
⬛️ El Villarreal CF Femenino y el Valencia CF Femenino firmaron un empate sin goles en el partido de ida del playoff de ascenso a la máxima categoría del fútbol femenino español, en un duelo marcado por la intensidad, la igualdad táctica y el respeto competitivo entre dos aspirantes que dejaron la eliminatoria completamente abierta de cara al decisivo encuentro de vuelta.

No toda la atención del balompié debía recaer sobre Oslo amén de la celebración de la final de la Liga de Campeones Femenina entre el Fútbol Club Barcelona y el Olympique Lyonnes, pues en nuestras fronteras se jugaba el encuentro de ida de la final de la Primera RFEF (Segunda División) entre el Villarreal Club de Fútbol y el Valencia en Miralcamp.
Con el ascenso a la élite del Deportivo Alavés Gloriosas tras su subcampeonato en temporada regular, aprovechando que el filial culé no puede hacer acto de presencia en la categoría, la última plaza vacante tras el adiós de Alhama y Levante U.D. recaerá sobre uno de estos dos clubes valencianos anteriormente citados.
La Liga F Moeve tendrá que esperar una semana más para conocer el nombre del club que ocupará su última plaza de ascenso. Porque cuando el destino de toda una temporada se condensa en noventa minutos, cuando dos escudos históricos de la Comunitat Valenciana se juegan el regreso a la élite, cuando la tensión aprieta hasta convertir cada pase en una declaración de intenciones y cada disputa en una cuestión de supervivencia competitiva, el fútbol se transforma en una batalla de nervios, de resistencia y de fe. Eso fue exactamente lo que se vivió en la Ciudad Deportiva José Manuel Llaneza, donde Villarreal CF Femenino y Valencia CF Femenino firmaron un empate sin goles en la ida de la gran final del playoff de ascenso, un 0-0 tan corto en el marcador como inmenso en emoción, intensidad y significado. Porque detrás de ese resultado sin goles se escondió un auténtico pulso de poder, una batalla táctica de altísimo nivel, una montaña rusa emocional en la que el Villarreal golpeó primero desde el dominio, el Valencia respondió desde la personalidad y Montse Quesada terminó convirtiéndose en la heroína silenciosa de una tarde que deja absolutamente abierta la eliminatoria y emplaza toda la gloria, toda la presión y toda la historia para el próximo sábado 30 de mayo a las 18:00 horas en el Antonio Puchades.
No era un partido cualquiera. No podía serlo. Era el primer asalto de una final que llevaba meses cocinándose. El último billete hacia la máxima categoría del fútbol femenino español. Noventa minutos de ida para marcar territorio y otros noventa de vuelta para decidir qué equipo acompañará al ya ascendido Deportivo Alavés Femenino en la próxima Liga F Moeve. Y además con un componente añadido que convertía el choque en una partida de ajedrez todavía más cruel: el Valencia, tercero en la liga regular, llegaba con la ventaja clasificatoria. Eso significa que, si tras la vuelta y la eventual prórroga persiste el empate global, no habrá tanda de penaltis. No habrá lotería. Será el conjunto che quien celebre el ascenso por haber terminado mejor posicionado. Una circunstancia que obliga al Villarreal a salir a ganar sí o sí en Paterna. Una pequeña ventaja reglamentaria que puede terminar pesando como una losa o como un salvavidas según cómo evolucione la vuelta.
El camino hasta esta final había sido una declaración de resistencia para ambos. El Villarreal aterrizó en esta última estación tras superar con autoridad a Osasuna en semifinales. Las groguets vencieron por 1-2 en la ida, resistieron la presión y remataron la faena con un contundente 3-1 en la vuelta, exhibiendo pegada, orden y convicción. El Valencia, por su parte, protagonizó una eliminatoria mucho más agónica frente al Alba Fundación. Tras un 0-0 de máxima tensión en la ida, el conjunto blanquinegro se impuso por un vibrante 4-3 en un duelo desatado en el Antonio Puchades que puso a prueba su carácter competitivo. Dos trayectorias distintas hacia una misma obsesión. Dos maneras de llegar a una final. Dos historias convergiendo en una cita destinada a dejar huella.
El escenario estaba preparado. El Mini Estadi presentaba una atmósfera de las grandes tardes, con una grada entregada desde mucho antes del pitido inicial, consciente de que estaba ante una de esas citas capaces de marcar generaciones. El amarillo inundaba la instalación, el ruido crecía a medida que se acercaba la hora y cada rostro reflejaba esa mezcla única de ilusión y ansiedad que acompaña a los partidos decisivos. El Villarreal quería encarrilar su regreso a la élite dos años después. El Valencia soñaba con culminar su retorno a la máxima categoría tras una temporada de reconstrucción. Era un derbi, sí, pero también mucho más que eso. Era un choque de identidad, de orgullo territorial y de ambición deportiva.
Jordi Ferriols apostó por su once de máxima confianza: Montse Quesada bajo palos; Nerea, capitana y alma competitiva del equipo, junto a I. Miguélez, Moreira y Laura en defensa; Sara Medina, Cienfu y María como sostén y cerebro del centro del campo; y arriba Lauris, Macías y Aixa como armas ofensivas. Alberto Marco respondió con Marina Llacer en portería; Pauleta, Lena Pérez, Celia y Tamarit atrás; Yasmin, Gema y Marina Martí para gobernar el medio; y un tridente formado por Mascarell, Tere y Marcano. Desde el pitido inicial quedó claro que el respeto no iba a confundirse con especulación.
El Villarreal salió mejor. Mucho mejor. Las groguets entendieron que debían aprovechar el impulso de su gente y someter al rival desde la primera posesión. Presión alta, circulación rápida y una insistencia casi obsesiva por cargar el juego sobre el costado derecho, donde Nerea se convirtió en un martillo percutor. El balón era amarillo, el ritmo también, y las primeras sensaciones dejaban claro que el conjunto local quería convertir la ida en una declaración de fuerza. A los diez minutos llegó la primera ocasión seria. Nerea levantó la cabeza y colgó un centro medido que encontró a Macías. Su remate llevaba intención, pero Marina respondió con seguridad. Fue la primera gran advertencia.
Durante ese tramo inicial, el Villarreal transmitió la sensación de equipo convencido, de bloque que cree profundamente en lo que hace. Las combinaciones aparecían con naturalidad, la circulación encontraba sentido y cada recuperación se convertía en una nueva oportunidad de asedio. Pero las finales tienen una lógica particular: castigan al que se relaja y premian al que sabe esperar. El Valencia entendió el guion, resistió el temporal inicial y comenzó a crecer poco a poco, cerrando líneas de pase, ganando metros y conectando a sus futbolistas más verticales.
Fue entonces cuando el partido entró en otra dimensión. Dejó de ser un monólogo local y se transformó en un intercambio de golpes constante, en una partida de ajedrez acelerada donde cada error podía costar media temporada. El primer gran susto para el Villarreal llegó tras un saque de esquina ejecutado por Pauleta. El centro cayó al segundo palo, María Romero desvió con peligro hacia su propia portería y Montse Quesada tuvo que tirarse con reflejos felinos para evitar un autogol que habría congelado el Mini Estadi. Fue una intervención de reflejos, de intuición, de pura guardameta de finales.
El susto activó todavía más a ambos equipos. El encuentro ganó revoluciones, aparecieron los espacios y la tensión comenzó a apoderarse del césped. Y entonces llegó la jugada que pudo cambiarlo todo. Corría la media hora cuando el Villarreal cocinó una acción magnífica en tres cuartos, enlazando pases con precisión hasta que Sara Medina encontró el espacio justo para armar la pierna. El disparo fue una obra de arte. Seco, potente, preciso. La cruceta salvó al Valencia cuando Marina ya estaba batida. El sonido del balón contra la madera retumbó como un disparo en toda la Ciudad Deportiva. Durante un segundo, el ascenso pareció teñirse de amarillo.
Lejos de venirse abajo, el Valencia respondió con personalidad. María Martí protagonizó una arrancada imponente que obligó a la zaga groguet a multiplicarse y, poco después, Marcano rozó el gol con un remate que se marchó por encima del travesaño. El tramo final del primer tiempo fue un retrato perfecto de la eliminatoria: igualdad máxima, tensión absoluta y la sensación de que cualquier detalle podía inclinar la balanza.
Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con el marcador aún pendiente de ser inaugurado en Castellón, pero todavía restaban cuarenta y cinco minutos por delante en esta primera estación de las dos que hay antes de volver a la Liga F Moeve.
La segunda mitad arrancó con un cambio de inercias. El Valencia salió del vestuario decidido a asumir el control emocional del partido. Subió líneas, apretó la circulación rival y comenzó a someter territorialmente a un Villarreal obligado a defender más cerca de su área. Durante varios minutos, el conjunto de Alberto Marco mostró su versión más madura, manejando los tiempos y exigiendo al máximo a la defensa amarilla.
La primera gran ocasión de ese dominio llegó en el minuto 57. Una falta lateral servida con veneno por Tere encontró a Celia en zona de remate. El disparo llevaba dirección de gol, pero apareció el muro groguet para despejar in extremis. Fue una acción de supervivencia. De esas que cambian estados de ánimo. El Villarreal entendió que debía reaccionar y lo hizo con una oportunidad clarísima de Aixa, cuyo disparo pasó rozando el travesaño, levantando a toda la grada.
Pero si hubo una jugada destinada a quedar grabada en la memoria de esta eliminatoria fue la del minuto 74. El Villarreal sacó una falta lateral buscando sorprender, el Valencia despejó con contundencia y activó una contra supersónica. Yasmin recogió el balón y comenzó una conducción majestuosa, poderosa, imparable. Recorrió metros devorando césped, levantó la cabeza y dibujó con el exterior un centro perfecto para la llegada de Marina Martí. Era medio gol. Era la oportunidad soñada. Era el silencio a punto de instalarse en Vila-real. Pero entonces apareció Montse Quesada.
La guardameta groguet salió con una determinación brutal, achicó espacios y ganó el mano a mano con una intervención antológica. Una parada de reflejos, valentía y sangre fría. Una parada que vale una final. Una parada que sostuvo al Villarreal cuando más lo necesitaba. Una parada que puede terminar siendo recordada como el instante que mantuvo vivo el sueño amarillo.
Aquella acción reactivó al Mini Estadi. La grada rugió. El “Sí se puede” descendió con fuerza desde cada rincón. El Villarreal tiró de orgullo, de pertenencia, de corazón. Se lanzó hacia adelante empujado por una afición que entendía que era el momento de sostener a su equipo desde el alma. Las de Ferriols buscaron el gol con insistencia, apretaron, forzaron errores y pusieron contra las cuerdas a un Valencia que supo sufrir, cerrar filas y defender el empate con oficio.
El pitido final dejó una sensación extraña. De alivio y de frustración. De orgullo y de hambre. El Villarreal se fue con la certeza de haber competido de tú a tú y con la obligación de ganar en el Puchades. El Valencia salió reforzado por mantener su ventaja estratégica y por haber sobrevivido a un ambiente hostil. Nadie celebró nada porque todavía no hay nada decidido. Todo queda pendiente. Todo se resolverá dentro de una semana.
Y así, con el marcador inmóvil pero el corazón latiendo a mil revoluciones, concluyó el primer capítulo de una final digna de su dimensión. El fútbol regaló un empate sin goles, sí, pero también una exhibición de carácter, táctica, resistencia y emoción pura. Ahora ya no hay margen para cálculos. El próximo sábado, a las 18:00 horas, el Antonio Puchades dictará sentencia. Allí se decidirá qué escudo toca el cielo y cuál se queda a las puertas. Allí se pondrá punto final a una temporada entera de sacrificio. Allí solo habrá sitio para un vencedor. Porque cuando la Liga F aparece en el horizonte, el fútbol deja de ser un juego para convertirse en destino. Y ese destino, hoy, sigue completamente abierto.

📋 Ficha técnica |
0 – Villarreal CF: M. Quesada. I. Miguélez, Laura, Cienfu, María, S. Medina (Querol, min.83), Nerea, Moreira, Macías (Figols, min.77), Lauris, Aixa.
Banquillo: Mar, Estupiñán, Querol, Martuka, Pesantez, Figols, Balma.
Entrenador: Jordi Ferriols.
0 – Valencia CF Femenino: Marina, Pauleta (c) (Esther, min., 67), Lena Pérez, Celia, Tamarit, Yasmin (Monente, min.87), Gema (Mbadi C., min.82), M. Martí (Noa, min.87), Mascarell, Tere, Marcano (Ferrato, min.82).
Banquillo: Gemma (ps), Monente, Ferrato, Mbadi C., Esther, C. Tormo, Noa.
Entrenador: Alberto Marco.
Goles: No hubo
Árbitras: principal, Beatriz Arregui; asistente 1, Xiomara Díaz; asistente 2, Andrea Salvador; 4ª árbitra, Mª de los Ángeles Fernández. Tarjeta amarilla para Tamarit (min.24), Macías (min.32), Celia (min.41) y Moreira (min.57).
Incidencias: partido correspondiente a la ida de la final del play-off de ascenso a Liga F de la Primera Federación Iberdrola 25-26, celebrado en el Mini de la CD José Manuel Llaneza.

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