
🟨 La gran incógnita de cada verano reside en quien se hará con los derechos televisivos de la Primera División Femenina 2026-2027.
El mercado del fútbol femenino vuelve a moverse con fuerza y lo hace dejando varios nombres propios, operaciones de futuro y decisiones que trascienden el terreno de juego. En un verano marcado por la transformación de las grandes estructuras del fútbol femenino europeo, el Chelsea vuelve a situarse en el centro de la escena con dos movimientos de enorme significado, aunque de naturaleza completamente diferente. Por un lado, el conjunto londinense está cerca de cerrar la incorporación de Giulia Dragoni, una de las grandes promesas del fútbol italiano y una futbolista que, pese a contar únicamente con 19 años, ya ha acumulado experiencias que explican por qué su nombre ha comenzado a adquirir una dimensión internacional. Por otro, Hannah Hampton continuará defendiendo la portería blue después de firmar un nuevo contrato de dos temporadas, hasta 2028, consolidándose como una de las piezas fundamentales de un proyecto que continúa aspirando a dominar el fútbol inglés y a competir por todo en Europa.
Según informó The Athletic, el Chelsea está cerca de alcanzar un acuerdo para hacerse con los servicios de Dragoni, actualmente vinculada al FC Barcelona, aunque por el momento todavía falta el anuncio oficial que confirme definitivamente una operación que puede convertirse en uno de los movimientos más interesantes del mercado. La llegada de la atacante italiana al conjunto londinense tendría una lectura especialmente relevante desde el punto de vista deportivo y estratégico, porque el Chelsea no estaría incorporando únicamente a una futbolista joven con talento, sino a una jugadora que ya conoce la exigencia de los grandes escenarios y que ha tenido que recorrer un camino de crecimiento acelerado desde que comenzó a llamar la atención del fútbol europeo.
Dragoni llegó al Barça en 2023 procedente del Inter de Milán y rápidamente se convirtió en una de las grandes apuestas de futuro de la entidad azulgrana. Su paso por el club catalán le permitió entrar en contacto con una estructura acostumbrada a competir por todos los títulos y con una exigencia máxima en cada entrenamiento, mientras su evolución internacional con Italia contribuía a aumentar todavía más su consideración dentro del fútbol europeo. De hecho, Dragoni pasó a la historia al convertirse en la primera futbolista italiana en conquistar la UEFA Women’s Champions League, un hito que resume perfectamente la precocidad de una jugadora que todavía tiene un enorme margen de crecimiento por delante.
Sin embargo, su evolución no se ha construido únicamente en Barcelona. Su etapa en la Roma ha desempeñado un papel fundamental para acelerar su madurez competitiva y demostrar que necesitaba minutos, protagonismo y continuidad para terminar de desarrollar todo su potencial. En su primera temporada de cesión, Dragoni disputó 43 partidos y marcó seis goles, cifras que reflejan la importancia que adquirió dentro del equipo italiano y la confianza que encontró en un contexto en el que pudo asumir mayores responsabilidades. Su rendimiento fue suficiente para que ambas partes apostaran por prolongar su estancia en Roma mediante una nueva cesión, permitiéndole continuar creciendo en la Serie A y acumular una experiencia que ahora puede resultar decisiva en su siguiente paso profesional.
La internacional italiana ya había sido identificada como una de las grandes joyas del fútbol de su país. En 2024 recibió el premio Best Italian Golden Girl de Tuttosport, un reconocimiento reservado a los talentos jóvenes más destacados y que confirmó la dimensión que había alcanzado su figura dentro del panorama italiano. Ahora, la posibilidad de aterrizar en Londres representa un nuevo desafío y, al mismo tiempo, una oportunidad para demostrar que está preparada para dar un salto definitivo hacia la élite. El Chelsea, por su parte, podría encontrar en Dragoni una futbolista capaz de aportar talento, movilidad, capacidad asociativa y desequilibrio en los últimos metros, además de convertirse en una inversión de presente y futuro dentro de una plantilla que continúa renovándose sin perder su ambición competitiva.
La operación se produciría, además, en un momento en el que el Chelsea también ha decidido blindar a una de sus grandes certezas. Hannah Hampton continuará bajo los palos del conjunto londinense después de firmar un nuevo contrato de dos años, hasta 2028, prolongando así una relación que comenzó en 2023, cuando la guardameta inglesa abandonó el Aston Villa para incorporarse a uno de los proyectos más ambiciosos del fútbol europeo. Desde entonces, su evolución ha sido extraordinaria. Hampton pasó de ser una incorporación con enorme proyección a convertirse en la guardameta titular de un equipo acostumbrado a luchar por los títulos, en una líder desde la última línea y en una de las porteras más reconocidas del fútbol mundial.
Su crecimiento ha sido especialmente significativo durante las últimas temporadas. Con el Chelsea conquistó el triplete doméstico y fue una de las grandes protagonistas de una campaña en la que su seguridad bajo palos resultó determinante. En la Women’s Super League 2024-25 recibió el Guante de Oro después de mantener 13 porterías a cero en 22 partidos, una estadística que refleja su impacto en una competición donde cada detalle puede marcar la diferencia entre ganar y perder un título. Su rendimiento con el Chelsea también tuvo continuidad con la selección inglesa, donde volvió a asumir un papel protagonista durante un verano especialmente exitoso para las Lionesses.
El reconocimiento definitivo a su evolución llegó en 2025, cuando se convirtió en la primera ganadora del Trofeo Yashin femenino en la historia del Balón de Oro. Un premio que trascendió su figura individual porque también simbolizó el crecimiento de la posición de guardameta dentro del fútbol femenino. Durante décadas, las porteras han tenido que convivir con una menor visibilidad respecto a otras posiciones, pero nombres como Hampton están contribuyendo a cambiar esa percepción. Su renovación hasta 2028 supone, por tanto, mucho más que la continuidad de una jugadora: es la confirmación de que el Chelsea quiere construir su futuro desde la seguridad de una portería que considera absolutamente estratégica.
Mientras el mercado de fichajes continúa generando titulares, la Liga F también afronta una transformación de enorme trascendencia fuera del terreno de juego. La competición española ha iniciado el procedimiento para la comercialización de sus derechos audiovisuales en España, en el conjunto de la Unión Europea y en los territorios restantes fuera de la UE, con el plazo para presentar ofertas abierto hasta el 10 de agosto de 2026 a las 13:00 horas. El proceso puede provocar un cambio significativo en el modelo de retransmisión de la máxima categoría del fútbol femenino español y abrir una nueva etapa después de varios años de vinculación con DAZN.
La operación supondría el adiós anticipado a la plataforma, un año antes de la finalización prevista del acuerdo que comenzó en 2022 y que estaba inicialmente diseñado para extenderse hasta la temporada 2026-27. La licitación se ha estructurado en tres bases territoriales diferentes y contempla distintas posibilidades en función de los lotes, incluyendo emisiones en abierto y de pago, partidos en directo y fórmulas de explotación en régimen de exclusividad o no exclusividad. En el caso concreto de España, las condiciones incluyen un lote de pago que contempla los ocho encuentros de cada jornada y otro en abierto con cuatro partidos por jornada.
El contexto económico y estratégico de esta decisión resulta especialmente importante. En 2022, DAZN se impuso en el primer gran concurso audiovisual de la historia de la Liga F por un importe de 35 millones de euros para cinco temporadas, una cifra que representó un punto de inflexión para una competición que acababa de alcanzar la profesionalización. Aquel acuerdo permitió elevar la visibilidad del fútbol femenino español y situarlo en una nueva dimensión, pero cuatro años después el escenario ha cambiado y la Liga F busca un modelo diferente que le permita seguir creciendo y aumentar el valor de su producto audiovisual.
La nueva licitación llega, además, después del acuerdo de inversión anunciado con Gasol16 Ventures, que contempla una inyección de 55 millones de euros destinada a impulsar el crecimiento, la estructura y la internacionalización de la competición. La búsqueda de nuevos operadores audiovisuales encaja, por tanto, dentro de un proceso mucho más amplio de transformación. La Liga F ya no quiere únicamente consolidarse como una competición profesional; quiere aumentar su capacidad de generar recursos, ampliar su audiencia, reforzar su presencia internacional y convertirse en un producto deportivo capaz de competir en visibilidad y valor con las principales ligas femeninas del mundo. El próximo contrato audiovisual será, en consecuencia, mucho más que un acuerdo comercial: será una de las piezas que definan el futuro inmediato del fútbol femenino español.
Pero mientras las grandes estructuras negocian contratos millonarios y los clubes más poderosos se mueven en el mercado para construir plantillas competitivas, el fútbol femenino también continúa enfrentándose a debates que afectan directamente a sus protagonistas. El último episodio llega desde el Deportivo Alavés, donde las jugadoras del conjunto femenino, las Gloriosas, han expresado públicamente, a través de FutPro, su malestar por la ausencia de una prima o reconocimiento económico tras conseguir el ascenso a Liga F.
La propia plantilla reconoce que dicha gratificación no estaba contemplada contractualmente, un aspecto que sitúa el debate fuera de una obligación económica estrictamente establecida en los contratos. Sin embargo, el fondo de la reivindicación va mucho más allá de una cuestión puramente legal. Según explicó el vestuario en su comunicado, las futbolistas solicitaron al club en enero una gratificación colectiva por alcanzar un objetivo histórico y, durante los meses posteriores, aseguran haber recibido evasivas y silencio en lugar de una respuesta clara y definitiva.
El contexto deportivo hace que la situación tenga todavía mayor relevancia. El Alavés certificó su regreso a la máxima categoría el pasado 4 de abril, después de imponerse por 0-4 al CE Europa en el Nou Sardenya y conseguir matemáticamente el ascenso cuando todavía restaban dos jornadas para la conclusión del campeonato. Las Gloriosas regresaban así a la élite tres años después de haber descendido, culminando una temporada en la que el trabajo de la plantilla permitió recuperar el lugar que el club consideraba que debía ocupar dentro del fútbol femenino español.
Por eso, el debate generado no gira exclusivamente alrededor de si existía o no una obligación contractual de pagar una prima. La cuestión de fondo es mucho más profunda y afecta directamente a la manera en la que se valora el éxito de los equipos femeninos cuando alcanzan objetivos de enorme trascendencia. Un ascenso a Liga F representa una conquista deportiva, económica e institucional que puede cambiar por completo el futuro de una entidad. Es un logro que permite crecer, atraer patrocinadores, aumentar la visibilidad y reforzar la estructura de un club. Las futbolistas son, evidentemente, las principales responsables de que ese éxito sea posible.
Cuando una plantilla consigue un ascenso histórico, celebra el objetivo y posteriormente observa cómo el club utiliza ese logro como parte de su comunicación y de su imagen pública, resulta comprensible que espere, al menos, una respuesta clara cuando plantea una petición de reconocimiento. El problema, por tanto, no reside únicamente en la existencia de una prima, sino en la sensación de falta de diálogo que las jugadoras han trasladado públicamente. Porque la profesionalización del fútbol femenino no consiste solamente en disputar una competición profesional, alcanzar la Liga F, construir grandes plantillas o realizar fichajes de impacto. Profesionalizar también significa establecer relaciones sólidas con las futbolistas, cuidar los vestuarios, escuchar sus demandas y entender que detrás de cada ascenso, cada título y cada crecimiento institucional existen personas que han entregado su esfuerzo para hacerlo posible.
Y quizá esa sea la gran fotografía que deja este momento del fútbol femenino: mientras Giulia Dragoni se prepara para afrontar un nuevo desafío en Londres, Hannah Hampton prolonga su historia con el Chelsea y la Liga F busca un nuevo horizonte audiovisual y económico, en otros rincones del mismo deporte todavía existen conversaciones pendientes sobre reconocimiento, respeto y justicia. El fútbol femenino ha crecido hasta alcanzar lugares que hace apenas unos años parecían imposibles, pero precisamente por eso también debe aprender a gestionar las nuevas responsabilidades que acompañan a ese crecimiento. Porque crecer no significa únicamente mover más dinero, firmar contratos más grandes o aparecer en más pantallas; significa también construir un ecosistema en el que quienes juegan, trabajan y sostienen este deporte puedan sentirse parte de él.
El futuro se está escribiendo ahora mismo. Se escribe en Londres, donde el Chelsea continúa construyendo una plantilla capaz de desafiar cualquier frontera; se escribe en Barcelona y Roma, desde donde el talento de Dragoni ha ido acumulando capítulos hasta acercarse a un nuevo destino; se escribe bajo los palos, con una Hampton convertida en símbolo de una generación de guardametas que ya no acepta vivir a la sombra; se escribe en los despachos de la Liga F, donde se decidirá quién contará la historia de una competición que quiere conquistar nuevos territorios; y también se escribe en Vitoria, donde las Gloriosas han recordado que detrás de cada ascenso hay futbolistas que merecen ser escuchadas. El fútbol femenino ya no está esperando su momento. Su momento ha llegado. Ahora la verdadera batalla consiste en decidir hasta dónde puede llegar y, sobre todo, en conseguir que cada paso hacia adelante sea tan grande para las estructuras como para las mujeres que, con su talento, su esfuerzo y su sacrificio, han hecho posible que este deporte deje de pedir permiso para ocupar el lugar que le corresponde.














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