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Gol Femenino | Cuando el fútbol femenino exige algo más que jugar: calendario, respeto y humanidad

(Fuente: Gol Femenino)

🟨 El fútbol femenino ya no pide permiso para crecer. Ahora exige que ese crecimiento venga acompañado de voz, respeto y protección. Mientras las ligas europeas llevan a FIFA ante Bruselas por el control del calendario, Corea del Sur investiga un episodio que ha puesto sobre la mesa el respeto hacia Ji So-yun y el fútbol italiano se vuelca con Roberta Picchi tras su diagnóstico de cáncer de mama. Tres historias distintas que retratan un mismo momento: las futbolistas han conquistado cada vez más espacio dentro del deporte y ahora reclaman también que sus derechos, su salud y su bienestar estén en el centro de las decisiones

El fútbol femenino europeo ha dejado de ser una competición al margen de las grandes decisiones del fútbol mundial. Su crecimiento ha multiplicado los partidos, las protagonistas y también las tensiones alrededor de un calendario cada vez más exigente. En apenas unos días, tres historias procedentes de Europa y Asia han puesto sobre la mesa cuestiones diferentes, pero conectadas por un mismo fondo: quién protege a las futbolistas y quién decide las condiciones en las que deben competir. Las ligas europeas han llevado a FIFA ante Bruselas por el calendario, Corea del Sur investiga un comentario relacionado con la menstruación de Ji So-yun y el fútbol italiano se ha volcado con Roberta Picchi después de conocer su diagnóstico de cáncer de mama. Tres escenarios distintos para una misma realidad: el fútbol femenino reclama cada vez más espacio, pero también más responsabilidad.

Las ligas profesionales europeas han decidido elevar su batalla contra FIFA hasta la Comisión Europea. La denuncia que ya mantenían contra el organismo mundial se ha ampliado para incluir la manera en la que se toman las decisiones sobre el calendario internacional femenino y las nuevas competiciones impulsadas por FIFA. La organización representa a 53 ligas y asociaciones, más de 1.300 clubes y 34 países, y considera que el actual sistema concentra demasiado poder en un organismo que, al mismo tiempo, ejerce como regulador del fútbol mundial y como organizador de sus propias competiciones.

El conflicto va mucho más allá de una disputa por unas determinadas fechas en el calendario. Las ligas entienden que ese doble papel puede generar un conflicto de intereses y que las decisiones adoptadas por FIFA pueden terminar priorizando sus propias competiciones frente a las necesidades de las competiciones nacionales. En un fútbol femenino que ha aumentado exponencialmente su actividad durante los últimos años, cada nueva ventana internacional, cada torneo y cada partido añadido tiene consecuencias directas sobre las temporadas de los clubes y sobre el cuerpo de las jugadoras.

Porque detrás de los despachos, los calendarios y las reuniones hay futbolistas. Jugadoras que acumulan viajes internacionales, concentraciones, partidos de clubes, encuentros de selecciones y desplazamientos que reducen cada vez más los espacios destinados al descanso y la recuperación. Las ligas europeas reclaman precisamente tener una participación real en aquellas decisiones que pueden condicionar sus temporadas, convencidas de que el crecimiento del fútbol femenino no puede construirse únicamente a base de añadir competiciones, sino también garantizando que el sistema sea sostenible para quienes tienen que disputarlas.

FIFA, por su parte, rechaza las críticas y defiende el proceso seguido para establecer el calendario internacional femenino 2026-2029. El organismo asegura que fue aprobado de manera unánime después de un proceso de consulta y recuerda que una de sus principales novedades consiste en reducir de seis a cinco las ventanas internacionales, con el objetivo de disminuir desplazamientos e interrupciones. El debate, por tanto, queda ahora en manos de la Comisión Europea, pero la discusión ya ha adquirido una dimensión mucho mayor: en el nuevo fútbol femenino, la pregunta no es únicamente cuántos partidos caben en una temporada, sino quién tiene derecho a decidir dónde y cuándo se juegan.

Mientras Europa debate sobre el futuro estructural del fútbol femenino, Corea del Sur se encuentra inmersa en una polémica que afecta directamente al respeto hacia las futbolistas. La Federación Coreana ha abierto un procedimiento disciplinario contra una árbitra por un comentario realizado durante un encuentro de la WK League que Ji So-yun interpretó como una referencia despectiva a su menstruación. El episodio se produjo el 28 de agosto durante el duelo entre Suwon FC Women y Seoul City Hall, cuando la internacional protestaba una decisión arbitral y aseguró haber escuchado a través del sistema de comunicación de las colegiadas una frase relacionada con su periodo.

La situación adquirió todavía mayor relevancia por la reacción inmediata de Ji So-yun, que terminó viendo una tarjeta amarilla. Las versiones de las partes, sin embargo, no coinciden plenamente. La colegiada sostiene que la conversación no estaba dirigida específicamente hacia la futbolista y también ha negado haber utilizado literalmente la palabra «periodo». Al mismo tiempo, sí se ha reconocido el uso de una expresión coloquial que puede emplearse como referencia a la menstruación. Ante la imposibilidad de establecer de manera inmediata qué ocurrió exactamente, la Federación ha trasladado el asunto a su comité disciplinario.

El caso ha provocado una enorme repercusión por la dimensión de la protagonista. Ji So-yun no es una futbolista cualquiera: es una de las grandes figuras de la historia del fútbol surcoreano y acumula 175 internacionalidades y 75 goles con su selección, cifras que la convierten en la jugadora con más partidos y más tantos internacionales de la historia del país, contando también el fútbol masculino. Lo que comenzó como un episodio durante un partido ha terminado abriendo una conversación mucho más profunda sobre el lenguaje, el respeto y la necesidad de que las jugadoras puedan competir en un entorno profesional en el que ningún aspecto de su condición como mujeres pueda convertirse en motivo de burla o menosprecio.

Y mientras algunos conflictos se libran en los despachos y otros dentro de un terreno de juego, Italia ha recordado que el fútbol también puede demostrar su dimensión más humana. La Serie A Women ha mostrado públicamente su apoyo a Roberta Picchi, futbolista del Como 1907, después de que se conociera su diagnóstico de un carcinoma de mama. La jugadora, de 34 años, afrontará ahora un proceso de tratamiento acompañada por especialistas y por los servicios médicos de su club, en una etapa en la que el fútbol inevitablemente ha quedado relegado a un segundo plano.

El gesto del Como ya había adquirido un enorme significado cuando el club decidió renovar el contrato de Picchi hasta el final de la temporada 2027/28. En un momento en el que su futuro deportivo podría haber quedado condicionado por el tratamiento, la entidad decidió ofrecerle estabilidad y transmitirle que continúa siendo parte de su proyecto. Picchi fue además una pieza importante en el histórico ascenso del Como a la Serie A, pero ahora su valor no se mide en minutos, goles ni estadísticas. Se mide en la persona que existe detrás de la futbolista y en la responsabilidad de quienes forman parte de su entorno.

La presidenta de la Serie A Women, Federica Cappelletti, quiso poner precisamente el foco en esa dimensión humana. Una futbolista no puede reducirse a sus actuaciones sobre el césped, y una competición tampoco debería olvidar que detrás de cada camiseta hay una persona con una vida, un cuerpo, unas necesidades y unas circunstancias que van mucho más allá del resultado de un partido. El respaldo a Picchi representa así algo más que un mensaje institucional: es la reivindicación de que el fútbol femenino puede crecer sin perder de vista a las mujeres que lo hacen posible.

Tres historias, tres países y tres problemas aparentemente diferentes terminan dibujando el mismo mapa. Bruselas tendrá que decidir hasta dónde llega la responsabilidad de FIFA en la construcción del calendario; Corea del Sur deberá determinar qué ocurrió realmente alrededor de las palabras dirigidas o escuchadas durante aquel partido; e Italia acompaña a una futbolista que ahora afronta una batalla infinitamente más importante que cualquier marcador. El fútbol femenino ha crecido hasta convertirse en una industria global, pero ese crecimiento trae consigo una obligación: construir estructuras capaces de proteger a quienes están en el centro del espectáculo.

El balón seguirá rodando, los calendarios continuarán llenándose y las competiciones seguirán creciendo. Pero el verdadero salto hacia el futuro no consistirá solamente en disputar más partidos, generar más ingresos o llenar más estadios. Consistirá en conseguir que las futbolistas tengan voz en las decisiones que afectan a sus carreras, que sean tratadas con respeto en cada terreno de juego y que, cuando la vida golpee con más fuerza que cualquier rival, sepan que detrás de ellas existe una estructura dispuesta a sostenerlas. El fútbol femenino ya ha demostrado que quiere ocupar un lugar protagonista. Ahora tiene la oportunidad de demostrar también que sabe cuidar a sus protagonistas.

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