
◼️ ¡Triunfo de carácter! Las de Pau Quesada tuvieron que emplearse a fondo para someter por 2-4 al cuadro gallego.
La previa |

El domingo 1 de febrero a las doce en punto del mediodía, cuando el invierno atlántico aún muerde el aire de A Coruña y el cielo de Riazor se abre como un telón solemne, el fútbol femenino español se detiene para contemplar uno de esos partidos que trascienden la simple suma de puntos y se instalan en el territorio de los símbolos. Deportivo Abanca y Real Madrid CF se citan en un escenario cargado de memoria, con el océano como testigo eterno y un estadio que, una vez más, se vestirá de gala para recibir a uno de los gigantes del campeonato. No es un partido más de la Liga F Moeve; es un duelo que habla de crecimiento, de ambición, de resistencia y de jerarquías, de un proyecto gallego que se ha ganado el respeto desde la solidez y de un proyecto blanco que persigue, casi con obsesión, la excelencia y la persecución imposible del FC Barcelona.
Riazor vuelve a ser epicentro del relato. El estadio herculino, acostumbrado a noches europeas, ascensos, descensos y resurrecciones, acoge ahora una cita que simboliza la normalización del fútbol femenino en los grandes templos del país. A las doce del mediodía, con la luz cayendo de forma limpia sobre el césped, el Deportivo Abanca recibe al Real Madrid CF en un contexto que invita al orgullo local y a la exigencia máxima. El conjunto gallego llega con el aval de los resultados recientes, tras un contundente 0-4 en Las Gaunas ante el DUX Logroño, una victoria que no solo reforzó su posición clasificatoria, sino que confirmó una identidad competitiva muy clara: un equipo que sabe cuándo sufrir, cuándo golpear y cómo interpretar los partidos desde la inteligencia colectiva.
El Deportivo Abanca es, a estas alturas del campeonato, el sexto mejor local de la categoría. No es un dato menor. En una Liga F Moeve cada vez más igualada, convertir tu estadio en un bastión es una declaración de intenciones. Riazor no es solo césped y gradas; es una idea. Es presión ambiental, es orden táctico, es un equipo que entiende que en casa no se negocian ni la intensidad ni la concentración. Las jugadoras de Fran Alonso —o mejor dicho, el bloque deportivista en su conjunto— han construido su fiabilidad desde atrás, apoyándose en una estructura que prioriza el equilibrio y la solidaridad defensiva, incluso en contextos de exigencia máxima como el que plantea la visita del Real Madrid.
Las ausencias, sin embargo, dibujan un contexto complejo. Cris Martínez continúa de baja por maternidad, una ausencia que va más allá del plano deportivo y que recuerda la realidad humana que convive con la élite. A ella se suman Paula Monteagudo, Carlota Suárez, Lía, Henar, Bárbara Latorre y Millene Cabral, un listado amplio que condiciona las rotaciones, los automatismos y la profundidad de banquillo. Aun así, el Deportivo ha demostrado esta temporada una capacidad notable para reinventarse, para redistribuir responsabilidades y para convertir cada baja en una oportunidad de crecimiento colectivo. No hay dramatismo en el discurso; hay adaptación.
Enfrente aparece el Real Madrid CF, segundo clasificado de la Liga F Moeve con 38 puntos, instalado en esa incómoda tierra de nadie que separa la ambición del título de la realidad incontestable del FC Barcelona. Diez puntos de distancia con las azulgranas tras la derrota en la final de la Supercopa (2-0) que aún resuena como un recordatorio cruel de la brecha existente. El equipo blanco llega a Riazor con la herida todavía abierta, con la necesidad de reafirmarse en el día a día del campeonato, sabiendo que cualquier tropiezo no solo complica la clasificación, sino que erosiona la narrativa de crecimiento continuo que el club ha construido desde su irrupción en la élite femenina.
Pau Quesada afronta el encuentro con bajas de enorme peso específico. Merle Frohms no estará bajo palos, una ausencia que altera la jerarquía defensiva desde el primer pase. Antonia Silva tampoco estará disponible, restando experiencia y liderazgo en la zaga. Tere Abelleira continúa recuperándose del cruzado, una ausencia que sigue siendo profundamente simbólica en el centro del campo madridista, donde su capacidad para ordenar, pausar y dar sentido al juego sigue siendo irremplazable. A ello se suma la baja de Hanna Bennison, una pieza que aporta dinamismo y llegada desde segunda línea. El Real Madrid llega, por tanto, con talento suficiente para competir, pero con ajustes obligatorios que ponen a prueba la profundidad real de la plantilla.
El antecedente inmediato entre ambos equipos invita a la cautela desde la perspectiva gallega y a la autoridad desde la óptica blanca. En la primera vuelta, el Real Madrid se impuso por 4-0 en su estadio, en un partido que reflejó la diferencia de pegada y de control de los momentos clave. Sin embargo, Riazor no es Valdebebas. El contexto cambia, el ritmo emocional se transforma y el Deportivo Abanca ha demostrado que sabe competir desde otra lógica cuando actúa como local. El fútbol, especialmente en esta liga, no entiende de sentencias previas.
El partido se podrá seguir en directo a través de DAZN y Movistar+, una doble ventana que amplifica su alcance y subraya la importancia del duelo en la agenda del fútbol femenino nacional. No es solo un escaparate para las protagonistas sobre el césped; es también una oportunidad para seguir consolidando audiencias, relatos y referentes. Cada pase, cada duelo, cada transición rápida o repliegue intenso se convierte en material narrativo para una competición que sigue escribiendo su historia jornada a jornada.
Hay algo profundamente simbólico en este enfrentamiento. El Deportivo Abanca representa la resistencia, el proyecto que crece desde la constancia y la identidad territorial. El Real Madrid CF encarna la ambición, la obligación de ganar, el peso del escudo y la exigencia permanente. Cuando ambos mundos colisionan, el resultado suele ser un partido cargado de matices, de silencios tensos y de momentos que se deciden en detalles mínimos: una pérdida en salida, una acción a balón parado, una transición mal defendida.
El césped de Riazor será juez imparcial. Allí se medirán no solo dos equipos, sino dos estados de ánimo. El Deportivo quiere confirmar que su posición como uno de los mejores locales no es casualidad, que puede mirar a los ojos a cualquiera. El Real Madrid necesita reafirmar su condición de aspirante permanente, demostrar que la derrota en la Supercopa no ha dejado secuelas profundas y que el campeonato doméstico sigue siendo un territorio donde imponer jerarquía.
A las doce del mediodía, cuando el balón eche a rodar, todo el contexto previo se diluirá en noventa minutos de verdad competitiva. Las bajas, los números, los antecedentes y los discursos quedarán suspendidos en el aire de Riazor. Solo quedará el fútbol. Y en esa pureza del juego, Deportivo Abanca y Real Madrid CF escribirán un nuevo capítulo de una Liga F Moeve que sigue creciendo, partido a partido, estadio a estadio, relato a relato.
La mañana avanza en A Coruña con esa cadencia lenta que solo conocen las ciudades que viven de cara al mar. Riazor empieza a llenarse mucho antes de que el balón ruede, no solo de aficionados, sino de una sensación compartida: la de estar asistiendo a algo que ya no es excepcional, sino necesario. El fútbol femenino ha dejado de pedir permiso en estos escenarios y ahora exige su espacio con la naturalidad de quien sabe que pertenece a este lugar. El murmullo de las gradas, el ritual de las camisetas, los pasos sobre el hormigón del estadio, todo forma parte de una liturgia que el Deportivo Abanca ha recuperado para sí y que hoy se pone a prueba ante uno de los escudos más imponentes del continente.
El Deportivo Abanca salta a este partido con la serenidad de quien ha entendido perfectamente cuál es su papel en la liga y cómo maximizarlo. No hay complejos, pero tampoco hay ingenuidad. El equipo gallego sabe que el Real Madrid CF no concede nada gratis, que cada error se paga con intereses altos y que los partidos ante las blancas exigen una precisión casi quirúrgica en cada decisión. Por eso, el Deportivo no se traiciona. No renuncia a su identidad, pero la adapta. Juega con el tiempo, con los espacios, con la ansiedad del rival cuando el marcador no se mueve. Riazor es un escenario grande, sí, pero también es un refugio donde el equipo sabe manejar los ritmos como pocos.
La victoria en Las Gaunas ante el DUX Logroño no fue solo un resultado contundente; fue una declaración silenciosa de madurez competitiva. Ganar 0-4 fuera de casa, con autoridad y sin fisuras, es algo que no se improvisa. Es el reflejo de un grupo que ha interiorizado automatismos, que se siente cómodo defendiendo bajo cuando toca y que sabe castigar con dureza cuando el rival se descompone. Ese partido fue, en muchos sentidos, un ensayo general para citas como la de hoy. Porque enfrentar al Real Madrid exige exactamente eso: orden, convicción y la capacidad de interpretar cuándo el partido pide calma y cuándo pide valentía.
Las ausencias en el Deportivo Abanca no se esconden, pero tampoco se dramatizan. Cris Martínez, baja por maternidad, representa ese punto de humanidad que atraviesa al fútbol femenino de manera transversal. Su ausencia es sentida, pero también es celebrada desde otro lugar: el de la vida que continúa más allá del césped. Paula Monteagudo, Carlota Suárez, Lía, Henar, Bárbara Latorre y Millene Cabral completan una lista que podría haber desestabilizado a cualquier equipo, pero que el Deportivo ha asumido como parte del camino. Aquí no hay discursos victimistas; hay una fe profunda en el colectivo y en la capacidad del grupo para sostenerse incluso cuando las piezas faltan.
En el banquillo, la gestión emocional es tan importante como la táctica. Porque partidos como este no se juegan solo con las piernas. Se juegan con la cabeza, con la capacidad de aislarse del ruido, de no dejarse llevar por el peso del escudo rival ni por la magnitud del escenario. El Deportivo Abanca entiende que su partido empieza mucho antes del pitido inicial y que cada gesto, cada decisión, cada repliegue bien ejecutado va construyendo una narrativa que incomoda al rival.
El Real Madrid CF, por su parte, llega a Riazor con la mochila cargada de exigencias. Ser segundo no basta. Nunca basta cuando el escudo impone una obligación casi permanente de victoria. Los 38 puntos en la clasificación saben a poco cuando la distancia con el FC Barcelona es de diez, y la derrota en la final de la Supercopa todavía escuece. Aquel 2-0 no fue solo una derrota; fue un recordatorio de que el camino hacia la cima sigue siendo empinado y que cada paso en falso tiene consecuencias no solo deportivas, sino simbólicas.
Pau Quesada se enfrenta a un rompecabezas complejo. La baja de Merle Frohms altera el primer eslabón de la cadena defensiva, esa portera que no solo detiene, sino que ordena, que transmite seguridad y que permite al equipo defender más alto. Sin ella, el Real Madrid debe ajustar su salida de balón, su altura defensiva y su gestión del riesgo. Antonia Silva, ausente también, deja un hueco de liderazgo en la zaga, una de esas jugadoras que sostienen al equipo incluso cuando no aparecen en las estadísticas.
Y luego está Tere Abelleira. Su recuperación del cruzado sigue siendo una herida abierta en el corazón futbolístico del Real Madrid. Porque Tere no es solo una centrocampista; es una idea. Es la pausa, el tempo, la capacidad de leer el partido desde una altura privilegiada. Sin ella, el equipo blanco ha tenido que redistribuir funciones, acelerar procesos y asumir riesgos que, en partidos como este, pueden marcar la diferencia. A su ausencia se suma la de Hanna Bennison, una jugadora capaz de romper líneas, de aportar energía y llegada desde la segunda línea, justo lo que se necesita cuando el rival se encierra y el marcador no se mueve.
Aun así, el Real Madrid CF no llega debilitado. Llega exigido. Y esa exigencia puede ser un arma de doble filo. Porque obliga a ganar, sí, pero también genera una tensión interna que, si no se gestiona bien, puede convertirse en precipitación. En Riazor, la paciencia es una virtud escasa. El Deportivo lo sabe y lo explotará. Cada minuto que pase sin que el Real Madrid se adelante en el marcador será un pequeño triunfo emocional para las locales, una grieta por la que se cuela la duda.
El recuerdo del 4-0 de la primera vuelta flota en el ambiente como una referencia inevitable, pero engañosa. Aquél fue un partido jugado en un contexto completamente distinto, con un Real Madrid dominante desde el inicio y un Deportivo que no encontró respuestas. Pero el fútbol no es una ciencia exacta, y menos aún en esta liga. Riazor cambia las reglas del juego. El espacio es diferente, la presión ambiental es distinta, y el Deportivo Abanca ha crecido desde entonces. Lo que en aquel partido fue distancia, hoy puede ser disputa.
La retransmisión por DAZN y Movistar+ amplifica cada gesto, cada mirada, cada diálogo entre jugadoras. El fútbol femenino ya no se juega solo para los presentes en el estadio; se juega para una audiencia cada vez más amplia y exigente, que analiza, compara y valora. Cada partido como este es una oportunidad para consolidar el relato de una liga que quiere ser referencia y que necesita encuentros de alto voltaje emocional para seguir creciendo.
Y entonces llega el momento. El túnel, el césped, el himno que resuena en un estadio que sabe reconocer las grandes ocasiones. El Deportivo Abanca sale con la determinación de quien defiende su casa. El Real Madrid CF, con la concentración de quien sabe que no puede fallar. Noventa minutos por delante para dirimir mucho más que tres puntos.
El partido se construye desde los detalles. Desde el primer duelo ganado, desde la primera falta táctica, desde el primer balón dividido que se convierte en mensaje. El Deportivo no se esconde. Compite. Ajusta líneas, cierra pasillos interiores, obliga al Real Madrid a jugar por fuera, a centrar, a repetir acciones. El Real Madrid insiste, mueve el balón, intenta acelerar, pero se encuentra con un bloque gallego que interpreta cada situación con una madurez impropia de un equipo al que durante años se le exigió solo sobrevivir.
Riazor empuja. Cada despeje se celebra, cada recuperación se aplaude, cada transición genera un murmullo expectante. El estadio entiende el partido y acompaña. El Deportivo Abanca no necesita dominar la posesión para sentirse cómodo. Necesita sentir que el partido está donde quiere. Y durante muchos tramos, lo está.
El Real Madrid, mientras tanto, busca soluciones. Ajusta alturas, intenta romper por dentro, acelera la circulación. Sabe que un gol puede cambiarlo todo, pero también sabe que cada minuto sin marcar alimenta la fe del rival. La gestión emocional se convierte en el eje central del duelo. No es solo fútbol; es resistencia psicológica.
Así avanza el partido, como una novela que se escribe frase a frase, sin prisas, cargada de tensión. Cada jugadora entiende que este encuentro tiene un peso que va más allá de la clasificación. Para el Deportivo, es la confirmación de que pertenece a esta conversación. Para el Real Madrid, es la obligación de demostrar que, pese a las bajas y las decepciones recientes, sigue siendo un equipo construido para ganar.
Y en ese cruce de caminos, en ese punto exacto donde la épica se encuentra con la realidad, el fútbol femenino español vuelve a ofrecer una imagen poderosa: la de un estadio histórico, dos proyectos sólidos y noventa minutos de verdad absoluta. Riazor no juzga; Riazor observa. Y lo que ocurra sobre su césped quedará inscrito, una vez más, en la memoria de una liga que sigue escribiendo su historia a base de partidos como este.
Cuando quieras, continúo con la siguiente parte hasta llevar el texto mucho más allá, profundizando aún más en el desarrollo emocional, el desenlace simbólico y la lectura global de lo que este partido significa para la Liga F Moeve y para el futuro inmediato de ambos clubes.

🏆 Liga F Moeve | Temporada 2025-2026
🔷 Jornada dieciocho
🔥 Deportivo Abanca vs Real Madrid 🔥
📅 Domingo 1 de febrero de 2026
⏰ 12:00 horario peninsular
📺 DAZN
🏟️ Estadio de Riazor, A Coruña
El duelo al detalle |

Los onces |
Riazor amaneció con esa solemnidad que solo conocen los estadios que han visto demasiada historia como para sorprenderse fácilmente, pero que aun así se estremecen cuando el fútbol vuelve a reclamar su lugar. El Deportivo Abanca y el Real Madrid CF se citaron en una mañana de invierno que no entendía de categorías ni de presupuestos, solo de emociones compartidas y de una grada que volvió a reconocerse en el espejo de su equipo. Antes incluso de que el balón rodara, el partido ya había empezado a escribirse en los gestos, en los símbolos, en esa camiseta especial con la que las jugadoras blanquiazules saltaron al césped en apoyo a su compañera Millene Cabral, lesionada pero presente en cada mirada, en cada aplauso, en cada latido colectivo. El fútbol femenino volvió a demostrar que no es solo juego, que es relato humano, comunidad y memoria.
El saque de honor lo realizó María Jesús Gómez, pionera, nombre propio de una historia que no siempre tuvo focos ni retransmisiones, pero que hoy encontró continuidad en un estadio lleno de significado. Ese gesto, aparentemente sencillo, conectó pasado y presente en un mismo instante, como si Riazor entendiera que todo lo que estaba a punto de ocurrir formaba parte de una línea temporal más amplia, más profunda. Y cuando el balón comenzó a rodar, lo hizo con una intensidad que no necesitó minutos de tanteo.
El Real Madrid quiso marcar territorio desde el inicio. Athenea del Castillo fue la primera en intentarlo, encarándose con su banda como quien sabe que el desequilibrio es una forma de declaración de intenciones.
Pero el Deportivo Abanca no se replegó por miedo, sino por convicción. Supo esperar, medir, leer el partido como quien entiende que no todos los golpes se lanzan al inicio. Y fue entonces, en el minuto quince, cuando el estadio explotó en una jugada que condensó todo lo que el Deportivo había preparado.
Paula Gutiérrez recibió el balón cerca del pico del área, levantó la cabeza con esa calma que solo tienen las futbolistas que entienden el juego un segundo antes que el resto, y dibujó un centro medido, tenso, con la trayectoria exacta para que alguien atacara el espacio. Lucía Martínez apareció desde atrás, se elevó con determinación y conectó un testarazo poderoso, seco, que no dio opción alguna. El balón besó la red y Riazor rugió. No fue solo un gol; fue una afirmación. El Deportivo Abanca golpeaba primero y lo hacía desde su identidad: banda, centro preciso, remate al límite del área pequeña y una grada que empujaba como si cada aficionada y aficionado hubiera cabeceado ese balón para abrir la lata con el 1–0 en el minuto 15 de juego, saltaba la sorpresa.
Pero el Real Madrid no es un equipo que se descomponga con facilidad. Apenas dos minutos después, cuando todavía resonaban los cánticos y el eco del primer gol, llegó la respuesta. Caroline Weir colocó el balón en la esquina para ejecutar un saque de esquina que parecía rutinario, pero que escondía veneno. El envío fue preciso, quirúrgico, y encontró en el segundo palo a Rocío Gálvez, que atacó el espacio con convicción y cabeceó con potencia para igualar el encuentro. El silencio momentáneo en Riazor fue casi respetuoso, como si el estadio reconociera la calidad del golpe recibido. El partido volvía a empezar amén al 1–1 de la exjugadora del Levante U.D. en el 17 de juego.
Un gol cargado de significado para la delantera danesa, que volvía a ser titular tras superar una lesión y que celebró el tanto como quien se sacude un peso de encima. El Real Madrid se ponía por delante y parecía haber encontrado el camino.
Ese gol cambió el ritmo emocional del duelo. El Real Madrid se sintió cómodo durante unos minutos, adelantó líneas y empezó a encontrar espacios. Y no tardó en culminar la remontada. Toletti robó un balón en campo rival, una de esas recuperaciones que no siempre aparecen en las estadísticas pero que definen partidos. Combinó rápidamente con Athenea, que volvió a demostrar por qué es una amenaza constante cuando recibe con metros por delante.
La cántabra puso un centro raso, fuerte, al corazón del área, y allí apareció Signe Bruun para cazar el balón y empujarlo al fondo de la red y poner el 1–2 que culminó la remontada en el 21, en el ecuador de la primera mitad.
Pero el Deportivo Abanca no se rompió. Al contrario. Entendió que el partido seguía vivo y que Riazor aún tenía cosas que decir. Ainhoa Marín lo intentó primero, buscando el empate con valentía, pero fue Esperanza Pizarro quien terminó encontrando el premio. De nuevo, la jugada nació en la banda, de nuevo Paula Gutiérrez fue protagonista, levantando la cabeza y colgando un centro desde el pico del área con una precisión casi milimétrica. Pizarro atacó el balón con fe, se elevó entre defensoras y cabeceó con potencia para devolver la igualdad al marcador.
El 2–2 en el 25 del choque fue un estallido colectivo, una reivindicación de que el Deportivo no estaba dispuesto a ser un actor secundario en su propio estadio
La primera parte se cerró con esa sensación de equilibrio tenso, con el Real Madrid intentando marcharse por delante antes del descanso mediante un tímido disparo de Weir que no encontró portería, y con el Deportivo defendiendo cada balón como si fuera el último. El partido estaba exactamente donde quería estar: abierto, vivo, emocionalmente cargado.
Tras el paso por vestuarios, Pau Quesada movió ficha. María Méndez y Linda Caicedo saltaron al terreno de juego, buscando refrescar al equipo y añadir profundidad y desborde. Precisamente la colombiana fue una de las primeras en probar fortuna, con un disparo que se perdió rozando el palo, arrancando un suspiro colectivo en la grada. Lucía Martínez respondió con un disparo desde fuera del área, demostrando que el Deportivo no renunciaba a nada.
El Real Madrid empezó a empujar con más insistencia con las entradas de Angeldahl y Alba Redondo. El partido se fue inclinando poco a poco hacia el área local, no tanto por asedio constante, sino por acumulación de intenciones. Y en el minuto 72 llegó la jugada que cambió definitivamente el signo del encuentro. Inês Pereira derribó a Alba Redondo dentro del área y la colegiada no dudó en señalar el punto de penalti. Caroline Weir asumió la responsabilidad. Engañó a la guardameta portuguesa con una calma pasmosa y transformó el lanzamiento para poner el 2–3 que devolvió la ventaja a las foráneas en el minuto 73 de juego.
El Deportivo Abanca intentó reaccionar. La entrada de Redru y de Marisa buscó agitar el partido, devolverlo al terreno de la incertidumbre. Pero el Real Madrid supo manejar los tiempos, enfriar el ritmo cuando fue necesario y proteger su ventaja con oficio. Y ya en el minuto 89, cuando el reloj empezaba a dictar sentencia, llegó la acción definitiva. Un agarrón de Barth sobre Rocío Gálvez dentro del área fue castigado con un nuevo penalti. De nuevo Caroline Weir. De nuevo once metros. Y de nuevo sangre fría. La escocesa no falló, firmó su doblete y sentenció el partido con el 2–4 definitivo sobre el minuto 89 que finiquitó la incertidumbre reinante.

El pitido final dejó a las madridistas en la segunda posición con 41 puntos, reafirmando su condición de perseguidoras del FC Barcelona, mientras que el Deportivo Abanca se mantiene con 17 puntos, ocho por encima del descenso, con la certeza de haber competido, de haber mirado de frente a uno de los grandes y de haber salido reforzado en lo que no siempre se mide en la clasificación.
Riazor despidió a las suyas con aplausos. Porque hay derrotas que no se explican solo por el marcador. Porque hay partidos que, incluso perdiendo, dejan huella.
Y porque el fútbol femenino, cuando se juega así, cuando se cuenta así, se convierte en algo más que un resultado.
Porque hay partidos que no se explican solo con el marcador. Hay partidos que se quedan. Y este Deportivo Abanca–Real Madrid CF fue uno de ellos. Un partido que habló de humanidad antes de empezar, con camisetas de apoyo y saques de honor cargados de memoria. Un partido que habló de fútbol durante noventa minutos intensos, cambiantes, exigentes. Y un partido que, al terminar, dejó una certeza clara: la Liga F Moeve sigue creciendo cuando se juega y se cuenta así, con alma, con contexto y con la convicción de que cada encuentro es una pieza más de una historia que ya nadie puede detener.

📋 Ficha técnica |
Deportivo Abanca : Deportivo ABANCA (2): Inês Pereira; Paula Novo (Samara 68′), Barth, Raquel García (Elena Vázquez 89′), Vera; Paula Gutiérrez (Latorre 89′), Lucía Martínez (Redru 75′), Olaya; Lucía Rivas (Marisa 75′), Espe Pizarro, Ainhoa Marín.
Real Madrid (4): Misa; Shei, Andersson (María Méndez 46′), Rocío, Holmgaard; Irune (Angeldahl 60′), Toletti (Silvia Cristóbal 80′); Athenea (Linda Caicedo 46′), Weir, Feller; Bruun (Alba Redondo 60′).
Árbitra: Planes Terol (Colegio Murciano). Amonestó a Lucía Martínez (minuto 66) y Raquel García (minuto 68), Inês Pereira (minuto 72) y Barth (minuto 88).
Estadio: Riazor (A Coruña). Asistencia: 1.679 espectadores.
Goles |
1-0 Lucía Martínez 15’ ⚽️
1-1 Rocío Gálvez 16’ ⚽️
1-2 Signe Brunn 21’ ⚽️
2-2 Esperanza Pizarro 25’ ⚽️
2-3 Caroline Weir (P.) 73’ ⚽️
2-4 Caroline Weir (P.) 89’ ⚽️
Vídeo |
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