Categoría: Liga F

  • La previa | El Atlético de Madrid estrena era ante un Granada indomable en el partido donde enero quiere parecerse a una promesa

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    🟠 Cuando el verde se vuelve esperanza y el balón pesa en la historia reciente.

    (Fuente: RFEF)

    El fútbol, cuando se detiene a escucharse a sí mismo, sabe que hay partidos que no se juegan solo con once futbolistas, un árbitro y un balón. Hay mañanas en las que el césped se convierte en un espejo de lo que fue, de lo que se perdió y de lo que todavía puede ser.

    El sábado, 31 de enero de 2026, a las 12:00 del mediodía, en Alcalá de Henares, el Atlético de Madrid y el Granada CF se citan en uno de esos encuentros que no se explican solo con la clasificación, ni con la racha, ni siquiera con el estreno de un nuevo entrenador. Se citan en un partido que arranca con un brazalete verde en el brazo y una palabra que atraviesa todo: esperanza.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Porque la Jornada 18 de la Liga F Moeve no es una jornada cualquiera. Es una jornada teñida de verde, un color que no pertenece a ningún escudo pero que representa a todas. Las futbolistas, los cuerpos técnicos y las árbitras portarán los Brazaletes de Esperanza bajo el lema “El símbolo que nos une”, un gesto que trasciende lo deportivo y convierte cada carrera, cada duelo y cada celebración en un acto de visibilidad, de acompañamiento, de conciencia colectiva. En un deporte que ha aprendido a ser altavoz, la Liga F vuelve a recordarse —y recordarnos— que el fútbol también puede abrazar.

    Y en ese contexto, con ese marco emocional que envuelve el fin de semana, aparece un duelo rojiblanco que parece escrito para el relato largo. Atlético de Madrid contra Granada C.F.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Dos equipos que visten de rojo y blanco, dos caminos que se cruzaron la temporada pasada en la lucha por la Champions, dos estados de ánimo opuestos y, sin embargo, complementarios. Uno, buscando reencontrarse consigo mismo. El otro, cabalgando un inicio de año que ha borrado los fantasmas del otoño.

    El Atlético de Madrid llega a la cita en la quinta posición de la Liga F Moeve con 27 puntos, a diez de la zona Champions, una distancia que no es solo numérica, sino también simbólica. Diez puntos son diez latidos de diferencia entre el recuerdo de lo que este equipo fue y la incógnita de lo que puede volver a ser.

    La derrota en la semifinal de la Supercopa de España ante el Real Madrid (3-1) dejó cicatriz. El inesperado tropiezo en casa frente al Espanyol (0-1) profundizó la herida. Y, como consecuencia, el club decidió mover el timón con la salida de Víctor Martín Alba, ex del Madrid CFF.

    José Herrera se estrena en el banquillo colchonero. Lo hace sin red, sin tiempo y sin margen para el ensayo. Lo hace sabiendo que cada decisión será observada con lupa, que cada cambio será leído como un manifiesto y que cada victoria —o cada tropiezo— será interpretado como una pista del futuro. Herrera, ex preparador del Costa Adeje Tenerife Egatesa, aterriza en uno de los banquillos con más peso simbólico del fútbol femenino español, el del campeón de la Supercopa de España 2021, un club que no concibe la irrelevancia y que convive mal con la espera.

    No podrá contar con Gio Queiroz, baja sensible en el frente ofensivo, pero sí podría empezar a escribir la historia de Kathrine Møller Kühl, la centrocampista danesa que asoma como una de esas futbolistas llamadas a ordenar el caos, a poner pausa donde hubo prisa y a darle sentido a la posesión.

    Sus primeros minutos con la camiseta rojiblanca podrían llegar en un partido que exige cabeza fría y piernas calientes.

    Enfrente, el Granada es el equipo que ha hecho del cambio de año una declaración de intenciones. El equipo que se marchó al parón navideño herido, eliminado de la Copa de la Reina por la mínima ante el FC Badalona Women y con una sola victoria en sus últimos diez partidos ligueros. El equipo que necesitaba resetear y lo hizo. Año nuevo, vida nueva. No como lema vacío, sino como convicción.

    Las de Irene Ferreras han arrancado 2026 como un tiro. Tres partidos, tres victorias, cero goles encajados. Espanyol (0-2), DUX Logroño (1-0), Alhama CF ElPozo (2-0). Nombres distintos, contextos distintos, mismo resultado.

    El Granada es, junto al Fútbol Club Barcelona , el único equipo que ha ganado todos sus partidos de Liga F Moeve en este nuevo año. Pero, a diferencia del gigante azulgrana, las nazaríes lo han hecho desde la contención, desde el orden, desde una solidez que no siempre se refleja en titulares ruidosos, pero que construye equipos duraderos.

    Chika Hirao y Laura Sánchez han levantado un muro invisible en la portería. Dos guardametas, dos estilos, una misma consecuencia: el cerrojo echado. Cinco paradas en dos partidos para Laura. Seguridad quirúrgica para Chika. El Granada no solo gana, sino que convence desde atrás hacia delante. Y eso, en una liga cada vez más exigente, es una señal inequívoca de crecimiento.

    Con esos nueve puntos, el conjunto nazarí ha escalado hasta la décima posición con 22 puntos, dieciséis por encima del descenso. Una tranquilidad que permite mirar al futuro con ambición y al presente con descaro. Porque lo que busca el Granada en Alcalá de Henares no es sobrevivir.

    Es hacer historia. Una cuarta victoria consecutiva en Primera División sería un récord para el club. Un golpe sobre la mesa. Una confirmación de que lo de enero no es casualidad, sino causalidad.

    “Tenemos la ilusión de tener un partido muy bonito y exigente por delante”, afirmó Irene Ferreras en la previa. La frase, medida y serena, esconde la determinación de quien sabe que su equipo llega en el mejor momento emocional de la temporada. Todas las jugadoras estarán disponibles. No hay excusas. No hay parches. Hay once futbolistas dispuestas a competir de tú a tú contra un gigante herido.

    Los precedentes, sin embargo, sonríen al Atlético. Ocho victorias, un empate y una sola derrota en los diez enfrentamientos de élite entre ambos conjuntos.

    A comienzos de curso, las colchoneras se impusieron con contundencia en la primera vuelta (0-4), con doblete de Fiamma Benítez y goles de Vilde Bøe Risa y Synne Jensen.

    También se cruzaron el año pasado en las semifinales de la Copa de la Reina, donde el Atlético se llevó el pase con un global de 5-2 tras ganar 0-2 y 3-2. Y en aquella Liga F Moeve, ambos equipos caminaron juntos durante meses en la pelea por la tercera plaza que daba acceso a la Champions, una batalla que finalmente cayó del lado madrileño, dejando al Granada quinto, solo por detrás del Athletic Club.

    Pero el fútbol vive poco del ayer y mucho del ahora. Y el ahora dice que el Atlético necesita ganar. Necesita volver a reconocerse. Necesita dejar atrás una racha que le ha hecho olvidar la sensación de victoria, una sensación que no experimenta en partido oficial desde el 20 de noviembre de 2025, cuando asaltó Enschede para vencer al Twente en la Liga de Campeones. Desde entonces, el tiempo se ha vuelto espeso en Alcalá.

    Por eso, este partido es más que tres puntos. Es el inicio de una narrativa. Es la primera página del libro de José Herrera.

    Es el momento de abrir el sobre, como en esos cromos de la Liga F Moeve 2025-2026 que ahora están de moda, y descubrir si dentro hay una victoria, una señal, una promesa.

    El CTA de la RFEF ha designado a la colegiada catalana Ylenia Sánchez Miguel para impartir justicia. Una árbitra que tendrá que gestionar no solo un partido intenso, sino un duelo cargado de emociones, con dos equipos que saben competir y que no regalan ni un centímetro.

    Mientras tanto, en la clasificación, el Atlético es cuarto —o quinto, dependiendo del arrastre de la jornada— con 27 puntos y mira de reojo a la Real Sociedad, tercera, y al Costa Adeje Tenerife, cuarto, sabiendo que el margen es mínimo y el error, fatal.

    El Granada, décimo, juega con la libertad de quien ya ha hecho los deberes, pero no se conforma con el aprobado.

    Y así, con el verde de la esperanza en el brazo, con el rojo y blanco en el pecho y con enero pidiendo relatos nuevos, Atlético de Madrid y Granada CF se preparan para un partido que no promete fuegos artificiales, pero sí verdad. Un partido que no se grita antes de jugarse, pero que se recuerda si se gana. Un partido que empieza a las 12:00 horario peninsular, pero que puede marcar todo un año.

    Porque hay mañanas en las que el fútbol no se juega para ganar. Se juega para volver a creer.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🔜 NEXT GAME

    🏆 Liga F Moeve

    😍 Temporada 2025-2026

    🤝 Decimoctava jornada

    🔥 Club Atlético de Madrid 🆚 Granada Club de Fútbol 🔥

    🗓️ Sábado, 31 de enero de 2026

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 DAZN 1 (Dial 70 de Movistar Plus)

    🏟️ Centro Deportivo Alcalá de Henares Madrid

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Oficial | RTVE y el fútbol femenino: un regreso con memoria, presente y responsabilidad de servicio público

    (Fuente: RTVE)

    🔵 Teledeporte vuelve a ser escaparate de la élite femenina en un momento clave para la consolidación de la Liga F Moeve.

    La llegada de la Liga F Moeve a Teledeporte y RTVE Play a partir de la Jornada diecinueve no es solo una noticia de programación.

    Es un gesto cargado de significado. Porque hablar de RTVE y del fútbol femenino es hablar de memoria, de compromiso y de una función de servicio público que ha sido clave en la historia reciente de la competición.

    RTVE podrá emitir hasta cuatro partidos por jornada en emisiones lineales y digitales hasta el final de la temporada, acercando la Primera División Femenina a millones de hogares de manera gratuita.

    En una liga compuesta por 16 equipos de nueve comunidades autónomas, con presencia en ciudades como Madrid, Barcelona, Bilbao, Sevilla, Granada, San Sebastián o A Coruña, la televisión pública vuelve a ejercer su papel vertebrador y territorial.

    Por Teledeporte pasarán algunas de las grandes figuras del fútbol femenino actual: Alexia Putellas, Aitana Bonmatí y Claudia Pina; Alba Redondo, Misa Rodríguez o Athenea del Castillo; Nerea Eizaguirre, Fiamma Benítez o Adriana Nanclares. Nombres que ya forman parte del imaginario colectivo del deporte español y que ahora regresan con regularidad a una señal en abierto.

    Este regreso conecta directamente con una etapa muy significativa: la temporada 2019-2020, cuando la entonces Liga Iberdrola aún no era profesional y Teledeporte fue uno de sus principales aliados mediáticos. Hoy, con una liga profesional desde 2022 —la única categoría femenina con este estatus junto a las grandes competiciones masculinas—, el contexto es radicalmente distinto, pero el compromiso vuelve a ser el mismo.

    RTVE no solo emite partidos. Construye relato. Legitima el producto. Amplifica su impacto a través de informativos, programas deportivos y plataformas digitales. Cada retransmisión en abierto convierte un partido en un acontecimiento compartido y refuerza la normalización del fútbol femenino como parte esencial del deporte nacional.

    En un ecosistema audiovisual cada vez más fragmentado, la televisión pública sigue teniendo la capacidad de generar experiencias colectivas y de atraer nuevos públicos. Por eso este movimiento no es una mirada al pasado, sino una inversión de futuro.

    La Liga F necesitaba visibilidad. RTVE entiende su responsabilidad. Y el fútbol femenino vuelve a ocupar un espacio que nunca debió perder: el centro de la conversación deportiva.

  • Oficial | María José Pérez ya es azulona

    (Fuente: Alhama ElPozo)

    ◼️ La experimentada ariete canaria deja el Club Deportivo Argual, con el que no ha llegado a debutar, para reforzar a las murcianas.

    El Alhama Club de Fútbol ElPozo, semifinalista de la Copa de la Reina en 2023, ha protagonizado el bombazo del mercado de invierno en la Liga Profesional de Fútbol Femenino.

    La operación se ha rubricado de manera fulgurante e inesperada, dado que la exjugadora del Levante Unión Deportiva se había comprometido con el Club Deportivo Argual de Segunda RFEF hace escasos días y ahora rompe su unión con la escuadra de La Palma.

    El CD Argual ha emitido este viernes 30 un comunicado oficial mostrando su decepción con las apenas 24 horas que María José Pérez estuvo ligada a la entidad palmera: «El CD Argual informa que, apenas 24 horas después de su presentación oficial como nueva jugadora del club, María José Pérez comunicó al club y al cuerpo técnico su decisión de aceptar una oferta de otro equipo de la Liga F, poniendo fin de manera unilateral a su vinculación con nuestra entidad. Desde el CD Argual queremos dejar constancia de que, en el momento de su presentación pública, la jugadora había manifestado su compromiso con el proyecto deportivo del club, motivo por el cual se procedió a realizar el acto oficial ante medios de comunicación e instituciones. La entidad considera que esta situación no se ajusta a los valores de respeto, compromiso y responsabilidad que defiende el CD Argual, especialmente hacia las personas que conforman el club, la afición y las jugadoras y cuerpo técnico, que trabajan con honestidad y esfuerzo por el crecimiento del fútbol femenino en La Palma. El CD Argual lamenta profundamente lo ocurrido y el perjuicio causado a la imagen del club, así como a las personas e instituciones que respaldan este proyecto, y desea dejar claro que continuará trabajando con firmeza y seriedad, apostando únicamente por futbolistas plenamente comprometidas con nuestra filosofía y nuestros objetivos. El club no realizará más valoraciones públicas sobre este asunto y centra desde este momento todos sus esfuerzos en apoyar al equipo en la segunda vuelta y en la planificación deportiva de la siguiente temporada», explicaron.

    (Fuente: Club Deportivo Argual)

    La “17” es una leyenda del Costa Adeje Tenerife Egatesa, actual cuarto clasificado en la Primera División Femenina, del que salió el pasado 27 de enero de 2026, a pesar de tener contrato hasta final de la campaña.

    “María José es un símbolo del club; siempre hemos dicho que continuaría hasta que ella quisiera. Estamos encantados. Se lo ha ganado en el campo con su rendimiento, nadie le ha regalado nada y está siendo un gran ejemplo para muchas otras futbolistas jóvenes”, señaló Sergio Baptista, presidente de la entidad, con motivo de la última renovación de la jugadora a finales del pasado curso.

    María José es, junto a las hermanas Noelia y Natalia Ramos, una de las grandes supervivientes de la plantilla que inició la andadura del entonces Granadilla Tenerife McDonald’s en la temporada 2013/2014. La ariete fue una de las grandes heroínas del ascenso a la máxima categoría en junio de 2015, al firmar tres goles en dos partidos frente al Real Betis, y se consolidó desde entonces como un referente del equipo tanto dentro como fuera del terreno de juego.

    “Ha demostrado en todo momento su máximo respeto y amor por esta profesión, convirtiéndose en una futbolista legendaria”, destaca el comunicado emitido por el club. “Ha escrito para la eternidad su nombre en la historia del fútbol femenino de la isla y del archipiélago”, concluyó la entidad que preside Sergio Batista.

    La exjugadora del C.E. Sabadell (2002-2005) puede presumir de ser la más veterana de toda la Liga F Moeve, según datos de nuestro compañero de Marca, David Menayo con 41 años y 314 días, casi nada.

    La estrella fue internacional con la Selección Española de Fútbol be categoría sub-19 y ahora se suma al proyecto azulón para intentar conquistar la permanencia.

    María José es una delantera de área clásica, con un instinto goleador muy desarrollado y una lectura del juego que le permite anticiparse constantemente a las defensoras. Destaca por su capacidad para atacar el primer palo, su buen timing en el remate y una notable eficacia dentro del área, especialmente con pocos toques. No es una futbolista de grandes alardes técnicos ni de desborde continuo, pero compensa esa carencia con inteligencia táctica, trabajo sin balón y sentido colectivo, ofreciendo apoyos constantes y facilitando la llegada de segundas líneas. Su experiencia le ha permitido evolucionar hacia un perfil más asociativo y de liderazgo, aportando calma, orden y ejemplo competitivo, incluso en contextos de menor protagonismo en minutos.

    (Fuente: Alhama ElPozo)

    La exjugadora del Tacuense es campeona de la Copa de la Reina en la temporada 2002-2003 cuando vestía la elástica del Levante Unión Deportiva en la por entonces llamada Superliga Femenina y se ha unido con la entidad que preside Antonio García-Águila hasta el próximo 30 de junio de 2026, como minino.

    (Fuente: Alhama ElPozo)

    El debut de la leyenda de las guerreras con las murcianas podría llegar en la jornada dieciocho de la Liga F Moeve en un duelo directo por la salvación entre el Alhama ElPozo y el DUX Logroño que se celebrará el próximo sábado, 31 de enero de 2026, a las 17:00 horario peninsular, en el Francisco Artés Carrasco de Lorca y que emitirá DAZN.

    (Fuente: Alhama ElPozo)
  • Oficial | La jornada que puede romper la Liga F: vértigo, urgencias y fútbol en abierto para cambiarlo todo

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ La Liga F Moeve entra en uno de esos fines de semana que no hacen ruido por un solo partido, sino por la suma de todos. La jornada 18 se despliega como un mapa de tensiones cruzadas: aspirantes a Europa que no pueden fallar, equipos que miran al descenso con el pulso acelerado y gigantes obligados a sostener la excelencia. Todo, además, con una exposición clave: cinco partidos en abierto que convierten esta fecha en un escaparate decisivo para el presente y el futuro del fútbol femenino español.

    Hay jornadas que se juegan. Y hay jornadas que se sienten. La 18 pertenece claramente a la segunda categoría. Lo marca la clasificación, lo refuerza el contexto y lo confirma la programación televisiva, con DAZN como eje central y con TEN TV y la señal en abierto de DAZN amplificando partidos estratégicos. Según el pulso competitivo que refleja el torneo y la fotografía real de la tabla, este fin de semana no admite distracciones: cada punto pesa, cada error se magnifica y cada victoria tiene eco más allá de los noventa minutos.

    El sábado al mediodía abre el telón un duelo que explica bien la zona noble de la Liga F Moeve. Atlético de Madrid y Granada se miden a las 12:00 en un partido emitido por DAZN, con dos proyectos que llegan desde lugares distintos, pero con ambiciones que se cruzan. El Atlético sabe que, si quiere seguir instalado en la pelea europea, no puede permitirse tropiezos ante rivales valientes. El Granada, en cambio, juega con la inercia del crecimiento: equipo incómodo, competitivo, sin complejos y con la sensación de que puntuar en campos grandes no es una excepción, sino un objetivo realista. Es un choque de control contra atrevimiento, de jerarquía frente a hambre.

    A la misma hora, el Levante UD recibe al Madrid CFF, también en DAZN, en uno de esos partidos que sostienen el esqueleto de la liga. No hay focos excesivos, pero sí una enorme carga de necesidad. El Levante quiere alejar fantasmas y recuperar la solidez como local; el Madrid CFF busca continuidad, reafirmarse como equipo fiable y no quedar atrapado en la tierra de nadie. Son partidos donde no se regala nada, donde el error pesa más que el brillo, y donde sumar es, muchas veces, ganar.

    La tarde del sábado eleva el nivel emocional y mediático con uno de los encuentros clave del fin de semana: Athletic Club vs Espanyol, a las 16:15, en Lezama, con emisión en DAZN, TEN TV, GOL y 3Cat, uno de los grandes partidos en abierto de la jornada. El escenario no es un detalle menor. Lezama representa identidad, continuidad y una manera de entender el fútbol que conecta con la grada incluso en los días más grises. El Athletic llega con la obligación de hacerse fuerte en casa para no perder el tren alto de la clasificación. El Espanyol, en cambio, viaja con urgencias reales, sabiendo que cada punto puede marcar la diferencia en su lucha por la permanencia. Es un duelo de ritmos y emociones: la estructura sólida de las rojiblancas frente a la tensión competitiva de un Espanyol que no puede especular. Que se vea en abierto no es casual: es un partido que explica la Liga F tal y como es hoy.

    El sábado se completa a las 17:00 con otro encuentro emitido en DAZN, donde dos equipos miran la clasificación con atención quirúrgica. Son partidos que no suelen abrir informativos, pero que deciden temporadas. Aquí no hay margen para el despiste: el fútbol se juega con la cabeza, con el cuerpo y con la calculadora.

    El domingo abre con uno de los grandes escaparates de la jornada y de la temporada: Deportivo de La Coruña vs Real Madrid, a las 12:00, en DAZN en abierto. Riazor vuelve a ser un símbolo. Para el Deportivo, este partido es mucho más que tres puntos: es una oportunidad de reivindicación, de medir su crecimiento y de conectar con una afición que entiende la épica. Para el Real Madrid, el contexto es radicalmente distinto, pero igual de exigente. No puede fallar si quiere mantenerse firme en la pelea alta. Es un choque de estados de ánimo: la ilusión y la intensidad local frente al control, la calidad y la presión constante del equipo blanco. En abierto, con todo lo que eso implica.

    A la misma hora, otro partido completa el domingo matinal en DAZN, con equipos que viven cada jornada como una final anticipada. Aquí los entrenadores ajustan hasta el último detalle y las jugadoras saben que un error puede tener consecuencias que duren semanas.

    El siguiente capítulo llega a las 13:00 con Costa Adeje Tenerife vs Real Sociedad, también en DAZN en abierto. Es uno de esos partidos que, sin grandes titulares previos, suele dejar huella. El Costa Adeje es un equipo que sabe competir, que se hace fuerte en casa y que convierte cada partido en una batalla táctica. La Real Sociedad llega con la ambición de consolidarse, de mirar hacia arriba con menos miedo y más convicción. Es un choque de estilos, de paciencia contra verticalidad, y un partido que puede definir dinámicas futuras. La emisión en abierto vuelve a subrayar la importancia de este tipo de encuentros en la narrativa global de la liga.

    Y el cierre no podía ser más contundente. El domingo a las 16:30, FC Barcelona vs Sevilla FC, en DAZN en abierto, pone el broche a la jornada. Es el partido que mide al líder con el listón de la excelencia. El Barça juega contra sí mismo, contra su nivel, contra la obligación de ganar siempre y hacerlo bien. El Sevilla, mientras tanto, afronta el reto desde la ambición del aspirante, sabiendo que competir, resistir y castigar cualquier error ya es una forma de crecimiento. Este partido resume la Liga F en su máxima expresión: talento, exigencia, ritmo y una audiencia amplia observando cada detalle.

    La jornada 18 no es una más. Es una de esas fechas que, cuando termine, dejará la sensación de que algo se ha movido. En la clasificación, en las dinámicas y en el relato colectivo de la Liga F Moeve. Con cinco partidos en abierto, con estadios que empujan y con equipos que no pueden esconderse, el fin de semana se convierte en un punto de inflexión. Porque aquí, cada jornada cuenta. Pero algunas, como esta, pesan un poco más.

    Guía televisiva |

    • Atlético de Madrid vs Granada 📺 DAZN 1 (Dial 70 de Movistar Plus)
    • Levante Unión Deportiva vs Madrid CFF 📺 APP de DAZN y DAZN 2 (Dial 71 de Movistar Plus)
    • Athletic Club vs Espanyol 📺 TEN TV
    • Alhama vs DUX Logroño 📺 APP de DAZN
    • Deportivo vs Real Madrid 📺 DAZN 2 (Dial 71 de Movistar Plus)
    • ONA vs Sociedad Deportiva Eibar 📺 DAZN 3 (Dial 196 de Movistar Plus)
    • Costa Adeje Tenerife Egatesa vs Real Sociedad 📺 DAZN 1 (Dial 70 de Movistar Plus)
    • Barcelona vs Sevilla Fútbol Club 📺 DAZN 2 (Dial 71 de Movistar Plus)
  • Noticia | Virginia Torrecilla, la voz que resistió a todo: una conversación con Josep Pedrerol que explica el fútbol femenino, la vida y la dignidad

    (Fuente: Chiringuito Inside)

    ⬛️ Hay entrevistas que no se conceden para promocionar nada, que no responden a una estrategia de imagen ni a un calendario deportivo, y que no buscan el titular fácil. Hay entrevistas que suceden porque el tiempo ha pasado, porque el dolor ha sedimentado y porque la persona que se sienta frente a la cámara ya no necesita protegerse. La conversación entre Virginia Torrecilla y Josep Pedrerol en El Cafelito pertenece a esa categoría infrecuente: la de los testimonios que no se interpretan, se escuchan. Durante algo más de una hora de charla serena, sin prisas ni artificios, Torrecilla reconstruyó su vida desde el origen, desde la infancia, desde los silencios incómodos, desde la enfermedad y desde el fútbol entendido no como espectáculo, sino como espacio de resistencia. Lo hizo con una naturalidad que desarma y con una honestidad que obliga a detenerse.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Virginia Torrecilla Reyes (Cala Millor, Mallorca; 4 de septiembre de 1994) es una futbolista española que se ha convertido en unaa referente después de superar un tumor cerebral cuando militaba en el Atlético de Madrid.

    Hay entrevistas que no se conceden para promocionar nada, que no responden a una estrategia de imagen ni a un calendario deportivo, y que no buscan el titular fácil. Hay entrevistas que suceden porque el tiempo ha pasado, porque el dolor ha sedimentado y porque la persona que se sienta frente a la cámara ya no necesita protegerse. La conversación entre Virginia Torrecilla y Josep Pedrerol en El Cafelito pertenece a esa categoría infrecuente: la de los testimonios que no se interpretan, se escuchan. Durante algo más de una hora de charla serena, sin prisas ni artificios, Torrecilla reconstruyó su vida desde el origen, desde la infancia, desde los silencios incómodos, desde la enfermedad y desde el fútbol entendido no como espectáculo, sino como espacio de resistencia. Lo hizo con una naturalidad que desarma y con una honestidad que obliga a detenerse.

    Virginia Torrecilla no es solo una exfutbolista internacional, ni una campeona, ni un nombre propio del crecimiento del fútbol femenino español. Es, sobre todo, una mujer que ha atravesado prácticamente todos los límites que este deporte —y esta sociedad— le han impuesto a las mujeres que se atreven a ocupar un espacio que no estaba pensado para ellas. Su relato en El Cafelito no es lineal ni complaciente. No construye un cuento de hadas ni una épica artificial. Es la suma de escenas reales, a veces incómodas, a veces durísimas, que explican por qué su figura se ha convertido en un referente que va mucho más allá del césped.

    Desde los primeros minutos de la entrevista, Torrecilla sitúa el foco en la infancia, en ese territorio donde se forman las vocaciones y también las heridas. Cuenta cómo empezó a jugar al fútbol siendo una niña en Mallorca, en equipos de chicos, cuando todavía no existían estructuras estables para el fútbol femenino y cuando el simple hecho de querer jugar ya suponía un desafío social. Relata con crudeza situaciones que hoy resultarían inaceptables pero que entonces eran cotidianas: vestuarios improvisados, miradas invasivas, burlas, interrupciones deliberadas de su intimidad mientras se cambiaba o se duchaba. No lo hace desde el rencor, sino desde la constatación de una realidad que durante años fue normalizada. Aquellas experiencias no aparecen como anécdotas aisladas, sino como el contexto permanente en el que muchas niñas crecieron jugando al fútbol en España.

    Uno de los momentos más reveladores del relato llega cuando explica el papel de su familia. Su madre, cómplice silenciosa, fue quien la apuntó a fútbol incluso cuando no estaba bien visto; su padre, inicialmente reticente, terminó convirtiéndose en su principal escudo, llegando a plantarse literalmente en la puerta del vestuario para evitar que nadie entrara. Ese gesto, aparentemente simple, adquiere en su narración un valor simbólico enorme: el de la protección que muchas veces el propio sistema no ofrecía. Torrecilla no idealiza a su entorno, pero reconoce que sin ese apoyo habría sido imposible sostener la vocación.

    La entrevista avanza y el relato se vuelve más áspero cuando recuerda episodios vividos ya en la adolescencia, entrenando y compitiendo en contextos donde la desigualdad no era solo estructural, sino también cultural. Habla de situaciones de falta de respeto normalizadas, de comentarios, de gestos que hoy se identificarían claramente como conductas inapropiadas y que entonces quedaban diluidas en el silencio colectivo.

    En uno de los pasajes más impactantes, recuerda cómo una acción inapropiada de un compañero fue recibida con risas, incluso por parte del entrenador, dejando claro hasta qué punto ciertas conductas estaban integradas en el paisaje cotidiano del fútbol base. No hay dramatización en su tono, pero sí una firme voluntad de dejar constancia.

    Josep Pedrerol, lejos del personaje televisivo al que muchos asocian su figura, adopta aquí un rol contenido, casi invisible. Pregunta lo justo, acompaña el relato y permite que los silencios respiren. El Cafelito se confirma así como un formato pensado para escuchar, no para confrontar. La entrevista no busca el conflicto, sino la comprensión. Y eso permite que Torrecilla avance hacia otros capítulos de su vida sin necesidad de subrayados.

    El fútbol profesional aparece entonces como una mezcla de sueño cumplido y realidad precaria. Torrecilla recuerda etapas en las que, pese a competir al máximo nivel, tuvo que trabajar fuera del fútbol para poder sostenerse económicamente. Habla sin victimismo de los momentos en los que llegó a cansarse, a pensar en dejarlo, a sentir que el esfuerzo no tenía correspondencia. En uno de los pasajes más luminosos del relato, recuerda cómo, mientras trabajaba como camarera, recibió una llamada que reactivó su carrera y su ilusión. Ese momento, contado sin épica impostada, funciona como metáfora de toda una generación de futbolistas que vivieron en la frontera entre la vocación y la supervivencia.

    La selección española, los grandes clubes, los títulos y los estadios aparecen en la conversación, pero nunca ocupan el centro. Torrecilla no construye su identidad desde el palmarés, sino desde el proceso. Cuando habla del Atlético de Madrid, lo hace desde el agradecimiento humano, especialmente en relación con el momento más decisivo de su vida: la enfermedad. El diagnóstico de un tumor cerebral en 2020 marcó un antes y un después no solo en su carrera, sino en su forma de entenderlo todo. En El Cafelito, Torrecilla recuerda ese periodo con una serenidad que solo llega después de haber atravesado el miedo. Habla del desconocimiento inicial, del impacto de la palabra “quimioterapia”, del deterioro físico, de la pérdida de peso, del hospital como espacio compartido con otras personas cuyas historias no siempre tuvieron un final feliz.

    Cuando afirma que el Atlético “le salvó la vida”, no lo hace como una consigna emocional, sino como una constatación de un acompañamiento médico y humano que fue determinante. En ese punto, la entrevista alcanza una densidad que trasciende el deporte. Torrecilla no habla solo de fútbol, habla de cuidados, de estructuras, de lo que significa no estar sola cuando el cuerpo falla. La conversación se vuelve entonces universal, reconocible para cualquiera que haya atravesado una enfermedad grave.

    A lo largo de toda la entrevista hay una idea que se repite sin necesidad de ser formulada explícitamente: la de la dignidad. Dignidad para jugar cuando no había medios. Dignidad para resistir cuando no había respeto. Dignidad para volver cuando el cuerpo parecía decir basta. Torrecilla no se presenta como una heroína, pero su relato construye una épica real, hecha de pequeñas decisiones sostenidas en el tiempo.

    El cierre de la conversación no busca conclusiones grandilocuentes. No hay moraleja explícita ni discurso final. Hay, simplemente, la sensación de haber asistido a un testimonio necesario. En un contexto mediático donde el fútbol femenino todavía lucha por espacios de visibilidad que no estén condicionados por la comparación constante, entrevistas como esta funcionan como documentos de época. Explican de dónde se viene y, por contraste, permiten entender mejor hacia dónde se va.

    La charla entre Virginia Torrecilla y Josep Pedrerol en El Cafelito no es importante solo por quien la protagoniza, sino por lo que representa. Es la voz de una generación que jugó cuando no tocaba, que resistió cuando no era rentable y que ahora, por fin, puede contar su historia sin pedir permiso. No es una entrevista para el consumo rápido ni para el titular viral.

    Es un relato largo, incómodo por momentos, profundamente humano, que deja una certeza difícil de discutir: el fútbol femenino en España no se entiende sin mujeres como Virginia Torrecilla, y la historia de Virginia Torrecilla no se entiende sin haber atravesado todo lo que contó, sin filtros, frente a una cámara y un café.

    Hay algo especialmente significativo en la forma en que Virginia Torrecilla habla del tiempo. No lo divide en etapas estancas ni en hitos cerrados, sino que lo entiende como una línea continua en la que todo se conecta. En la entrevista con Josep Pedrerol no hay saltos bruscos ni cambios de registro impostados: la niña que se cambiaba sola en un vestuario improvisado es la misma mujer que hoy habla con serenidad sobre la enfermedad, la precariedad, la fama relativa y el lugar que ocupa en la historia del fútbol femenino español. Esa coherencia vital es, quizá, uno de los elementos que más fuerza le da a su testimonio.

    Cuando Torrecilla recuerda su paso por clubes históricos como el FC Barcelona o el Atlético de Madrid, lo hace desde una perspectiva que huye del triunfalismo. No hay en su discurso una idealización del alto nivel, sino una descripción honesta de lo que significaba formar parte de estructuras que todavía estaban en construcción. Habla del orgullo de vestir determinadas camisetas, pero también de las carencias, de los viajes, de las condiciones de entrenamiento, de la distancia abismal que separaba el fútbol femenino del masculino incluso dentro de las mismas entidades. Lo cuenta sin acritud, como quien asume que su generación fue, en muchos sentidos, una generación de transición.

    Esa idea aparece de forma recurrente a lo largo de la conversación: la conciencia de haber llegado “antes de tiempo”. Antes de los grandes contratos, antes de la profesionalización real, antes de la visibilidad sostenida. Torrecilla no se coloca en el centro del relato como víctima, pero tampoco se diluye en un discurso complaciente. Reconoce que muchas de las cosas que hoy se celebran —estadios llenos, retransmisiones regulares, atención mediática— no habrían sido posibles sin años de insistencia silenciosa, sin jugadoras que aceptaron condiciones muy lejos de la élite mientras sostenían el nivel competitivo con una exigencia máxima.

    En ese punto, la entrevista adquiere un valor casi documental. No se trata solo de la historia de una futbolista concreta, sino del relato coral de una época. Torrecilla pone palabras a lo que durante años fue invisible: la necesidad de trabajar fuera del fútbol, la falta de estabilidad, la incertidumbre permanente. Cuando recuerda que hubo momentos en los que estuvo a punto de dejarlo, no lo hace como confesión dramática, sino como algo lógico, casi inevitable. El desgaste no era solo físico, era emocional y mental. Y aun así, siguió.

    La enfermedad aparece en la conversación no como un punto final, sino como un giro radical. El diagnóstico del tumor cerebral en 2020 irrumpe en su vida cuando todavía estaba compitiendo al máximo nivel. Torrecilla describe ese momento sin recrearse en el impacto inicial, pero dejando claro que nada vuelve a ser igual a partir de ahí. El cuerpo, que hasta entonces había sido herramienta de trabajo, pasa a convertirse en un territorio incierto. La jugadora habla del miedo, de la confusión, de la dureza de los tratamientos, de la quimioterapia y la radioterapia, de la pérdida de peso, de la fragilidad. Y lo hace con una claridad que no busca conmover, sino explicar.

    En ese tramo de la entrevista, Pedrerol apenas interrumpe. Deja que el relato fluya, consciente de que lo que se está diciendo trasciende cualquier formato televisivo. Torrecilla menciona a las personas que se cruzó en los hospitales, algunas de las cuales no sobrevivieron. No hay grandes discursos, solo una constatación serena de la injusticia y del azar. Ese contraste entre la vida de élite y la vulnerabilidad absoluta es uno de los ejes más poderosos de la conversación.

    Cuando habla del Atlético de Madrid como un sostén vital, no lo hace desde la retórica institucional. Habla de médicos, de acompañamiento, de sentirse cuidada en un momento en el que todo podía derrumbarse. En ese sentido, su frase más citada —“el Atlético me salvó la vida”— adquiere un significado literal, no metafórico. No se refiere a una oportunidad deportiva, sino a un entorno que respondió cuando más lo necesitaba.

    La recuperación no se presenta como un camino recto ni como un relato de superación edulcorado. Torrecilla explica que hubo días malos, retrocesos, cansancio extremo, dudas. La vuelta al fútbol, más que un objetivo, fue una consecuencia de ir recuperando la confianza en su propio cuerpo. En El Cafelito no hay promesas de final feliz ni mensajes motivacionales prefabricados. Hay, simplemente, una mujer contando cómo aprendió a vivir de otra manera.

    A lo largo de la entrevista se percibe claramente que Torrecilla ya no habla desde la urgencia de demostrar nada. No necesita reivindicar su carrera ni justificar decisiones. Su tono es el de alguien que ha hecho las paces con su historia. Cuando menciona su retirada, lo hace sin dramatismo. El fútbol fue su vida durante muchos años, pero no es lo único que la define. Esa idea, que podría parecer simple, adquiere un peso enorme viniendo de alguien que lo dio todo por jugar.

    El valor simbólico de esta entrevista reside también en el momento en el que se produce. El fútbol femenino español vive una etapa de visibilidad sin precedentes, pero también de tensiones, debates y ajustes estructurales. Escuchar a una figura como Virginia Torrecilla hablar desde la experiencia larga, desde el pasado reciente que no conviene olvidar, funciona como un ejercicio de memoria colectiva. Su relato no compite con el presente; lo explica.

    No hay en sus palabras reproches directos ni cuentas pendientes. Hay, eso sí, una invitación implícita a no perder de vista de dónde se viene. A entender que los avances no son espontáneos ni garantizados. A reconocer que muchas de las mejoras actuales se sostienen sobre historias como la suya, construidas en silencio y con una resiliencia que pocas veces fue reconocida en su momento.

    La conversación con Josep Pedrerol se cierra sin grandes fuegos artificiales. No hay frase final diseñada para viralizarse. Hay una sensación de calma, de verdad dicha sin urgencia. Y eso, en el ecosistema mediático actual, es casi revolucionario. El Cafelito se confirma así como un espacio donde el deporte puede ser contado de otra manera, y Virginia Torrecilla deja una huella que va más allá de cualquier estadística.

    Cuando termina la entrevista, queda la impresión de haber asistido a algo más que una charla televisiva. Es el testimonio de una mujer que jugó cuando no había foco, que enfermó cuando estaba en la cima, que volvió cuando nadie lo esperaba y que ahora habla sin necesidad de subrayarse. Su historia no necesita adornos porque ya es, en sí misma, profundamente épica. No por los títulos ganados, sino por todo lo que tuvo que atravesar para poder contarlo.

    Hay una dimensión de la entrevista que se impone con el paso de los minutos y que no necesita ser explicitada: la de la responsabilidad involuntaria de quien se convierte en referente. Virginia Torrecilla nunca afirma que quiera ser ejemplo de nada, pero su forma de contar su historia termina ocupando ese lugar. No por voluntad discursiva, sino por acumulación de vivencias. En El Cafelito, su relato funciona como un espejo en el que se reflejan muchas trayectorias del fútbol femenino español, especialmente las de aquellas jugadoras que crecieron cuando todavía no existía un camino marcado.

    Cuando habla de las generaciones más jóvenes, no lo hace desde la nostalgia ni desde el reproche. No hay en sus palabras una comparación directa ni una reivindicación explícita del “nosotras lo pasamos peor”. Lo que aparece es algo más sutil: la conciencia de que el presente es distinto porque el pasado fue difícil. Torrecilla no reclama reconocimiento retroactivo; simplemente deja constancia de una realidad que durante años fue ignorada. Su testimonio adquiere así un valor pedagógico sin proponérselo.

    La entrevista también deja entrever una reflexión profunda sobre la identidad. Durante muchos años, Virginia Torrecilla fue, ante todo, futbolista. Su vida giraba en torno al entrenamiento, la competición, el vestuario, el calendario. La enfermedad rompió esa estructura de golpe. En la conversación con Pedrerol se percibe cómo ese quiebre obligó a reconstruirse desde otro lugar. Habla de aprender a parar, de aceptar la vulnerabilidad, de entender que el valor personal no depende del rendimiento. Son ideas que no se desarrollan como discurso teórico, sino que emergen de la experiencia vivida.

    Hay momentos en los que el silencio pesa tanto como las palabras. Cuando Torrecilla recuerda a personas que conoció durante el tratamiento y que no sobrevivieron, la entrevista se detiene en una pausa que no necesita explicación. Es uno de esos instantes en los que el espectador entiende que el deporte, incluso en su versión más épica, queda en segundo plano frente a la fragilidad humana. Esa honestidad, sin sentimentalismo, es una de las claves que convierten la entrevista en algo excepcional.

    En paralelo, la figura de Josep Pedrerol adquiere un matiz distinto al habitual. Lejos del ritmo frenético y la confrontación que caracterizan otros formatos, aquí actúa como facilitador del relato. No busca titulares, no interrumpe con opiniones, no compite por el protagonismo. Esa elección editorial no es menor. Permite que la historia se despliegue con naturalidad y que el foco permanezca siempre en quien tiene algo que contar. En un ecosistema mediático dominado por la urgencia y el ruido, esa contención resulta casi anacrónica, y precisamente por eso tan efectiva.

    A medida que la entrevista avanza, se hace evidente que Torrecilla no habla desde la herida abierta, sino desde la cicatriz. No hay resentimiento, pero tampoco olvido. La serenidad con la que expone situaciones duras no implica que hayan dejado de doler, sino que han sido integradas. Esa diferencia es fundamental para entender el tono de toda la conversación. No es una catarsis, es una narración consciente.

    Cuando se refiere a su libro y a la decisión de contar su historia por escrito, se intuye el mismo impulso: ordenar la experiencia, darle sentido, compartirla sin convertirla en espectáculo. Torrecilla no se presenta como una superviviente excepcional, sino como alguien que tuvo miedo, que sufrió y que contó con apoyos determinantes. Esa normalización del proceso, lejos de restarle fuerza, lo hace más cercano y más real.

    El fútbol vuelve a aparecer hacia el final de la entrevista como lo que siempre fue para ella: un lugar de pertenencia. No idealizado, no perfecto, pero profundamente significativo. Habla de lo que le dio y de lo que le quitó, sin establecer una balanza definitiva. El deporte no es el villano ni el salvador absoluto de su historia; es el escenario en el que se desarrolló. Esa mirada madura, sin extremos, contrasta con muchos relatos habituales en torno a las carreras deportivas.

    En ese sentido, la conversación funciona también como un cierre simbólico. No un punto final, sino una especie de síntesis vital. Torrecilla no necesita anunciar nuevos proyectos ni marcar un siguiente objetivo. Su presencia en El Cafelito no responde a una campaña ni a un retorno. Es, simplemente, el momento en el que decide contar lo vivido con la distancia suficiente para que las palabras no quemen.

    La recepción mediática de la entrevista confirma su impacto. Fragmentos de sus declaraciones se replican en distintos medios, especialmente aquellos relacionados con su infancia, la discriminación y la enfermedad. Pero reducir la conversación a titulares aislados sería injusto. La fuerza del encuentro reside precisamente en su continuidad, en cómo cada parte del relato se apoya en la anterior y construye una imagen completa, compleja, humana.

    Lo que queda después de escucharla no es una sensación de tristeza, sino de respeto. Respeto por una trayectoria que no fue lineal, por una carrera que se sostuvo contra muchas inercias y por una persona que eligió hablar cuando ya no tenía nada que demostrar. En ese gesto hay una generosidad poco habitual: la de compartir la experiencia no para obtener algo a cambio, sino para que otros entiendan.

    La entrevista entre Virginia Torrecilla y Josep Pedrerol se inscribe así en una tradición muy concreta del periodismo deportivo: la de las conversaciones que sobreviven al contexto inmediato. No depende de un resultado, de una polémica ni de una actualidad concreta. Puede leerse, verse o escucharse dentro de años y seguirá teniendo sentido, porque habla de cuestiones que no caducan: el derecho a ocupar espacios, la dignidad frente a la adversidad, la construcción de la identidad y la necesidad de ser escuchada.

    Torrecilla no levanta la voz, no reclama, no acusa. Simplemente cuenta. Y en ese acto, aparentemente sencillo, hay una potencia enorme. Porque contar la verdad, cuando se ha vivido tanto, es ya una forma de valentía. Y porque su historia, sin adornos ni exageraciones, explica mejor que muchos discursos por qué el fútbol femenino es hoy lo que es, y por qué no se puede entender su presente sin mirar de frente a su pasado.

    Hay algo que se revela con especial claridad conforme el relato de Virginia Torrecilla avanza y se expande: su historia no necesita ser dramatizada porque ya contiene, en sí misma, todos los elementos de una tragedia clásica y de una épica moderna. Vocación temprana, oposición social, perseverancia, caída abrupta, reconstrucción y una forma de regreso que no pasa necesariamente por el lugar del que se partió. En El Cafelito, Torrecilla no se coloca nunca en el centro del escenario como heroína, pero su forma de narrarse termina ocupando ese espacio inevitablemente.

    Cuando habla del fútbol femenino actual, lo hace desde una posición que no es ni de distancia ni de pertenencia absoluta. Ya no es jugadora en activo, pero tampoco se ha desvinculado emocionalmente del todo. Observa el presente con una mezcla de orgullo y cautela. Orgullo por lo conseguido, por los avances evidentes, por la normalización progresiva de algo que durante décadas fue excepcional. Cautela porque sabe, por experiencia propia, que los procesos no son irreversibles y que las conquistas necesitan ser protegidas.

    Esa mirada larga es una de las aportaciones más valiosas de la entrevista. Torrecilla no analiza el fútbol femenino desde la teoría ni desde el debate político, sino desde la vivencia acumulada. Cuando recuerda cómo era competir sin focos, sin cámaras, sin contratos profesionales, no lo hace para reclamar un reconocimiento tardío, sino para contextualizar. Su relato funciona como una advertencia tranquila: nada de lo que hoy se disfruta fue gratuito.

    Hay un momento especialmente revelador cuando deja entrever que durante años interiorizó muchas situaciones como normales. No porque lo fueran, sino porque no existían herramientas para nombrarlas. Ese reconocimiento, formulado sin dramatismo, es clave para entender toda una época. La entrevista no convierte a Torrecilla en portavoz oficial de nada, pero sí la sitúa como testigo cualificado de un sistema que durante demasiado tiempo funcionó sin cuestionarse a sí mismo.

    La conversación también aborda, de manera indirecta, la relación entre el cuerpo y el rendimiento. En el deporte de alto nivel, el cuerpo suele ser tratado como instrumento, como recurso que se exprime hasta el límite. La enfermedad obligó a Torrecilla a mirar su propio cuerpo desde otro lugar, a escucharlo, a aceptar su fragilidad. Esa transformación aparece en la entrevista como uno de los aprendizajes más profundos. Ya no se trata de cuánto puede rendir, sino de cómo habitarlo sin violencia.

    En ese sentido, su testimonio dialoga con una conversación más amplia que atraviesa el deporte contemporáneo: la del cuidado, la salud mental, el equilibrio. Torrecilla no utiliza esos términos como consignas, pero los encarna. Habla de parar, de aceptar límites, de redefinir prioridades. Lo hace desde la experiencia, no desde el discurso aprendido.

    El tono de la entrevista nunca cae en la autocompasión. Incluso cuando aborda los momentos más duros, hay una sobriedad que resulta casi pedagógica. No hay lágrimas forzadas ni silencios teatrales. Hay una voz firme que sabe lo que ha vivido y que no necesita adornarlo. Esa contención emocional es, paradójicamente, lo que hace que el relato impacte con más fuerza.

    A lo largo de la conversación, Torrecilla demuestra una capacidad poco común para mirar atrás sin quedarse atrapada en el pasado. No reniega de lo vivido, pero tampoco se define exclusivamente por ello. Su identidad se construye desde la integración de todas esas experiencias, no desde su superación simbólica. No hay un “antes y después” tajante, sino una continuidad transformada.

    El espectador que se acerca a El Cafelito esperando una entrevista deportiva convencional se encuentra con algo distinto.

    No hay análisis tácticos ni debates sobre resultados. Hay una reflexión profunda sobre lo que significa dedicarse a un deporte que durante años no devolvía lo que exigía. Y hay, sobre todo, una reivindicación implícita del derecho a contar la propia historia con los propios tiempos.

    En el tramo final de la charla, Torrecilla no proyecta grandes discursos hacia el futuro. No anuncia cruzadas ni se coloca como referente militante. Su posición es más sutil y, por eso mismo, más poderosa. Habla desde la coherencia personal, desde la tranquilidad de haber hecho lo que podía con las herramientas que tenía en cada momento. Esa honestidad, tan poco frecuente en los relatos públicos, es uno de los grandes logros de la entrevista.

    Cuando termina la conversación, no queda la sensación de haber asistido a una despedida, sino a una especie de asentamiento. Como si Torrecilla hubiera encontrado el lugar desde el que mirar todo lo vivido sin que le pese. Ese equilibrio no se alcanza sin atravesar muchas capas de dolor, y eso se percibe en cada una de sus palabras.

    La entrevista con Josep Pedrerol no intenta cerrar nada de forma definitiva. No clausura una carrera ni inaugura otra. Simplemente fija un punto en el tiempo desde el que se puede comprender mejor una trayectoria y, por extensión, una parte fundamental de la historia reciente del fútbol femenino español. Su valor reside precisamente en esa condición de documento vivo.

    Virginia Torrecilla no habla para convencer, ni para denunciar, ni para emocionar deliberadamente. Habla porque puede hacerlo, porque ha llegado a un lugar desde el que las palabras no son urgentes ni defensivas. Y en ese gesto hay una fuerza que trasciende cualquier formato televisivo.

    Conforme el relato se prolonga y se asienta, resulta inevitable entender la entrevista como algo más que un testimonio individual. La conversación va dibujando, sin proponérselo explícitamente, un mapa emocional de una época concreta del deporte español. No porque Torrecilla hable en nombre de todas, sino porque su experiencia coincide en demasiados puntos con la de muchas otras futbolistas que crecieron y compitieron cuando el fútbol femenino era todavía un territorio sin normas claras, sin protección institucional y sin una narrativa pública que lo legitimara.

    En El Cafelito, Torrecilla no teoriza sobre desigualdad ni articula discursos políticos, pero su relato expone con precisión quirúrgica las consecuencias de esa desigualdad. Las situaciones que describe —la soledad en los vestuarios, la normalización del irrespeto, la necesidad de trabajar fuera del fútbol, la fragilidad contractual— aparecen como hechos asumidos, no como excepciones. Y es precisamente esa naturalidad la que les da gravedad. Porque lo que se cuenta no es una anomalía, sino una estructura.

    A lo largo de la entrevista se percibe que Torrecilla ha hecho un ejercicio profundo de comprensión de su propia historia. No hay contradicciones forzadas ni revisiones oportunistas. Lo que dice hoy encaja con lo que ha dicho en otros momentos, pero con una diferencia clave: ahora habla sin prisa. Esa falta de urgencia le permite detenerse en matices que antes quizá no eran visibles, incluso para ella misma. Hay una madurez narrativa que solo llega cuando el tiempo ha hecho su trabajo.

    El fútbol, en su relato, aparece muchas veces como refugio y otras tantas como espacio de tensión. Fue el lugar donde se sintió libre y también donde tuvo que soportar situaciones que hoy serían inaceptables. Esa ambivalencia no se resuelve; se acepta. Torrecilla no necesita reconciliarse con una versión ideal del deporte. Asume su complejidad, sus luces y sus sombras, y desde ahí construye una relación más sana con lo que fue su vida durante tantos años.

    Uno de los aspectos más poderosos de la entrevista es la manera en que Torrecilla habla del miedo. No solo del miedo a la enfermedad, sino del miedo anterior: el miedo a no encajar, a no ser aceptada, a no tener futuro. Es un miedo silencioso, persistente, que acompañó su carrera mucho antes del diagnóstico médico. Al ponerlo en palabras, sin dramatismo, lo convierte en una experiencia compartible, reconocible para muchas personas que han tenido que abrirse camino en entornos que no estaban pensados para ellas.

    La enfermedad, paradójicamente, aparece como el punto que detiene esa huida constante hacia adelante. El cuerpo dice basta y obliga a mirar de frente lo esencial.

    Torrecilla habla de ese momento como un corte radical, pero no como una ruptura con su identidad. El fútbol no desaparece, pero deja de ocupar todo el espacio. En El Cafelito, esa transformación se percibe como uno de los aprendizajes más profundos de su vida, incluso más que cualquier logro deportivo.

    Hay una honestidad notable cuando reconoce que no siempre fue fuerte, que hubo miedo, cansancio, fragilidad. En un mundo deportivo que glorifica la resistencia sin fisuras, escuchar a alguien hablar así tiene un valor especial. No hay épica del sufrimiento, sino reconocimiento de la vulnerabilidad como parte inevitable de la experiencia humana. Esa perspectiva no resta grandeza a su historia; la amplía.

    La entrevista también deja claro que Torrecilla no busca controlar cómo será recordada. No insiste en fijar un legado ni en definir su lugar en la historia. Esa renuncia a la autopromoción es, en sí misma, una forma de coherencia. Su historia queda ahí, disponible, sin instrucciones de uso. Cada cual puede leerla desde su propia experiencia.

    El papel de Pedrerol, en este punto, vuelve a ser relevante por lo que no hace. No intenta conducir el relato hacia una conclusión cerrada, no resume, no interpreta por ella. Permite que la conversación se apague de forma natural, como se apagan las charlas importantes: sin una frase final perfecta, pero con la sensación de que algo ha quedado claro.

    Y lo que queda claro, cuando la entrevista termina, es que Virginia Torrecilla representa una forma de entender el deporte que no siempre tiene espacio en los focos. Una forma basada en la perseverancia silenciosa, en la dignidad cotidiana, en la capacidad de resistir sin convertirse en estatua. Su historia no necesita ser mitificada porque ya es significativa tal y como es.

    La conversación en El Cafelito no pretende cambiar nada de forma inmediata, pero deja una huella profunda. Funciona como un recordatorio de que el deporte no se construye solo con victorias, sino con trayectorias. Que detrás de cada avance hay historias largas, complejas, a menudo incómodas. Y que escucharlas es una forma de justicia.

    Virginia Torrecilla no se despide del fútbol en esta entrevista, pero tampoco se aferra a él. Habla desde un lugar de equilibrio poco común, desde una serenidad conquistada. Esa posición le permite mirar atrás sin nostalgia tóxica y mirar adelante sin ansiedad. Es, quizás, el mayor triunfo de su recorrido.

    La épica de esta entrevista no está en el tono ni en la puesta en escena. Está en la acumulación de verdad. En la coherencia entre lo vivido y lo contado. En la valentía tranquila de quien decide hablar cuando ya no necesita demostrar nada.

    Y por eso esta conversación permanece. Porque no grita, no exagera, no dramatiza. Simplemente existe. Y en esa existencia, tan humana y tan real, explica mejor que muchos discursos qué ha sido, qué es y qué puede llegar a ser el fútbol femenino contado desde dentro.

    Cuando la cámara se apaga y el café se enfría, lo que permanece no es una frase brillante ni un titular diseñado para circular rápido, sino la sensación de haber escuchado algo que necesitaba tiempo para ser dicho. La entrevista entre Virginia Torrecilla y Josep Pedrerol no deja una consigna ni una conclusión cerrada; deja un poso. El de una vida atravesada por el fútbol, por la desigualdad, por la enfermedad y por una reconstrucción que no busca aplauso. Torrecilla no se erige en símbolo por voluntad propia, pero termina siéndolo porque su historia condensa muchas otras que durante años no tuvieron voz ni espacio.

    Su relato no reclama compasión ni reconocimiento tardío. Reclama memoria. Memoria de cómo se jugaba cuando no había focos, de cómo se resistía cuando no había estructura, de cómo se seguía adelante cuando el cuerpo y el entorno decían basta. En ese ejercicio de memoria hay una forma de justicia silenciosa, una reparación que no pasa por el homenaje ni por la épica impostada, sino por la escucha atenta.

    La conversación en El Cafelito no busca cerrar una etapa ni abrir otra. Se sitúa en un punto de equilibrio poco habitual, desde el que se puede mirar el pasado sin idealizarlo y el presente sin darlo por garantizado. Torrecilla habla desde la serenidad de quien ha atravesado lo peor y ha aprendido a vivir sin urgencias, sin la necesidad constante de demostrar. Y esa serenidad, conquistada a fuerza de golpes, es quizá su mayor legado.

    Cuando todo termina, queda una certeza difícil de ignorar: el fútbol femenino no se explica solo con resultados, audiencias o contratos. Se explica con historias como esta, largas, complejas, a veces incómodas, profundamente humanas.

    Escucharlas no es un gesto de nostalgia, sino una obligación con el presente y una responsabilidad con el futuro.

    Virginia Torrecilla es, por encima de cualquier etiqueta deportiva, un ejemplo de superación tras reponerse de un tumor cerebral que alteró por completo su vida y su carrera. No lo es por haber regresado a competir ni por la dimensión pública de su historia, sino por la manera en que afrontó la enfermedad, aceptó la fragilidad y reconstruyó su identidad sin renunciar a lo que fue. Su testimonio no glorifica el sufrimiento ni lo convierte en espectáculo; lo humaniza.

    Y en ese gesto, sereno y honesto, reside la verdadera fuerza de su historia.

    Virginia Torrecilla no levanta la voz ni pide permiso. Cuenta. Y al hacerlo, deja constancia de algo esencial: que la dignidad también juega partidos largos, que hay victorias que no aparecen en los marcadores y que algunas entrevistas, como algunas vidas, no necesitan más ruido para quedarse.

    En uno de los momentos más distendidos de la conversación, Josep Pedrerol le preguntó directamente si era del Barcelona, una cuestión casi inevitable por su pasado como jugadora azulgrana. Virginia Torrecilla respondió con naturalidad y sin titubeos que no, que su sentimiento deportivo está ligado al Atlético de Madrid. La respuesta, sencilla y sin necesidad de matices, cerró la entrevista con una nota de identidad clara y honesta, coherente con todo su relato: el de una futbolista que ha pasado por grandes clubes, pero que habla siempre desde la verdad de su recorrido personal y emocional.

    Queda claro así que la internacional absoluta por España jamás olvidará lo que la entidad que preside Lola Romero hizo por ella durante su enfermedad.

    Ver la entrevista aquí |

    https://youtu.be/3QZo0ilU2KA?si=beuYpP4m7VJ_h0Ez

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Oficial | La Liga F y Panini presentan la colección de cromos 2025/2026

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️ Liga F y PANINI han presentado este martes el álbum oficial de cromos de Liga F Moeve 2025/2026, una colección que alcanza su cuarta edición consecutiva y que se ha consolidado como una referencia imprescindible del fútbol femenino en España. El acto contó con la presencia de Beatriz Álvarez, presidenta de Liga F, Lluís Torrent, director general de PANINI en España, y una amplia representación de futbolistas: Eunate Astralaga, Claudia Florentino, Sheila Guijarro, Poljak, Estefanía Banini, María de Alharilla, Patri Gavira, Lauri Requena, Ainoa Campo, y Belén Martínez.

    Desde la creación de Liga F como primera liga profesional de fútbol femenino en nuestro país, el álbum oficial de PANINI ha acompañado de forma paralela el crecimiento de la competición, convirtiéndose en un reflejo de su evolución, de la profesionalización del campeonato y del papel protagonista de sus futbolistas. Liga F Moeve se ha consolidado como referente a nivel nacional e internacional, siendo según la FIFA la tercera mejor liga del mundo en su informe Global Bechmarking Report, por detrás de la inglesa y de la estadounidense y continúa ampliando su base de aficionados, su visibilidad mediática y su impacto social.

    El evento estuvo conducido por la periodista Andrea Segura que dio paso a la presentación de las principales novedades de esta edición y los protagonistas de este. La presidenta de Liga F, Beatriz Álvarez, destacó que “este álbum refleja el momento que vive nuestra competición: una liga en crecimiento, referente a nivel internacional y con futbolistas que ya son inspiración para miles de niñas y niños”. Además, la máxima mandataria de la competición subrayó el valor de la alianza con PANINI como “un compañero de viaje fundamental para seguir acercando el fútbol femenino a la afición y poner en valor el talento de nuestras jugadoras”, y agradeció la presencia de las futbolistas como “el gran altavoz que hay en Liga F porque el fútbol femenino no es una moda. Ha llegado para quedarse”.

    Por su parte, el director general de PANINI en España, Lluís Torrent, puso en valor la evolución de la colección, que alcanza ya su cuarta edición, y presentó las principales novedades del álbum 2025/2026. “Es el cuarto año seguido que presentamos esta colección. Quiero resaltar nuestro compromiso para colaborar en el crecimiento de la competición. Queda camino, pero liga y PANINI vamos a continuar juntos”, afirmó. Una colección que cuenta con 48 páginas y 432 cromos base, y que incorpora nuevas series especiales como ENERGY MOEVE, dedicada a las 27 jugadoras ‘top’ del campeonato; FLOW, con los fichajes más destacados de la temporada; y FEELING, que rinde homenaje a las duplas más icónicas de la liga.

    El álbum mantiene las ya consolidadas series como FRESH, con las jóvenes promesas; PREMIUM, con un once de gala; y MAXIPREMIUM, en homenaje a Aitana Bonmatí, la triple Balón de Oro. Además, y como novedad más destacada de esta nueva temporada, cada equipo cuenta con una jugadora protagonista dentro de la colección regular, representada con un cromo de material especial, y todos los clubes cuentan con una futbolista en la portada del álbum. Precisamente, las jugadoras de Liga F, las grandes protagonistas de la competición fueron también las verdaderas protagonistas del acto.

    El acto contó con la amplia presencia de diez jugadoras. La capitana del Levante UD, María de Alharilla, fue la primera en intervenir confesando cómo hace junto a sus hijos la colección. “Es una pasada. Sentirte un poquito más profesional son estas cosas. Nunca me imaginaba poder abrir un sobre y que saliera yo”, afirmó. La guardameta de la SD Eibar e internacional con la Selección española, Eunate Astralaga, valoró su cromo especial. “Yo hacía colecciones, y jamás me había imaginado hacer una colección y tener un cromo especial”. Y, Claudia Florentino, central de la Real Sociedad confesó cual es el cromo que más le ha costado conseguir. “Mucho orgullo e ilusión de que los niños crezcan con nosotras como referentes”, respondió.

    También estuvo presente Patri Gavira, defensa del Costa Adeje Tenerife, que expresó su satisfacción por todo el apoyo que están teniendo de la afición tinerfeña. “Hemos dado un paso importante jugando esta temporada en el Heliodoro. Tenemos una afición increíble”, valoró. Por su parte, Ainoa Campo, centrocampista del RCD Espanyol, confesó que “me haría especial ilusión encontrar el cromo de Amaia Martínez, que es mi compañera de piso y es como mi hija”, mientras que la delantera del Alhama ElPozo, Belén Martínez, confesó su ilusión por salir en la colección. “Somos un equipo muy humilde y verte compitiendo contra campeonas del mundo es un orgullo. De pequeña coleccionaba los cromos de hombres y antes era impensable que las mujeres pudieran salir en una colección”.

    Tampoco faltó al acto la capitana del Granada CF, Lauri Requena, que se emocionó al hablar de la importancia de ser una referente para las más pequeñas. “Todos mis familiares son fans. No hay manera más bonita de dar visibilidad que salir en un cromo”. Y, la defensa del Madrid CFF, Allegra Poljak, no dudó en contar cómo vivió cuando le dijeron que iba a ser portada del álbum. “Me puse muy feliz cuando me dijeron que salía en la portada. En Serbia no existen cromos, y yo cuando puedo llevo a mi casa”. El FC Badalona Women también tuvo representación con la centrocampista Estefanía Banini, que confesó “que siempre preguntan en Argentina por esta colección. Llevo un álbum al que me haga el mejor asado”. Por último, Sheila Guijarro, delantera del Atlético de Madrid declaró que “es un orgullo ver como avanza el fútbol femenino y poder llevarnos estos recuerdos”.

    La colección oficial de cromos ya está a la venta con el pack de lanzamiento con el álbum y cuatro sobres reafirmando el compromiso de PANINI y Liga F con el crecimiento del fútbol femenino. Ambas entidades siguen trabajando en busca de crear un proyecto común donde las futbolistas continúen siendo referentes para las más pequeñas en una competición que no para de crecer.

    Además, Lluis Torrent, en nombre de Panini, quiso recordar que todas las colecciones se pueden terminar, haciendo falta únicamente redactarles un escrito con aquellos cromos que nos resten para llenar el álbum.

  • Oficial | María José se marcha del Tenerife

    (Fuente: Costa Adeje Tenerife Egatesa)

    🟫 El buque insignia azul y blanco se marcha para afrontar nuevos retos profesionales.

    Ha saltado la sorpresa en el Heliodoro Rodríguez López amén del acuerdo alcanzado entre el Club Deportivo Tenerife Femenino y María José Pérez González para llevar a término su desvinculación del Costa Adeje Tenerife Egatesa.

    (Fuente: Costa Adeje Tenerife Egatesa)

    La operación ha sorprendido a propios y extraños ya que la dorsal número diecisiete tenía contrato en vigor con la insulares hasta el próximo 30 de junio de 2026.

    La canterana del Centre d’Esports Sabadell es una auténtica leyenda viva de las guerreras y parte del escudo de la entidad que preside Sergio Batista, sin lugar a dudas.

    La veterana ariete nació en Santa Cruz de Tenerife en 1984 y entiende perfectamente lo que significa el representativo canario al que llegó en 2013.

    (Fuente: Costa Adeje Tenerife Egatesa)

    Desde entonces, su nombre quedó ligado de manera inseparable al crecimiento de la entidad, convirtiéndose en una pieza clave del proyecto desde sus cimientos y en una futbolista irrepetible para varias generaciones de aficionados y jóvenes futbolistas que crecieron viendo a la futbolista natural de Añaza.

    (Fuente: Laliga)


    Uno de los capítulos imborrables de esta historia se escribió en junio de 2015. En una eliminatoria decisiva para el ascenso a la máxima categoría, donde se superó al Real Betis en una fecha ya histórica para el club. Mari Jose fue protagonista absoluta, firmando tres goles en los dos partidos, guiando al equipo hacia un ascenso que marcó un antes y un después en el fútbol femenino canario.


    Desde aquel logro, María José Pérez defendió la camiseta blanquiazul en Primera División de manera ininterrumpida, con la única excepción de la temporada 2016/17, en la que militó en el Levante UD. A su regreso, volvió a ser faro y referencia dentro y fuera del terreno de juego, acumulando más de 300 partidos oficiales con el Costa Adeje Tenerife y convirtiéndose en la máxima goleadora histórica del club gracias a 92 dianas, casi nada.

    (Fuente: Costa Adeje Tenerife Egatesa)

    Más allá de los números, su legado se mide en liderazgo, profesionalidad y amor por unos colores. Desde su llegada en 2013, Mari Jose ha sido fundamental en la consolidación del proyecto deportivo, formando parte del camino que llevó al equipo hasta la actual Liga F Moeve, y demostrando en cada momento su máximo respeto y amor por esta profesión, convirtiéndola en una futbolista legendaria.


    Por cuestiones de agenda deportiva, será la próxima semana cuando María José Pérez y el presidente de la entidad, Sergio Batista, ofrecerán una rueda de prensa conjunta para despedir ante los medios de comunicación para a una futbolista que ha escrito para la eternidad su nombre en la historia del fútbol femenino de la isla y del archipiélago.
    La entidad blanquiazul se despide de una jugadora que ha sido mucho más: ha sido identidad, ejemplo y orgullo para el club, para Tenerife y para Canarias.

    Su huella permanecerá para siempre en la historia blanquiazul y desde el club se le desea la mayor de las suertes tanto en lo personal como en lo profesiones.

    Habrá que estar muy pendientes de las redes sociales de la exjugadora del Puebla Extramadura (2006-2008) para saber que camiseta vestirá a sus 41 años, pues aún tiene mucho fútbol en sus botas.

    (Fuente: Getty imágenes )

  • Reportaje | El discípulo que se convirtió en maestro: Herrera ante el Atlético de Madrid, contado por quien lo formó

    (Fuente: Atlético de Madrid)

    🟫 No habló durante meses. Observó en silencio cómo el nombre de José Herrera ascendía desde los márgenes del análisis hasta el centro exacto del foco rojiblanco. Y cuando el Atlético de Madrid —tricampeón de la Liga F Moeve, bicampeón de la Copa de la Reina Iberdrola, institución sin tiempo para el aprendizaje— anunció a su nuevo entrenador, Francis Díaz decidió hacerlo. Por primera vez. Con matices, con memoria, con afecto y con una advertencia implícita. El Partido de Manu accede en exclusiva a las primeras palabras públicas del mentor que mejor conoce al técnico que hoy se sienta en uno de los banquillos más exigentes del fútbol femenino europeo.

    (Fuente: Atlético de Madrid)

    Hay entrenadores que nacen en la pizarra y otros que se forjan en el ruido. José Herrera pertenece, sin discusión, a la primera estirpe. Su llegada al Atlético de Madrid no es la culminación de una carrera lineal, sino el punto de máxima exposición de un recorrido silencioso, casi subterráneo, marcado por el análisis exhaustivo, la obsesión táctica y una fe casi académica en el plan. Por eso, quizá, las primeras palabras que mejor lo definen no proceden de un comunicado oficial ni de una sala de prensa abarrotada, sino de alguien que lo vio crecer cuando todavía no había foco, ni urgencia, ni escudos que pesaran toneladas.

    Francis Díaz lo tuvo a su lado. No como rival, no como observador externo, sino como segundo entrenador. Como analista primero, como apoyo después, como pupilo siempre. Compartieron vestuario, sesiones interminables de vídeo, derrotas que dolieron más de lo previsto y una experiencia muy rica para el ex del Betis que, en exclusiva para este medio, ha roto su silencio.

    El método del heredero: Francis Díaz rompe su silencio para ensalzar a José Herrera, nuevo entrenador del Atlético de Madrid.

    José Herrera no llega al Atlético de Madrid por impulso ni por coyuntura. Llega por convicción. Por una trayectoria construida con paciencia, método y una comprensión profunda del juego que se fue gestando lejos de los focos, en el lugar donde se forman los entrenadores que entienden el fútbol como una ciencia aplicada. Así lo describe Francis Díaz, director técnico y ex del Betis, que tuvo a Herrera como su segundo cuando ambos militaban en el equipo azul y blanco y que ahora observa, con orgullo contenido, cómo su pupilo alcanza la primera línea.

    “Es un entrenador metódico, con mucho perfil analista”, resume Díaz, y en esa frase se condensa una identidad. Herrera pertenece a una generación de técnicos que no improvisan el éxito, que lo construyen. Que creen en el plan como punto de partida y en la preparación como ventaja competitiva. Su fútbol nace antes del partido, en el estudio minucioso del rival, en la detección de patrones, en la anticipación de escenarios.

    Para Díaz, esa es una de sus grandes fortalezas. Herrera diseña los partidos con una profundidad poco habitual, apoyándose en el análisis exhaustivo del oponente y en la capacidad de adaptar sus ideas a cada contexto competitivo. No hay soluciones universales en su libreto. Hay respuestas específicas. Y eso, en el fútbol moderno, marca la diferencia.

    “Basa sus planes de partido en mucho análisis rival”, insiste, subrayando una virtud que encaja de lleno con la exigencia actual del Atlético de Madrid. Un club que pelea hasta el final en todas las competiciones, que se enfrenta a rivales cada vez más preparados y que necesita entrenadores capaces de reducir el margen de error al mínimo. Herrera ofrece eso: control, orden, claridad estratégica.

    Pero su perfil no se agota en la pizarra. Díaz también pone en valor su crecimiento humano dentro del cuerpo técnico, su capacidad para integrarse en dinámicas complejas y su evolución progresiva en la gestión diaria. “En la gestión de vestuario tiene un nivel medio”, explica, y lo hace desde una lectura constructiva, entendiendo ese punto como una base sólida sobre la que seguir creciendo. Herrera no llega al Atlético como un técnico inmaduro, sino como alguien que ya ha vivido procesos reales, que ha compartido vestuarios exigentes y que entiende la importancia del equilibrio interno.

    Su recorrido profesional ha sido coherente. Lento, quizá, para los estándares de un fútbol que a menudo quema etapas, pero profundamente formativo. Durante años fue analista, observador privilegiado del juego, alguien que aprendió a leer el fútbol desde la distancia, desde el detalle. Esa etapa le permitió adquirir una comprensión global que hoy forma parte de su ADN como entrenador.

    Y cuando llegó el momento de dar el paso fuera, de asumir responsabilidades mayores, Herrera lo hizo sin atajos. La experiencia no fue sencilla, pero sí formativa. Para Díaz, ese periodo resultó clave en su evolución. Le permitió contrastar ideas, enfrentarse a contextos distintos y fortalecer su carácter profesional. Cada paso, incluso los más complejos, sumó.

    “Espero que le haya servido para mejorar algunos factores importantes”, apunta Díaz, con la serenidad de quien sabe que el aprendizaje real rara vez es inmediato. Herrera llega ahora al Atlético con una mochila cargada de conocimiento, con vivencias que lo han preparado para un entorno de máxima exigencia y con la humildad necesaria para seguir creciendo.

    El club rojiblanco, con tres Ligas y dos Copas en su palmarés reciente, no se entrega a la improvisación. Su apuesta por Herrera responde a una lectura estratégica: la necesidad de un entrenador capaz de sostener la competitividad desde el método, de preparar cada partido con rigor y de dotar al equipo de una identidad reconocible incluso en los momentos de mayor presión.

    Francis Díaz lo tiene claro. El José Herrera que hoy se sienta en el banquillo del Atlético no es solo su antiguo segundo. Es un entrenador hecho, preparado y listo para asumir uno de los mayores desafíos del fútbol femenino español. Un estratega que ha aprendido desde abajo y que ahora tiene la oportunidad de demostrarlo en la cima.

    Esta es la primera fotografía. La del elogio, la del reconocimiento y el origen, aunque Francis reconoce que el Atlético es un club histórico y como tal exigente.

    No es una crítica devastadora. Es una advertencia honesta. Porque Díaz no habla desde la distancia, sino desde la experiencia compartida en la ambos vivieron una etapa el representativo canario que fue muy bueno y que apunto estuvo de acabar en una plaza europea que hubiera sido única, pero el proyecto no terminó de consolidarse ante la fuerza de tres grandes transatlánticos como el Atlético de Madrid, el Barcelona o el Real Madrid, que disponen de mayor poderío financiero.

    “Espero que le haya servido para mejorar algunos factores importantes”, confiesa Díaz. Y en esa frase hay algo más que deseo. Hay convicción. La sensación de que el aprendizaje llegó por la vía más dura, pero llegó y que, a fin de cuentas, José está delante del desafío más importante, pero se encuentra listo para brillar.

    El Atlético de Madrid es un club que vive en la frontera constante entre la exigencia interna y la expectativa externa. Que ha construido una identidad ganadora en el fútbol femenino español. Que ha sabido reinventarse tras cada ciclo, pero siempre desde la ambición. Y que ahora deposita su confianza en un entrenador que no responde al perfil clásico del líder carismático, sino al del estratega meticuloso.

    José Herrera no llega para revolucionar el relato, sino para intervenir en la estructura. Para ordenar. Para optimizar. Para competir desde el detalle. Su reto no será tanto diseñar planes de partido brillantes —eso ya lo sabe hacer— como aprender a leer lo que el plan no puede prever. El gesto de una futbolista. El bajón anímico tras un gol encajado. El momento exacto en el que el partido exige romper el guion.

    Ahí se jugará su credibilidad, pero Francis Díaz no duda en el veredicto global. “En resumen, buen estratega, pero debe mejorar en lecturas y comprensión del juego”. No hay condena. Hay diagnóstico. Y quizá, también, una forma de protección. Porque decirlo ahora, antes del primer partido, es una manera de situar el debate en el lugar correcto. No en la expectativa irreal, sino en el proceso real.

    Que nadie espere de Herrera un entrenador de gestos grandilocuentes o discursos inflamados. Su fútbol nace en la pantalla, en el análisis, en la repetición. Pero si algo aprendió en el camino —y si algo espera Francis Díaz que haya aprendido— es que el fútbol de élite no se gana solo con preparación. Se gana interpretando el caos.

    El Atlético de Madrid le ofrece el escenario definitivo para demostrarlo. Un banquillo con historia reciente, con títulos, con presión. Un club que no perdona la duda, pero que recompensa la convicción. Herrera llega con el respeto interno del trabajo bien hecho y con la incógnita externa de su capacidad de adaptación.

    Esta es solo la primera capa del relato. La voz del mentor, el origen del técnico que ha recogido el fruto de mucho esfuerzo al desembarcar en Alcalá de Henares.

    La historia, como el partido, acaba de empezar y este reportaje, como todo buen partido de fútbol se detiene temporalmente aquí, pero aún queda la segunda parte, que no llegará hasta después de su debut como colchonero ante el Granada Club de Fútbol este próximo 31 de enero de 2026.

  • Oficial | La Liga F retransmitirá la presentación del nuevo álbum de cromos

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🔵 La presentación de la Colección oficial de cromos de PANINI de Liga F Moeve se podrá seguir en directo a través del canal oficial de YouTube de la competición. Una puesta en escena que contará con la presencia de Beatriz Álvarez, presidenta de la competición, Lluís Torrent, director general de PANINI en España, y diez futbolistas.

    (Fuente: Liga F)

    La cuarta edición de la Colección de Cromos de Liga F Moeve, que ya está a la venta en kioscos, puntos de venta autorizados y online en la web oficial de PANINI, se presentará de manera oficial este próximo martes, 27 de enero de 2026, a las 17:00 horario peninsular , en un acto que tendrá lugar en la sede de Liga F y que se podrá seguir en directo a través del canal de YouTube de la competición. El evento contará con la presencia de Beatriz Álvarez, presidenta de Liga F, Lluís Torrent, director general de PANINI en España, representantes de los clubes y diez futbolistas ya confirmadas: Eunate Astralaga, guardameta internacional de la SD Eibar, Claudia Florentino, defensa de la Real Sociedad, Sheila Guijarro, delantera del Atlético de Madrid, Allegra Poljak, defensa del Madrid CFF, Estefanía Banini, centrocampista del Badalona Women, María de Alharilla, defensa del Levante UD, Patri Gavira, el cerrojo del Costa Adeje Tenerife, Lauri Requena, delantera del Granada CF, Ainoa Campo, centrocampista del RCD Espanyol, y Belén Martínez, atacante del Alhama ElPozo. 

    El acto, que estará conducido por la periodista y narradora de los partidos de Liga F, Andrea Segura, pondrá en valor el respaldo constante de PANINI para el crecimiento del fútbol femenino profesional y la labor de Liga F para convertirse en una competición referente a nivel nacional e internacional.

    Este nuevo álbum cuenta con 48 páginas y 358 cromos. La Colección de Cromos llega con muchas novedades para los coleccionistas, con nuevas series especiales y protagonistas destacadas de cada club, buscando darles el valor que se merecen. Como novedad, todos los clubes están representados en la portada con una futbolista y, además, del cromo individual de las jugadoras, el de los entrenadores y datos estadísticos, esta edición también presenta series de cromos especiales. Una puesta en escena que será el pistoletazo de salida para continuar una temporada más con este vínculo entre PANINI y Liga F de inmortalizar a las estrellas de la competición en cada cromo.

    La colección oficial de cromos Panini de la Liga F se ha consolidado en las últimas temporadas como uno de los productos más representativos del crecimiento, la visibilidad y la normalización del fútbol femenino profesional en España. No se trata únicamente de un álbum de cromos, sino de una herramienta cultural y emocional que permite a aficionados, familias y seguidores del deporte femenino participar activamente en la construcción de memoria colectiva de la competición. Coleccionar la Liga F es, en esencia, una forma de reconocer a las futbolistas, a los clubes y a la propia liga como protagonistas de primer nivel del deporte español, trasladando al formato Panini —históricamente ligado al fútbol masculino— una experiencia que durante décadas fue demandada por el público.

    Hacer la colección comienza con la adquisición del álbum oficial Panini de la Liga F, editado con licencia oficial de la Liga Profesional de Fútbol Femenino. El álbum está diseñado con un cuidado especial en lo visual y lo narrativo, incorporando no solo los espacios para los cromos de jugadoras y cuerpos técnicos, sino también textos explicativos, datos de contexto, imágenes institucionales y una estructura que refuerza la identidad de cada club. Cada uno de los equipos que compiten en la Liga F cuenta con su sección propia, donde aparecen las futbolistas de la plantilla, el escudo, el entrenador o entrenadora y, en algunos casos, cromos especiales dedicados a referentes del vestuario o a jugadoras jóvenes llamadas a marcar época. Este planteamiento convierte el álbum en una especie de anuario oficial de la temporada, con valor más allá del propio acto de coleccionar.

    Una vez se dispone del álbum, el siguiente paso es la compra de sobres de cromos. Los cromos de la Liga F se comercializan en sobres cerrados, cada uno con varios cromos en su interior, que se distribuyen de forma aleatoria. Estos sobres pueden adquirirse en quioscos, librerías, tiendas especializadas, grandes superficies y también a través de la tienda online oficial de Panini. El precio del sobre suele situarse en una franja accesible, pensada para un consumo progresivo, lo que permite que la colección se vaya completando poco a poco, fomentando la continuidad y la ilusión semana a semana. Además de los sobres individuales, Panini ofrece packs de inicio, blísteres con varios sobres, cajas completas y promociones puntuales que facilitan arrancar la colección con una base sólida de cromos.

    A medida que se abren sobres y se pegan cromos en el álbum, aparece uno de los elementos fundamentales de cualquier colección Panini: los cromos repetidos. En la colección de la Liga F, este aspecto adquiere un valor especialmente social, ya que fomenta el intercambio entre aficionados y aficionadas que comparten un interés común por el fútbol femenino. Intercambiar cromos no solo es una manera eficaz de completar el álbum sin disparar el gasto, sino también una forma de generar comunidad en torno a la liga. En colegios, clubes, familias, encuentros organizados y grupos en redes sociales, el intercambio se convierte en una extensión natural del consumo del producto y refuerza el sentimiento de pertenencia a un movimiento que acompaña el crecimiento de la Liga F.

    Desde el punto de vista económico, completar la colección de cromos de la Liga F supone una inversión variable, que depende de factores como el número total de cromos de la edición, la suerte en la apertura de sobres, la intensidad del intercambio y la adquisición puntual de cromos sueltos para cerrar el álbum. Panini no establece un coste cerrado para completar la colección, ya que el sistema de distribución es aleatorio, pero sí ofrece herramientas para optimizar el proceso, como la posibilidad de adquirir cajas completas de sobres o packs promocionales. En cualquier caso, el valor de la colección no se mide únicamente en términos económicos, sino en la experiencia acumulada durante el proceso y en el significado simbólico de dar visibilidad a una competición que sigue creciendo temporada tras temporada.

    Uno de los elementos más atractivos y diferenciales de la colección de la Liga F es la incorporación de promociones y recompensas oficiales, entre las que destaca la posibilidad de conseguir el balón oficial de la Liga F, uno de los objetos más deseados por las y los aficionados. Este balón, idéntico al que se utiliza en los partidos oficiales de la competición, representa un premio de alto valor emocional, ya que conecta directamente el acto de coleccionar con la práctica real del fútbol. Panini articula el acceso a este tipo de premios a través de campañas promocionales específicas que se desarrollan durante el periodo de vigencia de la colección.

    El funcionamiento habitual de estas promociones se basa en la aparición de códigos, letras o elementos especiales impresos en el reverso de determinados cromos. A lo largo de la colección, el coleccionista puede ir reuniendo estas letras hasta completar una palabra clave establecida por Panini para esa temporada. Una vez se consigue dicha combinación, el participante debe seguir las instrucciones oficiales de la promoción, que normalmente implican el registro en una plataforma digital o el envío de los datos solicitados dentro del plazo establecido en las bases legales. Cumplidos estos pasos, se accede a sorteos o sistemas de premios entre los que se encuentra el balón oficial de la Liga F, además de otros artículos vinculados al fútbol femenino.

    Este sistema de recompensas añade una capa adicional de emoción y convierte la colección en una experiencia activa, donde cada sobre abierto puede tener una doble importancia: avanzar en el álbum y acercarse a un premio exclusivo. Para el público infantil y juvenil, pero también para coleccionistas adultos comprometidos con el fútbol femenino, la posibilidad de ganar el balón oficial refuerza la conexión emocional con la liga y prolonga el interés por la colección durante toda la temporada. No es solo coleccionar por completar, sino coleccionar para participar, para sentirse parte de algo más grande.

    En conjunto, la colección de cromos Panini de la Liga F es una propuesta que combina tradición, pedagogía deportiva, consumo cultural y reivindicación. Es una forma de apoyar la liga, de poner nombre y rostro a sus protagonistas y de construir un relato compartido que acompaña el desarrollo del fútbol femenino profesional en España. Comprar sobres, intercambiar cromos, seguir las promociones y aspirar a recompensas como el balón oficial no es únicamente una actividad lúdica: es una manera de implicarse, de consumir deporte femenino y de contribuir a que la Liga F tenga el espacio que merece también en los rituales clásicos del fútbol.

    Y todo este recorrido, que empieza con la apertura de un sobre y termina con un álbum lleno de nombres, escudos y recuerdos, tiene además un punto de encuentro imprescindible que ningún aficionado o aficionada a la Liga F debería perderse. La presentación oficial de la colección, el acto en el que se pone rostro, voz y contexto a este proyecto, es también una declaración de intenciones sobre el presente y el futuro del fútbol femenino profesional en España. Por eso, seguir en directo a través del canal oficial de YouTube de la Liga F —la patronal presidida por Beatriz Álvarez, una de las figuras clave en el impulso institucional y mediático de la competición— no es un simple complemento, sino una parte fundamental de la experiencia. Es ahí donde se explica el sentido de la colección, donde se visibiliza a las protagonistas y donde se refuerza el mensaje de que la Liga F es una realidad sólida, ambiciosa y en constante crecimiento.

    Estar ahí, verlo, compartirlo y difundirlo es también una forma de apoyar a la liga, a sus clubes y a sus futbolistas. Porque coleccionar la Liga F no acaba al pegar el último cromo: continúa siguiendo sus pasos, acompañando sus hitos y formando parte activa de todo lo que representa.

    Link a la presentación |

    https://www.youtube.com/live/h5o_ASyKS1c?si=-8Ps73u9iHvFM1M8

  • Oficial | GSK y el Consejo General de Enfermería celebran ‘Conversaciones que nos cuidan’ un encuentro para poner en valor la prevención y la información en salud

    🟫 La compañía presenta su nuevo portal de información para población general, con colaboración de profesionales sanitarios y entidades de distintos ámbitos, ‘Cuídate con GSK’, enfocado en la información y la prevención. Con motivo de su puesta en marcha, asociaciones de pacientes y profesionales de Enfermería abordan en una serie de vídeos los principales retos de convivir con enfermedades crónicas, el rol de enfermeras y enfermeros en la difusión de información fiable, así como los avances en el cuidado oncológico.

    GSK, en colaboración con el Consejo General de Enfermería (CGE), ha celebrado el evento ‘Conversaciones que nos cuidan’ para analizar de forma cercana y rigurosa los desafíos que afrontan en su día a día las personas que conviven con diferentes enfermedades. Una jornada que ha reunido a profesionales de Enfermería, pacientes y asociaciones; y durante la que se ha presentado el nuevo portal de la compañía, Cuídate con GSK, un sitio web que cuenta con información veraz, accesible y práctica para conocer mejor cómo afrontar el diagnóstico de alguna enfermedad y los beneficios de adoptar hábitos de vida saludables y preventivos.

    La jornada se ha centrado en diferentes bloques temáticos que reflejan el enfoque integral del proyecto. El primero, con el foco ‘Vivir con una enfermedad’, ha contado con testimonios y reflexiones en torno al lupus y al asma, de la mano de representantes de la Federación Nacional de Lupus (FELUPUS) y la Asociación de Pacientes Asma y Alergia España; así como con Susana Fernández Sánchez, enfermera de Reumatología en el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona; y José Gómez Gómez, enfermero de Atención Primaria en el Centro de Salud de Cuéllar (Segovia). Ambas conversaciones han profundizado en la importancia del acompañamiento profesional y en el valor de entender la enfermedad para mejorar la calidad de vida de los pacientes.

    El segundo bloque, ‘Prevenir es cuidarme’, ha estado conducido por Héctor Nafría, enfermero del Instituto de Investigación Enfermera del Consejo General de Enfermería y profesional con una larga trayectoria en Oncología. Junto a un representante de la Asociación Mama y Ovario Hereditario (AMOH) abordó la relevancia de contar con un diagnóstico precoz y una adecuada educación sanitaria, tanto sobre la propia enfermedad como sobre medidas de soporte y el apoyo emocional en el proceso oncológico, la dieta, el deporte o la prevención de infecciones a través de la vacunación. A continuación, la sesión sobre ensayos clínicos reunió a expertos y pacientes en un diálogo liderado por Leticia Bueno Freire, enfermera del Instituto de Investigación Enfermera del Consejo General de Enfermería y profesional con una larga trayectoria en ensayos clínicos junto con EUPATI (Academia Europea de Pacientes sobre Innovación Terapéutica). Una mesa en la que se ofreció una mirada sobre cómo funcionan los estudios clínicos y por qué son esenciales para el avance de la investigación.

    El encuentro también contó con el espacio ‘Información de confianza para cuidarnos mejor’, un debate que ha contado con portavoces de Acción Psoriasis y Alcer. Tal y como señaló Paula Sánchez de la Cuesta, directora de Patient Advocacy & Disease Awareness en GSK, “es necesario combatir la desinformación en salud y, para conseguirlo, es clave colaborar con las asociaciones de pacientes en la difusión de contenidos fiables. Solo a través de una colaboración real podemos garantizar que la ciudadanía reciba información fiable, clara y útil”. 

    A través de esta acción, GSK y el Consejo General de Enfermería han reafirmado su compromiso sobre la importancia de la información de calidad y la formación a la hora de convivir con una enfermedad. “Las enfermeras son referentes de salud en nuestro país y es importante que los pacientes sepan que, en todos los ámbitos, hay una enfermera a quien consultar cualquier duda o problema. Somos los profesionales sanitarios más cercanos a la sociedad y siempre estamos ahí, disponibles todas las horas y todos los días del año”, asegura Florentino Pérez Raya, presidente del Consejo General de Enfermería. La nueva web de GSK reúne recursos elaborados junto a profesionales sanitarios y asociaciones de pacientes para entender mejor los aspectos de interés asociados a distintas enfermedades, resolver dudas y fomentar la prevención y el autocuidado de los pacientes. Además, ofrece materiales divulgativos, vídeos y consejos para apoyar la toma de decisiones informadas.

    “Para GSK este proyecto es la consolidación de nuestro compromiso con los pacientes y sus asociaciones, que nos inspiran y motivan en todo lo que hacemos día a día para poder contribuir a dar respuesta a sus necesidades”, ha concluido por su parte Paula Sánchez de la Cuesta, directora de Patient Advocacy & Disease Awareness en GSK. “Este nuevo portal enfocado en la prevención, además, nos permite seguir avanzando para contribuir a mejorar la salud de las personas, incluso antes de que nos convirtamos en pacientes”.

    En el desarrollo de esta iniciativa han participado numerosas asociaciones de pacientes, lo que ofrece un conocimiento multidisciplinar desde distintas patologías. Entre ellas se encuentra la Federación Nacional de Lupus (FELUPUS), las Federaciones dedicadas a las enfermedades hepáticas y renales (FNETH, ALCER), Asociaciones de enfermedades respiratorias (Asma y Alergia España), enfermedades oncológicas (AMOH) y también se ha contado con la participación de Acción Psoriasis.