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La crónica | El adiós de Alexia no eclipsa el debut del Barcelona ante el Montpellier

(Fuente: “El Partido de Manu”) Creatividad: reinassinfiltro

➡️ El Barcelona comenzó su nueva etapa con una victoria por 3-1 ante el Montpellier en un encuentro marcado inevitablemente por la despedida de Alexia Putellas, pero en el que el conjunto blaugrana también quiso dejar claro que la vida continúa sobre el césped. El equipo azulgrana respondió con personalidad, encontró el camino hacia el triunfo y convirtió su estreno en una nueva oportunidad para mirar al futuro sin olvidar todo lo que queda atrás.

Había un eclipse en el cielo y otro, mucho más emocional, sobre el césped del Estadio Johan Cruyff. El primero era capaz de detener durante unos minutos la mirada de millones de personas, convertir el día en noche y hacer que prácticamente el mundo entero levantara los ojos para contemplar un fenómeno extraordinario. El segundo tenía nombre propio, memoria y una historia que todavía pesa en el corazón de cualquier aficionado del Barcelona: Alexia Putellas. Pero ni siquiera la despedida de una de las grandes leyendas de la historia del fútbol femenino azulgrana consiguió eclipsar lo que sucedió este miércoles sobre el césped. Porque el Barcelona también quiso mirar hacia adelante, comenzar a construir una nueva historia y recordar que, incluso cuando una era termina, el balón continúa rodando. Y lo hizo con una victoria por 3-1 ante el Montpellier en el primer amistoso de una pretemporada que comienza inevitablemente marcada por las despedidas, pero que también empieza a dibujar los primeros trazos de un futuro diferente.

El Johan Cruyff vivió una tarde de emociones contradictorias. En las gradas, 1.894 aficionados acudieron para volver a encontrarse con un equipo que todavía está lejos de haber alcanzado su velocidad de crucero, pero que conserva intacta esa identidad que durante los últimos años lo ha convertido en una referencia mundial. Sobre el césped aparecieron algunas de las nuevas caras que deberán asumir responsabilidades después de un verano especialmente profundo en el capítulo de salidas. Salma Paralluelo, Ona Batlle, Mapi León y, sobre todo, Alexia Putellas ya no forman parte de esta nueva fotografía. El Barcelona ha perdido nombres que forman parte de su historia reciente, pero este primer amistoso demostró que el escudo sigue teniendo hambre y que las nuevas protagonistas están dispuestas a escribir sus propios capítulos.

Y entre todas ellas había una mirada especialmente esperada. Kerolin Nicoli, el fichaje más caro de la historia de la sección, se enfundó por primera vez la camiseta del Barcelona y se presentó ante una afición que llevaba semanas esperando verla sobre el césped. La brasileña tuvo que esperar hasta el minuto 78 para hacer realidad su estreno y apenas dispuso de tiempo para entrar verdaderamente en contacto con un partido que ya estaba encaminado, pero aquel momento tenía un significado que iba mucho más allá de los minutos disputados. Era el primer paso de una jugadora llamada a convertirse en una de las grandes referencias ofensivas de esta nueva etapa y una imagen que simbolizaba perfectamente el cambio de ciclo que vive el conjunto azulgrana.

También Renee Van Asten se presentó ante la afición ‘culer’, mientras Martina Fernández volvió a vestir la camiseta azulgrana después de su paso por el Everton. El equipo de Pere Romeu, además, tuvo que afrontar el encuentro condicionado por las ausencias de Aitana Bonmatí, Laia Aleixandri y Kika Nazareth, todas ellas lesionadas, así como por la presencia de varias jóvenes en la concentración de la selección española sub-20 para preparar el Mundial que se disputará en Polonia entre el 5 y el 27 de septiembre. Serrajordi, Aïcha, Carla Julià, Noa Jiménez, Julia Torres y Rosalía tampoco estuvieron disponibles, obligando al técnico azulgrana a construir un once y una rotación en la que la juventud tuvo un protagonismo inevitable.

Quizá por eso el Barcelona necesitaba algo más que una victoria. Necesitaba sensaciones. Necesitaba volver a reconocerse. Necesitaba comprobar que, después de un verano de cambios y despedidas, seguía existiendo una estructura capaz de sostener todo aquello que ha convertido al equipo en campeón de Europa. Y el primer examen, aunque todavía sea demasiado pronto para extraer conclusiones definitivas, dejó señales positivas.

El Montpellier llegó al Johan Cruyff dispuesto a incomodar, a hacer del partido un ejercicio de paciencia y a evitar que el Barcelona encontrara espacios con facilidad. El conjunto francés, décimo clasificado entre los doce equipos de la última edición de su campeonato, sabía que no podía discutirle el balón al equipo azulgrana y decidió atrincherarse atrás, juntar líneas y esperar su oportunidad. El planteamiento provocó un encuentro áspero durante los primeros minutos, con interrupciones constantes y un ritmo que no terminaba de favorecer a un Barcelona todavía falto de rodaje.

Las azulgranas habían comenzado los entrenamientos el pasado 28 de julio y llegaban después de cinco días de concentración en Andorra, por lo que el encuentro tenía más de punto de partida que de examen definitivo. Había piernas que todavía buscaban su mejor estado, automatismos que necesitaban tiempo y jugadoras que todavía estaban aprendiendo a interpretar los movimientos de sus nuevas compañeras. Pero incluso en ese escenario el Barcelona se hizo dueño de la pelota.

El balón era azulgrana, el escenario era azulgrana y la iniciativa también. El Montpellier esperaba y el Barcelona buscaba. Una y otra vez, el conjunto de Pere Romeu intentaba encontrar la grieta que permitiera romper el muro francés, aunque durante buena parte de la primera mitad faltó precisión en ese último pase que convierte el dominio en ocasiones claras. El partido parecía avanzar lentamente hacia el descanso, como si el eclipse que había marcado la jornada también hubiera dejado una sombra sobre el área visitante.

Pero el fútbol tiene sus propios momentos de luz.

Cuando todo parecía encaminado hacia el descanso con el marcador todavía intacto, apareció Patri Guijarro. En el tiempo añadido de la primera mitad, el Barcelona encontró por fin el premio a su insistencia en una acción embarullada dentro del área. El balón quedó suelto, apareció Patri en el lugar adecuado y la centrocampista azulgrana no perdonó. El 1-0 llegó en el minuto 45+2 y permitió al Barcelona marcharse al vestuario con una ventaja que había buscado durante prácticamente toda la primera mitad.

Parecía que el guion se había puesto de cara para las campeonas de Europa, pero el Montpellier tenía preparada una respuesta. Apenas seis minutos después del descanso, el conjunto francés aprovechó una acción aislada para devolver el equilibrio al marcador. Justine Rouquet recibió en la frontal y conectó una volea que sorprendió a Cata Coll. El balón terminó en la red y el 1-1 volvió a poner en cuestión todo lo construido por el Barcelona durante la primera parte.

Pero aquel golpe no hizo desaparecer al Barcelona. Ni siquiera le hizo perder la paciencia.

El equipo azulgrana continuó con su idea, mantuvo la posesión y entendió que el partido no iba a resolverse por precipitación, sino por talento. Y entonces apareció Caroline Graham Hansen. La noruega, una de las grandes supervivientes del Barcelona de los últimos años, asumió el papel de protagonista que tantas veces ha desempeñado y decidió que había llegado el momento de romper el partido.

La banda derecha se convirtió en su territorio. Allí empezó a aparecer una y otra vez, encarando, conduciendo, desbordando y obligando al Montpellier a retroceder varios metros. Graham Hansen encontró espacios donde antes no los había y convirtió el partido en un escenario perfecto para recordar que el talento individual también puede abrir caminos cuando el juego colectivo todavía está en fase de construcción.

En el minuto 56 nació de sus botas la acción que acabaría convirtiéndose en el 2-1. La noruega volvió a desequilibrar, generó el caos dentro del área y Claudia Pina apareció para aprovechar un rechace y enviar el balón al fondo de la portería. El Barcelona recuperaba la ventaja y, con ella, una tranquilidad que hasta entonces había estado lejos de instalarse definitivamente en el Johan Cruyff.

El partido comenzó entonces a parecerse mucho más a lo que el Barcelona quería que fuera. El Montpellier había resistido durante largos minutos, pero el desgaste de defender permanentemente cerca de su área terminó pasando factura. El equipo azulgrana encontraba cada vez más espacios y Graham Hansen seguía haciendo de las suyas. El tiempo avanzaba y el resultado parecía encaminado, aunque todavía quedaba una última imagen para cerrar la tarde.

En el minuto 84, nuevamente desde la banda derecha, Graham Hansen volvió a fabricar una acción de talento. La noruega llegó hasta la línea de fondo y puso el balón donde solo hacía falta una pierna para empujarlo. Mayssa Baha apareció en el momento exacto, presentó la bota ante la portería y convirtió el pase en el definitivo 3-1. La victoria quedaba sellada y el Barcelona podía comenzar oficialmente su pretemporada con una sonrisa.

Y mientras el fútbol encontraba sus propias luces y sombras sobre el césped, el cielo seguía siendo parte del espectáculo. El eclipse solar que había atravesado España durante la jornada convirtió este miércoles en una fecha extraordinaria. Durante horas, las miradas se dirigieron hacia arriba para contemplar un fenómeno que oscureció el cielo y que despertó una expectación extraordinaria mucho más allá de nuestras fronteras. El Barcelona, consciente de la coincidencia, repartió 1.500 gafas entre los aficionados presentes en el Johan Cruyff para que también pudieran vivir ese momento. Incluso Raphinha, jugador del primer equipo masculino, estuvo en las gradas equipado con una de esas gafas y siguiendo desde cerca el estreno de sus compañeras.

Era difícil imaginar un escenario más simbólico para comenzar una nueva etapa. Mientras la luna ocultaba parcialmente la luz del Sol y millones de personas contemplaban fascinadas cómo el cielo cambiaba durante unos minutos, el Barcelona afrontaba su propio proceso de transformación. Una generación se ha marchado, otras jugadoras han llegado y algunas de las que ya estaban deberán asumir ahora un protagonismo todavía mayor. El equipo no puede vivir eternamente mirando hacia atrás, aunque tampoco puede olvidar todo aquello que le ha llevado hasta aquí.

Por eso la victoria ante el Montpellier adquiere un significado especial. No por el resultado, porque estamos ante el primer amistoso de una pretemporada todavía incipiente y porque el calendario apenas acaba de comenzar a avanzar. Tampoco porque el 3-1 permita afirmar que todos los problemas están resueltos o que el nuevo Barcelona ya está construido. Lo importante está en la capacidad de empezar a caminar después de un verano que ha dejado una huella profunda.

Alexia ya no está. Tampoco están Salma, Ona o Mapi. Han cambiado piezas fundamentales de un equipo que durante años se acostumbró a competir por todo y a ganar casi todo. Pero el Barcelona sigue ahí. Patri Guijarro sigue ahí. Claudia Pina sigue ahí. Graham Hansen sigue ahí. Y alrededor de ellas comienza a crecer una nueva generación que deberá entender que vestir la camiseta azulgrana no consiste únicamente en heredar una responsabilidad, sino en convertirla en una oportunidad.

Kerolin Nicoli apenas tuvo tiempo para mostrar lo que puede aportar, pero su entrada en el minuto 78 fue otro de esos pequeños símbolos que explican hacia dónde quiere dirigirse el club. El fichaje más caro de la historia de la sección todavía no pudo dejar una gran huella futbolística en su estreno, pero ya dio el primer paso. Renee Van Asten también comenzó a descubrir su nuevo hogar y Martina Fernández regresó después de su experiencia en Inglaterra. El futuro comenzó a asomarse tímidamente mientras el pasado seguía presente en cada rincón del estadio.

El Barcelona, además, todavía tiene dos pruebas importantes por delante antes de comenzar oficialmente la competición. El próximo sábado 15 de agosto visitará al Manchester City y el viernes 21 disputará el Trofeo Joan Gamper frente al Brighton inglés. Será en esos encuentros cuando el equipo pueda seguir aumentando su ritmo, recuperando efectivos y dando forma a un proyecto que todavía necesita tiempo para adquirir todos sus automatismos. Después llegará el verdadero comienzo de la temporada, el 30 de agosto ante el Costa Adeje Tenerife Egatesa, ya con los puntos en juego y con una Liga en la que el Barcelona volverá a partir con la obligación de competir por todo.

Este miércoles, sin embargo, no era necesario pedirle demasiado al equipo. Bastaba con volver a verlo competir. Bastaba con comprobar que el balón volvía a rodar en el Johan Cruyff y que, pese a todas las despedidas, seguía existiendo una identidad reconocible. Bastaba con descubrir que Patri, Pina y Graham Hansen podían asumir el protagonismo y que nuevas jugadoras empezaban a llamar a la puerta de una historia que ya es enorme.

El eclipse pasó. La oscuridad fue momentánea y la luz regresó al cielo. También pasará el vacío que dejan algunas despedidas, aunque determinadas ausencias permanezcan para siempre en la memoria. Porque los ciclos terminan, las grandes futbolistas se marchan y las camisetas cambian de dueña, pero el Barcelona continúa. Y este miércoles, mientras España miraba al cielo fascinada por uno de los grandes fenómenos naturales de los últimos tiempos, el conjunto blaugrana miró al futuro desde el césped del Johan Cruyff.

El eclipse pudo oscurecer el cielo durante unos minutos. Pudo captar la atención del mundo entero. Pudo convertir una jornada cualquiera en una fecha para recordar. Pero no pudo eclipsar al Barcelona. Porque entre despedidas, estrenos, ausencias, nuevas caras y una generación que comienza a tomar el relevo, el equipo de Pere Romeu encontró la luz que necesitaba para iniciar su camino: un 3-1 ante el Montpellier, tres goles, una victoria y la certeza de que, aunque algunas estrellas hayan dejado de iluminar el Johan Cruyff, todavía queda mucha luz por delante.

📋 Ficha técnica |

Barça: Gemma Font (Cata Coll, min. 45), E. Brugts (Daniela, min. 60), Van Asten, M. Torrejón (C) (Paredes, min. 60), Martina (Llorella, min. 60); Patri (Vizuete, min. 60), Pina (Lídia Gibert, min. 60 y Kerolin, min. 77), Vicky (Sydney, min. 45); Liv (Graham, min. 45), Pajor (Mayssa, min. 60), Lúa Arufe (Carolina, min. 45).

Montpellier: Yilmaz, Baylet, Gilard, Jelencic, Revelli, Tchakounté, Torrent, Binate, Rouquet, Fontaine (Olezkievicz 41’), Chabod.

Árbitras: Ainara Andrea, Alexia Mayer, Andrea Salvador e Irene López

Goles |

1-0 Patri Guijarro 45’ ⚽️

1-1 Rouquet 51’ ⚽️

2-1 Claudia Pina 55’ ⚽️

3-1 Mayssa 86’ ⚽️

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