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La crónica | España no cede ante la campeona olímpica : Alexia marca y “La Roja” sigue invicta

(Fuente: RFEF)

⚪️ La Selección Española firma un 2-2 ante Estados Unidos en el último amistoso de la primera ventana internacional del curso. Alexia Putellas alcanza los 150 partidos con la absoluta, se convierte en la primera futbolista en lograrlo y celebra una noche histórica con un gol que vuelve a engrandecer su leyenda.

La previa |

(Fuente: RFEF)

La madrugada del miércoles 14 de octubre, con el reloj marcando la 01:00 hora peninsular española, el Subaru Park de Chester, en Pensilvania, se convertirá en el escenario de un nuevo capítulo de una rivalidad que reúne a dos de las selecciones más poderosas del panorama internacional. España y Estados Unidos volverán a encontrarse en un partido amistoso de enorme valor competitivo y emocional, una cita que trasciende el resultado inmediato para convertirse en una oportunidad de crecimiento, aprendizaje y confirmación de las aspiraciones de dos equipos acostumbrados a competir por los títulos más importantes.

(Fuente: RFEF)

La Roja aterriza en este segundo compromiso con la confianza que proporciona haber superado a las estadounidenses en el primer encuentro, pero también con la responsabilidad de demostrar que aquella victoria no fue un episodio aislado. Ganar una vez a una selección de semejante dimensión representa un logro importante; hacerlo de nuevo, en un enfrentamiento que previsiblemente exigirá nuevas respuestas tácticas y una mayor capacidad para resistir los momentos de presión, supondría reforzar el mensaje de una España que quiere seguir instalada en la cima del fútbol femenino mundial.

Sonia Bermúdez, consciente de que cada encuentro internacional ofrece una oportunidad irrepetible para evaluar el estado competitivo de su equipo, ya advirtió de que el escenario será muy diferente al vivido en Washington. «Nosotras buscamos probarnos con distintas selecciones, con diferentes perfiles. El partido va a ser completamente diferente al que ya jugamos», explicó la seleccionadora en la previa. Sus palabras dibujan el espíritu con el que España afronta esta segunda prueba: competir con ambición, aprender de cada situación y comprobar hasta dónde puede llegar un grupo que aspira a mantener su condición de referencia internacional.

Porque el fútbol de selecciones no concede demasiado tiempo para acomodarse a los éxitos. Una victoria puede reforzar la confianza, pero también obliga a preparar nuevas respuestas cuando el adversario dispone de varios días para analizar lo sucedido, identificar debilidades y ajustar sus mecanismos. Estados Unidos conoce la importancia de este segundo encuentro y tendrá la oportunidad de corregir los problemas que encontró en el primer duelo. España, mientras tanto, deberá demostrar que posee recursos suficientes para adaptarse a un partido distinto sin renunciar a su personalidad.

El encuentro se presenta, por tanto, como una prueba de madurez para las internacionales españolas. No bastará con recordar lo sucedido en Washington ni con confiar en que la superioridad mostrada durante determinados tramos vuelva a reproducirse automáticamente. La Roja necesitará interpretar los tiempos del partido, administrar la posesión cuando resulte conveniente, protegerse ante las transiciones estadounidenses y aprovechar los espacios que puedan aparecer cuando el conjunto norteamericano adelante sus líneas en busca de la victoria.

La dificultad aumenta por la dimensión del adversario. Estados Unidos continúa representando uno de los grandes símbolos competitivos del fútbol femenino, una selección construida sobre una tradición ganadora que atraviesa generaciones y que ha sabido mantenerse entre las principales candidatas a conquistar los grandes campeonatos. Su palmarés, su fortaleza física, su capacidad para competir en escenarios adversos y su experiencia en partidos de máxima exigencia convierten cualquier enfrentamiento contra las estadounidenses en una referencia útil para medir el verdadero estado de una selección.

España, sin embargo, ya ha demostrado que puede mirar de frente a esa historia. La Roja llega a esta ventana internacional respaldada por su condición de vigente campeona del mundo y por su éxito en la Nations League, dos credenciales que explican la dimensión alcanzada por el combinado nacional en los últimos años. El equipo español ya no acude a estos encuentros únicamente para adquirir experiencia frente a las grandes potencias: lo hace con la convicción de que dispone de argumentos futbolísticos para discutirles el dominio y competir por la victoria.

Al otro lado estará una selección estadounidense que también llega avalada por éxitos recientes, entre ellos su triunfo en los Juegos Olímpicos y en la SheBelieves Cup. El enfrentamiento reúne así a dos campeonas con motivos suficientes para reivindicar su posición en la élite. España representa la excelencia de un equipo que ha convertido su talento técnico y su capacidad combinativa en señas de identidad; Estados Unidos aporta una tradición competitiva extraordinaria, una intensidad reconocible y una mentalidad acostumbrada a responder cuando los partidos se deciden en los detalles.

El contraste de estilos añade un atractivo especial a la cita. España buscará construir sus ataques a partir de la circulación del balón, la movilidad de sus centrocampistas y la capacidad de sus futbolistas ofensivas para encontrar espacios entre líneas. Estados Unidos, por su parte, intentará convertir cualquier recuperación en una oportunidad para correr hacia la portería española, aprovechando su velocidad, su potencia y su capacidad para atacar los espacios con pocos toques. El duelo entre ambas propuestas puede determinar buena parte del desarrollo de un encuentro en el que los pequeños desajustes defensivos podrían adquirir una importancia decisiva.

Sonia Bermúdez también puso el foco en uno de los aspectos que considera determinantes para afrontar este segundo compromiso. «Espero un partido mucho más duro. Queremos frenar las transiciones de nuestro rival. Tenemos el objetivo de ganar, pero con la importancia que tiene», señaló la seleccionadora. El mensaje resulta revelador: España no quiere limitarse a repetir el resultado del primer encuentro, sino comprender qué necesitará hacer para imponerse cuando Estados Unidos consiga aumentar su ritmo, presionar más arriba y encontrar situaciones favorables para atacar.

La defensa de las transiciones será uno de los grandes exámenes colectivos. Cuando un equipo pierde el balón mientras intenta progresar, el espacio que deja a su espalda puede convertirse en una invitación para el contragolpe. Frente a una selección con la velocidad y la potencia de Estados Unidos, la vigilancia de las centrocampistas, la coordinación de la línea defensiva y la capacidad para recuperar posiciones con rapidez pueden marcar la diferencia entre controlar el encuentro o verse obligadas a sobrevivir durante varios minutos.

España necesitará, además, elegir correctamente cuándo acelerar y cuándo dar continuidad a la posesión. La circulación paciente puede desgastar al rival y abrir espacios, pero perder el balón en zonas comprometidas podría conceder a las estadounidenses precisamente el tipo de situaciones que desean explotar. La gestión de los riesgos será fundamental para que la Roja pueda desarrollar su fútbol sin quedar expuesta a un intercambio constante de ataques.

La batalla del centro del campo aparece como otro de los puntos decisivos. La capacidad para ganar segundas jugadas, proteger la pelota bajo presión y conectar la salida con las futbolistas más adelantadas determinará buena parte de las posibilidades españolas. Patri Guijarro, protagonista del primer enfrentamiento, representa una de las piezas que pueden ayudar a establecer ese equilibrio entre construcción y recuperación, mientras que la calidad de Alexia Putellas ofrece a España una vía privilegiada para encontrar soluciones cuando el partido exija pausa, imaginación y precisión.

La selección española también deberá prestar atención a las acciones a balón parado, un recurso que puede adquirir una importancia especial si el encuentro se desarrolla bajo un ritmo intenso y con pocas ocasiones claras. Los saques de esquina, las faltas laterales y las segundas jugadas pueden romper la igualdad en partidos entre dos equipos de semejante nivel. La concentración durante los noventa minutos será imprescindible para evitar que una acción aislada eche por tierra el trabajo realizado durante buena parte del encuentro.

Enfrente, Estados Unidos no tendrá intención de aceptar pasivamente un segundo resultado adverso. La derrota por 0-2 en el primer partido proporciona a las estadounidenses un incentivo evidente para modificar su planteamiento, aumentar la agresividad en la presión y buscar una mayor presencia en campo contrario. La reacción norteamericana obligará a España a convivir con momentos de dificultad, una circunstancia que permitirá valorar no solo su capacidad para atacar, sino también su madurez para resistir y competir cuando el rival consiga imponer su ritmo.

La ausencia de Athenea del Castillo introduce, además, un condicionante en los planes de Sonia Bermúdez. La atacante del Real Madrid no estará disponible para este segundo compromiso después de haber sido expulsada en el encuentro anterior. Su baja reduce las alternativas ofensivas de la seleccionadora y abre la puerta a que otras futbolistas dispongan de más minutos para demostrar su capacidad de aportar desequilibrio, profundidad y soluciones en el último tercio del campo.

La gestión de los minutos será especialmente interesante en una ventana internacional que llega después de un calendario exigente para muchas de las convocadas. La seleccionadora ya ha expresado su intención de probar al mayor número posible de futbolistas, una decisión que responde tanto a la necesidad de ampliar las alternativas competitivas como al interés de observar diferentes combinaciones ante un adversario de primer nivel. El resultado será importante, pero también lo será la información que España pueda extraer de este segundo enfrentamiento.

El cuerpo técnico tendrá la oportunidad de comprobar cómo responden distintas jugadoras a un contexto de máxima exigencia, qué asociaciones funcionan mejor y qué perfiles ofrecen soluciones para afrontar escenarios tácticos diferentes. En una selección que aspira a seguir peleando por los títulos internacionales, disponer de alternativas fiables en cada posición constituye una ventaja estratégica. La competencia interna puede elevar el nivel colectivo y ayudar a construir un equipo preparado para afrontar los desafíos que esperan en los próximos meses.

La presencia de futbolistas jóvenes en la convocatoria también representa una inversión de futuro. Cada oportunidad con la absoluta permite adquirir experiencia, comprender las exigencias del fútbol internacional y familiarizarse con los ritmos de una competición en la que el margen de error es reducido. Para las jugadoras que buscan consolidarse en el grupo, un partido frente a Estados Unidos constituye un escaparate extraordinario y una ocasión para demostrar que pueden responder cuando la exigencia alcanza su máximo nivel.

El primer enfrentamiento ya dejó imágenes significativas en ese sentido. Clara Pinedo, Andrea Medina, Natalia Ramos y Ainhoa Marín debutaron con la selección española absoluta en el partido disputado en Washington. Sus estrenos simbolizaron la capacidad de la Roja para incorporar nuevas futbolistas a una estructura competitiva que sigue buscando el equilibrio entre la experiencia de sus referentes y la energía de quienes empiezan a abrirse camino en el escenario internacional.

Los debuts también reflejan el trabajo que existe detrás de una convocatoria. Llegar a la absoluta es el resultado de años de esfuerzo, formación, rendimiento en los clubes y capacidad para aprovechar las oportunidades. Cuando una jugadora recibe sus primeros minutos con España, el acontecimiento trasciende lo individual y se convierte en una muestra del crecimiento de una estructura que necesita renovar sus recursos sin perder la competitividad que la ha llevado a conquistar los mayores éxitos de su historia.

La segunda cita ante Estados Unidos permitirá observar cómo evolucionan esas primeras experiencias y qué futbolistas consiguen aprovechar las oportunidades que se presenten. No todas tendrán necesariamente el mismo protagonismo, pero cada minuto puede ofrecer información valiosa para el futuro. En un calendario que conducirá a España hacia nuevos desafíos internacionales, ampliar la confianza y el conocimiento del grupo puede resultar tan importante como sumar otra victoria.

El compromiso también tendrá un significado especial para Alexia Putellas. La centrocampista podría alcanzar los 150 partidos con la selección española absoluta si participa en el encuentro. Se trata de una cifra que refleja una trayectoria extraordinaria, construida a lo largo de años de competición, liderazgo y presencia en los momentos más importantes del combinado nacional. Su posible nuevo hito personal añade una dimensión simbólica a un partido que ya cuenta con suficientes alicientes deportivos.

Alexia representa una de las grandes referencias de la generación que contribuyó a transformar la historia de la selección española. Su capacidad para interpretar el juego, encontrar líneas de pase y aparecer en zonas decisivas la convierte en una futbolista especialmente valiosa cuando España necesita encontrar soluciones frente a defensas organizadas. Su experiencia también puede resultar determinante para acompañar a las jugadoras que empiezan a consolidarse en el equipo y ayudar a gestionar los momentos de mayor presión.

Alcanzar los 150 encuentros con la Roja sería, además, una celebración de la continuidad. El fútbol internacional exige mantener un nivel elevado durante años, superar lesiones, afrontar cambios de seleccionador y adaptarse a diferentes generaciones de compañeras. La posibilidad de que Alexia llegue a esa cifra ante Estados Unidos convierte la madrugada de Chester en una oportunidad para reconocer una trayectoria que forma parte de la evolución reciente del fútbol femenino español.

La convocatoria reúne a futbolistas que compiten en algunas de las principales ligas europeas y en otros campeonatos internacionales. Esa diversidad de experiencias aporta matices al grupo y permite a Sonia Bermúdez observar cómo se integran perfiles procedentes de contextos tácticos distintos. La selección se beneficia de la exigencia semanal de sus clubes, pero también debe construir una identidad común en un periodo de tiempo mucho más reducido que el que tienen los equipos durante una temporada completa.

La representación de Liga F Moeve vuelve a situar al campeonato español como una fuente importante de talento para la selección. Once de las futbolistas convocadas pertenecen a clubes de la competición nacional, con cinco entidades representadas según el reparto de la convocatoria: FC Barcelona, Athletic Club y Real Madrid, con tres jugadoras cada uno, además del Atlético de Madrid y la Real Sociedad, con una internacional cada uno. La presencia de estas futbolistas muestra la aportación del fútbol español al combinado nacional, aunque la convocatoria también evidencia el peso creciente de las jugadoras que desarrollan su carrera fuera de nuestras fronteras.

El FC Barcelona vuelve a tener una presencia destacada gracias a Patri Guijarro, Irene Paredes y Clara Serrajordi, tres futbolistas que aportan características diferentes a la estructura de la selección. La experiencia y capacidad organizativa de Paredes, el equilibrio de Guijarro y las posibilidades de crecimiento de Serrajordi representan perfiles complementarios para un equipo que necesita combinar liderazgo, control del juego y alternativas en la construcción.

El Athletic Club también aporta tres nombres a la convocatoria: Adriana Nanclares, Eunate Astralaga y Clara Pinedo. La presencia de dos guardametas del conjunto bilbaíno refleja la importancia de contar con diferentes alternativas bajo palos, mientras que Pinedo representa una opción para reforzar la creatividad y la movilidad en la medular. Para las futbolistas que buscan consolidarse con la absoluta, formar parte de una convocatoria de estas características supone una oportunidad para seguir creciendo y competir por un lugar estable en el grupo.

El Real Madrid completa el trío de clubes con mayor representación dentro del reparto de Liga F Moeve, con Eva Navarro, María Méndez y Athenea del Castillo. La ausencia de esta última por sanción impedirá a España contar con su aportación en el segundo partido, pero su presencia en la convocatoria evidencia el peso de las jugadoras madridistas en los planes de la seleccionadora. Eva Navarro y María Méndez, por su parte, mantienen abiertas sus opciones de participar en un encuentro en el que la capacidad para ofrecer soluciones por fuera y seguridad en la retaguardia puede adquirir una importancia especial.

El Atlético de Madrid estará representado por Fiamma Benítez, una futbolista cuya calidad técnica y capacidad para desenvolverse entre líneas pueden ofrecer alternativas a la selección. La Real Sociedad, por su parte, contará con Ainhoa Marín, una de las jugadoras que ya pudo experimentar el significado de debutar con España en el primer enfrentamiento. La evolución de ambas dentro del grupo será uno de los aspectos que conviene seguir en una convocatoria que combina experiencia, juventud y diferentes perfiles competitivos.

Más allá de los nombres propios, la distribución de las internacionales permite observar una realidad cada vez más habitual: la selección española se alimenta de un ecosistema de clubes amplio y diverso, con futbolistas que compiten en contextos diferentes y aportan aprendizajes que después pueden trasladar al equipo nacional. La convivencia entre jugadoras de Liga F Moeve y representantes de campeonatos extranjeros enriquece las opciones de la seleccionadora y amplía el abanico de recursos disponibles.

El partido tendrá también un valor especial por su relación con el camino hacia el Mundial de Brasil 2027. España ya aseguró su clasificación directa tras finalizar en la primera posición del grupo 3, con 15 puntos, cinco victorias y una derrota en seis encuentros. Ese objetivo cumplido permite afrontar la ventana con la tranquilidad de haber resuelto el primer gran compromiso clasificatorio, pero no reduce la exigencia competitiva de una selección que quiere llegar a la cita mundialista con la mayor cantidad posible de certezas.

La clasificación directa constituye un paso fundamental en la planificación del futuro inmediato. Evitar una fase adicional permite administrar mejor los próximos compromisos y centrar parte de la preparación en fortalecer el funcionamiento colectivo, probar alternativas y medir el nivel del equipo frente a rivales que puedan reproducir las dificultades que España encontrará en Brasil. Cada partido de máxima exigencia puede convertirse en una herramienta para identificar aspectos que conviene perfeccionar antes de defender la corona mundial.

La condición de vigente campeona del mundo no garantiza nada por sí misma. En el fútbol internacional, cada torneo comienza una nueva historia y cada rival encuentra motivaciones adicionales cuando se enfrenta a quien ocupa la cima. España deberá convivir con esa responsabilidad y aprender a transformar las expectativas en una fuente de energía, no en una carga. Mantenerse entre las mejores requiere continuidad, capacidad de adaptación y una ambición que no dependa exclusivamente de los resultados anteriores.

La Nations League también forma parte de ese respaldo competitivo. El éxito en el torneo confirmó que la Roja dispone de recursos para responder en diferentes escenarios y que su crecimiento no se limita a una única competición. La experiencia acumulada en los grandes partidos debe servir ahora para seguir construyendo un equipo que pueda competir contra estilos muy distintos, desde selecciones que conceden pocos espacios hasta adversarios que apuestan por la presión, el juego directo y las transiciones rápidas.

Estados Unidos ofrece precisamente una oportunidad para poner a prueba esa versatilidad. Su tradición ganadora y su capacidad para competir en los momentos decisivos obligan a España a mantener la concentración desde el primer minuto. Un buen comienzo podría ayudar a la Roja a establecer el ritmo que desea, pero también será necesario responder si las estadounidenses consiguen adelantarse, elevar la intensidad o convertir el encuentro en una sucesión de duelos físicos.

La historia de los enfrentamientos entre ambas selecciones añade otro elemento de interés. Antes de este segundo amistoso de octubre, los precedentes recogidos para esta rivalidad reflejaban un balance favorable a Estados Unidos, con tres victorias estadounidenses y dos triunfos españoles. Las norteamericanas se impusieron por 0-1 en un amistoso de 2019, por 1-2 en los octavos de final del Mundial de ese mismo año y por 0-1 en otro encuentro amistoso disputado en 2020. España, por su parte, consiguió un triunfo por 2-0 en El Sadar en 2022 y el reciente 0-2 en Washington.

El antecedente más cercano adquiere una relevancia especial porque demuestra que la Roja ha encontrado soluciones para superar a un rival históricamente complicado. La victoria de Washington permitió a España reforzar su confianza y añadir otro resultado significativo a una rivalidad que ha ido creciendo al mismo ritmo que el fútbol femenino español. Sin embargo, la historia también recuerda que cada enfrentamiento tiene sus propias circunstancias y que el segundo partido no puede entenderse como una continuación automática del primero.

La posibilidad de equilibrar aún más los precedentes representa un incentivo adicional, aunque el objetivo principal debe seguir siendo el rendimiento colectivo. El marcador final ofrecerá una respuesta inmediata, pero la lectura del partido deberá tener en cuenta otros factores: la capacidad de controlar las transiciones, el comportamiento de la defensa bajo presión, la eficacia en las áreas y la respuesta de las jugadoras que dispongan de una nueva oportunidad para mostrarse ante la seleccionadora.

Para España, cerrar la primera ventana internacional de la temporada con una nueva victoria supondría enviar un mensaje de fortaleza y continuidad. No se trata de convertir cada amistoso en una final ni de medir todo el proyecto únicamente por el resultado, sino de aprovechar cada desafío para fortalecer una identidad reconocible y preparar al equipo para las competiciones que realmente decidirán los títulos. Ganar a Estados Unidos dos veces en pocos días sería un logro importante, pero hacerlo mostrando evolución entre un partido y otro tendría un valor todavía mayor.

La derrota del primer encuentro también puede ser útil para el combinado estadounidense. Los grandes equipos encuentran oportunidades de mejora incluso cuando el resultado no les acompaña, y la respuesta de las norteamericanas permitirá comprobar cómo gestionan la frustración y qué ajustes son capaces de introducir. El orgullo competitivo de una selección acostumbrada a ganar puede convertir el segundo compromiso en una prueba mucho más exigente para España, que tendrá que evitar cualquier relajación y mantener su atención en los detalles.

El Subaru Park será el escenario de una madrugada que exigirá paciencia a los aficionados españoles. El horario, fijado a la 01:00 de la madrugada peninsular, sitúa el partido fuera de las franjas habituales de consumo deportivo en España, pero no resta trascendencia a una cita que enfrenta a dos de las grandes referencias del fútbol femenino mundial. Para quienes decidan acompañar a la Roja en directo, la recompensa será asistir a un nuevo examen internacional con implicaciones deportivas, tácticas y emocionales.

La retransmisión podrá seguirse en Teledeporte y RTVE Play, dos ventanas que permitirán a la afición española acompañar al equipo pese a la diferencia horaria. La disponibilidad de la emisión en abierto resulta especialmente importante para acercar este tipo de encuentros a un público amplio y mantener la atención sobre una selección que ha conquistado títulos, ampliado su repercusión y contribuido a transformar el lugar del fútbol femenino en la conversación deportiva.

En ese contexto, el compromiso ante Estados Unidos vuelve a representar mucho más que un amistoso de preparación. Es una oportunidad para reforzar el vínculo entre la selección y sus seguidores, dar continuidad al crecimiento del fútbol femenino y demostrar que las grandes citas internacionales merecen atención independientemente de la hora a la que se disputen. El seguimiento de estas ventanas también ayuda a construir una cultura futbolística en la que las internacionales sean protagonistas habituales y no únicamente figuras recordadas cuando llega un campeonato.

Sonia Bermúdez afronta el desafío con una mezcla de ambición y voluntad de aprendizaje. Su objetivo de probar al mayor número posible de futbolistas no significa renunciar a la victoria, sino utilizar la exigencia del rival para extraer conclusiones que resulten útiles a medio y largo plazo. El equilibrio entre competir y evaluar alternativas será una de las claves de su gestión, especialmente en un grupo que necesita mantener el nivel de las campeonas sin cerrar la puerta a las nuevas incorporaciones.

La seleccionadora tendrá que decidir cómo distribuir los minutos, qué asociaciones pueden ofrecer mayor equilibrio y en qué momentos conviene introducir cambios para responder a la evolución del encuentro. El banquillo podría desempeñar un papel relevante si el partido exige renovar la energía ofensiva, reforzar el centro del campo o proteger una ventaja en los minutos finales. Disponer de futbolistas capaces de alterar el ritmo desde la suplencia puede resultar decisivo frente a un rival con recursos suficientes para sostener la intensidad durante todo el encuentro.

La gestión emocional también será importante. Cuando dos selecciones de este nivel se enfrentan, el marcador puede permanecer abierto durante largos periodos y cualquier error adquiere una dimensión mayor. España deberá mantener la serenidad si no encuentra pronto el camino hacia la portería rival, evitar precipitaciones en la circulación y conservar la confianza en sus mecanismos. La madurez de un equipo se mide tanto por su capacidad para dominar como por su respuesta cuando el partido deja de desarrollarse según lo previsto.

El recuerdo del 0-2 de Washington estará presente, pero no debe convertirse en una referencia que condicione la actuación española. La mejor forma de defender aquella victoria consiste en volver a competir con intensidad, interpretar correctamente los espacios y aceptar que Estados Unidos tratará de modificar todo aquello que no funcionó en el primer encuentro. La Roja necesita afrontar la segunda cita como un reto nuevo, con la humildad de quien sabe que todavía tiene aspectos que mejorar y la ambición de quien conoce el valor de sus propias fortalezas.

En el plano individual, las miradas se repartirán entre las referentes consolidadas y las futbolistas que buscan un espacio mayor en el proyecto. Alexia Putellas podría alcanzar una cifra histórica de internacionalidades; Patri Guijarro volverá a ser una de las referencias para interpretar el juego desde el centro del campo; y las debutantes del primer encuentro tendrán la oportunidad de continuar acumulando experiencia en un entorno de máxima exigencia. Cada una afrontará el compromiso desde una responsabilidad diferente, pero todas compartirán el mismo objetivo colectivo.

La ausencia de Athenea del Castillo obliga a buscar nuevas respuestas en las zonas ofensivas. La baja de una futbolista no determina por sí sola el planteamiento de un equipo, pero sí puede modificar las alternativas disponibles para atacar por las bandas, generar desmarques y amenazar la profundidad defensiva del rival. La capacidad de España para encontrar soluciones sin una de sus atacantes será otra medida de la amplitud de recursos que Sonia Bermúdez pretende desarrollar.

También habrá espacio para observar cómo responde la selección a los diferentes momentos del partido. Si España consigue adelantarse, deberá gestionar la ventaja sin retroceder de forma desordenada ni conceder demasiadas oportunidades a Estados Unidos. Si el marcador permanece igualado, la paciencia y la precisión en el último pase pueden adquirir mayor importancia. Y si las norteamericanas logran imponer su intensidad, la Roja necesitará apoyarse en la solidaridad colectiva para superar los momentos de mayor presión.

La clasificación para el Mundial de Brasil 2027 ya está asegurada, pero el camino hasta la cita mundialista apenas comienza a construirse desde una perspectiva de preparación. La selección debe aprovechar los meses que tiene por delante para consolidar mecanismos, evaluar alternativas y llegar al torneo con un grupo capaz de responder a diferentes escenarios. La experiencia de enfrentarse a Estados Unidos en dos partidos consecutivos ofrece una oportunidad extraordinaria para estudiar cómo se adapta el equipo a un adversario que puede modificar su propuesta entre un encuentro y otro.

La ambición española no puede limitarse a conservar lo conquistado. Ser campeona del mundo y ganar la Nations League representa un logro histórico, pero también establece un nivel de exigencia que obliga a continuar creciendo. Las rivales analizarán cada movimiento de la Roja, estudiarán sus patrones ofensivos y tratarán de encontrar respuestas a su capacidad para controlar el balón. La evolución táctica y la renovación de las alternativas ofensivas y defensivas serán necesarias para que España mantenga su capacidad de competir por los grandes títulos.

Por eso, el amistoso de Chester tiene un valor que va más allá de la clasificación histórica entre ambas selecciones. El encuentro puede aportar pistas sobre el funcionamiento del equipo, revelar fortalezas que conviene potenciar y señalar aspectos que necesitan trabajo. La victoria sería una recompensa importante, pero el aprendizaje extraído de un rival de semejante dimensión también puede convertirse en una herramienta fundamental para preparar el futuro.

Estados Unidos, por su parte, buscará recuperar sensaciones y evitar que el segundo compromiso confirme la superioridad española mostrada en Washington. Su respuesta permitirá medir la capacidad de la Roja para soportar una presión más intensa y encontrar soluciones cuando el adversario decida asumir riesgos. Si España logra mantener el control y castigar los espacios con eficacia, tendrá opciones de convertir la victoria inicial en una nueva demostración de autoridad.

La rivalidad entre ambos combinados ha evolucionado en paralelo al crecimiento del fútbol femenino internacional. Durante años, Estados Unidos representó una referencia prácticamente ineludible para cualquier selección que aspirase a conquistar un campeonato importante. La evolución de España, impulsada por generaciones de talento y por un trabajo cada vez más sólido en la formación, ha permitido transformar ese tipo de enfrentamientos en duelos entre aspirantes reales a la victoria. El respeto por la historia estadounidense convive ahora con la convicción de que la Roja dispone de argumentos para competir de igual a igual.

El segundo partido también servirá para comprobar si España es capaz de sostener su rendimiento fuera de casa y en un escenario condicionado por la distancia, los desplazamientos y el horario. Las concentraciones internacionales exigen adaptarse rápidamente a rutinas diferentes y gestionar el esfuerzo físico en periodos reducidos. En ese contexto, la preparación y la recuperación adquieren una importancia especial para que las futbolistas puedan trasladar al terreno de juego el trabajo realizado durante los entrenamientos.

La madrugada española será, por tanto, una nueva oportunidad para acompañar a un equipo que ha conseguido situarse entre las grandes potencias del fútbol mundial. El encuentro reúne historia, presente y futuro: la experiencia de las referentes, el crecimiento de las nuevas internacionales y la ambición de una selección que quiere convertir cada partido en una oportunidad para seguir evolucionando. El escenario será exigente, el adversario tendrá motivos para reaccionar y la Roja necesitará ofrecer una actuación completa para cerrar la ventana con buenas sensaciones.

España llega con la confianza de haber ganado el primer asalto, pero consciente de que Estados Unidos no permitirá que la historia se repita sin presentar batalla. El partido exigirá concentración, equilibrio, inteligencia táctica y capacidad para gestionar los momentos decisivos. Si las internacionales consiguen mantener su personalidad y responder a las modificaciones del rival, tendrán una oportunidad magnífica para sumar otro resultado importante y reforzar la confianza en el proyecto de Sonia Bermúdez.

El objetivo inmediato es despedir esta primera ventana internacional de la temporada 2026-2027 con una actuación convincente, una nueva victoria si el desarrollo del encuentro lo permite y la certeza de haber aprovechado una de las pruebas más exigentes disponibles antes del Mundial. No habrá títulos en juego en Chester, pero sí una oportunidad para demostrar que España conserva el hambre competitiva que la llevó a conquistar el mundo y que su ambición no se detiene después de alcanzar la cima.

La Roja vuelve a mirar a Estados Unidos con respeto, pero también con determinación. El 0-2 de Washington ya forma parte de la historia reciente; ahora comienza un nuevo desafío, con otras dificultades y una rival dispuesta a responder. En una madrugada en la que el talento deberá convivir con el esfuerzo y la calidad con la disciplina táctica, España buscará algo más que repetir un resultado: querrá confirmar su crecimiento, fortalecer su identidad y cerrar el primer parón del curso con un mensaje inequívoco de ambición.

Porque las campeonas también necesitan volver a examinarse, y pocas pruebas pueden resultar tan reveladoras como enfrentarse de nuevo a una selección acostumbrada a disputar los grandes títulos. En Chester, la historia ofrecerá otra oportunidad para medir fuerzas. España quiere aprovecharla, Estados Unidos quiere la revancha y el fútbol femenino internacional tendrá ante sí un nuevo capítulo de una rivalidad que promete seguir creciendo en el camino hacia Brasil 2027.

El choque a fondo |

(Fuente: “El Partido de Manu”) Creatividad: reinassinfiltro

🔜 NEXT GAME

🏆 Partido Internacional Amistoso

🔥 Temporada 2026-2027 🔥

🇺🇸 Estados Unidos 🆚 España 🇪🇸

🙌🏻 Selección Absoluta Femenina

📅 Miércoles, 14 de octubre de 2026

⏰ 01:00 h | Horario peninsular español

📺 Teledeporte | RTVE Play

🏟️ Subaru Park | Chester, Pensilvania (Estados Unidos)

(Fuente: RFEF)

Los XI |

(Fuente: RFEF)

Ganar a Estados Unidos nunca ha sido una tarea sencilla. Hacerlo exige mucho más que talento, personalidad y una propuesta futbolística reconocible: obliga a resistir ante una selección acostumbrada a competir en los escenarios más exigentes, cuatro veces campeona del mundo y vigente campeona olímpica después de conquistar el oro en los Juegos de París 2024, donde derrotó a Brasil en la final. La historia de las estadounidenses está construida sobre una cultura competitiva que ha convertido al combinado norteamericano en una referencia permanente del fútbol femenino internacional. Por eso, cualquier enfrentamiento ante ellas trasciende el resultado inmediato y se transforma en una prueba de madurez para quienes aspiran a discutir su hegemonía.

España conoce bien esa dificultad. La selección que hoy se presenta ante el mundo con la ambición de defender su corona mundial conquistada en Australia y Nueva Zelanda en 2023 es el resultado de un proceso deportivo que ha ido creciendo entre dificultades, aprendizajes y noches que han marcado su evolución. Durante años, Estados Unidos representó una barrera casi infranqueable para las españolas, una de esas adversarias frente a las que cada detalle podía inclinar la balanza. Sin embargo, la distancia entre ambas selecciones se ha reducido hasta convertir sus enfrentamientos en partidos capaces de ofrecer alternativas, dominio alterno y emociones hasta el último instante.

El precedente más doloroso para España llegó en el Mundial de Francia de 2019. Aquel encuentro de octavos de final dejó una imagen imborrable de una selección española que todavía buscaba su lugar entre las grandes, pero que ya era capaz de discutirle el partido a una potencia mundial. El marcador final, un 2-1 favorable a Estados Unidos, estuvo condicionado por dos penaltis muy controvertidos que terminaron resultando decisivos en una eliminatoria tremendamente ajustada. En medio de aquella batalla futbolística apareció Jenni Hermoso, autora de un auténtico golazo que evidenció la calidad técnica, la personalidad y la capacidad competitiva de una delantera que llevaba tiempo demostrando que podía marcar diferencias en los escenarios de máxima exigencia.

Aquel tanto no fue únicamente una acción brillante dentro de una eliminatoria mundialista. También simbolizó la capacidad de España para competir sin complejos frente a una selección que había dominado buena parte de la historia del fútbol femenino. Hermoso encontró una manera de hacer daño a Estados Unidos cuando más difícil parecía, y su actuación quedó vinculada a una generación que fue aprendiendo a transformar la admiración por las grandes potencias en una ambición legítima de superarlas. El tiempo ha confirmado la importancia de aquellas futbolistas que abrieron camino y ayudaron a que España dejara de presentarse ante determinadas rivales con la sensación de que el desafío era casi imposible.

La trayectoria de Jenni Hermoso merece, además, una reflexión propia. Su calidad, su capacidad para interpretar los espacios, su inteligencia entre líneas y su experiencia en el área forman parte de los argumentos deportivos que explican su relevancia en el fútbol español. Su vinculación actual con el Atlético de Madrid mantiene vigente una figura que ha dejado una huella importante en la selección y que continúa generando conversación por sus posibilidades futbolísticas. Su ausencia en las convocatorias constituye una cuestión susceptible de debate desde el análisis deportivo, sin desconocer que las decisiones corresponden a la seleccionadora y a su cuerpo técnico. La puerta a una reconsideración futura no debería cerrarse sin valorar con serenidad los méritos, el rendimiento y las necesidades del equipo. El fútbol español no puede permitirse convertir en irrelevante el talento de una futbolista por el mero paso del tiempo.

Desde aquel Mundial francés, España ha cambiado de dimensión. La selección ha ganado experiencia, ha incorporado nuevas futbolistas, ha consolidado una identidad reconocible y ha aprendido a gestionar partidos en los que el rival dispone de recursos para castigar cualquier desajuste. La conquista del Mundial de 2023 transformó definitivamente su posición internacional, mientras que los éxitos posteriores reforzaron la convicción de que aquella generación no había alcanzado la cima por casualidad. Ahora, cada partido sirve también para defender una responsabilidad añadida: la de una campeona que ya no compite únicamente por demostrar que pertenece a la élite, sino por confirmar que puede permanecer en ella.

La primera ventana internacional de la temporada ofrecía una oportunidad extraordinaria para medir esa evolución. Enfrentarse a Estados Unidos suponía poner a prueba los automatismos, la profundidad de plantilla y la capacidad de adaptación de un equipo que tiene por delante meses de enorme exigencia. El calendario conduce hacia el Mundial de Brasil de 2027, donde España defenderá el título conquistado en 2023, pero también obliga a mirar a la Nations League y a un horizonte olímpico que añade todavía más valor a cada ensayo internacional. El resultado importa, aunque también lo hacen las conclusiones que pueda extraer Sonia Bermúdez de una prueba ante una de las selecciones más competitivas del planeta.

Las estadounidenses, por su parte, llegaban con la intención de quitarse la espina del primer enfrentamiento. La igualdad de fuerzas y el orgullo competitivo de ambos conjuntos anticipaban otro duelo de máxima intensidad, con dos equipos que tenían motivos suficientes para buscar la victoria. Estados Unidos quería reafirmar su capacidad de respuesta después del encuentro anterior, mientras España pretendía refrendar su estatus como vigente campeona mundial y demostrar que su crecimiento no depende de una noche inspirada, sino de una estructura futbolística capaz de sostenerse ante cualquier adversario.

El escenario elegido fue Subaru Park, en Chester, Pensilvania, ante 18.500 espectadores. El ambiente acompañaba una cita que reunía a dos selecciones acostumbradas a convivir con las expectativas y que volvía a poner frente a frente dos modelos de entender la competición. España llegaba con la ambición de imponer su fútbol asociativo, encontrar superioridades mediante la circulación y aprovechar el talento de sus centrocampistas; Estados Unidos apostaba por la energía, la verticalidad y la capacidad de sus atacantes para acelerar las jugadas cuando encontraban espacios.

Sonia Bermúdez presentó un once con Misa Rodríguez bajo palos, Oihane Hernández, Irene Paredes, María Méndez y Andrea Medina en defensa; Patri Guijarro, Clara Serrajordi y Alexia Putellas en la medular; y Salma Paralluelo, Clara Pinedo y Edna Imade como referencias ofensivas. La alineación combinaba experiencia internacional con futbolistas llamadas a ganar protagonismo en el nuevo ciclo, una mezcla que permitía evaluar el rendimiento colectivo sin perder de vista el futuro. La presencia de Alexia en el centro del campo adquiría, además, una dimensión histórica por la cifra de internacionalidades que estaba a punto de alcanzar.

Enfrente, Emma Hayes dispuso un equipo con Phallon Tullis-Joyce en portería, Emily Fox, Kennedy Wesley, Tierna Davidson y Gisele Thompson en defensa, Claire Hutton, Lindsey Heaps y Rose Lavelle en la zona central, y Ashley Sanchez, Trinity Rodman y Sophia Wilson en ataque. La alineación estadounidense reunía movilidad, potencia y talento individual, con varias futbolistas capaces de alterar el ritmo del encuentro mediante conducciones, desmarques y asociaciones rápidas. No era un adversario dispuesto a conceder tiempo para pensar ni a permitir que España encontrara comodidad desde los primeros minutos.

La pelota echó a rodar y las intenciones quedaron expuestas enseguida. España necesitaba asentarse, encontrar a sus centrocampistas y evitar que la velocidad estadounidense convirtiera cada recuperación en una amenaza. Estados Unidos, por su parte, buscaba incomodar la salida española, acelerar las posesiones y aprovechar cualquier error para acercarse a la portería de Misa Rodríguez. El partido comenzó con ese pulso entre la voluntad española de organizarse mediante el balón y la agresividad de un conjunto norteamericano que pretendía imponer su ritmo.

El primer aviso serio llegó antes de que se cumplieran los cuatro minutos. Un traspié de Misa Rodríguez provocó el susto en el área española y recordó que, ante una rival de semejante categoría, cualquier desajuste puede adquirir una dimensión enorme. El error no se convirtió en un castigo definitivo, pero sí sirvió para que España recibiera una advertencia temprana. La seguridad en la salida y la concentración de la guardameta eran aspectos que exigían máxima atención frente a una delantera estadounidense preparada para aprovechar cualquier balón suelto.

El encuentro apenas había comenzado y Estados Unidos ya había encontrado una vía para generar inquietud. La presión, la velocidad de ejecución y la insistencia sobre las zonas próximas al área obligaban a las españolas a reaccionar con rapidez. El susto inicial no alteró el planteamiento de Bermúdez, aunque sí dejó claro que el equipo debía ajustar las distancias entre líneas y evitar que las atacantes locales recibieran con tiempo suficiente para orientar sus acciones hacia la portería.

En la siguiente aproximación fue Sophia Wilson quien probó fortuna. La atacante estadounidense trató de aprovechar el momento favorable de su equipo, pero Misa respondió con una intervención segura y atrapó el balón. La guardameta canaria necesitaba recuperar sensaciones después del sobresalto inicial, y aquella acción le permitió intervenir con mayor tranquilidad. España seguía en el partido, aunque todavía no había encontrado la continuidad necesaria para controlar el ritmo y reducir la amenaza de las futbolistas más peligrosas del conjunto norteamericano.

Rose Lavelle comenzó a participar con la calidad que la caracteriza, mientras Wilson y Trinity Rodman trataban de aprovechar los espacios para activar el ataque estadounidense. La movilidad de las tres dificultaba las referencias defensivas y obligaba a España a prestar atención tanto a las conducciones como a los movimientos sin balón. Cada recepción entre líneas podía convertirse en el inicio de una acción peligrosa, y la selección española debía evitar que el encuentro se transformara en una sucesión de ataques rápidos en la que la superioridad técnica de sus centrocampistas quedara diluida.

A España le faltaba engranar el centro del campo. Patri Guijarro debía ayudar a dar continuidad a la circulación, Serrajordi necesitaba encontrar posiciones desde las que conectar con las jugadoras más adelantadas y Alexia trataba de ofrecer soluciones para que el equipo no perdiera su identidad. El problema no estaba tanto en la ausencia de talento como en la dificultad para coordinar los movimientos y encontrar una salida limpia ante la presión rival. Estados Unidos estaba consiguiendo que el balón español no circulara con la fluidez que requería el plan de partido.

En ese contexto, Alexia comenzó a asumir responsabilidades. La capitana se ofrecía, buscaba el pase que rompiera la primera línea de presión y trataba de dar sentido a unas posesiones que todavía no terminaban de encontrar continuidad. Su presencia permitía a España disponer de una referencia técnica capaz de interpretar los espacios y acelerar la jugada cuando aparecía una oportunidad. En una noche marcada por un registro histórico, la centrocampista demostraba que su importancia iba mucho más allá del simbolismo de la cifra que estaba a punto de celebrar.

Uno de los recursos que buscó fue el pase filtrado hacia Clara Pinedo. La conexión entre ambas ofrecía una alternativa para superar las primeras líneas estadounidenses y acercar el balón a posiciones desde las que España pudiera progresar. Pinedo, con su capacidad para moverse entre los espacios, representaba una pieza importante en el intento de conectar la medular con las atacantes. La selección necesitaba encontrar ese tipo de asociaciones para dejar de jugar al ritmo que proponía Estados Unidos.

También aparecieron los cambios de orientación hacia Andrea Medina. Desplazar el juego de un costado al otro permitía explorar los espacios disponibles y obligar a la defensa rival a reajustarse, una herramienta fundamental para un equipo que pretende construir ataques mediante la circulación. España trataba de encontrar la amplitud que necesitaba para estirar al rival, aunque todavía le faltaba convertir esas intenciones en una secuencia constante de ocasiones. La paciencia empezaba a ser tan importante como la precisión.

Estados Unidos, mientras tanto, no renunciaba a la iniciativa. Lavelle continuaba ofreciendo soluciones en la zona de creación y las atacantes buscaban desbordar mediante movimientos que exigían atención permanente. La selección norteamericana transmitía la sensación de poder acelerar en cualquier momento, obligando a España a mantener la concentración incluso cuando lograba recuperar la pelota. El partido avanzaba sin que las españolas hubieran encontrado todavía su mejor versión, pero la igualdad también ofrecía una oportunidad para crecer a medida que transcurrían los minutos.

El fútbol, sin embargo, no siempre recompensa al equipo que más cómodo se encuentra durante una fase del encuentro. A veces basta una asociación bien ejecutada para cambiar el paisaje de un partido y convertir una posesión aparentemente corriente en una ocasión decisiva. España necesitaba precisamente eso: una acción que le permitiera transformar sus dificultades iniciales en confianza, obligar a Estados Unidos a replantearse el encuentro y encontrar el camino hacia una ventaja que hasta entonces parecía difícil de alcanzar.

La oportunidad llegó cuando Clara Serrajordi encontró el espacio para poner un centro raso al área. El balón avanzó por una zona comprometida para la defensa estadounidense y Clara Pinedo interpretó la jugada con inteligencia, dejando pasar la pelota en lugar de intentar rematarla. Aquel movimiento resultó determinante, porque permitió que el envío continuara su trayectoria hacia el segundo palo, donde aparecía Alexia Putellas con la posición adecuada para finalizar la acción.

Alexia no perdonó. La capitana empujó el balón a placer y convirtió la llegada española en el primer gol del encuentro, un tanto que cambió el marcador y alteró la dinámica emocional de la primera parte. La selección que había sufrido durante los primeros compases encontraba una recompensa extraordinaria a través de una jugada colectiva bien resuelta, y la futbolista destinada a protagonizar la noche histórica asumía también el papel de ejecutora. No podía haber una celebración más simbólica para alcanzar los 150 partidos con la absoluta.

El 0-1 tuvo un significado especial por la identidad de su autora y por el momento en el que llegó. Alexia no se limitó a sumar una internacionalidad más a su trayectoria, sino que celebró la cifra con un gol ante una de las selecciones más importantes del planeta. La capitana volvía a demostrar que su legado no se construye únicamente con reconocimientos individuales, sino con acciones que influyen directamente en el destino de los partidos. Su nombre quedaba unido a una noche que ya formaba parte de la historia de la selección española.

El tanto también ofreció una lectura colectiva. España había encontrado una vía para castigar a Estados Unidos mediante una combinación de precisión, inteligencia y ocupación de los espacios. Serrajordi puso el balón donde debía, Pinedo entendió que dejarlo pasar era la mejor decisión y Alexia apareció en el lugar adecuado para culminar. La acción condensó varias de las virtudes que el equipo quería mostrar desde el comienzo, aunque hasta entonces no había logrado expresarlas con suficiente continuidad.

Estados Unidos se encontró de pronto ante un escenario diferente. La selección local había comenzado con iniciativa y había generado inquietud alrededor de la portería española, pero el marcador obligaba ahora a asumir nuevos riesgos. España podía gestionar mejor las distancias, encontrar más espacios cuando recuperara el balón y aprovechar la necesidad de su rival de adelantar líneas. El gol no resolvía el encuentro, pero sí cambiaba las condiciones tácticas y psicológicas bajo las que se desarrollaría el resto de la primera mitad.

Alexia, sin embargo, no parecía dispuesta a conformarse con el momento histórico. Su celebración individual formaba parte de una noche especial, pero su mentalidad competitiva seguía orientada hacia el siguiente objetivo. La centrocampista continuó participando en las acciones ofensivas, buscando conexiones y ofreciendo soluciones para que España no renunciara a atacar. La mejor manera de celebrar un registro semejante era seguir compitiendo, y la capitana estaba decidida a que su gol no quedara como una anécdota aislada dentro de un partido mucho más exigente.

Cinco minutos después del primer tanto, la selección española volvió a golpear. Alexia recibió en una zona desde la que pudo encarar a la defensa estadounidense y desplegó toda su capacidad para conducir la jugada. La capitana dejó sentadas a las centrales dentro del área, desbordando las referencias defensivas y generando el espacio necesario para que la acción encontrara una solución definitiva. Lo que había comenzado como una ventaja mínima se transformó en una oportunidad para ampliar la diferencia y acercar a España a un resultado de enorme valor.

En lugar de buscar de nuevo el remate, Alexia encontró a Salma Paralluelo y le entregó el balón en una posición favorable. La atacante española respondió con un potente disparo que terminó en el fondo de la portería, estableciendo el 0-2 en apenas cinco minutos de inspiración ofensiva. España había pasado de sufrir las primeras acometidas estadounidenses a castigar a su rival con una contundencia extraordinaria, y la conexión entre dos de sus futbolistas más determinantes confirmaba el potencial que podía alcanzar el equipo cuando encontraba espacios.

El segundo gol reforzó el valor de la actuación de Alexia. A la finalización que había abierto el marcador añadió una asistencia de enorme mérito, una demostración de que su influencia podía aparecer en distintas zonas del ataque. La capitana había encontrado primero el lugar adecuado para rematar y después el momento preciso para servir a su compañera. Su actuación reunía la capacidad de decidir mediante el gol y la inteligencia para mejorar la posición de otra futbolista, dos cualidades que explican su importancia en el fútbol español.

Salma, por su parte, volvió a mostrar por qué su potencia y su capacidad de finalización son recursos tan valiosos. Su disparo permitió transformar la superioridad momentánea en una ventaja de dos tantos y obligó a Estados Unidos a enfrentarse a una situación que no había previsto durante los primeros minutos. La atacante aprovechó el trabajo previo de Alexia y completó una acción que tuvo consecuencias directas sobre el planteamiento estadounidense. España ya no solo estaba compitiendo: estaba castigando los errores del rival y encontrando premio a su calidad en los metros decisivos.

El 0-2 constituía un resultado de enorme valor ante la campeona olímpica. No significaba que el encuentro estuviera decidido, porque Estados Unidos dispone de recursos suficientes para cambiar cualquier partido, pero sí confirmaba que España podía hacer daño a través de asociaciones rápidas y talento individual. La selección española había demostrado que no necesitaba dominar todos los minutos para generar peligro y que podía aprovechar sus mejores momentos con una eficacia que marcaba diferencias. La cuestión pasaba ahora por mantener el equilibrio entre proteger la ventaja y continuar siendo una amenaza ofensiva.

El encuentro había adquirido una dimensión diferente y la presión comenzaba a trasladarse al conjunto estadounidense. Hayes necesitaba encontrar respuestas para evitar que la desventaja creciera, mientras España debía impedir que el entusiasmo por los dos goles se convirtiera en una pérdida de concentración. La experiencia acumulada por ambas selecciones invitaba a pensar que todavía quedaba mucho por jugar, especialmente porque la capacidad física y la profundidad de banquillo de Estados Unidos podían cambiar el ritmo cuando el encuentro entrara en su fase decisiva.

España había encontrado en Alexia una referencia capaz de conectar las distintas líneas, pero el reto colectivo consistía en sostener esa inspiración sin depender exclusivamente de ella. Patri Guijarro debía ayudar a proteger el centro del campo, Serrajordi necesitaba continuar ofreciendo alternativas y la defensa debía permanecer atenta a los movimientos de Rodman, Wilson y Lavelle. La ventaja era importante, aunque el partido exigía todavía un trabajo constante sin balón para evitar que Estados Unidos encontrara una respuesta inmediata.

El conjunto norteamericano tenía argumentos para reaccionar. Su capacidad para acelerar, la calidad de sus futbolistas ofensivas y la energía con la que acostumbraba a competir hacían prever una segunda parte de máxima exigencia. España no podía permitirse confundir el 0-2 con una garantía de victoria. Cada recuperación, cada duelo y cada decisión en la salida de balón adquirirían una importancia especial, porque la selección local necesitaba un gol para regresar al encuentro y recuperar la confianza que había perdido tras el doble golpe español.

La primera mitad dejó una conclusión alentadora para Sonia Bermúdez: su equipo había sido capaz de transformar un inicio complicado en una ventaja considerable frente a una de las grandes potencias internacionales. El gol de Alexia y la posterior definición de Salma demostraron la capacidad española para resolver situaciones en espacios reducidos y castigar a una defensa que había comenzado el partido con confianza. Sin embargo, la ventaja también planteaba una prueba de madurez: defenderla requería conservar la concentración y entender que Estados Unidos todavía tenía tiempo y talento para cambiar el desenlace.

Para Alexia, el descanso llegaba después de una actuación que ya justificaba el carácter especial de la noche. La cifra de 150 partidos con la absoluta encontraba su reflejo en el terreno de juego mediante un gol y una asistencia, dos acciones que permitían celebrar su trayectoria sin necesidad de recurrir únicamente a los reconocimientos protocolarios. La capitana había convertido una efeméride individual en un argumento competitivo para España, y su actuación reforzaba la idea de que las grandes figuras pueden marcar diferencias incluso en partidos de máxima exigencia.

La selección española se marchó al descanso con dos goles de ventaja, consciente de que había encontrado la manera de hacer daño a su adversario y de que el encuentro todavía exigía una respuesta colectiva de máxima concentración. Estados Unidos debía decidir cómo reorganizarse, cómo aumentar su presencia ofensiva y cómo reducir la influencia de las futbolistas españolas que habían protagonizado el tramo decisivo de la primera mitad. El 0-2 dibujaba un escenario favorable para España, pero el fútbol internacional ha enseñado muchas veces que ninguna ventaja está a salvo cuando enfrente se encuentra un equipo acostumbrado a competir hasta el último segundo.

La reanudación abrió un escenario completamente distinto. España regresó al terreno de juego con una ventaja que le permitía administrar esfuerzos, pero Estados Unidos necesitaba reaccionar cuanto antes si quería evitar que el encuentro quedara condicionado por los dos tantos encajados en la primera mitad. Emma Hayes sabía que su equipo debía aumentar la velocidad de circulación, elevar la intensidad de la presión y encontrar soluciones para atacar a una selección española que había demostrado su capacidad para aprovechar los espacios. La segunda parte se presentaba como una prueba de resistencia para las campeonas del mundo.

Sonia Bermúdez también movió sus piezas durante el descanso. Ona Batlle sustituyó a Oihane Hernández, Lucía Corrales entró por Salma Paralluelo y Alba Redondo ocupó el lugar de Edna Imade. La seleccionadora española buscaba renovar posiciones y repartir minutos dentro de una ventana internacional que debía servir para preparar los compromisos futuros. Los cambios permitían comprobar diferentes alternativas y ofrecer oportunidades a futbolistas que podían resultar importantes en el camino hacia Brasil 2027.

La entrada de Ona Batlle suponía un refuerzo para el lateral derecho, una posición desde la que España necesitaba mantener la vigilancia ante las incorporaciones y los movimientos interiores de las atacantes estadounidenses. La defensa debía continuar coordinada para evitar que el rival encontrara espacios entre las centrales y las laterales, especialmente en una fase del partido en la que la selección local estaba obligada a asumir riesgos. Sin embargo, el nuevo escenario apenas concedió tiempo para que la zaguera se asentara.

Estados Unidos encontró pronto la oportunidad de recortar distancias. Ashley Sanchez recibió en una acción que permitió a la atacante armar la pierna con el espacio necesario para ejecutar el disparo. Ona acababa de incorporarse al encuentro y la estadounidense aprovechó ese instante para preparar la finalización, sin que la defensa española consiguiera impedir que encontrara una posición favorable para rematar.

El disparo salió cruzado y superó a Misa Rodríguez, que no pudo evitar que el balón terminara en el fondo de la portería. El marcador reflejaba ahora un 1-2 y el encuentro volvía a abrirse por completo. Estados Unidos había conseguido el gol que necesitaba para recuperar la esperanza, mientras España veía cómo su ventaja de dos tantos quedaba reducida apenas cuatro minutos después del comienzo de la segunda parte.

El tanto de Sanchez alteró el paisaje emocional del partido. La selección estadounidense encontraba una recompensa inmediata a su necesidad de reaccionar, y las futbolistas locales recuperaban la convicción de que todavía podían rescatar un resultado positivo. España, por su parte, debía evitar que el golpe se convirtiera en una sucesión de errores. La ventaja seguía de su lado, pero el margen de tranquilidad se había reducido considerablemente.

El gol también puso de manifiesto la importancia de los detalles en partidos de máxima exigencia. Una incorporación defensiva recién realizada, un instante para armar el disparo y una finalización cruzada bastaron para cambiar el resultado. Ante Estados Unidos no hay tiempo para acomodarse, porque el rival está preparado para castigar cualquier desajuste. España necesitaba recuperar la organización defensiva y volver a encontrar en la posesión una herramienta para reducir la presión.

El conjunto norteamericano interpretó el 1-2 como una invitación a seguir insistiendo. Su propuesta ganó intensidad y agresividad, con una mayor determinación para disputar cada balón y buscar situaciones de peligro en las inmediaciones del área española. La selección local ya no tenía motivos para administrar esfuerzos: necesitaba continuar atacando, obligar a España a retroceder y aprovechar el impulso anímico que había generado el tanto de Sanchez.

Emma Hayes entendió que el momento exigía intervenir desde el banquillo. La seleccionadora estadounidense preparó una profunda remodelación del equipo y decidió introducir cinco sustituciones en un breve intervalo, con la intención de aportar energía, velocidad y nuevas soluciones ofensivas. El movimiento reflejaba la voluntad de ir a por el encuentro y de aprovechar el desgaste que podía empezar a acusar España tras una primera mitad de máxima intensidad.

Mallory Swanson, Alyssa Thompson y Lily Yohannes entraron para renovar diferentes zonas del equipo, mientras Jaelin Howell y Michelle Cooper también se incorporaron al terreno de juego. La remodelación afectó a posiciones importantes y permitió a Estados Unidos presentar un frente ofensivo renovado. Hayes buscaba cambiar el ritmo, generar nuevas asociaciones y aumentar la capacidad de desborde para que la defensa española tuviera que responder a amenazas diferentes.

La apuesta no eracondeaba su intención. Estados Unidos quería el empate y estaba dispuesto a asumir riesgos para conseguirlo. Las sustituciones añadían piernas frescas a un equipo que necesitaba acelerar sus ataques y que encontraba en la intensidad una manera de discutirle a España el control del encuentro. La selección norteamericana tenía todavía tiempo suficiente para completar la remontada, pero debía transformar su empuje en ocasiones claras si quería evitar que el esfuerzo terminara sin recompensa.

España afrontaba una situación delicada. El 0-2 había permitido imaginar un desenlace favorable, pero el tanto de Sanchez devolvía al partido toda la incertidumbre que caracteriza los enfrentamientos entre selecciones de primer nivel. Bermúdez necesitaba encontrar el equilibrio entre renovar el equipo, preservar el talento de sus futbolistas y evitar que el rival se adueñara definitivamente del centro del campo. Cada decisión desde el banquillo podía influir en la manera de gestionar los minutos restantes.

La seleccionadora española respondió también con modificaciones. Fiamma Benítez sustituyó a Alexia Putellas en el minuto 62, mientras Lucía García entró por Clara Pinedo. Los cambios ofrecían nuevas alternativas para el ataque y permitían distribuir los esfuerzos dentro de un encuentro que comenzaba a exigir una enorme capacidad de resistencia. La salida de Alexia ponía fin a una actuación especialmente significativa, después de haber alcanzado los 150 partidos con la absoluta y de haber participado directamente en los dos goles españoles.

La capitana abandonó el terreno de juego después de firmar una de las noches más especiales de su trayectoria internacional. Su gol había abierto el marcador y su asistencia a Salma Paralluelo había permitido ampliar la diferencia, dos acciones que demostraban su influencia en el desarrollo del partido. La cifra histórica quedaba acompañada de una contribución deportiva decisiva, aunque el encuentro todavía reservaba una fase final en la que España tendría que defender el trabajo realizado durante la primera mitad.

La salida de Alexia también modificó las referencias ofensivas del equipo. España perdía a una futbolista capaz de ordenar las posesiones, filtrar pases y encontrar soluciones en espacios reducidos, por lo que el resto de centrocampistas debía asumir nuevas responsabilidades para mantener la continuidad. Fiamma podía aportar energía y movilidad, mientras Lucía García ofrecía una alternativa para amenazar los espacios. El desafío consistía en conservar la capacidad de progresar sin permitir que Estados Unidos recuperara el control absoluto del encuentro.

Los cambios respondían, además, a la necesidad de ampliar el abanico de recursos de la selección. Una ventana internacional no sirve únicamente para sumar resultados: también permite evaluar perfiles, comprobar asociaciones y conocer la respuesta de las futbolistas cuando el partido se desarrolla bajo condiciones diferentes. Bermúdez tenía ante sí la oportunidad de extraer conclusiones de una prueba exigente, aunque la prioridad inmediata seguía siendo proteger una ventaja que todavía podía traducirse en una victoria de enorme valor.

El paso de los minutos no redujo la ambición estadounidense. El equipo local continuó aumentando la intensidad y buscó situaciones en las que sus atacantes pudieran encarar a las defensoras españolas. La presión sobre la salida y la velocidad de las transiciones obligaban a España a extremar las precauciones. La selección campeona del mundo necesitaba recuperar la capacidad para enlazar varias posesiones seguidas, respirar con el balón y alejar el juego de una zona en la que cada pérdida podía terminar convirtiéndose en una ocasión rival.

Sonia Bermúdez volvió a intervenir en el minuto 77 con la entrada de Laia Codina por Irene Paredes. El cambio renovaba la pareja de centrales y ofrecía otra oportunidad para gestionar el tramo final del encuentro. España debía mantener la concentración en los duelos, cerrar las vías de penetración y evitar que las atacantes estadounidenses recibieran en condiciones favorables. La selección local había encontrado una vía para regresar al partido y ahora necesitaba un último esfuerzo defensivo para conservar el empate o recuperar una ventaja que todavía estaba a su alcance.

Un minuto después llegaron dos nuevas sustituciones españolas. Ornella Vignola reemplazó a Andrea Medina y Natalia Ramos entró por Clara Serrajordi. Bermúdez continuaba repartiendo minutos y modificando piezas para afrontar el desenlace, consciente de que la energía disponible y la capacidad para interpretar las últimas situaciones podían resultar determinantes. La renovación del centro del campo y de la banda izquierda ofrecía nuevas alternativas, pero también exigía una rápida adaptación para mantener la coordinación colectiva.

Natalia Ramos vio la tarjeta amarilla en el minuto 80, una amonestación que reflejaba la exigencia de un encuentro cada vez más disputado. España debía evitar que la acumulación de faltas y las pérdidas de posición permitieran a Estados Unidos aumentar su amenaza en los minutos decisivos. La tensión competitiva crecía a medida que el reloj avanzaba y el margen para corregir errores se reducía. Cada acción defensiva empezaba a adquirir el valor de una pequeña final.

Estados Unidos tampoco renunciaba a seguir modificando su equipo. Kate Del Fava, Emma Sears y Pietra Tordin entraron en el minuto 80, mientras el conjunto de Hayes continuaba buscando nuevas combinaciones para encontrar el gol del empate. Las sustituciones mantenían fresca la estructura ofensiva y permitían insistir en una estrategia que ya había dado resultado con el tanto de Sanchez. La selección local había decidido agotar sus recursos para evitar la derrota ante España.

La insistencia estadounidense obligó a Misa Rodríguez a volver a intervenir. Mallory Swanson consiguió plantarse ante la guardameta española en una acción que exigió concentración y una respuesta firme. La futbolista del Arsenal blocó el balón por alto con seguridad y evitó que la aproximación terminara en el empate. Su intervención fue importante porque permitió a España resistir en un momento en el que el conjunto local encontraba cada vez más motivos para creer en la remontada.

La actuación de Misa adquiría un valor especial después del sobresalto que había protagonizado durante los primeros minutos. La guardameta había tenido que gestionar un inicio complicado y ahora respondía con seguridad cuando el encuentro entraba en su tramo más delicado. Su capacidad para blocar el balón y evitar segundas jugadas ayudaba a contener el empuje estadounidense. España necesitaba precisamente esa serenidad para impedir que cada aproximación rival se transformara en una nueva amenaza.

Estados Unidos siguió buscando el empate mediante las acciones a balón parado. En un saque de esquina, Misa volvió a responder con los puños y despejó el peligro. La guardameta española se convirtió en una de las protagonistas de la resistencia final, obligada a intervenir en situaciones que exigían decisión y una lectura rápida de la trayectoria del balón. El conjunto local acumulaba recursos para atacar, mientras España trataba de sostener su ventaja con orden y concentración.

El encuentro entraba en una fase en la que el desgaste físico y la tensión podían resultar tan importantes como la calidad individual. Estados Unidos había renovado buena parte de sus piezas y España había recurrido a varias sustituciones para gestionar el esfuerzo. La selección local mantenía la iniciativa y buscaba el gol que le permitiera evitar la derrota, mientras las españolas necesitaban encontrar una posesión que frenara el ritmo y les concediera unos segundos de tranquilidad. El margen era mínimo y el desenlace seguía abierto.

El 1-2 resistía, pero la sensación era que el partido todavía guardaba una última sacudida. Estados Unidos no había dejado de creer en sus posibilidades y España no conseguía alejar definitivamente el peligro de su área. La campeona olímpica estaba demostrando por qué es una adversaria tan difícil de derrotar: incluso cuando el marcador le es desfavorable, mantiene la capacidad de insistir, renovar su ataque y obligar al rival a defender durante largos periodos.

La selección española debía afrontar esos minutos con la madurez que exige una ventaja ante una potencia mundial. El trabajo realizado en la primera mitad merecía una recompensa, pero el fútbol no garantiza que una superioridad momentánea termine reflejándose en el resultado definitivo. El equipo de Bermúdez necesitaba cerrar los espacios, mantener las ayudas defensivas y evitar que Swanson o las demás atacantes encontraran la oportunidad que llevaban buscando desde el inicio de la segunda parte.

El reloj avanzaba hacia los minutos finales y la presión estadounidense se hacía cada vez más insistente. La selección local acumulaba futbolistas en posiciones ofensivas y trataba de convertir cualquier recuperación en una ocasión. España debía proteger el área y gestionar la ansiedad propia de un encuentro en el que la victoria parecía cercana, pero todavía no estaba asegurada. La diferencia de un gol mantenía viva la esperanza estadounidense y convertía cada aproximación en una amenaza potencial.

La respuesta española pasaba por resistir sin perder la capacidad de tomar decisiones con balón. Las sustituciones habían renovado el equipo, aunque la salida de Alexia obligaba a buscar nuevas referencias para organizar las posesiones. Sin su principal protagonista ofensiva sobre el césped, España necesitaba apoyarse en el trabajo colectivo para evitar que el partido se desarrollara exclusivamente en campo propio. La selección había demostrado su capacidad para hacer daño, pero ahora debía encontrar la manera de sobrevivir al empuje de su adversaria.

La tensión aumentó todavía más cuando el encuentro entró en sus últimos cinco minutos reglamentarios. Estados Unidos había invertido buena parte de sus recursos en la remontada y España trataba de proteger un resultado que habría supuesto una victoria de enorme prestigio. El 1-2 seguía ofreciendo a las españolas una oportunidad de cerrar la ventana internacional con un triunfo, pero la insistencia rival convertía cada instante en una prueba de concentración. La sensación de peligro permanecía alrededor del área de Misa.

Entonces llegó el minuto 86. Mallory Swanson encontró la ocasión que Estados Unidos llevaba persiguiendo durante toda la segunda mitad y culminó la acción que estableció el 2-2. El tanto frustró las aspiraciones españolas de conservar la ventaja y desató la reacción de una selección que había ido aumentando su presión hasta encontrar el premio. La campeona olímpica rescataba el empate en el tramo final y demostraba una vez más su capacidad para competir hasta el último instante, incluso cuando el marcador parecía inclinarse definitivamente hacia su rival.

El gol de Swanson cerró una remontada que había comenzado con la diana de Ashley Sanchez apenas cuatro minutos después del descanso. Estados Unidos pasó del 0-2 al 2-2 mediante dos acciones que cambiaron el desenlace de un encuentro en el que España había disfrutado de una ventaja muy valiosa. La selección norteamericana encontró en la intensidad, las sustituciones y la insistencia ofensiva las herramientas para recuperar terreno y evitar una nueva derrota frente a las campeonas del mundo.

Para España, el empate dejó una mezcla inevitable de satisfacción y frustración. La satisfacción procedía de haber competido ante una selección de semejante nivel, de haber construido una ventaja de dos goles y de haber encontrado soluciones ofensivas de enorme calidad. La frustración nacía de no haber podido conservar el resultado cuando la victoria parecía cercana. Ambas sensaciones forman parte del aprendizaje de un equipo que pretende defender su corona mundial y que necesita transformar estas experiencias en herramientas para los desafíos que vienen.

El tramo final también permitió comprobar la profundidad competitiva de Estados Unidos. Hayes movió el banquillo con decisión y consiguió que su equipo mantuviera la energía necesaria para seguir atacando. La entrada de futbolistas frescas alteró el ritmo del encuentro y obligó a España a responder a una sucesión de situaciones cada vez más exigentes. El empate no borró el mérito de la primera mitad española, pero sí evidenció que mantener una ventaja frente a una potencia mundial requiere sostener la concentración y el equilibrio durante los noventa minutos.

Sonia Bermúdez, por su parte, pudo comprobar la respuesta de varias futbolistas en un contexto de enorme exigencia. Las sustituciones permitieron repartir esfuerzos y probar alternativas, aunque la gestión del segundo tiempo también deja aspectos que analizar de cara a los próximos compromisos. España había encontrado una fórmula eficaz para hacer daño, pero necesitaba conservar una mayor capacidad de control cuando el adversario elevó la presión. La lectura del encuentro deberá considerar tanto el acierto ofensivo como las dificultades defensivas que aparecieron después del descanso.

El 2-2 no debe interpretarse como una derrota moral ni como una victoria encubierta. Fue un empate entre dos selecciones de primer nivel, con fases de dominio diferentes y un desenlace que reflejó la capacidad de reacción estadounidense. España demostró que puede golpear con contundencia, construir ocasiones de enorme calidad y ponerse por delante frente a la vigente campeona olímpica. Estados Unidos respondió con carácter y profundidad de plantilla, recordando que ningún resultado está asegurado hasta que termina el encuentro.

La noche, sin embargo, quedará vinculada para siempre a Alexia Putellas. La centrocampista alcanzó los 150 partidos con la selección absoluta y se convirtió en la primera futbolista española en lograr semejante cifra. Su celebración fue mucho más que una ceremonia estadística: marcó el primer gol, asistió a Salma en el segundo y dejó su sello en una de las actuaciones más destacadas de España durante el encuentro. Aunque el resultado final no permitió completar la victoria, la capitana añadió una página extraordinaria a su trayectoria internacional.

El registro de Alexia simboliza también la continuidad de una generación que ha transformado la posición de España en el fútbol femenino mundial. Su trayectoria está ligada a una etapa de crecimiento, a la conquista de títulos y a la consolidación de una identidad competitiva que ha permitido a la selección alcanzar la cima. Llegar a 150 internacionalidades requiere años de regularidad, compromiso y capacidad para mantenerse entre las futbolistas más importantes de un equipo que compite por los mayores objetivos. El gol ante Estados Unidos añadió una imagen inolvidable a ese recorrido.

Salma Paralluelo también dejó su huella con una finalización potente que permitió ampliar la ventaja española, mientras Clara Serrajordi y Clara Pinedo participaron en la construcción de la jugada que abrió el marcador. El 0-1 fue una muestra de coordinación colectiva y el 0-2 reflejó la capacidad de Alexia para convertir una acción individual en una asistencia decisiva. España dispuso de argumentos para llevarse el partido y demostró que su talento ofensivo sigue siendo una de las principales fortalezas de la selección.

La igualdad final no modifica el horizonte de una temporada que estará marcada por objetivos de enorme relevancia. España debe preparar la defensa de su título mundial en Brasil 2027, una competición que se disputará entre el 24 de junio y el 25 de julio. La selección viajará con la responsabilidad de defender la corona conquistada en 2023, pero también con la necesidad de continuar renovando sus recursos y preparando a las futbolistas que deberán asumir responsabilidades en un ciclo internacional exigente. Cada amistoso ofrece una oportunidad para evaluar la evolución del grupo.

La Nations League ocupará igualmente un lugar importante en el calendario. España ha conquistado las dos primeras ediciones del torneo y afrontará la siguiente con la ambición de mantener su condición de campeona. En esta ocasión, la competición adquiere una dimensión adicional porque estará vinculada a la clasificación para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. El camino hacia esa cita exigirá regularidad y una planificación cuidadosa, de modo que los resultados de cada ventana internacional puedan contribuir a consolidar el rendimiento colectivo.

El torneo olímpico femenino de Los Ángeles 2028 contará por primera vez con 16 selecciones, una ampliación que incrementa las plazas disponibles para Europa. Según el formato anunciado para la clasificación, la Nations League de 2027 tendrá un papel determinante en la distribución de los billetes olímpicos europeos. El objetivo de España será mantenerse entre las selecciones que disputen las posiciones de privilegio, aunque para ello necesitará afrontar cada fase con la máxima concentración y evitar que los tropiezos puntuales comprometan sus aspiraciones.

El calendario de la Nations League incluirá una fase de liga repartida en tres ventanas, con jornadas previstas para febrero, marzo, abril y junio, antes de las eliminatorias decisivas del otoño. Los equipos que consigan avanzar tendrán que responder a una secuencia de partidos en la que la capacidad de gestionar esfuerzos, recuperar futbolistas y mantener la identidad táctica será fundamental. La preparación de la selección no puede limitarse a un único torneo, porque el calendario obliga a combinar la defensa del título mundial con la ambición de seguir dominando el panorama europeo.

La ampliación del torneo olímpico representa, además, una oportunidad para que el fútbol femenino continúe ganando presencia en el mayor acontecimiento deportivo del planeta. El aumento de plazas europeas abre nuevas posibilidades, pero también incrementa la exigencia de una clasificación que reunirá a algunas de las mejores selecciones del mundo. España tendrá que competir contra adversarias de enorme nivel y demostrar que su posición en la clasificación internacional se sostiene mediante resultados, rendimiento y continuidad. La Nations League se convertirá en una prueba fundamental para medir esa capacidad.

El empate ante Estados Unidos ofrece, por tanto, una conclusión doble. España demostró que puede competir de tú a tú frente a una potencia mundial y que su calidad ofensiva permite construir ventajas importantes incluso en un escenario exigente. Al mismo tiempo, el 2-2 recuerda que el trabajo no termina cuando el equipo encuentra una ventaja y que la gestión de los segundos tiempos será esencial para transformar el buen fútbol en resultados sostenidos. El camino hacia Brasil y Los Ángeles exige precisamente esa combinación de ambición, autocrítica y capacidad para aprender.

Estados Unidos se marcha con la satisfacción de haber rescatado un empate después de verse dos goles por detrás. España, con la certeza de haber ofrecido momentos de gran calidad y la frustración de no haber podido cerrar una victoria que tenía al alcance de la mano. Ninguna de las dos selecciones puede dar por terminada su evolución, porque el calendario internacional seguirá colocando nuevos desafíos en el horizonte. La rivalidad entre ambas continuará ofreciendo pruebas de máximo nivel y oportunidades para comprobar cómo responden ante las exigencias de la élite.

Y en medio de esa igualdad permanece la imagen de Alexia Putellas, protagonista de una noche que quedará grabada en la historia de la selección española. Sus 150 partidos, el gol que abrió el marcador y la asistencia que permitió a Salma ampliar la ventaja resumen una trayectoria construida a base de talento, constancia y ambición. El resultado final impidió que la celebración fuera completa, pero no puede restar valor a un hito que pertenece ya al patrimonio deportivo de España.

La selección cierra así la primera ventana internacional del curso con un empate que deja trabajo por delante y argumentos para confiar en el futuro. La campeona del mundo sigue acumulando experiencia, probando alternativas y preparando el camino hacia un 2027 repleto de objetivos. Estados Unidos volvió a demostrar que su competitividad no desaparece cuando el marcador se complica; España confirmó que tiene recursos para desafiarla y que su crecimiento continúa vigente. La próxima cita deberá servir para convertir las buenas sensaciones en una versión todavía más completa de un equipo que aspira a seguir haciendo historia.

Porque defender una corona mundial no consiste únicamente en recordar lo conseguido, sino en demostrar cada día que existe capacidad para volver a competir por ella. España salió de Subaru Park sin la victoria, pero con la experiencia de un encuentro que exigió talento, resistencia y adaptación. Alexia celebró una cifra histórica, Salma dejó su firma en el marcador y la selección volvió a medir sus fuerzas ante una de las grandes referencias del fútbol femenino. El camino hacia Brasil 2027 continúa, y cada partido será una nueva oportunidad para demostrar que «La Roja» está preparada para defender su lugar en la cima.

(Fuente: “El Partido de Manu”) Creatividad: reinassinfiltro

🚨 Ficha técnica |

🇺🇸 ESTADOS UNIDOS 2-2 ESPAÑA 🇪🇸

🏆 Competición: Partido internacional amistoso de preparación para la Copa Mundial Femenina de la FIFA 2027.

🏟️ Estadio: Subaru Park, Chester, Pensilvania (Estados Unidos).

👥 Asistencia: 18.500 espectadores.

👩🏻‍⚖️ Árbitra principal: Myriam Marcotte (Canadá).

🇺🇸 Estados Unidos

Once inicial: Phallon Tullis-Joyce (P); Emily Fox, Kennedy Wesley, Tierna Davidson (Kate Del Fava, m. 80), Gisele Thompson (Lily Yohannes, m. 61); Claire Hutton (Mallory Swanson, m. 61), Lindsey Heaps (C) (Jaelin Howell, m. 61), Rose Lavelle (Alyssa Thompson, m. 61); Ashley Sanchez (Pietra Tordin, m. 80), Trinity Rodman (Michelle Cooper, m. 60) y Sophia Wilson (Emma Sears, m. 80).

Suplentes: Claudia Dickey (PS), Tara Rudd, Evelyn Shores, Jaelin Howell, Lily Yohannes, Michelle Cooper, Kate Del Fava, Avery Patterson, Emma Sears, Mallory Swanson, Alyssa Thompson y Pietra Tordin.

Seleccionadora: Emma Hayes.

🇪🇸 España

Once inicial: Misa Rodríguez (P); Oihane Hernández (Ona Batlle, m. 46), Irene Paredes (C) (Laia Codina, m. 77), María Méndez, Andrea Medina (Ornella Vignola, m. 78); Patri Guijarro, Clara Serrajordi (Natalia Ramos, m. 78), Alexia Putellas (Fiamma Benítez, m. 62); Salma Paralluelo (Lucía Corrales, m. 46), Clara Pinedo (Lucía García, m. 62) y Edna Imade (Alba Redondo, m. 46).

Suplentes: Eunate Astralaga (PS), Adriana Nanclares (PS), Ona Batlle, Laia Codina, Lucía Corrales, Eva Navarro, Fiamma Benítez, Natalia Ramos, Ornella Vignola, Ainhoa Marín, Alba Redondo y Lucía García.

Seleccionadora: Sonia Bermúdez.

⚽ Goles

0-1 | Alexia Putellas 27 ⚽️

0-2 | Salma Paralluelo 32 ⚽️

1-2 | Ashley Sanchez 49 ⚽️

2-2 | Mallory Swanson 86 ⚽️

(Fuente: RFEF)

🟨 Tarjetas

España: Natalia Ramos (m. 80) y Ornella Vignola (m. 90+3).

Equipo arbitral:

Árbitra principal: Myriam Marcotte (Canadá).

Árbitras asistentes: Gabrielle Lemieux (Canadá) y Jassett Kerr-Wilson (Jamaica).

Cuarta árbitra: Ximena Márquez (México).

VAR: Marie-Soleil Beaudoin (Canadá).

Asistente VAR: Odette Hamilton (Jamaica).

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