

🟨 Jenni Hermoso, la leyenda sin placa. La futbolista que llegó al Atlético de Madrid siendo una niña, que regresó convertida en estrella, que fue Pichichi de la Liga Iberdrola en la temporada 2018/19 mientras el conjunto rojiblanco conquistaba el campeonato y que ya suma 133 partidos con el escudo atlético en el pecho está a las puertas de volver a casa. El culebrón de su salida de Tigres toca a su fin y, salvo el último paso de la formalización y el anuncio oficial, todo apunta a un regreso que puede cerrar el círculo de una carrera extraordinaria. Pero su vuelta también reabre una pregunta que lleva demasiado tiempo esperando respuesta: ¿por qué una futbolista tan vinculada a la historia del Atlético todavía no tiene su nombre en el Paseo? Ahora que el club redefine sus reconocimientos y transforma la manera de decidir quiénes son sus leyendas, Jenni Hermoso vuelve a tener una oportunidad para convertir una historia ya histórica en un legado eterno.
El culebrón del verano parece haber encontrado por fin su desenlace. Después de semanas de incertidumbre, de silencios, de rumores y de un futuro que durante varias semanas parecía conducir inevitablemente a la continuidad en México, Jenni Hermoso ha puesto punto final a su etapa en Tigres y se prepara para regresar a España.
La campeona del mundo ha rescindido el contrato que todavía la vinculaba con el conjunto mexicano y ha quedado libre, mientras todas las miradas apuntan nuevamente hacia Madrid y hacia un Atlético de Madrid que está llamado a convertirse, salvo giro inesperado, en el próximo destino de una de las futbolistas más importantes de la historia reciente del fútbol español. La operación se encuentra prácticamente encarrilada y el regreso puede considerarse oficioso a falta de la formalización y del anuncio oficial por parte del club, con la previsión de que Jenni se desplace en los próximos días a Madrid para terminar de cerrar los últimos detalles y convertir en realidad un regreso que lleva varios años esperando una nueva oportunidad. Las informaciones publicadas desde México sitúan a la delantera como agente libre después de rescindir anticipadamente su vínculo con Tigres y apuntan al Atlético como su próximo destino.
Y si finalmente se completa ese regreso, no será un fichaje más dentro de un mercado de verano. Será el regreso a casa de una futbolista que llegó al Atlético siendo prácticamente una niña, que creció dentro de la estructura rojiblanca, que abandonó el club para construir una carrera extraordinaria y que regresó años después convertida en una estrella mundial. Jenni Hermoso volverá, previsiblemente, al mismo escudo con el que comenzó a escribir su historia, pero lo hará con una carrera completamente diferente a la que tenía cuando salió de Madrid. Volverá como campeona del mundo, como una de las grandes goleadoras de la historia de la selección española, como una futbolista que ha ganado títulos en España y México, que ha pasado por clubes de enorme dimensión internacional y que ha construido un legado que ya trasciende las fronteras del fútbol. Pero su regreso puede tener además una lectura mucho más profunda, porque puede convertirse en la última oportunidad para que Jenni cierre definitivamente su historia rojiblanca y para que el Atlético de Madrid termine de reconocer a una futbolista que, por trayectoria, impacto y vínculo sentimental con la entidad, forma parte de la memoria del club.
Para entenderlo hay que detenerse en una cuestión que puede parecer puramente administrativa, pero que en realidad tiene una enorme carga simbólica: el Paseo de Leyendas del Metropolitano. Durante años, ese espacio situado en el entorno del estadio se convirtió en uno de los lugares más reconocibles para medir la longevidad de las grandes trayectorias rojiblancas. El criterio era objetivo y sencillo: alcanzar un mínimo de 100 partidos oficiales con el primer equipo del Atlético de Madrid. El propio club estableció expresamente que ese baremo era aplicable tanto al primer equipo masculino como al femenino y que la placa correspondiente se instalaba cuando el futbolista ya había terminado su relación contractual con la entidad.
De hecho, el Atlético documentó en numerosas ocasiones el momento en el que diferentes futbolistas alcanzaban esa cifra y colocaban su placa, como ocurrió con Thomas Partey, Lucas Hernández, José María Giménez, Ángel Correa o João Félix.
Ese criterio tiene especial importancia cuando se analiza la trayectoria de Jenni Hermoso porque, según el recuento histórico que estamos manejando, la delantera ya acumula 133 partidos con el Atlético de Madrid sumando sus diferentes etapas. El desglose de esa estadística sitúa su primera etapa en 98 encuentros oficiales, entre 2006 y 2010, y añade otros 35 partidos oficiales durante su regreso en la temporada 2018/19. Es decir, el contador global alcanza los 133 encuentros y la futbolista se encontraría 33 partidos por encima del antiguo umbral de los 100. Ese registro también aparece recogido en bases de datos y recopilaciones históricas de su trayectoria.
Aquí aparece una de las paradojas más llamativas de toda esta historia. Jenni superó, según ese recuento, la barrera de los 100 partidos, pero su nombre nunca llegó a aparecer entre las placas del Paseo. Y conviene ser rigurosos con la explicación: no existe, al menos en la documentación pública localizada, una comunicación oficial del Atlético que explique por qué Jenni no recibió aquella placa pese a superar el centenar de encuentros en el recuento global. Sí sabemos que el reglamento establecía el mínimo de 100 partidos y que la placa se colocaba una vez terminada la relación contractual, pero no consta una explicación oficial que justifique la ausencia de la futbolista. Por eso, no sería correcto afirmar categóricamente que el club decidió no contabilizar sus primeros partidos porque siguiera en activo o porque no hubiera terminado su relación contractual: Jenni abandonó el Atlético después de su segunda etapa, en 2019, y el recuento histórico de 133 partidos ya incluye aquella temporada. Lo que sí podemos decir es que su trayectoria estadística y su reconocimiento físico en el Paseo no llegaron a coincidir, dejando una anomalía que todavía no ha sido explicada públicamente por la entidad.
Y esa anomalía adquiere ahora una dimensión todavía mayor porque el Atlético ha decidido modificar el concepto del espacio. El club ha anunciado que el actual Paseo de Leyendas pasará a denominarse Paseo de los Jugadores Centenarios, recuperando de forma explícita el criterio numérico de los 100 partidos oficiales. La decisión de la Comisión Social establece que será imprescindible haber disputado un mínimo de 100 encuentros oficiales con el primer equipo masculino o femenino para formar parte de ese espacio y que las placas de quienes hayan superado el baremo se instalarán cuando ya hayan finalizado su relación contractual con el Atlético.
Paralelamente, el club creará en el exterior del estadio un nuevo espacio destinado a homenajear a las figuras más relevantes de toda su historia, un mural en el que los criterios serán cualitativos y no simplemente estadísticos, y en el que será necesario que exista un amplio consenso dentro de la Comisión Social. Para ese nuevo reconocimiento, además, el futbolista deberá haber terminado definitivamente su carrera deportiva.
La distinción es fundamental. El Paseo de los Jugadores Centenarios reconoce una cifra; el futuro mural de leyendas reconocerá una historia.Y Jenni Hermoso puede tener argumentos para ambos espacios, aunque por razones diferentes.
Si finalmente regresa al Atlético y firma el contrato que está llamado a cerrar este culebrón veraniego, no tendrá que jugar una temporada para alcanzar los 100 partidos porque, atendiendo al recuento histórico de 133 encuentros que ya acumula, esa cifra está ampliamente superada. Su hipotético regreso no será, por tanto, una carrera contra el contador. Será algo mucho más interesante: la posibilidad de aumentar todavía más una trayectoria rojiblanca que ya tiene dimensión histórica y, sobre todo, de cerrar una etapa de su vida deportiva en el mismo lugar en el que comenzó.
Porque Jenni Hermoso no es una futbolista cualquiera dentro de la historia del Atlético. Llegó a la entidad siendo una niña y fue creciendo dentro de sus estructuras hasta alcanzar el primer equipo. Después salió para buscar nuevos horizontes, pasó por el Rayo Vallecano, vivió una experiencia internacional en Suecia, construyó una parte fundamental de su carrera en el FC Barcelona y tuvo también una etapa en el Paris Saint-Germain. En 2018 regresó a Madrid. Pero aquella segunda Jenni Hermoso ya no era la joven que había abandonado el Atlético años antes. Era una delantera consolidada, una goleadora de élite y una futbolista capaz de asumir el peso ofensivo de uno de los equipos más importantes del fútbol femenino español.
Y entonces llegó la temporada 2018/19.Si existe una campaña que resume por qué el nombre de Jenni Hermoso debería aparecer siempre que se hable de las grandes futbolistas de la historia reciente del Atlético, es aquella. Porque Jenni no fue simplemente una jugadora importante dentro de un equipo campeón. Fue la Pichichi de la Liga Iberdrola mientras el Atlético de Madrid se proclamaba campeón de Liga. El conjunto rojiblanco conquistó por tercera temporada consecutiva el campeonato y Jenni terminó como máxima goleadora de la competición con 24 goles en 28 partidos. Su media fue de 0,86 goles por encuentro, una cifra extraordinaria que refleja la dimensión de su impacto. Marcó en 17 de las 28 jornadas en las que participó, lo que significa que encontró la portería en más de seis de cada diez partidos ligueros que disputó. El propio Atlético destacó aquella temporada el logro de la delantera, que se convirtió en la máxima goleadora del campeonato con 24 tantos.
Pero los números adquieren todavía mayor valor cuando se colocan dentro del contexto colectivo. El Atlético fue campeón de Liga por tercera vez consecutiva y llegó además a la final de la Copa de la Reina. Las rojiblancas superaron al FC Barcelona en semifinales y alcanzaron el último partido del torneo, en el que terminaron perdiendo por 1-2 frente a la Real Sociedad. Jenni formó parte de aquel equipo que estuvo a un paso de completar una temporada todavía más extraordinaria. De aquella manera, su segunda etapa en el Atlético quedó vinculada a un título de Liga, a un subcampeonato de Copa y a un Pichichi que todavía tiene un valor especial: Jenni Hermoso es la única futbolista que ha sido máxima goleadora de la Liga vistiendo la camiseta del Atlético de Madrid.
Su registro global de aquella temporada tampoco se limita al campeonato. Jenni disputó 35 partidos oficiales, marcó 24 goles y aportó siete asistencias, cifras que dejan un promedio de 0,69 goles por partido en el conjunto de todas las competiciones.
Y hay algo especialmente significativo en ese dato: prácticamente todos sus goles llegaron en la Liga, donde concentró el grueso de su producción ofensiva y donde consiguió convertir su regreso al Atlético en una temporada histórica.
Su fútbol explicaba perfectamente aquella producción. Jenni nunca fue únicamente una delantera de área. Su principal virtud estaba en interpretar el juego unos segundos antes que las demás. Sabía cuándo fijar a una central y cuándo abandonar esa posición para recibir entre líneas; cuándo atacar el espacio y cuándo acudir al apoyo; cuándo acelerar una jugada y cuándo detenerla para permitir que el equipo se instalara en campo contrario. Era una nueve con alma de mediapunta, una futbolista capaz de actuar como referencia ofensiva y, al mismo tiempo, de convertirse en la primera constructora de los ataques. Su capacidad para recibir de espaldas, proteger el balón y descargar permitía al equipo ganar metros, mientras que su inteligencia para moverse en los espacios intermedios generaba problemas constantes a las defensas rivales.
A ello añadía una extraordinaria calidad técnica. Su primer control, su capacidad asociativa y su golpeo le permitían resolver situaciones en las que otras delanteras necesitaban más espacio. Jenni podía recibir en la frontal, girarse y buscar el disparo; podía aparecer en el segundo palo; podía atacar el área después de iniciar la jugada lejos de ella; podía jugar como nueve pura o retrasarse para conectar con las extremos. Su fútbol no estaba construido alrededor de una única virtud, sino de la combinación entre inteligencia, técnica, pausa y capacidad para interpretar el movimiento de las defensoras. Por eso, su producción goleadora no era incompatible con su participación en la elaboración.
Esa versión de Jenni también puede resultar útil en su hipotético regreso. A los 36 años, sería absurdo exigirle que reprodujera exactamente el mismo volumen físico que tenía en 2018/19. Pero también sería un error analizar su posible aportación exclusivamente desde el físico. La evolución de su juego le permite competir desde otros registros. Puede ofrecer experiencia, lectura del partido, capacidad para jugar de espaldas y una inteligencia posicional que sigue siendo diferencial. Puede actuar como nueve, fijar centrales y abrir espacios para las futbolistas que lleguen desde los costados, pero también puede retrasarse y jugar como segunda punta o mediapunta, permitiendo que otras compañeras ataquen la profundidad. En partidos cerrados, especialmente ante rivales que defiendan con muchos metros por detrás del balón, su capacidad para encontrar soluciones en espacios reducidos puede convertirse en un recurso de enorme valor.
También puede aportar una dimensión que ninguna estadística refleja: liderazgo. Jenni regresaría al Atlético después de haber competido en España, Francia y México y después de haber vivido algunos de los momentos más importantes de la historia del fútbol femenino español. Sería una de las futbolistas con mayor experiencia internacional de la plantilla y una referencia natural para las jugadoras jóvenes. Su conocimiento del Atlético, además, le permitiría regresar sin necesidad de un proceso de adaptación cultural al club. No tendría que descubrir qué significa vestir de rojiblanco. Lo sabe desde que era una niña.
Y ahí es donde el regreso puede convertirse en algo emocionalmente extraordinario. Jenni podría volver al club en el que comenzó su historia para disputar las últimas temporadas de una carrera que la ha llevado a lugares que probablemente aquella niña que entró en la cantera rojiblanca nunca pudo imaginar. Podría volver como campeona del mundo. Podría volver después de haber sido una de las grandes protagonistas del crecimiento del fútbol femenino español. Podría volver después de haber marcado una época con el Barcelona y de haber vivido experiencias internacionales que han enriquecido enormemente su carrera.
Pero también volvería con una cuenta pendiente.
No la cuenta de los partidos, porque los 100 ya están superados en el recuento histórico de 133 encuentros. La cuenta pendiente es simbólica. Es la de su nombre en el estadio. Es la de mirar el espacio de reconocimiento del Atlético y no encontrar todavía una placa que explique a las nuevas generaciones quién fue Jenni Hermoso y qué significó para el club.
Y precisamente por eso el nuevo modelo del Atlético resulta tan interesante. El club ha decidido separar la condición de jugador centenario de la de leyenda. En el Paseo de los Jugadores Centenarios manda el número: 100 partidos oficiales. En el futuro mural de leyendas mandarán la trayectoria, los méritos deportivos, la contribución al crecimiento del Atlético y el consenso institucional.
Jenni puede encajar perfectamente en la primera categoría por su registro estadístico, mientras que su candidatura a la segunda dependerá de una valoración mucho más profunda de su legado.
La gran paradoja es que su nombre no apareció entre los 17 futbolistas inicialmente seleccionados por los socios para el nuevo espacio, todos ellos hombres, a los que se sumó posteriormente Antoine Griezmann. Pero ese listado no supone el cierre definitivo de la memoria histórica del club. La propia Comisión Social ha dejado abierta la posibilidad de futuras incorporaciones y el Atlético prepara además ese nuevo mural exterior destinado a las figuras más relevantes de toda su historia. Y ahí es donde el fútbol femenino tendrá que ocupar necesariamente su espacio.
Porque si el Atlético quiere que su memoria represente verdaderamente a todo el club, no puede existir una historia del Atlético Femenino separada de la historia general de la entidad. Amanda Sampedro, Lola Gallardo, Silvia Meseguer, Carmen Menayo, Ludmila, Laia Aleixandri y otras futbolistas que han marcado épocas deberán formar parte de ese debate. Y Jenni Hermoso tendrá argumentos propios para sentarse en esa mesa. No únicamente por haber vestido la camiseta, sino por haber sido una de las grandes goleadoras de su generación, por haber crecido en el club, por haber regresado convertida en estrella y, sobre todo, por haber sido Pichichi de una Liga que el Atlético ganó.
Ese dato merece ser repetido porque resume buena parte de la historia: 24 goles en 28 partidos, 0,86 por encuentro, máxima goleadora del campeonato y campeona de Liga con el Atlético de Madrid en la temporada 2018/19. No fue la Pichichi de un equipo que terminó segundo o tercero. Fue la máxima goleadora de una competición conquistada por su equipo. Y además participó en la final de la Copa de la Reina que convirtió al Atlético en subcampeón. Aquel curso convirtió a Jenni en una protagonista directa de uno de los grandes éxitos del Atlético.
Por eso, si en los próximos días se confirma oficialmente su regreso, el relato no debería limitarse a «Jenni vuelve al Atlético». Hay una historia mucho más grande detrás. Vuelve una futbolista que comenzó allí. Vuelve una jugadora que ya fue decisiva allí. Vuelve la Pichichi de la Liga 2018/19. Vuelve una campeona de Liga. Vuelve una futbolista que, según el recuento histórico que estamos manejando, ya suma 133 partidos con la camiseta rojiblanca. Y vuelve justo cuando el Atlético está redefiniendo la manera en la que decide quiénes son las figuras que deben permanecer para siempre en la memoria del club.
El reto de Jenni, por tanto, no será alcanzar los 100 partidos. Los números dicen que esa barrera ya quedó atrás. Su reto será otro: volver a competir, volver a marcar, volver a disfrutar del Atlético y, si las circunstancias acompañan, conseguir que los últimos años de su carrera terminen de darle forma a un legado que ya es extraordinario. Si firma por dos temporadas y una tercera opcional, tendrá tiempo suficiente para sumar muchos más encuentros, volver a competir por títulos y dejar una última huella deportiva en el club. Pero incluso si su regreso fuese más breve, la cuestión fundamental permanecería intacta.
Porque una leyenda no se construye solamente con partidos. Se construye con momentos. Con títulos. Con goles. Con recuerdos. Con generaciones que recuerdan a una futbolista y la asocian inmediatamente a un escudo. Y Jenni Hermoso ya tiene todos esos elementos en su historia rojiblanca.
Ahora puede tener la oportunidad de reunirlos todos en un mismo lugar.La niña que llegó al Atlético. La futbolista que salió para buscar su camino. La estrella que regresó en 2018. La Pichichi que marcó 24 goles en la Liga que terminó conquistando el Atlético. La campeona del mundo que años después volvió a mirar hacia Madrid. Y ahora, la veterana que puede regresar para disputar los últimos capítulos de una carrera extraordinaria.
El culebrón del verano está a punto de tocar a su final. Falta todavía el comunicado oficial, la firma y la fotografía que convierta lo oficioso en oficial. Pero si todo sucede como está previsto, Jenni Hermoso volverá a ser jugadora del Atlético de Madrid. Y entonces comenzará una nueva cuenta atrás.
No hacia los 100 partido, sino que pone rumbo hacia la leyenda.Porque quizá la verdadera pregunta que tendrá que responder el Atlético de Madrid cuando llegue el momento de ampliar su Paseo no sea cuántos encuentros jugó Jenni Hermoso, sino algo mucho más sencillo y mucho más difícil de contestar: ¿qué significó Jenni Hermoso para el Atlético de Madrid?
Y en esa respuesta, inevitablemente, aparecerán una niña que creció en rojiblanco, una Pichichi, una campeona de Liga, 24 goles en 28 partidos, una campeona del mundo y una futbolista que, después de haber recorrido medio mundo, está a punto de volver a casa para intentar escribir el último capítulo de su historia con el Atlético.
Quizá sea precisamente ese capítulo el que termine de convertir una trayectoria histórica en una leyenda, solo queda esperar que comience la tercera historia de amor entre la campeona de la UEFA Women’s Champions League y el dos veces ganador de la Copa de la Reina Iberdrola.















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