
🟨 Un acuerdo de última hora elude un paso atrás para la Primera División Femenina

La Liga F ha conseguido resolver a última hora uno de los principales interrogantes que acompañaban al comienzo de la temporada 2026/27 y que, durante las últimas semanas, había generado una preocupación cada vez mayor entre los clubes, las futbolistas y los aficionados. La competición contará finalmente con una cobertura televisiva garantizada para las tres próximas temporadas después de alcanzar un acuerdo que permitirá a DAZN continuar ofreciendo los ocho partidos de cada jornada en televisión de pago, mientras que RTVE y TV3 podrán emitir cuatro encuentros en abierto. El desenlace permite despejar una incógnita que había adquirido una dimensión especialmente delicada porque la competición está a punto de comenzar y porque la televisión no representa únicamente una vía para consumir los partidos, sino una pieza fundamental dentro del modelo económico y de crecimiento sobre el que se ha construido el fútbol femenino español durante los últimos años.
El acuerdo llega después de que Liga F decidiera poner fin antes de tiempo a su relación con DAZN, cuyo contrato original se extendía hasta 2027, y regresar al mercado para comercializar sus derechos audiovisuales. La decisión abrió un proceso que debía servir para encontrar una nueva fórmula de explotación de los partidos y, al mismo tiempo, garantizar que la competición pudiera mantener una fuente de ingresos acorde con el proceso de profesionalización iniciado años atrás. Sin embargo, la primera ronda de ofertas no respondió a las expectativas económicas de Liga F. Las cantidades planteadas por los operadores no alcanzaron los precios de reserva establecidos para los diferentes paquetes y la competición se vio obligada a abrir una segunda ronda que prolongó una incertidumbre que, conforme se acercaba el comienzo del campeonato, comenzaba a resultar difícil de justificar ante un producto que pretende consolidarse como una de las principales competiciones deportivas profesionales del país.
Las cantidades que Liga F había fijado para esta nueva comercialización reflejaban precisamente la aspiración de seguir aumentando el valor de sus derechos. El paquete principal, correspondiente a los ocho partidos de cada jornada en televisión de pago, tenía establecido un precio mínimo de cinco millones de euros por temporada, mientras que el lote destinado a cuatro encuentros en abierto se situaba en dos millones de euros por campaña. Para determinados derechos europeos también se había fijado un precio de reserva de 800.000 euros. Se trataba, por tanto, de una operación de una dimensión económica considerable para una competición que todavía se encuentra en una fase de crecimiento y que necesita incrementar progresivamente sus ingresos comerciales y audiovisuales para poder sostener las inversiones realizadas en profesionalización, estructuras, salarios, instalaciones y desarrollo de los clubes.
El problema apareció cuando el mercado no respondió en la primera ronda con las cantidades que Liga F esperaba recibir. Ninguna de las propuestas alcanzó los mínimos establecidos y eso obligó a prolongar la negociación hasta una segunda fase que concluyó finalmente el 19 de agosto. La solución permite ahora afrontar el inicio de la competición con una garantía que, hace apenas unas semanas, no estaba asegurada, aunque también deja sobre la mesa algunas cuestiones que Liga F tendrá que abordar durante los próximos años si quiere evitar que una situación semejante vuelva a producirse. Los derechos internacionales, de hecho, no han sido adjudicados en este proceso, por lo que la competición todavía tendrá que buscar alternativas para comercializar ese producto y aprovechar una oportunidad que puede resultar especialmente importante para aumentar la presencia internacional de los clubes y de las futbolistas españolas.
La cuestión adquiere todavía más relevancia cuando se observa el calendario. La Liga F comenzará el 29 y 30 de agosto, lo que significa que la competición ha alcanzado el tramo final de la pretemporada con el escenario audiovisual resolviéndose prácticamente a las puertas del inicio del campeonato. Desde el punto de vista del aficionado, la situación podía generar una incertidumbre tan elemental como saber dónde podría ver a su equipo durante la primera jornada. Para los clubes, el problema era todavía más amplio, porque la televisión forma parte de la exposición que ofrecen a sus patrocinadores y condiciona buena parte de la estrategia comercial que desarrollan durante una temporada. Y para las propias televisiones, disponer de los derechos con tan poco margen reduce el tiempo disponible para promocionar el producto, preparar las campañas de lanzamiento y presentar a sus espectadores una competición que necesita precisamente aumentar su capacidad para atraer nuevos públicos.
La Liga F ha evitado, por tanto, un escenario que el fútbol femenino español ya conoce demasiado bien. Y aquí es donde resulta inevitable establecer un paralelismo con aquella situación que durante tantos años fue una de las grandes asignaturas pendientes de la competición: la posibilidad de que un partido pudiera disputarse sin que existiera una ventana televisiva capaz de llevarlo hasta los aficionados. Antes de que la Primera División Femenina alcanzara la condición profesional y cuando todavía era conocida como Liga Iberdrola, el fútbol femenino tuvo que convivir con episodios que hoy, después de todo lo que ha cambiado la competición, resultan difíciles de imaginar. Uno de ellos se produjo precisamente con un Atlético de Madrid-FC Barcelona, un enfrentamiento que ya entonces representaba uno de los grandes clásicos del fútbol femenino español y que se disputó en el estadio Nuevo Los Cármenes de Granada sin que pudiera disfrutarse de una retransmisión televisiva acorde con la importancia que tenía aquel encuentro.
Aquel episodio fue especialmente doloroso porque no se trataba de un partido cualquiera dentro del calendario. Atlético de Madrid y FC Barcelona habían construido durante años una de las rivalidades más importantes del fútbol femenino nacional, con enfrentamientos por títulos, finales, posiciones de privilegio y duelos que reunían a algunas de las mejores futbolistas del país y del panorama internacional. Antes de la llegada del Real Madrid al fútbol femenino, y más allá de la posterior aparición de una nueva rivalidad entre los dos grandes clubes madrileño y catalán, el Atlético-Barça tenía argumentos suficientes para ser considerado el clásico por antonomasia de la competición. Que un partido de semejante relevancia no pudiera llegar con normalidad a los hogares representó entonces mucho más que una deficiencia técnica o un problema puntual de programación: evidenció hasta qué punto la competición todavía tenía que avanzar para que el fútbol femenino recibiera un tratamiento verdaderamente profesional.
La diferencia entre aquel momento y el actual es enorme, y precisamente por eso resulta importante recordar lo ocurrido. En aquella etapa, el fútbol femenino todavía estaba intentando demostrar que podía convertirse en un producto audiovisual estable, capaz de generar interés y de ocupar un espacio propio dentro de las parrillas deportivas. Las protagonistas tenían que convivir con una realidad en la que determinados partidos importantes podían quedar fuera de las pantallas, mientras que la competición buscaba al mismo tiempo aumentar su repercusión, atraer patrocinadores y construir una audiencia que justificara nuevas inversiones. Hoy el escenario es diferente. La Liga F dispone de una estructura profesional, los clubes han aumentado considerablemente sus recursos, las grandes entidades deportivas han incrementado su inversión y las audiencias demuestran que existe un público dispuesto a seguir regularmente los partidos.
Precisamente por eso el debate sobre los derechos audiovisuales ya no puede plantearse únicamente desde la perspectiva de si habrá o no televisión. La pregunta que debe hacerse ahora es cuánto vale el producto y qué modelo de explotación puede permitir que ese valor aumente durante los próximos años. La televisión constituye una de las principales fuentes de ingresos de cualquier competición profesional y, en el caso de Liga F, tiene además una importancia estratégica porque puede determinar la capacidad de los clubes para continuar desarrollando sus estructuras. Cuando un operador adquiere los derechos de una competición no está comprando únicamente noventa minutos de fútbol. Está adquiriendo la posibilidad de ofrecer un producto recurrente a sus abonados, atraer nuevos clientes, vender publicidad, generar contenidos derivados y asociar su marca a una competición que puede tener un recorrido de crecimiento considerable.
Por eso la negociación de este verano no puede interpretarse únicamente como una discusión entre Liga F y las televisiones sobre una determinada cantidad de dinero. En realidad, detrás de esos cinco millones de euros por temporada para el paquete principal, de los dos millones correspondientes al lote en abierto y de las cantidades establecidas para otros mercados existe una discusión mucho más profunda sobre la valoración económica que tiene actualmente el fútbol femenino español. Liga F considera que el crecimiento experimentado durante las últimas temporadas debe traducirse también en una mayor valoración de sus derechos. Los operadores, por su parte, tienen que calcular cuánto están dispuestos a pagar teniendo en cuenta los ingresos que pueden generar posteriormente con ese producto. Entre ambas posiciones debe aparecer un punto de encuentro que permita que la competición reciba una cantidad suficiente para continuar creciendo sin que los operadores consideren que el precio de adquisición se encuentra por encima del valor comercial que pueden obtener.
Y esa es precisamente una de las paradojas que acompañan actualmente a la Liga F. La competición está creciendo en audiencia, pero ese crecimiento no se transforma automáticamente en un aumento equivalente del valor de los derechos audiovisuales. La temporada 2025/26 terminó con 7,5 millones de espectadores acumulados, un 11,2% más que durante el curso anterior, una evolución que demuestra que existe una tendencia positiva y que el interés por el fútbol femenino continúa aumentando. Además, el Real Madrid-Barcelona volvió a convertirse en uno de los grandes escaparates de la competición y alcanzó alrededor de 685.000 espectadores de media, con más de dos millones de usuarios únicos entre las diferentes plataformas que ofrecieron el encuentro. Son cifras que permiten defender que existe una audiencia real y creciente, pero también obligan a plantearse cómo convertir esa audiencia en un valor económico suficientemente sólido para que el mercado audiovisual esté dispuesto a pagar más por ella.
Porque tener espectadores y generar valor económico son dos cuestiones relacionadas, pero no idénticas. Una televisión analiza cuántos abonados puede atraer un contenido, cuánto tiempo mantiene a esos usuarios frente a la pantalla, qué posibilidades existen de insertar publicidad, qué otros productos puede construir alrededor de los partidos y qué importancia tiene esa competición dentro de su estrategia global. La Liga F necesita demostrar que cada espectador que incorpora hoy puede convertirse en un consumidor más estable mañana y que el crecimiento de la audiencia no es simplemente una fotografía puntual, sino una tendencia que puede mantenerse durante los próximos años. Esa capacidad de consolidar el público será fundamental para que en futuras negociaciones los derechos puedan alcanzar cantidades superiores.
Al mismo tiempo, la competición necesita mantener una presencia suficiente en abierto. El acuerdo con RTVE y TV3 adquiere en ese sentido una importancia que va más allá del número de partidos que podrán emitir. La televisión en abierto permite que el fútbol femenino llegue a personas que todavía no son abonadas a una plataforma de pago y que quizá no hayan tenido contacto habitual con la competición. También permite aumentar la exposición de las futbolistas, proporcionar visibilidad a los clubes y ofrecer a los patrocinadores un escaparate que difícilmente podría conseguirse si todo el producto estuviera limitado exclusivamente a una plataforma de suscripción. Para una competición que todavía está construyendo su audiencia, esa capacidad de llegar gratuitamente a una parte de la población puede resultar decisiva.
Pero tampoco puede ignorarse la otra cara de la moneda. Liga F necesita ingresos audiovisuales importantes y, para conseguirlos, debe ofrecer a los operadores un producto que puedan monetizar. Si una parte demasiado elevada de los partidos se emite gratuitamente, puede reducirse el atractivo de determinados paquetes para las plataformas de pago. Si, por el contrario, prácticamente todo el campeonato queda detrás de una suscripción, la competición puede encontrar más dificultades para ampliar su base de aficionados. El equilibrio entre ambas realidades es uno de los grandes retos que deberá gestionar Liga F durante los próximos años, especialmente si quiere que el crecimiento de las audiencias continúe acompañado de una mejora sustancial de sus ingresos comerciales.
La situación de los derechos internacionales representa, además, otra oportunidad que todavía está pendiente de desarrollar. La Liga F cuenta con futbolistas de enorme repercusión internacional y con clubes que cada vez tienen una mayor presencia en las competiciones europeas. La expansión del FC Barcelona, del Real Madrid, del Atlético de Madrid y de otros equipos españoles en el escenario continental ha aumentado el interés por la competición fuera de nuestras fronteras. Encontrar operadores y socios audiovisuales capaces de explotar ese mercado debería convertirse en una de las prioridades estratégicas de la competición, porque el crecimiento internacional puede proporcionar ingresos adicionales y, al mismo tiempo, aumentar la dimensión global de las marcas de los clubes y de las propias jugadoras.
Todo esto explica por qué el acuerdo alcanzado el 19 de agosto debe ser recibido como una noticia positiva, pero no como el punto final de la discusión. Liga F ha resuelto el problema inmediato, ha garantizado la emisión de los partidos y ha evitado que la temporada 2026/27 comience sumida en una incertidumbre que habría resultado perjudicial para todos los implicados. Sin embargo, la manera en la que se ha desarrollado el proceso demuestra que todavía existe trabajo por hacer para conseguir que los derechos audiovisuales tengan una estructura suficientemente estable como para que cada renovación no termine convirtiéndose en una negociación contra el calendario.
Y ahí aparece de nuevo el concepto del apagón.
España ya vivió recientemente un apagón eléctrico que dejó a millones de personas sin suministro y convirtió durante horas algo tan cotidiano como encender una luz, utilizar un dispositivo electrónico o consultar una pantalla en una tarea imposible. Aquella situación permitió comprobar hasta qué punto una sociedad moderna depende de que sus infraestructuras funcionen correctamente y de que exista una planificación capaz de evitar que un fallo de esa magnitud vuelva a producirse. El paralelismo con el fútbol puede parecer evidente, pero sirve para explicar la importancia de algo que muchas veces pasa desapercibido. Cuando la televisión funciona, nadie piensa en todo lo que hay detrás. Cuando deja de funcionar, inmediatamente se convierte en el centro del problema.
La Liga F ha conseguido evitar su propio apagón televisivo, pero no debería conformarse con haberlo evitado. El objetivo de una competición profesional tiene que ser construir un sistema en el que la posibilidad de quedarse sin televisión ni siquiera aparezca como una amenaza cuando quedan apenas diez días para comenzar el campeonato. Los clubes necesitan planificación, los patrocinadores necesitan garantías, las televisiones necesitan tiempo y los aficionados necesitan certezas. Todo eso forma parte de la profesionalización de una competición tanto como los contratos de las jugadoras, las instalaciones, los salarios o la organización de los clubes.
Lo ocurrido este verano demuestra que todavía existe una distancia entre el crecimiento deportivo de la Liga F y la consolidación definitiva de su modelo económico. Las audiencias están aumentando, los grandes clubes han elevado su inversión, las futbolistas tienen cada vez mayor repercusión y la competición genera encuentros capaces de atraer a cientos de miles de espectadores. Sin embargo, el mercado audiovisual todavía está intentando establecer cuánto vale realmente ese producto. La primera ronda de ofertas por debajo de los precios de reserva es una señal que no debería ignorarse, porque obliga a Liga F a seguir trabajando para que la percepción del valor de la competición evolucione al mismo ritmo que sus audiencias.
También conviene recordar que los derechos audiovisuales no son únicamente una cuestión de dinero para las cuentas de Liga F. La visibilidad tiene un efecto directo sobre todo el ecosistema. Una jugadora que aparece regularmente en televisión tiene más posibilidades de convertirse en referente para las nuevas generaciones. Un club que consigue que sus partidos sean vistos por cientos de miles de personas puede ofrecer más valor a sus patrocinadores. Una competición que aparece cada semana en las plataformas y en las televisiones construye una identidad más fuerte y consigue que sus protagonistas formen parte de la conversación deportiva nacional. Todo ese proceso termina repercutiendo también sobre el valor comercial de la competición.
Por eso la estabilidad audiovisual debe ser una prioridad estratégica y no una cuestión que se resuelva únicamente cuando el calendario empieza a apretar. La Liga F debe aprovechar estos tres años de contrato para trabajar desde el primer momento en la próxima negociación, analizar el comportamiento de las audiencias, aumentar el valor comercial del producto, fortalecer su presencia internacional y conseguir que los operadores compitan por sus derechos desde una posición diferente a la que se ha visto durante este verano. Si en 2029 se vuelve a llegar a pocas semanas del comienzo de la temporada sin un acuerdo cerrado, significará que no se ha aprovechado suficientemente la experiencia de 2026.
El fútbol femenino español ya ha pasado por demasiadas etapas en las que la televisión era una asignatura pendiente. Aquella imagen del Atlético de Madrid y el FC Barcelona disputando uno de los grandes partidos del campeonato en Granada sin una cobertura televisiva adecuada pertenece a una época que debería quedar definitivamente atrás. La llegada de la profesionalización obligaba precisamente a construir una estructura capaz de evitar que acontecimientos semejantes volvieran a repetirse. Por eso cualquier riesgo de regresar a aquella situación debe ser contemplado con máxima seriedad, incluso cuando finalmente se consigue resolver.
La diferencia es que ahora existe un producto mucho más consolidado y una audiencia mucho más amplia. La Liga F ya ha demostrado que puede generar interés, que puede producir grandes acontecimientos deportivos y que puede conseguir cifras de audiencia relevantes. También ha demostrado que existe un mercado potencial para sus derechos, aunque todavía sea necesario trabajar para que ese mercado traduzca el crecimiento de los espectadores en una valoración económica mayor. El siguiente paso debe ser precisamente ese: que la televisión deje de ser una incertidumbre recurrente y se convierta en uno de los pilares más sólidos de la competición.
El acuerdo alcanzado a última hora permite que la temporada 2026/27 comience con las cámaras encendidas. DAZN seguirá ofreciendo los ocho partidos de cada jornada en televisión de pago, RTVE y TV3 garantizarán la presencia de cuatro encuentros en abierto y la Liga F tendrá tres temporadas por delante para desarrollar un modelo audiovisual que debe aspirar a ser más estable, más rentable y también más ambicioso. Los derechos internacionales quedan todavía pendientes, pero esa asignatura puede abordarse ahora sin la presión inmediata de un campeonato que estaba a punto de comenzar sin conocer completamente su escenario televisivo.
Después de todo, lo verdaderamente importante de una competición profesional no es únicamente que consiga solucionar sus problemas cuando aparecen, sino que sea capaz de aprender de ellos para que no vuelvan a repetirse. La Liga F ha conseguido evitar que el inicio de la temporada quede marcado por un apagón televisivo y ha impedido que una competición que pretende seguir creciendo tenga que enfrentarse nuevamente a una situación que recuerda demasiado a aquellos años en los que todavía se luchaba por conseguir una cobertura mínima para los grandes partidos.
El balón comenzará a rodar el 29 y 30 de agosto y, esta vez, las cámaras estarán allí para contarlo. Después de años de crecimiento, después de una profesionalización que ha cambiado por completo el escenario y después de unas audiencias que demuestran que existe un interés cada vez mayor por el fútbol femenino, habría resultado difícil de entender que la temporada comenzara con los aficionados preguntándose dónde podían ver los partidos. Liga F ha evitado ese escenario mediante un acuerdo alcanzado prácticamente sobre la bocina, pero el verdadero éxito será conseguir que dentro de tres temporadas nadie vuelva a tener que esperar hasta agosto para saber si la competición tendrá una ventana televisiva.
El fútbol femenino español ya estuvo a oscuras y conoce perfectamente el coste que tiene un apagón. Ahora que ha conseguido encender de nuevo todas las pantallas, el siguiente objetivo debe ser mucho más ambicioso: construir una infraestructura audiovisual tan sólida que la luz no dependa nunca más de una negociación resuelta en el último momento.















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