
🟦 Con más de 1,1 millones de seguidores en TikTok y vídeos que alcanzan hasta 200 millones de visualizaciones, Pau Segarra, conocido como @culleraa, se ha convertido en un referente para la juventud futbolera. Pero su influencia no siempre informa: sus comentarios sobre el Real Madrid Femenino tras la goleada del Barcelona (2-6) muestran cómo la popularidad en redes puede difundir percepciones equivocadas sobre el fútbol femenino, poniendo en riesgo la valoración real de un deporte que lucha por visibilidad y respeto.

Pau Segarra, natural de Reus y con tan solo 21 años, se ha convertido en uno de los creadores de contenido futbolístico más seguidos en TikTok, bajo los nombres de usuario @culleraa y @cullebando. Su salto a la fama se produjo durante la pandemia de coronavirus, cuando un seguidor comentó que la remontada del Barcelona ante el PSG en la Champions había sido un “robo”. Pau decidió analizar las jugadas polémicas en un vídeo que, para sorpresa de todos, se convirtió en viral. Desde entonces, ha dedicado entre siete y ocho horas diarias a elaborar contenidos, combinando opinión, análisis y narrativa cercana, con un público repartido casi al 50% entre España y Latinoamérica.
Su influencia es palpable: los jóvenes lo reconocen en la calle, lo esperan con patinetes frente a su casa, le invitan a sus hogares en ciudades como Nápoles y lo detienen incluso en San Siro para hacerse fotos. Sin embargo, esta viralidad también conlleva riesgos. Sus comentarios recientes sobre el Real Madrid Femenino —acusando al club de fundar el equipo por motivos políticos, de falta de cantera y de gestión deficiente— demuestran cómo el alcance de un influencer puede distorsionar la percepción pública de un deporte.
En su crítica, Segarra cuestiona la existencia misma del proyecto femenino madridista. Afirma que ni Florentino Pérez ni el madridismo prestan atención al equipo, que el club no facilita la visibilidad de las jugadoras y que la sección apenas genera beneficios económicos. Incluso llega a insinuar que jugadoras como Atenea del Castillo solo cumplen un papel simbólico para la imagen del club.
El video, que deja mucho que desear, viene a raíz de la celebración del encuentro de ida de los cuartos de final de la Liga de Campeones Femenina en Valdebebas en el que el Real Madrid cayó por 2-6 ante el Fútbol Club Barcelona,
Estas afirmaciones, difundidas a través de TikTok, generan un efecto doble: por un lado, atraen la atención de seguidores que consumen su contenido como veraz; por otro, pueden alimentar estereotipos erróneos sobre el fútbol femenino, minimizando los avances reales que el deporte ha logrado en España y Europa en los últimos años. La consecuencia es que la información parcial se percibe como completa, y la crítica sin contexto se convierte en narrativa dominante para millones de jóvenes.
Expertos en comunicación deportiva alertan de este fenómeno: la viralidad amplifica opiniones, pero no siempre garantiza veracidad. En el caso de Segarra, su estilo cercano y su narrativa personal pueden ser interpretados por la audiencia como análisis periodístico, cuando él mismo reconoce que no ejerce como periodista. Su fuerza radica en la pasión y en la conexión emocional con el público, pero también revela la fragilidad de la información deportiva en redes sociales, especialmente en un ámbito tan sensible como el fútbol femenino.
El fútbol femenino, que ha luchado décadas por igualdad, visibilidad y respeto, no puede permitirse que la viralidad suplante al rigor. Equipos como el Barcelona Femenino han demostrado que es posible combinar rendimiento, cantera, identidad y conexión con la afición; mientras que otros, como el Real Madrid Femenino, siguen construyendo su proyecto en un contexto de desarrollo tardío, donde las críticas deben evaluarse con conocimiento y perspectiva. Cuando un influencer viral emite juicios sin matices, existe un riesgo real de desinformación: los jóvenes absorben la narrativa, las redes amplifican la voz, y la percepción pública se ve alterada.
Pau Segarra representa un fenómeno global: la democratización de la voz en redes sociales. Cualquier creador puede influir en millones, moldear opiniones y generar tendencias, pero con esa influencia llega la responsabilidad. El caso de @culleraa evidencia cómo la línea entre entretenimiento, opinión y desinformación es extremadamente fina. En un deporte que lucha por igualdad y legitimidad, cada mensaje, cada comentario viral, puede sumar o restar al reconocimiento que merecen las jugadoras, sus clubes y la competición en sí.
Como en “El Partido de Manu”, no se trata solo de dar datos, sino de interpretar, contextualizar y advertir. La viralidad no equivale a veracidad. Y en el fútbol femenino, donde todavía se construye reconocimiento y respeto, la información incompleta o parcial puede convertirse en un obstáculo real para su desarrollo. Que Pau Segarra sea un fenómeno viral es innegable; que su influencia pueda desinformar sobre un deporte que merece respeto, también.
La pasión mueve redes, los seguidores multiplican voces, y los likes premian la viralidad. Pero la verdad y el contexto siguen siendo el balón que decide si un mensaje construye o destruye. En el fútbol femenino, la responsabilidad informativa no es opcional: es imprescindible.
En términos económicos, el hito del Real Madrid Femenino es mayúsculo. Según el informe económico del club para la temporada 2023/24, el equipo generó un beneficio de explotación de 1,1 millones de euros, después de descontar los 1,881 millones invertidos en la cantera femenina. Una cifra histórica en un contexto donde muchas secciones femeninas todavía dependen de subsidios del primer equipo masculino o no logran equilibrar ingresos y gastos.
El motor de esta rentabilidad es claramente comercial. Los ingresos de patrocinio y marketing alcanzaron los 8,4 millones de euros, representando el 88% de la facturación total del equipo femenino, cifra récord que se suma a los 10,536 millones de euros del club en su conjunto. Aquí se incluyen acuerdos de patrocinio con gigantes como Emirates, Adidas y HP, así como socios globales y regionales. Destaca también la tasadora AtValor, el único patrocinador exclusivo del Real Madrid Femenino, que apostó únicamente por las jugadoras, algo prácticamente inédito en el fútbol femenino español. Ángeles Aguilar, propietaria de AtValor, lo explicaba así: “Primero te hacen un casting de empresas para ver quién eres. Yo sólo quería patrocinar al femenino. Eso les llamó mucho la atención porque nadie había querido esto”.
Otros ingresos relevantes provienen de la UEFA Women’s Champions League y amistosos internacionales, que sumaron 799.000 euros, incluyendo la primera gira del equipo a México ante Tigres y América en 2023. Los derechos televisivos aportaron 977.000 euros, mientras que ticketing y socios generaron 316.000 euros, un reflejo de la asignatura pendiente del fútbol femenino: la asistencia a los estadios, con una media de 2.000 espectadores en el Di Stéfano (aforo 6.000).
En cuanto a inversión en personal, los sueldos del primer equipo ascienden a 4,585 millones, a los que se suman 1,430 millones para la cantera. Los salarios deportivos (jugadoras y cuerpo técnico) representan 5,3 millones del total, lo que demuestra un modelo de crecimiento profesionalizado y sostenible. Para ponerlo en perspectiva, el Barcelona Femenino invirtió 12,2 millones en personal la pasada temporada, consolidando su posición como otra sección femenina rentable de la Liga F Moeve.
En el terreno deportivo, el Real Madrid Femenino ha sido ambicioso en el mercado de fichajes: incorporó campeonas del mundo como Alba Redondo o Eva Navarro, estrellas internacionales como Maëlle Lakrar, y jugadoras con experiencia contrastada como Melanie Leupolz (única por la que abonaron traspaso, el resto llegaron libres). Además, renovó piezas clave como Misa Rodríguez, Teresa Abelleira y Athenea del Castillo, mientras que jugadoras como Ivana Andrés, Claudia Zornoza o Maite Oroz se marcharon. La navarresa hizo historia al convertirse en la primera jugadora por la que un club abonaba traspaso en la historia del Real Madrid Femenino.
Toda esta información contrasta radicalmente con las críticas superficiales que circulan en redes virales, donde creadores que buscan clicks y likes se permiten cuestionar la existencia, gestión o proyección del equipo sin haber seguido la Liga F Moeve, la UEFA Women’s Champions League ni el día a día del club. Este fenómeno, lejos de aportar valor, contribuye a la desinformación y distorsiona la percepción pública del fútbol femenino.
Como periodista que trabajó en Madrid CFF entre 2022 y 2025 y que ha analizado el fútbol femenino en profundidad, puedo asegurar que la realidad del club blanco es de progreso, planificación y profesionalización. Las jugadoras no solo compiten, sino que generan ingresos, atraen patrocinadores, representan al club en giras internacionales y elevan la visibilidad de la competición. Reducir su labor a opiniones virales es injusto y dañino para la credibilidad de los medios que cubrimos este deporte con rigor.
El caso del Real Madrid Femenino demuestra que la información sólida y los datos son la mejor defensa contra el clickbait. Cada gol, cada fichaje, cada acuerdo comercial o partido internacional tiene un contexto que debe ser entendido, no deformado por un vídeo viral que se mide en likes y visualizaciones. Y es que en un deporte que todavía lucha por igualdad y reconocimiento, la narrativa no especializada puede eclipsar años de trabajo, inversión y resultados.
La viralidad en redes sociales no equivale a verdad ni a análisis riguroso. Mientras creadores buscan reproducciones y comentarios, la profesionalización del fútbol femenino sigue construyéndose partido a partido, fichaje a fichaje y patrocinador a patrocinador. Ignorar los datos es desinformar; subestimarlos, es negar la evidencia de que la Liga F Moeve y la UEFA Women’s Champions League crecen y se consolidan gracias al trabajo constante de clubes, jugadoras y periodistas acreditados. La historia del Real Madrid Femenino, rentable y ambicioso, es prueba de ello.
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