
◼️ En el marco de la semana en la que se celebra el Día Internacional de la Mujer, Moeve ha celebrado un encuentro junto a Liga F dirigido a empleados de la energética para compartir aprendizajes sobre liderazgo, el valor del trabajo en equipo y la importancia de tener referentes femeninos. Un encuentro de alto nivel en el que han participado tres miembros del Comité de Dirección de la compañía junto a la máxima representante de la competición profesional de clubes de fútbol femenino en España.
momentos en los que el fútbol deja de ser únicamente un juego para convertirse en un espejo de la sociedad. Momentos en los que una pelota que rueda sobre el césped es también un símbolo que refleja aspiraciones, luchas colectivas, sueños compartidos y una mirada hacia el futuro. El fútbol femenino en España vive uno de esos momentos. Y lo que hace apenas unos años parecía una batalla silenciosa librada en campos secundarios, en horarios invisibles y ante graderíos tímidos, hoy se ha transformado en un movimiento social que avanza con paso firme, empujado por miles de futbolistas, por millones de aficionados y por instituciones que han entendido que el deporte puede ser mucho más que entretenimiento. En ese contexto se sitúa la jornada en la que varias directivas de la compañía energética Moeve y la presidenta de la Liga F Moeve, Beatriz Álvarez, compartieron un espacio de reflexión sobre liderazgo, igualdad y futuro. Pero reducir aquel encuentro a una simple jornada corporativa sería quedarse en la superficie. Porque lo que allí se puso sobre la mesa fue algo más profundo: el relato de una transformación cultural que está redefiniendo el lugar del fútbol femenino en el panorama deportivo y social de España.
En ese escenario de diálogo, experiencias y visión compartida, tres voces destacaron por la claridad de su mensaje y la fuerza de sus trayectorias profesionales. Bettina Karsch, vicepresidenta ejecutiva de Personas, Organización y Cultura de Moeve; Carmen de Pablo, directora financiera y responsable de Estrategia y Sostenibilidad; y Alice Acuña, vicepresidenta ejecutiva de Trading y Commercial Integration. Tres perfiles distintos, tres recorridos profesionales sólidos y una idea común: el liderazgo femenino no se construye en el vacío, necesita referentes, oportunidades y contextos que permitan que el talento emerja y se desarrolle. Y el deporte, especialmente el fútbol, tiene una capacidad única para crear esos referentes.
La reflexión de Bettina Karsch resonó con especial fuerza en la sala. No fue una frase pronunciada para cumplir con un protocolo institucional ni una declaración diseñada para titulares rápidos. Fue una afirmación que sintetiza una década de cambios profundos. El fútbol femenino, explicó, lleva años recorriendo un proceso de profesionalización que no solo se percibe en la estructura de las competiciones o en la calidad del espectáculo, sino también en la forma en la que las nuevas generaciones se relacionan con el deporte. Cada vez más niñas dicen que quieren ser futbolistas. Y ese dato, aparentemente simple, encierra una transformación cultural de enorme alcance.
Porque durante décadas la pregunta ni siquiera se planteaba. Las niñas podían admirar a atletas, artistas o científicas, pero rara vez tenían referentes futbolísticos visibles. El fútbol era territorio casi exclusivo de los hombres en el imaginario colectivo. Hoy, en cambio, las jugadoras de la Liga F ocupan portadas, protagonizan retransmisiones televisivas, llenan estadios y se convierten en modelos aspiracionales para miles de jóvenes. Y ese cambio no es casual. Está directamente relacionado con el proceso de profesionalización que el fútbol femenino ha experimentado en los últimos años.
Karsch lo resumió con una claridad que conecta perfectamente con la lógica del deporte: cuando el talento tiene visibilidad, inspira; cuando inspira, genera nuevas vocaciones; y cuando esas vocaciones encuentran estructuras profesionales, el ciclo se fortalece. Así se construyen las generaciones futuras. Así se multiplican las oportunidades.
Ese mismo hilo argumental fue retomado por Beatriz Álvarez, presidenta de la Liga F, una figura clave en la consolidación institucional del fútbol femenino español. Desde su llegada al liderazgo de la competición, Álvarez ha defendido una idea que hoy parece evidente pero que durante mucho tiempo fue ignorada: el fútbol femenino no es un apéndice del masculino, sino una realidad deportiva con identidad propia, con su propio relato y con un potencial enorme de crecimiento.
Cuando Álvarez habla del desarrollo de la competición, lo hace desde una perspectiva que combina datos objetivos con una lectura social más amplia. Y los números, en efecto, cuentan una historia poderosa. En apenas unos años, la audiencia televisiva de la Liga F ha crecido de forma exponencial. Durante la última temporada el incremento alcanzó el noventa por ciento. Una cifra que, en términos de mercado audiovisual, es extraordinaria. Pero más allá de la estadística, lo que ese crecimiento revela es un cambio en los hábitos de consumo deportivo.
Cada vez más espectadores buscan el fútbol femenino. Lo siguen en televisión, lo comentan en redes sociales, acuden a los estadios. El público ya no percibe estos partidos como un evento marginal o alternativo, sino como parte integral del calendario futbolístico.
La consolidación de acuerdos televisivos ha sido determinante en ese proceso. La entrada en vigor del nuevo marco de retransmisión que incluye a RTVE, con partidos emitidos a través de Teledeporte y la plataforma digital RTVE Play, así como la participación de TV3 mediante Esport3 y 3cat, ha ampliado de forma notable el alcance del campeonato. A ello se suman las emisiones de Gol Play, TEN y la cobertura semanal de la plataforma DAZN, que ha acompañado a la competición desde su nacimiento en 2022.
Ese ecosistema audiovisual ha permitido que el fútbol femenino llegue a audiencias que antes no tenían acceso regular a sus partidos. Y la consecuencia es clara: cuando los encuentros se emiten con continuidad y calidad, el público responde.
El fenómeno también se refleja en los estadios. Durante mucho tiempo, uno de los argumentos utilizados por los escépticos era que el fútbol femenino no generaba suficiente interés en directo. Hoy esa idea ha quedado desmentida por los hechos. La asistencia media a los partidos ha crecido de forma sostenida y se ha más que duplicado en comparación con la etapa previa a la profesionalización. Incluso en la temporada pasada se registró un incremento adicional del siete por ciento.
Pero si hay un partido que simboliza ese cambio es el clásico entre el FC Barcelona y el Real Madrid. Durante tres temporadas consecutivas, ese encuentro ha superado la barrera de los treinta y cinco mil espectadores. Una cifra que no solo impresiona por su magnitud, sino por lo que representa: miles de aficionados que deciden dedicar su tiempo y su pasión al fútbol femenino.
En paralelo, el crecimiento digital de la Liga F ha sido igualmente significativo. Las redes sociales se han convertido en una herramienta fundamental para conectar con nuevas generaciones de aficionados. Y en ese terreno la competición ha experimentado un salto notable. Actualmente suma alrededor de un millón doscientos mil seguidores en sus diferentes plataformas, lo que supone un incremento superior al cincuenta por ciento respecto al cierre de la temporada anterior.
Más de cuatrocientas mil personas se han incorporado recientemente a la comunidad digital de la liga. Cada una de ellas representa una historia distinta: una niña que descubre a su primera futbolista favorita, un aficionado que decide seguir a su equipo femenino, un espectador que encuentra en estos partidos una narrativa deportiva que le emociona.
Los datos, por tanto, dibujan un panorama optimista. Pero detrás de cada cifra hay un proceso colectivo que merece ser contado. Porque el crecimiento del fútbol femenino no ha sido un camino sencillo. Ha requerido perseverancia, inversión, liderazgo y, sobre todo, convicción.
En ese contexto cobra especial relevancia la alianza entre Moeve, Liga F y LALIGA. No se trata únicamente de un acuerdo comercial o de patrocinio deportivo. Es una apuesta estratégica que busca consolidar el desarrollo del fútbol femenino y amplificar su impacto social.
El hecho de que Moeve se haya convertido en el title sponsor de la competición y que su nombre forme parte oficial de la denominación de la liga refleja el compromiso de la compañía con este proyecto. Pero el alcance de la alianza va más allá. También incluye el patrocinio de LALIGA GENUINE Moeve, una competición dirigida a personas con discapacidad intelectual que representa uno de los programas de inclusión más inspiradores del deporte español.
El mensaje que subyace a esta colaboración es claro: el deporte puede ser un instrumento poderoso para promover valores como la igualdad, la diversidad, la integración y el trabajo en equipo.
Bajo el lema “El mundo es nuestro terreno de juego, el futuro es mejor si jugamos todos”, las entidades implicadas han construido una narrativa que conecta el espectáculo deportivo con una visión más amplia de transformación social.
Y es ahí donde el fútbol femenino encuentra uno de sus mayores potenciales. Porque cada partido que se juega, cada gol que se celebra y cada estadio que se llena contribuye a redefinir los límites de lo posible para miles de niñas que miran hacia el césped soñando con su propio futuro.
Quizá por eso jornadas como la que reunió a las directivas de Moeve y a la presidenta de la Liga F tienen un significado especial. No son únicamente encuentros institucionales. Son espacios en los que se articula una conversación sobre el futuro del deporte y sobre el papel que puede desempeñar en la construcción de una sociedad más equitativa.
En el fondo, el fútbol siempre ha sido una historia de sueños. De niños que patean un balón imaginando que algún día jugarán en un gran estadio. Hoy, gracias al crecimiento del fútbol femenino, ese sueño también pertenece plenamente a las niñas.

Y cuando dentro de unos años alguien mire hacia atrás para analizar esta etapa de transformación, probablemente recordará que todo empezó con pequeñas decisiones, con alianzas valientes y con la convicción de que el talento no entiende de género.
Porque el fútbol, al final, es mucho más que un deporte. Es un relato colectivo que se escribe cada fin de semana en los estadios, en las pantallas y en la imaginación de quienes creen que el futuro siempre puede ser un poco mejor si se juega en equipo.
