
🟨 La salida anticipada de DAZN ha obligado a la Liga F Moeve a reabrir la puja por sus derechos audiovisuales a pocas semanas del comienzo de la temporada 2026/27. El Lote 1, que incluye ocho partidos de cada jornada para su emisión en cerrado, tiene un precio de reserva de cinco millones de euros por temporada, mientras que Netflix habría comprometido 200 millones de dólares por los derechos del Mundial femenino de Brasil 2027 en Estados Unidos y Canadá. La diferencia permite poner en perspectiva el valor actual del fútbol femenino español: repartiendo el precio de reserva del Lote 1 entre los 240 partidos de una temporada, cada encuentro representa unos 20.833 euros, frente a aproximadamente 3,125 millones de dólares por partido del Mundial. Incluso teniendo en cuenta que son productos completamente diferentes, el encuentro mundialista puede resultar alrededor de 127 veces más caro. Y todo ello ocurre mientras la Liga F viene de crecer un 11,2 % en audiencia y alcanzar los 7,5 millones de espectadores.

La encrucijada audiovisual que llega, además, en uno de los momentos más importantes desde la profesionalización de la competición. La salida anticipada de DAZN ha obligado a abrir una segunda ronda de ofertas por los derechos televisivos de la temporada 2026/27 después de que la primera puja no alcanzara los precios de reserva establecidos para los principales lotes en España. La competición necesita encontrar un nuevo operador a pocas semanas del inicio del campeonato, pero el verdadero debate que se encuentra detrás de esta negociación es mucho más profundo: cuánto vale actualmente el fútbol femenino español y cuánto puede llegar a valer si consigue convertir su crecimiento de audiencia en un crecimiento real de su producto audiovisual.
La comparación con el Mundial femenino de Brasil 2027 permite poner esa diferencia en cifras de una manera especialmente contundente. No se trata de comparar directamente dos competiciones que tienen una naturaleza, una periodicidad, una audiencia potencial y un mercado completamente diferentes, porque sería injusto y económicamente poco riguroso. La Copa del Mundo es el gran acontecimiento internacional del fútbol femenino y se disputa cada cuatro años, mientras que la Liga F es una competición doméstica que ofrece partidos cada semana durante prácticamente toda la temporada. Sin embargo, colocar ambas cifras una junto a otra sí permite entender la enorme distancia que todavía existe entre el valor audiovisual de una liga nacional y el que puede alcanzar el mayor torneo de selecciones del mundo.
El Lote 1 de los derechos audiovisuales de la Liga F tiene establecido un precio de reserva de cinco millones de euros por temporada. Las condiciones de comercialización establecen que este paquete incluye ocho partidos de cada jornada de la Primera División femenina para su emisión en cerrado, en directo y en régimen de exclusividad, aunque cuatro de esos encuentros también pueden ser explotados por el adjudicatario del Lote 2 en modalidad abierta. La Liga F confirmó que ninguna de las ofertas recibidas en la primera ronda alcanzó los precios de reserva de los principales lotes y, por ese motivo, abrió una segunda fase de comercialización cuyo plazo finaliza el 19 de agosto a las 12:00 horas. (Liga F)
La cifra de cinco millones de euros puede parecer elevada si se observa de manera aislada, pero cambia por completo cuando se analiza qué cantidad representa cada partido. La competición cuenta con 16 equipos y 30 jornadas, lo que supone 240 encuentros durante una temporada. Si se toma el precio de reserva del Lote 1 y se divide entre esos 240 partidos, el resultado es de aproximadamente 20.833 euros por encuentro. Es decir, el valor económico medio de cada partido incluido en ese cálculo se sitúa ligeramente por encima de los veinte mil euros.
El Mundial femenino de Brasil 2027 se mueve en una dimensión completamente diferente. La Copa del Mundo contará con 32 selecciones y 64 partidos, y Netflix posee los derechos de retransmisión en Estados Unidos y Canadá para las ediciones de 2027 y 2031. FIFA anunció oficialmente el acuerdo, aunque las partes no hicieron público su valor económico. Posteriormente, Bloomberg informó de que Netflix habría acordado pagar 200 millones de dólares por los derechos de la edición de 2027 en esos mercados, una cantidad que posteriormente fue recogida por diferentes medios especializados y de información económica. (Inside FIFA)
Si se toman esos 200 millones de dólares como referencia y se dividen entre los 64 partidos del Mundial, el resultado es de 3,125 millones de dólares por encuentro. Con una conversión aproximada de 0,85 euros por dólar, estaríamos hablando de alrededor de 2,66 millones de euros por partido. Frente a los aproximadamente 20.833 euros que representa un encuentro del Lote 1 de la Liga F, la diferencia se sitúa en torno a 127 veces. Dicho de otra manera, el valor medio atribuido a un partido del Mundial en ese acuerdo estadounidense sería equivalente al de más de un centenar de partidos de Liga F.
La comparación, evidentemente, tiene que hacerse con cautela. Los 200 millones de dólares no son el precio mundial de todos los derechos del torneo, sino una cifra reportada para los derechos en Estados Unidos y Canadá. Tampoco significa que FIFA haya establecido oficialmente que cada partido del Mundial tenga un valor de 3,125 millones de dólares. Se trata de una división matemática que permite visualizar el valor medio equivalente del acuerdo reportado. Del mismo modo, los 20.833 euros de la Liga F no constituyen el precio que un aficionado paga por consumir un encuentro, sino el resultado de distribuir entre los 240 partidos de la temporada el precio de reserva fijado para el Lote 1.
Precisamente por eso, el titular más interesante no está en afirmar que un partido de Liga F “vale” 20.833 euros o que un partido del Mundial “vale” 2,66 millones. La verdadera noticia está en la diferencia entre ambos mercados audiovisuales y en lo que esa distancia revela sobre el potencial de crecimiento de la competición española. La Liga F todavía se encuentra muy lejos de los niveles de valoración económica de las grandes propiedades internacionales, pero los datos de audiencia indican que el producto ya no se encuentra en una fase en la que tenga que demostrar que existe interés por él.
La última temporada es una prueba evidente. La Liga F cerró el curso 2025/26 con 7,5 millones de espectadores acumulados, lo que supone un crecimiento del 11,2 % respecto a la temporada anterior. La propia competición destacó el incremento de audiencia asociado al nuevo modelo audiovisual y a la apuesta por la emisión de partidos en abierto durante la segunda parte de la campaña. El Real Madrid-Barcelona se convirtió, además, en el partido más visto de la historia de la Liga F, con 685.335 espectadores. (Liga F)
Ese dato es especialmente importante porque demuestra que el público existe. La discusión ya no debería centrarse únicamente en si el fútbol femenino español es capaz de generar audiencia, sino en cómo se consigue que esa audiencia sea recurrente, medible y suficientemente atractiva para los operadores audiovisuales y los anunciantes. La diferencia entre tener espectadores y convertir esos espectadores en valor económico es precisamente uno de los grandes retos que tiene ahora mismo la competición.
La situación resulta todavía más paradójica porque la Liga F se encuentra ante una audiencia creciente y, al mismo tiempo, ante un mercado audiovisual que no ha alcanzado el precio mínimo que la propia competición había establecido. La primera ronda de ofertas quedó por debajo de los precios de reserva de los Lotes 1 y 2, fijados respectivamente en cinco y dos millones de euros por temporada. Por esa razón, la Liga F abrió una segunda ronda el 12 de agosto, con un plazo para presentar nuevas propuestas que termina el 19 de agosto al mediodía. (Diario AS)
El Lote 1 es especialmente relevante porque concentra ocho partidos de cada jornada en régimen de exclusividad para su emisión en cerrado. Si se mantiene como referencia el precio de cinco millones de euros, la Liga F está pidiendo al mercado una cantidad que, repartida entre los 240 encuentros de una temporada, supone esos aproximadamente 20.833 euros por partido. Es una cantidad extraordinariamente pequeña si se compara con el valor medio que representa el acuerdo reportado de Netflix para el Mundial, aunque la comparación no pueda trasladarse directamente a una negociación entre ambos productos.
La razón de la diferencia es evidente. Netflix no está comprando simplemente 64 partidos. Está adquiriendo los derechos de uno de los mayores acontecimientos deportivos del planeta en dos mercados con una enorme capacidad comercial, dentro de una competición que concentra durante unas semanas la atención de millones de personas y que reúne a las mejores selecciones nacionales. El Mundial tiene una escasez natural que aumenta su valor: solo existe cada cuatro años y, durante su celebración, compite por convertirse en uno de los grandes acontecimientos deportivos del calendario internacional.
La Liga F, en cambio, tiene que construir su valor desde la continuidad. Tiene 240 partidos cada temporada y eso puede ser tanto una fortaleza como una dificultad. La fortaleza está en que el producto existe cada semana, permite crear hábitos de consumo y ofrece una cantidad enorme de contenido. La dificultad es que no todos los encuentros tienen el mismo poder de atracción y que el operador necesita construir una estrategia para que el aficionado no se limite a consumir los grandes enfrentamientos entre los clubes con mayor repercusión.
Ahí se encuentra uno de los grandes desafíos de la competición española. El Real Madrid-Barcelona puede reunir a cientos de miles de espectadores, pero la verdadera consolidación llegará cuando otros partidos también sean capaces de generar audiencias relevantes y cuando los aficionados desarrollen el hábito de seguir a sus clubes jornada tras jornada. Una competición profesional no puede depender exclusivamente de sus grandes escaparates; necesita que todo el calendario tenga valor.
La pasada temporada ofreció precisamente algunas pistas sobre el camino que se puede seguir. El incremento del 11,2 % de la audiencia y la llegada a 7,5 millones de espectadores demuestran que ampliar las ventanas de emisión puede tener un efecto directo sobre el consumo. La televisión en abierto permite llegar a personas que quizá no contratarían específicamente una plataforma de pago, pero que sí pueden convertirse en espectadores habituales cuando encuentran el partido de manera sencilla.
fundamental en la nueva negociación. La Liga F necesita maximizar el valor económico de sus derechos, pero también necesita asegurarse de que el nuevo modelo no reduzca las posibilidades de crecimiento de la audiencia. Un acuerdo que aumentase los ingresos a corto plazo, pero limitase considerablemente la exposición del campeonato, podría terminar siendo menos beneficioso para la competición a medio y largo plazo.
El nuevo operador, por tanto, debería entenderse como algo más que un comprador de derechos. Debería ser un socio para el crecimiento del producto. La televisión tiene capacidad para construir estrellas, generar rivalidades, promocionar partidos y convertir determinadas jornadas en acontecimientos. La Liga F necesita aprovechar esa capacidad para que el espectador no vea únicamente los 90 minutos de un partido, sino que empiece a consumir la competición como un producto deportivo completo.
El caso de Netflix con el Mundial femenino demuestra precisamente la importancia de esa estrategia. La compañía ha apostado por un acontecimiento que no solo tiene valor durante los partidos, sino que genera conversación, contenidos, promoción y una enorme atención mediática alrededor de cada jornada. La plataforma ha identificado el fútbol femenino como una propiedad capaz de generar interés en un mercado como el norteamericano y ha realizado una inversión que, según la cifra reportada, alcanza los 200 millones de dólares para la edición de 2027. (Spokesman)
La Liga F no puede competir con el Mundial en ese terreno, pero tampoco necesita hacerlo. Su valor está en otra parte. La competición española puede ofrecer una continuidad que una Copa del Mundo no tiene, porque mientras el Mundial desaparece durante cuatro años entre edición y edición, la Liga F está presente cada fin de semana durante toda una temporada. Esa relación constante con el aficionado puede convertirse en una de sus principales fortalezas comerciales si se consigue explotar correctamente.
La clave está en convertir cantidad en valor. Tener 240 partidos no significa automáticamente que esos encuentros tengan un enorme valor audiovisual, pero sí proporciona 240 oportunidades diferentes para construir audiencia, generar historias, promocionar jugadoras, atraer patrocinadores y consolidar comunidades de aficionados. Cada jornada ofrece nuevos protagonistas y cada temporada permite desarrollar nuevas narrativas.
El fútbol femenino español cuenta además con una ventaja que hace unos años parecía mucho más difícil de alcanzar: sus clubes y sus jugadoras ya tienen una enorme capacidad de reconocimiento. Real Madrid, Barcelona y Atlético cuentan con una presencia internacional cada vez mayor, mientras que otros clubes de la Liga F están desarrollando proyectos deportivos y comerciales que permiten ampliar la base del campeonato. La selección española, por su parte, ha contribuido de forma decisiva a incrementar el interés por las futbolistas nacionales y a convertirlas en referentes para nuevas generaciones.
El reto consiste ahora en que ese reconocimiento individual se transforme en reconocimiento colectivo de la competición.
La televisión desempeña un papel fundamental en ese proceso. Una jugadora que aparece regularmente en una retransmisión puede generar una conexión mucho mayor con el público. Un club que tiene partidos visibles puede aumentar su comunidad digital. Un patrocinador que aparece asociado a un equipo que llega a miles de espectadores puede justificar mejor su inversión. Y una liga que reúne todas esas piezas puede aumentar progresivamente el precio de sus derechos.
Por eso, la diferencia entre los aproximadamente 20.833 euros equivalentes por partido de Liga F y los aproximadamente 2,66 millones de euros del Mundial no debe contemplarse únicamente como una fotografía del presente. También puede entenderse como una fotografía del margen que existe para el futuro.
La distancia es enorme, pero no necesariamente permanente.
El fútbol femenino español ha demostrado en los últimos años que puede avanzar a gran velocidad cuando se producen las condiciones adecuadas. La profesionalización, el crecimiento de las estructuras de los clubes, el aumento de la inversión, la repercusión de la selección española y el interés creciente de los aficionados han cambiado radicalmente el escenario respecto al que existía hace una década.
La evolución de la audiencia es otro argumento que no puede ignorarse. Los 7,5 millones de espectadores alcanzados durante la temporada 2025/26 representan una base importante sobre la que seguir construyendo. El crecimiento del 11,2 % demuestra que todavía existe capacidad para atraer nuevos públicos. Y los 685.335 espectadores del Real Madrid-Barcelona ofrecen una muestra clara del techo que pueden alcanzar determinados acontecimientos cuando existe suficiente interés y una buena distribución audiovisual. (Liga F)
Ahora falta conseguir que ese crecimiento tenga una traducción económica.
La segunda ronda de ofertas será, en ese sentido, una prueba muy importante. El mercado tendrá que decidir si está dispuesto a pagar los cinco millones de euros establecidos como precio de reserva para el Lote 1, después de que ninguna propuesta alcanzara esa cantidad en la primera fase. La Liga F, por su parte, tendrá que valorar si mantiene sus expectativas económicas o si necesita adaptar su estrategia para encontrar el equilibrio entre el valor que considera justo para su producto y lo que los operadores están dispuestos a pagar. (Diario AS)
Todo ello sucede con el calendario en contra. La temporada 2026/27 comenzará a finales de agosto y los clubes ya están inmersos en sus respectivas pretemporadas. De hecho, la primera jornada ya ha sufrido modificaciones en algunos de sus horarios debido a la participación europea de los equipos españoles, mientras la competición continúa sin tener adjudicado oficialmente su nuevo operador audiovisual. El derbi entre Atlético y Real Madrid, por ejemplo, ha sido trasladado al domingo 30 de agosto a las 21:00 horas por la participación del conjunto madridista en la fase previa de la Champions.
La situación coloca todavía más presión sobre la Liga F. Los clubes necesitan saber dónde se emitirán sus partidos, los patrocinadores necesitan conocer qué exposición tendrán y los aficionados necesitan disponer de información clara antes de que comience la competición. El nuevo acuerdo no puede limitarse a resolver una cuestión contractual; debe proporcionar estabilidad a todo el ecosistema.
La salida de DAZN un año antes de lo previsto ha provocado un vacío que ahora debe cubrirse. Pero ese vacío también puede convertirse en una oportunidad para construir un modelo diferente. La Liga F tiene la posibilidad de buscar un operador que no solo garantice la emisión de los partidos, sino que también contribuya a aumentar su exposición, a mejorar la producción y a hacer crecer el consumo de la competición.
Movistar aparece como uno de los actores mejor posicionados dentro del escenario que se está configurando, aunque todavía no existe una adjudicación definitiva y el proceso continúa abierto. Al mismo tiempo, el papel que puedan desempeñar Teledeporte, TEN TV y las televisiones autonómicas será relevante para determinar cuánto fútbol femenino podrá verse en abierto y qué alcance tendrá finalmente el nuevo modelo audiovisual.
La cuestión no es menor porque la experiencia de la última temporada ha demostrado que la emisión en abierto puede ser una herramienta de crecimiento. Si la Liga F quiere seguir aumentando sus 7,5 millones de espectadores, necesitará encontrar una fórmula que combine la rentabilidad económica de los derechos de pago con la capacidad de alcance de las emisiones abiertas.
El objetivo debería ser construir una pirámide de audiencia. Los grandes partidos tienen que atraer a los espectadores ocasionales, mientras que el resto de jornadas deben servir para convertirlos en seguidores habituales. Un aficionado que entra en la competición por un Real Madrid-Barcelona debe tener después motivos para quedarse y descubrir otros clubes, otras futbolistas y otras historias.
Esa es la diferencia entre vender partidos y vender una competición.
El Mundial de Brasil 2027 tiene esa capacidad de manera natural porque concentra durante unas semanas a las mejores selecciones del planeta. La Liga F tiene que construirla jornada a jornada. El Mundial puede generar un acontecimiento global por su propia naturaleza; la Liga F necesita crear acontecimientos dentro de una temporada completa.
Y ahí es donde los derechos audiovisuales tienen una importancia estratégica.
El precio de reserva de cinco millones de euros del Lote 1 puede parecer pequeño al lado de los 200 millones de dólares reportados para el Mundial, pero también hay que tener en cuenta que el acuerdo de Netflix se limita a los derechos de dos mercados concretos, mientras que la Liga F está comercializando paquetes con características distintas y con una estructura de lotes que incluye España, Andorra y diferentes territorios europeos. La comparación sirve para visualizar magnitudes, no para establecer una equivalencia contractual.
Lo realmente relevante es que, incluso con todas esas diferencias, la distancia sigue siendo extraordinaria.
Un partido de Liga F, tomando el precio de reserva del Lote 1, representa aproximadamente 20.833 euros. Un partido del Mundial femenino, tomando la cantidad de 200 millones de dólares reportada para Netflix y dividiéndola entre 64 encuentros, representa 3,125 millones de dólares. La diferencia nominal es de aproximadamente 150 veces si se comparan las cantidades directamente en sus monedas; al trasladarlas a euros con un cambio orientativo de 0,85 euros por dólar, la distancia se sitúa alrededor de 127 veces.
Eso significa que, incluso después de realizar una comparación prudente, el contraste continúa siendo gigantesco.
La conclusión no debería ser que la Liga F está infravalorada simplemente porque no alcanza los niveles económicos de un Mundial. Sería una conclusión demasiado sencilla. La verdadera conclusión es que el fútbol femenino español todavía tiene un enorme margen para desarrollar su mercado audiovisual y para conseguir que el crecimiento de audiencia se refleje progresivamente en el valor de sus derechos.
La propia evolución de la competición demuestra que existe una base para hacerlo. Hace años, la prioridad era conseguir visibilidad. Después llegó la profesionalización y la necesidad de construir un modelo económico sostenible. Ahora la siguiente fase debe consistir en convertir esa visibilidad en valor comercial.
Los 7,5 millones de espectadores son un argumento. El crecimiento del 11,2 % es otro. Los 685.335 espectadores del Real Madrid-Barcelona son otro todavía más contundente. Todos ellos indican que el interés existe y que, cuando el producto se coloca delante del público, hay capacidad para generar consumo.
gran cuestión es si ese interés puede mantenerse y multiplicarse durante toda una temporada.
Si la respuesta es afirmativa, el valor de los derechos tendrá que crecer con el tiempo. No necesariamente hasta acercarse al Mundial, porque esa comparación sería irreal, pero sí hasta alcanzar cifras que reflejen mejor el peso que la competición tiene dentro del deporte español.
La Liga F tiene además una ventaja temporal que puede jugar a su favor. La edición de 2027 del Mundial será un escaparate extraordinario para el fútbol femenino y puede generar un nuevo incremento de interés por las jugadoras y las competiciones nacionales. La celebración del torneo en Brasil pondrá nuevamente al fútbol femenino en el centro de la conversación internacional y puede convertirse en una oportunidad para que las ligas domésticas aprovechen ese impulso.
España puede beneficiarse especialmente de ello por la presencia de una generación de futbolistas que ya ha demostrado su capacidad para competir al máximo nivel internacional.
Pero para aprovechar ese impulso hará falta tener un producto audiovisual preparado.
No basta con que las futbolistas españolas sean protagonistas con la selección. También tienen que ser reconocibles en sus clubes. No basta con que un Real Madrid-Barcelona supere los 685.000 espectadores. La competición necesita que otros partidos alcancen cifras cada vez mayores. No basta con que existan 7,5 millones de espectadores acumulados. Hay que conseguir que cada temporada sean más y que una parte cada vez mayor de ellos se convierta en público habitual.
El nuevo acuerdo de derechos será una pieza esencial para conseguirlo.
La segunda ronda de ofertas, abierta el 12 de agosto, tiene como fecha límite el 19 de agosto a las 12:00 horas y, según el procedimiento establecido, ese mismo día se evaluarán las propuestas y se procederá a la adjudicación provisional. La firma del contrato está prevista dentro de los cinco días laborables siguientes, salvo que se acuerde otra fecha. (Liga F)
La Liga F llega, por tanto, a este momento con una mezcla de incertidumbre y oportunidad. La incertidumbre procede de la salida de DAZN y de una primera ronda en la que el mercado no alcanzó los precios mínimos establecidos. La oportunidad procede de los datos de audiencia, del crecimiento del fútbol femenino y de la posibilidad de construir un modelo audiovisual más ambicioso.
La cifra de Netflix ayuda a entender por qué merece la pena mirar mucho más allá de la negociación inmediata.
Los 200 millones de dólares reportados para el Mundial femenino de 2027 en Estados Unidos y Canadá demuestran que una gran propiedad de fútbol femenino puede alcanzar una valoración extraordinaria. FIFA confirmó el acuerdo con Netflix como un acuerdo histórico para las ediciones de 2027 y 2031, aunque no hizo públicos sus términos económicos.
Liga F no puede aspirar a replicar ese modelo, pero sí puede aprender de él. Puede aprender que el valor audiovisual no depende únicamente del número de partidos, sino de la capacidad de convertirlos en contenido atractivo. Puede aprender que la distribución es fundamental. Puede aprender que las estrellas importan, pero también que las historias, las rivalidades y la continuidad pueden convertir una competición en un hábito.
Y puede aprender, sobre todo, que el fútbol femenino ya ha demostrado que existe un mercado dispuesto a pagar cantidades muy importantes por sus grandes propiedades.
Ahora corresponde a la Liga F construir la suya.
La comparación de los 20.833 euros por partido frente a los aproximadamente 2,66 millones de euros del Mundial no debe utilizarse para establecer un precio artificial para la competición española. Debe utilizarse como una referencia para comprender el enorme recorrido que todavía existe. Entre ambos extremos hay un espacio de crecimiento que dependerá de la capacidad de la Liga F para aumentar su audiencia, mejorar su producto, ampliar su distribución y demostrar que los millones de espectadores que ya siguen el campeonato pueden convertirse en una base sólida y estable.
La próxima temporada será un capítulo fundamental en ese proceso.
La salida de DAZN obliga a empezar de nuevo en el plano audiovisual, pero también permite plantear una pregunta que debería acompañar a la competición durante los próximos años: si hoy un partido de Liga F representa aproximadamente 20.833 euros dentro del precio de reserva del Lote 1, ¿cuánto podrá representar dentro de cinco años si el campeonato mantiene el crecimiento de audiencia y consigue consolidar su producto?
La respuesta dependerá de muchas variables, pero una cosa parece clara: el margen existe.
La Liga F acaba de demostrar que puede crecer un 11,2 % en audiencia y alcanzar 7,5 millones de espectadores. También ha demostrado que un partido como el Real Madrid-Barcelona puede reunir a 685.335 espectadores.
Ahora necesita convertir esos datos en argumentos económicos para los próximos operadores y patrocinadores.
Porque la verdadera batalla no consiste únicamente en encontrar quién emitirá la Liga F durante la temporada 2026/27. La verdadera batalla consiste en conseguir que cada temporada la competición valga más que la anterior.
Hoy, un partido de Liga F es extraordinariamente barato en comparación con el valor medio atribuido a un partido del Mundial femenino de Brasil 2027. La diferencia ronda las 127 veces si se utiliza como referencia el precio de reserva del Lote 1, los 200 millones de dólares reportados para Netflix y una conversión aproximada a euros. Es una distancia enorme, pero también una fotografía clara del camino que todavía tiene por delante el fútbol femenino español.
La Liga F no necesita ser el Mundial, así de tajantes podemos ser a esta altura del artículo y lo que precisa es conseguir que el mercado entienda que sus 240 partidos, sus clubes, sus jugadoras, sus rivalidades y sus millones de espectadores tienen un valor que todavía puede crecer mucho más.
Y la segunda ronda de ofertas que acaba de abrirse puede ser el primer examen para comprobar hasta dónde está dispuesto a llegar ese mercado.
















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