona asumió el control del balón con su habitual estructura posicional: amplitud extrema, interiores escalonadas, laterales proyectadas y circulación constante para desorganizar el bloque local. El Granada, disciplinado, compacto, solidario en las ayudas. Bloque medio-bajo, líneas juntas, distancias cortas. El plan era claro: cerrar pasillos interiores, obligar a jugar por fuera y resistir el primer tramo sin conceder.
Pero ante este Barça, resistir es apenas el primer desafío.El Granada, lejos de rendirse, sostuvo su estructura. Andrea Gómez intentó responder con un disparo desviado. Vicky López probó desde la frontal, pero Hirao volvió a intervenir con seguridad. El descanso llegó con una sensación clara: el Barcelona dominaba; el Granada resistía con orgullo.
En el minuto 7 llegó el primer aviso serio. La jugada nació desde la derecha, con paciencia en la circulación hasta encontrar el espacio. Centro medido al segundo palo. Marta Torrejón, leyendo el movimiento como una delantera más, atacó el área con determinación. Su remate, seco y preciso, superó a la portera pero se estrelló con violencia en el palo. El sonido del balón contra la madera fue un presagio. El Granada respiró. El estadio contuvo el aire.
La acción no terminó ahí. En la segunda jugada, el Barça volvió a cargar el área. El balón quedó suelto tras un intento de despeje. Caroline Graham Hansen, siempre alerta, atacó el espacio interior con una diagonal explosiva. Lauri llegó tarde al cruce. Contacto claro. Penalti indiscutible.
Hansen tomó la responsabilidad. Colocó el balón con calma quirúrgica. Frente a ella, Chika Hirao, firme bajo palos. Carrera corta. Amague sutil con el cuerpo. Golpeo raso, potente, al lado contrario del movimiento de la portera. Engañó completamente a Hirao y el balón besó el fondo de las mallas para abrir la lata con el 0–1 en el minuto 12 de juego para otorgarle ventaja a las catalanas.
GOOOOOOOOOOL DEL BARÇAAAAA!!!!! GRAHAM TRANSFORMA EL PENAL!!!!
El Granada no se descompuso. Siguió fiel a su plan. Pero el dominio visitante se intensificó. Hirao comenzó a convertirse en protagonista. Detuvo un disparo en el primer palo tras una combinación rápida. Claudia Pina probó desde media distancia con un lanzamiento potente que obligó a la guardameta japonesa a volar y enviar a córner. Hansen, incansable, remató de cabeza desviado. Sydney Schertenleib lo intentó desde la frontal sin fortuna.
El asedio era constante, metódico, casi científico. El Barcelona no aceleraba por ansiedad; lo hacía por convicción. Movía el balón hasta encontrar la grieta.
Y la segunda grieta llegó en el minuto 27, a balón parado. Córner desde el costado izquierdo. Hansen colocó el balón con precisión. Centro tenso, con rosca hacia dentro, buscando el corazón del área. Aicha Camara atacó el punto de penalti con inteligencia táctica. Se anticipó a su marca, ganó la posición y conectó un remate firme, ligeramente picado. El balón botó justo delante de Hirao, elevándose lo suficiente para hacer imposible la reacción de la guardameta asiática e instaló el 0–2 en el luminoso en el minuto 27 para que este día no se le olvide nunca a la canterana culé.
GOOOOOOOOL DEL BARÇAAAAAA!!!!! AÏCHAAAAAAA!!!!!!!!!!
La mejor ocasión local llegó en el minuto 40: centro de Clara desde la izquierda, rechace que cayó a Andrea Gómez y disparo que se marchó desviado por poco. Con esa sensación de haber competido dentro de sus posibilidades, se llegó al descanso.
Las 22 protagonistas de sabían que nada estaba decidido, aún restaban cuarenta y cinco minutos por delante en la ciudad de La Alhambra y no podíamos perdernos el desenlace.
El partido se emitió además en abierto por medio de la TDT en Teledeporte, algo que ya es habitual tras el acuerdo que se anunció hace tres semanas.
La segunda parte mantuvo el mismo patrón. El Barça monopolizando posesión. El Granada multiplicando esfuerzos defensivos. Las rojiblancas cerraban espacios, basculaban con disciplina, se ayudaban constantemente. El desgaste físico era evidente, pero la actitud no decayó.
Alexia Putellas intentó ampliar la ventaja con un disparo desde la corona del área que se marchó alto por poco. Ona Batlle ejecutó un centro-chut que rozó el larguero, generando inquietud en la grada. En la jugada siguiente, Salma Paralluelo conectó de primeras, pero Hirao respondió con reflejos felinos.
El Granada tuvo su instante de audacia. Sonya Keefe, desde el círculo central, vio adelantada a Gemma Font y lanzó un disparo lejano con intención. La portera visitante resolvió en dos tiempos. Fue un gesto de valentía, un intento de romper la narrativa dominante.
El Barcelona siguió insistiendo. Alexia volvió a encontrarse con Hirao. Kika Nazareth, desde la esquina del área, rozó el tercero con un disparo ajustado. Salma intentó una volea que la guardameta japonesa neutralizó con seguridad. Si el marcador no se amplió, fue por la actuación sobresaliente de Hirao, que sostuvo a su equipo con intervenciones de alto nivel técnico.
Los minutos finales transcurrieron sin sobresaltos. El Barcelona gestionó la ventaja con madurez competitiva. El Granada mantuvo el orden hasta el último segundo. No hubo desmoronamiento. No hubo concesiones innecesarias.
El pitido final confirmó el 0-2. El Barcelona alcanza los 60 puntos y sigue siendo líder amén de 20 victorias en 21 jornadas. Liderato incontestable. Regularidad aplastante. Sensación de equipo que no negocia su destino. El Granada se marcha al parón en novena posición con 29 puntos. Balance positivo. Proyecto en crecimiento. Identidad reforzada.
Pero la crónica no termina en el resultado. Termina en la imagen colectiva: brazaletes arcoíris, cordones de colores, un estadio que aplaude el esfuerzo y un líder que reafirma su hegemonía sin perder el respeto por el rival.
Porque el fútbol, cuando se juega con esta mezcla de compromiso social y excelencia deportiva, trasciende. Y en Granada, bajo el cielo andaluz, el Barcelona volvió a demostrar que su dominio no es casualidad. Es trabajo. Es estructura. Es mentalidad. Y el Granada demostró que competir contra el mejor no es un acto de resignación, sino una declaración de ambición futura.
El próximo partido para las andaluzas será dentro de quince días ante ONA en Palamós y las azulgranas se batirán el cobre ante el Deportivo Abanca en Riazor.
(Fuente: Liga F Moeve)
📋 Ficha técnica |
Granada Club de Fútbol: Hirao; Blanca, Jujuba, Yoli Sierra, Alba Pérez, Clara; Laura Pérez (Vera 75´), A. Mingueza (Barquero 85´), Lauri (Miku 74´), A. Gómez (Zafra 90´); Keefe (Ángela M. 85´). FC Barcelona: Gemma; Batlle (A. Ranera 75´), Torrejón, Camara, Carla Julià; Serrajordi, V. López (Alexia Putellas 64´), Sydney (Patri Guijarro 64´); Graham (Paraluello 64´), Claudia Pina (Kika Nazareth 64´); Pajor.
A menos de veinticuatro horas de visitar al Real Madrid en el Estadio Alfredo Di Stéfano, Clau Blanco, centrocampista del Club Deportivo Tenerife Femenino, desgrana con serenidad quirúrgica el momento más trascendente del curso: la pelea por la tercera plaza en Liga F, una semifinal histórica de Copa y la convicción inquebrantable de un vestuario que ha dejado de soñar para empezar a creer.
(Fuente: Liga F Moeve)
El reloj avanza hacia el Alfredo Di Stéfano. La escena es de máxima exigencia competitiva: el Real Madrid Femenino espera en su casa, con su talento diferencial, su estructura consolidada y su ambición intacta. Pero si uno escucha a Clau Blanco con atención, no percibe vértigo. Percibe método. Percibe identidad. Percibe un grupo que ha entendido que las temporadas históricas no se improvisan: se construyen.
El Club Deportivo Tenerife Femenino se ha ganado el derecho a mirar hacia arriba en la Liga F. La tercera plaza no es una quimera romántica; es una posibilidad matemática y competitiva. Pero asumir esa realidad exige un equilibrio delicado entre ambición y control emocional.
“Estamos preparadas mentalmente”, afirma Clau con una naturalidad que no es casual. La preparación mental no surge de una arenga puntual, sino de meses de coherencia. Desde agosto, el Tenerife ha mantenido una línea reconocible: bloque compacto, disciplina posicional, agresividad tras pérdida y una transición ofensiva que ha castigado a más de un favorito. No hay giros bruscos en su identidad. Y esa estabilidad es, precisamente, su mayor fortaleza.
Analizar al Real Madrid implica asumir su versatilidad. El equipo blanco puede instalarse en posesiones largas, con circulación paciente para desordenar estructuras rivales, o activar un modo vertical que convierte cualquier recuperación en una amenaza inmediata. Esa dualidad obliga a una preparación minuciosa.
“La faceta defensiva va a ser clave”, insiste Clau. Y lo dice desde el conocimiento profundo del centro del campo, ese espacio donde se deciden los ritmos y se detectan las grietas. Defender bien no es solo replegar: es coordinar alturas, temporizar, cerrar líneas interiores y forzar al rival hacia zonas menos dañinas. Es, en definitiva, reducir el margen de talento individual del contrario.
Pero el Tenerife no viaja a Madrid únicamente para resistir. Viaja con un plan. El momento de transición aparece como un arma estratégica. “Cuando robemos, podemos hacerles daño”. Esa frase encierra una idea estructural: convertir la recuperación en oportunidad inmediata. La verticalidad selectiva, bien ejecutada, puede desestabilizar incluso a plantillas de mayor presupuesto.
Desde la pizarra, el partido se prepara como cualquier otro. Pero sobre el césped, la lectura será dinámica. Ajustes constantes. Comunicación permanente. Capacidad de interpretar el contexto en tiempo real. Porque ante rivales de este nivel, los detalles microscópicos adquieren un valor exponencial.
Si hay una zona que puede inclinar la balanza, es el eje interior. “El equipo que domine ahí tendrá ventaja”, sostiene Clau. Y no se refiere únicamente a la posesión cuantitativa. Se refiere al control cualitativo: saber cuándo acelerar, cuándo pausar, cuándo romper líneas y cuándo asegurar.
El Tenerife no renuncia al juego posicional, pero reconoce que su ADN competitivo se activa especialmente en transición. Esa dualidad le permite adaptarse a distintos escenarios. Habrá fases de control blanco. Habrá momentos de vértigo. Habrá tramos donde el error será irreversible. Y en cada uno de ellos, la gestión emocional será tan determinante como la táctica.
En este tramo final de temporada, Clau no duda: “Lo emocional pesa muchísimo”. Los minutos acumulados, la exigencia clasificatoria, la presión externa… Todo converge en un escenario donde la fortaleza mental define rendimientos. La calidad técnica es condición necesaria; la estabilidad emocional, condición decisiva.
Pelear por el tercer puesto implica asumir que se está ante algo potencialmente histórico. Pero el discurso interno del vestuario no se desborda. Se ancla en la tranquilidad. El equipo es cuarto. Hay rivales directos por delante. La ecuación incluye variables ajenas. Pero el mensaje es inequívoco: centrarse en el propio rendimiento.
“Primero hacer nuestro trabajo, después ver lo que hacen los demás”. Es una declaración de principios. La ansiedad por lo incontrolable no tiene cabida. La ambición se gestiona desde la rutina diaria, desde el entrenamiento, desde la concentración en cada detalle.
El Tenerife ha demostrado que puede competir de tú a tú contra estructuras más poderosas. No desde la épica impulsiva, sino desde la disciplina. Desde una mentalidad colectiva basada en el trabajo constante. Esa cultura interna es la que sostiene la candidatura.
la Liga exige regularidad, la Copa de la Reina exige contundencia. La eliminatoria ante el Atlético de Madrid Femenino introduce una dimensión diferente: no se trata de sumar puntos, sino de sobrevivir competitivamente durante 180 minutos.
“Lo afrontamos con ilusión”, señala Clau. Y la palabra no es superficial. La Copa siempre ha sido un terreno fértil para el Tenerife. Pero ahora el contexto es mayor: una semifinal, una posible final, una oportunidad inédita.
La ida, fuera de casa, condicionará el relato. En una eliminatoria a doble partido, la gestión de riesgos es fundamental. Encajar puede alterar el plan; mantener la serie abierta es prioritario. “No son tres puntos, es una final lo que está en juego”. La mentalidad cambia. El margen se reduce.
La experiencia copera del Atlético es un activo evidente. Pero también lo es la convicción del Tenerife, que ya fue capaz de superarlo en Liga en un duelo de máxima igualdad. El precedente no garantiza nada, pero alimenta la creencia.
La vuelta en el Heliodoro Rodríguez López puede convertirse en una noche fundacional para el fútbol femenino en la isla. La dimensión simbólica es incuestionable. El factor ambiental no se invoca como recurso literario; se reconoce como elemento competitivo real.
“Cuando no nos quedan fuerzas, la afición es ese aliento que nos empuja”. En partidos de alta tensión, el entorno puede alterar inercias. Un estadio lleno, una isla movilizada, un club unido en torno a una oportunidad histórica. Todo suma.
Para el Tenerife, cerrar una semifinal en casa no es solo una ventaja logística; es un estímulo emocional. Un escenario donde la identidad se multiplica.
En el plano individual, Clau habla de trabajo y humildad. Pero entre líneas se percibe evolución. Con el paso de las temporadas, la experiencia se traduce en mejor lectura de contextos, en decisiones más afinadas bajo presión, en capacidad de sostener al equipo en momentos críticos.
Ser centrocampista en este tipo de partidos implica asumir responsabilidad estructural. Ordenar, equilibrar, conectar. La madurez no es un concepto abstracto; es una herramienta competitiva tangible,
En estas semanas decisivas, el mensaje interno no gira en torno al sueño romántico. Gira en torno a la convicción. “Creer”. Porque ya compitieron de tú a tú. Porque ya demostraron que pueden. Porque la humildad no excluye la ambición.
La gestión física y mental del calendario —Liga y Copa entrelazadas— exige precisión quirúrgica. Control de cargas, rotaciones inteligentes, cohesión grupal. Todas enchufadas. Todas preparadas. El rendimiento colectivo depende de esa sincronización.
Cuando se le pide a Clau que sintetice lo que representan estas semanas, no habla de estadísticas ni de escenarios hipotéticos. Habla de historia. De prestigio. De un club humilde que ha aprendido a sostener la mirada frente a estructuras más potentes. De un grupo que en agosto se ilusionó con la idea de una final y que ahora está a las puertas de convertir esa ilusión en realidad.
Mañana, en el Alfredo Di Stéfano, el balón ofrecerá una respuesta parcial. Después vendrá la batalla por la tercera plaza. Después, la semifinal de Copa. Cada partido será un examen emocional y táctico.
Pero más allá de resultados concretos, el Tenerife ya ha alcanzado algo intangible y decisivo: la certeza de que pertenece a este escenario. Que puede competir. Que puede creer.
Y en el fútbol de alto nivel, cuando un equipo humilde interioriza esa verdad, la historia deja de ser un horizonte lejano para convertirse en una posibilidad real.
◼️ El FC Badalona Women venció por 2-3 al DUX Logroño en Las Gaunas. Lice Chamorro, que fue la MVP del encuentro, Estefanía Banini e Irina Uribe anotaron los tantos del conjunto catalán. Por su parte, Salomé Prat y Ximena Velazco marcaron los dos del club riojano, que pese a la derrota sigue fuera del descenso.
El reloj marcará las 14:00 horas de un sábado que no será uno más en el calendario. El invierno todavía aprieta, pero en Logroño el fútbol vuelve a ser refugio y esperanza. En el césped de Las Gaunas se cruzarán dos caminos que miran al mismo horizonte desde perspectivas distintas: la supervivencia y la consolidación. El DUX Logroño recibe al FC Badalona Women en un duelo que trasciende la aritmética y se instala en el territorio de la identidad.
No es solo un partido. Es un pulso emocional. Es una frontera competitiva.
Las Gaunas, escenario histórico del fútbol riojano, volverá a latir con esa mezcla de ansiedad y fe que acompaña a los equipos que pelean por cada punto como si fuera el último. El DUX Logroño llega con 10 puntos, uno por encima del descenso. Esa cifra, fría en la clasificación, es un grito contenido en el vestuario. Es la línea fina entre la tranquilidad provisional y el abismo. Es el margen mínimo que obliga a competir con el alma expuesta.
Enfrente estará un FC Badalona Women que mira la tabla desde la zona templada, con 26 puntos que hablan de estabilidad competitiva, pero que no esconden una pequeña herida reciente: dos derrotas consecutivas que han frenado su inercia. El equipo de Marc Ballester necesita reencontrarse con la victoria fuera de casa para reafirmar su proyecto y evitar que la dinámica negativa erosione la confianza.
El precedente de la primera vuelta —un 0-0 de trincheras— anticipa un duelo cerrado, táctico, de detalles microscópicos. Pero el contexto actual añade un ingrediente que lo cambia todo: la urgencia local.
Hay equipos que juegan con la clasificación. Y hay equipos que juegan contra ella. El DUX Logroño pertenece ahora a la segunda categoría. Cada jornada es una final anticipada. Cada empate se analiza como un pequeño salvavidas. Cada derrota pesa como una losa.
El último encuentro ante el RCD Espanyol dejó una sensación ambivalente: el 1-1 fue justo, pero también insuficiente para escapar del alambre. Marta Masferrer lo explicó con claridad tras el choque: en la segunda parte el equipo se pareció más a sí mismo, generó más ocasiones, encontró su esencia. Esa frase —“fuimos más nuestra esencia”— es la clave estratégica del sábado.
Porque el DUX necesita reconocerse. Necesita recuperar su versión más agresiva en la presión, más vertical en transición, más solidaria en la basculación defensiva. Necesita convertir la ansiedad clasificatoria en energía colectiva.
Las ausencias de Comfort Yeboah, Sandra García y Dona Scannapieco condicionan el plan de partido. No son simples nombres en la convocatoria: representan soluciones estructurales. Yeboah aporta profundidad y recorrido; Sandra García equilibra en salida; Scannapieco ofrece amenaza en zona de tres cuartos. Sin ellas, el cuerpo técnico debe recalibrar el sistema.
El reto táctico es evidente: proteger la espalda de la línea defensiva sin renunciar a la agresividad en campo rival. Ante un rival que transita bien y sabe castigar errores, el DUX tendrá que afinar la distancia entre líneas. La compactación será decisiva. El bloque medio-alto puede ser una herramienta, pero solo si la presión tras pérdida es inmediata y coordinada.
En ataque, el partido exigirá paciencia estructurada. No bastará con centros laterales o acciones aisladas. Será necesario alternar juego interior y amplitud, mover a la zaga catalana y generar situaciones de uno contra uno en banda. Las Gaunas debe convertirse en un acelerador emocional, no en una fuente de precipitación.
El conjunto de Marc Ballester llega con 26 puntos. Esa cifra otorga margen. Pero el fútbol no entiende de colchones eternos. Dos derrotas consecutivas han encendido una señal de alerta interna. No dramática, pero sí significativa.
El Badalona Women ha construido su temporada desde el orden. Un equipo que sabe defender en bloque medio, que temporiza, que espera su momento. La gestión de los tiempos de partido es uno de sus mayores activos. Sin embargo, cuando el marcador se tuerce, el equipo sufre para alterar el ritmo del encuentro.
Las bajas de Antonia Canales —lesionada de cruzado—, Núria Garrote, Berta Pujadas y Cristina Cubedo reducen la rotación y afectan a la estructura defensiva. Especialmente sensible es la ausencia de Canales, no solo por su jerarquía, sino por su liderazgo emocional. La resiliencia colectiva será puesta a prueba en un estadio exigente.
Fuera de casa, el Badalona necesita recuperar contundencia. No puede permitirse especular en exceso ante un rival que compite desde la urgencia. Si concede la iniciativa total, corre el riesgo de verse sometido por el impulso local.
La clave táctica visitante pasará por el control del carril central. Neutralizar la primera línea de construcción del DUX, forzar envíos largos y ganar las segundas jugadas. Desde ahí, activar transiciones rápidas hacia las bandas y buscar situaciones de ventaja numérica.
Hay estadios que observan. Y hay estadios que intervienen. Las Gaunas pertenece al segundo grupo. El público riojano entiende la situación y sabe que cada punto es vital. La grada será un factor multiplicador.
El DUX necesita convertir el contexto en combustible. No puede permitirse la desconexión. No puede regalar minutos de desorden. Cada fase del juego debe estar medida.
La climatología, el estado del césped, la gestión de los primeros quince minutos… todo influirá. En partidos de tensión clasificatoria, el gol temprano puede desatar un vendaval o congelar las piernas.
El 0-0 de la primera vuelta dejó claro que ambos equipos se respetan. Fue un partido de pizarra, de equilibrio, de cautela. Pero ahora el margen se ha reducido. El DUX no puede vivir eternamente en el empate. El Badalona no quiere encadenar derrotas.
Este sábado no se juega solo un resultado. Se juega la narrativa de la temporada.
El DUX Logroño necesita que Las Gaunas sea una fortaleza. Necesita que cada disputa se convierta en símbolo. Necesita transformar la presión en convicción.
El FC Badalona Women necesita recordar su identidad competitiva. Necesita demostrar que las derrotas recientes no definen su trayectoria.
Cuando el balón eche a rodar, todo será síntesis. Todo será intensidad comprimida en noventa minutos.
Y ahí, en ese rectángulo verde, solo sobrevivirá quien entienda que el fútbol, en días así, no premia al que espera… sino al que se atreve.
Después de la exhibición incontestable del Madrid CFF ante el Alhama ElPozo —aquel 5-0 que sacudió la jornada con aroma de autoridad—, “El Partido de Manu” hizo las maletas rumbo al norte con una convicción: el fútbol no concede treguas emocionales. La siguiente estación era La Rioja.
El siguiente latido, Las Gaunas. Allí aguardaba un duelo que había quedado en deuda con el gol en la primera vuelta y que ahora, con la clasificación apretando y el orgullo en juego, prometía una tarde de electricidad pura entre el DUX Logroño y el FC Badalona Women.
Las Gaunas amaneció con esa atmósfera densa de los días importantes. Antes del pitido inicial, las capitanas intercambiaron sus cromos personalizados dentro de la campaña “Amor Por Los Colores”, un gesto simbólico que recordó que el fútbol también es identidad y pertenencia. Pero el ceremonial apenas tuvo tiempo de asentarse en la memoria cuando el balón empezó a rodar y el partido decidió romper cualquier guion previsible.
Diecisiete segundos. Solo diecisiete. Eso tardó el DUX Logroño en fabricar una ocasión que pudo cambiarlo todo. Salomé Prat, incisiva y vertical, arrancó por el costado con una conducción que partió líneas. Superó rivales con determinación y filtró un pase que dejó a Flavine Mawete completamente sola, con la portería vacía como destino inevitable. El estadio contuvo la respiración al ver como la ocasión era única .
Era la explosión temprana, la recompensa al atrevimiento. Pero el fútbol, caprichoso e implacable, torció el desenlace: el remate se marchó fuera. Incomprensible. Doloroso. Las manos a la cabeza fueron unánimes.
En ese instante, el partido quedó marcado por una pregunta invisible: ¿qué precio tendría aquella oportunidad perdida?
El FC Badalona Women entendió la advertencia y reaccionó con carácter. Lice Chamorro comenzó a aparecer entre centrales, a pedir el balón, a incomodar con su movilidad constante. La zaga vinotinto respondió con firmeza, cerrando espacios y manteniendo el orden. Miralles, segura bajo palos, atrapó un disparo peligroso de Itziar Pinillos, mientras Falfán probaba suerte desde lejos con un chut que se perdió alto. Los intercambios eran constantes, sin especulación, como si ambos equipos hubieran pactado que la tarde no admitiría medias tintas.
Lice Chamorro lo intentó de nuevo, esta vez con un cabezazo que se marchó fuera. El DUX replicó a balón parado: Marta Masferrer ejecutó una acción que rozó el gol, tensando el área visitante y generando incertidumbre.
Y otra vez Mawete tuvo su momento tras un error de María Llompart en salida; su disparo encontró a María Valenzuela bien colocada, firme, segura, apropiándose del balón sin conceder segundas opciones. El partido era un pulso abierto, una sucesión de avisos.
El desenlace de la primera mitad llegó en el minuto 34. Elena Julve levantó la cabeza desde la banda y envió un centro con rosca venenosa al corazón del área. Miralles salió para blocar, pero el balón se le escapó entre manos y cuerpos. En el área pequeña, donde solo sobreviven las delanteras con instinto, apareció Lice Chamorro. Sin dudar, sin adornos, cazó el rechace y empujó el balón al fondo de la red para abrir la lata con el primer tanto que castigó la falta de puntería local.
Fue un golpe seco, oportunista, demoledor. El 0-1 en el minuto 33?premiaba la insistencia visitante. Chamorro, desatada, aún tuvo otra ocasión antes del descanso con un remate que se fue por encima del larguero, mientras Isina intentaba responder con un disparo que no encontró portería.
Tras el paso por vestuarios, el conjunto catalán salió decidido a administrar su ventaja con inteligencia. Controlar no significaba replegarse sin más, sino elegir cuándo golpear.
Miralles y el larguero se aliaron para evitar el segundo tanto de Chamorro en una acción que ya se colaba. La madera devolvió la esperanza a Las Gaunas. El DUX movió el banquillo con la entrada de Welma Fon en busca de mayor presencia ofensiva, pero el destino volvió a golpear en el momento más sensible.
Un error en la salida de balón de Catalina Ongaro permitió al Badalona recuperar en zona peligrosa. El cuero quedó suelto a media distancia y Banini, con la zurda cargada de intención, se perfiló y soltó un zapatazo imponente desde fuera del área. El disparo fue un latigazo inapelable que superó la estirada de Miralles y se incrustó en la red con violencia estética sin igual. El 0–2 en el minuto 62 cayó como un jarro de agua helada sobre la grada riojana.
Lejos de rendirse, el DUX Logroño volvió a mover el banquillo dando entrada a Ximena Velazco y Mia Asenjo. El equipo se volcó, asumió riesgos, buscó profundidad. La zaga catalana resistía con disciplina hasta que Salomé Prat, incansable, encontró su recompensa. Atacó el área con determinación y conectó un testarazo preciso que batió a Valenzuela y puso el 1–2 en el minuto 73 de juego y encendió Las Gaunas y devolvió la fe a un equipo que se negaba a claudicar.
Pero el fútbol, otra vez, castigó el riesgo. Con el DUX volcado en busca del empate, el Badalona lanzó un contragolpe letal. Irina Uribe condujo con velocidad, eligió el momento y definió con frialdad para colocar el 1–3 en el electrónico que fue el mazazo que parecía definitivo.
⚽️ 𝗚𝗢𝗢𝗢𝗟 de Irina 💪🏼 Tornem a augmentar diferències
Aún así, el orgullo riojano encontró un último estallido en el tiempo añadido: Ximena Velazco recogió un balón en la frontal y soltó un disparo potente y ajustado que se coló junto al poste, pero sirvió de muy poco El 2–3 sobre el 100 de partido llegó sin tiempo para más.
El pitido final dejó sensaciones cruzadas. El FC Badalona Women celebró una victoria de carácter, con Lice Chamorro como figura determinante, Banini como autora del gol psicológico y Uribe como ejecutora al contragolpe. El DUX Logroño, en cambio, se quedó con la amarga certeza de que el fútbol no perdona la falta de puntería, de que aquella ocasión a los diecisiete segundos pudo haber cambiado la historia.
Las Gaunas despidió a los suyos con aplausos de reconocimiento. Porque el equipo compitió, creyó y luchó hasta el último aliento. Pero en esta liga, la eficacia es un idioma obligatorio. Y en una tarde de vértigo y emoción, el gol volvió a dictar sentencia.
(Fuente: Liga F Moeve)
Asaltando un feudo tan icónico como este, el ONA gana enteros para el final de temporada y suma ya 29 unidades que le mantienen en la novena plaza de la tabla clasificatoria y dentro de quince días se medirá en Cataluña al Granada Club de Fútbol, mientras que por su parte, el DUX Logroño deja pasar una ocasión única para alejarse de la zona baja y mantiene decimocuarto con un guarismo de distancia respecto al descenso, próximo capítulo viajar a Alcalá de Henares para hacerle frente a un grande como es el Atlético de Madrid de José Herrera, en un cara a cara que estará marcado por la urgencia.
DUX Logroño: XI inicial: María Miralles bajo palos; linea de 5 abajo con – de izquierda a derecha – Mili Martin, Iria Castro, Marta Masferrer, Rebeca Costa y Annalie Letner; actuando de mediocampistas estuvieron Daiana Falfan, Cata Ongaro e Isina, además de Salomé Prat, quien trabajaba como carrilera y extrema; finalmente, en la punta Flavine Mawete. Cambios: Welma Fon por Mawete en el 57’; Mia Asenjo y Ximena Velazco por Iria Castro y Cata Ongaro en el 69’; por ultimo, Justina Morcillo y Lorena Valderas por Falfan y Annalie al 81’. Entrenador: David Hernandez
FC Badalona Women: XI inicial: María Valenzuela en la portería; Sonia Majarín y Nerea Carmona en la zaga, con Lorena Navarro a la izquierda e Itza Pinillos a la derecha; María Llompart y Ana Gonzalez en el mediocampo con Estefi Banini más adelantada; Lice Chamorro en la punta, apoyada por Elena Julve e Iria Uribe por las bandas. Cambios: Paula Sanchez por Elena Julve en el entretiempo; Celya Barclais en el 63’ por Banini; Sarah Jankovska en el 77’ por Lorena Navarro; y, finalmente, Sofie Junge Pedersen y Loreta Kullashi en el 84’ por Ana Gonzalez y María Llompart. Entrenador: Marc Ballester FC Badalona Women: XI inicial: María Valenzuela en la portería; Sonia Majarín y Nerea Carmona en la zaga, con Lorena Navarro a la izquierda e Itza Pinillos a la derecha; María Llompart y Ana Gonzalez en el mediocampo con Estefi Banini más adelantada; Lice Chamorro en la punta, apoyada por Elena Julve e Iria Uribe por las bandas.
Cambios: Paula Sanchez por Elena Julve en el entretiempo; Celya Barclais en el 63’ por Banini; Sarah Jankovska en el 77’ por Lorena Navarro; y, finalmente, Sofie Junge Pedersen y Loreta Kullashi en el 84’ por Ana Gonzalez y María Llompart. Entrenador: Marc Ballester
Incidencias | Partido correspondiente a la 21ª jornada de la Liga F Moeve 2025-2026 que ha medido al DUX Logroño ante el ONA en el Estadio Municipal de Las Gaunas sobre una superficie de hierba natural.
Vídeo |
🌊 El FC Badalona Women se impone al DUX Logroño en Las Gaunas y suma 3 puntos
El sábado, 21 de febrero de 2026, a las 12:00, bajo la luz limpia del mediodía, el estadio Fernando Torres abrirá el fin de semana con un partido que es mucho más que un cruce de calendario en la Liga F Moeve. El Madrid CFF y el Alhama CF ElPozo se enfrentarán en un duelo que podrá seguirse por DAZN y RTVE Play, pero cuya verdadera dimensión se medirá en algo menos tangible que los puntos: la confianza, la urgencia y la convicción.
Es un choque de estados de ánimo, de trayectorias recientes que pesan como una mochila invisible, de necesidades que aprietan el pecho y obligan a correr un metro más, a disputar un balón dividido como si en ese gesto se condensara toda la temporada.
El Madrid CFF comparece en la cita instalado en la mitad de la tabla con 27 puntos, una posición que en apariencia ofrece estabilidad pero que, observada de cerca, revela inquietud. El empate sin goles ante el Atlético de Madrid en la última jornada confirmó la competitividad del equipo, su capacidad para sostener el orden y minimizar riesgos, pero también subrayó un problema que comienza a ser estructural: la falta de victoria. Cinco encuentros consecutivos sin ganar entre todas las competiciones no son una simple racha pasajera; son una señal que obliga a revisar mecanismos, a cuestionar automatismos y a reforzar la confianza colectiva.
El conjunto dirigido por Sánchez Vera ha construido durante el curso una identidad basada en la organización táctica, en la presión coordinada tras pérdida y en una ocupación racional de los espacios que prioriza el equilibrio. Sin embargo, en las últimas semanas, esa solidez no ha ido acompañada de eficacia ofensiva. El equipo llega, pero no termina; amenaza, pero no concreta.
El Madrid CFF deberá redistribuir responsabilidades ofensivas, potenciar la llegada desde segunda línea y quizá apostar por mayor movilidad en el frente de ataque para desordenar a la zaga rival. El reto no es solo táctico; es mental. El equipo necesita reencontrarse con la sensación de superioridad que convierte la posesión en amenaza real, que transforma la paciencia en oportunidad y no en rutina estéril.
En el otro lado del campo estará el Alhama CF ElPozo, un equipo que llega herido pero no derrotado. Catorce partidos consecutivos sin ganar en la Liga F Moeve constituyen una losa difícil de ignorar. La clasificación lo refleja con crudeza: 15ª posición y 9 puntos. Sin embargo, la distancia con la permanencia es de apenas uno. Ese dato, tan frío en apariencia, es el combustible emocional del vestuario murciano. Porque estar a un punto de la salvación en medio de una dinámica tan adversa implica que, pese a todo, el objetivo sigue al alcance. El equipo de Randri García ha vivido semanas de frustración acumulada, de partidos competidos que se escapan por detalles mínimos, de errores puntuales que se pagan con dureza en una categoría donde cada desajuste se castiga. Pero también ha mostrado capacidad de resistencia, de mantenerse en la pelea cuando el contexto invita a la resignación.
Las ausencias de Elsa Gómez, Aldrith Quintero y Encarni Jiménez condicionarán el plan visitante. Tres jugadoras que aportan profundidad de plantilla, alternativas en distintas demarcaciones y soluciones en momentos específicos del partido no estarán disponibles. Ante ese escenario, el Alhama deberá apostar por la compacidad, por reducir distancias entre líneas y por hacer del orden defensivo su punto de partida. La supervivencia, en este tipo de encuentros, comienza por la concentración. Cada despeje, cada cobertura, cada ayuda lateral tendrá un valor multiplicado. El margen de error es mínimo cuando la clasificación aprieta y la confianza necesita estímulos inmediatos.
Los antecedentes entre ambos conjuntos ofrecen un relato favorable al equipo madrileño: tres enfrentamientos previos, tres victorias del Madrid CFF. En el partido de ida, el conjunto capitalino se impuso con claridad por 1-4 en territorio murciano, explotando las transiciones y mostrando una pegada que ahora echa en falta. Sin embargo, el fútbol no concede garantías históricas. Los partidos se juegan en el presente, en el estado de forma actual, en la gestión emocional del momento. Aquella goleada es un recuerdo que puede servir de referencia táctica, pero no asegura nada en un escenario donde las dinámicas han evolucionado.
Desde el punto de vista estratégico, el duelo se decidirá en varios frentes interconectados. En la zona ancha, el Madrid CFF intentará imponer ritmo y circulación, mover el balón con velocidad suficiente para desarticular un bloque que previsiblemente se ordenará en repliegue medio-bajo. Si consigue atraer y cambiar de orientación con precisión, generará situaciones de uno contra uno en banda y espacios para la llegada de interiores. El Alhama, por su parte, buscará densidad en el carril central, cerrar líneas de pase interiores y forzar a su rival a centros laterales donde la defensa pueda imponerse en el juego aéreo. La transición defensiva será otro factor crítico: el equipo murciano no puede permitirse pérdidas en salida que activen la presión alta local. El Madrid CFF, en cambio, encontrará en la recuperación en campo contrario una vía directa para generar ocasiones sin necesidad de elaboración prolongada. El balón parado, finalmente, puede convertirse en un elemento diferencial. En partidos de marcador corto y tensión elevada, una acción a balón detenido suele inclinar la balanza.
Más allá de la pizarra, el componente psicológico será determinante. El Madrid CFF juega con la presión de quien siente que la temporada puede escaparse hacia una zona tibia sin premio adicional. La mitad de tabla no es un fracaso, pero tampoco satisface ambiciones mayores. Cada jornada sin victoria aumenta la ansiedad, cada ocasión fallada se acumula en la memoria reciente. El Alhama, en cambio, juega con la presión existencial del descenso. Pero esa misma urgencia puede convertirse en energía competitiva si logra sostener el partido en equilibrio durante el primer tramo. En escenarios así, el tiempo es un aliado para quien resiste y un enemigo para quien no concreta.
El horario, a las 12:00 del mediodía, añade una dimensión simbólica. La luz es directa, sin artificios. No hay margen para esconder errores bajo la noche. Todo se observa con nitidez: los gestos de frustración, las celebraciones, las dudas. El estadio Fernando Torres será el marco de un examen público que abrirá el fin de semana con foco nacional, amplificado por la retransmisión en DAZN y RTVE Play. La exposición multiplica la responsabilidad.
En términos de escenarios posibles, el partido ofrece múltiples bifurcaciones. Una victoria convincente del Madrid CFF rompería la racha negativa, devolvería serenidad al vestuario y reafirmaría su superioridad histórica ante el Alhama.
Un encuentro cerrado y prolongado en el empate trasladaría la ansiedad al equipo local, obligándolo a asumir riesgos crecientes. Un gol tempranero del conjunto murciano alteraría por completo el guion, forzando al Madrid CFF a volcarse y ofreciendo al Alhama la posibilidad de defender con el marcador a favor, una circunstancia psicológicamente poderosa para quien lucha por la permanencia.
En definitiva, 27 puntos frente a 9, mitad de tabla frente a zona de descenso, cinco partidos sin ganar frente a catorce.
La aritmética parece inclinar el análisis previo, pero el fútbol rara vez se somete dócilmente a la lógica estadística. Se impone quien gestiona mejor el momento, quien interpreta la presión como impulso y no como carga.
La gran noticia que rodea de algún modo a este compromiso es la flamante citaciónde Sandra Villafañe, central del Madrid CFF, con la Selección Española en categoría absoluta por vez primera en su trayectoria deportiva, algo que ha sido una de las grandes sorpresas de las campeonas del Mundo en 2023 para esta primera ventana de clasificación de 2026, válida para buscar un billete al próximo torneo intercontinental que tendrá lugar en Brasil en el periodo estival de 2027.
✨ SORTEO✨
Sabíamos que no os queríais quedar sin la camiseta de #AmorPorLosColores
¡Y tenemos buenas noticias! 5 afortunados podrán llevarse la suya
Para participar: – Síguenos – Dale RT a esta publicación
El sábado al mediodía, cuando el balón comience a rodar, no solo se disputarán tres puntos. Se pondrán en juego la credibilidad de un proyecto que quiere volver a ganar y la esperanza de otro que se aferra a la permanencia con determinación. Ganará quien convierta la necesidad en energía y la duda en convicción. Porque en este tipo de partidos no siempre vence quien llega mejor; a veces lo hace quien entiende que no hay mañana y actúa en consecuencia.
📺 DAZN 1 (Dial 70 de Movistar Plus) & RTVE Play en abierto
🏟️ Estadio Fernando Torres, Fuenlabrada
(Fuente: “El Partido de Manu”)
#LigaFMoeve | #MadridCFFAlhama
El fútbol tiene memoria, pero también tiene momentos que se graban con fuego en la retina colectiva, instantes que explican una temporada, una identidad y hasta una manera de entender el juego; lo que ocurrió en el Fernando Torres con el 5-0 del Madrid CFF sobre el Alhama CF ElPozo fue mucho más que una goleada, fue una declaración de principios, una afirmación rotunda de jerarquía competitiva en la un ejercicio de precisión táctica y voracidad ofensiva que convirtió la noche en un monólogo blanco desde el primer latido del partido; salió el conjunto madrileño con Ulloa bajo palos, una guardiana de reflejos felinos y mando constante en el área, protegida por una línea que mezcló contundencia y salida limpia con Paola y Mónica imponiendo autoridad en los duelos, Sandra Villafañe interpretando con inteligencia los perfiles y Alba Ruiz cerrando con firmeza cada intento de progresión visitante, mientras en la sala de máquinas Hildur Antonsdóttir ofrecía equilibrio y lectura, Esther Laborde agitaba con cambios de ritmo y Kamila Melgard aportaba vuelo y profundidad por fuera, dejando arriba un tridente afilado en el que Allegra Poljak atacaba el espacio con determinación, Emilie Nautnes fijaba centrales con movimientos diagonales constantes y Ángela Sosa, libre entre líneas, tejía cada posesión con la naturalidad de quien entiende que el tiempo en el fútbol no se mide en segundos sino en decisiones acertadas; enfrente, el Alhama se plantó con Sol en portería, sostenida por una defensa liderada por Judith como capitana y eje emocional, acompañada por Nuria y Ana en los costados, con Yiyi y Astrid tratando de conectar líneas y R. Pinel buscando oxígeno en zonas intermedias, Encarní y Alba S. desplegándose por bandas y Mari Jose intentando fijar arriba, pero el plan se deshilachó pronto porque el Madrid CFF impuso un ritmo alto, agresivo tras pérdida, con presión coordinada que asfixiaba la salida murciana y convertía cada recuperación en una transición vertical, limpia y demoledora; una estratagema que no tardaría en dar sus frutos.
El arranque fulgurante de las de Fuenlabrada originó el primer tanto de la matinal cuando La jugada nació de una recuperación rápida en la zona medular que descolocó a la zaga del Alhama . Tras una transición eléctrica, el balón le llegó a la noruega en el sector derecho del área; con una frialdad absoluta, controló, se perfiló y soltó un disparo cruzado y potente que se coló pegado al poste, lejos del alcance de la guardameta Sol que sirvió para abrir la lata con el 1–0 en el minuto 8 de juego.
Llovía ya menos para un conjunto local que venía de empatar (0-0) en el derbi madrileño ante el Atlético de Madrid en Alcalá de Henares la pasada fecha, pero aún habría tiempo para un segundo golpe antes del primer cuarto de hora.
Sin tiempo para comenzar a ver cuál era la reacción azulona se produjo una recuperación en zona alta de Hildur Antonsdóttir, pase filtrado de Sosa y definición quirúrgica de la serbia Allegra Poljak, un tanto que evidenció la diferencia en la ocupación de espacios, en la sincronía de movimientos, en la lectura colectiva que duplicó la renta capitalina hasta el 2–0 en el minuto 11 del choque que inauguraba la jornada.
El Madrid CFF no se frenó y fue a por más ante el campeón de la Primera RFEF el pasado curso y se aprovechó de la estrategia para hacer su tercera diana. En el minuto 14 las locales estaban muy cómodas y casi de manera calcada al tanto anterior Alba Ruiz asistió a Nautnes, que venció a Sol Belotto en el uno para uno y celebró el 3–0, mientras que las murcianas se mostraban algo sobrepasadas por la situación, seamos sinceros.
En el minuto quince el marcador ya era una losa imposible de disimular: 3-0 y el partido cuesta arriba para un Alhama que había salido con la intención de competir, pero que se vio arrollado por la contundencia y la precisión del Madrid CFF. Tres golpes casi consecutivos, tres zarpazos que no solo alteraron el resultado, sino también el pulso emocional del encuentro. Porque cuando encajas tan pronto, el plan se tambalea, las vigilancias llegan una décima tarde y el margen de error desaparece.
Lo intentaban las de Randri García, claro que sí. Orgullo no faltó. Ajustaron líneas, trataron de proteger mejor el carril central, buscaron envíos más directos para evitar la presión alta. Pero cada intento chocaba contra un muro perfectamente organizado, una zaga que no solo defendía, sino que imponía jerarquía. Y en el corazón de ese entramado emergía la figura de Sandra Villafañe, imperial en el anticipo, limpia en la salida, contundente cuando el duelo lo exigía.
La central madrileña está firmando semanas de un nivel extraordinario. No es solo una cuestión de estadísticas defensivas; es liderazgo, es lectura de juego, es capacidad para ordenar a las compañeras cuando el rival intenta rebelarse. Villafañe entiende cuándo achicar, cuándo temporizar y cuándo romper línea para cortar la jugada antes de que nazca el peligro. Y eso, en la élite, marca diferencias.
El premio a esa regularidad no se ha hecho esperar. La llamada de Sonia Bermúdez para afrontar los primeros compromisos clasificatorios rumbo al Mundial de Brasil 2027 es mucho más que una convocatoria: es el reconocimiento al trabajo silencioso, al crecimiento sostenido y a la madurez competitiva. Porque la absoluta no regala nada, y cuando llega el teléfono es porque detrás hay rendimiento, constancia y personalidad.
En una mañana que empezó torcida para el Alhama, el nombre propio volvió a ser el de una defensa que atraviesa el mejor momento de su carrera. Y cuando una central domina su área como lo está haciendo Sandra Villafañe, su equipo no solo defiende mejor: compite mejor.
Alcanzada la media hora de juego, el partido entró en una fase distinta, menos vertiginosa en apariencia pero igualmente reveladora en cuanto a la jerarquía que estaba imponiendo el Madrid CFF sobre el Alhama CF ElPozo, porque cuando el ritmo desciende no siempre significa que el control se diluya, a veces sucede exactamente lo contrario: el equipo que va por delante decide administrar energías, seleccionar mejor los momentos de aceleración y someter desde la posesión, desde la paciencia y desde la ocupación inteligente de los espacios, y eso fue precisamente lo que ocurrió a partir del minuto treinta, cuando el marcador ya reflejaba un 3-0 que pesaba como una losa para las murcianas y al mismo tiempo otorgaba al conjunto local la posibilidad de gobernar los tiempos con una serenidad casi quirúrgica; el balón comenzó a circular con menos vértigo pero con la misma intención, pasando de pie en pie, abriendo a banda, regresando al interior, obligando al Alhama a desplazamientos constantes que desgastaban física y mentalmente, y aunque las visitantes intentaron aprovechar esa aparente tregua para asentarse en campo rival, la realidad es que nunca lograron transformar la posesión en amenaza real sobre la portería de Paola Ulloa, siempre bien situada, comunicativa, atenta a cualquier intento de envío profundo o disparo lejano que pudiera alterar la tranquilidad de la zaga; con Mari Jose como referencia más adelantada, tratando de fijar a las centrales y ofrecer una vía directa de progresión, y con Raquel Pinel unos metros por detrás buscando recibir entre líneas para conectar con las bandas, el plan murciano tenía lógica en la pizarra, pero en la práctica se diluía ante la compactación del bloque madrileño, que cerraba carriles interiores, temporizaba los desmarques y anticipaba con autoridad cada intento de giro, de modo que las jugadoras del Alhama, pese a su voluntad evidente de revertir la dinámica, no terminaban de sentirse cómodas ni de encontrar continuidad en sus ataques; cada recuperación del Madrid CFF se convertía en una oportunidad para volver a instalarse en campo contrario, y allí el equipo local mostraba una madurez competitiva notable, tocando y tocando con naturalidad, moviendo al rival de lado a lado hasta detectar el momento exacto para acelerar, como si el partido se hubiera transformado en un ejercicio de paciencia estratégica, en el que el objetivo ya no era solo ampliar la ventaja sino también desgastar cualquier atisbo de reacción; en ese contexto, Allegra tuvo en sus botas el cuarto tanto con un golpeo potente que nació de una combinación rápida en la frontal, un disparo seco, decidido, que superó la estirada de la guardameta pero se encontró con el palo, ese elemento caprichoso que a veces frena la euforia y mantiene con vida a quien sufre, y durante unos segundos el estadio contuvo la respiración, consciente de que aquel remate había sido la consecuencia lógica de una secuencia perfectamente elaborada, de una posesión larga que culminó con una finalización valiente; el rebote no encontró rematadora y el juego continuó, pero la sensación de dominio no se alteró, porque el Madrid CFF seguía combinando con facilidad y precisión, alternando apoyos cortos con cambios de orientación que estiraban al Alhama y abrían espacios para nuevas incursiones, mientras el conjunto arbitral, encabezado por Lorena Trujillano, gestionaba el encuentro con solvencia, sin grandes sobresaltos, aplicando criterio en las disputas y permitiendo que el juego fluyera sin interrupciones innecesarias; los minutos finales de la primera parte transcurrieron bajo ese mismo guion.
Con un Madrid cómodo, dueño del balón y del territorio, y un Alhama que, aun con intención de reaccionar, llegaba tarde a las ayudas, concedía metros en la frontal y mostraba dificultades para enlazar tres pases consecutivos en campo contrario, síntoma inequívoco de un partido que se había inclinado con claridad hacia un solo lado; cuando se alcanzó el tiempo reglamentario, el cuarto árbitro indicó tres minutos más, una prolongación breve que apenas alteró la dinámica general pero que sirvió para confirmar la autoridad local, con nuevas circulaciones pausadas, algún intento de desborde por banda y una defensa atenta a cualquier transición rival; finalmente, el silbato de Lorena Trujillano señaló el descanso con un 3-0 imponente en el marcador, un resultado que no solo reflejaba eficacia ofensiva sino también superioridad táctica y emocional, porque el Madrid CFF había sabido golpear pronto y después administrar la ventaja con inteligencia, mientras el Alhama, además de reaccionar tarde, había concedido demasiado en los primeros compases y no encontró durante el resto del primer tiempo las herramientas necesarias para inquietar de verdad a Paola Ulloa, cerrándose así una primera mitad que dejó claras las diferencias en el césped y que anticipaba un segundo acto en el que las murcianas tendrían que asumir riesgos si querían alterar un destino que, al descanso, parecía ya bastante definido.
Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con una cómoda renta a favor de las locales y la reacción azulona parecía poco probable, pero aún restaban cuarenta y cinco minutos por delante en Fuenlabrada.
Se reanudó el fútbol en el Fernando Torres con una imagen casi simbólica: el sol cayendo con firmeza sobre el césped, iluminando cada línea blanca y obligando a las futbolistas a entrecerrar los ojos en los primeros compases de la segunda mitad, como si la luz fuese también un recordatorio de que todo quedaba expuesto, cada error, cada acierto, cada decisión en décimas de segundo; regresaron las veintidós protagonistas al terreno de juego con realidades muy distintas, el Madrid CFF con la serenidad del que domina el marcador y el contexto, el Alhama CF ElPozo con la urgencia del que necesita alterar el guion cuanto antes, y esa diferencia anímica se percibió desde el primer balón dividido, porque las visitantes adelantaron líneas, acortaron distancias entre mediocampo y delantera y trataron de imprimir un punto más de agresividad en la presión, conscientes de que no podían permitirse una segunda mitad plana si querían aspirar a algo más que minimizar daños; apenas habían transcurrido unos minutos cuando llegó la primera cartulina amarilla del encuentro, señal inequívoca de que la tensión competitiva había aumentado, y fue Hildur Antonsdóttir quien vio la amonestación tras frenar una transición prometedora del Alhama con una infracción táctica en campo propio, una acción inteligente desde el punto de vista estratégico pero sancionable, porque la centrocampista leyó el peligro antes de que la jugada se abriera hacia banda y prefirió asumir el riesgo disciplinario antes que permitir una carrera franca hacia la frontal, y Lorena Trujillano no dudó en mostrar la cartulina, manteniendo el criterio que había aplicado durante todo el encuentro; ese pequeño episodio encendió aún más el ánimo visitante, que comenzó a rondar con mayor frecuencia la zona ofensiva, buscando envíos laterales, segundas jugadas y algún disparo desde media distancia que obligara a intervenir a Paola Ulloa, y en una de esas aproximaciones llegó la acción más polémica del tramo inicial de la segunda parte, una posible mano en el área local tras un centro que impactó en el cuerpo de una defensora y generó la inmediata protesta de las jugadoras murcianas, que solicitaron la revisión en el FVS con gestos insistentes, convencidas de que el balón había tocado brazo; el juego se detuvo unos instantes, la colegiada escuchó indicaciones, revisó mentalmente la posición y la naturalidad del movimiento, y finalmente determinó que la acción era legal, que no existía voluntariedad ni ampliación antinatural del espacio corporal, decisión que mantuvo el 3-0 y que dejó al Alhama con la sensación de haber estado cerca de reabrir el partido desde el punto de penalti; sin embargo, el fútbol tiene una lógica implacable, y cuando un equipo se expone buscando reducir distancias, deja inevitablemente espacios que el rival puede castigar, y eso fue exactamente lo que ocurrió en el mejor momento del Alhama, cuando más presencia ofensiva acumulaba y más convencido parecía de poder encontrar el gol, el Madrid CFF recuperó el esférico en zona intermedia tras un robo limpio en el carril central, activó de inmediato la transición con un pase vertical que superó la primera línea de presión y encontró a Melgard perfilada hacia portería, la número 11 aceleró con determinación, condujo unos metros para atraer a la central y, justo cuando la defensa dudó entre salirle al paso o proteger el pase interior, abrió hacia banda para recibir la devolución en carrera, generando una superioridad clara en el costado derecho; el centro posterior fue raso y tenso, buscando el punto de penalti, pero la defensa logró despejar de forma defectuosa hacia la frontal, donde la propia Melgard, que había seguido la jugada con inteligencia, controló con el interior, se acomodó el balón ligeramente hacia su pierna dominante y sacó un disparo cruzado, potente y ajustado al palo largo, imposible para la guardameta, que se estiró sin éxito mientras el balón besaba la red con violencia, estableciendo el cuarto tanto en una acción de manual de contraataque, transición en pocos toques, ocupación racional de carriles y finalización precisa; el golpe fue devastador para el Alhama que encajó el 4–0 en el minuto 61 de un duelo muy complicado para las de Randri García, que en su primera toma de contacto con la élite ya se llevaron un duro correctivo de 6-2.
El Madrid CFF la fragilidad emocional de su rival, volvió a activarse con voracidad, esta vez desde un ataque posicional que desnudó la desorganización visitante, el balón circuló de izquierda a derecha con paciencia, atrayendo a las mediocampistas murcianas hacia el sector fuerte, hasta que una apertura milimétrica encontró espacio para el centro lateral desde la derecha, un envío medido, con efecto hacia dentro, que cayó entre la línea defensiva y la portera; Nautnes leyó la trayectoria antes que nadie, atacó el primer palo con determinación, ganó la posición a su marcadora y se lanzó literalmente a rematar con la pierna extendida, impactando el balón con la puntera para desviar lo justo y descolocar a la guardameta, que apenas pudo reaccionar ante un toque tan cercano y sorpresivo que se convirtió en el 5–0 definitivo cuando el reloj deambulaba ya por el 65 de partido.
Era un marcador que le permitía al elenco de Sánchez Vera a gestionar la renta tocando con calma en los minutos finales, gestionando la ventaja con madurez, alternando posesiones largas con cambios de orientación que obligaban al Alhama a correr detrás del balón sin recompensa, mientras el reloj avanzaba hacia un desenlace previsible; los seis minutos de añadido, justificados por las sustituciones, las revisiones del FVS y la acumulación de goles, apenas alteraron el guion, porque el Madrid CFF se limitó a proteger el resultado con inteligencia, asegurando líneas de pase y evitando riesgos innecesarios, mientras el Alhama, dirigido por Randri García, asumía la crudeza de la derrota y comenzaba inevitablemente a hacer cálculos, consciente de que la permanencia exigirá reacciones inmediatas en las próximas jornadas; cuando llegó el pitido final, el cinco a cero era ya era definitivo, una goleada construida desde la eficacia en las transiciones, la contundencia en el área y la capacidad para castigar cada desajuste rival, tres puntos que el Madrid guardó con autoridad en el bolsillo y una tarde que dejó lecciones claras sobre la importancia de la concentración, la organización y la precisión en ambos lados del campo.
Con esta victoria sin paliativos, que pude marcar un punto de inflexión, el Madrid CFF suma ya 30 unidades en su casillero particular y se aúpa hasta la séptima plaza, a catorce guarismos de la zona de acceso a Europa que sigue en poder de la Real Sociedad de Fútbol.
En quince días este equipo independiente, que trabaja en los despachos de la mano de Santiago Alcaín y Alfredo Ulloa, se medirá en Lezama al Athletic Club, todo ello, mientras que el Alhama ElPozo se lleva un duro golpe de realidad y continuará en puestos de descenso al ser decimoquinto con tan solo 9 puntos en su haber.
La próxima estación de las murcianas les llevará a batirse el cobre frente al Sevilla en Lorca.
Alhama CF: Sol Belotto, Nuria Martínez, Judith (C), Yaiza Relea(Belén Martínez, 63’), Ana Velázquez, Encarni, Astrid Álvarez(Patri Miñano, desc.), Raquel Pinel(Vega Montesinos, desc.), Alba Santamaría, Carla Castiñeyras, Mari José Pérez (Estefa, 75’).
Colegiada: Lorena Trujillano Gallardo que amonestó con tarjeta amarilla a Anodonova 80’, Santamaría 90’, Sosa 93’.
Incidencias: Partido correspondiente a la 21ª jornada de la Liga F Moeve 2025-2026 entre el Madrid CFF y el Alhama ElPozo que se ha disputado en el Estadio Fernando Torres de Fuenlabrada sobre una superficie de hierba natural.