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Noticia | Brasil 2027 empieza a tomar forma: España, la campeona que todos quieren destronar

(Fuente: “El Partido de Manu”) Creatividad: reinassinfiltro

➡️ El Mundial ya ha comenzado mucho antes de que ruede el balón. España defenderá en Brasil la corona conquistada en Australia y Nueva Zelanda, lo hará como número uno del ranking FIFA y con una generación que ha cambiado para siempre la dimensión internacional del fútbol femenino español. Al otro lado del escenario estará Brasil, la anfitriona de la primera Copa del Mundo femenina que se celebrará en Sudamérica, una selección que tendrá la oportunidad de levantar ante su público el único gran trofeo que todavía falta en sus vitrinas. Y mientras ambas esperan al resto de protagonistas, el mapa de Brasil 2027 ya empieza a llenarse: 18 selecciones tienen asegurado su billete y cuatro de ellas —Argelia, Marruecos, Camerún y Malaui— lo han conseguido en apenas unos días tras la disputa de la Copa Africana. El Mundial empieza a coger forma y España vuelve a estar en el centro de todas las miradas.

Hay Mundiales que se esperan. Y hay Mundiales que se empiezan a jugar mucho antes de que llegue el partido inaugural. Brasil 2027 pertenece a la segunda categoría. Todavía quedan plazas por repartir, todavía falta conocer el cuadro definitivo y todavía queda prácticamente un año para que la pelota eche a rodar, pero el escenario comienza a despejarse y ya permite imaginar qué tipo de torneo puede esperar al fútbol femenino mundial. En el centro de todo aparece España. La vigente campeona del mundo volverá al lugar donde las campeonas tienen que regresar: al escenario más grande, al campeonato que conquistaron en 2023 y al torneo en el que tendrán que demostrar que aquella generación no alcanzó la cima por casualidad, sino que está preparada para permanecer en ella.

España llegará a Brasil como número uno del ranking FIFA femenino, una condición que no es simplemente estadística. Es la consecuencia directa de varios años de crecimiento, de una generación extraordinaria y de una transformación profunda en la manera de entender y competir en el fútbol femenino. La Roja dejó de ser una selección que aspiraba a llegar lejos para convertirse en una selección que parte con la obligación de hacerlo. Ese cambio de estatus es, probablemente, uno de los grandes retos que tendrá por delante el equipo de Sonia Bermúdez.

Porque ser campeona del mundo cambia la perspectiva de cualquier rival. España ya no podrá jugar con el factor sorpresa. Las selecciones que se crucen en su camino conocerán sus virtudes, estudiarán sus mecanismos de salida, tratarán de bloquear la recepción de sus centrocampistas y buscarán convertir cada pérdida en una oportunidad para correr. La cuestión ya no será descubrir qué puede hacer España, sino encontrar la manera de impedir que lo haga.

Y ahí estará precisamente el gran atractivo del proyecto español. La selección posee una identidad reconocible, pero no está condenada a jugar de una única manera. Su principal virtud continúa siendo la capacidad para gobernar los partidos mediante el balón, juntar futbolistas por dentro, generar superioridades y mover al rival hasta encontrar el espacio. El centro del campo sigue siendo el corazón de un equipo que entiende el fútbol desde la asociación, la pausa y la aceleración. Pero España también ha demostrado que puede presionar arriba, recuperar lejos de su propia portería, atacar los espacios y convertir una circulación aparentemente inofensiva en una ocasión de gol en cuestión de segundos.

El talento individual completa un colectivo que puede ofrecer diferentes soluciones. Alexia Putellas continúa representando experiencia, jerarquía y capacidad para interpretar los momentos importantes; Patri Guijarro aporta equilibrio, lectura y capacidad para dominar la zona central; Aitana Bonmatí, siempre que su situación física y deportiva le permita llegar al torneo en plenitud, representa uno de los mayores diferenciales técnicos del fútbol mundial; mientras que la aparición y consolidación de nuevas generaciones permite imaginar una selección menos dependiente de las protagonistas que levantaron el trofeo en 2023. Vicky López, Claudia Pina, Fiamma Benítez, Lucía Corrales, Jana Fernández o Edna Imade forman parte de esa renovación que puede hacer que España llegue a Brasil no solamente con las mismas armas, sino con más recursos.

El gran desafío será, precisamente, convertir el talento en regularidad. Ganar un Mundial exige saber dominar partidos abiertos, pero también sobrevivir a encuentros cerrados; superar rivales que quieran jugar y encontrar soluciones ante aquellos que prefieran esperar. Exige tener paciencia cuando no aparece el gol, contundencia cuando el partido se rompe y personalidad cuando llegan las eliminatorias. España ya sabe ganar. Ahora tiene que demostrar que sabe volver a ganar cuando todos esperan que lo haga.

Y mientras España defenderá su corona, Brasil jugará su propio Mundial.

La Canarinha será anfitriona de una edición histórica. Será la primera Copa Mundial Femenina disputada en Sudamérica y tendrá lugar entre el 24 de junio y el 25 de julio de 2027. Brasil consiguió la organización del torneo después de imponerse en la votación del Congreso de FIFA a la candidatura europea formada por Alemania, Bélgica y Países Bajos, y asumirá el desafío de convertir el campeonato en un acontecimiento que trascienda el terreno deportivo.

Para Brasil, además, el Mundial tiene una lectura futbolística evidente: es una oportunidad histórica. La selección brasileña ha estado cerca de conquistar el planeta, pero nunca ha conseguido levantar la Copa del Mundo. Fue subcampeona en 2007 y ha construido a lo largo de las décadas una tradición extraordinaria, marcada por algunas de las futbolistas más influyentes de la historia. Ahora tendrá la posibilidad de disputar el torneo en casa y con el público brasileño empujando detrás.

El factor local puede convertirse en un elemento diferencial. Brasil conoce la presión de los grandes escenarios, pero jugar un Mundial en casa multiplica tanto las expectativas como la responsabilidad. La selección tendrá que gestionar la emoción, la exigencia y el ruido exterior, pero también podrá convertir esa presión en energía. Su fútbol, históricamente asociado al talento individual, al desequilibrio, la creatividad y la capacidad para acelerar en los últimos metros, tendrá que encontrar el equilibrio con una estructura colectiva que le permita competir durante siete partidos si alcanza la final.

Brasil puede ofrecer algo diferente a España. Donde La Roja suele buscar el control mediante la circulación y la ocupación de espacios, la Canarinha puede apostar más por la verticalidad, la improvisación, el uno contra uno y la capacidad de sus futbolistas para romper un partido desde una acción individual. La combinación de experiencia y juventud será una de las claves de su proyecto. Y jugar delante de su gente puede convertir cada partido en una especie de final anticipada.

Brasil, además, tendrá una motivación que ninguna otra selección podrá replicar: ganar el Mundial en casa significaría cerrar una de las grandes heridas históricas de su fútbol femenino. La Canarinha ya sabe lo que significa jugar una final mundialista. Lo que todavía no sabe es lo que significa levantar el trofeo, y hacerlo delante de su afición convertiría una hipotética conquista en uno de los grandes acontecimientos de la historia del fútbol femenino brasileño.

Y mientras las dos grandes protagonistas empiezan a preparar sus caminos, el resto del mundo también ha comenzado a reservar su sitio.

Asia volverá a tener una representación poderosa. Japón aparece como una de las selecciones que nadie debería perder de vista. Las Nadeshiko tienen una de las identidades colectivas más reconocibles del fútbol femenino: precisión técnica, circulación rápida, movilidad, disciplina táctica y una enorme capacidad para encontrar espacios entre líneas. Japón ha estado presente en todas las ediciones del Mundial y continúa siendo uno de los equipos capaces de convertir un torneo corto en una oportunidad para llegar hasta el final.

Australia, por su parte, aportará un perfil diferente: potencia física, ritmo, intensidad y una enorme experiencia internacional. Las Matildas afrontarán una nueva aventura mundialista con una generación acostumbrada a jugar bajo presión y con capacidad para convertir los partidos en encuentros de alta intensidad. Su fútbol puede resultar especialmente incómodo en eliminatorias, donde la capacidad para competir cada duelo, ganar metros y aprovechar las transiciones puede adquirir un valor extraordinario.

China mantiene el peso de una histórica potencia asiática, mientras que Corea del Norte regresa al Mundial después de una larga ausencia y lo hace con el aval de una generación que ha dominado las categorías inferiores. Corea del Sur vuelve a la máxima competición después de imponerse con autoridad en su proceso clasificatorio, mientras que Filipinas encadena su segunda presencia mundialista después de debutar en 2023. Las Filipinas representan, además, una de las historias de crecimiento más interesantes del fútbol asiático y llegan a Brasil con la experiencia adquirida en su primer Mundial.

En Sudamérica, junto a la anfitriona Brasil aparecen Argentina y Colombia. La Albiceleste continúa creciendo competitivamente y ha conseguido consolidarse como una de las referencias del continente, mientras que Colombia llega con una generación que ha cambiado su posición dentro del fútbol internacional. La selección cafetera combina talento, velocidad, capacidad para el uno contra uno y una personalidad que le permitió competir de tú a tú con las grandes potencias en los últimos torneos. No sería extraño verla volver a convertirse en una de las grandes revelaciones del campeonato.

Nueva Zelanda será la representante de Oceanía y volverá a un escenario que ya conoce perfectamente. Las Football Ferns afrontarán su sexta participación consecutiva en una Copa del Mundo y aportarán un perfil basado en la intensidad, el juego físico, las transiciones y la capacidad para competir en partidos de máxima exigencia. Su experiencia en este tipo de torneos puede convertirlas en una selección especialmente incómoda para cualquier rival que no consiga controlar el ritmo del encuentro.

Europa, mientras tanto, ya ha colocado cuatro piezas sobre el tablero: España, Alemania, Francia y Dinamarca. Alemania conserva una cultura competitiva que la convierte automáticamente en candidata, incluso en los momentos de reconstrucción. Francia reúne talento individual, potencia física y una profundidad de plantilla que le permite competir contra cualquiera. Dinamarca aportará un fútbol intenso, vertical y agresivo. Y España, por encima de todas ellas, llega con el peso de ser la campeona y la número uno del mundo.

Pero quizá la gran historia de los últimos días haya llegado desde África.

La Copa Africana de Naciones femenina ha convertido sus cuartos de final en una auténtica puerta de entrada hacia Brasil. Marruecos, Argelia, Camerún y Malaui son las cuatro nuevas selecciones clasificadas para el Mundial después de alcanzar las semifinales del torneo continental. Marruecos y Argelia fueron las primeras en conseguirlo, mientras que Camerún y Malaui completaron posteriormente el cuarteto africano.

Marruecos no parte de cero. Las Leones del Atlas ya hicieron historia en 2023 al convertirse en la primera selección árabe y norteafricana en alcanzar los octavos de final de un Mundial femenino. Ahora volverán con mayor experiencia, mayor confianza y el crecimiento que ha experimentado el fútbol femenino marroquí durante los últimos años. Su evolución convierte a Marruecos en una de las selecciones africanas con mayor capacidad para competir fuera de su continente.

Argelia, en cambio, vivirá una página completamente nueva. Será su primera participación en una Copa del Mundo femenina. El billete conseguido en Marruecos representa mucho más que una clasificación: es la consecuencia de una evolución que ha permitido al fútbol argelino competir por primera vez por un lugar entre las grandes y convertir un sueño que parecía lejano en una realidad.

Camerún aportará potencia, intensidad y una enorme capacidad competitiva. Las Leonas Indomables dieron uno de los golpes de autoridad del torneo al eliminar a Nigeria, vigente campeona africana, y aseguraron así su regreso a un Mundial. Su capacidad para competir en duelos físicos y su agresividad en las transiciones pueden convertirlas en un rival especialmente incómodo cuando los partidos entren en escenarios de máxima exigencia.

Y Malaui protagonizó posiblemente una de las historias más emocionantes. Las Scorchers derrotaron a Ghana y alcanzaron por primera vez en su historia las semifinales de la Copa Africana, lo que automáticamente significó también su primera clasificación para un Mundial. Es uno de esos relatos que explican por qué una Copa del Mundo es mucho más que una competición entre las selecciones favoritas y por qué el crecimiento global del fútbol femenino está permitiendo que cada vez más países puedan soñar con ocupar un lugar entre las mejores.

El mapa, por tanto, ya tiene 18 nombres: Brasil, España, Alemania, Francia, Dinamarca, Australia, China, Japón, Corea del Norte, Corea del Sur, Filipinas, Nueva Zelanda, Argentina, Colombia, Marruecos, Argelia, Camerún y Malaui. Todavía faltan 14 plazas, que se decidirán en los próximos meses a través de los diferentes procesos continentales y del torneo de repesca intercontinental. El cuadro definitivo todavía está lejos de conocerse, pero cada nueva clasificación aumenta la sensación de que Brasil 2027 empieza a dejar de ser una fecha futura para convertirse en un Mundial que ya está en marcha.

Y todo este camino desembocará en un torneo que también marcará un antes y un después fuera del terreno de juego. Netflix adquirió los derechos de las ediciones de 2027 y 2031 para Estados Unidos y Puerto Rico, en un acuerdo histórico que convirtió por primera vez a la plataforma en propietaria de los derechos completos de una Copa Mundial femenina. El acuerdo incluye todos los partidos en directo y también la producción de una serie documental alrededor de los torneos.

En España, mientras tanto, el camino de la selección ya ha demostrado el protagonismo que tendrá la televisión pública. RTVE ha acompañado a La Roja durante su proceso de clasificación y ha emitido sus encuentros en abierto, reforzando la presencia de la selección española en una competición que volverá a convertirse en uno de los grandes acontecimientos deportivos de 2027.

El Mundial todavía está lejos, pero ya empieza a sentirse. Brasil prepara sus estadios, las selecciones empiezan a reservar sus billetes, las grandes potencias estudian sus próximas generaciones y África acaba de escribir cuatro nuevas historias que explican perfectamente hasta dónde ha llegado la expansión del fútbol femenino. Asia vuelve a presentar candidatos, Sudamérica tendrá a su anfitriona y a dos selecciones que quieren discutirle el dominio continental, Europa prepara otra batalla entre gigantes y España afronta el reto más complicado de todos: defender una corona que ya no parece imposible, pero que precisamente por eso será mucho más difícil de conservar.

La campeona del mundo llegará a Brasil como número uno del ranking FIFA, con el peso de una generación que cambió la historia y con la responsabilidad añadida de saber que cada rival preparará el partido de su vida contra ella. Brasil será la casa del torneo y tendrá detrás a todo un país dispuesto a convertir su Mundial en una celebración, pero España será una de las selecciones sobre las que recaerá una parte mayor de los focos. En 2023 llegó a la cima conquistando un título que parecía reservado a otras potencias; en 2027 tendrá que regresar a ella para demostrar que aquello no fue el final de una historia extraordinaria, sino el principio de una época en la que España aprendió a vivir entre las mejores y a competir con la obligación de seguir ganando. Porque Brasil pondrá el escenario, las grandes selecciones pondrán el desafío y el mundo pondrá los ojos sobre ellas, pero La Roja llegará al Mundial con algo que ninguna otra selección podrá quitarle antes de empezar: la condición de campeona y el privilegio, tan hermoso como exigente, de saber que ahora todas quieren destronarla.

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