
🟨 Alexia Putellas no se ha marchado del Barcelona porque le faltara algo que ganar. Se ha marchado precisamente porque lo había ganado casi todo. A los 32 años, después de 14 temporadas en el club que la convirtió en leyenda, cuatro Champions, diez Ligas, 38 títulos y dos Balones de Oro, la centrocampista ha decidido hacer algo que durante buena parte de su carrera parecía inimaginable: empezar de cero. Londres no es únicamente un nuevo destino. Es la primera gran incógnita de una carrera construida sobre certezas. Y Alexia, lejos de tener miedo a no conocer la respuesta, parece haber encontrado en esa incertidumbre la razón para seguir jugando.

Alexia Putellas ha cambiado una certeza por una incógnita. Y después de haberlo ganado prácticamente todo, quizá no exista una decisión más valiente que volver a empezar. Durante catorce años, Barcelona fue su casa, su escenario, su refugio y también el lugar en el que una niña que jugaba con un balón en cualquier rincón terminó convirtiéndose en una de las futbolistas más importantes de la historia. Allí creció, allí aprendió, allí sufrió, allí se levantó y allí construyó una carrera que parece imposible de resumir únicamente con números: 38 títulos, cuatro Champions League, diez Ligas, dos Balones de Oro y una colección de recuerdos que han hecho de su nombre una parte inseparable de la transformación del fútbol femenino. Ahora, sin embargo, Alexia ha decidido marcharse.
No porque le faltara algo, no porque necesitara demostrar que todavía podía ganar ni porque Barcelona hubiera dejado de significar algo para ella, sino precisamente después de haberlo conquistado todo, cuando podía haber elegido la comodidad de lo conocido, para hacer algo que llevaba muchísimo tiempo sin experimentar: volver a ser una futbolista nueva. Y Londres es ahora esa incógnita. London City Lionesses se ha convertido en el destino elegido por una futbolista que tenía ante sí la posibilidad de continuar en un entorno conocido y que, sin embargo, ha preferido abrir una puerta completamente diferente. El fichaje representa mucho más que un cambio de camiseta. Supone abandonar por primera vez en su carrera profesional el ecosistema que la acompañó durante catorce años para entrar en una competición diferente, en un vestuario nuevo, en otro país, con otro idioma, otra cultura futbolística y una ciudad que todavía está aprendiendo a hacer suya. A sus 32 años, Alexia Putellas vuelve a ocupar un lugar que parecía reservado para las futbolistas que comienzan sus carreras: el de jugadora nueva que tiene que descubrirlo prácticamente todo. Y lo extraordinario es que no parece tener miedo a esa situación. Más bien al contrario. Cuando le preguntan si todavía puede mejorar después de todo lo que ha conseguido, la respuesta aparece sin ninguna duda: “Sí, por supuesto. Siempre. Día tras día quiero aprender cosas”. Es probablemente una de las frases que mejor explica por qué ha tomado esta decisión. Alexia no entiende su carrera como una sucesión de objetivos que, una vez alcanzados, permiten detenerse. Para ella, jugar al fútbol sigue siendo un proceso permanente de aprendizaje. “Así es como veo este trabajo. Seguir adelante, no parar nunca y ser lo mejor que pueda”, explica. La frase podría pertenecer a una futbolista que todavía busca su primera gran oportunidad, pero en realidad la pronuncia una jugadora que ha ganado dos Balones de Oro, cuatro Champions League, diez Ligas y que ya forma parte de la historia del deporte. Por eso su marcha del Barcelona tiene una dimensión mucho más profunda que la de un simple traspaso o una decisión de mercado. Alexia no necesitaba marcharse para demostrar que podía jugar al máximo nivel. Tampoco necesitaba cambiar de competición para demostrar que todavía podía ganar.
Todo eso ya lo había demostrado. Su decisión nace de otro lugar: de la necesidad de enfrentarse a algo que no controla, de volver a sentir la incertidumbre que desaparece cuando llevas más de una década dentro de la misma estructura y de descubrir qué puede ofrecer todavía una futbolista que, aparentemente, ya lo ha conseguido todo. Durante catorce años, Barcelona fue la certeza. Allí conocía a sus compañeras, al club, al cuerpo técnico, la competición, los automatismos y la exigencia. Sabía lo que significaba jugar un partido importante, conocía la presión que acompañaba a cada encuentro y sabía perfectamente qué esperaba el Barcelona de ella. Londres es todo lo contrario. En London City tendrá que aprender la manera de jugar de sus nuevas compañeras, comprender las ideas de Eder Maestre, adaptarse a otros ritmos y otros espacios, interpretar una competición distinta y encontrar su lugar dentro de un equipo que ya existía antes de su llegada y que tendrá que aprender a convivir con una futbolista de su dimensión. Quizá por eso su elección tenga tanto sentido. Porque Alexia no ha elegido el camino más sencillo. Ha elegido el que más puede enseñarle. London City Lionesses no puede ofrecerle la historia del Barcelona, ni su palmarés, ni su estructura, ni la obligación de luchar cada temporada por todos los títulos. Lo que sí puede ofrecerle es algo que Barcelona ya no podía darle de la misma manera: la posibilidad de participar en el crecimiento de un proyecto desde dentro. Y esa idea parece encajar perfectamente con la mentalidad de una jugadora que lleva años entendiendo el fútbol como una evolución permanente. El proyecto londinense está liderado por Michele Kang, una de las grandes figuras empresariales que han apostado por el crecimiento del fútbol femenino y que pretende convertir London City en una referencia internacional. El club ha aumentado considerablemente su ambición deportiva y ha construido una plantilla capaz de mirar hacia objetivos mucho mayores que los que corresponden a un proyecto recién consolidado en la máxima categoría inglesa. La llegada de Alexia forma parte de esa transformación y representa, probablemente, el mayor símbolo de la nueva dimensión que quiere alcanzar el club. No es únicamente un fichaje de enorme calidad. Es una declaración de intenciones. Alexia llega a un equipo que quiere crecer y ella sabe perfectamente lo que significa formar parte de un proyecto de crecimiento. Antes de convertirse en la gran potencia europea que hoy conocemos, el Barcelona femenino también tuvo que construir su camino. Alexia vivió buena parte de esa evolución desde dentro. Llegó a un club que todavía no tenía la dimensión que alcanzaría años después y terminó siendo una de las protagonistas principales de la transformación.
Ahora puede repetir parte de ese proceso desde otra perspectiva, con mucha más experiencia y conocimiento, pero en un contexto completamente diferente. “Las dos cosas pueden convivir: mi mentalidad y el momento del proyecto”, explica cuando le plantean si su enorme ambición competitiva puede encajar con la situación actual de London City. La respuesta vuelve a mostrar que no necesita que todo esté construido para creer en un proyecto. Su mentalidad no depende del tamaño actual del club. Su ambición no desaparece porque el equipo todavía esté buscando su identidad. Precisamente ahí puede estar uno de los grandes atractivos de la aventura: ayudar a convertir una ambición en una realidad. Y Alexia tampoco quiere que su llegada se convierta en una operación alrededor de una estrella que está por encima del resto. “Voy a aportar al proyecto lo que necesite de mí”, asegura. No habla de privilegios, ni de un papel especial, ni de la necesidad de que todo el equipo juegue para ella. Habla de aportar. Es una diferencia importante, porque resume la forma en la que quiere entrar en el vestuario. No pretende llegar como la futbolista que lo sabe todo. Pretende llegar como una compañera que tiene mucho que ofrecer, pero que también tiene mucho que aprender. Antes de ser la futbolista que ahora es, Alexia fue simplemente una niña que quería jugar. En su casa se veían los partidos del Barcelona y ella buscaba cualquier espacio para tener un balón cerca. “Simplemente tenía el balón en los pies y jugaba todo el tiempo: en el parque, en la calle, a veces en casa”. Aquella niña creció en un momento en el que el fútbol femenino todavía estaba muy lejos de la exposición y el reconocimiento actuales. Ella misma recuerda que, cuando era pequeña, el fútbol era el deporte típico en España, pero no parecía un deporte pensado para las mujeres. Afortunadamente, ese escenario cambió, y Alexia no solo fue testigo de ese cambio: terminó convirtiéndose en una de sus principales protagonistas. Su camino comenzó en las categorías inferiores del Barcelona y pasó por La Masia, aunque aquella primera relación con el club tuvo que interrumpirse cuando desapareció el equipo femenino de su categoría. Entonces llegaron el Espanyol y el Levante, experiencias que terminaron completando una formación que la devolvería a Barcelona en 2012. Tenía apenas 18 años y todavía estaba muy lejos de imaginar la dimensión que acabaría alcanzando su carrera. Lo que vino después ya pertenece a la historia del fútbol femenino: diez Ligas, cuatro Champions League, diez Copas de la Reina, seis Supercopas de España y un total de 38 títulos con el Barcelona, además de dos Balones de Oro consecutivos, en 2021 y 2022. Pero su legado no puede medirse únicamente por los trofeos.
Alexia pertenece a una generación que cambió la percepción del fútbol femenino en España. Su figura trascendió los resultados y se convirtió en referencia para miles de niñas que empezaron a mirar el fútbol femenino de una manera diferente. Su nombre apareció en murales, campañas publicitarias y grandes escenarios internacionales. El reconocimiento alcanzó su máxima expresión con los dos Balones de Oro y con una imagen que se instaló en el imaginario colectivo: la de ‘La Reina’. Sin embargo, Alexia nunca ha terminado de reconocerse en ese personaje. Cuando le recuerdan aquella corona que los medios construyeron alrededor de su figura y que incluso llegó a materializarse en una pieza dorada personalizada que Nike le regaló después de su segundo Balón de Oro, su respuesta resulta reveladora: “Intento no pensar en ello y simplemente ser yo”. Y cuando le plantean que ha dejado una corona en Barcelona después de su salida, responde todavía con mayor contundencia: “No tenía una corona. Es cosa de los medios”. No quiere que su carrera la sitúe por encima de sus compañeras y tampoco pretende que sus nuevas compañeras la contemplen desde una posición de admiración distante. “Yo era simplemente otra compañera de equipo y me siento así, aunque me llamen ‘La Reina’”, explica. Esa mentalidad es la que pretende trasladar ahora a Londres. No quiere que nadie piense que lleva una corona invisible sobre la cabeza. No quiere que su palmarés la convierta en una figura inaccesible. Y tampoco considera que sus nuevas compañeras necesiten que ella llegue como alguien superior. Al contrario, cree que son suficientemente buenas y que lo que necesitan es compartir el terreno de juego con ella, no contemplarla desde la distancia. Esa forma de entender el vestuario conecta directamente con su manera de comprender el fútbol. Para Alexia, el juego no consiste únicamente en ejecutar acciones técnicas. Consiste en leer lo que ocurre y transmitir información. Un pase puede convertirse en una conversación sin necesidad de utilizar una sola palabra. “En mi opinión, si te doy un pase sin hablar, ya te estoy dando información”, explica. La velocidad, la dirección y la intención del balón pueden decirle a una compañera que hay que acelerar, que hay que mantener la posesión, que hay que cambiar el juego o que hay que avanzar. “Quizá te estoy dando ese pase porque quiero que recibas un mensaje como ‘vamos’ o ‘nos quedamos’”, añade. Incluso la intensidad con la que entrega el balón puede tener un significado. Un pase más fuerte puede exigir un control determinado, puede buscar un cambio de orientación o puede pretender acelerar una acción. “Es simplemente lenguaje futbolístico”, resume. Una manera de expresarse que considera especialmente vinculada a su formación en Barcelona y a un modelo de juego en el que la comprensión colectiva siempre tuvo un peso enorme. Para Alexia, entender el contexto es tan importante como ejecutar correctamente una acción. Por eso, cuando recuerda los mejores entrenamientos de su carrera, no se refiere necesariamente a los ejercicios más exigentes desde el punto de vista físico. Habla de aquellos que le permitían comprender qué estaba sucediendo dentro de un partido. “Los mejores ejercicios que he hecho en un entrenamiento tienen que ver con entender lo que está pasando en el partido”. Y después llega una conclusión que resume una de las grandes características de su fútbol: “Si entiendes lo que está pasando en el partido, estarás un paso por delante de tus rivales”. Ahora tendrá que aplicar esa filosofía en un contexto diferente. Tendrá que entender cómo quiere jugar London City, qué movimientos realizan sus compañeras, dónde prefieren recibir, cómo interpreta Maestre cada fase del partido y qué necesita el equipo de ella. “Cuando entreno, intento entender la manera en la que queremos jugar”, explica. Y esa frase resulta especialmente importante porque demuestra que no llega a Inglaterra pensando que el equipo tiene que adaptarse automáticamente a ella. También ella tendrá que adaptarse al equipo. Ese proceso de adaptación puede convertirse en uno de los grandes atractivos de la temporada. Alexia tendrá que aprender los movimientos de sus compañeras, descubrir sus preferencias, entender cuándo debe aparecer entre líneas, cuándo debe bajar a recibir y cuándo debe llegar al área. También tendrá que familiarizarse con una competición que presenta características diferentes a las que ha encontrado durante la mayor parte de su carrera. La Women’s Super League se ha convertido en uno de los grandes centros de poder del fútbol femenino mundial y la posibilidad de competir semanalmente en ese contexto es una de las razones que explican su decisión. Inglaterra representa un desafío deportivo, pero también cultural. Alexia cambia el idioma, la ciudad, el vestuario y la competición. Tiene que acostumbrarse a vivir lejos de su entorno habitual y a construir nuevas rutinas. Londres es una ciudad gigantesca en comparación con muchos de los lugares en los que ha desarrollado su carrera y su adaptación no será únicamente futbolística. Será también personal. Tendrá que construir una nueva vida alrededor del fútbol y aprender a sentirse en casa en un lugar que todavía no lo es. Pero esa incomodidad parece formar parte del atractivo. “Siempre estoy esperando cosas mejores”, explica. No habla de mejores títulos, necesariamente. Habla de mejores experiencias, de nuevas oportunidades, de situaciones que puedan obligarla a crecer. Esa búsqueda es la que explica que, después de catorce años, haya decidido abandonar el club en el que tenía absolutamente todo controlado.
La Alexia que llega a Inglaterra tampoco es exactamente la misma que salió de Barcelona años atrás para convertirse en una estrella. En el camino hubo una lesión que cambió muchas cosas. La rotura del ligamento cruzado anterior sufrida en 2022, justo antes de la Eurocopa, la obligó a detenerse en uno de los momentos más importantes de su carrera. La lesión la apartó de un torneo para el que estaba llamada a ser protagonista y abrió un periodo largo y complicado de recuperación. Durante meses tuvo que cambiar el césped por la rehabilitación y la competición por la paciencia. Pero aquella experiencia también dejó una enseñanza profunda. “Desde la lesión del cruzado disfruto de todo”, explica. No lo dice en el sentido de haberse convertido en una futbolista menos exigente. Su competitividad sigue intacta. Le encanta ganar, le encanta entrenar, le encanta mejorar y le encanta competir. Lo que cambió fue su capacidad para valorar cada instante. “No se trata simplemente de divertirse. Se trata de aprender algo y después disfrutar de haber aprendido eso”, explica. Ahí está probablemente una de las grandes diferencias entre la Alexia que sufrió aquella lesión y la futbolista que ahora aterriza en Londres. La experiencia le enseñó que el fútbol puede desaparecer de un día para otro y que, cuando vuelve, cada entrenamiento adquiere un significado diferente. Por eso no quiere limitarse a disfrutar de los grandes partidos. Quiere disfrutar también del proceso que conduce hasta ellos. Quiere aprender durante los entrenamientos, conocer a sus compañeras y descubrir nuevas formas de jugar. “Soy simplemente una persona que ama lo que hace”, afirma. Y después lo completa con una declaración que podría resumir toda su carrera: “Me encanta competir, me encanta el fútbol, me encanta entrenar y me encanta mejorar”. No existe resignación en sus palabras. No existe la sensación de que esté entrando en una etapa de su carrera en la que simplemente pretende administrar lo que ya ha conseguido.
Existe hambre. Y esa hambre es precisamente la que London City quiere aprovechar. El club no ha fichado a Alexia para que sea únicamente una imagen internacional. La intención es que sea parte de un proyecto deportivo que quiere crecer. Su experiencia puede ayudar dentro del campo, pero también fuera de él. Puede enseñar a sus compañeras cómo se afrontan determinados partidos, cómo se gestiona la presión, cómo se trabaja después de una derrota y cómo se mantiene el hambre después de haber ganado. Son aprendizajes que no aparecen en ninguna estadística, pero que forman parte del valor de una futbolista que ha vivido prácticamente todas las situaciones posibles. Además, no llegará sola a un entorno completamente desconocido. London City ha reunido a otras futbolistas con vínculos con el fútbol español y con el Barcelona, lo que puede facilitar su adaptación. La presencia de Jana Fernández, una futbolista con la que Alexia comparte una relación personal y futbolística, y la llegada de Mapi León ofrecen elementos de familiaridad dentro de un cambio que, por lo demás, es enorme. También Mary Earps representa otra figura de enorme experiencia internacional dentro de un vestuario que pretende combinar diferentes perfiles y culturas futbolísticas. Ese equilibrio puede ser una de las grandes claves del proyecto. Alexia aporta experiencia, liderazgo y conocimiento del más alto nivel.
Otras jugadoras aportan juventud, energía y hambre. Maestre debe encontrar el punto de unión entre todas ellas. Y Michele Kang pretende proporcionar la estructura necesaria para que ese talento pueda convertirse en resultados. El desafío es enorme porque la Women’s Super League tampoco espera a nadie. Manchester United, Chelsea, Arsenal, Manchester City y otros grandes clubes llevan años compitiendo en una liga que se ha convertido en una de las más exigentes del planeta. Cada partido puede convertirse en una prueba y cada desplazamiento exige adaptación. Alexia lo sabe y precisamente por eso se siente atraída por el desafío. El primer gran examen llegará el 4 de septiembre frente al Manchester United. Será el comienzo de una nueva temporada y, para Alexia, el inicio oficial de una vida futbolística completamente diferente. Hasta entonces, todo será preparación, adaptación, entrenamiento y aprendizaje. Pero cuando llegue ese partido, las fotografías del fichaje desaparecerán, las entrevistas quedarán atrás y los títulos conquistados en Barcelona dejarán de tener importancia durante noventa minutos. No importará que tenga dos Balones de Oro. No importará que haya ganado cuatro Champions League. No importará que haya levantado el Mundial. No importará que haya conquistado 38 títulos. Durante esos noventa minutos será simplemente una futbolista de London City Lionesses intentando ganar un partido de fútbol. Y probablemente sea exactamente lo que quiere. Porque una de las mayores libertades que puede tener una leyenda es dejar de jugar como una leyenda y volver a jugar simplemente como una futbolista. Alexia no necesita que el rival la mire con admiración. No necesita que sus compañeras la contemplen desde una posición diferente. No necesita que el público le recuerde todo lo que ha conseguido. Quiere que el balón vuelva a hablar por ella. Ese es, en realidad, el punto de partida de esta nueva aventura. Alexia no llega a Londres para defender un legado, porque su legado ya está construido. No necesita ganar otra Champions para demostrar que fue una de las mejores de su generación. No necesita otro Balón de Oro para explicar la dimensión de su carrera. No necesita una corona porque, como ella misma ha dicho, nunca sintió que la llevara. Lo que necesita es un reto. Y Londres se lo ofrece. La decisión tiene también un componente histórico. Durante años, las grandes futbolistas españolas permanecían prácticamente toda su carrera en los grandes clubes nacionales. El crecimiento de la Women’s Super League ha cambiado ese escenario. Inglaterra se ha convertido en uno de los destinos más atractivos para las mejores jugadoras del mundo y la llegada de Alexia representa una confirmación de ese cambio. No se trata simplemente de que una estrella española haya decidido probar suerte en Inglaterra. Se trata de que una de las futbolistas más importantes de la historia reciente ha considerado que la competición inglesa puede ofrecerle algo que todavía necesita. Eso es aprendizaje. Y el aprendizaje parece haberse convertido en la palabra que mejor define esta etapa. Aprender una nueva competición. Aprender una nueva ciudad. Aprender un nuevo idioma. Aprender un nuevo vestuario. Aprender una nueva forma de jugar.
Aprender las preferencias de sus compañeras. Aprender lo que Maestre espera de ella. Aprender incluso a ser una futbolista diferente. Porque quizá la gran pregunta no sea qué puede aportar Alexia a London City, sino qué puede aportar London City a Alexia. La respuesta todavía no se conoce. Y eso es precisamente lo emocionante. Durante catorce años, Barcelona le dio prácticamente todas las respuestas. Londres vuelve a ponerle preguntas delante. ¿Cómo será Alexia en la Women’s Super League? ¿Cómo encajará en el sistema de Maestre? ¿Qué posición ocupará? ¿Cómo reaccionará ante el ritmo inglés? ¿Cómo será su relación con sus nuevas compañeras? ¿Hasta dónde puede llevar a London City? ¿Hasta dónde puede llevarla London City a ella? Son preguntas que no se pueden contestar con estadísticas. Solo con fútbol. Y Alexia parece encantada de volver a tener preguntas. “Estoy al 100% comprometida”, asegura. Y cuando habla de sus objetivos, tampoco se esconde detrás de ninguna fórmula diplomática: “Estoy hambrienta de ganar, de ser mejor cada día y de luchar con mis compañeras por la victoria”. Esa declaración podría parecer sencilla, pero adquiere un significado enorme cuando la pronuncia una futbolista que ya ha ganado prácticamente todo lo que podía ganar. La diferencia está en que Alexia no parece haber perdido la necesidad de competir. Quizá la lesión le enseñó a valorar el fútbol. Quizá los títulos le enseñaron que ganar no lo es todo. Quizá los Balones de Oro le demostraron que los reconocimientos individuales tampoco pueden ser el destino final. Quizá los catorce años en Barcelona le enseñaron que incluso las etapas más importantes tienen que terminar algún día. Y quizá Londres sea la consecuencia de todas esas experiencias. La niña que jugaba en el parque sigue existiendo. La joven que tuvo que abandonar Barcelona cuando desapareció su equipo de categoría también forma parte de ella.
La futbolista que pasó por Espanyol y Levante sigue ahí. La jugadora que regresó a Barcelona en 2012 también. La capitana que levantó trofeos. La futbolista que lloró después de una derrota. La campeona de Europa. La campeona del mundo. La doble Balón de Oro. La mujer que tuvo que recuperarse de una lesión de cruzado. La referente que inspiró a miles de niñas. La ‘Reina’ que nunca quiso llevar corona. Todas ellas viajan ahora a Londres. Pero ninguna de esas versiones será suficiente por sí sola. Porque London City necesita conocer a la Alexia que todavía no conocemos. La Alexia que tiene que volver a empezar. La Alexia que tendrá que equivocarse. La Alexia que tendrá que aprender. La Alexia que tendrá que adaptarse. La Alexia que tendrá que competir en un nuevo escenario. Y eso es lo que hace tan especial esta decisión. No se marcha porque no tenga nada más que ganar. Se marcha porque todavía tiene algo que descubrir. No abandona Barcelona para olvidar lo vivido. Lo abandona llevando consigo todo aquello que aprendió. No cambia de país para cerrar su carrera. Lo hace para abrir otra etapa. No busca una corona. Busca un balón. Y quizá por eso la historia de Alexia Putellas en Londres pueda terminar siendo una de las más interesantes de su carrera. Porque en Barcelona ya sabemos cómo terminó. Sabemos que ganó. Sabemos que levantó títulos. Sabemos que hizo historia. Sabemos que se convirtió en leyenda. En Londres, en cambio, todavía no sabemos nada.
Y Alexia tampoco. Eso es lo que la convierte nuevamente en una futbolista. Una futbolista que tendrá que salir al campo y demostrarlo todo otra vez, no porque tenga algo que demostrar al mundo, sino porque ella misma quiere comprobar hasta dónde puede llegar.
El 4 de septiembre, frente al Manchester United, comenzará la respuesta. Será entonces cuando la expectación se transforme en fútbol y cuando la historia del Barcelona quede durante noventa minutos en un segundo plano. Alexia tendrá delante a un rival, a sus nuevas compañeras, a un nuevo entrenador y a una competición que quiere descubrir. Tendrá un balón en los pies y tendrá que hacer lo que lleva haciendo desde que era niña: jugar. Después de catorce años en Barcelona, ha decidido cambiar la certeza por la incógnita. Ha cambiado la comodidad por el desafío, la historia escrita por una página en blanco y el lugar donde ya era leyenda por otro en el que todavía tiene que construir su historia. Ha cambiado el lugar donde lo conocía todo por un escenario en el que todavía tiene muchísimo que aprender. Y quizá esa sea la mayor prueba de que Alexia Putellas todavía tiene hambre. Porque cuando una futbolista lo ha ganado prácticamente todo y aun así decide empezar de nuevo, no está buscando una última oportunidad. Está buscando la siguiente. Alexia no se marcha a Londres para demostrar que fue la mejor. Se marcha porque todavía quiere ser mejor. Y en esa diferencia está probablemente toda la grandeza de su decisión. La reina que nunca quiso corona ha dejado atrás Barcelona, pero no ha dejado atrás su fútbol. La leyenda ha cambiado de camiseta, pero no ha cambiado de ambición. La campeona ha dejado de tener todas las respuestas, pero ha encontrado algo que quizá necesitaba más que cualquier trofeo: nuevas preguntas. Ahora toca responderlas jugando. Porque después de haberlo ganado todo, Alexia Putellas ha decidido volver a empezar. Y esta vez, su próxima historia se escribirá en Londres.














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