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  • Oficial | De Balón de Oro a icono eterno: Nike lanza la marca personal de Alexia Putellas

    (Fuente: Nike )

    🔷 Hay nombres que ya no pertenecen solo al fútbol, sino a la historia. Alexia Putellas es uno de ellos. Nike ha presentado oficialmente la marca personal de la doble Balón de Oro, un proyecto que trasciende el terreno de juego y consolida su figura como icono global del deporte, la cultura y la inspiración, con una identidad creativa desarrollada por DoubleYou.

    La marca personal y el logo de Alexia Putellas, un lanzamiento que no solo representa un paso más en la carrera de la futbolista española, sino que marca un hito simbólico dentro del ecosistema global del deporte y la cultura contemporánea. Se trata de una iniciativa que consolida a Alexia como algo más que una deportista de élite: la sitúa definitivamente en el territorio de los iconos, aquellas figuras capaces de trascender su disciplina para convertirse en símbolos reconocibles a escala mundial.

    La campaña ha sido desarrollada creativamente por la agencia DoubleYou y producida por Canadá, y se articula en torno a un spot de televisión y una pieza audiovisual concebida para los canales globales de Nike, reforzando así la dimensión internacional del proyecto.

    El lanzamiento de la marca personal de Alexia Putellas no llega de manera casual ni responde únicamente a criterios comerciales. Es el resultado natural de una trayectoria deportiva excepcional, construida a lo largo de más de una década en la élite, y de un impacto cultural que ha acompañado —y en muchos momentos impulsado— la transformación del fútbol femenino en los últimos años. Nike, como marca históricamente asociada a los grandes nombres del deporte mundial, reconoce en Alexia no solo a una campeona, sino a una figura generacional capaz de representar valores universales como el liderazgo, la resiliencia, la excelencia y la autenticidad.

    Ganadora de múltiples títulos nacionales e internacionales, campeona de Europa con su club, campeona del mundo y doble Balón de Oro, Alexia Putellas ha construido una de las trayectorias más sólidas y coherentes del fútbol contemporáneo. Su carrera está marcada por la regularidad en el alto rendimiento, la influencia decisiva en los momentos clave y una capacidad única para liderar dentro y fuera del terreno de juego. A lo largo de los años, su figura ha ido creciendo de forma orgánica, convirtiéndose en referente para nuevas generaciones de futbolistas y en una voz autorizada dentro del debate sobre el presente y el futuro del deporte femenino.

    Ese impacto trasciende ampliamente lo estrictamente deportivo. Alexia Putellas se ha consolidado como un referente cultural, una figura reconocida más allá del fútbol y una de las principales embajadoras de la visibilidad, el crecimiento y la profesionalización del deporte femenino a nivel global. Su imagen está asociada a la lucha por la igualdad, al reconocimiento del talento femenino y a una manera de entender el liderazgo basada en el ejemplo, el trabajo colectivo y la coherencia personal. En ese contexto, la creación de su propia marca dentro del universo Nike supone un paso lógico: es la formalización de una identidad que ya existía en el imaginario colectivo.

    La campaña ideada por DoubleYou propone una aproximación sensorial, simbólica y profundamente conceptual, alejándose deliberadamente de los códigos tradicionales de la publicidad deportiva de Nike. En lugar de recurrir a la épica clásica basada en la velocidad, la potencia o la acumulación de gestos técnicos, la pieza apuesta por un lenguaje más introspectivo, casi ritual, que pone el foco en la construcción de identidad y legado. El spot, dirigido por Julieta Lasarte, se articula alrededor de una acción cargada de significado: la propia Alexia lacra una carta con su propio sello para presentar su nuevo símbolo personal.

    Ese gesto, aparentemente sencillo, funciona como una poderosa metáfora. Lacrar una carta implica autenticidad, propiedad, intención y permanencia. Es un acto que remite a la tradición, al compromiso y a la voluntad de dejar una huella reconocible. Según explica la agencia, la acción simboliza el momento en el que Alexia sella su identidad, reafirma su historia y proyecta su legado hacia el futuro. No se trata solo de un logo o de una firma visual, sino de la cristalización de un recorrido vital y profesional que ha marcado una época.

    El nuevo símbolo personal de Alexia Putellas nace así como una extensión natural de su historia. No pretende imponer una narrativa artificial, sino ordenar y amplificar valores que ya estaban presentes en su trayectoria: la constancia, la inteligencia en el juego, el liderazgo silencioso, la conexión con el equipo y la capacidad de influir en el desarrollo del partido desde múltiples registros. La campaña evita el exceso de palabras y confía en la fuerza de los símbolos, en los silencios y en una puesta en escena cuidada que refuerza la idea de que estamos ante un momento fundacional.

    Con este lanzamiento, Alexia Putellas se incorpora a un grupo extremadamente selecto de futbolistas que cuentan con una marca personal propia dentro del ecosistema Nike, compartiendo espacio con figuras como Kylian Mbappé, Vinícius Júnior o Erling Haaland. No es una comparación menor ni meramente estética: supone el reconocimiento explícito de Alexia como una de las grandes caras globales del fútbol actual, al mismo nivel que algunas de las principales estrellas del fútbol masculino. En términos de posicionamiento, la decisión de Nike envía un mensaje claro sobre la centralidad del fútbol femenino en la estrategia futura de la marca.

    La elección de DoubleYou como agencia creativa tampoco es casual. La relación entre Nike y DoubleYou forma parte de la historia reciente de la publicidad española e internacional. Ambas compañías han colaborado en proyectos que han dejado una huella profunda en la industria, combinando innovación creativa, narrativa emocional y una comprensión profunda del deporte como fenómeno cultural. Uno de los hitos más recordados de esa relación se remonta a 2004, cuando Nike y DoubleYou se alzaron con el Gran Premio en la competición Cyber de Cannes Lions por la emblemática campaña de la San Silvestre Vallecana, un reconocimiento que marcó un antes y un después en la publicidad digital deportiva.

    Ese legado compartido se percibe en la campaña de Alexia Putellas. Hay una voluntad clara de ir más allá del impacto inmediato y de construir una pieza con vocación de permanencia, capaz de dialogar tanto con el presente como con la memoria colectiva. La producción de Canadá refuerza esa ambición, aportando una factura visual sobria, elegante y cargada de matices, en la que cada plano parece diseñado para reforzar el carácter simbólico del relato.

    El lanzamiento de la marca personal de Alexia Putellas se produce, además, en un momento especialmente significativo de su carrera. Tras superar una de las lesiones más graves que puede sufrir una futbolista y regresar a la élite con determinación y liderazgo, Alexia encarna como pocas figuras la idea de resiliencia y reconstrucción. Ese contexto añade una capa adicional de significado al proyecto: la marca no solo celebra lo conseguido, sino que mira hacia adelante, hacia todo lo que aún está por escribir.

    En ese sentido, Nike no presenta simplemente un producto o una identidad visual, sino una declaración de principios. La marca apuesta por una narrativa que reconoce el valor del tiempo, del proceso y del legado, y que sitúa a Alexia Putellas como una figura central en la historia del deporte contemporáneo. La campaña no grita, no impone, no acelera. Observa, simboliza y sella. Como la propia carrera de Alexia.

    La creación de esta marca personal refuerza también la posición de Alexia como referente transversal, capaz de conectar con públicos diversos más allá del fútbol. Su imagen dialoga con la moda, la cultura urbana, el activismo social y el liderazgo femenino, ampliando el alcance del deporte y contribuyendo a redefinir los referentes culturales de una nueva generación. Nike, fiel a su tradición de asociarse con atletas que marcan época, encuentra en Alexia una voz auténtica y coherente para representar ese cruce de caminos entre deporte, identidad y cultura.

    Así, el lanzamiento de la marca personal y el logo de Alexia Putellas no es un punto de llegada, sino un nuevo punto de partida. Un sello que certifica lo ya logrado y, al mismo tiempo, abre la puerta a nuevas narrativas, nuevos proyectos y nuevas formas de influencia. En un fútbol que sigue transformándose, Alexia no solo juega el presente: lo firma, lo lacra y lo deja preparado para el futuro.

    El modelo elegido son las Nike Phantom Luna 2026, unas botas concebidas como una extensión visual y simbólica de la identidad de Alexia Putellas. Presentan una parte delantera del upper en un rosa intenso y brillante que evoluciona progresivamente hacia un tono más claro, cercano al lavanda, a medida que se acerca al talón. Los detalles metalizados en plateado realzan el logotipo de Nike, mientras que la suela incorpora un degradado rosado y plateado que refuerza el carácter premium y distintivo del diseño.

    En la zona del talón aparece el logotipo personal de Alexia, donde la A y el 11 —sus señas de identidad— se entrelazan hasta formar el símbolo de una corona, en alusión directa a su apodo y a su condición de referente absoluto del fútbol mundial. La apuesta de Nike por Alexia es firme y estratégica: más allá del lanzamiento de las botas, la marca pondrá a la venta una colección exclusiva de ropa que llevará su logotipo, ampliando así su universo personal dentro del ecosistema Nike y consolidando su estatus como icono global.

    Aunque las cifras oficiales no se han hecho públicas, se estima que atletas de este nivel pueden generar millones de euros adicionales a su salario y patrocinios habituales a través de estas iniciativas. Las regalías se calculan como un porcentaje de las ventas netas de cada producto, mientras que los bonos por metas alcanzadas y la venta de colecciones exclusivas amplían considerablemente el potencial de ganancias. Por tanto, la apuesta de Nike por Alexia no solo refuerza su imagen, sino que también abre la puerta a un flujo de ingresos sostenible y de largo plazo.

    La relación de Nike con DoubleYou no es casual. Ambas compañías han marcado hitos en la publicidad española e internacional, desde campañas icónicas hasta premios como el Gran Premio Cyber de Cannes Lions de 2004 por la San Silvestre Vallecana. Ese legado creativo se refleja hoy en la campaña de Alexia Putellas, combinando narrativa, diseño y un profundo sentido de identidad que la eleva más allá de un simple producto comercial.

    En definitiva, la presentación de la marca personal y las Nike Phantom Luna 2026 marca un nuevo capítulo en la historia de Alexia Putellas. No es solo una celebración de su carrera, sino la materialización de un legado que ya es global. Con su logotipo, su calzado y su colección de ropa, Alexia no solo firma contratos: sella su historia, proyecta su influencia y confirma su estatus de reina del fútbol mundial.

    La internacional española estrenó sus nuevas botas en la decimoctava jornada de la Liga F Moeve 2025-2026 en un duelo que el Fútbol Club Barcelona jugó ante el Sevilla en el Estadi Johan Cruyff y que las subcampeonas de la Liga de Campeones Femenina por 4-0 para seguir liderando la competición regular en España

    (Fuente: Nike)
  • Reportaje | CAT, la mascota que se convirtió en leyenda: cómo un simple peluche encendió el corazón blaugrana

    (Fuente: Liga F Moeve!

    ◼️En un mundo donde los ídolos se miden por goles y trofeos, una criatura diminuta y aparentemente trivial irrumpió en el cosmos del FC Barcelona con la fuerza de un huracán: CAT, la mascota que no necesitó botas ni camisetas para convertirse en símbolo, fenómeno viral y objeto de deseo universal, cuyo peluche agotado se ha transformado en reliquia moderna, capaz de unir generaciones, redes sociales y la propia esencia de la ciudad condal bajo un mismo rugido de admiración.

    El relato comienza en los silencios del Camp Nou, en esos pasillos donde el eco de los himnos se mezcla con el aroma del césped recién cortado. Allí nació CAT, no de un diseño accidental, sino de la obsesión por capturar la identidad de un club que no es solo un club, sino una forma de vida. Con ojos grandes y vivaces, pelaje que parecía fundirse con los colores blaugranas y una sonrisa que contenía todas las promesas del fútbol, CAT apareció primero en las ilustraciones digitales del Barça Foundation, como si alguien hubiera decidido que la historia del club necesitaba un guardián diminuto, una presencia que pudiera viajar más allá de los goles y los títulos, que pudiera posarse en los hombros de los más pequeños y en los brazos de los veteranos, uniendo a todos con un gesto silencioso pero poderoso: “esto es Barça”.

    El fenómeno no tardó en estallar. CAT se deslizó por las redes con la misma agilidad con la que un delantero escapa de la marca. En TikTok, en Instagram, en todas las plataformas posibles, los aficionados comenzaron a replicar su imagen, dibujar sus aventuras, inventar relatos donde la mosca —o gato, según la imaginación— no solo observaba el fútbol, sino que participaba de él. Cada meme, cada animación, cada fan art aumentaba su estatura simbólica. No había partido que no la mencionara; no había campaña publicitaria que no intentara tocar su aura, pero CAT ya pertenecía a la comunidad, un ídolo autoimpuesto, un espíritu que no podía comprarse con dinero.

    Y sin embargo, el dinero llegó. Porque cuando el peluche oficial de CAT salió a la venta, ocurrió algo que los mercadólogos sueñan pero raramente ven: se agotó en minutos. Desde la Barça Store online hasta las tiendas físicas en Barcelona, nadie podía tocarlo sin ver la palabra mágica: agotado. En la narrativa de CAT, el peluche dejó de ser un simple objeto; se transformó en talismán, en reliquia moderna, en objeto de deseo que hacía latir más rápido el corazón de los coleccionistas, los niños que soñaban con él y los adultos que recordaban su primer partido en el Camp Nou. Algunos acudían a reventas, donde los precios, inflados por la escasez, parecían acercarse al valor de un pequeño tesoro: entre 90 y 100 € para quien quisiera poseerlo, y aún así, la gente hacía cola virtualmente, como si fuera la entrada para ver a Messi en su mejor época, esperando, con la respiración contenida, que CAT les concediera un pedazo de magia blaugrana.

    Pero CAT no es solo un peluche; es la metáfora de un Barça que se reinventa constantemente. En cada gesto, en cada imagen compartida, se percibe la identidad de un club que respira historia y modernidad a la vez. CAT representa el ingenio catalán, la elegancia urbana y la pasión deportiva; simboliza que en un estadio lleno de gritos y banderas, también hay espacio para la ternura y la creatividad. Y quizá, eso sea lo que ha llevado a la mascota a trascender la simple función de entretenimiento: no es solo una figura, sino un puente entre generaciones, un hilo conductor que conecta la nostalgia de quienes crecieron con Cruyff con la emoción de quienes descubren a Xavi y Pedri, una mosca diminuta que vuela entre los recuerdos y los sueños de millones de aficionados.

    en los primeros destellos CAT había surgido como un simple símbolo, ahora ya se erguía como un héroe mítico, capaz de atravesar generaciones y fronteras con la misma naturalidad con la que el Barça atraviesa la historia del fútbol. No era necesario que hablara ni que se moviera: su sola presencia evocaba recuerdos, sueños y emociones acumuladas durante décadas. Para los aficionados más jóvenes, CAT era la puerta de entrada a un mundo lleno de pasión y narrativas que hablaban de superación, identidad y orgullo. Para los veteranos, era el reflejo de una tradición que seguía viva, transformada y adaptada al ritmo de los tiempos modernos, donde las redes sociales y la viralidad se convirtieron en nuevos estadios donde se libran batallas silenciosas, pero igual de emocionantes que cualquier clásico del Camp Nou.

    El peluche oficial, agotado y casi inalcanzable, era el artefacto que concentraba toda esa energía. No era un objeto cualquiera; era un testigo material de la leyenda. Aquellos que lograban tenerlo entre sus manos lo percibían como un símbolo de privilegio y cercanía con el club, como si sostenerlo fuera tocar un fragmento del espíritu del Barça. Cada hilo de su pelaje, cada detalle de sus ojos y su expresión contenían historia, imaginación y afecto. En los hogares de los aficionados, el peluche se erguía como un guardián silencioso de la identidad blaugrana: lo observaba todo, recordaba goles imposibles, noches de gloria, abrazos compartidos y lágrimas de derrota, mientras los colores blaugrana se desplegaban en cada rincón.

    La viralidad de CAT no solo dependía de su diseño o su merchandising. Su fuerza residía en la manera en que se insertaba en la narrativa personal de cada aficionado. Las historias que surgían alrededor de él eran innumerables: padres que le contaban a sus hijos cómo CAT los acompañaba en sus primeras visitas al estadio; jóvenes que compartían fotos de sus peluches junto a camisetas firmadas; creadores que reinterpretaban su figura en ilustraciones y animaciones, convirtiéndolo en un protagonista de relatos propios que circulaban por Instagram, TikTok y Twitter. Cada publicación, cada historia, alimentaba un mito colectivo que ya no pertenecía únicamente al FC Barcelona, sino a todos aquellos que sentían que su vida de alguna manera estaba marcada por él.

    El fenómeno alcanzaba dimensiones casi literarias cuando se observaba desde la perspectiva cultural. CAT no era solo un ícono comercial ni una mascota simpática; era un símbolo de pertenencia, un punto de encuentro entre tradición y modernidad. Su figura aparecía en murales urbanos, en ilustraciones de artistas locales, en stickers que adornaban las paredes de la ciudad, y hasta en intervenciones artísticas dentro del Camp Nou. Barcelona, ciudad de creatividad y pasión, había adoptado a CAT como un emblema no oficial: un pequeño guardián que recorría la ciudad invisible, pero omnipresente, recordando a todos la importancia de la identidad, la memoria y la emoción compartida.

    Incluso el hecho de que su peluche estuviera agotado reforzaba esta narrativa épica. La escasez no era un inconveniente, sino un elemento esencial de su leyenda. Cada vez que alguien conseguía uno, no solo adquiría un muñeco: obtenía un fragmento tangible de la mitología moderna del Barça. Los precios de reventa elevados eran un reflejo de la devoción y el valor simbólico que se le atribuía; no se trataba de un simple comercio, sino de la perpetuación de un mito que se construía colectivamente con cada transacción, cada historia y cada emoción compartida. Incluso la espera, el deseo y la frustración por no poder conseguirlo formaban parte de la experiencia narrativa: un rito moderno que transformaba lo material en leyenda.

    Lo más fascinante es que CAT lograba algo que pocas mascotas consiguen: su historia trascendía lo deportivo para convertirse en mito urbano y cultural. Era un puente entre generaciones, entre recuerdos y sueños, entre lo tangible y lo digital. Cada aficionado que lo contemplaba, lo sostenía o simplemente lo veía en redes sentía que formaba parte de algo más grande: un relato épico que conectaba la historia de un club centenario con la emoción cotidiana de millones de personas. CAT no necesitaba ganar títulos ni marcar goles para ser recordado; su grandeza residía en su capacidad de evocar emociones universales, de conectar lo personal con lo colectivo, y de transformar un objeto diminuto en un símbolo de pertenencia y orgullo.

    El relato de CAT continuaba expandiéndose a medida que nuevos aficionados lo descubrían, lo compartían y lo reinterpretaban. Su peluche agotado se convirtió en un talismán de la memoria, un guardián de la pasión y un recordatorio constante de que el Barça no es solo un club de fútbol, sino una experiencia compartida que se transmite de generación en generación. Cada historia de alguien que poseía el peluche o lo buscaba con devoción añadía un capítulo a la leyenda, reforzando la idea de que, en el corazón blaugrana, incluso lo más pequeño puede convertirse en un héroe inmortal.

    En el horizonte de la ciudad condal, donde las sombras del Camp Nou se alargan al caer la tarde y los murmullos de las victorias pasadas se mezclan con los sueños del futuro, CAT se alza como un guardián silencioso. Su figura, diminuta pero poderosa, es ahora más que un simple personaje: es mito, relato y emblema de una pasión que trasciende el tiempo. Cada aficionado que lo mira, que lo sostiene o que simplemente conoce su historia, participa de un ritual colectivo que convierte la emoción en memoria, y la memoria en leyenda.

    El peluche agotado, codiciado hasta el límite, se ha transformado en un artefacto casi sagrado, capaz de despertar la nostalgia de quienes vieron nacer al Barça moderno y la ilusión de quienes descubren el club en el presente. Su ausencia en las estanterías de la Barça Store solo refuerza la idea de que no se trata de un objeto común: es un símbolo de pertenencia y deseo, un vínculo tangible entre la historia del club y los sueños individuales. Los precios de reventa, elevados y fluctuantes, no disminuyen su valor emocional; al contrario, lo aumentan, recordando que la verdadera grandeza no se mide solo en dinero, sino en capacidad de inspirar y unir.

    Pero CAT no se limita al peluche. Su influencia se extiende por la narrativa digital y urbana: vídeos virales, ilustraciones callejeras, memes que cruzan continentes y generaciones. En cada publicación, en cada historia, CAT refuerza su papel como héroe colectivo. Su figura puede ser pequeña, pero su presencia es omnipresente: observa partidos, acompaña a los aficionados en sus casas, en los viajes, en los estadios, como si flotara entre la realidad y el mito, siempre recordando que la grandeza puede existir incluso en lo más diminuto.

    Los relatos que surgen alrededor de CAT son infinitos. Niños que sueñan con abrazarlo mientras cuentan goles, jóvenes que lo incluyen en fotografías con amigos como amuleto de suerte, adultos que lo atesoran como recuerdo de épocas pasadas. Cada uno de estos relatos añade un capítulo a su leyenda, y cada historia compartida refuerza la idea de que CAT no es simplemente una mascota: es el espíritu del Barça materializado, una conexión entre el club y sus seguidores que va mucho más allá de lo que cualquier trofeo podría ofrecer.

    Incluso en los rincones donde no hay fútbol, CAT deja su marca. En murales, ilustraciones urbanas, stickers en paredes del Born y del Raval, su figura es testimonio de un fenómeno cultural que trasciende los límites del deporte. Cada aparición fortalece su aura, recordando a los aficionados que la pasión blaugrana no se mide en goles o títulos, sino en los símbolos que logran unir emociones, generaciones y lugares. En cada hilo del peluche, en cada trazo de ilustración, se percibe la historia de un club que sabe que la verdadera magia está en los detalles, en los gestos y en los recuerdos compartidos.

    El peluche de CAT, aunque agotado, sigue siendo buscado, amado y venerado. No importa que no todos puedan poseerlo: su existencia, aunque intangible para muchos, es suficiente para mantener vivo un mito. Cada publicación en redes, cada historia de fans, cada ilustración urbana refuerza la narrativa: CAT es el héroe que no necesita anotar goles para ser recordado, que no necesita títulos para ser admirado. Su grandeza reside en su capacidad de unir, emocionar e inspirar, en su forma de aparecer en la memoria colectiva de millones de personas como un símbolo de alegría, pertenencia y pasión por el Barça.

    En última instancia, CAT es más que un personaje. Es el reflejo de la identidad blaugrana, una metáfora de cómo la grandeza puede surgir de lo pequeño y cómo la pasión puede convertir un peluche en mito. Su historia nos recuerda que la emoción compartida, la creatividad y el afecto son los verdaderos motores de la leyenda, y que, incluso en un mundo saturado de ídolos y estrellas, una criatura diminuta puede conquistar el corazón de todos y trascender el tiempo, el espacio y la propia realidad.

    Así, la mosca que nunca voló en los campos de fútbol se transforma en héroe inmortal, y el peluche agotado que algún día fue simple objeto se convierte en símbolo eterno de un club, una ciudad y una pasión que nunca se extingue. Cada mirada, cada abrazo y cada historia contada acerca de CAT confirma lo evidente: la verdadera leyenda no se mide por trofeos ni títulos, sino por la capacidad de hacer latir más fuerte el corazón de quienes creen, sueñan y aman. Y en ese sentido, CAT ya ha ganado todo.

    así, mientras los últimos rayos del sol acarician las gradas vacías del Camp Nou y la ciudad de Barcelona se viste con los colores blaugrana, CAT permanece vigilante, diminuto pero eterno, observando cómo generaciones de aficionados se enamoran, se emocionan y sueñan con él. No necesita goles para ser recordado ni trofeos para ser venerado; su grandeza reside en su capacidad de unir historias, emociones y corazones a través del tiempo. Cada mirada que se posa sobre su figura, cada abrazo que alguien le da, cada historia que se comparte en redes o en una charla entre amigos, confirma que CAT no es solo una mascota: es un héroe inmortal, un símbolo que vuela entre la realidad y la leyenda.

    El peluche oficial, la materialización de este mito, es ahora objeto de deseo supremo. Originalmente lanzado por la Barça Store a un precio de 34,99 €, se agotó en minutos debido a la intensidad de la demanda. Su escasez no disminuye su poder, sino que lo amplifica: cada ejemplar es un fragmento tangible de la historia blaugrana, un talismán que conecta a quien lo sostiene con toda la pasión y creatividad que CAT representa. Actualmente, para quienes buscan hacerse con él, la vía oficial sigue siendo la Barça Store online y las tiendas físicas del club, donde se puede consultar la disponibilidad y las reposiciones futuras. Para quienes no logran adquirirlo allí, existen mercados de segunda mano y plataformas de reventa, donde los precios pueden oscilar entre 90 y 100 € o incluso más, dependiendo del estado y la demanda. Cada intento de conseguirlo, cada espera y cada historia compartida refuerza su aura mítica: no es solo un peluche, es la encarnación de un sueño blaugrana.

    Así, CAT sigue su vuelo invisible sobre la ciudad y los corazones de millones. No importa dónde estés, su presencia se siente en cada gesto de orgullo, en cada cántico en las gradas, en cada relato que une a padres e hijos, jóvenes y veteranos, locales y aficionados de todo el mundo. El mito de CAT y su peluche oficial nos recuerda que la verdadera grandeza puede surgir de lo diminuto, que la pasión no se mide en trofeos sino en emociones compartidas, y que un héroe no necesita ser gigante para ser eterno.

    El FC Barcelona presentó oficialmente el pasado 4 de diciembre el nuevo peluche CAT, la mascota que se ha convertido en el último producto estrella del club. El acto tuvo lugar en el Museo Inmersivo del Barça, donde los invitados, pudieron ver por primera vez el diseño final del muñeco que aspira a convertirse en el regalo blaugrana más buscado en los últimos tiempos.

    peluche es una replica de la mascota del 125º aniversario de la entidad culé, vestido precisamente con la equipación que lució el equipo de Pere Romeu la temporada pasada para la efeméride del club azulgrana.

    El peluche CAT tiene un precio único de 34,99 euros. No existen versiones en diferentes tamaños ni modelos alternativos: el club ha optado por lanzar una sola versión oficial.

    Al final, sostener el peluche de CAT no es simplemente poseer un objeto: es abrazar una leyenda, sentir la vibración de toda una ciudad y un club, y convertirse en parte de una historia que seguirá creciendo mientras el Barça y sus aficionados existan. Y en esa dimensión, la mosca más diminuta de Barcelona se transforma en símbolo eterno de un corazón que late blaugrana, siempre, para siempre.

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    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Noticia | En Inglaterra suspiran por Ona

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🔷 La exjugadora del Madrid CFF termina su vínculo como culé a final de curso y varios equipos de la Women’s Super League la pretenden.

    (Fuente: FIFA)

    El futuro de Ona Batlle sigue siendo un auténtico galimatías después de que la exjugadora del Levante Unión Deportiva no se haya decidido aún por prologar su estancia en el Estadi Johan Cruyff.

    La situación de la zaguera internacional absoluta por la Selección Española de Fútbol, número uno en el ranking de la FIFA, es peculiar, no en vano, la lateral es objeto de deseo de varios clubes de la Women’s Super League como el Manchester United, el Arsenal o el London City Lionesses al terminar contrato el próximo 30 de junio de junio de 2026.

    Ona Batlle Pascual (Vilassar de Mar, Barcelona, 10 de junio de 1999) es una futbolista española que juega como defensa en el F. C. Barcelona de la Primera División de España. Juega habitualmente como lateral y participa regularmente en las convocatorias de “La Roja”.

    (Fuente: RFEF)

    El Arsenal negocia el fichaje de Ona Batlle para el verano tras el fin de su contrato con el Barça, quedando su continuidad en el aire.

    na Batlle inició su carrera en el Barcelona, pero tras no lograr consolidarse en el primer equipo, se marchó al Madrid CFF en 2017. Un año después dio el salto al Levante y, en 2020, firmó por el Manchester United. Sin embargo, tras tres temporadas en la Women’s Super League, la posibilidad de regresar al club azulgrana fue una oportunidad imposible de rechazar.

    En 2023, Batlle explicó: “Me fui con la mentalidad de que algún día podría volver. Para mí, el Barça siempre ha estado en mi corazón y no es fácil decir que no”.

    Desde su regreso, la lateral ha dejado una gran huella, contribuyendo a la conquista de dos títulos de la Liga F, una Champions League y dos Copas de la Reina. No obstante, todo apunta a que esta podría ser su última temporada en el vigente campeón de la Supercopa de España.

    Según informa The Athletic, el Arsenal está trabajando para cerrar el fichaje de Ona Batlle, aunque por el momento no existe un acuerdo definitivo. Las negociaciones siguen abiertas por la internacional española, una futbolista polivalente, capaz de rendir con solvencia en ambos laterales de la defensa. En la presente temporada, Batlle ha disputado 19 encuentros en todas las competiciones, si bien su continuidad en el FC Barcelona no está garantizada.

    Este escenario se enmarca en una situación financiera delicada para el club azulgrana, que, condicionado por sus limitaciones económicas, podría verse obligado a tomar decisiones de alto impacto. Entre ellas, según los informes, aparece incluso el riesgo de no poder afrontar simultáneamente las renovaciones de Batlle y de su gran referente, Alexia Putellas.

    Desde la perspectiva del Arsenal, la operación encaja a la perfección en su planificación deportiva, especialmente ante la posible salida de Katie McCabe, cuyo contrato expira este verano. Además, Batlle responde al perfil que busca el conjunto londinense: una lateral con capacidad para actuar por dentro y asumir funciones de lateral invertida, más que una defensora de banda izquierda clásica.

    Tras guiar al Arsenal de nuevo a la cima de Europa y devolverlo al trono de la Liga de Campeones, Renée Slegers dio el paso definitivo para cimentar una era al firmar, a comienzos de enero, un contrato que la vincula al club hasta 2029. La entrenadora neerlandesa, de apenas 36 años, llegó al banquillo en octubre de 2024 como solución provisional, pero su impacto fue tan inmediato y profundo que el club no tardó en convertir aquella interinidad en un proyecto de largo recorrido en 2025. Decisiones de este calibre, cargadas de ambición y estabilidad, son las que pueden marcar la diferencia a la hora de seducir a futbolistas de élite, nombres del calibre de Ona Batlle.

    La propia Slegers puso voz al significado de ese viaje, con palabras que resumen una historia de pertenencia y destino compartido:
    “Desde jugar en la academia y sentarme en la grada viendo al Arsenal levantar la Liga de Campeones en 2007, hasta volver a vivirlo el pasado verano junto a nuestras jugadoras, el cuerpo técnico y la afición, siento un orgullo inmenso por haber recorrido este camino con el Arsenal. Es un club que significa todo para mí y para tantísima gente. Firmar este nuevo contrato me llena de ilusión, porque estoy convencida de que aún nos queda mucho por lograr esta temporada y en los años que están por venir. Quiero dar las gracias a nuestra afición por un apoyo increíble, ya sea en el Emirates Stadium, en Meadow Park o acompañándonos fuera de casa. Lo escuchamos, lo vemos y lo sentimos cada día”.

    Un discurso que no solo refuerza su liderazgo, sino que proyecta al Arsenal como un destino donde la historia, la ambición y el futuro vuelven a caminar de la mano.

    Acabar en las filas del conjunto londinense no es la única alternativa que tendría la defensora, puesto que también ha sido tentada por el proyecto del London City Lionesses de Eder Maestre y por un viejo conocido como el Manchester United, en el que ya militó.

    (Fuente: Madrid CFF)

    Antes de que se concrete un posible fichaje de Ona Batlle, el Arsenal centra su atención en la final inaugural de la FIFA Women’s Champions Cup, donde se medirá al Corinthians este domingo. Las Gunners ya tienen asegurados al menos 850,000 euros por alcanzar este partido decisivo, aunque Renée Slegers dejó claro que su prioridad no es el premio económico de casi 2 millones de euros, sino levantar el trofeo.

    (Fuente: DAZN)

    “Queremos ganar un título”, afirmó Slegers. “Para eso juegan las futbolistas, y eso es lo que tendremos en la cabeza el domingo. Estamos muy cerca, a un solo partido de conquistar un trofeo. Lo importante es que hay inversiones en muchos ámbitos del fútbol femenino que nos permiten ampliar posibilidades: desarrollo de jugadoras jóvenes, árbitras, entrenadoras, todo. Evidentemente, el dinero juega un papel importante, y es positivo que cada vez haya más recursos en el deporte”.

    En el Barcelona, la posible salida de Ona ha generado una mezcla de preocupación para intentar convencerla que se queda. La directiva catalana y el cuerpo técnico mantienen el diálogo abierto con la jugadora y su entorno, conscientes de que su continuidad es un factor importante para los objetivos deportivos del club, tanto en la liga local como en las competiciones europeas. 

    Batlle ha pasado a convertirse en una de las piezas más codiciadas del fútbol europeo debido a su rendimiento y versatilidad en el flanco defensivo. Su contrato con el club catalán expira junio de este año, lo que le permite negociar con otros clubes desde enero, opción que el Arsenal quiere aprovechar para reforzar su defensa de cara a la próxima temporada sin desembolsar una cifra por el traspaso ya que será agente libre a final de curso.

    Mientras que el Arsenal, con el reciente interés en la lateral catalana se suma a otros esfuerzos de las Gunners por atraer talento de primer nivel y consolidarse como uno de los clubes referentes en el fútbol femenino actual.

    A la presión que llega desde Londres se suman las recientes y contundentes declaraciones de su representante, Moisés Trillo. En una entrevista concedida al podcast El Patio, el agente no ocultó la importancia de la futbolista en el panorama mundial y lanzó un mensaje directo a la directiva azulgrana: “Es una lateral maravillosa que acaba contrato y, si yo estuviera a las órdenes del club del que forma parte, iría a muerte por ella. Es la mejor del mundo en su posición. Si yo fuera el Barça, vendía el Camp Nou por Ona“.

    Estas palabras han resonado con fuerza en el entorno del club, interpretándose como un aviso sobre las pretensiones de la jugadora y la necesidad de un esfuerzo económico y deportivo a la altura de las ofertas que llegan de la Women’s Super League.

    Por su parte, Ona Batlle mantiene la discreción habitual. En sus últimas comparecencias, la lateral ha derivado cualquier asunto sobre su futuro a su representación: “Es un tema que lleva mi agente, estoy centrada en el día a día”, afirmó recientemente.

    Sin embargo, el tiempo corre en contra de un Barça que ve cómo una de sus futbolistas más diferenciales vuelve a estar en el radar de los gigantes europeos.

    (Fuente: UEFA)

    La 22 es una lateral moderna llevada a su máxima expresión competitiva, una futbolista que no entiende el juego desde la espera sino desde la conquista permanente del espacio, que convierte cada metro de banda en territorio propio y cada repetición de esfuerzo en una declaración de intenciones, porque su fútbol no se mide solo en centros, llegadas o recuperaciones, sino en la manera en la que ordena el partido desde un costado, dota de sentido al juego posicional y transforma la amplitud en una ventaja estructural para todo el equipo; es una lateral que no corre por correr, que interpreta cuándo acelerar y cuándo pausar, cuándo doblar por fuera para estirar al rival y cuándo aparecer por dentro como una interior más, leyendo el juego con una madurez táctica impropia de su edad, fruto de años compitiendo en la élite absoluta, en contextos de máxima exigencia, donde cada decisión pesa y cada error se paga; defensivamente no necesita estridencias porque se defiende con la cabeza, con la colocación, con la anticipación y con una capacidad de repliegue que le permite sostener su vocación ofensiva sin romper el equilibrio colectivo, mientras que en ataque es un arma constante, incansable, una fuente inagotable de profundidad, centros tensos y asociaciones limpias que activan a las delanteras y liberan a las interiores, convirtiéndose en un engranaje esencial del sistema, en esa futbolista que no siempre acapara titulares pero sin la cual el mecanismo no gira igual; Ona Batlle no es solo una lateral derecha, es una jugadora estructural, una pieza de alto valor estratégico, una futbolista que eleva el nivel competitivo de cualquier equipo porque entiende el fútbol como un ejercicio de dominio, inteligencia y compromiso, y porque cada partido suyo es una lección silenciosa de cómo se juega, se interpreta y se honra una banda en el fútbol de élite.

    (Fuente: UEFA)

    En el Johan Cruyff saben que tendrán que trabajar a destajo para evitar una fuga de talento que podría debilitar y mucho a las catalanas de cara al futuro.

    Ona levantó recientemente la Liga de Naciones con España en el Metropolitano tras doblegar por 3-0 a Alemania en el feudo rojiblanco, pero la posibilidad de volver a ver q la exjugadora del Madrid CFF enfundarse la elástica del Manchester United como entre 2021 y 2023 está más cerca de producirse que nunca.

    No sería la primera vez que el todopoderoso Fútbol Club Barcelona ve parir a una de sus mejores figuras, ya le sucedió con Mariona Caldentey (Arsenal) o Jenni Hermoso, que se unió al Pachuca Femenil de México en 2022 al quedar libre.

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • La crónica | El Barcelona retiene la Supercopa

    (Fuente: RFEF)

    ⬛️ Las azulgranas se impusieron por 2-0 al Real Madrid CF en la final de la Supercopa de España, que se disputó en el estadio de Castalia, en Castellón. Los goles de Esmee Brugts y de Alexia Putellas, de penalti, decidieron el encuentro. La presidenta de Liga F Moeve, Beatriz Álvarez, estuvo presente en el palco.

    La previa |

    (Fuente: RTVE)

    La Supercopa de España vuelve a citarse con la historia en un escenario que ya no admite medias tintas ni discursos tibios. Cuando FC Barcelona y Real Madrid se encuentran en una final, y más aún cuando lo hacen con un título en juego, el fútbol femenino español deja de ser únicamente competición para convertirse en relato, en símbolo y en espejo de una evolución que ha transformado el mapa del deporte en la última década. Esta final no es una más. No puede serlo. No lo es por el contexto, no lo es por las ausencias, no lo es por el momento de ambos proyectos y, sobre todo, no lo es porque llega cargada de memoria reciente, de cuentas pendientes y de una sensación inequívoca: lo que ocurra sobre el césped tendrá un eco que irá mucho más allá de los noventa minutos.

    El FC Barcelona afronta esta final con la posibilidad de conquistar su quinta Supercopa de España de manera consecutiva —2020, 2022, 2023, 2024 y 2025—, una secuencia que no solo engrosaría su palmarés, sino que reforzaría una hegemonía ya incuestionable y que le ha permitido convertirse en la gran referencia histórica de la competición. No se trata únicamente de números, de títulos o de estadísticas acumuladas; se trata de una forma de estar, de competir y de entender las finales como un territorio propio. El Barça llega a esta cita sabiendo que es el rival a batir, el espejo en el que todos se miran y el listón que obliga al resto a crecer. Y esa condición, lejos de relajar, exige una versión aún más elevada, porque cada partido decisivo se convierte en una defensa del legado.

    Sin embargo, el camino hacia esta final no ha sido plácido ni exento de contratiempos. Pere Romeu, entrenador azulgrana, no podrá contar con Aitana Bonmatí, una ausencia que trasciende lo meramente futbolístico y que afecta al corazón mismo del juego del Barça. Aitana no es solo talento, es ritmo, pausa, lectura y liderazgo silencioso. Su lesión obliga a replantear matices, a redistribuir responsabilidades y a confiar en una estructura colectiva que, precisamente, se ha construido para resistir incluso la falta de sus pilares más reconocibles. A esta baja se suma la de Kika Nazareth, expulsada con roja directa en el encuentro de semifinales, una circunstancia que añade un componente emocional a la previa y que priva al equipo de una futbolista capaz de romper partidos desde la creatividad y la energía.

    Pese a todo, el mensaje del vestuario azulgrana ha sido claro desde el primer momento. Tras certificar el pase a la final, Pere Romeu no rehuyó el peso simbólico del enfrentamiento y verbalizó lo que flota en el ambiente cada vez que aparece el Real Madrid al otro lado del campo: “Jugar y ganar una final al Real Madrid es muy motivante porque es un equipo que siempre nos exige dar una versión muy buena de nosotras. Creo que será una grandísima final e intentaremos llevar la Supercopa a casa”. No hay arrogancia en sus palabras, pero tampoco falsa modestia. Hay conciencia del desafío y respeto por un rival que, con el paso del tiempo, ha aprendido a mirar al Barça no solo desde la aspiración, sino desde la convicción de que es posible competirle.

    Porque si esta final tiene una narrativa distinta a otras es, precisamente, por el crecimiento sostenido del Real Madrid. El conjunto blanco afronta su tercera final, la segunda en la Supercopa de España, con un objetivo tan claro como histórico: inaugurar su palmarés. Para una entidad acostumbrada a ganar, a convertir los títulos en costumbre, este punto de partida en el fútbol femenino tiene una carga simbólica enorme. No se trata únicamente de levantar un trofeo; se trata de abrir una puerta, de romper un techo psicológico y de demostrar que el proyecto está preparado para dar el salto definitivo.

    El Real Madrid llega a esta final con la memoria reciente como aliada. La temporada pasada, en el encuentro liguero disputado en el Lluís Companys, las blancas lograron una victoria tan inesperada como contundente, un 1-3 que supuso un golpe sobre la mesa y que cambió la percepción de muchos sobre la distancia real entre ambos equipos. Aquella noche no fue solo una victoria; fue una declaración de intenciones, una demostración de que el Barça, incluso en su mejor versión histórica, puede ser vulnerado si el rival ejecuta el plan con precisión quirúrgica, valentía y convicción.

    Ese recuerdo planea sobre esta final como una sombra estimulante para unas y como una advertencia para otras. El Barça sabe que el Real Madrid ya ha demostrado que puede ganarle. El Real Madrid sabe que puede volver a hacerlo. Y esa certeza compartida eleva la tensión competitiva a un nivel superior, porque elimina el factor sorpresa y obliga a ambos cuerpos técnicos a afinar cada detalle.

    En el banquillo blanco, Pau Quesada no podrá contar con dos ausencias ya conocidas y sensibles: Frohms y Tere Abelleira. Dos bajas que afectan tanto a la estructura defensiva como al equilibrio del centro del campo y que condicionan los automatismos de un equipo que ha ido encontrando su identidad desde la solidez y el control de los tempos. A ello se suma una circunstancia poco habitual pero significativa: tras la victoria en semifinales, fue Antonio Rodríguez quien ejerció de entrenador debido a la baja de Pau Quesada por motivos personales. Su discurso, lejos de la euforia, reflejó la mentalidad con la que el Real Madrid quiere afrontar este tipo de citas: “Es una competición muy corta, muy rápida, planteas 90 minutos, con penaltis. Ahora hay que descansar, pero yo estoy pensando desde ya en la final”.

    Esa frase resume a la perfección el espíritu de esta Supercopa. No hay margen para la especulación, no hay tiempo para corregir errores en jornadas posteriores. Todo se decide en un partido, o incluso en una tanda de penaltis, y eso convierte cada acción en definitiva. Cada duelo individual, cada transición, cada balón parado puede inclinar la balanza. En ese contexto, la gestión emocional adquiere una importancia capital, y ahí el Barça parte con la ventaja de la experiencia acumulada, mientras que el Real Madrid se aferra al hambre y a la sensación de estar ante una oportunidad irrepetible.

    La final se presenta, además, como un choque de estilos que ya no son antagónicos, sino evolutivos. El FC Barcelona sigue siendo fiel a una identidad basada en la posesión, en la presión alta y en la ocupación racional de los espacios, pero ha aprendido a convivir con escenarios más abiertos y a resolver partidos desde la madurez. El Real Madrid, por su parte, ha dejado atrás la etiqueta de equipo reactivo para convertirse en un conjunto capaz de dominar fases del juego, de alternar registros y de castigar con eficacia cuando encuentra grietas en el sistema rival.

    Todo ello convierte esta final en un acontecimiento que trasciende la propia Supercopa. Es un termómetro del momento actual del fútbol femenino español, una fotografía de dos proyectos que representan polos distintos pero cada vez más cercanos, y una oportunidad para seguir construyendo una rivalidad que ya no necesita justificaciones externas para ser considerada un clásico.

    Aquí no hay únicamente un título en juego. Hay reputación, memoria, futuro y un mensaje que quedará grabado en la temporada. El Barça persigue la continuidad de una era dorada, la confirmación de que su dominio no es circunstancial sino estructural. El Real Madrid busca el punto de inflexión, el día en que todo cambie y en que la palabra “todavía” deje de acompañar a su palmarés.

    Cuando el balón eche a rodar, todo lo anterior quedará suspendido durante noventa minutos —o los que sean necesarios—, pero nada desaparecerá del todo. Porque esta final ya se ha empezado a jugar mucho antes del pitido inicial, en la cabeza de las futbolistas, en la planificación de los entrenadores y en la expectativa de un público que sabe que está a punto de presenciar algo más que un partido. Está a punto de asistir a un nuevo capítulo de una historia que se escribe, precisamente, en noches como esta.

    La continuidad de esta previa exige adentrarse todavía más en las capas que sostienen este enfrentamiento, porque una final entre FC Barcelona y Real Madrid no se explica únicamente desde la coyuntura inmediata ni desde la alineación del día del partido. Se explica desde un proceso histórico reciente, desde una rivalidad que ha ido construyéndose casi a contrarreloj y desde la necesidad mutua de ambos clubes de legitimarse en el presente y proyectarse hacia el futuro del fútbol femenino europeo.

    El FC Barcelona llega a esta final con la serenidad de quien ha transitado este camino en innumerables ocasiones, pero también con la presión inherente a quien sabe que cada título ya no se celebra únicamente como una conquista, sino como una obligación. El barcelonismo femenino ha normalizado la excelencia hasta el punto de que cualquier desenlace que no sea levantar el trofeo se percibe como una anomalía. Esa normalización es, al mismo tiempo, la mayor fortaleza y el mayor riesgo del proyecto. Fortalecimiento, porque dota al equipo de una mentalidad ganadora inquebrantable; riesgo, porque cualquier fisura es amplificada por el contexto y por la expectativa externa.

    En este escenario, la ausencia de Aitana Bonmatí adquiere una dimensión casi simbólica. No es habitual que el Barça afronte una final de esta magnitud sin una de sus grandes referencias, y eso obliga a reinterpretar el relato. Ya no se trata solo de demostrar superioridad futbolística, sino de exhibir profundidad de plantilla, capacidad de adaptación y madurez competitiva. El mensaje implícito es claro: el FC Barcelona no depende de una sola futbolista, por determinante que sea, sino de una estructura colectiva que se ha ido puliendo durante años de exigencia máxima.

    Pere Romeu, en este sentido, representa una figura clave. Su gestión del grupo ha estado marcada por la continuidad de una idea heredada, pero también por la introducción de matices que buscan sostener el rendimiento en contextos cada vez más complejos. Esta final es, también, una prueba para su liderazgo en el banquillo azulgrana, porque las grandes finales no se deciden únicamente desde la pizarra, sino desde la capacidad de transmitir calma, convicción y claridad en los momentos de mayor tensión.

    El Real Madrid, en cambio, se presenta en esta cita desde un lugar emocional radicalmente distinto. Cada final disputada hasta ahora ha sido una experiencia de aprendizaje, una acumulación de frustraciones contenidas y de sensaciones a medio camino entre el orgullo por haber llegado y la decepción por no haber culminado. Esa mochila pesa, pero también empuja. Porque inaugurar el palmarés no es solo una meta deportiva; es un acto fundacional. Es el momento en que el proyecto deja de ser promesa para convertirse en realidad tangible.

    El recuerdo del triunfo en el Lluís Companys sigue funcionando como un anclaje psicológico poderoso. Aquella victoria no fue fruto del azar ni de un contexto excepcional, sino de un plan ejecutado con una precisión que sorprendió incluso a quienes mejor conocían al equipo blanco. Desde entonces, cada enfrentamiento con el Barça se afronta desde una lógica distinta: ya no se trata de resistir y esperar, sino de competir de tú a tú, de asumir riesgos y de creer en la propia capacidad para decidir el partido.

    Las bajas de Frohms y Tere Abelleira, sin embargo, introducen un elemento de incertidumbre que obliga al Real Madrid a reinventarse parcialmente. Frohms aporta seguridad bajo palos y experiencia en escenarios de máxima exigencia, mientras que Tere Abelleira es una pieza fundamental en la organización del juego, en la salida de balón y en la lectura táctica. Su ausencia obliga a redistribuir roles y a confiar en alternativas que, aunque preparadas, deberán demostrar su temple en una final de este calibre.

    El papel de Antonio Rodríguez en la semifinal, sustituyendo circunstancialmente a Pau Quesada, dejó una imagen significativa del espíritu del equipo. Su discurso fue el de alguien consciente de la excepcionalidad del momento, pero también de la necesidad de mantener los pies en el suelo. En una competición tan corta, tan concentrada, cada decisión adquiere un valor exponencial. No hay tiempo para reconstruirse tras un error; solo para reaccionar con rapidez y determinación.

    Esta final se mueve, además, en un terreno simbólico especialmente delicado. El Clásico femenino ha pasado en pocos años de ser una promesa a convertirse en una realidad consolidada, con audiencias, impacto mediático y una carga emocional comparable a la del fútbol masculino. Cada enfrentamiento alimenta una narrativa que ya no necesita ser justificada desde la comparación, sino que se sostiene por sí misma. Y en ese contexto, la Supercopa actúa como un escaparate privilegiado, un escenario donde el fútbol femenino español se presenta ante el mundo como un producto maduro, competitivo y profundamente atractivo.

    Desde el punto de vista táctico, el partido se anticipa como un duelo de ajustes constantes. El Barça buscará imponer su habitual dominio territorial, pero deberá hacerlo con especial cuidado en las transiciones defensivas, consciente de que el Real Madrid ha demostrado ser letal cuando encuentra espacios a la espalda de la presión. La gestión de los tiempos será clave: saber cuándo acelerar, cuándo pausar y cuándo asumir que el partido exige pragmatismo.

    El Real Madrid, por su parte, intentará repetir la fórmula que ya le dio éxito, pero con la dificultad añadida de que el factor sorpresa ha desaparecido.

    El Barça espera un rival valiente, agresivo y dispuesto a disputar la posesión. Eso obliga a las blancas a ser todavía más precisas, a minimizar errores no forzados y a aprovechar cada oportunidad con una eficacia casi quirúrgica.

    En el trasfondo de todo ello late una pregunta que nadie formula en voz alta, pero que todos intuyen: ¿estamos ante una final que puede marcar un antes y un después? Para el FC Barcelona, ganar supondría reafirmar una hegemonía que ya roza lo legendario y enviar un mensaje inequívoco de continuidad. Para el Real Madrid, levantar el trofeo significaría romper una barrera psicológica y abrir una nueva etapa en su historia reciente.

    El fútbol, en su esencia, se alimenta de estos momentos liminares, de estas fronteras entre lo que ha sido y lo que puede llegar a ser. Esta final de la Supercopa no es solo un partido; es un punto de inflexión potencial, un espacio donde el relato puede bifurcarse y donde cada gesto, cada decisión y cada gol tendrá un peso específico en la memoria colectiva.

    A medida que se acerca el pitido inicial, la sensación de inevitabilidad crece. Todo está dispuesto para que el escenario, los protagonistas y la historia confluyan en un mismo punto. El balón será el juez último, pero el contexto ya ha hecho su trabajo: ha cargado de significado cada metro del campo, cada camiseta y cada mirada cómplice entre compañeras.

    La Supercopa espera, el Clásico se prepara y el fútbol femenino español contiene la respiración, consciente de que, pase lo que pase, esta final no será una más. Y eso, precisamente, es lo que la convierte en épica.

    (Fuente: RFEF)

    La final bajo la lupa |

    (Fuente: RFEF)

    🔜 NEXT GAME

    🏆 Supercopa de España Iberdrola 2026

    ✨La final ✨

    🔥 Real Madrid 🆚 Fútbol Club Barcelona 🔥

    🗓️ Sábado, 24 de enero de 2026

    📺 La 2 de RTVE

    📻 RNE

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    🏟️ SkyFi Castalia, Castellón

    Los onces |

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    La gran final de la Supercopa de España Iberdrola 2026 echó a andar en Castellón con todos los focos apuntando a un clásico de máxima exigencia entre el Fútbol Club Barcelona y el Real Madrid, dos proyectos consolidados, dos estilos reconocibles y dos onces de altísimo nivel que reflejaron, desde el primer minuto, la magnitud del escenario.

    El Barcelona, fiel a su identidad dominante y a la continuidad de su bloque campeón, compareció con Cata Coll bajo palos; línea defensiva para Ona Batlle, Paredes, María León y Brugts; en la sala de máquinas, el control y la pausa de Patri Guijarro junto a Vicky López, con Aitana Bonmatí como faro creativo; y en ataque, la movilidad de Graham Hansen, el desequilibrio de Clàudia Pina y el liderazgo de Alexia Putellas, capitana y referencia emocional del equipo de Pere Romeu.

    Enfrente, el Real Madrid respondió con una alineación diseñada para competir desde la solidez y el talento individual. Misa Rodríguez, capitana, defendió la portería; defensa para Athenea del Castillo, Sara Dábriz, Weir y Yasmim; en el centro del campo, músculo y criterio con Maite Oroz Méndez y Filippa Angeldahl; por delante, la energía de Linda Caicedo y Eva Navarro, con Caroline Weir y Feller como amenazas constantes, bajo la dirección de Pau Quesada.

    Así arrancó una final llamada a marcar época, con dos onces que explicaban por sí solos por qué la Supercopa de España Iberdrola es ya uno de los grandes escaparates del fútbol femenino europeo.

    Tras eliminar al Athletic Club y al Atlético de Madrid respectivamente, el FC Barcelona y el Real Madrid CF saltaron al terreno de juego del estadio de Castalia con la idea de conseguir llevarse la Supercopa de España.

    Antes del inicio del choque se guardó un emotivo minuto de silencio en memoria de las víctimas de los accidentes ferroviarios. Linda Caicedo no tardó en animarse en busca del gol, pero el conjunto culé intentó tener pronto el dominio del balón. La más clara llegó a los veinte minutos de juego, con un zapatazo de Vicky López desde fuera del área que sacó Misa Rodríguez con una buena mano abajo. Precisamente, tras ese saque de esquina llegó el primer tanto del duelo. Un córner botado por Mapi León lo peinó Esmee Brugts desde el primer palo para abrir el marcador con el 10 en el minuto 28 para acabar con una resistencia blanca que apunto estuvo de salir bien rumbo a la media hora.

    Las azulgranas lo siguieron intentando, pero Misa sacó un remate de Patri Guijarro, que fue la MVP del duelo. En campo contrario, el conjunto blanco pidió una posible falta de Linda Caicedo, que la colegiada no otorgó tras la revisión. Ewa Pajor tuvo la última de la primera mitad con un testarazo que se perdió arriba.

    Tras el paso por vestuarios, las madridistas intentaron dar un paso hacia delante. Athenea tuvo el empate, pero Cata Coll salvó el gol con una gran parada. Aunque la más clara para las culé llegó cerca de la media hora de juego. Ewa Pajor se plantó sola ante Misa, pero la canaria sacó un gran mano. El rechace le cayó a Graham, pero el cabezazo de la extremo noruega se estrelló en el larguero. La guardameta canaria también atrapó en dos tiempos un potente disparo de Ona Batlle desde fuera del área. 

    Fue el Real Madrid el que dio un paso adelante en busca del empate y estuvo muy cerca de lograrlo Primero, con Ona Batlle cortando de forma salvadora un centro que ya esperaba Linda Caicedo en boca de gol. Y después, con un lanzamiento desde la frontal de Däbritz que rozó la parte superior del travesaño para ponerle emoción a la final.

    Linda Caicedo a la banda izquierda y su equipo lo agradeció, comenzando con buen pie tras la pausa. Athenea firmó el primer remate que Cata Coll atrapó sin demasiados problemas. El cansancio empezó a hacer mella claramente a las madridistas con el paso de los minutos y el Barcelona encadenó dos avisos muy serios. Graham Hansen remató a lateral de la red en una de las pocas acciones mal defendidas por el Real Madrid hasta el momento. Muy poco después, la noruega pudo encarrilar mucho la final para las culés, pero su cabezazo a puerta vacía después de una gran parada de Misa a Pajor se topó con el larguero.

    El asedio blaugrana seguía intensificándose ante un equipo madridista que reclamaba cambios desde el banquillo. Misa se hizo grande para detener un chut lejano de Ona Batlle en dos tiempos y sacar una buena mano a otro disparo desde la frontal de Claudia Pina. La misma protagonista marró una situación clara de cabeza a centro de Vicky López, justo antes de que llegase el tan necesitado triple cambio en el bando blanco.

    El Barcelona metió una marcha más y jugadoras como Claudia Pina empezaron a hacer mucho daño entre unas líneas del Real Madrid, que cada vez dejaban más huecos. Misa tuvo que volver a ser salvadora para detener una internada por la derecha de Vicky López. Alexia, inmediatamente después, volvió a buscar portería sin éxito. Linda Caicedo trató de dar la réplica rápidamente en la otra portería, pero su disparo tampoco logró encontrar los tres palos. Muy poco después, la colombiana volvió a plantarse ante Cata Coll, pero Ona Batlle salvó a su equipo interponiéndose en el mano a mano.

    El marcador llegó apretado a la recta final y el Real Madrid se volcó con todo en busca del empate que forzase los penaltis.

    Las esperanzas se pudieron ir al traste tras un córner a favor, pero Misa se inventó una parada milagrosa para desbaratar el mano a mano contra Pajor que parecía destinado a traducirse en el cero a dos y Signe Brunn entró para dinamizar el ataque blanco, sin fortuna ni ocasión de inquietar a Cata Coll.

    El choque seguía abierto, y Sheila García, Lotte Keukelaar y Sandie Toletti entraron al terreno de juego para intentar buscar el empate. De nuevo, Misa se convertía en salvadora, mientras que, el Real Madrid CF pidió una pena máxima por una posible mano de Irene Paredes dentro del área, pero, y tras la revisión, la colegiada no pitó la acción. Las espadas estaban en todo lo alto, y, otra vez, Misa sacó un chut de Ewa Pajor, que buscaba sentenciar la final. Las madridistas, que habían metido a Pau Comendador y Signe Bruun, lo intentaron con un centro-chut de Eva Navarro que se quedó sin problemas Cata Coll. A falta de un minuto para el final, Sheila García arrolló a Alexia Putellas dentro del área. La capitana blaugrana no falló desde los once metros para poner el 2-0 definitivo en el electrónico cuando el reloj deambulaba por el minuto 92 y el resto del alargue fue un puro trámite.

    (Fuente: RFEF)

    Así, tras el pitido final, el Barcelona vuelve a conquistar el título de la Supercopa de España, es el sexto de su historia, solo el Atlético de Madrid en 2021 se interpuso en su dictadura y el Real Madrid comienza a ver cómo perder finales, ya van tres, empieza a tornarse en una mala costumbre en Valdebebas. 

    La próxima semana el mejor club del siglo XX buscará volver a sonreír al reencontrarse con una Liga F Moeve que le medirá ante el Deportivo en Riazor.

    (Fuente: RFEF)

    📋 Ficha técnica |

    Barcelona (2): Cata Coll; Ona Battle, Paredes, Mapi, Brugts (Aïcha 72′); Vicky López (Salma Paralluelo 72′), Guijarro, Alexia Putellas; Graham Hansen (Serrajordi 59′), Pajor, Claudia Pina (Sydney 83′).

    Real Madrid (0): Misa; Eva Navarro, María Méndez, Lakrar, Yasmim (Shei 67′); Däbritz, Angeldahl (Toletti 67′); Weir (Pau Comendador 82′), Linda Caicedo, Athenea del Castillo.

    Goles |

    1-0 Brugts 28’ ⚽️

    2-0 Alexia Putellas (P.) 93’ ⚽️

    ÁRBITRA: Eugenia Gil.

    Árbitras asistentes: Silvia Fernández y Rita Cabañero.

    Cuarta árbitra: Lorena Trujillano.

    Quinta árbitra: Lorena Navas.

    Tarjetas amarillas: Maëlle Lakrar (90’+7) y Eva Navarro (90’+8) por parte del Real Madrid.

    Vídeo: https://x.com/fcbfemeni/status/2015167790773092506?s=46

    INCIDENCIAS : Final de la Supercopa de España Femenina Iberdrola 2026, disputada en el Estadio Castalia de Castellón de la Plana con una asistencia de 12.593 espectadores sobre una superficie de hierba natural.

  • Reportaje | El sueño blanco es una misión (im)posible

    (Fuente: RFEF)

    🟫 El conjunto blanco buscará en Castellón dar la sorpresa ante el subcampeón de Europa.

    En las horas previas a la última “batalla” entre Real Madrid y Barcelona se produjo el tradicional posado de las dos capitanas junto al trofeo de la Supercopa de España Iberdrola.

    En esta edición de 2026 que se disputa en el Estadio de Castalia, feudo donde, según David Menayo, de Marca, Mar Prieto, hizo historia con la Selección Española, Misa Rodríguez sostuvo la elástica merengue con una misión “imposible” entre manos.

    La arquera canaria sabe que el mejor club del siglo XX está ante una oportunidad única, tuvo dos y falló, (Copa de la Reina 2023 y Supercopa de España 2025) de hacer historia.

    Llegados a este punto la pregunta es casi obligatoria y es que este sábado, 24 de enero de 2026, quizá sea el
    día que el imposible empezó a resquebrajarse: ¿puede el Real Madrid Femenino vencer al Barcelona?

    Durante años, la pregunta ha flotado sobre el fútbol femenino español como una provocación retórica, casi como un desafío filosófico más que deportivo. ¿Puede el Real Madrid Femenino ganarle al Fútbol Club Barcelona? No empatarle. No competirle durante tramos. No resistirle con dignidad. Ganarle. Doblegarlo. Superarlo en el marcador y, con ello, alterar el orden natural que ha gobernado la élite del fútbol femenino europeo en la última década. La respuesta ya no pertenece al terreno de la utopía. Tampoco es aún una certeza. Se mueve en ese espacio intermedio donde nacen las grandes transformaciones: el de lo posible que exige valentía, estructura y tiempo.

    Desde que el Real Madrid decidió entrar en el fútbol femenino de élite —no como un gesto simbólico, sino como una apuesta estratégica—, la sombra del FC Barcelona ha sido tan alargada como inevitable. El Barça no solo ha dominado la Liga F; ha redefinido los estándares del fútbol femenino mundial. Ha ganado Champions, ha construido una identidad reconocible y ha convertido la excelencia en costumbre. Frente a eso, el Real Madrid inició su camino desde una posición incómoda: la del gigante que llega tarde a un banquete ya servido.

    Sin embargo, la historia del deporte no la escriben quienes llegan primero, sino quienes saben aprender más rápido. Y ahí es donde empieza a cambiar el relato.

    El Real Madrid Femenino no nació para ser un actor secundario. Tampoco para resignarse a la comparación constante. Su evolución ha sido más lenta de lo que muchos esperaban, pero también más sólida de lo que algunos reconocen. Y en ese crecimiento, silencioso pero constante, se esconden las claves que permiten plantear hoy, con rigor y sin ironía, la gran pregunta.

    ¿Puede ganar el Real Madrid Femenino al Fútbol Club Barcelona?
    La respuesta exige mirar atrás, analizar el presente y proyectar el futuro con honestidad.

    El dominio azulgrana no admite discusión. No es fruto de una generación puntual ni de una ventaja coyuntural. Es el resultado de una planificación iniciada mucho antes que la de sus competidores, basada en tres pilares irrefutables: cantera, modelo de juego y continuidad estructural.

    Mientras otros clubes aún debatían si el fútbol femenino debía profesionalizarse, el Barça ya había entendido que la profesionalización no era una meta, sino un punto de partida. La Masia femenina no solo ha producido talento; ha producido futbolistas con una comprensión del juego que va más allá de lo técnico. El Barça juega como piensa. Y piensa rápido.

    Ese dominio se ha traducido en resultados abrumadores. Goleadas repetidas al Real Madrid. Finales decididas antes del descanso. Partidos en los que la diferencia no estaba solo en el marcador, sino en la sensación de inevitabilidad. Durante varias temporadas, el Clásico femenino fue un ejercicio de resistencia para el Real Madrid y de reafirmación para el Barça.

    Pero el fútbol, incluso en sus etapas más desequilibradas, nunca es estático.

    El Real Madrid ha aprendido, a veces a golpes, que competir contra el Barça no consiste en imitarlo, sino en encontrar una identidad propia que reduzca la distancia sin traicionar su esencia. Y ese proceso ha sido más complejo de lo que muchos imaginaban.

    Construir un equipo femenino de élite no es solo fichar grandes nombres. Es crear una cultura competitiva, una red de captación, un entorno de confianza y una estructura técnica capaz de sostener el crecimiento. En ese sentido, el Real Madrid ha pasado de la improvisación inicial a una fase de consolidación que empieza a dar frutos.

    Hoy, el Real Madrid Femenino ya no es un equipo en construcción permanente. Es un proyecto en fase de madurez temprana.

    La diferencia con el Barça sigue siendo notable, pero ya no es abismal en todos los registros. Y eso, en el fútbol de alto nivel, es un cambio trascendental.

    Desde el punto de vista táctico, el enfrentamiento entre ambos equipos ha evolucionado de manera significativa. En los primeros Clásicos, el Real Madrid sufría especialmente en tres aspectos: la presión tras pérdida del Barça, la ocupación de los espacios interiores y la incapacidad para sostener la posesión bajo estrés.

    El Barça ahogaba al Real Madrid en campo propio, recuperaba rápido y atacaba con una fluidez que hacía inútil cualquier intento de repliegue pasivo. El resultado era una sensación constante de inferioridad, incluso antes de que el marcador se abriera.

    Con el paso de las temporadas, el Real Madrid ha empezado a corregir esos déficits. No los ha eliminado por completo, pero los ha mitigado con ajustes inteligentes.

    La mejora en la salida de balón ha sido uno de los avances más visibles. Donde antes había despejes precipitados, ahora hay intentos de progresión organizada. Donde antes el miedo al error paralizaba, ahora existe una mayor tolerancia al riesgo controlado.

    La medular del Real Madrid ha ganado en equilibrio. La presencia de centrocampistas con mayor capacidad física y lectura táctica ha permitido competir mejor los duelos y reducir la exposición en transiciones defensivas, uno de los grandes castigos históricos ante el Barça.

    En defensa, el equipo ha aprendido a bascular con mayor sincronización, a cerrar líneas de pase interiores y a asumir que defender al Barça implica aceptar fases largas sin balón, pero sin perder la estructura.

    Todo esto no garantiza la victoria. Pero sí crea el escenario mínimo indispensable para que la victoria sea posible.

    En el plano individual, la brecha también se ha estrechado. Durante años, el Barça contaba con varias futbolistas que, por sí solas, marcaban diferencias insalvables. Hoy sigue teniendo estrellas mundiales, pero el Real Madrid ha logrado reunir un núcleo de jugadoras capaces de competir al máximo nivel europeo.

    La portería ha ganado fiabilidad. La línea defensiva ha sumado experiencia internacional. El centro del campo ha encontrado perfiles complementarios. Y en ataque, el Real Madrid dispone de talento suficiente para castigar cualquier desajuste, incluso en un rival tan dominador como el Barça.

    La clave, sin embargo, no está solo en los nombres. Está en el rendimiento colectivo en los momentos críticos.

    El Barça ha construido su hegemonía sobre una premisa innegociable: juega igual gane por uno que por cinco. No se altera. No se acelera innecesariamente. No duda. Esa convicción, adquirida a base de títulos, es una ventaja psicológica enorme.

    El Real Madrid, en cambio, ha tenido que aprender a gestionar la frustración. A no descomponerse tras un gol encajado. A entender que competir no siempre implica dominar, pero sí resistir con inteligencia.

    En los Clásicos más recientes, se han visto señales claras de evolución. Tramos de partido en los que el Real Madrid ha logrado igualar la posesión, generar ocasiones claras y, sobre todo, mantenerse vivo hasta fases avanzadas del encuentro.

    Eso, frente al Barça, ya es una conquista y que el Real Madrid ya sabe lo que es vencerle lo hizo el pasado curso en Montjuic por 1-3 en un partido de la Liga F.

    El componente psicológico es, quizá, el último gran muro que debe derribar el Real Madrid . Porque el fútbol no se juega solo con las piernas, sino con la memoria.

    Durante mucho tiempo, el Clásico femenino ha estado condicionado por el recuerdo de derrotas abultadas. Ese recuerdo pesa. Se filtra en las decisiones, en la gestión del riesgo, en la confianza para ejecutar una acción decisiva.

    Romper esa inercia exige algo más que un buen planteamiento táctico. Exige un partido perfecto en lo emocional. Exige creer, incluso cuando el contexto invita a dudar.

    El día que el Real Madrid logre adelantarse en el marcador ante el Barça y sostener esa ventaja sin pánico, ese día el relato cambiará para siempre. No solo por el resultado, sino por lo que simboliza.

    Porque vencer al Barça no es solo ganar un partido. Es desactivar un mito y es incluso demostrar que la hegemonía, por muy sólida que parezca, no es eterna.

    El F.C. Barcelona y el Real Madrid son los protagonistas de la final de la Supercopa de España, que se está disputando desde el martes 20 hasta el sábado 24 de enero en Castellón. El equipo blanco viene de ganar por 3-1 al Atlético de Madrid y las culés por el mismo resultado al Athletic Club.

    Este año ha dado la casualidad que tanto los participantes como el sorteo han coincidido al cien por cien con el torneo masculino, que se disputó hace unos días en Arabia Saudí.

    Aunque las jugadoras se negaron, a través de la AFE (Asociación de Futbolistas Españoles), a disputar este torneo en un país que discrimina a la mujer. Ellas han jugado en Castellón y el FC Barcelona se ha plantado en otra final, esta vez contra en Real Madrid.

    FC Barcelona ha ganado el torneo en cinco de las seis ocasiones que se ha disputado y lo ha hecho con una goleada tras otra. La menor fue por 3-0 a la Real Sociedad en la temporada 2022-23, pero también la mayor por 10-1 en la 19-20. El Atlético de Madrid cayó por 7-0 en la 21-22, el Levante por el mismo resultado dos años después y la pasada temporada fue el Real Madrid el que sufrió una ‘manita’: 5-0, es una reedición de esa única vez que se ha dado un Clásico en la final. En total, cinco finales, cinco victorias, 32 goles a favor y solo uno en contra. Una auténtica barbaridad.

    El Barça, además, ha vencido en 21 de las 22 ocasiones que se ha enfrentado al Real Madrid, desde la creación de la sección femenina. Solo en la pasada temporada, en el Estadi Lluis Companys, las blancas lograron una victoria histórica por 1-3, como contábamos antes. El balance es demoledor: 82 goles de las culés y 11 de las merengues.

    La gran ausente de la convocatoria del Barça es Aitana Bonmatí, pero aun así es difícil destacar solo algunas jugadoras del equipo. Desde Cata Coll en la portería hasta las máximas goleadoras, la polaca Ewa Pajor, con 15, y Claudia Pina, con 14. Pero la lista es interminable: Mapi León, Vicky López, Alexia Putellas, Caroline Graham Jensen, Patri Guijarro, Irene Paredes, Ona Batlle… Es una constelación de estrellas que dirige de forma magistral Pere Romeu desde 2024, cuando pasó de ser asistente de Jonatan Giráldez a primer técnico.

    El Real Madrid tiene más peligro en la delantera, con las internacionales españolas Athenea del Castillo, Alba Redondo y Eva Navarro y la colombiana Linda Caicedo. También pueden aportar su criterio y llegada desde segunda línea la escocesa Caroline Weir y la alemana Sara Däbritz.

    La gran ausente sigue siendo Tere Abelleira, recuperándose de una lesión en el ligamento cruzado de la rodilla.

    El Comité Técnico de Árbitros ha confirmado que Eugenia Gil Soriano, colegiada gallega de 30 años, será la encargada de impartir justicia en la final de la Supercopa de España.

    tras haber dirigido la final de Copa de la Reina 2024 en La Romareda y la primera semifinal de esta misma Supercopa en Leganés. Su designación refuerza el compromiso del arbitraje femenino con la profesionalidad y el rigor en los partidos más exigentes del calendario.

    El equipo arbitral se completa con Silvia Fernández y Rita Cabañero como asistentes, mientras que Lorena Trujillano ejercerá de cuarta árbitra y Lorena Novas será la quinta. Todas ellas aportarán su experiencia para garantizar un encuentro justo y seguro.

    Barcelona y Real Madrid llegan a esta final tras una temporada intensa. El conjunto blaugrana defiende título y suma ya cinco Supercopas en su palmarés, mientras que el Real Madrid buscará dar la sorpresa tras el contundente 5-0 del año pasado. La cita promete emoción, calidad y máxima igualdad sobre el césped.

    La expectación es máxima para un clásico que sigue consolidando al fútbol femenino como referente de espectáculo y competitividad. Todo listo para una final donde el arbitraje también será protagonista.

    El esperado duelo entre Barcelona y Real Madrid se disputará este sábado a las 19:00, repitiendo el clásico que ya protagonizaron ambos equipos en la pasada edición.

    El encuentro entre el FC Barcelona y el Real Madrid, correspondiente a la final de la Supercopa de España femenina 2026, se emite en España en abierto a través de La 2 y Teledeporte.

    Por lo tanto, el partido se emitirá online, también de manera gratuita, en RTVE Play, la plataforma de streaming de la cadena pública.

    Sea como fuere, lo único cierto es que blancas y culés van a protagonizar la primera gran final la temporada 2025-2026 y la emoción embarga cada hogar en España, mientras que el tiempo será testigo de si el Madrid es capaz de lograr lo ‘imposible’ o si realmente el subcampeón de Europa sigue dominando la Supercopa de España, algo que hizo hace un año en Butarque.

    🏆 Supercopa de España Iberdrola 2026

    ✨La final ✨

    🔥 Real Madrid 🆚 Fútbol Club Barcelona 🔥

    🗓️ Sábado, 24 de enero de 2026

    📺 La 2 de RTVE

    📻 RNE

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    🏟️ SkyFi Castalia, Castellón

  • La previa | Barcelona vs Athletic Club

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️ Cuando la historia llama a la puerta de la final

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    Love Me Love Me está dirigida por Roger Kumble (After. En mil pedazos), escrita por Veronica Galli (Love Club) y Serena Tateo(Sbratz), y coproducida por Lotus Production (una compañía de Leone Film Group) y Amazon MGM Studios, con la colaboración de WEBTOON Productions.

     

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    Qué podemos esperar de la semifinal |

    (Fuente: Liga F Moeve €

    Hay partidos que no se explican con una alineación. Hay eliminatorias que no necesitan introducción porque se sostienen solas sobre el peso de sus nombres. Y hay noches —como la que espera al estadio de Castalia— en las que el fútbol femenino español se mira al espejo de su propia historia para preguntarse hasta dónde ha llegado… y hacia dónde quiere seguir caminando.

    El miércoles 21 de enero, a las 19:00 horas, FC Barcelona y Athletic Club se enfrentarán en la segunda semifinal de la Supercopa de España Iberdrola 2026, con un billete directo a la final en juego y con el Real Madrid ya aguardando al otro lado del cuadro. No es un cruce más. No lo es por los nombres, no lo es por la trayectoria, no lo es por el momento que atraviesa cada equipo ni por el escenario que los rodea. Es, sencillamente, una de esas citas que resumen una era.

    Castalia será el punto de encuentro entre dos clubes que representan dos formas distintas —y complementarias— de entender el fútbol femenino en España.

    El que ha convertido la excelencia en costumbre frente al que ha hecho de la resistencia, la identidad y la pertenencia una bandera irrenunciable. El que vive instalado en la cima frente al que sigue llamando a la puerta con la convicción de quien sabe que la historia también se escribe a base de paciencia.

    Durante años, la Supercopa fue poco más que un aperitivo de temporada. Hoy es un trofeo con entidad propia, un escenario de máxima exigencia y un termómetro inmediato de ambiciones. Llegar hasta aquí ya no es un regalo; es el resultado de un camino competitivo sostenido. Y ganar, directamente, es una declaración de poder.

    El Fútbol Club Barcelona aterriza en Castellón como líder de la Liga F Moeve, con la autoridad que le otorgan los números, el juego y la inercia de un proyecto que ha redefinido los estándares del fútbol femenino europeo. Las azulgranas no solo compiten: dominan. No solo ganan: convencen. Y no solo levantan títulos: los encadenan.

    Enfrente, un Athletic Club que vive uno de sus momentos más sólidos de los últimos años. Sin ruido, sin focos excesivos, sin atajos. Las bilbaínas se han instalado en la zona media-alta de la clasificación liguera, construyendo un equipo reconocible, competitivo y difícil de someter. Un conjunto que no necesita la posesión para sentirse cómodo y que ha hecho de la fiabilidad defensiva una seña de identidad.

    Hablar del Barcelona femenino en una semifinal es casi una redundancia. El club azulgrana ha convertido este tipo de citas en su hábitat natural. Desde la profesionalización del proyecto, desde la apuesta estructural y desde la consolidación de una identidad futbolística innegociable, el Barça ha vivido instalado en las rondas finales de todas las competiciones que ha disputado.

    No es casualidad que las de Pere Romeu lleguen a esta Supercopa con cinco títulos ya en sus vitrinas: 2019/2020, 2021/2022, 2022/2023, 2023/2024 y 2024/2025. Cinco coronas que no solo hablan de talento, sino de continuidad, de exigencia interna y de una cultura competitiva que no admite relajaciones.

    El Barcelona afronta esta semifinal con buenas noticias en el apartado médico. La recuperación de Salma Paralluelo devuelve al ataque una pieza diferencial, capaz de romper partidos desde la potencia, el desmarque y la verticalidad. También regresa Patri Guijarro, el metrónomo del centro del campo, la jugadora que ordena, equilibra y conecta todas las fases del juego.

    No estará, eso sí, Aitana Bonmatí, baja de larga duración. Una ausencia mayúscula, tanto por lo que representa en el juego como por lo que simboliza en el liderazgo competitivo del equipo. Pero si algo ha demostrado este Barcelona es que incluso las ausencias más dolorosas se convierten en oportunidades para reafirmar el carácter colectivo.

    Athletic Club no llega a Castalia como invitado. Llega como aspirante. Como un equipo que sabe perfectamente quién es y qué puede ofrecer en un contexto de máxima exigencia. Las de Javier Lerga han construido un bloque sólido, trabajado y con un profundo sentido de pertenencia.

    El conjunto bilbaíno afronta la semifinal con bajas importantes: Irene Oguiza, Estefa, Patricia Zugasti y Jone Amezaga no estarán disponibles. Pérdidas sensibles que obligarán a reajustar piezas, pero que no alteran la esencia de un equipo que se siente cómodo en los partidos largos, incómodos y tácticos.

    El Athletic ha demostrado esta temporada ser uno de los equipos más fiables a nivel defensivo de la Liga F Moeve. Orden, solidaridad, intensidad en los duelos y una lectura colectiva del juego que le permite competir de tú a tú ante rivales de mayor potencial ofensivo.

    No es un equipo que se descomponga. No es un equipo que regale metros. Y no es un equipo que negocie el esfuerzo.

    Barcelona y Athletic se han enfrentado 29 veces a lo largo de su historia, El balance es claramente favorable al conjunto blaugrana: 22 victorias, 3 empates y 3 triunfos del Athletic Club.

    La última victoria bilbaína data del 18 de febrero de 2018, cuando se impuso por 0-1.

    Esta misma temporada, ambos equipos ya se vieron las caras en San Mamés, en la segunda jornada de Liga. Aquella tarde, el Barcelona se llevó los tres puntos con un contundente 1-8 que reflejó la diferencia de pegada… pero no explica por sí solo la complejidad del duelo que ahora se avecina.

    Porque las semifinales no entienden de precedentes. Porque el contexto lo cambia todo. Y porque el Athletic llega ahora con un bloque más maduro, más compacto y con menos complejos.

    El estadio de Castalia será el juez imparcial de un choque cargado de simbolismo. Un escenario neutral que acoge una Supercopa que ya es evento de primer nivel, con retransmisión en directo por RTVE a través de Teledeporte y TV3, y con la atención mediática puesta en cada detalle.

    No será solo un partido. Será una prueba de carácter. Para el Barcelona, la confirmación de que sigue siendo el referente absoluto. Para el Athletic, la oportunidad de disputar su primera final de Supercopa y de derribar una barrera histórica.

    Al otro lado del cuadro, el Real Madrid ya ha hecho los deberes.

    Su victoria por 3-1 ante el Atlético de Madrid lo ha instalado en la final del sábado 24 de enero de 2026, a las 19:00 horas. Un dato que altera inevitablemente el enfoque de esta semifinal.

    Porque no se trata solo de ganar. Se trata de ganar para medirse al eterno rival o de ganar para escribir una página inédita. El Barcelona sabe lo que supone una final ante el Madrid. El Athletic sueña con lo que significaría llegar hasta allí.

    No habrá mañana. No habrá red. No habrá margen de error. Solo noventa minutos —y lo que venga después— para decidir quién se gana el derecho a pelear por un título y quién se queda a las puertas.

    Barcelona y Athletic Club . Dos históricos. Dos escudos que no necesitan presentación. Dos maneras de entender el fútbol femenino que confluyen en una misma noche.

    En Castalia, la historia no se recuerda, sino que se pone a prueba y el último billete para el partido por el título está en liza, en el horizonte, esperando al ganador.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🏆 Supercopa de España Iberdrola |

    😍 Segunda semifinal 😍

    🔥 Fútbol Club Barcelona 🆚 Athletic Club 🔥

    📅 Miércoles, 21 de enero de 2026

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    📺 Teledeporte

    🏟️ SkyFi Castalia, Castellón

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • La crónica | El Barcelona continúa desatado

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ Las azulgranas se impusieron por 5-0 al Atlético de Madrid en el partido de la decimoséptima jornada de Liga F Moeve, adelantada por la disputa de la Supercopa de España. Alexia Putellas, que fue la MVP del partido, Claudia Pina, con un doblete, Esmee Brugts y Salma marcaron los goles del encuentro.

    La previa |

    Los onces |

    El Fútbol Club Barcelona y el Atlético de Madrid saltaron al terreno de juego con dos onces de máxima jerarquía para uno de los duelos más exigentes de la Liga F.

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    El conjunto azulgrana arrancó con Cata Coll bajo palos; defensa para Ona Batlle, Paredes, María León y Brugts; en el centro del campo, Alexia Putellas, Patri Guijarro y Clàudia Pina; y en ataque, Sydney Schertenleib, Pajor y Vicky López, con Pere Romeu al frente desde el banquillo.

    Por su parte, el Atlético de Madrid inició el encuentro con Lola Gallardo, capitana, en portería; línea defensiva formada por Medina, Xènia y Menayo; Alexia Fernández y Bøe Risa en la sala de máquinas; acompañadas por Jensen, J. Bartel y Fiamma; y en posiciones más ofensivas Rosa Otermín y María Portales, en el once dispuesto por el técnico rojiblanco.

    pesar de ser jornada intesemanal, partido adelantado a la decimoséptima jornada de liga, por la disputa de la Supercopa de España Iberdrola la semana que viene, no era día de guardarse nada.

    Antes del inicio del duelo, Ewa Pajor recogió el premio a la Player of the month de diciembre. Además, Mapi León recibió la camiseta conmemorativa por sus 300 partidos como blaugrana.

    El conjunto culé solo tardó cuatro minutos en abrir el marcador. Clara Serrajordi robó una pelota en campo contrario y combinó con Claudia Pina. La atacante encontró a Alexia Putellas, que se sacó un derechazo desde dentro del área para superar a Lola Gallardo y mandar la pelota al fondo de la red para abrir la lata con el 1-0.

    La doble Balón de Oro fue la MVP del encuentro. Trece minutos después llegó el segundo, con la firma de Claudia Pina. La de Moncada y Reixach se sacó un magnífico disparo desde fuera del área que tocó en el larguero antes de doblar la ventaja en el electrónico con el 2-0 en el minuto 13.

    El Atlético de Madrid intentó reaccionar, pero sin suerte, al tiempo que las de Viti iban igualando el compromiso en lo que a intensidad se refiere.

    Las locales no bajaban en pistón y las de Víctor Martín, aunque lo intentaban, veían muy lejos el área de Cata Coll. No en vano, llegados a la media hora, nueve remates locales, siete de ellos a puerta por ninguno de las rojiblancas que corrían persiguiendo sombras.
    En ese intervalo hasta la media parte las colchoneras contenían algo más el ciclón del líder.

    Sobretodo en cuanto a ocasiones, cerrando algo mejor las líneas por dentro. Lo del balón ya era otra cosa ya que el Atlético salía a cuentagotas y obviamente más lastrado físicamente de correr tras el esférico.

    Poco antes de llegar al descanso, tendría otra muy clara Claudia Pina con un disparo cruzado con la derecha que se marchaba fuera por poco.


    Pajor, la pichichi de esta Liga F, tendría la última de la primera parte con un disparo con la zurda que atrapó una Lola Gallardo muy protagonista para su equipo que ni lo estaba pasando nada bien en Cataluña.

    Ninguno de los dos entrenadores movió ficha en el descanso y el segundo acto empezó como terminó el primero. Con un Barça dominante y que ya producía peligro en ataque.
    Claudia Pina tendría la primera ocasión antes de llegar al minuto de la reanudación y la polaca Eva Pajor perdonaría el tercero en un claro remate en el área pequeña que se le marchaba arriba.


    Antes de llegar al cuarto de hora del segundo tiempo, el Barça sentenciaría el partido con el tercer gol del encuentro.
    Sería la neerlandesa Esmee Brugts en una acción individual que acabó definiendo con su zurda para anotar y poner el 3-0 en el minuto 59 de este clásico de la Primera División Femenina.

    Era el minuto sesenta cuando Pere Romeu introdujo un triple cambio con la entrada de Aïcha Cámara, Kika y Carla Julià al campo.
    Carla Julià, MVP del pasado sábado ante el Madrid CFF, repetía en esa posición de interior derecha batiéndose en duelo con Andrea Medina y las ayudas de Macarena Portales.


    Precisamente Maca sería una de las dos sustituidas por Víctor Martín para dar entrada a Luany y Natalia.
    Con las locales viviendo casi en el área contraria, Claudia Pina anotaría su doblete particular tras aprovechar el rechace de Lola Gallardo a disparo de Pajor para hacer el 4-0 en el 74, pero ahí no terminó el calvario rojiblanco.

    A falta de once minutos para el final se produciría una de las grandes noticias del choque.

    El regreso de Salma Paralluelo lesionada con la selección en aquella semifinal de la Nations League ante Suecia.
    Ovación de gala para el regreso de la delantera a los terrenos de juego.
    Precisamente sería la maña quien, tras un intento anterior sin éxito, culminaría la goleada azulgrana con el con el 5-0 definitivo.

    Era el minuto 92 de partido y el regreso de la internacional no pudo ser de mejor manera. Aprovechó un buen pase de Pajor para culminar por bajo una manita en la que el conjunto de Pere Romeu no ha tenido rival en el Atlético.

    Con esta contundente victoria, el Barcelona se consolida como líder de la Liga Profesional de Fútbol Femenino y aprovecha el tropiezo del Real Madrid por 0-1 ante el Athletic Club para conseguir “media competición”, pues el líder con 45 unidades en su casillero, esto es, aventaja en 18 puntos a un Atlético de Madrid que es cuarto en la Liga F Moeve y ya piensa en la visita del Espanyol a Alcalá de Henares como clavo ardiendo al que aferrarse de cara al sueño europeo.

    📋 Ficha técnica |

    Barcelona : Coll; Ona Batlle (Aïcha 60′), Paredes (Torrejón 69′), Mapi León, Brugts; Sydney Schertenleib (60′ Kika), Clara Serrajordi, Alexia; Vicky López (60′ Carla Julià), Ewa Pajor, Clàudia Pina (Salma 79′).

    Atlético de Madrid : Lola Gallardo; Alexia, Xènia Pérez, Carmen Menayo, Andrea Medina; Julia Bartel (Peñalvo 71′), Boe Risa, Fiamma Benítez; Macarena Portales (Luany 70′), Synne Jensen (Chinchilla 81′), Rosa Otermin.

    Goles |

    1-0 Alexia Putellas 4’ ⚽️
    2-0 Claudia Pina 13’ ⚽️
    3-0 Brugts 60’ ⚽️
    4-0 Claudia Pina 74’ ⚽️
    5-0 Salma Paralluelo 92’ ⚽️

    Incidencias: Partido correspondiente a la decimoséptima jornada de la Liga F Moeve 2025-2026 entre el Barcelona y el Atlético de Madrid que se ha disputado en el Estadi Johan Cruyff sobre una superficie de hierba natural delante de 3.529 espectadores.

    Vídeo |

  • Reportaje | Claudia Pina es la elegancia hecha gol

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🟣 La exjugadora del Sevilla Fútbol Club tiene el instinto del gol que creció a la par que el todopoderoso Barcelona y no deja de reinventarse.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Desde las pistas de fútbol sala de Montcada i Reixach hasta el césped del Camp Nou, Claudia Pina Medina ha construido una carrera marcada por la precocidad, el talento natural para el gol y una capacidad poco común para adaptarse y evolucionar. Delantera voraz, canterana ejemplar y símbolo de una generación que ha hecho del Barça una referencia mundial, Pina representa la mezcla perfecta entre formación, ambición y ADN competitivo. Este es el retrato completo de una futbolista que empezó marcando goles antes incluso de saber hasta dónde podía llegar.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Claudia Pina Medina nació el 12 de agosto de 2001 en Moncada i Reixach, un municipio barcelonés donde el fútbol no era todavía un camino evidente para una niña, pero sí una pasión imposible de contener. Sus primeros pasos no fueron sobre hierba natural, sino en el fútbol sala, un detalle que resulta clave para entender muchas de las virtudes que hoy definen su juego.

    En espacios reducidos, con menos tiempo para decidir y mayor exigencia técnica, Pina empezó a desarrollar esa relación casi íntima con el balón que la distingue: controles orientados precisos, golpeos rápidos y una lectura del juego impropia de su edad.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Ese talento no pasó desapercibido. En 2011, cuando apenas tenía diez años, los ojeadores del RCD Espanyol la detectaron y la incorporaron a su estructura de formación. Fue el primer gran salto de su vida deportiva y, al mismo tiempo, el inicio de una trayectoria marcada por decisiones valientes y retos constantes. Dos años después, en 2013, el Fútbol Club Barcelona llamó a su puerta.

    Con solo 12 años, Pina ingresó en el equipo infantil-alevín del Barça, un entorno altamente competitivo en el que no solo debía destacar, sino también adaptarse a una exigencia diaria muy superior.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    La adaptación fue inmediata y contundente. En su segunda temporada como azulgrana, Claudia Pina firmó una cifra que hoy todavía se recuerda como una de las grandes barbaridades goleadoras del fútbol base: 100 goles en 20 partidos. Un promedio de cinco tantos por encuentro que no solo ayudó al equipo a conquistar el campeonato de liga juvenil, sino que situó su nombre en todas las agendas del fútbol femenino español. No era solo una goleadora compulsiva; era una jugadora capaz de decidir partidos por sí sola, de aparecer en los momentos clave y de convertir cada balón suelto en una amenaza.

    (Fuente: RFEF)

    Ese crecimiento acelerado desembocó, de manera natural, en su debut con el primer equipo. En enero de 2018, con apenas 16 años y cinco meses, Claudia Pina disputó su primer partido oficial con el Barça femenino. Con ese estreno, se convirtió en la jugadora más joven en vestir la camiseta del primer equipo en un partido oficial, un récord que habla tanto de su talento como de la confianza que el club depositó en ella desde muy temprano. En un vestuario plagado de referentes y futbolistas consagradas, Pina comenzó a aprender, observar y sumar minutos en silencio, consciente de que su proceso debía ser gradual.

    (Fuente: UEFA)

    El verano de 2020 marcó un punto de inflexión en su carrera. En junio, el FC Barcelona anunció la renovación de Claudia Pina hasta 2023, una muestra clara de que el club la consideraba una pieza estratégica de futuro. Sin embargo, apenas un mes después, llegó una decisión tan inteligente como necesaria: su cesión al Sevilla FC durante la temporada 2020-2021. El objetivo era claro: ganar minutos, asumir responsabilidades y competir cada semana como titular en la élite.

    En Sevilla, Pina dio un paso adelante decisivo. Se convirtió en una de las titulares habituales del conjunto andaluz, acumulando 32 partidos oficiales entre Liga y Copa. Sus números —10 goles y siete asistencias— reflejan impacto, pero no cuentan toda la historia. En un equipo con menos dominio del balón que el Barça, Claudia tuvo que adaptarse a contextos más físicos, a partidos de mayor desgaste y a situaciones en las que el margen de error era mínimo. Esa experiencia la hizo más completa, más resistente y más consciente de los diferentes registros que exige el fútbol profesional.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Paralelamente a su carrera en clubes, la trayectoria de Claudia Pina con la selección española ha sido igualmente precoz y brillante. Con solo 14 años, fue convocada por primera vez por Toña Is para la selección sub-16, un hito que confirmaba su condición de talento generacional. En septiembre de 2016 llegó su debut con la selección sub-17 en un torneo UEFA disputado en la República Checa, y lo hizo de manera arrolladora: cinco goles en el torneo, incluido un triplete en su primer partido. Poco después, disputó su primer encuentro oficial en un Mundial sub-17, frente a Jordania, marcando también en su debut.

    A finales de 2017, su nombre apareció en una estadística que sorprendió incluso a los más expertos: Claudia Pina fue la máxima goleadora de las selecciones nacionales de la UEFA, sumando mujeres y hombres, con 16 goles en el año natural. Un dato que resume a la perfección su instinto, su regularidad y su capacidad para rendir en cualquier contexto competitivo.

    (Fuente: Liga F Moeve))

    Con el paso de los años, Pina ha ido asentándose de nuevo en la estructura del FC Barcelona, integrándose en una de las mejores plantillas del mundo. En un equipo dominador, de posesión larga y presión alta, su perfil encaja de forma natural, pero también le exige una evolución constante.

    (Fuente: RFEF)

    Ya no basta con marcar; hay que interpretar espacios, asociarse, presionar, entender cuándo acelerar y cuándo pausar. Y en ese proceso, Claudia ha demostrado una madurez creciente.

    (Fuente: UEFA)

    Fuera del terreno de juego, su figura también ha adquirido nuevas dimensiones. Su participación como embajadora en la Queens League con el equipo XBuyer TEAM la ha acercado a nuevos públicos y ha reforzado su imagen como referente de una generación que vive el fútbol desde múltiples plataformas, combinando élite deportiva y visibilidad mediática sin perder autenticidad.

    (Fuente: UEFA)

    Desde el punto de vista estrictamente futbolístico, Claudia Pina es una delantera con alma de goleadora clásica y recursos modernos. Su posición natural es la de atacante, pero su versatilidad le permite actuar tanto como delantera centro como partiendo desde banda, especialmente desde el costado izquierdo, donde puede perfilarse hacia dentro y buscar el disparo con su pierna dominante.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Una de sus principales virtudes es el remate. Pina finaliza con ambos pies, aunque destaca especialmente por la rapidez de ejecución: necesita muy poco tiempo para armar el golpeo, lo que la convierte en una amenaza constante dentro del área. Su pasado en fútbol sala se nota en los controles orientados en espacios reducidos y en la capacidad para resolver situaciones de uno contra uno en pocos metros.

    (Fuente: UEFA)

    A nivel táctico, es una jugadora inteligente. Sabe atacar el primer palo, leer segundas jugadas y aparecer desde atrás para sorprender a las defensoras. No es una delantera estática; se mueve constantemente entre líneas, arrastra marcas y genera espacios para sus compañeras. En equipos dominadores como el Barça, su lectura del timing para desmarcarse es especialmente valiosa.

    (Fuente: UEFA)

    En el apartado asociativo, ha evolucionado notablemente. Si en categorías inferiores destacaba casi exclusivamente por su capacidad goleadora, hoy es una futbolista mucho más completa, capaz de combinar en corto, descargar de espaldas y participar en la circulación ofensiva. Su paso por el Sevilla fue clave para mejorar en este aspecto, obligándola a intervenir más en la construcción y no solo en la finalización.

    Defensivamente, Pina aporta trabajo y presión. No es una jugadora física en el sentido tradicional, pero compensa con intensidad, anticipación y compromiso. En sistemas de presión alta, su primer paso y su capacidad para orientar la salida rival son muy útiles.

    (Fuente: RFEF )

    Como área de mejora, su reto principal sigue siendo la regularidad en minutos y continuidad, algo condicionado por la enorme competencia en el FC Barcelona. También puede seguir creciendo en el juego aéreo y en la toma de decisiones en contextos de máxima velocidad, aunque su progresión en estos aspectos es evidente.

    Claudia Pina es, en definitiva, una futbolista hecha en La Masia en el sentido más profundo del término: talento cultivado, paciencia, aprendizaje y una ambición silenciosa que se manifiesta cada vez que pisa el área. Una delantera que ya ha escrito capítulos importantes de su historia, pero que todavía parece estar lejos de su techo. En un fútbol femenino que avanza a pasos agigantados, su nombre sigue siendo sinónimo de gol, futuro y Barça.

    Y como toda historia que se escribe desde la excelencia colectiva, la carrera de Claudia Pina también se mide en títulos, en celebraciones compartidas y en noches europeas que han ido forjando su carácter competitivo. Porque aunque su recorrido ha estado marcado por la juventud y la paciencia, su palmarés ya habla el lenguaje de las grandes.

    Con el Fútbol Club Barcelona, Claudia Pina ha formado parte de la etapa más gloriosa de la historia del club en el fútbol femenino. Ha levantado múltiples Ligas, siendo testigo y protagonista de una hegemonía sostenida en el tiempo, donde el Barça no solo gana, sino que domina, impone y redefine los estándares del juego. A esas ligas se suman Copas de la Reina, títulos que condensan la exigencia del KO, la presión de los partidos decisivos y la necesidad de aparecer cuando no hay red de seguridad.

    Pero si hay un trofeo que eleva cualquier carrera a una dimensión superior, ese es la UEFA Women’s Champions League. Claudia Pina ha saboreado la gloria europea con el Barça, formando parte de una generación que ha convertido al club azulgrana en una potencia continental, respetada y temida en todos los estadios de Europa. No todas las futbolistas pueden decir que han tocado el cielo europeo antes de cumplir los 25 años; Pina sí.

    A ese palmarés colectivo se suman Supercopas de España, títulos que reflejan la continuidad del éxito y la capacidad del equipo para reinventarse cada temporada, y que consolidan una vitrina que no deja de crecer. Cada medalla, cada foto con el trofeo, ha sido también una lección de competitividad, de exigencia diaria y de pertenencia a un grupo irrepetible.

    (Fuente: Liga F )

    En categorías inferiores de la selección española, su historial tampoco se queda atrás. Campeonatos, torneos UEFA, distinciones goleadoras y un reconocimiento temprano como una de las grandes referencias ofensivas del país. Ser la máxima goleadora de selecciones UEFA en un año natural, sumando fútbol masculino y femenino, no es una anécdota: es una declaración de talento puro y consistencia competitiva.

    (Fuente: RFEF)

    Y sin embargo, lo más poderoso del palmarés de Claudia Pina no está solo en lo que ya ha ganado, sino en cuándo lo ha ganado. Muy joven. Muy pronto. Con margen de crecimiento. Con la sensación permanente de que su mejor versión aún está por venir.

    Porque Claudia Pina no es únicamente una futbolista con títulos; es una futbolista moldeada por ellos. Cada liga la ha hecho más exigente, cada Champions más ambiciosa, cada cesión y cada regreso más consciente de su lugar en el fútbol. Ha aprendido a ganar desde el banquillo y desde el césped, a celebrar siendo protagonista y a construir en silencio cuando tocaba esperar.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El cierre de su historia, por ahora, no es una conclusión, sino una promesa.

    La de una delantera que creció marcando goles en pistas de fútbol sala, que rompió registros en el fútbol base, que debutó antes que nadie con el Barça y que entendió que el verdadero éxito no es llegar rápido, sino quedarse. Claudia Pina Medina ya tiene palmarés de campeona, memoria de aprendiz y hambre de futbolista grande.

    (Fuente: Fútbol Club Barcelona)

    Y mientras el Barça siga atacando, mientras España siga buscando talento y mientras el fútbol femenino continúe escribiendo su revolución, su nombre seguirá apareciendo donde siempre ha sabido estar: cerca del gol, cerca de los títulos y en el corazón de una generación que juega para hacer historia.

    (Fuente: UEFA)
  • Oficial | Ya hay canal para el Barcelona vs Atlético de Madrid

    (Fuente: Atlético de Madrid)

    🟧 El fútbol femenino español se detiene. Este miércoles, el Estadi Johan Cruyff se convierte en el epicentro de la emoción, la historia y la ambición: Barcelona y Atlético de Madrid se enfrentan en un clásico que trasciende el marcador, donde cada pase, cada parada y cada gol es una declaración de poderío y de identidad. No es solo un partido: es la cita obligada de la Liga F Moeve, el choque que explica por qué este deporte ya no es promesa, sino presente imparable.

    La Liga F Moeve vuelve a detener el tiempo. Lo hace cuando el calendario se pliega a la grandeza de los nombres propios, cuando el fútbol femenino español se mira al espejo de su propia historia y reconoce que hay partidos que no necesitan artificio alguno para elevarse a la categoría de acontecimiento. Fútbol Club Barcelona contra Atlético de Madrid no es solo un enfrentamiento entre dos clubes, ni siquiera entre dos aspirantes al título: es el clásico contemporáneo del balompié femenino en España, la rivalidad que ha definido una era, el pulso que ha marcado el crecimiento competitivo, mediático y emocional de una liga que hoy se sabe observada, seguida y respetada.

    (Fuente: DAZN)

    Este miércoles 14 de enero de 2025, a las 19:00 horas en el Estadi Johan Cruyff, el fútbol femenino español vuelve a citarse con uno de esos duelos que explican por sí solos por qué el camino recorrido ha merecido la pena. El partido, adelantado en el calendario por la participación de ambos clubes en la próxima Supercopa de España Iberdrola que se disputará en Castellón del 20 al 24 de enero de 2026, llega además con el aliciente añadido de saberse visible, accesible y abierto. La confirmación oficial de la cobertura televisiva, con DAZN emitiendo el encuentro tanto en Movistar Ellas Vamos (dial 66) como en abierto a través de su aplicación —con el único requisito de disponer de una cuenta gratuita— convierte este clásico en una invitación directa al gran público, en una ventana privilegiada para que miles de personas se asomen, quizá por primera vez, a la élite del fútbol femenino nacional.

    No es un detalle menor. La visibilidad ha sido siempre una de las grandes batallas de esta disciplina, y que uno de los tres partidos emitidos en abierto cada jornada sea precisamente este Barcelona–Atlético de Madrid es una declaración de intenciones. La Liga F Moeve entiende que su producto estrella no puede esconderse, que debe mostrarse sin complejos, confiando en la fuerza de su relato y en la calidad de sus protagonistas.

    Porque protagonistas hay muchas, y de primerísimo nivel. Sobre el césped del Johan Cruyff se cruzarán trayectorias, generaciones y estilos que han moldeado la identidad competitiva de la liga. Desde la seguridad bajo palos de Cata Coll y Lola Gallardo hasta la jerarquía defensiva de Laia Aleixandri y Andrea Medina; desde el talento precoz y desbordante de Vicky López hasta la experiencia y el colmillo internacional de futbolistas como Maca Portales o Ewa Pajor; desde la potencia, el descaro y la promesa de Luany hasta ese ecosistema coral que el Barcelona ha perfeccionado hasta convertirlo en un modelo exportable. No es solo una suma de nombres, es una constelación de historias que se entrecruzan durante noventa minutos.

    El contexto competitivo no podría ser más elocuente. El equipo dirigido por Pere Romeu llega a la cita como líder sólido de la Primera División Femenina, con 42 puntos de 45 posibles, una cifra que habla de regularidad, de hambre y de una ambición intacta incluso después de haberlo ganado casi todo. Solo la Real Sociedad, en Zubieta y por la mínima, ha sido capaz de arañarles tres puntos en lo que va de temporada. El resto ha sido un dominio casi absoluto, una sucesión de victorias que culminó recientemente con una goleada histórica por 12-1 ante el Madrid CFF, un resultado que no solo elevó la moral del vestuario, sino que envió un mensaje claro al resto de aspirantes: el Barcelona no negocia su condición de favorito.

    Ganar este partido adelantado tendría además un efecto clasificatorio directo. Una victoria azulgrana dejaría prácticamente descartado al Atlético de Madrid de una hipotética pelea por el título, abriendo una brecha que, a estas alturas del curso, podría resultar insalvable. No es solo un clásico, es un cruce de caminos para la temporada.

    Enfrente, el Atlético de Madrid de Víctor Martín llega con la urgencia de quien sabe que este tipo de partidos pueden redefinir dinámicas. Las rojiblancas atraviesan una fase irregular, con resultados que no terminan de consolidar sus aspiraciones, pero también con destellos de un potencial ofensivo que sigue siendo temible. El reciente empate 5-5 ante la Real Sociedad en Alcalá de Henares es el mejor ejemplo de esa dualidad: una capacidad goleadora incuestionable, combinada con una fragilidad defensiva que les ha impedido dar el salto definitivo en la clasificación. Cuartas con 27 puntos, a cuatro de las donostiarras, las colchoneras saben que sumar en Barcelona no solo sería un golpe anímico monumental, sino una forma de reengancharse a la lucha por la tercera plaza.

    Pero si este partido se juega también en la memoria colectiva es porque la historia entre ambos clubes pesa, y pesa mucho. El balance global favorece al Barcelona, con 29 victorias, 10 empates y solo 7 triunfos rojiblancos, pero reducir esta rivalidad a una estadística sería injusto. Hay enfrentamientos que marcan épocas, y este es uno de ellos.

    Todo comenzó a adquirir un tono casi legendario en la temporada 2016-2017, cuando el Atlético de Madrid arrebató el título liguero al Barcelona en la última jornada, inaugurando una etapa de hegemonía rojiblanca que se prolongaría durante tres temporadas consecutivas. Aquellas ligas, culminadas en escenarios de máxima tensión, forjaron el carácter competitivo de ambos equipos y elevaron el nivel de exigencia de la competición. La temporada 2018-2019, con aquel 1-3 en Zubieta que coronó a las entonces entrenadas por Sánchez Vera, quedó grabada como uno de los grandes hitos de la historia del fútbol femenino español.

    Desde entonces, el Barcelona ha construido una dinastía, pero el Atlético ha sido siempre ese rival incómodo, ese espejo que devuelve la imagen de un pasado no tan lejano en el que las fuerzas estaban más equilibradas. Las rojiblancas fueron uno de los últimos equipos capaces de derrotar al actual subcampeón de Europa, con aquel inolvidable 4-3 en Alcalá de Henares en la temporada 2020-2021.

    También le eliminaron en las semifinales de la Supercopa de España 2021 en Almería, en una tanda de penaltis agónica que desembocó en una final ganada al Levante UD por 3-0, una final que trascendió lo deportivo y dejó una de las imágenes más emotivas que se recuerdan: Virginia Torrecilla y Amanda Sampedro levantando juntas el trofeo, símbolo de resistencia, de compañerismo y de humanidad, en plena recuperación de la centrocampista balear de un tumor cerebral.

    Más recientemente, ambos equipos se midieron en la final de la Copa de la Reina, con victoria blaugrana por 2-0 en Huesca, reafirmando la supremacía actual del Barcelona, pero sin borrar la sensación de que cada enfrentamiento entre estos dos gigantes es una historia abierta. En la primera vuelta de la presente temporada, el 0-6 en Alcalá de Henares fue un golpe duro para el Atlético, una herida que sigue escociendo y que añade un componente de revancha emocional a este nuevo capítulo.

    Y así, con todo ese bagaje a cuestas, el Johan Cruyff se prepara para volver a ser escenario de un duelo que trasciende el resultado. Porque estos partidos no se juegan solo para ganar tres puntos; se juegan para reafirmar identidades, para medir proyectos, para escribir una línea más en una rivalidad que ha acompañado el crecimiento del fútbol femenino español desde sus cimientos modernos.

    Cuando el balón eche a rodar, lo hará cargado de pasado y de futuro. De las gradas al césped, de las pantallas a los hogares, este Barcelona–Atlético de Madrid volverá a recordarnos que hay encuentros que explican una liga entera. Que hay clásicos que no necesitan ser anunciados, porque se anuncian solos.

    Y que, durante noventa minutos, el fútbol femenino español volverá a ocupar el centro del escenario, con la convicción de quien sabe que ya no es promesa, sino presente incontestable.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🔜 NEXT GAME

    🏆 Liga F Moeve | Temporada 2025-2026

    🔥F.C. Barcelona 🆚 Atlético de Madrid 🔥

    ✨ Choque de campeonas ✨

    📅 Miércoles, 14 de enero de 2026

    🩵 Matchday 17 | Día de partido

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    📺 DAZN 1 (Dial 70)

    🏟️ Estadi Johan Cruyff, Barcelona

    (Fuente: Liga F Moeve)

  • La crónica | El campeón no levanta el pie del acelerador

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🟧 El líder y último ganador de la Liga F se impuso por 12-1 al Madrid CFF en el Johan Cruyff.

    (Fuente: Liga F)

    El sábado 10 de enero, cuando el reloj marque las siete de la tarde y el invierno ya haya asentado su silencio sobre Sant Joan Despí, el Johan Cruyff volverá a convertirse en un escenario donde el tiempo parece comprimirse, donde pasado, presente y futuro del fútbol femenino español se dan la mano durante noventa minutos que siempre pesan más de lo que indica el calendario. FC Barcelona y Madrid CFF se citan en un partido que, más allá de la clasificación, encierra muchas de las tensiones emocionales, históricas y competitivas que han ido moldeando la Liga F Moeve en los últimos años. Un duelo que se podrá seguir a través de DAZN y Movistar+, pero que, como ocurre con los grandes encuentros, se juega también en la memoria colectiva de una competición que ha crecido a base de relatos como este.

    El Barcelona llega al nuevo año con la obligación autoimpuesta de ganar siempre, una exigencia que no se negocia y que se ha convertido en parte estructural de su identidad. Líderes al cierre del parón navideño, las azulgranas han transitado la primera mitad del curso con la autoridad de quien sabe que cada partido es una reválida pública, un examen permanente frente a rivales que se miden contra el mejor equipo de Europa como si fuera una final. En el Johan Cruyff no se juega solo para sumar tres puntos; se juega para sostener una hegemonía, para reafirmar una manera de entender el fútbol que ha trascendido resultados y ha convertido cada encuentro en una declaración estética y competitiva.

    Pero este Barcelona no llega intacto al regreso liguero. Las ausencias pesan, no solo en lo futbolístico sino en lo simbólico. Patri Guijarro, Salma Paralluelo y Aitana Bonmatí, nombres que definen una era, no estarán disponibles, y su sola mención basta para entender la magnitud del desafío. No es habitual hablar de un Barça sin el pulso de Patri en la base, sin la verticalidad eléctrica de Salma ni la inteligencia total de Aitana, una futbolista que ha elevado el concepto de centrocampista a una categoría casi filosófica. A ello se suma la duda de Cata Coll, una guardameta que representa la continuidad de una portería históricamente exigente y que ha sabido hacer suyo un puesto donde cada error se amplifica bajo el foco del favoritismo. El Barça, aun así, no se detiene. No puede. La estructura está diseñada para resistir, para reinventarse, para seguir avanzando incluso cuando algunas de sus piezas más brillantes faltan al tablero.

    Enfrente estará un Madrid CFF que ha aprendido a vivir sin complejos, que ha hecho de la estabilidad y del trabajo silencioso una forma de competir contra cualquiera. Séptimas en la tabla, con 23 puntos y la mirada puesta en unos puestos europeos que no son una quimera sino una ambición razonable, las madrileñas llegan al Johan Cruyff en uno de los mejores momentos de su temporada. El triunfo antes de Navidad ante el Eibar en la Copa de la Reina no fue solo un billete a la siguiente ronda; fue una confirmación de carácter, una victoria trabajada que reforzó la idea de que este equipo sabe sufrir, sabe levantarse y sabe competir cuando el contexto se vuelve incómodo.

    El Madrid CFF ha perdido solo uno de sus últimos cuatro partidos ligueros, una racha que no se construye por casualidad. Es el resultado de una propuesta coherente, de una plantilla que entiende lo que quiere su entrenador y de un grupo que ha encontrado en la regularidad su principal virtud. Javier Aguado ha dotado al equipo de una identidad reconocible, basada en el orden, en la solidaridad defensiva y en la capacidad de castigar al rival cuando se abren espacios. No es un equipo que viva de fogonazos; es un conjunto que crece partido a partido, que sabe leer los momentos y que no se descompone ante escenarios de máxima exigencia.

    Y el Johan Cruyff lo es. Jugar allí implica asumir que el balón no será siempre propio, que la presión será alta, constante, casi asfixiante, y que cada error puede convertirse en una ocasión en contra. Pero también implica la oportunidad de escribir una página que no todos pueden firmar. El Madrid CFF ya sabe lo que es ganar al Barcelona. Aquella tarde del 21 de mayo de 2023, en el estadio Fernando Torres, permanece como un hito imborrable. No fue solo una victoria por 2-1; fue la demostración de que incluso los gigantes pueden caer, de que el fútbol femenino español tiene espacio para la sorpresa y de que la distancia entre proyectos, aunque real, no es insalvable cuando se conjugan convicción, orden y valentía.

    Ese recuerdo flota inevitablemente en el ambiente, aunque nadie lo mencione en voz alta. Para el Barça, es una advertencia silenciosa: la historia no garantiza el futuro. Para el Madrid CFF, es una fuente de confianza: ya se ha hecho antes, se puede volver a intentar. No se trata de nostalgia ni de revancha, sino de la certeza de que los partidos se juegan, no se heredan. Cada balón dividido, cada transición, cada parada, construirá un relato nuevo, independiente de lo ocurrido hace casi dos años.

    El contexto competitivo añade capas al enfrentamiento. La Liga F Moeve ha entrado en una fase donde cada jornada empieza a pesar doble. El margen de error se reduce, las dinámicas se consolidan y los objetivos se definen con mayor claridad. Para el Barcelona, ganar es una obligación que no admite matices. Cualquier tropiezo se analiza con lupa, se convierte en debate nacional y alimenta el discurso de quienes esperan una grieta en su dominio. Para el Madrid CFF, puntuar en el Johan Cruyff sería un golpe de autoridad, un mensaje claro a sus competidores directos y una inyección de confianza para afrontar la segunda mitad del curso con aspiraciones renovadas.

    El partido se jugará, además, en un contexto emocional particular. El regreso tras el parón navideño siempre es un territorio incierto. Las rutinas se rompen, el ritmo competitivo se interrumpe y el primer partido del año funciona como un termómetro inmediato. No hay tiempo para ajustes progresivos. Desde el primer minuto, el Barcelona buscará imponer su circulación, su presión tras pérdida, su ocupación racional de los espacios. El Madrid CFF, por su parte, tratará de resistir ese primer envite, de no conceder ventajas tempranas y de encontrar, poco a poco, su sitio en el partido.

    En este tipo de encuentros, los detalles adquieren una importancia capital. Una salida limpia desde atrás, una cobertura bien ejecutada, una falta lateral defendida con concentración absoluta. El Barcelona ha construido gran parte de su hegemonía desde la precisión, desde la capacidad de minimizar errores y maximizar virtudes. El Madrid CFF sabe que su margen es menor, que necesitará un partido casi perfecto para competir hasta el final. Pero también sabe que el fútbol no entiende de imposibles cuando se juega con convicción.

    El Johan Cruyff, con su cercanía al césped y su atmósfera particular, amplifica cada acción. El público, acostumbrado a la excelencia, empuja sin estridencias pero con una exigencia constante. No es un estadio hostil, pero sí es un lugar donde el visitante siente que cada segundo sin balón es una prueba de resistencia mental. Para el Madrid CFF, gestionar esa presión será tan importante como cualquier planteamiento táctico.

    A medida que avancen los minutos, el partido irá escribiendo su propio guion. Puede que el Barcelona encuentre pronto el camino al gol y trate de convertir el encuentro en un ejercicio de control. Puede que el Madrid CFF resista, se haga fuerte y logre llevar el partido a un terreno más incómodo, donde el paso del tiempo juegue a su favor. En cualquier caso, será un duelo de voluntades, de interpretaciones del juego y de estados de ánimo.

    Más allá del resultado, este partido habla del momento que vive el fútbol femenino español. De una liga donde el líder convive con proyectos que crecen, que se organizan y que compiten con argumentos. De un campeonato que ya no se explica solo desde la superioridad de uno, sino desde la capacidad de los demás para desafiarla. Barcelona y Madrid CFF representan dos realidades distintas, pero complementarias, necesarias para que la competición siga avanzando.

    Cuando el árbitro señale el final, el marcador dirá una cosa y la clasificación reflejará otra. Pero lo que quedará será la sensación de haber asistido a un nuevo capítulo de una historia en construcción. Un sábado de enero, a las siete de la tarde, en el Johan Cruyff, donde el fútbol femenino volverá a demostrar que su grandeza no depende solo de los títulos, sino de la capacidad de cada partido para contar algo que merezca ser recordado.

    (Fuente: Getty Imágenes)

    ✨ Vuelve la Liga Profesional de Fútbol Femenino ✨

    🏆 Liga F Moeve 2025-2026

    🔥 F.C. Barcelona 🆚 Madrid CFF 🔥

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    📺 DAZN 1 (Dial 70)

    🏟️ Estadi Johan Cruyff , Barcelona

    (Fuente: Getty Imágenes)

    #LigaFMoeve | #BarçaMadridCFF

    Los onces |

    Era su primer gol con el primer equipo. Un momento que jamás olvidará. La celebración, contenida pero emocionada, contrastaba con el cansancio del rival. El Johan respondió con un aplauso sincero. Porque incluso en una goleada descomunal, hay espacio para las historias personales.

    Gemma

    Paredes

    Sydney

    Marta

    Alexia

    Clàudia Serrajordi

    Pajor

    Kika

    Aïcha

    Brugts

    Carla Julià

    Paola Ulloa
    Nuria Mendoza
    Sandra Villafañe
    Mónica Hickmann
    Allegra Poljak
    Malou Marcetto
    Marina Rivas
    Hildur Antonsdóttir
    Kamilla Melgard
    Emilie Nautnes
    Ángela Sosa

    El Barcelona llegaba a este encuentro con una aparente fragilidad que, paradójicamente, lo hacía todavía más temible. No estaban en el once inicial Mapi León, Cata Coll ni Ona Batlle, las tres con el alta médica en la previa pero resguardadas inicialmente en el banquillo. Tampoco figuraban en la convocatoria Laia Aleixandri ni Caroline Graham Hansen, y la enfermería seguía alojando nombres capitales como Aitana Bonmatí, Patri Guijarro y Salma Paralluelo.

    Cualquier otro equipo habría acusado semejante lista de ausencias. Este Barcelona, no.

    Porque el Barça femenino actual no es solo una suma de individualidades excepcionales. Es una estructura, una idea, un modelo de juego tan interiorizado que sobrevive a las lesiones y a las rotaciones. Un equipo que no necesita presentarse con todos sus cromos para imponer su ley. Un colectivo que ha convertido la excelencia en costumbre y la ambición en rutina.

    Las cifras lo avalaban: 42 puntos sobre 45 posibles, una única derrota —el 1-0 en Zubieta ante la Real Sociedad— y la sensación permanente de que cada partido es una oportunidad para enviar un mensaje al resto de la competición. Además, el contexto competitivo empujaba: entre semana esperaba el Atlético de Madrid, en una jornada adelantada por la participación de ambos en la Supercopa de España en Castellón. No había margen para la relajación.

    Enfrente, el Madrid CFF llegaba con la mochila cargada de orgullo, pero también con la crudeza de una Liga que no perdona errores ante los gigantes. El conjunto madrileño, históricamente reconocido como uno de los equipos que mejor presiona de la Liga F, afrontaba el duelo con la intención de competir, de resistir y, sobre todo, de no traicionarse a sí mismo.

    Pero la distancia entre ambos proyectos, hoy por hoy, es abismal. No por falta de trabajo, ni de identidad, ni de compromiso en el club presidido por Alfredo Ulloa, sino por una realidad estructural que atraviesa al fútbol femenino español: presupuestos, profundidad de plantilla, capacidad de rotación y experiencia en la élite europea.

    El reto era mayúsculo. Y el escenario, imponente. El Johan Cruyff, convertido ya en un teatro habitual de exhibiciones, acogía el partido con la sensación de que algo grande podía suceder. Lo que nadie imaginaba —ni siquiera los más optimistas culés— era la magnitud del vendaval que estaba a punto de desatarse.

    Barcelona dejó claro que no había concesiones. Ritmo altísimo, posesión asfixiante, presión tras pérdida milimétrica y una voracidad ofensiva que no admite treguas. El plan de Pere Romeu fue ejecutado con una precisión quirúrgica.

    El Madrid CFF apenas tuvo tiempo para asentarse. Cada intento de salida era abortado. Cada balón dividido caía del lado azulgrana. El equipo madrileño se vio obligado a correr detrás del balón, a defender muy cerca de su área y a resistir una marea que no dejaba respirar.

    No había desconfianza en el Barça, pero sí respeto. Y el respeto, en este equipo, se traduce en no levantar el pie del acelerador.

    Los primeros avisos llegaron pronto. Brugts y Alexia Putellas comenzaron a encontrar espacios, a probar desde fuera, a medir la resistencia visitante. El Madrid CFF sufría, reculaba, trataba de achicar agua. Pero las grietas empezaban a aparecer.

    Corría el minuto 9 cuando el partido dio su primer giro definitivo. Un pase de Serrajordi encontró a Ewa Pajor, que atacó el espacio con determinación. La polaca encaró, regateó a Paola Ulloa y definió a placer para abrir la lata con el 1-0.

    El Johan celebró, pero lo hizo con la naturalidad de quien sabe que aquello era solo el comienzo.

    Lejos de gestionar la ventaja, el Barça apretó más. Quiso más. A los 20 minutos, Alexia puso un centro medido, Serrajordi lo peinó, Ulloa despejó como pudo… y de nuevo apareció Pajor, la depredadora del área, para empujar el balón casi sin querer, 2-0 y el golpe ya era serio.

    Y apenas cuatro minutos después, emergió una de las historias más simbólicas de la tarde.

    Carla Julià, lateral izquierda de formación, tuvo que actuar como extremo derecha por necesidades del guion.

    Lejos de esconderse, la canterana firmó una acción de pura calidad. Ganó el balón, se inventó un caño delicioso y sacó un zurdazo imposible para Paola Ulloa para el 3-0 en el minuto 21.

    El Johan se puso en pie. No solo por el gol, sino por el mensaje: aquí hay futuro, aquí hay cantera, aquí hay jerarquía.

    El Madrid CFF ya estaba grogui. Pero el vendaval no había terminado. Ni mucho menos.

    Cada intento de reacción era sofocado antes de nacer. Cada balón recuperado se perdía casi de inmediato. El campo se inclinaba, y lo hacía de manera irreversible. El Barça había convertido el partido en un monólogo.

    Un ejercicio de dominio absoluto en el que la pelota circulaba con velocidad, los apoyos aparecían siempre a tiempo y la presión tras pérdida funcionaba como una red que atrapaba cualquier conato de salida madrileña. No había espacios. No había pausas. No había refugio.

    El cuarto golpe no tardó en llegar, y lo hizo de la forma más cruel para un equipo que ya estaba al borde del colapso. Una indecisión en la salida de balón del Madrid CFF fue castigada sin contemplaciones. Serrajordi, atenta, intensa y decidida, robó el balón, dejó atrás a Mónica Hickmann con un caño que simbolizaba el desajuste defensivo visitante y definió con un zurdazo seco y colocado para el 4-0 en el 25 de juego.

    No era solo el marcador. Era la forma. El Madrid CFF ya no defendía con orden, sino por instinto. Achicaba agua como podía, pero cada despeje caía en pies azulgranas. Cada línea se hundía un poco más. El plan inicial había quedado pulverizado

    El conjunto local era ya un auténtico huracán. El Johan Cruyff vibraba con cada ataque, consciente de estar presenciando algo extraordinario. Y en medio de ese torbellino apareció otra protagonista.

    En la banda, el cuerpo técnico del Madrid CFF buscaba soluciones que no llegaban. El daño era estructural. El Barça atacaba por fuera y por dentro, con desmarques constantes, con llegadas desde segunda línea y con una movilidad que desbordaba cualquier intento de ajuste.

    Lejos de bajar el ritmo, el Barcelona siguió acelerando. Y de nuevo Carla Julià fue protagonista. La joven futbolista, hiperactiva, incisiva y valiente, firmó una acción que simbolizaba su crecimiento futbolístico. Recibió, levantó la cabeza y puso un centro al corazón del área. Allí, como si el tiempo se detuviera, apareció Ewa Pajor.

    La polaca conectó un remate de cabeza impecable, imposible para la capitana visitante. 5-0 en el minuto 37 del partido.

    El Johan explotó de júbilo. Pajor celebró con rabia contenida. El Madrid CFF, mientras tanto, ya solo pensaba en que el descanso llegara cuanto antes.

    Pero el Barcelona no estaba dispuesto a conceder ni un segundo de alivio. La conexión Serrajordi–Pajor volvió a aparecer, como una pesadilla recurrente para la zaga madrileña. Centro preciso de la catalana, desmarque perfecto de la polaca y remate a la jaula. 6-0. La manita ya era historia, pero el marcador seguía creciendo.

    El tramo final del primer acto se convirtió en una sucesión de escenas difíciles de asimilar. Brugts, en el minuto 43, puso un centro que nadie llegó a tocar, pero que terminó directamente en el fondo de las mallas ante la estupefacción del banquillo visitante. El balón parecía guiado por una fuerza invisible en el 7-0.

    Y cuando parecía que el descanso pondría fin al castigo, llegó uno de esos momentos que resumen la crueldad del fútbol.

    El pitido que señalaba el final del primer tiempo fue casi un alivio. Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con una sensación inequívoca: el Barcelona había firmado una de las primeras partes más demoledoras de su historia, mientras que el Madrid CFF había sido arrollado por una realidad imposible de maquillar.

    El marcador no solo reflejaba superioridad. Reflejaba una brecha estructural, un choque de mundos, un ejercicio de poder absoluto.

    El descanso llegó como un refugio momentáneo para un Madrid CFF noqueado, que necesitaba algo más que instrucciones tácticas para recomponerse. El marcador era una losa, pero el fútbol —incluso en las tardes más crueles— siempre deja espacio para el orgullo, para el gesto simbólico, para la resistencia mínima que dignifica la derrota.

    En el otro vestuario, Pere Romeu no se permitió la complacencia. El técnico azulgrana entendió que el partido ya no se jugaba solo en el resultado, sino en el mensaje. Y el mensaje del Barcelona en este 2026 era inequívoco: no se negocia la ambición.

    El entrenador culé redefinió la defensa tras el descanso. Dio entrada a Ona Batlle y Mapi León, ambas saliendo de lesión. No era solo una cuestión de rotación o de carga de minutos; era una declaración de intenciones. El Barcelona quería seguir compitiendo como si el marcador estuviera en blanco, Sin embargo, el fútbol siempre guarda ironías.

    Apenas cuatro minutos después de la reanudación, el Madrid CFF encontró un pequeño resquicio de luz en medio de la tormenta. Poljak ganó la partida a Batlle, atacando el espacio con decisión. El balón llegó a Nautnes, que se anticipó a Mapi León y batió a Font con frialdad. 7-1en el minuto 49.

    Fue el gol del honor. Un tanto que no cambiaba la historia del partido, pero sí ofrecía una imagen distinta del Madrid CFF: la de un equipo que, aun derrotado, no se rindió del todo. Durante unos instantes, el encuentro pareció entrar en una fase de pausa, casi de cortesía que duró muy poco.
    El Barcelona no tardó en recordar quién mandaba. Tres minutos después, una acción dentro del área terminó con un penalti cometido por Antonsdóttir sobre Carla Julià. La joven canterana, omnipresente durante toda la tarde, volvió a ser determinante.

    Alexia Putellas asumió la responsabilidad. Serenidad, liderazgo y precisión. La capitana no falló y puso el 8-1 en el minuto 52. El Johan volvió a rugir. No había espacio para la duda ni para la compasión. El duelo seguía siendo desigual, sin paliativos.

    Pasada la hora de juego, el partido abrió una ventana para los cambios. Entraron en el campo Ainoa Gómez y Martret, dos nombres llamados a dejar su huella en una tarde que ya era histórica.

    El Barcelona no bajó el ritmo. Al contrario. Cada jugadora que ingresaba lo hacía con la determinación de quien sabe que está ante una oportunidad irrepetible.

    La protagonista absoluta del partido seguía siendo Ewa Pajor. La delantera polaca firmó su cuarto gol tras una gran conducción de Kika Nazareth y un centro preciso de la portuguesa. Pajor atacó el balón con el instinto de las grandes goleadoras y lo envió a la red. 9-1 en el minuto 58.

    Al borde de la hora de juego, cualquier atisbo de emoción había desaparecido. No era una cuestión de rivalidad. Era un ejercicio de poder.

    La comparación era inevitable. Por la mañana, el Atlético de Madrid y la Real Sociedad habían ofrecido un vibrante 5-5, un partido lleno de alternativas, tensión y emoción. En el Johan, en cambio, el guion era otro. Aquí no había suspense. Solo una exhibición.

    El minuto 68 dejó una de esas imágenes que justifican el fútbol más allá del marcador. Ainoa Gómez, canterana, aprovechó un balón suelto en el área tras un córner y lo envió al fondo de la red. 10-1.

    La cuenta no se detuvo ahí. Sydney Schertenleib, que ya había marcado en la primera mitad, volvió a aparecer con un gran disparo desde dentro del área. El balón superó a Paola Ulloa, que poco más podía hacer en una tarde para el olvido por culpa del 11-1.

    La penúltima escena llegó con la firma de Clàudia Pina. La atacante se unió a la fiesta con un testarazo potente, imposible para la guardameta visitante. El público cantó gol por última vez en la velada, cuando el reloj marcaba el minuto 81. 12-1.

    Pudo haber llegado el decimocuarto. La canterana azulgrana estrelló una falta directa en la cruceta, en una de las últimas acciones del partido. No quiso entrar. Quizá el fútbol decidió poner un límite simbólico a una tarde que ya había cruzado todas las fronteras.

    El Madrid CFF estaba exhausto. Cada llegada azulgrana era una amenaza real. La defensa, desbordada desde hacía mucho, ya solo podía esperar el final.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El pitido final certificó una de las mayores goleadas de la historia del Barcelona femenino. La segunda mejor marca del club. La tercera mejor de la Liga F Moeve.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    FC Barcelona: Gemma, Paredes ( 45’ Mapi León), Sydney, Marta, Alexia (60’ Pina), C. Serrajordi (60’ Martret), Pajor, Kika, AÏcha (45’ Ona Batlle), Brugts (61’ Ainoa Gómez), Carla Julià. 

    Madrid CFF: Paola, Mendoza, Villafañe, Monica, Allegra (62’ Alba Ruiz), Marina (73’ Serrano), Marcetto, Hildur, Melgard, Nautnes, Sosa (62’ Freja).

    Árbitra: Olatz Rivera Olmedo

    Goles|

    1-0 Ewa Pajor 9’ ⚽️

    2-0 Ewa Pajor 21’ ⚽️

    3-0 Carla Júlia 25’ ⚽️

    4-0 Sídney 28’ ⚽️

    5-0 Ewa Pajor 38’ ⚽️

    6-0 Brugts 43’ ⚽️

    7-0 Nuria Mendoza (P.P.) 45’⚽️

    7-1 Nautness 49’ ⚽️

    8-1 Alexia Putellas (P.) 52’ ⚽️

    9-1 Ewa Pajor 58’ ⚽️

    10-1 Ainhoa Gómez 68’ ⚽️

    11-1 Sydney 71’ ⚽️

    12-1 Claudia Pina 81’ ⚽️

    Vídeo |