
⬛️ La exjugadora del Madrid CFF y el Arsenal está en la encrucijada, pues podría reaparecer en febrero.
La temporada 2025‑2026 del Atlético de Madrid Femenino gira en torno a la recuperación de Giovana “Gio” Queiroz, cuya grave lesión sufrida el 17 de octubre en la derrota por 0‑1 ante el Manchester United obligó a cirugía y la deja fuera de combate durante gran parte del curso, mientras en el horizonte del fútbol femenino español se ciernen también los tiempos de baja de otra de las grandes figuras del fútbol mundial, Aitana Bonmatí. El regreso de Gio —probablemente entre febrero y marzo de 2026— será una pieza clave para las aspiraciones rojiblancas en Liga F y en Europa.
Giovana “Gio” Queiroz Costa Garbelini, internacional brasileña y referente ofensiva del Atlético de Madrid, vivió uno de los momentos más frustrantes de su carrera profesional cuando una dura entrada de la defensa Dominique Janssen, revisada tras acción del VAR, impactó sobre su pierna durante el choque de la segunda jornada de la Liga de Campeones Femenina ante el Manchester United, lo que derivó en una fractura transindesmal del peroné, justo por encima del tobillo, una de las lesiones más delicadas para un futbolista que basa su juego en la velocidad, la explosividad y el desequilibrio individual en carrera.
La confirmación de la lesión por parte del Atlético de Madrid supuso también la confirmación de una cirugía que se llevó a cabo en los días siguientes al partido y que puso el contador a cero para un largo período de recuperación y rehabilitación. Este tipo de fractura, que afecta la articulación entre tibia y peroné, suele requerir no solo la intervención quirúrgica para alinear correctamente los fragmentos óseos y asegurar la estabilidad de la sindesmosis, sino también una fase de rehabilitación estructurada que combina inmovilización inicial, terapia física, fortalecimiento muscular, trabajo propioceptivo y la progresiva reintegración a cargas más altas de entrenamiento.
Las estimaciones médicas, basadas en la evolución de lesiones similares y en el seguimiento de casos de alto rendimiento, sitúan el periodo de baja de Gio entre cuatro y cinco meses, que pueden incluso extenderse ligeramente si se prioriza la seguridad y el regreso sin riesgos de recaída. Si se contempla que la lesión se produjo el 17 de octubre de 2025, los plazos más optimistas de recuperación sitúan su vuelta a los entrenamientos entre finales de febrero y marzo de 2026 y su retorno a la competición oficial —con ritmo de partido completo— a partir de mediados o finales de marzo, siempre condicionado a la respuesta de su tobillo a la carga física y al trabajo intenso de readaptación.
Este escenario, realista y prudente, representa para el Atlético de Madrid un desafío tanto deportivo como humano. Gio no es solo una jugadora con cifras: es una pieza que aporta desequilibrio, ruptura de líneas rivales y una amenaza constante a la espalda de las defensas, cualidades que no se sustituyen fácilmente en el fútbol moderno. Su baja ha implicado replantear la estructura ofensiva del equipo, con la alternancia de alternativas como Synne Jensen o el reajuste táctico de Víctor Martín, con más presencia de combinaciones desde las bandas y un aumento del protagonismo de otras jugadoras del plantel en el frente de ataque.
A pesar de los esfuerzos colectivos por mantener el rendimiento, el vacío que deja Gio se nota en contextos de máxima exigencia: tanto en la Liga F Moeve como en el tramo inicial de la Champions League, donde la falta de una referencia ofensiva pura obliga a replanteamientos constantes de estrategia y a exprimir al máximo la versatilidad de las jugadoras disponibles. Este tipo de adaptación es inevitable cuando una pieza central del ataque se pierde por varios meses, y añade presión sobre los tiempos de recuperación y gestión de cargas para que el equipo pueda mantener su competitividad sin riesgo de lesiones secundarias por sobrecarga.
En el entorno del fútbol femenino español, este foco sobre Gio se contextualiza en un momento en el que muchos equipos lidian con desafíos físicos de sus figuras. El FC Barcelona, por ejemplo, atraviesa también una fase de ausencia prolongada de Aitana Bonmatí, la centrocampista catalana y tres veces Balón de Oro, quien sufrió una fractura de peroné en un entrenamiento con la selección española el 30 de noviembre de 2025, lo que la obligó a pasar por el quirófano y a asumir un proceso de recuperación estimado alrededor de cinco meses.
Aunque cada lesión y cada trayectoria de recuperación son únicas, los casos de Gio y Aitana comparten elementos técnicos y psicológicos: la necesidad de gestionar tiempos con prudencia médica, de equilibrar expectativas competitivas con la salud a largo plazo, y de mantener el ánimo competitivo ante adversidades que pueden definir el destino de una temporada entera. Bonmatí, en sus declaraciones recientes, ha expresado su intención de volver a jugar antes de que termine la temporada y ve su lesión como una oportunidad para “volver mejor”, con la mente enfocada en recuperar ritmo y contribuir al tramo final del calendario azulgrana.
Para Gio, el regreso entre febrero y marzo de 2026 es plausible desde un punto de vista clínico y deportivo, pero con matices: su vuelta a los entrenamientos colectivos dependerá de cómo responda a la progresión de cargas, su adaptación a cambios de ritmo, su confianza en el apoyo del tobillo y, fundamentalmente, de que no haya ninguna complicación que retrase su incorporación. Más allá del simple calendario, lo realmente decisivo será su capacidad para competir a pleno rendimiento sin miedo a una recaída, algo que los equipos médicos y técnicos del Atlético saben que puede marcar la diferencia entre un regreso funcional y un aporte determinante en partidos clave de Liga F o fases decisivas de la Champions.

Este foco en la salud y el rendimiento va de la mano de una gestión cuidadosa del resto de la plantilla, que ha tenido que enfrentarse a otros contratiempos físicos durante el último tramo del año, pero ninguno tan trascendental como la ausencia de Gio o de una figura mundial como Aitana en otro gran club. La capacidad de resiliencia colectiva, la profundidad de banquillo y la capacidad de adaptación táctica son ahora factores en el centro de la narrativa futbolística de la temporada.
A medida que febrero de 2026 se acerque, el entorno atlético mirará con atención la evolución de la delantera brasileña en cada fase de recuperación: desde los primeros trotes sin dolor hasta la participación con balón en espacios reducidos, pasando por el ejercicio competitivo en entrenamientos y finalmente, el retorno a la lista de convocados para un partido oficial.
Esa progresión será seguida por los aficionados, la prensa y los propios rivales, porque el regreso de una jugadora de la calidad de Gio tiene el potencial de cambiar dinámicas de partidos, de reactivar la ofensiva rojiblanca y de devolver a uno de los equipos más competitivos de la Liga F al nivel que mostró antes de su lesión.
En términos humanos, la situación de Gio también ilustra la dureza de la carrera de un futbolista profesional: la necesidad de equilibrio entre ambición y paciencia, entre fortaleza mental y respeto por los procesos biológicos, y entre el deseo de volver rápido y el deber de volver bien. El Atlético de Madrid, en este sentido, no solo busca recuperar una jugadora, sino también resguardar su futuro competitivo en una temporada que aún tiene muchos capítulos por escribir.
La vuelta de Gio en la ventana estimada de febrero‑marzo de 2026 no es una fecha fija inamovible, sino un objetivo en constante reevaluación, condicionado a la evolución día a día de una lesión cuyo tratamiento y rehabilitación han de ser gestionados con la máxima prudencia.
Si las señales que vienen de su trabajo de recuperación continúan siendo positivas, su regreso será una noticia esperada y celebrada, no solo por el Atlético sino por todo el fútbol femenino español, que siempre encuentra en las historias de superación deportiva un motor para seguir elevando el nivel y la emoción del juego.

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