
➡️ Las de Pau Quesada reaccionan al duro golpe del 7-0 encajado ante el FC Barcelona antes del parón internacional con una victoria de autoridad frente al conjunto blanquiazul (3-1). Sara Däbritz abrió el camino en el descuento de la primera mitad, mientras que Lineth Beerensteyn y Felicia Schröder ampliaron la renta de un equipo blanco liderado por una brillante Linda Caicedo, elegida MVP del encuentro. Claudia Iglesias ‘Bicho’ puso el broche al partido con un tanto que no impidió que el Real Madrid recuperase el terreno perdido en la clasificación.

LigaFMoeve | #RealMadridEspanyol
Los onces |


El Alfredo Di Stéfano volvió a convertirse en el escenario de una tarde de fútbol con mucho más en juego que tres puntos. El Real Madrid CF recibía al RCD Espanyol con la necesidad de recuperar sensaciones, reconstruir su confianza y demostrar que la contundente derrota sufrida ante el FC Barcelona antes del parón de selecciones no iba a marcar su camino durante el resto de la temporada.
El 6-0 encajado ante el conjunto azulgrana había dejado una herida deportiva difícil de disimular. No se trataba únicamente de una derrota abultada, sino de un resultado que había golpeado directamente al orgullo de un equipo acostumbrado a competir por las posiciones más altas de la Liga F Moeve.
La clasificación tampoco concedía demasiado margen para la complacencia. El Real Madrid había perdido la segunda plaza, una posición que quería recuperar cuanto antes para volver a situarse donde considera que debe estar, en la pelea por acompañar al FC Barcelona en los puestos de privilegio del campeonato.
El regreso a la competición ofrecía una oportunidad para pasar página. Las futbolistas de Pau Quesada necesitaban transformar la frustración acumulada en una respuesta sobre el césped, con personalidad, concentración y la determinación necesaria para evitar que el tropiezo anterior condicionase su rendimiento.
Enfrente esperaba un Espanyol dispuesto a convertir la visita a Valdebebas en una prueba exigente. El conjunto catalán no había viajado para contemplar la reacción madridista desde la distancia, sino para competir, cerrar espacios y aprovechar cualquier oportunidad que le permitiera discutir el dominio local.
Antes de que el balón comenzara a rodar, el estadio vivió uno de los momentos más especiales de la jornada. El Real Madrid homenajeó a las campeonas del mundo de la selección española sub-20, un reconocimiento al talento, al esfuerzo y a la capacidad competitiva de una generación que había llevado al fútbol español a lo más alto.
El homenaje aportó una dimensión emocional a la previa. El fútbol femenino español continúa construyendo su historia a través de las conquistas de sus selecciones y del crecimiento de sus clubes, y reconocer a las campeonas del mundo suponía poner en valor un éxito colectivo que trasciende los límites de cualquier camiseta.
Con el reconocimiento ya completado, el protagonismo regresó al césped. El Real Madrid debía demostrar que el parón había servido para recuperar energía y ordenar las ideas después de una derrota que había puesto bajo los focos sus dificultades ante uno de los grandes rivales del campeonato.
Pau Quesada apostó por un equipo dispuesto a llevar la iniciativa desde el primer momento. Las blancas comenzaron teniendo la posesión del balón, buscando establecer su dominio a través de la circulación y obligando al Espanyol a organizarse defensivamente para proteger su portería.
El control inicial del esférico permitía al conjunto madrileño asumir la responsabilidad del encuentro. Sin embargo, tener la pelota no garantizaba encontrar espacios ante una defensa visitante que se mostró bien plantada, ordenada y preparada para dificultar las aproximaciones locales.
El Espanyol entendió que resistir exigía algo más que acumular futbolistas cerca de su área. Las blanquiazules necesitaban mantener la concentración, defender con disciplina y evitar que las atacantes madridistas pudieran recibir en posiciones cómodas para girarse y acelerar sus acciones.
En ese contexto apareció Browne, una de las primeras futbolistas visitantes en buscar una solución ofensiva. La delantera se animó con un remate tras un saque de esquina, una acción que permitió al Espanyol recordar que también tenía argumentos para inquietar al conjunto blanco.
La intervención ofensiva de Browne aportó una primera señal de que el partido no iba a resolverse únicamente desde la superioridad territorial madridista. El Espanyol estaba dispuesto a competir cada balón y a aprovechar las oportunidades que surgieran en las acciones a balón parado.
La atacante blanquiazul volvió a intentarlo poco después con otro disparo que terminó fuera. Aunque la acción no encontró el premio del gol, sí reflejó la intención visitante de no renunciar a la portería de Merle Frohms.
El Real Madrid, por su parte, buscaba responder con la calidad de sus futbolistas ofensivas. Lineth Beerensteyn y Linda Caicedo aparecían como dos de las principales amenazas para una defensa perica que debía permanecer atenta a cada desmarque y a cada intento de desborde.
La colombiana trató de encontrar su espacio en un encuentro que exigía paciencia. El Espanyol cerraba los caminos hacia su portería y obligaba a las madridistas a insistir en la búsqueda de una grieta que permitiera transformar la posesión en ocasiones claras.
La igualdad también se reflejaba en la capacidad de ambos equipos para discutir los momentos del partido. El Real Madrid llevaba el peso del balón, pero las visitantes encontraban maneras de mantenerse dentro del encuentro y evitar que el dominio blanco se tradujera en una ventaja temprana.
Entonces llegó una de las acciones más peligrosas de la primera mitad. Beerensteyn probó fortuna con un potente disparo que superó la resistencia defensiva y terminó estrellándose en el larguero de la portería defendida por Meritxell Muñoz.
La madera evitó el tanto madridista y mantuvo el empate en el marcador. El golpe del balón contra el travesaño fue un recordatorio de lo fina que puede ser la frontera entre una ocasión prometedora y una celebración, especialmente en un partido en el que cada detalle podía adquirir una importancia decisiva.
El Real Madrid había encontrado una vía para amenazar la portería rival, pero todavía necesitaba mayor precisión para traducir sus llegadas en goles. La ocasión de Beerensteyn alimentó la sensación de que las blancas podían hacer daño, aunque el Espanyol seguía resistiendo.
La respuesta de las visitantes volvió a poner a prueba a Frohms. Natalia Escot se animó con un lanzamiento que obligó a la guardameta alemana a reaccionar, una intervención que permitió al Real Madrid evitar que el encuentro se inclinara hacia el lado blanquiazul.
La acción de Escot evidenció que la portería madridista tampoco estaba completamente protegida por el dominio del balón. Cada pérdida y cada posibilidad de progresar del Espanyol obligaban a las locales a mantener la atención y a defender con la misma seriedad que necesitaban para atacar.
En la otra área, Meritxell Muñoz también comenzaba a acumular trabajo. La guardameta visitante respondió ante las aproximaciones blancas, mientras que la zaga catalana trataba de impedir que las atacantes del Real Madrid pudieran finalizar con comodidad.
Linda Caicedo volvió a aparecer en escena con una acción ofensiva que obligó a intervenir a Ariadna Domènech. La defensora del Espanyol rechazó el peligro y evitó que la futbolista colombiana encontrara el camino hacia la portería.
La intervención defensiva de Domènech reflejó el esfuerzo colectivo de un equipo que estaba dispuesto a proteger su área. El Espanyol necesitaba mantener esa concentración durante todo el encuentro, consciente de que conceder espacios a Caicedo podía resultar especialmente costoso.
El conjunto de Pau Quesada continuó insistiendo. Beerensteyn y Caicedo buscaban desequilibrar, pero ninguna de las dos lograba superar de manera definitiva a una zaga visitante que se mantenía bien organizada y dificultaba la construcción de ocasiones limpias.
La paciencia se convertía así en una de las principales exigencias para el Real Madrid. Las blancas tenían que encontrar el equilibrio entre acelerar las jugadas cuando aparecía una posibilidad y conservar la serenidad cuando el Espanyol cerraba los espacios.
Noemí Bejarano también se sumó a los intentos ofensivos con un lanzamiento lejano. La acción reflejó la voluntad madridista de buscar alternativas cuando el camino hacia el área se complicaba, aunque el disparo no permitió modificar el marcador.
El encuentro avanzaba sin que ninguno de los dos equipos consiguiera imponer una diferencia definitiva. El Real Madrid acumulaba argumentos para adelantarse, mientras que el Espanyol se mantenía vivo gracias a su organización y a la capacidad para responder cuando encontraba espacios.
Caruso también probó fortuna desde dentro del área, incorporándose a una secuencia ofensiva que volvió a poner a prueba la resistencia visitante. El disparo no terminó por romper la igualdad, y el paso de los minutos aumentaba la importancia de aprovechar la siguiente oportunidad.
El Real Madrid sabía que marcharse al descanso sin marcar podía incrementar la ansiedad. Después del golpe sufrido frente al Barcelona, el equipo necesitaba una respuesta tangible que le permitiera recuperar confianza y comprobar que seguía teniendo recursos para competir por sus objetivos.
El Espanyol, mientras tanto, se acercaba a la posibilidad de alcanzar el intermedio con su portería a cero. Su trabajo defensivo había dificultado los planes locales y mantenía abierto un encuentro en el que las ocasiones no habían encontrado todavía una traducción definitiva en el marcador.
Pero el fútbol también se decide en esos instantes en los que la concentración debe mantenerse hasta el último segundo. Cuando parecía que la primera mitad iba a concluir sin goles, el Real Madrid encontró una oportunidad para cambiar el rumbo del partido.
Sara Däbritz se dispuso a ejecutar un saque de esquina en el tiempo añadido. La centrocampista alemana puso el balón en movimiento y la defensa del Espanyol consiguió rechazar el primer envío, evitando que la acción terminara de inmediato en una ocasión clara para las locales.
Sin embargo, el balón volvió a caer en los pies de la propia Däbritz. La futbolista madridista tuvo una segunda oportunidad para enviar el esférico al área y decidió probar con un centro-chut que terminó convirtiéndose en una amenaza mucho mayor de lo que parecía inicialmente.
Ninguna compañera logró rematar el envío, pero la trayectoria del balón se fue envenenando hasta sorprender a Meritxell Muñoz. La guardameta no pudo evitar que la pelota acabara en el fondo de la portería, y el Real Madrid encontró el premio a su insistencia justo antes del descanso.
El gol llegó en un momento psicológico extraordinario. El Real Madrid había pasado buena parte de la primera mitad buscando una solución ante la resistencia visitante y encontraba la recompensa cuando el intermedio parecía inminente.
Däbritz se convirtió en la protagonista de una acción que cambió la perspectiva del encuentro. Su centro-chut rompió el equilibrio y permitió a las blancas marcharse a vestuarios con una ventaja que podía resultar determinante para afrontar la segunda mitad con más confianza, pues el 1-0 abría la lata en el minuto 45 de juego.
Para el Espanyol, el tanto supuso un golpe duro después del trabajo defensivo realizado durante los primeros cuarenta y cinco minutos. La zaga blanquiazul había conseguido contener buena parte de las amenazas madridistas, pero una acción inesperada terminó castigando su esfuerzo.
La última ocasión de la primera mitad todavía pudo ampliar la diferencia. Linda Caicedo dispuso de una oportunidad para hacer el segundo en la siguiente jugada, aunque su intento terminó marchándose fuera y el marcador permaneció en uno a cero.
El resultado ofrecía al conjunto de Pau Quesada una ventaja importante, aunque insuficiente para considerar resuelto el compromiso. El Espanyol había demostrado que podía generar peligro y necesitaba una respuesta ofensiva si quería salir de Valdebebas con algo positivo.
La primera mitad había dejado una conclusión clara: el Real Madrid necesitaba recuperar su mejor versión, pero también sabía encontrar soluciones cuando el encuentro se complicaba. La segunda parte debía determinar si el gol de Däbritz era el comienzo de una victoria convincente o simplemente una ventaja provisional.

Tras el paso por vestuarios, el Real Madrid regresó al terreno de juego con la intención de mantener el control del esférico. Las de Pau Quesada no querían conceder al Espanyol la posibilidad de crecer a partir de la incertidumbre, y buscaron prolongar el dominio que habían ejercido durante buena parte de la primera mitad.
La ventaja en el marcador modificaba las necesidades de ambos equipos. Las madridistas podían gestionar el encuentro desde una posición más favorable, mientras que las visitantes debían encontrar una manera de incrementar su presencia ofensiva sin descuidar una defensa que había tenido que trabajar intensamente antes del descanso.
El ritmo del partido se mantuvo en una línea similar a la de los primeros cuarenta y cinco minutos. El Real Madrid continuaba llevando la iniciativa, con la posesión como herramienta para intentar desgastar a su rival y generar las condiciones necesarias para encontrar un segundo gol.
Linda Caicedo volvió a asumir protagonismo en las acciones ofensivas del conjunto blanco. La colombiana trató de aprovechar su capacidad para conducir y desbordar, buscando una oportunidad que permitiera ampliar la renta y reducir el margen de reacción del Espanyol.
La atacante madridista encontró una vía para acercarse a la portería mediante una buena internada dentro del área. Su acción volvió a poner de manifiesto la amenaza que representaba para la defensa visitante, obligada a multiplicar sus esfuerzos para impedir que Caicedo encontrara una finalización favorable.
El Espanyol, pese a encontrarse por detrás, no renunció a buscar sus oportunidades. Las blanquiazules intentaban mantenerse dentro del partido y aprovechar cualquier espacio que apareciera en la estructura defensiva madridista para acercarse a la portería de Frohms.
Natalia Escot volvió a probar fortuna y obligó a la guardameta alemana a intervenir. La acción recordó que la ventaja local no podía convertirse en una invitación a bajar la intensidad, especialmente ante un rival que seguía buscando el camino hacia el empate.
El Real Madrid necesitaba conservar el orden y evitar que el Espanyol encontrara continuidad en sus ataques. La respuesta de Frohms permitió mantener la ventaja, pero el encuentro continuaba exigiendo atención a las futbolistas de Pau Quesada.
En el otro extremo del campo, Meritxell Muñoz también tuvo que intervenir ante un disparo de Noemí Bejarano. La guardameta visitante se quedó con el balón y evitó que el conjunto blanco encontrara el segundo tanto en una acción que exigió nuevamente a la defensa catalana.
La portería del Espanyol seguía siendo el último obstáculo para que el Real Madrid transformara su dominio en una diferencia más cómoda. Las madridistas acumulaban aproximaciones, pero necesitaban afinar la definición para evitar que el encuentro llegara a sus últimos minutos con una ventaja todavía vulnerable.
El paso del tiempo mantenía viva la incertidumbre. El 1-0 otorgaba al Real Madrid una posición favorable, aunque un solo tanto podía cambiar de nuevo el panorama y obligaba a las locales a seguir trabajando con concentración.
Pau Quesada decidió intervenir desde el banquillo para renovar la energía ofensiva de su equipo. Felicia Schröder y Pau Comendador ingresaron en el terreno de juego en el minuto 60, sustituyendo a Sara Däbritz y Athenea del Castillo, respectivamente.
Los cambios buscaban aportar nuevas soluciones en un partido que exigía mantener la intensidad. El Real Madrid quería aprovechar el desgaste acumulado por la defensa visitante y encontrar en las piernas frescas una vía para aumentar su ventaja.
La entrada de Schröder ofrecía una nueva alternativa en ataque. La futbolista alemana tendría todavía tiempo para convertirse en una de las grandes protagonistas de la tarde, aunque en ese momento el marcador seguía reflejando la mínima diferencia establecida por Däbritz antes del descanso.
El Espanyol también movió sus piezas. Anita Marcos entró en el minuto 66 para sustituir a Natalia Escot, una modificación con la que el conjunto blanquiazul buscaba renovar sus opciones ofensivas y aumentar la amenaza sobre la portería madridista.
La nueva atacante no tardó en probar fortuna. Anita Marcos se animó con una chilena que terminó en las manos de Frohms, una acción que permitió al Espanyol demostrar que seguía dispuesto a buscar el gol pese a las dificultades para instalarse con continuidad en campo contrario.
La guardameta alemana respondió con seguridad y mantuvo intacta la ventaja del Real Madrid. El intento de Marcos no encontró el premio, pero sí recordó a las locales que la distancia en el marcador todavía no era suficiente para relajarse.
El encuentro entraba en una fase en la que cada detalle comenzaba a adquirir un valor especial. El Real Madrid buscaba el segundo tanto que le permitiera respirar con mayor tranquilidad, mientras que el Espanyol necesitaba aprovechar sus aproximaciones para alimentar la esperanza de una remontada.
La igualdad competitiva seguía siendo evidente en determinados tramos, aunque el control general del balón correspondía al equipo madrileño. Las blancas intentaban administrar su ventaja sin renunciar a ampliar la diferencia, una combinación necesaria para evitar que el partido se convirtiera en un ejercicio de resistencia durante los minutos finales.
El Espanyol mantenía su estructura defensiva y trataba de evitar que el Real Madrid encontrara espacios decisivos. La zaga catalana seguía teniendo trabajo por delante, consciente de que una segunda concesión podía complicar seriamente sus posibilidades de puntuar.
Sin embargo, la resistencia visitante estaba a punto de encontrarse con otro golpe. Cuando el encuentro se acercaba al minuto 70, Beerensteyn apareció para convertir una de las amenazas madridistas en el 2-0 a poco más de veinte minutos para el desenlace.
La atacante neerlandesa culminó una acción que permitió al Real Madrid ampliar su ventaja y dar un paso decisivo hacia la victoria. El gol aportó tranquilidad a las locales y obligó al Espanyol a asumir mayores riesgos si todavía quería discutir el resultado.
El tanto tenía un valor especial para el conjunto de Pau Quesada. Después de una primera mitad en la que había costado superar la organización defensiva del Espanyol, el Real Madrid encontraba una segunda recompensa que reforzaba su posición en el partido.
Beerensteyn había sido una de las futbolistas que más había amenazado la portería visitante. Su disparo al larguero en la primera mitad ya había anticipado su capacidad para generar peligro, y el segundo gol madridista terminó dando un desenlace positivo a su insistencia ofensiva.
Para el Espanyol, el 2-0 representaba una dificultad añadida. Las visitantes habían conseguido mantener el encuentro abierto durante muchos minutos, pero ahora necesitaban marcar cuanto antes para recuperar la incertidumbre y evitar que el Real Madrid administrara el tramo final con demasiada comodidad.
El conjunto blanquiazul no bajó los brazos. Pese al golpe recibido, Claudia Iglesias ‘Bicho’ se animó con un disparo que terminó fuera, una acción que reflejaba la voluntad visitante de seguir buscando la portería de Frohms.
El intento de Bicho no modificó el marcador, pero sí permitió al Espanyol conservar una intención ofensiva que resultaba imprescindible para competir hasta el final. Las catalanas necesitaban transformar sus aproximaciones en ocasiones más claras si querían poner en dificultades a un Real Madrid que ya tenía dos goles de ventaja.
Los entrenadores volvieron a recurrir a sus respectivos banquillos para mantener la intensidad del encuentro. El paso de los minutos obligaba a gestionar el esfuerzo, renovar las piernas y encontrar soluciones para afrontar un desenlace que todavía reservaba nuevas acciones decisivas.
El Real Madrid no quería conformarse con administrar el 2-0. Las blancas buscaban un tercer gol que cerrara definitivamente el partido y les permitiera ofrecer una respuesta contundente después de la derrota ante el FC Barcelona.
La insistencia madridista encontró una nueva oportunidad en las botas de Felicia Schröder. La atacante ya había avisado con un disparo que se estrelló en el larguero, una acción que volvió a demostrar la capacidad del conjunto local para encontrar peligro cuando aceleraba sus aproximaciones.
La madera volvió a interponerse entre el Real Madrid y el gol. El disparo de Schröder terminó golpeando el travesaño y dejó a la futbolista alemana a las puertas de una celebración que, sin embargo, no tardaría en llegar.
La ocasión fue una advertencia para el Espanyol. La defensa visitante había conseguido resistir durante una parte importante del encuentro, pero las madridistas encontraban cada vez más posibilidades de ampliar la diferencia y cerrar el partido con una victoria convincente.
Schröder no necesitó demasiado tiempo para convertir aquel aviso en una recompensa. En el minuto 79, la atacante alemana volvió a aparecer dentro del área y recortó ante sus defensoras para encontrar el espacio necesario antes de culminar la acción con el tercer tanto madridista.
El tanto tenía un valor especial para el conjunto de Pau Quesada. Después de una primera mitad en la que había costado superar la organización defensiva del Espanyol, el Real Madrid encontraba una segunda recompensa que reforzaba su posición en el partido.
Beerensteyn había sido una de las futbolistas que más había amenazado la portería visitante. Su disparo al larguero en la primera mitad ya había anticipado su capacidad para generar peligro, y el segundo gol madridista terminó dando un desenlace positivo a su insistencia ofensiva.
Para el Espanyol, el 2-0 representaba una dificultad añadida. Las visitantes habían conseguido mantener el encuentro abierto durante muchos minutos, pero ahora necesitaban marcar cuanto antes para recuperar la incertidumbre y evitar que el Real Madrid administrara el tramo final con demasiada comodidad.
El conjunto blanquiazul no bajó los brazos. Pese al golpe recibido, Claudia Iglesias ‘Bicho’ se animó con un disparo que terminó fuera, una acción que reflejaba la voluntad visitante de seguir buscando la portería de Frohms.
El intento de Bicho no modificó el marcador, pero sí permitió al Espanyol conservar una intención ofensiva que resultaba imprescindible para competir hasta el final. Las catalanas necesitaban transformar sus aproximaciones en ocasiones más claras si querían poner en dificultades a un Real Madrid que ya tenía dos goles de ventaja.
Los entrenadores volvieron a recurrir a sus respectivos banquillos para mantener la intensidad del encuentro. El paso de los minutos obligaba a gestionar el esfuerzo, renovar las piernas y encontrar soluciones para afrontar un desenlace que todavía reservaba nuevas acciones decisivas.
El Real Madrid no quería conformarse con administrar el 2-0. Las blancas buscaban un tercer gol que cerrara definitivamente el partido y les permitiera ofrecer una respuesta contundente después de la derrota ante el FC Barcelona.
La insistencia madridista encontró una nueva oportunidad en las botas de Felicia Schröder. La atacante ya había avisado con un disparo que se estrelló en el larguero, una acción que volvió a demostrar la capacidad del conjunto local para encontrar peligro cuando aceleraba sus aproximaciones.
La madera volvió a interponerse entre el Real Madrid y el gol. El disparo de Schröder terminó golpeando el travesaño y dejó a la futbolista alemana a las puertas de una celebración que, sin embargo, no tardaría en llegar.
La ocasión fue una advertencia para el Espanyol. La defensa visitante había conseguido resistir durante una parte importante del encuentro, pero las madridistas encontraban cada vez más posibilidades de ampliar la diferencia y cerrar el partido con una victoria convincente.
Schröder no necesitó demasiado tiempo para convertir aquel aviso en una recompensa. En el minuto 79, la atacante alemana volvió a aparecer dentro del área y recortó ante sus defensoras para encontrar el espacio necesario antes de culminar la acción con el tercer tanto madridista.
La definición puso el broche a una jugada individual que permitió al Real Madrid aumentar todavía más su ventaja. Schröder había entrado desde el banquillo para aportar frescura y terminó convirtiéndose en una de las protagonistas de la tarde, demostrando que las sustituciones también podían cambiar el desarrollo del encuentro amén a un potente 3-0.
El tercer gol parecía cerrar definitivamente el partido. El Real Madrid había pasado de una ventaja mínima al descanso a disponer de una renta de tres tantos, una evolución que reflejaba su capacidad para encontrar soluciones en los momentos importantes.
La victoria empezaba a tomar forma definitiva y el conjunto de Pau Quesada podía afrontar los últimos minutos con una tranquilidad que había resultado difícil de imaginar durante algunos tramos de la primera mitad. El Espanyol, por su parte, debía intentar terminar el encuentro con la máxima dignidad competitiva.
Linda Caicedo todavía tuvo una oportunidad para ampliar la diferencia. La colombiana, que acabaría siendo elegida MVP del encuentro, volvió a demostrar su protagonismo en el ataque madridista y pudo añadir otro tanto a una actuación que había dejado huella en el desarrollo del partido.
La ocasión no terminó en gol, pero no restó importancia a la influencia de Caicedo. Su capacidad para generar peligro y participar en las acciones ofensivas había sido uno de los argumentos más destacados de un Real Madrid que necesitaba recuperar confianza y sensaciones.
Paula Arana también buscó sorprender a Frohms desde lejos. El intento de la futbolista visitante evidenció que el Espanyol no había renunciado por completo a encontrar la portería, aunque el marcador ya dejaba muy poco margen para modificar el desenlace del compromiso.
El Real Madrid afrontaba los minutos finales con una ventaja que parecía suficiente para asegurar los tres puntos. Sin embargo, el partido todavía reservaba una última acción de peligro que permitiría al Espanyol reducir distancias antes del pitido final.
En el tiempo añadido, el conjunto blanquiazul encontró una oportunidad para castigar una pérdida de balón en la zona ofensiva del Real Madrid.
Claudia Iglesias ‘Bicho’ aprovechó el robo en una posición adelantada para culminar la acción y marcar el único tanto visitante en el Di Stéfano que subió al tanteador en el minuto 92, pero era ya tarde.
La diana visitante no empañó la victoria madridista, aunque sí recordó que el equipo de Pau Quesada todavía debía mantener la concentración hasta el último segundo. El encuentro no terminó con la portería de Frohms intacta, pero el conjunto blanco conservó una ventaja suficiente para celebrar los tres puntos.
El pitido final confirmó el 3-1 y certificó una victoria que el Real Madrid necesitaba desde el punto de vista competitivo y anímico. Después del 6-0 ante el FC Barcelona, las blancas habían respondido con tres goles, una actuación ofensiva que les permitía cambiar el tono de la semana y recuperar parte del terreno perdido.
El Espanyol se marchó de Valdebebas sin premio clasificatorio, pero con el recuerdo de una primera mitad en la que había logrado contener durante muchos minutos a uno de los principales aspirantes de la competición. Su resistencia, sin embargo, terminó cediendo ante la insistencia madridista y la calidad de sus futbolistas ofensivas.
La victoria del Real Madrid dejó una fotografía distinta a la que había ofrecido el último compromiso antes del parón. El equipo volvió a marcar tres goles, encontró soluciones desde el banquillo y cerró una tarde en la que el orgullo y la necesidad de reaccionar se encontraron con el resultado que buscaba.
La actuación de Linda Caicedo fue uno de los aspectos más destacados del encuentro. La colombiana recibió el reconocimiento como MVP y volvió a evidenciar la importancia de su capacidad de desequilibrio en el ataque madridista, incluso en un partido en el que no consiguió encontrar el gol.
El homenaje inicial a las campeonas del mundo sub-20 también aportó un componente especial a la jornada. La celebración de los éxitos de la selección española y la victoria posterior del Real Madrid convirtieron la tarde en una combinación de reconocimiento al talento y respuesta deportiva.
El resultado tuvo, además, una repercusión directa en las aspiraciones del conjunto blanco. El Real Madrid había perdido la segunda plaza después de la goleada sufrida ante el Barcelona y necesitaba sumar de tres para recuperar su posición en la zona alta de la tabla.
El triunfo ante el Espanyol permitió al equipo de Pau Quesada asaltar de nuevo esa segunda posición. La recuperación del puesto no borraba el recuerdo del 6-0, pero sí ofrecía una respuesta inmediata en el terreno de juego y devolvía al equipo a una zona acorde con sus aspiraciones.
La clasificación adquiere una dimensión especial en una competición en la que cada jornada puede modificar las distancias entre los equipos que persiguen los puestos de privilegio. El Real Madrid necesitaba evitar que la derrota anterior se convirtiera en una tendencia, y la victoria ante el Espanyol le permitió recuperar impulso.
El conjunto blanco sabía que la temporada no se define por un único resultado, pero también que los grandes objetivos exigen reaccionar con rapidez cuando aparece un tropiezo de semejante magnitud. Ganar era importante; hacerlo con tres goles y recuperar la segunda plaza suponía, además, una forma de reconstruir la confianza.
El Espanyol, por su parte, debía afrontar las consecuencias de una derrota que le obligaba a mirar hacia sus siguientes compromisos con la intención de mejorar sus prestaciones. El trabajo defensivo de la primera mitad había ofrecido motivos para competir, pero el equipo necesitaba prolongar esa solidez durante los noventa minutos y aprovechar mejor sus aproximaciones.
La derrota también deja lecciones para el conjunto catalán. Ante un rival con capacidad para generar peligro desde distintas posiciones, cada desconexión puede resultar determinante, especialmente cuando el encuentro se mantiene equilibrado y el marcador continúa abierto.
Para el Real Madrid, el próximo desafío será convertir esta victoria en un punto de partida. Recuperar la segunda plaza es un paso importante, pero sostener esa posición exige regularidad, concentración y la capacidad de responder en los encuentros que presentan mayores dificultades.
La competición no concede demasiado tiempo para celebrar ni para lamentarse. Cada jornada ofrece una nueva oportunidad para consolidar las buenas sensaciones o corregir los errores, y el Real Madrid tendrá que demostrar que la reacción ante el Espanyol no se limita a una respuesta puntual después de la goleada azulgrana.
El conjunto de Pau Quesada deberá seguir trabajando en la eficacia ofensiva y en la capacidad para controlar los partidos sin conceder oportunidades evitables. Ante el Espanyol encontró tres goles y mostró alternativas desde el banquillo, aunque el tanto encajado en el tiempo añadido también recordó la importancia de mantener la concentración hasta el final.
La presencia de futbolistas como Beerensteyn, Caicedo y Schröder aporta recursos diferentes en ataque. La primera encontró el premio a su insistencia, la segunda lideró buena parte de las acciones ofensivas y recibió el reconocimiento individual, mientras que la tercera convirtió su entrada desde el banquillo en una intervención decisiva.
Däbritz también dejó su sello en el encuentro con un gol que cambió el desarrollo de la primera mitad. Su centro-chut en el descuento rompió una igualdad que había resistido durante muchos minutos y permitió al Real Madrid afrontar la reanudación con una ventaja que resultó fundamental.
La actuación colectiva madridista fue especialmente importante por el contexto en el que llegaba el partido. El 6-0 ante el Barcelona había dejado al equipo ante la necesidad de reaccionar, y el triunfo frente al Espanyol ofreció una respuesta deportiva sin necesidad de recurrir a declaraciones grandilocuentes.
El Real Madrid debía demostrar sobre el césped que podía pasar página, y lo hizo con una victoria por 3-1. La reacción no borra la derrota anterior, pero permite recuperar confianza, sumar tres puntos y volver a situarse en la segunda plaza.
El Espanyol tendrá que extraer conclusiones de una tarde en la que compitió durante buena parte del encuentro, pero terminó cediendo ante la capacidad ofensiva del conjunto local. El gol de Bicho en el descuento sirvió para evitar una derrota sin tantos a favor, aunque no alteró el desenlace ni la necesidad de mejorar de cara a las próximas jornadas.
Ambos equipos afrontarán ahora nuevos desafíos con objetivos diferentes. El Real Madrid buscará consolidar su posición en la parte alta y mantener la continuidad de una reacción que necesitaba, mientras que el Espanyol tratará de convertir las lecciones de Valdebebas en un impulso para sus siguientes compromisos.
La segunda plaza recuperada por el conjunto blanco devuelve al equipo a una posición de privilegio, pero también aumenta la exigencia. Cuando se aspira a competir en la zona alta, cada victoria cuenta y cada tropiezo obliga a responder con rapidez.
El siguiente paso del Real Madrid será demostrar que puede mantener el nivel de concentración y eficacia mostrado ante el Espanyol. La reacción será verdaderamente valiosa si tiene continuidad, si el equipo conserva su identidad competitiva y si logra convertir el golpe recibido ante el Barcelona en una lección para el resto de la temporada.
El Espanyol, mientras tanto, deberá reconstruir sus sensaciones y preparar sus próximos partidos con la voluntad de competir durante más tiempo al nivel que mostró en varios tramos de la primera mitad. Su capacidad para resistir fue evidente, pero necesita acompañarla de mayor precisión y consistencia cuando el rival encuentra espacios.
La jornada deja una enseñanza para ambos conjuntos: los partidos pueden cambiar en una acción a balón parado, en un disparo que golpea el larguero o en una decisión individual dentro del área. El Real Madrid supo aprovechar mejor esos momentos y encontró en la eficacia de sus atacantes la diferencia que necesitaba para ganar.
En el Alfredo Di Stéfano, el orgullo madridista encontró una primera respuesta. El equipo de Pau Quesada dejó atrás, al menos por una tarde, la imagen de la goleada encajada ante el FC Barcelona y recuperó el terreno perdido en la clasificación.
La victoria por 3-1 ante el Espanyol no resuelve todos los interrogantes que dejó aquel duro golpe, pero permite al Real Madrid volver a mirar hacia arriba. Tres goles, una MVP, la aportación decisiva de las futbolistas que entraron desde el banquillo y la recuperación de la segunda plaza componen el balance de una tarde que devuelve al conjunto blanco parte de la confianza perdida.
El fútbol ofrece pocas oportunidades para corregir el pasado, pero concede una nueva ocasión en cada jornada para cambiar el rumbo. El Real Madrid aprovechó la suya ante el Espanyol, recuperó el pulso competitivo y demostró que su respuesta al partido en el Camp Nou debía comenzar donde se deciden las temporadas: sobre el césped.

📋 Ficha técnica |
Real Madrid CF (3): Frohms; Silvia Cristóbal, María Méndez, Andersson, Noemí Bejarano; Caruso (Andreia Jacinto, 77’), Senß (Eva Navarro, 83’), Sara Däbritz (Felicia Schröder, 60’); Athenea del Castillo (Pau Comendador, 60’), Lineth Beerensteyn (Angeldahl, 77’) y Linda Caicedo.
RCD Espanyol (1): Meritxell Muñoz; Ariadna Domènech, Raquel García (Patri Ojeda, 77’), Júlia Guerra, Vallejo; Paula Gutiérrez, Mar Torrás (Paula Arana, 77’), Claudia Iglesias ‘Bicho’; Baradad (Lacosta, 77’), Browne (Clara Rodríguez, 83’) y Natalia Escot (Anita Marcos, 66’).
Goles |
1-0 Sara Däbritz 45+1’ ⚽️
2-0 Lineth Beerensteyn 69’ ⚽️
3-0 Felicia Schröder 79’ ⚽️
3-1 Claudia Iglesias ‘Bicho’ 90+2’ ⚽️
🟨 Tarjetas: María Méndez (25’), Mar Torrás (33’), Linda Caicedo (39’) y Raquel García (56’).
👩🏻⚖️ Árbitra: Ágata López García (Colegio Palmense).
🏟️ Estadio: Alfredo Di Stéfano (Valdebebas).
👥 Asistencia: 1.003 espectadores.
Vídeo |














Deja una respuesta