La crónica | El Real Madrid pasa a la final de la Supercopa de España en Castellón

(Fuente: RFEF)

◼️Al Real Madrid le bastaron 20 minutos arrolladores para golear y sentenciar el derbi de semifinales de la Supercopa por 3-1. Athenea, Weir y Linda fueron las autoras de los tres tantos de las madridistas para doblegar a un Atlético en crisis.

La previa |

(Fuente: Getty imágenes)

Castellón se prepara para convertirse en el epicentro del fútbol femenino español, donde este fin de semana se disputará la primera semifinal de la Supercopa de España Iberdrola 2026, un derbi capitalino que promete emociones al límite y un espectáculo que trasciende el mero resultado. Real Madrid y Atlético de Madrid se enfrentan en un choque que entrega al vencedor un pasaporte directo a la gran final, un duelo que combina rivalidad histórica, intensidad táctica y la presencia de algunas de las jugadoras más destacadas de la Liga F Moeve.

El estadio se engalana para recibir a dos equipos que, pese a compartir ciudad y ambición, representan filosofías de juego opuestas: el Real Madrid apuesta por la posesión, la amplitud y la construcción desde atrás, mientras que el Atlético mantiene su ADN caracterizado por presión alta, intensidad en la recuperación y transiciones veloces que han definido su éxito en la última década. La tensión es palpable en cada entrenamiento, en cada declaración de las protagonistas y en la expectativa de una afición que conoce de memoria la pasión de estos enfrentamientos.

Históricamente, los derbis madrileños femeninos han ofrecido partidos intensos, donde cada acción puede definir el resultado. Desde que el Real Madrid consolidó su proyecto femenino de élite en 2020, los choques con el Atlético se han convertido en auténticas pruebas de carácter y táctica. 

En los últimos cinco enfrentamientos directos, los resultados se han repartido entre ambos equipos, aunque el Atlético ha logrado imponerse en momentos decisivos, sobre todo en semifinales de Copa de la Reina y jornadas clave de Liga F, donde su solidez defensiva y efectividad en transiciones rápidas marcaron la diferencia.

Los precedentes históricos entre ambos equipos, que son enemigos irreconciliables, son favorables para los intereses rojiblancos amén de seis victorias, cuatro empates y cuatro derrotas en los catorce derbis anteriores.

Sin embargo, el Real Madrid ha demostrado que la calidad individual de jugadoras como Linda Caicedo, Caroline Weir y Sara Däbritz es capaz de romper cualquier esquema defensivo con combinaciones rápidas, movimientos entre líneas y precisión en los metros finales.

Este derbi, más allá de la supremacía local, representa un pulso entre proyectos distintos: el Real Madrid en consolidación, con inversión y planificación a largo plazo, frente al Atlético, que ha mantenido un modelo ganador que combina veteranía, juventud y resultados constantes en finales y semifinales. 

El Real Madrid llega a Castellón con un bloque equilibrado, donde la seguridad en portería de Misa Rodríguez, líder y capitana del equipo, será fundamental para contener la verticalidad y rapidez del Atlético. En defensa, jugadoras como Maëlle Lakrar, María Méndez y Yasmim formarán un muro que deberá soportar las internadas veloces de Luany Da Silva Fiamma Benítez, mientras que Bella Andersson aportará velocidad y capacidad de anticipación en la cobertura lateral. El mediocampo es uno de los puntos fuertes del equipo, con Sandie Toletti y Sara Däbritz coordinando la salida de balón, gestionando la presión rival y conectando con las delanteras. Hanna Bennison y Filippa Angeldahl equilibran recuperación y apoyo ofensivo, permitiendo que la línea de ataque pueda desplegarse con libertad.

En la delantera, Linda Caicedo es la referencia de velocidad y desequilibrio, capaz de generar superioridad en uno contra uno, mientras que Caroline Weir aporta visión de juego y capacidad de remate desde fuera del área, complementando la amenaza de Signe Bruun, que llega en plena recuperación de su lesión, y Eva Navarro, especialista en desequilibrar a la defensa con movimientos inteligentes,

Por su parte, el Atlético de Madrid confía en su experiencia y cohesión de grupo para imponerse en un duelo donde la intensidad física será clave. Lola Gallardo, capitana y guardameta, será la garantía defensiva, ofreciendo seguridad y liderazgo a todo el bloque. La defensa combina experiencia y juventud, con Andrea Medina, Lauren Leal, Xènia Pérez y Silvia Lloris formando un muro difícil de superar, mientras que Rosa Otermín aporta salida limpia por el lateral. En el centro del campo, Vilde Bøe Risa y Júlia Bartel equilibran control de juego y capacidad ofensiva, imponiendo el ritmo del partido y generando transiciones rápidas hacia el ataque. La línea ofensiva, encabezada por Luany Da Silva , Fiamma Benítez y Amaiur Sarriegi, representa un constante peligro, complementada por la desequilibrante Jensen por banda, capaz de generar superioridad numérica y asistir en los momentos decisivos.

La experiencia de Víctor Martín, entrenador del Atlético, garantiza un planteamiento sólido que combina orden táctico, presión coordinada y lectura de los momentos clave del derbi.

Tácticamente, el choque se presenta como un duelo de contrastes. El Atlético buscará imponer su presión alta y recuperación inmediata, intentando explotar cualquier pérdida de balón madridista. Las transiciones rápidas serán fundamentales, con el objetivo de sorprender a la defensa blanca antes de que se reorganice. 

Por su parte, el Real Madrid intentará controlar la posesión, mover el balón con criterio, abrir espacios y aprovechar la movilidad de sus delanteras para desarmar la presión rival. Las bandas serán escenario de constantes batallas: Caicedo y Weir frente a Maca Portales y Amaiur Sarriegi, donde cada acción puede abrir el camino hacia el gol. La defensa de áreas y la capacidad de concentración de porteras y centrales serán determinantes: un solo error puede cambiar el destino del derbi y definir qué equipo avanza a la final.

El aspecto psicológico también jugará un papel importante. Ambos equipos han demostrado fortaleza mental en instancias decisivas. La capacidad de mantener la calma bajo presión, la resiliencia tras un gol en contra y la gestión de momentos de tensión marcarán la diferencia. La historia reciente muestra que los derbis madrileños suelen resolverse en detalles: jugadas a balón parado, errores individuales o decisiones tácticas puntuales. La lectura del juego y la capacidad de adaptación de cada entrenadora serán decisivas. El Real Madrid, con su enfoque en posesión y combinaciones rápidas, deberá equilibrar creatividad con disciplina defensiva.

El Atlético, con su intensidad y solidez táctica, buscará aprovechar cada contragolpe y dominar el ritmo del partido.

repercusión mediática y el seguimiento de aficionados añade un componente extra de presión y espectáculo. Redes sociales, medios de comunicación y la expectación de la Liga F Moeve convierten a Castellón en un escenario donde cada jugada se analiza y cada gol se celebra con intensidad. Las declaraciones previas de las protagonistas subrayan la motivación máxima: Amaiur Sarriegi destaca la importancia de mantener el orden táctico, mientras que Linda Caicedo resalta la necesidad de imponer su juego ofensivo y aprovechar las oportunidades que surjan. 

Cada entrenadora ha estudiado al detalle al rival, buscando debilidades y maximizando fortalezas para un partido que promete ser recordado como un clásico moderno del fútbol femenino español.

En conclusión, este derbi de semifinal de la Supercopa de España Iberdrola no es solo un partido; es un choque de estilos, una confrontación de proyectos y un espectáculo de fútbol de alto nivel. Real Madrid y Atlético de Madrid se juegan más que un pase a la final: se juegan prestigio, rivalidad y la posibilidad de consolidar sus nombres en la historia reciente del fútbol femenino. Con plantillas equilibradas, figuras capaces de cambiar el destino del encuentro y tácticas que prometen tensión en cada metro del campo, Castellón se prepara para un domingo inolvidable donde la pasión, la técnica y la estrategia se funden en un derbi que marcará el rumbo de la Supercopa 2026.

Y cuando el balón eche a rodar en Castellón, ya no habrá espacio para la teoría ni para la estadística.

Todo quedará reducido a noventa minutos —o quizá más— en los que el orgullo de dos escudos, la ambición de dos proyectos y el carácter de dos vestuarios se pondrán a prueba sin red.

El Real Madrid saltará al césped con la convicción de quien quiere escribir su nombre con letras definitivas en la historia de las grandes noches, decidido a imponer su juego, su talento y su identidad. El Atlético de Madrid lo hará con la mirada de quien conoce este terreno, de quien ha sobrevivido a finales, a derrotas y a conquistas, y sabe que los títulos no se piden: se arrancan.

Será entonces cuando cada carrera de Linda Caicedo, cada golpeo de Caroline Weir, cada parada de Misa Rodríguez o cada orden de Lola Gallardo desde el área cobren un significado mayor que el propio partido.

ocasión clara y el rugido tras un gol recuerden por qué el fútbol femenino español vive uno de los momentos más apasionantes de su historia. En Castellón no se jugará solo una semifinal; se disputará un capítulo más de un derbi que ya es patrimonio emocional del fútbol nacional.

Al final, solo una avanzará hacia la gran final de la Supercopa de España Iberdrola. La otra tendrá que asumir que incluso en la derrota se forjan los equipos que regresan más fuertes. Pero pase lo que pase, este Real Madrid-Atlético de Madrid ya ha ganado su sitio en la memoria: como un duelo de máxima exigencia, de talento desbordado y de emociones sin concesiones.

(Fuente: “Liga F Moeve)

El duelo en detalle |

(Fuente: “El Partido de Manu”)

Los onces |

Once inicial:
• 1. Lola (C)
• 3. Medina
• 4. Lauren
• 6. Vilde
• 7. Synne
• 15. Silvia
• 17. Júlia
• 20. Amaiur
• 21. Fiamma
• 22. Luany
• 23. Alexia

Entrenador: Víctor Martín

(Fuente: Getty imágenes)

La Supercopa de España Femenina abre fuego en Castellón con un clásico moderno: Real Madrid y Atlético se miden por un puesto en la final

Castellón acoge la Semifinal 1 de la Supercopa de España Femenina, una cita que enfrenta a Real Madrid y Atlético de Madrid en un duelo de máxima exigencia, cargado de talento internacional, identidad competitiva y un trasfondo histórico que sigue escribiéndose temporada tras temporada.

El torneo, organizado por la RFEF y patrocinado por Iberdrola, vuelve a situar al fútbol femenino español en el primer plano mediático con un escenario neutral y una eliminatoria directa que no admite margen de error.

El Real Madrid, talento y control desde la posesión

El conjunto blanco comparece con Misa Rodríguez como capitana y líder bajo palos, respaldada por una estructura sólida en defensa y una medular de enorme jerarquía. Däbritz, Weir y Angeldahl marcan el pulso del juego interior, mientras que el desborde y la profundidad llegan por fuera con Athenea y Eva Navarro. En punta, Alba Redondo asume la responsabilidad ofensiva.

Once inicial del Real Madrid:
Misa (C); Athenea, Däbritz, Weir, Redondo, M. Méndez, Angeldahl, Linda C., Eva Navarro, Holmgaard y Lakrar.
Entrenador: Antonio Rodríguez.

El plan blanco pasa por dominar el balón, imponer ritmo y castigar entre líneas, con especial atención a las llegadas desde segunda línea y a la capacidad asociativa de su tridente creativo.

El Atlético de Madrid, identidad competitiva y presión alta

El Atlético afronta la semifinal fiel a su ADN: intensidad, orden y verticalidad. Lola Gallardo, capitana y referente, lidera a un equipo equilibrado que combina juventud y experiencia. En el centro del campo, Silvia y Júlia sostienen al equipo, mientras que el talento ofensivo se reparte entre Amaiur, Fiamma y Luany, con Alexia completando el frente de ataque.

Once inicial del Atlético de Madrid:
Lola (C); Medina, Lauren, Vilde, Synne, Silvia, Júlia, Amaiur, Fiamma, Luany y Alexia.
Entrenador: Víctor Martín.

El conjunto rojiblanco apuesta por un bloque compacto, presión tras pérdida y transiciones rápidas, buscando hacer daño a campo abierto y aprovechar cualquier desajuste defensivo del rival.

Un duelo con aroma a título

Real Madrid y Atlético de Madrid se reencuentran en un contexto de máxima presión, con una final en juego y el prestigio de levantar el primer título del año. Dos estilos, dos proyectos y una misma ambición: conquistar Castellón y avanzar hacia la Supercopa.

(Fuente: RFEF)

El escenario está listo. El balón, preparado. Y el fútbol femenino español, una vez más, en el centro de todas las miradas

El Real Madrid salía con el mejor equipo que podía disponer el técnico. Misa protegía la portería, escoltada por la línea de cuatro que formaban Holmgaard y Navarro en los laterales y Méndez y Lakrar en el eje. Dabritz aparecía en el centro del campo junto a Angeldahl, que volvía al once como Weir. Athenea caía a una banda, a la otra lo hacía Linda y en punta aparecía Redondo.

Y las blancas dominaron desde el primer momento. De hecho, Athenea no tardó en batir a Lola Gallardo para abrir la lata con el 1-0 en el minuto 6 de juego, empezaba muy bien el partido para las merengues.

La exjugadora del Deportivo estaba en racha después de haberle hecho un doblete al Levante Unión Deportiva en Orriols.

Habría más. El Atlético había salido dispuesto a dominar y a combinar. Se equivocaron claramente. De un error al intentar jugar el balón atrás llegó el primero y, de la misma forma, tras un saque de banda, llegó el segundo. Se quedó largo el pase y lo aprovechó Weir a la carrera, anticipándose a una Gallardo que salió de su área, para marcar a portería vacía para así duplicar la renta hasta el 2-0 antes del primer cuarto de hora.

no tardaría en llegar el tercero. Faltaba Linda Caicedo por aparecer. Arrancó desde su campo, condujo sin oposición por el carril central y, desde unos 25 metros, la pegó. No fue un disparo muy potente, ni muy alto. Sí que buscó el palo y el esférico botó delante de Lola, que no pudo atraparlo y vio con impotencia con el 3-0 llegaba en el 18 y antes del ecuador de la primets mitad ya estaba todo prácticamente hecho para las de Valdebebas.

El Atlético estaba prácticamente en la lona, pues nada salía bien ante la desesperación de Víctor Martín.

Luany aprovechó un impás médico (la atención de su compañera Bøe Risa) para llamar al resto de su equipo, hacer un círculo en el centro del campo y pedir más. Más intensidad, más compromiso, más competitividad. El aguacero que estaba cayendo en Castellón en ese momento no era nada comparado con el baño que le estaba dando el rival tanto en lo físico como en lo táctico, pero en el tramo final de la primera parte llegó la reacción visitante.

El Atlético lo intentó con más corazón que con cabeza, una fórmula que deja demasiado al azar y que muchas veces acaba mal. En esta ocasión lo que provocó es que aumentara la vehemencia del choque, llevando los duelos y encontronazos muchas veces al límite, con jugadoras calentándose en exceso y dejando el fútbol en un segundo plano.

El equipo dirigido por Víctor Martín logró irse al descanso liderando la posesión (60%), una estadística inocua cuando no va acompañada de la salsa de gol. Amaiur lo rozó en dos ocasiones, una estrellando su disparo en el lateral de la red y otro topándose con una imponente Méndez, cada vez más líder de la defensa —y del equipo—. La última de la primera parte fue de Fiamma, que tras una buena internada de Luany por banda derecha ganando la espalda a Holmgaard, resolvió la jugada con un disparo que rozó la madera. Ni los dos minutos de añadido dieron pie para que el Atlético recortara distancias y se metiera en la lucha por la semifinal y el escenario tenía un nuevo decorad, sin lugar a dudas.

Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con una cómoda renta para el Real Madrid, pero el Atleti quiso vender cara su piel y eso le puso cierta dosis de emoción al segundo tiempo en Castellón.

La incorporación al escenario de Feller y Menayo. Misa, que jugaba su partido 200 con el Real Madrid, sacó un derechazo de Bøe Risa con un vuelo sin motor y el palo repelió un remate de Caicedo tras una excelsa jugada por el carril zurdo donde volvió a desdibujar a Alexia.

El arbitraje tuvo su dosis de protagonismo, pues Paola Cebollada acudió al FSV para revisar una posible manos de Lloris dentro del área que entendió que no eran susceptibles de sanción; y una posible tarjeta roja para Feller que se quedó en amarilla.

El pasar del tiempo permitió al banquillo blanco dosificar esfuerzos y comenzar a preparar la final. Antonio dio descanso a Weir, Alba, Athenea y Holmgaard, probó a Feller de ‘9’ y dio minutos a Sheila García, ex del Atlético de Madrid, como extremo.

La incombustible fue Caicedo, que siguió intentándolo cada vez que agarró el esférico en línea de tres cuartos. La colombiana lo probó con la izquierda y con la derecha, por dentro y por fuera y, aunque estuvo cerca, no logró ampliar su cuenta individual.

A falta de 20 minutos para el final, el Atlético animó el partido. Luany, que no cesó en su empeño, recortó distancias en una jugada individual en la que recortó a Irune dentro del área y definió ante Misa con un toque con el exterior de su bota zurda en una acción de gran calidad de la exjugadora del Madrid CFF que sirvió para instalar el 3-1 definitivo en el luminoso sobre el 72 de juego.

A partir de ese instante final, cuando el reloj ya había consumido cada segundo posible y el murmullo del estadio comenzaba a transformarse en un ruido espeso, casi solemne, el partido quedó definitivamente sellado en la memoria colectiva. No hubo más sustituciones, no hubo más interrupciones, no hubo margen para un último giro de guion. El césped de la Supercopa de España femenina Iberdrola quedó marcado por las huellas de un encuentro que fue mucho más que una semifinal: fue una declaración de intenciones, un examen emocional y competitivo, y una frontera clara entre el presente inmediato y el futuro que aguarda a ambos proyectos.

El Real Madrid, firme, resiliente, consciente de la magnitud del momento, resistió los últimos envites de un Atlético de Madrid herido, empujado más por el orgullo que por la claridad futbolística. El pitido final no solo confirmó un resultado; confirmó un estado. Confirmó que el conjunto blanco está preparado para mirar de frente a la historia y pelear por el primer gran título de su sección femenina. Confirmó también que el Atlético, pese a su tradición, su carácter competitivo y su innegable talento, deberá detenerse, analizarse y reconstruirse desde la autocrítica para no permitir que esta eliminación se convierta en una herida estructural.

Cuando la colegiada señaló el final del encuentro, el silencio duró apenas una fracción de segundo. Después, el estallido. Las jugadoras del Real Madrid se abrazaron en el centro del campo con una mezcla de alivio, emoción contenida y ambición renovada. No era una celebración desbordada; era una celebración consciente. Cada gesto, cada mirada, transmitía la sensación de que este equipo sabe exactamente dónde está y hacia dónde quiere ir.

Para el Atlético de Madrid, en cambio, el final fue un golpe seco. Algunas futbolistas se quedaron inmóviles, mirando al vacío. Otras se llevaron las manos a la cara. No había lágrimas exageradas ni dramatismos impostados, pero sí un dolor profundo, el que nace de sentir que se ha escapado una oportunidad importante y de saber que el margen de reacción, a partir de ahora, será mínimo.

La Supercopa no concede treguas. Es un torneo corto, intenso, cruel en su formato, donde cada error se magnifica y cada acierto se convierte en oro puro. Y en ese contexto, el Real Madrid fue más certero, más sólido en los momentos clave y, sobre todo, más fiel a su plan.

pase a la final de la Supercopa de España femenina Iberdrola no es un simple trámite para el Real Madrid. Es un paso más en un proceso que, temporada tras temporada, ha ido construyendo una identidad reconocible. Este equipo ya no vive únicamente de la comparación constante con otros gigantes del fútbol femenino español; empieza a escribir su propio relato.

La posibilidad de levantar su primera Supercopa supone un punto de inflexión. No solo por el trofeo en sí, sino por lo que simboliza: la confirmación de que el proyecto ha madurado, de que el crecimiento no es solo estructural o institucional, sino competitivo y emocional. Llegar a una final implica saber gestionar la presión, convivir con la exigencia y responder cuando el partido lo pide.

El Real Madrid sabe que enfrente tendrá a un rival de máxima entidad. Athletic Club o FC Barcelona, dos equipos con identidades muy definidas y con una trayectoria contrastada en este tipo de escenarios. No habrá concesiones, no habrá favoritismos claros. La final será una batalla de estilos, de convicciones y de detalles.

Pero si algo ha demostrado este Real Madrid es que no rehúye ese tipo de partidos. Los busca. Los necesita. Los entiende como el escenario natural para seguir creciendo.

La Supercopa de España femenina se ha convertido, en apenas unos años, en un escaparate privilegiado del fútbol femenino nacional. No es solo un título; es una narrativa condensada del estado de la competición. Cada edición deja imágenes, debates, emociones y certezas que acompañan al aficionado durante toda la temporada.

La final que se avecina no será una excepción. Será, de nuevo, una oportunidad para reivindicar el talento, la intensidad y la calidad del fútbol femenino español. Será una invitación abierta a seguir mirando, a seguir apoyando, a seguir creyendo en una competición que no deja de crecer en impacto, nivel y relevancia mediática.

El Real Madrid llega con hambre de historia. Athletic Club y FC Barcelona, con la autoridad que les concede su pasado reciente. Tres maneras distintas de entender el juego, tres culturas futbolísticas, un mismo objetivo: levantar un título que ya es parte esencial del calendario.

Para el Atlético de Madrid, esta eliminación no puede quedarse únicamente en el terreno de la decepción momentánea. Es un punto de inflexión que exige reflexión profunda. El club rojiblanco ha construido, durante años, una identidad basada en la competitividad extrema, la intensidad emocional y la capacidad de resistencia. Sin embargo, el fútbol evoluciona, y con él las exigencias tácticas, físicas y mentales.

(Fuente: “El Partido de Manu”)

La Supercopa ha dejado al descubierto áreas de mejora evidentes. Ajustes defensivos, mayor fluidez en la circulación, mejor gestión de los momentos de partido y, sobre todo, una mayor capacidad para transformar el dominio territorial en ocasiones claras. No se trata de cuestionar el proyecto, sino de entender que el margen de error, en el fútbol de élite actual, es cada vez más estrecho.

El Atlético tiene talento, tiene experiencia y tiene una base sólida. Pero necesitará utilizar estos próximos días como un laboratorio de corrección y crecimiento. No hay tiempo para lamentaciones prolongadas; el calendario aprieta y la exigencia no espera.

horizonte inmediato ya está marcado en rojo. El próximo 31 de enero de 2026, a las 18:00 (horario peninsular), el Atlético de Madrid volverá a competir en la Primera División Femenina. Lo hará ante el Granada Club de Fútbol, en Alcalá de Henares, en un encuentro que será mucho más que una jornada liguera.

Ese partido representará el inicio de una nueva etapa tras el golpe de la Supercopa. Será una prueba de carácter, de capacidad de reacción y de madurez competitiva. El Atlético no solo deberá sumar puntos; deberá enviar un mensaje. A sí mismo y al resto de la competición.

El Granada, por su parte, no será un rival complaciente. Cada temporada en la élite es una lucha constante, y cualquier concesión se paga caro. El Atlético necesitará llegar con las ideas claras, con un plan definido y con la convicción de que este tropiezo no define su temporada, sino que puede convertirse en el impulso necesario para crecer.

de los grandes aprendizajes que deja esta semifinal es que el fútbol no se mide únicamente en resultados inmediatos. Se mide en procesos, en trayectorias, en la capacidad de aprender de las derrotas y de gestionar las victorias con humildad. El Real Madrid ha sabido aprovechar su momento. El Atlético debe aprender del suyo.

Ambos equipos, desde realidades distintas, forman parte de un ecosistema competitivo que enriquece a la Primera División Femenina y al fútbol español en su conjunto. Cada enfrentamiento entre ellos eleva el nivel, exige más y deja enseñanzas que trascienden el marcador.

La Supercopa actúa, en ese sentido, como un espejo acelerado. Muestra virtudes y carencias sin filtros, obliga a reaccionar y marca tendencias que se prolongan durante el curso.

Para el espectador, para quien sigue el fútbol femenino con pasión y compromiso, este desenlace no es un punto final. Es un punto y seguido. La Supercopa de España femenina Iberdrola continúa, y lo hace con una final que promete emociones, intensidad y fútbol de alto nivel.

Seguir disfrutando de este torneo es seguir apostando por una competición que no deja de ofrecer relatos potentes, partidos vibrantes y protagonistas que merecen cada foco mediático que reciben. Es entender que cada edición suma un capítulo más a una historia colectiva que se está escribiendo a gran velocidad.

La final será el escenario perfecto para confirmar todo lo que esta Supercopa representa: ambición, crecimiento, rivalidad sana y un compromiso absoluto con la excelencia deportiva.

(Fuente: “El Partido de Manu”)

La noche se cerró con luces que se apagaban lentamente, con conversaciones que continuaban en las gradas y con análisis que ya empezaban a tomar forma. El Real Madrid se marchó con la certeza de haber dado un paso decisivo. El Atlético, con la obligación de mirar hacia dentro y reconstruirse desde la exigencia.

Así es el fútbol. Así es la Supercopa. Un escenario donde no hay espacio para la indiferencia, donde cada partido deja cicatrices o trofeos, y donde el futuro se construye, partido a partido, a partir de lo que se aprende en noches como esta.

El camino sigue, la final espera e incluso la La Liga F Moeve llama y el conjunto rojiblanco aún tiene mucho que decir.

Y el fútbol femenino español, una vez más, demuestra que está muy vivo, que exige atención constante y que siempre ofrece motivos para seguir mirando, analizando y creyendo.

(Fuente: RFEF)

📋 Ficha técnica |

Real Madrid: Misa Rodríguez, Athenea del Castillo (Sheila García, 66′), Sara Däbritz (Toletti, 82′), Caroline Weir (Naomie Feller, 46′), Alba Redondo (Irune Dorado, 59′), María Méndez, Ingrid Angeldal, Linda Caicedo, Eva Navarro, Sara Holmgaard (Yasmin Assis, 66′), Maëlle Lakrar.

Suplentes: Laia López, Rocío Gálvez, Paula Comendador, Sandie Rose Toletti, Signe Bruun, Yasmim Assis, Sheila García, Naomie Feller, Bella Astrid Andersson, Irune Dorado, Iris Ashley Santiago.

Entrenador: Pau Quesada. (Antonio Rodríguez, segundo entrenador, ha dirigido al equipo debido a la ausencia por motivos personales de Pau Quesada).

Atlético de Madrid: Andrea Medina, Lauren Leal, Vilde Risa, Synne Jensen, Silvia Lloris (Sheila Guijarro, 91′), Júlia Bartel (Carmen Menayo, 46′), Amaiur Sarriegi (Chinchilla, 82′), Fiamma Benítez, Luany Da Silva, Alexia Fernández.

Suplentes: Patricia Larque, Alba de Isidro, Xenia Pérez, Sheila Guijarro, Carmen Menayo, Rosa María Otermin, Priscila Chinchilla, Macarena Portales, Natalia Peñalvo, Lydia Rodríguez, Daniela Miñambres.

ÁRBITRO: Paola Cebollada.

Árbitros asistentes: Iragartze Fernández y Raquel Díaz.

Cuarto árbitro: Elena Peláez.

Quinto árbitro: Alexia Mayer.

Amarillas: Feller, 57. Caicedo, 57′. Sara Däbritz, 64′. Medina, 84′.

ESTADIO: Semifinal de la Supercopa de España Femenina Iberdrola 2026, disputada en el Nuevo Estadio Skyfi Castalia, Castellón sobre una superficie de hierba natural.

Goles |

1-0 Athenea del Castillo 6’ ⚽️
2-0 Caroline Weir 15’ ⚽️
3-0 Linda Caicedo 18’ ⚽️
3-1 Luany Da Silva 71’ ⚽️

Vídeo:

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