
⬛️ La información parte de Sandra Sánchez Riquelme, periodista de DAZN y Disney+, y pone el foco en la decisión del Athletic Club de no entrar en el proyecto de Gasol16 Ventures, una operación que contempla una inversión de 55 millones de euros a cambio de una participación durante décadas en los ingresos comerciales de Liga F. El club bilbaíno no cuestiona la necesidad de impulsar y profesionalizar el fútbol femenino, pero sí las condiciones económicas del acuerdo, especialmente un modelo en el que el fondo participaría sobre la facturación generada mientras los clubes continuarían soportando buena parte de los costes necesarios para producir esos ingresos. Una negativa que vuelve a abrir un debate de enorme trascendencia para el fútbol femenino español: cuánto vale realmente el futuro comercial de Liga F y cuánto están dispuestos los clubes a comprometer hoy para financiar su crecimiento.

Hay operaciones que pueden medirse en millones de euros, pero cuya verdadera dimensión no aparece reflejada en la cifra que figura sobre el papel, sino en todo aquello que puede ocurrir después de que el dinero haya cambiado de manos. El proyecto de Gasol16 Ventures para Liga F pertenece precisamente a esa categoría, porque los 55 millones de euros que contempla la operación representan una inyección económica de enorme importancia para una competición que todavía se encuentra en pleno proceso de crecimiento y profesionalización, pero detrás de esa cantidad existe un compromiso a muy largo plazo que afecta directamente a una de las cuestiones más sensibles para cualquier competición deportiva: quién será el propietario de una parte de los ingresos que se generen en el futuro y cuánto valor tendrán esos ingresos cuando Liga F haya desarrollado todo el potencial comercial que actualmente se le atribuye. En ese escenario, la decisión del Athletic Club de no incorporarse al proyecto adquiere una dimensión especialmente relevante, y la información que parte de Sandra Sánchez Riquelme, periodista de DAZN y Disney+, permite poner el foco sobre una postura que no debe interpretarse simplemente como un rechazo a la inversión privada, sino como una discrepancia profunda con las condiciones bajo las que esa inversión pretende entrar en el fútbol femenino español.
El proyecto de Gasol16 Ventures parte de una idea que resulta difícilmente discutible en su punto de partida: Liga F necesita crecer, aumentar sus ingresos, mejorar su estructura comercial, incrementar su capacidad de generar negocio, potenciar su presencia internacional, desarrollar nuevos activos y conseguir que el fútbol femenino español deje de depender exclusivamente de fuentes de financiación tradicionales para convertirse en una propiedad deportiva con verdadera capacidad de generar valor por sí misma. Para conseguirlo, la propuesta plantea una inversión de 55 millones de euros, una cantidad que permitiría acelerar procesos que, de otra manera, podrían necesitar muchos más años para alcanzar una dimensión semejante. El capital permitiría dotar a la competición de recursos inmediatos y, sobre el papel, podría contribuir a crear una estructura comercial mucho más potente, pero la cuestión que ha llevado al Athletic a mantenerse fuera del acuerdo no parece estar relacionada con la utilidad de esos 55 millones, sino con el precio que se pagaría por disponer de ellos ahora y con la cantidad de ingresos futuros que podría quedar comprometida como consecuencia de esa decisión.
La información de Sandra Sánchez Riquelme adquiere especial importancia precisamente porque sitúa la negativa del Athletic dentro de un debate económico mucho más amplio. No se trata únicamente de que el conjunto bilbaíno haya decidido no recibir una determinada cantidad de dinero, sino de que el club habría cuestionado el modelo mediante el cual ese capital entra en Liga F y, sobre todo, las consecuencias que puede tener para los clubes durante las próximas décadas. La operación pretende utilizar inversión privada para acelerar el crecimiento de una competición que necesita recursos, pero el Athletic considera que la financiación no puede analizarse únicamente desde la perspectiva del dinero que llega hoy, sino también desde la perspectiva del dinero que los clubes podrían dejar de percibir mañana.
La documentación sobre la operación plantea que el fondo percibiría el 49% de los ingresos comerciales brutos generados por Liga F durante los próximos 25 años hasta recuperar su inversión, mientras que, una vez recuperada, esa participación pasaría al 35% durante el periodo establecido. Esa estructura convierte la operación en algo muy diferente a una financiación convencional, porque no se trata únicamente de recibir una cantidad de dinero y devolverla posteriormente con unas condiciones previamente determinadas, sino de establecer una relación de largo recorrido entre el inversor y los ingresos comerciales que sea capaz de generar la competición. El fondo apuesta capital en el presente y obtiene a cambio una participación sobre el crecimiento comercial futuro de Liga F, de manera que cuanto mayor sea la capacidad de la competición para generar ingresos, mayor será también el valor económico potencial de esa participación.
Ese es precisamente uno de los puntos que más preocupa al Athletic. La entidad bilbaína habría entendido que el acuerdo puede terminar beneficiando de manera desproporcionada al inversor si las previsiones de crecimiento de Liga F se cumplen y la competición consigue multiplicar sus ingresos durante las próximas décadas. El razonamiento resulta sencillo de entender: los 55 millones son una cantidad concreta y conocida desde el primer momento, mientras que el valor de un porcentaje de los ingresos comerciales durante 25 años es una variable abierta que puede crecer considerablemente si Liga F consigue convertirse en una propiedad deportiva mucho más valiosa de lo que es actualmente. El riesgo que asume el fondo existe, evidentemente, porque el crecimiento esperado podría no producirse en la dimensión prevista, pero el Athletic considera que los clubes también asumen un riesgo extraordinario al comprometer una parte de los ingresos que todavía no han generado y cuyo potencial, precisamente por el crecimiento que se espera conseguir, puede ser enorme.
La diferencia entre facturación y beneficio neto se convierte aquí en una de las claves fundamentales de toda la discusión. La información que ha trascendido señala que el fondo cobraría sobre la facturación generada y no sobre el beneficio neto, mientras que los clubes continuarían soportando prácticamente la totalidad de los gastos necesarios para conseguir esa facturación, con la excepción de los primeros cuatro años contemplados en la estructura del proyecto. Esa circunstancia altera considerablemente la percepción que puede tener un club sobre la operación, porque significa que el crecimiento comercial de Liga F no se produciría sin costes. Para que aumenten los ingresos hacen falta inversiones, personal, infraestructuras, estrategias comerciales, contenidos, activaciones, marketing, expansión internacional y una estructura profesional capaz de transformar el interés por el producto en ingresos reales, y una parte sustancial de ese esfuerzo continuaría recayendo sobre los clubes.
La preocupación del Athletic se sitúa precisamente en ese posible desequilibrio entre quién soporta los costes y quién participa posteriormente de los ingresos. Si los clubes deben asumir los gastos necesarios para hacer crecer la facturación, pero el fondo recibe un porcentaje sobre esa facturación bruta, el inversor no estaría participando exclusivamente de los beneficios que aparezcan después de descontar todos los costes, sino directamente de los ingresos que genere la competición. Para una entidad que mira el acuerdo desde una perspectiva de 25 años, la diferencia puede ser determinante, porque una Liga F que aumente enormemente su facturación puede seguir necesitando importantes inversiones para mantener ese crecimiento, y aun así el porcentaje comprometido con el fondo se aplicaría sobre el volumen de negocio generado.
La cuestión se vuelve todavía más delicada cuando se observa la propia premisa sobre la que se construye el acuerdo: la expectativa de que los ingresos comerciales de Liga F crezcan de forma exponencial. Esa expectativa es, al mismo tiempo, la razón que hace atractiva la inversión y el argumento que alimenta las dudas de quienes se oponen a ella. Si Liga F no consigue crecer, el valor de la participación del fondo será menor y el retorno de la inversión puede resultar más difícil, pero si la competición logra exactamente aquello que todos sus clubes desean, es decir, multiplicar sus ingresos y convertirse en una gran propiedad comercial, el valor económico de ese 49% y posteriormente del 35% podría alcanzar cantidades muy superiores a la inversión inicial. El éxito de Liga F se convertiría así también en el motor de la rentabilidad del fondo.
Ahí aparece una de las grandes paradojas del proyecto. Los clubes necesitan inversión para hacer crecer la competición, pero cuanto más crezca la competición, más valiosa será la participación que se ha comprometido con el inversor. Es una ecuación que obliga a mirar mucho más allá del presente y a preguntarse cuánto valdrá Liga F dentro de diez, quince o veinticinco años. Nadie puede responder con precisión a esa pregunta, porque el fútbol femenino español todavía se encuentra en una fase de expansión y existen demasiadas variables que pueden modificar radicalmente el mercado, desde los derechos audiovisuales hasta los patrocinios, las audiencias, la internacionalización, las nuevas plataformas digitales y la capacidad de los clubes para generar ingresos propios.
Sin embargo, el potencial es precisamente lo que hace tan importante la discusión. Si Liga F fuese una competición con un techo comercial cercano, comprometer una parte de sus ingresos futuros tendría una dimensión económica limitada, pero si la competición consigue alcanzar una dimensión internacional mucho mayor, si sus audiencias continúan creciendo, si sus clubes aumentan su capacidad comercial y si las grandes marcas empiezan a considerar el fútbol femenino como uno de los grandes activos deportivos del mercado español, entonces el porcentaje cedido puede adquirir un valor extraordinario. Esa posibilidad es la que lleva al Athletic a considerar que la inversión inmediata debe analizarse en relación con el valor potencial del futuro que se está comprometiendo.
La postura del conjunto bilbaíno no significa necesariamente que la entidad rechace la inversión privada ni que considere innecesario que Liga F reciba capital externo. El debate es mucho más profundo, porque una competición puede necesitar inversión y, al mismo tiempo, considerar que una determinada fórmula de inversión no protege suficientemente los intereses de sus clubes. Puede defender la profesionalización y rechazar las condiciones concretas de un contrato. Puede entender que 55 millones de euros pueden ayudar a transformar el fútbol femenino y, al mismo tiempo, considerar que el precio que se paga durante las décadas posteriores es demasiado elevado. Esa distinción es fundamental para comprender la decisión del Athletic y evitar reducirla a una simple confrontación entre quienes quieren que el fútbol femenino crezca y quienes no.
Porque, precisamente, el Athletic parece partir de la misma premisa que todos los clubes: el fútbol femenino español tiene que crecer. Lo que cambia es la respuesta a la pregunta de cómo debe financiarse ese crecimiento. El proyecto de Gasol16 Ventures plantea obtener capital ahora y compartir una parte relevante de los ingresos comerciales futuros. El Athletic, en cambio, considera que podrían existir otras alternativas para acelerar el desarrollo de Liga F sin comprometer durante tanto tiempo una parte de la facturación futura. Entre las posibilidades que se han planteado aparece la opción de que los propios clubes financiasen inicialmente determinadas estructuras, evaluasen los resultados comerciales obtenidos y, una vez demostrado el potencial real de esos activos, negociasen una entrada de capital privado en condiciones diferentes.
La diferencia entre ambas estrategias es esencial. Una busca acelerar el crecimiento mediante capital externo desde el primer momento, aceptando compartir una parte importante de los ingresos futuros a cambio de disponer inmediatamente de recursos. La otra apuesta por construir primero el valor del activo y negociar después una inversión cuando ese activo pueda tener una valoración mayor y, por tanto, los clubes puedan encontrarse en una posición negociadora más favorable. Ninguna de las dos opciones garantiza el éxito, pero representan dos formas completamente diferentes de entender la financiación del futuro del fútbol femenino.
Y es aquí donde la decisión del Athletic se convierte en una cuestión que trasciende al propio club. Liga F no está formada únicamente por las entidades que participan actualmente en ella. La competición puede cambiar radicalmente durante los próximos 25 años, porque algunos clubes descenderán, otros ascenderán, aparecerán nuevas entidades, desaparecerán proyectos y cambiará incluso la estructura económica del fútbol femenino. Comprometer durante un cuarto de siglo una parte de los ingresos comerciales significa tomar una decisión que afectará no solo a quienes están hoy sentados en las mesas de negociación, sino también a clubes y dirigentes que todavía no forman parte de la competición y que heredarán las consecuencias económicas de lo que se decida ahora.
Esa perspectiva temporal es probablemente uno de los elementos más importantes para entender las reticencias. Los 55 millones de euros son inmediatos, mientras que las consecuencias del acuerdo se extienden durante décadas. El dinero puede utilizarse ahora para mejorar instalaciones, reforzar estructuras, potenciar el negocio o desarrollar nuevas estrategias, pero la participación del fondo sobre los ingresos comerciales continuará vinculada a la competición durante un periodo extraordinariamente prolongado. En otras palabras, el acuerdo transforma una necesidad financiera presente en una decisión económica de largo plazo, y el Athletic considera que una operación de semejante magnitud necesita ser analizada teniendo en cuenta no solo el beneficio inmediato, sino también el coste de oportunidad que puede representar para los clubes.
El debate adquiere una dimensión todavía mayor cuando se recuerda que el fondo recibiría un 49% de los ingresos comerciales brutos hasta recuperar la inversión y un 35% posteriormente, porque esas cifras no representan necesariamente el valor total que el inversor podría terminar percibiendo. Todo depende del crecimiento de Liga F. Si la competición genera unos ingresos relativamente modestos, el retorno será limitado. Si, por el contrario, consigue multiplicar de forma espectacular su facturación, el valor acumulado de esos porcentajes puede convertirse en una cantidad muy elevada. Por eso, hablar únicamente de los 55 millones de inversión inicial puede resultar insuficiente para comprender la dimensión económica real del proyecto.
La cuestión tampoco puede separarse de los gastos que deben realizar los clubes. El fútbol profesional no genera ingresos por el simple hecho de existir, porque necesita producto, visibilidad, audiencias, instalaciones, futbolistas, personal, contenidos, comunicación, marketing, activaciones y una enorme cantidad de recursos que permiten que una competición pueda ser comercializada. El crecimiento comercial de Liga F dependerá de que todas esas piezas funcionen simultáneamente, y el Athletic considera especialmente relevante que los clubes continúen soportando buena parte de los costes necesarios para generar la facturación sobre la que posteriormente participará el fondo.
En ese punto, la diferencia entre ingresos y beneficios vuelve a convertirse en una cuestión fundamental. Una competición puede aumentar su facturación y, al mismo tiempo, necesitar aumentar también sus gastos para mantener el crecimiento. Si el fondo participa sobre los ingresos brutos, su porcentaje no depende directamente de cuánto beneficio quede después de descontar las inversiones y los costes. Para los clubes, en cambio, la rentabilidad real dependerá precisamente de cuánto dinero quede disponible después de afrontar todos esos gastos. Esa diferencia de intereses explica buena parte de la controversia y ayuda a entender por qué una operación que para unos puede representar una oportunidad histórica puede ser vista por otros como un compromiso económico excesivo.
La posición del Athletic también se habría visto condicionada por las dudas respecto a la información disponible y a las garantías jurídicas de una operación de semejante duración. Cuando se comprometen ingresos comerciales durante 25 años, los clubes necesitan conocer con precisión las consecuencias legales y económicas del acuerdo, así como las obligaciones que asumirán durante todo ese periodo. La cuestión no afecta únicamente a los dirigentes actuales, sino a todas las estructuras que ocuparán los clubes en el futuro, lo que convierte la transparencia y la seguridad jurídica en elementos esenciales antes de adoptar una decisión de semejante trascendencia.
Ese elemento resulta especialmente sensible porque los dirigentes actuales no pueden saber cómo será el fútbol femenino español dentro de veinte años. No pueden saber cuánto valdrán los derechos audiovisuales, qué plataformas dominarán el mercado, qué volumen de audiencia tendrá Liga F, qué patrocinadores estarán presentes, cuánto dinero moverá la competición ni qué clubes formarán parte de ella. Tomar una decisión que comprometa una parte de esos ingresos futuros implica asumir que las previsiones actuales son suficientemente sólidas como para justificar un compromiso extraordinariamente prolongado.
Los defensores del proyecto pueden argumentar que precisamente esa visión a largo plazo es necesaria para construir una competición verdaderamente profesional y competitiva. Una estructura estable de financiación puede permitir realizar inversiones que generen crecimiento durante muchos años y evitar que Liga F dependa de decisiones económicas anuales. Además, disponer de capital desde ahora puede acelerar la creación de activos comerciales y permitir que la competición compita en mejores condiciones con otras ligas europeas que ya cuentan con estructuras económicas mucho más desarrolladas. El fútbol femenino español tiene talento, clubes históricos, jugadoras de primer nivel y una creciente capacidad de atracción internacional, pero necesita convertir todos esos activos en un modelo de negocio sostenible.
La cuestión, por tanto, no es si el proyecto tiene potencial. Lo tiene. La cuestión es quién se queda con una parte de ese potencial si finalmente se materializa. El Athletic parece haber decidido que el valor futuro de Liga F puede ser demasiado grande como para comprometer una participación tan elevada durante un periodo tan largo. Su posición abre una discusión que probablemente no terminará con la decisión de un solo club, porque el verdadero debate afecta a la estructura económica de toda la competición y a la forma en la que el fútbol femenino español quiere relacionarse con el capital privado.
La información de Sandra Sánchez Riquelme, periodista de DAZN y Disney+, adquiere especial relevancia precisamente porque permite observar esta operación desde una perspectiva diferente a la del simple anuncio de una inversión millonaria. Detrás de los 55 millones existe una negociación sobre el futuro, detrás del 49% existe una apuesta sobre el crecimiento y detrás del 35% existe una participación prolongada en el valor que pueda generar la competición. La negativa del Athletic plantea, por tanto, una pregunta que probablemente acompañará a Liga F durante mucho tiempo: ¿es mejor disponer de 55 millones hoy o conservar una parte mayor de todo lo que Liga F pueda llegar a generar mañana?
No existe una respuesta universal porque cada club tiene necesidades, estructuras y estrategias diferentes. Para una entidad que necesita recursos inmediatos para profesionalizarse, una inversión de estas características puede representar una oportunidad difícil de rechazar. Para un club con capacidad para asumir una estrategia de crecimiento más lenta y conservar una mayor parte de sus ingresos futuros, el mismo acuerdo puede resultar menos atractivo. Esa diversidad de circunstancias explica por qué una operación puede ser considerada histórica por unos y problemática por otros.
También explica por qué la comparación entre la inversión inicial y el porcentaje cedido resulta tan importante. Los 55 millones deben valorarse no solamente por lo que permiten hacer ahora, sino por aquello que podrían generar después. Si el capital permite multiplicar los ingresos de Liga F hasta niveles que hoy parecen difíciles de imaginar, la inversión habrá servido para crear un activo mucho más valioso. Pero si buena parte de ese incremento queda comprometido con el fondo durante décadas, los clubes podrían descubrir con el paso del tiempo que el coste real de la financiación era mucho mayor de lo que parecía cuando se firmó el acuerdo.
Esa es la gran incógnita que deja abierta la posición del Athletic y la razón por la que este debate no debería entenderse únicamente como una cuestión interna de Liga F. El fútbol femenino español está entrando en una fase en la que cada decisión comercial puede tener consecuencias de enorme magnitud. Durante años, el problema fue conseguir que existiera inversión suficiente para profesionalizar la competición. Ahora, cuando aparecen inversores dispuestos a poner cantidades relevantes sobre la mesa, el desafío consiste también en determinar cómo se estructura esa inversión, qué derechos obtiene el capital privado y cuánto valor futuro conservan los clubes.
El salto conceptual es enorme y, en cierta medida, positivo. Significa que Liga F empieza a ser considerada un activo económico con verdadero potencial. Pero también obliga a los clubes a actuar con una visión empresarial mucho más sofisticada. No basta con conseguir dinero; hay que saber cuánto vale aquello que se entrega a cambio de ese dinero. No basta con mirar el presupuesto de la próxima temporada; hay que analizar qué ingresos estarán disponibles dentro de diez, quince o veinticinco años. No basta con preguntarse cuánto recibe cada club hoy; hay que calcular cuánto podría dejar de recibir si el proyecto consigue exactamente el éxito que todos desean.
El Athletic ha decidido responder a esa última pregunta desde la prudencia y ha optado por no entrar en el proyecto en las condiciones planteadas. Su postura no significa que Liga F vaya a detener su crecimiento ni que el proyecto de Gasol16 Ventures quede necesariamente paralizado, pero sí introduce un elemento de debate que será difícil de ignorar. Cuando una entidad con el peso histórico y deportivo del Athletic cuestiona la estructura económica de una operación que compromete durante décadas los ingresos comerciales de la competición, el resto de clubes tiene la obligación de analizar con todavía mayor profundidad cuáles son las consecuencias reales del acuerdo.
Porque el futuro de Liga F no se decide únicamente con los 55 millones que pueden entrar ahora. Se decide también con cada euro que la competición pueda generar después, con los contratos comerciales que todavía no existen, con las audiencias que todavía no se han alcanzado, con los patrocinadores que todavía no han llegado y con el valor internacional que todavía está por construir. El verdadero activo que está en juego no es el dinero del presente, sino la capacidad de los clubes para participar del crecimiento económico del fútbol femenino español durante las próximas décadas.
Y ahí es donde la negativa del Athletic adquiere toda su dimensión. El club bilbaíno no está diciendo que Liga F no deba crecer, sino que considera que el camino hacia ese crecimiento debe diseñarse con una mirada mucho más larga. No está rechazando la profesionalización, sino cuestionando cuánto debe costar. No está negando la necesidad de inversión, sino preguntando qué porcentaje del futuro debe entregarse para conseguirla. Y, sobre todo, está recordando que el fútbol femenino español no debe confundir la necesidad de capital con la necesidad de aceptar cualquier condición de financiación.
La gran paradoja es que tanto quienes defienden el proyecto como quienes lo cuestionan persiguen, en realidad, un objetivo similar: que Liga F crezca, sea más fuerte, genere más ingresos y tenga una dimensión internacional mucho mayor. La diferencia está en cómo creen que debe repartirse el valor de ese crecimiento. Gasol16 Ventures apuesta capital ahora a cambio de una participación relevante en los ingresos futuros. Los clubes que respaldan el proyecto aceptan esa fórmula porque consideran que los recursos y la aceleración que proporciona compensan el compromiso. El Athletic, en cambio, entiende que el futuro puede valer demasiado como para hipotecarlo durante un periodo tan prolongado.
Y esa discusión, lejos de ser un problema, puede terminar siendo una de las conversaciones más importantes que haya tenido Liga F desde su profesionalización. Una competición madura no es aquella en la que todos piensan exactamente igual, sino aquella en la que sus clubes pueden discutir de manera transparente cuánto vale su producto, cómo debe financiarse y qué condiciones son aceptables para construir un futuro sostenible. El debate sobre Gasol16 Ventures obliga precisamente a Liga F a hacerse esas preguntas.
La respuesta determinará mucho más que el reparto económico de los próximos años. Determinará qué modelo de competición quiere ser Liga F, qué relación pretende mantener con los inversores privados y hasta qué punto los clubes están dispuestos a compartir el valor de un crecimiento que todavía está por llegar. El Athletic ya ha fijado su posición y la información de Sandra Sánchez Riquelme, periodista de DAZN y Disney+, ha puesto el foco sobre ella. Ahora corresponde al resto de actores analizar qué significa realmente aceptar 55 millones de euros a cambio de una participación tan prolongada en los ingresos comerciales.
Porque los 55 millones pueden transformar el presente de Liga F, pero el verdadero desafío será no perder de vista todo aquello que puede llegar a valer el futuro. Si la competición consigue crecer hasta convertirse en una de las grandes propiedades deportivas de Europa, la decisión tomada hoy será recordada durante décadas. Y si finalmente el fútbol femenino español alcanza ese crecimiento exponencial que todos persiguen, entonces la pregunta será inevitable: ¿cuánto valió realmente aquel 49%, cuánto valió después aquel 35% y cuánto dinero dejaron de percibir los clubes por haber decidido financiar su presente entregando una parte de su futuro?
El Athletic Club ha decidido no correr ese riesgo. Ha dicho no al proyecto de Gasol16 Ventures en las condiciones planteadas y ha colocado sobre la mesa una advertencia que va mucho más allá de San Mamés o de la propia entidad bilbaína: el fútbol femenino español necesita inversión, necesita crecer y necesita profesionalizarse, pero también necesita asegurarse de que cuando llegue el gran salto comercial, quienes hayan construido ese crecimiento desde los clubes puedan conservar una parte suficientemente importante de su valor.
En esa batalla silenciosa entre el dinero inmediato y el valor futuro se encuentra ahora una de las grandes decisiones que marcarán el próximo capítulo de la historia económica de Liga F, y la información de Sandra Sánchez Riquelme, periodista de DAZN y Disney+, coloca al Athletic en el centro de un debate que puede terminar definiendo cómo se financiará y quién controlará el crecimiento del fútbol femenino español durante las próximas décadas.














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