Oficial | España viajará a Córdoba sin margen de error

(Fuente: RFEF)

⬛️ España se juega mucho más que tres puntos en Córdoba. La selección dirigida por Sonia Bermúdez afronta el duelo ante Ucrania con la urgencia de no fallar, en un escenario donde cada detalle puede marcar el rumbo del grupo. Sin margen de error, y con la presión de responder ante su afición, el combinado nacional está obligado a imponer su identidad, recuperar su mejor versión y convertir la exigencia en una declaración de intenciones: seguir mandando en Europa pasa por no conceder ni un solo paso atrás.

(Fuente: “El Partido de Manu”)

La derrota en el mítico Estadio de Wembley por 0-1 ante Inglaterra ha dejado muy tocada a la Selección Española de Fútbol dentro del Grupo A3, pues las bicampeonas de la Liga de Naciones ya no tienen red de cara a las tres últimas jornadas de la fase de clasificación para el Mundial de Brasil de 2027.

Solo el líder de cada grupo va a tener acceso directo al torneo internacional en suelo sudamericano de aquí a algo más de un año y la nación ibérica se encuentra ya contra las cuerdas, pero este equipo suele crecerse ante la adversidad, como demostró después de caer ante Japón en el tercer compromiso de la fase de grupos del Mundial de Australia y Nueva Zelanda.

Aquella derrota ante las asiáticas le costó el puesto debajo de los tres palos a María Isabel Rodriguez Rivero y le dio la alternativa a Cata Coll, quien jugó ante Suiza después de Jorge Vilda castigase a la guardameta merengue por desacatar una orden de su técnico.

(Fuente: RFEF)

Con ese telón de fondo, la guardameta canaria decidió romper su silencio y compartir una versión serena, alejada del ruido, sobre lo ocurrido. Lo hizo en una entrevista en El Partidazo de COPE, donde optó por un relato contenido, casi introspectivo, que refleja la carga emocional de aquel episodio.

Misa sitúa uno de los momentos determinantes en el encuentro ante Japón durante el Mundial. Según explica, fue en el descanso cuando el entonces seleccionador, Jorge Vilda, tomó una decisión inesperada: ofrecerle el brazalete de capitana. Un gesto que podría interpretarse como un respaldo claro, pero que para ella supuso un conflicto interno de gran calado.

La portera reconoce que se encontraba ante su primer gran torneo con la absoluta, sin la trayectoria de otras líderes consolidadas dentro del vestuario. Figuras como Alexia Putellas, Jenni Hermoso o Irene Paredes representaban, a su juicio, una jerarquía natural para asumir ese rol.

Su incomodidad, matiza, no tenía que ver con la responsabilidad, sino con el respeto al orden interno del grupo. Entendía que portar el brazalete en ese contexto podía interpretarse como una alteración del liderazgo establecido. Aun así, terminó aceptando la decisión y regresó al campo como capitana, cumpliendo con lo indicado por el cuerpo técnico.

Aquel momento, en apariencia simbólico, marcó un punto de inflexión. Tras el partido, y sin una explicación pública detallada, dejó de tener continuidad en el torneo. La propia Misa admite que no puede asegurar si su salida del once estuvo vinculada a ese episodio o al rendimiento colectivo e individual frente a Japón.

Su discurso rehúye la confrontación. No hay reproches directos ni conclusiones categóricas, sino una voluntad clara de no reabrir heridas. Confirma que existió una conversación posterior con el seleccionador, aunque prefiere no desvelar su contenido, manteniendo una línea de discreción que refuerza su tono conciliador.

Quizá lo más revelador sea la forma en la que cierra ese capítulo: sin rencor. Asume lo sucedido como parte del fútbol de élite, donde las decisiones técnicas y la gestión del grupo pueden derivar en situaciones difíciles de interpretar desde fuera. Su mensaje transmite profesionalidad, aceptación y una firme intención de mirar hacia adelante.

Ahora, bajo la dirección de Sonia Bermúdez, Misa Rodríguez regresa con la oportunidad de reescribir su historia en la selección. Su vuelta responde tanto a su rendimiento en el Real Madrid Femenino como a la necesidad del combinado nacional de consolidar la portería en este nuevo ciclo.

Los próximos compromisos de clasificación para el Mundial de 2027 marcarán el inicio de esta etapa. Más allá del rendimiento sobre el césped, el foco estará también en la reconstrucción de las dinámicas internas y en el papel que puedan desempeñar jugadoras como Misa dentro de un vestuario que ha vivido transformaciones profundas.

España, además, ya ha demostrado su capacidad de reacción. Tras un torneo exigente, logró sobreponerse y conquistar el título mundial en Sídney con un triunfo por 1-0 ante Inglaterra femenina. Ese precedente invita a pensar que el margen de error, aunque reducido, no implica un escenario irreversible.

La reciente derrota en Wembley (1-0) supone un aviso, pero no una sentencia. El equipo de Sonia Bermúdez está obligado a firmar un tramo final impecable para evitar los play-off de repesca. “Son tres puntos y esto no está sentenciado”, reconoció la seleccionadora, insistiendo en la necesidad de corregir errores y aumentar la eficacia ofensiva en los próximos compromisos.

La reacción comienza en Córdoba. España volvió al trabajo en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas con la mirada puesta en el duelo ante Ucrania en el Nuevo Arcángel. Un rival, colista del grupo y situado en el puesto 35 del ranking FIFA, que pondrá a prueba la capacidad de respuesta de un equipo tocado, pero no hundido.

La capitana, Irene Paredes, resumió el sentir del vestuario tras la derrota: autocrítica, rabia y convicción. “Somos un equipo capaz de darle la vuelta a esto”, afirmó, dejando claro que el grupo mantiene intacta la confianza en sus posibilidades.

En esa misma línea, Alexia Putellas subrayó que el objetivo pasa por ganar los tres partidos restantes, mientras que Vicky López insistió en la importancia de mantener la calma y confiar en el factor campo en el decisivo duelo ante Inglaterra en Mallorca.

España encara así un tramo final de máxima exigencia, con citas marcadas en rojo como el enfrentamiento ante Inglaterra en Son Moix y el cierre de la fase ante Islandia en Reikiavik. En ese contexto, cada detalle —incluido el golaverage— puede resultar determinante.

El margen se ha reducido, pero el mensaje es claro: depender de sí mismas sigue siendo posible. Y en ese escenario, la reacción ya no es una opción, sino una obligación.

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