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La crónica | Celia Segura firma un póker para la historia y España arrasa con un 11-0 para entrar en octavos

(Fuente: “El Partido de Manu”) Creatividad: reinassinfiltro

🚨 Hay goleadas que se recuerdan por el resultado y otras que permanecen en la memoria por todo lo que significaron. La de España ante Nueva Caledonia pertenece a esa segunda categoría. El 11-0 conseguido en el Arena Sosnowiec no fue únicamente una victoria gigantesca que permitió a la selección sellar matemáticamente su clasificación para los octavos de final del Mundial Sub-20. Fue una exhibición ofensiva de principio a fin, una tormenta que no encontró freno y que terminó igualando la mayor goleada registrada en la historia de la competición. Y en el corazón de semejante festival apareció Celia Segura, protagonista absoluta con cuatro goles, cuatro firmas diferentes sobre una noche que terminó convertida en histórica.

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La selección española llegó a este segundo compromiso con la necesidad de responder después de su estreno ante Noruega y con la intención de acercarse definitivamente al objetivo de alcanzar las eliminatorias. Aznar introdujo siete modificaciones respecto al debut, pero la revolución en el once no modificó la personalidad del equipo. España saltó al césped con la misma vocación de protagonismo, con la pelota como argumento principal y con una presión que comenzó a encerrar a Nueva Caledonia prácticamente desde el saque inicial. Las oceánicas apenas encontraban caminos para salir de su propio campo, mientras las españolas movían el balón con paciencia hasta encontrar el espacio por el que comenzar a hacer daño.

Los primeros minutos ya dibujaron el escenario que iba a dominar toda la tarde. España se instaló cerca del área rival y comenzó a acumular acciones a balón parado, centros, rechaces y segundas jugadas. Nueva Caledonia intentaba protegerse juntando líneas y multiplicando efectivos alrededor de su portería, pero la superioridad técnica española hacía que cada recuperación volviera a convertirse en una nueva amenaza. El partido estaba todavía en sus primeros compases, pero la sensación era inequívoca: España había venido a mandar y no estaba dispuesta a regalar ni un solo metro.

El primer golpe llegó desde el costado izquierdo y tuvo el sello de Pau. La futbolista recibió con espacio suficiente para encarar y decidió atacar directamente a la defensa. Dribló a una primera rival, dejó atrás a una segunda y consiguió penetrar en el interior del área con una determinación extraordinaria. Allí no dudó. Levantó la cabeza durante una fracción de segundo, encontró el hueco y soltó un disparo seco y potente que terminó superando a Aben. El 1-0 rompía la resistencia de Nueva Caledonia y premiaba el dominio español, pero, lejos de conformarse con haber abierto el marcador, España volvió inmediatamente a buscar el segundo.

La respuesta fue prácticamente inmediata. No hubo relajación, ni especulación, ni un cambio de ritmo para proteger la ventaja. España siguió jugando en campo contrario y utilizando las bandas para estirar una defensa que comenzaba a mostrar grietas. Noe recibió por el costado derecho y levantó la cabeza antes de colocar un centro preciso hacia una zona en la que Marisa ya había interpretado perfectamente la jugada. La delantera apareció con decisión y, sin necesidad de controlar, conectó un remate de primeras que hizo inútil cualquier intento de reacción de Aben. El 2-0 comenzaba a transformar el partido en un ejercicio de dominio absoluto.

Nueva Caledonia trataba de resistir como podía, pero España había convertido el encuentro en un continuo asedio. Cada ataque parecía terminar cerca del área y cada balón recuperado llevaba inmediatamente a las españolas hacia la portería rival. Marisa volvió a rozar el gol con un remate de cabeza que terminó encontrándose con el cuerpo de Aben, mientras Amaya tuvo también la oportunidad de ampliar la ventaja con otro testarazo que fue salvado sobre la misma línea por Pocoue-Kasouemi. El tercer gol se resistía, pero la selección estaba acumulando suficientes méritos como para entender que únicamente era cuestión de tiempo.

Y ese tiempo terminó llegando de la mano de Celia Segura. Pasada la media hora, la atacante recibió una asistencia de Cerrato y encontró el pequeño espacio que necesitaba dentro del área. No necesitó potencia ni un golpeo espectacular. Su definición fue todo lo contrario: sutil, precisa y perfectamente dirigida. Celia acarició el balón para cambiar su trayectoria y dejarlo fuera del alcance de Aben. El 3-0 llevaba su nombre y comenzaba a dibujar el que terminaría siendo uno de los grandes protagonistas individuales del campeonato. Había aparecido cuando España necesitaba abrir otra grieta y, con una simple caricia al balón, convirtió una ocasión en gol.

La historia entre Segura y Cerrato todavía tenía otro capítulo preparado para aquella primera mitad. Esta vez las protagonistas intercambiaron los papeles. Celia levantó la cabeza, observó el movimiento de su compañera y encontró un pasillo imposible para filtrar el balón. Cerrato recibió la asistencia y resolvió con una definición de enorme calidad, demostrando la variedad de recursos que tenía España para seguir perforando una defensa cada vez más hundida. El 4-0 ya no era solamente una consecuencia de la superioridad física o técnica, sino también de una selección capaz de asociarse, encontrar espacios y castigar cada pequeño desajuste.

El quinto tanto llegó cuando el primer tiempo se encaminaba hacia su final. Amaya volvió a participar en una jugada ofensiva y puso el balón en disposición de Marisa, que estaba firmando una primera mitad extraordinaria. La atacante controló el escenario y descargó toda la potencia de su pierna derecha en un disparo que se convirtió en el 5-0. El balón terminó dentro de la portería y España se marchó al descanso con una ventaja descomunal. Cinco goles en 45 minutos, una posesión prácticamente absoluta y una sensación de superioridad que hacía difícil imaginar cómo podía detenerse aquel vendaval.

(Fuente: “El Partido de Manu”) Creatividad: reinassinfiltro

El descanso no cambió el carácter de la selección. España regresó al terreno de juego con la misma intención con la que lo había abandonado: seguir atacando. Nueva Caledonia trató de protegerse algo más cerca de su área, pero aquello solo provocaba que las españolas dispusieran de todavía más metros para mover el balón y encontrar nuevas vías hacia la portería. El sexto estaba al caer y volvió a tener una protagonista conocida. Celia Segura volvió a irrumpir en la acción, forzando una situación dentro del área que terminó con el balón impactando en la mano de una defensora. La árbitra no dudó y señaló el punto de penalti.

La responsabilidad recayó sobre la propia Celia. Después de haber marcado con sutileza en jugada, ahora debía demostrar que también sabía asumir la presión desde los once metros. La atacante colocó el balón, tomó distancia y ejecutó la pena máxima con la tranquilidad de quien conoce perfectamente lo que quiere hacer. Aben intentó adivinar el lanzamiento, pero no pudo evitar que la pelota terminara en la red. El 6-0 se convertía en el cuarto gol de Segura y el póker quedaba firmado. Cuatro tantos que reflejaban su capacidad para aparecer en diferentes escenarios: dentro del área, con definición técnica, atacando espacios y también desde el punto de penalti.

El partido entró entonces en una fase todavía más extraordinaria. España seguía acumulando ocasiones y Nueva Caledonia resistía únicamente por pura supervivencia. Las españolas llegaban por las bandas, buscaban centros, probaban desde la frontal y aprovechaban cada balón rechazado para volver a iniciar el ataque. La diferencia ya era enorme, pero la selección no parecía dispuesta a administrar el resultado. Quería seguir jugando, seguir compitiendo y seguir llevando el partido hasta donde pudiera. La ambición terminó siendo uno de los grandes argumentos de la goleada.

Incluso hubo tiempo para un nuevo episodio desde los once metros. La árbitra señaló penalti después de apreciar un pisotón de Gondou sobre Rosalía, pero en esta ocasión la decisión no terminó siendo definitiva. La Sala VOR llamó a la colegiada para revisar la acción y, después de acudir al monitor, la decisión fue corregida. España no tuvo una nueva oportunidad de aumentar su ventaja desde el punto de penalti, aunque tampoco necesitó esa vía para continuar haciendo daño. El marcador ya era gigantesco y el dominio español seguía siendo prácticamente total.

Los números empezaban a adquirir una dimensión propia. El 85% de posesión reflejaba hasta qué punto España había controlado la pelota, pero todavía impresionaban más los 67 remates totales, los 34 disparos entre los tres palos y los 31 saques de esquina. No era una goleada construida a base de aprovechar unas pocas ocasiones. Era el resultado lógico de una selección que había pasado buena parte del encuentro instalada en campo contrario y que había convertido cada ataque en una posibilidad real de marcar. Nueva Caledonia no encontraba descanso porque España no le concedía apenas salida ni tiempo para respirar.

Con el partido completamente bajo control, España continuó moviendo el balón con una naturalidad que contrastaba con la magnitud del resultado. Las futbolistas españolas no jugaban mirando únicamente al marcador, sino buscando constantemente la siguiente acción. Ese comportamiento permitió que la goleada siguiera creciendo y que el equipo alcanzara una cifra que ya parecía reservada para las grandes noches de la historia. El objetivo inicial había sido ganar para acercarse a los octavos, pero el encuentro terminó transformándose en una exhibición colectiva en la que prácticamente todas las piezas encontraron su momento.

El décimo llegó cuando apenas quedaban dos minutos para alcanzar el final del tiempo reglamentario. Julià recibió en la frontal y decidió probar fortuna con la pierna izquierda. El golpeo salió con una trayectoria perfecta, elevándose hasta encontrar la escuadra. Aben pudo contemplar cómo el balón viajaba hacia un lugar prácticamente inalcanzable. El 10-0 estaba en el marcador y España acababa de alcanzar una cifra que explicaba por sí sola la dimensión de aquella tarde. Era una goleada gigantesca, pero todavía no era el último capítulo.

Porque el fútbol siempre guarda espacio para una última imagen. En el tiempo añadido, Rosalía tomó el testigo y puso el broche definitivo a la exhibición. Su derechazo encontró las mallas y completó el 11-0. Once goles para sellar una clasificación que ya era matemática, once tantos que igualaban el resultado más abultado en la historia de los Mundiales Sub-20 y once razones para entender que aquella España había ofrecido una de las actuaciones ofensivas más contundentes de su historia. La goleada de Francia ante Fiji en 2024 había establecido el listón y ahora España lo alcanzaba con una noche para el recuerdo.

El pitido final liberó la celebración de una selección que había conseguido mucho más que tres puntos. España había escrito una página histórica en el Mundial Sub-20, había superado su propia mejor marca goleadora en la categoría, que estaba situada en los seis tantos del amistoso frente a Países Bajos disputado en marzo, y había igualado el récord absoluto de goles en un encuentro mundialista de la categoría. Pero, por encima de todos los registros, quedaba la sensación de haber contemplado a un equipo que entendió desde el primer minuto que la clasificación no debía ser únicamente una obligación, sino una oportunidad para lanzar un mensaje al resto del torneo.

Y ese mensaje tuvo un nombre propio: Celia Segura. Su póker fue la expresión individual más contundente de una exhibición construida desde el colectivo, pero también confirmó que España dispone de futbolistas capaces de decidir partidos desde diferentes registros. Celia marcó con delicadeza, apareció en el área, interpretó los espacios y asumió la responsabilidad desde el punto de penalti. Cuatro goles en una misma noche y una actuación que queda asociada para siempre a una de las mayores goleadas de la historia del Mundial Sub-20. Mientras sus compañeras celebraban el 11-0, la atacante podía mirar atrás y comprobar que había dejado cuatro huellas imborrables en una tarde que ya pertenece al recuerdo.

Ahora toca bajar la euforia, recuperar energías y mirar hacia el último capítulo de la fase de grupos. España ya tiene asegurada su presencia en los octavos de final, pero todavía queda una misión por completar: cerrar esta primera fase en la primera posición del grupo. El domingo llegará China, el último desafío antes de que el Mundial entre en su verdadera fase de supervivencia, esa en la que cada error puede convertirse en despedida y cada victoria acerca un poco más el sueño. Después de un 11-0 que ya forma parte de la historia, la selección deberá demostrar que sabe cambiar el registro cuando llegue la hora de la verdad. La tormenta de Sosnowiec ya queda atrás; ahora comienza el camino hacia algo todavía más grande.

(Fuente: RFEF)

Goles |

1-0 Pau 10’ ⚽️

2-0 Marisa 17’ ⚽️

3-0 Celia Segura 30’⚽️

4-0 Cerrato 31’ ⚽️

5-0 Marisa 45’ ⚽️

6-0 Celia Segura 46’ ⚽️ (pen.)

7-0 Celia Segura 49’ ⚽️

8-0 Celia Segura 52’⚽️

9-0 Celia Segura 64’ ⚽️

10-0 Julià 89’ ⚽️

11-0 Rosalía 94’ ⚽️

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