
🟧 La veinte colchonera es analizada al detalle en “El Partido de Manu” en un relato periodístico sin igual.


Uno de los grandes atractivos de los que dispone el Atlético de Madrid en el curso 2025-2026 es ver a Amaiur Sarriegui vestida de rojo y blanco.
La llegada de la futbolista del año 2000 fue adelantada por este medio, cuando nadie hablaba del tema el pasado 22 de abril de 2025.
Descrita como la fuerza emergente del actual subcampeón de la Copa de la Reina Iberdrola, la de Tolosa se ha consolidado como una de las figuras con mayor potencial, presente y futuro del balompié practicado por mujeres en España.

Amaiur Sarriegi Isasa (San Sebastián, 13 de diciembre de 2000) es a sus 26 años de edad una atacante icónica de la Liga F Moeve.

Su trayectoria es ascendente en el fútbol femenino español. Nacida en Tolosa, su recorrido profesional la llevó desde las canteras vascas hasta vestir la camiseta del Atlético de Madrid Femenino, uno de los equipos más competitivos de Europa.
Técnica depurada, visión de juego y personalidad firme son algunas de las características que definen a Sarriegi. Sin embargo, su historia no solo se resume en estadísticas. Detrás de cada pase decisivo y cada sprint se encuentra una jugadora que ha trabajado con disciplina para transformar su pasión en excelencia deportiva.
Amaiur Sarriegi no llegó al fútbol de élite por azar ni por un golpe de fortuna. Su camino, como el de tantas futbolistas formadas lejos de los grandes focos, se construyó desde abajo, con paciencia, constancia y una progresión sostenida que fue moldeando a una jugadora completa, competitiva y preparada para asumir retos mayores. Su historia comienza en el País Vasco, una tierra con una profunda tradición futbolística y con uno de los ecosistemas de fútbol femenino más sólidos del Estado, donde clubes históricos han trabajado durante décadas en la formación de talento desde edades tempranas.
Sus primeros pasos los dio en el Añorga KKE, uno de los clubes de referencia del fútbol femenino vasco en categorías inferiores. El Añorga no es solo un equipo, sino una auténtica cantera de futbolistas, un espacio de formación integral donde muchas jugadoras han aprendido no solo a competir, sino a entender el juego, a convivir en un vestuario exigente y a desarrollar una mentalidad profesional desde edades muy tempranas. En ese entorno comenzó a forjarse Amaiur, destacando pronto por su capacidad técnica, su inteligencia en el juego y una personalidad competitiva que la diferenciaba dentro del grupo.
Durante sus años en categorías inferiores, su crecimiento fue constante. En la categoría cadete, Amaiur dio un salto evidente en rendimiento y madurez futbolística. Ya no era solo una promesa, sino una jugadora capaz de marcar diferencias, de asumir responsabilidades y de influir en el juego colectivo. Su lectura de los espacios, su llegada desde segunda línea y su capacidad para finalizar jugadas empezaron a convertirla en una pieza clave para su equipo. Ese rendimiento no pasó desapercibido y le abrió la puerta al equipo B del Añorga, un paso decisivo que marcaba la transición entre el fútbol formativo y el competitivo.
El salto al filial supuso un cambio importante. El ritmo de juego, la exigencia física y la responsabilidad eran mayores, pero Amaiur respondió con naturalidad. Su adaptación fue rápida, mostrando una madurez impropia de su edad y una capacidad notable para entender lo que requería cada partido. Esa progresión le permitió alcanzar uno de los primeros hitos de su carrera: el debut con el primer equipo del Añorga en Primera Nacional durante la temporada 2015-2016. Era el premio a años de trabajo silencioso y, al mismo tiempo, el inicio de una nueva etapa en la que empezaba a asomarse al fútbol sénior de máximo nivel.
Ese debut no fue anecdótico. Supuso una confirmación de que estaba preparada para competir en categorías superiores. Amaiur no se limitó a cumplir, sino que empezó a consolidarse como una futbolista fiable, capaz de aportar tanto en el juego ofensivo como en el equilibrio del equipo. Su presencia en el campo transmitía seguridad y ambición, dos cualidades que terminarían definiendo su carrera.
El siguiente gran paso llegó en el verano de 2017, cuando fichó por el Athletic Club B, uno de los filiales más competitivos y exigentes del fútbol femenino español. Integrarse en la estructura del Athletic no es una cuestión menor. El club bilbaíno posee una identidad muy marcada, una filosofía reconocible y una presión constante por el rendimiento, incluso en sus equipos filiales. Para Amaiur, aquel fichaje representaba una oportunidad extraordinaria para seguir creciendo, pero también un desafío que exigía regularidad, carácter y capacidad de adaptación.
Durante tres temporadas, Amaiur defendió la camiseta del Athletic Club B en Primera Nacional, convirtiéndose en una de las jugadoras más determinantes del equipo. Su rendimiento fue notablemente constante, una cualidad especialmente valorada en el fútbol de formación avanzada. Temporada tras temporada, logró superar la barrera de los diez goles, una cifra muy significativa para una futbolista con perfil de centrocampista ofensiva o mediapunta, capaz de generar juego y, al mismo tiempo, de finalizarlo.
Más allá de los números, su influencia en el equipo fue creciendo. Amaiur se convirtió en una futbolista alrededor de la cual giraba gran parte del juego ofensivo del filial. Su capacidad para aparecer entre líneas, para filtrar pases decisivos y para llegar al área en el momento justo la transformaron en una amenaza constante para las defensas rivales. Esa regularidad goleadora hablaba no solo de talento, sino de una mentalidad competitiva sólida y de una comprensión profunda del juego.
La temporada 2018-2019 supuso un punto de inflexión colectivo. El Athletic Club B logró el ascenso a la nueva categoría Reto Iberdrola, la Segunda División femenina de España, un logro que situaba al equipo en un escenario más exigente y con mayor visibilidad. Amaiur fue una pieza importante en ese ascenso, aportando goles, liderazgo y continuidad en el rendimiento. El salto de categoría confirmaba que su progresión no se había detenido y que estaba preparada para competir en un entorno todavía más competitivo.
El curso 2019-2020 fue, en muchos aspectos, uno de los más significativos de su etapa en el filial rojiblanco. A nivel individual, firmó una temporada sobresaliente, marcando 13 goles y convirtiéndose en la máxima goleadora del equipo. Su capacidad para decidir partidos, para aparecer en los momentos clave y para asumir galones dentro del vestuario quedó patente a lo largo del campeonato. A nivel colectivo, el Athletic Club B se proclamó campeón de su grupo, en una temporada que quedaría marcada para siempre por la irrupción de la pandemia de Covid-19, que obligó a suspender la competición cuando aún restaban ocho jornadas por disputarse.
Aquel campeonato tuvo un sabor agridulce. Por un lado, confirmaba el excelente trabajo del equipo y el crecimiento de jugadoras como Amaiur; por otro, la suspensión de la competición privó al grupo de cerrar la temporada sobre el terreno de juego. Sin embargo, el rendimiento mostrado hasta ese momento fue suficiente para validar el éxito del proyecto y el nivel competitivo del filial.
Esa misma temporada trajo consigo otro hito fundamental en la carrera de Amaiur Sarriegi: su debut con el primer equipo del Athletic Club en Primera División. El 19 de octubre, frente al Real Betis, Amaiur dio el salto definitivo a la élite del fútbol femenino español. No era un paso menor. Vestir la camiseta del primer equipo del Athletic en la máxima categoría supone una responsabilidad enorme, tanto por la historia del club como por la exigencia de su afición y de su estructura deportiva.
A lo largo de esa temporada, Amaiur disputó cuatro partidos en Primera División, una experiencia que le permitió conocer de primera mano el nivel de la élite, el ritmo de los partidos, la exigencia táctica y la importancia de cada detalle. Aquellos minutos fueron una inversión de futuro, un aprendizaje acelerado que completaba su etapa formativa y la preparaba para afrontar nuevos retos.
El recorrido de Amaiur Sarriegi hasta ese punto es el reflejo de una progresión construida con coherencia. Desde el Añorga KKE hasta el Athletic Club, pasando por filiales, ascensos, campeonatos y debuts en la máxima categoría, su carrera no ha estado marcada por atajos, sino por una evolución sostenida. Cada etapa cumplió una función concreta en su desarrollo como futbolista: la formación técnica, la adaptación al fútbol sénior, la regularidad competitiva, el liderazgo dentro del equipo y, finalmente, el contacto con la élite.

Este camino explica, en gran medida, la jugadora que es hoy. Una futbolista con fundamentos sólidos, con experiencia en diferentes contextos competitivos y con una mentalidad preparada para asumir desafíos mayores. Su historia también es representativa de una generación de futbolistas que han crecido al mismo tiempo que lo hacía el fútbol femenino en España, aprovechando estructuras cada vez más profesionalizadas, pero sin perder el vínculo con los clubes de base que hicieron posible su desarrollo.
En un fútbol cada vez más exigente y globalizado, el recorrido de Amaiur Sarriegi pone en valor la importancia de la formación, la paciencia y la constancia. No se trata solo de talento, sino de saber construir una carrera paso a paso, entendiendo cada etapa como una oportunidad de aprendizaje. Desde los campos del Añorga hasta los estadios de Primera División, su trayectoria es la de una futbolista que ha sabido crecer sin perder la esencia, preparada para seguir escribiendo capítulos importantes en su carrera deportiva.
Desde su llegada a San Sebastián, Amaiur Sarriegi no solo se incorporó a la Real Sociedad Femenina como una futbolista más: comenzó, casi sin que nadie lo supiera aún, un proceso de construcción identitaria que terminaría marcando una era. Su historia en el club txuri-urdin es la de una delantera que creció a la par que el equipo, que maduró mientras la Real reclamaba su lugar entre la élite y que, a través de goles, movimientos, liderazgo y momentos decisivos, acabó convirtiéndose en uno de los nombres propios del fútbol femenino español de la primera mitad de la década.
La temporada 2020-2021 supuso un punto de inflexión tanto para la Real Sociedad como para la propia Amaiur. Su fichaje por el club donostiarra, procedente del Athletic Club, se produjo en un contexto complejo: el fútbol femenino vivía una transformación estructural, con plantillas en proceso de profesionalización y con equipos que buscaban consolidar proyectos ambiciosos sin perder identidad.
Desde el primer día, Amaiur encajó en la idea de juego de la Real. No fue un encaje inmediato desde el nombre, sino desde el perfil futbolístico: una delantera móvil, con capacidad para atacar el espacio, con olfato goleador y una lectura del juego que le permitía asociarse y generar ventajas más allá del área. Aquella primera temporada fue, sencillamente, explosiva.
En 26 partidos de liga marcó 12 goles, una cifra que no solo la colocó entre las máximas goleadoras del campeonato, sino que la convirtió en una de las grandes revelaciones de toda la Primera División. Cada tanto suyo parecía confirmar que la Real había acertado con una apuesta que combinaba presente y futuro. No eran goles aislados o circunstanciales: eran goles que sostenían puntos, que abrían partidos cerrados y que transmitían una sensación de fiabilidad ofensiva que el equipo llevaba tiempo buscando.
la primera temporada fue la de la sorpresa, la 2021-22 fue la de la confirmación absoluta. Amaiur no solo mantuvo el nivel: lo elevó. El club lo entendió así desde el principio y decidió convertirla en una de las caras visibles del proyecto. Su renovación hasta 2025 fue un mensaje claro al vestuario y a la competición: la Real quería crecer alrededor de futbolistas como ella.
El gesto simbólico fue igual de potente: se le otorgó el dorsal número 7, un número históricamente reservado a jugadoras con peso específico, con liderazgo y con responsabilidad ofensiva. Amaiur asumió ese rol sin estridencias, pero con una madurez que sorprendió incluso dentro del club.
En el terreno de juego, la respuesta fue rotunda. Firmó la mejor temporada de su carrera hasta ese momento amén de 17 goles y 9 asistencias.

Pero más allá de las cifras individuales, su impacto fue decisivo en el rendimiento colectivo. La Real Sociedad alcanzó la segunda posición en la clasificación liguera, firmando la mejor temporada de su historia hasta ese momento y logrando la primera clasificación para la UEFA Women’s Champions League.
Amaiur fue protagonista directa de ese hito. Sus goles no llegaron en contextos cómodos, sino en partidos clave, ante rivales directos, en momentos donde la presión era máxima. Supo convivir con el foco mediático y con las expectativas crecientes, demostrando una capacidad competitiva que la consolidó como una de las delanteras más fiables del campeonato.
La temporada 2022-2023 no fue una repetición mecánica de la anterior. Fue, en realidad, el curso en el que Amaiur terminó de definirse como atacante total. Ya no era solo una goleadora: era una futbolista que entendía los tiempos del partido, que sabía cuándo acelerar y cuándo pausar, cuándo atacar el primer palo y cuándo aparecer entre líneas.
Combinó con regularidad en liga, mantuvo su cuota goleadora y se convirtió en una amenaza constante para cualquier esquema defensivo. Su movilidad desordenaba a las defensas rivales; sus desmarques generaban espacios para las segundas líneas; su trabajo aéreo añadía una dimensión extra al ataque realista.
Ese curso confirmó que su proyección no era coyuntural. Amaiur se consolidó como una de las piezas creativas y finales del conjunto donostiarra, participando de forma activa en la rotación ofensiva del primer equipo y manteniendo una regularidad que muy pocas delanteras jóvenes eran capaces de sostener en la élite.
La Real Sociedad no solo tenía una goleadora: tenía una futbolista alrededor de la cual se podía estructurar el juego ofensivo.
temporada 2023-24 representó para Amaiur Sarriegi un punto de inflexión menos evidente en los titulares, pero profundamente significativo en su evolución como futbolista. Fue un curso marcado por los contrastes: la Real Sociedad vivió una campaña irregular en liga, pero alcanzó uno de los hitos más importantes de su historia reciente al clasificarse para la final de la Copa de la Reina. En ese contexto complejo, Amaiur volvió a demostrar que su valor iba mucho más allá de las cifras puramente goleadoras.
Desde el inicio del campeonato, la delantera asumió un rol de referencia estable dentro del once. Ya no era la jugadora revelación ni la joven promesa en crecimiento: era una futbolista consolidada, una de las líderes silenciosas del vestuario, una pieza imprescindible en el engranaje ofensivo del equipo. Su titularidad habitual fue la confirmación de la confianza absoluta del cuerpo técnico en su capacidad para sostener el ataque incluso en los momentos más delicados.
Participó en 23 partidos de liga, una cifra que refleja su continuidad y fiabilidad física en una temporada exigente. En términos goleadores, cerró el curso con 2 goles en competición liguera, un registro modesto en comparación con campañas anteriores, pero que no debe analizarse de forma aislada. La Real Sociedad atravesó una fase de reajuste colectivo, con cambios en dinámicas ofensivas, menor producción global y una mayor exigencia táctica para las delanteras, obligadas a trabajar más lejos del área y a priorizar el juego asociativo.
En ese escenario, Amaiur destacó por su versatilidad. Supo adaptarse a distintos roles: como referencia ofensiva, como segunda punta, como apoyo constante para las llegadas desde segunda línea. Su lectura del juego y su capacidad para ofrecer soluciones en ataque combinado fueron fundamentales para sostener al equipo en los tramos más irregulares del campeonato.
La liga terminó con la Real Sociedad en séptima posición, un resultado que quedó por debajo de las expectativas generadas en años anteriores. Sin embargo, el verdadero relato de la temporada se escribió en la Copa de la Reina. Partido a partido, eliminatoria a eliminatoria, el equipo fue creciendo en competitividad, carácter y ambición, hasta alcanzar una final histórica.

Amaiur fue una figura clave en ese camino. No siempre desde el gol, pero sí desde el trabajo invisible: fijando centrales, liberando espacios, presionando la salida de balón rival y apareciendo en los momentos donde el equipo necesitaba respirar. Su liderazgo, cada vez más evidente, se expresó en gestos, en actitud y en una conexión especial con la grada, que reconocía en ella a una futbolista comprometida con el escudo.
Ese curso fue, en definitiva, el de la consistencia. El de una delantera joven que entendió que crecer también implica atravesar momentos menos brillantes sin perder influencia ni identidad. Esa regularidad y esa madurez acabaron otorgándole una visibilidad creciente más allá de San Sebastián, reforzando su estatus dentro del panorama nacional.
La temporada 2024-25 fue el cierre de un ciclo. Sin que todavía se supiera oficialmente que sería su último año como txuri-urdin, el curso estuvo impregnado de una sensación de culminación, de madurez plena, de futbolista preparada para un nuevo desafío.
Desde el primer tramo de la temporada, Amaiur recuperó protagonismo goleador. Volvió a sentirse cómoda en el área, a encontrar espacios con naturalidad y a imponer su instinto en los metros finales. A lo largo del curso, firmó 13 goles en todas las competiciones, una cifra que reflejó no solo su eficacia, sino también su capacidad para aparecer en partidos decisivos.
Entre sus actuaciones más destacadas se encuentra un doblete ante el Granada CF, una exhibición de oportunismo, lectura del área y contundencia que recordó a la mejor versión de la delantera. Además, fue protagonista en competiciones del KO, marcando goles decisivos en la Supercopa y en la Copa de la Reina, confirmando su condición de jugadora para las grandes citas.
La Real Sociedad cerró la temporada en sexta posición en la Liga F, un resultado competitivo que devolvió al equipo a la zona noble del campeonato tras el curso anterior. En la Supercopa, el conjunto donostiarra volvió a alcanzar las semifinales, consolidando su presencia habitual entre los equipos más fuertes del fútbol femenino español.
Amaiur fue, una vez más, una de las referencias ofensivas del equipo. Su rol combinó experiencia y ambición: lideró a las más jóvenes, sostuvo al equipo en los momentos de dificultad y asumió la responsabilidad cuando el balón quemaba. Ya no necesitaba reivindicarse; su trayectoria hablaba por ella.

El 4 de julio de 2025 se confirmó oficialmente su fichaje por el Atlético de Madrid, poniendo fin a una etapa de cinco temporadas en la Real Sociedad. El anuncio no fue solo una noticia de mercado: fue el cierre de un capítulo fundamental en la historia reciente del club y en la carrera de la futbolista.
Amaiur se marchó dejando un legado tangible y simbólico. En cifras, acumuló 55 goles con la camiseta txuri-urdin, repartidos a lo largo de competiciones nacionales e internacionales. En impacto, dejó algo más difícil de cuantificar: una forma de entender el juego ofensivo, una referencia para futuras generaciones y la certeza de que la Real Sociedad había sido capaz de formar y sostener a una de las delanteras más completas del campeonato durante un lustro.
Su paso por San Sebastián fue el de una futbolista que llegó para crecer y acabó marchándose como una de las grandes protagonistas de la historia moderna del club. Fue testigo y partícipe de la primera clasificación para la Champions League, de finales coperas, de noches europeas y de temporadas que consolidaron a la Real Sociedad de Fútbol como un proyecto estable y ambicioso.
La historia de Amaiur en la Real Sociedad no se explica únicamente a través de goles o clasificaciones. Se explica desde la evolución: de revelación a líder, de promesa a referencia, de joven talento a futbolista madura preparada para asumir nuevos retos en uno de los grandes del país.
San Sebastián fue el escenario donde se construyó una delantera total. Y aunque su camino continuó lejos de Zubieta, la huella que dejó permanece inscrita en la memoria colectiva del club, en las gradas de Anoeta y en cada aficionada y aficionado que la vio crecer, celebrar, resistir y despedirse con la serenidad de quien sabe que ha cumplido una etapa esencial de su carrera.
Para comprender en toda su dimensión la etapa de Amaiur Sarriegi en la Real Sociedad es imprescindible entender el contexto del club en el que se desarrolló. La Real no era, en 2020, un gigante consolidado del fútbol femenino español, pero sí un proyecto en plena ebullición: una estructura que apostaba por la estabilidad, por la identidad de juego y por la construcción a medio y largo plazo.
Amaiur llegó en el momento exacto. Su crecimiento individual se entrelazó con el crecimiento colectivo del equipo. No fue una futbolista que aterrizara en un ecosistema ya terminado, sino una que ayudó a definirlo. La Real Sociedad fue evolucionando desde un equipo competitivo hacia un conjunto con ambición europea, y Amaiur estuvo presente en cada uno de esos pasos.
En ese sentido, su figura se convirtió en un símbolo del proyecto. Representaba la apuesta por el talento nacional, por jugadoras capaces de asumir responsabilidades desde jóvenes y por un modelo ofensivo que no se limitaba a la eficacia, sino que buscaba también la propuesta, la presión alta y el protagonismo con balón.
Uno de los aspectos más relevantes —y a menudo menos visibles— de la trayectoria de Amaiur en la Real Sociedad fue su evolución táctica. En su primera temporada, su rol estaba claramente definido: atacar el área, finalizar jugadas, aprovechar espacios y ser la referencia ofensiva. Con el paso de los años, su papel se volvió mucho más complejo.
Los distintos cuerpos técnicos fueron adaptando su posición y funciones según las necesidades del equipo. Amaiur aprendió a jugar:
como delantera centro clásica, fijando centrales y atacando centros laterales; como segunda punta, cayendo a zonas intermedias para asociarse; e incluso como atacante que partía desde banda, generando superioridades y liberando el carril central.
Su movilidad se convirtió en un problema constante para las defensas rivales. No era una delantera estática: sabía cuándo abandonar el área para atraer marcas y cuándo aparecer en el momento justo. Esa inteligencia táctica fue clave para que la Real Sociedad pudiera variar registros ofensivos sin perder profundidad.
Especialmente a partir de la temporada 2022-23, su influencia en el juego sin balón fue tan importante como su aportación directa en goles. Presionaba con criterio, lideraba la primera línea defensiva y entendía perfectamente cuándo activar al bloque. Ese trabajo silencioso explica por qué su presencia en el once fue innegociable incluso en temporadas con menor producción goleadora.
Amaiur nunca fue una futbolista de grandes gestos mediáticos ni de declaraciones grandilocuentes. Su liderazgo fue siempre orgánico, construido desde el día a día, desde el ejemplo y desde la constancia. Con el paso de las temporadas, se convirtió en una de las voces respetadas del vestuario, especialmente para las jugadoras más jóvenes que llegaban al primer equipo.
Ese liderazgo se manifestó de múltiples formas:
en su compromiso con los entrenamientos, en su actitud en los momentos de dificultad, en su capacidad para asumir responsabilidades sin necesidad de ser la protagonista constante.
Cuando la Real Sociedad atravesó fases irregulares, Amaiur fue una de las futbolistas que sostuvo al grupo desde la estabilidad emocional. No era solo una delantera que marcaba goles; era una jugadora que entendía los tiempos del proyecto y que sabía convivir con la exigencia sin romper el equilibrio interno.
Toda etapa histórica se construye a partir de momentos concretos. En el caso de Amaiur, su paso por la Real Sociedad estuvo marcado por una serie de partidos que quedaron grabados en la memoria colectiva del club.
La temporada 2021-2022, en particular, dejó varias actuaciones que explican por qué fue considerada una de las delanteras más determinantes del campeonato. Sus goles en encuentros directos por la zona alta de la tabla no solo aportaron puntos: enviaron un mensaje claro al resto de la liga. La Real Sociedad no era una aspirante circunstancial; era un equipo preparado para competir por todo.
En competiciones del KO, Amaiur demostró una capacidad especial para aparecer en los momentos decisivos. Ya fuera en eliminatorias de Copa de la Reina o en partidos de Supercopa, su instinto competitivo se intensificaba. Goles que rompían empates, acciones que cambiaban inercias y una presencia constante en las áreas rivales en los tramos finales de los partidos.
Ese gen competitivo fue especialmente visible en su última temporada, cuando sus tantos en Supercopa y Copa de la Reina reafirmaron su condición de futbolista para grandes escenarios. No todos los goles pesan lo mismo, y muchos de los suyos tuvieron un valor simbólico añadido.
conexión entre Amaiur y la afición de la Real Sociedad se construyó de forma progresiva y sincera. No fue inmediata ni impostada. Se forjó a través del tiempo, de la regularidad y del compromiso visible en el campo.
Anoeta —y, antes, Zubieta— fue testigo de su crecimiento. La grada reconocía en ella a una futbolista que sentía el escudo, que celebraba los goles con intensidad contenida y que asumía las derrotas con responsabilidad. Esa identificación generó un vínculo especial, basado más en el respeto que en la idolatría, pero no por ello menos profundo.
Con el paso de los años, su figura se convirtió en una de las más representativas del equipo. No solo por su rendimiento, sino porque simbolizaba una etapa de crecimiento colectivo que la afición vivió con orgullo: clasificaciones históricas, noches europeas y la sensación de que la Real Sociedad Femenina había llegado para quedarse entre las mejores.
Cuando se anunció su fichaje por el Atlético de Madrid, el sentimiento dominante no fue el de sorpresa, sino el de comprensión. Tras cinco temporadas de crecimiento continuo, Amaiur había alcanzado un punto de madurez que pedía un nuevo desafío. La Real Sociedad había sido el lugar donde se había consolidado como futbolista de élite; el siguiente paso exigía otro contexto competitivo.
El adiós no estuvo marcado por rupturas ni conflictos. Fue un cierre de ciclo natural, casi inevitable. La Real perdía a una de sus grandes referentes, pero lo hacía con la satisfacción de haber sido parte fundamental de su desarrollo. Amaiur, por su parte, se marchaba dejando una huella clara, sin deudas pendientes.
El anuncio del fichaje por el Atlético de Madrid cerró un ciclo de cinco años con la Real. No fue un adiós dramático, pero sí cargado de simbolismo.
Representó el paso de una futbolista que creció dentro de un proyecto a otra etapa donde su capacidad y experiencia serían puestas a prueba en un club con aspiraciones europeas más consolidadas.
El 4 de julio de 2025 marcó oficialmente la transición. Los medios, afición y compañeros reconocieron su impacto, no solo por goles y asistencias, sino por el carácter, la profesionalidad y la influencia silenciosa en el vestuario. Su marcha dejó un hueco que tardaría en cubrirse, y un ejemplo a seguir para las jóvenes promesas que la miraban como referente.
Cinco temporadas, 55 goles, finales, clasificación europea y un liderazgo silencioso conforman un recorrido que no termina con su salida. La Real Sociedad sigue evolucionando, pero lleva consigo la marca de una futbolista que definió una era, inspiró a las jóvenes y consolidó un proyecto ambicioso.

El paso de Amaiur Sarriegi por San Sebastián es, sin duda, un capítulo que quedará en los libros de historia del club, no como un episodio aislado, sino como la historia de una delantera que creció con su equipo, que enfrentó desafíos y que, al marcharse, lo hizo dejando una huella imborrable.

principios de julio de 2025, el Atlético de Madrid confirmó la llegada de Amaiur Sarriegi, cerrando un fichaje que no solo tenía un significado individual, sino también estratégico para el club colchonero. La incorporación de la delantera no se interpretó únicamente como un refuerzo más en la plantilla, sino como una apuesta táctica y conceptual: el Atlético buscaba una jugadora capaz de aportar movilidad, gol y conectividad con el mediocampo, elementos que en la ofensiva rojiblanca se habían identificado como áreas a potenciar.
La presentación oficial del fichaje subrayó varias intenciones clave. En primer lugar, se destacó su capacidad para sumarse a la línea ofensiva de manera flexible, no limitada a ser una finalizadora estática, sino una futbolista capaz de combinar con interiores, desplazarse a bandas, atraer marcas y abrir espacios para compañeras. En segundo lugar, se enfatizó su experiencia en competición nacional e internacional, incluyendo Champions League, finales de Copa de la Reina y Supercopas, lo que reforzaba la idea de traer a alguien acostumbrado a la presión y a la exigencia de los grandes escenarios.
A nivel de percepción pública, el fichaje tuvo un impacto inmediato. La afición colchonera vio en Amaiur a una jugadora contrastada, con historial goleador y capacidad de generar desequilibrio, aspectos que encajaban perfectamente con la identidad competitiva que el club busca proyectar en la Liga F y en competiciones europeas.
inicio de la temporada 2025-26 mostró que, aunque Amaiur ya había demostrado calidad y experiencia, la adaptación a un nuevo entorno no es inmediata. La dinámica del Atlético, la presión mediática, el volumen de partidos y la intensidad de entrenamientos exigieron ajustes físicos, tácticos y mentales.
En las primeras jornadas, su participación combinó titularidad con apariciones desde el banquillo, un patrón que permitió al cuerpo técnico integrar su perfil sin alterar la fluidez del sistema ya establecido. Esta rotación temprana fue una herramienta clave: permitía a Amaiur sumar minutos, familiarizarse con compañeras y responsabilidades, y al mismo tiempo mantener la competitividad del equipo en cada partido.
A nivel individual, los entrenamientos iniciales se centraron en:
Sincronización con las interiores: aprender los tiempos y distancias de pases y desmarques. Movilidad ofensiva: ajustar los desmarques y la profundidad a la presión defensiva rival. Defensa posicional: adaptarse a la línea de presión alta del Atlético y a la organización defensiva tras pérdida.
Este proceso evidenció que, aunque su adaptación requería paciencia, el impacto positivo era inmediato, especialmente en términos de participación en goles y asistencias.
medida que avanzaban las primeras jornadas de la Liga F 2025-26, quedó claro que Amaiur Sarriegi no solo estaba adaptándose físicamente, sino también mental y tácticamente al entorno rojiblanco. La presión de jugar en un club con aspiraciones europeas y la exigencia de rendir de inmediato pueden resultar abrumadoras para cualquier futbolista, incluso para una con experiencia internacional y varios años en la élite como Amaiur. Sin embargo, su proceso de integración mostró tres cualidades fundamentales: paciencia, versatilidad y visión de juego.
En cada entrenamiento, su capacidad de entender los movimientos del equipo, tanto en fase ofensiva como defensiva, se convirtió en una herramienta clave para Víctor Martín. Los entrenadores destacaban su rapidez para asimilar esquemas de presión, transición y rotación ofensiva, aspectos que no siempre son fáciles de dominar para una jugadora que llega de otro sistema táctico.
El cuerpo técnico también reconoció su inteligencia en la toma de decisiones. Su lectura del juego le permitió entender cuándo debía arrastrar centrales, cuándo bajar a recibir entre líneas o cuándo buscar desmarques interiores. Esa versatilidad no solo incrementaba la profundidad ofensiva del Atlético, sino que además abría alternativas estratégicas para Víctor Martín, capaz de variar esquemas sin alterar la identidad ofensiva del equipo.
este primer tramo de la temporada, Amaiur combinó titularidad con participaciones desde el banquillo, un patrón que resultó fundamental para su adaptación. La alternancia entre arrancar los partidos y entrar en segunda mitad permitió que la delantera:
Sumara minutos de calidad sin la presión de jugar siempre como referencia absoluta, Gestionara su físico y carga de trabajo, dado el ritmo intenso de la Liga F, Se adaptara progresivamente a la dinámica colectiva de ataque y defensa del equipo.
Además, la rotación le permitió observar y aprender de otras jugadoras con roles complementarios, consolidando su conocimiento de los movimientos colectivos y las sinergias necesarias para rendir en el esquema colchonero.
El entrenador Víctor Martín valoró estas cualidades de manera positiva, considerando a Amaiur una opción recurrente en la rotación ofensiva. Su presencia en el banquillo no era vista como un castigo, sino como un recurso táctico y una forma de mantener el equilibrio competitivo del equipo a lo largo de la temporada.
Aunque en fase de adaptación, la aportación directa de Amaiur al marcador fue notable desde los primeros encuentros. Su capacidad de generar peligro se tradujo en goles y asistencias clave, que no solo aumentaban las opciones ofensivas del Atlético, sino que también servían como indicador de que la jugadora estaba encontrando su sitio en la plantilla.
Entre sus aportaciones más destacadas de las primeras jornadas se cuentan: Finalizaciones tras desmarques interiores, que reflejaban su instinto goleador y la capacidad de encontrar espacios entre las líneas rivales. Asistencias a compañeras desde posiciones centrales y de banda, demostrando su comprensión de los movimientos del equipo y su visión de juego. Participación en fases de presión alta, donde su movilidad complicaba la salida de balón de los rivales y generaba oportunidades de gol a través de recuperaciones rápidas.
Estos primeros indicadores mostraban que Amaiur no era solo una incorporación para cubrir un hueco en la plantilla, sino una jugadora capaz de añadir nuevas dimensiones al ataque rojiblanco.
La percepción de la afición colchonera respecto a Amaiur se consolidó positivamente durante esta primera temporada. Más allá de goles y asistencias, los seguidores reconocieron su compromiso con el club, su actitud profesional y su capacidad para integrarse en la dinámica del equipo.
Tras catorce jornadas ligueras, casi ls totalidad de la primera vuelta, la veinte ha demostrado estar ya como en casa en Alcalá de Henares y la ausencia de Gio Queiroz por una grave lesión en el peroné provocarán que la exjugadora del Athletic Club tenga que dar un paso al frente y echarse el equipo a las espaldas en lo que a conversión de goles se refiere
Amaiur no solo impactó en el terreno de juego; también se convirtió en referente silencioso dentro del vestuario, apoyando a jugadoras jóvenes y nuevas incorporaciones con su profesionalidad, disciplina y actitud ejemplar. Su experiencia en finales, competiciones europeas y partidos de alta presión le permitió aportar seguridad y liderazgo, consolidando un vínculo positivo con la afición, que la identificó como una jugadora comprometida, capaz de generar soluciones y aportar valor colectivo. Su primera temporada en el Atlético de Madrid fue, en esencia, un proceso de adaptación convertido en consolidación, en el que demostró que puede ser decisiva, versátil, inteligente tácticamente y capaz de liderar con el ejemplo, proyectándose como una pieza clave para las próximas temporadas, una delantera total que combina gol, visión de juego, movilidad y liderazgo silencioso, destinada a dejar una huella indeleble tanto en el club como en el fútbol femenino español.

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