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Entrevista a Elena Linari, líder del London City Lionesses

(Fuente: London City Lionesses)

♦️ Elena Linari, la capitana que aprendió a creer: experiencia, liderazgo y ambición para construir el nuevo London City.

Hay futbolistas cuya trayectoria puede resumirse a través de una sucesión de clubes, títulos, internacionalidades y grandes escenarios, pero existen carreras que necesitan algo más que una lista de nombres para ser comprendidas. La historia de Elena Linari pertenece a esa segunda categoría. Su recorrido por Italia, España e Inglaterra, su experiencia con la selección italiana y la posibilidad de haber compartido vestuario con algunas de las mejores futbolistas del mundo han construido una carrera de enorme dimensión, pero detrás de cada camiseta existe una misma constante: la voluntad de seguir aprendiendo incluso cuando el fútbol ya le ha permitido alcanzar lugares que, cuando comenzó a soñar, probablemente parecían demasiado lejanos.

Hoy, esa historia tiene un nuevo escenario en Londres. Elena Linari forma parte del London City Lionesses y ejerce además como una de las capitanas de un proyecto que ha decidido mirar mucho más allá del presente. No ha llegado a un club conformado únicamente para competir una temporada, sino a una estructura que quiere crecer, consolidarse y acercarse progresivamente a los grandes nombres de la Women’s Super League. Y hacerlo desde dentro, siendo una de las futbolistas llamadas a aportar experiencia, personalidad y conocimiento a un vestuario en el que conviven diferentes generaciones y nacionalidades.

Su trayectoria explica por qué su presencia tiene un valor especial. Linari conoce el fútbol italiano desde dentro, ha vivido la exigencia de competir en otros grandes campeonatos europeos y también conoce perfectamente el contexto español después de su etapa en el Atlético de Madrid. Su paso por clubes como la Roma o el Girondins de Burdeos y otros escenarios de su carrera, le han permitido acumular una perspectiva extraordinariamente amplia sobre la evolución del fútbol femenino europeo. No es únicamente una defensora con muchos partidos a sus espaldas; es una futbolista que ha tenido que adaptarse a diferentes culturas futbolísticas y aprender a interpretar diferentes maneras de competir.

En el terreno de juego, esa experiencia se percibe especialmente en su capacidad para leer el partido. Linari es una defensora que entiende que el fútbol moderno exige mucho más que ganar duelos individuales. Una central debe saber interpretar la distancia respecto a sus compañeras, anticipar la intención de la rival, proteger el espacio a su espalda y decidir cuándo puede adelantar metros para ayudar al equipo a recuperar arriba y cuándo necesita retroceder para proteger la profundidad. Esa lectura adquiere todavía más importancia en la Women’s Super League, donde la velocidad de las acciones y la intensidad física convierten cada error defensivo en una amenaza inmediata.

La propia Elena reconoce que una de las grandes diferencias que está encontrando en Inglaterra está precisamente relacionada con esa exigencia. Habla de una competición de enorme intensidad, con duelos físicos muy fuertes y con numerosos balones buscando la espalda de las líneas defensivas. Para una central, eso significa convivir constantemente con la necesidad de correr hacia su propia portería, controlar grandes espacios y estar preparada para defender situaciones en las que el rival puede atacar metros a una velocidad extraordinaria. Lejos de presentarlo como un problema, Linari lo interpreta como un desafío que le permite seguir creciendo.

También resulta revelador el modo en el que entiende la salida de balón. La italiana no convierte la construcción desde atrás en una cuestión de dogmas. Si el equipo tiene la posibilidad de progresar mediante el pase, quiere hacerlo; si esa opción no existe y continuar arriesgando puede comprometer al equipo, entiende que el balón debe viajar directamente hacia el último tercio. En esa lectura aparece una de las características que mejor definen su fútbol: la capacidad de tomar decisiones en función del contexto y no de una idea preconcebida sobre cómo debe jugarse cada acción.

Por eso reconoce que le gusta la filosofía que está encontrando en London City. Existe una voluntad clara de construir desde atrás cuando las circunstancias lo permiten, pero también una conciencia de que el fútbol exige interpretar cada escenario. Para una defensora con su experiencia, esa capacidad de distinguir entre el riesgo útil y el riesgo innecesario es una herramienta fundamental. El objetivo no es jugar bonito por obligación, sino encontrar la mejor solución para que el equipo pueda avanzar y competir.

Y esa manera de entender el juego encaja perfectamente con el espíritu del proyecto al que acaba de incorporarse. Linari explica que la llamada del London City llegó de una manera inesperada. No estaba esperando recibirla, pero prácticamente desde el primer momento comprendió que podía convertirse en una oportunidad importante para continuar creciendo. No solamente como futbolista, sino también como persona. Esa segunda dimensión aparece repetidamente en sus palabras y permite entender que su llegada a Inglaterra no responde únicamente a una decisión deportiva.

“Para mí parece que estoy viviendo un sueño”, reconoce al hablar de sus primeras sensaciones. El cuerpo técnico, las compañeras y todas las personas que rodean al equipo están enriqueciendo su día a día, hasta el punto de que se siente profundamente agradecida por la oportunidad. Después de tantos años en el fútbol profesional, podría resultar sencillo caer en la rutina, asumir determinadas experiencias como algo normal o contemplar una nueva aventura simplemente como un cambio de club. Elena, sin embargo, todavía mira el fútbol con la capacidad de sorprenderse.

Esa actitud resulta especialmente importante dentro de un proyecto que está intentando construir una identidad propia. London City no quiere conformarse con ser un equipo más dentro de la élite inglesa. La ambición de Michele Kang ha elevado los estándares y ha generado una estructura en la que las futbolistas saben que representar ese escudo implica una responsabilidad añadida. Linari habla de la necesidad de dar más del cien por cien cada día, precisamente porque entiende que la magnitud del proyecto obliga también a las jugadoras a responder con la misma ambición.

Existe, sin embargo, una diferencia entre ambición y precipitación, y Elena parece tener muy claro dónde está la frontera. El equipo quiere ganar. Es lógico, especialmente teniendo en cuenta la calidad de las futbolistas que forman parte de la plantilla. Pero al mismo tiempo es consciente de que la historia de London City no puede compararse todavía con la de algunos de los clubes que llevan décadas construyendo su posición dentro del fútbol inglés. Esa realidad no reduce la exigencia, sino que ayuda a establecer una perspectiva más realista sobre el camino que queda por delante.

La metáfora que utiliza para explicar este proceso resulta especialmente significativa. Construir un edificio exige unos buenos cimientos, unos pilares sólidos y tiempo suficiente para colocar cada elemento en el lugar correcto. Pretender alcanzar inmediatamente la parte más alta sin haber consolidado la estructura sería un error. London City quiere crecer, pero quiere hacerlo de una manera que permita que ese crecimiento sea sostenible. Y Linari, desde su posición dentro del vestuario, entiende perfectamente que formar un equipo de semejante dimensión requiere algo más que reunir grandes nombres.

La plantilla es precisamente uno de los elementos que más le ilusionan. La convivencia entre futbolistas veteranas y jóvenes talentos puede convertirse, en su opinión, en una de las mayores fortalezas del grupo. No entiende las generaciones como compartimentos separados, sino como piezas capaces de complementarse. Las jugadoras jóvenes aportan energía, talento y nuevas perspectivas, mientras que las veteranas pueden transmitir experiencias que solamente se adquieren después de muchos años compitiendo al máximo nivel.

Pero Linari tampoco entiende la experiencia como una superioridad. De hecho, cuando habla de sus compañeras, asegura que no presta demasiada atención a la edad. Lo que observa son sus características, sus habilidades y aquellas pequeñas cosas que puede incorporar a su propio fútbol. Esa capacidad para aprender de las demás explica también por qué se siente tan afortunada dentro de un vestuario tan diverso. Cada entrenamiento puede convertirse en una oportunidad para descubrir algo nuevo.

Su mensaje hacia las jóvenes, además, nace desde una experiencia que va mucho más allá de la pizarra táctica. Les recomienda cuidar su cuerpo desde el comienzo de sus carreras, prestar atención al descanso, al sueño y a la nutrición y entender que el fútbol profesional exige una preparación integral. Cuando eres joven, el cuerpo puede permitirte determinadas licencias porque la recuperación es más rápida, pero los años terminan demostrando la importancia de los hábitos adquiridos. Para Linari, cuidar esos pequeños detalles puede marcar la diferencia entre una carrera buena y una carrera verdaderamente larga.

Es también una forma de liderazgo que no necesita grandes discursos. Una capitana puede enseñar mediante sus acciones, mediante la manera de entrenar, de competir y de afrontar un día complicado. Pero también puede enseñar contando la verdad sobre el camino que hay detrás del éxito. Elena quiere que las futbolistas más jóvenes sepan que las carreras de las grandes jugadoras no se construyeron únicamente con victorias, fotografías y momentos de celebración. También hubo dificultades, dudas y pendientes demasiado pronunciadas que hubo que subir antes de poder contemplar el paisaje desde arriba.

En ese paisaje aparecen ahora nombres que simbolizan perfectamente la dimensión que está alcanzando London City. Compartir vestuario con Alexia Putellas y Mapi León supone para Elena una experiencia que probablemente habría considerado difícil de imaginar cuando comenzó su carrera. Ambas aportan experiencia, personalidad y una enorme dimensión futbolística, pero Linari tampoco pierde de vista su propio papel. Sabe lo que puede ofrecer y quiere competir con toda su fuerza para ayudar a que el equipo continúe creciendo.

Ese equilibrio entre admiración y confianza en sí misma resulta esencial. Linari no necesita situarse por debajo de sus compañeras para reconocer su grandeza, del mismo modo que tampoco necesita colocarse por encima de ellas para defender su propio valor. En un vestuario con semejante concentración de talento, su aportación pasa por aquello que ha acumulado durante años: liderazgo, conocimiento defensivo, competitividad y una experiencia internacional que puede resultar determinante en los momentos en los que el proyecto necesite estabilidad.

También la diversidad cultural del vestuario forma parte de esa experiencia. Futbolistas procedentes de diferentes países y con diferentes formas de entender el fútbol comparten ahora el mismo espacio, la misma camiseta y los mismos objetivos. Para Linari, convivir con todas ellas constituye un privilegio porque cada una puede aportar algo diferente. El vestuario se convierte así en una especie de laboratorio futbolístico en el que las experiencias de unas se mezclan con las características de otras.

Y mientras London City intenta encontrar su identidad colectiva, Elena continúa defendiendo otra camiseta que sigue ocupando un lugar absolutamente especial en su vida. La selección italiana permanece ligada a una parte fundamental de su historia y, pese a los años y a las internacionalidades acumuladas, escuchar el himno todavía consigue provocarle escalofríos. Esa emoción es quizá una de las mejores pruebas de que algunas cosas no cambian aunque el tiempo pase.

Para ella, vestir la camiseta azzurra continúa siendo un sueño. Nunca lo considera algo garantizado y sabe que cada convocatoria exige seguir trabajando y compitiendo. Linari no quiere que su carrera internacional sea definida únicamente por su nombre o por el número de partidos que haya disputado. Lo que la representa, según explica, es su carácter competitivo y su deseo permanente de alcanzar el máximo nivel, primero consigo misma y después con el equipo al que representa.

Su ambición con Italia permanece intacta. Después de tantos años defendiendo los colores de su país, considera que todavía tiene mucho que ofrecer y desea contribuir a que la selección pueda alcanzar la clasificación para el próximo Mundial. No habla desde la nostalgia ni desde la sensación de haber llegado al final de un recorrido, sino desde la convicción de que todavía quedan objetivos por perseguir. La experiencia acumulada puede cambiar la manera de vivir el fútbol, pero no tiene por qué reducir el hambre de competir.

Esa misma hambre es la que la ha llevado hasta Londres. El fútbol le ha permitido conocer diferentes países, diferentes vestuarios y diferentes formas de entender el juego, pero cada nueva etapa parece haber añadido una pieza más a su identidad. El Atlético de Madrid forma parte de esa construcción, igual que Roma, Everton, Werder Bremen, la selección italiana y ahora London City. Cada experiencia ha dejado algo, y todas ellas confluyen hoy en una futbolista mucho más completa que aquella que comenzó a perseguir su sueño.

Quizá por eso la última pregunta de esta conversación adquiere un significado diferente. Después de todo lo vivido, de los viajes, los cambios, las victorias, las dificultades y las oportunidades, ¿qué le diría hoy aquella Elena que todavía soñaba con convertirse en futbolista? La respuesta no necesita estadísticas ni nombres de clubes. Tampoco necesita recordar títulos o grandes noches. Solamente necesita una palabra: Creer.

Creer en los sueños, creer en los objetivos y, sobre todo, creer durante los momentos malos, cuando el camino parece demasiado largo y las dudas comienzan a ganar espacio. Seguir trabajando, seguir empujando y no detenerse. Linari lo resume desde la experiencia de quien ya ha recorrido una parte enorme de ese camino y ha comprobado que el talento necesita disciplina, que la ambición necesita paciencia y que los sueños, para convertirse en realidad, necesitan algo más que imaginarse.

(Fuente: London City Lionesses)

Necesitan trabajo.

Ahora, en Londres, Elena Linari vuelve a encontrarse ante una montaña. La pendiente vuelve a ser exigente porque la Women’s Super League no concede treguas y porque London City ha decidido colocarse un objetivo que obliga a mirar hacia arriba. Pero esta vez no es la joven que observa la cima desde lejos. Es una de las capitanas de un proyecto ambicioso, una defensora acostumbrada a los escenarios de máxima exigencia y una futbolista que sabe perfectamente que las grandes historias nunca se escriben en un solo día.

Su misión será ayudar a construir esos cimientos, proteger el área cuando el partido lo exija, ordenar la línea defensiva, competir cada duelo como si fuera el último y transmitir a las generaciones que vienen detrás todo aquello que los años le han enseñado. También será aprender de ellas, porque esa es quizá una de las grandes lecciones de su trayectoria: nunca considerar que el camino ha terminado mientras todavía exista la posibilidad de mejorar.

London City quiere construir algo grande. Elena Linari también quiere seguir creciendo. Y en esa coincidencia puede encontrarse una de las historias más interesantes de este nuevo capítulo de su carrera: la de una capitana que ha recorrido Europa y que, después de haber alcanzado escenarios que alguna vez parecieron imposibles, continúa jugando con la misma convicción que tenía aquella niña que todavía no sabía hasta dónde podía llegar.

Porque, al final, quizá toda su carrera pueda resumirse en aquella palabra que eligió para hablarle a su versión más joven. Una palabra sencilla, pero capaz de explicar una vida entera dedicada al fútbol. Una palabra que ahora también puede acompañar el ambicioso viaje que comienza en Londres: creer que se puede, trabajar para conseguirlo y entender que, aunque la cima todavía esté lejos, cada paso dado en la dirección correcta también forma parte de la historia.

(Fuente: London City Lionesses)

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