Noticia | España, a un paso de Brasil: la vigente campeona del mundo, número uno del ranking FIFA, bicampeona de la UEFA Women’s Nations League y subcampeona de Europa se juega ante Islandia el liderato del Grupo A3 para seguir escribiendo una historia que ya pertenece a la eternidad

(Fuente: RFEF)

⬛️ La Selección Española Femenina afronta el último partido de la fase de clasificación para el Mundial de Brasil 2027 dependiendo únicamente de sí misma. Un empate bastará para sellar el primer puesto del Grupo A3 y conseguir el billete directo hacia una nueva Copa del Mundo, prolongando la era más gloriosa que jamás ha conocido el fútbol femenino español y consolidando el dominio de un equipo que gobierna el planeta desde lo más alto del ranking FIFA.

El fútbol tiene la extraña capacidad de convertir una simple noche de clasificación en un capítulo destinado a permanecer en la memoria colectiva. Hay encuentros que sirven para ganar un título y otros que funcionan como el puente hacia la siguiente conquista. El que la Selección Española Femenina disputará frente a Islandia pertenece a esa segunda categoría. No habrá un trofeo esperando sobre el césped al término de los noventa minutos, no sonará un himno de campeonas mientras las jugadoras levantan una copa al cielo ni se repartirán medallas sobre una tarima.

Sin embargo, el valor de este partido trasciende cualquier ceremonia. Porque lo que está en juego es el derecho a defender la corona conquistada hace cuatro años. Porque el premio es el acceso directo al Mundial de Brasil 2027. Y porque la protagonista de esta historia no es una selección cualquiera, sino la que ocupa el número uno del ranking FIFA, la que conquistó la Copa Mundial de 2023, la que ha levantado de manera consecutiva las dos últimas ediciones de la UEFA Women’s Nations League y la que comparece además como actual subcampeona de Europa, un currículum que sitúa a España en la cima absoluta del fútbol femenino internacional.

No existe en estos momentos una selección con semejante acumulación de éxitos recientes. La Roja ha dejado de perseguir a las grandes potencias para convertirse en la potencia que todas las demás intentan alcanzar. Su fútbol ha marcado tendencia, su modelo de juego ha sido estudiado por federaciones de todo el planeta y sus futbolistas forman parte de la élite mundial en prácticamente todas las posiciones del campo. Cada convocatoria reúne talento, experiencia, juventud, calidad técnica y una competitividad feroz que ha permitido construir uno de los proyectos deportivos más exitosos que ha conocido el deporte español en cualquier disciplina.

El compromiso frente a Islandia representa la culminación de una fase de clasificación que ha vuelto a demostrar el extraordinario nivel competitivo del combinado nacional. Desde el primer encuentro, España asumió el papel de favorita con naturalidad y respondió sobre el terreno de juego con actuaciones propias de un equipo acostumbrado a convivir con la exigencia máxima. Cada jornada ha servido para confirmar que el hambre de este grupo permanece intacta y que el éxito alcanzado durante los últimos años no ha generado conformismo alguno.

La clasificación llega a su momento decisivo con un panorama muy favorable para las españolas. Después de imponerse en un duelo trascendental que reforzó su candidatura al liderato, la selección dirigida por Montse Tomé encara la última jornada dependiendo exclusivamente de sí misma. El cálculo es sencillo: si España gana o empata contra Islandia terminará primera del Grupo A3 y obtendrá la clasificación directa para el Mundial de Brasil 2027.

No necesita mirar hacia el partido entre Inglaterra y Ucrania, no requiere combinaciones improbables ni diferencias de goles favorables. Basta con sumar un punto para confirmar matemáticamente la primera plaza y sellar el billete hacia la gran cita mundialista.

Solo una derrota abriría un escenario diferente. En ese caso, Inglaterra tendría la posibilidad de superar a España si consigue vencer a Ucrania, alterando por completo el desenlace del grupo. Sin embargo, dentro del vestuario español nadie parece dispuesto a conceder espacio a la especulación. La filosofía que ha llevado a este equipo hasta la cima mundial nunca ha consistido en jugar con la calculadora bajo el brazo. Al contrario. España ha construido su identidad atacando, dominando la posesión, imponiendo su personalidad y buscando la victoria desde el primer minuto hasta el último independientemente del contexto clasificatorio.

Esa manera de entender el fútbol explica buena parte de la transformación experimentada por la selección durante la última década. Hubo un tiempo en el que competir con las grandes potencias parecía un objetivo suficiente. Posteriormente llegó el momento de discutirles los partidos. Después aparecieron las primeras semifinales internacionales. Y finalmente irrumpió una generación extraordinaria que decidió cambiar definitivamente la historia para convertir a España en la referencia absoluta del fútbol femenino mundial.

La conquista del Mundial de Australia y Nueva Zelanda en 2023 supuso el mayor hito jamás alcanzado por el combinado nacional. Aquella final elevó a España al olimpo del deporte internacional y confirmó que el fútbol elaborado, la apuesta por el talento y el trabajo desarrollado desde las categorías inferiores habían encontrado su máxima recompensa. Pero, lejos de conformarse con el éxito conseguido, el equipo utilizó aquel triunfo como punto de partida para seguir ampliando un legado que no deja de crecer.

(Fuente: RFEF)

La posterior consecución de la UEFA Women’s Nations League reforzó esa sensación de dominio, demostrando que España era capaz de competir con la misma brillantez en distintos formatos y frente a cualquier rival. La defensa exitosa del título en la siguiente edición terminó por consolidar un dato histórico: la Roja se convirtió en bicampeona consecutiva de la competición continental, reafirmando una regularidad al alcance de muy pocas selecciones.

A ello se suma el hecho de ocupar actualmente el primer puesto del ranking FIFA, una clasificación que no premia únicamente un torneo concreto sino el rendimiento sostenido a lo largo del tiempo. Llegar a lo más alto resulta complicado. Permanecer allí exige una excelencia constante. España lo ha conseguido gracias a una combinación casi perfecta entre resultados, juego y continuidad competitiva.

Y como si semejante colección de logros no fuera suficiente, la selección también comparece como vigente subcampeona de Europa tras completar un campeonato continental extraordinario que únicamente se escapó en el último escalón. Incluso en la derrota, el equipo confirmó que continúa siendo una referencia absoluta y que ningún rival puede sentirse superior cuando comparte terreno de juego con las españolas.

Toda esa trayectoria convierte el duelo frente a Islandia en mucho más que un simple trámite clasificatorio. Es una nueva prueba para una generación acostumbrada a convivir con la presión de las favoritas. Porque cuando una selección alcanza semejante nivel de excelencia deja de sorprender ganar y pasa a sorprender cualquier resultado diferente.

El rival, además, merece el máximo respeto. Islandia lleva años consolidándose como una selección incómoda, intensa y extraordinariamente disciplinada. Su estructura táctica, su capacidad para competir cada balón dividido y su fortaleza en las acciones de estrategia obligan siempre a mantener un elevado nivel de concentración. Aunque sobre el papel la diferencia técnica favorece claramente a España, la experiencia internacional demuestra que ningún encuentro se resuelve antes del pitido inicial y que cualquier exceso de confianza puede convertirse en un problema.

Por ello, el cuerpo técnico ha insistido durante toda la preparación en la necesidad de afrontar el partido con la máxima intensidad. El objetivo es claro: imponer desde el comienzo el estilo de juego que ha convertido a España en la referencia mundial. Dominar el balón, recuperar rápido tras pérdida, generar superioridades mediante la circulación interior, abrir espacios con amplitud por las bandas y someter al rival mediante posesiones largas que terminen desgastando física y mentalmente al adversario.

Ese modelo ha permitido que las futbolistas españolas desarrollen una identidad perfectamente reconocible. No importa el rival ni el escenario. La Roja intenta ser protagonista desde el primer minuto. Busca monopolizar la pelota, controlar el ritmo del partido y obligar al contrario a defender durante largos periodos de tiempo. Esa superioridad posicional ha sido uno de los grandes secretos del éxito reciente y explica por qué tantas selecciones han tratado de imitar aspectos del juego español.

Sin embargo, reducir el crecimiento de España exclusivamente a cuestiones tácticas sería injusto. El verdadero salto cualitativo reside en la mentalidad competitiva adquirida por una generación que ya no siente vértigo ante ningún escenario. Las futbolistas españolas saltan al campo convencidas de que pueden ganar a cualquiera porque lo han demostrado una y otra vez. Han vencido a las mejores selecciones del mundo, han levantado títulos internacionales y han aprendido a gestionar la presión de los grandes momentos.

Ese convencimiento también resulta determinante de cara al encuentro frente a Islandia. Aunque el empate sea suficiente para garantizar el liderato, todo hace pensar que España volverá a buscar el triunfo desde el inicio. Sería coherente con su manera de competir y con la filosofía que la ha llevado hasta la cúspide del fútbol mundial. No se trata únicamente de clasificarse. Se trata de hacerlo enviando un mensaje al resto del planeta: la campeona sigue aquí y continúa preparada para defender su corona.

Porque Brasil 2027 aparece ya en el horizonte como el siguiente gran objetivo de una selección que aspira a entrar definitivamente en la historia del deporte universal. Revalidar un Mundial es uno de los desafíos más difíciles que existen en el fútbol internacional y solo está reservado para equipos capaces de sostener la excelencia durante muchos años consecutivos. España quiere formar parte de ese selecto grupo y el primer paso consiste precisamente en asegurar su presencia en la fase final mediante el liderato del Grupo A3.

La clasificación directa evitaría además cualquier sobresalto añadido y permitiría planificar el camino hacia la Copa del Mundo con la tranquilidad que ofrece haber cumplido el objetivo principal. Un premio merecido para una generación que ha cambiado para siempre la percepción del fútbol femenino en España y que ha inspirado a miles de niñas a soñar con vestir algún día la camiseta de la selección absoluta.

Mientras tanto, el presente exige concentración absoluta. Noventa minutos separan a España de un nuevo éxito internacional. Noventa minutos para confirmar que el primer puesto del ranking FIFA no es una casualidad. Noventa minutos para demostrar que la condición de vigente campeona del mundo sigue plenamente vigente. Noventa minutos para reivindicar el valor de haber conquistado dos UEFA Women’s Nations League consecutivas y para recordar que el reciente subcampeonato de Europa no hizo sino reforzar la competitividad de un grupo irrepetible.

(Fuente: RFEF)

El escenario está preparado, las cuentas son claras y el objetivo se encuentra al alcance de la mano. Basta un empate para convertir en realidad el sueño de Brasil 2027. Pero quien haya seguido la evolución de esta selección sabe perfectamente que España nunca se conforma con lo mínimo indispensable. La Roja saldrá al césped con la ambición que caracteriza a los campeones, con la convicción de quien se sabe el mejor equipo del mundo y con la determinación de seguir ampliando un legado que ya ha dejado de pertenecer únicamente al fútbol femenino para instalarse, por derecho propio, entre las mayores gestas de la historia del deporte español. Porque las campeonas no solo levantan trofeos. También convierten cada clasificación, cada partido y cada victoria en una nueva declaración de poder. Y eso es exactamente lo que España pretende volver a hacer frente a Islandia antes de poner rumbo, una vez más, hacia el escenario donde se deciden las leyendas: el Mundial.

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