Oficial | Un derbi madrileño para arrancar la Supercopa de España 2026

(Fuente: RFEF)

◼️ El Real Madrid CF y el Atlético de Madrid se medirán el martes 20 de enero a las 19:15h en el estadio de Castalia (Castellón) para darle el pistoletazo de salida a la Supercopa de España. El encuentro de semifinales se podrá ver en directo a través de RTVE y TV3. La final será el sábado 24 de mayo

La Supercopa de España femenina de 2026 levanta el telón en Castellón de la Plana con la solemnidad de los grandes acontecimientos y con la promesa de una semana que aspira a quedar grabada en la memoria colectiva del fútbol femenino español. Del 20 al 24 de enero, la capital de la Plana Alta se convierte en epicentro deportivo, institucional y emocional de una competición que ya no es solo un título en juego, sino un símbolo de la evolución, la visibilidad y la madurez de un fútbol que ha aprendido a caminar, a resistir y a brillar bajo los focos. La cuarta edición del formato concentrado de la Supercopa llega envuelta en narrativa, con cuatro clubes históricos, una sede comprometida y una semifinal inaugural que reúne todos los ingredientes de un clásico moderno: Real Madrid CF y Atlético de Madrid frente a frente, un derbi que trasciende lo competitivo para instalarse en el territorio de lo identitario.

El martes 20 de enero, a las 19:15 horas, el Estadio de Castalia acogerá el primer gran choque del torneo y decidirá el nombre del primer finalista del primer título oficial de la temporada. No es un partido más. Es un duelo que condensa rivalidad, trayectorias cruzadas, urgencias deportivas y una historia reciente marcada por la alternancia, la igualdad y la tensión permanente. El Real Madrid y el Atlético de Madrid vuelven a mirarse a los ojos en un escenario neutral, con un trofeo en el horizonte inmediato y con la presión añadida de saber que cada detalle, cada acción y cada decisión puede inclinar el relato hacia un lado u otro.

El conjunto blanco llega a Castellón como segundo clasificado de la Liga F Moeve, respaldado por una dinámica positiva y por la sensación de haber encontrado estabilidad competitiva en el tramo central de la temporada. El equipo dirigido desde el banquillo por un proyecto que busca consolidarse entre la élite afronta la Supercopa como una oportunidad para reafirmar su crecimiento y para sumar un título que aún se le resiste. Sin embargo, el camino hacia la final no estará exento de obstáculos. El Real Madrid comparece en la cita con un parte médico que condiciona su planificación y obliga a reajustes significativos. Las bajas de Merle Frohms, Antonia Silva, Tere Abelleira —aún inmersa en la recuperación de su lesión de ligamento cruzado—, Signe Bruun y Lotte Keukelaar reducen el margen de maniobra y exigen soluciones desde la profundidad de la plantilla y desde la gestión emocional del grupo.

Aun así, el equipo blanco se presenta con argumentos futbolísticos sólidos, con una identidad reconocible y con la ambición intacta. La Supercopa representa una prueba de madurez, un escenario ideal para medir la capacidad del Real Madrid de competir en eliminatorias directas, donde el contexto pesa tanto como el juego y donde la experiencia, la lectura de los tiempos y la gestión de los momentos críticos resultan determinantes. La semifinal ante el Atlético no solo es una puerta hacia la final, sino también un termómetro para calibrar el estado real del proyecto en el marco de las grandes citas.

Enfrente estará un Atlético de Madrid que llega a Castellón con un discurso distinto, marcado por la necesidad y por el deseo de reencontrarse con su mejor versión en una temporada irregular. Fuera de los puestos europeos en la clasificación liguera, el conjunto rojiblanco encuentra en la Supercopa una oportunidad para redefinir su relato competitivo, para sacudirse dudas y para reconectar con una competición que ya sabe lo que es ganar. El recuerdo del título conquistado en la temporada 2020/2021, con una contundente victoria por 3-0 ante el Levante UD, sigue formando parte del imaginario reciente del club y actúa como recordatorio de que el Atlético es un equipo construido para competir en escenarios de máxima exigencia.

El equipo colchonero afronta la semifinal con una única baja confirmada, la de Gio Queiroz, lo que permite al cuerpo técnico trabajar con un bloque prácticamente completo y con múltiples alternativas tácticas. Esa disponibilidad se convierte en un factor diferencial en un partido donde el equilibrio se presume extremo y donde la capacidad de variar registros puede resultar decisiva. El Atlético llega, además, reforzado por el precedente más inmediato: fue el conjunto rojiblanco quien se llevó los tres puntos en el último enfrentamiento entre ambos equipos, disputado en la segunda jornada de la Liga F Moeve.

Aquel encuentro, celebrado en Alcalá, condensó muchas de las constantes que definen este derbi. Lauren Leal adelantó al Atlético en la primera mitad, Sara Däbritz igualó el marcador tras el descanso con una falta directa que evidenció la calidad individual del conjunto blanco, y cuando el partido parecía encaminarse hacia el reparto de puntos, apareció Luany para inclinar la balanza del lado rojiblanco y sellar una victoria que tuvo un profundo impacto anímico. Ese triunfo no solo reforzó la confianza del Atlético, sino que volvió a subrayar una tendencia estadística que pesa sobre el imaginario colectivo del enfrentamiento.

Real Madrid y Atlético de Madrid se han medido en catorce ocasiones oficiales desde la creación de la sección blanca, con un balance que refleja la competitividad y la paridad del duelo: cuatro victorias para el Real Madrid, cuatro empates y seis triunfos para el Atlético. Más revelador aún es el dato reciente: el club blanco solo ha logrado una victoria en los últimos ocho enfrentamientos frente a su rival capitalino, una estadística que añade presión y que convierte la semifinal de Castellón en una oportunidad para romper dinámicas y reescribir inercias.

El contexto competitivo se amplía con la mirada puesta en la otra semifinal, que enfrentará al FC Barcelona y al Athletic Club el miércoles 21 de enero a las 19:00 horas. Dos estilos, dos tradiciones y dos maneras de entender el fútbol femenino que completan un cartel de alto nivel y que garantizan que la final del sábado 24 de enero, programada también a las 19:00 horas, reunirá a dos equipos que habrán superado pruebas de máxima exigencia. La Supercopa se presenta, así, como un concentrado de rivalidades, historias cruzadas y proyectos deportivos en distintos momentos de su evolución.

Más allá del césped, la Supercopa de España femenina de 2026 se desarrolla en un contexto marcado por la emoción y por la responsabilidad institucional. La Semana de las Supercampeonas, organizada con motivo de la celebración del torneo, estaba concebida como un espacio de encuentro entre fútbol, historia y sociedad, con actividades culturales y educativas destinadas a reforzar el vínculo entre la competición y la ciudadanía. Sin embargo, la actualidad ha impuesto un tono distinto. El trágico accidente ferroviario ocurrido en Córdoba ha provocado la suspensión del acto de inauguración de la exposición sobre la historia de la Supercopa, prevista para las 17:00 horas en la Casa del Caragols de Castellón de la Plana, así como la cancelación de la visita al CEIP Bisbe Climent en la que iba a participar la seleccionadora nacional, Sonia Bermúdez.

La Real Federación Española de Fútbol ha querido trasladar, en este contexto, su más sentido pésame a los familiares y amigos de las personas fallecidas, así como su apoyo y ánimo a todas las personas afectadas por el suceso. Un gesto que subraya que el deporte no vive ajeno a la realidad social y que la Supercopa, pese a su carácter festivo y competitivo, se celebra desde el respeto y la empatía.

En el plano estrictamente deportivo, el Comité Técnico de Árbitros de la RFEF ha designado a Paola Cebollada y a Elisabeth Calvo para dirigir las semifinales del torneo, una elección que refuerza el protagonismo del arbitraje femenino en las grandes citas. Paola Cebollada, colegiada aragonesa, será la encargada de impartir justicia en el derbi del martes entre Real Madrid y Atlético de Madrid, a partir de las 19:15 horas. Estará asistida por Iragartze Fernández y Raquel Díaz en las bandas, con Elena Peláez como cuarta árbitra y Alexia Mayer como quinta, configurando un equipo arbitral experimentado y preparado para gestionar un partido de alta intensidad emocional y competitiva.

El miércoles, en la semifinal entre FC Barcelona y Athletic Club, la responsabilidad recaerá sobre Elisabeth Calvo, árbitra madrileña, que contará con Andrada Alomán y Victoria Miralles como asistentes, Alicia Espinosa como cuarta árbitra y Adriana García como quinta. Dos equipos arbitrales que simbolizan el avance y la consolidación del arbitraje femenino en el fútbol español y que tendrán un papel clave en el desarrollo de un torneo donde cada decisión adquiere una dimensión especial.

La Supercopa de España femenina de 2026 arranca, por tanto, con un derbi madrileño que es mucho más que una semifinal. Es el punto de partida de una semana que aspira a celebrar el fútbol, a honrar su historia reciente y a proyectar su futuro. Castellón se prepara para acoger emociones, rivalidades y relatos que se escribirán a noventa minutos —o más— y que volverán a demostrar que el fútbol femenino español ha alcanzado un grado de madurez que le permite mirar de frente a sus grandes escenarios. Y en el centro de ese escenario, Real Madrid y Atlético de Madrid se disponen a disputar algo más que un billete para la final: se disponen a disputar un nuevo capítulo de una rivalidad que ya forma parte esencial del patrimonio competitivo del fútbol femenino nacional.

El martes cae la noche sobre Castellón de la Plana con la sensación de que algo trascendente está a punto de suceder. El Estadio de Castalia, escenario habitual de batallas deportivas y testigo de innumerables historias, se transforma en el corazón palpitante del fútbol femenino español. Las gradas se preparan para acoger a dos aficiones que, aun lejos de la capital, trasladan consigo la intensidad emocional de un derbi que nunca entiende de distancias ni de neutralidades. La Supercopa no concede margen para la espera ni para el tanteo prolongado: es una competición diseñada para el impacto inmediato, para la tensión sostenida desde el primer minuto, y el Real Madrid CF y el Atlético de Madrid lo saben desde el mismo instante en que pisan el césped.

El partido se construye desde las narrativas que rodean a ambos equipos. Para el Real Madrid, la Supercopa representa una oportunidad de reafirmación institucional y deportiva. Desde la creación de la sección femenina, el club blanco ha recorrido un camino acelerado, marcado por la inversión, la profesionalización y la ambición de situarse en la cúspide del fútbol nacional e internacional. Cada participación en un torneo oficial de estas características se convierte en un examen público, en una oportunidad para demostrar que el proyecto no solo crece en términos estructurales, sino que también es capaz de responder en los momentos de máxima exigencia.

La ausencia de varias futbolistas clave obliga al Real Madrid a mirar hacia dentro, a activar recursos internos y a confiar en la solidez del colectivo. La baja de Merle Frohms afecta a la portería, una posición de enorme peso psicológico en partidos de eliminación directa. La ausencia de Antonia Silva condiciona el eje defensivo, mientras que la de Tere Abelleira priva al equipo de una pieza fundamental en la organización del juego, una futbolista capaz de equilibrar, ordenar y dar sentido al ritmo del partido. A estas ausencias se suman las de Signe Bruun y Lotte Keukelaar, reduciendo opciones ofensivas y obligando a redefinir roles en la zona de ataque.

Sin embargo, el Real Madrid se presenta con la convicción de que los grandes equipos se construyen también desde la adversidad. La Supercopa se convierte en un escenario para que otras jugadoras asuman protagonismo, para que el colectivo se imponga sobre las individualidades y para que el equipo demuestre que su crecimiento no depende únicamente de nombres propios. El derbi ante el Atlético es, en este sentido, una prueba de carácter, una oportunidad para romper la tendencia reciente y para enviar un mensaje al resto de competidores.

Atlético de Madrid, por su parte, aterriza en Castellón con un discurso más introspectivo, marcado por la necesidad de reencontrarse con sensaciones positivas en un curso que no ha seguido el guion esperado. Acostumbrado a pelear por los puestos altos de la tabla y a competir en escenarios europeos, el conjunto rojiblanco atraviesa un momento de transición que ha generado dudas y preguntas. La Supercopa aparece como un punto de inflexión potencial, como un espacio donde redefinir objetivos y recuperar la identidad competitiva que ha caracterizado históricamente al club.

La experiencia acumulada en este tipo de torneos se convierte en un activo de valor incalculable para el Atlético. Saber gestionar la presión, entender los tiempos del partido y asumir que cada error puede ser definitivo forma parte del ADN competitivo del conjunto rojiblanco. El recuerdo del título conquistado en la temporada 2020/2021 no es solo una anécdota histórica, sino una referencia tangible de que el Atlético sabe cómo recorrer el camino hasta el final cuando el formato lo exige. Aquella final ante el Levante UD, resuelta con un contundente 3-0, permanece como un hito que refuerza la confianza del vestuario y que alimenta la ambición de repetir la gesta.

El derbi se convierte, además, en un duelo de estilos y de lecturas tácticas. El Real Madrid busca construir desde la posesión, desde la iniciativa y desde la ocupación racional de los espacios, mientras que el Atlético se siente cómodo alternando fases de control con transiciones rápidas, aprovechando la velocidad y la agresividad en campo contrario. En un partido de estas características, el equilibrio entre riesgo y seguridad se vuelve determinante, y cada decisión desde el banquillo puede alterar el desarrollo del encuentro.

La historia reciente entre ambos equipos añade capas de tensión al relato. Catorce enfrentamientos oficiales, un balance favorable al Atlético y una tendencia reciente que pesa sobre el Real Madrid configuran un escenario donde la estadística se convierte en un elemento narrativo más. El dato de que el club blanco solo haya ganado uno de los últimos ocho derbis no pasa desapercibido y actúa como un estímulo adicional para un equipo que busca cambiar su relación con este tipo de partidos. Para el Atlético, en cambio, esa misma estadística refuerza la confianza y consolida la sensación de que el derbi es un terreno donde suele moverse con soltura.

El último precedente, el partido de la segunda jornada de la Liga F Moeve, se convierte en referencia obligada. Aquel encuentro en Alcalá dejó imágenes y sensaciones que aún resuenan en la memoria de ambas plantillas. El gol inicial de Lauren Leal marcó el tono del partido, la respuesta de Sara Däbritz desde la estrategia evidenció la calidad individual del Real Madrid y la aparición decisiva de Luany en los minutos finales confirmó la capacidad del Atlético para resolver partidos ajustados. Ese choque sintetizó muchas de las constantes que se esperan en Castellón: igualdad, alternancia en el dominio y desenlaces que se deciden por detalles.

La Supercopa, sin embargo, introduce variables nuevas. No hay margen para el error, no existe la posibilidad de corregir en jornadas posteriores y el contexto emocional se intensifica. Cada duelo se vive como una final anticipada, y el peso del resultado se proyecta más allá del propio torneo. Ganar la Supercopa no solo significa levantar un título, sino también enviar un mensaje al resto de la competición, reforzar la autoestima del grupo y construir un relato positivo que acompañe al equipo durante el resto de la temporada.

Mientras el foco mediático se centra en el derbi, el torneo avanza con la certeza de que el miércoles se vivirá otro enfrentamiento de alto voltaje entre el FC Barcelona y el Athletic Club. Dos equipos con identidades muy marcadas, con trayectorias históricas profundas y con ambiciones claras de alcanzar la final. El Barcelona, dominador del panorama nacional e internacional en las últimas temporadas, afronta la Supercopa con la exigencia de quien parte como favorito en cada competición que disputa. El Athletic, por su parte, representa la tradición, la resistencia y la capacidad de competir desde la identidad propia, dispuesto a desafiar jerarquías y a reivindicar su lugar entre los grandes.

La final del sábado 24 de enero se vislumbra en el horizonte como el colofón de una semana intensa, cargada de emociones y de simbolismo. Dos semifinales, cuatro equipos, un único título y un escenario que se consolida como sede de referencia para el fútbol femenino. Castellón de la Plana asume el reto con responsabilidad institucional y con la voluntad de ofrecer un entorno a la altura de la competición, reforzando la conexión entre el territorio y el deporte femenino de élite.

En paralelo a lo deportivo, la Supercopa de España femenina se desarrolla bajo el prisma de la responsabilidad social y del compromiso institucional. La suspensión de los actos previstos dentro de la Semana de las Supercampeonas, como el acto inaugural de la exposición histórica y la visita al CEIP Bisbe Climent, introduce un tono de sobriedad y de respeto que atraviesa el conjunto del evento. La Real Federación Española de Fútbol ha querido dejar claro que el fútbol no es ajeno a la realidad y que, en momentos de duelo, la prioridad es acompañar y mostrar solidaridad con las personas afectadas.

Este contexto dota a la competición de una dimensión adicional, recordando que el deporte, además de espectáculo y competición, es también un espacio de encuentro, de valores y de humanidad. La Supercopa se celebra desde el respeto, con la conciencia de que cada partido se juega en un marco más amplio, donde la emoción deportiva convive con la empatía y la responsabilidad colectiva.

El papel del arbitraje adquiere especial relevancia en este escenario. La designación de Paola Cebollada y Elisabeth Calvo para dirigir las semifinales subraya el compromiso de la RFEF con el desarrollo y la visibilidad del arbitraje femenino en las grandes citas. Paola Cebollada, al frente del derbi madrileño, afronta un desafío de máxima exigencia, consciente de que cada decisión será analizada con lupa y de que la gestión emocional del partido resultará tan importante como la aplicación del reglamento. Su equipo arbitral, compuesto por Iragartze Fernández, Raquel Díaz, Elena Peláez y Alexia Mayer, conforma un bloque preparado para responder a las demandas de un partido de alta tensión.

El miércoles, Elisabeth Calvo liderará el equipo arbitral en la segunda semifinal, acompañada por Andrada Alomán, Victoria Miralles, Alicia Espinosa y Adriana García. Dos designaciones que reflejan la confianza del Comité Técnico de Árbitros en el talento y la preparación de sus colegiadas, y que refuerzan la imagen de una Supercopa alineada con los valores de igualdad y profesionalización que definen al fútbol femenino actual.

A medida que avanza la semana, la Supercopa de España femenina se consolida como algo más que un torneo de pretemporada avanzada o un título menor. Es un escaparate, un punto de encuentro y un termómetro del estado del fútbol femenino en España. Cada edición suma capas de significado, construye tradición y refuerza la sensación de que el camino recorrido ha merecido la pena. En Castellón, el fútbol femenino se mira a sí mismo con orgullo, consciente de sus avances y de sus retos, dispuesto a seguir creciendo desde la competición, la visibilidad y el compromiso.

Y en el centro de todo, el derbi madrileño del martes se erige como el primer gran capítulo de una historia que se escribirá a lo largo de cinco días intensos. Noventa minutos, quizá más, decidirán qué equipo avanza hacia la final y cuál deberá regresar a casa con la sensación de una oportunidad perdida. En ese margen estrecho se concentrarán años de historia reciente, expectativas, frustraciones y sueños. La Supercopa arranca, y con ella, un nuevo episodio del fútbol femenino español dispuesto a dejar huella.

La Supercopa de España femenina avanza hacia su desenlace con la solemnidad de los torneos que entienden su propio peso histórico. Cada jornada en Castellón de la Plana añade densidad narrativa a una competición que ya no se explica únicamente por el valor del trofeo, sino por todo lo que lo rodea, lo que lo precede y lo que lo proyecta hacia el futuro. El fútbol femenino español se reconoce a sí mismo en este formato concentrado, en esta sucesión de partidos que obligan a convivir con la presión, con la exposición mediática y con la exigencia de rendir cuando el margen de error desaparece por completo.

El derbi madrileño que abre la Supercopa se convierte, inevitablemente, en el eje emocional del torneo. Real Madrid y Atlético de Madrid no solo se juegan el pase a la final, sino también una parte de su relato de la temporada. Para el equipo blanco, la semifinal representa la posibilidad de consolidar un proceso de crecimiento que busca traducirse en títulos y en legitimidad competitiva. Para el conjunto rojiblanco, el partido adquiere tintes de reivindicación, de reafirmación identitaria y de reconexión con una esencia competitiva que históricamente ha definido al club.

El fútbol femenino español ha aprendido, en los últimos años, a convivir con estos relatos cruzados, con esta acumulación de significados que convierten cada gran partido en algo más que un simple enfrentamiento deportivo. La Supercopa actúa como espejo de esa evolución. Ya no se trata únicamente de jugar bien, sino de gestionar la expectativa, de responder ante la mirada de una audiencia cada vez más amplia y de asumir que cada gesto, cada resultado y cada decisión forman parte de un ecosistema en constante observación.

En este contexto, Castellón se transforma en una ciudad anfitriona que asume su papel con naturalidad y compromiso. El Estadio de Castalia no es solo un recinto deportivo, sino un espacio simbólico donde confluyen trayectorias, aspiraciones y memorias. Durante cinco días, la ciudad se integra en el pulso del fútbol femenino nacional, acogiendo a equipos, cuerpos técnicos, árbitras, personal federativo y aficiones que comparten un mismo objetivo: vivir y construir una competición que ya forma parte del calendario emocional del deporte español.

La final del sábado 24 de enero, fijada para las 19:00 horas, se presenta como el punto culminante de este viaje. Dos equipos llegarán hasta ese último partido tras superar pruebas exigentes, conscientes de que la Supercopa no concede premios menores ni reconoce trayectorias pasadas. La final se decide en noventa minutos —o en lo que el reglamento determine— y exige una concentración absoluta, una gestión perfecta de los tiempos y una capacidad para sostener la presión hasta el último instante. Ganar la Supercopa significa inaugurar el palmarés de la temporada, pero también inscribir el nombre del club en una narrativa que se construye año a año.

La presencia del FC Barcelona y del Athletic Club en la otra semifinal completa un cartel que refuerza la dimensión histórica del torneo. El Barcelona, referente indiscutible del fútbol femenino contemporáneo, llega a Castellón con la responsabilidad implícita de quien ha marcado una era. Cada partido del conjunto azulgrana se analiza desde el prisma de la excelencia, y cada competición se convierte en un nuevo examen para un proyecto que ha elevado el listón competitivo a niveles inéditos. El Athletic Club, por su parte, encarna la tradición, el arraigo y la fidelidad a una identidad que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos sin perder su esencia. Su presencia en la Supercopa es también una reivindicación de la diversidad de modelos que conviven en el fútbol femenino español.

El torneo, además, se desarrolla bajo una conciencia institucional que atraviesa todas sus capas. La suspensión de los actos previstos dentro de la Semana de las Supercampeonas, motivada por el trágico accidente ferroviario ocurrido en Córdoba, imprime un tono de respeto y sobriedad que acompaña a la competición. La Real Federación Española de Fútbol ha querido subrayar, con su mensaje de condolencia y apoyo, que el fútbol no se entiende al margen de la realidad social y que, incluso en el marco de un gran evento deportivo, la empatía y la humanidad ocupan un lugar central.

Este gesto institucional no resta importancia al torneo, sino que lo contextualiza. La Supercopa se celebra desde el respeto, con la conciencia de que el deporte forma parte de una sociedad compleja, atravesada por alegrías y tragedias. En ese equilibrio entre celebración y recogimiento se construye también la madurez del fútbol femenino, capaz de asumir su visibilidad y su responsabilidad en igual medida.

El arbitraje, elemento esencial en cualquier competición de alto nivel, adquiere una relevancia especial en este escenario. Las designaciones de Paola Cebollada y Elisabeth Calvo para dirigir las semifinales simbolizan el avance del arbitraje femenino y su integración plena en los grandes eventos del calendario nacional. No se trata solo de impartir justicia, sino de gestionar partidos de alta carga emocional, de mantener el control en contextos de máxima presión y de garantizar que el desarrollo del juego se ajuste a los principios de equidad y rigor que exige la competición.

Paola Cebollada, al frente del derbi madrileño, asume una responsabilidad que va más allá de lo técnico. Su actuación, respaldada por un equipo arbitral experimentado, será clave para sostener el ritmo del partido y para garantizar que el protagonismo recaiga en las futbolistas. Elisabeth Calvo, en la segunda semifinal, afronta un desafío similar, consciente de que cada decisión se inscribe en un contexto de máxima exposición mediática. Ambas colegiadas representan una generación de árbitras que han crecido al mismo ritmo que el fútbol femenino y que hoy forman parte indiscutible de sus grandes escenarios.

A medida que la Supercopa se acerca a su desenlace, el torneo reafirma su condición de punto de encuentro entre pasado, presente y futuro. El recuerdo del título conquistado por el Atlético de Madrid en la temporada 2020/2021 convive con la ambición de clubes que buscan estrenar su palmarés. La historia reciente se entrelaza con los nuevos relatos que se escriben en Castellón, y cada partido añade una página más a un libro que sigue en construcción.

La Supercopa de España femenina no es solo el primer título de la temporada. Es una declaración de intenciones, un escaparate del nivel competitivo alcanzado y una celebración del camino recorrido. En Castellón de la Plana, durante cinco días, el fútbol femenino español se mira a sí mismo con ambición y con memoria, consciente de que cada edición del torneo refuerza su legitimidad y su proyección.

Cuando el balón ruede en la final del sábado, todo lo vivido en las jornadas previas convergerá en un único objetivo. Las semifinales, las historias cruzadas, las decisiones arbitrales, los contextos emocionales y las expectativas acumuladas encontrarán su síntesis en noventa minutos decisivos. Solo un equipo levantará el trofeo, pero todos los participantes formarán parte de una Supercopa que vuelve a confirmar que el fútbol femenino español ha alcanzado una dimensión irreversible.

Así, la edición de 2026 queda marcada desde su inicio por un derbi madrileño de alto voltaje, por una organización comprometida, por un contexto institucional sensible y por la certeza de que cada partido disputado en Castellón contribuye a consolidar una competición que ya es patrimonio del deporte español. La Supercopa se juega, se siente y se recuerda. Y en ese recuerdo colectivo, cada palabra, cada acción y cada resultado ocupan un lugar que trasciende el marcador.

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