(Fuente: Liga F Moeve)

⬛️ El ex del Atlético de Madrid, que tiene en su currículum una victoria por 2-1 ante Fútbol Club Barcelona, ha decidido encargarse de hacer rugir a las leonas en la temporada 2026-2027.

El Athletic Club, histórico en la Primera División Femenina, ha anunciado públicamente que ha alcanzado un acuerdo en firme con Víctor Martín Alba para que este se convierta en el nuevo entrenador de su primera plantilla.

(Fuente: Athletic Club)

A sus 33 años de edad, el madrileño se consolidó en la élite en 2018 al sustituir a María Pry, de baja por maternidad, en la dirección técnica del Madrid CFF y en el Estadio Fernando Torres elevó el nivel competitivo de conjunto capitalino sobremanera, llegando incluso a someter al todopoderoso Fútbol Club Barcelona (2-1) tas 719 días sin conocer la derrota amén a un doblete de Rachael Kundananji el pasado 21 de mayo de 2019 en Fuenlabrada.

Tras su paso por el fútbol masculino en el Albacete Balompié SAD, Víctor Martín amplió su perfil profesional en un contexto de alto rendimiento distinto al que había vivido en el fútbol femenino, primero desempeñándose como Director de Metodología, donde tuvo un papel clave en la estructuración de procesos de entrenamiento, coordinación de modelos de juego en distintas categorías y desarrollo de la identidad metodológica del club, y posteriormente incorporándose al cuerpo técnico del primer equipo como segundo entrenador en la Liga SmartBank, una experiencia que le permitió convivir con la exigencia inmediata del fútbol profesional masculino, la gestión del vestuario en competición y la toma de decisiones bajo presión en una categoría altamente competitiva.

Esa etapa supuso un punto de aprendizaje importante en su carrera, ya que le obligó a adaptar su visión del juego a un entorno más físico, más directo en muchos tramos de competición y con una carga emocional y mediática distinta, lo que enriqueció su lectura del fútbol desde múltiples perspectivas. Lejos de tratarse de un paso aislado, fue una fase que consolidó su perfil como técnico capaz de moverse entre estructuras de alto rendimiento diferentes sin perder su identidad metodológica.

Posteriormente, dio un salto internacional con su incorporación al Metallurg Bekabad de la Super Liga de Uzbekistán, donde ejerció como segundo entrenador y analista. Esta experiencia en Asia Central supuso una inmersión en un contexto futbolístico completamente distinto, tanto por el nivel de la competición como por la cultura táctica, el ritmo de trabajo y las condiciones estructurales del club. Desde su rol analítico y de campo, participó en el diseño de planes de partido, análisis de rivales y ajuste de estructuras tácticas, lo que le permitió ampliar su visión global del juego y reforzar su capacidad de adaptación a escenarios muy diferentes a los del fútbol europeo.

Sin embargo, el gran núcleo de su trayectoria y donde realmente se forja su identidad como entrenador está en el Madrid CFF, donde desarrolló un proceso formativo y competitivo excepcionalmente completo. Durante seis temporadas en el club, Víctor Martín pasó por absolutamente todas las categorías, desde el trabajo en estructuras de base hasta la élite, construyendo una trayectoria interna poco habitual en el fútbol profesional moderno. En ese recorrido no solo acumuló experiencia progresiva, sino que además logró resultados deportivos en cada etapa, consolidando la idea de un entrenador formado desde dentro del modelo del club y con una comprensión profunda del proceso de desarrollo de jugadoras y equipos.

Uno de los hitos más relevantes de ese periodo fue el ascenso del filial a Segunda División, un logro que no solo tuvo impacto deportivo, sino también estructural dentro del club, ya que permitió reforzar el puente entre cantera y primer equipo, mejorando la competitividad interna y la proyección de jóvenes futbolistas. Ese éxito confirmó su capacidad para construir equipos sólidos, competitivos y con identidad clara incluso en categorías de formación avanzada, donde el desarrollo individual convive con la exigencia del resultado.

Ese crecimiento sostenido le llevó finalmente a asumir el banquillo del primer equipo del Madrid CFF en Primera División en la temporada 2018/2019, un momento clave en su carrera, ya que se convirtió en el entrenador más joven de la categoría. Este dato no fue solo una anécdota, sino la confirmación de la confianza del club en su modelo de trabajo, su capacidad de liderazgo y su visión de juego. Desde ese momento, pasó a gestionar un equipo en la máxima élite del fútbol femenino español, enfrentándose a rivales de altísimo nivel y consolidando una idea de juego basada en intensidad, orden táctico y verticalidad.

A partir de ahí, su evolución como técnico se apoyó en una combinación de formación interna, experiencia competitiva progresiva y una capacidad constante de adaptación, lo que más tarde le abriría las puertas de proyectos de mayor exigencia como el del Atlético de Madrid Femenino, donde su perfil de entrenador joven, metódico y con experiencia en distintos contextos encontró un escenario ideal para intentar dar un salto definitivo en la élite.

Víctor Martín Alba representa el perfil de entrenador joven que ha ido construyendo su reputación no a partir de grandes discursos, sino de la transformación progresiva de los equipos que ha dirigido, especialmente en el fútbol femenino español, donde su paso por el Madrid CFF fue el punto de partida de su consolidación en la élite. Allí no solo asumió un equipo que históricamente se movía en la zona media-baja de la Liga F, sino que logró cambiarle la naturaleza competitiva, elevando su ambición y, sobre todo, su estabilidad.

El Madrid CFF bajo su dirección pasó de ser un conjunto irregular a convertirse en un bloque reconocible, competitivo y difícil de batir incluso para rivales con presupuestos y plantillas superiores. En términos de rendimiento global, el equipo firmó una de las mejores etapas de su historia reciente, alcanzando posiciones cercanas al top 5 de la Liga F, algo que en el contexto del club supone un salto cualitativo muy significativo. Más allá de la clasificación, el crecimiento se notó en métricas de juego: más regularidad en puntos sumados frente a rivales directos, mayor capacidad de competir partidos grandes sin descolgarse en la segunda mitad de temporada y una mejora en la producción ofensiva, con más volumen de llegadas al área y una mejor eficiencia en transición ofensiva.

Su modelo en el Madrid CFF ya dejaba entrever una identidad clara: equipos intensos sin balón, con presión tras pérdida estructurada, líneas relativamente juntas y una apuesta por recuperar alto para atacar rápido. Ese enfoque permitió que varias jugadoras crecieran en impacto y rendimiento, al mismo tiempo que el equipo se hacía más reconocible en una liga cada vez más competitiva. No era un fútbol de posesión estéril, sino un fútbol vertical, con intención constante de progresar y castigar errores del rival, lo que le dio al Madrid CFF una personalidad competitiva que le permitió dar un salto en ambición real.

Ese crecimiento fue lo que llamó la atención del Atlético de Madrid Femenino, que apostó por él para liderar un nuevo ciclo con aspiraciones claras de volver a la élite nacional y europea. El salto no era menor: pasar de un proyecto de consolidación a uno históricamente obligado a pelear títulos y plazas europeas. Sin embargo, lejos de sentirse superado por el contexto, su primera temporada en el Atlético fue de impacto inmediato. El equipo recuperó competitividad en Liga F, se instaló de nuevo en la pelea por los puestos altos y, sobre todo, volvió a ser reconocible en escenarios de máxima exigencia, algo que había perdido en temporadas anteriores.

(Fuente: Liga F Moeve)

El dato más significativo de ese primer año fue la recuperación del Atlético como equipo de élite competitiva: logró asegurar plaza europea, volvió a disputar una final de la Copa de la Reina y terminó la Liga F en posiciones de privilegio dentro del campeonato, consolidándose de nuevo como uno de los tres grandes proyectos del fútbol femenino español. En paralelo, el equipo mostró una mejora en su comportamiento estructural: más solidez en partidos cerrados, mejor gestión de ventajas mínimas y una mayor capacidad para competir ante rivales directos sin perder identidad. En términos estadísticos, el equipo aumentó su producción ofensiva respecto al curso anterior, mejoró su diferencia de goles y consiguió sostener una mayor regularidad de resultados, especialmente en la primera mitad de la temporada.

En ese proceso de construcción tuvieron un papel importante incorporaciones como Luany y Giovana Queiroz, dos perfiles que encajaban perfectamente en la idea de juego del técnico. Luany aportó desequilibrio, capacidad de desborde y verticalidad en conducción, convirtiéndose en una amenaza constante en transiciones rápidas. Gio, por su parte, ofreció creatividad entre líneas, pausa en zonas de tres cuartos y capacidad para romper defensas cerradas, algo fundamental en partidos donde el Atlético debía atacar bloques bajos. Ambas piezas no solo sumaron talento individual, sino que reforzaron la idea colectiva de un equipo más directo, agresivo y con mayor capacidad para castigar al rival en pocos toques.

El Atlético de Martín también mostró fases de crecimiento defensivo relevantes: mayor número de porterías a cero en tramos clave de la temporada, mejor coordinación en la presión tras pérdida y una estructura más estable en defensa posicional, lo que permitió competir mejor en partidos ajustados. Hubo una sensación general de equipo más compacto, más reconocible y con una identidad más clara que en etapas anteriores, algo especialmente valorado en un club con exigencia inmediata de resultados.

Su mejor temporada a nivel de resultados fue la 2024-2025, en la que logró el tercer puesto con el Atlético por delante del Athletic para devolver al equipo a la UEFA Women’s Champions League. Además, quedó subcampeón de Copa tras caer en la final ante el FC Barcelona. En la pasada campaña, la 2025-2026, fue apeado en los octavos europeos frente al Manchester United y relevado en enero tras una racha negativa de resultados.

Sin embargo, el fútbol de élite rara vez se mide solo por procesos, y la segunda temporada terminó marcando un punto de inflexión. El equipo entró en una dinámica negativa de resultados que fue erosionando la confianza y la estabilidad competitiva, hasta encadenar una racha prolongada sin victorias que terminó por afectar directamente a los objetivos de la temporada. El golpe definitivo llegó en la semifinal de la Supercopa de España en Castellón, donde el Atlético cayó ante el Real Madrid en un partido que simbolizó ese momento de ruptura.

A pesar de la lectura interna de que el proceso aún tenía elementos de construcción sólidos, el desenlace fue la destitución de Víctor Martín, una decisión que parte del entorno consideró incomprensible si se ponía en la balanza el crecimiento estructural del equipo, la recuperación de competitividad europea y el impacto global de su primera temporada al frente del proyecto rojiblanco.

El acuerdo se ha formalizado en el histórico Palacio de Ibaigane, sede institucional del club, en un acto que refuerza no solo la dimensión deportiva de la decisión, sino también su carga simbólica dentro del proyecto global de la entidad. La firma se ha llevado a cabo con la presencia del presidente, Jon Uriarte, y del director de fútbol femenino, Xabier Arrieta, en un encuentro que trasciende lo puramente contractual para situarse como una declaración de intenciones sobre el rumbo competitivo del equipo femenino.

La llegada del nuevo entrenador se enmarca en un momento de reconstrucción deportiva y de necesidad de reimpulsar un proyecto que, pese a su peso histórico, venía de una temporada especialmente decepcionante en Lezama, alejada de los estándares habituales del club. El reto que asume no es menor: devolver al equipo a la zona alta de la clasificación, recuperar identidad competitiva y, sobre todo, reactivar una estructura que hace no tanto estuvo muy cerca de volver a competir en Europa.

Porque el contexto reciente del Athletic Club Femenino no se entiende sin mirar atrás. Hablamos de una entidad con un palmarés histórico de enorme relevancia en el fútbol femenino español: 5 títulos de Liga (Primera División) en las décadas en las que el club dominó la competición, además de múltiples subcampeonatos que consolidaron al Athletic como uno de los grandes referentes históricos del fútbol femenino en España. A ese legado se suman varias buenas actuaciones en la Copa de la Reina, que refuerzan la tradición competitiva del club en las grandes citas, especialmente en su etapa de mayor dominio nacional, cuando el equipo era referencia absoluta en el desarrollo del fútbol femenino estatal.

En el presente más reciente, sin embargo, el rendimiento ha sido más irregular. Y aun así, el club estuvo hace apenas dos temporadas a las puertas de regresar a competiciones europeas, finalizando en una meritoria 4ª posición en Liga F, solo por detrás de proyectos de altísimo nivel como el Atlético de Madrid Femenino, quedándose a un paso de volver a la élite continental. Aquella campaña dejó la sensación de que el Athletic había recuperado competitividad real, con un bloque sólido, reconocible y capaz de pelear durante buena parte del curso por objetivos ambiciosos, antes de que la regularidad en el tramo final acabara marcando la diferencia.

Ese precedente es clave para entender el desafío actual: no se trata solo de mejorar una temporada reciente por debajo de expectativas, sino de recuperar una posición natural del club en la élite del fútbol femenino español, donde históricamente ha sido protagonista. El nuevo técnico aterriza precisamente con esa misión, la de “reverdecer viejos laureles” en un entorno donde la exigencia institucional es alta, pero donde también existe una base estructural, una cantera potente y una identidad futbolística que pueden ser la base de un nuevo ciclo competitivo.

Su reto es especialmente complejo porque no parte desde cero, sino desde una caída de rendimiento reciente que ha dejado dudas en cuanto a continuidad de ideas, solidez defensiva y capacidad de competir en los partidos clave. La última temporada en Lezama ha sido descrita internamente como insuficiente en relación con el potencial del grupo, lo que aumenta la presión sobre el nuevo proyecto, pero también abre la puerta a una reconstrucción con impacto inmediato si se acierta en los ajustes.

(Fuente: Liga F Moeve)

En ese sentido, su perfil encaja con lo que el club necesita en este momento: orden táctico, capacidad de reactivar dinámicas colectivas y una idea de juego que recupere la intensidad característica del Athletic. Si es capaz de trasladar su experiencia previa en contextos de máxima exigencia, de reconstruir confianza en el grupo y de devolver al equipo una identidad competitiva clara, el escenario es favorable para que el Athletic vuelva a pelear por posiciones europeas en el corto plazo. El potencial existe, la estructura también, y el precedente histórico sigue siendo un recordatorio de lo que este club ha sido capaz de dominar durante años; la clave estará en si el nuevo técnico consigue convertir ese legado en presente competitivo.

(Fuente: Athletic Club)

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