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Noticia | Se cumple un año del adiós de Montse Tomé

(Fuente: RFEF)

➡️ Un año después: la decisión que cambió el rumbo de “La Roja”.

Once de agosto de 2025. España acababa de perder la final de la Eurocopa ante Inglaterra en una tanda de penaltis que convirtió el sueño de conquistar el continente en una nueva decepción. Habían pasado apenas quince días desde aquella noche de Basilea cuando la Real Federación Española de Fútbol decidió cerrar la etapa de Montse Tomé al frente de la Selección. Un año después, aquella decisión ya puede analizarse con algo más de perspectiva y, sobre todo, con la distancia suficiente para comprender que detrás de aquel movimiento no había únicamente una derrota, porque la derrota ante Inglaterra fue solamente el último capítulo de una historia mucho más compleja.

La RFEF no renovó a una entrenadora que había conseguido ganar una Nations League, que había llevado a España hasta otra final continental y que abandonó el cargo manteniendo al equipo nacional en la cima del ranking mundial, pero que también había terminado envuelta en una serie de decisiones, desencuentros y dudas que habían provocado que su relación con el vestuario y con el entorno federativo estuviera lejos de la estabilidad necesaria para afrontar un nuevo ciclo. La propia Federación hizo oficial el 11 de agosto el nombramiento de Sonia Bermúdez como sucesora, después de decidir que Tomé no continuaría una vez expirase su contrato el 31 de agosto.

La paradoja de Montse Tomé es precisamente esa: resulta prácticamente imposible explicar su salida únicamente desde el fracaso porque, en términos estrictamente deportivos, su balance contiene argumentos suficientes para defender su continuidad. Tomé llegó a la Selección en septiembre de 2023, en el momento más delicado que había vivido el fútbol femenino español en décadas, después de la salida de Jorge Vilda y en plena crisis institucional derivada del caso Rubiales. Recibió un vestuario campeón del mundo, pero también un grupo profundamente condicionado por todo lo sucedido durante los meses anteriores. Su primer gran examen terminó convertido en un éxito: España conquistó la Nations League y consiguió mantenerse en la élite competitiva pese a las circunstancias extraordinarias en las que se había producido el cambio de seleccionador.

Después llegó la Eurocopa de 2025, donde la Roja volvió a demostrar que seguía siendo capaz de competir por todo y alcanzó una nueva final. La derrota ante Inglaterra, por penaltis, no borró ese camino.Sin embargo, la RFEF entendió que aquella final podía ser también el punto de cierre de una etapa.

Su capacidad para dirigir un equipo de fútbol como en su dificultad para gestionar un escenario extraordinariamente sensible. Heredó demasiadas heridas abiertas y nunca terminó de desprenderse de la sombra de la etapa anterior. Su pasado como integrante del cuerpo técnico de Vilda, la gestión de determinadas convocatorias y, especialmente, la ausencia de Jenni Hermoso en la Eurocopa volvieron a colocar el foco sobre decisiones que trascendían el terreno de juego. Tomé defendió entonces que aquella ausencia respondía a una voluntad de proteger a la futbolista después de todo lo sucedido tras el Mundial de 2023, pero el episodio terminó siendo uno de los elementos más controvertidos de su ciclo. A ello se añadieron dudas sobre determinadas decisiones tácticas, la gestión de los minutos de algunas futbolistas y la sensación de que el equipo, pese a su extraordinario talento, no siempre encontraba soluciones cuando el partido exigía modificar el plan inicial.

Su gran fortaleza, en cambio, fue precisamente la capacidad para competir. Tomé no recibió una Selección en construcción, sino una campeona del mundo que necesitaba reconstruir sus relaciones internas sin perder competitividad. Y lo consiguió en buena medida. España ganó una Nations League y llegó a la final de la Eurocopa. Es decir, durante su etapa el equipo nacional siguió estando presente en las dos últimas grandes finales que disputó. Ese dato explica por qué su despedida continúa teniendo un componente difícil de interpretar: la RFEF no cambió a una entrenadora porque hubiera dejado de ganar, sino porque consideró que había llegado el momento de buscar otra manera de gestionar una Selección que necesitaba algo más que resultados.

Y ahí aparece una de las grandes historias que acompañaron aquel cambio de banquillo: José Luis Sánchez Vera. Durante buena parte del proceso posterior a la Eurocopa, todo apuntaba hacia el entrenador madrileño. Su perfil encajaba con aquello que muchos reclamaban para la Selección: experiencia en la Liga F, conocimiento del fútbol femenino español, capacidad para competir con clubes de máxima exigencia y, sobre todo, una personalidad suficientemente fuerte como para hacerse cargo de un vestuario repleto de campeonas del mundo. Sánchez Vera parecía tener argumentos para convertirse en el sucesor de Tomé y, durante aquellos días, su nombre llegó a colocarse por delante del resto de candidatos.

Lo verdaderamente extraño llegó después. Cuando todo parecía encaminado hacia el nombramiento de Sánchez Vera, la operación no terminó materializándose y Sonia Bermúdez acabó ocupando el puesto. Las informaciones publicadas posteriormente llegaron a apuntar incluso a la existencia de un acuerdo o contrato con Sánchez Vera, aunque la RFEF negó que hubiera existido tal contrato, por lo que ese extremo debe mantenerse en el terreno de la información publicada y no de la confirmación oficial. Lo que sí resulta evidente es que el técnico que parecía destinado al banquillo de la Selección terminó quedándose fuera de la fotografía. Y lo hizo en unas circunstancias particularmente llamativas, porque mientras España iniciaba una nueva etapa con Bermúdez, Sánchez Vera tuvo que esperar varios meses para volver a encontrar un banquillo.

Durante ese periodo alejado de los terrenos de juego, su figura siguió vinculada al fútbol desde otros ámbitos y llegó a trabajar para Disney+, una situación casi surrealista para quien poco tiempo antes había sido señalado como uno de los principales candidatos para dirigir a la campeona del mundo. La historia terminó teniendo un segundo capítulo cuando el Madrid Club de Fútbol Femenino recurrió a él en enero de 2026 para hacerse cargo del equipo. Sánchez Vera regresó así a la Liga F, precisamente el ecosistema del que parecía haber salido con destino a la Selección, pero al que terminó regresando después de un camino mucho más largo y extraño de lo que cualquiera hubiera imaginado. El Madrid CFF confirmó oficialmente su incorporación en enero de 2026. (Reinas del Balón⁠)

Y quizá la pregunta más interesante no sea solamente qué perdió Sánchez Vera al no convertirse en seleccionador, sino qué podría haber aportado a España. Su principal virtud habría sido la experiencia competitiva en el fútbol de clubes. Sánchez Vera conoce perfectamente la Liga F, ha trabajado con futbolistas de diferentes perfiles y ha demostrado una capacidad notable para preparar equipos capaces de competir contra rivales con mayores recursos. Su personalidad también habría supuesto una diferencia. Frente a un vestuario con egos deportivos, líderes consolidadas y una enorme presión mediática, habría aportado un perfil más ejecutivo y probablemente más intervencionista desde el banquillo. La incógnita habría estado en su capacidad para gestionar la dimensión institucional y emocional de una Selección que, después de todo lo sucedido desde 2023, necesitaba algo más que un entrenador de campo.

Porque Sonia Bermúdez no llegó por casualidad. Llegó precisamente para cubrir esa otra necesidad. Su gran diferencia respecto a Tomé no está únicamente en los sistemas o en la interpretación táctica, sino en el vínculo con las futbolistas y en su conocimiento del ecosistema de las categorías inferiores. Bermúdez había sido internacional, conocía desde dentro lo que significaba vestir la camiseta de España y había trabajado con generaciones jóvenes que posteriormente acabarían llegando a la absoluta. La RFEF apostó por una mujer que conocía el recorrido de las futbolistas antes de que estas se convirtieran en estrellas. Además, su nombramiento vino acompañado de Iraia Iturregi como segunda entrenadora, configurando un tándem que pretendía ampliar las herramientas del cuerpo técnico. (RFEF⁠)

La diferencia también se percibió en la forma de construir el grupo. Bermúdez heredó una Selección que ya no necesitaba sobrevivir a una crisis institucional como la que había condicionado a Tomé.

La Pudo empezar desde un punto diferente. Y eso le permitió introducir nombres nuevos, recuperar futbolistas que habían estado alejadas de las convocatorias y comenzar a acelerar un relevo generacional que era inevitable. La entrada progresiva de futbolistas como Vicky López, Fiamma Benítez, Claudia Pina o Edna Imade convive con las últimas grandes referentes de la generación campeona del mundo, creando una mezcla entre experiencia y juventud que puede resultar fundamental de cara al Mundial. Bermúdez ha demostrado, además, que no le tiembla el pulso para modificar el grupo cuando considera que el rendimiento lo exige.

Su gran fortaleza quedó expuesta en el momento en el que más presión tenía. España había perdido la final de la Eurocopa y la nueva seleccionadora no tenía margen para un periodo de adaptación demasiado largo. El objetivo era conquistar la segunda Nations League y, además, hacerlo frente a Alemania. La final terminó convirtiéndose en una de las imágenes más poderosas de su primer año: España se impuso por 3-0 en el Metropolitano, con un doblete de Claudia Pina y un gol de Vicky López, y revalidó el título continental. Bermúdez no solamente ganó el trofeo que la Federación había puesto como primer gran objetivo, sino que lo hizo en un escenario extraordinario, ante una selección históricamente poderosa y después de una ida en Alemania en la que España sufrió muchísimo.

Pero incluso aquella conquista dejó ver las dos caras de Sonia Bermúdez. Su fortaleza fue la capacidad de reaccionar y de gestionar los momentos decisivos. España sobrevivió al partido de ida en Alemania y llegó viva a Madrid, donde el equipo fue completamente diferente. La debilidad, precisamente, apareció en esa primera mitad de la eliminatoria: Alemania dominó durante muchos minutos, sometió a España y generó suficientes ocasiones como para haber puesto el título muy cuesta arriba. La Selección necesitó de Cata Coll, Irene Paredes y de una importante dosis de resistencia para mantener el empate. Bermúdez supo corregir, pero el episodio dejó una conclusión clara: esta España todavía puede sufrir cuando el rival consigue imponer un ritmo físico alto y atacar los espacios que aparecen a la espalda de su centro del campo.

También hay una debilidad que deberá resolver antes de Brasil: la gestión de la transición. España tiene talento joven de sobra, pero todavía existe una dependencia enorme de futbolistas como Aitana Bonmatí, Alexia Putellas, Mariona Caldentey o Irene Paredes cuando los partidos alcanzan máxima exigencia. El Mundial de 2027 no se ganará únicamente con las jugadoras que ya han demostrado que pueden hacerlo. Se necesitará que las nuevas generaciones asuman responsabilidades que hasta ahora recaían sobre las campeonas del mundo. Bermúdez ha empezado ese trabajo, pero todavía no puede decirse que esté terminado.

Y ese será precisamente el gran examen de la temporada 2026-27. España ya está clasificada para el Mundial de Brasil y afrontará el torneo como campeona del mundo, campeona de Europa de la Nations League y una de las grandes favoritas. La presión será enorme porque ya no bastará con llegar lejos. España tendrá que demostrar que el éxito de 2023 no fue el punto culminante de una generación irrepetible, sino el comienzo de una época de dominio. El Mundial de Brasil será el lugar donde se comprobará si Sonia Bermúdez ha conseguido convertir el relevo generacional en una realidad competitiva o si la Selección continúa dependiendo demasiado de aquellas futbolistas que llevaron al equipo hasta la cima.

Y en esa ecuación hay un nombre que durante demasiado tiempo pareció fuera de ella: Jenni Hermoso. La delantera, campeona del mundo en 2023, podría regresar a la primera escena del fútbol español si finalmente se confirma su vuelta al Atlético de Madrid y, con ella, su regreso a la Liga F. Las informaciones más recientes apuntan a que la operación está avanzada, aunque todavía existen cuestiones contractuales que resolver con Tigres y, por tanto, el movimiento debe tratarse todavía con cautela.

El regreso al Atlético tendría una importancia que iría mucho más allá del componente sentimental. Jenni volvería a competir semana tras semana en España, estaría nuevamente bajo el radar directo de la seleccionadora y tendría la oportunidad de demostrar en la Liga F que todavía puede ser diferencial frente a las mejores defensas del campeonato. A sus 36 años, nadie puede garantizarle un sitio en Brasil, pero tampoco parece razonable cerrar ahora una puerta que Bermúdez ya demostró que estaba dispuesta a abrir. La seleccionadora contó con Hermoso en su primera convocatoria y la futbolista regresó a la dinámica internacional después de la etapa de Tomé. Eso significa que el precedente existe.

La cuestión será deportiva. Si Jenni vuelve al Atlético, recupera continuidad, mantiene una producción ofensiva importante y consigue convertirse nuevamente en una de las delanteras más determinantes de la Liga F, su candidatura para Brasil 2027 será perfectamente plausible. No sería una convocatoria por nostalgia ni un homenaje a una campeona del mundo. Tendría que ser una convocatoria por rendimiento. Pero precisamente ahí reside la oportunidad: regresar a España, recuperar protagonismo competitivo y obligar a Sonia Bermúdez a tomar una decisión que hoy todavía parece lejana. El Mundial puede quedar a la vuelta de la esquina, pero todavía hay tiempo suficiente para que una futbolista con la experiencia, el talento y el carácter de Jenni Hermoso vuelva a escribir una última página con la camiseta de la Selección.

Un año después del adiós de Montse Tomé, por tanto, la historia no puede resumirse en una simple sustitución de nombres. Tomé dejó una Selección ganadora, pero marcada por una gestión que había terminado desgastándose; Sánchez Vera estuvo cerca de convertirse en el hombre que debía iniciar una nueva era y terminó viviendo una de las situaciones más extrañas de su carrera; y Bermúdez recibió una oportunidad que muchos consideraban arriesgada y respondió conquistando un título en su primer gran desafío. Ahora llega el momento verdaderamente importante. Brasil 2027 será el juicio definitivo. Allí se sabrá si la decisión tomada aquel 11 de agosto de 2025 fue solamente una reacción a una derrota dolorosa o el movimiento que permitió a España abrir una nueva etapa. Y quizá, dentro de esa nueva etapa, haya espacio para que Jenni Hermoso vuelva a escena, vuelva a vestir de rojiblanco y, quién sabe, vuelva también a ponerse la camiseta de España en el escenario más grande de todos.

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