
🚨 El conjunto de Pau Quesada acarició su primera victoria en la fase liga de la UEFA Women’s Champions League después de adelantarse por partida doble con los tantos de Athenea del Castillo y Lineth Beerensteyn, pero el Bayern de Múnich reaccionó con personalidad y rescató un empate gracias a Edna Imade y Momoko Tanikawa. Las madridistas continúan invictas, aunque encadenan tres empates consecutivos que complican seriamente sus aspiraciones de terminar entre las cuatro primeras clasificadas y acceder directamente a los cuartos de final.


Real Madrid visita al Bayern de Múnich en la tercera jornada de la fase liga de la UEFA Women’s Champions League, con el objetivo de conseguir su primera victoria en la competición y dar un paso adelante en su aspiración de alcanzar los cuartos de final. El encuentro se disputa el miércoles 28 de octubre de 2026, a las 18:45 horas, en el Sportpark Unterhaching.
La previa debe situarse antes del partido, por lo que tomaremos como referencia la información disponible antes del pitido inicial, sin incorporar el resultado ni acontecimientos posteriores. El Bayern llegaba con cuatro puntos, mientras que el Real Madrid sumaba dos después de sus empates ante el PSG y el Manchester City.
El escenario no podía ser más exigente para las madridistas. Enfrente aparecía uno de los grandes referentes del fútbol alemán, un Bayern construido para competir por los títulos nacionales y para recuperar protagonismo en Europa. El conjunto bávaro afrontaba la tercera jornada con la confianza que le habían proporcionado sus primeros resultados continentales.
Las de José Barcala habían comenzado su recorrido europeo con un empate a dos frente al Manchester City. Aquel estreno dejó patente que el Bayern tenía argumentos para discutirle el dominio a cualquier adversario, aunque también evidenció que debía mantener la concentración durante los noventa minutos para transformar sus buenos momentos de juego en victorias.
La segunda jornada ofreció una respuesta contundente. El Bayern se impuso por 0-3 al Benfica en Lisboa, en un encuentro que terminó resolviendo con autoridad después de una primera parte en la que el conjunto portugués había conseguido resistir. Klara Bühl, Pernille Harder y Franziska Kett firmaron los tantos de una victoria que permitió a las alemanas alcanzar los cuatro puntos.
Ese triunfo reforzó la candidatura del equipo muniqués a ocupar una de las posiciones privilegiadas de la fase liga. Con cuatro puntos y una diferencia de goles de cinco tantos a favor y dos en contra, el Bayern llegaba al enfrentamiento con el Real Madrid en una situación más favorable que la de su adversario.
La competición europea, sin embargo, no concedía margen para la relajación. La nueva fase liga obliga a los equipos a sumar desde las primeras jornadas, especialmente a aquellos que aspiran a terminar entre los cuatro primeros y conseguir el acceso directo a los cuartos de final. Cada punto podía adquirir un valor determinante cuando llegase el momento de resolver la clasificación.
El Bayern tenía, además, un argumento estadístico especialmente relevante: su fortaleza como local. El conjunto alemán acumulaba dieciséis encuentros consecutivos sin perder en casa en la fase de grupos o liga de la Champions, con doce victorias y cuatro empates. Una trayectoria que convertía el desplazamiento madridista en una prueba de máxima exigencia.
El Real Madrid, por su parte, llegaba a Alemania con la necesidad de transformar sus buenas sensaciones en una victoria. Las madridistas habían sumado dos empates consecutivos en sus primeras apariciones europeas, ambos por idéntico resultado, 1-1, frente al Paris Saint-Germain y al Manchester City.
El estreno ante el conjunto francés dejó un punto que permitió a las blancas iniciar su camino continental sin derrota, pero también puso de manifiesto que el equipo necesitaba mayor eficacia para cerrar los partidos. La Champions no perdona las ocasiones desperdiciadas y el Real Madrid sabía que debía elevar su rendimiento ofensivo si quería aspirar a algo más que a competir.
La segunda jornada llevó al equipo de Pau Quesada hasta Inglaterra para medirse al Manchester City. El empate a uno volvió a dejar una sensación agridulce: el Real Madrid había sido capaz de competir ante otro adversario de primer nivel, pero seguía sin encontrar el camino hacia su primera victoria en esta edición.
Dos puntos en las dos primeras jornadas situaban al conjunto blanco en la zona baja de la clasificación, lejos todavía de las posiciones que garantizaban el acceso directo a los cuartos de final. La visita a Múnich representaba, por tanto, una oportunidad para cambiar el rumbo de su participación europea y empezar a escalar posiciones.
El desafío no era sencillo. El Real Madrid necesitaba ofrecer una versión más completa, combinar solidez defensiva con personalidad en la circulación y aprovechar las oportunidades que consiguiera generar. Frente a un equipo con la capacidad ofensiva del Bayern, cualquier desconexión podía terminar convirtiéndose en un problema.
Pau Quesada tenía ante sí una de esas noches que sirven para medir la evolución de un proyecto. El técnico madridista debía encontrar el equilibrio entre la protección de su área y la capacidad de sus futbolistas para hacer daño en campo contrario, sin renunciar a la iniciativa cuando el desarrollo del encuentro lo permitiera.
La temporada doméstica ofrecía motivos para el optimismo. El Real Madrid se encontraba en la segunda posición de Liga F Moeve, con diecinueve puntos, después de un comienzo de campeonato que le había permitido mantenerse en la pelea por el liderato. El conjunto blanco había conseguido seis victorias, un empate y una derrota en sus ocho primeros compromisos ligueros, según el balance facilitado en la previa.
La diferencia entre el rendimiento nacional y el europeo era uno de los aspectos que el equipo quería corregir. Las madridistas habían demostrado capacidad para competir en Liga F, pero la Champions exigía una precisión superior y una gestión distinta de los momentos del partido.
El calendario tampoco concedía demasiado tiempo para las dudas. La acumulación de compromisos de máxima exigencia obligaba a gestionar esfuerzos, recuperar futbolistas y mantener una plantilla preparada para responder a diferentes escenarios. En ese contexto, cada jugadora debía asumir su responsabilidad dentro de un equipo que quería consolidarse entre los grandes de Europa.
Una de las noticias más importantes para el Real Madrid era la ausencia de Sandie Toletti. La centrocampista francesa no estaría disponible para el encuentro, una baja que reducía las alternativas de Pau Quesada en una zona del campo especialmente importante para controlar el ritmo y equilibrar las transiciones.
Enfrente esperaba un Bayern que también tenía problemas físicos en su plantilla. José Barcala no podía contar con Lena Oberdorf, por sus problemas de rodilla, ni con Giulia Gwinn, que continuaba recuperándose de una rotura de ligamento. Jovana Damnjanović, por su parte, tenía opciones de regresar a la convocatoria después de superar una lesión muscular.
El conjunto alemán encontraba en su centro del campo una de sus principales fortalezas. La capacidad para recuperar, distribuir y acelerar el juego permitía al Bayern instalarse con frecuencia en campo contrario y generar situaciones de peligro a través de sus futbolistas ofensivas.
Klara Bühl era una de las grandes amenazas. La internacional alemana había comenzado la competición con actuaciones determinantes, aportando goles, asistencias y una capacidad extraordinaria para desequilibrar desde los costados. Su influencia en el juego ofensivo obligaba al Real Madrid a prestar una atención especial a sus movimientos y a evitar que recibiera con espacios.
En Lisboa, Bühl había vuelto a demostrar su importancia al participar directamente en dos de los tres tantos del Bayern. Su capacidad para conducir, asociarse y encontrar a sus compañeras la convertía en una de las futbolistas más difíciles de controlar del conjunto muniqués.
Pernille Harder representaba otra amenaza de primer nivel. La atacante danesa llegaba al encuentro después de alcanzar los cincuenta goles en la UEFA Women’s Champions League, una cifra que confirmaba su dimensión internacional y su experiencia en las grandes noches europeas.
Harder no necesitaba demasiados espacios para marcar diferencias. Su movilidad, inteligencia para interpretar los desmarques y capacidad para aparecer en zonas de remate podían poner a prueba a la defensa madridista durante todo el encuentro.
La presencia de Edna Imade añadía todavía más peligro al ataque alemán. La futbolista española estaba firmando un inicio de temporada muy destacado y llegaba a esta cita con cinco goles y una asistencia, de acuerdo con los datos aportados en la previa. Su potencia, capacidad de remate y presencia en el área constituían argumentos importantes para el Bayern.
En la medular también sobresalía Amani, exfutbolista del Costa Adeje Tenerife, una jugadora llamada a desempeñar un papel relevante en la construcción y recuperación del equipo. Su trabajo podía resultar fundamental para que el Bayern mantuviera el control del encuentro y dificultara la salida de balón del Real Madrid.
La defensa bávara, liderada por su capitana Glódís Perla Viggósdóttir, debía responder a un ataque madridista con velocidad y talento individual. La zaga alemana contaba con experiencia suficiente para afrontar un partido de estas características, aunque tendría que prestar especial atención a las diagonales y los cambios de ritmo de las delanteras blancas.
El Real Madrid también disponía de futbolistas capaces de desequilibrar el encuentro. Linda Caicedo era una de las principales referencias ofensivas del conjunto de Pau Quesada, gracias a su capacidad para superar rivales en el uno contra uno, romper líneas y generar ventajas desde la banda.
La colombiana podía convertirse en una pieza decisiva para atacar los espacios que dejase el Bayern. Su velocidad y habilidad para conducir hacia el área ofrecían al equipo blanco una vía de escape ante la presión alemana y una alternativa para castigar cualquier desajuste defensivo.
Athenea del Castillo aportaba profundidad, energía y capacidad de desborde. La internacional española estaba llamada a ser otra de las futbolistas importantes en el plan madridista, especialmente si conseguía recibir en situaciones favorables y aprovechar los espacios a la espalda de la defensa local.
Lineth Beerensteyn afrontaba un encuentro especial ante un rival que conocía perfectamente. La atacante neerlandesa había formado parte del Bayern antes de incorporarse al Real Madrid y regresaba a un escenario familiar con la responsabilidad de aportar experiencia, movilidad y capacidad goleadora al equipo blanco.
La presencia de Arianna Caruso también añadía un componente especial al enfrentamiento. La centrocampista italiana había cambiado el Bayern por el Real Madrid durante el verano y volvía a encontrarse con antiguas compañeras. Su conocimiento del fútbol alemán podía convertirse en un recurso interesante para interpretar los movimientos del conjunto de José Barcala.
Sara Däbritz era otra de las futbolistas madridistas que conocía bien el entorno bávaro. La centrocampista alemana había defendido anteriormente los colores del Bayern y su experiencia en la Bundesliga constituía un elemento más dentro de una plantilla que contaba con varias jugadoras familiarizadas con el fútbol alemán.
El duelo tenía, por tanto, numerosos ingredientes individuales y colectivos. No se trataba únicamente de un enfrentamiento entre dos equipos con aspiraciones europeas, sino también de una cita con reencuentros, conocimiento mutuo y futbolistas que podían resultar determinantes por su experiencia en ambos vestuarios.
En el plano histórico, Bayern y Real Madrid llegaban a su primer enfrentamiento oficial en la Champions femenina. Los dos clubes ya se habían medido en un amistoso de pretemporada disputado durante el verano de 2025, en el que el conjunto alemán se impuso por 4-1.
Aquel precedente servía como referencia, aunque las circunstancias de un amistoso y las de una competición oficial eran completamente diferentes. El Real Madrid necesitaba demostrar que podía competir de tú a tú con uno de los grandes del fútbol alemán en un escenario europeo de máxima exigencia.
El balance del conjunto blanco frente a equipos germanos también ofrecía un dato que invitaba a la confianza. Según los antecedentes recogidos en la previa, el Real Madrid había ganado sus otros tres enfrentamientos anteriores ante clubes alemanes, por lo que el amistoso de 2025 era el único precedente con derrota.
El Bayern, sin embargo, tenía argumentos suficientes para no conceder importancia a las estadísticas históricas. Su fortaleza como local, el buen momento de sus principales futbolistas y la confianza adquirida tras la victoria ante el Benfica le convertían en un adversario especialmente peligroso.
El encuentro podía decidirse en la batalla por el centro del campo. Si el Bayern conseguía imponer su ritmo, dominar la posesión y obligar al Real Madrid a defender cerca de su área, las alemanas tendrían más posibilidades de encontrar situaciones de remate.
Las madridistas, por el contrario, necesitaban evitar que el partido se convirtiera en un intercambio constante de ataques. Mantener las distancias entre líneas, proteger los espacios interiores y aprovechar las transiciones podía ser una de las claves para sorprender al conjunto muniqués.
La concentración defensiva iba a resultar determinante. Ante futbolistas como Bühl, Harder o Imade, cualquier pérdida en zonas comprometidas podía convertirse en una ocasión clara. El Real Madrid debía mantener la vigilancia sobre las segundas jugadas y controlar las acciones a balón parado.
También sería fundamental la eficacia en las áreas. El equipo blanco había conseguido marcar en sus dos primeros encuentros europeos, pero necesitaba transformar sus ocasiones en goles y evitar que los rivales aprovecharan sus momentos de superioridad.
El Bayern llegaba con la confianza de quien se siente fuerte en su estadio. Dieciséis partidos europeos consecutivos sin perder en casa constituían una carta de presentación contundente, pero también una oportunidad para que el Real Madrid intentara romper una dinámica que parecía difícil de superar.
Para Pau Quesada, la cita suponía una prueba de madurez competitiva. El Real Madrid necesitaba demostrar que podía afrontar una visita de máxima dificultad sin renunciar a su identidad, manteniendo la personalidad y la ambición que habían caracterizado sus mejores actuaciones de la temporada.
Para José Barcala, el objetivo era prolongar la buena dinámica europea y conseguir la primera victoria como local de esta edición. El Bayern quería aprovechar el respaldo de su afición para sumar tres puntos que le permitieran mantenerse entre los equipos mejor posicionados de la fase liga.
El margen de error empezaba a reducirse. Con dos jornadas disputadas, el Real Madrid sabía que un nuevo empate podía complicar sus aspiraciones de terminar entre los cuatro primeros, mientras que una victoria le permitiría dar un salto importante en la clasificación.
La Champions volvía a poner al conjunto blanco frente a un examen de máxima exigencia. No bastaba con competir, ni con ofrecer buenos minutos de fútbol. El Real Madrid necesitaba dar un paso adelante, encontrar la contundencia que le había faltado en las primeras jornadas y demostrar que estaba preparado para luchar por un lugar entre la élite europea.
El Bayern de Múnich esperaba en su fortaleza alemana. Las madridistas viajaban con la ambición de conseguir su primera victoria, conscientes de que enfrente tendrían a un rival poderoso, experimentado y respaldado por una trayectoria local extraordinaria.
La noche de Unterhaching prometía fútbol de alto nivel, intensidad y una batalla entre dos proyectos que aspiraban a hacerse un hueco entre los grandes del continente. Para el Real Madrid, el reto era transformar la necesidad en una oportunidad y convertir la tercera jornada en el punto de inflexión de su aventura europea.
El duelo a fondo |


Hay noches en las que el fútbol europeo pone a prueba la capacidad de resistencia de los grandes proyectos, noches en las que una ventaja aparentemente suficiente termina convirtiéndose en una montaña que escalar y encuentros en los que noventa minutos son capaces de condensar todas las virtudes y contradicciones de un equipo. El Real Madrid femenino vivió una de esas experiencias en Alemania, donde estuvo a punto de conquistar una victoria de enorme trascendencia continental, pero terminó marchándose con un empate que dejó un sabor agridulce.
El Stadion Am Sportpark de Unterhaching acogió un enfrentamiento de enorme exigencia entre dos entidades que aspiran a ocupar un lugar protagonista en el fútbol femenino europeo. Bayern de Múnich y Real Madrid se encontraron en la tercera jornada de la fase liga de la UEFA Women’s Champions League con la necesidad de sumar tres puntos que les permitiesen consolidar sus respectivas aspiraciones.
No era una cita cualquiera para las madridistas. Después de dos jornadas sin conocer la victoria, el conjunto blanco necesitaba encontrar ese resultado que transformase las buenas sensaciones en una realidad clasificatoria. Había llegado el momento de demostrar que su candidatura europea podía sostenerse también lejos de casa, ante un adversario acostumbrado a competir en los escenarios más exigentes.
Enfrente aguardaba un Bayern que había convertido su estadio en un territorio especialmente complicado para sus visitantes. Las alemanas defendían una prolongada trayectoria de imbatibilidad como locales en la máxima competición continental y recibían a un Real Madrid dispuesto a desafiar esa fortaleza.
El conjunto dirigido por Pau Quesada sabía que necesitaba ofrecer una actuación completa. No bastaba con defender bien, tampoco con acumular posesiones estériles. Era imprescindible combinar personalidad, verticalidad, contundencia y capacidad para interpretar los diferentes momentos del encuentro.
La alineación madridista dejó algunas decisiones llamativas. Futbolistas que habían adquirido protagonismo durante el comienzo de la temporada, como Sara Däbritz y Sara Linnea Schröder, comenzaron el encuentro desde el banquillo. Quesada apostó por una configuración que buscaba velocidad y profundidad, con Linda Caicedo como una de las principales amenazas para la defensa alemana.
La presencia de Silvia Cristóbal en el lateral derecho también adquirió especial relevancia. La futbolista tuvo que afrontar un desafío considerable ante una de las extremos más desequilibrantes del panorama internacional, Klara Bühl, cuya capacidad para encarar y generar superioridades representaba una de las principales armas ofensivas del Bayern.
El encuentro comenzó con un Real Madrid decidido a no concederle al adversario el tiempo necesario para asentarse sobre el terreno de juego. Las blancas salieron con intensidad, buscando las transiciones rápidas y tratando de aprovechar la velocidad de sus futbolistas ofensivas.
Linda Caicedo asumió rápidamente la responsabilidad de desequilibrar. La internacional colombiana encontró espacios para conducir, superar adversarias y acercar el balón a las inmediaciones del área. Su influencia resultó determinante para explicar el extraordinario comienzo madridista.
El primer aviso se convirtió pronto en una declaración de intenciones. El Real Madrid no había viajado a Alemania para limitarse a resistir. Quería competir de tú a tú, atacar los espacios y demostrar que tenía argumentos suficientes para hacer daño a uno de los grandes equipos del continente.
Y encontró el premio cuando apenas habían transcurrido siete minutos. Linda Caicedo protagonizó una acción individual por el costado izquierdo, alcanzó la línea de fondo y levantó la cabeza para encontrar una compañera en el área.
El envío de la colombiana generó dificultades a la guardameta Mahmutovic, que no consiguió hacerse con el esférico. Athenea del Castillo apareció entonces con el instinto de las futbolistas que saben interpretar dónde puede aparecer una oportunidad y empujó el balón al fondo de la portería para abrir la lata con el 0-1 en el minuto 7 de juego.
El 0-1 desató la alegría del conjunto madridista. Athenea había encontrado el camino hacia el gol y Caicedo volvía a demostrar que su capacidad para desequilibrar podía convertirse en una herramienta decisiva en las grandes noches europeas.
La celebración blanca contrastaba con la reacción inmediata del Bayern. Las alemanas comprendieron que necesitaban modificar su comportamiento, asumir mayores riesgos y recuperar el control de un encuentro que había comenzado de la peor manera posible para sus intereses.
La respuesta local llegó a través de la posesión. El conjunto bávaro comenzó a instalarse en campo contrario, moviendo el balón con mayor paciencia y buscando permanentemente a sus futbolistas más determinantes en los costados.
Klara Bühl empezó a adquirir protagonismo. La internacional alemana encontró situaciones para encarar a Silvia Cristóbal y comenzó a generar dificultades a la defensa madridista. Su velocidad, su capacidad para cambiar de dirección y su precisión en los centros obligaban a las visitantes a multiplicar sus esfuerzos.
En una de esas aproximaciones, Bühl consiguió superar a su marcadora y envió el balón hacia el área. Edna Imade intentó alcanzar el esférico en el segundo palo, pero no consiguió culminar una acción que había generado preocupación en la retaguardia blanca.
El Bayern estaba creciendo. La ventaja madridista ya no encontraba la misma comodidad de los primeros minutos y el conjunto alemán comenzaba a demostrar por qué su condición de local lo convertía en un adversario tan peligroso.
Linda Dallmann también empezó a encontrar espacios para acercarse al área. Las futbolistas de José Barcala incrementaron su presencia ofensiva y obligaron al Real Madrid a defender cada vez más cerca de su propia portería.
Una de las acciones más comprometidas llegó cuando Dallmann consiguió superar a Merle Frohms con un disparo que parecía destinado a convertirse en el empate. Sin embargo, Maëlle Lakrar apareció bajo palos para evitar que el balón terminase en la red. La acción acabaría siendo anulada por una mano, pero el aviso había sido suficientemente contundente.
El Real Madrid necesitaba recuperar el control emocional del encuentro. Había conseguido adelantarse, pero no podía permitir que el Bayern transformase su superioridad territorial en una sucesión interminable de ocasiones.
Y cuando más insistían las alemanas, apareció nuevamente la estrategia madridista. Arianna Caruso asumió la responsabilidad de ejecutar una falta lejana y puso el balón en una zona especialmente peligrosa del área.
Silvia Cristóbal se elevó para conectar un remate de cabeza que obligó a la defensa alemana a intervenir prácticamente sobre la línea de gol. El despeje no consiguió alejar definitivamente el peligro y María Méndez apareció para devolver el esférico hacia la portería.
La acción terminó encontrando a Lineth Beerensteyn, que aprovechó la oportunidad para rematar y establecer el 0-2 cuando se llevaban disputados 22 minutos del envite.
El Real Madrid había vuelto a golpear cuando el Bayern parecía encontrarse en su mejor momento.
Era un segundo tanto de enorme trascendencia. No solamente ampliaba la ventaja, sino que premiaba la capacidad madridista para aprovechar las acciones a balón parado, una faceta que tantas veces resulta determinante en los partidos de máxima exigencia.
Beerensteyn encontraba así su recompensa después de una primera parte en la que el conjunto blanco estaba demostrando una contundencia ofensiva que había echado en falta durante sus anteriores compromisos europeos.
Dos goles, dos acciones decisivas y una ventaja que colocaba al Real Madrid en una posición extraordinaria. Las visitantes estaban consiguiendo algo especialmente complicado: castigar a un Bayern que había comenzado a dominar territorialmente.
Pero el fútbol no entiende de ventajas definitivas cuando todavía queda tanto camino por recorrer. El 0-2 no alteró la personalidad del equipo alemán, que continuó buscando el gol con determinación.
El conjunto de Barcala sabía que necesitaba reducir distancias antes del descanso. Y encontró en el balón parado el camino para regresar al encuentro, utilizando precisamente una de las armas que hasta entonces habían favorecido a su adversario.
Klara Bühl se preparó para ejecutar un saque de esquina y envió el balón al corazón del área pequeña. Edna Imade consiguió anticiparse a la vigilancia defensiva de Beerensteyn y conectó un cabezazo poderoso que superó a Merle Frohms y puso el 1-2 en el tanteador a la media hora del choque, léase, minuto 31.
El 1-2 devolvió la esperanza al Bayern. Imade había aparecido en el momento oportuno y su remate permitió a las locales recuperar buena parte de la confianza que habían perdido después de encajar dos tantos.
La atacante alemana celebró un gol especialmente importante, tanto por su significado individual como por el impacto colectivo que generó. El Bayern volvía a estar dentro del partido y todavía disponía de tiempo para intentar igualar antes del descanso.
El encuentro entró entonces en una fase de enorme intensidad. Las alemanas comenzaron a acumular llegadas, mientras el Real Madrid trataba de resistir las acometidas y encontrar alguna oportunidad para recuperar la iniciativa.
Pernille Harder estuvo cerca de culminar otra de las acciones ofensivas del Bayern. La atacante encontró una situación favorable para rematar de cabeza después de una nueva intervención de Bühl, pero no consiguió convertir la oportunidad.
La amenaza bávara seguía creciendo. Dallmann también dispuso de una ocasión especialmente clara antes del descanso, después de varios rechaces cerca de la portería madridista. Su disparo no encontró el destino deseado y las blancas pudieron respirar.
El Real Madrid se marchó al vestuario con una ventaja mínima que no reflejaba completamente lo sucedido durante los últimos compases de la primera parte. Había sido extraordinariamente eficaz en ataque, pero el Bayern había conseguido demostrar que tenía recursos suficientes para discutirle el encuentro.
El 1-2 dejaba una segunda mitad abierta, con dos equipos que habían encontrado argumentos para creer en sus posibilidades. Las madridistas tenían la victoria a su alcance, pero necesitaban recuperar la solidez que había caracterizado su comienzo.
La primera parte había ofrecido dos versiones de un mismo Real Madrid: uno vertical, contundente y capaz de golpear dos veces; otro más vulnerable cuando el Bayern encontraba espacios para progresar y cargar el área.

La primera parte había ofrecido dos versiones de un mismo Real Madrid: uno vertical, contundente y capaz de golpear dos veces; otro más vulnerable cuando el Bayern encontraba espacios para progresar y cargar el área.
Y esa dualidad terminaría convirtiéndose en el argumento central de una segunda mitad que iba a exigir a las visitantes un esfuerzo todavía mayor.
La Champions no concede treguas. Mucho menos cuando enfrente se encuentra un Bayern que conoce perfectamente el significado de competir hasta el último instante.
La reanudación comenzó con el mismo guion con el que había terminado la primera mitad. El Bayern regresó al terreno de juego dispuesto a instalarse definitivamente en campo contrario, mientras el Real Madrid intentaba encontrar en las transiciones ofensivas la oportunidad de sentenciar el encuentro.
Las futbolistas de Barcala incrementaron su presión y comenzaron a recuperar el balón con mayor facilidad. El conjunto alemán quería evitar que las madridistas pudieran respirar y convirtió cada recuperación en una nueva posibilidad de acercarse a la portería de Frohms.
El Real Madrid, por su parte, necesitaba encontrar una salida que le permitiera alejar el peligro. Linda Caicedo volvió a asumir protagonismo y protagonizó una conducción desde posiciones centrales que terminó convirtiéndose en una de las oportunidades más importantes para las visitantes.
La colombiana encontró metros para avanzar, superó la primera línea de presión y se aproximó a la portería de Mahmutovic. Sin embargo, cuando llegó el momento de finalizar, su disparo no encontró la dirección necesaria para convertirse en el tercer tanto madridista.
Era una oportunidad que podía haber cambiado definitivamente el desarrollo del encuentro. El 1-3 habría obligado al Bayern a afrontar una situación extraordinariamente complicada y habría permitido al Real Madrid administrar una ventaja prácticamente definitiva.
Pero el fútbol también castiga las ocasiones desaprovechadas. Y el Bayern no tardó en demostrarlo.
Las alemanas encontraron una nueva vía para atacar por dentro. Pernille Harder consiguió progresar por el carril central y conectó con Linda Dallmann, que se incorporó a la acción para poner a prueba nuevamente a Merle Frohms.
La guardameta madridista consiguió detener el primer remate, pero el rechace quedó en una zona especialmente peligrosa. Momoko Tanikawa apareció para recoger el balón y ejecutar una finalización extraordinaria.
La futbolista japonesa se perfiló y conectó un disparo con la zurda que terminó alojándose en la escuadra. Un golpeo de enorme calidad, prácticamente imposible para Frohms, que contempló cómo el balón terminaba en el fondo de su portería para alegría del respetable y el 2-2 definitivo se estableció en el luminoso sobre el 52 de partido.
El 2-2 había llegado. El Bayern culminaba su reacción y el encuentro comenzaba de nuevo cuando todavía quedaban más de cuarenta minutos por disputarse.
Tanikawa se convirtió en una de las grandes protagonistas de la noche. Su capacidad para interpretar los espacios interiores, su técnica individual y su precisión en la finalización estaban permitiendo al conjunto alemán recuperar una igualdad que parecía muy complicada después del segundo gol madridista.
El Real Madrid había perdido una ventaja de dos tantos. La frustración era inevitable, especialmente porque las visitantes habían tenido en sus manos la posibilidad de controlar el encuentro con mayor tranquilidad.
Sin embargo, todavía quedaba tiempo para reaccionar. Quesada necesitaba encontrar soluciones para frenar el crecimiento de un Bayern que había conseguido imponer su ritmo y que amenazaba con completar una remontada de enorme significado.
El 2-2 también modificó el comportamiento de ambos conjuntos. El ritmo descendió ligeramente, aunque la tensión competitiva continuó siendo extraordinaria. Ninguno quería cometer un error que terminase convirtiéndose en una derrota.
Maëlle Lakrar volvió a desempeñar un papel fundamental. La defensora francesa tuvo que intervenir de manera providencial para impedir que Harder encontrase nuevamente espacios suficientes para finalizar una acción ofensiva.
El Bayern estaba consiguiendo generar superioridades por dentro y obligaba al Real Madrid a realizar un esfuerzo defensivo constante. La circulación alemana encontraba cada vez más posibilidades de progresar y las visitantes necesitaban reorganizarse.
Pau Quesada decidió mover el banquillo. La entrada de Eva Navarro, Shei García y Andreia Jacinto, junto a los movimientos de las posiciones ofensivas, buscaba aportar nuevas soluciones y recuperar capacidad de desequilibrio.
La modificación también permitió situar a Eva Navarro en una posición más adelantada por el costado derecho, con la intención de ofrecer una salida que obligase al Bayern a prestar mayor atención a las transiciones madridistas.
Las blancas necesitaban recuperar la amenaza ofensiva que habían mostrado durante los primeros veinte minutos. No podían limitarse a defender el empate, porque todavía existían oportunidades para llevarse los tres puntos.
Y una de ellas llegó a través de Arianna Caruso. La centrocampista italiana volvió a demostrar su importancia en las acciones a balón parado, poniendo un envío peligroso que encontró a Beerensteyn en una posición favorable.
La neerlandesa se elevó para conectar un remate de cabeza que pasó extraordinariamente cerca de la portería alemana. El Real Madrid había encontrado una oportunidad para volver a adelantarse, pero el balón no quiso acompañar a las visitantes.
El partido entró entonces en una fase de intercambio de amenazas. Cada equipo parecía encontrar argumentos para hacer daño, aunque el Bayern mantenía una mayor presencia en campo contrario.
Momoko Tanikawa comenzó a adquirir todavía más protagonismo. Su movilidad entre líneas y su capacidad para encontrar espacios estaban generando problemas a la estructura defensiva madridista.
La japonesa estaba interpretando el partido con una inteligencia extraordinaria. No necesitaba permanecer pegada a una posición determinada para convertirse en una amenaza; aparecía en los espacios adecuados y obligaba a las defensas rivales a decidir constantemente si debían seguirla o proteger sus posiciones.
Quesada entendió que necesitaba contener esa vía de ataque. La entrada de Irune Dorado buscaba reforzar el equilibrio interior y dificultar las conexiones que estaban permitiendo al Bayern acercarse a la portería de Frohms.
El encuentro se aproximaba a sus últimos minutos y la igualdad mantenía intacta la incertidumbre. El Bayern quería culminar la remontada ante su público; el Real Madrid buscaba recuperar una ventaja que había perdido después de haber conseguido adelantarse por dos veces.
Beerensteyn intentó sorprender desde fuera del área con un disparo que Mahmutovic atrapó sin demasiadas dificultades. Era una acción que reflejaba la necesidad madridista de encontrar nuevas alternativas ante una defensa alemana cada vez más organizada.
En el otro extremo del terreno de juego, Harder volvió a aparecer con una finalización que se marchó desviada. La atacante del Bayern estaba encontrando situaciones de remate y obligaba a Lakrar y al resto de la defensa a multiplicar sus esfuerzos.
La sensación era que el conjunto alemán había conseguido trasladar definitivamente el encuentro a su terreno. El Real Madrid había perdido parte de la iniciativa y debía concentrarse en defender cada aproximación con máxima precisión.
El balón parado volvió a convertirse en una amenaza. Magdalena Eriksson encontró una oportunidad extraordinaria para adelantar al Bayern después de un saque de esquina, pero su remate de cabeza se marchó rozando el travesaño.
El estadio comenzó a creer en la victoria. Las futbolistas alemanas habían conseguido transformar un 0-2 en un 2-2 y estaban acumulando oportunidades para culminar una remontada que habría supuesto un golpe de enorme importancia para la clasificación.
El Real Madrid, mientras tanto, necesitaba resistir. Frohms volvió a convertirse en una figura determinante, interviniendo ante Edna Imade en una ocasión clarísima que pudo haber significado el tercer tanto local.
La guardameta alemana, defendiendo la portería madridista, sostuvo a su equipo en un momento de enorme exigencia. Su intervención permitió mantener la igualdad y evitar que el esfuerzo realizado por las visitantes durante buena parte del encuentro terminase quedándose sin recompensa.
El tiempo avanzaba y las piernas comenzaban a acusar el desgaste. El Bayern había realizado un esfuerzo considerable para remontar y el Real Madrid estaba obligado a defender con concentración para no perder un punto que, dadas las circunstancias, podía resultar importante.
Pero el encuentro todavía reservaba un último sobresalto. Sophie Proost apareció en el tiempo añadido con una oportunidad que pudo cambiar por completo el desenlace de la noche.
La futbolista del Bayern encontró espacio para ejecutar un disparo que terminó estrellándose contra el poste. El balón rechazado por la madera evitó que las alemanas culminasen su remontada y permitió al Real Madrid conservar un empate que, durante unos segundos, había parecido a punto de convertirse en derrota.
El sonido del poste tuvo un significado especial. Fue el último aviso de un Bayern que había hecho méritos suficientes para aspirar a algo más que un empate y que terminó encontrándose con la madera cuando el público ya esperaba celebrar el tercer tanto.
El encuentro concluyó con un 2-2 que resumía perfectamente las dos mitades de la noche. El Real Madrid había golpeado primero y con contundencia, pero el Bayern había demostrado una capacidad de reacción extraordinaria.
Las madridistas se marcharon con un punto que no podía ocultar la frustración de haber desperdiciado una ventaja de dos goles. Las alemanas, por su parte, podían valorar positivamente su capacidad para remontar, aunque también se quedaban con la sensación de haber dejado escapar una victoria que tuvieron muy cerca en los instantes finales.
Fue una noche de contrastes, de grandes individualidades, de oportunidades desperdiciadas y de una intensidad que mantuvo la incertidumbre hasta el último segundo.
El empate entre Bayern de Múnich y Real Madrid tiene consecuencias que van mucho más allá de los dos puntos que ambos equipos dejaron escapar. La tercera jornada de la fase liga comienza a dibujar una clasificación que no permite demasiados errores y que obliga a los aspirantes a mantener una regularidad prácticamente permanente.
El conjunto alemán se marcha con cinco puntos después de haber sumado una victoria y dos empates. Su posición entre los ocho primeros le permite mantenerse en la pelea por las plazas que conducen directamente a los cuartos de final, aunque todavía necesita consolidar su candidatura en las jornadas restantes.
El Bayern ha demostrado que tiene capacidad para competir ante cualquiera. Su reacción frente al Real Madrid confirma que cuenta con recursos ofensivos, profundidad de plantilla y futbolistas capaces de cambiar el desarrollo de un encuentro mediante acciones individuales de enorme calidad.
Momoko Tanikawa representa una de esas diferencias. La japonesa fue determinante en la segunda mitad y su actuación constituye uno de los grandes argumentos que deja el enfrentamiento. Su gol no solamente permitió igualar el resultado, sino que devolvió al Bayern la confianza necesaria para buscar la victoria.
Edna Imade también merece un reconocimiento especial. Su cabezazo permitió iniciar la remontada y volvió a demostrar la importancia de disponer de una futbolista capaz de transformar los centros laterales y las acciones a balón parado en oportunidades reales de gol.
Klara Bühl, por su parte, fue una de las principales fuentes de peligro del conjunto alemán. Su capacidad para desbordar, generar situaciones de centro y encontrar compañeras en el área resultó fundamental para explicar la reacción bávara.
Sin embargo, el Bayern también tendrá que analizar los problemas defensivos que le permitieron al Real Madrid marcar dos goles durante la primera mitad. Las alemanas concedieron espacios y sufrieron especialmente cuando las visitantes consiguieron acelerar sus ataques.
Para el Real Madrid, el balance resulta mucho más complejo. El equipo de Pau Quesada continúa sin conocer la derrota, pero también sigue sin encontrar la victoria en la presente edición de la Champions League.
Tres jornadas, tres empates y tres puntos. Ese es el balance de un conjunto que todavía no ha conseguido transformar su competitividad en una sucesión de resultados que le permita acercarse a las posiciones privilegiadas de la clasificación.
El primer empate frente al Paris Saint-Germain, el segundo ante el Manchester City y ahora el tercero contra el Bayern de Múnich dibujan una trayectoria que merece un análisis profundo. Las madridistas han demostrado que pueden competir ante adversarios de primer nivel, pero necesitan dar un paso adelante cuando llega el momento de cerrar los encuentros.
La asignatura pendiente está especialmente relacionada con la gestión de las ventajas. En Alemania, el Real Madrid había conseguido adelantarse por dos tantos y tenía una oportunidad extraordinaria para conquistar su primera victoria europea. Sin embargo, permitió que el Bayern regresase al partido y terminase sometiéndolo durante buena parte de la segunda mitad.
La pegada inicial fue una de las grandes noticias para Quesada. Athenea y Beerensteyn encontraron el camino del gol, mientras Linda Caicedo volvió a demostrar que puede convertirse en una futbolista diferencial en los escenarios europeos.
Pero el equipo también dejó al descubierto dificultades para proteger su propia área cuando el adversario incrementa la presión. La defensa madridista sufrió especialmente ante las incorporaciones de Bühl, las apariciones interiores de Tanikawa y la movilidad de Harder.
La actuación de Merle Frohms evitó que el resultado fuese todavía más desfavorable. La guardameta tuvo intervenciones determinantes y sostuvo a las blancas en los momentos de mayor sufrimiento, especialmente cuando el Bayern encontró espacios para finalizar dentro del área.
Maëlle Lakrar también volvió a resultar fundamental. Sus intervenciones bajo palos y sus acciones defensivas impidieron que varias oportunidades locales terminasen convirtiéndose en goles. Su capacidad para corregir situaciones comprometidas fue especialmente importante durante los momentos de mayor dominio alemán.
En el aspecto ofensivo, el Real Madrid debe quedarse con la capacidad que mostró para castigar al Bayern durante los primeros compases. La conexión entre Caicedo, Athenea y Beerensteyn ofreció una imagen muy prometedora, aunque el equipo necesita encontrar continuidad en esa capacidad de generar peligro.
La clasificación tampoco permite perder de vista el objetivo. Los cuatro primeros puestos conceden el acceso directo a los cuartos de final, mientras que los equipos situados entre el quinto y el duodécimo deben disputar una eliminatoria adicional de play-off.
El Bayern, con cinco puntos, se encontraba en una situación más favorable que el Real Madrid, que sumaba tres. Las alemanas permanecían en la zona de play-off y conservaban posibilidades de acercarse a las cuatro primeras posiciones, mientras las madridistas necesitaban comenzar a sumar victorias para no quedarse rezagadas.
La diferencia entre ambos proyectos no debe interpretarse únicamente a partir de la posición clasificatoria. También es necesario valorar el calendario, el rendimiento ofrecido y la capacidad de cada equipo para responder a los momentos de máxima presión.
El Bayern ha demostrado que puede remontar partidos complicados y que su fortaleza como local continúa siendo un argumento competitivo. El Real Madrid, por su parte, ha demostrado que dispone de talento suficiente para adelantarse a rivales de enorme entidad, aunque todavía necesita adquirir una mayor madurez competitiva para proteger sus ventajas.
Las próximas jornadas serán decisivas. Cada punto adquiere una importancia extraordinaria en una competición en la que la diferencia entre acceder directamente a los cuartos de final y tener que disputar una eliminatoria adicional puede marcar buena parte del recorrido europeo.
El Bayern deberá mantener la personalidad que exhibió después de encajar el 0-2 y corregir los desajustes defensivos que facilitaron los goles madridistas. Su capacidad para competir en casa constituye una fortaleza, pero la Champions exige también regularidad lejos de su estadio.
El Real Madrid, entretanto, necesita convertir su condición de equipo invicto en una candidatura verdaderamente competitiva. No perder es importante, pero ganar resulta imprescindible cuando el objetivo pasa por alcanzar las últimas rondas de la máxima competición continental.
Pau Quesada tendrá que encontrar soluciones para que el equipo mantenga durante noventa minutos la intensidad, el equilibrio y la capacidad de concentración que exhibió durante los primeros compases en Alemania. La plantilla tiene futbolistas de enorme calidad y experiencia internacional, pero la exigencia europea requiere algo más que talento individual.
El empate también deja una lectura positiva: el Real Madrid fue capaz de adelantarse por dos goles en un estadio donde el Bayern llevaba una prolongada trayectoria sin perder en Europa. Esa circunstancia demuestra que las madridistas tienen argumentos para competir contra los grandes proyectos del continente.
Pero la lectura negativa es igualmente evidente. Las blancas tuvieron la victoria en sus manos y no consiguieron conservarla. Cuando un equipo aspira a conquistar la Champions, debe aprender a gestionar estos momentos, especialmente cuando se enfrenta a adversarios que poseen capacidad para reaccionar.
La historia de esta tercera jornada no puede resumirse exclusivamente en la remontada alemana ni en la frustración madridista. Fue un enfrentamiento entre dos equipos con ambiciones continentales, dos formas de entender los momentos del partido y dos proyectos que todavía tienen mucho que demostrar durante la fase liga.
El Bayern se marchó con cinco puntos y la sensación de haber salvado una noche que se había complicado extraordinariamente. El Real Madrid regresó con tres, todavía invicto, pero consciente de que necesita cambiar el rumbo de su trayectoria europea.
En definitiva, el 2-2 de Unterhaching deja una conclusión tan sencilla como exigente: el Real Madrid sabe competir, sabe golpear y tiene futbolistas capaces de decidir partidos, pero todavía necesita aprender a cerrar las noches europeas. El Bayern, mientras tanto, volvió a demostrar que su fortaleza competitiva no se mide únicamente por cómo comienza los encuentros, sino también por su capacidad para levantarse cuando todo parece perdido.
La Champions femenina no espera a nadie. Cada jornada reduce el margen de error y cada empate puede terminar convirtiéndose en una factura demasiado elevada cuando llega el momento de repartir los puestos de privilegio.
El Real Madrid sigue sin perder, pero también sigue sin ganar. Y esa es la paradoja que acompaña a las madridistas después de tres jornadas europeas: un equipo que ha demostrado que puede mirar a los ojos a los grandes, pero que todavía no ha encontrado la fórmula para transformar sus esfuerzos en victorias.
El Bayern sobrevivió al vendaval blanco, encontró en Imade y Tanikawa los argumentos para regresar al partido y terminó rozando una remontada completa con el disparo de Proost contra el poste. Las alemanas rescataron un punto; las madridistas dejaron escapar dos.
La próxima cita europea deberá servir para comprobar si el Real Madrid es capaz de transformar las lecciones de Alemania en una reacción clasificatoria. Porque en la Champions no basta con resistir, tampoco con ofrecer buenos minutos ni con adelantarse en el marcador. Hay que saber ganar.
Y mientras el Bayern continúa avanzando en su camino hacia las eliminatorias, el conjunto blanco se enfrenta a una obligación cada vez más evidente: convertir su resistencia europea en resultados. El escudo exige ambición, la competición reclama contundencia y la clasificación no concede eternamente segundas oportunidades.
📋 Ficha técnica
Entrenador: José Barcala.
Bayern de Múnich: Mahmutovic; Ballisager, Viggósdóttir, Gilles (Eriksson, min. 46), Kett; Tanikawa, Amani; Dallmann (Proost, min. 79), Harder, Bühl; Imade (Alara, min. 70).
Entrenador: Pau Quesada.
Real Madrid: Frohms; Silvia Cristóbal, Lakrar, María Méndez, Eva Navarro (Schröder, min. 79); Caruso, Senß (Irune, min. 70), Angeldahl (Andreia Jacinto, min. 55); Athenea (Levels, min. 55), Beerensteyn, Linda Caicedo (Däbritz, min. 79).
🟨 Tarjetas amarillas: Angeldahl, Eriksson, Amani y Däbritz.
🟥 Tarjetas rojas: No hubo.
👩🏻⚖️ Árbitra: Eleni Antoniou (Grecia).
🏟️ Estadio: Stadion Am Sportpark, Unterhaching.
⚽ Goles
0-1 Athenea del Castillo (6’) ⚽️
0-2 Lineth Beerensteyn (22’) ⚽️
1-2 Edna Imade (30’) ⚽️
2-2 Momoko Tanikawa (51’) ⚽️
Incidencias: Encuentro correspondiente a la tercera jornada de la fase liga de la UEFA Women’s Champions League, disputado el miércoles 28 de octubre de 2026 en el Stadion Am Sportpark de Unterhaching. Bayern de Múnich y Real Madrid firmaron tablas (2-2) en un partido de alternativas en el que el conjunto madridista llegó a disponer de dos goles de ventaja gracias a los tantos de Athenea del Castillo y Lineth Beerensteyn. Sin embargo, las bávaras reaccionaron con las dianas de Edna Imade y Momoko Tanikawa para rescatar un punto ante su afición. El Real Madrid continúa sin conocer la victoria en la competición, mientras que el Bayern suma un nuevo resultado positivo en su camino europeo.
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