Oficial | España se une para viajar a Wembley y recibir a Ucrania para cimentar la ruta mundialista

(Fuente: RFEF )

⬛️ Las 25 internacionales han llegado a Las Rozas en su segunda concentración del año para preparar los partidos ante Inglaterra y Ucrania.

Elodie García:

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La rampa de la Ciudad del Fútbol de Las Rozas volvió a llenarse de vida, de pasos firmes y maletas cargadas de sueños. No es una concentración más. No lo es cuando 25 internacionales cruzan esa puerta con la memoria reciente de haber tocado el cielo en el Mundial Femenino 2023 y con la responsabilidad —bendita responsabilidad— de defender un legado que ya es eterno. España arranca su segunda ventana del año con dos citas que no entienden de amistosos ni de transición: esto es pura élite, puro carácter competitivo, pura identidad. Inglaterra y Ucrania esperan, pero lo que se respira en este arranque es algo más profundo: una selección que no quiere dejar de ser historia en presente.

Las jugadoras fueron llegando a lo largo de la tarde, con esa mezcla perfecta entre concentración máxima y felicidad compartida. Sonrisas cómplices, abrazos largos, miradas que lo dicen todo sin necesidad de palabras. Allí estaba Alexia Putellas, símbolo de resiliencia y liderazgo; Irene Paredes, la voz de la jerarquía en defensa; Olga Carmona, eterna en el recuerdo colectivo por su zurda decisiva; y también la ilusión pura de Clara Pinedo, que vive su primera llamada como quien entra en un sueño que ya nunca quiere abandonar. Las 25 elegidas por Sonia Bermúdez representan todas las versiones posibles del talento: la experiencia, la juventud, la explosión, la pausa, la inteligencia táctica y la ambición sin límites.

España no se reúne solo para competir, se reúne para reafirmarse. Porque enfrente está Selección femenina de Inglaterra, nada menos, en el majestuoso Wembley Stadium, el escenario donde se mide la grandeza real. Más de 70.000 almas ya han asegurado su asiento para presenciar un duelo que trasciende lo clasificatorio. Es fútbol de selecciones en estado puro. Es la rivalidad moderna, el pulso entre dos potencias que se conocen, se respetan y se exigen al máximo. España llega empatada en lo alto del grupo A3, sabiendo que un golpe en Londres no solo significaría liderato, sino un mensaje directo al mundo: las campeonas siguen aquí, más vivas que nunca.

El reto no es menor. Inglaterra no es solo un rival, es una prueba de carácter. Pero esta España ha aprendido a mirar a los ojos a cualquiera. Desde la portería, con la seguridad de Cata Coll, Misa Rodríguez y Adriana Nanclares; pasando por una línea defensiva donde la contundencia de María León y la elegancia de Ona Batlle marcan el tono; hasta un centro del campo donde el balón siempre tiene sentido, con Patri Guijarro y Mariona Caldentey dictando el ritmo de un equipo que juega a reconocerse en cada pase. Y arriba, dinamita. Velocidad, desborde, gol. Salma Paralluelo como vértigo imparable, Athenea del Castillo como electricidad pura, Claudia Pina como precisión quirúrgica, y la experiencia de Esther González como garantía en los momentos decisivos.

Pero esta historia no termina en Londres. Porque el viaje continúa, porque el fútbol siempre da una segunda escena, y esa será en el Estadio Nuevo Arcángel, donde España recibirá a Selección femenina de Ucrania. Córdoba será el calor de casa, el impulso de la grada, el lugar donde cerrar esta ventana con la sensación de misión cumplida. Será el momento de reencontrarse con su gente, de sentir el latido de un país que ya no solo apoya, sino que cree firmemente en estas jugadoras.

Todo esto forma parte de un camino mucho más largo, el que conduce al Mundial Femenino 2027. Un destino que no es solo geográfico, sino simbólico. Brasil espera, pero España quiere llegar como lo que ya es: una referencia global. No basta con haber ganado. El verdadero desafío es sostenerse, reinventarse, seguir compitiendo con hambre de primer día. Y en esa mentalidad está la clave de esta concentración.

Porque si algo define a este grupo es su capacidad para convertir cada entrenamiento en una declaración de intenciones. En Las Rozas no hay rutina, hay propósito. Cada ejercicio, cada charla técnica, cada gesto forma parte de una construcción colectiva que va mucho más allá de los nombres propios. Es una selección que juega, sí, pero también representa. Que compite, pero también inspira.

Y ahora, con Wembley en el horizonte, con 70.000 gargantas preparadas para rugir, con el mundo mirando, llega el momento de demostrar que este equipo no entiende de límites. Que la historia no se contempla, se continúa. Que ser campeonas no es un recuerdo, es una exigencia diaria.

Diría Manu López, en ese tono inconfundible que convierte el fútbol en emoción pura, que hay noches que no se juegan… se sienten. Y esta es una de ellas. España no salta al campo solo a ganar un partido. Salta a defender una identidad, una bandera y una forma de entender el fútbol que ya ha conquistado el mundo. Que nadie lo dude: cuando estas 25 caminan juntas, no hay estadio lo suficientemente grande para frenar su ambición. Wembley será testigo. Y el fútbol, una vez más, tendrá que rendirse ante ellas.

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