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La crónica | El Granada se lleva la Copa de Andalucía 2026

(Fuente: “El Partido de Manu”) Creatividad: reinassinfiltro

➡️ El Granada CF se corona en Andalucía tras sobrevivir a un duelo de máxima tensión y dejar la Copa en manos de los penaltis. El conjunto nazarí se impuso por 4-3 desde los once metros y levantó el trofeo después de un desenlace cargado de emoción, donde cada lanzamiento podía marcar la diferencia entre la gloria y la decepción.

El Granada CF Femenino vuelve a escribir su nombre en la historia del fútbol andaluz. Lo hace después de una de esas finales que no se explican únicamente desde el resultado, sino desde la capacidad de resistir, de creer hasta el último instante y de levantarse cuando el golpe parece definitivo. Las rojiblancas se proclamaron campeonas de la Copa Andalucía 2026 después de superar al Sevilla FC en una interminable tanda de penaltis (1-1, 4-3), en una final disputada en la Ciudad Deportiva Francisco Mendoza de Huelva que terminó convirtiéndose en un auténtico ejercicio de supervivencia. El Granada tuvo el título en sus manos durante buena parte del tramo final, vio cómo el Sevilla encontraba el empate cuando el reloj ya se acercaba al último suspiro y, cuando todo volvió a quedar reducido a la distancia de once metros, encontró en Alba Ibáñez a la figura capaz de escribir el último capítulo de una tarde inolvidable.

Porque esta Copa Andalucía no se decidió únicamente con el penalti que Alba Ibáñez detuvo a Laura Pérez. Se empezó a ganar mucho antes, cuando el Granada tuvo que soportar el dominio inicial de un Sevilla que quiso hacerse dueño del encuentro desde el primer minuto. Las hispalenses movieron el balón con paciencia, intentaron instalarse en campo contrario y obligaron al conjunto granadinista a trabajar con las líneas muy juntas, cerrando espacios y esperando el momento adecuado para poder salir. El Granada sabía que la final iba a exigir paciencia y que, en un partido de estas características, cada metro concedido podía convertirse en una oportunidad para el rival. No había margen para precipitarse, porque enfrente estaba un Sevilla dispuesto a imponer su ritmo y a llevar el encuentro hacia el territorio que más le convenía.

Con el paso de los minutos, sin embargo, la final comenzó a cambiar de dueño. La pausa de hidratación sirvió también como punto de inflexión para un Granada que empezó a ganar metros, a disputar más duelos y a mirar con mayor frecuencia hacia la portería defendida por Esther Sullastres. Welma Fon y Paula Perea comenzaron a encontrar espacios y el conjunto rojiblanco fue adquiriendo esa sensación de peligro que aparece cuando un equipo deja de limitarse a resistir y empieza a creer que puede hacer daño. El Sevilla continuaba teniendo momentos de dominio, pero ya no encontraba la misma comodidad de los primeros compases. La final se equilibraba y cada acción comenzaba a adquirir un valor diferente.

El marcador, pese a todo, permaneció intacto durante una primera mitad en la que ambos equipos tuvieron que convivir con la tensión propia de una final. No era únicamente cuestión de fútbol. Había un título en juego, había dos equipos acostumbrados a competir por objetivos importantes y había una Copa Andalucía esperando a encontrar dueño. Cada llegada llevaba consigo la posibilidad de cambiar la historia y cada error podía resultar irreversible. El Granada se marchó al descanso sabiendo que había sobrevivido al mejor tramo sevillista y, al mismo tiempo, con la sensación de que el partido comenzaba a ofrecerle un escenario cada vez más favorable.

Tras el paso por los vestuarios, las rojiblancas dieron un paso al frente. El Granada salió con otra determinación, con mayor intensidad y con la voluntad de disputar cada balón como si fuera el último. La presencia granadinista en campo contrario aumentó y el equipo comenzó a encontrar con mayor frecuencia a sus jugadoras ofensivas. El Sevilla, que había comenzado controlando el partido, empezó a verse obligado a defender más cerca de su propia área. Y en una final tan igualada, ese pequeño cambio podía terminar siendo decisivo.

Lo fue en el minuto 67. El Granada consiguió recuperar el balón en una zona peligrosa y Elene Guridi interpretó a la perfección el espacio que se abría delante de ella. La centrocampista filtró un pase que dejó a Vera Molina frente a Esther Sullastres. La delantera no dudó. Se plantó ante la guardameta sevillista, mantuvo la calma y resolvió el mano a mano con la personalidad que exige una final. El balón terminó dentro de la portería y el 0-1 desató la celebración rojiblanca. El Granada había encontrado el premio a su crecimiento y, de repente, la Copa Andalucía comenzaba a mirar hacia Granada.

Pero el Sevilla no estaba dispuesto a abandonar la final. El conjunto dirigido por David Losada reaccionó inmediatamente y comenzó a adelantar posiciones en busca de un empate que devolviera la vida al partido. Fatou Kanteh asumió protagonismo en el ataque sevillista, mientras que la entrada de Andrea Álvarez aportó nuevas soluciones en los últimos metros. El Granada tuvo que retroceder algunos metros, pero no renunció a defender el resultado con una enorme disciplina. Y cuando el Sevilla consiguió encontrar algún resquicio, apareció Alba Ibáñez.

La guardameta granadinista se convirtió entonces en uno de los grandes nombres propios de la final. Sus intervenciones permitieron que el 0-1 permaneciera en el marcador cuando el partido comenzaba a entrar en su tramo más peligroso. El Granada resistía, sufría y veía cómo el reloj avanzaba lentamente hacia la conquista del título. Cada minuto parecía acercar un poco más a las rojiblancas a la gloria. La Copa Andalucía estaba cada vez más cerca de volver a Granada.

Hasta que el fútbol decidió que todavía quedaba una última página por escribir.

Cuando el conjunto rojiblanco acariciaba el trofeo y el tiempo reglamentario parecía agotarse, el Sevilla encontró el empate. Andrea Álvarez apareció en el minuto 90+6 para establecer el 1-1 y convertir la celebración granadinista en incertidumbre. El golpe fue enorme porque llegó cuando el título parecía prácticamente decidido, pero también fue la demostración definitiva de que una final nunca termina hasta que el árbitro señala el final. La Copa Andalucía no contempla prórroga y, por tanto, el campeón debía decidirse desde los once metros.

La tanda de penaltis comenzó con tensión desde el primer lanzamiento. Esther Sullastres consiguió detener el primer lanzamiento del Granada, pero el Sevilla tampoco pudo aprovechar completamente la ventaja porque Gemma Gili no logró convertir su lanzamiento. A partir de ahí, el Granada mostró una frialdad extraordinaria. Elene Guridi, Miku, Raquel Gil y Jujuba asumieron la responsabilidad y transformaron sus cuatro siguientes penas máximas, manteniendo al equipo con vida y trasladando toda la presión al lado sevillista.

Isa Álvarez, Andrea Álvarez y Rosa Márquez hicieron lo propio para el Sevilla. Tres lanzamientos convertidos que mantuvieron la final suspendida de un hilo. Todo quedaba pendiente del quinto penalti. El momento que puede convertir a una jugadora en heroína o dejarla marcada por una tarde que nunca olvidará. Laura Pérez tomó el balón y caminó hacia el punto de penalti sabiendo que sobre sus hombros descansaba una parte enorme del destino de su equipo.

Al otro lado estaba Alba Ibáñez.

La guardameta del Granada había sido decisiva durante el partido y todavía tenía una última intervención reservada. Laura Pérez lanzó, Alba leyó la trayectoria y se lanzó para detener el penalti. El balón no terminó en la red. El Granada había ganado. La portera rojiblanca se convirtió en la protagonista definitiva de una tanda en la que el carácter, la valentía y la capacidad para soportar la presión terminaron inclinando la balanza.

Y entonces llegó la celebración. Esa que no se puede ensayar y que solamente aparece cuando todo el esfuerzo de una temporada, toda la tensión de una final y todas las emociones acumuladas encuentran una salida. Las jugadoras del Granada se abrazaron, celebraron junto a sus compañeras y entendieron que acababan de conquistar algo más que un trofeo. Habían conseguido sobrevivir a una final que parecía escaparse de las manos y habían demostrado que, cuando la presión aumenta, también puede aparecer la personalidad de los equipos campeones.

El Granada CF Femenino vuelve así a levantar la Copa Andalucía y confirma su dominio reciente en el torneo. Las rojiblancas repiten el título conquistado en 2025 y alcanzan su tercer trofeo autonómico, consolidando una trayectoria que vuelve a colocar al conjunto granadinista en lo más alto del fútbol femenino andaluz. Y lo hace, además, derrotando nuevamente al Sevilla en una final que vuelve a tener el mismo vencedor, aunque esta vez con un guion mucho más cruel, dramático y emocionante.

La tarde de Huelva deja nombres propios, pero sobre todo deja una imagen que resume perfectamente lo ocurrido: Alba Ibáñez deteniendo el penalti definitivo mientras sus compañeras corren hacia ella. El Granada había pasado de tener el título prácticamente asegurado a verlo desaparecer durante unos instantes cuando Andrea Álvarez marcó en el descuento. Después tuvo que volver a ganárselo desde el punto de penalti. Y en ese territorio donde los nervios pesan más que las piernas, las rojiblancas fueron capaces de mantenerse firmes.

El Sevilla se marcha de Huelva con la sensación de haber estado a un paso de levantar la Copa, después de haber reaccionado cuando todo parecía perdido y haber llevado la final hasta el último lanzamiento. El Granada, en cambio, regresa a casa con el trofeo y con la certeza de que los títulos también se conquistan cuando toca sufrir. Vera Molina puso el gol que parecía definitivo, Andrea Álvarez devolvió al Sevilla a la vida y Alba Ibáñez escribió el último capítulo. Entre unas y otras construyeron una final que tuvo de todo: dominio, reacción, ocasiones, tensión, sufrimiento, empate en el descuento y una tanda de penaltis que terminó coronando al Granada.

Porque hay partidos que se ganan jugando mejor y otros que se ganan resistiendo mejor. Hay finales que se deciden con una jugada brillante y otras que necesitan de una portera, de cinco lanzamientos y de una última parada para encontrar al campeón. La Copa Andalucía 2026 pertenece a esa segunda categoría. Pertenece al Granada CF Femenino, un equipo que volvió a demostrar que sabe competir cuando el partido se rompe, que sabe sufrir cuando el rival aprieta y que sabe levantarse cuando la gloria parece alejarse.

En Huelva, Andalucía volvió a teñirse de rojiblanco. Y esta vez, para levantar la Copa, el Granada tuvo que esperar hasta el último penalti.

Sevilla FC: Esther Sullastres; Clau Blanco, Alice Marques, Isa Álvarez, Esther Martín-Pozuelo; Alicia, Millaray Cortés, Rosa Márquez; Laura Pérez, Raquel y Fatou Kanteh. Entrenador: David Losada.

Granada CF: Alba Ibáñez; Teresa Mérida, Jenni López, Daniela Miñambres, Bárbara, Vera Molina, Raquel Gil, Jujuba, Paula Perea, Leles y Welma Fon. Entrenador: Adrián Martín.

Árbitra: Josefa Sánchez Gómez.

Goles: 0-1, Vera Molina (67′); 1-1, Andrea Álvarez (90′+6′).

Estadio: Ciudad Deportiva Francisco Mendoza, Huelva.

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