Oficial | El duelo de Córdoba se convierte en clave para “La Roja”

(Fuente: RFEF)

⬛️ España no puede fallar ante una Ucrania de bajo nivel.


Hay partidos que no admiten medias tintas. No porque el rival apriete desde el primer minuto, sino porque el contexto te obliga a mirarte al espejo sin filtros. Y España llega a este España–Ucrania exactamente en ese punto incómodo pero necesario, donde el fútbol deja de ser únicamente un juego para convertirse en una declaración de identidad. Porque lo de Wembley no fue solo una derrota. Fue una advertencia. Un aviso de que incluso los equipos que dominan desde la pelota pueden perderse si se desconectan de lo que son. Y ahora, con Sonia Bermúdez al mando, este equipo tiene la oportunidad inmediata de responder como lo hacen los grandes: jugando.

España no necesita reinventarse. Necesita reconocerse. Volver a ese fútbol que no solo gana, sino que somete, que ordena el partido desde el balón, que convierte cada posesión en un acto de control emocional y territorial. Porque esta selección no compite únicamente para imponerse en el marcador; compite para imponer su manera de entender el juego. Y ante Ucrania, ese ejercicio se vuelve casi una obligación.

El guion está escrito desde antes de que ruede el balón. España lo tendrá. Mucho. Desde el inicio. Lo cuidará, lo moverá, lo hará circular con esa paciencia que desespera al rival. Ucrania, mientras tanto, asumirá su papel sin complejos. Bloque bajo, líneas juntas, repliegue intensivo y cada recuperación como una pequeña oportunidad de sobrevivir… o de hacer daño. No es renuncia, es supervivencia competitiva.

Pero ahí está el verdadero desafío para España: atacar sin caer en la monotonía. Porque tener el balón no basta. Nunca ha bastado. El reto está en encontrar el momento exacto para romper, en detectar esa grieta mínima que convierte una circulación estéril en una ocasión clara. Y eso exige precisión, ritmo, movilidad y, sobre todo, inteligencia colectiva.

España buscará instalarse en campo rival desde el primer minuto, con esa estructura ya reconocible: centrales abiertas, salida limpia, laterales profundos y una ocupación racional de los espacios que tiene en los “half-spaces” uno de sus mayores argumentos. Abrir el campo no será una opción, será una necesidad. Porque solo así se puede estirar a un rival que vive cómodo en la acumulación.

Pero el partido no se ganará en la construcción, sino en la concreción. En ese último tercio donde el fútbol deja de ser pizarra y pasa a ser instinto. Ahí España necesitará algo más que circulación: necesitará ruptura. Desmarques constantes, intercambios de posición, jugadoras que aparezcan entre líneas y, sobre todo, la capacidad de llegar desde segunda línea. Porque ante bloques cerrados, muchas veces el gol no lo marca la delantera, sino quien llega sin hacer ruido.

El centro del campo, sin embargo, vivirá una prueba importante. La ausencia de Patri Guijarro no es un detalle menor; es una alteración estructural. Sin su capacidad para ordenar, para dar ritmo y para interpretar cada fase del juego, España deberá encontrar nuevas soluciones. Quizá una salida más coral, quizá más protagonismo desde las centrales o una redistribución de responsabilidades en las interiores. Sea como sea, el objetivo es claro: no perder el control sin perder la fluidez.

Y mientras España ataque, no podrá olvidarse de defender. Porque cuanto más arriba juegas, más te expones. Ucrania lo tiene claro: robar y correr. Buscar la espalda, castigar cualquier desajuste, aprovechar cualquier pérdida mal gestionada. Ahí entra en juego la famosa “rest defense”, ese concepto invisible pero decisivo. Estar preparadas para defender incluso cuando estás atacando. Vigilar, ajustar, medir riesgos. No se trata de no perder el balón, sino de saber qué hacer cuando lo pierdes.

Ucrania llega con poco que perder y mucho que proteger. Sin poder jugar en casa por la guerra, desplazándose a Turquía para ejercer de local, y con resultados que reflejan su realidad competitiva pero también su resistencia. Aguantaron a Inglaterra una parte entera antes de caer 1-6, compitieron ante España en la ida y han demostrado que, aunque inferiores, no son un equipo que se entregue sin más. Han marcado dos goles en tres partidos, uno de ellos precisamente a España, y eso ya dice algo.

En aquel encuentro en Antalya, el plan fue claro: bloque bajo, aguantar y esperar. España dominó con casi un 75% de posesión y 26 remates, pero necesitó esperar hasta el final del primer tiempo para abrir el marcador con Edna Imade. Después llegaron los goles de Lucía Corrales y Vicky López para cerrar el 0-3, aunque el equipo se dejó ir en el tramo final y terminó concediendo. Un detalle que no debería repetirse.

Además, aquel día hubo rotaciones, defensa completamente nueva, portería incluida, y varios debuts. Mañana el contexto es distinto. La exigencia también. Porque España no solo necesita ganar; necesita convencer.

Ucrania, además, llega con bajas sensibles como la de Hiryn, que fue un problema constante en la ida, y con referentes como su capitana Yana Kalinina, previsiblemente única punta en un sistema que puede variar entre el 4-5-1, la línea de cinco o incluso un 4-2-3-1 que no terminó de funcionar ante Islandia. Olha Ovdiychuk será la jugadora a vigilar, la más talentosa, la que ya golpeó a España en la ida, aunque su margen de influencia dependerá de cuánto balón pueda tocar, y todo indica que será poco.

El escenario es claro: España dominará, Ucrania resistirá. Pero el fútbol no siempre premia al que más propone, sino al que mejor ejecuta. Y ahí España no puede fallar. Porque este tipo de partidos tienen una trampa silenciosa: la relajación. Pensar que todo caerá por su propio peso. Y no. Nada cae solo en el fútbol.

España debe jugar con hambre. Con la urgencia de quien quiere borrar una imagen reciente. Con la convicción de quien sabe que su identidad es su mayor fortaleza. Porque este equipo, cuando se reconoce, es imparable. Cuando duda, se vuelve humano.

No será una noche de épica desbordada. Será una noche de insistencia, de paciencia, de precisión. De esas en las que el talento se mide en la capacidad de repetir bien lo mismo una y otra vez hasta que el rival cede.

En ese contexto, y como bien recoge nuestro compañero David Menayo en MARCA, el vínculo entre España y Ucrania también deja historias que trascienden lo puramente táctico. El 14 de julio de 2019 el Atlético de Madrid anunció el fichaje de Natiia Pantsulaia, una jugadora que llegaba con cartel internacional y con un discurso que encajaba perfectamente en la identidad rojiblanca: “Poder jugar en un club tan grande como el Atlético de Madrid es algo increíble. Estoy muy contenta y con una responsabilidad muy grande al llegar a un club que tiene grandes objetivos por delante”, aseguraba entonces, destacando también su carácter competitivo y su capacidad de trabajo como principales señas de identidad.

Aquella operación formó parte de una profunda reconstrucción del Atlético, con nombres como Virginia Torrecilla, Leicy Santos, Charlyn Corral, Sari van Veenendaal, Toni Duggan, Kylie Strom, Deyna Castellanos o la también ucraniana Olga Ovdiychuk. Sin embargo, la realidad fue muy distinta a la expectativa. Pantsulaia apenas tuvo protagonismo ni en pretemporada ni en el arranque liguero, evidenciando una de esas situaciones donde el salto competitivo y, sobre todo, la adaptación —con el idioma como barrera clave— terminan marcando el destino de una futbolista.

Desde el propio club club reconocieron con el tiempo el error en la planificación, mientras que la jugadora, en un ejercicio de honestidad poco habitual, asumió su situación con claridad: no alcanzó el nivel requerido, pero convirtió esa experiencia en aprendizaje. “Tenía dos opciones: sentarme en el banquillo y cobrar dinero o cambiar de equipo y jugar. Todos saben mi elección”, llegó a afirmar. Un testimonio que explica mejor que cualquier análisis la crudeza del fútbol profesional.

Y en paralelo a todo esto, hay otra noticia que habla del crecimiento silencioso pero firme de nuestro propio proyecto: nuestro medio ha recibido la acreditación oficial por parte de la RFEF para que nuestra fotógrafa, Yael Vidal, cubra en directo este España–Ucrania. Un paso adelante significativo que permitirá ofrecer material gráfico exclusivo desde el estadio y que confirma la evolución de una plataforma que nació en 2014 y que, cuatro años después, decidió especializarse plenamente en fútbol femenino. Porque mientras España busca reafirmarse sobre el césped, también hay historias fuera de él que siguen construyéndose con la misma convicción, la misma paciencia y la misma fe en una idea.

España busca reencontrarse con el triunfo en Córdoba y así seguir pudiendo soñar con evitar tener que jugarse la presencia en el Mundial 2027 de Brasil por medio de una repesca.

Rueda de prensa |

A menos de 24 horas para volver a competir, la Selección Española femenina se enfrenta mucho más que a Ucrania en el Nuevo Arcángel. Se enfrenta a sí misma, a la exigencia que marca su propia historia reciente y a la necesidad de transformar el dolor de Wembley en una declaración de autoridad en la fase de clasificación para el Mundial de Brasil.

Sonia Bermúdez compareció en una sala de prensa repleta en Córdoba con un mensaje tan claro como innegociable: aprender, corregir y ganar. Sin dramatismos, pero sin rebajar un ápice la autoexigencia. La derrota en Wembley dejó cicatrices, sí, pero también certezas. España no se permite fallar dos veces en el mismo lugar. “Nos quedamos con todo, qué podemos mejorar, qué podíamos haber hecho mejor”, explicó la seleccionadora, dejando entrever que el análisis ha sido profundo en unos días “duros” para un grupo acostumbrado a ganar. Porque en esta selección perder no entra en la normalidad, entra en el terreno de lo que obliga a reaccionar.

El objetivo es cristalino: nueve puntos de nueve y hacerlo con el mayor número de goles posible. No es solo una cuestión de clasificación, sino de jerarquía competitiva. “Los nueve puntos y los goles son clave”, insistió Sonia, consciente de que en este tipo de grupos cada tanto puede marcar diferencias decisivas. El plan no cambia por el resultado anterior, tampoco por el rival. España prepara cada partido desde su identidad, una idea de juego reconocible que, lejos de encasillarse, ha evolucionado hacia la versatilidad. “Tenemos una identidad muy marcada, pero no nos cerramos solo a jugar en corto”, explicó, poniendo en valor la riqueza de perfiles de una convocatoria capaz de adaptarse a distintos escenarios sin perder su esencia.

Enfrente estará una Ucrania que llega marcada por circunstancias que trascienden el fútbol, con cambio de seleccionadora y una preparación atípica lejos de casa, en Turquía. Un contexto que desde el vestuario español se mira con respeto absoluto. “Tienen mucho mérito… que las futbolistas consigan centrarse en el fútbol dice mucho de Ucrania”, subrayó Sonia, empatizando con la situación sin perder de vista el objetivo competitivo. Porque España respeta, pero no negocia. Quiere ganar y quiere hacerlo imponiendo su fútbol.

Desde el vestuario, el mensaje es idéntico. La jugadora que compareció ante los medios reconoció el golpe emocional de Wembley, pero también dejó claro que el equipo ya está enfocado en lo que viene. “Han sido días difíciles… cuando pierdes y no te salen bien las cosas somos las primeras que nos duele”, admitió, antes de recalcar que el margen de reacción sigue intacto: “Quedan nueve puntos por jugar y tenemos que ir a ganarlos”. No hay ansiedad, pero sí urgencia competitiva. España sabe que sigue dependiendo de sí misma para ser primera y sellar la clasificación.

En lo futbolístico, el diagnóstico es preciso: mejorar la eficacia. El equipo genera, llega, domina… pero necesita transformar. “Una de las cosas importantes es estar acertadas de cara a gol”, reconoció, apuntando también a detalles técnicos y a la importancia de mantener la fortaleza en acciones a balón parado. No se trata de cambiar la idea, sino de afinarla. De llevarla a su máxima expresión.

El escenario acompañará. El Nuevo Arcángel se prepara para empujar, en una noche que se espera calurosa pero cargada de ambiente. Desde el equipo se lanzó un mensaje directo a la afición cordobesa, consciente de su peso en este tipo de partidos. “Ojalá puedan venir, son muy importantes”, señaló Sonia, mientras desde el vestuario se restaba importancia a las condiciones climáticas: “Harán calor… pero no será ni un problema ni una excusa”. Mentalidad competitiva en estado puro.

Ucrania ya dejó algún aviso en el primer enfrentamiento, especialmente en los primeros minutos, con transiciones rápidas que sorprendieron a España. Un detalle que no pasa desapercibido en el análisis previo. Pero también una advertencia interna: no hay rival pequeño cuando enfrente está España. “Ganar a España es una motivación para todo el mundo”, recordaron desde el equipo, anticipando un partido en el que tocará dominar, insistir y, sobre todo, concretar.

Porque en el fondo, este encuentro no va solo de tres puntos. Va de reafirmarse, de recuperar sensaciones, de volver a reconocerse en el campo. España llega herida, sí, pero también consciente de su potencial. Y cuando este equipo conecta con su identidad, cuando mezcla talento, ritmo y precisión, se convierte en una maquinaria difícil de detener.

Córdoba será el escenario de esa respuesta. Nueve puntos en juego, goles en la ecuación y una idea clara en la cabeza. España no se define por la caída en Wembley, sino por lo que haga justo después. Y mañana tiene la oportunidad perfecta para demostrar que sigue siendo exactamente lo que siempre ha querido ser: un equipo dominante, ambicioso y preparado para competir por todo.

(Fuente: Liga F Moeve)

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