Categoría: Primera Iberdrola

  • Oficial | Gio vuelve a latir: la número 18 reaparece en febrero y desafía al calendario más feroz de la temporada

    (Fuente: RFEF)

    ◼️ La delantera brasileña ya pisa de nuevo el césped bajo la mirada de José Herrera tras dejar atrás la fractura de peroné sufrida en la Liga de Campeones ante el Manchester United. Su regreso parcial coincide con un mes de febrero decisivo, cargado de Copa de la Reina, Liga F Moeve y Europa, en el que su sola presencia devuelve al equipo una mezcla de esperanza, memoria y ambición en el momento más exigente del curso.

    (Fuente: Liga F )

    La mañana en el Centro Deportivo Alcalá de Henares se amaneció distinta, con ese aire denso que solo se percibe cuando algo importante está a punto de suceder, cuando el fútbol femenino deja de ser rutina para convertirse en relato, y los pasos sobre el césped no suenan igual porque hay nombres propios que regresan y regresos que pesan como una promesa cumplida.

    Gio volvió. No como una consigna publicitaria ni como un titular vacío, sino como lo que verdaderamente es: una noticia que atraviesa al vestuario, al cuerpo técnico, al calendario y a la temporada entera. La delantera brasileña, la número 18, la futbolista que aprendió a sobrevivir al vértigo de la élite en Madrid, Londres y Barcelona, volvió a entrenar parcialmente bajo la mirada atenta de José Herrera, cerrando un círculo que comenzó de la peor manera posible, con una fractura de peroné sufrida en una noche europea frente al Manchester United, en un partido de Liga de Campeones que cambió el guion de su curso y obligó a reescribir el tiempo.

    Gio no regresa solo al césped. Regresa a un contexto exigente, comprimido, feroz, marcado por un mes de febrero que no concede tregua y que se presenta como un auténtico examen de madurez colectiva para el equipo. El calendario no espera a nadie, y febrero aparece cargado de fechas que son algo más que simples partidos: son estaciones emocionales, cruces que definen estados de ánimo, puntos de inflexión que separan la resistencia del colapso y la fe de la resignación. En ese escenario, la presencia de Gio, aunque todavía parcial, aunque todavía medida al milímetro por los servicios médicos, adquiere un valor simbólico que va mucho más allá de los minutos que pueda disputar o de los goles que aún no ha marcado desde su regreso.

    El 4 de febrero a las 18:45 horas, la Copa de la Reina abre el telón con un duelo de máxima tradición frente al Athletic Club. No es una eliminatoria cualquiera. Es una competición que históricamente ha exigido carácter, lectura emocional y profundidad de plantilla. Gio, todavía en proceso, observa desde un lugar intermedio, entrenando parcialmente, sintiendo de nuevo el contacto con el balón, con el grupo, con la intensidad que solo se alcanza cuando el calendario aprieta. Su sola presencia en el entorno del equipo altera la percepción del rival y refuerza la convicción interna de que febrero se puede mirar a los ojos sin bajar la cabeza.

    Cuatro días después, el 8 de febrero a las 12:00 horas, la Liga F Moeve lleva al equipo hasta el Ciutat de València para enfrentarse al Levante UD. Un partido que históricamente nunca ha sido sencillo, un escenario donde los detalles deciden y donde la profundidad ofensiva marca la diferencia en los tramos finales. En ese contexto, la evolución de Gio se convierte en una conversación constante entre el cuerpo técnico y el cuerpo médico, entre la prudencia y la ambición, entre el deseo de acelerar y la obligación de proteger. Nadie quiere precipitar el regreso de una futbolista cuyo impacto va mucho más allá del corto plazo, pero todos saben que febrero no concede pausas para la contemplación.

    El 12 de febrero, a las 21:00 horas, la temporada entra en su zona de alta tensión europea. El Manchester United vuelve a cruzarse en el camino, esta vez en el otro lado del relato, como recuerdo y como desafío. Es imposible disociar ese partido del momento exacto en el que Gio cayó lesionada, del silencio que se hizo en el estadio, del gesto de dolor que congeló la imagen y obligó a pensar en plazos largos, en rehabilitación, en paciencia. Volver a ese contexto, aunque sea desde el banquillo, desde la grada o desde una activación controlada, tiene un peso emocional enorme. La Champions no perdona, y cada duelo es una declaración de intenciones. Gio lo sabe. El equipo lo sabe. Herrera lo sabe.

    Entre el 14 y el 15 de febrero, aún sin confirmar, la Liga F Moeve vuelve a exigir concentración máxima frente al Madrid CFF, un rival con carga simbólica evidente en la trayectoria personal de Gio. Allí creció, allí se consolidó, allí empezó a construir el perfil de futbolista que llamó la atención de Arsenal y Barcelona antes de regresar a un proyecto que ahora la necesita más que nunca. No hay morbo explícito, pero sí memoria. El fútbol femenino español es un ecosistema pequeño, donde las historias se cruzan y los regresos nunca son neutros.

    El 19 de febrero, de nuevo a las 21:00 horas, el feudo mancuniano aparece como escenario de una revancha silenciosa, de una eliminatoria que exige precisión quirúrgica. La Champions no entiende de sentimentalismos, pero el fútbol sí, y cada balón que se dispute llevará adherido el recuerdo de lo ocurrido meses atrás. Gio, aún en proceso, representa la resistencia, la idea de que las lesiones no escriben finales, solo pausas incómodas.

    Y cuando febrero se acerque a su desenlace, entre el 21 y el 22, Sevilla aguarda en la Liga F Moeve. Otro campo exigente, otro partido donde la profundidad de plantilla vuelve a ser decisiva. Llegar a ese punto del calendario con Gio cada vez más integrada, cada vez más cercana al alta competitiva completa, es uno de los grandes objetivos internos de un cuerpo técnico que planifica con bisturí y piensa la temporada en bloques, no en impulsos.

    Todo esto ocurre mientras Gio vuelve a sentir el ritmo, mientras sus entrenamientos parciales se convierten en pequeñas victorias diarias, mientras cada sesión completada sin dolor es celebrada con la sobriedad de quien sabe que el camino aún no ha terminado. No hay atajos en una fractura de peroné sufrida al máximo nivel, en plena exigencia europea, con el cuerpo sometido a cargas extremas. Hay método, hay ciencia, hay escucha activa y hay una futbolista que entiende que regresar bien es tan importante como regresar pronto.

    El vestuario percibe su vuelta como un refuerzo emocional. No porque Gio sea una promesa abstracta, sino porque su carrera habla por sí sola: Madrid CFF como escuela de supervivencia, Arsenal como prueba de adaptación a otro ritmo, Barcelona como inmersión en la excelencia diaria. Esa mochila de experiencias no se pierde con una lesión; se queda latente, esperando el momento de volver a impactar en el juego, en los desmarques, en la lectura del espacio, en la manera de atacar los últimos metros.

    Febrero no será un mes sencillo. Lo sabe el cuerpo técnico, lo saben las jugadoras, lo sabe una afición que sigue cada paso del equipo con la atención de quien entiende que aquí se está construyendo algo más que una clasificación. En ese contexto, Gio no es solo una futbolista que vuelve: es un símbolo de resistencia, de planificación y de fe en los procesos bien hechos.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Y este es solo el principio del relato. La recuperación de Gio no se entiende sin detenerse en el silencio que rodeó los primeros días posteriores a la lesión, cuando el parte médico confirmó la fractura de peroné y el calendario, implacable, siguió avanzando como si nada hubiera ocurrido. En ese punto exacto, el fútbol se vuelve un ejercicio de paciencia forzada, una disciplina mental que exige aceptar que el cuerpo marca los tiempos y que la temporada, aun siendo colectiva, también se construye desde las ausencias. Gio pasó entonces de la velocidad al inmovilismo, del impacto inmediato al trabajo invisible, del foco mediático al gimnasio, de los estadios europeos a la repetición obsesiva de rutinas que no salen en los resúmenes, pero que sostienen toda carrera profesional que aspira a ser algo más que un fogonazo.

    Durante semanas, su nombre estuvo presente en cada conversación interna. No como una presión añadida, sino como un recordatorio constante del nivel que el equipo había alcanzado y del que no podía desprenderse pese a la adversidad. José Herrera gestionó ese periodo con la serenidad de quien entiende que los grupos no se rompen por perder talento, sino por no saber integrar las ausencias en el discurso colectivo. El equipo aprendió a competir sin Gio, a redistribuir responsabilidades ofensivas, a buscar soluciones alternativas en contextos de máxima exigencia, sabiendo que el regreso, cuando se produjera, debía ser una suma y no una dependencia.

    Por eso, cuando Gio volvió a calzarse las botas y a pisar el césped, aunque solo fuera de manera parcial, el gesto tuvo algo de ceremonia íntima. No hubo anuncios grandilocuentes ni promesas de plazos imposibles. Hubo trabajo controlado, balón en corto, ejercicios específicos, miradas cómplices con el readaptador y una atención minuciosa a cada señal del cuerpo. En el fútbol de élite femenino, cada vez más profesionalizado, la gestión de una lesión grave no se mide solo en días o semanas, sino en la calidad del regreso, en la capacidad de la futbolista para volver a sentirse futbolista sin miedo, sin reservas, sin esa décima de duda que arruina un sprint o un apoyo mal medido.

    El mes de febrero, mientras tanto, se cierne sobre el equipo como un bloque compacto de exigencia continua. No hay partidos de transición ni fines de semana para recomponer el ánimo. Cada cita es una prueba, cada desplazamiento un ejercicio de adaptación y cada rival un espejo distinto. La Copa de la Reina ante el Athletic Club no solo es una eliminatoria: es un choque de identidades, de dos proyectos que entienden el fútbol desde la intensidad, el compromiso y la historia. Superar ese cruce supone algo más que avanzar de ronda; significa confirmar que el equipo está preparado para sostener la presión de las competiciones a vida o muerte.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    En paralelo, la Liga F Moeve exige regularidad, una virtud que se construye a base de resultados, pero también de sensaciones. El duelo ante el Levante UD llega en un momento clave, en una franja horaria que invita a la concentración absoluta y en un campo donde el ritmo del partido puede cambiar en cuestión de minutos. Es ahí donde la profundidad de plantilla cobra sentido, donde el regreso progresivo de Gio amplía el abanico de soluciones ofensivas y permite imaginar escenarios distintos en los tramos finales, incluso sin que la brasileña esté todavía para asumir un rol protagonista.

    Europa, sin embargo, es otro lenguaje. La Champions no entiende de procesos ni de retornos graduales. El cruce con el Manchester United es una cicatriz abierta que se transforma en estímulo competitivo. Para el equipo, representa la oportunidad de demostrar crecimiento. Para Gio, incluso desde un rol secundario, es la constatación de que el camino recorrido no ha sido en vano. Volver a ese escenario, escuchar el himno, sentir la atmósfera previa, forma parte también de la recuperación, de esa dimensión emocional que ningún parte médico puede cuantificar.

    El calendario continúa apretando con el enfrentamiento liguero ante el Madrid CFF, un partido que encierra múltiples capas de lectura. No solo por lo que implica en la clasificación, sino por la carga simbólica que arrastra para varias futbolistas y, de manera especial, para Gio. Allí se forjó una parte esencial de su identidad competitiva, allí aprendió a asumir responsabilidades y a jugar bajo presión. Regresar a ese contexto desde una posición distinta, con una trayectoria internacional a cuestas y tras una lesión grave, es una prueba de madurez que va más allá de los noventa minutos.

    A medida que avanza febrero, la narrativa del regreso se mezcla con la del rendimiento colectivo. El segundo duelo ante el Manchester United y el choque liguero frente al Sevilla FC dibujan un cierre de mes que exige piernas, cabeza y convicción. No hay margen para la autocomplacencia. Llegar a esas fechas con Gio cada vez más integrada, más cercana al ritmo competitivo real, es uno de los grandes objetivos silenciosos del staff, que planifica no solo pensando en el presente inmediato, sino en el tramo decisivo de la temporada.

    Porque el regreso de Gio no es un punto final, sino un punto y seguido. Es la constatación de que el proyecto tiene capacidad para absorber golpes, para reinventarse y para recuperar talento sin perder identidad. Es también un mensaje hacia fuera, hacia una afición que entiende el fútbol femenino como un relato de esfuerzo sostenido, de trayectorias que no siempre son lineales, pero sí coherentes.

    Febrero será exigente, áspero, intenso. Habrá partidos que se decidirán por detalles mínimos y momentos en los que el cansancio pesará más que la inspiración. En ese contexto, la figura de Gio, aun sin estar al cien por cien, funciona como ancla emocional y como horizonte competitivo. Su vuelta no garantiza resultados, pero sí refuerza una idea: que este equipo no se define por lo que pierde, sino por cómo es capaz de recuperar, reconstruir y volver a latir cuando el calendario más aprieta.

    …Y es precisamente en esa capacidad de volver a latir donde el regreso de Gio adquiere una dimensión que trasciende lo puramente deportivo. Porque no se trata únicamente de recuperar a una delantera con desborde, lectura del espacio y experiencia internacional, sino de reactivar una energía interna que se había visto obligada a replegarse, a resistir en silencio durante semanas de trabajo invisible. En cada ejercicio parcial, en cada carrera medida, en cada golpeo controlado, se condensa una historia de paciencia y de confianza mutua entre futbolista y club, entre ambición y prudencia, entre el deseo de competir y la responsabilidad de hacerlo bien.

    La fractura de peroné sufrida ante el Manchester United fue un punto de quiebre no solo para Gio, sino para el relato colectivo de la temporada. Aquella noche europea, marcada por la exigencia máxima, dejó una imagen que ningún cuerpo técnico quiere volver a ver: una jugadora tendida sobre el césped, consciente de que algo serio había ocurrido, rodeada de compañeras que entendían al instante que el partido había cambiado de significado. Desde entonces, cada paso del equipo ha estado acompañado por la ausencia de la número 18, una ausencia que obligó a redefinir automatismos, a redistribuir roles ofensivos y a asumir que el margen de error se estrechaba.

    Lejos de generar dependencia, esa situación fortaleció al grupo. La plantilla respondió con una madurez competitiva que habla de un proyecto sólido, capaz de sostenerse incluso cuando pierde piezas clave. Sin embargo, en el fútbol de alto nivel, la recuperación de talento diferencial siempre marca un antes y un después. Gio representa eso: la posibilidad de volver a amenazar por dentro y por fuera, de fijar centrales, de estirar defensas y de ofrecer alternativas en escenarios cerrados. Su regreso progresivo amplía el tablero táctico de José Herrera justo cuando el calendario entra en su fase más implacable.

    La gestión del tiempo se convierte entonces en un ejercicio casi quirúrgico. Febrero no permite errores de cálculo. La Copa de la Reina, la Liga F Moeve y la UEFA Women’s Champions League se solapan, exigiendo rotaciones inteligentes y una lectura precisa de los estados físicos y emocionales. En ese contexto, Gio no es vista como una solución inmediata para todos los problemas, sino como una inversión estratégica en el tramo decisivo del curso. Cada minuto que suma en entrenamientos, cada sesión completada sin contratiempos, acerca un poco más la versión de la futbolista que el equipo sabe que puede marcar diferencias.

    El vestuario vive ese proceso con naturalidad, pero también con una expectación contenida. Las líderes del grupo saben que los regresos tras lesiones graves requieren un entorno protector, libre de presiones externas y de urgencias artificiales. Gio, por su parte, afronta esta fase con la serenidad de quien ha vivido distintos contextos competitivos y entiende que la carrera de una futbolista se construye a largo plazo. No hay ansiedad en sus gestos, sino concentración; no hay prisas, sino determinación.

    Mientras tanto, el calendario avanza sin concesiones. Cada partido de febrero es una historia en sí misma, un reto que exige máxima concentración. La Copa de la Reina abre la puerta a una competición donde los detalles y la gestión emocional son decisivos. La Liga F Moeve mantiene la exigencia de la regularidad, castigando cualquier desconexión. La Champions eleva el nivel de cada acción, recordando que Europa no perdona errores ni concede segundas oportunidades. En ese contexto, el regreso de Gio actúa como un hilo conductor, como una narrativa que acompaña cada jornada y que refuerza la idea de que el equipo llega a este tramo del curso con recursos y convicción.

    (Fuente: Atlético de Madrid)

    No se trata de romantizar la lesión ni de convertir la recuperación en un relato épico vacío. Se trata de entender que el fútbol femenino de élite se construye desde procesos bien gestionados, desde decisiones que priorizan el largo plazo sin renunciar a la competitividad inmediata. Gio es un ejemplo de esa filosofía: una futbolista que ha aprendido a convivir con la exigencia, a respetar los tiempos del cuerpo y a prepararse mentalmente para volver a competir al máximo nivel.

    (Fuente: Atlético de Madrid)

    A medida que febrero avanza, la sensación en el entorno es clara: el equipo no solo sobrevive al calendario, sino que lo encara con una determinación renovada. La vuelta de Gio, aunque todavía parcial, refuerza esa percepción.

    No es una promesa lejana ni un recurso de última hora, sino una realidad en construcción, un regreso que se gesta día a día, entrenamiento a entrenamiento, con la convicción de que lo mejor aún está por llegar.

    Porque en el fútbol, como en cualquier relato que aspire a perdurar, las historias no se miden solo por los momentos de gloria, sino por la manera en que se atraviesan las adversidades. Y en ese sentido, el regreso de Gio en el mes más exigente de la temporada no es solo una noticia deportiva: es una declaración de principios, una afirmación silenciosa de que este equipo está preparado para resistir, recomponerse y seguir avanzando cuando el calendario aprieta y el margen de error desaparece.

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Oficial | Athenea conquista el Player of the Month en la Liga F durante el mes de enero

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️ La atacante cántabra se adjudica el galardón por primera vez y sucede a la culé Ewa Pajor.

    El lunes, 2 de febrero de 2026, no fue un lunes más en el calendario de la Liga F Moeve. No lo fue porque el anuncio del ‘Player of the Month’ de enero trascendió el mero reconocimiento estadístico para convertirse en una declaración de principios.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Athenea del Castillo, futbolista del Real Madrid CF, extremo por naturaleza y por convicción, fue proclamada jugadora del mes en una competición que ya no premia únicamente el gol, sino la influencia, el impacto competitivo y la capacidad de alterar el curso de los partidos desde la personalidad futbolística.

    El galardón, impulsado por EA SPORTS en su apuesta estratégica por el fútbol femenino, volvió a señalar a la Liga F como campeonato pionero en la integración de estándares globales de reconocimiento individual. Una distinción que, desde su implantación, no ha buscado replicar modelos masculinos, sino reinterpretarlos desde la especificidad del juego femenino, de sus ritmos, de sus contextos y de sus protagonistas. En ese escenario, Athenea del Castillo no aparece como una elección coyuntural, sino como una consecuencia natural de un mes en el que su figura se convirtió en eje, desequilibrio y relato.

    La votación, abierta el miércoles 21 de enero, reunió una nómina que retrata la pluralidad competitiva del campeonato: Paula Fernández, Érika González, Ariadna Mingueza, Sydney Schertenleib, Anna Torrodà, Elba Vergés y la propia Athenea. Siete nombres, siete contextos, siete formas de entender el juego. El desenlace, sin embargo, no dejó espacio a la duda: la atacante cántabra fue la futbolista que mejor sintetizó rendimiento, impacto y continuidad durante enero.

    El premio llega tras un mes de 237 minutos repartidos en tres partidos de Liga F Moeve, con dos goles —ambos frente al Levante UD— y una asistencia ante el Sevilla FC. Cifras que, aisladas, podrían parecer contenidas; cifras que, contextualizadas, explican por qué el fútbol no se mide únicamente en acumulación numérica. Athenea no solo participó en goles: los provocó, los anunció, los aceleró. Su presencia en el campo alteró estructuras defensivas, obligó a repliegues asimétricos y abrió espacios que el Real Madrid supo explotar.

    Pero enero no se cerró únicamente en clave liguera. El gol anotado en las semifinales de la Supercopa de España añadió una capa más al relato: la de la futbolista que aparece cuando el escenario se eleva, cuando el foco se intensifica y cuando la exigencia se multiplica. En ese contexto, Athenea no se esconde ni se diluye. Se afirma.

    A sus 23 años, la futbolista de Solares acumula ya 1.163 minutos en Liga F Moeve esta temporada, con cuatro goles y seis asistencias, liderando ese apartado en su equipo. Es una cifra que habla de regularidad, pero también de rol. Athenea no es una aparición puntual ni un recurso de rotación: es una pieza estructural del proyecto deportivo del Real Madrid CF femenino. Una jugadora que, desde el costado, construye una identidad reconocible.

    El reconocimiento de EA SPORTS no es menor. La mejora de su ítem en el ecosistema digital simboliza algo más profundo: la consolidación de referentes femeninos con peso propio en la cultura global del fútbol. Athenea se suma así a una lista que ya integran Luany, Edna Imade, Claudia Pina y Ewa Pajor, nombres que representan distintas formas de excelencia y que, juntos, componen una cartografía del talento que hoy define a la Liga F Moeve.

    Sin embargo, para comprender la dimensión real de este premio, es necesario retroceder. Mirar hacia atrás. Recordar que Athenea del Castillo no surge de la nada ni es producto exclusivo de un gran escudo. Antes de Chamartín, antes de los focos y de los grandes escenarios, hubo barro, hubo resistencia y hubo aprendizaje en contextos menos visibles. Su paso por el Deportivo Abanca forma parte de esa genealogía silenciosa que sostiene el crecimiento del fútbol femenino español.

    En A Coruña, Athenea no solo compitió: se forjó. Aprendió a recibir con ventaja en equipos que necesitaban correr más que dominar, a encarar cuando el margen de error era mínimo y a asumir responsabilidades ofensivas incluso en escenarios adversos. Ese bagaje no se borra con el salto a la élite; al contrario, se arrastra como una memoria corporal que reaparece en cada conducción larga, en cada cambio de ritmo y en cada decisión tomada bajo presión.

    El ‘Player of the Month’ de enero no premia únicamente lo que Athenea hizo durante cuatro semanas. Premia lo que es capaz de sostener en el tiempo. Premia la coherencia entre pasado y presente. Premia la evolución sin ruptura. En una Liga F Moeve cada vez más competitiva, donde la exigencia física y táctica se eleva jornada tras jornada, la extremo cántabra ha encontrado un lugar desde el que influir sin traicionar su esencia.

    Este reconocimiento también interpela al campeonato. La Liga F Moeve no solo celebra a una jugadora; se celebra a sí misma como espacio de desarrollo, como plataforma de visibilidad y como producto deportivo con narrativa propia. La alianza con EA SPORTS refuerza esa proyección internacional y sitúa a las futbolistas en un ecosistema donde el rendimiento tiene eco más allá del césped.

    Athenea del Castillo, en este contexto, no es únicamente la jugadora del mes de enero. Es un símbolo de continuidad generacional, de profesionalización sostenida y de identidad futbolística reconocible. Su premio no cierra un ciclo: lo abre. Porque enero ha sido solo una estación en un recorrido que aún tiene capítulos por escribir.

    fútbol. Un tramo de la temporada en el que las cifras pueden mentir y los contextos pesan más que los marcadores. El cansancio acumulado, la resaca competitiva de los meses iniciales y la presión por no perder el pulso con la clasificación convierten cada partido en una prueba de madurez colectiva e individual. En ese escenario, Athenea del Castillo no solo sostuvo su rendimiento: lo elevó hasta convertirlo en una herramienta de lectura del juego.

    El Real Madrid CF afrontó el mes con una hoja de ruta clara: mantener la regularidad competitiva y reforzar una identidad ofensiva basada en la amplitud, la velocidad en los costados y la ocupación racional de los espacios intermedios. Athenea fue una de las piezas clave de ese plan. No como recurso puntual, sino como vértice desde el que se activaban automatismos reconocibles.

    Su primer gran impacto del mes llegó frente al Levante UD. No fue un partido sencillo ni cómodo. El conjunto valenciano propuso un bloque medio-bajo, con ayudas constantes sobre banda y una vigilancia permanente sobre las jugadoras exteriores del Real Madrid. En ese contexto, Athenea no buscó el desborde inmediato. Midió. Esperó. Atrajo. Y cuando el espacio apareció, lo atacó con la precisión de quien entiende el tiempo del juego.

    Los dos goles anotados ante el Levante no fueron idénticos, pero sí coherentes con su perfil. Acciones que nacen de su capacidad para interpretar el uno contra uno no como un duelo físico, sino como un ejercicio de lectura corporal. Athenea no necesita una ventaja clara para encarar: le basta una décima de segundo, una leve descoordinación defensiva, un perfil mal orientado. Su arranque corto, casi felino, rompe el equilibrio rival antes de que la ayuda defensiva pueda llegar.

    Ese partido sintetizó una de las grandes virtudes de su mes de enero: la eficiencia emocional. Athenea no se acelera con el balón ni se desconecta sin él. Su participación no se limita a la acción final; se extiende a la fase previa, a la fijación de marca, al arrastre de defensoras que liberan carriles interiores para sus compañeras. Es una futbolista que entiende que influir no siempre implica tocar el balón.

    Días después, frente al Sevilla FC, su impacto adoptó otra forma. Menos visible para el marcador, pero igual de determinante. La asistencia repartida en ese encuentro nace de una conducción larga, de esas que obligan al bloque rival a retroceder en carrera, desordenándose. Athenea arrastra, temporiza y decide. No fuerza la acción individual cuando el contexto pide pausa. Ese gesto, aparentemente simple, revela una evolución futbolística que va más allá del desborde puro.

    Enero también fue un mes de ajustes tácticos. El Real Madrid alternó estructuras, moduló alturas y probó diferentes asociaciones en banda. Athenea se adaptó a cada variante sin perder identidad. En ocasiones, actuó más abierta, pegada a la cal, estirando al máximo el campo. En otras, apareció por dentro, ocupando espacios entre lateral y central, obligando a la defensa rival a elegir entre cerrar o conceder. En esa duda ajena, ella encontró ventaja.

    La Supercopa de España añadió un matiz competitivo distinto. El gol anotado en semifinales no fue solo un tanto más en su cuenta personal. Fue una confirmación. El tipo de acción que define carreras: aparecer en un partido de máxima exigencia y responder con determinación. Athenea atacó el espacio con convicción, sin titubeos, demostrando que su juego no se diluye cuando el contexto se vuelve hostil o el margen de error se reduce.

    Ese enero confirmó algo que ya se intuía: Athenea del Castillo ha aprendido a competir dentro del sistema sin perder su naturaleza. Su fútbol sigue siendo vertical, agresivo y profundo, pero ahora está sostenido por una comprensión más amplia del juego colectivo. No encadena acciones sin sentido ni fuerza situaciones inexistentes. Selecciona. Y esa selección es una de las claves que explican su impacto sostenido.

    Desde el punto de vista defensivo, su aportación también creció durante el mes. No tanto en números, sino en actitud. Athenea entendió cuándo replegar, cuándo cerrar línea de pase y cuándo activar la presión tras pérdida. Su esfuerzo sin balón no responde a una consigna aislada, sino a una lectura global del partido. Sabe cuándo su equipo necesita oxígeno y cuándo necesita intensidad.

    Enero fue, en definitiva, el mes en el que Athenea consolidó un estatus. No el de promesa, ni el de talento intermitente, sino el de futbolista determinante en un equipo que aspira a todo. El ‘Player of the Month’ no premia una racha puntual ni una explosión efímera. Reconoce una secuencia de actuaciones coherentes, influyentes y sostenidas en el tiempo.

    Mientras el calendario avanzaba, Athenea no se convirtió en un foco de ruido. No reclamó protagonismo mediático ni modificó su comportamiento en el campo. Su fútbol habló por ella. Y lo hizo con un lenguaje claro: el de la jugadora que entiende el ritmo de la competición y sabe cuándo acelerar y cuándo sostener.

    En la siguiente entrega, el relato retrocederá para avanzar. Volveremos al origen, al proceso de construcción de Athenea del Castillo como futbolista profesional, con especial atención a su etapa en el Deportivo Abanca, no como anécdota biográfica, sino como cimiento real de su identidad competitiva.

    Para entender por qué enero no fue una anomalía en la carrera de Athenea del Castillo, sino una consecuencia lógica, es imprescindible mirar atrás. No hacia los titulares ni hacia los grandes estadios, sino hacia esos contextos donde el fútbol no concede atajos y cada minuto en el campo se gana con insistencia. La futbolista que hoy sostiene el desequilibrio ofensivo del Real Madrid CF no nació en un ecosistema de comodidad competitiva. Se formó, creció y se endureció en escenarios donde el margen de error era mínimo y la exposición, constante.

    El Deportivo Abanca no fue un simple punto de paso en su trayectoria. Fue una escuela de supervivencia futbolística. En A Coruña, Athenea entendió pronto que el talento, por sí solo, no basta. Que el desborde pierde sentido si no va acompañado de compromiso, y que la velocidad se convierte en un arma inútil si no se sabe cuándo utilizarla. Aquella etapa, muchas veces resumida de forma superficial, fue en realidad el laboratorio donde se construyó su carácter competitivo.

    En el Deportivo Abanca, Athenea no jugaba para destacar: jugaba para sostener. Para dar oxígeno a un equipo que necesitaba transiciones largas, profundidad constante y soluciones individuales cuando el juego colectivo se veía asfixiado. Ese contexto moldeó una futbolista capaz de asumir responsabilidades desde muy joven, acostumbrada a recibir el balón en situaciones de inferioridad numérica y a decidir bajo presión.

    Allí aprendió a correr con sentido. A no gastar una conducción si no generaba ventaja. A proteger el balón con el cuerpo cuando la ayuda tardaba en llegar. A entender que el uno contra uno no es un gesto aislado, sino una secuencia que comienza antes del contacto y termina después de la acción. Esa inteligencia competitiva, adquirida en contextos de exigencia estructural, es la que hoy emerge en escenarios de máxima visibilidad.

    El salto al Real Madrid CF no borró ese aprendizaje. Lo amplificó. Athenea no llegó como una jugadora por pulir, sino como una futbolista con memoria de esfuerzo. Esa memoria se percibe en su forma de atacar los espacios, en su capacidad para repetir esfuerzos de alta intensidad y en su tolerancia al contacto físico. No rehúye el choque ni se esconde tras el talento. Lo integra.

    Con el paso de las temporadas, su juego ha ganado capas. Sigue siendo una extremo de perfil natural, pero ya no responde al estereotipo clásico. Athenea no vive exclusivamente del desborde por fuera. Ha incorporado movimientos interiores, desmarques diagonales y una lectura más fina de las alturas del equipo. Cuando el lateral rival se cierra, ella se abre. Cuando la defensa bascula, ella ataca el intervalo. Cuando el ritmo del partido exige pausa, ella temporiza.

    Esa evolución no es casual. Responde a una futbolista que ha sabido escuchar al juego sin traicionarse. Athenea no ha renunciado a su agresividad ofensiva; la ha ordenado. Ha aprendido que no todas las acciones requieren máxima velocidad, y que el desequilibrio también puede generarse desde la amenaza constante, incluso sin tocar el balón.

    Su relación con el gol también se ha transformado. En sus primeros años, la finalización era una consecuencia ocasional del desborde. Hoy es una intención clara. Sus dos goles ante el Levante UD en enero son ejemplos de una atacante que ataca el área con convicción, que perfila el cuerpo antes del remate y que no necesita varias oportunidades para ser decisiva. Esa eficacia nace de la repetición, del trabajo silencioso y de una comprensión más madura de su rol.

    Pero si hay un rasgo que conecta directamente a la Athenea del Deportivo Abanca con la Athenea del Real Madrid CF es la resiliencia. La capacidad para no desaparecer cuando el partido se complica. Para insistir incluso cuando la defensa rival ajusta, dobla marcas o cambia perfiles. Athenea no interpreta esas situaciones como frenos, sino como desafíos. Y esa mentalidad, forjada lejos del foco, es la que explica su estabilidad emocional en la élite.

    Enero de 2026 no fue, por tanto, una revelación. Fue una confirmación. La confirmación de que el recorrido importa. De que el pasado pesa. De que cada sprint en A Coruña, cada duelo perdido y cada partido sin premio visible construyeron una futbolista preparada para responder cuando el escenario lo exige.

    El ‘Player of the Month’ reconoce ese recorrido implícitamente. Reconoce que detrás de cada premio hay una biografía competitiva. Que detrás de cada mejora de ítem hay horas invisibles. Y que detrás de cada acción decisiva hay una cadena de aprendizajes que no siempre aparecen en las estadísticas.

    En la próxima entrega, el relato se cerrará desde dentro del campo. El scouting de Athenea del Castillo emergerá ya con toda su profundidad, integrado en el discurso, desmenuzando su juego en movimiento, su relación con el espacio, con el tiempo y con el balón, sin compartimentos estancos, como ella misma juega: en continuidad.

    Observar a Athenea del Castillo con detenimiento es entender que su fútbol no responde a una sola imagen congelada, sino a una secuencia continua de decisiones. No es una jugadora que se explique desde el gesto aislado, sino desde la acumulación de acciones que, juntas, generan una sensación constante de amenaza. Su verdadero valor no reside únicamente en lo que hace con el balón, sino en todo lo que provoca antes, durante y después de tocarlo.

    Athenea es, por naturaleza, una futbolista de ritmo alto. Pero no de velocidad caótica. Su sprint no nace del impulso, sino de la lectura. Antes de acelerar, observa. Perfila el cuerpo. Ajusta la distancia con su defensora directa. Esa microgestión del espacio es una de las claves de su desequilibrio. No necesita recibir en ventaja; la construye en el primer paso.

    Cuando recibe abierta, pegada a la banda, su primer control no busca proteger el balón, sino orientar la jugada. Controla hacia delante incluso en espacios reducidos, asumiendo el riesgo como parte de su identidad. Ese gesto obliga a la lateral rival a decidir de inmediato: o encimar o recular. En cualquiera de las dos opciones, Athenea gana información. Si la defensora salta, ella acelera; si duda, ella fija y espera la ayuda interior para atacar el intervalo.

    Su cambio de ritmo es corto, eléctrico, casi violento. No necesita recorrer grandes distancias para romper una defensa. Le basta una zancada más rápida que la anterior. Ese arranque, repetido durante todo el partido, va erosionando psicológicamente a las rivales. Incluso cuando no supera el duelo, deja una huella: obliga a bascular, a cerrar, a estar alerta. El simple hecho de que Athenea esté en el campo condiciona la estructura defensiva contraria.

    Pero su evolución más significativa aparece cuando el balón no le llega en ventaja. En esos contextos, Athenea ya no fuerza el desborde como única salida. Ha aprendido a soltar, a descargar y a reubicarse. Juega paredes cortas, activa a la lateral o a la interior y ataca el espacio libre con una lectura temporal muy afinada. No corre por correr. Corre cuando sabe que el pase puede llegar.

    En el área, su comportamiento ha ganado determinación. Athenea ya no es solo la jugadora que asiste desde línea de fondo. Es la que ataca el segundo palo, la que se cuela entre central y lateral, la que llega desde atrás con el timing justo. Sus goles en enero reflejan esa transformación: finalizaciones limpias, decididas, sin titubeos. No necesita acomodar el balón durante segundos; su gesto es rápido, casi instintivo, fruto de la repetición y la confianza.

    Defensivamente, su aportación es menos vistosa, pero igual de relevante. Athenea entiende la presión no como un sprint aislado, sino como una acción coordinada. Cierra líneas de pase, orienta la salida rival hacia zonas menos peligrosas y activa la presión tras pérdida con agresividad medida. No se desconecta tras un error ni se esconde después de una acción fallida. Su respuesta es inmediata, como si el juego no le permitiera detenerse.

    Físicamente, sostiene un volumen de esfuerzos alto sin perder lucidez. Su resistencia no es solo aeróbica; es mental. Puede repetir desbordes en el minuto 80 con la misma convicción que en el 10. Esa capacidad, construida en años de contextos exigentes, le permite ser una amenaza constante incluso cuando el partido parece agotarse.

    Tácticamente, Athenea ofrece versatilidad sin perder identidad. Puede actuar como extremo puro, como atacante interior o incluso como segunda punta circunstancial cuando el equipo lo requiere. En todas esas posiciones mantiene su esencia: verticalidad, agresividad y lectura del espacio. No necesita reinventarse para adaptarse; adapta su fútbol.

    Enero de 2026 fue un escaparate perfecto para este perfil completo. No porque Athenea hiciera algo radicalmente distinto, sino porque lo hizo todo bien. Porque sus acciones tuvieron sentido dentro del colectivo. Porque su talento individual se puso al servicio del plan de partido. Y porque su impacto fue sostenido, no episódico.

    El scouting de Athenea no se resume en una lista de virtudes. Se explica en la coherencia de su juego. En la conexión entre lo que fue y lo que es. En la naturalidad con la que asume responsabilidades ofensivas sin perder disciplina táctica. En la forma en la que entiende que el desequilibrio no es solo un acto de rebeldía, sino una herramienta estratégica.

    El ‘Player of the Month’ de enero reconoce todo eso sin necesidad de nombrarlo. Reconoce a una futbolista que ya no necesita justificar su presencia en la élite. Que no vive del potencial, sino del rendimiento. Que no depende de un día inspirado, sino de una continuidad construida.

    En la quinta y última entrega, el relato se elevará de nuevo al plano colectivo e institucional. Athenea del Castillo como símbolo, la Liga F Moeve como escenario y EA SPORTS como altavoz global. El cierre de una serie que no busca clausurar un hito, sino dejar constancia de su significado.

    Todo premio tiene una trampa silenciosa: la de parecer un punto final. Un instante de celebración que clausura un recorrido y lo convierte en recuerdo. El ‘Player of the Month’ de enero para Athenea del Castillo, sin embargo, funciona justo en sentido contrario. No cierra una historia. La empuja hacia delante. La proyecta. La inscribe dentro de un proceso mayor que trasciende a la propia futbolista.

    Porque Athenea no es un caso aislado ni una excepción estadística. Es el producto visible de una Liga F Moeve que ha dejado atrás la fase de supervivencia para instalarse en la de construcción consciente. Un campeonato que ya no solo compite, sino que se explica, se narra y se posiciona. El galardón impulsado por EA SPORTS no es un mero reconocimiento individual: es una herramienta de legitimación cultural.

    Que la Liga F fuera elegida como el campeonato femenino pionero en integrar este tipo de premios no es casual. Responde a una estrategia clara: dotar al fútbol femenino de los mismos códigos simbólicos que históricamente han consolidado el relato del fútbol masculino, pero reinterpretados desde su propia identidad. Reconocer a la jugadora del mes es reconocer que el rendimiento femenino merece memoria, archivo y jerarquía.

    En ese contexto, Athenea del Castillo representa algo más que un gran mes competitivo. Representa una generación que ha crecido sin pedir permiso. Futbolistas que no reclaman visibilidad desde el discurso, sino desde el rendimiento. Que no se presentan como promesas eternas, sino como realidades sostenidas. Que entienden el fútbol como una profesión y el alto nivel como un espacio que se habita, no que se visita.

    La lista de ganadoras anteriores —Luany, Edna Imade, Claudia Pina, Ewa Pajor— dibuja un mapa diverso de talento, perfiles y trayectorias. Athenea se suma a ese mapa aportando una narrativa específica: la de la extremo formada en contextos duros, consolidada en la élite y capaz de influir sin perder autenticidad. Su nombre ya no se asocia únicamente al potencial, sino al impacto real.

    El papel de EA SPORTS en este proceso no es menor. La mejora de su ítem, más allá del entorno digital, actúa como un reflejo de algo tangible: el fútbol femenino ya no es solo competición, es también industria cultural. Cada premio, cada actualización, cada narrativa construida amplía el ecosistema y conecta a nuevas generaciones con referentes claros y reconocibles.

    Athenea, en ese espejo, aparece como una figura coherente. No hay disonancia entre lo que representa dentro del campo y lo que proyecta fuera. Su fútbol es directo, honesto, exigente. No se esconde tras el artificio ni necesita exagerar gestos para ser visible. Su influencia nace del juego, no del ruido.

    El ‘Player of the Month’ de enero llega, además, en un momento clave de la temporada. Cuando el desgaste empieza a pesar, cuando la clasificación se aprieta y cuando cada detalle adquiere valor. No es un premio concedido en el inicio ilusionante ni en el final épico, sino en el tramo donde la regularidad se convierte en virtud suprema. Ahí, Athenea sostuvo.

    Y sostuvo porque está preparada para hacerlo. Porque su recorrido la ha entrenado para resistir. Porque su fútbol no depende de contextos ideales. Porque entiende que competir al máximo nivel implica adaptarse sin diluirse. Esa es, quizá, su mayor fortaleza.

    Para la Liga F Moeve, este reconocimiento refuerza una idea fundamental: el campeonato ya produce referentes estables. Jugadoras que pueden ser narradas mes a mes sin recurrir a la excepcionalidad. El fútbol femenino español ya no vive de hitos aislados, sino de una continuidad competitiva que permite construir memoria colectiva.

    Athenea del Castillo no es la jugadora del mes porque enero fuera extraordinario. Lo es porque enero fue coherente con lo que viene siendo. Y esa coherencia es la base sobre la que se construyen las grandes trayectorias.

    El tiempo que empieza ahora no es el del recuerdo, sino el de la confirmación. El de sostener lo alcanzado. El de seguir influyendo. El de convertir cada premio en un punto de apoyo, no en una meta.

    Enero queda atrás. El nombre permanece y el juego, como siempre en Athenea del Castillo, no se detiene.

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Oficial | De Balón de Oro a icono eterno: Nike lanza la marca personal de Alexia Putellas

    (Fuente: Nike )

    🔷 Hay nombres que ya no pertenecen solo al fútbol, sino a la historia. Alexia Putellas es uno de ellos. Nike ha presentado oficialmente la marca personal de la doble Balón de Oro, un proyecto que trasciende el terreno de juego y consolida su figura como icono global del deporte, la cultura y la inspiración, con una identidad creativa desarrollada por DoubleYou.

    La marca personal y el logo de Alexia Putellas, un lanzamiento que no solo representa un paso más en la carrera de la futbolista española, sino que marca un hito simbólico dentro del ecosistema global del deporte y la cultura contemporánea. Se trata de una iniciativa que consolida a Alexia como algo más que una deportista de élite: la sitúa definitivamente en el territorio de los iconos, aquellas figuras capaces de trascender su disciplina para convertirse en símbolos reconocibles a escala mundial.

    La campaña ha sido desarrollada creativamente por la agencia DoubleYou y producida por Canadá, y se articula en torno a un spot de televisión y una pieza audiovisual concebida para los canales globales de Nike, reforzando así la dimensión internacional del proyecto.

    El lanzamiento de la marca personal de Alexia Putellas no llega de manera casual ni responde únicamente a criterios comerciales. Es el resultado natural de una trayectoria deportiva excepcional, construida a lo largo de más de una década en la élite, y de un impacto cultural que ha acompañado —y en muchos momentos impulsado— la transformación del fútbol femenino en los últimos años. Nike, como marca históricamente asociada a los grandes nombres del deporte mundial, reconoce en Alexia no solo a una campeona, sino a una figura generacional capaz de representar valores universales como el liderazgo, la resiliencia, la excelencia y la autenticidad.

    Ganadora de múltiples títulos nacionales e internacionales, campeona de Europa con su club, campeona del mundo y doble Balón de Oro, Alexia Putellas ha construido una de las trayectorias más sólidas y coherentes del fútbol contemporáneo. Su carrera está marcada por la regularidad en el alto rendimiento, la influencia decisiva en los momentos clave y una capacidad única para liderar dentro y fuera del terreno de juego. A lo largo de los años, su figura ha ido creciendo de forma orgánica, convirtiéndose en referente para nuevas generaciones de futbolistas y en una voz autorizada dentro del debate sobre el presente y el futuro del deporte femenino.

    Ese impacto trasciende ampliamente lo estrictamente deportivo. Alexia Putellas se ha consolidado como un referente cultural, una figura reconocida más allá del fútbol y una de las principales embajadoras de la visibilidad, el crecimiento y la profesionalización del deporte femenino a nivel global. Su imagen está asociada a la lucha por la igualdad, al reconocimiento del talento femenino y a una manera de entender el liderazgo basada en el ejemplo, el trabajo colectivo y la coherencia personal. En ese contexto, la creación de su propia marca dentro del universo Nike supone un paso lógico: es la formalización de una identidad que ya existía en el imaginario colectivo.

    La campaña ideada por DoubleYou propone una aproximación sensorial, simbólica y profundamente conceptual, alejándose deliberadamente de los códigos tradicionales de la publicidad deportiva de Nike. En lugar de recurrir a la épica clásica basada en la velocidad, la potencia o la acumulación de gestos técnicos, la pieza apuesta por un lenguaje más introspectivo, casi ritual, que pone el foco en la construcción de identidad y legado. El spot, dirigido por Julieta Lasarte, se articula alrededor de una acción cargada de significado: la propia Alexia lacra una carta con su propio sello para presentar su nuevo símbolo personal.

    Ese gesto, aparentemente sencillo, funciona como una poderosa metáfora. Lacrar una carta implica autenticidad, propiedad, intención y permanencia. Es un acto que remite a la tradición, al compromiso y a la voluntad de dejar una huella reconocible. Según explica la agencia, la acción simboliza el momento en el que Alexia sella su identidad, reafirma su historia y proyecta su legado hacia el futuro. No se trata solo de un logo o de una firma visual, sino de la cristalización de un recorrido vital y profesional que ha marcado una época.

    El nuevo símbolo personal de Alexia Putellas nace así como una extensión natural de su historia. No pretende imponer una narrativa artificial, sino ordenar y amplificar valores que ya estaban presentes en su trayectoria: la constancia, la inteligencia en el juego, el liderazgo silencioso, la conexión con el equipo y la capacidad de influir en el desarrollo del partido desde múltiples registros. La campaña evita el exceso de palabras y confía en la fuerza de los símbolos, en los silencios y en una puesta en escena cuidada que refuerza la idea de que estamos ante un momento fundacional.

    Con este lanzamiento, Alexia Putellas se incorpora a un grupo extremadamente selecto de futbolistas que cuentan con una marca personal propia dentro del ecosistema Nike, compartiendo espacio con figuras como Kylian Mbappé, Vinícius Júnior o Erling Haaland. No es una comparación menor ni meramente estética: supone el reconocimiento explícito de Alexia como una de las grandes caras globales del fútbol actual, al mismo nivel que algunas de las principales estrellas del fútbol masculino. En términos de posicionamiento, la decisión de Nike envía un mensaje claro sobre la centralidad del fútbol femenino en la estrategia futura de la marca.

    La elección de DoubleYou como agencia creativa tampoco es casual. La relación entre Nike y DoubleYou forma parte de la historia reciente de la publicidad española e internacional. Ambas compañías han colaborado en proyectos que han dejado una huella profunda en la industria, combinando innovación creativa, narrativa emocional y una comprensión profunda del deporte como fenómeno cultural. Uno de los hitos más recordados de esa relación se remonta a 2004, cuando Nike y DoubleYou se alzaron con el Gran Premio en la competición Cyber de Cannes Lions por la emblemática campaña de la San Silvestre Vallecana, un reconocimiento que marcó un antes y un después en la publicidad digital deportiva.

    Ese legado compartido se percibe en la campaña de Alexia Putellas. Hay una voluntad clara de ir más allá del impacto inmediato y de construir una pieza con vocación de permanencia, capaz de dialogar tanto con el presente como con la memoria colectiva. La producción de Canadá refuerza esa ambición, aportando una factura visual sobria, elegante y cargada de matices, en la que cada plano parece diseñado para reforzar el carácter simbólico del relato.

    El lanzamiento de la marca personal de Alexia Putellas se produce, además, en un momento especialmente significativo de su carrera. Tras superar una de las lesiones más graves que puede sufrir una futbolista y regresar a la élite con determinación y liderazgo, Alexia encarna como pocas figuras la idea de resiliencia y reconstrucción. Ese contexto añade una capa adicional de significado al proyecto: la marca no solo celebra lo conseguido, sino que mira hacia adelante, hacia todo lo que aún está por escribir.

    En ese sentido, Nike no presenta simplemente un producto o una identidad visual, sino una declaración de principios. La marca apuesta por una narrativa que reconoce el valor del tiempo, del proceso y del legado, y que sitúa a Alexia Putellas como una figura central en la historia del deporte contemporáneo. La campaña no grita, no impone, no acelera. Observa, simboliza y sella. Como la propia carrera de Alexia.

    La creación de esta marca personal refuerza también la posición de Alexia como referente transversal, capaz de conectar con públicos diversos más allá del fútbol. Su imagen dialoga con la moda, la cultura urbana, el activismo social y el liderazgo femenino, ampliando el alcance del deporte y contribuyendo a redefinir los referentes culturales de una nueva generación. Nike, fiel a su tradición de asociarse con atletas que marcan época, encuentra en Alexia una voz auténtica y coherente para representar ese cruce de caminos entre deporte, identidad y cultura.

    Así, el lanzamiento de la marca personal y el logo de Alexia Putellas no es un punto de llegada, sino un nuevo punto de partida. Un sello que certifica lo ya logrado y, al mismo tiempo, abre la puerta a nuevas narrativas, nuevos proyectos y nuevas formas de influencia. En un fútbol que sigue transformándose, Alexia no solo juega el presente: lo firma, lo lacra y lo deja preparado para el futuro.

    El modelo elegido son las Nike Phantom Luna 2026, unas botas concebidas como una extensión visual y simbólica de la identidad de Alexia Putellas. Presentan una parte delantera del upper en un rosa intenso y brillante que evoluciona progresivamente hacia un tono más claro, cercano al lavanda, a medida que se acerca al talón. Los detalles metalizados en plateado realzan el logotipo de Nike, mientras que la suela incorpora un degradado rosado y plateado que refuerza el carácter premium y distintivo del diseño.

    En la zona del talón aparece el logotipo personal de Alexia, donde la A y el 11 —sus señas de identidad— se entrelazan hasta formar el símbolo de una corona, en alusión directa a su apodo y a su condición de referente absoluto del fútbol mundial. La apuesta de Nike por Alexia es firme y estratégica: más allá del lanzamiento de las botas, la marca pondrá a la venta una colección exclusiva de ropa que llevará su logotipo, ampliando así su universo personal dentro del ecosistema Nike y consolidando su estatus como icono global.

    Aunque las cifras oficiales no se han hecho públicas, se estima que atletas de este nivel pueden generar millones de euros adicionales a su salario y patrocinios habituales a través de estas iniciativas. Las regalías se calculan como un porcentaje de las ventas netas de cada producto, mientras que los bonos por metas alcanzadas y la venta de colecciones exclusivas amplían considerablemente el potencial de ganancias. Por tanto, la apuesta de Nike por Alexia no solo refuerza su imagen, sino que también abre la puerta a un flujo de ingresos sostenible y de largo plazo.

    La relación de Nike con DoubleYou no es casual. Ambas compañías han marcado hitos en la publicidad española e internacional, desde campañas icónicas hasta premios como el Gran Premio Cyber de Cannes Lions de 2004 por la San Silvestre Vallecana. Ese legado creativo se refleja hoy en la campaña de Alexia Putellas, combinando narrativa, diseño y un profundo sentido de identidad que la eleva más allá de un simple producto comercial.

    En definitiva, la presentación de la marca personal y las Nike Phantom Luna 2026 marca un nuevo capítulo en la historia de Alexia Putellas. No es solo una celebración de su carrera, sino la materialización de un legado que ya es global. Con su logotipo, su calzado y su colección de ropa, Alexia no solo firma contratos: sella su historia, proyecta su influencia y confirma su estatus de reina del fútbol mundial.

    La internacional española estrenó sus nuevas botas en la decimoctava jornada de la Liga F Moeve 2025-2026 en un duelo que el Fútbol Club Barcelona jugó ante el Sevilla en el Estadi Johan Cruyff y que las subcampeonas de la Liga de Campeones Femenina por 4-0 para seguir liderando la competición regular en España

    (Fuente: Nike)
  • La crónica | Reparto de puntos en la lucha por la Champions

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El Costa Adeje Tenerife y la Real Sociedad empataron (1-1) en el Heliodoro Rodríguez López. Un duelo en el que adelantaron las locales con un tanto de Iratxe Pérez. A la media hora, Nahia Aparicio puso las tablas en el marcador. Claudia Florentino fue la MVP del partido.

    La previa |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Hay partidos que no necesitan un contexto artificial para elevarse. No requieren una épica impostada ni una narrativa forzada. Hay encuentros que, por la simple confluencia de trayectorias, ambiciones, estados de forma y escenario, se explican solos. El Costa Adeje Tenerife – Real Sociedad de este domingo pertenece a esa estirpe. A esa rara categoría de duelos que no solo ordenan una clasificación, sino que interpelan directamente al sentido profundo de una temporada.

    Porque lo que ocurre este domingo en el Heliodoro Rodríguez López no es solo un enfrentamiento entre el 4º y el 3º clasificado de la Liga F Moeve. No es únicamente una batalla por tres puntos. Es una declaración de intenciones. Un examen de madurez. Un cruce de caminos entre dos proyectos que ya no se esconden. Que ya no miran de reojo. Que ya no se conforman con competir bien.

    Aquí se juega Europa.
    Aquí se juega la Champions.
    Aquí se juega el derecho a soñar sin complejos.

    Hay estadios que imponen por su tamaño. Otros, por su modernidad. El Heliodoro Rodríguez López impone por algo mucho más difícil de medir: su peso simbólico.

    El fútbol femenino en Tenerife ha encontrado en este recinto un aliado, un refugio, un amplificador emocional. Cuando el Costa Adeje Tenerife pisa este césped, no juega solo. Juega con una isla entera detrás. Con una grada que entiende el proceso, que ha visto crecer al equipo, que ha acompañado cada paso desde la consolidación hasta la ambición declarada.

    Domingo, 13:00h peninsular. Mediodía en Canarias. Luz limpia. Césped perfecto. Un estadio que sabe que no todos los partidos son iguales, y que este no lo es.

    Porque el Heliodoro no acoge un partido más. Acoge una final anticipada por Europa.

    El Costa Adeje Tenerife llega a esta cita como 4º clasificado, con 29 puntos, a ocho de su rival, sí. Pero las cifras, desnudas, no cuentan toda la verdad.

    Porque este equipo, en este 2026, no conoce la derrota.

    Porque este equipo ha aprendido a competir desde la adversidad.
    Porque este equipo ha convertido la regularidad en identidad.
    Porque este equipo ha dejado de ser sorpresa para ser aspirante.

    Yerai Martín lo verbalizó con una frase que resume toda una filosofía:

    “Si queremos estar, el domingo tenemos que ser un equipo muy completo.”

    No hay consigna más clara. No hay mensaje más honesto. No hay trampa. El Costa Adeje no se engaña. Sabe que para mirar de frente a la Real Sociedad necesita perfección competitiva. Necesita atacar bien, defender mejor, sufrir juntos y golpear con convicción.

    Nombres que no son accesorios. Que forman parte del armazón del equipo. Que alteran planes, rotaciones, automatismos.

    Pero hay una noticia que se siente casi como un refuerzo: Fatou Dembele vuelve. Tras cumplir sanción, estará disponible ante las donostiarras. Y su presencia no es menor. Es físico. Es intimidación. Es lectura defensiva. Es liderazgo silencioso.

    Este Costa Adeje no se define por lo que pierde, sino por cómo se adapta. Yerai Martín ha construido un grupo capaz de reconfigurarse sin perder el alma. Capaz de competir con menos recursos pero con más cohesión y eso, en partidos como este, vale oro, seamos sinceros

    Enfrente, una Real Sociedad que llega como 3ª clasificada, con 37 puntos, tras un convincente 3-0 ante el Eibar. Un resultado que no solo suma, sino que refuerza confianza.

    El equipo de Arturo Ruiz ha dejado atrás cualquier atisbo de irregularidad. Ha encontrado estabilidad. Ha consolidado una idea. Ha aprendido a cerrar partidos. A gestionar ventajas. A dominar tiempos.

    La Real Sociedad ya no es promesa. Es realidad, pero tiene bajas claves como las de María Molina y Lezeta.

    Cuando acabe el partido, la clasificación se moverá. Pero más allá de los números, algo habrá cambiado.

    Si gana el Costa Adeje, el mensaje será claro: estamos aquí para quedarnos.
    Si gana la Real, la afirmación será contundente: este proyecto va en serio.
    Si hay empate, la tensión se prolongará… y la Liga F ganará en emoción.

    Pero nadie saldrá indemne, porque estos partidos dejan huella.

    El majestuoso Heliodoro Rodríguez López amaneció con esa luz que solo existe en las islas cuando el fútbol decide convertirse en algo más que un deporte. No era un domingo cualquiera. No lo era por la hora, por el rival ni por la clasificación, sino porque el Costa Adeje Tenerife y la Real Sociedad se habían citado en ese punto exacto de la temporada donde ya no valen los discursos de crecimiento ni las excusas de proceso. Allí, sobre el césped histórico del Heliodoro, se jugaba algo mucho más incómodo y mucho más hermoso: la posibilidad real de mirar a la Champions sin pedir permiso. El empate final, un 1-1 que dejó a ambos invictos en este inicio de 2026, no fue un resultado neutro. Fue un relato lleno de matices, de golpes emocionales, de momentos que pudieron cambiarlo todo y no lo hicieron, y de esa sensación amarga que solo aparece cuando sabes que has tenido una oportunidad histórica entre las manos… y se te ha escurrido entre los dedos.

    Y al final, cuando el balón eche a rodar y el Heliodoro respire fútbol femenino del grande, todo se reducirá a una verdad simple y brutal:

    Aquí no se juega solo un partido.
    Aquí se juega el derecho a mirar a Europa sin bajar la cabeza.
    Aquí se juega la identidad.
    Aquí se juega el futuro inmediato.

    Noventa minutos.
    Once contra once.
    Una isla frente a una ambición histórica.

    Que ruede el balón.
    Que hable el fútbol.
    Que el Heliodoro dicte sentencia.

    Porque hay domingos que no se olvidan y este promete ser uno de ellos.

    futbolista del Costa Adeje Tenerife Egatesa, Yerliane Moreno, continúa dando pasos firmes en su regreso a la dinámica competitiva del equipo. La centrocampista fue titular el pasado fin de semana frente al RCD Espanyol, después de haber sumado minutos previamente en casa ante el Athletic Club, mostrando una evolución positiva y consolidando su presencia en el centro del campo blanquiazul.
    La internacional venezolana afronta este tramo del curso con ilusión y ambición, con el objetivo de recuperar regularidad y asentarse nuevamente como una pieza importante en el esquema del técnico Yerai Martín.
    Los problemas físicos han sido uno de los principales obstáculos en su temporada, un reto tanto a nivel físico como mental, que Moreno está dejando atrás: “Son cosas que las futbolistas pasamos durante nuestra carrera deportiva, me ha tocado pasar a mí y ahora estoy intentando estabilizarme, volver a tener minutos y tener esa regularidad con el equipo que me va a ayudar a estar otra vez en mi máximo nivel”.
    Conocida como “La Pantera” por su garra, intensidad y carácter competitivo, la centrocampista también valoró su importancia dentro de la plantilla y lo que puede aportar al grupo ahora que vuelve a sentirse disponible:“Lo que siempre me ha caracterizado es el trabajo, la lucha, el lograr ganar esas segundas jugadas, esos balones sueltos y aportar mi granito de arena donde se pueda. Estoy a disposición del equipo y del cuerpo técnico para lo que sea necesario”.
    El Costa Adeje Tenerife Egatesa afronta este domingo un nuevo compromiso de máxima exigencia, recibiendo a la Real Sociedad a las 12:00 horas en el Heliodoro Rodríguez López. El conjunto tinerfeño, cuarto clasificado, se mide a un gran rival que actualmente ocupa la tercera posición de la tabla, en un duelo directo en la zona alta con tres puntos importantísimos en juego.
    Sobre este partido y la importancia de jugar en casa, con el apoyo de la afición, Yerliane destacó: “La Real Sociedad es un gran equipo, viene en una buena dinámica y no va a ser nada fácil el partido, pero confío en el equipo, estamos preparando el encuentro esta semana a conciencia y queremos sacar un buen resultado en nuestra casa”.
    Con muchas ganas de sumar minutos en el Heliodoro, la centrocampista blanquiazul reconoce sus ganas por disputar minutos delante de la afición tinerfeña: “Tengo muchas ansias por estar dentro del campo cuando juguemos en casa, siento como la gente me sigue apoyando a pesar de no haber jugado tantos minutos, siempre los escucho desde fuera y para mi eso significa mucha felicidad”
    En cuanto a los objetivos para lo que resta de temporada, Yerliane Moreno se muestra ambiciosa, pero con los pies en el suelo. “Para esta segunda vuelta pido que el equipo siga haciendo las cosas tan bien como hasta ahora, seguir sumando y estar en la parte alta de la clasificación es muy importante, con trabajo y sacando esa garra que nos caracteriza en cada partido. En lo personal, me gustaría conseguir esa estabilidad y conseguir jugar muchos minutos de aquí al final de temporada”.
    La futbolista confía en seguir sumando minutos que le permitan recuperar sensaciones y confianza, pasos clave para volver a ofrecer su mejor versión. Con trabajo, paciencia y la garra que la caracteriza, Yerliane Moreno continúa dando pasos firmes para volver a ser una pieza clave dentro de un Costa Adeje Tenerife Egatesa que quiere hacerse fuerte en casa y seguir creciendo junto a la afición blanquiazul.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El choque con aroma europeo |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🙌🏻 Partidazo

    🏆 Liga F Moeve | 2025-2016

    🔥 Costa Adeje Tenerife Egatesa 🆚 Real Sociedad de Fútbol 🔥

    🗓️ Domingo, 1 de febrero de 2026

    🕢 13:00 horario peninsular

    📺 DAZN

    📻 Atlántico Radio

    🏟️ Heliodoro Rodríguez López, Santa Cruz de Tenerife

    Los XI |

    El tropiezo del nuevo Atlético de Madrid de José Herrera en Alcalá de Henares (11) ante el Granada C.F. les puso en bandeja a guerreras y donostiarras aprovechar su duelo directo para eliminar, en caso de victoria, a las colchoneras de la pelea por acceder a la Copa de Europa el próximo curso, una situación que no se dio y da una vida extra a las madrileñas.

    Desde el primer instante el partido se presentó con una tensión soterrada, casi contenida, como si ambos equipos fueran conscientes de que un solo error podía tener consecuencias que trascendieran el marcador. La Real Sociedad fue la primera en enseñar los dientes, buscando profundidad y velocidad, obligando a Noelia Ramos a intervenir en la primera llegada visitante, una acción que resolvió con la seguridad de quien entiende perfectamente el contexto del partido, atrapando el balón sin conceder segundas oportunidades ni alimentar fantasmas. Fue una intervención sencilla en lo técnico, pero enorme en lo simbólico, porque sirvió para mandar un mensaje claro: el Heliodoro no iba a ser terreno blando.

    El Costa Adeje respondió pronto, empujado por su gente, por ese murmullo constante de grada que en Tenerife no aprieta con estridencia, pero sí con una fe inquebrantable. Patri Gavira se elevó en el área para cabecear un balón que se marchó fuera, pero que confirmó que las locales no iban a esconderse, que no iban a esperar, que habían salido al campo con la convicción de que este partido no se jugaba para sobrevivir, sino para disputarlo de tú a tú.

    Y entonces, apenas dos minutos después, llegó el momento que encendió el estadio y que durante muchos minutos pareció escribir un destino distinto. Natalia Ramos, con la pausa de quien entiende el fútbol como una conversación y no como un grito, conectó con Iratxe Pérez. La delantera recibió, se giró con inteligencia, leyó el espacio, y desde la frontal del área se sacó un disparo violento, seco, imposible de defender. Un zapatazo que no solo rompió la red, sino que rompió el guion previsto, porque ese gol no fue una casualidad: fue la materialización de una idea, de un equipo que sabe cómo atacar, que sabe cómo atraer, que sabe cómo golpear.

    El Heliodoro explotó. El Costa Adeje se ponía por delante en el duelo directo por la Champions, y durante unos instantes el sueño pareció adquirir una forma tangible al abrir la lata con el 10 en el minuto 17 que dio alas al representativo cámara antes del ecuador de la primera mitad, dejando un baile de la heroína Iratxe que no pasó inadvertido.

    Pero los partidos grandes nunca permiten la complacencia. Y la Real Sociedad, equipo hecho, maduro, competitivo, respondió como responden los conjuntos que están acostumbrados a estos escenarios. No hubo nervios, no hubo prisas. Hubo paciencia.

    Tras un saque de esquina, el balón quedó muerto en una zona peligrosa. Paula Fernández lo leyó antes que nadie, levantó la cabeza y encontró a Nahia Aparicio completamente sola. La central, con sangre fría impropia de quien juega tan cerca de su propia portería, recortó, ajustó el cuerpo y envió el balón al palo largo. Noelia Ramos voló, estiró todo lo que pudo, pero no llegó. El empate subió al marcador como un jarro de agua fría, pero también como una advertencia: la Real Sociedad no iba a conceder nada y el 11 subió al marcador sobre el minuto 29, a poco más de un cuarto de hora para el entretiempo.

    El partido entró entonces en una fase densa, cargada de duelos, de choques, de disputas que no siempre se veían, pero que se sentían. El Costa Adeje, lejos de venirse abajo, interpretó el empate como un estímulo. Antes del descanso apretó, subió líneas, creyó de nuevo. Y volvió a aparecer Iratxe Pérez, incansable, insistente, valiente. Tuvo en sus botas el segundo, pero el balón se perdió por el lateral de la red, como si el fútbol decidiera reservar ese margen de crueldad que distingue a los grandes partidos de los épicos. También Natalia Ramos probó fortuna a balón parado, con un lanzamiento de falta directa que se marchó fuera, recordando que no todas las intenciones se convierten en recompensa.

    El descanso llegó con el 1-1, pero también con la sensación de que el Costa Adeje había hecho méritos suficientes para algo más, mientras la Real Sociedad confirmaba su capacidad para sobrevivir en escenarios hostiles sin perder identidad.

    Tras la reanudación, el conjunto donostiarra intentó dar un paso adelante, consciente de que el empate, aunque no era un mal resultado, tampoco cerraba definitivamente la pelea. Klára Cahynová lo intentó desde lejos, pero su disparo se marchó completamente fuera, en una acción que simbolizó bien la segunda mitad: muchas intenciones, pocas grietas.

    Yerai Martín entendió que el partido pedía algo más y movió el banquillo con valentía. La entrada de Paulina Gramaglia y Sandra Castelló buscaba oxígeno, creatividad, presencia en campo rival.

    El Costa Adeje lo intentó de todas las formas posibles, pero se encontró con una Real Sociedad organizada, solidaria, casi quirúrgica en su manera de defender.

    La zaga donostiarra se mostró inexpugnable, cerrando líneas de pase, achicando espacios, negando cualquier resquicio de esperanza. Y en el centro de todo emergió la figura de Claudia Florentino, imperial, dominante, líder silenciosa, elegida con justicia como MVP del encuentro. Cada cruce, cada anticipación, cada despeje suyo fue un recordatorio de por qué estos partidos se deciden muchas veces lejos de las áreas contrarias.

    El Costa Adeje no dejó de creer. Sakina Ouzraoui lo intentó desde la banda con un envío que buscaba complicar a Alazne Estensoro, pero la guardameta atrapó el balón sin problemas, transmitiendo una serenidad que fue clave para sostener a su equipo en los momentos de mayor empuje local. Yerai Martín agotó sus opciones con la entrada de Violeta Quiles y Koko, quemando las últimas balas con la desesperación legítima de quien sabe que estos partidos no vuelven, que estas oportunidades no se repiten con facilidad.

    La última gran ocasión fue para Fatou Dembele. Un disparo lejano, valiente, cargado de fe, que se marchó por encima del larguero. Fue casi un símbolo. Un intento final que resumió todo el partido del Costa Adeje: coraje, ambición, entrega… y ese pequeño margen que separa la hazaña del empate.

    El pitido final dejó el marcador en tablas y la clasificación prácticamente intacta. La Real Sociedad se mantiene tercera con 38 puntos.

    El Costa Adeje Tenerife sigue cuarto con 30, unidades, es decir, un guarismos por encima del Atlético de Madrid, que acumula ya más de una decena de partidos sin ganar, pero aún está vivo en la lucha europea.

    El empate favoreció un poco más a las de San Sebastián que tiene un colchón de ocho puntos respecto al equipo insular, parecen ser muchos, pero esta superioridad de las Arturo Ruiz no se plasmó en el verde y podrían quedar cortos, se verá.

    Ambos equipos continúan invictos en este inicio de 2026, confirmándose como dos de los conjuntos más en forma de la Liga F Moeve, como proyectos sólidos, fiables, competitivos.

    Pero el fútbol no se mide solo en estadísticas. Se mide en sensaciones. Y para el Costa Adeje, este empate supo a oportunidad perdida. No por demérito, no por falta de ambición, sino porque durante muchos minutos el partido estuvo donde quería, porque el escenario era perfecto, porque el Heliodoro empujó, porque el gol llegó pronto, porque la Champions pareció asomarse por una rendija. Y cuando eso ocurre, cuando el fútbol te deja mirar tan de cerca, el empate duele un poco más.

    No es una derrota. No lo es. Pero tampoco es una victoria. Es ese punto intermedio que obliga a seguir, que exige no soltarse, que recuerda que los grandes sueños no se construyen en un solo día, sino en la suma de muchos domingos como este. El Costa Adeje no perdió. Pero dejó escapar algo intangible: la posibilidad de cambiar el relato de la temporada de un solo golpe.

    El Heliodoro se vació lentamente, con aplausos, con orgullo, con la certeza de que este equipo representa algo más que una posición en la tabla. Pero también con ese silencio final que acompaña siempre a las ocasiones que no vuelven. Porque el fútbol, como la vida, no siempre premia al que más lo desea.

    A veces solo deja constancia de que lo intentó. Y eso, aunque no llena vitrinas, construye identidad y el Costa Adeje Tenerife, pase lo que pase, ya la tiene.

    El Costa Adeje Tenerife Egatesa firmó así un empate intenso ante un rival directo, dejando buenas sensaciones por la actitud, el juego y la competitividad mostrada a lo largo de los 96 minutos de partido. El Heliodoro vibró con cada acción, celebrando el gol de Iratxe y la entrega de las blanquiazules hasta el último instante, próxima estación viajar a Fuenlabrada para jugar los cuartos de final de la Copa de la Reina frente al Madrid CFF y en deje mismo torneo , que es muy bello , la Real Sociedad se medirá al ONA en Zubieta.

    (Fuente: Costa Adeje Tenerife Egatesa)

    📋 Ficha técnica |

    Costa Adeje Tenerife Egatesa: Noelia Ramos, Fatou.D, Moreno (Koko Ange 86´), Paola H.D. (S. Castelló 58´), S. Ouzraoui (V. Quiles 80´), Aleksandra, N. Ramos, Clau Blanco; Elba; Iratxe (Gramaglia 58´), Patri Gavira
    Real Sociedad: A. Estenssoro, Florentino, Moraza, Apari, P. Fernández, Mirari, Lucía (N. Eizagirre 80´), Intza (Emma 80´), Lavogez (Andreia 61´), Cahynová, Aira (Cecilia 91´).

    Árbitra: Lorena del Mar Trujillano asistida por Nahia Alonso y Rocío López y como cuarta árbitra Andrea Piñana. Amonestaron a las locales con amarilla; Koko Ange (88´) y visitantes con amarilla: Andreia (70´)
    Incidencias: Decimooctava jornada de Liga F Moeve, disputado en el Heliodoro Rodríguez López ante 1.823 espectadores

    Goles |

    1-0 Iratxe Pérez 17’ ⚽️
    1-1 Nahia Aparicio 28’ ⚽️

    Vídeo |

  • La crónica | Remontada del ONA para seguir ganando

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️ Los tantos de Irina Uribe y Cubedo sirvieron para doblegar por 2-1 a las armeras en Cataluña.

    Publicidad de HBO Max

    El proyecto de Media Res es la primera serie del contrato general de dos años de Lindelof con HBO

    HBO ha encargado ocho episodios de THE CHAIN, una nueva miniserie original escrita y producida por el ganador del Emmy® Damon Lindelof, uno de los creadores más influyentes de la televisión contemporánea y responsable de títulos clave como The Leftovers y Watchmen. Lindelof ejercerá además como showrunner, un rol que no asumía desde Watchmen, y el proyecto se enmarca dentro de un contrato general de dos años que el creador ha firmado con HBO y que está vigente desde septiembre de 2025.

    THE CHAIN está basada en la aclamada novela superventas del New York Times del mismo nombre, escrita por Adrian McKinty, y supone el primer proyecto derivado del acuerdo entre HBO y el estudio Media Res, nominado a los premios Emmy®, que participa como coproductor. Aunque por el momento no se han revelado detalles concretos sobre la adaptación, se ha confirmado que Lindelof ampliará la mitología del inquietante thriller original de McKinty, explorando nuevas capas narrativas y psicológicas más allá del material literario.

    En el apartado creativo, la miniserie original de HBO THE CHAIN cuenta con Damon Lindelof como guionista y productor ejecutivo. La historia del episodio piloto ha sido desarrollada por Lindelof junto a Carly Wray y Breannah Gibson, mientras que el guion del primer episodio está firmado por Lindelof y Wray. Por parte de Media Res, Michael Ellenberg y Lindsey Springer figuran como productores ejecutivos, al igual que Shane Salerno. El propio Adrian McKinty, autor de la novela original, participa también como coproductor ejecutivo, reforzando el vínculo creativo con el material de origen.

    Desde HBO, Francesca Orsi, vicepresidenta ejecutiva de programación y directora de series dramáticas y películas del canal, ha destacado la relevancia del proyecto y de su creador:

    «Nos sentimos honrados por nuestra continua colaboración con Damon Lindelof, uno de los creadores más singulares y distintivos de nuestro tiempo. THE CHAIN promete continuar su legado de sumergirnos en las profundidades del cerebro humano y ofrecernos una experiencia no solo emocionalmente atrevida, sino, en última instancia, transformadora».

    Por su parte, Damon Lindelof ha explicado su conexión inmediata con la obra de McKinty y su entusiasmo por el regreso a HBO como showrunner:

    «Desde el momento en que escuché la premisa original y descabellada del libro de Adrian, me quedé impactado, sorprendido y enfadado por no haberlo pensado yo mismo. Siempre he querido adaptar un gran thriller y este tiene todos los toques oscuros, extraños y emocionantes que despiertan mi imaginación. Me siento muy afortunado de volver a trabajar con Francesca, Casey y Michael, quienes me llevaron a HBO hace quince años, y estoy deseando hacer de THE CHAIN un eslabón memorable en su extraordinario legado».

    Damon Lindelof, nacido en Nueva Jersey, es hijo de una maestra y un banquero, y —según él mismo admite— escritor desde su nacimiento, aunque tardó más de 25 años en descubrirlo. En 2004 se asoció con J. J. Abrams para crear Perdidos (Lost), una de las series más influyentes del siglo XXI (y, como él mismo recuerda con ironía, “no, no estaban muertos todo el tiempo”). Tras su paso por la gran pantalla como guionista y productor en títulos como Star Trek, Prometheus, Guerra Mundial Z y Tomorrowland, regresó a la televisión en 2014 como showrunner de The Leftovers, una serie de culto de HBO que defiende afirmando que “no es tan deprimente como dice todo el mundo”. Más recientemente firmó la aclamada miniserie Watchmen, también para HBO, de la que asegura con la misma vehemencia que “no es tan confusa como dice todo el mundo”. Esta biografía, por cierto, también la ha escrito él.

    El proyecto cuenta con el respaldo de Media Res, un estudio de televisión y productora cinematográfica nominada a los premios Emmy®, especializada en el desarrollo, producción y financiación de contenidos de alta calidad para el mercado global. Tras una inversión estratégica de RedBird IMI, Media Res ha reforzado su colaboración con talentos creativos, cadenas y plataformas de primer nivel. Fundada por Michael Ellenberg, su programación actual incluye la cuarta temporada de The Morning Show (Apple TV), ganadora de premios Emmy, SAG y Critics Choice; la segunda temporada de Pachinko, también en Apple TV, reconocida por los premios Peabody, el American Film Institute y los Critics Choice Awards; la próxima comedia de Peacock The Miniature Wife, con Elizabeth Banks y Matthew Macfadyen, y la futura serie dramática de Apple TV The Dealer, protagonizada y producida por Jessica Chastain junto a Adam Driver, ambientada en el exclusivo mundo del mercado del arte de alta gama. Entre sus trabajos anteriores destacan I’m a Virgo (Amazon Prime Video), Extrapolations (Apple TV) y Scenes From A Marriage (HBO).

    Con THE CHAIN, HBO, Damon Lindelof y Media Res unen fuerzas para dar forma a una miniserie de suspense psicológico llamada a convertirse en uno de los proyectos televisivos más ambiciosos y comentados de los próximos años.

    La previa |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    A las 12:00 del domingo 1 de febrero, cuando el invierno todavía aprieta pero el fútbol femenino español empieza a oler a momentos decisivos, el balón rodará en Badalona con una promesa silenciosa: no será un partido más. FC Badalona Women – SD Eibar, en directo por DAZN, es uno de esos encuentros que no necesita cartel de derbi ni urgencias clasificatorias extremas para tener alma, narrativa y peso competitivo. Es, en esencia, uno de esos partidos que se ganan antes de jugarse, se resisten durante 90 minutos y se recuerdan por lo que dicen del carácter de dos equipos hechos a base de convicción.

    La Liga F Moeve entra en febrero con una tabla que empieza a separar realidades, pero también con una zona media que se ha convertido en territorio de nadie… o de todos. En ese paisaje aparece el FC Badalona Women, 8º clasificado con 23 puntos, instalado en una temporada que no grita, pero sostiene. No deslumbra en los resúmenes virales, no vive de goleadas escandalosas, pero ha construido algo mucho más difícil: fiabilidad.

    El dato es demoledor y simbólico a partes iguales: el Badalona no ha perdido ni ha encajado un solo gol en este inicio de 2026. No es casualidad, no es suerte y no es una racha aislada. Es la consecuencia lógica de un equipo que ha entendido que, en una liga cada vez más igualada, defender bien es una forma de atacar al futuro.

    El 0-1 subió al marcador justo antes del descanso, premiando la insistencia del Eibar y castigando la falta de contundencia local en los metros finales. Fue un gol de los que duelen, de los que obligan a recomponerse mentalmente en el vestuario.

    Enfrente estará la SD Eibar, un equipo que ha hecho del equilibrio su bandera y de la constancia su salvavidas. Las armeras llegan con once puntos de colchón sobre el descenso, una distancia que no garantiza tranquilidad, pero sí margen para competir sin la soga al cuello. El tropiezo reciente ante la Real Sociedad (3-0) no ha borrado lo construido durante meses: un equipo incómodo, tácticamente disciplinado y difícil de romper.

    Jugar en Badalona no es sencillo. No por el ruido, no por la presión ambiental, sino por la sensación de control que transmite el equipo local cuando consigue imponer su ritmo. El FC Badalona Women ha entendido algo fundamental en el fútbol moderno: no todos los partidos se ganan con balón, pero muchos se pierden sin orden.

    El equipo catalán ha hecho de la estructura defensiva su punto de partida. Líneas juntas, lectura constante de las segundas jugadas y una obsesión casi quirúrgica por no conceder espacios entre central y lateral. El resultado es un bloque que no regala ventajas, que obliga al rival a repetir esfuerzos y que castiga cualquier error con una precisión casi quirúrgica.

    La llegada en este mercado invernal de Isabelle Hoekstra no responde a una urgencia, sino a una idea. La futbolista se alternará entre el filial y el primer equipo, una decisión que habla tanto de planificación como de visión de futuro. No es un fichaje para romper jerarquías, sino para ensanchar el ecosistema competitivo del club, reforzar entrenamientos y elevar el nivel de exigencia interno.

    Ese tipo de movimientos suelen pasar desapercibidos para el gran público, pero son los que, a medio plazo, marcan la diferencia entre sobrevivir y crecer.

    Si el Badalona representa la calma organizada, la SD Eibar simboliza la resiliencia estructural. El conjunto dirigido por Iñaki Goikoetxea ha construido su temporada desde la pragmática honestidad: saber quién eres, aceptar tus límites y competir cada partido como si fuera una negociación permanente con el marcador.

    El colchón de once puntos sobre el descenso no ha llegado por casualidad. Ha llegado porque el Eibar maximiza sus goles, minimiza errores y entiende cuándo un empate es oro y cuándo una derrota puede ser asumible si no te descompone el proyecto.

    Eso sí, la derrota ante la Real Sociedad fue un golpe de realidad. No tanto por el resultado, sino por la forma. Un 3-0 que evidenció las dificultades del equipo cuando se ve obligado a llevar la iniciativa o cuando el rival acelera el partido más allá de lo previsto.

    En el mercado invernal, el Eibar ha optado por la continuidad. Ninguna incorporación, ninguna revolución. Solo una salida: Alena Pěčková, que se ha desvinculado del club. Una decisión que refuerza la idea de que el cuerpo técnico confía en el grupo actual para cumplir el objetivo principal: permanecer.

    Este Badalona – Eibar no se decidirá por acumulación de ocasiones. Se decidirá por detalles microscópicos: una mala orientación corporal, un despeje mal perfilado, una falta lateral mal defendida. Son dos equipos que conceden poco y que necesitan poco para hacer daño.

    El Badalona buscará imponer su guion habitual: ritmo controlado, paciencia, circulación segura y esperar el error del rival. El Eibar, en cambio, se sentirá cómodo en un escenario de partido largo, donde el reloj juegue a su favor y la ansiedad empiece a filtrarse en la grada.

    Será un duelo de tempos, de lecturas tácticas, de entrenadores moviendo piezas sin hacer ruido. Un partido donde el primer gol, si llega, puede cambiarlo todo… o no cambiar nada.

    Que este partido se emita por DAZN no es un detalle menor. Es la confirmación de que la Liga F también se explica desde estos encuentros, desde estas narrativas que no siempre ocupan titulares, pero que sostienen la competición semana a semana.

    Porque el fútbol femenino no solo crece con finales y clásicos. Crece con partidos como este, donde la identidad pesa más que el nombre, donde el trabajo invisible se convierte en protagonista y donde cada punto cuenta una historia distinta.

    El domingo, a las 12:00, alguien sumará tres puntos. Puede que nadie marque hasta el minuto 80. Puede que un error lo cambie todo. Puede que el empate sea justo y lógico. Pero pase lo que pase, este Badalona – Eibar dirá mucho más de lo que refleje el marcador.

    Dirá en qué punto está un Badalona que quiere consolidarse como algo más que una revelación silenciosa. Dirá si el Eibar sabe levantarse sin perder su esencia. Y dirá, sobre todo, que la Liga F Moeve sigue construyéndose desde partidos como este: duros, honestos, tácticos y profundamente humanos.

    Porque hay encuentros que no necesitan épica artificial.
    Y este, precisamente, la trae de serie

    El choque bajo la lupa |

    🏆 Liga F Moeve | Temporada 2025-2026

    ✨ 18ª jornada ✨

    🔥 ONA 🆚 Sociedad Deportiva Eibar 🔥

    📅 Domingo, 1 de febrero de 2026

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 DAZN

    🏟️ Estadio Municipal de Palamós, Costa Brava

    Los onces |

    El fútbol, cuando se juega sin red, cuando se vive con la urgencia del presente y la memoria del pasado reciente, cuando cada duelo es una afirmación de identidad, adquiere una dimensión que va mucho más allá del marcador. En la mañana en la que el FC Badalona Women y la SD Eibar se citaron en territorio catalán, el balón no solo ponía tres puntos en juego: ponía a prueba una racha, un proyecto y una manera de entender el crecimiento competitivo en la élite. Y lo que terminó sucediendo, ese 2-1 que mantuvo invicto al conjunto badalonés en 2026, fue una de esas historias que se escriben con pulso firme, sufrimiento, resistencia, carácter colectivo y la aparición decisiva de nombres propios destinados a marcar época.

    Desde el primer pitido, el encuentro se presentó como un choque frontal entre dos equipos con ambiciones distintas pero con una convicción común: no especular. El FC Badalona Women, asentado ya en la categoría y en pleno proceso de maduración como bloque competitivo, saltó al césped con la determinación de quien sabe que las rachas se alimentan desde la iniciativa. La SD Eibar, por su parte, compareció con el poso de un equipo acostumbrado a competir cada balón como si fuera el último, con una estructura reconocible, con automatismos claros y con una idea muy definida: hacer del orden y la agresividad bien entendida su mejor arma para golpear.

    El arranque fue un intercambio de intenciones. No de golpes, pero sí de avisos. El Badalona quiso desde el inicio asumir la posesión, mover el balón con criterio desde atrás y buscar superioridades por los costados, especialmente a través de la movilidad de sus interiores y la profundidad de sus laterales. El Eibar, bien plantado, optó por un bloque medio, sin replegar en exceso, preparado para saltar a la presión en cuanto detectara una conducción larga o un pase horizontal mal perfilado.

    En ese contexto, la primera en intentar romper el guion fue Sara Martín, que actuó como referencia ofensiva adelantada del conjunto local. Su velocidad fue un recurso constante para estirar a la defensa armera, obligando a las centrales visitantes a vivir en alerta permanente. Cada desmarque suyo, cada carrera al espacio, servía para ganar metros y oxígeno, aunque no siempre encontraba el último pase necesario para convertir la amenaza en ocasión clara.

    Al otro lado, el Eibar comenzó a encontrar situaciones interesantes gracias a la capacidad de sus jugadoras de banda para cargar el área. Cristina Cubedo, que partía desde una posición más retrasada pero con libertad para incorporarse, protagonizó una de las primeras llegadas de peligro con un testarazo que obligó a la defensa local a emplearse a fondo. No fue un remate limpio, pero sí una advertencia de lo que estaba por venir: Cubedo no solo estaba para defender, estaba para liderar.

    El partido entró entonces en una fase de tensión creciente. Ninguno de los dos equipos quería conceder metros innecesarios, y cada duelo individual se vivía con intensidad máxima. Las disputas en el centro del campo eran constantes, con segundas jugadas muy peleadas y con una sensación de que el primer gol, cuando llegara, iba a tener un peso emocional enorme.

    La ocasión más clara del primer tiempo llegó superados los veinte minutos, y fue un auténtico ejercicio de supervivencia defensiva para el Badalona. Un centro preciso desde la banda izquierda de Garazi encontró la cabeza de Carmen Álvarez, que se elevó con potencia para peinar el balón y dirigirlo hacia portería. Todo parecía destinado al gol, pero María Valenzuela emergió como una figura decisiva. La guardameta granadina, con reflejos felinos y una lectura perfecta de la trayectoria, sacó una mano salvadora para desviar el esférico a saque de esquina. No fue una parada más: fue una intervención que sostuvo al equipo, que evitó el golpe psicológico y que reforzó la confianza de las suyas.

    Lejos de conformarse, Carmen Álvarez volvió a encontrar espacio minutos después. Esta vez, completamente sola, encaró un nuevo remate que parecía imparable. De nuevo, Valenzuela apareció con una intervención formidable, enviando el balón a córner y confirmando que el Badalona tenía en su portería un seguro de vida. Cada parada era celebrada como un gol por la grada, consciente de que ese tipo de acciones cambian partidos.

    Mientras tanto, el Badalona intentaba crecer con balón, pero le costaba encontrar continuidad en campo rival. El Eibar cerraba bien los espacios interiores y obligaba a las locales a buscar soluciones desde fuera, donde los centros no siempre encontraban rematadora. Aun así, el partido se mantenía abierto, vibrante, con una sensación de igualdad real pese a las ocasiones visitantes.

    Cuando el descanso parecía acercarse con el empate sin goles, llegó el golpe. Un envío desde el pico del área, medido con precisión quirúrgica, encontró a Laura Camino atacando el primer palo. La delantera armera se anticipó a su marca y conectó un remate de cabeza impecable, seco, imposible para Valenzuela y abrió la lata en el minuto 46 del alargue.

    El paso por vestuarios marcó un punto de inflexión. El Badalona regresó al césped con otra energía, con una marcha más, con la convicción de que el partido no estaba perdido. Marc Ballester ajustó líneas, pidió más agresividad tras pérdida y una circulación más rápida para desorganizar el bloque visitante. El mensaje fue claro: había que empatar pronto para no dejar que el Eibar se sintiera cómodo defendiendo la ventaja.

    Y el equipo respondió. Apenas nueve minutos después de la reanudación, llegó la jugada que cambió el signo del encuentro. Cristina Cubedo, adelantando líneas con una personalidad impropia de una central convencional, avanzó con la pelota controlada hasta campo rival. Atrajo rivales, leyó el desmarque y filtró un pase perfecto para Irina Uribe. La delantera, con sangre fría, no dudó. Armó un disparo potente, cruzado, que superó a Eunate Astralaga y se coló en la portería visitante para poner el empate en el minuto 54 de juego .

    El 11 estalló en el estadio como una liberación colectiva. Era el premio al paso adelante, a la fe y a la valentía.

    El gol reforzó al Badalona, que pasó a dominar el partido con mayor claridad. El balón era suyo, el ritmo también. El Eibar intentó reaccionar, buscando de nuevo a Carmen Álvarez, pero la delantera no terminaba de encontrar el acierto que había tenido en la primera mitad.

    Las locales, por su parte, crecían con cada acción, con cada duelo ganado, con cada transición bien defendida. Pasada la hora de juego, el partido vivió uno de sus momentos más tensos.

    Tras la revisión en el Football Video Support, la colegiada decidió mostrar la segunda tarjeta amarilla a María Llompart por un codazo sobre Arena Altonaga en una acción de control. La expulsión dejó al Badalona con una jugadora menos y obligó a reajustar de nuevo el plan. El encuentro entraba en un terreno imprevisible.

    Con las fuerzas igualadas en número tras la posterior expulsión de Carla Andrés por doble amarilla, el choque se convirtió en una batalla de nervios, de detalles, de resistencia física y mental. El Eibar introdujo a Emma Moreno para ganar presencia arriba, buscando un último empujón ofensivo. Cada balón parado se vivía con tensión máxima.

    Y cuando el empate parecía asentarse, cuando el reparto de puntos comenzaba a asumir forma definitiva, llegó la jugada que decidió todo. Minuto 85. Saque de esquina botado por Sonia Majarín, tenso, al corazón del área. Allí apareció Cristina Cubedo. La central, ex del Costa Adeje Tenerife y el Villarreal, se elevó con potencia, con determinación, con la autoridad de quien sabe que ese es su momento. El cabezazo fue impecable, directo al fondo de la red, inapelable para Astralaga. El 21 desató la locura. Cubedo, MVP indiscutible, culminaba una actuación total: liderazgo, visión, gol decisivo.ñ

    El Eibar lo intentó en los minutos finales, empujó con lo que tenía, pero el Badalona supo resistir. Defendió con orden, con sacrificio, con esa madurez que define a los equipos que crecen. El pitido final certificó una victoria de enorme valor: tres puntos, una remontada, una nueva demostración de carácter y la confirmación de que el Badalona Women es un equipo difícil de doblegar, aunque tomes ventaja y este resultado fue una muestra de ello.

    Con este triunfo, las locales escalan hasta la séptima posición con 26 puntos y mantienen su condición de invictas en 2026, algo que les permite superar al Madrid CFF de Sánchez Vera.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El Eibar, por su parte, se queda con 17 puntos en la tabla clasificatoria y es decimotercero en la élite tras un partido en el que compitió de tú a tú, pero en el que acabó cediendo ante la épica local, próxima estación, recibir al Granada en Guipúzcoa.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    FC Badalona Women: María; Itzi Pinillos, Cubedo, Sonia Majarín, Barclais; Llompart, Ana González (Jankovska, min. 69) , Lorena Navarro; Julve (Sofie Junge, min. 88), Irina Uribe (Lice Chamorro, min. 77), Banini (Kullashi, min. 77)

    Entrenador: Marc Ballester

    D Eibar: Astralaga; Laura Camino, Carla Andrés, Masegur, Belem, Garazi; Adela Rico, Altonaga, Iribarren (Emma Moreno, min. 77); Sara Martín (Iara Lacosta, min. 83), Carmen Álvarez (Opah Clement, min. 83).

    Entrenador: Iñaki Goikoetxea

    Tarjetas amarillas: Llompart (min. 28 y 65), Cubedo (min. 42), Adela Rico (min. 61), Ana González (min. 62), Carla Andrés ( min. 83 y 90+6)
    Lugar: Estadio Nou Municipal del Palamós
    Árbitra: Raquel Suárez

    Goles |

    0-1 Laura Camino 45’ ⚽️
    1-1 Irina Uribe 54’ ⚽️
    2-1 Cristina Cubedo 85’ ⚽️

    Vídeo |

  • La crónica | El Real Madrid sufre en Riazor para ganar en el retorno de Brunn

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️ ¡Triunfo de carácter! Las de Pau Quesada tuvieron que emplearse a fondo para someter por 2-4 al cuadro gallego.

    La previa |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El domingo 1 de febrero a las doce en punto del mediodía, cuando el invierno atlántico aún muerde el aire de A Coruña y el cielo de Riazor se abre como un telón solemne, el fútbol femenino español se detiene para contemplar uno de esos partidos que trascienden la simple suma de puntos y se instalan en el territorio de los símbolos. Deportivo Abanca y Real Madrid CF se citan en un escenario cargado de memoria, con el océano como testigo eterno y un estadio que, una vez más, se vestirá de gala para recibir a uno de los gigantes del campeonato. No es un partido más de la Liga F Moeve; es un duelo que habla de crecimiento, de ambición, de resistencia y de jerarquías, de un proyecto gallego que se ha ganado el respeto desde la solidez y de un proyecto blanco que persigue, casi con obsesión, la excelencia y la persecución imposible del FC Barcelona.

    Riazor vuelve a ser epicentro del relato. El estadio herculino, acostumbrado a noches europeas, ascensos, descensos y resurrecciones, acoge ahora una cita que simboliza la normalización del fútbol femenino en los grandes templos del país. A las doce del mediodía, con la luz cayendo de forma limpia sobre el césped, el Deportivo Abanca recibe al Real Madrid CF en un contexto que invita al orgullo local y a la exigencia máxima. El conjunto gallego llega con el aval de los resultados recientes, tras un contundente 0-4 en Las Gaunas ante el DUX Logroño, una victoria que no solo reforzó su posición clasificatoria, sino que confirmó una identidad competitiva muy clara: un equipo que sabe cuándo sufrir, cuándo golpear y cómo interpretar los partidos desde la inteligencia colectiva.

    El Deportivo Abanca es, a estas alturas del campeonato, el sexto mejor local de la categoría. No es un dato menor. En una Liga F Moeve cada vez más igualada, convertir tu estadio en un bastión es una declaración de intenciones. Riazor no es solo césped y gradas; es una idea. Es presión ambiental, es orden táctico, es un equipo que entiende que en casa no se negocian ni la intensidad ni la concentración. Las jugadoras de Fran Alonso —o mejor dicho, el bloque deportivista en su conjunto— han construido su fiabilidad desde atrás, apoyándose en una estructura que prioriza el equilibrio y la solidaridad defensiva, incluso en contextos de exigencia máxima como el que plantea la visita del Real Madrid.

    Las ausencias, sin embargo, dibujan un contexto complejo. Cris Martínez continúa de baja por maternidad, una ausencia que va más allá del plano deportivo y que recuerda la realidad humana que convive con la élite. A ella se suman Paula Monteagudo, Carlota Suárez, Lía, Henar, Bárbara Latorre y Millene Cabral, un listado amplio que condiciona las rotaciones, los automatismos y la profundidad de banquillo. Aun así, el Deportivo ha demostrado esta temporada una capacidad notable para reinventarse, para redistribuir responsabilidades y para convertir cada baja en una oportunidad de crecimiento colectivo. No hay dramatismo en el discurso; hay adaptación.

    Enfrente aparece el Real Madrid CF, segundo clasificado de la Liga F Moeve con 38 puntos, instalado en esa incómoda tierra de nadie que separa la ambición del título de la realidad incontestable del FC Barcelona. Diez puntos de distancia con las azulgranas tras la derrota en la final de la Supercopa (2-0) que aún resuena como un recordatorio cruel de la brecha existente. El equipo blanco llega a Riazor con la herida todavía abierta, con la necesidad de reafirmarse en el día a día del campeonato, sabiendo que cualquier tropiezo no solo complica la clasificación, sino que erosiona la narrativa de crecimiento continuo que el club ha construido desde su irrupción en la élite femenina.

    Pau Quesada afronta el encuentro con bajas de enorme peso específico. Merle Frohms no estará bajo palos, una ausencia que altera la jerarquía defensiva desde el primer pase. Antonia Silva tampoco estará disponible, restando experiencia y liderazgo en la zaga. Tere Abelleira continúa recuperándose del cruzado, una ausencia que sigue siendo profundamente simbólica en el centro del campo madridista, donde su capacidad para ordenar, pausar y dar sentido al juego sigue siendo irremplazable. A ello se suma la baja de Hanna Bennison, una pieza que aporta dinamismo y llegada desde segunda línea. El Real Madrid llega, por tanto, con talento suficiente para competir, pero con ajustes obligatorios que ponen a prueba la profundidad real de la plantilla.

    El antecedente inmediato entre ambos equipos invita a la cautela desde la perspectiva gallega y a la autoridad desde la óptica blanca. En la primera vuelta, el Real Madrid se impuso por 4-0 en su estadio, en un partido que reflejó la diferencia de pegada y de control de los momentos clave. Sin embargo, Riazor no es Valdebebas. El contexto cambia, el ritmo emocional se transforma y el Deportivo Abanca ha demostrado que sabe competir desde otra lógica cuando actúa como local. El fútbol, especialmente en esta liga, no entiende de sentencias previas.

    El partido se podrá seguir en directo a través de DAZN y Movistar+, una doble ventana que amplifica su alcance y subraya la importancia del duelo en la agenda del fútbol femenino nacional. No es solo un escaparate para las protagonistas sobre el césped; es también una oportunidad para seguir consolidando audiencias, relatos y referentes. Cada pase, cada duelo, cada transición rápida o repliegue intenso se convierte en material narrativo para una competición que sigue escribiendo su historia jornada a jornada.

    Hay algo profundamente simbólico en este enfrentamiento. El Deportivo Abanca representa la resistencia, el proyecto que crece desde la constancia y la identidad territorial. El Real Madrid CF encarna la ambición, la obligación de ganar, el peso del escudo y la exigencia permanente. Cuando ambos mundos colisionan, el resultado suele ser un partido cargado de matices, de silencios tensos y de momentos que se deciden en detalles mínimos: una pérdida en salida, una acción a balón parado, una transición mal defendida.

    El césped de Riazor será juez imparcial. Allí se medirán no solo dos equipos, sino dos estados de ánimo. El Deportivo quiere confirmar que su posición como uno de los mejores locales no es casualidad, que puede mirar a los ojos a cualquiera. El Real Madrid necesita reafirmar su condición de aspirante permanente, demostrar que la derrota en la Supercopa no ha dejado secuelas profundas y que el campeonato doméstico sigue siendo un territorio donde imponer jerarquía.

    A las doce del mediodía, cuando el balón eche a rodar, todo el contexto previo se diluirá en noventa minutos de verdad competitiva. Las bajas, los números, los antecedentes y los discursos quedarán suspendidos en el aire de Riazor. Solo quedará el fútbol. Y en esa pureza del juego, Deportivo Abanca y Real Madrid CF escribirán un nuevo capítulo de una Liga F Moeve que sigue creciendo, partido a partido, estadio a estadio, relato a relato.

    La mañana avanza en A Coruña con esa cadencia lenta que solo conocen las ciudades que viven de cara al mar. Riazor empieza a llenarse mucho antes de que el balón ruede, no solo de aficionados, sino de una sensación compartida: la de estar asistiendo a algo que ya no es excepcional, sino necesario. El fútbol femenino ha dejado de pedir permiso en estos escenarios y ahora exige su espacio con la naturalidad de quien sabe que pertenece a este lugar. El murmullo de las gradas, el ritual de las camisetas, los pasos sobre el hormigón del estadio, todo forma parte de una liturgia que el Deportivo Abanca ha recuperado para sí y que hoy se pone a prueba ante uno de los escudos más imponentes del continente.

    El Deportivo Abanca salta a este partido con la serenidad de quien ha entendido perfectamente cuál es su papel en la liga y cómo maximizarlo. No hay complejos, pero tampoco hay ingenuidad. El equipo gallego sabe que el Real Madrid CF no concede nada gratis, que cada error se paga con intereses altos y que los partidos ante las blancas exigen una precisión casi quirúrgica en cada decisión. Por eso, el Deportivo no se traiciona. No renuncia a su identidad, pero la adapta. Juega con el tiempo, con los espacios, con la ansiedad del rival cuando el marcador no se mueve. Riazor es un escenario grande, sí, pero también es un refugio donde el equipo sabe manejar los ritmos como pocos.

    La victoria en Las Gaunas ante el DUX Logroño no fue solo un resultado contundente; fue una declaración silenciosa de madurez competitiva. Ganar 0-4 fuera de casa, con autoridad y sin fisuras, es algo que no se improvisa. Es el reflejo de un grupo que ha interiorizado automatismos, que se siente cómodo defendiendo bajo cuando toca y que sabe castigar con dureza cuando el rival se descompone. Ese partido fue, en muchos sentidos, un ensayo general para citas como la de hoy. Porque enfrentar al Real Madrid exige exactamente eso: orden, convicción y la capacidad de interpretar cuándo el partido pide calma y cuándo pide valentía.

    Las ausencias en el Deportivo Abanca no se esconden, pero tampoco se dramatizan. Cris Martínez, baja por maternidad, representa ese punto de humanidad que atraviesa al fútbol femenino de manera transversal. Su ausencia es sentida, pero también es celebrada desde otro lugar: el de la vida que continúa más allá del césped. Paula Monteagudo, Carlota Suárez, Lía, Henar, Bárbara Latorre y Millene Cabral completan una lista que podría haber desestabilizado a cualquier equipo, pero que el Deportivo ha asumido como parte del camino. Aquí no hay discursos victimistas; hay una fe profunda en el colectivo y en la capacidad del grupo para sostenerse incluso cuando las piezas faltan.

    En el banquillo, la gestión emocional es tan importante como la táctica. Porque partidos como este no se juegan solo con las piernas. Se juegan con la cabeza, con la capacidad de aislarse del ruido, de no dejarse llevar por el peso del escudo rival ni por la magnitud del escenario. El Deportivo Abanca entiende que su partido empieza mucho antes del pitido inicial y que cada gesto, cada decisión, cada repliegue bien ejecutado va construyendo una narrativa que incomoda al rival.

    El Real Madrid CF, por su parte, llega a Riazor con la mochila cargada de exigencias. Ser segundo no basta. Nunca basta cuando el escudo impone una obligación casi permanente de victoria. Los 38 puntos en la clasificación saben a poco cuando la distancia con el FC Barcelona es de diez, y la derrota en la final de la Supercopa todavía escuece. Aquel 2-0 no fue solo una derrota; fue un recordatorio de que el camino hacia la cima sigue siendo empinado y que cada paso en falso tiene consecuencias no solo deportivas, sino simbólicas.

    Pau Quesada se enfrenta a un rompecabezas complejo. La baja de Merle Frohms altera el primer eslabón de la cadena defensiva, esa portera que no solo detiene, sino que ordena, que transmite seguridad y que permite al equipo defender más alto. Sin ella, el Real Madrid debe ajustar su salida de balón, su altura defensiva y su gestión del riesgo. Antonia Silva, ausente también, deja un hueco de liderazgo en la zaga, una de esas jugadoras que sostienen al equipo incluso cuando no aparecen en las estadísticas.

    Y luego está Tere Abelleira. Su recuperación del cruzado sigue siendo una herida abierta en el corazón futbolístico del Real Madrid. Porque Tere no es solo una centrocampista; es una idea. Es la pausa, el tempo, la capacidad de leer el partido desde una altura privilegiada. Sin ella, el equipo blanco ha tenido que redistribuir funciones, acelerar procesos y asumir riesgos que, en partidos como este, pueden marcar la diferencia. A su ausencia se suma la de Hanna Bennison, una jugadora capaz de romper líneas, de aportar energía y llegada desde la segunda línea, justo lo que se necesita cuando el rival se encierra y el marcador no se mueve.

    Aun así, el Real Madrid CF no llega debilitado. Llega exigido. Y esa exigencia puede ser un arma de doble filo. Porque obliga a ganar, sí, pero también genera una tensión interna que, si no se gestiona bien, puede convertirse en precipitación. En Riazor, la paciencia es una virtud escasa. El Deportivo lo sabe y lo explotará. Cada minuto que pase sin que el Real Madrid se adelante en el marcador será un pequeño triunfo emocional para las locales, una grieta por la que se cuela la duda.

    El recuerdo del 4-0 de la primera vuelta flota en el ambiente como una referencia inevitable, pero engañosa. Aquél fue un partido jugado en un contexto completamente distinto, con un Real Madrid dominante desde el inicio y un Deportivo que no encontró respuestas. Pero el fútbol no es una ciencia exacta, y menos aún en esta liga. Riazor cambia las reglas del juego. El espacio es diferente, la presión ambiental es distinta, y el Deportivo Abanca ha crecido desde entonces. Lo que en aquel partido fue distancia, hoy puede ser disputa.

    La retransmisión por DAZN y Movistar+ amplifica cada gesto, cada mirada, cada diálogo entre jugadoras. El fútbol femenino ya no se juega solo para los presentes en el estadio; se juega para una audiencia cada vez más amplia y exigente, que analiza, compara y valora. Cada partido como este es una oportunidad para consolidar el relato de una liga que quiere ser referencia y que necesita encuentros de alto voltaje emocional para seguir creciendo.

    Y entonces llega el momento. El túnel, el césped, el himno que resuena en un estadio que sabe reconocer las grandes ocasiones. El Deportivo Abanca sale con la determinación de quien defiende su casa. El Real Madrid CF, con la concentración de quien sabe que no puede fallar. Noventa minutos por delante para dirimir mucho más que tres puntos.

    El partido se construye desde los detalles. Desde el primer duelo ganado, desde la primera falta táctica, desde el primer balón dividido que se convierte en mensaje. El Deportivo no se esconde. Compite. Ajusta líneas, cierra pasillos interiores, obliga al Real Madrid a jugar por fuera, a centrar, a repetir acciones. El Real Madrid insiste, mueve el balón, intenta acelerar, pero se encuentra con un bloque gallego que interpreta cada situación con una madurez impropia de un equipo al que durante años se le exigió solo sobrevivir.

    Riazor empuja. Cada despeje se celebra, cada recuperación se aplaude, cada transición genera un murmullo expectante. El estadio entiende el partido y acompaña. El Deportivo Abanca no necesita dominar la posesión para sentirse cómodo. Necesita sentir que el partido está donde quiere. Y durante muchos tramos, lo está.

    El Real Madrid, mientras tanto, busca soluciones. Ajusta alturas, intenta romper por dentro, acelera la circulación. Sabe que un gol puede cambiarlo todo, pero también sabe que cada minuto sin marcar alimenta la fe del rival. La gestión emocional se convierte en el eje central del duelo. No es solo fútbol; es resistencia psicológica.

    Así avanza el partido, como una novela que se escribe frase a frase, sin prisas, cargada de tensión. Cada jugadora entiende que este encuentro tiene un peso que va más allá de la clasificación. Para el Deportivo, es la confirmación de que pertenece a esta conversación. Para el Real Madrid, es la obligación de demostrar que, pese a las bajas y las decepciones recientes, sigue siendo un equipo construido para ganar.

    Y en ese cruce de caminos, en ese punto exacto donde la épica se encuentra con la realidad, el fútbol femenino español vuelve a ofrecer una imagen poderosa: la de un estadio histórico, dos proyectos sólidos y noventa minutos de verdad absoluta. Riazor no juzga; Riazor observa. Y lo que ocurra sobre su césped quedará inscrito, una vez más, en la memoria de una liga que sigue escribiendo su historia a base de partidos como este.

    Cuando quieras, continúo con la siguiente parte hasta llevar el texto mucho más allá, profundizando aún más en el desarrollo emocional, el desenlace simbólico y la lectura global de lo que este partido significa para la Liga F Moeve y para el futuro inmediato de ambos clubes.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🏆 Liga F Moeve | Temporada 2025-2026

    🔷 Jornada dieciocho

    🔥 Deportivo Abanca vs Real Madrid 🔥

    📅 Domingo 1 de febrero de 2026

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 DAZN

    🏟️ Estadio de Riazor, A Coruña

    El duelo al detalle |

    (Fuente: RFEF)

    Los onces |

    Riazor amaneció con esa solemnidad que solo conocen los estadios que han visto demasiada historia como para sorprenderse fácilmente, pero que aun así se estremecen cuando el fútbol vuelve a reclamar su lugar. El Deportivo Abanca y el Real Madrid CF se citaron en una mañana de invierno que no entendía de categorías ni de presupuestos, solo de emociones compartidas y de una grada que volvió a reconocerse en el espejo de su equipo. Antes incluso de que el balón rodara, el partido ya había empezado a escribirse en los gestos, en los símbolos, en esa camiseta especial con la que las jugadoras blanquiazules saltaron al césped en apoyo a su compañera Millene Cabral, lesionada pero presente en cada mirada, en cada aplauso, en cada latido colectivo. El fútbol femenino volvió a demostrar que no es solo juego, que es relato humano, comunidad y memoria.

    El saque de honor lo realizó María Jesús Gómez, pionera, nombre propio de una historia que no siempre tuvo focos ni retransmisiones, pero que hoy encontró continuidad en un estadio lleno de significado. Ese gesto, aparentemente sencillo, conectó pasado y presente en un mismo instante, como si Riazor entendiera que todo lo que estaba a punto de ocurrir formaba parte de una línea temporal más amplia, más profunda. Y cuando el balón comenzó a rodar, lo hizo con una intensidad que no necesitó minutos de tanteo.

    El Real Madrid quiso marcar territorio desde el inicio. Athenea del Castillo fue la primera en intentarlo, encarándose con su banda como quien sabe que el desequilibrio es una forma de declaración de intenciones.

    Pero el Deportivo Abanca no se replegó por miedo, sino por convicción. Supo esperar, medir, leer el partido como quien entiende que no todos los golpes se lanzan al inicio. Y fue entonces, en el minuto quince, cuando el estadio explotó en una jugada que condensó todo lo que el Deportivo había preparado.

    Paula Gutiérrez recibió el balón cerca del pico del área, levantó la cabeza con esa calma que solo tienen las futbolistas que entienden el juego un segundo antes que el resto, y dibujó un centro medido, tenso, con la trayectoria exacta para que alguien atacara el espacio. Lucía Martínez apareció desde atrás, se elevó con determinación y conectó un testarazo poderoso, seco, que no dio opción alguna. El balón besó la red y Riazor rugió. No fue solo un gol; fue una afirmación. El Deportivo Abanca golpeaba primero y lo hacía desde su identidad: banda, centro preciso, remate al límite del área pequeña y una grada que empujaba como si cada aficionada y aficionado hubiera cabeceado ese balón para abrir la lata con el 10 en el minuto 15 de juego, saltaba la sorpresa.

    Pero el Real Madrid no es un equipo que se descomponga con facilidad. Apenas dos minutos después, cuando todavía resonaban los cánticos y el eco del primer gol, llegó la respuesta. Caroline Weir colocó el balón en la esquina para ejecutar un saque de esquina que parecía rutinario, pero que escondía veneno. El envío fue preciso, quirúrgico, y encontró en el segundo palo a Rocío Gálvez, que atacó el espacio con convicción y cabeceó con potencia para igualar el encuentro. El silencio momentáneo en Riazor fue casi respetuoso, como si el estadio reconociera la calidad del golpe recibido. El partido volvía a empezar amén al 11 de la exjugadora del Levante U.D. en el 17 de juego.

    Un gol cargado de significado para la delantera danesa, que volvía a ser titular tras superar una lesión y que celebró el tanto como quien se sacude un peso de encima. El Real Madrid se ponía por delante y parecía haber encontrado el camino.

    Ese gol cambió el ritmo emocional del duelo. El Real Madrid se sintió cómodo durante unos minutos, adelantó líneas y empezó a encontrar espacios. Y no tardó en culminar la remontada. Toletti robó un balón en campo rival, una de esas recuperaciones que no siempre aparecen en las estadísticas pero que definen partidos. Combinó rápidamente con Athenea, que volvió a demostrar por qué es una amenaza constante cuando recibe con metros por delante.

    La cántabra puso un centro raso, fuerte, al corazón del área, y allí apareció Signe Bruun para cazar el balón y empujarlo al fondo de la red y poner el 12 que culminó la remontada en el 21, en el ecuador de la primera mitad.

    Pero el Deportivo Abanca no se rompió. Al contrario. Entendió que el partido seguía vivo y que Riazor aún tenía cosas que decir. Ainhoa Marín lo intentó primero, buscando el empate con valentía, pero fue Esperanza Pizarro quien terminó encontrando el premio. De nuevo, la jugada nació en la banda, de nuevo Paula Gutiérrez fue protagonista, levantando la cabeza y colgando un centro desde el pico del área con una precisión casi milimétrica. Pizarro atacó el balón con fe, se elevó entre defensoras y cabeceó con potencia para devolver la igualdad al marcador.

    El 22 en el 25 del choque fue un estallido colectivo, una reivindicación de que el Deportivo no estaba dispuesto a ser un actor secundario en su propio estadio

    La primera parte se cerró con esa sensación de equilibrio tenso, con el Real Madrid intentando marcharse por delante antes del descanso mediante un tímido disparo de Weir que no encontró portería, y con el Deportivo defendiendo cada balón como si fuera el último. El partido estaba exactamente donde quería estar: abierto, vivo, emocionalmente cargado.

    Tras el paso por vestuarios, Pau Quesada movió ficha. María Méndez y Linda Caicedo saltaron al terreno de juego, buscando refrescar al equipo y añadir profundidad y desborde. Precisamente la colombiana fue una de las primeras en probar fortuna, con un disparo que se perdió rozando el palo, arrancando un suspiro colectivo en la grada. Lucía Martínez respondió con un disparo desde fuera del área, demostrando que el Deportivo no renunciaba a nada.

    El Real Madrid empezó a empujar con más insistencia con las entradas de Angeldahl y Alba Redondo. El partido se fue inclinando poco a poco hacia el área local, no tanto por asedio constante, sino por acumulación de intenciones. Y en el minuto 72 llegó la jugada que cambió definitivamente el signo del encuentro. Inês Pereira derribó a Alba Redondo dentro del área y la colegiada no dudó en señalar el punto de penalti. Caroline Weir asumió la responsabilidad. Engañó a la guardameta portuguesa con una calma pasmosa y transformó el lanzamiento para poner el 23 que devolvió la ventaja a las foráneas en el minuto 73 de juego.

    El Deportivo Abanca intentó reaccionar. La entrada de Redru y de Marisa buscó agitar el partido, devolverlo al terreno de la incertidumbre. Pero el Real Madrid supo manejar los tiempos, enfriar el ritmo cuando fue necesario y proteger su ventaja con oficio. Y ya en el minuto 89, cuando el reloj empezaba a dictar sentencia, llegó la acción definitiva. Un agarrón de Barth sobre Rocío Gálvez dentro del área fue castigado con un nuevo penalti. De nuevo Caroline Weir. De nuevo once metros. Y de nuevo sangre fría. La escocesa no falló, firmó su doblete y sentenció el partido con el 24 definitivo sobre el minuto 89 que finiquitó la incertidumbre reinante.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El pitido final dejó a las madridistas en la segunda posición con 41 puntos, reafirmando su condición de perseguidoras del FC Barcelona, mientras que el Deportivo Abanca se mantiene con 17 puntos, ocho por encima del descenso, con la certeza de haber competido, de haber mirado de frente a uno de los grandes y de haber salido reforzado en lo que no siempre se mide en la clasificación.

    Riazor despidió a las suyas con aplausos. Porque hay derrotas que no se explican solo por el marcador. Porque hay partidos que, incluso perdiendo, dejan huella.

    Y porque el fútbol femenino, cuando se juega así, cuando se cuenta así, se convierte en algo más que un resultado.

    Porque hay partidos que no se explican solo con el marcador. Hay partidos que se quedan. Y este Deportivo Abanca–Real Madrid CF fue uno de ellos. Un partido que habló de humanidad antes de empezar, con camisetas de apoyo y saques de honor cargados de memoria. Un partido que habló de fútbol durante noventa minutos intensos, cambiantes, exigentes. Y un partido que, al terminar, dejó una certeza clara: la Liga F Moeve sigue creciendo cuando se juega y se cuenta así, con alma, con contexto y con la convicción de que cada encuentro es una pieza más de una historia que ya nadie puede detener.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    Deportivo Abanca : Deportivo ABANCA (2): Inês Pereira; Paula Novo (Samara 68′), Barth, Raquel García (Elena Vázquez 89′), Vera; Paula Gutiérrez (Latorre 89′), Lucía Martínez (Redru 75′), Olaya; Lucía Rivas (Marisa 75′), Espe Pizarro, Ainhoa Marín.

    Real Madrid (4): Misa; Shei, Andersson (María Méndez 46′), Rocío, Holmgaard; Irune (Angeldahl 60′), Toletti (Silvia Cristóbal 80′); Athenea (Linda Caicedo 46′), Weir, Feller; Bruun (Alba Redondo 60′).

    Árbitra: Planes Terol (Colegio Murciano). Amonestó a Lucía Martínez (minuto 66) y Raquel García (minuto 68), Inês Pereira (minuto 72) y Barth (minuto 88).

    Estadio: Riazor (A Coruña). Asistencia: 1.679 espectadores.

    Goles |

    1-0 Lucía Martínez 15’ ⚽️
    1-1 Rocío Gálvez 16’ ⚽️
    1-2 Signe Brunn 21’ ⚽️
    2-2 Esperanza Pizarro 25’ ⚽️
    2-3 Caroline Weir (P.) 73’ ⚽️
    2-4 Caroline Weir (P.) 89’ ⚽️

    Vídeo |

  • Reportaje | CAT, la mascota que se convirtió en leyenda: cómo un simple peluche encendió el corazón blaugrana

    (Fuente: Liga F Moeve!

    ◼️En un mundo donde los ídolos se miden por goles y trofeos, una criatura diminuta y aparentemente trivial irrumpió en el cosmos del FC Barcelona con la fuerza de un huracán: CAT, la mascota que no necesitó botas ni camisetas para convertirse en símbolo, fenómeno viral y objeto de deseo universal, cuyo peluche agotado se ha transformado en reliquia moderna, capaz de unir generaciones, redes sociales y la propia esencia de la ciudad condal bajo un mismo rugido de admiración.

    El relato comienza en los silencios del Camp Nou, en esos pasillos donde el eco de los himnos se mezcla con el aroma del césped recién cortado. Allí nació CAT, no de un diseño accidental, sino de la obsesión por capturar la identidad de un club que no es solo un club, sino una forma de vida. Con ojos grandes y vivaces, pelaje que parecía fundirse con los colores blaugranas y una sonrisa que contenía todas las promesas del fútbol, CAT apareció primero en las ilustraciones digitales del Barça Foundation, como si alguien hubiera decidido que la historia del club necesitaba un guardián diminuto, una presencia que pudiera viajar más allá de los goles y los títulos, que pudiera posarse en los hombros de los más pequeños y en los brazos de los veteranos, uniendo a todos con un gesto silencioso pero poderoso: “esto es Barça”.

    El fenómeno no tardó en estallar. CAT se deslizó por las redes con la misma agilidad con la que un delantero escapa de la marca. En TikTok, en Instagram, en todas las plataformas posibles, los aficionados comenzaron a replicar su imagen, dibujar sus aventuras, inventar relatos donde la mosca —o gato, según la imaginación— no solo observaba el fútbol, sino que participaba de él. Cada meme, cada animación, cada fan art aumentaba su estatura simbólica. No había partido que no la mencionara; no había campaña publicitaria que no intentara tocar su aura, pero CAT ya pertenecía a la comunidad, un ídolo autoimpuesto, un espíritu que no podía comprarse con dinero.

    Y sin embargo, el dinero llegó. Porque cuando el peluche oficial de CAT salió a la venta, ocurrió algo que los mercadólogos sueñan pero raramente ven: se agotó en minutos. Desde la Barça Store online hasta las tiendas físicas en Barcelona, nadie podía tocarlo sin ver la palabra mágica: agotado. En la narrativa de CAT, el peluche dejó de ser un simple objeto; se transformó en talismán, en reliquia moderna, en objeto de deseo que hacía latir más rápido el corazón de los coleccionistas, los niños que soñaban con él y los adultos que recordaban su primer partido en el Camp Nou. Algunos acudían a reventas, donde los precios, inflados por la escasez, parecían acercarse al valor de un pequeño tesoro: entre 90 y 100 € para quien quisiera poseerlo, y aún así, la gente hacía cola virtualmente, como si fuera la entrada para ver a Messi en su mejor época, esperando, con la respiración contenida, que CAT les concediera un pedazo de magia blaugrana.

    Pero CAT no es solo un peluche; es la metáfora de un Barça que se reinventa constantemente. En cada gesto, en cada imagen compartida, se percibe la identidad de un club que respira historia y modernidad a la vez. CAT representa el ingenio catalán, la elegancia urbana y la pasión deportiva; simboliza que en un estadio lleno de gritos y banderas, también hay espacio para la ternura y la creatividad. Y quizá, eso sea lo que ha llevado a la mascota a trascender la simple función de entretenimiento: no es solo una figura, sino un puente entre generaciones, un hilo conductor que conecta la nostalgia de quienes crecieron con Cruyff con la emoción de quienes descubren a Xavi y Pedri, una mosca diminuta que vuela entre los recuerdos y los sueños de millones de aficionados.

    en los primeros destellos CAT había surgido como un simple símbolo, ahora ya se erguía como un héroe mítico, capaz de atravesar generaciones y fronteras con la misma naturalidad con la que el Barça atraviesa la historia del fútbol. No era necesario que hablara ni que se moviera: su sola presencia evocaba recuerdos, sueños y emociones acumuladas durante décadas. Para los aficionados más jóvenes, CAT era la puerta de entrada a un mundo lleno de pasión y narrativas que hablaban de superación, identidad y orgullo. Para los veteranos, era el reflejo de una tradición que seguía viva, transformada y adaptada al ritmo de los tiempos modernos, donde las redes sociales y la viralidad se convirtieron en nuevos estadios donde se libran batallas silenciosas, pero igual de emocionantes que cualquier clásico del Camp Nou.

    El peluche oficial, agotado y casi inalcanzable, era el artefacto que concentraba toda esa energía. No era un objeto cualquiera; era un testigo material de la leyenda. Aquellos que lograban tenerlo entre sus manos lo percibían como un símbolo de privilegio y cercanía con el club, como si sostenerlo fuera tocar un fragmento del espíritu del Barça. Cada hilo de su pelaje, cada detalle de sus ojos y su expresión contenían historia, imaginación y afecto. En los hogares de los aficionados, el peluche se erguía como un guardián silencioso de la identidad blaugrana: lo observaba todo, recordaba goles imposibles, noches de gloria, abrazos compartidos y lágrimas de derrota, mientras los colores blaugrana se desplegaban en cada rincón.

    La viralidad de CAT no solo dependía de su diseño o su merchandising. Su fuerza residía en la manera en que se insertaba en la narrativa personal de cada aficionado. Las historias que surgían alrededor de él eran innumerables: padres que le contaban a sus hijos cómo CAT los acompañaba en sus primeras visitas al estadio; jóvenes que compartían fotos de sus peluches junto a camisetas firmadas; creadores que reinterpretaban su figura en ilustraciones y animaciones, convirtiéndolo en un protagonista de relatos propios que circulaban por Instagram, TikTok y Twitter. Cada publicación, cada historia, alimentaba un mito colectivo que ya no pertenecía únicamente al FC Barcelona, sino a todos aquellos que sentían que su vida de alguna manera estaba marcada por él.

    El fenómeno alcanzaba dimensiones casi literarias cuando se observaba desde la perspectiva cultural. CAT no era solo un ícono comercial ni una mascota simpática; era un símbolo de pertenencia, un punto de encuentro entre tradición y modernidad. Su figura aparecía en murales urbanos, en ilustraciones de artistas locales, en stickers que adornaban las paredes de la ciudad, y hasta en intervenciones artísticas dentro del Camp Nou. Barcelona, ciudad de creatividad y pasión, había adoptado a CAT como un emblema no oficial: un pequeño guardián que recorría la ciudad invisible, pero omnipresente, recordando a todos la importancia de la identidad, la memoria y la emoción compartida.

    Incluso el hecho de que su peluche estuviera agotado reforzaba esta narrativa épica. La escasez no era un inconveniente, sino un elemento esencial de su leyenda. Cada vez que alguien conseguía uno, no solo adquiría un muñeco: obtenía un fragmento tangible de la mitología moderna del Barça. Los precios de reventa elevados eran un reflejo de la devoción y el valor simbólico que se le atribuía; no se trataba de un simple comercio, sino de la perpetuación de un mito que se construía colectivamente con cada transacción, cada historia y cada emoción compartida. Incluso la espera, el deseo y la frustración por no poder conseguirlo formaban parte de la experiencia narrativa: un rito moderno que transformaba lo material en leyenda.

    Lo más fascinante es que CAT lograba algo que pocas mascotas consiguen: su historia trascendía lo deportivo para convertirse en mito urbano y cultural. Era un puente entre generaciones, entre recuerdos y sueños, entre lo tangible y lo digital. Cada aficionado que lo contemplaba, lo sostenía o simplemente lo veía en redes sentía que formaba parte de algo más grande: un relato épico que conectaba la historia de un club centenario con la emoción cotidiana de millones de personas. CAT no necesitaba ganar títulos ni marcar goles para ser recordado; su grandeza residía en su capacidad de evocar emociones universales, de conectar lo personal con lo colectivo, y de transformar un objeto diminuto en un símbolo de pertenencia y orgullo.

    El relato de CAT continuaba expandiéndose a medida que nuevos aficionados lo descubrían, lo compartían y lo reinterpretaban. Su peluche agotado se convirtió en un talismán de la memoria, un guardián de la pasión y un recordatorio constante de que el Barça no es solo un club de fútbol, sino una experiencia compartida que se transmite de generación en generación. Cada historia de alguien que poseía el peluche o lo buscaba con devoción añadía un capítulo a la leyenda, reforzando la idea de que, en el corazón blaugrana, incluso lo más pequeño puede convertirse en un héroe inmortal.

    En el horizonte de la ciudad condal, donde las sombras del Camp Nou se alargan al caer la tarde y los murmullos de las victorias pasadas se mezclan con los sueños del futuro, CAT se alza como un guardián silencioso. Su figura, diminuta pero poderosa, es ahora más que un simple personaje: es mito, relato y emblema de una pasión que trasciende el tiempo. Cada aficionado que lo mira, que lo sostiene o que simplemente conoce su historia, participa de un ritual colectivo que convierte la emoción en memoria, y la memoria en leyenda.

    El peluche agotado, codiciado hasta el límite, se ha transformado en un artefacto casi sagrado, capaz de despertar la nostalgia de quienes vieron nacer al Barça moderno y la ilusión de quienes descubren el club en el presente. Su ausencia en las estanterías de la Barça Store solo refuerza la idea de que no se trata de un objeto común: es un símbolo de pertenencia y deseo, un vínculo tangible entre la historia del club y los sueños individuales. Los precios de reventa, elevados y fluctuantes, no disminuyen su valor emocional; al contrario, lo aumentan, recordando que la verdadera grandeza no se mide solo en dinero, sino en capacidad de inspirar y unir.

    Pero CAT no se limita al peluche. Su influencia se extiende por la narrativa digital y urbana: vídeos virales, ilustraciones callejeras, memes que cruzan continentes y generaciones. En cada publicación, en cada historia, CAT refuerza su papel como héroe colectivo. Su figura puede ser pequeña, pero su presencia es omnipresente: observa partidos, acompaña a los aficionados en sus casas, en los viajes, en los estadios, como si flotara entre la realidad y el mito, siempre recordando que la grandeza puede existir incluso en lo más diminuto.

    Los relatos que surgen alrededor de CAT son infinitos. Niños que sueñan con abrazarlo mientras cuentan goles, jóvenes que lo incluyen en fotografías con amigos como amuleto de suerte, adultos que lo atesoran como recuerdo de épocas pasadas. Cada uno de estos relatos añade un capítulo a su leyenda, y cada historia compartida refuerza la idea de que CAT no es simplemente una mascota: es el espíritu del Barça materializado, una conexión entre el club y sus seguidores que va mucho más allá de lo que cualquier trofeo podría ofrecer.

    Incluso en los rincones donde no hay fútbol, CAT deja su marca. En murales, ilustraciones urbanas, stickers en paredes del Born y del Raval, su figura es testimonio de un fenómeno cultural que trasciende los límites del deporte. Cada aparición fortalece su aura, recordando a los aficionados que la pasión blaugrana no se mide en goles o títulos, sino en los símbolos que logran unir emociones, generaciones y lugares. En cada hilo del peluche, en cada trazo de ilustración, se percibe la historia de un club que sabe que la verdadera magia está en los detalles, en los gestos y en los recuerdos compartidos.

    El peluche de CAT, aunque agotado, sigue siendo buscado, amado y venerado. No importa que no todos puedan poseerlo: su existencia, aunque intangible para muchos, es suficiente para mantener vivo un mito. Cada publicación en redes, cada historia de fans, cada ilustración urbana refuerza la narrativa: CAT es el héroe que no necesita anotar goles para ser recordado, que no necesita títulos para ser admirado. Su grandeza reside en su capacidad de unir, emocionar e inspirar, en su forma de aparecer en la memoria colectiva de millones de personas como un símbolo de alegría, pertenencia y pasión por el Barça.

    En última instancia, CAT es más que un personaje. Es el reflejo de la identidad blaugrana, una metáfora de cómo la grandeza puede surgir de lo pequeño y cómo la pasión puede convertir un peluche en mito. Su historia nos recuerda que la emoción compartida, la creatividad y el afecto son los verdaderos motores de la leyenda, y que, incluso en un mundo saturado de ídolos y estrellas, una criatura diminuta puede conquistar el corazón de todos y trascender el tiempo, el espacio y la propia realidad.

    Así, la mosca que nunca voló en los campos de fútbol se transforma en héroe inmortal, y el peluche agotado que algún día fue simple objeto se convierte en símbolo eterno de un club, una ciudad y una pasión que nunca se extingue. Cada mirada, cada abrazo y cada historia contada acerca de CAT confirma lo evidente: la verdadera leyenda no se mide por trofeos ni títulos, sino por la capacidad de hacer latir más fuerte el corazón de quienes creen, sueñan y aman. Y en ese sentido, CAT ya ha ganado todo.

    así, mientras los últimos rayos del sol acarician las gradas vacías del Camp Nou y la ciudad de Barcelona se viste con los colores blaugrana, CAT permanece vigilante, diminuto pero eterno, observando cómo generaciones de aficionados se enamoran, se emocionan y sueñan con él. No necesita goles para ser recordado ni trofeos para ser venerado; su grandeza reside en su capacidad de unir historias, emociones y corazones a través del tiempo. Cada mirada que se posa sobre su figura, cada abrazo que alguien le da, cada historia que se comparte en redes o en una charla entre amigos, confirma que CAT no es solo una mascota: es un héroe inmortal, un símbolo que vuela entre la realidad y la leyenda.

    El peluche oficial, la materialización de este mito, es ahora objeto de deseo supremo. Originalmente lanzado por la Barça Store a un precio de 34,99 €, se agotó en minutos debido a la intensidad de la demanda. Su escasez no disminuye su poder, sino que lo amplifica: cada ejemplar es un fragmento tangible de la historia blaugrana, un talismán que conecta a quien lo sostiene con toda la pasión y creatividad que CAT representa. Actualmente, para quienes buscan hacerse con él, la vía oficial sigue siendo la Barça Store online y las tiendas físicas del club, donde se puede consultar la disponibilidad y las reposiciones futuras. Para quienes no logran adquirirlo allí, existen mercados de segunda mano y plataformas de reventa, donde los precios pueden oscilar entre 90 y 100 € o incluso más, dependiendo del estado y la demanda. Cada intento de conseguirlo, cada espera y cada historia compartida refuerza su aura mítica: no es solo un peluche, es la encarnación de un sueño blaugrana.

    Así, CAT sigue su vuelo invisible sobre la ciudad y los corazones de millones. No importa dónde estés, su presencia se siente en cada gesto de orgullo, en cada cántico en las gradas, en cada relato que une a padres e hijos, jóvenes y veteranos, locales y aficionados de todo el mundo. El mito de CAT y su peluche oficial nos recuerda que la verdadera grandeza puede surgir de lo diminuto, que la pasión no se mide en trofeos sino en emociones compartidas, y que un héroe no necesita ser gigante para ser eterno.

    El FC Barcelona presentó oficialmente el pasado 4 de diciembre el nuevo peluche CAT, la mascota que se ha convertido en el último producto estrella del club. El acto tuvo lugar en el Museo Inmersivo del Barça, donde los invitados, pudieron ver por primera vez el diseño final del muñeco que aspira a convertirse en el regalo blaugrana más buscado en los últimos tiempos.

    peluche es una replica de la mascota del 125º aniversario de la entidad culé, vestido precisamente con la equipación que lució el equipo de Pere Romeu la temporada pasada para la efeméride del club azulgrana.

    El peluche CAT tiene un precio único de 34,99 euros. No existen versiones en diferentes tamaños ni modelos alternativos: el club ha optado por lanzar una sola versión oficial.

    Al final, sostener el peluche de CAT no es simplemente poseer un objeto: es abrazar una leyenda, sentir la vibración de toda una ciudad y un club, y convertirse en parte de una historia que seguirá creciendo mientras el Barça y sus aficionados existan. Y en esa dimensión, la mosca más diminuta de Barcelona se transforma en símbolo eterno de un corazón que late blaugrana, siempre, para siempre.

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    (Fuente: Liga F Moeve)
  • La crónica | El DUX ya sonríe en Liga F

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️ El DUX Logroño vence en casa del Alhama ElPozo (0-4) y sale del descenso.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Lo que se juega este sábado 31 de enero a las 17:00 horas en el Estadio Francisco Artés Carrasco de Lorca de Murcia trasciende cualquier etiqueta convencional de “partido de Liga”. No es una jornada más, no es un simple cruce entre dos equipos de la zona baja, no es una tarde cualquiera de fútbol femenino. Es un punto de inflexión, una frontera emocional, deportiva y casi existencial para dos proyectos que llevan meses caminando sobre el alambre, con el vértigo constante del descenso marcando cada paso, cada decisión y cada balón dividido. Alhama CF ElPozo y DUX Logroño se citan en un duelo directo por la permanencia que condensa en noventa minutos el peso de una temporada entera, la angustia acumulada de semanas sin ganar, la esperanza renovada —o agotada— de mercados invernales, cambios de banquillo, reconstrucciones forzadas y una Liga F Moeve que no concede tregua ni margen de error a quienes se quedan atrás.

    El contexto es demoledor. El Alhama CF ElPozo llega a esta cita marcando la frontera de la salvación con 9 puntos, tres por encima de su rival, pero con una dinámica que invita más a la preocupación que al alivio. Las murcianas no ganan en Liga desde el 5 de octubre, una eternidad en términos futbolísticos, un periodo que ha ido erosionando la confianza del vestuario, la paciencia de la grada y la tranquilidad del entorno. Desde aquel triunfo, cada jornada ha sido una mezcla de resistencia, frustración y oportunidades que se escapaban por detalles mínimos o por errores castigados con una crudeza implacable. Ni siquiera la llegada de Randri García al banquillo ha logrado revertir la inercia negativa. El cambio de entrenador trajo ajustes, nuevas ideas y un discurso renovado, pero no el elemento más ansiado: la victoria. Y en la Liga F, cuando los resultados no acompañan, el tiempo se convierte en un enemigo silencioso que va estrechando el margen hasta asfixiar cualquier proyecto.

    Frente a ellas aparece un DUX Logroño herido, necesitado, casi desesperado, pero también cargado de una sensación extraña, mezcla de urgencia y oportunidad. Las riojanas ocupan la 15ª posición con 6 puntos y son, a estas alturas del campeonato, el único equipo que todavía no ha conseguido ganar un partido. Esa estadística, demoledora por sí sola, pesa como una losa cada fin de semana. Cada empate sabe a poco, cada derrota se vive como un paso más hacia el abismo, pero al mismo tiempo, cada jornada sin victoria alimenta la idea de que el primer triunfo tiene que llegar en algún momento, y cuando lo haga, puede cambiarlo todo. El DUX ha vivido una auténtica revolución en este mercado invernal, con seis incorporaciones que han alterado por completo la fisonomía del equipo, el once tipo, las jerarquías internas y, sobre todo, la narrativa de un proyecto que se negaba a resignarse a un destino escrito demasiado pronto.

    Este partido, además, no se entiende sin mirar atrás. El choque de la primera vuelta terminó con un 2-4 favorable al Alhama CF ElPozo en Las Gaunas, un resultado que entonces parecía confirmar que las murcianas estaban un escalón por encima en este particular pulso por la permanencia. Aquel día, el Alhama mostró una eficacia ofensiva que hoy parece lejana, mientras que el DUX evidenció fragilidades defensivas que han perseguido al equipo durante buena parte de la temporada. Sin embargo, el fútbol rara vez respeta los precedentes cuando el contexto cambia de forma tan radical como lo ha hecho desde entonces. Hoy ambos equipos llegan con plantillas distintas, estados anímicos distintos y una presión acumulada que multiplica el valor de cada acción.

    Para el Alhama CF ElPozo, ganar este partido significaría algo más que tres puntos. Sería romper una racha psicológicamente devastadora, reafirmar el trabajo del nuevo cuerpo técnico y, sobre todo, abrir una brecha de seis puntos con un rival directo que podría resultar definitiva en la lucha por evitar el descenso. Sería, en palabras simples, un paso de gigante hacia la permanencia. Pero perder —o incluso empatar— reabriría todas las heridas, devolvería la ansiedad al primer plano y permitiría al DUX Logroño aferrarse a la idea de que la salvación sigue siendo posible. El margen es tan estrecho que no hay espacio para la especulación.

    El Alhama llega a este duelo con la carga de saber que juega en casa, ante su gente, en un escenario que debería ser refugio y fortaleza, pero que en los últimos meses se ha convertido también en un espejo incómodo donde se reflejan las dudas. El José Kubala ha visto pasar partidos en los que el equipo compitió, se adelantó incluso en el marcador, pero terminó cediendo por errores puntuales o por la incapacidad de cerrar los encuentros. La sensación de fragilidad en los minutos finales ha sido uno de los grandes lastres del equipo, una asignatura pendiente que Randri García ha intentado corregir con ajustes tácticos, mayor solidez defensiva y un enfoque más pragmático en determinados tramos de los partidos. Sin embargo, la frontera entre el pragmatismo y el miedo es fina, y en un partido como este, cualquier exceso de cautela puede convertirse en un arma de doble filo.

    En el plano futbolístico, el Alhama sabe que necesita recuperar su versión más competitiva, aquella que le permitió sumar puntos en el arranque del campeonato y mirar la tabla con cierta tranquilidad. Necesita volver a ser un equipo incómodo, intenso, capaz de morder arriba cuando el rival duda y de protegerse con orden cuando toca sufrir. La falta de victorias no ha borrado por completo la identidad del equipo, pero sí la ha erosionado. Y este partido exige, más que nunca, claridad de ideas y convicción en el plan.

    El DUX Logroño, por su parte, llega a Alhama con la sensación de estar ante una de esas oportunidades que no se repiten. Ganar significaría igualar a su rival en la clasificación, romper el maleficio de la primera victoria y dar sentido inmediato a la profunda remodelación invernal. Perder, en cambio, podría ser un golpe casi definitivo, no solo por la distancia en puntos, sino por el impacto emocional de seguir sin conocer el triunfo a estas alturas del curso. El equipo riojano ha cambiado caras, ha cambiado dinámicas y ha cambiado incluso el relato interno. Las seis incorporaciones han elevado el nivel competitivo de la plantilla, han generado competencia interna y han permitido al cuerpo técnico disponer de más variantes tácticas. La única que todavía no ha debutado es Welma Fon, cuya llegada ha despertado expectación y curiosidad, y cuya posible participación añade un elemento extra de incertidumbre al partido.

    La revolución del DUX no ha sido solo cuantitativa, sino también cualitativa. Se ha buscado experiencia, físico, capacidad para competir en contextos de máxima presión. Se ha buscado, en definitiva, dotar al equipo de herramientas para sobrevivir en una Liga F que castiga duramente cualquier debilidad estructural. Y aunque los resultados todavía no han llegado, en las últimas jornadas se han percibido brotes verdes, señales de un equipo más sólido, más ordenado, menos vulnerable a los golpes anímicos que antes lo descomponían. Falta, eso sí, el paso definitivo: ganar.

    Este partido, retransmitido en directo por DAZN, se convierte también en un escaparate de la crudeza y la belleza del fútbol de supervivencia. No habrá florituras innecesarias ni especulación estética. Habrá duelos, segundas jugadas, balones largos cuando haga falta, faltas tácticas, miradas al banquillo y al reloj, y una tensión que se podrá cortar con un cuchillo desde el primer minuto. Cada saque de banda, cada córner, cada balón dividido en el centro del campo tendrá un peso específico mayor que en cualquier otro contexto. Porque aquí, cada detalle cuenta.

    El recuerdo del 2-4 de la primera vuelta planea sobre el partido como una referencia incómoda para el DUX y un estímulo para el Alhama. Las murcianas saben que ya fueron capaces de hacerle daño a este rival, de encontrar espacios, de castigar sus errores. Las riojanas, en cambio, saben que no pueden permitirse repetir los mismos fallos, que aquel partido debe servir como lección y no como condena. La memoria futbolística es selectiva, pero en encuentros de esta naturaleza, los precedentes se convierten en gasolina emocional.

    Desde el punto de vista emocional, el choque es casi un examen de carácter. ¿Quién soportará mejor la presión? ¿Quién sabrá gestionar los momentos de adversidad? ¿Quién tendrá la sangre fría para aprovechar el error ajeno cuando aparezca? Porque aparecerá. En partidos así, los errores son inevitables. La diferencia entre sobrevivir o hundirse está en la capacidad para minimizar los propios y maximizar los del rival.

    El Alhama CF ElPozo juega con la ventaja —y la carga— de saber que una victoria puede cambiar radicalmente su horizonte inmediato. Pasar de 9 a 12 puntos, abrir hueco, respirar. Pero esa misma conciencia puede generar un exceso de responsabilidad, una rigidez que paralice en lugar de liberar. El DUX Logroño, por contra, juega con la urgencia del que no tiene nada que perder, del que necesita arriesgar porque el empate ya no basta. Esa mentalidad puede ser peligrosa para el rival si se canaliza bien, pero también puede convertirse en precipitación si no se gestiona con cabeza.

    En este escenario, los primeros minutos serán clave. El equipo que logre imponer su ritmo, ganar los primeros duelos y enviar el mensaje de que está preparado para la batalla, tomará una ventaja psicológica importante. Un gol tempranero podría desatar un terremoto emocional difícil de controlar para el equipo que lo encaje. Y un partido que llegue igualado al tramo final puede convertirse en una auténtica prueba de nervios, donde el miedo a perder pese más que el deseo de ganar.

    No es exagerado decir que este partido puede marcar un antes y un después en la temporada de ambos equipos. Para el Alhama, es la oportunidad de confirmar que, pese a la mala racha, sigue teniendo margen y recursos para mantenerse en la élite. Para el DUX Logroño, es la posibilidad de reescribir una temporada que hasta ahora ha sido una sucesión de golpes y frustraciones. En ambos casos, el resultado tendrá consecuencias que irán mucho más allá de la clasificación inmediata.

    La Liga F Moeve, en su exigencia constante, no espera a nadie. Cada jornada es una prueba, pero algunas, como esta, son juicios finales anticipados. El sábado en Alhama no habrá red de seguridad. Noventa minutos, un balón, dos equipos y una permanencia en juego. El fútbol, en su versión más cruda y más pura. Y cuando el árbitro señale el final, nada será igual para quien gane… ni para quien pierda.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El choque por la permanencia al detalle |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🏆 Liga F Moeve

    LigaFMoeve | #AlhamaDUXLogroño

    🤩 Temporada 2025-2026

    🔥 Alhama ElPozo 🆚 DUX Logroño 🔥

    ✨ 18º partido ✨

    🗓️ Sábado, 31 de enero de 2025

    🕢 17:00 horario peninsular

    📺 APP de DAZN

    🏟️ Estadio Francisco Artés Carrasco, Lorca

    Los onces |

    (Fuente: DUX Logroño)

    Lo que ocurrió en la tarde del sábado en el Estadio Francisco Artés Carrasco de Lorca no fue simplemente una victoria visitante ni un resultado abultado en un duelo directo por la permanencia. Fue una ruptura. Una fractura emocional y deportiva que partió en dos la temporada del Alhama CF ElPozo y del DUX Logroño, y que dejó una imagen imborrable en la memoria reciente de la Liga F Moeve 2025-2026. Un equipo que llegaba hundido, último, sin victorias, sin red, fue capaz de firmar el partido más completo, más cruel y más determinante de todo su curso para salir del descenso y cambiar de golpe su narrativa.

    El otro, que jugaba en casa y se sabía ante una oportunidad histórica de dar un paso casi definitivo hacia la salvación, se desmoronó sin encontrar respuesta, ni refugio, ni un solo argumento al que agarrarse cuando el partido empezó a escaparle de las manos.

    El 0-4 final no fue un accidente ni un castigo excesivo dictado por el azar. Fue la consecuencia lógica de un encuentro que el DUX Logroño entendió desde el primer minuto como una final absoluta, y que el Alhama CF ElPozo nunca consiguió leer ni emocional ni futbolísticamente. Porque cuando un partido se decide en la cabeza antes que en las piernas, el marcador suele reflejarlo con una contundencia que no admite matices ni discusión.

    El ambiente previo ya era denso, casi irrespirable. El Artés Carrasco, consciente de lo que había en juego, empujó desde el calentamiento a un Alhama que llevaba meses sin ganar y que necesitaba el triunfo como quien necesita aire para seguir avanzando. Pero ese mismo clima, lejos de liberar, atenazó. Cada pase horizontal era recibido con un murmullo inquieto, cada balón largo sin destinataria generaba impaciencia, cada pérdida alimentaba la sensación de que el tiempo corría más rápido de lo habitual. En frente, el DUX Logroño saltó al césped con una serenidad impropia de un equipo que hasta ese momento no había ganado ningún partido en toda la temporada. Serenidad, sí, pero no pasividad: había tensión competitiva, concentración máxima y una idea clara, trabajada, sobre cómo hacer daño.

    Desde el inicio quedó claro que las riojanas habían viajado a Lorca para algo más que sobrevivir. El bloque estaba junto, las líneas bien compactas, las vigilancias constantes y, sobre todo, había una agresividad positiva en cada duelo que descolocó a las murcianas. El Alhama quería llevar el peso del partido, pero lo hacía sin profundidad, con posesiones largas y estériles que chocaban una y otra vez contra un DUX sólido, paciente, esperando su momento sin ansiedad.

    Ese momento llegó pronto. Demasiado pronto para un Alhama que todavía no había conseguido asentarse en el encuentro. Apenas corría el minuto 6, cuando los nervios aún no se habían transformado en urgencia, cuando una acción dentro del área terminó con penalti señalado por la colegiada tras una falta sobre Laura Martínez. Isina tomó la responsabilidad sin dudarlo. Colocó el balón con calma, respiró hondo y ejecutó con precisión máxima. El disparo, potente y ajustado, superó a la guardameta y abrió el marcador con el 01 que cayó como un mazazo sobre el equipo local.

    Lejos de conformarse, Isina buscó inmediatamente el doblete con un gran disparo desde la frontal que obligó a la portera a sacar una mano extraordinaria a media altura. El DUX había olido sangre. El Alhama, herido, trató de reaccionar y gastó incluso un turno de FVS para reclamar un posible penalti de Milagros Martín sobre Yiyi. La revisión no prosperó. La colegiada desestimó la acción y el cero a uno se mantuvo en el electrónico en un primer tiempo intenso, físico, más emocional que estético, donde ninguno quiso regalar un centímetro.

    Las veintidós protagonistas se marcharon al túnel de vestuarios con una mínima ventaja visitante que parecía corta, peligrosamente corta, para lo que quedaba por delante. Todo podía dinamitarse en cualquier acción del segundo acto, y esa sensación de partido abierto mantenía al espectador atrapado, en tensión constante, esperando el siguiente golpe.

    Tras el descanso, el Alhama movió ficha. Adelantó líneas, subió el ritmo y estuvo cerca del empate con acercamientos constantes, incluso con un cabezazo que se estrelló en el poste y heló la sangre de las riojanas. Pero cuando mejor parecía estar el conjunto murciano, cuando el partido parecía inclinarse por inercia hacia el área visitante, fue el DUX quien volvió a golpear con una contundencia devastadora.

    Corría el minuto 61 cuando Flavine protagonizó una acción monumental desde su propio campo, sorteando a dos rivales con potencia y criterio antes de asistir en carrera a una recién ingresada Salomé Prat. La francesa, uno de los refuerzos invernales, se perfiló con clase y desde la frontal sacó un derechazo cruzado, precioso, imposible para Elena de Toro.

    El 0-2 fue una transición perfecta, un golpe quirúrgico que dejó helada a la afición local y que cambió por completo la temperatura emocional del partido.

    Con el 02, el Alhama siguió intentándolo, más por orgullo que por claridad. Y ahí emergió la figura de María Miralles, soberbia bajo palos, sosteniendo al DUX con intervenciones decisivas que terminaron de apagar cualquier intento serio de reacción local. El partido empezaba a inclinarse definitivamente.

    Y aún quedaba la sentencia. A falta de poco más de un cuarto de hora, Isina volvió a aparecer, esta vez como asistente, colgando una falta desde la derecha con precisión milimétrica. Iria Castro atacó el espacio con fe y contundencia para batir a Sol Belotto y celebrar el 03 en el minuto 75. Un gol que convirtió lo difícil en imposible para el Alhama y que confirmó que la tarde era completamente riojana.

    El encuentro ya estaba decidido, pero el DUX no quiso bajar el pie. En el minuto 89, Ximena Velazco revulsiva y eléctrica, firmó el 04 definitivo con un remate algo acrobático que cerró una obra coral, seria, madura, histórica para el conjunto logroñés.

    Ese último gol fue la firma final. El recordatorio definitivo de que el DUX Logroño no había venido solo a ganar, sino a mandar un mensaje rotundo a toda la zona baja de la tabla: este equipo está vivo. Muy vivo.

    Cuando el árbitro señaló el final, las consecuencias eran evidentes. El DUX Logroño salía del descenso, dejaba atrás meses de angustia y superaba a un rival directo, alterando de golpe el tablero de la lucha por la permanencia.

    Por primera vez en la temporada, la clasificación dejaba de ser una condena silenciosa para convertirse en un estímulo real.

    El Alhama CF ElPozo, en cambio, quedaba atrapado en una espiral peligrosa. La derrota no solo suponía perder tres puntos, sino también una ventaja psicológica clave. Sin Copa de la Reina Iberdrola, sin partidos que sirvan de refugio emocional, la Liga se convierte ahora en una sucesión de finales anticipadas.

    Porque hay partidos que no solo deciden una jornada.
    Hay partidos que redefinen una temporada entera.

    Y el 0-4 de Lorca fue exactamente eso: el día en que el DUX Logroño dejó de ser una promesa desesperada y pasó a ser un competidor real por la permanencia.
    El día en que el fútbol volvió a demostrar, una vez más, que nunca escribe el final antes de tiempo.

    Las riojanas se llevan los puntos que estaban en liza y experimentan la dulce sensación del triunfo por primera vez en la élite como DUX Logroño, la última vez que estuvieron en la Primera División Femenina todavía competían con EDF Logroño y acumulan ya 9 unidades que le colocan decimocuarto en la clasificación liguera.

    Por su parte, un Alhama ElPozo que debe renacer tras la llegada de una estrella española como María José Pérez, ya pone su atención en el siguiente capítulo que le medirá precisamente en el Heliodoro Rodríguez López al Costa Adeje Tenerife Egatesa.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    Alhama: Sol Belotto, Aitana, Nuria, Judith (Carla, 70′), Yiyi, R. Pinel (Patri, 67′), Ana Velázquez (Estefa, 67′), Nini (Astrid Álvarez, 46′), M. Gestera (Mari Jose, 46′), Encarni y Belén.

    DUX DUX Logroño: Miralles, Laura M., Asenjo (Salomé, 50′), Marta, Isina Corte, Annelie (Iria Castro, 62′), Martín, Falfán (Cata, 50′), Mawete (Velazco, 82′), Sandra (Giménez, 62′) y Rebeca.

    Goles |

    0-1 Isina (P.) 6’ ⚽️

    0-2 Salomé Prat 61’ ⚽️

    0-3 Iria Castro 75’ ⚽️

    0-4 Ximena Velazco 89’ ⚽️

    Árbitra: Beatriz Cuesta, que amonestó a Mawete (min 27); Ana (min 54); Cata (min 63); Encarni (min 88) con tarjeta amarilla.

    Vídeo |

  • La crónica | El Atlético toca madera en la visita del Granada

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️ El Atlético de Madrid firmó un empate (1-1) ante el Granada en un encuentro intenso y muy disputado, en el que hizo méritos suficientes para llevarse los tres puntos. El conjunto rojiblanco dominó amplias fases del duelo y rozó la victoria en varias ocasiones, pero la falta de acierto y la madera —hasta en tres remates— se aliaron con la mala fortuna para negarle un triunfo que pareció al alcance de la mano.

    La previa |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El fútbol, cuando se detiene a escucharse a sí mismo, sabe que hay partidos que no se juegan solo con once futbolistas, un árbitro y un balón. Hay mañanas en las que el césped se convierte en un espejo de lo que fue, de lo que se perdió y de lo que todavía puede ser.

    El sábado, 31 de enero de 2026, a las 12:00 del mediodía, en Alcalá de Henares, el Atlético de Madrid y el Granada CF se citan en uno de esos encuentros que no se explican solo con la clasificación, ni con la racha, ni siquiera con el estreno de un nuevo entrenador. Se citan en un partido que arranca con un brazalete verde en el brazo y una palabra que atraviesa todo: esperanza.

    Porque la Jornada 18 de la Liga F Moeve no es una jornada cualquiera. Es una jornada teñida de verde, un color que no pertenece a ningún escudo pero que representa a todas. Las futbolistas, los cuerpos técnicos y las árbitras portarán los Brazaletes de Esperanza bajo el lema “El símbolo que nos une”, un gesto que trasciende lo deportivo y convierte cada carrera, cada duelo y cada celebración en un acto de visibilidad, de acompañamiento, de conciencia colectiva. En un deporte que ha aprendido a ser altavoz, la Liga F vuelve a recordarse —y recordarnos— que el fútbol también puede abrazar.

    Y en ese contexto, con ese marco emocional que envuelve el fin de semana, aparece un duelo rojiblanco que parece escrito para el relato largo. Atlético de Madrid contra Granada C.F.

    Dos equipos que visten de rojo y blanco, dos caminos que se cruzaron la temporada pasada en la lucha por la Champions, dos estados de ánimo opuestos y, sin embargo, complementarios. Uno, buscando reencontrarse consigo mismo. El otro, cabalgando un inicio de año que ha borrado los fantasmas del otoño.

    El Atlético de Madrid llega a la cita en la quinta posición de la Liga F Moeve con 27 puntos, a diez de la zona Champions, una distancia que no es solo numérica, sino también simbólica. Diez puntos son diez latidos de diferencia entre el recuerdo de lo que este equipo fue y la incógnita de lo que puede volver a ser.

    La derrota en la semifinal de la Supercopa de España ante el Real Madrid (3-1) dejó cicatriz. El inesperado tropiezo en casa frente al Espanyol (0-1) profundizó la herida. Y, como consecuencia, el club decidió mover el timón con la salida de Víctor Martín Alba, ex del Madrid CFF.
    José Herrera se estrena en el banquillo colchonero. Lo hace sin red, sin tiempo y sin margen para el ensayo. Lo hace sabiendo que cada decisión será observada con lupa, que cada cambio será leído como un manifiesto y que cada victoria —o cada tropiezo— será interpretado como una pista del futuro. Herrera, ex preparador del Costa Adeje Tenerife Egatesa, aterriza en uno de los banquillos con más peso simbólico del fútbol femenino español, el del campeón de la Supercopa de España 2021, un club que no concibe la irrelevancia y que convive mal con la espera.

    No podrá contar con Gio Queiroz, baja sensible en el frente ofensivo, pero sí podría empezar a escribir la historia de Kathrine Møller Kühl, la centrocampista danesa que asoma como una de esas futbolistas llamadas a ordenar el caos, a poner pausa donde hubo prisa y a darle sentido a la posesión.
    Sus primeros minutos con la camiseta rojiblanca podrían llegar en un partido que exige cabeza fría y piernas calientes.
    Enfrente, el Granada es el equipo que ha hecho del cambio de año una declaración de intenciones. El equipo que se marchó al parón navideño herido, eliminado de la Copa de la Reina por la mínima ante el FC Badalona Women y con una sola victoria en sus últimos diez partidos ligueros. El equipo que necesitaba resetear y lo hizo. Año nuevo, vida nueva. No como lema vacío, sino como convicción.
    Las de Irene Ferreras han arrancado 2026 como un tiro. Tres partidos, tres victorias, cero goles encajados. Espanyol (0-2), DUX Logroño (1-0), Alhama CF ElPozo (2-0). Nombres distintos, contextos distintos, mismo resultado.

    El Granada es, junto al Fútbol Club Barcelona , el único equipo que ha ganado todos sus partidos de Liga F Moeve en este nuevo año. Pero, a diferencia del gigante azulgrana, las nazaríes lo han hecho desde la contención, desde el orden, desde una solidez que no siempre se refleja en titulares ruidosos, pero que construye equipos duraderos.
    Chika Hirao y Laura Sánchez han levantado un muro invisible en la portería. Dos guardametas, dos estilos, una misma consecuencia: el cerrojo echado. Cinco paradas en dos partidos para Laura. Seguridad quirúrgica para Chika. El Granada no solo gana, sino que convence desde atrás hacia delante. Y eso, en una liga cada vez más exigente, es una señal inequívoca de crecimiento.
    Con esos nueve puntos, el conjunto nazarí ha escalado hasta la décima posición con 22 puntos, dieciséis por encima del descenso. Una tranquilidad que permite mirar al futuro con ambición y al presente con descaro. Porque lo que busca el Granada en Alcalá de Henares no es sobrevivir.
    Es hacer historia. Una cuarta victoria consecutiva en Primera División sería un récord para el club. Un golpe sobre la mesa. Una confirmación de que lo de enero no es casualidad, sino causalidad.
    “Tenemos la ilusión de tener un partido muy bonito y exigente por delante”, afirmó Irene Ferreras en la previa. La frase, medida y serena, esconde la determinación de quien sabe que su equipo llega en el mejor momento emocional de la temporada. Todas las jugadoras estarán disponibles. No hay excusas. No hay parches. Hay once futbolistas dispuestas a competir de tú a tú contra un gigante herido.
    Los precedentes, sin embargo, sonríen al Atlético. Ocho victorias, un empate y una sola derrota en los diez enfrentamientos de élite entre ambos conjuntos.
    A comienzos de curso, las colchoneras se impusieron con contundencia en la primera vuelta (0-4), con doblete de Fiamma Benítez y goles de Vilde Bøe Risa y Synne Jensen.
    También se cruzaron el año pasado en las semifinales de la Copa de la Reina, donde el Atlético se llevó el pase con un global de 5-2 tras ganar 0-2 y 3-2. Y en aquella Liga F Moeve, ambos equipos caminaron juntos durante meses en la pelea por la tercera plaza que daba acceso a la Champions, una batalla que finalmente cayó del lado madrileño, dejando al Granada quinto, solo por detrás del Athletic Club.

    Pero el fútbol vive poco del ayer y mucho del ahora. Y el ahora dice que el Atlético necesita ganar. Necesita volver a reconocerse. Necesita dejar atrás una racha que le ha hecho olvidar la sensación de victoria, una sensación que no experimenta en partido oficial desde el 20 de noviembre de 2025, cuando asaltó Enschede para vencer al Twente en la Liga de Campeones. Desde entonces, el tiempo se ha vuelto espeso en Alcalá.
    Por eso, este partido es más que tres puntos. Es el inicio de una narrativa. Es la primera página del libro de José Herrera.
    Es el momento de abrir el sobre, como en esos cromos de la Liga F Moeve 2025-2026 que ahora están de moda, y descubrir si dentro hay una victoria, una señal, una promesa.
    El CTA de la RFEF ha designado a la colegiada catalana Ylenia Sánchez Miguel para impartir justicia. Una árbitra que tendrá que gestionar no solo un partido intenso, sino un duelo cargado de emociones, con dos equipos que saben competir y que no regalan ni un centímetro.

    Mientras tanto, en la clasificación, el Atlético es cuarto —o quinto, dependiendo del arrastre de la jornada— con 27 puntos y mira de reojo a la Real Sociedad, tercera, y al Costa Adeje Tenerife, cuarto, sabiendo que el margen es mínimo y el error

    El Granada, décimo, juega con la libertad de quien ya ha hecho los deberes, pero no se conforma con el aprobado.
    Y así, con el verde de la esperanza en el brazo, con el rojo y blanco en el pecho y con enero pidiendo relatos nuevos, Atlético de Madrid y Granada CF se preparan para un partido que no promete fuegos artificiales, pero sí verdad. Un partido que no se grita antes de jugarse, pero que se recuerda si se gana. Un partido que empieza a las 12:00 horario peninsular, pero que puede marcar todo un año.
    Porque hay mañanas en las que el fútbol no se juega para ganar. Se juega para volver a creer.

    (Fuente: Liga F Moeve)

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    🔜 NEXT GAME

    LigaFMoeve | #AtletiGranada


    🏆 Liga F Moeve


    😍 Temporada 2025-2026


    🤝 Decimoctava jornada


    🔥 Club Atlético de Madrid 🆚 Granada Club de Fútbol 🔥


    🗓️ Sábado, 31 de enero de 2026


    ⏰ 12:00 horario peninsular


    📺 DAZN 1 (Dial 70 de Movistar Plus)


    🏟️ Centro Deportivo Alcalá de Henares Madrid

    El Atlético de Madrid saltó al césped frente al Granada con el primer once diseñado por José Herrera desde su llegada al banquillo rojiblanco, una alineación que ya dejó entrever sus primeras intenciones: Gallardo, capitana y guardiana de la portería; Medina, Lauren Leal, Menayo y S. Lloris en la línea defensiva; Bøe Risa, J. Bartel y Fiamma como eje del centro del campo; y Jensen, Amaiaur y Luany formando el tridente ofensivo.

    El Granada, por su parte, respondió en Alcalá de Henares con un once reconocible y jerárquico, liderado por Laura S. bajo palos; Blanca, Jujuba, Alba P. y Clara en la línea defensiva; A. Mingueza, Leles y L. Pérez en la sala de máquinas; y Lauri, capitana y referencia creativa, acompañada en ataque por A. Gómez y Sonya Keeffe

    El debut de José Herrera, ex del Club Deportivo Tenerife en el banquillo del Atlético de Madrid siembra esperanza en las filas del bicampeón de la Copa de la Reina Iberdrola, pues al ex preparador del representativo canario solo le faltó una pequeña dosis de fortuna, Amaiur Sarriegui en un par de ocasiones y la debutante Møller Kühl, se toparon con el poste y no pudieron darle la victoria a las madrileñas frente a un buen Granada Club de Fútbol.

    El encuentro se encendió desde el pitido inicial. El conjunto rojiblanco avisó en repetidas ocasiones hasta que encontró recompensa: tras un disparo al travesaño que agitó el ambiente, Synne Jensen firmó el 10 en el minuto 11 para abrir la lata antes del primer cuarto de hora.

    Con justicia el tres veces campeón de la Liga F Moeve se ponía en ventaja ante un Granada que está atravesando un buen momento de forma y a pesar de vestir de gris, su segunda equipación, no quería que la mañana acabase con esa tonalidad en su desplazamiento a la capital española.

    Lejos de acusar el golpe, el Granada respondió con carácter. Elevó su intensidad en los duelos, buscó el peligro a balón parado y llevó el choque a un terreno más trabado, con faltas reiteradas y tarjetas que evidenciaban la tensión sobre el césped.

    Mientras tanto, el Atleti insistía por fuera, cargando el área con centros laterales y segundas jugadas, aunque se encontró con una zaga cada vez más sólida.

    La resistencia de las andaluzas terminó transformándose en premio en el minuto 32, cuando Andrea Gómez apareció con olfato en zona de remate para equilibrar el marcador por culpa de una gran asistencia de Laura Pérez y con el 11 en electrónico tocaba empezar desde cero.

    Estaba claro que las que buscaban el segundo gol era el Atlético de Madrid, sin suerte, pero con iniciativa y otra cara respecto a los últimos encuentros de la era Viti, ya sabemos que un vestuario el cambio de técnico, por mucho que el ex del Madrid CFF no fuese culpable de todos los males, suele activar a una plantilla.

    El tiempo transcurrió muy rápido en un duelo electrizante casi por definición y las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con las tablas en el electrónico que lo dejaba todo pendiente de resolución en Alcalá de Henares.

    El Atlético volvió a encontrar la conexión Jensen-Amaiur en el arranque del segundo acto, pero la excelsa asistencia de la finlandesa en forma de vaselina que terminó con un disparo de la dorsal número veinte volviendo a ser expulsado de manera violenta por la cruceta para desesperación del respetable que se congregó en masa en las gradas, fueron Milicento ochenta y seis los espectadores que vibraron con el choque.

    El Granada, que buscaba hacer bueno el empate. Poco a poco, las colchoneras fueron acelerando y acercándose al tanto, que, por el momento, se les resistía. Buen comienzo de segunda mitad, pero las de Herrera necesitaban más para marcar.

    El paso hacia delante del Atlético quedó patente, por lo que, a tenor de lo que se estaba viendo, el segundo gol no iba a tardar en llegar. La insistencia de las colchoneras era más que evidente, para alegría de su afición, que esperaba que las suyas pudieran mejorar. El choque, con el paso de los minutos, se convirtió en un auténtico asedio por parte del conjunto de la capital, que estaba mereciéndose volver a ponerse por delante de manera palpable.

    Avanzaban los minutos y el Atlético se mostraba muy superior al Granada, que era consciente de que iba a sufrir sobremanera. Kühl, el nuevo fichaje, debutó a lo grande, estrellando el balón en el palo, rozando el dos a uno que hubiera sido más que merecido, pero la fortuna no estuvo del lado del segundo fichaje invernal del Atlético de Madrid, era inaudito debió pensar Herrera desde el banquillo, mientras Irene Ferreras esbozó una mueca de alivio.

    El conjunto rojiblanco, consciente de que el empate no satisfacía sus aspiraciones ni su ambición competitiva, asumió el riesgo inherente a quien se sabe obligado a ir un paso más allá.

    No había margen para la especulación ni espacio para la duda. Las futbolistas de José Herrera, firmes en la idea transmitida desde el banquillo y convencidas del camino elegido, se volcaron definitivamente sobre el campo contrario, instalando su campamento base en las inmediaciones del área del Granada y convirtiendo cada posesión en un nuevo intento de asalto. El balón circulaba con insistencia, de un costado al otro, buscando grietas, esperando ese desajuste mínimo que permitiera transformar la presión en ventaja real.

    Sin embargo, el fútbol rara vez concede soluciones sencillas cuando el reloj aprieta. El Granada, fiel a su plan y plenamente consciente de lo que estaba en juego, se replegaba con orden, disciplina y una concentración casi quirúrgica. Cada línea se movía en bloque, cada basculación estaba medida, cada despeje era celebrado como un pequeño triunfo dentro de una batalla mayor. Las visitantes habían encontrado en la resistencia su principal arma y estaban dispuestas a exprimirla hasta el último segundo. No se trataba únicamente de defender un resultado, sino de sostener una idea, de resistir emocionalmente ante el empuje de un rival que no dejaba de insistir.

    El Atlético empujaba, sí, pero lo hacía sin perder de vista su propio equilibrio. En ese tramo del encuentro, donde el corazón pide atacar con todo y la cabeza exige no cometer errores irreparables, las rojiblancas se movían sobre una fina línea que separa la valentía de la imprudencia. Las centrales mantenían una vigilancia constante sobre cualquier intento de transición, el centro del campo ajustaba posiciones para evitar pérdidas peligrosas y la portería propia permanecía como una referencia silenciosa, recordatorio permanente de que un descuido podía echar por tierra todo el esfuerzo acumulado.

    A medida que los minutos se consumían, el ambiente se cargaba de una tensión casi palpable. Cada balón colgado al área levantaba a la grada, cada disparo bloqueado provocaba un murmullo colectivo, cada decisión arbitral era examinada con lupa desde las tribunas. El público, consciente de estar asistiendo a un desenlace abierto, acompañaba a su equipo con una mezcla de aliento y nerviosismo, empujando desde fuera en busca de ese empujón final que decantara la balanza.

    El estadio se convertía así en un actor más del partido, amplificando sensaciones y multiplicando emociones.

    Las colchoneras no dejaban de intentarlo. Una y otra vez, con insistencia casi obsesiva, volvían a cargar el área rival, probando desde la frontal, buscando centros laterales, intentando combinaciones rápidas en espacios cada vez más reducidos. Había momentos en los que el juego se volvía espeso, trabado, producto de la acumulación de piernas y de la fatiga propia de un esfuerzo sostenido. Pero incluso en esos instantes, el Atlético encontraba la manera de volver a levantarse, de sacudirse la frustración y de reanudar el asedio con renovada determinación.

    El Granada, por su parte, empezaba a sentir el desgaste físico y mental que conlleva defender durante tantos minutos consecutivos. Cada despeje iba un poco más corto, cada salida con balón requería un esfuerzo adicional, cada pausa era aprovechada para ganar segundos preciosos. La portera se tomaba su tiempo, las faltas se sacaban con parsimonia y cualquier interrupción era recibida como una oportunidad para respirar. No era una cuestión de falta de ambición, sino de supervivencia competitiva, de entender el contexto y actuar en consecuencia.

    En el banquillo rojiblanco, José Herrera observaba la escena con atención milimétrica. Era su primer once desde su llegada al club, su primera gran prueba en un contexto real de exigencia, y cada decisión adquiría una relevancia especial. Desde la banda, no dejaba de dar indicaciones, de ajustar movimientos, de animar a las suyas a mantener la fe incluso cuando el cansancio comenzaba a hacer mella. Sabía que, en partidos como este, el desenlace no siempre responde a la lógica del dominio, sino a la capacidad de insistir sin perder la claridad.

    El tiempo seguía su curso implacable. El tramo final ya no era una amenaza futura, sino una realidad presente. Los últimos quince minutos se vivían con la intensidad de una prórroga anticipada, donde cada acción podía ser la última oportunidad. El Atlético, empujado por la necesidad, elevaba aún más su línea de presión, recuperaba balones en campo rival y encerraba al Granada en su propio tercio. Las visitantes resistían como podían, aferradas a un orden defensivo que se tensaba al límite, conscientes de que cualquier fallo podía resultar definitivo.

    En ese contexto, el coraje se convirtió en el principal motor de las rojiblancas. Más allá de esquemas, ajustes tácticos o nombres propios, el equipo apelaba a una energía colectiva que trascendía lo puramente futbolístico. Era una cuestión de orgullo, de identidad, de no resignarse ante la posibilidad de dejar escapar dos puntos en casa. Cada carrera al espacio, cada choque ganado, cada balón dividido disputado con determinación alimentaba la sensación de que el gol podía llegar en cualquier momento.

    Pero el fútbol, caprichoso y cruel en ocasiones, se resistía a ofrecer esa recompensa inmediata. El Granada seguía cumpliendo su objetivo, frustrando una y otra vez los intentos locales, despejando balones imposibles y encontrando en la solidaridad defensiva su mejor aliada. Las colchoneras, lejos de bajar los brazos, redoblaban esfuerzos, conscientes de que la perseverancia es, muchas veces, la antesala del éxito.

    Los minutos finales se convirtieron en una sucesión de ataques rojiblancos y defensas granadinistas, en un pulso constante entre el deseo de ganar y la voluntad de resistir. El balón parecía no querer entrar, los rebotes caían siempre del lado menos favorable y la sensación de que el tiempo se escurría entre los dedos se hacía cada vez más intensa. Aun así, el Atlético seguía creyendo, seguía empujando, seguía intentándolo con una mezcla de fe y determinación que definía su espíritu competitivo.

    En esa desesperación contenida, en ese intento constante por cambiar el signo del partido, las rojiblancas encontraron una forma de reafirmarse a sí mismas. Incluso si el marcador no terminaba reflejando su dominio, el mensaje era claro: este equipo no se rinde, no negocia el esfuerzo y no acepta el empate como un destino inevitable sin antes haberlo dado todo. El coraje y el corazón, tantas veces invocados en el lenguaje futbolístico, se materializaban sobre el césped en forma de carreras finales, de presiones asfixiantes y de una fe inquebrantable hasta el último segundo.

    Así, el partido se fue apagando lentamente, no por falta de intensidad, sino por la tiranía del reloj.

    El Atlético había empujado hasta el límite de sus fuerzas, el Granada había resistido con todo lo que tenía, y el desenlace quedaba marcado por ese equilibrio tenso que define a los encuentros cerrados. Más allá del resultado, el tramo final dejó una imagen clara: la de unas colchoneras que, incluso cuando el tiempo parecía agotarse, siguieron creyendo, insistiendo y luchando, fieles a una identidad construida a base de carácter y entrega.

    La segunda mitad cambió todo, las rojiblancas bajaron una marcha, no sabían como hacer daño y el Granada, a lo suyo, perdiendo tiempo, sin ocasiones y encerradas atrás, pero las andaluzas supieron resistir con un ápice de heroicidad que evitó que las de José Herrera pudieran ajusticiar a la guardameta visitante antes del pitido final en el minuto noventa y cinco.

    El Atlético de Madrid ha experimentado una mejora evidente tras el desembarco de José Herrera en el banquillo y no se llevaron el triunfo casi por accidente.

    Este reparto de puntos, que deja a las locales con mal sabor de boca antes de medirse entre semana al Athletic Club en los cuartos de final de la Copa de la Reina Iberdrola y se mantiene quinto en la tabla clasificatoria amén de sus 28 unidades, habiendo sacado rédito de la victoria del Levante Unión Deportiva en Orriols ante el Madrid CFF de Sánchez Vera (2-1) y está a nueve guarismos de alcanzar a la Real Sociedad de Fútbol que visita al Tenerife en el Heliodoro.

    Este trabajado que sirve a las granadinas para seguir invictas en este año 2026 y sumar su cuarto partido consecutivo sin perder para ubicarse en la décima plaza antes de visitar a la Sociedad Deportiva Eibar en Ipurúa.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    Atlético de Madrid: Lola; Lloris, Lauren, Menayo (Pérez, 82’), Andrea; Bartel (Khöller, 58’); Boe Risa (Natalia, 82’), Fiamma; Luany, Sarriegi (Sheila, 74’) y Jensen (Chinchilla, 82’).

    Granada Club de Fútbol: Laura Sánchez; Clara, Alba Pérez, Jujuba, Blanca, Laura Pérez; Ari Mingueza (Miku, 87′), Lauri, Leles; Andrea Gómez (Success, 83′) y Sonya Keefe.

    Árbitra: Amonestó a Lauri, Jujuba, Sonya Keefe y Success con tarjeta amarilla.

    Incidencias: Partido correspondiente a la decimoctava jornada de la Liga F, disputado en la Ciudad Deportiva Cívitas Alcalá de Henares sobre una superficie de hierba natural.

    Goles |

    1-0 Synne Jensen 12’ ⚽️

    1-1 Andrea Gómez 33’ ⚽️

    Vídeo:

  • La crónica | El Levante U.D. hunde al Madrid CFF en busca de la permanencia

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ El cuadro granota completa la remontada gracias a un golazo de Érika González para doblegar por 2-1 a las de Fuenlabrada.

    La previa |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El sábado 31 de enero, a las doce del mediodía, cuando el invierno todavía aprieta y la Liga F Moeve entra en ese punto de la temporada donde ya no existen partidos neutros ni jornadas de transición, el fútbol femenino español se detendrá en Valencia para mirar de frente a un duelo cargado de urgencias, matices y significados. En el Ciutat de València, bajo la retransmisión de DAZN, Levante UD y Madrid CFF se enfrentarán en un partido que va mucho más allá de los tres puntos, un encuentro donde cada acción tendrá peso clasificatorio, emocional y narrativo. No es un partido cualquiera: es uno de esos choques que definen estados de ánimo, que marcan trayectorias y que, con el paso de las semanas, acaban siendo recordados como momentos de inflexión.

    Porque hay partidos que se juegan desde el balón y otros que se juegan desde el contexto. Y este pertenece claramente a la segunda categoría.

    El Levante UD llega a la cita desde la zona más incómoda de la tabla, desde ese lugar donde el calendario ya no es un aliado y donde cada jornada se convierte en una cuenta atrás. Colista de la Liga F Moeve con cinco puntos, el conjunto granota se encuentra a cuatro de la salvación, una distancia que todavía es remontable, pero que empieza a exigir respuestas inmediatas. No hay margen para seguir aplazando la reacción. No hay espacio para discursos de largo plazo cuando el presente aprieta con tanta fuerza. El Levante juega en casa, sí, pero juega sobre todo contra el tiempo, contra la clasificación y contra la sensación de que cada partido que se escapa pesa el doble.

    El último precedente no ayuda a aliviar esa carga. La derrota ante el Sevilla FC por 4-2 dejó al descubierto muchas de las heridas que arrastra el equipo valenciano esta temporada: fragilidad defensiva en momentos clave, dificultades para sostener el esfuerzo durante los noventa minutos y una sensación persistente de que, incluso cuando compite, siempre acaba pagando demasiado caro cada error. No fue un partido sin respuesta ni sin intención, pero volvió a confirmar que al Levante le está costando transformar el esfuerzo en puntos, y eso, en una liga tan exigente como la actual, es una condena silenciosa.

    Sin embargo, este Levante no es un equipo resignado. Ni mucho menos. El mercado de fichajes de invierno ha sido una declaración de intenciones en sí misma, una manera de decir que el club no acepta el destino como algo inevitable. La llegada de Ariana Arias refuerza esa idea de reacción, de intentar encontrar soluciones nuevas a problemas persistentes. No es solo un refuerzo deportivo; es un mensaje al vestuario, a la afición y a la competición: el Levante quiere pelear, quiere creer, quiere mantenerse con vida.

    Al mismo tiempo, las salidas de Pierina Núñez y Sintia Cabezas reflejan la crudeza del momento. En situaciones límite, los proyectos se ajustan, los planes se redefinen y las plantillas se transforman en busca de un equilibrio que permita sobrevivir. El Levante está en ese punto exacto de la temporada donde cada decisión pesa, donde cada movimiento se analiza no por lo que representa a largo plazo, sino por lo que puede aportar de inmediato. El sábado no se juega solo un partido: se pone a prueba la validez de ese reajuste, la capacidad del equipo para convertir los cambios en una respuesta competitiva real.

    Frente a ese escenario de urgencia aparece el Madrid CFF, un equipo que vive una realidad muy distinta, pero no exenta de tensión. Séptimo clasificado con 26 puntos, el conjunto madrileño se mueve en esa tierra intermedia de la tabla donde el peligro no es la caída, sino la desconexión. A once puntos de los puestos de Champions, el Madrid CFF sabe que el margen para soñar con cotas mayores es reducido, pero también es consciente de que la temporada no puede permitirse una deriva irregular. Cada partido es una oportunidad para reafirmarse, para sostener una identidad competitiva y para evitar que la zona cómoda se convierta en una trampa de conformismo.

    La derrota ante el FC Badalona Women por 0-1 en la última jornada fue un golpe inesperado. No tanto por el resultado en sí, sino por la sensación de freno que dejó. El Madrid CFF venía construyendo una dinámica sólida, apoyada en la regularidad y en un modelo reconocible, y ese tropiezo obligó a revisar certezas. En un campeonato tan apretado, perder implica algo más que ceder puntos: supone abrir interrogantes, reactivar dudas y enfrentarse a la necesidad de responder de inmediato.

    Además, aquel partido estuvo condicionado por una ausencia importante: Bárbara López no pudo estar disponible, y su baja se dejó sentir. No solo por lo que aporta en términos futbolísticos, sino por el peso que tiene dentro del equipo. A eso se sumó la ausencia de Sandra Villafañe, sancionada por acumulación de tarjetas amarillas. Dos nombres propios que alteraron el equilibrio habitual del once y que contextualizan, al menos en parte, el resultado final.

    Pero el fútbol siempre concede segundas oportunidades, y el duelo ante el Levante se presenta como una de ellas. Sandra Villafañe volverá a estar disponible tras cumplir sanción, un regreso que refuerza al equipo tanto en lo deportivo como en lo emocional. En partidos de este tipo, donde el rival se juega la vida y el entorno aprieta, la experiencia y la capacidad para manejar los tiempos se convierten en activos fundamentales.

    El choque, por tanto, se dibuja como un enfrentamiento de necesidades distintas pero igualmente intensas. El Levante necesita puntos para sobrevivir. El Madrid CFF necesita ganar para reafirmarse. Uno pelea contra el descenso; el otro, contra la irregularidad y el riesgo de estancamiento. Ambos llegan heridos por la última jornada. Ambos saben que perder sería algo más que una derrota.

    Y todo ello se producirá a las doce del mediodía, en ese horario tan característico de la Liga F Moeve, donde el fútbol se mezcla con la luz fría del invierno y donde los partidos adquieren un tono casi crudo, sin artificios. No habrá excusas, no habrá margen para esconderse. Solo noventa minutos para exponer argumentos, carácter y ambición.

    Este Levante–Madrid CFF no es un duelo de extremos, pero sí es un partido de alta carga emocional. Un encuentro donde cada balón dividido tendrá un significado distinto según el color de la camiseta. Donde cada ocasión fallada pesará como una losa. Donde cada gesto, cada mirada al banquillo, cada aplauso desde la grada contará una historia paralela.

    Porque cuando enero avanza y la temporada entra en su fase decisiva, el fútbol deja de ser solo un juego. Se convierte en un espejo de las urgencias, de las aspiraciones y de la capacidad de resistir. Y el sábado, en Valencia, Levante UD y Madrid CFF se mirarán de frente sabiendo que, pase lo que pase, nada será exactamente igual después.

    la primera capa de este Levante UD–Madrid CFF se explica desde la urgencia y el contexto clasificatorio, la segunda se despliega sobre un terreno menos evidente, pero igual de decisivo: el tablero táctico y emocional sobre el que se jugará el partido. Porque no todos los equipos compiten igual cuando están contra las cuerdas, ni todos saben gestionar de la misma manera la obligación de ganar. Y en este duelo concreto, esa diferencia puede marcar el rumbo de los noventa minutos.

    El Levante UD llega a este encuentro con la necesidad de alterar el guion habitual. No puede permitirse un partido plano, ni una gestión conservadora del resultado. Cinco puntos en el casillero y la condición de colista no admiten medias tintas: el equipo granota necesita sumar, pero sobre todo necesita sentirse competitivo, reconocerse a sí mismo como un bloque capaz de sostener el esfuerzo durante todo el encuentro. Esa es, quizás, la gran asignatura pendiente de la temporada.

    En los partidos anteriores, el Levante ha mostrado fases de buen fútbol, momentos donde ha sido capaz de discutirle el balón a rivales de entidad y de generar peligro real en campo contrario. El problema ha llegado casi siempre después, cuando el partido se alarga, cuando el rival ajusta y cuando el margen de error se reduce a la mínima expresión. Ahí, en ese territorio intermedio entre la intención y la eficacia, es donde el Levante ha perdido demasiados puntos.

    Ante el Madrid CFF, el plan no puede limitarse a resistir ni a esperar acontecimientos. Jugar en casa obliga, aunque el contexto apriete, a asumir cierta iniciativa. La incorporación de Ariana Arias abre una vía nueva en ese sentido: más presencia, más alternativas, más capacidad para sostener ataques largos y no depender exclusivamente de acciones aisladas. No se trata solo de lo que pueda aportar en términos técnicos, sino de cómo su presencia puede modificar el comportamiento colectivo del equipo, ofreciendo una referencia distinta y obligando al rival a reajustar su planteamiento.

    Defensivamente, el Levante sabe que no puede conceder espacios con facilidad. El Madrid CFF es un equipo cómodo cuando encuentra ritmo, cuando puede alternar posesiones largas con transiciones rápidas y cuando detecta debilidades estructurales en el rival. Por eso, el equilibrio será clave. Replegar demasiado pronto puede significar renunciar al partido; adelantar líneas sin respaldo puede ser una invitación al castigo. El término medio, ese equilibrio tan difícil de encontrar en situaciones límite, será uno de los grandes desafíos para el conjunto granota.

    Enfrente, el Madrid CFF llega con una identidad más asentada, pero también con la obligación de demostrar madurez competitiva. Séptimo en la tabla, lejos tanto del descenso como de los puestos de Champions, el equipo madrileño se mueve en un escenario donde la tentación de la comodidad siempre acecha. Y sin embargo, partidos como este exigen exactamente lo contrario: concentración máxima, lectura del contexto y capacidad para golpear en los momentos adecuados.

    La derrota ante el FC Badalona Women dejó una enseñanza clara: ningún partido está ganado de antemano, y cualquier desconexión se paga. En aquel encuentro, el Madrid CFF tuvo fases de control, pero le faltó contundencia, precisión en los últimos metros y, sobre todo, una respuesta emocional cuando el marcador se puso cuesta arriba. Esa experiencia reciente actúa ahora como advertencia. El equipo sabe que el Levante, pese a su posición en la tabla, no es un rival al que se pueda subestimar.

    El regreso de Sandra Villafañe añade un matiz importante. No solo por su aportación futbolística, sino por lo que representa en términos de orden y jerarquía. En un partido que puede volverse incómodo, trabado, incluso áspero por momentos, disponer de jugadoras capaces de leer el ritmo del encuentro y de enfriar o acelerar según convenga es un valor diferencial. El Madrid CFF necesitará esa pausa, esa capacidad para no dejarse arrastrar por la ansiedad local ni por la urgencia del rival.

    Desde el punto de vista táctico, el partido apunta a un duelo de ritmos. El Levante intentará imprimir intensidad, aprovechar el factor campo y convertir cada acción en una pequeña batalla. El Madrid CFF, por su parte, buscará gestionar, hacer daño cuando tenga espacio y obligar a las locales a tomar decisiones incómodas. Si el marcador se mantiene igualado durante muchos minutos, la presión psicológica puede empezar a jugar un papel determinante, especialmente para un Levante que sabe que el empate puede no ser suficiente.

    Y ahí entra en juego otro elemento clave: el estado emocional de los equipos. El Levante juega con la carga de saberse en una situación límite, pero también con la energía que generan este tipo de partidos, donde todo está en juego y donde una victoria puede cambiarlo todo. El Madrid CFF juega con menos presión clasificatoria, pero con la exigencia interna de no fallar, de no dejar escapar puntos ante un rival directo por la zona media-baja.

    Cada falta, cada saque de esquina, cada decisión arbitral puede amplificar esas emociones. El Ciutat de València, consciente de la importancia del momento, empujará a las suyas, reclamará, presionará. El Madrid CFF deberá convivir con ese ambiente, abstraerse y convertirlo, si es posible, en un factor neutro. No todos los equipos saben hacerlo. No todos los partidos lo permiten.

    A medida que avance el encuentro, el desarrollo estará inevitablemente condicionado por el marcador. Si el Levante se adelanta, el partido puede convertirse en una prueba de resistencia, en un ejercicio de defensa del resultado y de gestión del miedo a perder lo ganado. Si es el Madrid CFF quien golpea primero, el escenario cambiará por completo: las locales se verán obligadas a asumir riesgos mayores, a abrirse, a exponerse, y ahí el partido puede romperse en cualquiera de los dos sentidos.

    En ese posible desorden final, la claridad mental será tan importante como las piernas. La Liga F Moeve se ha caracterizado esta temporada por su competitividad y por la cantidad de partidos que se deciden en detalles mínimos. Este apunta a ser uno de ellos. No habrá grandes diferencias en cuanto a talento individual sobre el césped; lo que marcará la diferencia será la capacidad de cada equipo para interpretar el momento exacto del partido y actuar en consecuencia.

    Porque, al final, este Levante–Madrid CFF no se resolverá solo por quién tenga más posesión o más ocasiones, sino por quién sepa leer mejor el miedo, la urgencia y la esperanza que flotarán en el ambiente. El Levante juega por sobrevivir. El Madrid CFF, por reafirmarse. Y cuando esas dos fuerzas chocan, el resultado nunca es previsible.

    El duelo al detalle |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🏆 Liga F Moeve

    🔷 Temporada 2025–2026

    ✨ 18ª jornada ✨

    🔥 Levante U.D. 🆚 Madrid CFF 🔥

    📅 Sábado 31 de enero de 2026

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 DAZN

    🏟️ Ciudad Deportiva de Buñol, Orriols

    Los onces |

    La jornada decimoctava de la Liga F Moeve quedó grabada como una de esas fechas que trascienden el resultado y el marcador, una de esas jornadas en las que el fútbol se convierte en altavoz y conciencia colectiva antes incluso de que el balón empiece a rodar. Porque antes de cualquier presión alta, de cualquier centro lateral o de cualquier remate al área, el césped fue escenario de un gesto que unió a toda la competición en un mismo latido. Jugadoras, cuerpos técnicos y árbitras, sin distinción de colores ni escudos, portaron los Brazaletes de la Esperanza, una iniciativa impulsada por la Asociación Española Contra el Cáncer junto a la organización de la Liga F para conmemorar el Día Mundial contra el Cáncer. Un símbolo discreto pero poderoso, una declaración silenciosa que recordó que hay batallas que se libran lejos de los focos, que hay millones de personas que conviven cada día con la enfermedad y que el fútbol, cuando quiere, puede ser mucho más que un juego.

    Con ese telón de fondo, cargado de emoción y significado, el balón echó a rodar en Orriols y el partido comenzó a escribir su propia historia. El Madrid CFF no tardó en mostrar sus intenciones. Desde el primer minuto, el conjunto visitante apostó por un planteamiento valiente, directo, sin complejos.

    Presión adelantada, líneas juntas y una idea clara: incomodar al Levante desde el inicio, obligarlo a jugar lejos de la portería rival y marcar el ritmo del encuentro. Las de Sánchez Vera salieron decididas a golpear primero, conscientes de que un arranque fuerte podía condicionar el desarrollo del duelo.

    Las primeras llegadas llevaron sello madrileño. Disparos lejanos, centros laterales y acciones rápidas por banda obligaron a la defensa granota a trabajar con intensidad desde muy temprano. El Levante, empujado por su gente y por la necesidad clasificatoria, trataba de asentarse a través de posesiones más largas, buscando que el balón pasara por el centro del campo antes de lanzarse al ataque. Sin embargo, durante muchos minutos, fueron las jugadoras del Madrid CFF las que parecieron sentirse más cómodas en ese intercambio de golpes, manejando mejor los tiempos y encontrando espacios con mayor facilidad.

    El premio a esa insistencia no tardó en llegar. Corría el minuto 21 cuando una jugada bien construida por el costado derecho terminó rompiendo el equilibrio. Alba Ruiz filtró un balón preciso al área y Anita Marcos, atacando el espacio con determinación, resolvió la acción con un remate eficaz que batió a la guardameta local y puso el 0-1 en el marcador.

    Un gol que adelantaba al conjunto madrileño y que parecía confirmar el buen arranque visitante. La celebración tuvo un significado especial: la canterana del Atlético de Madrid festejó el tanto poniéndose unas gafas imaginarias, el gesto con el que suele dedicar sus goles a sus padres, una imagen cargada de simbolismo en una jornada tan marcada por lo emocional.

    Lejos de descomponerse, el Levante reaccionó. Poco a poco, el equipo local comenzó a ganar presencia en campo contrario, a creérselo, a empujar con mayor continuidad. Las combinaciones por banda y los centros al área empezaron a generar peligro, especialmente gracias a la movilidad de sus delanteras y a la llegada de las segundas líneas. Ana Franco y Alharilla Casado dispusieron de oportunidades claras para igualar el marcador, pero el acierto no acompañó. El Levante crecía en posesión y en sensaciones, mientras el Madrid CFF se replegaba con orden, dispuesto a resistir y a buscar salidas rápidas al contragolpe.

    La primera mitad avanzó con ese pulso constante entre la iniciativa local y la solidez visitante. Antes del descanso, el partido se estabilizó. El Levante empujaba, el Madrid defendía con disciplina y cerraba bien los espacios interiores. El marcador no se movió y las madrileñas se marcharon a vestuarios con una ventaja mínima que reflejaba un primer acto equilibrado, intenso y cargado de matices.

    Las veintidós protagonistas enfilaron el túnel de vestuarios sabiendo que lo exiguo del resultado dotaba de una emoción especial al segundo y definitivo acto. En ese momento, además, el contexto clasificatorio añadía un matiz más al encuentro: el empate provisional que el Atlético de Madrid estaba cosechando en Alcalá de Henares ante el Granada estaba otorgando, de manera momentánea, la quinta plaza al Madrid CFF. Un escenario favorable que, sin embargo, estaba lejos de ser definitivo. El fútbol aún tenía preparado un giro de guion.

    Tras el paso por vestuarios, el Levante dio un paso al frente. El equipo salió con una actitud más agresiva, decidido a imponer ritmo y a instalarse definitivamente en campo rival. Los ajustes realizados reforzaron el centro del campo y aportaron mayor profundidad por las bandas, lo que se tradujo en más llegadas al área y en una presión constante sobre la salida de balón del Madrid CFF. El mensaje era claro: había que ir a por el partido.

    El empate no tardó en llegar y lo hizo en una acción que simbolizó esa determinación local. Un saque de esquina bien ejecutado encontró a Eva Alonso, que ganó la posición y cabeceó a la red desde corta distancia, enviando el esférico lejos del alcance de Paola Ulloa.

    El 11, en el minuto 66, devolvía la igualdad al marcador y encendía a la grada. Todo empezaba de nuevo en Orriols.

    Con el empate, el encuentro entró en una fase abierta, vibrante, de ida y vuelta.

    El Levante buscaba elaborar más sus ataques, combinando por dentro y por fuera, mientras el Madrid CFF trataba de aprovechar cualquier pérdida para lanzar a sus jugadoras más rápidas. El ritmo se elevó, las ocasiones se repartieron y la emoción se apoderó del partido. Cada acción parecía definitiva, cada balón dividido se jugaba como si fuera el último.

    Y entonces llegó el momento que terminó de decantar la balanza. En una transición rápida, Érika González recogió el balón lejos del área, avanzó sin oposición y se animó a probar suerte desde larga distancia. Su golpeo, raso y ajustado, sorprendió a la guardameta visitante y se coló junto al palo izquierdo. Un gol de enorme calidad, un auténtico golazo que desató la euforia en el banquillo local y puso al Levante por delante por primera vez en el partido. Corría el minuto 86 y el duelo entraba ya en su tramo decisivo con el 21 en el marcador.

    A partir de ahí, el partido se transformó en una batalla por la supervivencia. El Madrid CFF volcó todos sus esfuerzos en busca del empate, acumulando jugadoras en campo contrario y probando con centros y disparos lejanos. El Levante, consciente de la importancia del resultado, optó por proteger su ventaja con orden defensivo y salidas rápidas para consumir tiempo y alejar el peligro. Cada despeje era celebrado como un gol, cada segundo ganado se convertía en oro.

    Los últimos minutos estuvieron marcados por la tensión, por las interrupciones y por la sensación de que cualquier detalle podía cambiarlo todo. Las visitantes dispusieron de alguna ocasión para igualar, pero la defensa granota se mostró firme, solidaria, y supo despejar cada amenaza. El pitido final confirmó la remontada del Levante Femenino, una victoria construida desde la paciencia, la reacción y la eficacia en los momentos clave.

    El resultado tiene un impacto directo en la clasificación de la Liga F Moeve. El Levante suma tres puntos vitales que le permiten abandonar momentáneamente la sensación de desahucio deportivo, recortando distancias con la zona de salvación y reforzándose, sobre todo, en lo anímico.

    El Madrid CFF, por su parte, se mantiene en la zona media de la tabla, alrededor de la séptima posición, con la sensación de haber competido de tú a tú pero de haberse quedado sin premio en un partido que tuvo controlado durante muchos minutos.

    Ambos equipos, ya sin tiempo para lamentos ni celebraciones prolongadas, miran ahora a sus próximos compromisos ligueros. El Levante afrontará su siguiente encuentro con la moral reforzada y la convicción de que la salvación es posible si mantiene esta línea competitiva.

    El Madrid CFF, en cambio, buscará reencontrarse con la victoria y recuperar sensaciones, consciente de que la temporada exige regularidad y respuestas inmediatas.

    Más allá del marcador, este Levante–Madrid CFF quedará enmarcado como uno de esos partidos que explican lo que es la Liga F Moeve: competitividad, emoción, giros inesperados y, también, compromiso social.

    Una jornada en la que el fútbol volvió a demostrar que puede ser un espacio para competir y emocionar, pero también para recordar que hay causas que importan y que merecen ser visibilizadas.

    Un partido que, como diría Manu, se juega con los pies, con la cabeza y, sobre todo, con el corazón.

    El Levante Unión Deportiva suma tres nuevos guarismos que le sitúan decimosexto, es decir, colista con 8 unidades, a tan solo nueve de la zona de salvación que actualmente marca la Sociedad Deportiva Eibar con 17.

    Por su parte, un Madrid CFF que aún no ha terminado de adaptarse al estilo de juego propuesto por Sánchez Vera y aglutina ya quince días sin ganar, venía de caer por 0-1 ante el Badalona Women en el Fernando Torres y buscará el quite del perdón en la eliminatoria de cuartos de final de la Copa del la Reina Iberdrola que le medirá en la capital española con las guerreras del Costa Adeje Tenerife Egatesa.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    Levante Unión Deportiva: Laura Coronado; Eden Le Guilly (Maria Gabaldón, min. 72), Eva Alonso, Teresa Mérida, Alharilla; Raiderlin Carrasco, Érika González (Zipporah Agama, min. 91) Gema Soliveres (Carol Martín, min. 59 ), Bascu (Dolores Silva, min. 58); Ariana Arias, Ana Franco.

    Madrid CFF: Paola Ulloa; Mónica, Núria Mendoza, Sandra Villafañe; Allegra Poljak (Nerea Sánchez, min. 82), Ángela Sosa (Freja Olofsson, min. 88), Hildur Antonsdóttir, Alba Ruiz (Natasa Andonova, min. 53); Malou Marcetto, Kamila Melgård; Anita Marcos (Emilia Nautness, min. 52).

    Lugar: Ciudad Deportiva de Buñol – Campo 1
    Árbitra: Ainara Andrea Acevedo Dudley
    Tarjetas Amarillas: Raiderlin Carrasco (min. 14) por parte del Levante.

    Rojas: No hubo

    Goles:

    0-1 Anita Marcos 21’ ⚽️

    1-1 Eva Alonso 66’ ⚽️

    2-1 Érika González 86’ ⚽️

    Vídeo |