
⬛️ El Granada CF ha decidido poner fin a la etapa de Irene Ferreras al frente del banquillo rojiblanco cuando la pretemporada apenas comienza, en un movimiento que obliga al conjunto nazarí a replantear su hoja de ruta de cara a un nuevo curso marcado por la exigencia y los cambios en su proyecto deportivo.
El Granada Club de Fútbol ha anunciado, a través de su página web oficial, que alcanzó un acuerdo en firme con Irene Ferreras López de Lamela para disolver de muto acuerdo su relación contractual.
La operación se venía rumoreando en las últimas fechas y según ha informado el cuadro andaluz responde únicamente a motivos personales de la directora técnica natural de Fuenlabrada.
Hay voces que indican que dicha explicación, que es plausible, no sería la única razón por la que se ha llevado a término esta medida y es que resulta notorio que la escuadra rojiblanca no estaría apostándolo todo por su sección femenina por culpa de problemas económicos. No
La salida de Irene Ferreras del Granada CF pone punto final, de manera abrupta y cuando la pretemporada todavía se encuentra en sus primeros compases, a una etapa que había comenzado con enormes expectativas y que, pese a no haber alcanzado su desenlace natural, deja tras de sí una huella importante tanto en la evolución deportiva del conjunto nazarí como en la propia trayectoria de una entrenadora que ha construido su carrera a base de trabajo, formación y una capacidad notable para competir en diferentes contextos. Licenciada en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, con un Máster en Preparación Física por la Real Federación Española de Fútbol, además de contar con el Máster de Profesorado y la titulación de Técnico Deportivo Superior con especialidad en fútbol, Ferreras ha desarrollado una carrera en los banquillos marcada por una formación académica y futbolística que le ha permitido comprender el juego desde diferentes perspectivas, combinando la preparación física, la gestión del grupo y la interpretación táctica de un deporte que, en los últimos años, ha experimentado una transformación profunda en sus exigencias competitivas.
Su camino como entrenadora comenzó en 2015, cuando empezó a trabajar con equipos femeninos del CDE Olímpico y del Fútbol Femenino La Solana, dos experiencias que sirvieron como punto de partida para una trayectoria que pronto la llevaría hacia estructuras de mayor dimensión y hacia escenarios de máxima exigencia. En 2017 asumió el mando del filial del Rayo Vallecano y, apenas un año después, dio el salto al primer equipo franjirrojo, convirtiéndose en responsable de un conjunto que competía en la máxima categoría del fútbol femenino español. Aquella experiencia supuso un aprendizaje de enorme valor, ya que Ferreras tuvo que enfrentarse desde muy pronto a la complejidad de dirigir a un equipo en una competición cada vez más profesionalizada, con plantillas de mayor calidad y con una exigencia semanal que obliga a los cuerpos técnicos a cuidar cada detalle. Posteriormente, continuó su recorrido por la élite al frente del Valencia CF, aunque su etapa en la entidad valencianista terminó antes de lo previsto como consecuencia de una dinámica de resultados que terminó provocando su destitución. En 2019, lejos de alejarse de la máxima exigencia, se incorporó al cuerpo técnico del Real Madrid CF como segunda entrenadora, una experiencia que le permitió seguir creciendo desde otra perspectiva y convivir con un entorno de enorme presión competitiva antes de iniciar una nueva aventura como primera responsable de un proyecto.
El 1 de julio de 2022 se convirtió en entrenadora del Deportivo Abanca, entonces en la Primera Federación, una decisión que acabaría siendo determinante en su carrera. Ferreras llegó a A Coruña con el objetivo de devolver al conjunto gallego a la élite y, en su segunda temporada al frente del equipo, logró completar una campaña extraordinaria que culminó con el ascenso a la Liga F. El Deportivo terminó segundo, únicamente por detrás del filial del FC Barcelona, y selló un regreso a la máxima categoría que representó uno de los grandes éxitos deportivos de su trayectoria. Su trabajo en el conjunto blanquiazul estuvo marcado por la construcción de un equipo competitivo, intenso y con una identidad reconocible, capaz de sostener un ritmo alto de competición y de responder a las exigencias de una temporada en la que cada punto tenía un valor enorme en la pelea por el ascenso. Sin embargo, su segunda experiencia en la máxima categoría tampoco tendría continuidad a largo plazo, ya que en noviembre de 2024 fue destituida después de un inicio de curso complicado, dejando al Deportivo en posiciones de descenso tras diez jornadas disputadas.
Pocos meses después, el Granada CF apostó por ella para asumir el relevo de Arturo Ruiz, quien había decidido poner rumbo a la Real Sociedad de la mano la salida de Zubieta de Sánchez Vera.
El 15 de mayo de 2025 se confirmó oficialmente que Ferreras sería la entrenadora del conjunto rojiblanco para la temporada 2025/26, iniciando así una etapa que terminaría siendo, desde el punto de vista deportivo, una de las más relevantes de su carrera. La llegada de la técnica madrileña coincidió con un proyecto que buscaba consolidarse en la élite y que terminó superando buena parte de las expectativas iniciales. Bajo su dirección, el Granada CF consiguió alcanzar la sexta posición de la Liga F, un resultado de enorme mérito para una entidad que consiguió competir durante buena parte del campeonato con equipos de mayor presupuesto y con estructuras históricamente asentadas en la máxima categoría. Ese rendimiento le permitió ser reconocida por Coach Experience Summit como la mejor entrenadora del pasado curso, un reconocimiento que puso en valor el trabajo realizado desde el banquillo nazarí y que confirmó que su propuesta futbolística había dejado una huella evidente en el crecimiento competitivo del equipo.
Desde el punto de vista táctico, los equipos dirigidos por Irene Ferreras suelen caracterizarse por una búsqueda constante del equilibrio entre el orden y la agresividad competitiva. Su idea parte de una estructura que pretende mantener al equipo compacto, reducir las distancias entre líneas y conceder el menor número posible de espacios interiores. En fase defensiva, sus conjuntos acostumbran a priorizar una presión organizada, especialmente cuando el rival intenta iniciar desde atrás, buscando orientar la salida hacia determinadas zonas para activar posteriormente mecanismos de presión colectiva. No se trata únicamente de correr detrás del balón, sino de intentar que cada movimiento de una futbolista provoque una respuesta coordinada del resto del bloque. La presión, por tanto, adquiere un componente estratégico y no exclusivamente físico, con una clara intención de condicionar la primera fase de construcción del adversario y recuperar la posesión en zonas desde las que poder atacar con mayor ventaja.
Cuando el equipo no consigue recuperar arriba, la estructura defensiva tiende a replegarse de forma ordenada, intentando proteger especialmente el carril central y obligando al rival a progresar por fuera. En este escenario, la coordinación entre la línea defensiva y el centro del campo adquiere una importancia capital. Ferreras ha demostrado una especial sensibilidad para trabajar los mecanismos de basculación, las coberturas y las ayudas defensivas, buscando que sus equipos puedan mantener la estabilidad incluso cuando el adversario consigue avanzar por los costados. Esa capacidad para proteger el área y defender en bloque ha sido uno de los pilares de sus proyectos más competitivos, especialmente en aquellos contextos en los que no disponía de las futbolistas necesarias para imponer el partido desde la posesión.
Con balón, sus equipos han mostrado una intención clara de progresar de manera ordenada, aunque sin convertir la posesión en un objetivo absoluto. Ferreras entiende el juego desde una perspectiva funcional: tener el balón debe servir para avanzar, atraer al rival y encontrar espacios, no simplemente para acumular pases. En salida, sus equipos buscan generar líneas de pase y ofrecer apoyos constantes a la poseedora, mientras que las centrocampistas adquieren una responsabilidad fundamental a la hora de conectar las diferentes alturas del equipo. El objetivo es evitar ataques excesivamente verticales y desorganizados, pero también impedir que el equipo caiga en una circulación horizontal estéril. La progresión debe tener un sentido y estar vinculada a la ocupación racional de los espacios.
Una de las características más interesantes de su propuesta es la importancia concedida a las transiciones. Sus equipos pueden convertirse en conjuntos especialmente peligrosos cuando recuperan el balón y encuentran al rival desorganizado. La velocidad de las atacantes, la capacidad de las extremos para atacar espacios y la llegada de las centrocampistas desde segunda línea permiten generar situaciones de peligro en pocos segundos. En ese sentido, Ferreras ha sabido construir equipos que no necesitan dominar territorialmente durante los noventa minutos para competir, sino que pueden hacer daño a partir de momentos concretos del partido. La recuperación y la posterior aceleración se convierten así en una herramienta ofensiva de primer nivel.
En el último tercio, la propuesta de Ferreras busca aprovechar la movilidad de sus jugadoras ofensivas y generar superioridades en los costados. La amplitud tiene un peso importante, pero también la posibilidad de que las futbolistas de banda se incorporen hacia zonas interiores para liberar el carril exterior a las laterales. Esta alternancia permite generar diferentes alturas y obliga a las defensas rivales a tomar decisiones constantemente. El equipo puede atacar con centros laterales cuando encuentra espacios, pero también intenta progresar mediante combinaciones interiores cuando consigue atraer al bloque rival hacia una zona determinada. La figura de la delantera adquiere igualmente un valor relevante, especialmente como referencia capaz de fijar centrales, descargar de espaldas y permitir que las futbolistas que llegan desde segunda línea puedan incorporarse al ataque.
En el Granada CF, todos estos principios encontraron una expresión especialmente competitiva durante la temporada 2025/26. Ferreras consiguió dotar al conjunto nazarí de una identidad que le permitió situarse en la sexta posición de la Liga F y, durante diferentes fases del campeonato, mirar incluso hacia objetivos de mayor ambición. El equipo no se limitó a resistir ante los grandes, sino que fue capaz de competir con personalidad y de sumar puntos ante rivales de enorme dificultad. El sexto puesto final adquiere todavía mayor valor si se analiza dentro del contexto general de una competición cada vez más exigente y de un mercado en el que las diferencias presupuestarias entre clubes siguen siendo importantes. La entrenadora logró convertir al Granada en un equipo incómodo, competitivo y reconocible, capaz de sostener partidos de alto nivel desde el orden táctico y de aprovechar sus virtudes en las transiciones.
Sin embargo, la fotografía del Granada que abandona Ferreras es diferente a la que recibió cuando llegó al club. Durante este verano, la entidad nazarí ha tenido que afrontar la salida de varias de sus futbolistas principales, una circunstancia que ha alterado significativamente el escenario deportivo sobre el que se había construido el sexto puesto de la temporada anterior. La pérdida de piezas importantes obliga a reconstruir automatismos, modificar roles y encontrar nuevas soluciones para mantener el nivel competitivo alcanzado. En este contexto, la salida de Ferreras se produce de manera especialmente abrupta, ya que llega en plena pretemporada y después de una campaña en la que la entrenadora había conseguido situar al Granada entre los equipos más destacados de la Liga F fuera del grupo de grandes dominadores de la competición.
A nivel estadístico, la etapa de Ferreras en el banquillo nazarí queda marcada por ese sexto puesto en la Liga F 2025/26 y por una trayectoria que convirtió al Granada en uno de los equipos revelación de la competición. No obstante, para valorar realmente su trabajo resulta necesario ir más allá de los números y observar el contexto en el que fueron conseguidos. El Granada no solo terminó sexto, sino que lo hizo compitiendo por encima de las expectativas iniciales y consolidando una propuesta que permitió al club mirar hacia arriba durante buena parte del campeonato. Ese rendimiento explica, precisamente, el reconocimiento recibido por Coach Experience Summit como mejor entrenadora del pasado curso y convierte su salida en una decisión que, inevitablemente, genera interrogantes sobre el rumbo inmediato del proyecto.
Ahora, la dirección deportiva encabezada por Roberto Valverde ha decidido apostar por la continuidad interna y ha escogido como nuevo primer entrenador a Adrián Martín, hasta ahora integrante del cuerpo técnico de Ferreras y un hombre que ya conoce profundamente la estructura del club. Su nombramiento supone recuperar para el primer plano a un técnico que ya estuvo en la sombra hace un par de cursos, cuando ejerció como ayudante de Arturo Ruiz, y que fue partícipe de una temporada histórica para el Granada. Aquella campaña dejó algunos de los mejores recuerdos recientes de la entidad, con el equipo alcanzando las semifinales de la Copa de la Reina Iberdrola y firmando un meritorio sexto puesto en la élite. Más allá de la clasificación final, el conjunto nazarí llegó incluso a pelear hasta las últimas jornadas por la tercera posición, una plaza que otorgaba el acceso a la fase previa de la Liga de Campeones Femenina y que terminó siendo para el Club Atlético de Madrid dirigido por Víctor Martín Alba.

La elección de Adrián Martín, por tanto, no representa únicamente una solución de emergencia ante la marcha de Ferreras, sino también una apuesta por el conocimiento interno y por la continuidad de una determinada metodología de trabajo. Martín conoce el vestuario, conoce las estructuras del club y ha vivido desde dentro algunas de las etapas más exitosas del Granada en los últimos años. Su experiencia junto a Arturo Ruiz y posteriormente junto a Ferreras le permite asumir el desafío con un conocimiento privilegiado de las exigencias de la Liga F y de las particularidades de una plantilla que ahora deberá reinventarse después de las importantes salidas producidas durante el mercado estival.
El reto que tiene por delante es mayúsculo. El Granada viene de firmar una temporada histórica y, al mismo tiempo, afronta un nuevo curso con varias piezas importantes fuera del equipo. La principal dificultad para Martín será conseguir que el conjunto nazarí mantenga su identidad competitiva sin limitarse a reproducir automáticamente los mecanismos del pasado. Deberá adaptar el modelo a las nuevas futbolistas, encontrar nuevos liderazgos y conseguir que las incorporaciones asuman rápidamente los principios colectivos. En ese proceso, su conocimiento previo del club puede convertirse en una ventaja decisiva, especialmente durante unas primeras semanas en las que el tiempo para construir automatismos es reducido.
Si Ferreras dejó un Granada reconocible por su equilibrio, su capacidad para competir desde el orden y su fortaleza en las transiciones, Martín tendrá ahora la responsabilidad de tomar ese legado y llevarlo hacia una nueva dimensión. La continuidad del proyecto dependerá de su capacidad para interpretar los recursos disponibles y adaptar el sistema a las características de las futbolistas que conformen definitivamente la plantilla. Su experiencia previa como ayudante puede ayudarle a entender dónde se encuentran los principales mecanismos que deben conservarse y, al mismo tiempo, qué aspectos necesitan ser modificados para afrontar una temporada diferente.
La historia reciente del Granada demuestra que el club tiene capacidad para competir por encima de sus posibilidades cuando consigue construir un bloque unido y reconocible. La temporada en la que se alcanzaron las semifinales de la Copa de la Reina Iberdrola y se peleó por la tercera plaza hasta las últimas jornadas representa el mejor ejemplo de ello, mientras que el sexto puesto conseguido bajo la dirección de Ferreras confirmó que aquella campaña no fue una excepción aislada. Ahora, con Adrián Martín al frente y Roberto Valverde liderando la planificación desde la dirección deportiva, el Granada se enfrenta a una nueva reconstrucción. La salida de Irene Ferreras deja atrás una etapa breve pero intensa, marcada por el reconocimiento individual, por un sexto puesto de enorme valor y por la consolidación de una identidad competitiva que permitió al equipo nazarí hacerse un hueco entre los grandes protagonistas de la Liga F. Su marcha, en mitad de la pretemporada y después de un verano marcado por la pérdida de varias jugadoras importantes, obliga al club a acelerar una transición que quizá estaba prevista para más adelante, pero que ahora deberá completarse a contrarreloj. Y en ese nuevo escenario, la elección de Adrián Martín representa una apuesta por alguien que conoce el camino, que ya vivió desde dentro una de las etapas más brillantes del Granada y que ahora tendrá la oportunidad de demostrar, desde el primer plano, que todo lo aprendido en la sombra puede convertirse en el punto de partida de una nueva historia en el banquillo nazarí.
















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