
🟨 La jugadora del Alavés habló para los micrófonos de la patronal antes de que arranque la quinta fecha del calendario.

Madrid, 24/09/26.- Hay historias que comienzan mucho antes de que una futbolista llegue a pisar un estadio de Primera. Historias que se construyen en campos modestos, en entrenamientos después del colegio, en desplazamientos familiares y en sueños que, durante años, parecen demasiado grandes para convertirse en realidad. La de Inés Altamira es una de ellas. Una historia que nació en Ibiza y que, tres décadas después, continúa escribiéndose en la máxima categoría del fútbol femenino español.
“Soy una persona a la que le encanta el deporte. Mi vida siempre ha estado vinculada a él”, explica la futbolista ibicenca, que nació el 30 de abril de 1994. Antes de que el fútbol terminara convirtiéndose en el centro de su vida, Inés también encontró en el tenis una de sus primeras pasiones deportivas. Sin embargo, había algo en el balón, en el césped y en el juego colectivo que terminó conquistándola por completo.
“Empecé de pequeñita jugando al tenis, pero lo que me encantaba era el fútbol, y, al final, me decanté por él”, recuerda. Una elección que terminaría marcando cada etapa de su vida y que también contó desde el principio con el respaldo de sus padres, dos figuras fundamentales para que aquella niña pudiera empezar a convertir su pasión en un camino.
“Fueron ellos los que me llevaron a un club a federarme. Siempre he sentido su apoyo y han sido muy importantes a lo largo de toda mi carrera”, reconoce Inés. En una época en la que encontrar un equipo femenino en Ibiza no resultaba sencillo, aquella decisión familiar fue mucho más que un primer paso: fue el comienzo de una aventura que acabaría haciendo historia en la isla.
Durante sus primeros años, Inés jugó al fútbol con chicos. La ausencia de estructuras femeninas obligaba a muchas niñas a buscar alternativas para poder seguir disfrutando del deporte que amaban. Pero aquella generación decidió no conformarse con lo que había. Sus compañeras y ella se pusieron manos a la obra para crear aquello que no existía.
“No existía un equipo femenino. Empezamos a buscar por la isla, y conseguimos juntar a trece jugadoras y ahí hicimos el primer equipo de fútbol once femenino en Ibiza”, relata con orgullo. Trece futbolistas que decidieron abrir una puerta que hasta entonces permanecía cerrada y que terminaron convirtiéndose en protagonistas de un capítulo histórico para el fútbol femenino de la isla.
Aquel equipo no se quedó simplemente en el gesto de formar un conjunto. Las jóvenes futbolistas compitieron, crecieron y consiguieron resultados. “Terminamos ganando la Liga Autonómica de Baleares y ascendiendo a Nacional”, recuerda Inés. El fútbol les devolvía así parte de todo aquello que ellas mismas habían construido.
Pero la vida también le tenía preparada una prueba importante. Con 18 años llegó el momento de abandonar Ibiza y salir de su zona de confort para trasladarse a Barcelona. Allí esperaba una nueva vida, los estudios y también la posibilidad de continuar desarrollándose como futbolista. Para Inés, sin embargo, dar aquel paso no fue sencillo.
“Salir de casa nunca es fácil y a mí me costó un poco”, confiesa. Tanto que durante los primeros meses incluso llegó a cuestionarse si realmente quería vincularse al fútbol de una manera tan profesional. El cambio era enorme y la distancia con su hogar suponía enfrentarse a una realidad completamente diferente.
Los estudios, eso sí, siempre estuvieron presentes en sus planes. Inés entendía que el fútbol podía ser una parte fundamental de su vida, pero también tenía claro que debía prepararse para el futuro. “Siempre he tenido claro que, si mi carrera no funcionaba o no podía vivir del fútbol, al menos tener una formación”, afirma.
En Barcelona estudió Ciencias de la Actividad Física y posteriormente amplió su formación con un máster en gestión deportiva y otro en coaching. Una preparación que habla de una futbolista consciente de que una carrera deportiva tiene diferentes etapas y de que el futuro también se construye mientras se compite en el presente.
En el terreno de juego, aquellos primeros años lejos de Ibiza continuaron formando a la central. Inés pasó dos temporadas en el actual FC Badalona Women, entonces denominado Levante Las Planas, antes de iniciar una etapa mucho más prolongada en el RCD Espanyol, donde permaneció durante seis años.
Fue una época en la que el fútbol femenino todavía estaba muy lejos de las condiciones profesionales que existen actualmente. Muchas futbolistas competían sin recibir una remuneración económica y, en el caso de Inés, fueron varias las temporadas en las que jugó prácticamente por amor al deporte. “Estuve varios años sin recibir nada a cambio, pero nunca pensé en dejarlo porque me apasiona el fútbol”, explica.
Esa frase resume buena parte de su trayectoria. Cuando las condiciones no acompañaban, apareció la pasión. Cuando el camino se complicaba, apareció la perseverancia. Y cuando parecía difícil imaginar una carrera profesional en el fútbol, Inés continuó avanzando, acumulando experiencias y esperando su momento.
Los últimos años en el Espanyol fueron más profesionales, pero el gran punto de inflexión llegaría después, cuando aterrizó en el Logroño United, entonces EDF Logroño. Allí comenzó a mirar su carrera de otra manera y entendió que podía dar un paso más en su relación con el fútbol.
“Allí viví un cambio en mi forma de ver el fútbol, en cómo afrontar mi carrera y ahí es cuando decido dedicarme 100% al fútbol”, reconoce. Aquella decisión terminó cambiando el rumbo de su trayectoria y abrió una nueva etapa que la llevaría posteriormente al Deportivo Abanca.
Con el conjunto gallego llegó otro capítulo importante: el ascenso a Liga F Moeve. Después de tantos años de sacrificio, Inés conseguía alcanzar la máxima categoría. Sin embargo, su camino no tardaría en llevarla de nuevo a una etapa de reconstrucción y crecimiento.
En la temporada 2024/2025 firmó por el Deportivo Alavés. El conjunto vitoriano se encontraba entonces en Primera RFEF y tenía un objetivo ambicioso. Durante su primer curso en Vitoria, el ascenso se escapó por apenas un gol. Un golpe duro, pero también una lección sobre la importancia de construir con paciencia.
“En el fútbol siempre se quieren resultados inmediatos, pero, al final, cuando se tiene un objetivo tan ambicioso como un ascenso, la continuidad es clave”, explica. Y aquella continuidad terminó dando sus frutos. Un año después, el Deportivo Alavés consiguió alcanzar el objetivo que había perseguido durante tanto tiempo y regresar a la máxima categoría.
Para Inés, aquel ascenso tuvo un significado especial. “Fue una temporada muy bonita. En mi carrera he vivido dos ascensos, pero me quedo con el que conseguimos el año pasado, con un grupo humano espectacular y en un sitio en el que me siento como en casa”, confiesa.
Durante cuatro temporadas, la central compitió en Primera RFEF. Un periodo suficientemente largo como para que aparecieran dudas y momentos en los que incluso llegó a imaginar que quizá el regreso a la máxima categoría nunca se produciría. “Quizá nunca volvería a jugar en Primera”, reconoce. Pero el tiempo terminó demostrando que las decisiones que había tomado tenían sentido.
“Se ha demostrado que las decisiones que tomé fueron las acertadas”, afirma ahora desde la perspectiva que proporciona el paso del tiempo. Una mirada que permite comprender todavía mejor todo lo que hay detrás de una futbolista que hoy compite en Liga F Moeve después de haber tenido que recorrer un camino mucho más largo que otros.
Y ese recorrido también le permite valorar de una manera especial cómo ha cambiado la competición. “Es una liga muchísimo más profesional. Todos los clubes tienen mejores estructuras, mejores recursos, y jugadoras con más talento. Ya no solo técnico, sino también táctico y físico. Es una liga que está en un crecimiento constante”, asegura.
El cambio también se percibe en los escenarios. El Deportivo Alavés está apostando por abrir Mendizorroza al fútbol femenino y permitir que sus futbolistas puedan disfrutar de un estadio de una dimensión diferente. Para Inés, disputar encuentros en un escenario así supone un estímulo adicional. “Jugar en un escenario así es un plus”, señala.
En ese nuevo Alavés, además, Inés no es una futbolista más. Porta el brazalete de capitana y asume una responsabilidad que va mucho más allá de lo que ocurre durante los 90 minutos. “Lo asumo con orgullo, y buscando dar lo mejor de mí para poder ayudar al equipo a conseguir sus objetivos”, explica.
El objetivo del conjunto babazorro está perfectamente definido después del regreso a la élite. Como recién ascendido, el equipo quiere asegurar la permanencia y competir para colocar a dos rivales por debajo en la clasificación. Inés, mientras tanto, quiere aportar desde su experiencia y continuar creciendo.
“El del equipo es conseguir la permanencia. Intentar meter a dos equipos por debajo de nosotras, y yo quiero ayudar, seguir creciendo como jugadora y como persona porque tengo mucho margen de mejora”, relata. Una declaración que refleja la ambición de una futbolista que, pese a todo lo que ha conseguido, todavía entiende que queda mucho camino por recorrer.
Porque el Deportivo Alavés ya forma parte de su identidad. La central reconoce que el club le ha permitido reencontrarse con diferentes facetas de sí misma y recuperar sensaciones tanto en lo deportivo como en lo profesional. “Me ha hecho reencontrarme en muchos aspectos como jugadora, como profesional”, explica.
También destaca una de las características que más valora del conjunto vitoriano: la cercanía. “Esa cercanía que se vive como parte del club”, apunta. Una manera de entender el fútbol que ha hecho que, en apenas dos años, Vitoria haya pasado de ser un nuevo destino a convertirse en un lugar que siente como propio.
“He vivido dos años con un grupo humano muy difícil de repetir, y eso es gracias a los valores del club. Un sitio que en un muy poco tiempo siento que se ha convertido en mi nueva casa”, sentencia. Una frase que resume la conexión entre una futbolista y una entidad que han crecido juntas hasta regresar a la élite.
Pero la historia de Inés no termina cuando abandona el terreno de juego. Su experiencia también le ha llevado a mirar hacia las generaciones que vienen detrás. Desde Ibiza, ha creado unas Jornadas de Tecnificación con un propósito que va mucho más allá de enseñar conceptos futbolísticos.
“Que las niñas sepan que se pueden dedicar a un deporte de forma profesional. Que puedan ver que es algo que existe y que se puede conseguir”, explica. Su objetivo es que las niñas que hoy empiezan a jugar no tengan que hacerse las mismas preguntas que ella tuvo que hacerse cuando era pequeña.
La realidad del fútbol femenino ha cambiado y, para Inés, una de las grandes transformaciones está precisamente en los referentes. “Ahora sí creo que las niñas pueden pensar desde pequeñas que pueden ser futbolistas profesionales, pero a mí de pequeña me faltaron esos referentes”, reconoce.
Ella misma se ha convertido ahora en uno de esos referentes. La niña que tuvo que jugar con chicos, la futbolista que ayudó a crear el primer equipo femenino de fútbol once de Ibiza, la joven que tuvo que marcharse a Barcelona y la jugadora que pasó años compitiendo sin recibir dinero es hoy una profesional de Liga F Moeve y capitana del Deportivo Alavés.
“Ahora las niñas se pueden fijar en mí y ver que pueden, que existe esa opción”, afirma. Y quizá ahí se encuentre una de las partes más importantes de su legado: demostrar con hechos que aquel camino que parecía imposible sí podía recorrerse.
Todavía queda fútbol por delante y muchas páginas por escribir en la carrera de Inés Altamira. Pero la central ya piensa también en el día después. Su intención es permanecer vinculada al deporte que ha marcado su vida y hacerlo desde otro lugar.
“Me gustaría seguir vinculada al mundo del fútbol a través de la gestión deportiva”, confiesa. Su formación académica y su experiencia dentro del vestuario le ofrecen una perspectiva que puede acompañarla cuando llegue el momento de colgar las botas.
Y, en ese futuro, vuelve a aparecer una de las reivindicaciones que también han acompañado su trayectoria. “Creo que faltan esas mujeres porque no hay esa igualdad de oportunidades”, afirma. Una reflexión que conecta directamente con todo aquello que ella misma ha vivido y con su deseo de que las próximas generaciones encuentren más puertas abiertas.
Inés Altamira comenzó jugando al tenis, encontró su lugar en el fútbol, ayudó a crear un equipo femenino en Ibiza, abandonó su isla con 18 años, estudió mientras competía, jugó durante años sin condiciones profesionales, ascendió con el Deportivo Abanca, regresó a Liga F Moeve con el Deportivo Alavés y volvió a demostrar que la paciencia también puede conducir a la élite.
Ahora afronta una nueva etapa como capitana de un equipo que vuelve a la máxima categoría con el objetivo de permanecer en ella. Y lo hace desde la experiencia de quien sabe que ningún sueño llega de repente, que detrás de cada ascenso existen años de trabajo y que cada oportunidad conquistada puede servir para que otra niña tenga un camino un poco más sencillo.
La historia de Inés todavía no ha terminado. Pero, a estas alturas, ya ha conseguido algo que trasciende los resultados y las clasificaciones: convertirse en parte de una generación de futbolistas que no solo está jugando el presente, sino ayudando a construir el futuro del fútbol femenino.















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