
⬛️ El equipo txuri-urdin ganó por 3-0 a la SD Eibar para quedarse con el derbi guipuzcoano. Intza Eguiguren, Ane Etxezarreta, en propia puerta, y Eunate Astralaga, también en propia puerta, marcaron los tantos del cuadro donostiarra. Nerea Eizagirre fue la MVP del duelo para ampliar la ventaja por la tercera plaza.
La previa |

En Zubieta no se juega solo un partido. Se pone en escena una forma de entender el fútbol, una identidad construida a base de paciencia, cantera y resistencia. La decimoséptima jornada de la Liga F propone un duelo que trasciende la clasificación: Real Sociedad y Sociedad Deportiva Eibar se citan en un enfrentamiento que es territorial, emocional y profundamente simbólico. Dos proyectos distintos, dos caminos hacia la élite, un mismo horizonte de legitimidad competitiva. Noventa minutos que no entienden de etiquetas ni presupuestos, sino de convicción.
La decimoséptima jornada de la Liga F marca un punto de inflexión claro en el calendario. Superado el ecuador del campeonato, los equipos comienzan a mirarse en el espejo con mayor crudeza. Ya no hay margen para el autoengaño ni para las excusas estructurales. Cada punto empieza a tener valor doble: por lo que suma y por lo que evita que sumen los demás.
En ese escenario, el duelo entre la Real Sociedad y el Eibar adquiere un significado especial. No se trata únicamente de un enfrentamiento entre dos equipos vascos. Es la colisión entre dos modelos que han sabido ganarse su espacio en la máxima categoría desde premisas distintas, pero con un denominador común: la fidelidad a una idea.
La Real llega con la obligación silenciosa de mirar hacia arriba. El Eibar, con la urgencia estratégica de mirar hacia atrás sin perder la dignidad competitiva. Y entre ambos, una Liga F cada vez más exigente, más igualada en la zona media y más implacable con los errores.
Hablar de la Real Sociedad femenina es hablar de continuidad. De un proyecto que no ha buscado atajos ni soluciones artificiales. Zubieta como epicentro, la cantera como columna vertebral y una progresión sostenida que ha llevado al equipo a consolidarse como uno de los conjuntos más fiables del campeonato.
La Real ya no es una sorpresa. Tampoco una promesa. Es una realidad competitiva que se ha ganado el derecho a ser exigida. Y esa exigencia es, precisamente, el mayor reto de esta temporada.
Llegada la jornada 17, la Real se encuentra en una posición que invita a soñar, pero también a ser prudente. El equipo ha mostrado solidez en casa, una notable capacidad para controlar los ritmos del partido y una mejora progresiva en la gestión de los finales cerrados.
Sin embargo, también ha dejado entrever algunas fragilidades: dificultades para romper bloques bajos, dependencia de determinados perfiles creativos y momentos puntuales de desconexión defensiva cuando el partido se acelera.
Este derbi llega, por tanto, como una prueba de madurez. No solo por el rival, sino por lo que exige el contexto: ganar cuando se espera que ganes.
El campo de Zubieta no es un estadio al uso, pero se ha convertido en un espacio de identidad. Allí la Real se siente cómoda, reconocible, dominante. El césped, las dimensiones, el entorno: todo favorece un fútbol elaborado, paciente, de asociaciones cortas y presión tras pérdida.
Ante el Eibar, esa condición de local debe traducirse en iniciativa desde el primer minuto. La Real sabe que el partido se jugará, en gran medida, en campo contrario.
El Eibar femenino representa uno de los relatos más genuinos del fútbol femenino reciente. Un club acostumbrado a desafiar pronósticos, a convivir con presupuestos ajustados y a competir desde la organización y el compromiso colectivo.
Su presencia en la Liga F no es un accidente. Es el resultado de una planificación coherente, de un vestuario convencido y de una estructura que ha sabido adaptarse a la máxima exigencia sin renunciar a su esencia.
Llegados a este punto del campeonato, el Eibar vive en una zona de la clasificación que obliga a sumar con regularidad. Cada desplazamiento es una oportunidad y un riesgo. Cada partido, una final encubierta.
El equipo ha demostrado que sabe sufrir. Que puede competir ante rivales superiores en teoría. Que entiende los partidos largos, los contextos incómodos y los escenarios de desgaste emocional.
Ante la Real Sociedad , el Eibar no llegará a especular, pero sí a resistir. A incomodar.
A convertir el partido en algo que no favorezca al rival.
Si algo define al Eibar es su sentido del bloque. Las ayudas defensivas, la solidaridad en el esfuerzo y la claridad en los roles son rasgos constantes. No hay protagonismos excesivos. No hay jerarquías impostadas. Todo se construye desde el grupo.
En un derbi como este, esa mentalidad puede ser un arma poderosa.
Aunque no cuenta con décadas de historia, el enfrentamiento entre Real Sociedad y Eibar femenino ha ido cargándose de significado en cada temporada. No es un derbi de odio ni de confrontación extrema. Es un derbi de afirmación.
Para la Real, supone reafirmar su estatus. Para el Eibar, demostrar que pertenece a este nivel. Para el fútbol vasco femenino, una oportunidad de visibilizar su crecimiento, su diversidad y su capacidad competitiva.
Cada duelo entre ambos deja imágenes de intensidad, respeto y compromiso. Y eso, en sí mismo, ya es una victoria para la competición.
La Real buscará monopolizar la posesión. Construcción desde atrás, laterales con recorrido, interiores que interpreten bien los espacios y una delantera móvil que permita generar superioridades entre líneas.
La clave estará en la velocidad de circulación. Si el balón se mueve con fluidez, el Eibar sufrirá. Si el ritmo es previsible, el bloque armero se sentirá cómodo.
Especial atención al juego por bandas, donde la Real suele encontrar profundidad y centros al segundo palo.
El Eibar planteará un bloque medio-bajo, compacto, con líneas juntas y vigilancias constantes. El objetivo no será robar alto, sino cerrar pasillos interiores y forzar a la Real a jugar por fuera.
En transición, el equipo buscará ataques rápidos, directos, sin demasiadas elaboraciones. Cada salida será oro.
Después de habernos mudado temporalmente a Inglaterra para vivir la emoción de la Barclays Women Super League entre el London City y el Manchester City Women que terminó 1-2, no nos podíamos perder la habitual cita dominical con TEN TV para narrar lo que sucediera en el Estadio de Zubieta entre la Real Sociedad de Fútbol y la Sociedad Deportiva Eibar que estuvo, al más puro estilo vasco, pasado por agua.
Los onces |
El duelo en profundidad |

🔜 NEXT GAME
🏆 Liga F Moeve
😍 Temporada 2025-2026
🔥 Real Sociedad de Fútbol 🆚 Sociedad Deportiva Eibar 🔥
🗓️ Sábado, 24 de enero de 2026
⏰ 12:00 horario peninsular
📺 TEN TV
🏟️ Estadio de Zubieta, San Sebastián
El fútbol, cuando es derbi, nunca empieza con el pitido inicial. Empieza mucho antes. Empieza en la piel, en la memoria compartida, en la manera en la que un estadio se prepara para latir distinto. Y así ocurrió en Zubieta, donde la Real Sociedad y el Eibar se reencontraron en un nuevo capítulo del derbi guipuzcoano femenino, un partido que no entiende de clasificaciones cuando el balón empieza a rodar, pero que sí sabe de símbolos, de identidad y de pertenencia.
Antes incluso de que la pelota se colocara en el centro del campo, el encuentro ya estaba cargado de significado. Cecilia Marcos, una de esas futbolistas que representan la continuidad silenciosa de un proyecto, recibió una camiseta conmemorativa por sus 100 partidos defendiendo la elástica txuri-urdin. No fue un gesto protocolario más. Fue un reconocimiento a la constancia, al compromiso sostenido en el tiempo, a esa clase de futbolistas que no siempre ocupan titulares, pero sin las cuales no se entiende el crecimiento de un club. Cecilia recibió el aplauso sincero de su gente, de quienes la han visto crecer, caer y volver a levantarse con la misma camiseta puesta.
Y acto seguido, el estadio guardó silencio. Un silencio profundo, respetuoso, de esos que pesan más que cualquier ruido. Un minuto de silencio en memoria de las víctimas de los accidentes ferroviarios, que convirtió el fútbol en lo que también sabe ser: un espacio común para el duelo, la memoria y la humanidad compartida. En ese instante, el derbi dejó de ser derbi. Fue comunidad. Fue respeto. Fue vida recordando a la ausencia.
Con ese clima emocional, con esa carga simbólica previa, comenzó el partido. Y la Real Sociedad, dirigida por Arturo Ruiz, salió al césped como quien sabe que un derbi no se juega, se impone. Desde el primer minuto, las donostiarras mostraron una versión dominante, madura, consciente de su momento competitivo y de su posición en la tabla. Control del esférico, circulación paciente, amplitud por bandas y una presión alta que asfixiaba cualquier intento de salida limpia del Eibar.
Las txuri-urdin no tenían prisa, pero sí intención. Y cuando un equipo junta esas dos virtudes, el partido suele inclinarse de su lado.
El Eibar, dirigido por Iñaki Goikoetxea, trataba de resistir, de encontrar oxígeno en cada recuperación, de sostenerse desde el orden defensivo y la solidaridad colectiva. Pero el ritmo impuesto por la Real era alto, y el balón siempre parecía volver a los pies locales tras cada intento armero de sacudirse la presión.
A los diecisiete minutos, el partido encontró su primer punto de inflexión. Una acción que resumió a la perfección lo que estaba siendo el encuentro. Nerea Eizagirre, la futbolista que entiende el juego con un segundo de ventaja sobre el resto, levantó la cabeza y vio lo que otras no ven. Un envío largo, medido, quirúrgico, encontró la carrera de Intza Eguiguren. La extremo controló con la naturalidad de quien sabe exactamente qué hacer antes incluso de recibir. Un solo toque. Eso fue todo lo que necesitó para superar a Eunate Astralaga y mandar el balón al fondo de la red para abrir la lata al firmar el 1–0 que hizo estallar de júbilo al respetable.
No fue un gol de rabia ni de potencia. Fue un gol de lectura, de sincronía, de precisión. De esos goles que nacen en la pizarra, pero se ejecutan con alma. Intza celebró con rabia contenida, consciente de lo que significa marcar en un derbi, consciente de que esos goles se recuerdan distinto.
La Real Sociedad, lejos de conformarse, olió la sangre. El segundo pudo llegar apenas unos minutos después en una jugada prácticamente calcada. De nuevo el espacio a la espalda, de nuevo la ruptura, de nuevo la sensación de que el Eibar sufría cada balón largo como si fuera una amenaza existencial. Lucía Pardo, muy activa en el frente de ataque, tuvo el 2-0 en sus botas, pero esta vez Eunate Astralaga respondió con una intervención decisiva, enviando el balón a saque de esquina y sosteniendo a su equipo en el partido.
La guardameta armera empezaba a convertirse en una de las protagonistas involuntarias del encuentro. Porque cuando un portero acumula intervenciones en un derbi, suele ser síntoma de que algo no va del todo bien delante.
Aún así, el Eibar resistía. Con sufrimiento, sí, pero aguantaba estoicamente bajo la lluvia.
La Real seguía insistiendo, encontrando espacios entre líneas, cargando el área con determinación. Y de nuevo Lucía Pardo, la ex del Madrid CFF, estuvo a punto de ampliar la ventaja con un disparo desde dentro del área que parecía condenado al gol. Pero Carla Andrés, en un gesto defensivo de puro instinto, sacó el balón bajo la misma línea de gol, evitando que el marcador reflejara ya una diferencia mayor.
Ese tipo de acciones también construyen partidos y construyen relatos.
El descanso llegó con el 1-0 en el marcador, pero con la sensación de que la Real había sido claramente superior. Sin embargo, el fútbol —y más aún un derbi— rara vez responde a sensaciones. Responde a momentos. Y el Eibar salió en la segunda mitad con la intención de crear el suyo.
Las armeras dieron un paso adelante tras el paso por vestuarios. Ajustaron líneas, apretaron un poco más arriba y comenzaron a disputar los duelos con mayor agresividad. El partido se equilibró durante algunos minutos, y el Eibar encontró su mejor ocasión en una acción que nació de la presión. Carmen Álvarez robó un balón a Nahia Aparicio y puso un centro tenso al segundo palo. Arene Altonaga no llegó a conectar el remate, pero sí lo hizo Laura Camino. El disparo de la futbolista cántabra se marchó fuera, pero fue un aviso. Un recordatorio de que el partido seguía vivo.
La Real respondió como responden los equipos grandes: sin precipitarse. Mantuvo su estructura, su plan, su confianza. Y cuando el Eibar empezó a mostrar signos de desgaste, volvió a golpear.
Emma Ramírez tuvo el segundo en una acción bien trabajada, pero de nuevo Eunate Astralaga apareció para sostener a las suyas. La portera estaba firmando un partido de mucho mérito, manteniendo a su equipo con opciones a pesar de la superioridad rival.
Pero el fútbol, a veces, es cruel. Y otras veces, simplemente es fútbol.En una acción aparentemente inofensiva, Emma Ramírez, lateral del conjunto donostiarra, fue clave al meter un centro raso al área. Ane Etxezarreta, al intentar despejar, no pudo evitar que el balón se introdujera en su propia portería, dando pié a un autogol en el minuto 79 del duelo que era el 2–0 y ponía todo de cara para las locales.
No hay peor golpe en un derbi que ese. Porque no es solo encajar un gol. Es encajarlo de esa manera. Es sentir que todo el esfuerzo previo se diluye en un instante desafortunado.
La Real Sociedad ponía tierra de por medio con el dos a cero y el partido salvo milagro, comenzaba a decidirse.
Iñaki Goikoetxea movió el banquillo. Dio entrada a Iara Lacosta, buscando una chispa, una épica tardía, algo que reenganchara emocionalmente al Eibar al encuentro. Pero las locales supieron gestionar los últimos minutos con inteligencia, con oficio, con la calma de quien sabe que tiene el partido donde quiere.
Y aún hubo tiempo para más. A falta de dos minutos para el final, un centro de Cecilia Marcos —sí, la misma que había sido homenajeada antes del partido— se le escapó de las manos a Eunate Astralaga. La guardameta no consiguió atrapar el balón y la pelota terminó en el fondo de la red para celebrar el 3–0 ya sobre el 88 y nos dejó una imagen de impacto en la que la guardameta visitante se rompió la camiseta llena de impotencia y emuló a Hulk.
El fútbol tiene estas ironías. Cecilia cerraba el partido con una acción decisiva en el día de sus 100 partidos. El círculo se completaba.
El Eibar lo intentó en el tramo final, más con orgullo que con opciones reales. Pero no hubo tiempo para más. El pitido final certificó la victoria de la Real Sociedad, que se llevó el derbi guipuzcoano con autoridad, con fútbol y con una lectura madura del encuentro.
Las de Arturo Ruiz festejaron por todo lo alto el hecho de que cada vez son un equipo más candidato a jugar en Europa el próximo año, acumula ya 37 unidades en su casillero particular por culpa de once victorias y dejan a la Sociedad Deportiva Eibar en una situación frágil al caer hasta la decimotercera posición en el torneo de la regularidad con 17 puntos.
Las armeras piensan revertir la situación el próximo fin de semana al jugar nuevamente a domicilio contra el Badalona Women.

📋 Ficha técnica |
Real Sociedad de Fútbol: Julia Arrula, Lucía, Apari, Moraza, Aiara, P. Fernández (E. Guridi, min. 83), Cahynová, Intza (Cecilia, min. 83), N. Eizagirre (cap.) (Florentino, min. 83), L. Pardo (Emma, min. 60) y Lavogez (Mirari, min. 76).
SD Eibar: Astralaga, L. Camino, Etxezarreta (Patri Ojeda, min. 87), A. Belem, Carla, Garazi (Elena Valej, min. 87), Sara M., Altonaga (cap.) (Iribarren, min. 69), Adela, E. Moreno (Iara, min. 80) y Carmen Á. (O. Clement, min. 69).
Árbitra: Ainara Acevedo. Ha amonestado a la local Lavogez y a la visitante Sara Martín con tarjeta amarilla.
Incidencias: Partido entre la Real Sociedad de Fútbol y la Sociedad Deportiva Eibar que se corresponde con la decimoséptima jornada de la Liga Profesional de Fútbol Femenino que se ha celebrado en el Estadio de Zubieta sobre una superficie de hierba natural.
Goles |
1-0 Intza 17’ ⚽️
2-0 Ane Etxezarreta (P.P.) 79’ ⚽️
3-0 Eunate Astralaga (P.P.) 88’ ⚽️
Vídeo |
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