Categoría: Fútbol Europeo

  • Reportaje | La “promesa” amarilla que está en el cajón del olvido desde 2022

    (Fuente: Archivo de Zona Amarilla)

    🔲 Mientras el Costa Adeje Tenerife es un ejemplo a seguir en el fútbol femenino y llena el Heliodoro, con 2.457 espectadores de media en cada partido, su eterno rival no es más que un recuerdo ante la pasividad de Miguel Ángel Ramírez.

    Las Islas Canarias respiran fútbol por los cuatro costados, no estamos descubriendo la fórmula secreta de la Coca-Cola, pero hay mucho trabajo por hacer en territorio insular en lo que a fútbol femenino se refiere y no será por el empeño que le pone D. Sergio Batista con su Costa Adeje Tenerife, el problema está marcado en amarillo.

    La Unión Deportiva Las Palmas por la que han pasado grandes estrellas como Jesé Rodríguez, Juan Carlos Valerón, Pedri o Jonathan Viera es el único elenco importante, el Real Madrid se salvó de la quema en 2020, que en pleno siglo XXI no tiene sección de fútbol femenino.

    España levantó la Copa del Mundo en categoría absoluta el pasado 20 de agosto de 2023 en Sídney a costa de Inglaterra por 1-0 con un gol de la jugadora del PSG Olga Carmona.

    Aquella mañana muchos equipos como el Madrid CFF, del quien les escribe ha formado parte durante tres años, se congratularon del éxito de la nación ibérica, pero hubo una entidad que no pudo sentir esa proeza como propia y si, por increíble que parezca, les hablamos de Las Palmas.

    El conjunto pio pio ha sido adelantado por la izquierda por el Club Deportivo Tenerife Femenino, quien este pasado verano se alió con el antiguo Granadilla Tenerife Egatesa para incorporar al club azul y blanco al Costa Adeje, semifinalista de la Copa de la Reina en 2022, que ha coqueteado en varias ocasiones con entrar en Europa, algo que irrita a los habitantes de Gran Canaria sobremanera, así de simple.

    Se puede decir, con un tono reivindicativo y no titubeante que Las Palmas y el fútbol femenino es la asignatura pendiente de un gigante adormecido, que debe reaccionar para dejar de avergonzar a la sociedad que corea ya de memoria nombres como el de Jenni Hermoso, Aitana Bonmatí, Alexia Putellas o Vicky López e incluso acude a las tiendas de Adidas para comparar camisetas con estas serigrafías y es que la profesión de futbolista es la segunda más elegida por las niñas en la actualidad por detrás de medicina, según reveló un estudio de Adecco en septiembre de 2025.

    Existen promesas que resuenan como himnos de esperanza. Y hay promesas que, con el paso del tiempo, se convierten en un eco doloroso, un lamento uniforme que recuerda a quienes lo escuchan que el compromiso no estuvo jamás acompañado de la valentía necesaria para materializarlo.

    Así comienza la historia de la Unión Deportiva Las Palmas con el fútbol femenino: no como epopeya de conquista, sino como crónica de **una deuda histórica, una promesa no cumplida y un olvido institucional que ya pesa como una losa sobre la grandeza de una entidad que se precia de ser casa de todos los canarios.

    Para entender el presente hay que mirar al pasado con honestidad radical. UD Las Palmas, club con casi 76 años de historia y uno de los emblemas del fútbol español en el Atlántico, tuvo un equipo femenino en la temporada 2009-2010 y 2010-2011. Compitió en la Superliga Femenina, la máxima categoría de aquel momento, donde la élite del fútbol femenino español buscaba consolidar su profesionalización.

    Pero esos dos años de existencia no fueron acompañados de una hoja de ruta sólida ni de inversiones planificadas. Tras descender, la sección se disolvió por completo. La excusa oficial apuntaba a problemas económicos, a un contexto poco favorable y a la sensación de que “no había base organizativa” para sostener la actividad deportiva.

    Ese ha sido el primer gran fallo de la institución por mucho que se deje pasar como si nada.

    No es menor: en un momento en que el fútbol femenino empezaba a dar sus primeros pasos de profesionalización y visibilidad, Las Palmas retrocedió, renunció a construir, y dejó escapar una oportunidad histórica que otros clubes supieron aprovechar.

    Y mientras el Club Deportivo Tenerife, Real Unión Tenerife, y otros proyectos canarios femeninos fueron consolidándose a nivel nacional y profesional, Las Palmas apagó la chispa de forma aberrante.

    Desde entonces, la etiqueta de “club sin equipo femenino” se ha convertido en un estigma, especialmente porque la estructura masculina del club ha seguido creciendo en infraestructura, marketing, derechos televisivos y presencia social, mientras que el fútbol femenino quedaba relegado a un cajón polvoriento del olvido institucional.

    El siguiente gran capítulo de esta historia llegó en 2022. En marzo de ese año, el presidente de la UD Las Palmas, Miguel Ángel Ramírez, anunció públicamente que “La UD Las Palmas contará de nuevo con un equipo femenino. Entra dentro de nuestros próximos proyectos.”

    Este tipo de declaraciones —que se hiceron eco en los medios y encendieron la esperanza de aficionadas, futbolistas canarias y la afición en general— son en teoría una declaración de intenciones: una promesa con fecha, un plan trazado, una nueva era que se acerca.

    Pero, como veremos más adelante, las palabras se quedaron en el aire, qué triste no cumplir con lo pactado.

    La frase de Ramírez, repetida incluso como titular en periódicos deportivos y portales de noticias, creó expectativas legítimas. Porque después de años de ausencia total de compromiso con el fútbol femenino, era más que bienvenida una postura que, al menos sobre el papel, mostraba voluntad de revertir el error histórico y nada cambia ni tiene pinta de hacerlo a corto plazo, es lamentable, con perdón por el ataque de sinceridad.

    Y ese anuncio en 2022 supuso una chispa de ilusión, la realidad que siguió fue de un estancamiento absoluto que desbordó todo tipo de lógica deportiva, social y ética.

    En 2023, la propia entidad, a través de declaraciones del presidente, descartó momentáneamente la posibilidad de crear la sección femenina debido a la falta de recursos y al coste que supondría su puesta en marcha, alegando que “no se generan los mismos ingresos” en el fútbol femenino y que el club no estaba en disposición de asumir ese reto en ese momento. 

    Es decir, años después del anuncio público, la respuesta oficial fue una narrativa que, en esencia, dice que no hay Unión Deportiva Las Palmas en clave femenina.

    Todo ello en un contexto en el que el club ha continuado creciendo, agrandando sus secciones de fútbol base masculino, invirtiendo en infraestructura, derechos televisivos y programas de formación —todo sin que el fútbol femenino se convierta en una prioridad. El contraste es innegable.

    Y ante esa comparación, la teoría se vuelve crítica: ¿hasta qué punto la falta de recursos es excusa y hasta qué punto es una decisión deliberada de no asignar prioridades? Ya no cuela, lo siento.

    Sin embargo, incluso ante este crecimiento sostenido, Las Palmas no solo no ha consolidado su proyecto femenino, sino que ha retrocedido en su propio compromiso institucional.

    Mientras otros clubes canarios como CD Tenerife han potenciado su estructura femenina —y otros equipos regionales como Granadilla han alcanzado el primer nivel— la UD Las Palmas ha permanecido en la sombra, con palabras de buena voluntad y ausencia de acciones concretas. 

    Esa contradicción no puede leerse como falta de recursos (porque el vehículo principal del club, su primer equipo masculino, sigue siendo una prioridad absoluta) sino como falta de voluntad estratégica para invertir humanidad, dinero, fuerza organizativa y presencia institucional en un proyecto que no solo es socialmente necesario, sino que también es una oportunidad deportiva y de identidad regional.

    Porque, si en algo se han aplicado con diligencia las últimas décadas, ha sido en acciones de marketing, campañas, apariciones mediáticas y proyectos que generan visibilidad externa. Pero en términos de estructurar un equipo femenino propio y crecer con coherencia institucional, la respuesta ha sido sistemáticamente tibia.

    La narrativa que dice “queremos, pero no podemos” ha llegado a sonar como una mezcla de excusa y discurso preparado, sin el peso de un plan serio, sin objetivos medibles, sin cronograma, sin estructura organizativa establecida.

    Porque invertir en fútbol femenino no significa de pronto dedicar millones de euros. Significa:

    ✔️ planificar un proyecto a largo plazo;
    ✔️ integrar las estructuras de cantera femenina en la entidad;
    ✔️ comprometerse con plantillas, técnicos y cuerpos organizativos femeninos:
    ✔️ destinar presupuesto sostenible;
    ✔️ construir una identidad femenina dentro de la marca UD Las Palmas, que no es poco.

    Todo ello puede hacerse con planificación, acuerdos con entidades educativas, con fundaciones, políticas públicas y alianzas estratégicas que no dependen exclusivamente de inyecciones económicas milagrosas.

    Y sin embargo, el discurso oficial repetido en publicaciones del club y entrevistas apunta únicamente a razones económicas: “no tenemos los recursos para asumirlo ahora mismo”. 

    Si eso fuera cierto, entonces residuos de la estructura masculina también tendrían que desaparecer. Pero no es así: el primer equipo masculino sigue con tiempos y prioridades perfectamente definidos, incluso en épocas de transición deportiva (ascensos, descensos, planificación de temporada, campañas de abonados, etc.).

    Clubes de tamaño similar, con estructuras menos potentes que Las Palmas, han dado pasos firmes hacia la profesionalización femenina. Y eso independientemente de la ciudad, la base social o la capacidad económica.

    Pero la UD Las Palmas, por razones que aquí exploramos con rigor crítico, no ha hecho lo mismo. Incluso después de haber anunciado la voluntad de hacerlo.

    Eso ha generado una narrativa de contradicción institucional, porque en otras áreas —como infraestructura, derechos de explotación, marketing, expansión internacional— el club ha actuado con determinación. Entonces, ¿por qué no con el fútbol femenino?

    La respuesta, para muchos, es dolorosamente clara: porque no se ha considerado una prioridad estratégica real.

    Una promesa hecha por un presidente de club —especialmente expresada públicamente— tiene peso. Tiene responsabilidad. Tiene consecuencias.

    Cuando en 2022 se dijo que “La UD Las Palmas contará de nuevo con un equipo femenino”, esa frase quedó en los titulares. Quedó en las expectativas de las jugadoras jóvenes canarias. Quedó en la memoria de quienes creían ver un cambio de rumbo. 

    Pero con el paso del tiempo, esas expectativas se convirtieron en frustración. En silencio institucional. En excusas económicas. En relatos de impotencia en lugar de narrativas de oportunidad.

    La crítica dura, legítima y necesaria, no surge de un enfado estéril: sino de la constatación de lo que pudo haber sido y no fue.
    De lo que se prometió y nunca se materializó.
    De la voluntad expresada y la voluntad ejecutada —dos cosas distintas—.

    Y en esa dicotomía, la institución ha fallado a su comunidad. Ha fallado a las generaciones de futbolistas canarias que merecían una casa, un proyecto, una oportunidad. Ha fallado a quienes ven en el fútbol femenino no solo un deporte, sino una forma de representación, de inclusión y de justicia social.

    Un club tan grande como es la UD Las Palmas puede —y debe— hacer todo esto. Porque si algo ha demostrado el fútbol femenino es que la falta de visibilidad o recursos no es un destino inmutable. Otros clubes lo están logrando, y la evidencia es clara.

    Pero para hacerlo, hace falta algo más que palabras bonitas en una rueda de prensa. Hace falta coraje institucional. Hace falta aceptar que las promesas tienen consecuencias y que un liderazgo sin acciones concretas es una promesa rota.

    Este reportaje no es un ataque sin fundamentos. Es un llamado a la responsabilidad histórica. A la coherencia entre discurso e impacto. A la justicia deportiva.

    Porque en Canarias, en Las Palmas de Gran Canaria y en todo el archipiélago, las jugadoras han demostrado con fútbol, con garra y con crecimiento constante que merecen un proyecto que las represente.

    Y la UD Las Palmas, entidad centenaria y estandarte de la afición canaria, tiene ante sí una elección: seguir siendo un gigante adormecido ante el fútbol femenino… o levantarse con valentía y decir, con hechos, que sí: que la tierra amarilla también tiene un lugar para ella.

    Porque las promesas bonitas se las lleva el viento.
    Pero los equipos —verdaderos, estructurados, integrados— quedan para siempre.

    Deben creerme cuando les digo que hubo un tiempo —y no es una metáfora, ni una licencia poética— en el que el fútbol femenino en Canarias no pedía permiso para existir. Simplemente existía. Competía. Resistía. Y, en silencio, hacía historia. Antes de que el foco mediático se girara tímidamente hacia ellas, antes de que la palabra “profesionalización” entrara en el diccionario cotidiano del deporte español, las mujeres ya jugaban al fútbol en las islas con una dignidad que hoy merece memoria, respeto y reivindicación.

    Porque el pasado glorioso del fútbol femenino canario no se escribe desde el marketing ni desde los despachos. Se escribe desde el barro, desde los viajes interminables en guaguas prestadas, desde campos sin gradas, desde camisetas heredadas, desde botas compartidas. Y en ese pasado, la Unión Deportiva Las Palmas no fue ajena. Aunque hoy parezca increíble, hubo un momento en el que el escudo amarillo también latió en femenino.

    Corría el final de la década de los 2000 cuando la Unión Deportiva Las Palmas decidió, al menos durante un instante, mirar de frente a una realidad que ya crecía con fuerza: el fútbol femenino reclamaba espacio, estructura y legitimidad. No era una moda. No era una imposición externa. Era una consecuencia natural del talento que brotaba en los barrios, en los colegios, en los campos de tierra de Gran Canaria.

    Así nació la UD Las Palmas Femenino, un proyecto que llegó a competir en la Superliga Femenina, la máxima categoría del fútbol español en aquel momento. No hablamos de regionales, ni de competiciones simbólicas. Hablamos de la élite. De enfrentarse a clubes consolidados, de viajar a la Península, de representar a Canarias en un mapa donde casi nadie lo hacía.

    Aquellas futbolistas —cuyos nombres deberían estar grabados en piedra en la memoria colectiva del club— defendieron el escudo amarillo cuando hacerlo no daba prestigio, ni dinero, ni titulares. Lo hicieron por amor al juego, por orgullo, por la convicción íntima de que estaban abriendo una puerta para las que vendrían después.

    Ese fue el pasado glorioso: el tiempo en el que Las Palmas sí estuvo, aunque fuera de forma imperfecta, incompleta, y precaria, pero al menos estuvo .

    La gloria se alcanzó sin focos, épica o aplausos y no fue un camino fácil. Nunca lo es para las pioneras. Aquella UD Las Palmas Femenino vivió entre la ilusión y la fragilidad estructural. Competía en igualdad deportiva, pero en desigualdad absoluta de medios. Cada temporada era una batalla por sobrevivir. Cada partido, una reivindicación silenciosa.

    Y aún así, resistieron contra viento u marea, creciendo ante la adversidad, como titanes.

    Se repusieron a los viajes imposibles.
    Resistieron a la indiferencia mediática.
    Resistieron a la falta de inversión.
    Resistieron a la sensación constante de ser un proyecto secundario.

    Eso también es gloria.
    Una gloria que no se mide en títulos, sino en haber estado cuando nadie más quería estar.

    Porque mientras otros grandes clubes ni siquiera se planteaban la existencia de un equipo femenino, la UD Las Palmas —aunque de manera frágil— dio el paso. Y eso importa. Importa mucho. Porque demuestra que sí se pudo, que sí hubo voluntad en algún momento, que no es cierto que el fútbol femenino sea ajeno al ADN del club.

    El problema no fue haber estado, si no haberse ido cuando no tocaba.

    El abandono como ruptura histórica
    El descenso deportivo llegó. Y con él, la decisión más dolorosa: disolver la sección femenina. No reconstruir. No replantear. No resistir. Desaparece y ahí algo se quebró de golpe.

    Porque los clubes verdaderamente grandes no se definen solo por sus éxitos, sino por cómo protegen a sus proyectos cuando llegan las dificultades. Y la UD Las Palmas, en ese punto, eligió el camino más fácil: cortar, borrar, mirar hacia otro lado.

    Esa orfandad no fue solo deportiva, también tuvo un tinte simbólico. Fue un mensaje devastador para las futbolistas canarias: “cuando las cosas se ponen difíciles, vosotros sois prescindibles”. Y ese mensaje, aunque nunca se dijo en voz alta, caló durante años.

    El pasado glorioso quedó entonces congelado en la memoria. Como una fotografía antigua que nadie quiere colgar en el salón. Como una historia que incomoda porque recuerda que otra UD Las Palmas fue posible.

    Las pioneras que sostuvieron el escudo se encuentran hoy en día en el cajón del olvido.
    Hablar del pasado glorioso es también hablar de ellas. De las jugadoras. De las entrenadoras. De los cuerpos técnicos que sostuvieron aquel proyecto con convicción y dignidad. Mujeres que defendieron el escudo sin contratos profesionales, sin seguridad, sin promesas de futuro.

    Ellas son la prueba viviente de que el fútbol femenino en Canarias no empezó ayer, ni nació con la Liga F, ni apareció por generación espontánea. Viene de lejos. Tiene raíces profundas. Y esas raíces también pasan por la UD Las Palmas.

    Cada vez que hoy se argumenta que “no hay base”, que “no hay estructura”, que “no es el momento”, esas palabras chocan de frente con la realidad histórica: ya hubo base, ya hubo equipo, ya hubo estructura, aunque fuera mínima. Lo que faltó fue continuidad, compromiso y visión.

    Y eso no es una limitación económica, no se engañen, por que es una decisión política y deportiva que ya no se sostiene por más tiempo.

    Recordar el pasado glorioso no es nostalgia vacía, ni mucho menos, es, claramente un acto de justicia. Es negarse a aceptar el relato cómodo de que la UD Las Palmas nunca tuvo relación con el fútbol femenino. La tuvo y, sin saber porqué, la perdió.

    Por eso este pasado no debe ser enterrado, sino recuperado como punto de partida.

    Porque si alguna vez existió una UD Las Palmas Femenino capaz de competir en la élite con recursos mínimos, ¿qué no podría hacerse hoy, con un club más fuerte, más estable y más consciente de su impacto social?

    Porque la historia ya habló
    La historia ya demostró que sí se puede.
    Que el escudo amarillo sí supo latir en femenino.
    Que hubo un tiempo en el que la UD Las Palmas entendió que representar a Canarias era representar a toda Canarias, no solo a una parte.

    Ese pasado no es una anécdota, sino un espejo en el que la directiva haría bien en mirarse, pues un club con tanta relevancia no puede tener mentalidad de elenco mediocre, ese escudo no lo merece.

    Hubo generaciones que crecieron soñando con ser futbolistas, con la ilusión de vestir los colores de su ciudad, de su isla, de su club. Pero hubo un obstáculo que nadie anunció en el reglamento: la UD Las Palmas no tenía equipo femenino. Ni siquiera uno oficial. Solo palabras, titulares rotos y promesas que se evaporaban antes de que la temporada comenzara.

    La infancia de las que esperaban un hogar amarillo. Piensa en las niñas que, desde los barrios de Vegueta, Triana o Tamaraceite, miraban con admiración el estadio, los entrenamientos del primer equipo masculino y soñaban con un futuro en el verde. Para ellas, el club no era solo un símbolo: era un espejo, una posibilidad tangible de profesionalizar su pasión. Pero el espejo estaba roto. Las puertas estaban cerradas. El escudo que debía representar su territorio, su orgullo y su esfuerzo, no estaba disponible para ellas.

    No existía proyecto, no existían entrenamientos estructurados dentro del club, no existía una progresión clara hacia la élite. Las niñas con talento tenían que buscar alternativas: clubes pequeños, asociaciones, equipos satélite, desplazamientos interminables a otros municipios… o rendirse ante la falta de oportunidades.

    El impacto en la identidad y la autoestima deportiva de futbolistas como Misa Rodríguez, ahora el el Real Madrid, hubiera aumentado si la internacional absoluta por España hubiera tenido la oportunidad de ser del equipo de su tierra.

    Niñas como ella crecieron ilusión, sí, pero también con frustración. Porque el fútbol femenino no es solo un deporte; es un vehículo de identidad. Es sentir que perteneces a algo más grande que tú, que tus logros tienen un reflejo en tu comunidad. Y cuando ese reflejo no existe, cuando el club que representa a tu ciudad no abre sus puertas, las consecuencias son profundas:
    • Pérdida de motivación: muchas niñas talentosas abandonaron la práctica del fútbol al no ver un futuro realista.
    • Desigualdad simbólica: mientras los niños tenían un club estructurado, con cantera y referentes claros, las niñas tenían que inventar su camino.
    • Desconexión social: la sensación de que el club “no cuenta contigo” cala en la percepción de justicia deportiva y pertenencia.

    El efecto no fue solo individual. Fue colectivo. Un vacío de décadas que hoy se percibe como una herida abierta en la memoria deportiva canaria. Cada generación que crece sin escudo pierde también la oportunidad de alimentar la identidad del club con talento femenino local.

    Pero incluso en la ausencia, hubo heroínas anónimas. Niñas que entrenaban en el Llamoro, en equipos de barrio, en asociaciones pequeñas.

    Chicas que viajaban horas para disputar un partido en Tenerife o Lanzarote. Niñas que sostenían con su esfuerzo diario la bandera de la pasión futbolística canaria, sin reconocimiento institucional, sin el escudo que debía ser suyo.

    Ellas son las verdaderas protagonistas de este capítulo del fútbol en Las Palmas. No los presidentes ni los comunicados oficiales. Ellas son la prueba de que el talento existe, aunque el club no haya querido verlo, estructurarlo ni celebrarlo.

    Son las niñas que crecieron sin un hogar amarillo, y que hoy reclaman, silenciosa y justicieramente, una oportunidad que debería haber llegado hace años.

    El costo social y deportivo del vacío
    Este vacío no se mide solo en títulos o resultados; se mide en vidas deportivas truncadas, en sueños diferidos, en potencial desperdiciado. Cada futbolista femenina que podría haber vestido la UD Las Palmas y hoy brilla en otro club representa un talento que el club perdió por inacción.

    El silencio institucional se convierte, así, en un acto político de omisión: un mensaje implícito a las niñas de Canarias de que su pasión no es prioridad, de que su escudo no existe, de que su esfuerzo no tendrá reconocimiento en la entidad que debería ser su referente.

    La elección del Estadio de Gran Canaria como sede de la gran final de la Copa de la Reina 2025-2026 ha encendido un debate que va más allá de lo meramente logístico. Para muchos, representa un hito en la visibilidad del fútbol femenino en las Islas Canarias, un reconocimiento al creciente prestigio de la competición y una oportunidad para consolidar a la isla como centro neurálgico del deporte nacional.

    Para otros, sin embargo, plantea interrogantes sobre la implicación real de sus gestores y el compromiso de la infraestructura con el balompié femenino, en contraste con el entusiasmo y la dedicación que se observa en clubes como el Costa Adeje Tenerife, que han logrado conquistar a la afición local a pesar de limitaciones históricas y estructurales.

    El Estadio de Gran Canaria, con su capacidad para más de 32.000 espectadores y su ubicación estratégica en Las Palmas, ofrece un marco espectacular para una final de la segunda competición más importante del fútbol femenino español.

    Su diseño moderno y la experiencia acumulada en eventos de gran calibre convierten al estadio en un escaparate perfecto para mostrar la fuerza y el crecimiento del fútbol femenino. No obstante, la decisión de otorgarle la final ha sido objeto de críticas veladas y explícitas: algunos consideran que, pese a las buenas intenciones, la gestión del recinto no ha mostrado un interés consistente por promover el fútbol femenino local, generando cierta desconexión entre el potencial del estadio y la realidad de la competición.

    Más allá de la polémica, la designación del estadio pone de relieve la apuesta del Cabildo de Gran Canaria por atraer a la isla eventos de relevancia nacional e internacional. La Copa de la Reina 2025-26 no es un simple partido; es un símbolo del empuje del fútbol femenino en España, un torneo que llega en un momento histórico en el que la selección nacional ha alcanzado la cima del balompié mundial, bicampeona de la Liga de Naciones y consolidada como la mejor del mundo en el ránking FIFA.

    La final en Gran Canaria será, por tanto, una cita cargada de significado: no solo definirá un campeón, sino que también servirá como plataforma de visibilidad para jugadoras, clubes y aficionados que buscan reconocimiento y consolidación de su proyecto deportivo.

    El proceso de elección del estadio, respaldado por la Federación Interinsular de Fútbol de Las Palmas y el Cabildo, refleja una estrategia clara de promoción deportiva. La candidatura de la isla se integra dentro de los actos del centenario del ente federativo provincial presidido por José Juan Arencibia, una celebración que combina tradición, identidad local y proyección hacia el futuro. Aunque el anuncio oficial aún estaba pendiente al cierre de los preparativos, las expectativas son altas: se espera que la final no solo cumpla con los estándares deportivos, sino que también deje un legado tangible en términos de infraestructura, afición y repercusión mediática.

    Sin embargo, no todo son luces. La falta de implicación directa del propietario del estadio en la promoción del fútbol femenino ha sido objeto de críticas, planteando preguntas sobre la sostenibilidad de eventos de este calibre en infraestructuras que no priorizan el desarrollo de la disciplina. Esta situación contrasta con la experiencia vivida por el Costa Adeje Tenerife en el Heliodoro Rodríguez López, donde la fusión con el CD Tenerife y la presencia constante de la afición han generado un ecosistema de apoyo genuino que se refleja tanto en la asistencia como en la motivación de las jugadoras. La diferencia es clara: un estadio no hace un evento; son las personas, la cultura deportiva y la implicación de clubes y federaciones las que transforman un recinto en un símbolo del fútbol femenino.

    Aún así, la final en Gran Canaria representa un paso adelante indiscutible que debe convencer a la directiva amarilla de volver a ser parte de nuestro querido balompié femenino.

    Es una oportunidad para demostrar que la isla puede albergar grandes citas con éxito, proyectando la imagen del fútbol femenino más allá de las fronteras locales. La repercusión mediática del torneo, la cobertura televisiva y la presencia de afición de toda España tienen el potencial de consolidar a Gran Canaria como una sede recurrente de eventos de alto nivel, sentando un precedente para futuros campeonatos y contribuyendo al posicionamiento estratégico del archipiélago en el mapa deportivo nacional.

    El evento también plantea un desafío logístico y organizativo de gran envergadura. La final deberá combinar seguridad, comodidad para los espectadores, visibilidad para los medios de comunicación y, sobre todo, una experiencia memorable para las jugadoras que competirán por un título que ha ganado prestigio año tras año.

    La coordinación entre la Federación Española de Fútbol, la Federación Interinsular, el Cabildo y los equipos participantes será clave para garantizar que la cita cumpla con todas las expectativas y que la afición pueda disfrutar de un espectáculo digno de la magnitud del fútbol femenino en 2025.

    Finalmente, más allá de la crítica o la controversia, el Estadio de Gran Canaria se prepara para un momento histórico. La final de la Copa de la Reina 2025-2026 no será solo un partido; será un hito simbólico del crecimiento del fútbol femenino, de la proyección de las Islas Canarias y de la capacidad de un territorio para combinar tradición, infraestructura y ambición deportiva.

    La decisión de situar el evento en este estadio coloca a Gran Canaria en el epicentro de la atención nacional, ofreciendo la posibilidad de dejar una huella duradera que vaya más allá del resultado en el césped y que fortalezca el ecosistema del fútbol femenino en la región.

    En este contexto, la clave será aprovechar la oportunidad: demostrar que la isla puede albergar competiciones de primer nivel, consolidar la afición local, garantizar visibilidad mediática y, sobre todo, transmitir la pasión que el fútbol femenino despierta en cada rincón del país.

    La final en Gran Canaria tiene todos los ingredientes para convertirse en un punto de inflexión, un momento que, bien gestionado, permitirá que las futuras generaciones de jugadoras y aficionados vean en las Islas Canarias un referente del deporte femenino, capaz de combinar espectáculo, emoción y compromiso social, hay todavía mucho margen de mejora para Las Palmas que anhelamos se de paulatinamente, sin prisa, pero sin pausa, ya se llega tarde.

    Así es el Estadio de Gran Canaria. (Imagen: Wikipedia)

  • Reportaje | Patri Larqué es la heroína silenciosa del Atlético

    (Fuente: Getty imágenes)

    ⬛️ La arquera aragonesa fue clave en el José Kubala, detuvo dos penaltis, para conseguir que el conjunto rojiblanco eliminara al Alhama y se metiera en los cuartos de final de Copa.

    (Fuente: RFEF)

    El Club Atlético de Madrid supo sufrir, a base de coraje y corazón, en el Estadio Municipal José Kubala (Murcia) para deshacerse del Alhama Club de Fútbol ElPozo en los octavos de final de final de la Copa de la Reina Iberdrola 2025-2026.

    Las rojiblancas se pusieron por delante al cuarto de hora de juego con un gol de cabeza de la centrocampista venezolana Gaby García y el encuentro parecía estar bajo control para las de Alcalá de Henares hasta que en el minuto 93 Luany Da Silva Rosa, ex del Madrid CFF fue expulsada con roja directa por juego peligroso sobre Judith Caravaca.

    Este contratiempo le dio alas al cuadro azulón que metió al campeón de la Supercopa de España en 2021 en su área y obtuvo su recompensa ya sobre el 95 con un gol en propia puerta de Silvia Lloris, cuando esta intentó despejar el remate de Belén Martínez y se alcanzó la prórroga.

    En un ambiente hostil y en inferioridad numérica el Atlético de Madrid pudo haber temblado, pero las de Viti no lo hicieron e incluso marcaron un nuevo gol que fue anulado por fuera de juego y así se desembocó en una tanda de penaltis en la que emergió la figura de la protagonista de este post, P. Larqué .

    Patricia Larqué Juste (Zuera, 2 de mayo de 1992) es una futbolista española que juega de guardameta y su equipo actual es el Atlético de Madrid de la Primera División de España.

    Natural de Zuera, es hija del que fuese alcalde de la localidad, José Manuel Larqué. Empezó a jugar baloncesto hasta que su compañera Nuria Mallada la animó a jugar al fútbol, donde empezó jugando de centrocampista hasta que se lesionó y probó a jugar de portera, donde destacó y ya se quedó en esa posición. En 2008 fichó por el Transportes Alcaine (Zaragoza CFF ) al desaparecer el equipo de Zuera.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Suplente de Pilar Velilla, debutó con 17 años en Primera División el 10 de octubre de 2009 ante la Sociedad Deportiva Eibar con victoria por 0-4, y volvió a jugar el siguiente partido en Valladolid, manteniendo de nuevo la portería a cero.

    En 2017 fichó por el Santa Teresa, ya desparecido, donde fue la guardameta titular alternándose con Yolanda Aguirre, pero el equipo fue colista y descendió de categoría. Esa temporada el Zaragoza C. F. F. también descendió y Larqué regresó a su ex-equipo para intentar regresar a Primera División. Lograron ganar su grupo con comodidad, pero en los play-off fueron eliminados por el Club Deportivo Tacón, actual Real Madrid.

    Tras no lograr el ascenso jugó tres años en el Rayo Vallecano en Primera División. La primera temporada tuvo grandes actuaciones, como en la segunda jornada en la que lograron un empate ante el F. C. Barcelona en el Estadio de Vallecas y fue elegida mejor jugadora de la jornada.

    Sus buenas actuaciones hicieron que fuese convocada con la selección española, y contribuyó a que lograsen mantenerse en la zona media de la tabla.
    Su segunda temporada en el Rayo estuvo marcada por la falta de apoyo por parte de la directiva rayista, que protagonizó varios capítulos polémicos, como problemas en la renovaciones de las jugadoras o avituallamientos poco profesionales.

    Estuvieron toda la temporada luchando por mantener la categoría, y con buenas intervenciones suyas, como ante el Atlético de Madrid a final de temporada lo lograron finalmente.


    Sin embargo en la temporada 2021-2022 continuaron los problemas con la directiva, como la ausencia de contratos laborales y el impago de las nóminas y los alquileres de las viviendas de las jugadoras o la ausencia de equipo médico en los partidos.

    Con la salida de varias jugadoras importantes el equipo no pudo repetir el milagro de la temporada anterior y envuelto en polémicas descendieron a Segunda División.
    A pesar de tener otra temporada más de contrato, Larqué, tras una dura temporada, dejó el club.
    De ahí pasó al recién ascendido Deportivo Alavés, donde alternó la titularidad con Jana Xin Hanseler, y tampoco pudo mantenerse en Primera División.


    En 2023, tras varios intentos fallidos de cerrar la operación años atrás, fichó por el Atlético de Madrid, que la definió como «una portera ágil y rápida bajo palos, con un gran juego de pies».

    Suplente de Lola Gallardo, debutó con el Atlético de Madrid el 21 de octubre de 2023 con victoria por 0-2 en el campo del Sporting de Huelva.

    Asumió su rol de suplente de Lola Gallardo y dispuso de pocos minutos, pero renovó su contrato con la entidad rojiblanca. Lograron el objetivo de clasificarse para la Liga de Campeones tras ser terceras en la Liga F.


    En la temporada 2024-2025 mantuvo su rol como suplente pero con muy buen rendimiento. Mantuvo la portería imbatida en los 3 partidos de liga que disputó y sólo encajó goles ante el Barcelona en la Supercopa de España. El Atlético de Madrid, dirigido este año por Víctor Martín, se clasificó para la Liga de Campeones en la última jornada y alcanzó la final de la Copa de la Reina, aunque cayó en la ronda previa de la competición europea y en la semifinal de la Supercopa ante el Fútbol Club Barcelona, pero ella ya no se rindió y siguió trabajando en la sombra hasta ganarse la renovación hasta 2026.

    (Fuente: Liga F)

    El Atlético no tiembla en Murcia. Y no tiembla no porque no sintiera el frío del miedo recorriéndole la espalda, no porque no viera de cerca el abismo ni porque no escuchara el eco de una eliminación que habría dolido como una cicatriz temprana, sino precisamente porque supo sostenerse cuando todo invitaba al temblor. Porque hay noches en las que la fortaleza no se mide por la brillantez, ni por la autoridad, ni siquiera por la victoria en sí misma, sino por la capacidad de permanecer en pie cuando el suelo se mueve, cuando el estadio empuja en contra, cuando el reloj avanza sin ofrecer respuestas y cuando el fútbol, caprichoso y cruel, parece dispuesto a poner a prueba la identidad de un escudo centenario.

    Murcia fue ese lugar. El Estadio Municipal José Kubala fue ese escenario donde el Atlético de Madrid entendió que la Copa de la Reina no se conquista desde la comodidad, sino desde la resistencia.

    Acceder a los cuartos de final no fue un trámite, fue un acto de supervivencia emocional, una demostración de que este equipo, incluso en sus noches más grises, incluso lejos de su casa, incluso cuando el balón no fluye como dicta el guion, posee una cualidad que no se entrena y no se compra: carácter competitivo. El Atlético no tiembla en Murcia porque aprendió, a lo largo de su historia, que las eliminatorias no siempre se ganan con fútbol, sino con alma.

    El empate, la prórroga, la tanda de penaltis… todo forma parte del relato, pero el cierre de esta historia va más allá del marcador. Va de una mentalidad.

    Va de entender que la Copa es un territorio donde no basta con llegar, donde cada ronda exige dejar algo en el camino, donde avanzar implica sufrir.

    El Atlético avanzó porque aceptó ese sufrimiento como parte del viaje. Porque no se desesperó cuando el gol no llegaba. Porque no se descompuso cuando el Alhama respondió con valentía. Porque no perdió la compostura cuando el reloj marcaba los últimos minutos y la eliminación asomaba como una sombra alargada.

    No temblar no significa no dudar. Significa seguir adelante a pesar de la duda. Y en Murcia, el Atlético dudó, claro que dudó. Dudó cuando el balón no encontraba rematadora. Dudó cuando cada contra del Alhama parecía un aviso. Dudó cuando la prórroga se alargaba y las fuerzas flaqueaban. Pero nunca se rompió. Nunca dejó de creer que, de una manera u otra, la noche acabaría inclinándose a su favor. Esa fe, silenciosa pero firme, es la que distingue a los equipos que aspiran a todo de los que se quedan por el camino.

    Acceder a los cuartos de final de la Copa de la Reina Iberdrola 2025-2026 es, para el Atlético de Madrid, algo más que un objetivo cumplido. Es una reafirmación. Una señal interna de que el proyecto sigue vivo, de que la ambición no se negocia, de que el escudo pesa incluso cuando las piernas no responden. En un calendario exigente, en una temporada donde cada partido acumula desgaste físico y mental, este tipo de victorias construyen algo invisible pero decisivo: confianza. La confianza de saber que, llegado el momento límite, este equipo sabe competir.

    Murcia deja una enseñanza clara. No todas las noches serán brillantes. No todas las victorias serán limpias. No todos los caminos hacia el título estarán iluminados. Habrá campos complicados, rivales valientes, contextos adversos. Y ahí, precisamente ahí, es donde el Atlético demuestra quién es. Un equipo que no se esconde. Que no renuncia. Que no se deja llevar por la frustración. Que entiende que el fútbol femenino, como cualquier deporte de alto nivel, se decide muchas veces en la cabeza antes que en las botas.

    El acceso a cuartos no borra las dificultades vividas, pero las resignifica. Las convierte en aprendizaje. Las transforma en argumento para el futuro. Cada minuto sufrido en el José Kubala será recordado cuando lleguen las siguientes rondas, cuando la exigencia aumente, cuando la Copa reclame aún más. Porque las competiciones se ganan también acumulando experiencias límite, superándolas, saliendo reforzado de ellas.

    El Atlético no tiembla en Murcia porque encontró liderazgo cuando más lo necesitaba. Liderazgo en la calma, en la gestión de los tiempos, en la aceptación del escenario. Porque supo entender que no era una noche para el lucimiento individual, sino para la resistencia colectiva. Cada despeje, cada ayuda defensiva, cada carrera de repliegue fue una pequeña victoria dentro de la gran batalla. Y cuando llegó el momento definitivo, cuando el fútbol se redujo a once metros, el equipo ya estaba preparado mentalmente para sostener la presión.

    Hay victorias que se celebran con euforia desbordada y hay otras que se celebran con una satisfacción más íntima, más profunda. La de Murcia pertenece a este segundo grupo. No fue una noche de fuegos artificiales, fue una noche de convicción. Una noche que refuerza el relato de un Atlético que quiere llegar lejos, que sabe que la Copa no regala nada y que está dispuesto a pagar el precio emocional que exige cada ronda.

    Acceder a los cuartos de final es seguir vivo. Es mantener intacta la posibilidad de soñar. Es confirmar que, pase lo que pase, este equipo estará donde se decide todo. La Copa de la Reina avanza, el camino se estrecha, los rivales serán cada vez más duros. Pero Murcia deja una certeza: si el Atlético fue capaz de no temblar en una noche así, lejos de casa, bajo presión máxima, con todo en contra, entonces está preparado para lo que venga.

    El fútbol femenino español necesita partidos como este. Necesita relatos donde el sufrimiento también tenga valor, donde la épica no sea exclusiva de las finales, donde una tanda de penaltis en octavos de final pueda convertirse en un capítulo inolvidable.

    Murcia ya forma parte de esa memoria y el Atlético de Madrid, con su acceso a cuartos, suma una página más a su historia copera, escrita no con letras doradas, sino con sudor, nervio y carácter.

    El Atlético no tiembla en Murcia porque entiende que el camino hacia los títulos está lleno de noches incómodas. Porque sabe que quien quiere levantar trofeos debe aprender a sobrevivir primero. Porque asumió que la Copa no perdona la fragilidad emocional. Y porque, cuando llegó el momento de mirar al miedo a los ojos, eligió avanzar.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Cuartos de final. Dos palabras que resumen una noche entera. Dos palabras que justifican el sufrimiento. Dos palabras que mantienen viva la ilusión.

    El Atlético sigue adelante. No porque fuera mejor durante ciento veinte minutos. No porque dominara con claridad. Sino porque, cuando todo se decidió en el límite, no tembló y en el fútbol, como en la vida, eso lo es todo.

    (Fuente: Getty imágenes)
  • La crónica | Edna Imade conquista Riazor rumbo a cuartos de final

    (Fuente: RFEF)

    ⬛️ Imparable y contundente, la Real Sociedad venció al Deportivo Abanca (1-4) y avanza con autoridad hacia los cuartos de final de la Copa de la Reina.

    La previa |

    (Fuente: 11 inicial)

    #CopaDeLaReinaIberdrola | #FutFemRFEF

    En el corazón del invierno español, cuando el calendario marca la recta final de diciembre y la mayoría de ligas descansan o se reanuda la competición tras una pausa invernal, la Copa de SM la Reina —el torneo nacional de fútbol femenino con más historia y prestigio en España— entra en su fase de octavos de final con un choque que evoca destino, rivalidad y búsqueda de gloria: Deportivo Abanca recibiendo a la Real Sociedad en el mítico Estadio ABANCA‑Riazor.

    Este enfrentamiento tiene todos los ingredientes dramáticos del deporte: repetición de un duelo copero que ya se vivió en la temporada anterior, la ambición de un equipo que quiere demostrar que puede romper viejos guiones, y la presencia de una Real Sociedad que busca confirmar su crecimiento como potencia constante en el fútbol femenino español.

    El sorteo de los octavos de final, celebrado en Las Rozas (Ciudad del Fútbol), emparejó una vez más a Deportivo Abanca y Real Sociedad en un cruce que recuerda al de la pasada temporada 2024, cuando las donostiarras se impusieron por la mínima en un encuentro igualado y vibrante. 

    Esta repetición no es casualidad; es una narración copera que vuelve a poner frente a frente a dos clubes con trayectorias diferentes pero con una ambición idéntica: avanzar en la Copa y vivir la épica de seguir compitiendo en un torneo donde cualquier equipo puede dejar su huella.

    Deportivo Abanca llega a esta cita tras superar la ronda previa de la Copa contra el Guiniguada Apolinario CD de Las Palmas por un contundente 1‑3, demostrando que su ambición no conoce límites y que su participación en el torneo va más allá de un simple trámite. 

    La temporada del Dépor en Liga F Moeve ha tenido altibajos, con momentos de lucha intensa por la permanencia frente a equipos de mayor presupuesto. Sin embargo, cada victoria, cada balón disputado y cada entrada defensiva han alimentado una moral de equipo combativo: aquel que no se rinde, aquel que cuando juega en Riazor siente el latido de una afición que cuenta los segundos para ver rodar el balón. 

    El conjunto de Fran Alonso es un equipo que basa su fútbol en la intensidad, la solidaridad defensiva y la capacidad de generar ocasiones por velocidad en transición y por banda. En esta eliminatoria, una de sus mayores armas será la presión organizada, la búsqueda de espacios en el campo rival y tratar de sorprender en las acciones a balón parado o conducciones profundas que desorganicen a la defensa rival. 

    No obstante, el Deportivo Abanca llega con algunas bajas sensibles por lesión, como Paula Monteagudo y Henar Muiña, lo que obliga al entrenador a ajustar ideas y planteamientos para compensar ausencias importantes en el once titular.

    La historia reciente contra la Real Sociedad ofrece un punto de motivación extra: en la pasada Copa las gallegas estuvieron cerca de dar la sorpresa y quieren intentar alterar un resultado que dejó un sabor agridulce, donde la mínima diferencia marcó el destino.

    Para la Real Sociedad, este partido representa continuidad de un proyecto sólido que ha ido creciendo con paso firme en los últimos años. El club donostiarra ha consolidado una filosofía que combina posesión, equilibrio táctico y eficacia ofensiva, siendo protagonista constante en la parte alta de Liga F y ahora también en la Copa. 

    Las realistas llegan a Riazor con la intención de marcar territorio desde el primer instante, imponer su estilo de juego y convertir posesión en oportunidades claras de peligro. La campaña copera de la Real empieza en octavos, ya que al haber terminado entre los equipos mejor ubicados en Liga F la temporada anterior no tuvo que disputar ninguna ronda previa.

    Este equipo ha demostrado madurez competitiva, una defensa organizada y una capacidad para encontrar soluciones en el último tercio del campo que lo convierten en uno de los claros aspirantes a soñar con la victoria final en el torneo del KO.

    Además, la Real Sociedad ha mostrado solidez en competiciones de liga y copa anteriores contra rivales de calidad, lo que refuerza su condición de favorito en este duelo, aunque el Dépor está dispuesto a desafiar ese favoritismo en cada segundo de juego.

    La batalla por el mediocampo será decisiva, ya que quien consiga controlar esa zona clave podrá decidir el ritmo del juego y encontrar ventajas para sus atacantes.

    Más allá de la táctica, este partido es una historia de corazón, de suspense y de orgullo regional. El Deportivo Abanca, con su afición desde las gradas de Riazor, y la Real Sociedad, con su tradición futbolística vasca, lucharán por cada balón como si el destino estuviera escrito en cada pase.

    Para las jugadoras del Dépor, ganar supondría un impulso moral enorme, una confirmación de que pueden competir de tú a tú con equipos de mayor trayectoria copera. Para las de la Real, pasar de ronda significaría seguir construyendo un legado de estabilidad, ambición y potencial para soñar incluso con instancias más profundas del torneo. 
    La eliminatoria se emitirá en varios canales autonómicos y nacionales, con cobertura en ETB1 y TVG 2, ofreciendo a los aficionados la posibilidad de seguir en directo uno de los duelos más atractivos de esta fase de la Copa de la Reina.

    Este Deportivo Abanca vs Real Sociedad no es solo una eliminatoria más en la Copa de la Reina. Es una narrativa tejida con retorno de rivalidad, ambición de triunfo, estrategias futbolísticas y el innegable deseo de ambas aficiones por ver a su equipo avanzar en un torneo donde cada balón cuenta más que el anterior.

    El 21 de diciembre, a las 12:00 en ABANCA‑Riazor, no solo se juegan octavos de final: se juega una historia de orgullo competitivo, de fútbol de temperamento y de pasión que quedará en la memoria de todos los que vivan este duelo.

    Vive el duelo en “El Partido de Manu” |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🏆 Copa de la Reina Iberdrola 2025-2026

    ✨ Ronda de octavos de final ✨

    🔥 Deportivo Abanca 🆚 Real Sociedad de Fútbol 🔥

    🗓️ Domingo, 21 de diciembre de 2025

    📺 ETB1

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    🏟️Estadio ABANCA‑Riazor, A Coruña

    Los onces|

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Riazor amaneció con ese frío que no es meteorológico, sino emocional. Ese frío que precede a los días importantes, a las citas que se anuncian como oportunidad y acaban convirtiéndose en examen. El Deportivo Abanca se presentaba en los octavos de final de la Copa de la Reina con el discurso aprendido de la ilusión, con el estadio abierto, con rotaciones anunciadas y con la promesa —más intuida que proclamada— de competir. La Real Sociedad, en cambio, llegó sin ruido, sin necesidad de proclamas, con la seguridad tranquila de quien sabe que el torneo empieza para ella cuando otros ya vienen fatigados.

    Fran Alonso había deslizado en la previa la palabra rotaciones, y cumplió parcialmente. Bajo palos apareció Yohana, relevo natural de Inês Pereira, y en el eje de la zaga Elena Vázquez se sumó a Raquel García para recomponer una defensa que buscaba aire nuevo. Hasta ahí llegó la novedad. El resto del once era reconocible, habitual, competitivo: pocas reservas y muchas intenciones. El mensaje era claro: este no era un partido para esconderse. El Dépor quería jugarlo.

    Y lo jugó. Al menos, durante un tiempo.

    La primera mitad fue un ejercicio de posesión blanquiazul, de voluntad territorial, de orgullo doméstico. El Deportivo quiso mandar, quiso la pelota, quiso ser protagonista en su casa. Pero el fútbol —como la Copa— no premia la intención, sino la eficacia. Y ahí, la Real Sociedad es un equipo hecho, maduro, con colmillo. Avisó Edna Imade a los cuarenta segundos, con un disparo desde muy lejos tras un regalo impropio de una eliminatoria copera. Era una advertencia temprana, casi pedagógica: cualquier error se paga. Respondió el Dépor con un contragolpe por la izquierda, un centro tibio de Bárbara Latorre y la sensación de que había partido.

    El Deportivo dominaba la posesión, pero no el daño. Movía el balón con paciencia, encontraba a Ainhoa Marín en todas partes —defendiendo, atacando, ordenando—, intentaba progresar con triangulaciones y cambios de orientación. Sin embargo, en la línea divisoria del campo parecía levantarse un muro invisible. La Real permitía salir jugando… hasta cierto punto. A partir de ahí, cerraba líneas, basculaba, esperaba. No se descomponía. No se aceleraba. No se desesperaba.

    El equipo de Arturo Ruiz entendió el partido desde el pragmatismo. Bloque medio, orden, paciencia y un mensaje claro: deja que el rival se desgaste con la pelota y castígalo cuando baje la guardia. Tardó ocho minutos en hacerlo. Un balón filtrado a la espalda de las centrales, una ruptura limpia, y Intza Eguiguren ajustó su remate al palo con precisión quirúrgica. 01 en el minuto 9 para demostrar que madrugar había merecido la pena.

    El gol no cambió el guion. El Deportivo siguió queriendo. Siguió intentando. Pero cada ataque parecía exigirle un esfuerzo triple al que necesitaba la Real Sociedad para generar peligro. La movilidad interior de las donostiarras, la calidad técnica en espacios reducidos, provocaban desajustes constantes que el Dépor intentaba corregir con corazón más que con cabeza. En una de esas recuperaciones, Bárbara Latorre tuvo el empate. Se plantó sola ante Julia Arrula y buscó una vaselina tan elegante como inocua. No hubo gol. Y en Copa, las oportunidades no convertidas suelen tener respuesta.

    El descanso llegó con el 0-1, con Riazor aún vivo, con la sensación de que el partido estaba abierto. En paralelo, otro monitor seguía el Madrid CFF-Eibar, porque esta Copa se juega en varios frentes y el despliegue informativo es parte del relato.

    Pero en A Coruña quedaban cuarenta y cinco minutos que iban a decir mucho más de lo que parecía.

    La segunda mitad empezó como la primera o un incluso peor merced a un resbalón de Marina Artero dejó a Cecilia Marcos sola ante Yohana. Esta vez, la portera blanquiazul respondió. Yohana se hizo grande. Volvió a aparecer ante Edna. Detuvo. Sostuvo. Dio aire. Durante varios minutos fue el único dique que evitó que el partido se rompiera antes de tiempo. El Dépor ya concedía demasiado, y la Real Sociedad empezaba a oler sangre.

    Perdonó una. Perdonó dos. Pero no perdonó la tercera. En el minuto 57, un envío lateral de Cecilia encontró la cabeza de Edna Imade. El salto, el timing, el impacto llevó sintonía de gol y el 02 hacía justicia futbolística y herida abierta. La internacional española, ex del Cacereño, firmaba un gol que no solo ampliaba la ventaja, sino que profundizaba en una grieta interna. Porque este tanto llegó cuando ya se hablaba —en voz baja, pero constante— del desgaste del discurso de Fran Alonso, cuestionado incluso desde dentro, como este medio había adelantado.

    Yohana siguió resistiendo. Evitó el tercero en dos remates consecutivos, tan claros que algunas jugadoras realistas ya celebraban. Pero el Dépor necesitaba algo más que paradas. Necesitaba fe. Y el banquillo reaccionó. Fran Alonso movió piezas: Vera Martínez, Lucía Martínez y Lucía Rivas entraron buscando agitar el partido, encontrar una chispa, provocar un error.

    Y lo encontró. En el minuto 70, Paula Gutiérrez armó un disparo lejano, lleno de intención y de rabia. El balón salió como un misil, besó la madera y se coló en la escuadra para celebrar el 12 con el que Riazor rugió. Por un instante, el estadio volvió a creer. Por un instante, la Copa volvió a parecer posible.

    La Real Sociedad de Fútbol , vestida de naranja, se sostuvo gracias a Arrula, que sacó una mano abajo prodigiosa en un mano a mano y voló después ante un disparo peligroso de Millene Cabral. Eran los mejores minutos del Dépor. El único tramo en el que el partido se jugó como quería, pero la alegría duró poco.

    A tan solo trece minutos del final, otro centro desde la izquierda encontró a Edna Imade y la futbolista propiedad del Bayern de Múnich le dio motivos a Sonia Bermúdez para que la siga convocando con España y puso el 13 en el 77 que era su doblete particular y la sentencia emocional para una defensa que hacía aguas ante la exjugadora del Granada y el golpe fue directo al mentón de las locales.

    Metidos ya en el descuento, con el Deportivo ya roto, Lucía Pardo firmó el 14 definitivo. Era el epílogo lógico de una historia que había ido escribiéndose con paciencia y contundencia desde el primer minuto.

    Las gallegas buscaron hasta el final, pero fueron las vascas las que volvieron a golpear, pues la remontada era a esas alturas del todo improbable.

    La Real Sociedad se paseó hasta los cuartos de final y el Deportivo Abanca se despidió del torneo.

    Fran Alonso salió de Riazor con más preguntas que respuestas, sosteniéndose en una cuerda que cada partido parece tensarse un poco más.

    El círculo se cerró como empezó: con Riazor frío, con el marcador como espejo y con la Copa recordando que no espera a nadie.

    📋 Ficha técnica |

    Dépor Abanca: Yohana; Paula Novo, Raquel García (Vera Martínez, min 60), Elena Vázquez, Samara Ortiz (Lucía Rivas, min 60); Marina Artero, Paula Gutiérrez (Eva Dios, min 77), Olaya Enrique; Ainhoa Marín, Bárbara Latorre (Lucía Martínez, min 60), Millene (Espe Pizarro, min 77).

    Real Sociedad: Julia Arrula; Emma Ramírez (Ainhoa Vicente, min 60), Lucía María, Claudia Florentino, Aiara Agirrezabala; Claire Maire (Lucía Pardo, min 77), Elene Guridi (Arola Aparicio, min 60), Klara Cahynova, Cecilia Marcos (Andreia De Jesús, min 60); Edna Imade, Intza Eguiguren (Nerea Eizaguirre, min 77).

    Ábitra: Ylenia Sánchez Miguel. Amonestó a la local Paula Novo y a las visitantes Claudia Florentino y Nerea Eizaguirre con amarilla.

    Incidencias: Encuentro correspondiente a los octavos de final de la Copa de la Reina, disputado ante 547 espectadores sobre una superficie de hierba natural.

    Goles |

    0-1 Intza Eguiguren 9’ ⚽️

    0-2 Edna Imade 57’ ⚽️

    1-2 Paula Gutierrez 70’ ⚽️

    1-3 Edna Imade 77’ ⚽️

    1-4 Lucía Pardo 93’ ⚽️

    Vídeo |

  • La crónica | El Madrid CFF se mete en cuartos de final con sufrimiento

    (Fuente: RFEF)

    ⬛️ ¡Corazón en vilo en el Fernando Torres! El Madrid CFF un sufrido pase a los cuartos de final de la Copa de la Reina Iberdrola tras imponerse por 3-2 a la SD Eibar en un duelo vibrante que se decidió en los instantes finales, con emoción, goles y un espectáculo que recordó por qué esta competición es un torneo donde cada segundo cuenta y nada está escrito hasta el pitido final.

    La previa |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El fútbol tiene días que no necesitan explicación, porque se sostienen sobre una verdad simple y poderosa: cuando la Copa aparece en el calendario, todo lo demás se detiene. La Copa de la Reina no entiende de jerarquías fijas ni de clasificaciones que se consultan de reojo; no distingue entre favoritos y aspirantes más allá de lo que ocurre en el césped durante noventa minutos —o los que hagan falta— y convierte cada eliminatoria en un relato autónomo, irrepetible, cargado de tensión, ilusión y sentido competitivo. Este domingo, 21 de enero, a partir de las doce del mediodía, el Estadio Fernando Torres de Fuenlabrada será el escenario donde Madrid CFF y Sociedad Deportiva Eibar se enfrenten en un cruce de octavos de final que va mucho más allá de una simple ronda copera. Es un partido que resume la esencia del fútbol femenino actual: crecimiento, ambición, identidad y la certeza de que cada oportunidad hay que exprimirla como si fuera la última.

    Fuenlabrada vuelve a vestirse de Copa, y eso nunca es un detalle menor. El Fernando Torres no es un estadio neutro para el Madrid CFF; es su casa emocional, el lugar donde el club ha construido buena parte de su trayectoria en la élite, donde ha aprendido a competir sin estridencias, a consolidarse temporada tras temporada en la Liga F Moeve y a hacerse respetar desde la coherencia y el trabajo diario. Allí, lejos de los grandes focos mediáticos, el Madrid CFF ha levantado una identidad reconocible, sostenida en el esfuerzo colectivo, en la cercanía con su gente y en una manera honesta de entender el fútbol. En ese contexto, la Copa de la Reina adquiere un valor especial: no es una distracción ni una obligación incómoda, sino una oportunidad real de seguir creciendo, de medir el pulso del equipo en un escenario donde no hay margen para el error.
    El conjunto madrileño llega a este cruce copero tras cerrar el año natural con una sensación agridulce. La derrota por 0-2 ante el Athletic Club, en el sur de la capital, fue un golpe que dejó huella, no tanto por el resultado en sí como por la percepción de que el equipo no consiguió transformar su propuesta en puntos. Sin embargo, la clasificación liguera refleja un proyecto sólido: séptimas en la Liga F Moeve, con 23 puntos en su haber, las jugadoras del Madrid CFF se mantienen firmes en la zona media-alta de la tabla, compitiendo con regularidad y demostrando que son un rival incómodo para cualquiera. La Copa aparece ahora como ese espacio paralelo donde reencontrarse con las mejores sensaciones, donde cerrar el año competitivo con una sonrisa distinta y donde el margen de mejora se convierte en una urgencia estimulante.

    En la tercera ronda, el Madrid CFF ya dejó claro que no está dispuesto a tomarse el torneo a la ligera. La contundente victoria por 1-7 ante el Sporting de Huelva en Andalucía no fue solo una goleada; fue una declaración de intenciones. El equipo entendió el partido desde el primer minuto, impuso su ritmo, castigó cada error del rival y mostró una versión reconocible, intensa y ambiciosa. Ese es el Madrid CFF que quiere reaparecer este domingo, consciente de que en la Copa no basta con ser superior sobre el papel: hay que demostrarlo en cada disputa, en cada transición y en cada acción a balón parado.
    Pero enfrente estará una Sociedad Deportiva Eibar que llega a Fuenlabrada con la mochila ligera y el espíritu competitivo intacto. Undécimas en la Primera División Femenina, con 14 puntos en el zurrón, las armeras afrontan este cruce copero sin la presión que acompaña al favorito, pero con una ambición clara y legítima: seguir avanzando y hacer historia. El empate 2-2 logrado en Ipurúa ante el Atlético de Madrid en su último compromiso liguero no solo reforzó la moral del grupo, sino que confirmó que este Eibar sabe competir, sabe sufrir y sabe levantarse en escenarios exigentes. Con la liga en pausa y el foco puesto exclusivamente en la Copa de la Reina, el equipo dirigido por Iñaki Goikoetxea ha preparado el partido como una oportunidad única para cerrar el año competitivo con una actuación que trascienda el resultado.

    El Eibar conoce bien al rival al que se enfrenta. Demasiado bien. Esta temporada, ambos equipos se verán las caras hasta en cuatro ocasiones, y las dos primeras ya han dejado un patrón que las armeras quieren romper. En pretemporada, en Burgos, el Madrid CFF se impuso por 2-1 en un partido ajustado, con un gol de Carmen Álvarez para el Eibar que evidenció que la distancia entre ambos no es insalvable. En la segunda jornada de liga, ya en el Fernando Torres, el encuentro volvió a caer del lado madrileño, esta vez por 1-0, decidido desde el punto de penalti. Dos partidos, dos derrotas por la mínima, dos sensaciones de estar cerca pero no lo suficiente. Este domingo, el Eibar regresa a Fuenlabrada con la convicción de que la tercera puede ser la vencida.
    Las estadísticas no sonríen al conjunto armero. En los últimos tiempos, solo ha logrado una victoria ante el Madrid CFF, y el Fernando Torres no ha sido un escenario especialmente propicio. Pero la Copa de la Reina no se construye sobre estadísticas, sino sobre momentos. Y el Eibar llega a este partido con la tranquilidad de quien no tiene nada que perder y mucho que ganar. La temporada pasada, las armeras se quedaron a las puertas en la tercera ronda, eliminadas por el DUX Logroño por 1-0 en un partido marcado por la igualdad y los detalles. Este año, el objetivo es claro: superar ese techo, alcanzar unos cuartos de final ilusionantes y seguir batiendo récords dentro de un proyecto que no deja de crecer.

    Iñaki Goikoetxea ha dotado a su equipo de una identidad reconocible, basada en el orden, la solidaridad defensiva y la valentía para competir de tú a tú cuando el contexto lo permite. El Eibar no es un equipo que se esconda; sabe cuándo replegarse, pero también cuándo saltar líneas y castigar al rival. En Fuenlabrada, las armeras no especularán desde el inicio. Buscarán incomodar, llevar el partido a un terreno incómodo para el Madrid CFF y explotar cualquier duda que pueda aparecer en el conjunto local. En una eliminatoria a partido único, cada pequeño detalle cuenta, y el Eibar lo sabe.
    Para el Madrid CFF, la clave estará en gestionar el peso del favoritismo. Jugar en casa, con tu gente, con la obligación implícita de avanzar, puede convertirse en una presión silenciosa si el partido no se encarrila pronto. Por eso, el equipo madrileño necesitará personalidad desde el primer minuto, imponer su ritmo, dominar las áreas y evitar que el Eibar gane confianza con el paso de los minutos. En la Copa, los partidos suelen decidirse en acciones puntuales: una falta lateral, un córner mal defendido, una transición rápida o un error en salida de balón. La concentración será un factor determinante.

    Más allá de lo táctico, este será un partido profundamente mental. Cómo gestione el Madrid CFF la ansiedad si el gol no llega, cómo responda el Eibar si encaja primero, quién sea capaz de controlar los momentos de pausa y de aceleración… Todo eso formará parte de una batalla invisible que puede inclinar la balanza. Porque en la Copa de la Reina no siempre gana quien más domina, sino quien mejor interpreta el contexto.
    El encuentro, además, contará con un valor añadido que no conviene pasar por alto: será retransmitido en directo, de manera gratuita y accesible para todos los públicos, a través del canal oficial de YouTube de la RFEF. Una invitación abierta al espectador para sentarse frente a la pantalla y disfrutar de un partido que representa a la perfección el momento que vive el fútbol femenino español. Sin barreras, sin excusas, con la Copa como protagonista absoluta.


    Este Madrid CFF versus SD Eibar es, en el fondo, un choque de narrativas. La del equipo que quiere reafirmarse, sacudirse la última derrota y avanzar con paso firme en un torneo que premia la valentía. Y la del conjunto que viaja sin complejos, dispuesto a romper estadísticas, a desafiar el guion y a convertir una mañana de domingo en un recuerdo imborrable. Cuando el balón eche a rodar en el Fernando Torres, ya no importará la clasificación, ni los precedentes, ni las etiquetas. Importará quién esté dispuesto a dar un paso más cuando el partido lo exija.

    Hay encuentros que se explican solos y otros que hay que sentirlos. Este es uno de esos partidos que se viven con el estómago encogido, con la atención puesta en cada detalle, con la certeza de que la Copa de la Reina siempre guarda espacio para lo inesperado. El domingo, en Fuenlabrada, Madrid CFF y SD Eibar no solo se jugarán un billete a los cuartos de final. Se jugarán una historia.

    Y esas, cuando se escriben en Copa, merecen ser vistas hasta el último segundo.

    El duelo al detalle |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🔜 NEXT GAME

    🏆 Copa de la Reina Iberdrola 2025-2026

    🤍 Eliminatoria de octavos de final

    🔥 Madrid CFF 🆚 Sociedad
    Deportiva Eibar 🔥

    🗓️ Domingo, 21 de diciembre de 2025

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 RFEF TV (YouTube)

    🏟️ Estadio Fernando Torres, Fuenlabrada

    Los onces |

    #CopaDeLaReinaIberdrola | #FutFemRFEF

    Fuenlabrada amaneció con ese aire especial que solo acompaña a los días de Copa. No era un partido más. No podía serlo.

    Nuestro querido fútbol tiene esa rara virtud de detener el tiempo cuando la Copa aparece en el calendario. No importa la clasificación, ni la racha reciente, ni siquiera el contexto de la temporada: cuando el sorteo empareja a dos equipos y la eliminatoria es a vida o muerte, todo se reduce a noventa minutos —o a los que hagan falta— en los que cada gesto pesa más que nunca. La Copa de la Reina Iberdrola es, en esencia, un estado de ánimo. Una competición que no se explica desde la lógica fría de los números, sino desde la emoción, desde la tensión acumulada en cada duelo, desde la sensación de que cualquier detalle puede cambiar el rumbo de una temporada. Y eso fue exactamente lo que se vivió en la mañana dominical del 21 de diciembre de 2025 en el Estadio Fernando Torres de Fuenlabrada, donde el. Madrid CFF y la Sociedad Deportiva Eibar se citaron con la historia en un cruce de octavos de final que destiló todo aquello que hace grande a esta competición.

    Fuenlabrada amaneció con ese aire especial que solo acompaña a los días de Copa. No era un partido más. No podía serlo. El Estadio Fernando Torres, propiedad del Club de Fútbol Fuenlabrada y convertido desde 2022 en el hogar funcional del Madrid CFF gracias a la alianza firmada con el club madrileño, volvía a vestirse de gala para acoger una eliminatoria copera.

    Ese recinto, tantas veces testigo del crecimiento silencioso del Madrid CFF, se ha transformado con los años en algo más que un estadio: es un refugio emocional, un lugar donde el proyecto ha aprendido a competir, a resistir y a construirse lejos de los grandes focos, pero con una identidad clara y reconocible. Allí, a las doce en punto del mediodía, con la cobertura de RFEF TV a través de YouTube, el balón echó a rodar en busca de un billete a los cuartos de final, esa ronda donde la Copa deja de ser promesa para convertirse en posibilidad real.

    El arranque del partido confirmó que el Eibar no había viajado a Fuenlabrada para especular.

    Vestidas de blanco, las guipuzcoanas asumieron la iniciativa en los primeros compases, manejando el balón con criterio y empujando al Madrid CFF hacia su propio campo. El plan era claro: posesiones largas, circulación paciente y presión tras pérdida para evitar que las locales pudieran desplegar su juego. Durante esos minutos iniciales, las capitalinas se vieron obligadas a replegarse, a proteger el área defendida por Paola Ulloa y a resistir sin conceder ocasiones claras.

    El Eibar dominaba territorialmente, pero ese dominio no se traducía en peligro real. Faltaba profundidad, faltaba el último pase, faltaba ese punto de precisión que separa la sensación de control de la amenaza tangible.

    Con el paso de los minutos, el partido empezó a girar lentamente. Y lo hizo desde una figura clave: Ángela Sosa Martín. La exjugadora del Levante UD, consciente de que el Madrid CFF necesitaba recuperar el control del centro del campo, retrasó su posición para ofrecer superioridad en la medular. Su inteligencia táctica y su capacidad para interpretar los tiempos del partido resultaron decisivas.

    A partir de ahí, el conjunto dirigido por Javier Aguado comenzó a equilibrar la balanza, a ganar metros y a someter progresivamente a un Eibar que, fiel a su identidad, se replegó con orden y solidaridad defensiva.

    El duelo empezó a recordar inevitablemente al vivido semanas atrás en la Liga F Moeve. Un partido cerrado, áspero, decidido por pequeños detalles.

    Y fue precisamente uno de esos detalles el que rompió la igualdad. En el minuto 19, una acción aparentemente intrascendente terminó marcando el rumbo de la eliminatoria. Carla Andrés, que había firmado una actuación sobresaliente ante el Atlético de Madrid en Ipurúa, llegó tarde dentro del área y pisó a Bárbara López. La colegiada no dudó y señaló el punto de penalti. El Fernando Torres contuvo el aliento.

    Ángela Sosa tomó inicialmente el esférico, pero lo cedió a la delantera natural de Ayamonte. Era una escena cargada de simbolismo: la jugadora que había provocado la acción asumía la responsabilidad de ejecutarla. El golpeo desde los once metros fue tan ajustado que se estrelló contra la madera. Durante una fracción de segundo, el estadio quedó en silencio. Pero el fútbol, caprichoso como pocos, ofreció una segunda oportunidad. El balón salió repelido por el poste y, en el rechace, la delantera formada en el Sporting de Huelva reaccionó con una rapidez felina para, con el interior de su bota derecha, batir a Laura Martí y el 10 subió al marcador para adelantar al Madrid CFF al borde del ecuador de la primera mitad.

    El gol alteró el guión previsto. El Eibar, obligado a dar un paso adelante, buscó reaccionar de inmediato. Las armeras trataron de explotar las transiciones rápidas, apoyándose en el liderazgo de Laura Camino y Clément para ganar metros y generar peligro.

    Hubo momentos de ida y vuelta, fases de un partido eléctrico en el que ambos equipos parecían dispuestos a asumir riesgos. Sin embargo, las tentativas visitantes no llegaron a comprometer seriamente a Paola Ulloa, bien protegida por una zaga local concentrada y expeditiva.

    El Madrid CFF, por su parte, gestionó los minutos posteriores al gol con inteligencia. Sin necesidad de monopolizar la posesión, supo enfriar el ritmo cuando fue necesario y acelerar en los momentos adecuados.

    La solidez defensiva y la disciplina táctica permitieron a las de Fuenlabrada llegar al descanso con una ventaja mínima, pero valiosísima.

    Las 22 protagonistas enfilaron el túnel de vestuarios con la sensación de que la eliminatoria estaba completamente abierta, de que aún quedaban cuarenta y cinco minutos —o más— para decidirlo todo.

    El descanso no rebajó la tensión. Si algo caracteriza a los partidos de Copa es esa sensación permanente de filo, de equilibrio inestable que puede romperse en cualquier instante. El Eibar regresó al césped con la determinación de quien sabe que no tiene nada que perder.

    El Madrid CFF, consciente del peso del favoritismo y del valor de la renta obtenida, entendió que la clave pasaba por no conceder espacios ni alimentar la ansiedad si el segundo gol no llegaba pronto.

    El Fernando Torres, escenario tantas veces mencionado en relatos de crecimiento y resistencia, volvía a ser testigo de una de esas mañanas que explican la esencia del fútbol femenino actual. Un estadio que, como recordó “El Partido de Manu” en un reportaje reciente sobre la trayectoria de Amanda Sampedro, ha visto pasar generaciones, esfuerzos silenciosos y momentos que no siempre ocupan titulares, pero que construyen historia.

    El segundo acto fue una batalla tanto mental como táctica. El Eibar intentó llevar el partido a un terreno incómodo, buscando que el Madrid CFF se viera obligado a tomar decisiones bajo presión. Las armeras alternaron fases de presión alta con repliegues ordenados, tratando de sorprender y de forzar el error. El Madrid CFF respondió con personalidad y Allegra duplicó la renta local hasta en 20 en el minuto 60 al aparecer desde la segunda línea y finalizar con la derecha lejos del alcance de la guardameta y llevó la tranquilidad a las gradas.

    Una calma que duró más bien poco, porque acto seguido, se produjo un disparo al poste de Altonaga y la 7 visitante no se quedó conforme y en el 80 recortó diferencias amén del 2-1 que le ponía picante al tramo final en en una acción que les describimos en el siguiente párrafo.

    La jugada nace en una fase prolongada de ataque armero, cuando el Madrid CFF ya defendía más cerca de su área, intentando proteger la ventaja y gestionar el tiempo. El Eibar mueve el balón de lado a lado, sin precipitarse, buscando abrir una grieta en un bloque que hasta ese momento había resistido con orden.

    El balón llega a zona derecha, desde donde sale un centro tenso al corazón del área en un córner , no especialmente limpio, pero sí venenoso. La defensa local no logra despejar con contundencia y el esférico queda muerto en el área pequeña, en ese territorio donde el fútbol se decide por centímetros y por hambre.

    Ahí aparece Arene, más rápida que todas, atacando el espacio con decisión. Anticipa a su marca, mete el cuerpo justo lo necesario y, casi sin armar la pierna, empuja el balón a la red ante la salida de Paola Ulloa, habría emoción.

    El Fernando Torres enmudeció durante un segundo. El banquillo del Eibar estalló. Las jugadoras se abrazaron como quien sabe que acaba de prender fuego a una eliminatoria.

    Porque ese 21 no solo recortaba distancias: devolvía la Copa al partido, metía el miedo en el cuerpo al favorito y confirmaba que las armeras habían venido a creer hasta el final. Un gol de oportunismo, de convicción, de estar donde hay que estar cuando la Copa te da una sola oportunidad y Altonaga no la dejó escapar.

    El Madrid CFF reaccionó a la velocidad del rayo y en una acción al contragolpe fue Nautness la que recortó a Martí dentro del área y envió el esférico a la jaula para poner el 31 en el 87, pero ahí no acabó todo.

    El gol del tres a dos para la Sociedad Deportiva Eibar llegó en un momento en el que el partido estaba plenamente abierto, con el Madrid CFF todavía con ventaja pero el Eibar muy metido en el duelo tras haber recortado previamente el marcador con el dos a uno y un nuevo saque de esquina fue cabezazo al fondo de las mallas por Carla Andrés que puso el 32 definitivo en el 90, pero los tres de añadido no dieron mucho más de sí y con sufrimiento las locales sacaron el billete para los cuartos de final.

    Cuando el silbato final resonó en el Fernando Torres, el corazón de Fuenlabrada todavía latía al ritmo de la emoción de la Copa. Tres goles, dos equipos, noventa minutos de tensión, y un añadido que se hizo eterno para quienes estaban en la grada y para quienes lo vivieron frente a la pantalla: el Madrid CFF había logrado mantener la ventaja mínima, pero lo había hecho tras un vendaval armero que dejó claro que en la Copa nadie regala nada, que cada segundo puede cambiar la historia y que la gloria siempre se escribe con sacrificio, carácter y determinación.

    El 3-2 definitivo no fue solo un marcador: fue un relato de valentía y resistencia. Fue el eco de un estadio que abrazó a su equipo en cada carrera, en cada despeje y en cada parada decisiva. Fue la evidencia de que la Copa de la Reina no entiende de favoritismos, de nombres ni de estadísticas; solo de quienes se atreven a luchar hasta el último segundo.

    Las jugadoras del Madrid CFF celebraron con la emoción contenida de quienes saben que ganar en la Copa es mucho más que un resultado: es reafirmar una identidad, es honrar la historia reciente del club, es dar un paso más hacia la consolidación de un proyecto que se construye con paciencia y trabajo diario. Y el Eibar, pese a la derrota, se marchó con la cabeza alta, con la certeza de que había hecho temblar al favorito y de que su ambición sigue intacta, lista para futuras batallas.

    El Fernando Torres volvió a ser testigo de lo que hace grande al fútbol femenino: intensidad, emoción, pasión y momentos que permanecen en la memoria mucho después de que se apague la luz del estadio. La Copa de la Reina 2025-2026 había regalado otra historia épica, y este Madrid CFF vs Sociedad Deportiva Eibar quedará en la memoria de todos como un ejemplo de que en la Copa, cada instante cuenta, cada acción pesa y cada segundo puede ser legendario.

    Porque en la Copa de la Reina, los héroes no siempre son quienes marcan, sino quienes resisten, luchan y creen hasta el último pitido. Y hoy, en Fuenlabrada, se escribió una página más que digna de la historia.

    Las armeras descansarán hasta el 2 de enero, cuando retomarán los entrenamientos por la tarde para comenzar a preparar el primer encuentro liguero. El Eibar cerrará, pues, la primera vuelta el 10 de enero en tierras murcianas, contra el Alhama Elpozo.

    📋 Ficha técnica |

    Madrid CFF: Paola Ulloa , Esther, Villafañe, Marcetto (Andonova, min 79), Bárbara (Mônica, min 69), Melgård, Antonsdóttir (Nautnes, min 69), Allegra (Zaira, min 90), N. Mendoza, Sosa Martín, Marina (Alba Ruiz, min 79).

    Sociedad Deportiva Eibar: Laura Martí, Garazi, Carla, Ojeda (Sara Martín, min 46), Arene (Elena Valej, min 90), L. Camino, Belem, Iara, Adela, Mireia (Iribarren, min 87), Opa Clement (Carmen, min 59).

    Goles:

    1-0 Bárbara López (P.) 19’ ⚽️

    2-0 Allegra 60’ ⚽️

    2-1 Arene Altonaga 80’ ⚽️

    3-1 Emilie Nautness 87’ ⚽️

    3-2 Carla Andrés 90’ ⚽️

    Árbitra: María Gloria Planes Terol que estuvo asistida en bandas por Alexia Mayer Calvo y Mercedes Parra Cuenca, con Patricia Luna Varo como cuarta.
    Tarjetas: amarilla a Antonsdóttir por parte del Madrid CFF y a Adela Rico por parte de la Sociedad Deportiva Eibar.

    Vídeo |

    Incidencias: Partido correspondiente a octavos de final de la Copa de la Reina Iberdrola 2025-2026 entre el Madrid CFF y la Sociedad Deportiva Eibar que se ha celebrado en el Estadio Fernando Torres sobre una superficie de hierba natural.

  • La previa | Madrid CFF vs Sociedad Deportiva Eibar

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ El Estadio Fernando Torres de Fuenlabrada se prepara para una de esas mañanas que definen temporadas y despiertan emociones profundas: Madrid CFF y Sociedad Deportiva Eibar se enfrentan este domingo, desde las 12:00 horas, en un cruce de octavos de final de la Copa de la Reina donde no hay margen para el error, solo lugar para la ambición, la fe y el fútbol sin red que convierte cada minuto en una historia irrepetible.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    #CopaDeLaReinaIberdrola | #FutFemRFEF

    El fútbol tiene días que no necesitan explicación, porque se sostienen sobre una verdad simple y poderosa: cuando la Copa aparece en el calendario, todo lo demás se detiene. La Copa de la Reina no entiende de jerarquías fijas ni de clasificaciones que se consultan de reojo; no distingue entre favoritos y aspirantes más allá de lo que ocurre en el césped durante noventa minutos —o los que hagan falta— y convierte cada eliminatoria en un relato autónomo, irrepetible, cargado de tensión, ilusión y sentido competitivo. Este domingo, 21 de enero, a partir de las doce del mediodía, el Estadio Fernando Torres de Fuenlabrada será el escenario donde Madrid CFF y Sociedad Deportiva Eibar se enfrenten en un cruce de octavos de final que va mucho más allá de una simple ronda copera. Es un partido que resume la esencia del fútbol femenino actual: crecimiento, ambición, identidad y la certeza de que cada oportunidad hay que exprimirla como si fuera la última.

    Fuenlabrada vuelve a vestirse de Copa, y eso nunca es un detalle menor. El Fernando Torres no es un estadio neutro para el Madrid CFF; es su casa emocional, el lugar donde el club ha construido buena parte de su trayectoria en la élite, donde ha aprendido a competir sin estridencias, a consolidarse temporada tras temporada en la Liga F Moeve y a hacerse respetar desde la coherencia y el trabajo diario. Allí, lejos de los grandes focos mediáticos, el Madrid CFF ha levantado una identidad reconocible, sostenida en el esfuerzo colectivo, en la cercanía con su gente y en una manera honesta de entender el fútbol. En ese contexto, la Copa de la Reina adquiere un valor especial: no es una distracción ni una obligación incómoda, sino una oportunidad real de seguir creciendo, de medir el pulso del equipo en un escenario donde no hay margen para el error.

    El conjunto madrileño llega a este cruce copero tras cerrar el año natural con una sensación agridulce. La derrota por 0-2 ante el Athletic Club, en el sur de la capital, fue un golpe que dejó huella, no tanto por el resultado en sí como por la percepción de que el equipo no consiguió transformar su propuesta en puntos. Sin embargo, la clasificación liguera refleja un proyecto sólido: séptimas en la Liga F Moeve, con 23 puntos en su haber, las jugadoras del Madrid CFF se mantienen firmes en la zona media-alta de la tabla, compitiendo con regularidad y demostrando que son un rival incómodo para cualquiera. La Copa aparece ahora como ese espacio paralelo donde reencontrarse con las mejores sensaciones, donde cerrar el año competitivo con una sonrisa distinta y donde el margen de mejora se convierte en una urgencia estimulante.

    En la tercera ronda, el Madrid CFF ya dejó claro que no está dispuesto a tomarse el torneo a la ligera. La contundente victoria por 1-7 ante el Sporting de Huelva en Andalucía no fue solo una goleada; fue una declaración de intenciones. El equipo entendió el partido desde el primer minuto, impuso su ritmo, castigó cada error del rival y mostró una versión reconocible, intensa y ambiciosa. Ese es el Madrid CFF que quiere reaparecer este domingo, consciente de que en la Copa no basta con ser superior sobre el papel: hay que demostrarlo en cada disputa, en cada transición y en cada acción a balón parado.

    Pero enfrente estará una Sociedad Deportiva Eibar que llega a Fuenlabrada con la mochila ligera y el espíritu competitivo intacto. Undécimas en la Primera División Femenina, con 14 puntos en el zurrón, las armeras afrontan este cruce copero sin la presión que acompaña al favorito, pero con una ambición clara y legítima: seguir avanzando y hacer historia. El empate 2-2 logrado en Ipurúa ante el Atlético de Madrid en su último compromiso liguero no solo reforzó la moral del grupo, sino que confirmó que este Eibar sabe competir, sabe sufrir y sabe levantarse en escenarios exigentes. Con la liga en pausa y el foco puesto exclusivamente en la Copa de la Reina, el equipo dirigido por Iñaki Goikoetxea ha preparado el partido como una oportunidad única para cerrar el año competitivo con una actuación que trascienda el resultado.

    El Eibar conoce bien al rival al que se enfrenta. Demasiado bien. Esta temporada, ambos equipos se verán las caras hasta en cuatro ocasiones, y las dos primeras ya han dejado un patrón que las armeras quieren romper. En pretemporada, en Burgos, el Madrid CFF se impuso por 2-1 en un partido ajustado, con un gol de Carmen Álvarez para el Eibar que evidenció que la distancia entre ambos no es insalvable. En la segunda jornada de liga, ya en el Fernando Torres, el encuentro volvió a caer del lado madrileño, esta vez por 1-0, decidido desde el punto de penalti. Dos partidos, dos derrotas por la mínima, dos sensaciones de estar cerca pero no lo suficiente. Este domingo, el Eibar regresa a Fuenlabrada con la convicción de que la tercera puede ser la vencida.

    Las estadísticas no sonríen al conjunto armero. En los últimos tiempos, solo ha logrado una victoria ante el Madrid CFF, y el Fernando Torres no ha sido un escenario especialmente propicio. Pero la Copa de la Reina no se construye sobre estadísticas, sino sobre momentos. Y el Eibar llega a este partido con la tranquilidad de quien no tiene nada que perder y mucho que ganar. La temporada pasada, las armeras se quedaron a las puertas en la tercera ronda, eliminadas por el DUX Logroño por 1-0 en un partido marcado por la igualdad y los detalles. Este año, el objetivo es claro: superar ese techo, alcanzar unos cuartos de final ilusionantes y seguir batiendo récords dentro de un proyecto que no deja de crecer.

    Iñaki Goikoetxea ha dotado a su equipo de una identidad reconocible, basada en el orden, la solidaridad defensiva y la valentía para competir de tú a tú cuando el contexto lo permite. El Eibar no es un equipo que se esconda; sabe cuándo replegarse, pero también cuándo saltar líneas y castigar al rival. En Fuenlabrada, las armeras no especularán desde el inicio. Buscarán incomodar, llevar el partido a un terreno incómodo para el Madrid CFF y explotar cualquier duda que pueda aparecer en el conjunto local. En una eliminatoria a partido único, cada pequeño detalle cuenta, y el Eibar lo sabe.

    Para el Madrid CFF, la clave estará en gestionar el peso del favoritismo. Jugar en casa, con tu gente, con la obligación implícita de avanzar, puede convertirse en una presión silenciosa si el partido no se encarrila pronto. Por eso, el equipo madrileño necesitará personalidad desde el primer minuto, imponer su ritmo, dominar las áreas y evitar que el Eibar gane confianza con el paso de los minutos. En la Copa, los partidos suelen decidirse en acciones puntuales: una falta lateral, un córner mal defendido, una transición rápida o un error en salida de balón. La concentración será un factor determinante.

    Más allá de lo táctico, este será un partido profundamente mental. Cómo gestione el Madrid CFF la ansiedad si el gol no llega, cómo responda el Eibar si encaja primero, quién sea capaz de controlar los momentos de pausa y de aceleración… Todo eso formará parte de una batalla invisible que puede inclinar la balanza. Porque en la Copa de la Reina no siempre gana quien más domina, sino quien mejor interpreta el contexto.

    El encuentro, además, contará con un valor añadido que no conviene pasar por alto: será retransmitido en directo, de manera gratuita y accesible para todos los públicos, a través del canal oficial de YouTube de la RFEF. Una invitación abierta al espectador para sentarse frente a la pantalla y disfrutar de un partido que representa a la perfección el momento que vive el fútbol femenino español. Sin barreras, sin excusas, con la Copa como protagonista absoluta.

    Este Madrid CFF – SD Eibar es, en el fondo, un choque de narrativas. La del equipo que quiere reafirmarse, sacudirse la última derrota y avanzar con paso firme en un torneo que premia la valentía. Y la del conjunto que viaja sin complejos, dispuesto a romper estadísticas, a desafiar el guion y a convertir una mañana de domingo en un recuerdo imborrable. Cuando el balón eche a rodar en el Fernando Torres, ya no importará la clasificación, ni los precedentes, ni las etiquetas. Importará quién esté dispuesto a dar un paso más cuando el partido lo exija.

    Hay encuentros que se explican solos y otros que hay que sentirlos. Este es uno de esos partidos que se viven con el estómago encogido, con la atención puesta en cada detalle, con la certeza de que la Copa de la Reina siempre guarda espacio para lo inesperado. El domingo, en Fuenlabrada, Madrid CFF y SD Eibar no solo se jugarán un billete a los cuartos de final. Se jugarán una historia. Y esas, cuando se escriben en Copa, merecen ser vistas hasta el último segundo.

    (Fuente: Liga F Moeve )

    🔜 NEXT GAME

    🏆 Copa de la Reina Iberdrola 2025-2026

    🤍 Eliminatoria de octavos de final

    🔥 Madrid CFF 🆚 Sociedad Deportiva Eibar 🔥

    🗓️ Domingo, 21 de diciembre de 2025

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 RFEF TV (YouTube)

    🏟️ Estadio Fernando Torres, Fuenlabrada

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Reportaje | Amanda Sampedro: Puro ADN de coraje y corazón

    (Fuente: Liga Iberdrola)

    ⬛️ La centrocampista internacional española es sentimiento rojiblanco por los cuatro costados, aunque colgó las botas en Nervión,

    (Fuente: Atlético de Madrid)

    Pónganse en pie y aplaudan mientras que leen este reportaje en forma de tributo que “El Partido de Manu” le ha querido dedicar a unas de las estrellas más importantes de la Selección Española de Fútbol y el Atlético de Madrid, una jugadora que ha dejado huella en la eternidad.

    Cuando el Atlético de Madrid aprendió a latir con nombre propio, Amanda Sampedro Bustos.

    (Fuente: Getty imágenes)

    imposible pensar en la historia del Atlético de Madrid Femenino sin que aparezca su nombre como un latido constante. Como una respiración que nunca se detuvo del todo, ni siquiera cuando parecía que se había marchado. Amanda Sampedro no fue solo una futbolista.

    (Fuente: UEFA)

    Fue una forma de entender el juego, una manera de estar, una conciencia colectiva vestida de rojiblanco. En el verano de 2022, cuando se produjo la separación más dolorosa que recuerda la historia reciente del club, algo se rompió en el alma del Atleti. Pero hay vínculos que no entienden de contratos ni de despedidas. Hay amores que no se jubilan. Y el de Amanda con el Atlético de Madrid es eterno.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Hay despedidas que no son finales. Hay adioses que no clausuran nada, que no cierran puertas, que no apagan luces. Hay separaciones que, por más que duelan, no logran borrar lo esencial. El verano de 2022 fue uno de esos momentos que se quedan tatuados en la memoria colectiva del Atlético de Madrid Femenino. Fue el verano en el que Amanda Sampedro hizo las maletas y se marchó a Sevilla. Fue el verano en el que el club dijo adiós a su capitana eterna, a su jugadora franquicia, a su espejo. Fue imposible que no doliera. Fue imposible que no se sintiera como una pérdida irreparable.

    (Fuente: Getty imágenes)

    “Siempre serás mi adiós más difícil”, escribió Amanda. Y no era una frase hecha. No era una despedida protocolaria. Era la confesión de alguien que se estaba arrancando un trozo de sí misma. Porque Amanda no dejó el Atlético: Amanda fue el Atlético durante más de una década. Un trocito de su escudo. Una extensión de su identidad. Una futbolista que no se explica sin el rojiblanco, y un club que no se entiende sin ella.

    La futbolista criada en “La Academia”, nombre con el que se conoce a las categorías inferiores del equipo rojiblanco, era una centrocampista muy experimentada, pasó dos décadas defendiendo los colores colchoneros y destacaba por su carácter polivalente, puede actuar en la zona de creación o en la banda derecha de forma indistinta y posee un gran físico que complementa con una capacidad innata y privilegiada para filtrar pases a la espalda de las defensas rivales.

    Sampedro cuenta con un envidiable palmarés que se forjó mientras se ganaba un lugar en el Paseo de las Leyendas del Estadio Wanda Metropolitano merced a una Copa de la Reina que levantó en 2016, tres títulos ligueros consecutivos, léase, 2016-2017, 2017-2018 y 2018-2019 a los que acompaña una Supercopa de España conquistada en Almería en 2021 al derrotar en semifinales al Fútbol Club Barcelona, en la tanda de penaltis, y al Levante Unión Deportiva por 3-0 en la gran final.

    Fue internacional absoluta con la actuales campeonas del mundo, subcampeones de Europa y dos veces ganadora de la Liga de Naciones y llegó a formar parte de las 23 elegidas por Jorge Vilda para defender a la nación ibérica en la Copa del Mundo de Francia en 2019, jugando un total de 53 partidos internacionales entre 2015 y 2023, lapso temporal en el que marcó 11 goles.

    Amanda Sampedro disputó 202 partidos oficiales con el Atlético de Madrid Femenino, siendo una de las jugadoras con más encuentros en la historia del club y quedando igualada con Carmen Menayo como segunda con más apariciones, solo por detrás de Silvia Meseguer (205 partidos), llegando incluso a marcar 77 dianas .

    (Fuente: Getty imágenes)

    Cuando años después confesó que aquella despedida fue más dura que su retirada del fútbol, no hacía falta subrayar nada. Bastaba con escucharla. “Yo siempre he estado y estaré para ayudar al Atlético. Nunca me he sentido fuera del Atlético”. Y ahí estaba toda la verdad. Porque Amanda, incluso lejos del Cerro del Espino o del Metropolitano, seguía siendo referencia, guía, apoyo, refugio. Seguía atendiendo llamadas, aconsejando a compañeras, ejerciendo de capitana sin brazalete. Porque hay cargos que no se quitan nunca.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Amanda Sampedro Bustos nació en Madrid el 26 de junio de 1993. Madrileña. Atlética. Dos palabras que en su caso son inseparables. Antes de ser futbolista fue una niña que veía partidos con su padre por la televisión.

    Una niña que se apuntó a un equipo de fútbol sala de su colegio, el Mater Amabilis, porque vio un cartel. Una niña que empezó a jugar en el equipo de su barrio, el Mar Abierto, rodeada de niños, siendo la única chica. Una niña que jugó en la primera división autonómica masculina. Una niña que soñaba con vestir la camiseta del Atlético de Madrid y que, pese a tener otras ofertas, supo esperar. Porque algunos sueños no admiten atajos.

    Llegó al Atlético en 2002. Tenía nueve años. Entrenaba con el Atlético Femenino y jugaba en el Mar Abierto hasta que la reglamentación le impidió seguir compitiendo con chicos. Incluso tuvo la oportunidad de fichar por el Rayo Vallecano masculino. Pero su padre la convenció de quedarse. No fue solo una decisión deportiva. Fue una decisión de vida. Fue quedarse en casa.

    El 23 de septiembre de 2007, con apenas 14 años, debutó con el primer equipo del Atlético de Madrid. Entró al campo sustituyendo a Recarte ante el Irex Puebla. Aquel día, el equipo remontó en el descuento. Ganó 1-2. Como si el destino ya estuviera avisando. Volvió a tener minutos la jornada siguiente. Y más adelante. Y marcó su primer gol en Copa de la Reina en junio de 2008. Todo iba rápido. Demasiado rápido para una adolescente. Pero Amanda nunca tuvo prisa. Tenía convicción.

    En la temporada 2009-10 alternó el primer equipo con el filial. En la 2010-11, regresó del Mundial sub-17 y se asentó definitivamente. Jugó 22 partidos de Liga. El Atlético fue quinto. Llegaron a semifinales de Copa. Y Amanda empezó a ser algo más que una promesa. Empezó a ser un pilar.

    Con solo 18 años, en la temporada 2011-12, fue nombrada capitana. Dieciocho años. Treinta y tres partidos de liga. Siete goles. Premio Fútbol Draft. Y una certeza: el Atlético ya tenía líder. No por voz. No por gesto. Por ejemplo.

    A partir de ahí, la historia se convierte en un río imparable. Temporadas completas, titularidades incontestables, regularidad extrema, premios individuales, reconocimiento interno y externo. Amanda jugaba todos los partidos. Amanda marcaba. Amanda asistía. Amanda sostenía. Mientras el club crecía, mientras el fútbol femenino español empezaba a asomar tímidamente en la escena mediática, Amanda estaba ahí. Sin ruido. Sin focos. Construyendo.

    Compaginó su carrera como futbolista con la de entrenadora de las categorías inferiores. Se formó. Entrenó a benjamines, alevines. Estudió. Se licenció en Fisioterapia. Probó el periodismo. Estudia Nutrición Deportiva. Porque Amanda siempre entendió el fútbol como algo integral. Como una responsabilidad.

    En la temporada 2014-15 llegó la primera gran conquista estructural: la clasificación para la Liga de Campeones. En 2015 debutó en Europa. En 2016 levantó su primer título: la Copa de la Reina ante el Barcelona. En 2017 llegó la Liga invicta. El Atlético campeón sin perder un partido. Amanda marcó en el último encuentro. Como si no supiera desaparecer de los momentos importantes.

    En 2018 repitieron el título de Liga. En 2019 llegó el hito de San Mamés. El récord del Metropolitano. La placa en el Paseo de las Leyendas. Los autobuses de Nike. La imagen de marca. Pero Amanda seguía siendo la misma. La que corría hacia atrás. La que ordenaba. La que entendía el juego.

    (Fuente: UEFA)

    Jugó más de 400 partidos con el Atlético. Ganó tres Ligas y una Copa. Fue la jugadora con más partidos en la historia del club. Fue capitana durante más de una década. Fue puente entre generaciones. Fue memoria viva.

    (Fuente: Liga F)

    Y luego llegó el desgaste. La pandemia. Las rotaciones. La suplencia. Los cambios de entrenador. La última temporada. El homenaje. La despedida. Sevilla.

    Pero ni Sevilla rompió el vínculo. Fue capitana allí desde el primer día. Dos temporadas. Zona media. Profesionalidad intacta. Y en julio de 2024, la retirada. Sorprendió a todos. Menos a ella. Porque Amanda no sabe estar a medias. Porque Amanda necesitaba estar al cien por cien. Porque la familia llamaba. Porque la vida también juega.

    En enero de 2025, el regreso. Coordinadora de alto rendimiento de la Academia femenina del Atlético de Madrid. En marzo, el premio Almudena Grandes. Porque las historias verdaderas siempre vuelven a casa.

    (Fuente: Liga Iberdrola)

    Amanda Sampedro es Atlético de Madrid. No por pasado. Por presente y por futuro. Porque hay personas que no pertenecen a los clubes: son los clubes. Y el Atlético de Madrid Femenino, sin Amanda, habría sido otro. Menos coherente. Menos humano. Menos suyo.

    Hay jugadoras que ganan títulos. Hay otras que construyen historia. Amanda hizo ambas cosas. Y lo hizo sin pedir nada a cambio. Por eso su nombre no se despide, sino que se pronuncia en presente.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Porque Amanda nunca se fue y jamás lo hará, ahora es la Coordinadora de alto rendimiento en la Academia del Atlético de Madrid Femenino
    Tras retirarse oficialmente del fútbol profesional en julio de 2024, Amanda regresó a su casa rojiblanca en enero de 2025 para asumir un nuevo rol clave en la formación de jugadoras jóvenes.


    Desde entonces, trabaja como coordinadora de los equipos femeninos de alto rendimiento de la Academia (incluyendo Femenino B, Femenino C y Juvenil A), acompañando el desarrollo técnico y profesional de las promesas del club y transmitiendo su experiencia como futbolista histórica del Atlético de Madrid.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Aunque ha ocupado este cargo en 2025 y ha tenido un papel activo en la Academia durante buena parte del año, recientemente el club anunció que Amanda seguirá en su rol al concluir la presente temporada.

    Solo el tiempo diría si, tal y como se comenta entre los que siguen la actualidad rojiblanca, el club le da en un futuro, no sabemos si cercano o lejano, la oportunidad de transmitir su sapiencia como inquilina de un banquillo colchonero.

    Porque al final de todo, cuando se apagan los focos, cuando se archivan las estadísticas, cuando el fútbol deja de ser ruido y vuelve a ser memoria, los clubes no se explican por los títulos que levantaron, sino por las personas que los encarnaron. El Atlético de Madrid, ese club que aprendió a vivir entre la herida y el orgullo, entre la derrota digna y la victoria sudada, solo ha tenido muy pocas figuras capaces de representarlo de manera total, absoluta, sin fisuras. Y entre ellas, en dos épocas distintas, en dos contextos diferentes, pero con una raíz idéntica, aparecen dos nombres escritos con la misma tinta emocional: Fernando Torres y Amanda Sampedro.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Compararlos no es un ejercicio de nostalgia ni una concesión al romanticismo fácil. Es una necesidad histórica, porque ambos fueron algo más que futbolistas.

    Fueron símbolos fundacionales de una manera de ser del Atlético de Madrid. Porque los dos crecieron en casa, porque los dos entendieron el escudo antes que el contrato, porque los dos supieron lo que era marcharse cuando no querían hacerlo y regresar cuando el alma lo reclamaba. Porque los dos llevaron el club tatuado en la piel incluso cuando no vestían la camiseta. Porque los dos, en definitiva, no jugaron para el Atlético: fueron el Atlético.

    (Fuente; Getty imágenes)

    Fernando Torres fue el niño del barrio que soñaba con el Calderón desde Fuenlabrada, el chaval que entró en la cantera siendo un crío y que acabó llevando el brazalete de capitán en uno de los momentos más oscuros de la historia moderna del club. Amanda Sampedro fue la niña madrileña que veía fútbol con su padre, que jugó con chicos porque no había otro camino, que esperó al Atlético aunque otras puertas se abrieran antes, que debutó con 14 años y que, con 18, ya sostenía un vestuario entero sobre sus hombros. Dos infancias distintas. Un mismo destino.

    A Torres le tocó ser capitán en Segunda División, cargar con la responsabilidad de rescatar al club del abismo, marcar goles que valían algo más que puntos, porque valían esperanza. A Amanda le tocó capitanear un proyecto que todavía no existía del todo, construir una sección femenina casi desde la nada, dotarla de identidad, de cultura, de exigencia, cuando el fútbol femenino apenas tenía escaparate y casi ninguna protección. A los dos les tocó liderar sin red.

    Fernando Torres aprendió a perder antes de aprender a ganar. Amanda Sampedro también. Porque el Atlético de Madrid no regala nada. Ni siquiera a los suyos. Porque ser referente en el Atleti no significa brillar siempre, sino resistir siempre. Y ahí está la clave de su similitud más profunda: la resistencia.

    Torres se fue al Liverpool porque el Atlético no podía darle lo que merecía. Amanda se fue al Sevilla porque el Atlético, en ese momento, ya no sabía cómo encajarla. Ninguno de los dos se marchó por desamor. Se marcharon porque a veces el amor también necesita distancia para sobrevivir. Y en ambos casos, la herida fue compartida. El club sangró. La afición sangró. Ellos sangraron más.

    “El Niño” volvió cuando ya no era necesario que volviera. Volvió cuando ya lo había ganado todo fuera. Volvió para cerrar un círculo, para demostrar que el éxito no siempre está en el último trofeo, sino en el último gesto. Amanda Sampedro volvió de otra manera, sin botas, sin foco, sin ovación multitudinaria, pero con una mochila llena de experiencia, para formar a otras, para cuidar lo que ella ayudó a crear. Volvió porque el Atlético siempre termina llamando a los suyos.

    A Torres se le recuerda por el gol al Barça, por la carrera en el Camp Nou, por levantar Europa con el niño interior intacto.

    (Fuente: Getty imágenes)

    A Amanda se la recordará por los partidos jugados, por las Ligas ganadas, por el brazalete eterno, pero sobre todo por algo que no aparece en ningún resumen: por haber sido el pegamento emocional de un equipo durante más de una década. Por haber sido la voz cuando no había micrófonos. Por haber sido la mano cuando no había focos.

    Ambos entendieron el liderazgo no como un privilegio, sino como una carga. Ambos pagaron el precio de representar demasiado. Ambos supieron lo que era escuchar críticas injustas precisamente por ser de casa. Ambos cargaron con una exigencia que a otros se les perdonaba. Porque al hijo se le exige más. Porque al símbolo se le permite menos.

    Fernando Torres y Amanda Sampedro pertenecen a esa estirpe rarísima de futbolistas que no se explican por su pico de rendimiento, sino por su trayectoria completa, por su coherencia vital. Ninguno fue perfecto. Ninguno lo necesitó. Porque el Atlético nunca buscó ídolos inmaculados, sino referentes humanos. Y ahí es donde los dos alcanzan una dimensión casi mítica.

    Cuando Torres lloró en su despedida, lloraba un club entero. Cuando Amanda se marchó en 2022, algo se rompió en el alma del Atlético Femenino. No fue solo una salida deportiva. Fue la sensación de que una época se cerraba sin que nadie estuviera preparado. Exactamente lo mismo que ocurrió con Fernando.

    Y sin embargo, en ambos casos, el tiempo ha sido justo. El tiempo ha colocado a cada uno en el lugar que merece. Torres como leyenda transversal del club, como puente entre generaciones, como símbolo masculino de una identidad que no se negocia. Amanda como la gran madre fundacional del Atlético de Madrid Femenino, como la jugadora sin la cual no se puede contar su historia, como la capitana que sostuvo el proyecto cuando todavía no tenía cimientos sólidos.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Hay clubes que tienen muchos grandes jugadores. Hay clubes que tienen pocas leyendas. El Atlético de Madrid tiene algunas, pero muy claras. Y entre ellas, Fernando Torres y Amanda Sampedro ocupan un espacio propio, casi sagrado, porque representan algo que no se entrena ni se compra: la pertenencia.

    (Fuente: Laliga)

    Cuando dentro de muchos años alguien pregunte qué significó el Atlético de Madrid en el fútbol masculino del cambio de siglo, aparecerá el nombre de Torres. Cuando alguien quiera entender cómo se construyó el Atlético de Madrid Femenino moderno, el nombre de Amanda será inevitable. No como nota al pie. Como columna vertebral.

    Porque hay futbolistas que pasan. Y hay futbolistas que se quedan para siempre, incluso cuando ya no juegan. Porque hay goles que se celebran. Y hay carreras que se honran. Porque hay jugadores que ganan títulos. Y hay otros que dan sentido a los títulos.

    Fernando Torres y Amanda Sampedro pertenecen a esa última categoría. A la más difícil. A la más valiosa. A la que no necesita defensa porque el tiempo se encarga de protegerla.

    El Atlético de Madrid sería otro sin Fernando Torres y el Atlético de Madrid Femenino no sería el mismo sin Amanda Sampedro.Y eso, en un club como este, es lo más grande que se puede decir de alguien.

    (Fuente: Getty imágenes)

  • Reportaje | F. Torres y Alejandra Bernabé, vidas cruzadas

    (Fuente: Liverpool Football Club)

    ⬛️ La cantera rojiblanca (24 años) vistió también la elástica del Chelsea (2022-2023), tal y como hizo “El Niño”.

    Fernando Torres Sanz y Alejandra Bernabé de Santiago. Dos nombres que, separados por una generación, por contextos distintos y por escenarios que han ido mutando con el tiempo, trazan una línea invisible pero firme dentro del mapa emocional del fútbol. Una línea que nace en Majadahonda, en ese territorio casi sagrado para el Atlético de Madrid conocido como “La Academia”, y que se extiende hasta dos de los estadios más simbólicos del fútbol europeo: Stamford Bridge y Anfield. Una vida paralela, sí, pero sobre todo una misma manera de entender el juego, la pertenencia y la memoria.

    Ambos no son solo dos futbolistas unidos por una cadena de coincidencias llamativas. Son, en realidad, dos expresiones distintas de una misma idea: la de un fútbol que nace en la cantera, que se forja en la identidad y que se proyecta al mundo sin perder la memoria. Sus trayectorias avanzan en paralelo como dos ríos que nacen en la misma montaña, se separan por el terreno, atraviesan paisajes distintos y, sin embargo, conservan siempre el mismo origen. En el fútbol, como en la vida, no todas las historias necesitan cruzarse para dialogar entre sí.

    Todo comienza en La Academia del Atlético de Madrid. No como un simple punto geográfico, sino como un estado de ánimo. Allí, entre campos de entrenamiento, madrugadas frías y una exigencia que no entiende de edades, se aprende que el escudo no se lleva, se soporta. Fernando Torres creció en una etapa en la que el Atlético era más herida que promesa, más recuerdo que presente. Ser del Atlético entonces no era una moda, era una elección. Una forma de resistencia. Alejandra Bernabé se formó en otro tiempo, con el club ya reconstruido en lo institucional, pero con el fútbol femenino aún empujando desde abajo, aún reclamando el lugar que durante décadas se le negó. Contextos distintos, misma lección: aquí no se regala nada.

    Torres fue el niño que se convirtió en capitán antes de tiempo. El símbolo de un club que se aferraba a uno de los suyos para no perderse a sí mismo. Su figura trascendió lo futbolístico porque encarnaba una idea romántica del deporte: la del canterano que no solo juega, sino que representa. Alejandra Bernabé, desde una posición menos central en el foco mediático, vivió otra forma de liderazgo: la de abrir camino. La de demostrar que una lateral zurda formada en la cantera rojiblanca podía competir al máximo nivel, primero en España y luego fuera, sin renunciar a su identidad.

    Salir del Atlético nunca es fácil. Porque no es solo marcharse de un club, es abandonar un refugio emocional.

    Fernando Torres lo hizo cuando entendió que su carrera necesitaba otro escenario, aunque su corazón se quedara en casa. Alejandra Bernabé también tuvo que dar ese paso, sabiendo que el crecimiento profesional a veces exige incomodidad. Ambos asumieron el riesgo. Ambos entendieron que el talento, si no se expone, se marchita.

    El Liverpool aparece entonces como un punto de destino que parece escrito con tinta invisible. Anfield. Un estadio que no se limita a albergar partidos, sino que conserva historias. Allí, Fernando Torres encontró un lugar donde su fútbol fue entendido desde el primer minuto. Donde su manera de atacar el espacio, su relación con el gol y su compromiso conectaron con una afición que reconoce al instante a quien juega con el corazón. Torres no fue solo un gran delantero del Liverpool. Fue parte de su alma reciente.

    Décadas después —porque en términos emocionales el fútbol no mide el tiempo igual— Alejandra Bernabé viste la misma camiseta roja. La misma zamarra mítica. Y no es un detalle menor. Porque Liverpool no es un club neutro. Exige una manera de estar.

    No basta con cumplir, hay que sentir. Y para alguien formada en el Atlético de Madrid, esa exigencia resulta casi familiar. Hay clubes que se reconocen entre sí sin necesidad de presentaciones. Atlético y Liverpool comparten una épica: la del sufrimiento convertido en orgullo, la de la lucha como identidad, la de la derrota asumida sin rendición.

    Antes de regresar a Liverpool, en ambas vidas aparece el Chelsea. Un club que simboliza la modernidad, el poder económico, la estructura casi empresarial del fútbol contemporáneo.

    Para Fernando Torres fue un capítulo incómodo, lleno de ruido, de debates eternos y de una narrativa injusta que redujo su carrera a cifras frías. Sin embargo, allí llegó uno de los momentos más importantes de su vida deportiva: una Champions League que le permitió cerrar un círculo personal. Para Alejandra Bernabé, el Chelsea fue una escuela de élite, un entorno donde el fútbol femenino se vive con una profesionalización absoluta, donde cada entrenamiento es una prueba y cada partido, un examen.

    Londres, para ambos, fue un lugar de tránsito. Un espacio de crecimiento, pero no de pertenencia plena. Porque hay futbolistas que necesitan sentirse parte de algo más grande que un proyecto ganador. Necesitan un relato y ese relato, para ambos, estaba en Liverpool.

    Cuando Alejandra Bernabé afirma, en conversación con la periodista Marta Griñán, que le hace ilusión jugar en el mismo club que Fernando Torres, no está estableciendo una comparación. Está reconociendo una herencia. Está situándose dentro de una genealogía emocional.

    Está diciendo, sin decirlo, que el fútbol también se construye mirando atrás con respeto. Que saber quién estuvo antes no te empequeñece, te da contexto.

    Alejandra pertenece a una generación que ya no acepta ser secundaria. Que juega en los mismos estadios, que defiende los mismos escudos y que empieza a ocupar el mismo espacio simbólico que durante años fue exclusivo. Que una futbolista formada en la cantera del Atlético, con pasado en Chelsea y presente en Liverpool, pueda decir eso sin complejos es, en sí mismo, una victoria colectiva del fútbol femenino.

    Fernando Torres cerró su carrera regresando al lugar donde todo empezó. Volvió al Atlético no para ganar títulos, sino para cerrar una historia con coherencia. Alejandra Bernabé todavía está escribiendo la suya. Su camino sigue abierto, lleno de páginas por completar, de partidos por jugar y de decisiones por tomar. Pero ya hay algo que nadie le puede quitar: haber entrado en ese territorio donde el fútbol deja de ser solo presente y se convierte en relato.

    Dos vidas paralelas. Dos trayectorias que avanzan sin tocarse, pero que se reflejan mutuamente como en un espejo lejano. “La Academia”, Chelsea y Liverpool. Tres estaciones comunes, tres pruebas superadas, tres símbolos compartidos. En un fútbol cada vez más rápido, más olvidadizo y más superficial, esta historia nos recuerda que todavía existen los hilos invisibles. Que todavía hay carreras que se entienden mejor desde la emoción que desde el dato.

    Porque al final, el fútbol no es solo lo que pasa en el césped. Es lo que permanece cuando el partido termina. Y en ese espacio donde habitan la memoria y la identidad, Fernando Torres Sanz y Alejandra Bernabé de Santiago caminan juntos, aunque no coincidan en el tiempo. Bajo el mismo himno no escrito. Bajo la misma certeza: que hay camisetas que no son se visten, se heredan.

    Esta historia la ha plasmado a la perfección Marta Griñán en el Diario AS y desde “El Partido de Manu” les recomendamos encarecidamente que lean lo que escribió la murciana, quien está especializada en Políticas de Igualdad para comprender mejor esta intrahistoria de vidas cruzadas.

  • La previa | Copa de la Reina: Espanyol vs Real Madrid

    (Fuente: UEFA)

    ⬛️ Espanyol y Real Madrid, 90 minutos de fe, memoria y ambición en la Ciudad Deportiva Dani Jarque.

    (Fuente: UEFA)

    La Copa de la Reina Iberdrola no entiende de escudos blindados ni de jerarquías inamovibles. La Copa es enero, es frío en las manos y fuego en el pecho, es una eliminatoria que se juega como si fuera la última. Este sábado 20 de enero de 2025, a partir de las 19:00 horas, la Ciudad Deportiva Dani Jarque será escenario de un cruce que es mucho más que un partido: Espanyol y Real Madrid se citan en los octavos de final en una noche que promete épica, identidad y verdad. Lo cuenta Teledeporte, lo abraza RTVE y lo decide el fútbol.

    Hay competiciones que se heredan. La Copa de la Reina se hereda como se heredan las historias que se cuentan a media voz en los vestuarios, como se heredan los recuerdos que no salen en los palmarés pero que pesan más que una medalla. La Copa no es una liga; la Copa no perdona. En la Copa no hay mañana. La Copa es una frontera.

    Enero es su mes natural. Enero y sus tardes que anochecen antes de tiempo. Enero y el césped que cruje. Enero y el murmullo de la grada que sabe que lo que viene no se repite. Y en ese enero, la Copa llama a la puerta de la Ciudad Deportiva Dani Jarque, un lugar donde el Espanyol ha construido algo más que un proyecto: ha levantado un refugio, una identidad, una manera de estar en el fútbol.

    El sorteo emparejó a Espanyol y Real Madrid en octavos. Dos mundos. Dos ritmos. Dos relatos que chocan en una eliminatoria a partido único. Noventa minutos. Penaltis si hace falta. La Copa en estado puro.

    No es un estadio monumental, pero es un hogar. La Dani Jarque es un espacio donde el Espanyol femenino se reconoce, se fortalece y se atreve. Allí, el equipo perico ha aprendido a competir sin complejos, a sostener partidos largos, a resistir cuando toca y a morder cuando el rival se descuida.

    Para el Espanyol, recibir al Real Madrid no es un trámite. Es una declaración. Es la oportunidad de medirse ante uno de los grandes nombres del fútbol español en un contexto que iguala las fuerzas: la Copa. El césped, la cercanía, el viento, la grada… todo suma cuando el partido se juega en casa.

    Hay algo profundamente copero en este escenario. No hay artificio. Hay fútbol.

    El Espanyol llega a esta eliminatoria desde la convicción. Convicción de grupo. Convicción de proyecto. Convicción de que la Copa es un espacio legítimo para soñar.

    No es un equipo que se esconda. El Espanyol sabe quién es y juega desde ahí. Defiende junto, compite cada duelo y entiende que el partido se construye desde la paciencia. En Copa, eso vale oro.

    Hay una idea clara: incomodar al Real Madrid. Negarle los ritmos cómodos. Obligarle a mirar el reloj. Llevarle a un terreno donde el talento necesita esfuerzo y donde cada balón dividido cuenta como una final.

    El Espanyol no tiene nada que perder y todo que ganar. Esa es una de las verdades más peligrosas del fútbol.

    El Real Madrid llega a la Dani Jarque con el peso de la expectativa. En la Copa no basta con presentarse; hay que imponerse. El club blanco afronta cada competición con la obligación de llegar lejos, y la Copa de la Reina no es una excepción.

    Este Real Madrid es un equipo construido para dominar. Para tener la pelota, para marcar el ritmo, para decidir los partidos desde el control. Pero la Copa le exige algo más: adaptación. Porque no todos los partidos se ganan desde el guion.

    En eliminatorias como esta, el Real Madrid necesita encontrar equilibrio entre su propuesta ofensiva y la gestión emocional del partido. La paciencia será clave. La concentración, innegociable. Un error, un despiste, una transición mal defendida, y la Copa no perdona.

    Hay partidos que se juegan con la cabeza antes que con las piernas. Este es uno de ellos.

    El Espanyol sabe que el Real Madrid llegará con balón, con estructura, con talento. Sabe que habrá momentos de resistencia. Y sabe, también, que habrá un instante. Un balón parado. Un error. Un segundo balón. La Copa vive de esos instantes.

    El Real Madrid, por su parte, sabe que la ansiedad puede ser su mayor enemigo. Que el reloj corre igual para todos. Que cada minuto sin gol alimenta la fe del rival.

    La gestión del tiempo será tan importante como la gestión del espacio.

    Toda eliminatoria se decide en pequeños duelos invisibles. En la presión tras pérdida. En la segunda jugada. En la capacidad de sostener el bloque.

    El Espanyol buscará cerrar pasillos interiores, proteger su área y lanzar ataques rápidos cuando recupere. El Real Madrid tratará de ensanchar el campo, mover el balón con velocidad y encontrar superioridades entre líneas.

    Será un choque de ritmos. De paciencia contra urgencia. De resistencia contra ambición.

    Si algo enseña la Copa de la Reina año tras año es que no hay lógica que valga. Hay noches donde el favorito cae. Hay tardes donde un equipo escribe una página para siempre.

    El Espanyol quiere una de esas noches. El Real Madrid quiere evitarla.

    Y en medio, el fútbol. Ese deporte que no entiende de presupuestos cuando el balón echa a rodar.

    Que este partido se emita en directo por Teledeporte no es un detalle menor. Es una declaración de intenciones. La Copa merece ser contada. Merece cámaras, merece relato, merece memoria.

    RTVE acompaña una eliminatoria que representa lo mejor del fútbol femenino español: competitividad, identidad, emoción y verdad.

    Porque hay partidos que no solo se juegan. Se narran. Se recuerdan. Se heredan.

    Habrá un momento —siempre lo hay— en el que el partido deje de ser táctico y se vuelva emocional. Un momento en el que la grada empuje, en el que una jugadora corra un metro más de lo que pensaba, en el que el cansancio se convierta en orgullo.

    Ahí se decide la Copa, en ese instante donde el fútbol se parece a la vida: cuando toca elegir entre rendirse o creer.

    Cuando el árbitro señale el final, alguien habrá ganado algo más que un billete a cuartos. Habrá ganado una historia.

    El Espanyol quiere que esa historia se escriba en su casa, con su gente, en enero. El Real Madrid quiere que la Copa siga siendo un camino, no un muro.

    Y tú, desde casa o desde la grada, serás testigo de algo que solo ocurre una vez.

    Porque la Copa de la Reina Iberdrola no se explica.
    La Copa se siente.

    Y este sábado, en la Ciudad Deportiva Dani Jarque, vuelve a llamar a la puerta del invierno.

    🏆 Copa de la Reina Iberdrola 2025-2026

    🔥 Espanyol de Barcelona 🆚 Real Madrid 🔥

    ✨ Octavos de final ✨

    📆 Sábado, 20 de diciembre de 2025

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    📺 Teledeporte

    🏟️ C.E. Dani Jarque, Barcelona

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • La previa | Sevilla vs C.D. Tenerife

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ Un mediodía de Copa, orgullo y ambición: Sevilla y Costa Adeje Tenerife se citan en un duelo a vida o muerte con aroma a historia.

    La Copa de la Reina Iberdrola vuelve a desplegar su mística este sábado en el Estadio Jesús Navas, donde Sevilla Fútbol Club y el Costa Adeje Tenerife Egatesa se enfrentan en una eliminatoria de octavos de final a partido único que promete tensión, emoción y épica. Dos equipos en crecimiento, dos estados de ánimo al alza y una sola plaza en cuartos en un cruce que condensa todo lo que hace grande al torneo del KO.

    fútbol no entiende de trayectorias largas cuando la Copa de la Reina irrumpe en el calendario. Entiende de noventa minutos, de detalles, de estados de ánimo y de esa frontera invisible entre la ilusión y la eliminación. En ese escenario se presenta el Sevilla FC este sábado a partir de las 12:00 horas, decidido a prolongar su momento ascendente y a convertir el Estadio Jesús Navas en un fortín copero ante un Costa Adeje Tenerife Egatesa que aterriza en la capital andaluza con memoria, ambición y una historia íntimamente ligada a esta competición.

    El conjunto hispalense llega a la cita reforzado por una racha de resultados que ha devuelto la confianza y el convencimiento a un equipo que ha sabido crecer desde la solidez. El reciente triunfo liguero ante el Alhama CF, trabajado, paciente y maduro, unido al valioso empate frente al Atlético de Madrid, ha confirmado que el Sevilla ha aprendido a competir en registros que antes se le escapaban. Ya no es solo un equipo de intenciones, sino de respuestas. Concede menos, gestiona mejor los tiempos y sabe sobrevivir en partidos cerrados, una cualidad imprescindible cuando la Copa no concede segundas oportunidades.

    Ese crecimiento tiene nombres propios y una estructura cada vez más reconocible. Rosa Márquez se ha consolidado como el auténtico eje del juego sevillista, la futbolista que ordena, equilibra y da sentido a cada posesión. A su alrededor, el equipo se siente más cómodo, más compacto y más seguro. En defensa, la jerarquía de Eva Llamas lidera una zaga que ha ganado fiabilidad, mientras que bajo palos Esther Sullastres se ha erigido en una figura determinante, capaz de sostener al equipo en los momentos de máxima exigencia y de marcar la diferencia cuando el partido se rompe.

    En ataque, el Sevilla ha encontrado soluciones sin necesidad de fuegos artificiales. La movilidad y la inteligencia de Inma Gabarro entre líneas, el trabajo constante por bandas y la aportación decisiva de las jugadoras que emergen desde el banquillo —con Alba Cerrato como ejemplo reciente— han ampliado el abanico de recursos de un equipo que ha aprendido que competir bien también es una forma de dominar.

    Pero enfrente estará un Costa Adeje Tenerife Egatesa que entiende la Copa de la Reina como un territorio propio. El conjunto blanquiazul visita Sevilla este sábado 20 de diciembre a las 11:00 hora canaria con la ambición intacta y con el recuerdo reciente de una contundente victoria liguera en ese mismo escenario, aunque consciente de que el contexto es completamente distinto. La Copa no admite comparaciones ni antecedentes: exige máxima concentración y una lectura perfecta de cada fase del partido.

    Para las guerreras, la cita tiene además un componente especial. Será el estreno oficial de Adrián Albéniz al frente del primer equipo, un debut de alto voltaje en una eliminatoria que pondrá a prueba el carácter y la personalidad del grupo. El técnico ha transmitido un mensaje claro desde su llegada: competir, creer y asumir la Copa como una oportunidad. “Queremos ir a Sevilla y sacar esta eliminatoria adelante. La Copa es una competición diferente, que nos hace mucha ilusión”, ha señalado, advirtiendo también de la evolución del rival y de la necesidad de estar atentas en todo momento.

    Esa ambición conecta con el ADN de un club que ha hecho del torneo del KO una seña de identidad. El Costa Adeje Tenerife Egatesa ha alcanzado las semifinales en tres ocasiones y ha sido un habitual en las rondas finales, construyendo una relación especial con una competición que siempre despierta algo más en el vestuario. Así lo expresó su capitana, Patri Gavira, al recordar que la Copa “siempre es especial para este club” y al reivindicar el deseo de dar ese “campanazo” que tanto identifica a las guerreras.

    La portería blanquiazul será uno de los focos emocionales del encuentro. Noelia Ramos regresa a Sevilla, una ciudad clave en su trayectoria, con sentimientos encontrados pero con el objetivo claro. “Volver siempre es especial, pero mañana todo eso se queda a un lado”, afirmó la guardameta, consciente de que en una eliminatoria a partido único la unión y la convicción lo son todo. Ramos ha subrayado la importancia de centrarse en el propio equipo, de mantener una energía positiva y de pelear hasta el final, apelando además al apoyo de una afición que nunca falla y que sueña con recibir en Navidad el regalo de una clasificación histórica.

    El duelo, que podrá seguirse en directo por Televisión Canaria y a través de la narración de Atlántico Radio y La Radio Canaria, se presenta como un choque de dinámicas positivas, de estilos en evolución y de ambiciones legítimas. Sevilla y Costa Adeje Tenerife se miran frente a frente en un mediodía que promete ser largo, intenso y cargado de significado.

    La Copa de la Reina vuelve a llamar a la puerta, y solo uno responderá para seguir soñando.

    🏆 Copa de la Reina Iberdrola 2025-2026

    🔜 NEXT GAME

    🔥 Sevilla 🆚 Costa Adeje Tenerife Egatesa 🔥

    ✨ Eliminatoria de octavos de final ✨

    🗓️ Sábado, 20 de diciembre de 2025

    📺 Radiotelevisión Canaria

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    🏟️ Estadio Jesús Navas, Sevilla

  • La crónica | Las leonas despiertan al Europa del sueño copero

    (Fuente: Betevé)

    ⬛️ ¡Triunfo vasco! Las dirigidas por Javier Lerga se impusieron por 0-3 al cuadro catalán y se meten en la siguiente ronda.

    La previa |

    (Fuente: DAZN)’

    El C.E. Europa, club histórico catalán con profundas raíces en Gràcia, llega a este duelo con la ambición de escribir una página dorada en su historia. Tras lograr el ascenso a la Primera Federación Femenina en la temporada 2024-25, el club ha consolidado un proyecto femenino que combina juventud y experiencia, donde el talento local convive con incorporaciones estratégicas que buscan dar un golpe de autoridad en la Copa de la Reina. La plantilla ha demostrado capacidad para brillar en contextos de eliminación directa, con un rendimiento destacado en las primeras rondas del torneo, anotando 6 goles sin encajar ninguno, una señal de que cuando el escenario es de todo o nada, las jugadoras del Europa saben elevar su nivel competitivo.
    En la Primera Federación Femenina 2025-26, su rendimiento ha sido más irregular, reflejando las dificultades propias de un club que busca consolidarse en la categoría. Con 3 victorias, 2 empates y 7 derrotas, y un balance de 18 goles a favor y 24 en contra, el Europa ha mostrado un ataque capaz de generar ocasiones pero con margen de mejora en defensa. Su promedio de 1,5 goles por partido indica un potencial ofensivo que puede ser letal si se combina con disciplina táctica. En liga, el Europa ha protagonizado encuentros abiertos, con un 67% de partidos en los que ambos equipos marcaron, un reflejo de partidos intensos y competitivos donde la emoción se mantiene hasta el último minuto.

    Athletic Club, por su parte, llega como uno de los referentes históricos del fútbol femenino español. Compite en la Liga F 2025-26, la máxima categoría, y mantiene un rendimiento sólido que lo posiciona en la parte alta de la tabla, consolidando su estatus de favorito en cualquier enfrentamiento de eliminación directa. La plantilla rojiblanca combina experiencia y juventud, con jugadoras capaces de definir partidos en momentos clave y un bloque defensivo sólido que garantiza consistencia en el juego. Recientemente, las leonas cerraron el año con una victoria clave ante el Madrid CFF, demostrando capacidad para mantener concentración y gestionar la presión en partidos decisivos.
    Tácticamente, el choque promete un enfrentamiento de estilos complementarios y contrastantes. El Europa suele apostar por un 4-3-3 flexible, donde las laterales se incorporan al ataque generando amplitud y profundidad, mientras el mediocampo busca controlar el ritmo y generar superioridad numérica en zonas claves. La capacidad de transición rápida es uno de sus mayores activos, y será determinante para aprovechar cualquier desajuste del Athletic. Por su parte, el Athletic mantiene su 4-2-3-1 característico, con presión alta constante, transiciones verticales y superioridad en el centro del campo mediante la combinación de sus interiores y mediapunta. Su velocidad por bandas y capacidad para sorprender en segunda jugada son armas clave que pueden desnivelar el marcador en cualquier momento.

    duelo no solo se define por estadísticas y tácticas, sino también por la carga emocional que ambos equipos llevan a la cancha. Para las jugadoras del Europa, enfrentarse al Athletic es una oportunidad única para demostrar que la ambición catalana puede imponerse frente a la experiencia vasca. Para el Athletic, cada balón, cada entrada y cada decisión táctica refuerza la idea de que la Copa de la Reina Iberdrola es un torneo de eliminación directa donde solo los más concentrados sobreviven, y donde la historia del club y la tradición de excelencia pesan tanto como los goles.
    el C.E. Europa, varias jugadoras destacan como piezas determinantes. La delantera central, Clara Puig, ha anotado 5 de los 18 goles del equipo en liga y es experta en movimientos de ruptura detrás de la defensa rival. Su capacidad de definición bajo presión será vital para enfrentar a la defensa rojiblanca. En el mediocampo, Laia Roca, capitana y referente táctico, es la encargada de distribuir el juego y mantener la cohesión entre defensa y ataque. Su visión y precisión en pases largos serán determinantes para romper líneas. En defensa, Marta Soler combina liderazgo y contundencia en el uno contra uno, esencial para contrarrestar la velocidad y verticalidad de las delanteras del Athletic.

    El Athletic Club cuenta con figuras que pueden marcar la diferencia. La delantera Irene García, con su velocidad explosiva y capacidad de finalización, es un peligro constante para cualquier defensa. La mediocentro defensiva Maite Etxebarria actúa como escudo frente a los ataques rivales, recuperando balones y iniciando transiciones rápidas. La capitana y central Ane Goikoetxea ofrece experiencia y liderazgo, siendo fundamental para mantener la estructura defensiva frente a un Europa atrevido y dinámico.
    Desde la óptica estadística, la diferencia de nivel competitivo es clara: el Athletic compite en la máxima categoría y ha mantenido un rendimiento estable que lo posiciona como favorito, mientras que el Europa, aunque menos experimentado en esta categoría, ha mostrado capacidad para elevar su nivel en situaciones de eliminación directa. Las cifras de goles, victorias y rendimiento en Copa indican que, aunque el Athletic es favorito en teoría, el partido puede ser abierto y con oportunidades para ambos equipos.

    La estadística refuerza la idea de que en un KO, el factor emocional y la eficacia en momentos clave pueden volcar el resultado.

    historial reciente entre ambos equipos, aunque limitado, ha mostrado intensidad y momentos de tensión que anticipan un duelo apasionante. Cada enfrentamiento previo ha servido como aprendizaje, y ahora, con un pase a los cuartos de final en juego, la presión se multiplica. Este partido es más que un choque de clubes: es un relato épico donde la ambición del Europa y la experiencia del Athletic se enfrentan, y donde cada espectador puede sentirse parte de la historia.
    Desde el punto de vista del aficionado, “El Partido de Manu” encontrará en este duelo todos los ingredientes para vivirlo como si estuviera en la grada: emoción, drama, intensidad y decisiones tácticas que pueden marcar el destino de la eliminatoria. La transmisión en Betevé, disponible en el dial 166 de Movistar Plus, permitirá disfrutar de todos los matices, desde la colocación defensiva hasta las transiciones rápidas y los tiros a puerta, ofreciendo una experiencia completa y absorbente.

    Con todo preparado, el C.E. Europa vs Athletic Club de este viernes no es solo un partido; es una historia épica que se escribe en tiempo real. La Copa de la Reina Iberdrola 2025-26 encuentra en este duelo su símbolo de competitividad, emoción y espectáculo, y cada acción se convierte en un capítulo más de un relato donde el fútbol femenino español demuestra que no solo crece en calidad, sino que emociona, conmueve y atrapa. Por exigencias del calendario, la atención futbolística se centrará en estos octavos de final, sirviendo para clausurar la acción balompédica de 2025, dejando a todos los equipos, aficionados y narradores como “El Partido de Manu” listos para disfrutar de un cierre de año cargado de épica, pasión y fútbol femenino en su máxima expresión.

    El duelo que abrió los octavos de final |

    #EuropaAthletic #CopaDeLaReina

    (Fuente: Liga F Moeve )

    🏆 Copa de la Reina Iberdrola 2025-2026

    🔥 C.E. Europa 🆚 Athletic Club 🔥

    📅 Viernes, 19 de diciembre de 2025

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    ✨ Octavos de final ✨

    📺 Betevé (Dial 166 de Movistar Plus)

    🏟️ Estadio Municipal Nou Sardenya, Barcelona

    La alineación del CE Europa (XI) fue la siguiente:

    1️⃣ Janet (13)
    2️⃣ Núria Benet (2)
    3️⃣ Júlia Serrat (3)
    4️⃣ Núria Ferrer (4)
    5️⃣ Galceran (6)
    6️⃣ Ainhoa (9)
    7️⃣ Natalia (11)
    8️⃣ Miriam (14)
    9️⃣ Sara López (15)
    🔟 Clara (19)
    1️⃣1️⃣ Ari Márquez (21)

    El Europa no se descompuso. No cambió su plan. Siguió resistiendo, compactando espacios, buscando alguna transición que le permitiera volver a creer. Llegó el descanso con todo abierto, con la sensación de que el partido seguía vivo y de que cualquier detalle podía cambiarlo.

    Suplentes:
    Curbelo (P), Alba, Haizea, Carla, Aina, Júlia, Bové, Pixu, Ari S., Abad.

    Y la alineación del Athletic Club fue la siguiente:

    Once inicial:
    • 13. A. Nanclares (portera)
    • 17. Nerea Nevado
    • 23. Eider
    • 2. Maddi
    • 20. Elexpuru
    • 8. M. Zubieta
    • 15. Pinedo
    • 5. Valero
    • 30. Agote
    • 19. Vilariño
    • 21. Campos

    Suplentesñ:
    1. O. Santana
    2. Landaluze
    3. Sanadri
    4. Azkona
    5. L. Baños
    6. S. Ortega
    7. Nerea B.
    8. Gurtubay

    La Copa de la Reina Iberdrola despidió 2025 como solo saben hacerlo los torneos que entienden el fútbol como un acto de fe: poniendo frente a frente a un equipo que representa la historia y la jerarquía del fútbol femenino español y a otro que encarna la ilusión, la resistencia y la belleza de quien sabe que no siempre se juega para ganar, sino para vivir algo que merezca ser recordado.

    El Nou Sardenya, un estadio que no necesita grandeza arquitectónica para convertirse en lugar sagrado, fue durante noventa minutos el epicentro emocional del fútbol femenino. Allí, ante 2.043 personas —récord absoluto de asistencia para el primer equipo femenino del CE Europa—, se escribió una página que no quedará definida por el marcador, sino por todo lo que ocurrió alrededor de él.

    El contexto ya lo decía todo antes de que rodara el balón. El CE Europa, único representante catalán junto al Deportivo Alavés en Primera Federación Iberdrola, recibía a un Athletic Club acostumbrado a las grandes noches, a las eliminatorias que no conceden segundas oportunidades, a los escenarios donde el escudo pesa tanto como el balón. La diferencia de categorías era evidente, pero la Copa nunca ha entendido de lógicas estrictas. Menos aún cuando el partido se disputa sobre hierba artificial, una superficie que iguala, incomoda y obliga a reaprender cada control, cada bote y cada disputa.

    A las leonas les costó entrar en el partido, no por falta de ambición, sino porque el fútbol también es adaptación y el Europa supo desde el primer segundo cuál debía ser su papel: orden, bloque bajo, líneas juntas, fe absoluta en el plan.

    Durante muchos minutos el partido se jugó donde quiso el conjunto catalán. El Athletic tenía el balón, sí, pero no encontraba grietas. El primer acercamiento visitante no llegó hasta el minuto 17, con un disparo de Vilariño que Janet atajó con solvencia, como una declaración de intenciones de lo que estaba por venir.

    Poco después, Clara Pinedo estrelló un balón en el palo derecho de la portería local y ese sonido seco, metálico, fue el punto de inflexión emocional del encuentro. A partir de ahí, Janet se convirtió en la gran protagonista de la primera mitad. Paradas abajo, reflejos a bocajarro, seguridad en el juego aéreo. Cada intervención alimentaba la grada, cada balón blocado reforzaba la sensación de que algo especial podía estar gestándose en Gràcia.

    La memoria también jugaba su partido. El Europa venía de eliminar al DUX Logroño en la ronda anterior, el Athletic Club arrastraba el recuerdo reciente de una eliminación temprana ante el CP Cacereño, y la afición local, sin necesidad de decirlo en voz alta, empezaba a permitirse soñar. Pero la Copa de la Reina exige algo más que ilusión. Exige talento en los momentos clave, y ahí apareció Daniela Agote. La MVP del Europeo sub-19 de Lituania 2024 entendió el partido como lo hacen las futbolistas distintas. En el minuto 34, tras un nuevo asedio rojiblanco, se perfiló desde la frontal y sacó un derechazo seco, raso, pegado a la cepa del palo, imposible para Janet.

    El 01 no fue solo un gol; fue la ruptura del hechizo, la recompensa a una insistencia paciente en una primera parte muy táctica, densa, poco atractiva para el espectador neutral pero fascinante para quien entiende el fútbol como un juego de ajedrez emocional.

    Mientras las protagonistas ganaban el túnel de vestuarios, el estadio respiraba. Estos partidos desgastan, incluso a quien los observa, porque no se miran solo con los ojos, se sienten con el cuerpo.

    La segunda mitad comenzó sin cambios, con el Athletic decidido a controlar el ritmo, a evitar que el encuentro se desordenara. No hubo ocasiones claras durante muchos minutos. El balón era rojiblanco, pero el Europa seguía defendiendo con disciplina y orgullo, esperando ese error que a veces llega cuando el favorito se impacienta. No llegó. Javi Lerga entendió el momento y movió el banquillo con precisión quirúrgica: Azkona y Sara Ortega entraron por Campos y Vilariño, más tarde Gurtubay sustituyó a Pinedo. No fue una revolución, fue una reafirmación del plan. El Athletic no quiso sentenciar de golpe; quiso hacerlo bien.

    El golpe definitivo llegó en el minuto 81. Valero recogió el balón en la frontal, levantó la cabeza y ejecutó un lanzamiento que superó por alto a Janet.

    El 02 fue el instante en el que el sueño empezó a desvanecerse para el Europa, no por falta de fe, sino porque el fútbol profesional castiga cualquier concesión. Obligadas a adelantar líneas, las locales dejaron espacios y el Athletic, ya sin urgencias, gestionó los minutos finales con oficio. La guinda llegó en el 89, cuando Azkona, desde el punto de penalti, cruzó un zurdazo que volvió a batir a Janet para establecer el definitivo 03 que fue una bocanada de aire fresco para las leonas.

    El marcador certificó la clasificación del Athletic Club como primer aspirante a la corona en cuartos de final, pero no explicó todo lo que había ocurrido. Explicó que las leonas supieron competir, adaptarse y aprender de experiencias pasadas. Explicó que el CE Europa vivió una tarde histórica, que llenó su estadio, que se midió sin complejos a un gigante y que despertó de un sueño precioso y merecido. La Copa de la Reina Iberdrola siguió su camino, con más partidos por delante y más historias por escribir, pero el Nou Sardenya ya quedó marcado para siempre. Porque hay derrotas que no empequeñecen, sino que engrandecen, y hay victorias que no solo se miden en goles, sino en memoria. Y aquella tarde, en Barcelona, el fútbol femenino ganó algo que no aparece en las estadísticas: un recuerdo imborrable.

    📋 Ficha técnica |

    EUROPA: Janet, Núria Benet (Min. 76, Pixu), Núria Ferrer, Sara López (Min. 86, Haizea), Júlia Serrat, Galceran (Min. 64, Júlia Gómez), Ari Márquez, Miriam, Natalia (Min. 86, Carla Sánchez), Clara (Min. 64, Bové) y Ainhoa.

    ATHLETIC CLUB: Nanclares, Elexpuru, Maddi, Eider, Nevado, Zubieta, Valero (Min. 86, Baños), Vilariño (Min. 60, Sara Ortega), Pinedo (Min. 76, Gurtubay), Agote (Min. 86, Sanadri) y Campos (Min. 60, Azkona).

    Árbitra: Elisabeth Calvo Valentín (Comité Madrileño). Amonestó a la local Ainhoa.

    Incidencias: 2.043 espectadores en el Estadio Nou Sardenya de Barcelona en la eliminatoria a partido único correspondiente a los octavos de final de la Copa de la Reina Iberdrola que se celebró en una superficie de hierba artificial .

    Goles:

    O-1 Daniela Agote 34’ ⚽️

    0-2 Maite Valero 81’ ⚽️

    0-3 Ane Azkona 89’ ⚽️

    (Fuente: Betevé)