
🔷 La RFEF retrasa a las 18:45 el Atlético de Madrid–Athletic Club de cuartos de final de la Copa de la Reina, un duelo cargado de memoria, títulos y cuentas pendientes que Teledeporte llevará a toda España.
Existen decisiones que, sobre el papel, apenas alteran el curso del tiempo. Quince minutos. Un cuarto de hora. Un pequeño ajuste en el reloj de la competición. Pero en el fútbol —y especialmente en la Copa de la Reina— el tiempo no es solo una unidad de medida: es relato, es liturgia, es expectativa compartida. Y por eso la Real Federación Española de Fútbol ha comunicado oficialmente al Atlético de Madrid, al Athletic Club y a RTVE que el encuentro correspondiente a los cuartos de final de la Copa de la Reina, que ambos equipos disputarán el próximo miércoles 4 de febrero de 2026, retrasará su inicio de las 18:30 a las 18:45 horas (horario peninsular), una modificación que no altera la esencia del duelo, pero sí refuerza su solemnidad y su puesta en escena para todo el país a través de Teledeporte.
Porque este no es un partido cualquiera. No lo es por los escudos que lo protagonizan, no lo es por la ronda que se disputa, no lo es por la historia que se arrastra ni por la que está a punto de escribirse. Atlético de Madrid y Athletic Club vuelven a cruzarse en una eliminatoria de Copa, ese territorio donde el pasado siempre comparece y donde cada minuto —sea a las seis y media o a las siete menos cuarto — pesa como una losa o vuela como una promesa.
El Atlético de Madrid llega a esta cita con la memoria reciente todavía palpitando. Es el actual subcampeón del torneo, heredero inmediato de una final que rozó la gloria y que confirmó, una vez más, que el conjunto rojiblanco se ha convertido en uno de los grandes actores estructurales de la Copa de la Reina en la última década.
No es una presencia circunstancial ni un invitado ocasional: es un club que sabe ganar finales y que ha levantado el trofeo en dos ocasiones históricas, ambas grabadas a fuego en su identidad.
La primera, en 2016, cuando el Atlético de Madrid conquistó la Copa de la Reina frente al todopoderoso FC Barcelona en Las Rozas, en una final que supuso un golpe sobre la mesa del fútbol femenino español y que confirmó que el proyecto rojiblanco había llegado para competir sin complejos contra cualquiera. La segunda, en 2023, ya en el Estadio Municipal de Butarque (Leganés), en una noche de madurez competitiva, oficio y ambición, en la que el Atlético volvió a tocar metal y a inscribir su nombre entre los campeones eternos del torneo.
Frente a ellas, el Athletic Club comparece con un peso histórico distinto, pero no menos imponente. Porque si hay un club que representa la tradición, la fidelidad a una idea y la persistencia en la élite, ese es el conjunto rojiblanco de Bilbao. Cinco veces campeón de Liga, cinco conquistas del campeonato doméstico bajo distintas denominaciones, la última de ellas en la temporada 2015-2016, cuando la competición aún respondía al nombre de Liga Iberdrola. Cinco títulos que hablan de hegemonía, de continuidad, de generaciones enteras de futbolistas que han sostenido el escudo del Athletic en lo más alto del fútbol femenino español.
Y, sin embargo, hay una espina que sigue clavada. La Copa de la Reina, ese torneo tan caprichoso como simbólico, se le resiste al Athletic Club.
Nunca ha logrado alzarse con el trofeo, pese a haber rozado finales, protagonizado grandes campañas y firmado temporadas memorables. Cada edición es una nueva oportunidad para romper esa barrera invisible, para reconciliar la historia liguera con la gloria copera, para convertir la regularidad en celebración.
No es la primera vez que Atlético de Madrid y Athletic Club se encuentran frente a frente en este escenario. La Copa tiene memoria, y la memoria viaja inevitablemente hasta la temporada 2018-2019, cuando ambos equipos se enfrentaron en esta misma ronda de cuartos de final, en un escenario que impone respeto por sí solo: San Mamés.
Aquella tarde, en La Catedral, el Atlético de Madrid supo interpretar mejor el contexto, manejar los tempos y golpear cuando era necesario, llevándose la eliminatoria por 0-2 y dejando al Athletic a las puertas de un sueño que, una vez más, quedó aplazado.
Ese precedente no decide nada, pero lo impregna todo. Porque en Copa no hay revancha automática ni justicia poética garantizada: hay noventa minutos —ahora noventa minutos que comenzarán a las 18:45— en los que se mezclan la historia, el estado de forma, la gestión emocional y la capacidad de resistir cuando el partido se rompe. Y ahí, tanto Atlético como Athletic saben que cada detalle cuenta.
El ajuste horario comunicado por la RFEF, consensuado con los clubes y con RTVE, refuerza precisamente esa dimensión de gran evento. Quince minutos más tarde, quince minutos más de espera, quince minutos más para que el país se asome a Teledeporte y entienda que lo que está a punto de comenzar no es solo un partido de cuartos de final, sino un cruce de trayectorias, una colisión de relatos, una página más en la historia de la Copa de la Reina.
Cuando el balón eche a rodar a las 18:45 del miércoles 4 de febrero de 2026, el reloj ya habrá hecho su parte. El resto quedará en manos de dos equipos que no necesitan presentación, de dos camisetas que pesan, de dos aficiones que saben que en la Copa no hay red. Porque a veces, quince minutos no cambian la historia. Pero otras, simplemente la engrandecen.
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