
⬛️ Hay futbolistas que juegan partidos.Hay futbolistas que construyen épocas.Y hay futbolistas que, sin pedir permiso, dibujan mapas.
El parón invernal, a consecuencia de la Navidad, de la Primera División Femenina (LPFF) no ha venido mal para los periodistas, ya que los artistas de la pluma y el papiro hemos tenido la oportunidad de sacar a relucir historias que el frenesí de la competición no permitía y hemos tenido la oportunidad de revivir las carreras de Marta Corredera, Amanda Sampedro, Ludmila Da Silva o Anita Marcos, por citar algunos ejemplos de lo que ofertamos en “El Partido de Manu”.
En el último capítulo de este 2025 viajamos a Cataluña para mirar de frente a María León Cebrián, estrella del Barcelona y de la Selección Española de Fútbol, con la que está de vuelta.
María Pilar León Cebrián —Mapi para el fútbol, Pilar para la familia, referente para toda una generación— no solo ha sido una defensa central determinante en el mejor equipo del mundo. Ha sido una idea, una forma de entender el juego, una zurda que convirtió la salida de balón en discurso político, estético y emocional.
Desde Zaragoza hasta Europa, desde la timidez del Prainsa hasta la contundencia del Camp Nou, desde el silencio del vestuario hasta el ruido de los debates sociales, Mapi León es una de las grandes narradoras del fútbol femenino contemporáneo.
Este texto no es una biografía.
Es un viaje.
Es una despedida a 2025.
Y es una promesa de lo que viene.
Zaragoza no se presume: se resiste.
Y Mapi León es exactamente eso.
Nacida el 13 de junio de 1995, hija de Javier y Pilar, hermana pequeña, observadora, dibujante antes que futbolista, Mapi creció entre balones compartidos con su hermano y cuadernos llenos de líneas. Antes del fútbol, el voleibol. Antes del césped, el parquet del fútbol sala. Antes del foco, la intuición.
Prainsa Zaragoza, hoy Zaragoza CFF, fue su primera casa. Allí se formó, allí creció y allí debutó en Primera División con solo 16 años, precisamente ante el FC Barcelona, como si el guion ya estuviera escrito con una ironía que solo el tiempo sabría leer. Aquel debut no fue una anécdota: fue una advertencia. Mapi no era una promesa ornamental. Era una futbolista competitiva, feroz, inconformista, capaz de jugar en banda, de atacar, de correr, de chocar y de sostener partidos enteros desde una energía que desbordaba edad y contexto.
Tras cuatro temporadas en Zaragoza, el Espanyol fue el siguiente paso. Un año bastó para confirmar lo evidente: aquella zurda tenía algo diferente. No solo jugaba bien; entendía el juego. Llegaron las convocatorias con la selección, el interés de los grandes clubes y la sensación de que el fútbol femenino español empezaba, lentamente, a reconocer el talento sin pedir disculpas.
El Atlético de Madrid apareció en 2014 y con él, la transformación definitiva. Hasta entonces, Mapi había sido extremo. Vertical, agresiva, ofensiva. Fue en el club rojiblanco donde un entrenador tomó una decisión que cambiaría su carrera y, con el tiempo, el propio concepto de defensa central en España: retrasarla. Colocarla en el eje. Convertir su lectura del juego, su velocidad y su carácter en cimiento. Desde ese momento, Mapi León no abandonó nunca más el centro de la defensa.
En el Atlético ganó una Liga y una Copa de la Reina, pero sobre todo ganó identidad. Fue allí donde recibió la primera llamada de la selección absoluta y donde empezó a entender que su fútbol no era solo talento: era liderazgo. Cuando en 2017 el FC Barcelona decidió pagar 50.000 euros por su fichaje, no solo se rompió un techo simbólico —el del primer traspaso pagado por una futbolista española—, se inauguró una nueva era. El fútbol femenino español empezaba a profesionalizarse y Mapi León estaba en el centro del cambio.

Llegó al Barça en pleno proceso de construcción. No al equipo hegemónico que hoy parece inevitable, sino a un proyecto que todavía se estaba buscando. En su primera temporada ganó la Copa de la Reina, participó en 29 partidos de liga y marcó dos goles. Fue clave. En la segunda, ya con Lluís Cortés, se consolidó como indiscutible, renovó hasta 2022 y formó parte del equipo que alcanzó la primera final de Champions de la historia del club y del fútbol femenino español. La derrota ante el Olympique de Lyon no fue un final, fue un aprendizaje colectivo.
A partir de ahí, la historia se acelera. Supercopas, Ligas, Copas, récords, estadios llenos, clásicos históricos, un Johan Cruyff convertido en santuario, un Camp Nou que por fin abrió sus puertas al equipo femenino, una Champions conquistada en Gotemburgo con un 4-0 al Chelsea que todavía resuena como una declaración de poder. Tripletes, hegemonía, once ideales, reconocimientos UEFA, premios The Best. Mapi León levantó tres Ligas de Campeones (2021, 2023, 2024) y se consolidó como una de las mejores centrales del mundo.

Pero reducir su trayectoria a títulos sería traicionar la esencia de su figura. Porque Mapi León nunca fue solo fútbol. Fue voz. Fue cuerpo político. En 2018 hizo pública su orientación sexual y se convirtió en una referencia contra la homofobia en el deporte. Fue pregonera del Orgullo de Madrid, fue reconocida entre las personas más influyentes contra la homofobia en España y asumió un papel que muchas veces incomoda más que celebrar goles: el de existir sin pedir perdón.
Su activismo no fue accesorio. Fue coherente con su forma de jugar. Defender también era proteger la dignidad, la intimidad, el derecho a ser. Por eso, cuando en febrero de 2025 un gesto en un derbi ante el Espanyol se viralizó y derivó en una polémica nacional, la figura de Mapi volvió a situarse en el centro del debate. Comunicados cruzados, interpretaciones enfrentadas, ruido. Ella respondió defendiendo su versión, su integridad y su derecho a no ser juzgada por una narrativa simplificada. El episodio evidenció algo más profundo: el fútbol femenino ya no era invisible. Ahora también era escrutado, amplificado, politizado. Como todo lo que importa.

En la selección española, Mapi fue internacional desde 2016, campeona de la Copa Algarve, titular en el Mundial de Francia 2019, pareja de Irene Paredes, referencia defensiva. También formó parte del grupo de jugadoras que en 2022 dijeron basta y renunciaron mientras no se produjeran cambios estructurales. Otro acto de defensa. Otra línea trazada en el suelo.

En lo futbolístico, su perfil es el de una central zurda moderna, dominante en el anticipo, rápida al corte, valiente en la salida de balón, capaz de incorporarse al ataque, de romper líneas y de asumir riesgos. Pero hay algo más: Mapi juega como piensa. No se esconde. No especula. No se diluye. Cada acción suya tiene intención.

Palmarés |
Mapi León ha conquistado hasta la fecha:
– 3 Ligas de Campeones (2021, 2023, 2024)
– 3 Ligas (1 con Atlético de Madrid, 2 con FC Barcelona)
– 4 Copas de la Reina
– 1 Supercopa de España
– Premio The Best: once ideal 2023
– Once ideal UEFA 2020 y 2021

Pero su mayor título no cabe en una vitrina. Es haber sido parte imprescindible de la generación que cambió el fútbol femenino español para siempre.

Y así, cuando 2025 se despide, Mapi León permanece. Como símbolo, como futbolista, como relato. Sirve este texto como cierre de un año intenso, contradictorio, brillante y humano. Y sirve también como promesa. Porque si 2025 fue el año de la consolidación, 2026 será el de la memoria. Y este medio, como ella, seguirá defendiendo el juego, la verdad y la belleza sin pedir permiso.
Porque hay defensas que no se olvidan.
Porque hay futbolistas que explican un tiempo.
Y porque Mapi León, simplemente, ya es historia.

Deja un comentario