La Real Federación Española de Fútbol (RFEF) ha considerado que la celebración de la séptima edición de la Supercopa de España Iberdrola, que se llevó el Fútbol Club Barcelona al derrotar al Real Madrid por 2-0 en la gran final, fue un éxito y redobla su apuesta.
📍 España inicia en Castellón el camino hacia la Copa Mundial Femenina de Brasil.
➡️ La @SEFutbolFem se medirá a Islandia el martes 3 de marzo, en el 𝗲𝘀𝘁𝗮𝗱𝗶𝗼 𝗖𝗮𝘀𝘁𝗮𝗹𝗶𝗮, en el primer partido de la fase de clasificación.
— Selección Española Femenina de Fútbol (@SEFutbolFem) January 26, 2026
El ente que preside Rafael Louzán quiere que la Selección Española de Fútbol, actual subcampeona se Europa, abra su camino hacia la Copa del Mundo en ese mismo escenario, léase, Castellón.
El camino hacia la próxima Copa Mundial Femenina de Fútbol de Brasil comenzará oficialmente en Castellón de la Plana. La Selección española femenina iniciará su andadura en la fase de clasificación mundialista en el estadio SkyFi Castalia, que se convertirá en el epicentro del fútbol femenino internacional el próximo martes 3 de marzo, a las 19:00 horas, con el primer compromiso del combinado nacional en el Grupo C ante Islandia.
Este encuentro inaugural de la fase clasificatoria supone mucho más que un simple partido. Representa el inicio de un nuevo ciclo competitivo, una nueva hoja de ruta marcada por la ambición deportiva, la continuidad del proyecto y la consolidación de España como una de las grandes potencias del fútbol femenino mundial.
La elección de Castellón como sede no es casual, sino el resultado de una estrecha y fructífera colaboración institucional entre la Real Federación Española de Fútbol, la Generalitat Valenciana, el Ayuntamiento de Castellón de la Plana y la Federación de Fútbol de la Comunidad Valenciana, todas ellas alineadas en el objetivo común de impulsar y visibilizar el fútbol femenino al más alto nivel.
El estadio SkyFi Castalia volverá a vestirse de gala para acoger a la Selección española en un momento clave del calendario internacional. El recinto castellonense, que en los últimos años se ha consolidado como un escenario fiable para grandes citas deportivas, será testigo del arranque de una fase de clasificación que se presenta exigente, competitiva y de enorme nivel futbolístico.
España comparte el Grupo C con Inglaterra, Ucrania e Islandia, un cuarteto que anticipa duelos de alta intensidad y máxima exigencia. En este contexto, comenzar la competición con una victoria se antoja fundamental para marcar territorio desde el primer día y enviar un mensaje claro al resto de rivales: la Selección española quiere volver a estar entre las mejores selecciones del planeta y no está dispuesta a ceder terreno en su camino hacia Brasil.
El enfrentamiento ante Islandia corresponde a la primera de las seis jornadas de la fase de grupos, un formato que obliga a la regularidad, la concentración y la gestión inteligente de esfuerzos a lo largo de varios meses de competición. Cada punto cuenta, cada partido tiene un peso específico y cada error puede resultar determinante en la lucha por el billete mundialista.
Un rival exigente para una prueba inicial de nivel Islandia se presenta como un rival incómodo, físico y disciplinado, habitual en las grandes citas internacionales y con una identidad futbolística muy definida. El conjunto nórdico ha construido su crecimiento en base a la solidez defensiva, el juego directo y la competitividad en cada duelo, lo que convierte este primer partido en una prueba de madurez para la Selección española.
Para España, el duelo ante Islandia será una oportunidad para poner en práctica los automatismos trabajados en las últimas concentraciones, afianzar su modelo de juego y comenzar a construir una clasificación que exige excelencia desde el primer minuto. No hay margen para la relajación ni para los experimentos: el objetivo es claro y pasa por sumar los primeros tres puntos ante su afición.
España regresa como campeona de la UEFA Women’s Nations League La Selección española vuelve a la escena internacional tras un hito histórico reciente: la conquista de la UEFA Women’s Nations League, lograda el pasado mes de diciembre. Este título no solo supuso un nuevo éxito para el palmarés del fútbol femenino español, sino que reafirmó la solidez del proyecto deportivo y la capacidad del equipo para competir y ganar ante las mejores selecciones de Europa.
Ese triunfo ha reforzado la confianza del grupo, ha elevado el nivel de exigencia interna y ha incrementado la ilusión de una afición que se ha acostumbrado a ver a su Selección competir por todo. El arranque de la clasificación mundialista llega, por tanto, en un momento emocionalmente positivo, pero también cargado de responsabilidad: ahora toca refrendar ese estatus en un torneo largo y complejo.
este partido inaugural consolida a la ciudad como un referente del fútbol femenino nacional. En los últimos años, el estadio SkyFi Castalia ha demostrado su capacidad organizativa y su idoneidad para albergar grandes eventos, tanto por infraestructuras como por respuesta social.
Hace apenas unos días, el propio SkyFi Castalia acogía con notable éxito la Supercopa Iberdrola, en un evento que dejó imágenes de gradas llenas, ambiente festivo y una organización a la altura de las mejores competiciones nacionales. Aquella cita fue una muestra inequívoca del compromiso de Castellón con el crecimiento del fútbol femenino y de la conexión existente entre la afición y este deporte.
Este nuevo partido internacional refuerza esa línea de trabajo y sitúa de nuevo a la ciudad en el mapa del fútbol femenino europeo, convirtiéndola en punto de encuentro entre la élite deportiva y una ciudadanía cada vez más implicada.
Un evento para la afición y para el futuro El encuentro ante Islandia será, además, una oportunidad única para la afición castellonense de animar de cerca a la Selección española en un momento clave de su trayectoria. El fútbol femenino vive una etapa de crecimiento sostenido, tanto en visibilidad como en seguimiento, y este tipo de partidos contribuyen de manera decisiva a fortalecer ese vínculo entre la Selección y el territorio.
Para muchas niñas y jóvenes, ver a las internacionales españolas en directo supone un estímulo, un referente y una fuente de inspiración. Para la ciudad, es una oportunidad de proyectar una imagen moderna, comprometida y alineada con los valores del deporte y la igualdad.
Un nuevo reto con la mirada puesta en Brasil Con este primer compromiso en SkyFi Castalia, la Selección española inicia un nuevo reto internacional con un objetivo inequívoco: clasificarse para la Copa Mundial Femenina de Fútbol de Brasil y volver a competir entre las mejores selecciones del mundo. El camino será largo, exigente y lleno de desafíos, pero también ilusionante.
Castellón será el punto de partida de una travesía que aspira a culminar en Brasil, y el partido ante Islandia marcará el primer capítulo de una historia que España quiere escribir con ambición, talento y compromiso.
Grupo C de la fase de clasificación para la Copa Mundial Femenina de Fútbol de Brasil se perfila como uno de los más competitivos del panorama europeo. España deberá medirse a Inglaterra, Ucrania e Islandia, tres selecciones con perfiles distintos, estilos de juego contrastados y trayectorias internacionales consolidadas, lo que obligará al combinado español a mantener un nivel de rendimiento alto y sostenido durante toda la fase.
Inglaterra, actual campeona de Europa y una de las grandes potencias históricas del fútbol femenino, se presenta como el rival de mayor entidad del grupo. Su experiencia en grandes torneos, su profundidad de plantilla y su fortaleza competitiva convierten cada enfrentamiento ante las “Lionesses” en un desafío de primer nivel. Los duelos entre España e Inglaterra se han consolidado en los últimos años como auténticos clásicos del fútbol femenino europeo, con partidos de enorme intensidad táctica, ritmo elevado y máxima exigencia emocional.
Ucrania, por su parte, representa un rival en crecimiento, con un bloque joven, dinámico y en constante evolución. Aunque no parte como favorita, su capacidad para competir y su carácter combativo la convierten en una selección peligrosa, especialmente en partidos cerrados y contextos de alta presión.
Islandia completa el grupo con un perfil muy definido: orden táctico, fortaleza física, disciplina colectiva y un alto grado de competitividad. La selección islandesa ha sido habitual en fases finales de Eurocopas y Mundiales, y su experiencia en este tipo de escenarios la convierte en un rival incómodo, capaz de penalizar cualquier error.
En este contexto, la fase de clasificación exige a España no solo talento, sino también regularidad, madurez competitiva y capacidad de gestión de los diferentes escenarios que se presenten a lo largo del calendario.
La fase de clasificación se estructura en seis jornadas, con partidos de ida y vuelta frente a cada rival del grupo. Este formato obliga a las selecciones a mantener un nivel alto durante varios meses, combinando compromisos internacionales con calendarios de clubes cada vez más exigentes.
Para España, cada partido será determinante. El margen de error es mínimo y cualquier tropiezo puede condicionar el desenlace del grupo. De ahí la importancia estratégica de comenzar la fase con una victoria en casa, ante Islandia, que permita sumar confianza, tranquilidad y una primera ventaja clasificatoria.
El partido del 3 de marzo en SkyFi Castalia no solo abre el calendario, sino que marca el tono competitivo de todo el proceso. Ganar en el estreno refuerza el mensaje interno y externo de que España afronta esta clasificación con determinación y ambición.
🏆 Fase clasificación para la Copa del Mundo Brasil 2027
“La Roja” afronta este nuevo ciclo mundialista desde una posición de madurez deportiva. Lejos quedan los años de crecimiento inicial y aprendizaje. España se ha consolidado como una selección competitiva, reconocida internacionalmente por su modelo de juego, su apuesta por el talento técnico y su capacidad para dominar los partidos a través de la posesión y la inteligencia táctica.
La reciente conquista de la UEFA Women’s Nations League, lograda en diciembre, supuso un punto de inflexión. No solo por el título en sí, sino por la forma en la que se alcanzó: superando a rivales de máximo nivel, gestionando escenarios complejos y demostrando una notable solidez colectiva.
Ese éxito ha reforzado la identidad del equipo y ha generado una continuidad natural hacia la fase de clasificación mundialista. El reto ahora es trasladar ese rendimiento a un torneo largo, donde la regularidad es tan importante como el brillo puntual.
La elección de Castellón de la Plana como sede del partido inaugural no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia más amplia de descentralización y proximidad de la Selección con el territorio. La Comunitat Valenciana se ha consolidado en los últimos años como un espacio comprometido con el desarrollo del fútbol femenino, tanto a nivel institucional como social.
La colaboración entre la Real Federación Española de Fútbol, la Generalitat Valenciana, el Ayuntamiento de Castellón de la Plana y la Federación de Fútbol de la Comunidad Valenciana ha sido clave para que este encuentro sea una realidad. Esta sinergia institucional refuerza el papel del fútbol femenino como herramienta de cohesión social, proyección territorial y promoción del deporte en igualdad.
SkyFi Castalia se ha convertido en un símbolo de esta apuesta. Su modernización, su ubicación estratégica y su experiencia reciente en grandes eventos lo posicionan como un escenario idóneo para partidos de carácter internacional.
celebración de la Supercopa Iberdrola en SkyFi Castalia, con apenas unos días de diferencia respecto a este partido internacional, ha dejado una huella significativa. El estadio respondió con solvencia organizativa, las gradas ofrecieron una imagen de apoyo masivo y el evento reforzó la percepción de Castellón como una ciudad preparada para acoger grandes citas del fútbol femenino.
Ese precedente inmediato aporta valor añadido al partido de la Selección. La experiencia reciente, la implicación del público y la visibilidad mediática generada sitúan este encuentro en un contexto favorable, tanto a nivel deportivo como institucional.
Además, la repetición de grandes eventos en un mismo escenario contribuye a crear una cultura futbolística específica, en la que la afición identifica el estadio como un lugar de referencia para el fútbol femenino de élite.
Uno de los elementos clave de este partido será, sin duda, el papel de la afición. La presencia del público en SkyFi Castalia no solo supone un apoyo emocional para la Selección, sino también un factor competitivo relevante. Jugar en casa, con el respaldo de las gradas, puede marcar la diferencia en partidos de máxima igualdad.
Para la afición castellonense, este encuentro representa una oportunidad excepcional de ver en directo a algunas de las mejores futbolistas del mundo, en un contexto oficial y decisivo. Para muchas familias, niñas y jóvenes deportistas, será una experiencia formativa y motivadora, que refuerza el vínculo entre la élite y la base del fútbol femenino.
El crecimiento del seguimiento social del fútbol femenino en España tiene en este tipo de partidos uno de sus pilares fundamentales. La cercanía, la identificación y la posibilidad de vivir el evento en primera persona contribuyen a consolidar una afición cada vez más amplia y comprometida.
El camino hacia Brasil comienza en Castellón, pero su horizonte es global. La Copa Mundial Femenina representa el máximo escenario competitivo del fútbol femenino y estar presente en ella es un objetivo irrenunciable para una selección que ha demostrado estar preparada para competir al más alto nivel.
El partido ante Islandia es el primer paso de una travesía que exigirá esfuerzo, concentración y compromiso colectivo. Cada convocatoria, cada desplazamiento y cada partido formarán parte de un proceso que España quiere culminar con éxito.
SkyFi Castalia será el punto de partida, el lugar donde se active oficialmente la maquinaria mundialista. Castellón quedará así vinculada al inicio de un nuevo capítulo en la historia reciente de la Selección española femenina, un capítulo que aspira a escribirse con ambición, competitividad y la mirada fija en Brasil.
recorrido de la Selección española femenina en las fases de clasificación para la Copa Mundial es, en sí mismo, un reflejo del crecimiento estructural del fútbol femenino en España. Durante décadas, el acceso a los grandes torneos internacionales fue un desafío complejo, condicionado por la falta de profesionalización, recursos limitados y una menor experiencia competitiva frente a selecciones con una tradición más consolidada.
Sin embargo, en los últimos ciclos mundialistas, España ha dado un salto cualitativo evidente. La mejora en la formación de base, el fortalecimiento de la liga nacional, la irrupción de generaciones de futbolistas con una preparación técnica y táctica sobresaliente y la estabilidad del proyecto federativo han permitido a la Selección competir con regularidad en las fases finales de los grandes torneos.
Las últimas clasificaciones mundialistas se han caracterizado por una mayor consistencia en el rendimiento, una capacidad creciente para gestionar partidos decisivos y una mentalidad competitiva alineada con los estándares de la élite internacional. En ese contexto, el inicio del camino hacia Brasil no se plantea como una incógnita, sino como la continuación natural de un proceso de consolidación.
España ya no compite para aprender; compite para ganar, para liderar grupos exigentes y para asumir la responsabilidad que conlleva ser una de las selecciones de referencia del fútbol femenino europeo.
En cualquier fase de clasificación, el primer partido tiene un valor simbólico y estratégico que va más allá de los tres puntos. Marca el tono del grupo, define el estado emocional del equipo y condiciona la percepción externa del proyecto.
El duelo ante Islandia en SkyFi Castalia representa ese primer examen. No solo desde el punto de vista futbolístico, sino también desde la capacidad del equipo para gestionar expectativas, asumir el rol de favorito y responder ante su afición. La Selección española llega a este encuentro con el cartel de campeona de la UEFA Women’s Nations League y con la etiqueta de candidata natural a liderar el grupo, una condición que exige responsabilidad y madurez.
Comenzar con una victoria permitiría a España afrontar las siguientes jornadas con mayor margen de maniobra, pero también reforzaría la confianza interna y la conexión con el entorno. En un grupo tan exigente, cada detalle cuenta desde el inicio.
enfrentamiento entre España e Islandia se ha convertido en los últimos años en un duelo habitual dentro del panorama europeo. Ambos combinados se han cruzado en distintas competiciones y contextos, ofreciendo partidos de perfiles muy definidos: el dominio técnico y posicional de España frente a la disciplina táctica y el despliegue físico del conjunto islandés.
Islandia ha demostrado históricamente ser un rival capaz de competir de tú a tú durante largos tramos del partido, obligando a España a desplegar paciencia, precisión y una circulación de balón fluida para encontrar espacios. Estos antecedentes convierten el partido del 3 de marzo en una prueba ideal para medir el estado competitivo de la Selección en el inicio de la clasificación.
No se trata de un rival desconocido ni de un estreno amable. Precisamente por eso, el encuentro adquiere un valor añadido como test de nivel real.
El partido en SkyFi Castalia trasciende lo estrictamente deportivo. Su impacto se extiende al ámbito social, institucional y mediático, reforzando el papel del fútbol femenino como motor de visibilidad y transformación.
Desde el punto de vista mediático, el inicio de la clasificación mundialista genera un interés creciente, tanto a nivel nacional como internacional. La presencia de España como campeona de la Nations League añade un atractivo adicional, situando el foco sobre el rendimiento del equipo y su evolución en este nuevo ciclo.
A nivel social, el evento refuerza la normalización del fútbol femenino como espectáculo de primer nivel, capaz de llenar estadios, generar audiencias y movilizar a la ciudadanía. Para Castellón, supone una oportunidad de proyección, posicionándose como una ciudad comprometida con el deporte femenino y preparada para acoger eventos de alto impacto.
Uno de los aspectos más relevantes de este tipo de partidos es su capacidad para conectar la élite con el fútbol base. La presencia de la Selección española en Castellón no solo atrae a aficionados, sino también a clubes, escuelas y jóvenes futbolistas que ven en este evento una referencia directa de hasta dónde puede llegar el fútbol femenino.
La Comunitat Valenciana cuenta con una red creciente de clubes y programas de desarrollo del fútbol femenino, y la celebración de partidos internacionales actúa como catalizador de ese crecimiento. Ver a la Selección en directo refuerza vocaciones, impulsa la participación y consolida el fútbol femenino como una opción deportiva real y atractiva.
En este sentido, SkyFi Castalia se convierte en un espacio simbólico, donde confluyen presente y futuro, élite y base, competición y formación.
El partido ante Islandia es solo el primero de una serie de compromisos que se extenderán a lo largo de los próximos meses. La gestión del calendario será uno de los factores clave del éxito en esta fase de clasificación.
La acumulación de partidos, los desplazamientos internacionales y la convivencia con las competiciones de clubes obligan a una planificación minuciosa. En este escenario, la profundidad de plantilla, la rotación inteligente y la capacidad para mantener el nivel competitivo serán determinantes.
España afronta este reto con una base sólida y una estructura cada vez más profesionalizada, pero la exigencia del Grupo C no permite relajaciones. Cada convocatoria, cada concentración y cada partido forman parte de una estrategia global cuyo objetivo final es Brasil.
El inicio del camino mundialista en Castellón tiene una carga simbólica especial. No solo por el escenario, sino por el momento histórico que vive la Selección española femenina. España ya no es una aspirante; es una realidad consolidada que quiere seguir creciendo y compitiendo al máximo nivel.
El partido del 3 de marzo en SkyFi Castalia será el punto de partida de un proceso largo, exigente y apasionante. Castellón quedará vinculada para siempre al arranque de esta nueva aventura, como la ciudad que vio dar el primer paso hacia Brasil.
La Selección española inicia este reto con ambición, responsabilidad y la convicción de que el trabajo realizado en los últimos años debe traducirse en una nueva presencia mundialista. El camino comienza aquí, ante su gente, en un estadio preparado para la ocasión y con un objetivo claro en el horizonte.
así, en Castellón de la Plana, donde el Mediterráneo acompaña la memoria del fútbol y el estadio SkyFi Castalia se erige como escenario de grandes noches, comienza una nueva travesía para la Selección española femenina. No es un punto de partida cualquiera: es el inicio de un camino que exige excelencia, compromiso y una fe inquebrantable en el trabajo colectivo. Cada pase, cada presión, cada decisión tomada sobre el césped formará parte de una narrativa que aspira a culminar en Brasil, en el mayor escaparate del fútbol mundial.
España arranca este viaje consciente de lo que representa. Porta el peso de los éxitos recientes, la responsabilidad de un proyecto consolidado y la ilusión de una generación que ha aprendido a competir sin complejos. Pero también lleva consigo algo más profundo: el respaldo de una afición que ha crecido junto al equipo, de un país que ha hecho del fútbol femenino un motivo de orgullo y de unas instituciones que han entendido que el progreso se construye con hechos, no solo con palabras.
Castellón no será solo una sede; será memoria. Será el lugar donde se encendió la primera llama de la clasificación mundialista, donde la grada empujó, donde el balón empezó a rodar con destino a Brasil. Aquí se escribe el primer párrafo de una historia que aún no conoce su final, pero que ya tiene claro su propósito: competir, creer y volver a situar a España entre las mejores selecciones del mundo.
Porque los grandes objetivos no se alcanzan de golpe. Se construyen paso a paso, partido a partido, ciudad a ciudad. Y este primer paso, firme y decidido, se da en SkyFi Castalia. Desde Castellón al mundo. Desde el presente al futuro. Con ambición, con identidad y con la convicción de que el camino es tan importante como la meta.
Aquí empieza todo. Aquí comienza, de nuevo, el sueño mundialista.
La noticia irrumpe como un relámpago en mitad del calendario internacional, con la fuerza de los anuncios que no solo informan, sino que marcan territorio, fijan memoria y anticipan historia. La selección española femenina de fútbol regresará a la acción competitiva el próximo 3 de marzo, y lo hará en Castellón, frente a Islandia, en un encuentro correspondiente a la clasificación para el Mundial femenino de 2027.
Un partido que no es uno más. Un duelo que no es una simple fecha subrayada en rojo. Es una declaración de intenciones. Y es, también, el fruto del periodismo bien ejercido, del que persigue, contrasta y comunica con rigor y pasión. Así lo adelantó Andrea Peláez, periodista zamorana, voz autorizada del fútbol femenino en España, profesional que lleva años narrando esta revolución desde dentro, sin ruido, sin atajos y con una credibilidad que hoy resulta incontestable.
España vuelve a competir. España vuelve a casa. España vuelve a mirar al futuro con la convicción de quien ya no pide permiso para estar entre las grandes, sino que exige respeto por derecho propio. Castellón será el escenario de un nuevo capítulo de una selección que ha aprendido a convivir con la excelencia, con la presión y con la responsabilidad de representar no solo a un equipo, sino a toda una generación de futbolistas que han cambiado la historia del deporte español. El choque ante Islandia se enmarca en el camino hacia el Mundial de 2027, una cita que ya se vislumbra en el horizonte como el siguiente gran reto de una selección que ha conquistado Europa, que ha alcanzado la cima del fútbol mundial y que ahora se enfrenta al desafío más complejo de todos: sostener la grandeza.
Islandia no es un rival cualquiera. Nunca lo ha sido. Es una selección forjada en la resistencia, en el orden, en la disciplina táctica y en una identidad competitiva que la ha convertido en un adversario incómodo para cualquiera. Cada enfrentamiento con el combinado islandés exige precisión, madurez y una lectura profunda del partido. España lo sabe. El cuerpo técnico lo sabe. Las futbolistas lo saben. Y la afición, cada vez más formada y exigente, también lo sabe. Por eso este partido no se presenta como un trámite, sino como una prueba de carácter, una oportunidad para reafirmar principios y una ocasión para seguir construyendo una narrativa que ya es patrimonio colectivo del deporte español.
El valor simbólico de Castellón como sede no es menor. El fútbol femenino internacional vuelve a desplegarse lejos de los grandes focos habituales, acercándose al territorio, a la afición de proximidad, a la España que ha acompañado este proceso desde la base, desde los campos modestos, desde las gradas humildes que hoy se llenan con orgullo. Cada partido de la selección femenina en suelo español es un acto de justicia histórica, un reconocimiento a quienes creyeron cuando creer era un ejercicio de fe. Castellón acogerá a una selección que ya no sorprende, que ya no irrumpe, que permanece.
En este contexto, el anuncio del partido adquiere una dimensión especial al estar firmado informativamente por Andrea Peláez, una de las periodistas que mejor ha entendido, explicado y dignificado el crecimiento del fútbol femenino en España. Su nombre no es casual en esta historia. No es accesorio. Es estructural. Andrea Peláez representa a una generación de profesionales que no llegaron al fútbol femenino por oportunidad, sino por convicción. Periodista formada, rigurosa, con una voz reconocible y una mirada profunda, ha sabido construir un relato que combina información, análisis y sensibilidad sin caer jamás en la condescendencia ni en el ruido superficial.
Desde Zamora, desde una tierra históricamente ajena a los grandes focos mediáticos, Andrea Peláez ha demostrado que el periodismo deportivo no depende del código postal, sino del compromiso, del trabajo diario y de una ética profesional innegociable. Su trayectoria es la de quien ha estado cuando no había cámaras, cuando las audiencias eran residuales y cuando contar estas historias requería algo más que micrófonos: requería creer. Hoy, cuando el fútbol femenino ocupa portadas, parrillas y debates, su figura se alza como una referencia respetada por clubes, jugadoras, federaciones y audiencias.
Que sea su firma la que anticipe este España–Islandia no es solo una noticia; es una constatación. Andrea Peláez no informa desde fuera: forma parte del ecosistema. Su trabajo ha contribuido a normalizar, a prestigiar y a elevar el relato del fútbol femenino a la categoría que siempre mereció. En un entorno mediático a menudo dominado por la urgencia y el titular fácil, su periodismo apuesta por el contexto, por la memoria y por el respeto a las protagonistas. Y eso, en un deporte que ha tenido que luchar contra el olvido, es un valor incalculable.
El partido del 3 de marzo será también un punto de encuentro entre generaciones. Las campeonas consolidadas, las líderes silenciosas, las jóvenes que empujan con fuerza y las que sueñan desde la grada compartirán un mismo escenario. Cada convocatoria, cada alineación y cada minuto sobre el césped forma parte de un proceso que va mucho más allá del resultado inmediato. España ya no compite solo para ganar partidos: compite para dejar legado.
La clasificación para el Mundial de 2027 exige regularidad, ambición y una lectura inteligente de cada ventana internacional.
No hay margen para la complacencia. Cada partido cuenta. Cada gol suma. Cada detalle importa. En ese contexto, Islandia aparece como una prueba de fuego temprana, una oportunidad para medir el pulso competitivo del equipo y para seguir afinando automatismos en un ciclo que apenas comienza a escribirse.
La expectación es máxima. La afición responde. Los medios especializados analizan. Y el fútbol femenino español sigue avanzando, consciente de que cada paso es observado, celebrado y también exigido. Este partido no es un punto de llegada, sino una estación más en un viaje que aún promete emociones, desafíos y conquistas.
Y en medio de todo ello, el periodismo cumple su función esencial: contar lo que ocurre, explicar por qué ocurre y otorgar sentido a lo que está por venir. Andrea Peláez encarna esa misión con una naturalidad que solo poseen quienes entienden su oficio como un servicio público. Su nombre, asociado a esta noticia, no es solo una firma: es una garantía.
El 3 de marzo de 2025 , Castellón será fútbol. Será la selección. Será clasificación mundialista. Será memoria y futuro.
🇪🇸Y por cierto, según sabemos en COPE, el partido que hoy ha anunciado Louzán que jugará la Selección Española femenina en Castalia será el de la J1 de Clasificación para el Mundial 2027:
Y será, también, una nueva prueba de que el fútbol femenino español ya no necesita reivindicarse: se narra, se analiza y se celebra como lo que es: élite, historia y presente.
🔲 La capitana del Barcelona y de la Selección Española de Fútbol deja atrás el platino que marcó una etapa de resistencia para abrazar un rubio cálido, orgánico y luminoso que conecta identidad, madurez, liderazgo y futuro. Un cambio estético que no es moda: es manifiesto.
Cuando el calendario se detuvo en el umbral del Año Nuevo 2026, Alexia Putellas eligió hablar sin palabras. Lo hizo a través de una imagen, de una textura, de un color que no grita pero permanece. El platino —símbolo de dureza, de filo, de supervivencia— quedó atrás. En su lugar, apareció una melena rubia con reflejos cálidos, viva, en movimiento, acompañada de un corte renovado, más orgánico, más libre, más adulto.
No fue un simple cambio de look. Fue un acto narrativo. Una declaración silenciosa de intenciones.
Compartido de manera natural en Instagram y X, el nuevo estilo de Alexia desató una reacción inmediata: comentarios, análisis, interpretaciones, capturas, titulares. Porque cuando Alexia cambia, no solo cambia una futbolista.
Cambia un símbolo. Cambia un tiempo. Cambia una forma de mirar el fútbol femenino desde el centro mismo de su historia reciente.
Durante años, el rubio platino fue casi una armadura. En Alexia, no era un adorno: era una extensión de su carácter competitivo, de su liderazgo frontal, de su forma de ocupar el espacio. El platino acompañó etapas decisivas: Balones de Oro, lesiones, regresos, silencios, miradas largas al horizonte.
Era un color extremo, exigente, sin concesiones. Como la propia Alexia en los momentos más duros.
Pero todo símbolo, cuando cumple su función, debe transformarse y el paso al rubio cálido no supone una renuncia, sino una evolución. Donde antes había dureza visual, ahora hay profundidad. Donde antes el impacto era inmediato, ahora es permanente.
nuevo tono elegido por Alexia no es casual. Los reflejos dorados y miel conectan con una estética más natural, más vinculada al cuerpo en movimiento, al deporte vivido desde la armonía y no desde la resistencia pura.
Jugadoras del Barça con más contribuciones de gol en lo que va de temporada:
Es un rubio que respira, que dialoga con la piel, con la luz, con el gesto. Que no se impone, pero se recuerda.
El corte acompaña esa idea: menos rigidez, más fluidez. Menos construcción artificial, más identidad real. Es la imagen de una futbolista que ya no necesita demostrar nada, porque todo está dicho sobre el césped.
Alexia no hizo un anuncio formal. No hubo comunicado, ni campaña, ni explicación. Simplemente apareció. Y eso, en sí mismo, es poder.
Las redes sociales se convirtieron en el escenario donde la imagen se expandió como una onda larga. No por provocación, sino por autoridad simbólica. Cada publicación, cada fotografía, fue interpretada como lo que realmente era: un inicio.
No es la primera vez que Alexia utiliza el cabello como elemento narrativo. En el Mundial de 2023, sorprendió con un tono rosado que muchos interpretaron como una apuesta emocional, una llamada a la épica, un guiño al estilo icónico de Megan Rapinoe.
Aquel rosa hablaba de desafío, de visibilidad, de ruptura de moldes. Este rubio cálido, en cambio, habla de reconciliación, de estabilidad, de victoria interior.
Si el rosa fue una llamarada, el dorado es un fuego constante.
En el fútbol femenino, el cuerpo ha sido históricamente un campo de disputa. Alexia lo sabe. Por eso cada decisión estética suya trasciende lo superficial. No se trata de moda, sino de control del relato.
Cambiar el pelo es, en su caso, una forma de apropiarse del tiempo, de marcar el ritmo, de decir: estoy aquí, sigo aquí, y soy otra sin dejar de ser yo.
No es casual que el cambio llegue con el Año Nuevo 2026. El calendario simbólico importa. Alexia inaugura el año con una imagen que no mira atrás con nostalgia, sino con serenidad. El dorado no es pasado: es promesa.
Promesa de continuidad, de liderazgo renovado, de una figura que sigue siendo central en el Barça, en la selección, en el imaginario colectivo del fútbol femenino europeo y mundial.
Las reacciones no tardaron en llegar. Aficionadas, periodistas, compañeras, referentes culturales. Porque Alexia no solo juega al fútbol: estructura imaginarios.
Cada gesto suyo —también este— se convierte en material de análisis, en espejo, en referencia.
Este nuevo rubio no busca ser tendencia. Busca ser verdad. No grita. No necesita hacerlo. Se instala. Permanece. Acompaña.
Alexia Putellas entra en 2026 con una imagen que no simboliza ruptura, sino plenitud. Una plenitud construida desde el dolor, el trabajo, la excelencia y la conciencia de su lugar en la historia.
Porque hay cambios que no anuncian un nuevo comienzo. Anuncian algo más complejo y más poderoso
No todas las futbolistas construyen su carrera desde el impacto inmediato. Algunas lo hacen desde la permanencia. Desde estar. Desde sostener. Ivana Andrés pertenece a ese grupo reducido de jugadoras cuya importancia no siempre se mide en focos, sino en procesos. Central de formación, capitana por naturaleza y líder sin estridencias, su trayectoria resume como pocas la evolución del fútbol femenino español en la última década.
Hay gestos que valen más que mil palabras. El 20 de agosto de 2023, Ivana Andrés alzó la Copa del Mundo FIFA con la Selección Española. En la imagen no había estridencias. No había gritos mediáticos, ni celebraciones virales, ni portadas diseñadas para capturar el momento exacto de un gol decisivo. Solo estaba ella, serena, con el brazalete de capitana en la muñeca y la pelota de la gloria sobre sus manos. Ese gesto resumía más de una década de trabajo invisible, de liderazgo silencioso, de fiabilidad sostenida y de coherencia absoluta.
(Fuente: Getty imágenes)
Para entender a Ivana Andrés no basta con mirar ese momento. No se trata de un talento precoz que irrumpió con fuerza en titulares o de una jugadora que aceleró el juego con regates imposibles. Su historia se entiende desde la constancia. Desde la capacidad de sostener. Desde estar siempre, incluso cuando nadie miraba. El relato de Ivana es el de las futbolistas imprescindibles, las que permiten que todo lo demás ocurra. Las que sostienen el equipo, el proyecto y, finalmente, la historia.
Ese día, al levantar la Copa del Mundo, Ivana no solo celebraba un título. Celebraba una carrera construida en silencio, desde la estabilidad, la lectura táctica y la autoridad moral.
Celebraba el reconocimiento a una futbolista que, durante años, fue más importante dentro del vestuario que en los flashes de la prensa. Celebraba la culminación de un proceso largo: de una joven que llegó al Valencia CF en 2009, cuando el fútbol femenino español aún caminaba con dificultad, hasta convertirse en referente nacional e internacional, líder y capitana de la Selección Española de Fútbol.
comprender la dimensión del recorrido de Ivana Andrés, es necesario retroceder al momento en que irrumpió en el Valencia CF. La temporada 2009/10 no es solo el inicio de su carrera; es un retrato del fútbol femenino español en construcción.
En aquel entonces, el panorama era radicalmente distinto al actual. Los campos de entrenamiento eran modestos, muchas veces de césped sintético irregular; los horarios de los partidos estaban supeditados a la disponibilidad de instalaciones compartidas con categorías masculinas; y los presupuestos de los clubes eran mínimos, lo que significaba que gran parte de las futbolistas combinaban su carrera deportiva con estudios o trabajos. La profesionalización era una aspiración, no una realidad.
El Valencia CF Femenino, aunque un club históricamente relevante, no era una excepción. Su estructura estaba en fase de consolidación. Existían entrenadores con vocación y visión, pero la estabilidad dependía más de la pasión que de recursos sólidos. En este entorno, las jóvenes jugadoras aprendían a adaptarse, a improvisar y a sobrevivir. Cada entrenamiento era una lección de resiliencia, cada partido una prueba de madurez temprana.
Ivana llegó con apenas 16 años, pero con una claridad poco habitual: entendía el fútbol como control y anticipación, no como exhibición física o destello individual. No era la más rápida, ni la más alta, ni la más espectacular. Pero desde el primer momento mostró una cualidad que sería su sello durante toda su carrera: regularidad. En un contexto donde las fluctuaciones eran la norma —errores, lesiones, equipos descompensados—, su constancia era diferencial. Podía no brillar, pero no fallaba. Podía no destacar, pero sostenía.
El fútbol femenino español de entonces se enfrentaba a múltiples desafíos. Los clubes competían en ligas que aún buscaban estabilidad competitiva. La cobertura mediática era mínima: los partidos rara vez se retransmitían y los reportajes se limitaban a notas breves en diarios locales. Las futbolistas eran conocidas principalmente en sus ciudades, no a nivel nacional, y la narrativa sobre ellas solía centrarse en la precariedad, no en la calidad deportiva.
En ese contexto, aprender significaba más que técnica: significaba entender la categoría, leer el juego y construir hábitos que sobrevivieran al caos. Ivana Andrés hizo eso con naturalidad. Sus primeras temporadas fueron discretas en estadísticas, pero determinantes en aprendizaje. Ganó minutos de manera progresiva, asimiló la intensidad de la Liga Nacional y desarrolló un criterio defensivo adelantado a su edad. Cada partido era un laboratorio de posicionamiento, comunicación y control del juego.
La joven central valenciana no se caracterizaba por entradas espectaculares ni por duelos físicos constantes. Su arma era la colocación, la anticipación y la capacidad de leer el peligro antes de que apareciera. Su presencia en el campo generaba seguridad al equipo: las compañeras sabían que podían confiar en que los espacios estarían bien cubiertos, que las transiciones estarían organizadas y que la defensa mantendría su integridad incluso en momentos complicados.
Ese aprendizaje silencioso no era reconocido por portadas ni premios. Pero era fundamental. Porque el fútbol femenino español necesitaba figuras como Ivana: futbolistas que no solo jugaran, sino que sostuvieran. La categoría juvenil y la Liga Nacional no ofrecían lujo; ofrecían formación y oportunidades para entender el fútbol desde la calma y la cabeza. Ivana abrazó ese camino con disciplina y sin ruido.
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Entre 2009 y 2014, su progresión fue constante. Cada año acumulaba minutos, ganaba confianza y empezaba a ser percibida no solo como una promesa, sino como una jugadora fiable. Su evolución estaba marcada por la madurez, no por el protagonismo mediático. En un fútbol que aún luchaba por profesionalizarse, esa madurez era una ventaja competitiva.
Su llegada coincidía con un momento crucial: la transformación silenciosa de la Liga Femenina Española, que empezaba a consolidar clubes, estructurar competiciones y profesionalizar recursos de manera gradual. En ese período, el Valencia CF se posicionaba como un club capaz de ofrecer continuidad y formación de calidad, lo que permitió a Ivana consolidar sus bases tácticas y su carácter.
Aprender en ese contexto era aprender a sostener, a no depender de circunstancias externas, a adaptarse a cada rival y a cada partido. La joven central entendió desde el principio que su valor no residía en acciones individuales llamativas, sino en la consistencia, la lectura del juego y la capacidad de ser un referente silencioso dentro del equipo.
De esta manera, los años formativos de Ivana Andrés no solo fueron el inicio de una carrera deportiva, sino también una lección sobre cómo se construye la fiabilidad: minuto a minuto, entrenamiento a entrenamiento, partido a partido. Era la primera vez que se sentía la semilla de un liderazgo que, años después, sería reconocido con el brazalete de capitana en clubes y en la Selección.
En paralelo a su evolución en el club, Ivana Andrés comenzó a destacar en las categorías inferiores de la selección española. Ya había participado en torneos Sub-17 y Sub-19, y su desempeño reflejaba la misma regularidad que mostraba en Valencia. Su capacidad para leer el juego, su serenidad y su liderazgo natural le valieron un reconocimiento progresivo que, años más tarde, la consolidaría como referente de la Selección Absoluta.
En resumen, antes de ser internacional y antes de levantar títulos, Ivana se formó en un fútbol que exigía resistencia, inteligencia y coherencia. Su carrera no comenzó con un golpe de talento, sino con una aceptación temprana de la disciplina silenciosa que el fútbol femenino requería en España. Lo que entonces parecía rutina, más tarde se convertiría en una virtud esencial: la capacidad de sostener equipos, proyectos y, finalmente, la historia misma del fútbol femenino español.
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Cuando Ivana Andrés debutó con el primer equipo del Valencia CF Femenino en la temporada 2010/11, ya había demostrado que su talento no se medía en destellos individuales, sino en consistencia y regularidad. Tenía apenas 17 años, pero la madurez que mostraba sobre el césped la distinguía de muchas jugadoras con más experiencia. No era una central físicamente dominante ni de entradas espectaculares; era, sobre todo, una central que entendía el juego antes de que este sucediera. Esa comprensión del fútbol le permitió adaptarse rápidamente a la exigencia de la categoría y a la presión de un club que aspiraba a consolidarse en la élite española.
Los primeros años fueron, ante todo, un periodo de aprendizaje. Cada partido era un desafío: enfrentarse a delanteras veteranas, leer sistemas tácticos cada vez más complejos y asumir responsabilidades defensivas que, a veces, recaían sobre jugadoras mucho más experimentadas. Ivana no era una futbolista que necesitara acaparar protagonismo; su fortaleza residía en la constancia de sus decisiones y la seguridad que transmitía al equipo. Sus entrenadores pronto comprendieron que, aunque no destacara con estadísticas llamativas, podía ser el eje sobre el que sostener la defensa.
Durante esta etapa, la joven central desarrolló un rasgo que definiría toda su carrera: la anticipación. A diferencia de muchas defensoras de su generación, que confiaban en la fuerza física o en la agresividad de la entrada, Ivana aprendió a posicionarse con precisión, a leer el movimiento del rival y a interceptar situaciones antes de que se convirtieran en peligro. Esta capacidad le permitió acumular minutos de forma constante y ganar la confianza del cuerpo técnico y de sus compañeras.
En paralelo a su desarrollo defensivo, Ivana comenzó a forjar su liderazgo silencioso. Aunque aún no llevaba el brazalete, su presencia sobre el campo era evidente. Corría, ordenaba, ajustaba el posicionamiento de sus compañeras y transmitía seguridad. No lo hacía mediante discursos o arengas, sino con la coherencia de su juego. Las futbolistas jóvenes que llegaban al primer equipo la observaban y aprendían, y las veteranas encontraban en ella un soporte confiable que permitía organizar la defensa con tranquilidad.
Durante estos años, el Valencia CF Femenino se enfrentaba a un entorno competitivo que estaba en pleno proceso de profesionalización. Los clubes grandes comenzaban a invertir de manera más sistemática, pero la Liga seguía marcada por la irregularidad de presupuestos, recursos y cobertura mediática. En este contexto, la fiabilidad individual era un valor estratégico. Ivana ofrecía justamente eso: una futbolista que podía sostener el equipo incluso cuando las circunstancias externas eran complicadas.
(Fuente: Getty imágenes)
El estilo de Ivana también se fue definiendo en esta etapa. No buscaba el protagonismo mediante recuperaciones espectaculares ni incursiones ofensivas; priorizaba la seguridad, la colocación y la protección del espacio. Su juego se basaba en evitar que el peligro llegara a su área, en lugar de reaccionar cuando ya estaba presente. Esta mentalidad defensiva le permitió acumular muy pocas tarjetas, mantener la solidez de la defensa y generar confianza en el resto del equipo.
A medida que pasaban las temporadas, Ivana empezó a ser percibida no solo como una futbolista confiable, sino también como una jugadora estratégica para el proyecto valencianista. Su capacidad para adaptarse a distintos sistemas tácticos y su madurez competitiva la convirtieron en un recurso indispensable. Ya no era simplemente una promesa juvenil; era una futbolista que podía sostener al equipo en momentos críticos, capaz de organizar la línea defensiva y de transmitir serenidad a sus compañeras.
Los entrenadores del Valencia, conscientes de su potencial, comenzaron a otorgarle más responsabilidades dentro del campo. Aunque la capitanía formal aún no llegaba, Ivana ejercía un liderazgo tácito: corregía, ordenaba y asumía la iniciativa en situaciones de tensión. Su influencia era silenciosa pero efectiva, y pronto se convirtió en un referente para todas las jugadoras del vestuario.
En estos primeros años, Ivana también aprendió a gestionar la presión externa. La cobertura mediática era limitada, pero los partidos de la Liga empezaban a atraer atención y expectación. La joven central entendió que su mejor defensa era mantener la calma, rendir siempre y no dejarse llevar por el ruido. Esa filosofía le permitiría, más adelante, liderar equipos en contextos mucho más exigentes y mediáticos, como el Real Madrid Femenino o la Selección Española.
Por último, cabe destacar que esta etapa formativa también fue clave para consolidar la capacidad de adaptación de Ivana. En un fútbol femenino español que cambiaba año tras año, con reglamentos nuevos, competiciones europeas en expansión y equipos en transformación, Ivana aprendió a ajustar su juego sin perder identidad. Esa habilidad sería fundamental cuando años después se enfrentara a retos distintos: un Levante en la parte alta de la Liga, un proyecto emergente en el Real Madrid y, finalmente, su primera experiencia fuera de España en la Serie A italiana.
En resumen, los primeros años de Ivana Andrés en el Valencia CF Femenino fueron mucho más que simples aprendizajes técnicos. Fueron una lección de paciencia, regularidad y liderazgo silencioso. En un entorno marcado por la precariedad y la falta de recursos, su capacidad para sostener el equipo se convirtió en su principal virtud. Cada partido, cada entrenamiento y cada temporada acumulada fue construyendo los cimientos de una carrera que, años después, la llevaría a levantar la Copa del Mundo como capitana de España.
Esta etapa temprana demuestra que no todas las futbolistas construyen su historia desde la espectacularidad. Algunas lo hacen desde la constancia, desde la disciplina y desde la capacidad de influir en el equipo sin necesidad de que todos lo vean. Ivana Andrés pertenece a este grupo. Y es precisamente esa combinación de fiabilidad, lectura táctica y liderazgo silencioso la que define su trayectoria y la prepara para los capítulos siguientes de su carrera: la capitanía formal, la consolidación en clubes mayores y, finalmente, la gloria internacional.
Cuando Ivana Andrés debutó con el primer equipo del Valencia CF Femenino en la temporada 2010/11, ya había demostrado que su talento no se medía en destellos individuales, sino en consistencia y regularidad. Tenía apenas 17 años, pero la madurez que mostraba sobre el césped la distinguía de muchas jugadoras con más experiencia. No era una central físicamente dominante ni de entradas espectaculares; era, sobre todo, una central que entendía el juego antes de que este sucediera. Esa comprensión del fútbol le permitió adaptarse rápidamente a la exigencia de la categoría y a la presión de un club que aspiraba a consolidarse en la élite española.
Los primeros años fueron, ante todo, un periodo de aprendizaje. Cada partido era un desafío: enfrentarse a delanteras veteranas, leer sistemas tácticos cada vez más complejos y asumir responsabilidades defensivas que, a veces, recaían sobre jugadoras mucho más experimentadas. Ivana no era una futbolista que necesitara acaparar protagonismo; su fortaleza residía en la constancia de sus decisiones y la seguridad que transmitía al equipo. Sus entrenadores pronto comprendieron que, aunque no destacara con estadísticas llamativas, podía ser el eje sobre el que sostener la defensa.
Durante esta etapa, la joven central desarrolló un rasgo que definiría toda su carrera: la anticipación. A diferencia de muchas defensoras de su generación, que confiaban en la fuerza física o en la agresividad de la entrada, Ivana aprendió a posicionarse con precisión, a leer el movimiento del rival y a interceptar situaciones antes de que se convirtieran en peligro. Esta capacidad le permitió acumular minutos de forma constante y ganar la confianza del cuerpo técnico y de sus compañeras.
En paralelo a su desarrollo defensivo, Ivana comenzó a forjar su liderazgo silencioso. Aunque aún no llevaba el brazalete, su presencia sobre el campo era evidente. Corría, ordenaba, ajustaba el posicionamiento de sus compañeras y transmitía seguridad. No lo hacía mediante discursos o arengas, sino con la coherencia de su juego. Las futbolistas jóvenes que llegaban al primer equipo la observaban y aprendían, y las veteranas encontraban en ella un soporte confiable que permitía organizar la defensa con tranquilidad.
Durante estos años, el Valencia CF Femenino se enfrentaba a un entorno competitivo que estaba en pleno proceso de profesionalización. Los clubes grandes comenzaban a invertir de manera más sistemática, pero la Liga seguía marcada por la irregularidad de presupuestos, recursos y cobertura mediática. En este contexto, la fiabilidad individual era un valor estratégico. Ivana ofrecía justamente eso: una futbolista que podía sostener el equipo incluso cuando las circunstancias externas eran complicadas.
En paralelo a su evolución en el club, Ivana Andrés comenzó a destacar en las categorías inferiores de la selección española. Ya había participado en torneos Sub-17 y Sub-19, y su desempeño reflejaba la misma regularidad que mostraba en Valencia. Su capacidad para leer el juego, su serenidad y su liderazgo natural le valieron un reconocimiento progresivo que, años más tarde, la consolidaría como referente de la Selección Absoluta.
El estilo de Ivana también se fue definiendo en esta etapa. No buscaba el protagonismo mediante recuperaciones espectaculares ni incursiones ofensivas; priorizaba la seguridad, la colocación y la protección del espacio. Su juego se basaba en evitar que el peligro llegara a su área, en lugar de reaccionar cuando ya estaba presente. Esta mentalidad defensiva le permitió acumular muy pocas tarjetas, mantener la solidez de la defensa y generar confianza en el resto del equipo.
A medida que pasaban las temporadas, Ivana empezó a ser percibida no solo como una futbolista confiable, sino también como una jugadora estratégica para el proyecto valencianista. Su capacidad para adaptarse a distintos sistemas tácticos y su madurez competitiva la convirtieron en un recurso indispensable. Ya no era simplemente una promesa juvenil; era una futbolista que podía sostener al equipo en momentos críticos, capaz de organizar la línea defensiva y de transmitir serenidad a sus compañeras.
Los entrenadores del Valencia, conscientes de su potencial, comenzaron a otorgarle más responsabilidades dentro del campo. Aunque la capitanía formal aún no llegaba, Ivana ejercía un liderazgo tácito: corregía, ordenaba y asumía la iniciativa en situaciones de tensión. Su influencia era silenciosa pero efectiva, y pronto se convirtió en un referente para todas las jugadoras del vestuario.
En estos primeros años, Ivana también aprendió a gestionar la presión externa. La cobertura mediática era limitada, pero los partidos de la Liga empezaban a atraer atención y expectación. La joven central entendió que su mejor defensa era mantener la calma, rendir siempre y no dejarse llevar por el ruido. Esa filosofía le permitiría, más adelante, liderar equipos en contextos mucho más exigentes y mediáticos, como el Real Madrid Femenino o la Selección Española.
Por último, cabe destacar que esta etapa formativa también fue clave para consolidar la capacidad de adaptación de Ivana. En un fútbol femenino español que cambiaba año tras año, con reglamentos nuevos, competiciones europeas en expansión y equipos en transformación, Ivana aprendió a ajustar su juego sin perder identidad. Esa habilidad sería fundamental cuando años después se enfrentara a retos distintos: un Levante en la parte alta de la Liga, un proyecto emergente en el Real Madrid y, finalmente, su primera experiencia fuera de España en la Serie A italiana.
En resumen, los primeros años de Ivana Andrés en el Valencia CF Femenino fueron mucho más que simples aprendizajes técnicos. Fueron una lección de paciencia, regularidad y liderazgo silencioso. En un entorno marcado por la precariedad y la falta de recursos, su capacidad para sostener el equipo se convirtió en su principal virtud. Cada partido, cada entrenamiento y cada temporada acumulada fue construyendo los cimientos de una carrera que, años después, la llevaría a levantar la Copa del Mundo como capitana de España.
Esta etapa temprana demuestra que no todas las futbolistas construyen su historia desde la espectacularidad. Algunas lo hacen desde la constancia, desde la disciplina y desde la capacidad de influir en el equipo sin necesidad de que todos lo vean. Ivana Andrés pertenece a este grupo. Y es precisamente esa combinación de fiabilidad, lectura táctica y liderazgo silencioso la que define su trayectoria y la prepara para los capítulos siguientes de su carrera: la capitanía formal, la consolidación en clubes mayores y, finalmente, la gloria internacional.
En esta fase, Ivana asumió formalmente el brazalete de capitana, no porque buscara protagonismo, sino porque era la futbolista que mejor representaba la estabilidad y el equilibrio dentro del vestuario. Su liderazgo no era discursivo ni ruidoso; se ejercía con hechos. Ordenaba, corregía y sostenía desde el campo. Su influencia no dependía del volumen de voz, sino de la coherencia de sus decisiones. Cada jugada, cada intervención, cada colocación era una enseñanza tácita para sus compañeras.
La capitanía de Ivana no consistía en hablar más que nadie; consistía en hacer mejor a quienes la rodeaban. Era capaz de mejorar la lectura del juego de sus compañeras, de orientar la defensa y de reducir los riesgos de forma silenciosa. Esa capacidad de liderazgo funcional se convirtió en su sello: un poder que no se impone, sino que se acepta.
Valencia vivió uno de sus períodos más estables en este tiempo. El club no solo competía de manera regular en la Liga, sino que también alcanzó momentos históricos, como la final de la Copa de la Reina de 2015. Ivana fue un pilar fundamental en ese éxito. No firmó goles decisivos ni intervenciones espectaculares que quedaran grabadas en la memoria colectiva; lo hizo con seguridad, orden y control táctico. En esos partidos, su presencia se percibía como un ancla: mientras ella estaba en el campo, el equipo respiraba con más confianza.
La final de 2015 representa, en muchos sentidos, un punto simbólico en la carrera de Ivana. Fue la primera gran cita nacional en la que su liderazgo y capacidad defensiva se vieron reflejados en un resultado tangible, aunque finalmente el equipo no lograra alzar el título. Su actuación y la confianza que generaba fueron suficientes para consolidar su posición como referente del equipo.
que distingue a Ivana no es solo su capacidad defensiva, sino su influencia en el vestuario. Incluso cuando otras jugadoras eran más mediáticas o talentosas en el plano individual, ella era la figura que equilibraba el grupo. Su liderazgo se basaba en la coherencia, la constancia y la fiabilidad, y esas cualidades generaban respeto. Las decisiones que tomaba sobre el césped y fuera de él no necesitaban ser comentadas: hablaban por sí mismas.
Ese tipo de liderazgo tiene un efecto multiplicador. Ivana hacía mejores a sus compañeras porque les ofrecía seguridad y ejemplo constante. Su manera de leer el juego, su colocación precisa y su capacidad de anticipación no solo neutralizaban al rival, sino que también permitían al equipo mantener la estructura y responder con tranquilidad a situaciones de presión.
Durante estos años, Ivana empezó a consolidarse en la Selección Española Absoluta. Su regularidad y capacidad de liderazgo silencioso la llevaron a entrar en la órbita nacional de manera definitiva. Ya no era solo una promesa; era una central fiable a nivel internacional, capaz de competir contra rivales de máxima exigencia. Su participación en torneos internacionales sub-19 y su progresión natural hacia la Absoluta reflejaban que su desarrollo no dependía únicamente del club: su nivel de rendimiento era consistente en cualquier contexto competitivo.
A nivel táctico, Ivana seguía desarrollando su estilo característico. No necesitaba intervenir en cada acción para demostrar dominio. Su fortaleza residía en prevenir el peligro mediante colocación, lectura y control del espacio. En duelos individuales, confiaba más en la posición que en la fuerza o la entrada arriesgada. Su juego aéreo era correcto, suficiente para sostener al equipo sin ser necesariamente dominante. Y en la salida de balón, prefería la seguridad del pase corto a asumir riesgos innecesarios.
Lo más importante de este período es que Ivana aprendió a liderar sin alterar su estilo de juego. No cambió su manera de defender ni de organizar. Ajustó matices, pero nunca perdió identidad. Esa coherencia le permitió sostener equipos en momentos críticos, siendo una referencia clara dentro y fuera del campo.
La etapa 2014–2018 no solo consolidó a Ivana como líder y central fiable; también la preparó para retos mayores. La consistencia demostrada en Valencia la convirtió en una futbolista atractiva para clubes de mayor nivel competitivo. Su perfil —experiencia, liderazgo, fiabilidad— empezaba a situarla en la agenda de equipos con aspiraciones europeas y proyectos más ambiciosos.
A su salida en 2018, tras casi una década en Valencia, no se trató de una ruptura sino de un final de ciclo natural. Su paso por el club dejó una impronta clara: había sido el eje que sostuvo al equipo durante años difíciles, el referente silencioso en vestuarios complejos y la central que había aprendido a liderar sin necesidad de protagonismo.
Estos cuatro años representan la madurez de la futbolista y del liderazgo de Ivana Andrés. Se consolidó como una central capaz de sostener equipos, de influir sin imponerse y de liderar en contextos de presión. Cada entrenamiento, cada partido y cada decisión dentro del campo contribuyeron a construir la figura de una capitana funcional: discreta, constante y esencial.
Este período de Valencia marca el inicio de la siguiente fase de su carrera: el salto a equipos con mayores exigencias competitivas, primero el Levante Unión Deportiva y luego el Real Madrid Femenino, donde su liderazgo y fiabilidad serían puestos a prueba en contextos aún más complejos y mediáticos.
Cuando Ivana Andrés dejó el Valencia CF en 2018, se enfrentó a un desafío que marcaría la siguiente etapa de su carrera: incorporarse al Levante UD Femenino, un club en la parte alta de la Liga F y con aspiraciones europeas. Si en Valencia había sido el eje defensivo y emocional de un equipo en proceso de consolidación, en Levante debía demostrar que su rendimiento no dependía del contexto ni de la estabilidad previa. La prueba era doble: competir en un nivel superior y adaptarse a un nuevo vestuario, con estructuras tácticas más exigentes y rivales más potentes.
Desde el primer partido, Ivana mostró que su estilo de juego —basado en lectura del juego, posicionamiento y control del espacio— no necesitaba ser modificado para ser efectivo en un contexto más competitivo. La Serie A española de entonces era más táctica, con defensas organizadas y delanteras veloces; Levante requería de una central que pudiera mantener la estructura defensiva y dar seguridad en la salida de balón. Ivana cumplió con creces, convirtiéndose rápidamente en pieza clave de la línea defensiva.
Lo que distingue su rendimiento en Levante fue la capacidad de adaptación sin pérdida de identidad. No era necesario cambiar su manera de defender; bastaba con ajustar matices según el esquema del equipo o la estrategia del rival. Su comprensión del juego se tradujo en anticipación, cobertura de espacios y organización de la defensa, garantizando que el bloque defensivo funcionara como una unidad cohesionada, incluso ante delanteras de alto nivel.
La esencia del juego de Ivana reside en la lectura táctica. Mientras muchas centrales dependen de la fuerza o de la agresividad de las entradas, ella se adelantaba al peligro mediante colocación estratégica y comunicación constante. Esta habilidad adquirió especial relevancia en Levante, donde la exigencia ofensiva de los rivales era mayor. Su capacidad para interpretar la situación permitió a sus compañeras actuar con confianza, sabiendo que los espacios estaban bien cubiertos y que los riesgos se gestionaban de manera inteligente.
Su estilo de juego refleja un principio clave: la central no necesita acumular acciones defensivas para dominar un partido. Ivana demostraba que la influencia de una futbolista puede ser silenciosa pero determinante. Su colocación, orientación del juego y protección de espacios reducían al mínimo las situaciones de peligro, y su comunicación constante fortalecía la cohesión defensiva.
En Levante, Ivana asumió un rol de liderazgo que no dependía del brazalete. Su experiencia y capacidad para sostener equipos la convirtieron en referente del vestuario desde el primer día. Ordenaba, ajustaba y dirigía a sus compañeras, no mediante imposición, sino con autoridad natural. Su liderazgo era aceptado y respetado, algo que se volvió evidente cuando el equipo enfrentaba momentos complicados dentro y fuera del campo.
Además, su paso por Levante confirmó que su rendimiento no dependía de un entorno familiar o de años de estabilidad en un club. La misma futbolista que había liderado Valencia ahora demostraba su consistencia en un equipo distinto, con compañeras y entrenadores nuevos, en un contexto táctico más exigente y con rivales que exigían mayor concentración y rapidez de decisión.
En términos tácticos, la etapa de Levante permitió a Ivana perfeccionar su estilo característico. Aprendió a leer no solo los movimientos del rival, sino también las transiciones rápidas y las variantes ofensivas más directas, adaptando su posicionamiento para mantener el equilibrio del equipo. Su juego aéreo se mantuvo sólido, sus intervenciones fueron precisas y su participación en la salida de balón se centró en garantizar seguridad antes que arriesgar. Cada partido reafirmaba su reputación como una central que combina eficacia, previsión y liderazgo silencioso.
Esta etapa también le permitió consolidar su imagen como referente nacional. Su regularidad y fiabilidad en Levante reforzaron su posición en la Selección Española, confirmando que era una central de élite capaz de rendir en contextos distintos, siempre con coherencia y equilibrio. Los entrenadores nacionales podían confiar en que, en cualquier escenario, Ivana aportaría seguridad defensiva y estabilidad emocional al equipo.
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El paso por Levante no solo consolidó su reputación; la preparó para el siguiente desafío de su carrera: incorporarse al Real Madrid Femenino, un proyecto naciente con grandes ambiciones y un nivel de exposición mediática sin precedentes. En Levante, Ivana había demostrado que podía sostener equipos en contextos competitivos, liderar sin necesidad de imposición y adaptarse a sistemas tácticos complejos. Todas estas virtudes serían esenciales para su éxito en un club que, en 2020, buscaba construir un proyecto sólido desde cero.
En este sentido, Levante fue la confirmación de que Ivana Andrés no solo era una futbolista fiable, sino también una central capaz de elevar la estabilidad y el rendimiento de cualquier equipo en el que jugara. La etapa valenciana y granota juntas muestran un patrón claro: regularidad, lectura táctica, liderazgo silencioso y capacidad de adaptación. Cuatro pilares que definirían toda su trayectoria, incluso en contextos más exigentes y mediáticos.
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En resumen, los años 2018–2020 representan la consolidación definitiva de Ivana Andrés como central moderna y referente nacional. Su etapa en Levante fue crucial: confirmó que su rendimiento era consistente en cualquier escenario, perfeccionó su lectura táctica y reforzó su liderazgo funcional. Todo esto la preparó para su salto al Real Madrid, donde su capacidad de sostener equipos y liderar vestuarios se pondría a prueba en un proyecto ambicioso y bajo un foco mediático sin precedentes.
El Real Madrid Femenino nació como proyecto en 2020 con un objetivo ambicioso: consolidarse de inmediato como referente en España y aspirar a competir en Europa. La llegada de Ivana Andrés no fue casualidad. El club decidió confiarle la primera capitanía de su historia, un gesto que reflejaba perfectamente su perfil: liderazgo silencioso, fiabilidad extrema y capacidad de sostener equipos. Ser capitana del Real Madrid naciente significaba asumir responsabilidad dentro y fuera del campo, y Ivana lo hizo con la misma serenidad que había mostrado toda su carreraz.
Fue la primera capitana de un club histórico implica una presión añadida. La atención mediática era constante, los objetivos deportivos eran elevados y el proyecto requería construir identidad desde cero. En este contexto, Ivana no buscó protagonismo; se centró en mantener la coherencia del grupo y fortalecer la estructura defensiva. Su liderazgo se expresaba de manera funcional: ajustaba la línea defensiva, orientaba a sus compañeras y tomaba decisiones en los momentos críticos. Cada gesto, cada intervención era un mensaje silencioso que reforzaba la confianza del equipo.
El vestuario del Real Madrid era diverso y competitivo. Llegaban jugadoras internacionales con experiencia, talento y ego, pero Ivana supo integrar y liderar sin imponerse, creando un ambiente donde la autoridad se ganaba por coherencia, constancia y respeto. Su capacidad para liderar sin necesidad de ser protagonista mediática se convirtió en un activo crucial para el club en sus primeras temporadas.
El primer año del Real Madrid Femenino supuso un periodo de adaptación. Ivana debió equilibrar la exigencia competitiva con la necesidad de cohesión interna en un grupo recién formado. Su experiencia previa en Valencia y Levante le permitió sostener al equipo en situaciones de tensión, siendo el punto de referencia en defensa y la voz de calma en momentos de dificultad.
Con cada temporada, el proyecto blanco fue consolidándose. La presencia de Ivana en el centro de la defensa se mantuvo constante, aunque el protagonismo sobre el césped fluctuó con la llegada de talento internacional y la competencia por el puesto. Sin embargo, su peso interno en el vestuario permaneció intacto. Las compañeras sabían que podían contar con su lectura del juego, su organización de la línea defensiva y su capacidad para mantener la calma en partidos decisivos.
Durante su etapa en el Real Madrid, Ivana contribuyó a que el club se consolidara como habitual en la parte alta de la Liga F y lograra participaciones regulares en competiciones europeas. Su rol fue especialmente relevante en los momentos de mayor exigencia táctica, cuando el equipo debía enfrentarse a rivales fuertes en la Champions League. Su estilo de juego, basado en anticipación, colocación y seguridad en la salida de balón, garantizaba que la defensa funcionara como un bloque sólido, permitiendo al equipo competir al más alto nivel.
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Aunque no siempre estaba en el centro del foco mediático, su influencia se percibía en la consistencia del equipo. Cada partido era una demostración de cómo la regularidad, la lectura del juego y el liderazgo silencioso podían marcar la diferencia, incluso en un entorno lleno de talento y expectativas.años en el Real Madrid consolidaron a Ivana como una central de élite y una líder natural, capaz de adaptarse a proyectos ambiciosos y equipos con estructuras complejas. Su experiencia, disciplina y capacidad de influencia interna la convirtieron en una figura codiciada en el mercado. Al terminar su etapa en 2024, su salida no fue una ruptura: fue el cierre de un ciclo exitoso que dejó una impronta profunda en el club y en el vestuario.
Su rendimiento y su carácter la situaron en la agenda de varios grandes clubes, incluido el Atlético de Madrid, que valoraba su experiencia, liderazgo y fiabilidad como activos estratégicos. Sin embargo, Ivana tomó la decisión de buscar nuevos horizontes fuera de España, una elección que anticipaba su capacidad de adaptación y su deseo de asumir desafíos internacionales.
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En resumen, la etapa 2020–2024 en el Real Madrid Femenino representa la consolidación de Ivana Andrés como líder y central de élite en contextos de máxima exigencia.
Ser la primera capitana de un proyecto histórico implicó combinar responsabilidad, disciplina y capacidad de integración. Aunque su protagonismo sobre el césped fluctuó, su influencia en el vestuario y su capacidad de sostener al equipo permanecieron intactas. Esta fase no solo refleja su madurez como futbolista, sino también su preparación para dar el salto al fútbol internacional, donde sus virtudes serían puestas a prueba en nuevos contextos y ligas más exigentes.
En 2024, Ivana Andrés decidió dar un paso histórico en su carrera: su primera experiencia fuera de España, incorporándose al Inter de Milán Femenino. Después de más de una década en la Liga F, de Valencia a Levante y de Levante al Real Madrid, Ivana se enfrentaba a un desafío distinto: un país nuevo, una liga con características tácticas y físicas distintas, y un entorno cultural y profesional desconocido. Para muchos, la transición podría haber sido complicada, pero para Ivana fue un escenario ideal para demostrar que su liderazgo y fiabilidad no conocen límites.
La Serie A femenina se caracteriza por ser una liga más física y directa que la española. Los equipos tienden a jugar con bloques compactos, presionando en campo rival y explotando la fuerza en los duelos individuales. Para una central que basa su juego en lectura del juego, colocación y anticipación, esto podría parecer un desafío. Sin embargo, Ivana trasladó sus virtudes a este contexto con rapidez: su posicionamiento preciso le permitió neutralizar el juego directo y anticipar ataques antes de que se convirtieran en peligro.
Su experiencia internacional también fue crucial. Ivana comprendía la importancia de liderar en situaciones de presión, organizar la defensa y mantener la cohesión del equipo. En un vestuario nuevo y multicultural, estas habilidades se tradujeron en autoridad natural: compañeras de distintas nacionalidades seguían su lectura del juego y su manera de mantener la calma bajo presión. Su liderazgo no se impone, pero se reconoce; su influencia es tácita, pero determinante.
En el Inter, Ivana no solo cumple su rol defensivo; eleva el rendimiento de quienes la rodean. Su presencia aporta confianza y seguridad, especialmente en fases de transición rápida o contra rivales que juegan con intensidad física. La central española demuestra que la consistencia y la lectura táctica pueden ser igual de efectivas que la fuerza bruta, incluso en ligas más directas y exigentes físicamente.
Su juego aéreo se mantiene sólido, y su capacidad de orientar el bloque defensivo permite al Inter mantener líneas compactas y minimizar riesgos. En la salida de balón, prioriza el pase seguro, evitando pérdidas innecesarias, una cualidad que la hace indispensable en un equipo en crecimiento y con aspiraciones europeas. Cada intervención refleja su filosofía: anticipar, ordenar y sostener, asegurando que la defensa funcione como un sistema cohesionado.
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El vestuario del Inter representa un desafío adicional: culturas, idiomas y estilos de juego distintos. Para Ivana, liderar aquí requiere empatía y comunicación no verbal, además de la autoridad que ya ejercía en España. Su capacidad para adaptarse y generar confianza se convierte en un activo esencial. Las jugadoras confían en que, con ella, el equipo mantendrá equilibrio y seguridad defensiva, incluso en los partidos más exigentes.
Esta experiencia internacional añade un nuevo matiz a su carrera: demuestra que su liderazgo no depende de la familiaridad con el entorno ni del reconocimiento mediático. Su influencia es universal: se reconoce en cualquier vestuario, en cualquier país, en cualquier contexto competitivo.
En Italia, Ivana también consolida su preparación para la culminación de su carrera internacional. Su paso por la Serie A refuerza su capacidad de adaptación y refina sus herramientas defensivas: lectura de juego, colocación, comunicación y anticipación. Estas habilidades serán determinantes cuando, pocos meses después, lidere a la Selección Española en el Mundial 2023, levantando la Copa del Mundo como capitana.
La experiencia en el Inter evidencia un principio central en su carrera: el talento sostenido y el liderazgo silencioso son cualidades que trascienden contextos, ligas y fronteras. No importa si juega en España o en Italia, en Valencia, Levante, Real Madrid o Inter: su capacidad de sostener equipos y organizar defensas permanece constante, y su influencia en vestuarios se mantiene intacta.
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En resumen, la etapa 2024–presente en el Inter de Milán marca la expansión internacional de Ivana Andrés, un capítulo en el que sus virtudes se trasladan a un nuevo país y a un contexto táctico distinto. Su adaptación inmediata, su lectura táctica superior y su liderazgo funcional demuestran que es una central de élite con influencia más allá de las fronteras, preparada para afrontar los retos internacionales que culminarán en su momento más alto: levantar la Copa del Mundo con la Selección Española.
La historia de Ivana Andrés con la Selección Española no se entiende sin considerar la paciencia, la constancia y la progresión sostenida que marcaron toda su carrera. Desde categorías inferiores hasta la Absoluta, Ivana construyó un recorrido que refleja su filosofía: estar siempre lista, sin necesidad de protagonismo mediático, y liderar desde la coherencia.
Ivana comenzó a destacar en la Selección Sub-17 y Sub-19, sumando experiencias que sentarían las bases de su madurez defensiva y liderazgo silencioso. En estos equipos, participó en torneos europeos y mundiales juveniles, ganando títulos y medallas que anticipaban su futuro en la Absoluta: • Campeona de Europa Sub-17: 2009 y 2010 • Bronce en el Mundial Sub-17: 2010
Estos logros tempranos le ofrecieron exposición internacional, pero también le enseñaron la importancia del trabajo colectivo, la regularidad y la resiliencia frente a la presión de torneos de alto nivel. Desde sus primeros pasos en la Selección, Ivana demostró que el liderazgo no depende de la edad ni del protagonismo, sino de la coherencia, la fiabilidad y la capacidad de sostener al equipo.
lo largo de los años, Ivana consolidó su presencia en la Selección Absoluta. Su progresión fue constante: fue acumulando minutos, aprendiendo a liderar en contextos complejos y adaptándose a entrenadores, sistemas tácticos y compañeras distintas. Su estilo, basado en anticipación, colocación y comunicación, se adaptó perfectamente a un equipo que empezaba a aspirar a metas históricas, como la Eurocopa y el Mundial.
A diferencia de algunas figuras mediáticas, Ivana no buscó protagonismo externo. Su influencia se percibía dentro del grupo: ordenaba, ajustaba, dirigía y calmaba. Su liderazgo se consolidó no solo en partidos de alto nivel, sino también en entrenamientos, vestuarios y momentos de tensión, convirtiéndola en un referente silencioso pero imprescindible.
El Mundial 2023 fue la culminación de todo su recorrido. España llegaba con aspiraciones históricas, pero también con la presión de un país que esperaba un resultado memorable. Ivana asumió la capitanía en un momento en que la responsabilidad no podía delegarse: debía liderar a sus compañeras, mantener la calma en situaciones críticas y sostener la estructura defensiva frente a rivales de máximo nivel.
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Su rendimiento fue constante durante todo el torneo. No necesitó protagonismo ofensivo ni goles espectaculares; su valor residía en organizar la defensa, anticipar jugadas y transmitir seguridad al equipo. Cada intervención era un recordatorio de que la fiabilidad puede ser tan decisiva como la creatividad o la velocidad. El gesto más simbólico de la carrera de Ivana llegó con la entrega de la Copa del Mundo. No era solo un trofeo: era la síntesis de más de una década de trabajo silencioso, de liderazgo funcional y de fiabilidad sostenida. En la imagen, no hay teatralidad ni ruido; hay recorrido, constancia y coherencia. Ivana se convierte en la capitana que mejor representa a un grupo equilibrado, donde la unión y la solidez colectiva triunfan sobre el protagonismo individual.
Levantando la Copa, Ivana no solo celebraba el título, sino también la culminación de su filosofía futbolística: el liderazgo sin necesidad de ser visto, la consistencia por encima del brillo efímero y la capacidad de sostener equipos en los momentos más críticos.
Mundial 2023 consolidó a Ivana Andrés no solo como una futbolista de élite, sino como una figura histórica dentro del fútbol femenino español. Su carrera demuestra que no todas las leyendas se construyen con goles o jugadas icónicas. Algunas, como Ivana, se construyen con trabajo diario, disciplina, coherencia y la capacidad de hacer mejores a las demás.
Su influencia se percibe en cada generación que llega a la Selección: jóvenes defensas que aprenden de su colocación, delanteras que confían en su capacidad de anticipación y compañeras que encuentran en su liderazgo un modelo de estabilidad y serenidad. Ivana representa la épica silenciosa del fútbol femenino: la de las que sostienen, las que permiten que todo lo demás ocurra.
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(Fuente: UEFA)
En resumen, el Mundial 2023 fue la cima natural de su carrera internacional. La culminación de un recorrido que comenzó en categorías juveniles, se consolidó en clubes históricos y se fortaleció en contextos exigentes, tanto en España como en Italia. Levantar la Copa del Mundo como capitana es el reconocimiento final a una futbolista que siempre estuvo, siempre lideró y siempre sostuvo, incluso cuando el foco mediático miraba a otras.
La carrera de Ivana Andrés no se mide únicamente por trofeos, estadísticas o titulares mediáticos. Se mide por coherencia, regularidad y liderazgo silencioso, cualidades que la han definido desde su llegada al Valencia CF Femenino hasta su consagración internacional. Sin embargo, el palmarés de Ivana refleja también su éxito colectivo y la importancia de su influencia en cada equipo en el que ha jugado.
Palmarés con la Selección Española
Su trayectoria internacional comenzó desde categorías inferiores, donde ya se distinguía por su capacidad de anticipación y liderazgo: • Campeona de Europa Sub-17: 2009 y 2010 • Bronce en el Mundial Sub-17: 2010
Pero la cima llegó con la Selección Absoluta: • Copa del Mundo FIFA 2023: capitana y referente del equipo campeón
Este título representa mucho más que un logro deportivo. Simboliza la culminación de una carrera construida con paciencia, trabajo diario y liderazgo funcional. La imagen de Ivana levantando la Copa es un recordatorio de que la influencia silenciosa puede ser decisiva en la historia.
Palmarés en clubes :
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En su recorrido por clubes españoles e internacionales, Ivana ha aportado estabilidad y liderazgo en contextos muy distintos: • Valencia CF: finalista de la Copa de la Reina 2015 • Real Madrid Femenino: consolidación en la Liga F y participaciones europeas • Inter de Milán: aporte a la estabilidad defensiva y jerarquía en la Serie A.
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Si bien no todos estos logros implican títulos de campeón, reflejan su capacidad para hacer mejores a los equipos, para sostener proyectos y para ser la pieza sobre la que se construye la estab Más allá de los resultados, el legado de Ivana se encuentra en su estilo de juego y su filosofía de liderazgo: • Lectura táctica y colocación: neutraliza al rival antes de que el peligro se materialice. • Liderazgo silencioso: ordena, corrige y transmite confianza sin necesidad de protagonismo. • Regularidad sostenida: su rendimiento no depende del club ni del contexto, sino de su preparación y disciplina. • Adaptabilidad: capaz de liderar en España o en Italia, en equipos emergentes o consolidados, con diferentes sistemas tácticos y vestuarios multiculturales.
Ivana Andrés pertenece al grupo de futbolistas cuya importancia no siempre se ve en portadas o estadísticas, pero que son esenciales para construir la historia de un club o de una selección. Su carrera reivindica el valor de la constancia, la coherencia y la capacidad de liderazgo funcional.
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Desde Valencia hasta el Mundial 2023, Ivana ha demostrado que el fútbol no solo se recuerda por goles espectaculares o jugadas icónicas, sino también por aquellas futbolistas que permiten que todo lo demás ocurra. Su influencia se transmite a nuevas generaciones: defensas jóvenes que aprenden posicionamiento, compañeras que confían en su juicio y entrenadores que reconocen la fiabilidad como un activo estratégico.
En un fútbol femenino que ha pasado de la precariedad a la élite internacional, Ivana es símbolo de continuidad, estabilidad y liderazgo. Su legado es silencioso, pero profundo: la futbolista que sostiene, la central que hace mejores a sus compañeras y la capitana que no necesita protagonismo para marcar la diferencia.
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En resumen, el legado de Ivana Andrés combina logros deportivos, influencia silenciosa y coherencia profesional. No será recordada por un gol decisivo en una final, sino por haber sido la pieza central de equipos y vestuarios, por su capacidad de sostener el juego y por liderar con equilibrio y serenidad. Su trayectoria demuestra que, en el fútbol moderno, la consistencia y la fiabilidad son virtudes tan valiosas como la creatividad o la velocidad.
Con más de una década de carrera, títulos internacionales y experiencias en España e Italia, Ivana Andrés deja un mensaje claro para futuras generaciones: el liderazgo verdadero no siempre se ve, pero siempre se siente.
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La historia de Ivana Andrés es, sobre todo, una historia de coherencia, fiabilidad y liderazgo silencioso. Desde su llegada al Valencia CF Femenino en 2009/10 hasta su consagración internacional levantando la Copa del Mundo con España en 2023, su carrera no se ha contado a través de destellos mediáticos, sino mediante la constancia, la preparación y la capacidad de sostener equipos. Cada etapa de su recorrido refleja un aprendizaje, una adaptación y un compromiso con el juego colectivo que la distingue en la historia del fútbol femenino español.
En Valencia, Ivana Andrés comenzó como una joven promesa. Sus primeras temporadas estuvieron marcadas por la paciencia y el aprendizaje, por entender la categoría y encontrar su lugar en un fútbol femenino todavía en construcción. No destacaba por fuerza física ni por intervenciones espectaculares, sino por regularidad y lectura del juego. Esa fiabilidad fue la base sobre la que construiría su liderazgo futuro.
Entre 2014 y 2018, se consolidó como capitana y eje emocional del equipo, liderando con coherencia y sin estridencias. Su rol en la final de la Copa de la Reina 2015 simboliza esta etapa: fue el punto de referencia en defensa, el soporte silencioso del vestuario y la futbolista que hacía mejores a sus compañeras simplemente con su presencia.
El salto al Levante UD supuso un desafío distinto: demostrar que su rendimiento no dependía del contexto y que podía adaptarse a un equipo con mayores exigencias competitivas. Allí confirmó su capacidad de leer el juego, anticipar peligros y liderar sin imposición, consolidándose como central de élite y referente nacional.
El siguiente capítulo, el Real Madrid Femenino, la convirtió en la primera capitana de un proyecto histórico. Entre 2020 y 2024, Ivana no solo organizó defensas y sostuvo equipos, sino que también lideró un vestuario diverso y competitivo. Su protagonismo sobre el césped fluctuó con la llegada de talento internacional, pero su peso interno permaneció constante, demostrando que el liderazgo no siempre se refleja en minutos de juego, sino en la influencia diaria sobre el equipo.
En 2024, Ivana dio un paso internacional al Inter de Milán. En la Serie A, más física y directa que la Liga F, trasladó sus virtudes a un nuevo contexto: anticipación, colocación, comunicación y liderazgo silencioso. Su capacidad de adaptación y su influencia en un vestuario multicultural demostraron que su estilo y su fiabilidad trascienden fronteras, consolidándola como una central moderna, completa.
El punto más alto de su carrera llegó en 2023, cuando España se proclamó campeona del mundo y Ivana, como capitana, levantó la Copa del Mundo. Ese gesto no solo simboliza un triunfo deportivo: es la síntesis de una vida dedicada al liderazgo funcional, al trabajo constante y a la fiabilidad. En su imagen levantando el trofeo, no hay teatralidad ni ruido, sino recorrido, tiempo acumulado y coherencia, cualidades que definen su legado.
(Fuente: Getty imágenes)
Ivana Andrés no será recordada por goles decisivos ni jugadas icónicas que ocupen portadas; será recordada por haber sostenido equipos, haber hecho mejores a sus compañeras y haber liderado con discreción y eficacia. Su carrera reivindica el valor de la regularidad, la paciencia y la coherencia en un fútbol cada vez más acelerado y mediático.
Su influencia se percibe en cada generación que llega a la Selección y en cada equipo donde ha jugado. Defensoras jóvenes aprenden posicionamiento, delanteras confían en su juicio y entrenadores valoran la seguridad que ofrece a cualquier proyecto. En un fútbol femenino que ha pasado de la precariedad a la élite, Ivana es un símbolo de estabilidad, liderazgo y profesionalidad, demostrando que el verdadero impacto no siempre se ve, pero siempre se siente.
(Fuente: “El Partido de Manu”)
El recorrido de Ivana Andrés sirve como ejemplo para futuras generaciones: la grandeza puede construirse desde la constancia y la coherencia, desde la capacidad de sostener equipos y liderar sin necesidad de protagonismo. Su trayectoria demuestra que el fútbol femenino no solo se hace con talento brillante, sino también con liderazgo silencioso, visión táctica y compromiso diario.
(Fuente: Getty imágenes)
En el balance final, Ivana Andrés representa la esencia de la central que sostiene, la capitana que lidera sin estridencias y la futbolista que hace historia desde la regularidad y la coherencia.
Su carrera es una invitación a valorar a quienes, sin ruidos ni flashes, construyen los cimientos sobre los que otros pueden brillar. Y esa, sin duda, es una historia que merece ser contada, celebrada y recordada.
⬛️ La Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol nombra a Aitana Bonmatí como mejor jugadora en un ranking colmado de jugadoras españolas.
Que España ocupe el primer puesto en el ranking de mejores selecciones del mundo según la FIFA no es fruto de la casualidad y los méritos siguen hablando por sí solos. Tras coronarse como campeonas de la UEFA Women’s Nations League, nuestras internacionales siguen recibiendo reconocimientos que las colocan en la cima del fútbol femenino.
La IFFHS (Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol) ha destacado, a lo largo de esta semana, a las mejores jugadoras a nivel internacional, coronando a Aitana Bonmatí en el primer puesto de un ranking en en que sus perseguidoras son Mariona Carldentey (2ª), Alexia Putellas (3ª), Patri Guijarro (4ª) y Vicky López (5ª).
Vicky López, además, ha sido elegida como la del mundo con una diferencia de casi 70 puntos sobre la segunda clasificada, Linda Caicedo. En el once idealde esta categoría destaca también la presencia de Aicha Camara, internacional sub-19, en el lateral diestro.
Y El fútbol femenino nacional sigue brillando a nivel mundial y, muestra de ello, cinco internacionales absolutas han asaltado el once ideal elegido por la IFFHS: Irene Paredes, Alexia Putellas, Patri Guijarro, Aitana Bonmatí y Mariona Caldentey; completando así un final de 2025 dorado para la Selección.
La Federación Internacional de Fútbol Amateur (FIFA) confirmado de manera oficial el reparto de plazas para los torneos de fútbol de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, una decisión estratégica que marca un antes y un después en la relación de fuerzas entre confederaciones, consolida el crecimiento global del fútbol femenino y refuerza el papel del olimpismo como escaparate universal del deporte rey en pleno proceso de transformación estructural.
(Fuente: UEFA)
El reparto de los cupos para los torneos de fútbol de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 no es una mera formalidad administrativa ni una decisión aislada en el calendario del fútbol internacional, sino un movimiento de enorme calado político, deportivo y simbólico que refleja con claridad el momento histórico que atraviesa este deporte a nivel global. En una coyuntura marcada por la expansión de las competiciones, el aumento de la inversión en el fútbol femenino, la redefinición de las jerarquías continentales y la necesidad de equilibrar tradición, competitividad y universalidad, el organismo rector del fútbol mundial ha fijado las bases de cómo se disputará uno de los torneos más emblemáticos del deporte olímpico en suelo estadounidense, una sede cargada de significado tanto para la FIFA como para el Comité Olímpico Internacional.
( Fuente: UEFA)
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El fútbol olímpico, históricamente situado en una posición singular dentro del ecosistema de competiciones internacionales, vuelve a situarse en el centro del debate. A diferencia de los Mundiales absolutos, el torneo masculino mantiene su carácter sub-23 con cupos limitados para jugadores mayores, mientras que el torneo femenino se disputa sin restricciones de edad y ha ganado un peso competitivo y mediático extraordinario en las últimas ediciones. En este contexto, el reparto de plazas no solo determina cuántas selecciones estarán presentes en Los Ángeles, sino también qué regiones del mundo tendrán mayor visibilidad, qué proyectos de desarrollo se verán reforzados y qué confederaciones consolidarán su influencia en el escenario olímpico.
La decisión de la FIFA llega tras un largo proceso de análisis interno, consultas con las confederaciones continentales y coordinación con el COI, en un momento en el que el fútbol vive una expansión sin precedentes en términos de audiencia, profesionalización y presencia global. Los Juegos de Los Ángeles 2028, además, se presentan como una cita estratégica para el deporte en Estados Unidos, un país que será anfitrión del Mundial masculino de 2026 y que se ha convertido en uno de los grandes motores del crecimiento del fútbol femenino a nivel mundial. En este sentido, el reparto de cupos adquiere una dimensión que va mucho más allá del número de plazas asignadas: es una declaración de intenciones sobre el futuro del fútbol olímpico.
El esquema aprobado por la FIFA mantiene la esencia del torneo olímpico, pero introduce matices que reflejan la evolución del fútbol en cada continente. Europa, Sudamérica, África, Asia, Concacaf y Oceanía aparecen representadas bajo un modelo que busca equilibrar el peso histórico de las grandes potencias con la necesidad de garantizar la presencia de regiones emergentes. La UEFA, tradicionalmente dominante en términos de rendimiento deportivo, conserva un número de plazas acorde a su competitividad, pero dentro de un marco que evita la sobrerrepresentación. La CONMEBOL, cuna histórica del fútbol y fuente inagotable de talento, mantiene un estatus privilegiado que reconoce su impacto cultural y deportivo en el juego. La CONCACAF, anfitriona del evento, ve reforzada su presencia en una edición clave para el desarrollo del fútbol en Norteamérica. África y Asia, continentes en pleno crecimiento, consolidan cupos que reflejan su progresión competitiva y su importancia demográfica. Oceanía, por su parte, continúa contando con una representación que garantiza la universalidad del torneo y la presencia de todas las regiones del planeta.
En el caso del torneo femenino, el reparto de plazas adquiere una relevancia aún mayor. El fútbol femenino olímpico se ha convertido en una de las competiciones más prestigiosas del calendario internacional, equiparable en nivel de exigencia a un Mundial y, en algunos contextos, incluso superior en términos de igualdad competitiva. La FIFA es consciente de que el crecimiento del fútbol femenino pasa por garantizar torneos de alto nivel, con representación diversa y con una distribución de cupos que refleje tanto el presente como el potencial futuro de cada confederación. Los Ángeles 2028 se perfila así como un escaparate clave para consolidar avances logrados en la última década y para seguir impulsando el desarrollo estructural del fútbol femenino en todos los continentes.
confirmación oficial del reparto de cupos también envía un mensaje claro a las federaciones nacionales y a los proyectos deportivos de cada país. A partir de este momento, las selecciones saben con exactitud cuál será su camino hacia Los Ángeles, qué competiciones servirán como clasificatorios y qué objetivos deben plantearse a medio y largo plazo. En el fútbol femenino, donde los ciclos de preparación son cada vez más largos y sofisticados, esta claridad resulta fundamental para planificar inversiones, estructuras técnicas y programas de desarrollo. En el fútbol masculino sub-23, el torneo olímpico sigue siendo una plataforma clave para la proyección de jóvenes talentos y para la transición hacia el fútbol absoluto, especialmente en regiones donde el escaparate olímpico tiene un impacto mediático enorme.
Desde una perspectiva histórica, el reparto de cupos aprobado para Los Ángeles 2028 se inscribe en una larga tradición de ajustes y redefiniciones del fútbol olímpico. Desde los primeros torneos, marcados por la ausencia de profesionales y por fuertes restricciones, hasta la actual configuración moderna, el fútbol en los Juegos ha sido siempre un reflejo de las tensiones y transformaciones del deporte global. La FIFA, en su relación con el COI, ha tenido que equilibrar intereses comerciales, deportivos y políticos, defendiendo la relevancia del fútbol sin eclipsar otras disciplinas y garantizando al mismo tiempo un nivel competitivo acorde al prestigio del evento.
En este sentido, la edición de Los Ángeles 2028 adquiere un valor simbólico especial. Estados Unidos no solo es una potencia emergente en el fútbol femenino y un mercado estratégico para la FIFA, sino también un país donde el deporte universitario, la cultura del espectáculo y la innovación en la gestión deportiva ofrecen un contexto único para el desarrollo del torneo olímpico. El reparto de cupos confirmado refuerza esta apuesta y sitúa al fútbol como uno de los grandes protagonistas de los Juegos, tanto en términos deportivos como mediáticos.
El impacto de esta decisión también se deja sentir en el debate sobre la igualdad de género en el deporte. La FIFA ha reiterado en los últimos años su compromiso con el crecimiento del fútbol femenino, y el torneo olímpico es una de las plataformas más visibles para materializar ese compromiso. La distribución de plazas, la calidad de las selecciones participantes y la visibilidad del torneo serán elementos clave para consolidar avances en términos de audiencia, patrocinio y reconocimiento institucional. Los Ángeles 2028 se presenta así como una oportunidad histórica para seguir reduciendo brechas y para consolidar al fútbol femenino como un pilar central del programa olímpico.
Desde el punto de vista geopolítico del fútbol, el reparto de cupos también refleja equilibrios delicados entre confederaciones. Cada plaza asignada es el resultado de negociaciones, informes técnicos y consideraciones estratégicas que tienen en cuenta no solo el rendimiento deportivo, sino también factores como el desarrollo del fútbol base, la inversión en infraestructuras y el impacto social del deporte en cada región. La FIFA, al oficializar este reparto, envía un mensaje de estabilidad y previsibilidad, pero también deja claro que el mapa del fútbol mundial está en constante evolución.
fútbol internacional ya conoce las reglas del juego rumbo a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. La FIFA ha hecho oficial el reparto de cupos entre confederaciones para los torneos olímpicos, mientras que la UEFA ha confirmado el calendario del torneo clasificatorio europeo, que se disputará del 5 al 30 de enero de 2028 con sede aún por determinar. Un anuncio conjunto que consolida el peso estratégico del fútbol femenino, redefine los equilibrios continentales y activa la cuenta atrás para uno de los grandes acontecimientos deportivos de la próxima década.
El reparto de cupos aprobado por la FIFA establece el marco general de participación para las seis confederaciones —UEFA, CONMEBOL, CONCACAF, AFC, CAF y OFC— garantizando la presencia de todas las regiones del planeta en Los Ángeles 2028 y consolidando un modelo que busca combinar tradición, mérito deportivo y desarrollo estratégico. Europa mantiene su posición como uno de los ejes competitivos del torneo, Sudamérica preserva su peso histórico como cuna del fútbol moderno, Concacaf refuerza su protagonismo en condición de confederación anfitriona, África y Asia consolidan su crecimiento sostenido y Oceanía asegura su representación como parte esencial de la universalidad olímpica. Este reparto, lejos de ser un simple reparto aritmético de plazas, refleja una visión política del fútbol mundial y del lugar que cada confederación ocupa —y aspira a ocupar— en el ecosistema internacional.
En paralelo, la UEFA ha dado un paso clave al confirmar que su torneo clasificatorio olímpico se disputará entre el 5 y el 30 de enero de 2028, con sede aún por confirmar. Una decisión que aporta certidumbre a federaciones, cuerpos técnicos y futbolistas, y que permite comenzar a planificar con precisión uno de los procesos clasificatorios más exigentes del calendario internacional. En el caso del fútbol femenino, este torneo europeo se perfila como una auténtica Eurocopa encubierta, con algunas de las mejores selecciones del mundo compitiendo por un número limitado de plazas olímpicas, en un contexto de máxima igualdad competitiva y enorme presión deportiva.
La imagen de una portera de la selección española, con el escudo nacional en el pecho y el emblema de la FIFA, sintetiza mejor que ninguna otra el momento que atraviesa el fútbol femenino europeo. España, actual referencia mundial tras su consagración en el último ciclo internacional, aparece como uno de los grandes focos de atención de este proceso clasificatorio.
La imagen de una portera de la selección española, con el escudo nacional en el pecho y el emblema de la FIFA, sintetiza mejor que ninguna otra el momento que atraviesa el fútbol femenino europeo. España, actual referencia mundial tras su consagración en el último ciclo internacional, aparece como uno de los grandes focos de atención de este proceso clasificatorio. Para la selección española, el camino hacia Los Ángeles 2028 no solo representa la posibilidad de competir por un oro olímpico, sino también la continuidad de un proyecto deportivo que ha redefinido los estándares del fútbol femenino a nivel global. El torneo europeo de enero de 2028 se perfila así como una prueba de madurez, resiliencia y ambición para una generación que ya ha conquistado la cima y que busca consolidar su legado.
(Fuente: UEFA)
El anuncio de la UEFA cobra especial relevancia en un momento en el que el fútbol femenino europeo vive una de sus etapas de mayor esplendor. El crecimiento de las ligas nacionales, la consolidación de la UEFA Women’s Champions League, el impacto mediático de las últimas Eurocopas y Mundiales y la profesionalización de estructuras federativas han elevado el listón competitivo a niveles históricos. Disputar un torneo clasificatorio olímpico concentrado, en enero y con una sede única aún por definir, supone un desafío logístico y deportivo de primer orden, pero también una oportunidad para reforzar el relato del fútbol femenino como producto de élite dentro del calendario internacional.
Para la selección Española de Fútbol , el camino hacia Los Ángeles 2028 no solo representa la posibilidad de competir por un oro olímpico, sino también la continuidad de un proyecto deportivo que ha redefinido los estándares del fútbol femenino a nivel global. El torneo europeo de enero de 2028 se perfila así como una prueba de madurez, resiliencia y ambición para una generación que ya ha conquistado la cima y que busca consolidar su legado.
El reparto de cupos aprobado por la FIFA establece el marco general de participación para las seis confederaciones —UEFA, CONMEBOL, CONCACAF, AFC, CAF y OFC— garantizando la presencia de todas las regiones del planeta en Los Ángeles 2028 y consolidando un modelo que busca combinar tradición, mérito deportivo y desarrollo estratégico. Europa mantiene su posición como uno de los ejes competitivos del torneo, Sudamérica preserva su peso histórico como cuna del fútbol moderno, Concacaf refuerza su protagonismo en condición de confederación anfitriona, África y Asia consolidan su crecimiento sostenido y Oceanía asegura su representación como parte esencial de la universalidad olímpica. Este reparto, lejos de ser un simple reparto aritmético de plazas, refleja una visión política del fútbol mundial y del lugar que cada confederación ocupa —y aspira a ocupar— en el ecosistema internacional.
En paralelo, la UEFA ha dado un paso clave al confirmar que su torneo clasificatorio olímpico se disputará entre el 5 y el 30 de enero de 2028, con sede aún por confirmar. Una decisión que aporta certidumbre a federaciones, cuerpos técnicos y futbolistas, y que permite comenzar a planificar con precisión uno de los procesos clasificatorios más exigentes del calendario internacional. En el caso del fútbol femenino, este torneo europeo se perfila como una auténtica Eurocopa encubierta, con algunas de las mejores selecciones del mundo compitiendo por un número limitado de plazas olímpicas, en un contexto de máxima igualdad competitiva y enorme presión deportiva.
El anuncio de la UEFA cobra especial relevancia en un momento en el que el fútbol femenino europeo vive una de sus etapas de mayor esplendor. El crecimiento de las ligas nacionales, la consolidación de la UEFA Women’s Champions League, el impacto mediático de las últimas Eurocopas y Mundiales y la profesionalización de estructuras federativas han elevado el listón competitivo a niveles históricos. Disputar un torneo clasificatorio olímpico concentrado, en enero y con una sede única aún por definir, supone un desafío logístico y deportivo de primer orden, pero también una oportunidad para reforzar el relato del fútbol femenino como producto de élite dentro del calendario internacional.
La Concaf tiene 3 cupos directos asegurados, la COMEBOL 2 y un repechaje, la AFC cuenta con otros dos y una repesca, dejándole a la CAF (Confederación Africana de Fútbol), un par de billetes directos rumbo a Estados Unidos.
Este nuevo sistema hace que ganar la Liga de Naciones Femenina ya no otorgue el privilegio de estar presente en la cita olímpica, algo que sí aprovechó España en la primera edición del torneo, derrotando a Francia en La Cartuja para viajar a París 2024, donde a la postre fue cuarta tras caer en el partido por la medalla de bronce frente a Alemania.
🟦 Para Silvia Gaviro Donoso, entrenadora del Vasas Femenino y referente del fútbol femenino español, Jenni Hermoso no solo es una jugadora excepcional, sino la auténtica artífice de los éxitos recientes de la Selección. Con goles decisivos, liderazgo en el campo y una trayectoria brillante, Silvia reivindica que la delantera de Vallecas merece el Balón de Oro y confía en que termine su carrera en España, idealmente en el Atlético de Madrid, donde su talento seguirá marcando la diferencia en la élite del fútbol femenino.
La historia reciente de la Selección Española femenina está estrechamente ligada a la visión que Silvia mantiene sobre la construcción de proyectos sólidos y sostenibles. En el Mundial de Francia 2019, España se enfrentó a Estados Unidos en octavos de final y, aunque el resultado fue adverso, aquel partido dejó claro que el equipo tenía carácter, identidad y calidad para competir con las mejores selecciones del mundo. Jugadoras como Aitana Bonmatí, Alexia Putellas y Jenni Hermoso demostraron un potencial enorme, algo que Silvia ya anticipaba como fruto de un proceso de formación y continuidad. Pero ella también reivindica y honra a las pioneras como Sonia Bermúdez, Vero Boquete, Priscila Borja o Marta Torrejón, quienes defendieron a España cuando los focos aún no iluminaban el fútbol femenino y que hoy constituyen la base histórica de los éxitos actuales.
El Mundial de 2023 en Australia y Nueva Zelanda fue la consagración de esa evolución. España llegó como una candidata seria al título mundial y confirmó ese estatus al derrotar 1‑0 a Inglaterra en Sídney el 20 de agosto de 2023 con un gol decisivo de Olga Carmona, en un partido lleno de tensión, fútbol de alta exigencia y mentalidad ganadora. Este triunfo no fue una sorpresa, sino la consecuencia lógica de años de trabajo, constancia y cohesión táctica. Olga Carmona, defensa cuya carrera en clubes incluye etapas en Sevilla y Real Madrid, se convirtió en símbolo de esa generación con una actuación que quedará en la historia del fútbol español.
La Eurocopa femenina 2025 ofreció un desafío diferente y también memorable. España alcanzó la final frente a Inglaterra en Basilea, empatando 1‑1 tras prórroga y perdiendo 3‑1 en la tanda de penaltis en un duelo marcado por la intensidad táctica y emocional de ambas selecciones. El partido fue un reflejo del crecimiento europeo en el fútbol femenino, donde Inglaterra ha demostrado una notable progresión ofensiva y profundidad de plantilla en torneos recientes.
Lejos de desanimarse, España respondió con autoridad en la UEFA Women’s Nations League 2025, un torneo que mostró ampliamente la fortaleza del combinado español a lo largo de la temporada. En la fase de grupos, España obtuvo resultados significativos como la victoria por 3‑2 ante Bélgica, el 4‑0 sobre Portugal y el 5‑1 frente a Bélgica en la vuelta, además de un 2‑1 contra Inglaterra en marzo de 2025. En semifinales, España superó con un global de 5‑0 a Suecia, después de vencer 4‑0 en la ida y 1‑0 en la vuelta, consolidando su pase a la final en un estilo ofensivo y táctico que reflejaba madurez y hambre de triunfo.
La final de la Nations League celebrada en el Estadio Metropolitano de Madrid fue histórica: España se impuso 3‑0 a Alemania ante un récord de 55.843 espectadores, con un doblete de Clàudia Pina y un gol de Vicky López. Esta victoria confirmaba a España como campeona de la Nations League por segunda vez consecutiva tras ganar la edición inaugural 2‑0 frente a Francia en Sevilla, consolidando un ciclo de dominio continental. La actuación de Pina, autora de seis goles en el torneo, subrayó su importancia como figura de referencia en la delantera española, acompañada por la elegancia y creatividad de jugadoras como Alexia Putellas y la versatilidad de Esther González.
Simultáneamente a los éxitos internacionales, el fútbol femenino español ha experimentado una transformación vigorosa en el ámbito doméstico, especialmente en la Liga F, la primera división profesional del fútbol femenino en España. La temporada 2023–2024 fue una muestra de supremacía histórica del FC Barcelona Femení, que terminó campeón con 88 puntos en 30 partidos, con 29 victorias, solo 1 empate y ningún tropiezo, firmando una cifra goleadora de 137 goles a favor y apenas 10 en contra, reflejo de equilibrio entre ataque y defensa. El sorprendente segundo lugar lo ocupó el Real Madrid CF, que terminó con 73 puntos, seguido por el Atlético de Madrid con 61 y el Levante UD con 60, todos mostrando niveles competitivos muy altos en una liga que se ha hecho más equilibrada y emocionante año tras año.
En esa misma temporada, los números individuales brillaron con fuerza. La tabla de goleadoras estuvo encabezada por Caroline Graham Hansen del Barcelona con 21 goles, seguida por Salma Paralluelo con 20 y Cristina Martín-Prieto del Sevilla con 17, demostrando una competencia feroz por marcar la diferencia en cada jornada. Además, la liga vio un despliegue creativo en asistencias donde Graham Hansen también lideró con 19, acompañada por Aitana Bonmatí con 11, destacando la calidad técnica que caracteriza al campeonato español.
La competencia interna también se expresó en torneos de copa. En la Copa de la Reina 2023–24, Barcelona se coronó campeón por décima vez tras derrotar 8‑0 a la Real Sociedad en la final, igualando el mayor margen de victoria en la historia del torneo. Jugadoras como Mariona Caldentey, autora de seis goles en el torneo, y Aitana Bonmatí, con cuatro, demostraron su efectividad en competiciones que exigen precisión en momentos de alta tensión. Esto reflejó la profundidad de plantilla y la calidad individual que ha permitido a Barcelona dominar tanto la liga como los torneos de copa.
La temporada 2024–2025 consolidó aún más el dominio de Barcelona, que obtuvo su décimo título de Liga F y sexto consecutivo con una victoria contundente de 9‑0 sobre el Real Betis, en un partido donde Clàudia Pina firmó un ‘hat‑trick’ y Ewa Pajor y Alexia Putellas anotaron dos cada una, mostrando una ofensiva demoledora y una superioridad táctica que hizo historia. Barcelona terminó la liga con 84 puntos en 30 partidos, 28 victorias y 128 goles a favor, dejando a su eterno rival Real Madrid en segundo lugar con 76 puntos y 87 goles. Este dominio se traduce en cifras históricas acumuladas: según la clasificación histórica de la liga, Barcelona lidera con 383 goles en 90 partidos desde 2022 con un extraordinario balance ofensivo y defensivo, acompañado por Real Madrid y Atlético de Madrid como protagonistas constantes.
En esa campaña, la tabla de goleadoras del 2024–2025 mostró la capacidad de Ewa Pajor como principal artillera con 25 goles, seguida por Edna Imade del Granada con 16, y nombres como Alba Redondo del Real Madrid que aportaron 15 goles, demostrando que la Liga F es una competición en la que tanto las grandes figuras como las jugadoras emergentes tienen oportunidad de destacarse.
Este nivel competitivo se traduce no solo en títulos, sino en una liga vibrante y dinámica donde clubes históricos y emergentes luchan cada jornada por puntos, gloria y proyección. Equipos como Granada C.F. y Costa Adeje Tenerife destacaron por su espíritu de superación, consolidándose en posiciones respetables de la tabla con planteamientos tácticos propios, mientras que clubes tradicionales como Sevilla FC, Real Sociedad y Athletic Club reforzaron su presencia con plantillas equilibradas y tácticas bien definidas.
La calidad de la Liga F no solo se mide en goles y resultados, sino también en historias individuales de compromiso y superación. Jugadoras como Linda Caicedo, quien se consolidó como figura clave en el Real Madrid antes de dar el salto internacional, encontraron en la liga española un escenario para desarrollar su talento y mostrar su capacidad ofensiva, velocidad y creatividad ante defensas exigentes, contribuyendo a la globalización del fútbol femenino español.
En medio de estas gestas colectivas e individuales, el papel de “El Partido de Manu” como medio de prensa escrita especializado en fútbol femenino ha sido fundamental. Este medio no solo ha difundido resultados y estadísticas, sino que ha contado las historias humanas detrás de cada jugadora, entrenadora y club, contextualizando cada triunfo y cada derrota con análisis profundo que ayudan a educar a la afición y a consolidar la identidad del fútbol femenino como un deporte de élite, digno de atención y respeto.
La sólida trayectoria de Silvia Gaviro Donoso se entrelaza con esta narrativa colectiva. Ella representa ese liderazgo que no solo busca resultados, sino construir estructuras de formación, reforzar la profesionalización de la liga y contribuir a la sostenibilidad del deporte. Su visión sobre la igualdad de género, el respeto a los méritos deportivos y la importancia de cuidar las canteras es una guía que ha inspirado a muchos clubes a invertir en sus bases y proyectar un fútbol que mira hacia el futuro con ambición y responsabilidad.
El legado de Silvia no se limita a su trabajo técnico o táctico, sino que también se refleja en su capacidad de inspirar a generaciones de jugadoras que hoy levantan la voz, ocupan espacios de liderazgo y construyen proyectos ambiciosos en España y más allá. Su sueño de regresar a España para liderar un banquillo históricos, no es solo una ambición personal, sino un acto de compromiso con el crecimiento integral del fútbol femenino.
“Mi sueño es seguir creciendo, seguir aprendiendo y seguir aportando. Cuando termine mi etapa en Rumanía, quiero volver a España, liderar un banquillo histórico y contribuir a que la Liga F siga creciendo”, afirma Silvia, resumindo su ambición personal y compromiso con el desarrollo del fútbol femenino.
La historia de Silvia Gaviro Donoso es monumental. Conecta generaciones, reivindica a pioneras, celebra a campeonas actuales y proyecta a jóvenes promesas que definirán el futuro del fútbol femenino español. Su visión de liderazgo, su pasión por el juego y su compromiso con la igualdad y la visibilidad han consolidado su lugar como una de las voces más autorizadas y emblemáticas del deporte. El fútbol femenino español, con figuras como ella, no tiene techo, y su proyección global es ilimitada.
España, desde su dominio en el ranking mundial femenino—número uno tras sus éxitos recientes—hasta su competitividad permanente en competiciones europeas y domésticas, se consolida como ejemplo de profesionalización, calidad y excelencia deportiva.
Este relato no solo recoge resultados, estadísticas y hazañas; es la narración de un proceso colectivo construido con talento, trabajo constante, visión estratégica y liderazgo femenino. La eternidad del fútbol femenino español se escribe con historias como la de Silvia, que no solo dirige equipos, sino que diseña futuros, abre puertas y eleva estándares, dejando una huella imborrable para las generaciones presentes y futuras.
🟦 Las jugadoras de “La Roja” son las protagonistas de una generación para recordar que aventaja en 37.31 puntos a USA, que es segunda en el ranking mundial.
La historia del fútbol femenino español acaba de escribir uno de sus capítulos más emocionantes y trascendentales. La Selección Española de Fútbol, actual campeona de casi todo —del mundo, de subcampeona de Europa y flamante ganadora de la Nations League— cerrará el año 2025 instalada con autoridad en el número uno del ranking FIFA, con 2094.89 puntos que consolidan un ciclo competitivo jamás visto en nuestro deporte. Un reinado que no se explica solo desde los títulos: nace de una identidad, una generación irrepetible y una conexión emocional con un país que aprendió a soñar con ellas… y que ya no quiere despertar.
España termina el año por delante de potencias históricas como Estados Unidos (2057.58), Alemania, Inglaterra, Suecia o Francia. La distancia con las norteamericanas —durante décadas dominadoras absolutas del fútbol mundial— es simbólicamente tan importante como matemáticamente clara: 37.31 puntos que representan algo más que un número. Representan un cambio de era.
Porque España no ha conquistado el mundo a través del músculo o la imposición física, sino con una identidad que ya forma parte del patrimonio emocional del deporte: presión asfixiante, asociaciones que parecen trazos coreografiados, agresividad en la recuperación, paciencia infinita cuando el partido lo exige, valentía para arriesgar cuando otros temen caer. El balón, siempre el balón. No como herramienta: como brújula. Como declaración de intenciones. Como la forma más pura de contar quiénes somos.
Este 2025 ha sido un año tejido con gestas. España defendió su corona europea como si la historia le perteneciera desde siempre. Ganó la Nations League con autoridad y una serenidad que asusta. Firmó victorias que quedan grabadas como cicatrices gloriosas sobre las potencias tradicionales. Y cada vez que el equipo celebró, lo hizo con ese gesto que ya reconocemos incluso sin ver sus caras: el gesto de quien sabe que no está tocando techo, sino abriendo una puerta. Hay generaciones que nacen para competir y otras que nacen para trascender. Esta ya ha elegido su destino.
Las jugadoras —esas que aparecen en las imágenes alzando trofeos, sonriendo con una mezcla de orgullo y responsabilidad— son las narradoras silenciosas de esta epopeya. No hace falta nombrarlas una a una; basta con verlas jugar para entender que han construido una hermandad que trasciende la táctica. Han unido experiencia y juventud en un pacto invisible que las convierte en algo más que un equipo: en una idea. En una marea roja que, cuando avanza, parece imposible de detener.
Y alrededor, un país rendido. Estadios que vibran, audiencias que baten récords, generaciones completas de niñas que ya no imaginan un futuro donde el fútbol femenino sea desconocido, sino uno donde ellas mismas llevan los colores de su selección en un gran torneo. Cada partido de España es un acontecimiento nacional, cada gol un abrazo colectivo, cada título un espejo donde mirarnos con orgullo.
Cuando el ranking llega, cuando la FIFA ordena el mundo y escribe “España — 2094.89 puntos” en lo más alto, no es solo un cierre de año: es un acto simbólico. Es la confirmación oficial de algo que todos sentimos hace tiempo. Que el centro de gravedad del fútbol femenino se ha desplazado. Que la potencia más creativa, más dominante, más completa, más emocionante está aquí. Que este país, que hace no tanto era un susurro en la élite, hoy es un rugido que llena estadios enteros.
No sabemos qué traerá 2026. El deporte no ofrece garantías, y el éxito puede ser volátil. Pero si algo ha quedado claro este año es que España ya no compite para demostrar que pertenece a la élite: compite para hacer historia. Para escribir capítulos que aún no existen. Para llevar la frontera del juego a un lugar donde nadie ha estado antes.
Y mientras cae el telón de 2025, en algún lugar, quizá en un campo de entrenamiento vacío, un balón rueda despacio sobre la hierba. Es el recordatorio silencioso de todo lo que ha pasado… y de todo lo que está por venir. España termina el año siendo la número uno del mundo.
Y lo hace con la sensación, casi poética, de que apenas estamos presenciando el comienzo de un reinado destinado a perdurar.
España cerró el año como cierran los grandes imperios: con las cifras escritas en piedra y la sensación de que ni siquiera los números alcanzan para explicar lo que verdaderamente ocurrió sobre el césped. 17 partidos. 14 victorias, 2 empates y 1 sola derrota. 50 goles marcados. 13 recibidos. Un registro que no parece de una selección humana, sino de un equipo mitológico, construido con la determinación de quienes saben que están escribiendo un capítulo que se leerá durante generaciones.
Porque detrás de esas cifras hay algo que no se puede medir: la manera. La forma en la que España ganó, la forma en la que resistió, la forma en la que volvió a levantarse incluso cuando el mundo quiso dudar. Hay selecciones que suman victorias; España, en 2025, las creó. Las moldeó. Las transformó en relatos épicos que quedarán grabados en la memoria colectiva. Cada triunfo fue una pieza más de una obra que se construyó a golpe de talento, sacrificio y una fe absoluta en un fútbol que combina precisión quirúrgica con un arrojo casi poético.
Los 50 goles a favor no son simplemente medio centenar de celebraciones: son la prueba de una maquinaria ofensiva que se mueve al ritmo de un país entero. Cincuenta veces en las que el balón cruzó la línea para recordarle al mundo que España juega con un lenguaje propio, un idioma hecho de pases, diagonales, fintas y valentía. Cada gol fue un latido más de un equipo que ya no se conforma con ganar, sino que busca emocionar, dominar y trascender.
Los 13 goles en contra, más que una estadística defensiva, representan la resistencia. La solidez de un grupo que cuando debe defender lo hace con la misma intensidad con la que ataca, que entiende el esfuerzo colectivo como un pacto inquebrantable. En esos 13 goles está el precio inevitable de competir al máximo nivel, pero también está la historia de un equipo que sabe responder ante cada golpe con un rugido aún más fuerte.
Las 14 victorias son estaciones en un viaje que cambió la percepción internacional del fútbol femenino. Cada una con su estilo: algunas arrolladoras, otras pacientes, muchas hermosas, algunas sufridas. Las 2 igualdades son capítulos donde la épica se fraguó en la resistencia, donde España demostró que incluso cuando el triunfo no aparece, la identidad no se pierde. Y la única derrota —esa nota singular en un pentagrama casi perfecto— se convirtió en un recordatorio de que los grandes equipos no se definen por lo que les golpea, sino por la manera sublime en que responden después.
Porque España, tras ese tropiezo, no dudó. No tembló, no retrocedió, avanzó y creció para volverse aún más fuerte después de la dramática tanda de penaltis en la final de la Europa ante Inglaterra.
El año termina con la imagen de una capitana levantando un trofeo que brilla como un símbolo de un tiempo nuevo, de una era en la que España dejó de mirar hacia arriba para descubrir que ya estaba allí, en lo más alto. Termina con un vestuario que sabe que ha cambiado la historia. Con una afición que ha aprendido a latir al ritmo de este equipo. Con rivales que han entendido que ya no existe margen para dudar: España es la referencia, la vara de medir, la cima que todos quieren escalar.
Y mientras cae la última página del calendario, las cifras siguen ahí, inmutables, gigantescas, casi imposibles.
Pero lo que realmente deja sin aliento no son los números, sino lo que implican. Un año de dominio, de belleza, de convicción. Un año en el que esta selección convirtió cada partido en una declaración de poder y cada minuto en un poema competitivo.
España cierra 2025 como cierre un campeón absoluto: con el mundo a sus pies y el futuro esperando, impaciente, a ver qué nueva hazaña escribirá este equipo que ya juega en el territorio de la leyenda.
🚨 La flamante ganadora de la UEFA Women’s Nations League 2025 se mantendrá en lo más alto de la clasificación mundial y marca una era rojigualda en el fútbol femenino.
🟦 Prime Video estrenará la docuserie Original Pelayo. Más allá del límite el próximo 9 de enero de 2026
Amazon Prime Video confirma que estrenará en exclusiva su nueva docuserie Original Pelayo. Más allá del límite el viernes 9 de enero en 195 países y territorios de todo el mundo y desvela su tráiler oficial. Tras su paso por G.E.O. Más allá del límite, el Inspector Pelayo vuelve a poner a prueba los límites de su resistencia, esta vez en Colombia, donde se une a unidades de élite del ejército y se embarca en operaciones reales en selvas, ríos y montañas.
Durante más de dos décadas, Pelayo ha combatido el narcotráfico como policía de operaciones especiales. Ahora, su misión da un giro radical: decide seguir el rastro de la droga y adentrarse en los territorios donde el crimen manda y la violencia impone sus reglas. Desde los barrios de Buenaventura, hasta los ríos del Pacífico y las montañas del Valle del Cauca, Pelayo acompaña a unidades de élite del ejército colombiano en su guerra diaria contra el crimen organizado.
Pelayo. Más allá del límite es una docuserie inmersiva de 3 episodios contada en primera persona por Pelayo, que desvela el lado más oscuro del narcotráfico, no como un fenómeno lejano, sino como un sistema global que transforma la violencia en negocio. Un viaje sin retorno al corazón de una guerra silenciosa donde mirar hacia otro lado ya no es una opción. Pelayo deja el papel de instructor para intentar comprender las raíces del conflicto desde la primera línea de fuego.
De los creadores de G.E.O. Más allá del límite, esta nueva serie documental es unaproducción de Buendía Estudios, dirigida por David Miralles, que firma el guion junto a Javier Llanos. Jorge Pérez Vega e Ignacio Corrales se encargan de la producción ejecutiva.
Pelayo. Más allá del límite estará disponible en Prime Video como parte de la suscripción Prime. Los suscriptores Prime en España pueden disfrutar de ofertas, envíos gratuitos y entretenimiento, todo en una misma suscripción por tan solo 4,99€ al mes o 49,90€ al año.
Sobre Pelayo Gayol
Pelayo Gayol (Tapia de Casariego, Asturias) es inspector de la Policía Nacional de España con más de veinte años de trayectoria en el Grupo Especial de Operaciones (GEO). Ingresó en el Cuerpo en los años 90 y participó activamente en operaciones clave contra el terrorismo de ETA, así como en la intervención de Leganés tras los atentados del 11-M. En 2015 ascendió a inspector con el número uno de su promoción. Especialista en intervenciones de alto riesgo, ha desarrollado una amplia experiencia en operaciones antiterroristas, de rescate y contra el narcotráfico, tanto en tierra como en entornos marítimos. Ha ejercido además como jefe instructor de aspirantes al GEO, siendo responsable de la formación, preparación física y mental y selección de nuevos miembros del cuerpo de élite. Su labor en este ámbito fue difundida al gran público a través de la serie documental G.E.O. Más allá del límite, donde destacó por su liderazgo, disciplina y capacidad de resiliencia. En la actualidad, continúa en activo dentro de la Policía Nacional, donde sigue aportando su experiencia y conocimientos al servicio de la seguridad pública.
Sobre Prime Video:
Prime Video es la primera opción como destino de entretenimiento que ofrece a los clientes una gran colección de programación premium en una sola aplicación disponible en miles de dispositivos. En Prime Video, los clientes pueden personalizar su experiencia a la hora de ver y encontrar sus películas, series, documentales y entretenimiento en directo favoritos, incluyendo programas en directo como Operación triunfo 2025, o series y películas producidas por Amazon MGM Studios como Culpa nuestra, Fallout, Su Majestad, Jefes de estado, Reacher, Reina Roja, Oh. What. Fun., Cómo cazar a un monstruo, El contable 2, The Boys, El señor de los anillos: los anillos del poder y El verano en que me enamoré; el contenido licenciado favorito de los fans como La que se avecina o Pombo; acceso exclusivo a eventos deportivos en directo para los miembros Prime como la NBA próximamente; y aclamados documentales deportivos como Courtois: La vuelta del número 1 o Un equipo llamado España. Prime Video es solo uno de los muchos beneficios que proporcionan ahorros, comodidad y entretenimiento como parte de la suscripción a Prime. Todos los clientes, cuenten o no con una suscripción a Prime, pueden acceder a MGM+, Apple TV, HBO Max, Peacock o Crunchyrollmediante suscripción adicional, así como alquilar o comprar títulos, y disfrutar de aún más contenido gratuito con anuncios. Los clientes de Prime también pueden ir detrás de las cámaras de sus series y películas favoritas con el acceso exclusivo a X-Ray. Para más información, visitewww.amazon.es/prime
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En una noche que ya pertenece al patrimonio emocional del deporte español, la Selección Española Femenina levantó el pasado mes de agosto el título de la UEFA Women’s Nations League 2025, confirmando no solo su hegemonía futbolística, sino también el surgimiento de una identidad colectiva que ha transformado para siempre la percepción del fútbol femenino en nuestro país. Con la medalla aún brillante, el eco de los cánticos resonando en un estadio convertido en liturgia, y el trofeo erguido sobre un pedestal simbólico de constancia, España inicia 2026 en lo más alto: sigue siendo la Número 1 del Ranking FIFA.
Cuatro meses después de recuperar el trono mundial, la selección dirigida por un proyecto deportivo asentado, exigente y ambicioso ratifica algo que ya parece indiscutible: España domina el fútbol femenino internacional por juego, por talento y por convicción.
Este es un reconocimiento que no solo ratifica su dominio sino también la continuidad de un proyecto deportivo que ha revolucionado el fútbol femenino en España y se ha convertido en referencia mundial.
La fotografía que inmortaliza la celebración —un grupo invencible saltando, gritando, abrazándose bajo una lluvia luminosa— es mucho más que la culminación de una final. Es la representación visual de una era. En ella se concentra el esfuerzo acumulado, la madurez competitiva, la armonía táctica y la ambición sin límites de un equipo que no se cansa de ganar, ni de crecer, ni de marcar hitos que parecían inalcanzables hace apenas una década.
La Selección Española de Fútbol es campeona de todo ha reescrito la narrativa de lo que significa ser una selección de élite: no solo vencer partidos, sino transformar la propia esencia del juego y elevarla a un nivel superior.
España recuperó el número uno mundial hace tan solo cuatro meses, después de una conquista europea memorable en la Eurocopa 2025 de Suiza, y ahora mantiene esa posición privilegiada con la misma determinación con la que domina el césped. La Nations League 2025 fue la confirmación definitiva de este reinado: un torneo en el que el equipo exhibió una autoridad abrumadora, combinando fluidez técnica, inteligencia posicional, resistencia física y una tenacidad competitiva que aplasta a cualquier adversario. La posesión no es solo método, sino cultura; la presión alta no es solamente estrategia, sino compromiso; la creatividad ofensiva no es un recurso, sino una identidad profundamente enraizada en la formación del fútbol español.
Este nuevo éxito se suma a un palmarés que no deja de crecer y que sitúa a esta generación como una de las más dominantes de la historia del deporte, no solo del fútbol femenino. El Mundial 2023, la Nations League 2023, la Eurocopa 2025 y ahora la revalidación de la UEFA Women’s Nations League 2025 forman un ciclo dorado que ningún otro país puede igualar en la actualidad. Lo que antes parecía una aspiración, hoy es una certeza: España es la selección que marca el paso del fútbol mundial, el equipo que impone tendencias, la referencia técnica y emocional de un deporte en plena revolución.
Lo logrado por la selección no solo se mide en títulos, sino en impacto social. Cada celebración, cada gol, cada gesto de unidad se ha convertido en un símbolo para miles de niñas que ven en estas jugadoras un espejo de posibilidades infinitas. Las gradas repletas, las audiencias que baten récords, las calles teñidas de rojo y amarillo, la emoción de un país entero siguiendo con devoción cada paso de su equipo… todo es parte de un movimiento cultural que ya trasciende lo meramente deportivo. Este grupo humano ha generado orgullos nuevos, ha despertado vocaciones, ha construido un sentimiento de pertenencia que une generaciones.
La importancia de ser Número 1 del ranking FIFA va mucho más allá de un simple dato estadístico. Es un sello universal de excelencia, un reconocimiento que otorga respeto inmediato en cualquier estadio del planeta. España no solo es la primera por resultados: lo es por regularidad, por calidad de juego, por desarrollo continuo, por capacidad de adaptación y por la seguridad con la que se enfrenta a cualquier potencia mundial. No existe hoy una selección más completa, más equilibrada ni más preparada para los desafíos que llegan. La mentalidad ganadora que exhiben en cada partido es ya parte de su ADN, una convicción transmitida desde el banquillo hasta la grada.
La victoria en la final de la Nations League 2025 es un reflejo perfecto del equipo en estado puro: contundencia, técnica, solidaridad, madurez competitiva y un manejo impecable de los tiempos del partido. España no gana solo por superioridad técnica, sino por cohesión emocional. Cada jugadora entiende su rol, cada movimiento nace del entendimiento colectivo, cada acción resume una idea trabajada durante años. El fútbol español ha alcanzado un punto de madurez que le permite competir con solvencia, dominar con personalidad y ganar con brillo.
El estallido de felicidad tras levantar el trofeo —con las jugadoras formando un bloque inseparable, aplaudiendo a la afición, exhibiendo las medallas y posando con una naturalidad que solo tienen los equipos que están acostumbrados a lo más alto— es la imagen del nuevo paradigma del deporte español: el éxito no es una excepción, es la norma; no es un sueño, es la realidad construida sobre trabajo, talento y una ambición infinita.
España entra en 2026 con la convicción de que lo mejor aún está por venir. Con un equipo consolidado y un relevo generacional que ya asoma con fuerza, la selección afronta los próximos retos con la misma firmeza que la ha llevado a la cima del mundo. El camino es exigente, pero esta generación ha demostrado una capacidad inigualable para responder en los momentos decisivos. Y si algo ha aprendido este país es que cuando ellas juegan, luchan y ganan, todo es posible.
Porque este equipo no es solo campeón: es inspiración. Porque estas jugadoras no son solo referentes: son historia viva. Porque esta selección no representa únicamente a un deporte: representa a un país entero.
Por eso hoy, con el trofeo todavía brillante y la clasificación FIFA confirmando su trono, solo cabe reafirmar lo que ya es una certeza absoluta: España, sois las mejores del mundo y esta era de gloria apenas comienza.
🥇 Lo recuperamos hace cuatro meses y empezaremos 2026 con él.
▶️ La Selección Española de Fútbol se proclamó campeona de la Nations League con representación de 18 futbolistas que juegan en Liga F Moeve, mientras que, la bilbaína Bibiane Schulze fue subcampeona con Alemania. Además, la presidenta de la competición, Beatriz Álvarez, estuvo en el palco para apoyar a “La Roja”.
Historia de nuestro fútbol. La Selección española venció por 3-0 a Alemania ante un Metropolitano de récord para proclamarse campeona de la Nations League por segunda vez en su historia, ambas de manera consecutiva. La presidenta de Liga F, Beatriz Álvarez, acudió al encuentro, y estuvo presente en el palco apoyando al combinado español en busca del triunfo. Además, hasta 18 futbolistas que juegan cada fin de semana en la competición española, de seis clubes distintos, lograron llevarse el trofeo. El FC Barcelona, con diez jugadoras, fue el equipo que más representación tuvo en la lista para el doble compromiso ante el cuadro germano.
Del Real Madrid CF acudieron cuatro jugadoras, mientras que el Athletic Club, la S.D. Eibar, el Atlético de Madrid y la Real Sociedad tuvieron a una futbolista.
Por parte del FC Barcelona fueron convocadas Cata Coll, Ona Batlle, Irene Paredes, Mapi León, Alexia Putellas, que fue la MVP del torneo, Laia Aleixandri, Aitana Bonmatí (no pudo estar en el segundo partido por una lesión en el peroné), Vicky López, Clara Serrajordi y Claudia Pina, que marcó dos goles y fue la mejor jugadora de la final. El Real Madrid CF estuvo representado por la central María Méndez y las atacantes Alba Redondo, Eva Navarro y Athenea del Castillo. El Athletic Club tuvo presencia en la final gracias a la guardameta Adriana Nanclares, mientras que, Eunate Astralaga representó a la Sociedad Deportiva Eibar en el Metropolitano. Precisamente, la rojiblanca Fiamma Benítez se proclamó campeona de la Nations League en su estadio, y la realista Edna Imade estrenó convocatoria con un título europeo.
Entre dos pasiones. Así vivió Bibiane Schulze la final del Metropolitano. La central del Athletic Club fue convocada para la lista reserva de la Selección germana, pero los problemas musculares de Camilla Küver y Sydney Lohmann provocaron que Christian Wück terminara ampliando la plantilla e incorporando a la zaguera bilbaína para reforzar el equipo. La defensora, que debutó con el combinado absoluto en abril de 2024 no dispuso de ningún minuto ni en el encuentro de ida, ni en el de vuelta, pero sí estuvo presente en el banquillo en ambos choques. La alemana, que tiene raíces deportivas profundas en Euskadi, representó al conjunto vasco como subcampeona de la Nations League. El verano pasado ya ganó el bronce olímpico en París 2024 precisamente ante el combinado español.