
Ewa Pajor se abraza con Graham Hansen tras un gol. Imagen: FC Barcelona.
🚨El Barcelona comienza la defensa de su corona europea con una exhibición de carácter, fútbol y pegada ante el París FC (5-2), remontando el tanto inicial de Viens y firmando una noche de Champions que tuvo de todo: el primer gol de Kerolin con la camiseta azulgrana, un doblete de Pajor, una Graham decisiva y el estreno de Laia Cabetas con el primer equipo. El vigente campeón de Europa convierte así el Johan Cruyff en el escenario de una remontada de autoridad para sumar sus tres primeros puntos en la nueva fase liga.

Los onces |


La noche europea volvía a llamar a la puerta del Johan Cruyff y el Barcelona respondía a la cita con la corona continental todavía sobre sus hombros. El campeón de Europa regresaba a la competición que conquistó y lo hacía consciente de que defender un título nunca consiste simplemente en volver a empezar, sino en demostrar desde el primer instante que aquella historia que terminó en gloria todavía tiene capítulos por escribir. En Sant Joan Despí comenzaba de nuevo el camino hacia la cima y, esta vez, el primer obstáculo tenía acento francés y vestía de París FC.
Pere Romeu afrontaba el estreno condicionado por las siete bajas que arrastraba el equipo, una circunstancia que obligaba al conjunto azulgrana a tirar de profundidad, personalidad y experiencia para afrontar una noche que exigía máxima concentración desde el primer balón. Porque la Champions no entiende de contextos ni de excusas, y mucho menos cuando delante aparece un rival dispuesto a aprovechar cualquier grieta. El Barcelona tenía que comenzar su defensa del trono con la misma ambición con la que había conquistado Europa.
Pero el fútbol decidió escribir un guion diferente al esperado desde el primer minuto. El París FC no necesitó demasiadas aproximaciones para encontrar el camino hacia la portería de Cata Coll. En la primera acción realmente peligrosa del encuentro, Evelyne Viens recibió con espacio, se fajó con Paredes, resistió la presión, dejó atrás a Martina y se lanzó hacia el área con una determinación que terminó castigando al campeón.
La delantera francesa soltó un auténtico trallazo que se convirtió en una amenaza imposible de detener para Cata Coll. El balón terminó en el fondo de la red y el Johan Cruyff se encontró, de repente, contemplando un escenario que nadie había escrito en los primeros compases de la noche. Viens colocaba el 0-1 en el marcador en el minuto 5 y obligaba al Barcelona a comenzar su aventura europea desde un territorio inesperado.
El golpe podía haber generado dudas, pero el Barcelona conoce demasiado bien las noches de Champions como para dejarse arrastrar por un accidente inicial. La respuesta azulgrana fue inmediata desde el juego, desde la posesión y desde la convicción de que quedaba muchísimo partido por delante. El equipo de Pere Romeu comenzó a instalarse cada vez más cerca del área francesa y a encontrar espacios allí donde el París FC trataba de levantar su primera línea de resistencia.
El costado izquierdo se convirtió entonces en una de las principales vías de entrada. Brugts aparecía una y otra vez, recibiendo, encarando y buscando el camino hacia una defensa francesa que comenzaba a sufrir cada vez que el Barcelona conseguía acelerar. El campeón empezaba a recuperar su identidad y, sobre todo, la sensación de que aquel gol recibido no había cambiado el plan.
La insistencia azulgrana comenzó a convertirse en ocasiones y la sensación que flotaba sobre el Johan Cruyff era cada vez más clara: el empate no podía tardar demasiado en llegar. El Barcelona había conseguido cambiar el ritmo del encuentro y ya no era el París FC quien decidía dónde se jugaba, sino un conjunto azulgrana que había convertido la posesión en una herramienta para cercar progresivamente la portería rival.
Y entonces apareció Kerolin. La brasileña, una de las grandes apuestas del proyecto azulgrana y el fichaje más caro de la historia de la sección, encontró el momento perfecto para estrenarse con la camiseta del Barcelona. Pina recibió en una zona peligrosa y filtró un pase al espacio que permitió a su compañera atacar la espalda de la defensa francesa.
Kerolin no necesitó adornar la acción. Controló la situación, avanzó hacia el área y definió con sutileza para superar a la guardameta del París FC y convertir el 1-1 en el minuto 18. El grito del Johan Cruyff tuvo entonces un significado especial porque no era solamente el empate: era también el primer gol de Kerolin como futbolista azulgrana, el instante en el que la brasileña comenzaba a escribir su propia historia con el Barcelona.
El tanto servía además para liberar una presión que había acompañado a la atacante desde su llegada. Su condición de fichaje más caro de la historia de la sección había convertido cada aparición en una lupa, pero el fútbol siempre encuentra sus propias respuestas. Y aquella noche, en el escenario más exigente, Kerolin respondió con un gol que devolvía al campeón al lugar que parecía corresponderle por dominio.
El 1-1 terminó de cambiar el partido. El Barcelona ya no necesitaba correr detrás del marcador y el París FC comenzaba a sufrir cada vez que el conjunto catalán encontraba continuidad en sus ataques. Las azulgranas movían el balón de un lado a otro, buscaban el espacio y obligaban al rival a multiplicar esfuerzos para impedir que la remontada se consumara.
Schertenleib tuvo incluso una acción en la que reclamó una pena máxima, pero la colegiada decidió que no había motivo para señalar el punto de penalti. El episodio no alteró el pulso de un Barcelona que seguía avanzando metros y acumulando argumentos. La sensación de peligro era permanente y cada llegada parecía anunciar que la remontada estaba cada vez más cerca.
El segundo golpe llegó en una acción de estrategia. Graham se situó frente al balón para ejecutar un saque de esquina y puso toda la precisión de su zurda al servicio del ataque azulgrana. El envío buscó el segundo palo, exactamente donde apareció Serrajordi con una potencia extraordinaria para atacar la pelota.
La futbolista azulgrana irrumpió como un obús y conectó con el interior del pie para enviar el balón al fondo de la red. El 2-1 llegó en el minuto 28 y completaba una remontada que, apenas unos minutos antes, parecía lejana. El Barcelona había pasado de estar contra las cuerdas a colocarse por delante y lo había hecho sin perder la calma.
El París FC intentó recomponerse, pero el campeón había encontrado ya el ritmo que necesitaba. El conjunto francés sabía que cualquier pérdida podía convertirse en una transición peligrosa y, al mismo tiempo, tenía que intentar contener la capacidad azulgrana para encontrar espacios. El problema para las visitantes era que el Barcelona empezaba a generar peligro desde demasiados lugares.
Guijarro decidió entonces romper líneas con un balón largo perfectamente medido hacia la carrera de Graham. La centrocampista azulgrana ganó la batalla en velocidad a Baquerizo y alcanzó la línea de fondo con el tiempo suficiente para levantar la cabeza y poner un balón raso hacia el corazón del área.
Allí estaba Pajor, esperando la oportunidad. La delantera polaca no tuvo que complicar una acción que había quedado perfectamente preparada por sus compañeras. Solamente necesitó aparecer en el lugar adecuado para empujar el balón y convertir el 3-1 en el minuto 35. El Barcelona había completado la remontada y, además, comenzaba a convertir el partido en una demostración de pegada.
El Johan Cruyff ya disfrutaba de una noche europea completamente distinta a la que había imaginado cuando Viens adelantó al París FC. En menos de media hora, el campeón había recibido un golpe, había reaccionado, había empatado, había remontado y ahora tenía dos goles de ventaja. La personalidad de un equipo campeón comenzaba a hacerse visible en cada metro del césped.
Pero todavía quedaba una última pincelada antes del descanso. Graham, protagonista en el segundo gol y determinante en la jugada del tercero, decidió convertirse también en goleadora. La futbolista azulgrana recibió más allá de la frontal y encontró el espacio suficiente para armar el disparo.
Su lanzamiento salió raso y cruzado, recorriendo el camino hacia la portería hasta terminar en la red. El 4-1 llegó en el minuto 43 y cerró una primera mitad en la que el Barcelona había pasado de la incertidumbre a la autoridad absoluta. Cuatro goles, una remontada y una demostración de que el campeón no estaba dispuesto a comenzar su nueva aventura europea con dudas.
El descanso llegó con el París FC completamente castigado por la reacción azulgrana. Viens había dado el primer golpe, pero el Barcelona había respondido con cuatro tantos repartidos entre Kerolin, Serrajordi, Pajor y Graham. La noche había cambiado de color por completo y el Johan Cruyff contemplaba ahora a su equipo con una ventaja que permitía mirar la segunda mitad con otra perspectiva.

El segundo tiempo comenzó con el Barcelona administrando el encuentro desde una posición mucho más cómoda. El París FC necesitaba una reacción prácticamente inmediata para volver a meterse en la eliminatoria, mientras las azulgranas podían elegir cuándo acelerar y cuándo dormir el partido. La diferencia de tres goles ofrecía un escenario completamente distinto al de los primeros minutos.
El ritmo comenzó a descender progresivamente. El Barcelona ya no necesitaba someter al París FC con la misma intensidad y las francesas tampoco encontraban la forma de generar la cantidad de peligro necesaria para poner en cuestión la ventaja local. El balón seguía siendo azulgrana, pero la noche empezaba a entrar en una fase de control.
Fue entonces cuando una imagen del banquillo adquirió un protagonismo especial. Pina, después de ser sustituida y visiblemente renqueante por un golpe en la rodilla, rompió a llorar. La escena contrastaba con la alegría que había recorrido el Johan Cruyff durante la primera mitad y recordaba que, incluso en las noches de goleada, el fútbol también tiene momentos de preocupación.
El Barcelona continuó avanzando con cautela. El resultado permitía gestionar esfuerzos y Pere Romeu aprovechó el carrusel de cambios para repartir minutos en un encuentro que el conjunto azulgrana tenía cada vez más controlado. La intensidad ya no era la misma, pero la superioridad seguía siendo evidente.
El París FC intentaba encontrar alguna vía de escape y buscaba acercarse a la portería de Cata Coll, aunque cada intento terminaba chocando con un Barcelona bien plantado. Las francesas necesitaban un gol que cambiara la dinámica, mientras las azulgranas esperaban el momento adecuado para asestar un nuevo golpe.
Ese momento llegó en el minuto 70. Lúa Arufe encontró el espacio para asistir y Pajor apareció de nuevo en el lugar donde las grandes delanteras suelen encontrarse: cerca del área, preparada para aprovechar una segunda acción y convertir una oportunidad en gol.
La polaca recogió la jugada en segunda instancia y definió para completar su doblete particular. El 5-1 era ya una declaración absoluta de intenciones. El Barcelona no se conformaba con haber remontado; quería comenzar la fase liga europea dejando claro que la corona continental no había sido una casualidad.
El quinto tanto convirtió la noche en una de las grandes goleadas de la jornada. Solamente el Olympique Lyonnais, con su 0-8 frente al Servette, había conseguido hasta entonces una diferencia mayor. El Barcelona se instalaba así en la segunda posición de las grandes goleadas de este arranque europeo, pero, más allá de cualquier comparación estadística, lo verdaderamente importante era la manera en la que había construido su triunfo.
Porque el partido había empezado con el París FC golpeando primero y obligando al campeón a reaccionar. El Barcelona había respondido con cinco goles y había demostrado una capacidad ofensiva capaz de cambiar por completo el guion de una noche que parecía complicarse demasiado pronto.
El París FC, sin embargo, todavía no había renunciado completamente al partido. Viens volvió a convertirse en protagonista al ganar la carrera a Torrejón y encontrar a Mateo en una posición favorable. La francesa disparó, pero Martina apareció para rechazar el primer intento.
La jugada, sin embargo, no había terminado. Mateo reaccionó antes que las defensoras, atacó el rechace y consiguió hacerse nuevamente con el balón para batir a Cata Coll. El París FC encontraba el 5-2 en el minuto 77 y conseguía maquillar un marcador que durante muchos minutos había parecido completamente decidido.
El gol francés no modificó realmente el escenario, pero sí devolvió algo de actividad a los últimos minutos. El Barcelona quería mantener la distancia y el París FC buscaba algún motivo para marcharse del Johan Cruyff con una sensación algo menos amarga. El partido entraba en su tramo final con la victoria azulgrana prácticamente asegurada.
Pajor todavía tuvo tiempo para perseguir una noche perfecta. La delantera polaca buscó el tercer gol de su cuenta particular y estuvo muy cerca de encontrarlo con un remate que terminó estrellándose contra el palo. La madera evitó que el marcador alcanzara una diferencia todavía mayor y mantuvo el 5-2.
La acción no terminó ahí. En el rechace, Lúa Arufe volvió a encontrarse con el larguero, prolongando una secuencia que resumía a la perfección la voracidad ofensiva del Barcelona incluso cuando el partido ya caminaba hacia su final. Dos disparos, dos maderas y la sensación de que el campeón todavía quería dejar una última huella en su estreno.
Los minutos finales también permitieron contemplar otra escena especial. Laia Cabetas hizo su estreno con el primer equipo y disputó nueve minutos en una noche que ya tenía nombre propio. La joven futbolista se incorporaba así a una fiesta europea que había comenzado con un susto, había continuado con una remontada y terminaba convertida en una goleada.
El reloj avanzaba y el París FC ya no encontraba la manera de alterar el resultado. El Barcelona había hecho su trabajo. Cinco goles, tres puntos y una respuesta contundente después del golpe inicial. El campeón había demostrado que incluso cuando Europa le obliga a levantarse desde el primer minuto, sabe encontrar la manera de hacerlo.
Cuando llegó el pitido final, el 5-2 quedó como la fotografía de una noche en la que el Barcelona volvió a sentirse protagonista de su competición. No había sido un estreno sencillo, porque Viens había golpeado primero y porque las bajas habían obligado a Pere Romeu a afrontar el encuentro con recursos limitados. Pero precisamente por eso la reacción adquiría todavía más valor narrativo.
Kerolin había estrenado su cuenta goleadora con la camiseta azulgrana. Serrajordi había convertido una acción de estrategia en el segundo capítulo de la remontada. Pajor había firmado un doblete. Graham había participado en tres de los primeros cuatro goles y había añadido su propio nombre al marcador. Lúa Arufe había intervenido en dos acciones decisivas del tramo final y Laia Cabetas había escrito su primer capítulo con el primer equipo.
Pero por encima de todos los nombres estaba el equipo. El Barcelona había recibido un golpe en el minuto 5 y había respondido con cinco goles. Había pasado de perseguir el marcador a gobernarlo. Había transformado la incertidumbre en autoridad y una noche que comenzaba con peligro en una celebración europea.
El 5-2 no solamente entrega al Barcelona sus tres primeros puntos de esta nueva fase liga de la Champions. También inaugura un camino que tendrá su siguiente estación en Roma, donde el campeón volverá a enfrentarse a otro desafío europeo. La defensa de una corona siempre comienza con una primera batalla y el Barcelona ya ha librado la suya.
El Johan Cruyff fue testigo de una remontada que terminó convirtiéndose en goleada, de una brasileña que encontró su primer gran momento con la camiseta azulgrana, de una delantera polaca que dejó dos veces su firma en la red y de un equipo que, después de verse por debajo en el marcador, recordó que en Europa ningún golpe puede ser definitivo mientras quede tiempo para responder.
El campeón ya está en marcha. Y lo hace con cinco goles, tres puntos y una noche de esas que sirven para recordar por qué esta competición pertenece también a quienes saben levantarse cuando el partido comienza de la manera más difícil. El París FC golpeó primero, pero el Barcelona respondió como campeón: con fútbol, con carácter, con pegada y con una remontada de cinco estrellas que abre de par en par las puertas de una nueva aventura continental.

📋 Ficha técnica |
Barcelona (5): Cata Coll; Schertenleib, Paredes, Martina, Brugts (Cabetas, 83′); Serrajordi (Torrejón, 60′), Guijarro, Pina (Ferrera, 61′); Graham, Pajor y Kerolin (Lúa Arufe, 61′).
París FC (2): Chavas; N’Dongala, Ould Hocine, Díaz, Baquerizo (Liaigre, 46′); Le Moguedec (Picard, 79′), Korosec; Toloba (Scott, 79′), Mendy (Reynders, 58′), Mateo; Viens (Sangaré, 89′).
Árbitra: Michalina Diakow (Polonia). Mostró tarjeta amarilla a Manoly Baquerizo (minuto 22), por parte del París FC.
Estadio: Johan Cruyff (Sant Joan Despí, Barcelona).
Goles |
0-1 Viens 5′ ⚽️
1-1 Kerolin 18′ ⚽️
2-1 Serrajordi 28′ ⚽️
3-1 Pajor 35′ ⚽️
4-1 Graham 43′ ⚽️
5-1 Pajor 70′ ⚽️
5-2 Matéo 73′ ⚽️
Incidencias: Primera jornada de la Liga de Campeones femenina disputada en el estadio Johan Cruyff ante 2.574 espectadores.
Vídeo |














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