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  • Oficial | Teledeporte emitirá el Atlético vs Athletic Club y el Barcelona – Real Madrid

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🟢 El canal temático de RTVE dará cobertura a duelo entre rojiblancas y al nuevo clásico del fútbol femenino español.

    El pasado 7 de enero de 2026, en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, la Real Federación Española de Fútbol, sorteó los duelos de cuartos de final de la Copa de la Reina Iberdrola.

    (Fuente: RFEF)

    En dicho evento quedaron algunos interrogantes por despejar amén de los horarios y la pertinente cobertura televisiva para ellos.

    El ente que preside Rafael Louzán ha emitido un comunicado de prensa en el que revela que los ocho emparejamientos resultantes contarán con cobertura televisiva, algo impensable hace tan solo unos cursos, lo que demuestra que el fútbol femenino si suscita interés.

    Hay competiciones que no se juegan solo con balón. Hay torneos que se disputan con memoria, con herencia, con el peso de los años y con la emoción de cada paso dado por quienes construyeron el camino antes. La Copa de S. M. la Reina Iberdrola es una de ellas. Un torneo que no entiende de rutina ni de previsión, que se alimenta de lo inesperado y que convierte cada eliminatoria en un relato único, irrepetible, profundamente ligado a la identidad del fútbol femenino español.

    Los cuartos de final ya están aquí. Y lo hacen con una hoja de ruta clara, definida, oficial, marcada por el sorteo celebrado el pasado 7 de enero, y visualizada en una imagen que resume lo que está por venir: escudos históricos, horarios señalados en rojo y la promesa de cuatro duelos que volverán a colocar a la Copa en el centro del escenario.

    Durante dos noches consecutivas, el miércoles 4 de febrero y el jueves 5 de febrero, los ocho equipos supervivientes del torneo saltarán al césped con un único objetivo: alcanzar las semifinales de la competición más antigua y simbólica del fútbol femenino nacional.

    Y lo harán con una certeza compartida: la Copa no se juega, se sobrevive.

    Hablar de la Copa de la Reina es hablar de las raíces del fútbol femenino español. Es hablar de un torneo que ha crecido en paralelo al propio desarrollo de la competición doméstica, que ha sabido adaptarse a los tiempos sin perder su esencia, y que hoy, bajo el paraguas de la RFEF y con el impulso de patrocinadores como Iberdrola, vive uno de sus momentos de mayor visibilidad y prestigio.

    Cada ronda es una ceremonia. Cada cruce, una oportunidad para reivindicar trayectorias, para ajustar cuentas pendientes o para abrir capítulos inéditos. Los cuartos de final no son una excepción. Al contrario: son el punto exacto donde la Copa se vuelve seria, donde ya no hay margen para el error y donde cada decisión pesa.

    En este contexto, la hoja de ruta ya está marcada. Los horarios, definidos. Las cámaras, preparadas. Y la audiencia, expectante.

    La competición arrancará el miércoles 4 de febrero, una jornada que abrirá el telón de los cuartos de final con dos partidos de enorme peso simbólico y deportivo. Dos enfrentamientos que resumen la diversidad, la riqueza y la intensidad del fútbol femenino español.

    El primer latido de los cuartos de final llegará desde Madrid. A las 18:30 horas, el balón echará a rodar en un duelo que respira tradición, carácter y respeto mutuo: Atlético de Madrid frente a Athletic Club.

    Dos clubes históricos. Dos formas de entender el fútbol. Dos escudos que no necesitan presentación.

    El Atlético de Madrid, uno de los grandes protagonistas de la Copa en la última década, afronta esta eliminatoria con el recuerdo aún fresco de noches coperas memorables. El conjunto rojiblanco ha hecho de este torneo un territorio reconocible, un espacio donde ha sabido crecer, competir y levantar títulos.

    Frente a él, el Athletic Club, emblema del fútbol femenino estatal, referencia indiscutible de cantera, identidad y fidelidad a un modelo propio. Las leonas llegan a los cuartos con la convicción de quien sabe que la Copa es un escenario donde su historia pesa y su camiseta impone.

    El duelo, además, podrá seguirse en directo y en abierto a través de Teledeporte, reafirmando el compromiso del ente público con el fútbol femenino y con una competición que forma parte del patrimonio deportivo nacional.

    Apenas media hora después, a las 19:00 horas, llegará el segundo duelo del miércoles. Un enfrentamiento que simboliza el crecimiento sostenido de proyectos consolidados en la élite: Madrid CFF frente a CD Tenerife Femenino.

    El Madrid CFF, habitual protagonista de las fases avanzadas del torneo en los últimos años, afronta esta cita como una oportunidad para seguir afianzando su papel competitivo en el panorama nacional. La Copa se ha convertido para el conjunto madrileño en un espacio de reivindicación, donde el equipo ha demostrado personalidad, ambición y una identidad reconocible.

    Enfrente estará el CD Tenerife Femenino, representante del fútbol canario y ejemplo de constancia y trabajo a largo plazo. El conjunto isleño llega a los cuartos con la ilusión intacta y la motivación de quien sabe que cada eliminatoria copera es una oportunidad para hacer historia.

    Un duelo de estilos, de ritmos y de emociones, que completará una primera jornada de cuartos marcada por la diversidad de propuestas futbolísticas y por la igualdad competitiva, siendo cubierto por RadioTelevisión Canaria.

    Si el miércoles abre el camino, el jueves 5 de febrero de 20 lo culmina. Dos partidos.

    Dos historias. Y un cierre que, como manda la tradición, reservará el foco principal para el gran clásico del fútbol español.

    La tarde del jueves arrancará a las 19:00 horas con un duelo que enfrenta a dos proyectos sólidos, reconocibles y profundamente competitivos: Real Sociedad frente al ONA.

    La Real Sociedad, club con una arraigada tradición futbolística y una clara apuesta por su sección femenina, afronta esta eliminatoria con la ambición de volver a situarse entre las mejores del torneo. El conjunto txuri-urdin ha hecho de la Copa un escenario donde su fútbol asociativo y su competitividad suelen emerger con fuerza.

    El Badalona Women, por su parte, representa la evolución constante, la adaptación y la ambición de un proyecto que no renuncia a competir de tú a tú ante cualquier rival. La Copa ofrece al conjunto catalán una plataforma ideal para mostrar su crecimiento y su capacidad para desafiar pronósticos.

    Un partido que se podrá seguir a través de los canales oficiales de la RFEF, consolidando la apuesta federativa por la difusión integral de la competición.

    Y como colofón, como cierre perfecto para dos noches de fútbol copero, llegará el partido que trasciende la competición: el Clásico.

    A las 21:00 horas, el Real Madrid CF y el Fútbol Club Barcelona se enfrentarán en los cuartos de final de la Copa de la Reina Iberdrola. Un duelo que concentra miradas, atención mediática y una carga simbólica que va más allá del pase a semifinales.

    El Clásico es siempre un acontecimiento. En la Copa, lo es aún más. Porque aquí no hay margen para el error. Porque aquí no hay ida y vuelta. Porque aquí, un solo partido decide quién sigue y quién se despide.

    El encuentro podrá seguirse en directo a través de Teledeporte, garantizando una cobertura amplia, detallada y accesible para toda la audiencia.

    La imagen oficial que acompaña estos cuartos de final no es solo un cartel. Es una declaración de intenciones. En ella, los escudos se alinean, los horarios se ordenan y la Copa preside el relato. Es el punto de partida visual de una eliminatoria que promete emociones fuertes, noches memorables y nuevos capítulos para la historia del torneo.

    Bajo el lema #CopaDeLaReinaIberdrola, la competición se prepara para vivir uno de sus momentos más esperados. Ocho equipos. Cuatro partidos. Dos días y un solo objetivo compartido: seguir soñando.
    Los cuartos de final no son un final. Son un umbral. El lugar donde la Copa comienza a mostrar su verdadero rostro. Donde los detalles deciden. Donde cada acción puede convertirse en recuerdo.

    En estas dos jornadas el balompié practicado por mujeres estará en el primer plano y quizá por eso sea la segunda profesión que eligen las jóvenes a día de hoy, según un reciente estudio de Addeco.

    La Copa de la Reina Iberdrola vuelve a llamar y el fútbol, como siempre, responde.

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Oficial | El Atlético vs Athletic Club y el Real Madrid vs Barcelona, son los principales atractivos de la Copa de la Reina en los cuartos de final

    (Fuente: Getty imágenes)

    ⬛️ El emparejamiento entre equipos rojiblancos y el duelo entre culés y merengues despiertan gran expectación.

    La Copa de S.M. la Reina Iberdrola 2025-2026 ha entrado oficialmente en su tramo decisivo. El sorteo de los cuartos de final, celebrado bajo el amparo de la Real Federación Española de Fútbol, ha dibujado un escenario de máxima exigencia deportiva, enorme carga simbólica y profunda trascendencia competitiva, confirmando una vez más que el torneo del K.O. del fútbol femenino español sigue siendo el espacio donde confluyen la tradición, la épica, la oportunidad y el vértigo.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Con los ocho equipos clasificados ya definidos, el campeonato afronta una ronda que no solo decidirá los nombres de los semifinalistas, sino que reordenará el relato de la temporada, pondrá a prueba proyectos consolidados y ofrecerá a clubes históricos y emergentes la posibilidad de escribir una página imborrable en su trayectoria. El sorteo ha deparado los siguientes emparejamientos de cuartos de final:
    • Club Atlético de Madrid vs Athletic Club
    • Real Sociedad de Fútbol vs ONA
    • Real Madrid CF vs FC Barcelona
    • Madrid CFF vs CD Tenerife Femenino

    (Fuente: RFEF)

    El Salón Luis Aragonés, escenario en el que se ha celebrado el sorteo, ha contando con la presencia de Lola Romero, directora de fútbol femenino del Club Atlético de Madrid, y Marina Rivas, jugadora del Madrid CFF, quienes, además, han ejercido como manos inocentes para conformar los cruces.

    Romero habló del prestigio que tiene la Copa de la Reina, el primer título que el club consiguió en la élite del fútbol nacional, y también recordó con cariño la final que ganaron de manera agónica ante el Real Madrid en el año 2023 bajo la lluvia de Butarque.

    Por su parte, Rivas habló sobre la actuación de las suyas en la pasada edición, cayendo por la mínima ante el, a la postre, campeón; y se mostró con mucha ambición por lo que se vislumbra en el horizonte.  

    Al pertenecer todos los conjuntos clasificados a la Liga F, el sorteo ha consistido en establecer los partidos de cuartos de final teniendo en cuenta la primera bola extraída para saber cuál de ellos ejercerá como local. Los enfrentamientos establecidos para los cuartos de final se disputarán los días 3, 4 y 5 del próximo mes de febrero de 2026 con horarios y cobertura televisiva aún por confirmar.

    Cuatro eliminatorias, un solo partido, margen mínimo para el error y una conclusión inequívoca: la Copa de la Reina 2025-2026 ya no admite especulación. Cada balón, cada decisión y cada minuto adquieren ahora valor de sentencia.

    La Copa de la Reina no es un torneo más. Es, desde su creación, el espacio donde el fútbol femenino español ha aprendido a narrarse a sí mismo, donde generaciones de futbolistas han encontrado su primera gran oportunidad y donde los grandes clubes han consolidado su legado. En la edición 2025-2026, ese ADN se mantiene intacto, pero con un contexto distinto: el crecimiento estructural del fútbol femenino, la profesionalización plena de la Liga F, la internacionalización de las plantillas y una atención mediática sin precedentes.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Estos cuartos de final representan, por tanto, una fotografía exacta del momento actual del fútbol femenino español: conviven los gigantes históricos, los proyectos en expansión, los clubes de identidad clara y aquellos que han convertido la Copa en su territorio natural. No hay invitadas. Todas las clasificadas han llegado aquí por mérito propio y todas saben que, a partir de ahora, el torneo no perdona.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El primer emparejamiento del sorteo enfrenta a Club Atlético de Madrid y Athletic Club, dos entidades profundamente ligadas a la historia de la Copa de la Reina y al desarrollo del fútbol femenino en España. Es un cruce que trasciende lo deportivo y se adentra en el terreno de la identidad, el carácter y la tradición.

    El Atlético de Madrid llega a estos cuartos como uno de los proyectos más reconocibles del panorama nacional, con una trayectoria reciente marcada por títulos, finales y una competitividad constante en todas las competiciones. La Copa ha sido, históricamente, un torneo fetiche para el conjunto rojiblanco, que ha sabido utilizarla tanto como plataforma de consolidación como de reivindicación en momentos de transición.

    Frente a él estará el Athletic Club, símbolo de cantera, pertenencia y continuidad, uno de los clubes que mejor representan la esencia del fútbol femenino español. Su relación con la Copa de la Reina es profunda y duradera, marcada por finales memorables, eliminatorias épicas y una capacidad recurrente para elevar su rendimiento en este tipo de contextos.

    Este cruce promete ser una batalla de estilos y emociones: la intensidad rojiblanca frente a la solidez y el orgullo zurigorri. Un partido donde el ritmo, la presión y la gestión emocional jugarán un papel determinante. No hay antecedentes recientes que permitan establecer un favorito claro en formato eliminatorio. La Copa iguala, equilibra y despoja de jerarquías.

    Enfrente aparece el Badalona, heredero de una tradición copera que ha sabido reinventarse y adaptarse a los nuevos tiempos. Su presencia en estos cuartos no es casualidad, sino el reflejo de un proyecto que ha encontrado en la Copa un espacio ideal para competir sin complejos. Para el club catalán, esta eliminatoria representa una oportunidad histórica de dar un salto cualitativo y reafirmar su lugar en la élite.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    La segunda eliminatoria empareja a Real Sociedad de Fútbol y el ONA dos proyectos con trayectorias muy distintas, pero unidos por una ambición común: seguir creciendo a través de la Copa.

    La Real Sociedad se ha consolidado en los últimos años como uno de los clubes más fiables y competitivos del fútbol femenino español, con un modelo reconocible, apuesta firme por el talento joven y una relación cada vez más estrecha con su afición. La Copa de la Reina ha sido escenario de momentos importantes para el conjunto txuri-urdin, que ve en esta edición una oportunidad real de volver a situarse entre las mejores.

    Será un duelo marcado por el equilibrio táctico, la paciencia y la gestión de los momentos clave. En eliminatorias así, la Copa suele premiar a quien mejor interpreta el contexto, más allá del nombre o el escudo.

    El sorteo ha querido reservar uno de sus momentos más impactantes para los cuartos de final: Real Madrid CF y FC Barcelona se enfrentarán en una eliminatoria directa, con todo lo que ello implica a nivel deportivo, simbólico y mediático.

    El Clásico del fútbol femenino español es ya uno de los grandes acontecimientos del calendario internacional, y su aparición en una ronda de cuartos de final de la Copa de la Reina eleva el torneo a una dimensión extraordinaria. No es solo un partido; es un evento que concentra atención global, narrativa histórica y una rivalidad en constante evolución.

    El FC Barcelona llega como referente absoluto del fútbol femenino europeo, con una trayectoria reciente que ha marcado estándares y ha redefinido la excelencia competitiva. La Copa de la Reina, sin embargo, siempre ha sido un territorio exigente incluso para los grandes dominadores, y el formato de partido único introduce un factor de riesgo ineludible.

    El Real Madrid, por su parte, afronta esta eliminatoria como una oportunidad de reafirmación y crecimiento, consciente de que la Copa es el escenario ideal para desafiar jerarquías y acelerar procesos. El Clásico copero es, para el conjunto blanco, una prueba de madurez competitiva y un termómetro de su evolución.

    Este enfrentamiento concentrará focos, audiencias y expectativas, pero también exigirá una gestión emocional impecable. En la Copa, el Clásico no admite redención: solo hay un camino, y es ganar.

    La cuarta eliminatoria de cuartos enfrenta a Madrid CFF y C.D. Tenerife Femenino, dos clubes que han construido su identidad desde la constancia, el trabajo y la capacidad de competir desde contextos complejos.

    El Madrid CFF es, desde hace años, un habitual del ecosistema competitivo de la Copa, un club que ha sabido utilizar este torneo para visibilizar talento, desafiar pronósticos y consolidar su proyecto. Jugar los cuartos de final supone una nueva oportunidad de avanzar y de seguir escribiendo su propia historia copera.

    El Costa Adeje Tenerife Egatesa llega con la ilusión intacta y la experiencia acumulada de haber competido en escenarios exigentes.

    La Copa ha sido tradicionalmente un espacio fértil para el conjunto canario, capaz de crecerse ante rivales de mayor presupuesto y de convertir cada eliminatoria en un reto emocional y deportivo.

    Este cruce encarna como pocos el espíritu del torneo: igualdad, ambición y la posibilidad real de alcanzar unas semifinales históricas. En partidos así, la Copa suele recordar que el fútbol no entiende de etiquetas.

    Con los cuartos de final ya definidos, la Copa de la Reina Iberdrola 2025-2026 entra en una fase donde cada detalle cuenta. El formato de eliminatoria directa, la acumulación de partidos, la gestión de plantillas y el componente emocional adquieren un peso específico. No hay margen para el error ni espacio para la especulación.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Estos cuartos de final reúnen todos los ingredientes que han convertido a la Copa en un torneo único: rivalidades históricas, proyectos emergentes, clásicos de alcance global y eliminatorias donde el contexto puede cambiarlo todo en noventa minutos.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Más allá de los emparejamientos, este sorteo confirma una realidad incuestionable: la Copa de la Reina es el gran relato coral del fútbol femenino español. Un torneo que no solo reparte títulos, sino que construye memoria, impulsa proyectos y conecta generaciones.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    La edición 2025-2026 se adentra en su tramo decisivo con un cuadro que refleja la diversidad, la riqueza y el nivel competitivo alcanzado por el fútbol femenino en España. Desde los grandes referentes hasta los clubes que sueñan con su primera semifinal, todos comparten ahora un mismo horizonte: seguir vivos en la Copa de la Reina Iberdrola.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Estos cuartos de final no son solo una ronda más. Son una radiografía exacta del momento que vive el fútbol femenino en España: competitivo, diverso, emocionalmente poderoso y cada vez más seguido.

    El camino hacia el título ya está marcado. A partir de ahora, la Copa de la Reina no promete nada: lo exige todo.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    La Copa de la Reina Iberdrola 2025-2026 entra así en una fase donde la historia y el futuro se dan la mano, donde cada partido puede convertirse en un recuerdo imborrable y donde el torneo reafirma su condición de corazón emocional del calendario.

    El camino hacia el título ya está trazado. La historia, como siempre, está por escribirse.

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Oficial | Ya están a la venta las entradas para la Supercopa de España Iberdrola en Castellón

    (Fuente: Liga F)

    🟧 El ente federativo ya ha puesto a disposición de los fans los tickets para las dos semifinales y el partido por el título.

    (Fuente: Cristina Medina)

    El fútbol femenino español se prepara para vivir una de sus citas más emblemáticas y significativas de los últimos años: la Supercopa de España Femenina Iberdrola 2026, un torneo que concentra historia, competencia de elite, rivalidades intensas y, sobre todo, simbolismo. Por primera vez desde la instauración del formato Final Four en 2019 —una transformación estratégica que catapultó la competición a un nuevo estatus— la sede de la Supercopa se traslada a Castellón de la Plana, una ciudad con una rica tradición futbolística y un estadio que, sin aspavientos, ha ido ganándose un lugar en el mapa del fútbol nacional. Este cambio no es un simple movimiento logístico, ni un ajuste de calendario. Es, más bien, una declaración profunda sobre cómo el fútbol femenino español concibe sus valores, su crecimiento y su proyección.

    Desde el 5 de enero de 2026, la venta anticipada de entradas está activa exclusivamente a través de la plataforma tickets.rfef.es. El proceso de compra se ha diseñado con criterios de accesibilidad y equidad: cada aficionado puede adquirir hasta seis localidades por transacción, con una estructura de precios segmentada para facilitar la asistencia masiva.

    Así, las entradas se distribuyen en tres categorías —Tribuna a 17 €, Preferencia a 14 € y Fondos a 12 €—, sin incluir gastos de gestión. Esta política de precios se alinea con el espíritu de inclusión que ha impulsado la evolución del fútbol femenino en España, procurando que el espectáculo deportivo sea asequible para una amplia base de aficionados, desde familias a seguidores habituales, hasta nuevos públicos interesados en la Fiesta del fútbol femenino más allá de los grandes centros urbanos.

    Castellón se prepara para acoger un evento que reunirá a los cuatro equipos más importantes de la temporada anterior: Real Madrid CF, Club Atlético de Madrid, FC Barcelona y Athletic Club. Estos clubes son historias vivas de rivalidad, tradición, aspiraciones y estilos de juego diferentes, que han marcado una continuidad competitiva en sus respectivas ligas y torneos internacionales. El formato Final Four, que contempla dos semifinales y una final en un lapso de cinco días, concentra tensión, emoción y dramatismo en una sola localización, lo que permite convertir la Supercopa en un evento que captura la atención de aficionados, medios de comunicación y analistas deportivos en toda España y más allá.

    El calendario del torneo quedó definido de forma clara y atractiva: martes 20 de enero a las 19:00 horas será el turno de la primera semifinal, que enfrenta al Real Madrid CF con el Club Atlético de Madrid —dos gigantes del fútbol español cuya rivalidad trasciende generaciones y estilos—. Al día siguiente, miércoles 21 de enero a las 19:00 horas, se disputará la segunda semifinal entre el FC Barcelona y el Athletic Club, dos instituciones ligadas a tradiciones futbolísticas profundas y que siempre garantizan un espectáculo de alto nivel competitivo. Finalmente, la gran final tendrá lugar el sábado 24 de enero a las 19:00 horas en el renovado Estadio Castalia —también conocido como Estadio SkyFi Castalia por motivos de patrocinio—, cerrando con broche de oro una de las semanas más intensas del calendario futbolístico femenino nacional.

    El Estadio Castalia es mucho más que un recinto deportivo: es el corazón del CD Castellón, el templo donde los “Orelluts” han disputado sus batallas como local.

    Con una capacidad para más de 15.000 espectadores, el estadio ha sido testigo de momentos memorables del fútbol español, incluyendo la finalísima de Primera Federación y varios encuentros de selecciones nacionales. El último antecedente de relevancia tuvo lugar el 14 de octubre, cuando la Selección Española Sub-21 se enfrentó a Finlandia en un partido oficial, reafirmando que Castalia es capaz de albergar eventos de alto nivel competitivo con gran éxito organizativo.

    La confirmación de Castellón como sede de la Supercopa marca así un punto de inflexión territorial, estratégico y simbólico para la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), que apuesta por descentralizar y expandir la visibilidad del fútbol femenino más allá de las grandes metrópolis tradicionales.

    Este traslado de sede no surge de la nada; responde a una lógica de coherencia institucional y de profundización en la identidad del fútbol femenino. Durante años, la Comunidad de Madrid fue el epicentro casi permanente de la Supercopa, albergando seis ediciones entre 2021 y 2025 en diferentes instalaciones como Las Rozas, Leganés y, más recientemente, el Estadio de Butarque. Si bien estas sedes ofrecían garantías logísticas, comunicativas y de exposición mediática, con el paso del tiempo surgieron inquietudes legítimas entre distintas aficiones e instituciones deportivas: ¿por qué centralizar un torneo de ámbito nacional en una sola región? ¿No debería la Supercopa, en su naturaleza profundamente representativa, recorrer territorios y reflejar la pluralidad de identidades del fútbol femenino español?

    La respuesta a estas preguntas no es meramente geográfica. Tiene que ver con cómo el fútbol femenino ha evolucionado —no solo como espectáculo deportivo—, sino como un fenómeno cultural con una base social sólida, exigente y consciente de su peso. La elección de Castellón, entonces, se interpreta como un gesto con contenido: implica descentralización, accesibilidad y reconocimiento de que el fútbol femenino puede y debe formar parte activa del tejido social de múltiples regiones, no limitarse a polos tradicionales.

    Este posicionamiento se reforzó en diciembre de 2025, cuando la RFEF hizo oficial el anuncio de Castellón como sede de la Supercopa. Ese anuncio, lejos de ser un trámite logístico, fue una manifestación deliberada de compromiso con principios que trascienden lo puramente económico. En la mesa de negociación también estuvo sobre la mesa la posibilidad de replicar el modelo masculino y exportar el torneo a Arabia Saudí, en un movimiento que, aunque aparentemente tentador desde una perspectiva financiera, planteaba interrogantes profundos sobre derechos, dignidad y coherencia con los valores del fútbol femenino. Ante esta propuesta, clubes como el Real Madrid C.F. expresaron su negativa a viajar a un país donde el respeto a los derechos de las mujeres no se encuentra al nivel esperado. Esta postura no fue un gesto aislado ni caprichoso, sino una decisión fundamentada en principios éticos y políticos que reflejan la esencia misma del movimiento por la igualdad en el deporte.

    Lejos de ser una decisión técnica, la negativa a aceptar una sede exterior que contradijese los valores del torneo consolidó una idea: el crecimiento del fútbol femenino no puede desligarse de los derechos, la visibilidad y la dignidad de las mujeres. La Supercopa no es solo un trofeo, sino un escaparate con un mensaje, una narrativa que comunica intenciones, prioridades y compromiso con una evolución que respeta su razón de ser.

    Para comprender la magnitud del paso que ahora se da con Castellón, conviene mirar atrás y rememorar los hitos que han marcado la Supercopa de España Femenina desde que adoptó el formato Final Four. En 2019, la competición vivió un antes y un después con la implantación de este formato, que transformó una competición residual en un evento concentrado capaz de reunir en una única sede a los cuatro mejores equipos de la temporada. La primera edición de este nuevo formato se celebró en Mérida, en el Estadio Romano José Fouto, y no fue una casualidad. Fue una apuesta valiente que llevó el foco mediático al corazón de Extremadura, un territorio con fuerte arraigo cultural, pero históricamente menos representado en la agenda deportiva nacional. La respuesta de aficionados y medios fue positiva y sentó un precedente: el fútbol femenino podía generar impacto y notoriedad fuera de los centros habituales, impulsando desarrollo territorial.

    Al año siguiente, en 2020, Salamanca tomó el relevo con el Estadio Helmántico como escenario, consolidando la idea de una Supercopa itinerante, cercana y con capacidad para construir identidad en distintos puntos del país. Estos movimientos iniciales abrieron una puerta de posibilidades; sin embargo, en los años siguientes esa vocación viajera fue perdiendo parte de su impulso, estabilizándose en torno a Madrid, un centro con infraestructuras robustas, cobertura mediática garantizada y logística eficiente.

    Mérida y Salamanca quedaron entonces como referencias nostálgicas de lo que pudo ser, un símbolo de cómo el torneo pudo haber desarrollado una identidad más itinerante y plural en sus primeras ediciones.

    Hoy, con Castellón, la RFEF retoma aquella visión inicial de expansión y equidad territorial, revalorizando la idea de que grandes eventos de fútbol femenino pueden disputarse con éxito en ciudades que no sean las tradicionales capitales, y que estas experiencias contribuyen a fortalecer el tejido deportivo, social y cultural en regiones diversas de España.

    El carácter de la Supercopa de España Femenina no se limita únicamente a su formato y sede. Los equipos participantes —Real Madrid CF, Club Atlético de Madrid, FC Barcelona y Athletic Club— representan trayectorias, filosofías de juego, estructuras deportivas y comunidades de seguidores que enriquecen la narrativa de la competición. Estas instituciones no solo compiten por un trofeo; compiten por tradición, orgullo y por seguir consolidando el lugar del fútbol femenino dentro de la jerarquía global del deporte.

    La semifinal del martes 20 de enero, que enfrentará al Real Madrid con el Atlético de Madrid, trae consigo una de las rivalidades más intensas del fútbol español en cualquier división o categoría. Cuando estos dos equipos se encuentran, no solo se juega un pase a la final, sino también una batalla de estilos, tensiones competitivas y orgullo local. Al día siguiente, la semifinal entre el FC Barcelona y el Athletic Club promete un choque táctico y técnico de alto voltaje, entre dos clubes con profundo arraigo histórico y filosofías futbolísticas bien definidas.

    La final, el sábado 24 de enero a las 19:00, no será solo la culminación de varios días de competición —será la coronación de un proyecto, un logro de esfuerzo colectivo, talento individual y una expresión de cómo ha evolucionado el fútbol femenino en España.

    El formato Final Four, que concentra emoción, incertidumbre y espectáculo en tres días intensos, ha demostrado ser un catalizador de atención mediática y social, y este año promete elevar aún más la vara.

    Todos los encuentros de la Supercopa de España Femenina 2026 se podrán seguir en directo y en abierto a través de RTVE, asegurando que la cobertura llegue a millones de hogares y consolidando la presencia del fútbol femenino en la programación de servicio público. Este compromiso con la audiencia se alinea con las necesidades de una competición cuyos niveles de audiencia y seguimiento han crecido de manera sostenida en los últimos años, reflejo del interés creciente de espectadores, jóvenes aficionados, familias y comunidades que encuentran en este deporte una forma de identidad, entretenimiento y conexión social.

    La apuesta por RTVE no solo garantiza visibilidad sino también accesibilidad, permitiendo que la transmisión llegue sin barreras adicionales a un público amplio y diverso. Esto es especialmente relevante en un contexto en el que el fútbol femenino busca no solo conquistar estadios, sino también consolidar un espacio mediático propio, sostenible y respetuoso con los valores de equidad y representación.

    Estadio SkyFi Castalia se erige ahora como un símbolo de la nueva etapa del fútbol femenino en España. Más allá de su funcionalidad como recinto deportivo, Castalia representa una apuesta por una ciudad que respira fútbol, que ha demostrado capacidad organizativa y que ahora se prepara para acoger un torneo con impacto nacional. La colaboración entre la RFEF, la Generalitat Valenciana, el Ayuntamiento de Castellón de la Plana y el CD Castellón ha sido fundamental para consolidar este proyecto, reflejando una alianza institucional que comparte visión estratégica y compromiso con el crecimiento del deporte femenino.

    La elección de Castellón no ha sido casual. Tiene un profundo significado territorial, pues sitúa la competición en un punto geográfico que equilibra las grandes áreas metropolitanas con espacios menos habituales en la élite del deporte nacional. Asimismo, supone una invitación a aficionados de diferentes comunidades cercanas a acercarse al estadio, vivir la experiencia en vivo y formar parte de un evento que no solo celebra fútbol, sino también identidad, pertenencia y cultura deportiva.

    Cuando el balón eche a rodar en Castalia, no comenzará simplemente una Final Four más. Comenzará un nuevo capítulo en la historia del fútbol femenino español: uno en el que la competición reafirma que no necesita copiar modelos ajenos para brillar, sino construir su propio camino, basado en valores, coherencia y crecimiento sostenible. La Supercopa de España Femenina 2026 no será solo un torneo. Será la representación de un presente vibrante y un futuro prometedor, donde el fútbol femenino continúa reivindicando su lugar legítimo en la literatura deportiva de este país.

    Porque en enero, en Castellón, no se jugará solo una Supercopa. Se jugará una parte importante de la historia reciente del fútbol femenino español. Se disputará con la memoria de lo que ha sido, el orgullo de lo que es y la ambición de lo que será.

    Link para adquirir las entradas para la Supercopa de España 2026 |

    https://taquilla.rfef.es/rfef_tickets/events/51261?sessionView=LIST

    (Fuente: RFEF)
  • Reportaje | Ivana Andrés, la central que sostuvo el tiempo

    (Fuente: Getty imágenes)

    ⬛️ De Valencia al mundo: la carrera de una capitana sin ruido que levantó el trofeo de la Copa del Mundo en Sídney aquel 20 de agosto de 2023.

    (Fuente: Getty imágenes)

    No todas las futbolistas construyen su carrera desde el impacto inmediato. Algunas lo hacen desde la permanencia. Desde estar. Desde sostener. Ivana Andrés pertenece a ese grupo reducido de jugadoras cuya importancia no siempre se mide en focos, sino en procesos. Central de formación, capitana por naturaleza y líder sin estridencias, su trayectoria resume como pocas la evolución del fútbol femenino español en la última década.

    Hay gestos que valen más que mil palabras. El 20 de agosto de 2023, Ivana Andrés alzó la Copa del Mundo FIFA con la Selección Española. En la imagen no había estridencias. No había gritos mediáticos, ni celebraciones virales, ni portadas diseñadas para capturar el momento exacto de un gol decisivo. Solo estaba ella, serena, con el brazalete de capitana en la muñeca y la pelota de la gloria sobre sus manos. Ese gesto resumía más de una década de trabajo invisible, de liderazgo silencioso, de fiabilidad sostenida y de coherencia absoluta.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Para entender a Ivana Andrés no basta con mirar ese momento. No se trata de un talento precoz que irrumpió con fuerza en titulares o de una jugadora que aceleró el juego con regates imposibles. Su historia se entiende desde la constancia. Desde la capacidad de sostener. Desde estar siempre, incluso cuando nadie miraba. El relato de Ivana es el de las futbolistas imprescindibles, las que permiten que todo lo demás ocurra. Las que sostienen el equipo, el proyecto y, finalmente, la historia.

    Ese día, al levantar la Copa del Mundo, Ivana no solo celebraba un título. Celebraba una carrera construida en silencio, desde la estabilidad, la lectura táctica y la autoridad moral.

    Celebraba el reconocimiento a una futbolista que, durante años, fue más importante dentro del vestuario que en los flashes de la prensa. Celebraba la culminación de un proceso largo: de una joven que llegó al Valencia CF en 2009, cuando el fútbol femenino español aún caminaba con dificultad, hasta convertirse en referente nacional e internacional, líder y capitana de la Selección Española de Fútbol.

    comprender la dimensión del recorrido de Ivana Andrés, es necesario retroceder al momento en que irrumpió en el Valencia CF. La temporada 2009/10 no es solo el inicio de su carrera; es un retrato del fútbol femenino español en construcción.

    En aquel entonces, el panorama era radicalmente distinto al actual. Los campos de entrenamiento eran modestos, muchas veces de césped sintético irregular; los horarios de los partidos estaban supeditados a la disponibilidad de instalaciones compartidas con categorías masculinas; y los presupuestos de los clubes eran mínimos, lo que significaba que gran parte de las futbolistas combinaban su carrera deportiva con estudios o trabajos. La profesionalización era una aspiración, no una realidad.

    El Valencia CF Femenino, aunque un club históricamente relevante, no era una excepción. Su estructura estaba en fase de consolidación. Existían entrenadores con vocación y visión, pero la estabilidad dependía más de la pasión que de recursos sólidos. En este entorno, las jóvenes jugadoras aprendían a adaptarse, a improvisar y a sobrevivir. Cada entrenamiento era una lección de resiliencia, cada partido una prueba de madurez temprana.

    Ivana llegó con apenas 16 años, pero con una claridad poco habitual: entendía el fútbol como control y anticipación, no como exhibición física o destello individual. No era la más rápida, ni la más alta, ni la más espectacular. Pero desde el primer momento mostró una cualidad que sería su sello durante toda su carrera: regularidad. En un contexto donde las fluctuaciones eran la norma —errores, lesiones, equipos descompensados—, su constancia era diferencial. Podía no brillar, pero no fallaba. Podía no destacar, pero sostenía.

    El fútbol femenino español de entonces se enfrentaba a múltiples desafíos. Los clubes competían en ligas que aún buscaban estabilidad competitiva. La cobertura mediática era mínima: los partidos rara vez se retransmitían y los reportajes se limitaban a notas breves en diarios locales. Las futbolistas eran conocidas principalmente en sus ciudades, no a nivel nacional, y la narrativa sobre ellas solía centrarse en la precariedad, no en la calidad deportiva.

    En ese contexto, aprender significaba más que técnica: significaba entender la categoría, leer el juego y construir hábitos que sobrevivieran al caos. Ivana Andrés hizo eso con naturalidad. Sus primeras temporadas fueron discretas en estadísticas, pero determinantes en aprendizaje. Ganó minutos de manera progresiva, asimiló la intensidad de la Liga Nacional y desarrolló un criterio defensivo adelantado a su edad. Cada partido era un laboratorio de posicionamiento, comunicación y control del juego.

    La joven central valenciana no se caracterizaba por entradas espectaculares ni por duelos físicos constantes. Su arma era la colocación, la anticipación y la capacidad de leer el peligro antes de que apareciera. Su presencia en el campo generaba seguridad al equipo: las compañeras sabían que podían confiar en que los espacios estarían bien cubiertos, que las transiciones estarían organizadas y que la defensa mantendría su integridad incluso en momentos complicados.

    Ese aprendizaje silencioso no era reconocido por portadas ni premios. Pero era fundamental. Porque el fútbol femenino español necesitaba figuras como Ivana: futbolistas que no solo jugaran, sino que sostuvieran. La categoría juvenil y la Liga Nacional no ofrecían lujo; ofrecían formación y oportunidades para entender el fútbol desde la calma y la cabeza. Ivana abrazó ese camino con disciplina y sin ruido.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Entre 2009 y 2014, su progresión fue constante. Cada año acumulaba minutos, ganaba confianza y empezaba a ser percibida no solo como una promesa, sino como una jugadora fiable. Su evolución estaba marcada por la madurez, no por el protagonismo mediático. En un fútbol que aún luchaba por profesionalizarse, esa madurez era una ventaja competitiva.

    Su llegada coincidía con un momento crucial: la transformación silenciosa de la Liga Femenina Española, que empezaba a consolidar clubes, estructurar competiciones y profesionalizar recursos de manera gradual. En ese período, el Valencia CF se posicionaba como un club capaz de ofrecer continuidad y formación de calidad, lo que permitió a Ivana consolidar sus bases tácticas y su carácter.

    Aprender en ese contexto era aprender a sostener, a no depender de circunstancias externas, a adaptarse a cada rival y a cada partido. La joven central entendió desde el principio que su valor no residía en acciones individuales llamativas, sino en la consistencia, la lectura del juego y la capacidad de ser un referente silencioso dentro del equipo.

    De esta manera, los años formativos de Ivana Andrés no solo fueron el inicio de una carrera deportiva, sino también una lección sobre cómo se construye la fiabilidad: minuto a minuto, entrenamiento a entrenamiento, partido a partido. Era la primera vez que se sentía la semilla de un liderazgo que, años después, sería reconocido con el brazalete de capitana en clubes y en la Selección.

    En paralelo a su evolución en el club, Ivana Andrés comenzó a destacar en las categorías inferiores de la selección española. Ya había participado en torneos Sub-17 y Sub-19, y su desempeño reflejaba la misma regularidad que mostraba en Valencia. Su capacidad para leer el juego, su serenidad y su liderazgo natural le valieron un reconocimiento progresivo que, años más tarde, la consolidaría como referente de la Selección Absoluta.

    En resumen, antes de ser internacional y antes de levantar títulos, Ivana se formó en un fútbol que exigía resistencia, inteligencia y coherencia. Su carrera no comenzó con un golpe de talento, sino con una aceptación temprana de la disciplina silenciosa que el fútbol femenino requería en España. Lo que entonces parecía rutina, más tarde se convertiría en una virtud esencial: la capacidad de sostener equipos, proyectos y, finalmente, la historia misma del fútbol femenino español.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Cuando Ivana Andrés debutó con el primer equipo del Valencia CF Femenino en la temporada 2010/11, ya había demostrado que su talento no se medía en destellos individuales, sino en consistencia y regularidad. Tenía apenas 17 años, pero la madurez que mostraba sobre el césped la distinguía de muchas jugadoras con más experiencia. No era una central físicamente dominante ni de entradas espectaculares; era, sobre todo, una central que entendía el juego antes de que este sucediera. Esa comprensión del fútbol le permitió adaptarse rápidamente a la exigencia de la categoría y a la presión de un club que aspiraba a consolidarse en la élite española.

    Los primeros años fueron, ante todo, un periodo de aprendizaje. Cada partido era un desafío: enfrentarse a delanteras veteranas, leer sistemas tácticos cada vez más complejos y asumir responsabilidades defensivas que, a veces, recaían sobre jugadoras mucho más experimentadas. Ivana no era una futbolista que necesitara acaparar protagonismo; su fortaleza residía en la constancia de sus decisiones y la seguridad que transmitía al equipo. Sus entrenadores pronto comprendieron que, aunque no destacara con estadísticas llamativas, podía ser el eje sobre el que sostener la defensa.

    Durante esta etapa, la joven central desarrolló un rasgo que definiría toda su carrera: la anticipación. A diferencia de muchas defensoras de su generación, que confiaban en la fuerza física o en la agresividad de la entrada, Ivana aprendió a posicionarse con precisión, a leer el movimiento del rival y a interceptar situaciones antes de que se convirtieran en peligro. Esta capacidad le permitió acumular minutos de forma constante y ganar la confianza del cuerpo técnico y de sus compañeras.

    En paralelo a su desarrollo defensivo, Ivana comenzó a forjar su liderazgo silencioso. Aunque aún no llevaba el brazalete, su presencia sobre el campo era evidente. Corría, ordenaba, ajustaba el posicionamiento de sus compañeras y transmitía seguridad. No lo hacía mediante discursos o arengas, sino con la coherencia de su juego. Las futbolistas jóvenes que llegaban al primer equipo la observaban y aprendían, y las veteranas encontraban en ella un soporte confiable que permitía organizar la defensa con tranquilidad.

    Durante estos años, el Valencia CF Femenino se enfrentaba a un entorno competitivo que estaba en pleno proceso de profesionalización. Los clubes grandes comenzaban a invertir de manera más sistemática, pero la Liga seguía marcada por la irregularidad de presupuestos, recursos y cobertura mediática. En este contexto, la fiabilidad individual era un valor estratégico. Ivana ofrecía justamente eso: una futbolista que podía sostener el equipo incluso cuando las circunstancias externas eran complicadas.

    (Fuente: Getty imágenes)

    El estilo de Ivana también se fue definiendo en esta etapa. No buscaba el protagonismo mediante recuperaciones espectaculares ni incursiones ofensivas; priorizaba la seguridad, la colocación y la protección del espacio. Su juego se basaba en evitar que el peligro llegara a su área, en lugar de reaccionar cuando ya estaba presente. Esta mentalidad defensiva le permitió acumular muy pocas tarjetas, mantener la solidez de la defensa y generar confianza en el resto del equipo.

    A medida que pasaban las temporadas, Ivana empezó a ser percibida no solo como una futbolista confiable, sino también como una jugadora estratégica para el proyecto valencianista. Su capacidad para adaptarse a distintos sistemas tácticos y su madurez competitiva la convirtieron en un recurso indispensable. Ya no era simplemente una promesa juvenil; era una futbolista que podía sostener al equipo en momentos críticos, capaz de organizar la línea defensiva y de transmitir serenidad a sus compañeras.

    Los entrenadores del Valencia, conscientes de su potencial, comenzaron a otorgarle más responsabilidades dentro del campo. Aunque la capitanía formal aún no llegaba, Ivana ejercía un liderazgo tácito: corregía, ordenaba y asumía la iniciativa en situaciones de tensión. Su influencia era silenciosa pero efectiva, y pronto se convirtió en un referente para todas las jugadoras del vestuario.

    En estos primeros años, Ivana también aprendió a gestionar la presión externa. La cobertura mediática era limitada, pero los partidos de la Liga empezaban a atraer atención y expectación. La joven central entendió que su mejor defensa era mantener la calma, rendir siempre y no dejarse llevar por el ruido. Esa filosofía le permitiría, más adelante, liderar equipos en contextos mucho más exigentes y mediáticos, como el Real Madrid Femenino o la Selección Española.

    Por último, cabe destacar que esta etapa formativa también fue clave para consolidar la capacidad de adaptación de Ivana. En un fútbol femenino español que cambiaba año tras año, con reglamentos nuevos, competiciones europeas en expansión y equipos en transformación, Ivana aprendió a ajustar su juego sin perder identidad. Esa habilidad sería fundamental cuando años después se enfrentara a retos distintos: un Levante en la parte alta de la Liga, un proyecto emergente en el Real Madrid y, finalmente, su primera experiencia fuera de España en la Serie A italiana.

    En resumen, los primeros años de Ivana Andrés en el Valencia CF Femenino fueron mucho más que simples aprendizajes técnicos. Fueron una lección de paciencia, regularidad y liderazgo silencioso. En un entorno marcado por la precariedad y la falta de recursos, su capacidad para sostener el equipo se convirtió en su principal virtud. Cada partido, cada entrenamiento y cada temporada acumulada fue construyendo los cimientos de una carrera que, años después, la llevaría a levantar la Copa del Mundo como capitana de España.

    Esta etapa temprana demuestra que no todas las futbolistas construyen su historia desde la espectacularidad. Algunas lo hacen desde la constancia, desde la disciplina y desde la capacidad de influir en el equipo sin necesidad de que todos lo vean. Ivana Andrés pertenece a este grupo. Y es precisamente esa combinación de fiabilidad, lectura táctica y liderazgo silencioso la que define su trayectoria y la prepara para los capítulos siguientes de su carrera: la capitanía formal, la consolidación en clubes mayores y, finalmente, la gloria internacional.

    Cuando Ivana Andrés debutó con el primer equipo del Valencia CF Femenino en la temporada 2010/11, ya había demostrado que su talento no se medía en destellos individuales, sino en consistencia y regularidad. Tenía apenas 17 años, pero la madurez que mostraba sobre el césped la distinguía de muchas jugadoras con más experiencia. No era una central físicamente dominante ni de entradas espectaculares; era, sobre todo, una central que entendía el juego antes de que este sucediera. Esa comprensión del fútbol le permitió adaptarse rápidamente a la exigencia de la categoría y a la presión de un club que aspiraba a consolidarse en la élite española.

    Los primeros años fueron, ante todo, un periodo de aprendizaje. Cada partido era un desafío: enfrentarse a delanteras veteranas, leer sistemas tácticos cada vez más complejos y asumir responsabilidades defensivas que, a veces, recaían sobre jugadoras mucho más experimentadas. Ivana no era una futbolista que necesitara acaparar protagonismo; su fortaleza residía en la constancia de sus decisiones y la seguridad que transmitía al equipo. Sus entrenadores pronto comprendieron que, aunque no destacara con estadísticas llamativas, podía ser el eje sobre el que sostener la defensa.

    Durante esta etapa, la joven central desarrolló un rasgo que definiría toda su carrera: la anticipación. A diferencia de muchas defensoras de su generación, que confiaban en la fuerza física o en la agresividad de la entrada, Ivana aprendió a posicionarse con precisión, a leer el movimiento del rival y a interceptar situaciones antes de que se convirtieran en peligro. Esta capacidad le permitió acumular minutos de forma constante y ganar la confianza del cuerpo técnico y de sus compañeras.

    En paralelo a su desarrollo defensivo, Ivana comenzó a forjar su liderazgo silencioso. Aunque aún no llevaba el brazalete, su presencia sobre el campo era evidente. Corría, ordenaba, ajustaba el posicionamiento de sus compañeras y transmitía seguridad. No lo hacía mediante discursos o arengas, sino con la coherencia de su juego. Las futbolistas jóvenes que llegaban al primer equipo la observaban y aprendían, y las veteranas encontraban en ella un soporte confiable que permitía organizar la defensa con tranquilidad.

    Durante estos años, el Valencia CF Femenino se enfrentaba a un entorno competitivo que estaba en pleno proceso de profesionalización. Los clubes grandes comenzaban a invertir de manera más sistemática, pero la Liga seguía marcada por la irregularidad de presupuestos, recursos y cobertura mediática. En este contexto, la fiabilidad individual era un valor estratégico. Ivana ofrecía justamente eso: una futbolista que podía sostener el equipo incluso cuando las circunstancias externas eran complicadas.

    En paralelo a su evolución en el club, Ivana Andrés comenzó a destacar en las categorías inferiores de la selección española. Ya había participado en torneos Sub-17 y Sub-19, y su desempeño reflejaba la misma regularidad que mostraba en Valencia. Su capacidad para leer el juego, su serenidad y su liderazgo natural le valieron un reconocimiento progresivo que, años más tarde, la consolidaría como referente de la Selección Absoluta.

    El estilo de Ivana también se fue definiendo en esta etapa. No buscaba el protagonismo mediante recuperaciones espectaculares ni incursiones ofensivas; priorizaba la seguridad, la colocación y la protección del espacio. Su juego se basaba en evitar que el peligro llegara a su área, en lugar de reaccionar cuando ya estaba presente. Esta mentalidad defensiva le permitió acumular muy pocas tarjetas, mantener la solidez de la defensa y generar confianza en el resto del equipo.

    A medida que pasaban las temporadas, Ivana empezó a ser percibida no solo como una futbolista confiable, sino también como una jugadora estratégica para el proyecto valencianista. Su capacidad para adaptarse a distintos sistemas tácticos y su madurez competitiva la convirtieron en un recurso indispensable. Ya no era simplemente una promesa juvenil; era una futbolista que podía sostener al equipo en momentos críticos, capaz de organizar la línea defensiva y de transmitir serenidad a sus compañeras.

    Los entrenadores del Valencia, conscientes de su potencial, comenzaron a otorgarle más responsabilidades dentro del campo. Aunque la capitanía formal aún no llegaba, Ivana ejercía un liderazgo tácito: corregía, ordenaba y asumía la iniciativa en situaciones de tensión. Su influencia era silenciosa pero efectiva, y pronto se convirtió en un referente para todas las jugadoras del vestuario.

    En estos primeros años, Ivana también aprendió a gestionar la presión externa. La cobertura mediática era limitada, pero los partidos de la Liga empezaban a atraer atención y expectación. La joven central entendió que su mejor defensa era mantener la calma, rendir siempre y no dejarse llevar por el ruido. Esa filosofía le permitiría, más adelante, liderar equipos en contextos mucho más exigentes y mediáticos, como el Real Madrid Femenino o la Selección Española.

    Por último, cabe destacar que esta etapa formativa también fue clave para consolidar la capacidad de adaptación de Ivana. En un fútbol femenino español que cambiaba año tras año, con reglamentos nuevos, competiciones europeas en expansión y equipos en transformación, Ivana aprendió a ajustar su juego sin perder identidad. Esa habilidad sería fundamental cuando años después se enfrentara a retos distintos: un Levante en la parte alta de la Liga, un proyecto emergente en el Real Madrid y, finalmente, su primera experiencia fuera de España en la Serie A italiana.

    En resumen, los primeros años de Ivana Andrés en el Valencia CF Femenino fueron mucho más que simples aprendizajes técnicos. Fueron una lección de paciencia, regularidad y liderazgo silencioso. En un entorno marcado por la precariedad y la falta de recursos, su capacidad para sostener el equipo se convirtió en su principal virtud. Cada partido, cada entrenamiento y cada temporada acumulada fue construyendo los cimientos de una carrera que, años después, la llevaría a levantar la Copa del Mundo como capitana de España.

    Esta etapa temprana demuestra que no todas las futbolistas construyen su historia desde la espectacularidad. Algunas lo hacen desde la constancia, desde la disciplina y desde la capacidad de influir en el equipo sin necesidad de que todos lo vean. Ivana Andrés pertenece a este grupo. Y es precisamente esa combinación de fiabilidad, lectura táctica y liderazgo silencioso la que define su trayectoria y la prepara para los capítulos siguientes de su carrera: la capitanía formal, la consolidación en clubes mayores y, finalmente, la gloria internacional.

    En esta fase, Ivana asumió formalmente el brazalete de capitana, no porque buscara protagonismo, sino porque era la futbolista que mejor representaba la estabilidad y el equilibrio dentro del vestuario. Su liderazgo no era discursivo ni ruidoso; se ejercía con hechos. Ordenaba, corregía y sostenía desde el campo. Su influencia no dependía del volumen de voz, sino de la coherencia de sus decisiones. Cada jugada, cada intervención, cada colocación era una enseñanza tácita para sus compañeras.

    La capitanía de Ivana no consistía en hablar más que nadie; consistía en hacer mejor a quienes la rodeaban. Era capaz de mejorar la lectura del juego de sus compañeras, de orientar la defensa y de reducir los riesgos de forma silenciosa. Esa capacidad de liderazgo funcional se convirtió en su sello: un poder que no se impone, sino que se acepta.

    Valencia vivió uno de sus períodos más estables en este tiempo. El club no solo competía de manera regular en la Liga, sino que también alcanzó momentos históricos, como la final de la Copa de la Reina de 2015. Ivana fue un pilar fundamental en ese éxito. No firmó goles decisivos ni intervenciones espectaculares que quedaran grabadas en la memoria colectiva; lo hizo con seguridad, orden y control táctico. En esos partidos, su presencia se percibía como un ancla: mientras ella estaba en el campo, el equipo respiraba con más confianza.

    La final de 2015 representa, en muchos sentidos, un punto simbólico en la carrera de Ivana. Fue la primera gran cita nacional en la que su liderazgo y capacidad defensiva se vieron reflejados en un resultado tangible, aunque finalmente el equipo no lograra alzar el título. Su actuación y la confianza que generaba fueron suficientes para consolidar su posición como referente del equipo.

    que distingue a Ivana no es solo su capacidad defensiva, sino su influencia en el vestuario. Incluso cuando otras jugadoras eran más mediáticas o talentosas en el plano individual, ella era la figura que equilibraba el grupo. Su liderazgo se basaba en la coherencia, la constancia y la fiabilidad, y esas cualidades generaban respeto. Las decisiones que tomaba sobre el césped y fuera de él no necesitaban ser comentadas: hablaban por sí mismas.

    Ese tipo de liderazgo tiene un efecto multiplicador. Ivana hacía mejores a sus compañeras porque les ofrecía seguridad y ejemplo constante. Su manera de leer el juego, su colocación precisa y su capacidad de anticipación no solo neutralizaban al rival, sino que también permitían al equipo mantener la estructura y responder con tranquilidad a situaciones de presión.

    Durante estos años, Ivana empezó a consolidarse en la Selección Española Absoluta. Su regularidad y capacidad de liderazgo silencioso la llevaron a entrar en la órbita nacional de manera definitiva. Ya no era solo una promesa; era una central fiable a nivel internacional, capaz de competir contra rivales de máxima exigencia. Su participación en torneos internacionales sub-19 y su progresión natural hacia la Absoluta reflejaban que su desarrollo no dependía únicamente del club: su nivel de rendimiento era consistente en cualquier contexto competitivo.

    A nivel táctico, Ivana seguía desarrollando su estilo característico. No necesitaba intervenir en cada acción para demostrar dominio. Su fortaleza residía en prevenir el peligro mediante colocación, lectura y control del espacio. En duelos individuales, confiaba más en la posición que en la fuerza o la entrada arriesgada. Su juego aéreo era correcto, suficiente para sostener al equipo sin ser necesariamente dominante. Y en la salida de balón, prefería la seguridad del pase corto a asumir riesgos innecesarios.

    Lo más importante de este período es que Ivana aprendió a liderar sin alterar su estilo de juego. No cambió su manera de defender ni de organizar. Ajustó matices, pero nunca perdió identidad. Esa coherencia le permitió sostener equipos en momentos críticos, siendo una referencia clara dentro y fuera del campo.

    La etapa 2014–2018 no solo consolidó a Ivana como líder y central fiable; también la preparó para retos mayores. La consistencia demostrada en Valencia la convirtió en una futbolista atractiva para clubes de mayor nivel competitivo. Su perfil —experiencia, liderazgo, fiabilidad— empezaba a situarla en la agenda de equipos con aspiraciones europeas y proyectos más ambiciosos.

    A su salida en 2018, tras casi una década en Valencia, no se trató de una ruptura sino de un final de ciclo natural. Su paso por el club dejó una impronta clara: había sido el eje que sostuvo al equipo durante años difíciles, el referente silencioso en vestuarios complejos y la central que había aprendido a liderar sin necesidad de protagonismo.

    Estos cuatro años representan la madurez de la futbolista y del liderazgo de Ivana Andrés. Se consolidó como una central capaz de sostener equipos, de influir sin imponerse y de liderar en contextos de presión. Cada entrenamiento, cada partido y cada decisión dentro del campo contribuyeron a construir la figura de una capitana funcional: discreta, constante y esencial.

    Este período de Valencia marca el inicio de la siguiente fase de su carrera: el salto a equipos con mayores exigencias competitivas, primero el Levante Unión Deportiva y luego el Real Madrid Femenino, donde su liderazgo y fiabilidad serían puestos a prueba en contextos aún más complejos y mediáticos.

    Cuando Ivana Andrés dejó el Valencia CF en 2018, se enfrentó a un desafío que marcaría la siguiente etapa de su carrera: incorporarse al Levante UD Femenino, un club en la parte alta de la Liga F y con aspiraciones europeas. Si en Valencia había sido el eje defensivo y emocional de un equipo en proceso de consolidación, en Levante debía demostrar que su rendimiento no dependía del contexto ni de la estabilidad previa. La prueba era doble: competir en un nivel superior y adaptarse a un nuevo vestuario, con estructuras tácticas más exigentes y rivales más potentes.

    Desde el primer partido, Ivana mostró que su estilo de juego —basado en lectura del juego, posicionamiento y control del espacio— no necesitaba ser modificado para ser efectivo en un contexto más competitivo. La Serie A española de entonces era más táctica, con defensas organizadas y delanteras veloces; Levante requería de una central que pudiera mantener la estructura defensiva y dar seguridad en la salida de balón. Ivana cumplió con creces, convirtiéndose rápidamente en pieza clave de la línea defensiva.

    Lo que distingue su rendimiento en Levante fue la capacidad de adaptación sin pérdida de identidad. No era necesario cambiar su manera de defender; bastaba con ajustar matices según el esquema del equipo o la estrategia del rival. Su comprensión del juego se tradujo en anticipación, cobertura de espacios y organización de la defensa, garantizando que el bloque defensivo funcionara como una unidad cohesionada, incluso ante delanteras de alto nivel.

    La esencia del juego de Ivana reside en la lectura táctica. Mientras muchas centrales dependen de la fuerza o de la agresividad de las entradas, ella se adelantaba al peligro mediante colocación estratégica y comunicación constante. Esta habilidad adquirió especial relevancia en Levante, donde la exigencia ofensiva de los rivales era mayor. Su capacidad para interpretar la situación permitió a sus compañeras actuar con confianza, sabiendo que los espacios estaban bien cubiertos y que los riesgos se gestionaban de manera inteligente.

    Su estilo de juego refleja un principio clave: la central no necesita acumular acciones defensivas para dominar un partido. Ivana demostraba que la influencia de una futbolista puede ser silenciosa pero determinante. Su colocación, orientación del juego y protección de espacios reducían al mínimo las situaciones de peligro, y su comunicación constante fortalecía la cohesión defensiva.

    En Levante, Ivana asumió un rol de liderazgo que no dependía del brazalete. Su experiencia y capacidad para sostener equipos la convirtieron en referente del vestuario desde el primer día. Ordenaba, ajustaba y dirigía a sus compañeras, no mediante imposición, sino con autoridad natural. Su liderazgo era aceptado y respetado, algo que se volvió evidente cuando el equipo enfrentaba momentos complicados dentro y fuera del campo.

    Además, su paso por Levante confirmó que su rendimiento no dependía de un entorno familiar o de años de estabilidad en un club. La misma futbolista que había liderado Valencia ahora demostraba su consistencia en un equipo distinto, con compañeras y entrenadores nuevos, en un contexto táctico más exigente y con rivales que exigían mayor concentración y rapidez de decisión.

    En términos tácticos, la etapa de Levante permitió a Ivana perfeccionar su estilo característico. Aprendió a leer no solo los movimientos del rival, sino también las transiciones rápidas y las variantes ofensivas más directas, adaptando su posicionamiento para mantener el equilibrio del equipo. Su juego aéreo se mantuvo sólido, sus intervenciones fueron precisas y su participación en la salida de balón se centró en garantizar seguridad antes que arriesgar. Cada partido reafirmaba su reputación como una central que combina eficacia, previsión y liderazgo silencioso.

    Esta etapa también le permitió consolidar su imagen como referente nacional. Su regularidad y fiabilidad en Levante reforzaron su posición en la Selección Española, confirmando que era una central de élite capaz de rendir en contextos distintos, siempre con coherencia y equilibrio. Los entrenadores nacionales podían confiar en que, en cualquier escenario, Ivana aportaría seguridad defensiva y estabilidad emocional al equipo.

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    El paso por Levante no solo consolidó su reputación; la preparó para el siguiente desafío de su carrera: incorporarse al Real Madrid Femenino, un proyecto naciente con grandes ambiciones y un nivel de exposición mediática sin precedentes. En Levante, Ivana había demostrado que podía sostener equipos en contextos competitivos, liderar sin necesidad de imposición y adaptarse a sistemas tácticos complejos. Todas estas virtudes serían esenciales para su éxito en un club que, en 2020, buscaba construir un proyecto sólido desde cero.

    En este sentido, Levante fue la confirmación de que Ivana Andrés no solo era una futbolista fiable, sino también una central capaz de elevar la estabilidad y el rendimiento de cualquier equipo en el que jugara. La etapa valenciana y granota juntas muestran un patrón claro: regularidad, lectura táctica, liderazgo silencioso y capacidad de adaptación. Cuatro pilares que definirían toda su trayectoria, incluso en contextos más exigentes y mediáticos.

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    En resumen, los años 2018–2020 representan la consolidación definitiva de Ivana Andrés como central moderna y referente nacional. Su etapa en Levante fue crucial: confirmó que su rendimiento era consistente en cualquier escenario, perfeccionó su lectura táctica y reforzó su liderazgo funcional. Todo esto la preparó para su salto al Real Madrid, donde su capacidad de sostener equipos y liderar vestuarios se pondría a prueba en un proyecto ambicioso y bajo un foco mediático sin precedentes.

    El Real Madrid Femenino nació como proyecto en 2020 con un objetivo ambicioso: consolidarse de inmediato como referente en España y aspirar a competir en Europa. La llegada de Ivana Andrés no fue casualidad. El club decidió confiarle la primera capitanía de su historia, un gesto que reflejaba perfectamente su perfil: liderazgo silencioso, fiabilidad extrema y capacidad de sostener equipos. Ser capitana del Real Madrid naciente significaba asumir responsabilidad dentro y fuera del campo, y Ivana lo hizo con la misma serenidad que había mostrado toda su carreraz.

    Fue la primera capitana de un club histórico implica una presión añadida. La atención mediática era constante, los objetivos deportivos eran elevados y el proyecto requería construir identidad desde cero. En este contexto, Ivana no buscó protagonismo; se centró en mantener la coherencia del grupo y fortalecer la estructura defensiva. Su liderazgo se expresaba de manera funcional: ajustaba la línea defensiva, orientaba a sus compañeras y tomaba decisiones en los momentos críticos. Cada gesto, cada intervención era un mensaje silencioso que reforzaba la confianza del equipo.

    El vestuario del Real Madrid era diverso y competitivo. Llegaban jugadoras internacionales con experiencia, talento y ego, pero Ivana supo integrar y liderar sin imponerse, creando un ambiente donde la autoridad se ganaba por coherencia, constancia y respeto. Su capacidad para liderar sin necesidad de ser protagonista mediática se convirtió en un activo crucial para el club en sus primeras temporadas.

    El primer año del Real Madrid Femenino supuso un periodo de adaptación. Ivana debió equilibrar la exigencia competitiva con la necesidad de cohesión interna en un grupo recién formado. Su experiencia previa en Valencia y Levante le permitió sostener al equipo en situaciones de tensión, siendo el punto de referencia en defensa y la voz de calma en momentos de dificultad.

    Con cada temporada, el proyecto blanco fue consolidándose. La presencia de Ivana en el centro de la defensa se mantuvo constante, aunque el protagonismo sobre el césped fluctuó con la llegada de talento internacional y la competencia por el puesto. Sin embargo, su peso interno en el vestuario permaneció intacto. Las compañeras sabían que podían contar con su lectura del juego, su organización de la línea defensiva y su capacidad para mantener la calma en partidos decisivos.

    Durante su etapa en el Real Madrid, Ivana contribuyó a que el club se consolidara como habitual en la parte alta de la Liga F y lograra participaciones regulares en competiciones europeas. Su rol fue especialmente relevante en los momentos de mayor exigencia táctica, cuando el equipo debía enfrentarse a rivales fuertes en la Champions League. Su estilo de juego, basado en anticipación, colocación y seguridad en la salida de balón, garantizaba que la defensa funcionara como un bloque sólido, permitiendo al equipo competir al más alto nivel.

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    Aunque no siempre estaba en el centro del foco mediático, su influencia se percibía en la consistencia del equipo. Cada partido era una demostración de cómo la regularidad, la lectura del juego y el liderazgo silencioso podían marcar la diferencia, incluso en un entorno lleno de talento y expectativas.años en el Real Madrid consolidaron a Ivana como una central de élite y una líder natural, capaz de adaptarse a proyectos ambiciosos y equipos con estructuras complejas. Su experiencia, disciplina y capacidad de influencia interna la convirtieron en una figura codiciada en el mercado. Al terminar su etapa en 2024, su salida no fue una ruptura: fue el cierre de un ciclo exitoso que dejó una impronta profunda en el club y en el vestuario.

    Su rendimiento y su carácter la situaron en la agenda de varios grandes clubes, incluido el Atlético de Madrid, que valoraba su experiencia, liderazgo y fiabilidad como activos estratégicos. Sin embargo, Ivana tomó la decisión de buscar nuevos horizontes fuera de España, una elección que anticipaba su capacidad de adaptación y su deseo de asumir desafíos internacionales.

    En resumen, la etapa 2020–2024 en el Real Madrid Femenino representa la consolidación de Ivana Andrés como líder y central de élite en contextos de máxima exigencia.

    Ser la primera capitana de un proyecto histórico implicó combinar responsabilidad, disciplina y capacidad de integración. Aunque su protagonismo sobre el césped fluctuó, su influencia en el vestuario y su capacidad de sostener al equipo permanecieron intactas. Esta fase no solo refleja su madurez como futbolista, sino también su preparación para dar el salto al fútbol internacional, donde sus virtudes serían puestas a prueba en nuevos contextos y ligas más exigentes.

    En 2024, Ivana Andrés decidió dar un paso histórico en su carrera: su primera experiencia fuera de España, incorporándose al Inter de Milán Femenino. Después de más de una década en la Liga F, de Valencia a Levante y de Levante al Real Madrid, Ivana se enfrentaba a un desafío distinto: un país nuevo, una liga con características tácticas y físicas distintas, y un entorno cultural y profesional desconocido. Para muchos, la transición podría haber sido complicada, pero para Ivana fue un escenario ideal para demostrar que su liderazgo y fiabilidad no conocen límites.

    La Serie A femenina se caracteriza por ser una liga más física y directa que la española. Los equipos tienden a jugar con bloques compactos, presionando en campo rival y explotando la fuerza en los duelos individuales. Para una central que basa su juego en lectura del juego, colocación y anticipación, esto podría parecer un desafío. Sin embargo, Ivana trasladó sus virtudes a este contexto con rapidez: su posicionamiento preciso le permitió neutralizar el juego directo y anticipar ataques antes de que se convirtieran en peligro.

    Su experiencia internacional también fue crucial. Ivana comprendía la importancia de liderar en situaciones de presión, organizar la defensa y mantener la cohesión del equipo. En un vestuario nuevo y multicultural, estas habilidades se tradujeron en autoridad natural: compañeras de distintas nacionalidades seguían su lectura del juego y su manera de mantener la calma bajo presión. Su liderazgo no se impone, pero se reconoce; su influencia es tácita, pero determinante.

    En el Inter, Ivana no solo cumple su rol defensivo; eleva el rendimiento de quienes la rodean. Su presencia aporta confianza y seguridad, especialmente en fases de transición rápida o contra rivales que juegan con intensidad física. La central española demuestra que la consistencia y la lectura táctica pueden ser igual de efectivas que la fuerza bruta, incluso en ligas más directas y exigentes físicamente.

    Su juego aéreo se mantiene sólido, y su capacidad de orientar el bloque defensivo permite al Inter mantener líneas compactas y minimizar riesgos. En la salida de balón, prioriza el pase seguro, evitando pérdidas innecesarias, una cualidad que la hace indispensable en un equipo en crecimiento y con aspiraciones europeas. Cada intervención refleja su filosofía: anticipar, ordenar y sostener, asegurando que la defensa funcione como un sistema cohesionado.

    (Fuente: Getty imágenes

    El vestuario del Inter representa un desafío adicional: culturas, idiomas y estilos de juego distintos. Para Ivana, liderar aquí requiere empatía y comunicación no verbal, además de la autoridad que ya ejercía en España. Su capacidad para adaptarse y generar confianza se convierte en un activo esencial. Las jugadoras confían en que, con ella, el equipo mantendrá equilibrio y seguridad defensiva, incluso en los partidos más exigentes.

    Esta experiencia internacional añade un nuevo matiz a su carrera: demuestra que su liderazgo no depende de la familiaridad con el entorno ni del reconocimiento mediático. Su influencia es universal: se reconoce en cualquier vestuario, en cualquier país, en cualquier contexto competitivo.

    En Italia, Ivana también consolida su preparación para la culminación de su carrera internacional. Su paso por la Serie A refuerza su capacidad de adaptación y refina sus herramientas defensivas: lectura de juego, colocación, comunicación y anticipación. Estas habilidades serán determinantes cuando, pocos meses después, lidere a la Selección Española en el Mundial 2023, levantando la Copa del Mundo como capitana.

    La experiencia en el Inter evidencia un principio central en su carrera: el talento sostenido y el liderazgo silencioso son cualidades que trascienden contextos, ligas y fronteras. No importa si juega en España o en Italia, en Valencia, Levante, Real Madrid o Inter: su capacidad de sostener equipos y organizar defensas permanece constante, y su influencia en vestuarios se mantiene intacta.

    En resumen, la etapa 2024–presente en el Inter de Milán marca la expansión internacional de Ivana Andrés, un capítulo en el que sus virtudes se trasladan a un nuevo país y a un contexto táctico distinto. Su adaptación inmediata, su lectura táctica superior y su liderazgo funcional demuestran que es una central de élite con influencia más allá de las fronteras, preparada para afrontar los retos internacionales que culminarán en su momento más alto: levantar la Copa del Mundo con la Selección Española.

    La historia de Ivana Andrés con la Selección Española no se entiende sin considerar la paciencia, la constancia y la progresión sostenida que marcaron toda su carrera. Desde categorías inferiores hasta la Absoluta, Ivana construyó un recorrido que refleja su filosofía: estar siempre lista, sin necesidad de protagonismo mediático, y liderar desde la coherencia.

    Ivana comenzó a destacar en la Selección Sub-17 y Sub-19, sumando experiencias que sentarían las bases de su madurez defensiva y liderazgo silencioso. En estos equipos, participó en torneos europeos y mundiales juveniles, ganando títulos y medallas que anticipaban su futuro en la Absoluta:
    • Campeona de Europa Sub-17: 2009 y 2010
    • Bronce en el Mundial Sub-17: 2010

    Estos logros tempranos le ofrecieron exposición internacional, pero también le enseñaron la importancia del trabajo colectivo, la regularidad y la resiliencia frente a la presión de torneos de alto nivel. Desde sus primeros pasos en la Selección, Ivana demostró que el liderazgo no depende de la edad ni del protagonismo, sino de la coherencia, la fiabilidad y la capacidad de sostener al equipo.

    lo largo de los años, Ivana consolidó su presencia en la Selección Absoluta. Su progresión fue constante: fue acumulando minutos, aprendiendo a liderar en contextos complejos y adaptándose a entrenadores, sistemas tácticos y compañeras distintas. Su estilo, basado en anticipación, colocación y comunicación, se adaptó perfectamente a un equipo que empezaba a aspirar a metas históricas, como la Eurocopa y el Mundial.

    A diferencia de algunas figuras mediáticas, Ivana no buscó protagonismo externo. Su influencia se percibía dentro del grupo: ordenaba, ajustaba, dirigía y calmaba. Su liderazgo se consolidó no solo en partidos de alto nivel, sino también en entrenamientos, vestuarios y momentos de tensión, convirtiéndola en un referente silencioso pero imprescindible.

    El Mundial 2023 fue la culminación de todo su recorrido. España llegaba con aspiraciones históricas, pero también con la presión de un país que esperaba un resultado memorable. Ivana asumió la capitanía en un momento en que la responsabilidad no podía delegarse: debía liderar a sus compañeras, mantener la calma en situaciones críticas y sostener la estructura defensiva frente a rivales de máximo nivel.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Su rendimiento fue constante durante todo el torneo. No necesitó protagonismo ofensivo ni goles espectaculares; su valor residía en organizar la defensa, anticipar jugadas y transmitir seguridad al equipo. Cada intervención era un recordatorio de que la fiabilidad puede ser tan decisiva como la creatividad o la velocidad.
    El gesto más simbólico de la carrera de Ivana llegó con la entrega de la Copa del Mundo. No era solo un trofeo: era la síntesis de más de una década de trabajo silencioso, de liderazgo funcional y de fiabilidad sostenida. En la imagen, no hay teatralidad ni ruido; hay recorrido, constancia y coherencia. Ivana se convierte en la capitana que mejor representa a un grupo equilibrado, donde la unión y la solidez colectiva triunfan sobre el protagonismo individual.

    Levantando la Copa, Ivana no solo celebraba el título, sino también la culminación de su filosofía futbolística: el liderazgo sin necesidad de ser visto, la consistencia por encima del brillo efímero y la capacidad de sostener equipos en los momentos más críticos.

    Mundial 2023 consolidó a Ivana Andrés no solo como una futbolista de élite, sino como una figura histórica dentro del fútbol femenino español. Su carrera demuestra que no todas las leyendas se construyen con goles o jugadas icónicas. Algunas, como Ivana, se construyen con trabajo diario, disciplina, coherencia y la capacidad de hacer mejores a las demás.

    Su influencia se percibe en cada generación que llega a la Selección: jóvenes defensas que aprenden de su colocación, delanteras que confían en su capacidad de anticipación y compañeras que encuentran en su liderazgo un modelo de estabilidad y serenidad. Ivana representa la épica silenciosa del fútbol femenino: la de las que sostienen, las que permiten que todo lo demás ocurra.

    (Fuente: UEFA)

    En resumen, el Mundial 2023 fue la cima natural de su carrera internacional. La culminación de un recorrido que comenzó en categorías juveniles, se consolidó en clubes históricos y se fortaleció en contextos exigentes, tanto en España como en Italia. Levantar la Copa del Mundo como capitana es el reconocimiento final a una futbolista que siempre estuvo, siempre lideró y siempre sostuvo, incluso cuando el foco mediático miraba a otras.

    La carrera de Ivana Andrés no se mide únicamente por trofeos, estadísticas o titulares mediáticos. Se mide por coherencia, regularidad y liderazgo silencioso, cualidades que la han definido desde su llegada al Valencia CF Femenino hasta su consagración internacional. Sin embargo, el palmarés de Ivana refleja también su éxito colectivo y la importancia de su influencia en cada equipo en el que ha jugado.

    Palmarés con la Selección Española

    Su trayectoria internacional comenzó desde categorías inferiores, donde ya se distinguía por su capacidad de anticipación y liderazgo:
    • Campeona de Europa Sub-17: 2009 y 2010
    • Bronce en el Mundial Sub-17: 2010

    Pero la cima llegó con la Selección Absoluta:
    • Copa del Mundo FIFA 2023: capitana y referente del equipo campeón

    Este título representa mucho más que un logro deportivo. Simboliza la culminación de una carrera construida con paciencia, trabajo diario y liderazgo funcional. La imagen de Ivana levantando la Copa es un recordatorio de que la influencia silenciosa puede ser decisiva en la historia.

    Palmarés en clubes :

    (Fuente: Getty imágenes)

    En su recorrido por clubes españoles e internacionales, Ivana ha aportado estabilidad y liderazgo en contextos muy distintos:
    • Valencia CF: finalista de la Copa de la Reina 2015
    • Real Madrid Femenino: consolidación en la Liga F y participaciones europeas
    • Inter de Milán: aporte a la estabilidad defensiva y jerarquía en la Serie A.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Si bien no todos estos logros implican títulos de campeón, reflejan su capacidad para hacer mejores a los equipos, para sostener proyectos y para ser la pieza sobre la que se construye la estab
    Más allá de los resultados, el legado de Ivana se encuentra en su estilo de juego y su filosofía de liderazgo:
    • Lectura táctica y colocación: neutraliza al rival antes de que el peligro se materialice.
    • Liderazgo silencioso: ordena, corrige y transmite confianza sin necesidad de protagonismo.
    • Regularidad sostenida: su rendimiento no depende del club ni del contexto, sino de su preparación y disciplina.
    • Adaptabilidad: capaz de liderar en España o en Italia, en equipos emergentes o consolidados, con diferentes sistemas tácticos y vestuarios multiculturales.

    Ivana Andrés pertenece al grupo de futbolistas cuya importancia no siempre se ve en portadas o estadísticas, pero que son esenciales para construir la historia de un club o de una selección. Su carrera reivindica el valor de la constancia, la coherencia y la capacidad de liderazgo funcional.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Desde Valencia hasta el Mundial 2023, Ivana ha demostrado que el fútbol no solo se recuerda por goles espectaculares o jugadas icónicas, sino también por aquellas futbolistas que permiten que todo lo demás ocurra. Su influencia se transmite a nuevas generaciones: defensas jóvenes que aprenden posicionamiento, compañeras que confían en su juicio y entrenadores que reconocen la fiabilidad como un activo estratégico.

    En un fútbol femenino que ha pasado de la precariedad a la élite internacional, Ivana es símbolo de continuidad, estabilidad y liderazgo. Su legado es silencioso, pero profundo: la futbolista que sostiene, la central que hace mejores a sus compañeras y la capitana que no necesita protagonismo para marcar la diferencia.

    (Fuente: Getty imágenes)

    En resumen, el legado de Ivana Andrés combina logros deportivos, influencia silenciosa y coherencia profesional. No será recordada por un gol decisivo en una final, sino por haber sido la pieza central de equipos y vestuarios, por su capacidad de sostener el juego y por liderar con equilibrio y serenidad. Su trayectoria demuestra que, en el fútbol moderno, la consistencia y la fiabilidad son virtudes tan valiosas como la creatividad o la velocidad.

    Con más de una década de carrera, títulos internacionales y experiencias en España e Italia, Ivana Andrés deja un mensaje claro para futuras generaciones: el liderazgo verdadero no siempre se ve, pero siempre se siente.

    (Fuente: Getty imágenes)

    La historia de Ivana Andrés es, sobre todo, una historia de coherencia, fiabilidad y liderazgo silencioso. Desde su llegada al Valencia CF Femenino en 2009/10 hasta su consagración internacional levantando la Copa del Mundo con España en 2023, su carrera no se ha contado a través de destellos mediáticos, sino mediante la constancia, la preparación y la capacidad de sostener equipos. Cada etapa de su recorrido refleja un aprendizaje, una adaptación y un compromiso con el juego colectivo que la distingue en la historia del fútbol femenino español.

    En Valencia, Ivana Andrés comenzó como una joven promesa. Sus primeras temporadas estuvieron marcadas por la paciencia y el aprendizaje, por entender la categoría y encontrar su lugar en un fútbol femenino todavía en construcción. No destacaba por fuerza física ni por intervenciones espectaculares, sino por regularidad y lectura del juego. Esa fiabilidad fue la base sobre la que construiría su liderazgo futuro.

    Entre 2014 y 2018, se consolidó como capitana y eje emocional del equipo, liderando con coherencia y sin estridencias. Su rol en la final de la Copa de la Reina 2015 simboliza esta etapa: fue el punto de referencia en defensa, el soporte silencioso del vestuario y la futbolista que hacía mejores a sus compañeras simplemente con su presencia.

    El salto al Levante UD supuso un desafío distinto: demostrar que su rendimiento no dependía del contexto y que podía adaptarse a un equipo con mayores exigencias competitivas. Allí confirmó su capacidad de leer el juego, anticipar peligros y liderar sin imposición, consolidándose como central de élite y referente nacional.

    El siguiente capítulo, el Real Madrid Femenino, la convirtió en la primera capitana de un proyecto histórico. Entre 2020 y 2024, Ivana no solo organizó defensas y sostuvo equipos, sino que también lideró un vestuario diverso y competitivo. Su protagonismo sobre el césped fluctuó con la llegada de talento internacional, pero su peso interno permaneció constante, demostrando que el liderazgo no siempre se refleja en minutos de juego, sino en la influencia diaria sobre el equipo.

    En 2024, Ivana dio un paso internacional al Inter de Milán. En la Serie A, más física y directa que la Liga F, trasladó sus virtudes a un nuevo contexto: anticipación, colocación, comunicación y liderazgo silencioso. Su capacidad de adaptación y su influencia en un vestuario multicultural demostraron que su estilo y su fiabilidad trascienden fronteras, consolidándola como una central moderna, completa.

    El punto más alto de su carrera llegó en 2023, cuando España se proclamó campeona del mundo y Ivana, como capitana, levantó la Copa del Mundo. Ese gesto no solo simboliza un triunfo deportivo: es la síntesis de una vida dedicada al liderazgo funcional, al trabajo constante y a la fiabilidad. En su imagen levantando el trofeo, no hay teatralidad ni ruido, sino recorrido, tiempo acumulado y coherencia, cualidades que definen su legado.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Ivana Andrés no será recordada por goles decisivos ni jugadas icónicas que ocupen portadas; será recordada por haber sostenido equipos, haber hecho mejores a sus compañeras y haber liderado con discreción y eficacia. Su carrera reivindica el valor de la regularidad, la paciencia y la coherencia en un fútbol cada vez más acelerado y mediático.

    Su influencia se percibe en cada generación que llega a la Selección y en cada equipo donde ha jugado. Defensoras jóvenes aprenden posicionamiento, delanteras confían en su juicio y entrenadores valoran la seguridad que ofrece a cualquier proyecto. En un fútbol femenino que ha pasado de la precariedad a la élite, Ivana es un símbolo de estabilidad, liderazgo y profesionalidad, demostrando que el verdadero impacto no siempre se ve, pero siempre se siente.

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    El recorrido de Ivana Andrés sirve como ejemplo para futuras generaciones: la grandeza puede construirse desde la constancia y la coherencia, desde la capacidad de sostener equipos y liderar sin necesidad de protagonismo. Su trayectoria demuestra que el fútbol femenino no solo se hace con talento brillante, sino también con liderazgo silencioso, visión táctica y compromiso diario.

    (Fuente: Getty imágenes)

    En el balance final, Ivana Andrés representa la esencia de la central que sostiene, la capitana que lidera sin estridencias y la futbolista que hace historia desde la regularidad y la coherencia.

    Su carrera es una invitación a valorar a quienes, sin ruidos ni flashes, construyen los cimientos sobre los que otros pueden brillar. Y esa, sin duda, es una historia que merece ser contada, celebrada y recordada.

    (Fuente: Getty imágenes)
  • Oficial Athenea del Castillo coge el testigo de Jenni Hermoso

    (Fuente: Getty imágenes)

    🟧 La delantera blanca despedirá el 2025 dando las campanadas, algo que ya hizo exjugadora del Pachuca en el 2023.

    La internacional española y campeona del mundo será la gran protagonista de la Nochevieja cántabra desde la Colegiata de Santillana del Mar

    Athenea del Castillo Beivide (Solares, Cantabria; 24 de octubre de 2000), futbolista internacional española y actual delantera del Real Madrid Club de Fútbol, será la encargada de dar las Campanadas de Fin de Año 2025 en Cantabria Televisión, junto al presentador Adrián Fernández. La emisión supondrá un nuevo hito tanto para la cadena autonómica como para el deporte femenino cántabro.

    La jugadora se convierte así en la primera futbolista cántabra campeona del mundo que protagoniza este tradicional evento televisivo para despedir el año desde su tierra. Con esta elección, Cantabria Televisión refuerza su apuesta por referentes deportivos y sociales que representan los valores de esfuerzo, igualdad y orgullo regional.

    retransmisión de las Campanadas alcanza este año su undécima edición, consolidándose como una de las citas televisivas más emblemáticas de la comunidad. Al igual que en ediciones anteriores, el evento se celebrará en un enclave patrimonial de primer nivel: la Colegiata Románica de Santillana del Mar, uno de los monumentos más reconocidos y visitados de Cantabria.

    Athenea del Castillo se suma así a una destacada lista de protagonistas que han marcado anteriores Nocheviejas en la cadena, entre los que figuran Lidia Ruiz Salmón, Paz Herrera, Nando Agüeros, los Hermanos Cossío, el elenco de la serie “Cuando el Río Suena”, Agustín Molleda, Jorge Pérez y Alicia Peña, Javier Castillo “Poty”, el cantante Raúl Fuentes o la actriz Teresa Gareche.

    Nacida en Solares, Athenea creció entre su localidad natal y el Barrio Pesquero de Santander. Desde los 11 años comenzó a jugar al fútbol en la Sociedad Deportiva Reocín, bajo las diferentes denominaciones del club, incluida su etapa asociada al Real Racing Club de Santander.

    Su debut en la Primera División femenina se produjo el 8 de septiembre de 2019 frente al Espanyol con el Deportivo Abanca, y su primer gol en la élite llegó el 19 de enero de 2020.

    Muy pronto fue reconocida como una de las grandes promesas del fútbol español, junto a su compañera Teresa Abelleira, convirtiéndose ambas en referentes del conjunto gallego.

    Tras una primera temporada brillante, en la que el equipo finalizó en cuarta posición, Athenea vivió un curso más complicado que culminó con el descenso del Deportivo Abanca. Al término de su contrato firmó por el Real Madrid Club de Fútbol, con el que dio el salto definitivo al fútbol europeo de primer nivel y a la Liga de Campeones.

    Athenea debutó con la selección española absoluta el 23 de octubre de 2020. En las eliminatorias para el Mundial de 2023 disputó seis partidos y anotó un gol, siendo autora del tercer tanto en la contundente victoria por 7-0 frente a Hungría.

    En la Copa Mundial de Australia y Nueva Zelanda fue titular en la victoria ante Costa Rica, formando parte del histórico equipo que se proclamó Campeón del Mundo, un logro sin precedentes para el fútbol femenino español y, en su caso, también para el deporte cántabro.

    La retransmisión de las Campanadas comenzará alrededor de las 23:45 horas, y podrá seguirse a través de la TDT, Facebook y YouTube de Cantabria Televisión. El evento será la antesala del programa especial de Año Nuevo, con el que la cadena celebrará su 18º aniversario, recordando a los artistas y grupos que han participado en sus tradicionales galas musicales con una selección de las mejores actuaciones.

    Athenea del Castillo recoge así el testigo de Jenni Hermoso, gran protagonista de las Campanadas de 2023-2024 en La 1 de RTVE junto a Ramón García y la cantante Ana Mena. Aquella aparición lanzó un mensaje claro de igualdad y visibilidad, y la elección de Athenea para despedir el año en Cantabria continúa esa misma línea.

    Su presencia en una cita tan simbólica confirma que el fútbol femenino sigue ganando espacio en la vida cotidiana, en la cultura popular y en los grandes eventos televisivos, reflejando una realidad social en constante avance.

    (Fuente: Getty imágenes)
  • Oficial | Sevilla inmortaliza a Olga Carmona dando su nombre al Centro Deportivo de Sevilla Este en un emotivo homenaje a la campeona del mundo

    (Fuente: Netflix)

    🟧 La ciudad de Sevilla ha querido dejar una huella permanente en su geografía deportiva dedicando el Centro Deportivo de Sevilla Este a Olga Carmona, campeona del mundo con la selección española y referente internacional del fútbol femenino, en un acto cargado de simbolismo, memoria y compromiso con la igualdad en el deporte.

    Sevilla ha escrito este lunes una nueva página en su historia deportiva con la dedicación oficial del Centro Deportivo de Sevilla Este a Olga Carmona, futbolista sevillana, campeona del mundo en 2023 y autora del gol que cambió para siempre la historia del fútbol femenino español.

    Desde hoy, viernes, 26 de diciembre de 2025, una de las instalaciones municipales más importantes de la capital andaluza llevará el nombre de una deportista que encarna el esfuerzo, el talento y la ambición de toda una generación.

    (Fuente: RFEF)

    El acto institucional, celebrado en las propias instalaciones del complejo deportivo, reunió a representantes del Ayuntamiento de Sevilla, autoridades deportivas, familiares, amigos, vecinas y vecinos del distrito, así como a numerosas niñas y niños de escuelas deportivas municipales. Todos ellos fueron testigos de un homenaje que trasciende lo simbólico y que consolida a Olga Carmona como una figura ya inseparable del patrimonio deportivo de la ciudad.

    (Fuente: UEFA)

    Durante su intervención, el Ayuntamiento subrayó que la rotulación del recinto como Centro Deportivo Municipal Olga Carmona responde a “un reconocimiento justo y necesario” a una deportista que ha llevado el nombre de Sevilla a la cima del deporte mundial. “Olga representa los valores del deporte sevillano: trabajo, humildad, compromiso y valentía. Su historia es también la historia de muchas niñas que hoy sueñan con ser futbolistas”, señalaron desde el Consistorio.

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    La decisión de dedicar un espacio público de estas características a una mujer deportista fue destacada como un paso firme en la visibilización del deporte femenino y en la creación de referentes reales para las nuevas generaciones. En este sentido, las autoridades municipales incidieron en que “los nombres que ocupan nuestros espacios públicos construyen memoria colectiva y transmiten valores”, y que el de Olga Carmona simboliza un presente y un futuro más igualitario.

    (Fuente: Liga F(

    Visiblemente emocionada, Olga Carmona tomó la palabra para agradecer un homenaje que definió como “uno de los mayores honores de su vida”. “Que un centro deportivo de mi barrio, de mi ciudad, lleve mi nombre es algo que nunca imaginé. Aquí se forman sueños, se aprende a competir y a compartir, y ojalá muchas niñas y niños que entren por estas puertas crean que pueden llegar tan lejos como se propongan”, expresó la futbolista, arrancando un largo aplauso del público.

    (Fuente: Real Madrid)

    Carmona quiso acordarse especialmente de su familia, de sus entrenadores de base y de todas las personas que la acompañaron en sus primeros pasos en el fútbol, recordando que “nadie llega solo” y que el éxito es siempre el resultado de un trabajo colectivo. También lanzó un mensaje directo a las jóvenes deportistas: “Que nadie os diga que el fútbol no es para vosotras”.

    (Fuente: FIFA)

    El Centro Deportivo de Sevilla Este es una de las instalaciones municipales con mayor actividad de la ciudad, punto neurálgico del deporte base y del día a día de cientos de familias. Con campos de fútbol, pistas polideportivas y programas de formación deportiva, el complejo se convierte ahora en un espacio cargado de significado, asociado a una figura que ha hecho historia desde la humildad y el compromiso.

    (Fuente: Liga F)

    Olga Carmona, formada en el fútbol andaluz y consolidada como una de las mejores laterales izquierdas del panorama internacional, es campeona del mundo con la selección española y una de las futbolistas más reconocidas de su generación. Su gol en la final del Mundial de 2023 permanece ya en la memoria colectiva del deporte español, y su trayectoria continúa siendo ejemplo de constancia y excelencia.

    (Fuente: PSG)

    Con este gesto, Sevilla no solo rinde homenaje a una campeona del mundo, sino que reivindica el papel del deporte femenino como motor de transformación social. El nombre de Olga Carmona quedará así ligado para siempre a un espacio donde se cultivan valores, se forjan ilusiones y se construye el futuro del deporte sevillano.

  • Noticia | El Real Madrid volverá al verde el próximo curso

    (Fuente: UEFA)

    🟧 El conjunto merengue ya escogió esta combinación en el año 2012-2013.

    El Real Madrid, Adidas y el regreso de un color que nunca se fue, así se podría anticipar la información que les desarrollaremos en los siguientes párrafos.

    Hay colores que no se eligen, simplemente regresan y es que cuando el Real Madrid decide mirar atrás, no lo hace por nostalgia, sino por convicción. Porque solo los gigantes pueden permitirse caminar hacia el futuro sin renegar de su pasado. Y porque hay camisetas que no son tela, sino memoria. Historia. Identidad.

    Según ha adelantado el portal especializado Footy Headlines, en Valdebebas ya se trabaja codo con codo con Adidas en la confección de las nuevas elásticas que vestirá el Real Madrid Club de Fútbol en la temporada 2026-2027, la primera del ciclo post-Mundial 2026 en categoría masculina.

    Y entre los bocetos, las conversaciones y los archivos rescatados del pasado, emerge con fuerza un nombre propio, un tono, una declaración de intenciones: el verde oscuro.

    Un verde profundo. Un verde con historia. Un verde que vuelve para recordar quién fue el Madrid… y quién está decidido a seguir siendo.

    Cada uniforme del club blanco es un manifiesto silencioso, una pieza de museo en potencia, un relato cosido hilo a hilo con noches europeas, goles eternos y decisiones que trascienden lo estético para instalarse en lo simbólico. Por eso, cuando desde Alemania se filtra que Adidas prepara para la campaña 2026-2027 una equipación visitante verde oscuro, el ruido no es superficial: es estructural.

    No se trata de una ocurrencia cromática.No es una moda pasajera.
    Es un regreso al pasado con mirada de futuro.

    El tono, según la información publicada, respondería al nombre interno de “Aurora Ivy”, un verde elegante, sobrio, con profundidad histórica. Un color que Adidas ya ha utilizado en otras grandes entidades del fútbol europeo y que en el Real Madrid conecta directamente con una de las camisetas más recordadas del siglo XXI: la segunda equipación de la temporada 2012-2013.

    Hablar del verde del Real Madrid es hablar inevitablemente del curso 2012-2013. Una temporada marcada por contrastes, por heridas abiertas y por una de las equipaciones más icónicas de la era moderna.

    Aquel Madrid de José Mourinho, competitivo, feroz, inconformista, vestía de verde oscuro en Europa como quien se enfunda una armadura distinta para la batalla continental. Era el Madrid que mezclaba la experiencia de Cristiano Ronaldo con la explosión de Karim Benzema, el talento joven de Varane, la electricidad de Di María y la autoridad silenciosa de Xabi Alonso.

    Fue el Madrid que cayó en semifinales de Champions ante el Borussia Dortmund de Klopp.
    Fue el Madrid que sufrió… pero dejó huella.
    Fue el Madrid que, incluso en la derrota, construyó identidad.

    Aquella camiseta verde no fue una más. Fue ruptura, osadía, carácter. Y hoy, más de una década después, Adidas y el club parecen dispuestos a rescatar ese espíritu para una nueva era.

    Dentro del universo de la marca alemana, existe una categoría reservada solo para unos pocos elegidos: los “clubes premium”. Entidades con peso histórico, impacto global y una capacidad única para marcar tendencia dentro y fuera del campo.

    El Real Madrid está en la cúspide de ese selecto grupo dada su trayectoria en fútbol masculino, pues en el femenino se escapó el primer título en Butarque (2023) a manos del Atlético de Madrid con un gol antológico de Estefanía Banini, ahora en el Badalona.

    Por eso no sorprende que el verde “Aurora Ivy” no se limite únicamente a la camiseta visitante. Según las mismas informaciones, detalles en verde podrían aparecer también en la equipación local del Madrid tras el Mundial de 2026, introduciendo una narrativa visual compartida entre ambos uniformes.

    El blanco seguirá siendo blanco, pero el verde volverá a hablar en Valdebebas.

    Aquí el relato adquiere una dimensión nueva.
    Y profundamente simbólica.

    De confirmarse este diseño, la temporada 2026-2027 marcaría un hito silencioso pero histórico: sería la primera vez que el Real Madrid femenino vista una equipación verde oscuro.

    Nunca antes el equipo femenino había utilizado una gama cromática de este tipo. No por falta de identidad, sino por una cuestión temporal. La última vez que el club apostó por ese verde fue en 2012-2013… ocho años antes de que Florentino Pérez decidiera dar el salto definitivo al fútbol femenino, integrando en 2020 al entonces Club Deportivo Tacón en la estructura del Real Madrid.

    El verde, por tanto, no solo vuelve, sino que aterriza por primera vez en la Liga F Moeve.

    Y lo hace para un equipo que ha crecido a velocidad de vértigo, que ya compite en Europa y que representa el futuro de una sección estratégica para el club. Un color histórico para una sección joven. Una herencia compartida.

    Nada en el Real Madrid es casual.
    Y menos aún una camiseta.

    En Valdebebas, corazón operativo del club, se diseña mucho más que fútbol. Se diseñan mensajes. Se construyen símbolos. Y allí, según las informaciones, Adidas y el club trabajan “mano a mano” en una equipación que verá la luz, si se cumplen los plazos habituales, en mayo de 2026.

    Será entonces cuando el madridismo conozca oficialmente una camiseta que promete dividir opiniones, generar debate y, sobre todo, marcar el inicio emocional de una nueva temporada.

    Porque en el Real Madrid, la camiseta no cierra un curso, sino qie abre un ciclo.

    Desde Defensa Central apuntan que no habrá anuncio oficial antes de esa primavera de 2026. El club sabe manejar los tiempos. Sabe cuándo hablar. Y sabe, sobre todo, cuándo dejar que el silencio construya expectativa.

    Porque cada filtración alimenta el relato.
    Cada imagen conceptual multiplica el impacto.
    Cada debate anticipado prepara el terreno.

    El Real Madrid volverá a vestirse de verde. No para recordar lo que fue, sino para subrayar lo que nunca ha dejado de ser.

    A lo largo de su historia, el club blanco ha entendido el poder del color como pocos. Porque cada desviación del blanco nuclear ha sido siempre un acto consciente, una ruptura medida, un gesto de autoridad. El verde, el negro, el morado, el rosa, el naranja o el rojo no han sido jamás caprichos: han sido declaraciones de intenciones.

    El verde oscuro pertenece a esa estirpe y es color que impone. Que conecta con la noche europea. Que dialoga mejor con el silencio previo a un himno que con el ruido de una presentación comercial. Por eso, cuando el Real Madrid decide recuperarlo, lo hace sabiendo que activa un resorte emocional profundo en varias generaciones de aficionados.

    El verde oscuro siempre ha sido, en el imaginario madridista, un tono continental. Un color asociado a los grandes desplazamientos, a los estadios históricos, a los partidos donde el escudo pesa más que la camiseta y donde el pasado empuja al presente.

    En 2012-2013, aquella segunda equipación verde fue utilizada como uniforme de guerra. No buscaba gustar. Buscaba competir. Y en esa sobriedad encontró su fuerza.

    Recuperarlo en la era post-Mundial 2026 no es casualidad. El fútbol europeo entra en una nueva fase: más global, más fragmentada, más exigente.

    Y el Real Madrid, fiel a su ADN, responde con un símbolo que habla de jerarquía, de memoria y de continuidad.

    Mundial de 2026 marcará un antes y un después en el fútbol moderno. Por formato, por impacto mediático y por la reconfiguración del calendario y del negocio global. Los grandes clubes ya trabajan pensando en ese punto de inflexión.

    La temporada 2026-2027 no será una más. Será la primera campaña completa tras la Copa del Mundo, el inicio de un nuevo relato competitivo y comercial. Y en ese contexto, la camiseta adquiere un valor fundacional: es la primera imagen del futuro.

    El verde “Aurora Ivy”, integrado como visitante y presente también en detalles de la local, funcionaría como hilo conductor de esa transición. Un color que une pasado y futuro. Una paleta que no rompe con el blanco, sino que lo acompaña, lo enmarca y lo realza.

    Porque si hay algo que el Real Madrid ha construido con paciencia desde 2020 es una idea clara: una sola identidad, dos equipos, un mismo escudo. El masculino y el femenino no caminan en paralelo; caminan juntos.

    Que el equipo femenino vista por primera vez una equipación verde oscuro no es un detalle menor. Es un acto de integración simbólica. Es decirle al mundo que toda la historia del club también les pertenece.

    El verde no será un préstamo.
    Será una herencia.

    Para una sección que ya ha vivido noches europeas, que ya ha disputado clásicos, que ya ha llenado estadios y que ya forma parte del relato competitivo del continente, vestir un color histórico supone entrar definitivamente en la sala de trofeos simbólica del club.

    En una era donde las equipaciones se convierten en prendas urbanas, en objetos de moda y en símbolos culturales, el verde oscuro tiene una ventaja estratégica: es elegante, combinable y atemporal. Funciona en el estadio y fuera de él. En el césped y en la calle.

    El Real Madrid lo sabe. Adidas lo sabe. Y el mercado global lo espera.

    No es casual que otros colores “disruptivos” —como el rosa, el naranja o el rojo— hayan sido utilizados en los últimos años con enorme éxito comercial. El verde se suma a esa tradición, pero con un valor añadido: la memoria.

    Todo apunta a mayo de 2026, como casi siempre en este tipo de temas .

    Ese será el momento en que el club muestre al mundo su nueva piel. Cuando el misterio se convierta en imagen. Cuando el verde deje de ser concepto y pase a ser tela.

    Hasta entonces, habrá meses de espera. De renders no oficiales. De debates en redes. De nostalgia y de proyección.

    Pero el mensaje ya está ahí:
    el pasado vuelve porque el presente está preparado para sostenerlo.

    (Fuente: Footyheadlines)
  • Reportaje | El Real Madrid y su blanca historia de la mano del Club Deportivo Tacón

    (Fuente: Getty Imágenes)

    ⬛️ Cien veces ganar para aprender a perder: la historia competitiva del Real Madrid Femenino, del Tacón a Montjuïc.

    Hay victorias que se celebran y victorias que explican. En la historia de cualquier equipo grande, las segundas son las que de verdad construyen algo duradero, las que no necesitan confeti ni euforia inmediata porque su valor está en lo que dejan atrás y en lo que abren por delante.

    La del 1-2 ante el Atlético de Madrid en enero de 2025 pertenece sin duda a ese segundo grupo. Fue un derbi incómodo, tenso, áspero, de esos que no se ganan por inspiración sino por madurez.

    No fue solo un resultado ni un triunfo más en la tabla. Fue una cifra redonda alcanzada casi sin ruido. Fue la victoria número cien del Real Madrid Femenino en la Liga F. Un punto de inflexión silencioso que confirmó algo que llevaba tiempo flotando en el ambiente: que este proyecto, joven en edad pero adulto en exigencia, había aprendido a competir antes incluso de aprender a ganar títulos.

    El dato, integrado en el contexto de su corta pero intensa historia, es tan contundente como revelador.

    (Fuente: Club Deportivo Tacón)

    Desde su origen como Club Deportivo Tacón hasta su consolidación definitiva como Real Madrid, el equipo ha disputado alrededor de ciento cincuenta y cuatro partidos de Liga, con un balance que no admite demasiadas interpretaciones: más de ciento catorce victorias, apenas una veintena larga de empates y algo más de dos decenas de derrotas. Un setenta y cuatro por ciento de triunfos en competición doméstica. Una cifra que no miente y que coloca al Real Madrid Femenino, por pura estadística, entre los grandes del campeonato desde el mismo momento en que nació.

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    Pero para entender de verdad qué significa llegar hasta ahí, hay que mirar más allá de los números y volver al principio. Y el principio no fue blanco.

    La temporada 2019-2020 no figura en los palmarés oficiales del Real Madrid Femenino, pero vive incrustada en su ADN competitivo. Aquella plantilla que compitió bajo el nombre de Club Deportivo Tacón fue, en realidad, el embrión real del proyecto actual. Un equipo joven, expuesto, valiente por momentos y frágil por otros, que tuvo que aprender a sobrevivir en la élite sin la protección del escudo más exigente del mundo. La operación que culminó con la absorción del Tacón por parte del Real Madrid, aprobada bajo la presidencia de Florentino Pérez por una cantidad cercana a los trescientos mil euros, no supuso una desaparición inmediata de la entidad creada por Ana Rosell.

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    Antes de mutar, aquel equipo tuvo que competir durante un año bajo ese nombre, mantener la categoría y demostrar que merecía ocupar una plaza en la Primera División. La permanencia, certificada en un curso extraño y abruptamente interrumpido por la pandemia, permitió que el Real Madrid asumiera la plaza con una base ya profesionalizada.

    El 1 de julio de 2020, la absorción se hizo oficial y comenzó una nueva era. Pero el aprendizaje ya estaba hecho. Y las cicatrices también.

    Desde el primer partido como Real Madrid Femenino en la temporada 2020-2021, la exigencia cambió de manera radical. Ya no bastaba con competir bien ni con sobrevivir. Había que ganar. Y ese tránsito no fue inmediato ni sencillo. El 4 de octubre de 2020, en la primera jornada de la entonces Liga Iberdrola, el Barcelona visitó Valdebebas por primera vez para enfrentarse al Real Madrid. Aquella mañana marcó un antes y un después.

    El 0-4 final, con goles de Patri Guijarro, un desafortunado tanto en propia puerta de Misa Rodríguez, Lieke Martens y Alexia Putellas, fue una bofetada de realidad. Una demostración cruda de la distancia que aún separaba al nuevo proyecto blanco de la referencia absoluta del fútbol femenino español y europeo.

    Aquel golpe, lejos de hundir al equipo dirigido entonces por David Aznar, hoy integrado en las categorías inferiores de la selección española, sirvió como punto de partida. El Real Madrid Femenino no fue brillante durante toda la temporada, pero sí fue eficaz.

    Supo construir una regularidad competitiva que le permitió terminar en segunda posición, por delante de clubes con mayor tradición en la élite como el Atlético de Madrid, el Levante o la Real Sociedad. No fue un camino estético ni perfecto, pero fue sólido. Y esa solidez, en un proyecto recién nacido, valía casi tanto como un título.

    Año tras año, el equipo fue acumulando victorias, experiencias y capas de madurez hasta alcanzar ese número simbólico de los cien triunfos ligueros. Y lo hizo en un escenario cargado de significado. Un derbi ante el Atlético de Madrid, uno de los rivales que más ha medido el crecimiento del proyecto desde sus inicios, disputado en Alcalá de Henares el 5 de enero de 2025. El 1-2 final, con una actuación decisiva de Linda Caicedo, no fue solo una victoria más. Fue una confirmación. La delantera colombiana, símbolo de la nueva generación del fútbol mundial, resolvió un partido incómodo y adulto, muy distinto a aquellos primeros derbis en los que el Real Madrid aún parecía un invitado a la mesa de los grandes.

    Aquel triunfo, además, cerraba un círculo: el primer derbi oficial había caído del lado rojiblanco en Valdebebas gracias a un solitario gol de Van Dongen. Este, en cambio, hablaba de otra cosa. De crecimiento. De método. De madurez.

    hay trayectorias que solo se entienden cuando se observan con perspectiva, sin prisa, sin ruido, sin la urgencia del resultado inmediato.

    El Real Madrid Femenino ha disputado, desde su irrupción en la élite del fútbol español, aproximadamente 154 partidos en Liga F. De ellos, ha ganado 114, ha empatado 16 y ha perdido 24. Un balance que, expresado en porcentaje, se traduce en algo tan contundente como difícil de ignorar: casi tres de cada cuatro partidos ligueros terminan con victoria blanca, lo que se traduce en un 74 % de triunfos.

    En un campeonato cada vez más profesionalizado, con clubes históricos, proyectos consolidados y plantillas profundas, esa cifra no es un accidente. Tampoco es fruto de un solo año brillante ni de una racha aislada. Es la consecuencia directa de una regularidad sostenida en el tiempo, algo especialmente significativo en un equipo joven, sometido desde su nacimiento a una exigencia que no admite etapas de transición largas.

    Disputar 154 partidos de Liga F no es solo acumular encuentros. Es atravesar temporadas completas, contextos cambiantes, lesiones, renovaciones de plantilla, cambios tácticos y momentos de duda. Es convivir con la rutina del campeonato doméstico, donde cada fin de semana exige concentración máxima.

    En ese recorrido, el Real Madrid Femenino ha aprendido a ganar de muchas maneras. Ha vencido partidos dominando con balón, imponiendo ritmo y profundidad. Ha ganado otros desde la solidez defensiva, esperando el momento adecuado. Y también ha sabido sobrevivir en encuentros incómodos, de esos que no lucen, pero que suman.

    Las 114 victorias no responden a un único patrón. Son el reflejo de una adaptabilidad progresiva, de un equipo que ha ido madurando su lectura del juego temporada tras temporada.

    Ganar 114 partidos de 154 coloca al Real Madrid Femenino en una élite estadística indiscutible dentro del campeonato. No es una cifra habitual para un club sin títulos ligueros. Y ahí reside una de las claves de este proyecto: su capacidad para sostener el rendimiento incluso cuando los grandes trofeos aún no han llegado.

    Cada victoria ha sido un ladrillo más en una construcción silenciosa. Muchas llegaron ante rivales de la zona media y baja, partidos donde la obligación de ganar era total. Otras se produjeron frente a equipos directos, encuentros donde la clasificación, el prestigio y la narrativa de la temporada estaban en juego.

    Si hay una herida que sigue abierta en la historia reciente del Real Madrid Femenino, esa tiene nombre y lugar: Butarque, Copa de la Reina 2023. Aquella tarde, el equipo blanco rozó su primer gran título. Lo tuvo cerca, lo saboreó durante muchos minutos y lo perdió de la forma más cruel. El Atlético de Madrid, rival histórico y espejo incómodo, resistió, sufrió y encontró en un instante puntual la chispa que cambió la historia.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Una falta directa ejecutada de manera magistral por Estefanía Banini, hoy centrocampista del ONA, detuvo el tiempo y forzó una prórroga que desembocó en una tanda de penaltis.

    Allí, las jugadoras de Manolo Cano fueron más frías. Para el Real Madrid, aquella final fue una lección brutal. No tanto por la derrota en sí, sino por la manera en que se perdió. Porque desde ese día, el club entendió que competir ya no era suficiente, que estar cerca tampoco lo era. Que el siguiente escalón exigía temple, oficio y una frialdad que solo se adquiere a base de golpes.

    La Supercopa de España ha reproducido durante años un patrón similar. Llegar, competir, pero chocar una y otra vez con un Barcelona dominante, estructuralmente superior y acostumbrado a decidir finales. Marcadores abultados, sensaciones de distancia, noches difíciles como la del 22 de enero de 2025 en Butarque, donde el Barça volvió a imponerse con un contundente 5-0.

    Esas derrotas expusieron sin maquillaje la diferencia entre ambos proyectos, pero también dejaron una enseñanza incómoda y necesaria: para ganar finales no basta con llegar.

    Hay que llegar preparado emocionalmente. El Barcelona jugaba esos partidos con la naturalidad de quien ya ha estado allí muchas veces. El Real Madrid lo hacía con la tensión de quien siente que cada final es histórica. Esa diferencia no se entrena en una semana. Se construye con tiempo, con derrotas y con frustración.

    En Europa, el crecimiento ha sido más progresivo y, en cierto modo, más pedagógico. La UEFA Women’s Champions League se convirtió pronto en el espacio donde el Real Madrid entendió qué significa realmente la élite. Superar fases de grupos, competir eliminatorias, alcanzar cuartos y semifinales no fue fruto de la casualidad. Fue el resultado de un proceso de endurecimiento. Europa enseñó al equipo a sufrir lejos de casa, a sostener partidos largos, a convivir con la presión ambiental y a asumir que cada error se paga. El Emirates Stadium fue una de esas aulas duras. Allí, una Alessia Russo soberbia lideró al Arsenal hacia las semifinales, antes de que las londinenses sorprendieran al Barcelona en la final de Lisboa con un gol de Blackstenius en el minuto setenta y cuatro.

    Para el Real Madrid, aquella eliminación fue otra lección más en el camino: en la élite continental no basta con competir bien, ni siquiera con competir mejor durante muchos minutos. Hay que ser implacable.

    Y, sin embargo, pocos días antes de hincar la rodilla en territorio británico, el Real Madrid logró lo que durante años pareció imposible. Tumbar al Barcelona en la Liga F. Y hacerlo, además, a domicilio.

    El 1-3 de Montjuïc, en marzo de 2025, no fue solo la primera victoria oficial del Real Madrid Femenino ante el Barça. Fue una ruptura narrativa. Un golpe simbólico. Una demostración de que el dominio no es eterno y de que la historia también se escribe rompiendo estadísticas. Aquel partido condensó todo el camino recorrido: la paciencia acumulada, las goleadas encajadas, la resistencia mental, la capacidad para saber sufrir cuando tocaba y golpear cuando se podía. Ganar en Montjuïc fue tan importante como alcanzar las cien victorias ligueras. Todo formaba parte del mismo proceso.

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    A partir de ese día, el Clásico dejó de ser un muro infranqueable para convertirse en un desafío. Durante años, cada enfrentamiento con el Barcelona parecía una prueba de que el proyecto aún estaba lejos. Aquel 1-3 cambió la percepción interna y externa. El Real Madrid ya no jugó pensando en no perder, sino en ganar. Y esa diferencia mental es, muchas veces, la frontera entre competir y vencer.

    Hoy, el Real Madrid Femenino puede mirar sus números con orgullo y, al mismo tiempo, con conciencia de lo que falta. Más de ciento catorce victorias en Liga F, presencia constante en la Champions, finales nacionales disputadas, un Clásico ganado, una identidad cada vez más reconocible. Pero también noches como Butarque, derrotas en Supercopa, aprendizajes europeos. Porque la historia no se mide solo en cifras, sino en contextos. En tardes que duelen y en noches que liberan.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Toda esta evolución ha estado sostenida por protagonistas que no siempre ocupan los focos, pero que han dado continuidad y sentido al proyecto. Liderazgos silenciosos, futbolistas constantes, jugadoras que han entendido el peso del escudo y lo han asumido sin estridencias.

    El Real Madrid Femenino ha crecido alrededor de una idea clara: el bloque por encima de la individualidad, sin renunciar al talento diferencial para decidir partidos.

    En sus primeros años quiso jugar como se espera que juegue el Real Madrid, dominando y atacando. Con el tiempo, entendió que la élite exige adaptabilidad. Hoy sabe jugar partidos abiertos y cerrados, defender en bloque bajo, salir rápido, dominar cuando puede y resistir cuando toca. Esa evolución táctica, no siempre lineal pero sí constante, es una de sus victorias silenciosas.

    (Fuente: UEFA )

    Por eso ya no se le puede juzgar como un proyecto emergente. Ya no vale con competir bien ni con llegar. Ahora toca ganar títulos. Pero cuando lleguen —porque llegarán— no se entenderán sin este camino. Sin Tacón. Sin Butarque. Sin las derrotas en Supercopa. Sin las noches europeas. Sin Montjuïc. Sin la victoria número cien. Porque este equipo ha aprendido algo esencial: que ganar es importante, pero saber perder es lo que te prepara para hacerlo cuando de verdad importa.

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    El Real Madrid Femenino pertenece a ese grupo de equipos que no nacen sabiendo ganar, sino que aprenden a hacerlo mientras cargan con un apellido que no admite excusas. Ganar con este escudo nunca es solo ganar. Es demostrar, convencer y justificar cada paso. Y en ese equilibrio incómodo entre la exigencia histórica y la juventud del proyecto, el Real Madrid Femenino sigue escribiendo su historia desde la persistencia, no desde la épica inmediata.

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    Y así, cuando el futuro llegue con sus desafíos y sus finales, este equipo lo hará con una certeza interior: que ha recorrido el camino largo, el difícil, el que no se salta etapas. Que ha aprendido a caer sin romperse y a levantarse con más conocimiento.

    Y entonces, cuando el balón vuelva a rodar en una gran noche blanca, cuando el estadio contenga la respiración y el escudo pese como nunca, resonará algo más que la ambición.

    Resonará la memoria y con ella, la esperanza eterna del madridismo, esa que dice que el final siempre puede ser glorioso, porque “como no te voy a querer, como no te voy a querer, si fuiste campeón de Europa una y otra vez”.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Y cuando el camino vuelva a empinarse —porque siempre lo hace— el Real Madrid Femenino sabrá que ya ha estado ahí. Que ya caminó sin red, que ya perdió cuando dolía, que ya aprendió cuando nadie miraba. Que las cien victorias no son una meta, sino una prueba de resistencia superada. Que lo verdaderamente importante no es cuántas veces ganó, sino todo lo que fue capaz de sostener antes de hacerlo.

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    Este equipo ya no corre detrás de la historia: la empuja. Con pasos aún jóvenes, sí, pero con una convicción adulta. Sabe que el escudo no promete facilidades, promete exigencia. Y que cada derrota asumida, cada noche europea sufrida, cada final perdida, ha sido una página necesaria para llegar hasta aquí.

    (Fuente: Laliga)

    Porque el Real Madrid no se explica solo por lo que conquista, sino por lo que insiste. Y este Real Madrid Femenino insiste. Insiste en competir, en volver, en levantarse sin ruido y en crecer sin atajos. Insiste en honrar un apellido que pesa, pero que también empuja.

    (Fuente: Real Madrid)
  • Oficial | La UEFA agenda los playoffs de la Women’s Champions League

    Los nuevos play-offs eliminatorios de la UEFA Women’s Champions League, que se disputarán los días 11/12 y 18/19 de febrero, contarán con la participación de los equipos que terminaron entre el quinto y el duodécimo puesto en la fase liga. Éstos competirán por unirse a los cuatro mejor clasificados en los cuartos de final

    La UEFA Women’s Champions League ha decidido cambiar el paso de la historia. Lo ha hecho sin estridencias, sin fuegos artificiales innecesarios, pero con una decisión que marca época: por primera vez, la máxima competición continental femenina se asoma a unos playoffs que no existían hasta ahora, un territorio nuevo, inexplorado, diseñado para elevar la exigencia, para romper inercias y para obligar a los grandes clubes del continente a mirarse al espejo antes de alcanzar los cuartos de final. Y en ese espejo, inevitablemente, aparece la Liga F Moeve.

    Aparece España. Aparecen dos escudos que ya conocen lo que es competir en Europa, sufrirla, soñarla y defenderla con orgullo: el Atlético de Madrid y el Real Madrid Club de Fútbol.

    El 23 de diciembre de 2025 queda ya marcado en el calendario como el día en el que la UEFA puso fecha y hora al nuevo umbral de su competición reina. No es una fecha cualquiera. Es la confirmación de que el proyecto avanza, de que el torneo crece y de que la igualdad competitiva exige nuevos filtros. El Atlético de Madrid, undécimo clasificado en la fase de liga, y el Real Madrid, séptimo tras una primera ronda de Copa de Europa que le dejó con un sabor agridulce, quedaron emparejados en un playoff que no entiende de pasados, sino de presentes. Dos caminos distintos, dos realidades diferentes, pero un mismo objetivo: seguir vivos en Europa cuando febrero vuelva a teñirse de noches largas, himnos solemnes y miradas que pesan más que las piernas.

    El Atlético de Madrid llega a este cruce con la memoria llena de cicatrices europeas. Porque el Atlético ha aprendido a competir en Europa desde el dolor, desde la resistencia, desde esa identidad rojiblanca que no distingue entre géneros ni categorías. Undécimo en la fase de liga, sí, pero con la sensación de que el equipo nunca dejó de competir, de que cada punto fue una batalla y de que cada partido dejó un aprendizaje. El nuevo formato no perdona errores, pero tampoco niega segundas oportunidades. Y el Atlético se ha ganado la suya frente a un rival de peso histórico, mediático y futbolístico: el Manchester United.

    El jueves 12 de febrero de 2026, a las 21:00 horas peninsulares, el fútbol femenino europeo regresará a uno de esos escenarios que saben a tradición reciente, a proyecto firme, a casa adoptiva que se convierte en fortaleza.

    El C.D. Alcalá de Henares será testigo del primer acto de una eliminatoria que promete tensión, ritmo y una narrativa de ida y vuelta que solo la Champions sabe construir. Atlético de Madrid contra Manchester United. España contra Inglaterra. La Liga F Moeve frente a la Women’s Super League. Dos escuelas, dos formas de entender el juego, dos maneras de sentir la presión.

    El Manchester United no necesita presentación. Su escudo pesa en cualquier competición, también en la femenina, donde el proyecto ha crecido con ambición, inversión y una identidad cada vez más reconocible.

    Llegará a Alcalá con la etiqueta de favorito para algunos, con la obligación implícita de su historia y con la certeza de que enfrente tendrá a un Atlético que no negocia el esfuerzo, que entiende los partidos como relatos de supervivencia y que sabe que Europa no se gana, se pelea. Disney Plus será la ventana desde la que millones de espectadores podrán asomarse a este nuevo capítulo continental, confirmando también el salto audiovisual de una competición que ya no se esconde, que reclama su espacio en prime time, que exige atención y respeto.

    Siete días después, el jueves 19 de febrero de 2026, también a las 21:00 horas, la eliminatoria viajará a Inglaterra para resolverse en el Leigh Sports Village, un estadio que ya ha vivido noches europeas intensas y que pondrá a prueba la madurez competitiva del Atlético. Será allí, lejos de casa, donde se decidan los detalles, donde el fútbol se vuelva más mental que físico, donde cada saque de esquina, cada transición y cada error se pague con intereses. La vuelta no entiende de excusas. La vuelta es el lugar donde se caen las máscaras y donde solo queda la verdad del marcador.

    Paralelamente, el Real Madrid Club de Fútbol transita su propio camino europeo con una mezcla de ambición y exigencia permanente.

    Séptimo en la fase inicial, el conjunto blanco se quedó a las puertas del acceso directo a cuartos tras no pasar del empate en los Países Bajos ante el Twente, un 1-1 que resonó como un aviso: en Europa no basta con competir bien, hay que cerrar partidos. El nuevo formato no perdona la falta de colmillo. Y el Real Madrid, acostumbrado históricamente a que la Champions sea su territorio natural, afronta este playoff como una prueba de carácter.

    El rival no es menor. El París F.C. representa esa nueva ola del fútbol femenino francés que ya no vive a la sombra del Olympique de Lyon o del PSG. Es un equipo trabajado, intenso, tácticamente sólido y con una identidad clara. El miércoles 11 de febrero de 2026, a las 21:00 horas, el Stade Charléty abrirá sus puertas para recibir la ida de una eliminatoria que se intuye tan cerrada como apasionante. París F.C. contra Real Madrid. Francia contra España. Dos ligas que llevan años marcando el paso en Europa y que ahora se miran de frente en un cruce sin red.

    Disney Plus volverá a ser el canal que acerque esta historia a los hogares, consolidando una narrativa audiovisual que acompaña al crecimiento del fútbol femenino. El Real Madrid sabe que Charléty no será un escenario sencillo. La presión ambiental, el ritmo del rival y la necesidad de gestionar los tiempos del partido exigirán una versión madura, inteligente y contundente. Porque en Europa, y más aún en un playoff, no hay margen para la especulación prolongada.

    La vuelta, programada para el miércoles 18 de febrero, a las 18:45 horas, trasladará la resolución al Alfredo Di Stéfano. Un horario distinto, una atmósfera diferente, pero la misma tensión máxima. El Real Madrid se reencontrará con su afición en un partido que puede marcar un antes y un después en su recorrido continental. Porque avanzar a cuartos no es solo un objetivo deportivo; es una declaración de intenciones. Es decirle a Europa que el proyecto está listo para competir con cualquiera, en cualquier contexto y bajo cualquier formato.

    Este nuevo playoff no es un simple añadido al calendario. Es una declaración de principios de la UEFA. Es la constatación de que la Champions femenina ha alcanzado un punto de madurez que exige más competitividad, más emoción y más noches decisivas. Y en ese escenario, la Liga F Moeve no solo está presente, sino que es protagonista. Dos de sus tres representantes afrontan este reto con la responsabilidad de defender una liga que ha crecido en talento, en visibilidad y en exigencia interna.

    No es casualidad que Atlético y Real Madrid estén aquí. Ambos han construido proyectos sólidos, con identidades definidas y con la experiencia suficiente para entender que Europa no se improvisa. Cada entrenamiento, cada viaje, cada ajuste táctico cobra sentido en febrero, cuando el frío aprieta y los sueños se miden en noventa minutos. El fútbol femenino español ya no pide permiso. Compite, discute y se planta en los grandes escenarios con la convicción de quien sabe que pertenece a este nivel.

    Febrero volverá a ser ese mes en el que el calendario se convierte en un mapa emocional. Alcalá de Henares, Leigh, París y Valdebebas quedarán unidos por un hilo invisible de tensión competitiva. Cuatro partidos que condensan meses de trabajo, años de crecimiento y décadas de lucha por un espacio propio. Cuatro noches que pueden definir temporadas enteras. Cuatro oportunidades para que la Champions vuelva a recordarnos por qué es la competición que todas quieren jugar y que solo unas pocas saben soportar.

    Y cuando suene el himno, cuando las cámaras enfoquen los rostros concentrados, cuando el balón eche a rodar y el silencio previo se rompa con el primer pase, volveremos a entenderlo todo. Entenderemos que este playoff no es un obstáculo, sino un privilegio. Que estar aquí ya es un mérito, pero que avanzar es una necesidad. Que la historia no se escribe con nombres, sino con partidos. Y que la UEFA Women’s Champions League, una vez más, regresa para quedarse en nuestras noches, en nuestras conversaciones y en nuestra memoria.

    Porque Europa no espera. Europa exige. Europa pone a prueba.

    Y cuando febrero llame a la puerta, solo quedará una pregunta en el aire, suspendida entre el césped y la grada: ¿quién está preparado para seguir soñando?

    Partidos |

    🗓️ Jueves, 12 de febrero de 2026

    ⏰ 21:00 horario peninsular

    ✨ Atlético vs Manchester United ✨

    📺 Disney +

    🏟️ C.D. Alcalá de Henares

    🗓️ Jueves, 19 de febrero de 2026

    ⏰ 21:00 horario peninsular

    ✨Manchester United 🆚 Atlético ✨

    📺 Disney Plus

    🏟️ Leigh Sports Village

    🔥 París F.C. 🆚 Real Madrid 🔥

    📅 Miércoles, 11 de febrero de 2026

    ⏰ 21:00 horas

    📺 Disney Plus

    🏟️ Stade Charléty

    ✨Vuelta ✨

    🔥Real Madrid 🆚 París F.C.🔥

    🗓️ Miércoles, 18 de febrero de 2025

    ⏰ 18:45 horas

    📺 Disney Plus

    🏟️ Alfredo Di Stéfano

    Información que puede ser de utilidad:

    Cuando el fútbol femenino europeo dio su salto definitivo, cuando dejó de ser un susurro entre aficionados y se convirtió en estruendo en las grandes plazas del continente, algo más cambió en nuestras vidas: la forma en que lo consumimos. Porque la UEFA Women’s Champions League, ese torneo que desde hace décadas había sido patrimonio de batallas épicas y narrativas inolvidables, ya no se ve desde un sofá cualquiera, ya no se escucha desde una radio en el bar de la esquina ni se disfruta sin más como si fuera un bonus del fin de semana. Hoy, en pleno 2025, el regreso de la UEFA, el formato expandido, las nuevas eliminatorias, los playoffs inéditos, y las noches que llaman a fiebre continental ya tienen dueño audiovisual en España: Disney Plus. Una plataforma que, como una especie de guardián digital de estos tiempos, ha firmado con la UEFA un acuerdo para acompañar la competición hasta 2030. Y lo ha hecho no como un mero proveedor de imágenes, sino como el testigo y el transmisor de la historia en movimiento de un torneo que crece con cada pase, cada llegada, cada salvada en la línea. 

    Pero la pregunta que late en el corazón de cualquier aficionado que ha visto cómo este torneo se convierte en obsesión es inevitable: ¿cuánto cuesta una suscripción a Disney Plus en España si quiero ver —sin perderme un solo detalle— la UEFA Women’s Champions League? No es una pregunta trivial. Es la pregunta de millones que han comprendido que el fútbol ya no se mira casualmente, sino con el pulso firme de quien sabe que cada partido cuenta, que cada eliminatoria puede ser histórica, que cada gol puede definir una temporada entera de emociones, aspiraciones y sueños colectivos.

    La respuesta, como todo lo grande, no se reduce a un número sencillo y rápido. Porque Disney Plus ha estructurado sus tarifas en varios niveles, cada uno con ventajas, características y precios que reflejan no solo el contenido que ofrece, sino la manera en que queremos verlo y vivirlo en nuestra vida diaria.

    Empecemos por la base, por lo esencial. En España, a partir de otoño de 2025, Disney Plus ha actualizado sus precios con un aumento que se hizo efectivo desde el 1 de octubre de 2025 y que pone a prueba la determinación de muchos aficionados a suscribirse para ver la UEFA Women’s Champions League y el resto de contenidos de su catálogo. Los planes disponibles son tres:

    El plan Estándar con anuncios, que cuesta 6,99 € al mes. Este plan permite disfrutar de la mayoría de contenidos de Disney Plus, incluyendo —cuando se ofrezca en esa modalidad— la retransmisión de fútbol femenino europeo, pero incluye anuncios, presenta calidad de hasta Full HD y permite reproducción en dos dispositivos al mismo tiempo.  El plan Estándar sin anuncios, que tiene un precio de 10,99 € al mes o 109,90 € al año si se opta por la tarjeta anual. Este plan elimina las interrupciones publicitarias y permite descargas en hasta diez dispositivos, además de ofrecer calidad Full HD y sonido envolvente en gran parte del contenido.  El plan Premium, que sube hasta 15,99 € al mes o 159,90 € al año y se convierte en la opción más completa: ofrece reproducción en 4K UHD con HDR, sonido Dolby Atmos, hasta cuatro dispositivos simultáneos, y máximas prestaciones de calidad de imagen y sonido. 

    Estos no son números arbitrarios. Son cifras que reflejan cómo ha evolucionado el mercado del entretenimiento y la forma en que las grandes plataformas estructuran el valor que ofrecen. Para muchos aficionados, el plan con anuncios puede ser suficiente para seguir la UEFA Women’s Champions League sin un salto de presupuesto demasiado grande. Para otros, aquellos que viven intensamente cada partido y quieren comodidad, calidad de imagen superior y cero interrupciones, el plan Premium se convierte en una inversión en su pasión.

    Desde lejos, desde fuera del salón donde se enciende el televisor, puede parecer una decisión técnica, casi matemática: pagar más para tener mejor calidad. Pero para quien ha sentido el silencio previo al saque inicial, quien ha escuchado el silencio del estadio expandirse con cada pase filtrado y cada vez que la portería se queda a oscuras, entonces entiende que no se trata solo de calidad técnica. Se trata de vivir el fútbol con intensidad, de sentirlo como una experiencia completa.

    Una suscripción a Disney Plus no se limita a abrir una puerta a un contenido concreto. Abre un universo: cine, series, documentales, contenidos familiares y, por supuesto, ahora el fútbol femenino europeo más prestigioso hasta, como mínimo, 2030, gracias al acuerdo con la UEFA. 

    No podemos perder de vista que la UEFA Women’s Champions League, en su nueva etapa, es un torneo expansivo, sofisticado y lleno de capas. Ya no hay grupos simples de seis partidos, hay formato liga antes de eliminatorias y, como hemos vivido en la reciente confirmación de emparejamientos, hay playoffs que elevan la tensión y la narrativa competitiva a niveles insospechados. El retorno de clubes como el Atlético de Madrid y el Real Madrid a estas fases decisivas transforma cada encuentro en algo más que un partido: es la encarnación de una cultura futbolística, de una historia colectiva, de una identidad que late con fuerza en millones de aficionados. Y la plataforma que tiene los derechos oficiales en España para transmitir esta historia es Disney Plus. 

    Y cuando algo se convierte en relato, en memoria, en alto voltaje emocional, el precio deja de ser un número frío para convertirse en parte de la ecuación personal de cada uno: ¿cuánto vale ver el gol decisivo? ¿Cuánto vale experimentar la remontada? ¿Cuánto vale presenciar el momento en que una jugadora levanta la bola al cielo y piensa en todo lo que ha significado para ella y para su equipo llegar ahí?

    En esencia, eso es lo que están comprando millones de aficionados: no es una suscripción mensual aislada, es acceso a historias humanas, a relatos de superación, a noches que pueden reescribir la historia de un club y de una liga entera.

    Porque si miramos más allá del número, más allá del coste en euros, encontramos un fenómeno cultural. Tenemos una competición que se expande hasta 18 equipos, que cambia de formato para ser más competitiva, más rica en matices, más atractiva para el público global, y que ahora exige no solo atención, sino presencia. Estar ahí, saber cuándo empieza, tener la plataforma activa, anticiparse a cada jornada para sentir la vida que late en cada partido. Eso tiene valor, peso y significado. 

    Y no solo eso. El fútbol femenino europeo —y especialmente esta UEFA Women’s Champions League— no es contenido aislado. Está acompañado de narrativas paralelas: documentales sobre jugadoras, series que relatan el crecimiento del fútbol femenino, análisis previos y posteriores a cada encuentro, entrevistas, debates. Todo ello, compilado en la misma plataforma. Disney Plus no es ya una ventana única de entretenimiento familiar; es un centro de experiencias múltiples donde la Champions se mezcla con otras historias, donde cada suscriptor encuentra su propio modo de vivir todo lo que le importa.

    Para quienes eligen el plan Premium, por ejemplo, la inversión se siente como una elección natural: 16 € al mes para tener acceso no solo a la UEFA Women’s Champions League, sino a un mundo de contenidos en la máxima calidad posible, con la comodidad de ver los partidos en 4K HDR, con sonido que te envuelve y con la posibilidad de estar conectado en varios dispositivos al mismo tiempo. Eso significa que la familia puede ver su serie favorita en una habitación mientras el partido se vive en otra. Eso significa que no hay excusas para perderse nada. 

    Para quienes optan por el plan estándar sin anuncios, la ecuación es diferente: 10,99 € al mes o 109,90 € al año. Aquí también está el fútbol, también está la UEFA Women’s Champions League, también están las grandes noches europeas. Lo que cambia es la manera de vivirlo: sin interrupciones, con descargas disponibles para ver los partidos sin depender de la calidad de internet, con la libertad de organizar tu propio calendario de visionado de manera más flexible. 

    Y para quienes prefieren minimizar el gasto, el plan con anuncios —6,99 € al mes— puede ser suficiente. Sí, hay interrupciones, pero la esencia del espectáculo, las jugadas, los goles, la tensión táctica y la narrativa de cada partido está ahí. Porque el fútbol no pierde impacto por la presencia de comerciales; la emoción sigue intacta, aunque con pausas. 

    Dentro de esa gama de posibilidades, cada suscriptor elige su propio modo de vivir la UEFA Women’s Champions League: algunos lo hacen como ritual, otros como pasión intermitente, otros como acompañamiento familiar. Pero todos están unidos por una misma verdad: esta competición ya no se ve como antes. Antes —hace solo unos años— podíamos reunirnos en un bar con amigos, escuchar el relato en la radio, ver un resumen al día siguiente en internet. Ahora, cada segundo cuenta, cada jugada aparece en tu pantalla en tiempo real, con gráficos, repeticiones, estadísticas, seguimiento integral y una calidad audiovisual que nos acerca más a sentir que estamos en el césped, en la grada, en contacto directo con la historia.

    Disney Plus, con su estructura de precios, ha entendido esa evolución. Ha creado un ecosistema donde el fútbol encuentra un lugar natural entre series, documentales, cine y entretenimiento general. Ha convertido una suscripción en un permiso para entrar a la sala donde se escribe la narrativa del fútbol femenino europeo cada semana. Y al decir “hasta 2030”, ha puesto una línea de tiempo que nos obliga a pensar que esto no es un evento pasajero, ni una moda. Es el futuro inmediato del deporte que amamos, contado con la ambición que merece. 

    Así que, cuando nos enfrentamos a la pregunta “¿cuánto cuesta Disney Plus en España?”, la respuesta no es solo una lista de cifras. Es aceptar que vivimos en una era en la que ver la Champions ya no es un hobby aislado, sino una parte integral de nuestra vida cultural y emocional. Cada euro que pagas es un puente hacia noches épicas, hacia jugadas imposibles, hacia goles que se graban en la memoria colectiva. Es pagar por estar presente, por no perderte nada, por sentir el pulso del fútbol femenino europeo como si tú también fueras parte de ese relato.

    Y si miramos esas cifras con la perspectiva adecuada —los 6,99 € del plan con anuncios, los 10,99 € del plan estándar, los 15,99 € del plan premium— entonces entendemos que no son números fríos, sino costes de entrada a una experiencia que transforma el fútbol en historia vivida. Porque el corazón del aficionado no está en la estadística, sino en la narración: en el momento en que el árbitro pita, en que el balón cruza la línea, en que la cámara enfoca a la jugadora que acaba de marcar, en que la grada explota en celebración, en que sientes un escalofrío porque sabes que estás viendo algo que será recordado.

    Y eso, más que un servicio de streaming, es una invitación a vivir el fútbol con la intensidad que solo puede ofrecer la UEFA Women’s Champions League. Porque el fútbol femenino ya no es complemento. Es primera plana en la historia deportiva europea. Y Disney Plus es la puerta por la que esa historia entra en nuestras casas.

    Aquí puedes suscribirte a Disney Plus |

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    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Oficial | La Copa de la Reina Iberdrola se cita con el destino: Las Rozas dictará sentencia rumbo a Gran Canaria

    (Fuente: Getty imágenes)

    🔲 El 7 de enero de 2026, el bombo hablará. Y cuando lo haga, el fútbol femenino español sabrá qué caminos conducen a la final soñada.

    Hay fechas que no necesitan ser subrayadas en rojo porque se escriben solas en la memoria colectiva del fútbol. Días en los que el balón aún no rueda, pero ya pesa. Momentos en los que el ruido no llega desde la grada, sino desde el interior de un bombo que guarda, comprimida en ocho bolas, la ilusión de una temporada entera.

    El próximo miércoles 7 de enero de 2026, la Ciudad del Fútbol de Las Rozas volverá a convertirse en el kilómetro cero del fútbol español. En el Salón Luis Aragonés, ese espacio donde tantas veces el azar ha marcado destinos y donde tantas carreras se han bifurcado para siempre, la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) llevará a término el sorteo de los cuartos de final de la Copa de la Reina Iberdrola.

    Porque la Copa, cuando entra en su fase decisiva, deja de ser una competición. Se convierte en un relato.

    La RFEF, presidida por Rafael Louzán, ha querido dotar a la jornada de un simbolismo especial. El sorteo se celebrará a la limón con el de la Copa del Rey MAPFRE, en una de esas tardes en las que el fútbol masculino y el femenino comparten escenario, foco y trascendencia.

    El orden no será casual y a las13:00 horas, se conocerán primero los emparejamientos de los cuartos de final de la Copa del Rey. Y cuando la emoción haya recorrido los pasillos, cuando los titulares hayan empezado a escribirse y el eco de los cruces masculinos aún resuene en la sala, llegará el turno de ellas.

    Porque la Copa de la Reina no pide permiso: reclama su espacio y cada vez se lo gana más y más.

    Será a partir de las 16:00 horas (horario peninsular) cuando el acto vuelva a cobrar vida, y alrededor de las 16:30, cuando las bolas empiecen a hablar y el destino quede sellado. Desde ese instante, ya no habrá marcha atrás.

    Atrás quedan los octavos de final. Un fin de semana intenso, de goles, de emoción y de eliminatorias que recordaron por qué este torneo tiene un lugar especial en el corazón del fútbol femenino español.

    Solo ocho equipos han sobrevivido al filtro. Ocho escudos. Ocho historias distintas. Ocho maneras de entender el fútbol. Ocho caminos que se cruzarán inevitablemente.

    Los nombres que estarán dentro del bombo son los siguientes:


    • Fútbol Club Barcelona
    • Real Madrid
    • Atlético de Madrid
    • Athletic Club
    • Real Sociedad de Fútbol
    • Madrid CFF
    • Costa Adeje Tenerife Egatesa
    • Badalona

    Ocho equipos que representan tradición, presente y futuro. Ocho proyectos que han entendido que la Copa no concede treguas y que cada partido puede ser el último.

    Los cuartos de final de la Copa de la Reina Iberdrola se disputarán a partido único, sin red, sin margen de error.

    Los encuentros tendrán lugar los días 3, 4 y 5 de febrero, en una semana que se antoja decisiva no solo para la Copa, sino para el calendario global del fútbol femenino español.

    Porque el contexto importa.
    Y este año, más que nunca, el calendario aprieta y la exigencia se multiplica.

    Todos los caminos conducen a un mismo punto, un mismo horizonte que guarda un mismo sueño.

    La gran final de la Copa de la Reina Iberdrola se disputará en el Estadio de Gran Canaria, un escenario que espera convertirse en epicentro del fútbol femenino nacional, en lugar de peregrinación para aficiones, jugadoras y relatos.

    Pero antes de pensar en finales, hay que sobrevivir a los cruces. Y para llegar a Gran Canaria, primero hay que pasar por febrero.

    El sorteo de cuartos llega, además, con un factor añadido que añade tensión, narrativa y dificultad: la Supercopa de España Iberdrola.

    Pocos días después de disputarse los cuartos de final de Copa, Atlético de Madrid, Real Madrid, Athletic Club y FC Barcelona pondrán rumbo a Castellón para disputar las semifinales del primer título oficial del año.

    Los emparejamientos ya están definidos:
    • Atlético de Madrid vs Real Madrid
    • FC Barcelona vs Athletic Club

    Todo ello sobre el césped del Estadio SkyFi Castalia, en una concentración que exigirá gestión de cargas, rotaciones, mentalidad competitiva y capacidad para sostener el pulso emocional de dos competiciones que no entienden de excusas.

    En este punto de la competición, no hay rivales cómodos. No hay cruces menores. No hay eliminatorias de trámite.
    • El Barcelona, vigente dominador del fútbol nacional, sabe que la Copa es terreno minado.
    • El Real Madrid, en plena construcción de una identidad ganadora, ve en este torneo una oportunidad de oro.
    • El Atlético de Madrid, con su ADN copero, entiende mejor que nadie lo que significa sobrevivir a una eliminatoria.
    • El Athletic Club, fiel a su esencia, compite siempre desde el orgullo.
    • La Real Sociedad, con una de las canteras más fértiles del país, quiere volver a sentirse grande.
    • El Madrid CFF, ejemplo de resistencia y ambición.
    • El Costa Adeje Tenerife, capaz de convertir su casa en una fortaleza.
    • El Badalona, dispuesto a seguir rompiendo pronósticos.

    Cada bola encierra una historia posible. Cada cruce, un relato distinto y todos los partidos ofrecen la opción de cambiar las dinámicas de un curso.

    El 7 de enero no se juegan puntos. No se marcan goles. No hay celebraciones ni lágrimas. Pero ese día empieza todo.

    Empieza la semana en la que los cuerpos técnicos ajustan calendarios.
    Empieza la semana en la que las jugadoras miran el escudo rival y piensan: sí, contra ellas.
    Empieza la semana en la que las aficiones imaginan viajes, noches frías de febrero y celebraciones imposibles.

    Este torneo te obliga a no mirar más allá del siguiente desafío porque la línea entre la clasificación o la eliminación es muy fina.

    La Copa de la Reina es un torneo aje no se explica, únicamente se siente con pasión y tensión.

    Es el torneo donde los favoritos caen, donde las sorpresas crecen, donde los detalles deciden. Donde una parada, un rebote o un silencio en la grada pueden escribir páginas que duren décadas.

    La Copa no entiende de jerarquías.
    Entiende de momentos y por eso, cuando el bombo gire en Las Rozas, no estará decidiendo solo unos emparejamientos. Estará activando la maquinaria del relato más puro del fútbol femenino español.

    El sorteo es muy importante porque la Copa no se juega, más bien se vive y el 7 de enero volveremos a disfrutar de su magia con los cruces de los cuartos de final.

    (Fuente: Getty imágenes)